19 - Justicia Viva

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Comentarios a la Ley Nº 29703, que modifica el Código Penal respecto de
los delitos contra la Administración publica
Fuente: SobrePolítica.com
En mi opinión los cuestionamientos que se vienen difundiendo a la reciente Ley
Nº 27903, que modifica algunos delitos de responsabilidad de funcionarios
públicos son exagerados. Nada de lo que se expresa en el texto de la norma
resulta apocalíptico para la lucha contra la corrupción, tal como sostienen tales
críticas.
Así, es de destacar que la norma trabaja fundamentalmente sobre los marcos de
pena privativa de libertad, incrementándolos, en los delitos de abuso de
autoridad, colusión y peculado doloso e imprudente. En el caso del peculado de
uso, se precisa que el límite mínimo de la pena privativa de libertad en dos años.
Hasta donde se, nadie ha objetado esta decisión político criminal de incremento
de pena, sino todo lo contrario.
A su vez, la norma mejora la redacción típica de los delitos a través de conceptos
mucho más técnicos. De otro lado, resulta acertado que se haya trabajado un
agravante en el peculado en función del monto afectado. Así, si el valor del
patrimonio afectado supera las 10 UIT (36,000 nuevos soles) la pena será entre 8
y 12 años.
Sin embargo, habría sido interesante que se establezca un monto mínimo de
afectación, para dejar algunas conductas de apropiación o utilización del
patrimonio del Estado en el ámbito de las faltas o del Derecho Administrativo
Sancionador. Me refiero a casos en los que la afectación patrimonial al Estado es
mínima.
Se ha objetado la eliminación de la pena de inhabilitación para el ejercicio de la
función pública para el caso del delito de enriquecimiento ilícito. Sin embargo,
este cuestionamiento no advierte que esa pena está prevista con carácter general
para todo delito de responsabilidad de funcionario público tanto en el artículo
29º como en el artículo 46º del Código Penal. Parece ser que no se leyó
prolijamente el Código Penal antes de formular esta crítica.
En la colusión se cuestiona que se haya precisado que la defraudación al Estado
deba ser de naturaleza patrimonial, así como que dicha defraudación sea efectiva
o real. Bueno, esta es la forma como se viene interpretando y aplicando
mayoritariamente la colusión, tanto en la jurisprudencia como en la doctrina. Por
ende, lo único que se ha hecho es acoger de manera mucho mas clara esta opción
interpretativa. En los casos que la defraudación patrimonial no se concrete
siempre es posible sancionar por tentativa. Quizá, no se advierte que el Derecho
no solo es lo que las normas establecen sino tambien su interpretación
consolidada por los intérpretes y, entre ellos y sobre todo, por los tribunales.
Tampoco me parece reprochable que se haya excluido de la sanción como
tráfico de influencias, las “influencias simuladas” o “irreales”. Este tipo de
conductas no afecten o ponen en riesgo el bien jurídico “administración
pública”, tal como ha sostenido la doctrina nacional de manera casi unánime.
Finalmente, considero que es incompatible con las exigencias de un Derecho
Penal de un Estado democrático, donde se tomen en serio la presunción de
inocencia y la obligación de la acusación de probar toda imputación delictiva, la
crítica que se hace a la eliminación del enriquecimiento ilícito de la obligación
que tenían los funcionarios de justificar la licitud de su patrimonio. Parece
elemental que sea el Ministerio Público el que lleve la carga de la prueba
respecto del origen ilícito de un patrimonio. Conozco casos en los que algunos
funcionarios públicos tiene que estar sometidos meses y hasta años a la
exigencia de acreditar el origen lícito de su patrimonio, porque al Ministerio
Público no le parece razonable las justificaciones que exponen.
Si bien la corrupción es uno de los principales problemas que afecta al país, su
sanción no puede hacerse a toda costa o a cualquier precio. Debe hacerse, en
primer lugar, desde una politica criminal racional, que tome en cuenta
fundamentalmente las causas o incentivos principales de la corrupción, los
distintos mecanismos o instrumentos para prevenirla, investigarla y sancionarla,
sin caer en el populismo penal, que es tan reprochable como la impunidad.
Roberto Pereira Chumbe
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