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¿Trastorno de Identidad de Género en la Infancia?
Mariela Weskamp
Freud ha distinguido fálico y genital y eso se impone, yo tardé en darme cuenta. Si se parte de
un óvulo y un espermatozoide, se llega a la inseminación artificial, pero no a una relación que
tiene que ver con el sexo.
Conferencia de Lacan en Londres 1975
Hoy quería poner en cuestión el diagnóstico de Trastorno de la identidad de género en la
infancia porque ha tenido consecuencias en nuestra realidad. Desde el año 2012, en la
Argentina, la ley de identidad de género, incluyó a los menores de dieciocho años; esto
permite que los niños puedan cambiar su identidad sexual, aún sin el consentimiento de sus
padres. En el año 2013 a un niño de seis años que era varón se le cambió su documento
nacional de identidad, ubicándolo en el sexo femenino y dándole un nombre de mujer.
Esta fue una decisión amparada en la Ley de Género , sostenida en la Convención
Internacional de los Derechos del Niño, y aplaudida por muchos llamados psicoanalistas, por
suponerla progresista y a favor de la libertad de elección. No hay que hablar de cambio de
sexo: se trata de que se reconozca la identidad de género que ya tiene la nena, dijo un
diputado.
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Mariela Weskamp
Quiero reflexionar sobre los supuestos que sostienen este diagnóstico para centrarme en dos
cuestiones: las operaciones, que el psicoanálisis sostiene, son necesarias para que un sujeto
se ubique con relación a un sexo y además, la posibilidad que tiene el niño de hablar en nombre
propio.
Para dejar planteada la pregunta ¿un niño puede decidir ubicarse en un sexo diferente al
biológico? ¿Puede elegir cambiarse el nombre?
Todos sabemos que este diagnóstico proviene del DSM. Si bien su campo conceptual es ajeno
al psicoanálisis, es importante estar advertidos de que los conceptos que sostiene y produce,
crean realidades en las cuales estamos inmersos. Porque el mundo no está para ser
descubierto, sino que la realidad se construye, es un efecto de discurso. Entonces se inventa
una enfermedad y luego muchos la padecerán.
La idea de trastorno parte de un supuesto de normalidad al cual tenemos que dirigirnos, de que
hay un sentido, un orden y que este se ha modificado. Supone un Ideal a donde se debería
tender y que se podría alcanzar, se basa en una lógica que sostiene la potencia y la impotencia,
y en la cual todo podría ser posible. Si ponemos cada cosa en el lugar que, sabemos,
corresponde, vuelve la armonía.
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Mariela Weskamp
Este concepto es extraño al psicoanálisis. Los analistas no escuchamos trastornos sino que
apuntamos al síntoma que se ubica dentro de la lógica de lo imposible y orienta hacia lo real.
El concepto de diferencia sexual, es complejo y puede ser abordado a partir de la biología, las
ciencias sociales y el psicoanálisis.
Para la biología, el sexo depende de cinco áreas fisiológicas que, combinadas dan por lo menos
cinco posibilidades. Por esto algunos biólogos plantean la noción de intersexos.
Las Ciencias Sociales introdujeron el término género para distinguir la biología de las
construcciones sociales y culturales. De esa manera, el sexo, que es biológico, pasó a género,
que es lingüístico.
La identidad genérica se construye históricamente con lo que se ha ido ubicando culturalmente
como masculino y femenino, alude al orden simbólico con que las sociedades elaboran la
diferencia sexual, mientras que la identidad sexual es la ubicación individual respecto de la
diferencia sexual. Dado que casi todas las sociedades hablan y piensan binariamente, sobre
este principio de oposición se organiza la diferencia genérica.
Este trastorno, también denominado transexualismo o transgénero, se caracteriza por tener la
certeza de pertenecer al sexo opuesto, sentirse atrapado en el cuerpo equivocado.
¿De qué concepto de cuerpo se parte?
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Mariela Weskamp
Del supuesto cartesiano que nos habita y sostienen la mayoría de las religiones. La
concepción de que el cuerpo tiene extensión y la mente o alma no y por lo tanto pueden
separarse. Se propone entonces ajustar el cuerpo al alma.
Este concepto de cuerpo, también es ajeno al psicoanálisis. No me voy a extender en esto
pero sí puntuar lo que ya sabemos: para el psicoanálisis, el cuerpo no es el organismo y la
diferencia sexual no responde a la anatomía.
Freud, desde 1900 distinguió sexualidad de genitalidad y planteó que la ubicación respecto
de un sexo y la elección de objeto sexual son resultado del tránsito por el drama edípico,
las identificaciones resultantes y el posicionamiento ante la castración. Sostuvo que la
organización genital del niño se diferencia de la del adulto porque en la infancia el genital
privilegiado es el masculino y por lo tanto el primado es del falo. Su genial tesis de 1923 es
actual, los niños del 2015, que tienen libre y fácil acceso a información sexual de todo tipo, en
algún momento suponen que todos tienen pene. Porque este creencia de nuestra cultura, se
sustenta en que donde no hay, debería haber y así el pene imaginariamente ocupa el lugar de
falo.
Entonces, en la primera infancia, el niño no se apropia de la diferencia sexual. Aunque se
nombre: nena o varón, no podrá todavía ubicarse respecto de la diferencia a la que la
castración confronta.
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La castración, no puede ser reducida a la anécdota, el accidente, la amenaza, la censura. La
estructura es lógica y la castración opera en la estructura, pero otra cosa es soportar que todo
es imposible. En tiempos de anudamiento no se puede acceder a lo imposible, el niño no
puede ir más allá del falo.
Recorridos los tiempos lógicos del Edipo, se cuenta con los títulos “provisorios” a la espera de
otras operaciones necesarias para que puedan ponerse a prueba en la escena sexual.
No hay nada natural ni innato en el parlante que indique lo que hay que hacer como hombre o
mujer. La realidad sexual se construye, lo sexual entra con el lenguaje, el cuerpo se hace
cuerpo sexuado a partir del encuentro con el lenguaje. En consecuencia esto determina que
nunca habrá complementariedad entre los sexos, en el sentido de tal para cuál y que el
desencuentro es inevitable porque es efecto de estructura. A falta de instinto el acto sexual se
sostiene en el fantasma y, cuando este organiza la relación al objeto, la sexualidad encontrará
alguna orientación. Esto todavía no acontece durante la infancia. Los niños tienen juegos
sexuales con otros niños pero aunque sean de diferente sexo biológico, para ellos son pares.
Por eso en este tiempo no podemos enunciar que hay elección de objeto: homosexual o
heterosexual.
Desde la teoría psicoanalítica no podríamos decir que un niño es gay, ni determinar que se
ubique como varón o mujer porque elija como compañeros de juegos a niños de su mismo
sexo biológico o diferente.
Tampoco podemos afirmar el transexualismo en la infancia.
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Mariela Weskamp
Este diagnóstico se hace antes de la pubertad y si los fenómenos se manifestaron durante
los años pre-escolares. Esto quiere decir, antes de la latencia.
¿Cómo suponer una ubicación diferente respecto del sexo que fue asignado, antes del
segundo despertar sexual?
El humano, por ser hablante, es el único viviente en el cual la sexualidad despierta en dos
oleadas. Será en el segundo despertar, el de la pubertad, donde un nuevo goce irrumpe en lo
genital. Este goce, si se articula al falo y tiene cobertura imaginaria, será sexual. Este goce,
en tanto sexual, goce fálico, inaugura un nuevo tiempo.
Luego, en el largo período de la adolescencia se escribe la historia infantil, y se organiza la
gramática del fantasma sosteniendo un modo particular de goce. Tiempo de conclusión de la
infancia.
Entonces, cuando todavía no hay posibilidad de ubicarse con relación al sexo, de apropiarse
del cuerpo ¿desde donde plantear que un niño puede elegir cambiar su sexo y su nombre?.
¿No deberíamos preguntarnos : quién está eligiendo?
Entiendo a la infancia como ese transcurrir en el cual se produce la afiliación en la estructura
del lenguaje permitiendo el anudamiento borromeo de los registros. Se trata de la inscripción
del sujeto en un entramado que lo preexiste, porque cuando el ser adviene al mundo, alguien
lo espera encarnando el lugar de Otro primordial.
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Los padres o parientes próximos dan sentido al viviente y con estos sentidos dados se va
armando la trama que funda la posición subjetiva, aquella en la que el sujeto se afilia en el
campo del Otro. El sujeto por venir es ubicado en un lugar que será determinante para su
posición como varón o mujer.
Luego, la inscripción en la estructura permite la apropiación de los significantes que vienen del
Otro y esto derivará en una posición sexuada.
Le pregunto a una niñita de tres años en una reunión social “¿tenés muchos amigos en el
jardín?” “Sí -contesta- Male, yo y Cata”. Otro invitado interroga a la mamá, respecto de la nena:
“¿tiene novio?”. “No, -contesta- porque dice que le gustan las chicas, mira a chicas en la tele y
dice que son sus chicas. Le dije que no hay drama, si le gustan las chicas yo se lo voy a
respetar”.
En el tiempo en el que el niño es contado por el Otro, todavía no puede restarse de la escena.
No sabemos qué le significa a esta niña que le gusten las chicas. En todo caso, los neuróticos
ahí presentes, suponían que podía tener novio y a su madre el que le gusten las chicas le
sugiere pensar que puede elegirlas como objeto sexual en el futuro y ya le avisa que está
dispuesta a que ocurra.
Cuando se es, siendo hablado, intentamos ubicar al sujeto en ese entramado discursivo, situar
dónde se juega su verdad, ya que ésta no sólo se escucha por la boca del niño, sino en los
otros que hablan por él.
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Mariela Weskamp
Por eso entiendo que no hay niños transexuales, sino padres que dicen que sus niños lo son.
Son ellos quienes los distinguen, para que luego los niños puedan hacerlo. A partir de esa
pequeña diferencia, y en función de criterios formados bajo la dependencia del lenguaje los
reconocen como distintos. Luego, serán diferentes.
“El ser sexuado no pasa por el cuerpo sino por lo que resulta de una exigencia en la palabra,
de una exigencia lógica” dice Lacan en Encore al comienzo, que haya el hombre y la mujer es
asunto de lenguaje. El lenguaje es tal que para todo sujeto hablante, o es él o es ella. Este es
el binarismo de nuestra lengua y es el principio del funcionamiento del género, femenino o
masculino.
Propone que la diferencia sexual es efecto de cómo golpea el lenguaje en el cuerpo y que
estos se someten al discurso en el que habitan. El lenguaje turba al cuerpo de un modo lógico
y ese modo implica que se establezca como ser sexuado.
La partición entre hombre y mujer son los dos modos en que se puede conjugar lógicamente
el significante fálico.
Este diagnóstico define al hombre y a la mujer a partir de la vestimenta y los juegos, los
comportamientos. Supone que hay un ser hombre y un ser mujer, que se trata de algo
natural, innato y que se define por la conducta.
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Mariela Weskamp
Es por esto que los criterios para afirmar que un niño es transexual se basan en la
observación: prefieren las vestimenta los juegos y compañeros del otro sexo. Tienen malestar
con el propio sexo o sentimiento de inadecuación con su rol, sienten que sus genitales son
horribles y quieren sacárselos.
¿Acaso no es frecuente en los varoncitos, cuando tienen que soportar la privación, el esconder
el pito hasta hacerlo desaparecer, afirmar que se lo van a sacar y otras tantas maniobras?.
El niño, al que denominan transexual, dice ser otro y es curioso que muchos casos descriptos
corresponden a mellizos. La cuestión es ubicar este decir en un discurso que apunte a la
emergencia del sujeto, contrariamente a identificar en un género afirmando “¡eres eso!”.
Si un varoncito se angustia cuando le sacan el vestido, porque con él es mujer y si se lo quitan
ya no es más, ¿eso quiere decir que es mujer?.
Si la ropa define al ser nos lleva a interrogar la identificación. ¿se identifica con la madre fálica,
en la medida en que ésta vela la falta de falo? al modo del travestismo? ¿o no puede jugar al
personaje porque hay una falla en la identificación simbólica? al modo del niño que se tira por
el balcón porque cuando usa el traje de Batman es Batman.
Cuando se cuenta con la identificación simbólica, se podrá jugar a ser como…, sabiendo que
no se lo es… de lo contrario, no hay posibilidad de equívoco.
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Mariela Weskamp
El lenguaje introduce el equívoco, pero son los padres quienes sancionan la actividad del niño
como juego, permitiendo que éste se inicie. Cuando ellos no escuchan equívocos, sino
certezas, la actividad del niño les hace signo y el sentido queda coagulado.
Cuando la ecuación fálica no opera, fálico y genital se ubican en el mismo plano, se confunden.
En mi experiencia de trabajo con niños nunca hice la lectura de que un niño fuese transexual,
lo cual no quiere decir que no haya presenciado estos fenómenos, escuchado a niñas afirmar
ser varoncitos o viceversa. En muchas ocasiones escuché la inquietud de padres respecto de
la orientación sexual de sus niños pequeños. ¡Cuántos hombres han hablado de sus hijos
varones con ansiedad, desprecio, o rechazo, porque usaban la ropa de la hermana, o se
pintaban las uñas, o jugaban con la cocinita, o decían que “se iban a cortar el pito”!, en cada
caso estas preocupaciones encontraban algún lugar en la fantasmática de la pareja de padres,
o de alguno de ellos, o se armaba luego como síntoma en el niño, o se disolvía en el juego.
El niño tiene palabra y llena de sentido, pero esta, tal como nos advierte Lacan, no lo
compromete a nada, el niño no es ingenuo pero sí inocente, en el sentido de que no puede dar
testimonio porque todavía su única posibilidad es ser hablado. Son necesarios tiempos de
escritura y lectura de las marcas para armar la historia que podrá ser contada como propia.
Si un varoncito se dice mujer, antes de haber sido hombre, es indudable que un tiempo fue
salteado. ¿De quién es la urgencia por definir la identidad?
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Mariela Weskamp
Las identificaciones cristalizan en identidades, para que una identidad se modifique es preciso
conmover las identificaciones. Ese trabajo no puede hacerse en la primera infancia porque
requiere poner al Otro en cuestión.
Esto es el efecto de un discurso que sostiene que todo es posible, que no soporta la espera,
que forcluye el tiempo, porque este impone un límite que resulta insoportable. Se sostiene en
una lógica para la cual hay adecuación al objeto, para la cual hay relación sexual.
Se indica la importancia de la detección precoz para no perder tiempo en el tratamiento. ¿cómo
detectar precozmente algo que todavía por estructura no puede decidirse?
Es necesario transitar por operaciones que concluyen en la asunción de un sexo, recorrido
desde ser hablado, tomar la palabra y poder elegir. Es preciso servirse del padre para luego ir
más allá de él.
Esta es una decisión que todavía no puede tomarse y por eso nos enfrenta a un problema
ético.
El humano será parletre si inicialmente es nombrado, por eso el nombre propio no coincide con
el patronímico sino que precipitará luego de un recorrido por la lectura y escritura de las
marcas.
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Mariela Weskamp
Afirmar que un niño de seis años tiene derecho a su identidad libera de responsabilidad a sus
padres. El rating del DSM se basa en el alivio de ubicar lo que aún no tiene nombre. En este
caso la conducta del hijo se explica porque nació en un cuerpo inadecuado para su psiquis y la
solución es cambiarle el documento y construirle otro cuerpo anatómico.
Recuerdo que en Argentina, a partir de esta ley, los menores de edad pueden acceder a
tratamientos hormonales y cirugías para cambiar su anatomía, aún sin el consentimiento de
sus padres.
A partir del diagnóstico el problema pasa a estar en manos de la ley y la medicina.
Hombre y mujer son posiciones que resultan de habitar el lenguaje y para cualquier ser
hablante esté permitido, más allá de sus atributos, inscribirse en la otra parte
Lacan afirma que el ser sexuado, está limitado por su clasificación como varón o mujer, pero
ésto no impide que pueda elegir. El ser sexuado se autoriza por sí mismo…. agrega, y por
algunos otros y enlaza esta posición con el autorizarse analista.
Autorización que va más allá del deseo del Otro y entiendo toca la reinvención.
Posición inalcanzable en la primera infancia cuando los niños creen en Dios, en la magia y en
los padres, porque necesitan un saber que de garantías.
Esta conclusión en otra identidad, anticipa un destino, salteando tiempos ineludibles en la
infancia.
Me parece importante abrir el tema desde el psicoanálisis ya que comparto la afirmación de
Lacan: “mejor que renuncie quien no pueda unir a su horizonte la subjetividad de su época”
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