AL RESCATE DE SENTIR

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AL RESCATE DE SENTIR
AUTOR: PSICÓLOGO MIGUEL ACOSTA P.
El énfasis en la civilización occidental hacia el razonamiento, la inteligencia y la eficiencia
mental, favorecen esa ideología social que impone particulares formas de comportamiento y
educación. Inspirados en ésta ideología, logramos que nuestros niños valoren la inteligencia
desde muy temprano, y de distintas formas hacemos que desprecien y rechacen sus expresiones
corporales. Lo emocional, lo afectivo, lo corporal como un todo, queda relegado a un segundo
plano, mientras enseñamos el control y regulación de toda la vida-emocional.
Después que formamos sólidos sistemas de bloqueo y retención de la mayor parte de la vida
interior del ser, entonces no debe extrañarnos el resultado: seres humanos pasivos, conflictuados
e impotentes. ¡La consecuencia es lógica!.
Permítasenos recorrer el camino y mostrar cómo hacemos para "construir" ese ser.
EL CONTROL Y LA REGULACION EMOCIONAL
En un primer momento dirigimos todo el esfuerzo educativo a minimizar y anular aquellos
impulsos o expresiones naturales que tienen que ver con la unicidad e identidad personales.
Progresivamente, logramos que el niño deje de ser como espontáneamente es, y sea como
nosotros. Logramos que se comporte como nosotros, que piense y sienta como nosotros, que
haga las cosas como nosotros. De esta manera nos sentimos orgullosos y satisfechos como
padres o maestros. (Janov, 1972, cap.7).
En este primer tramo del camino, se atacan insistentemente las expresiones emocionales, como el
miedo, la rabia y la tristeza. Se descalifican las necesidades auténticas, como el cariño corporal,
la independencia, la afirmación emocional, el movimiento; y se crean los nexos y mecanismos de
dependencia que aseguran su crecimiento sumiso y obediente.
Preceptos como no llores, no rabies, no tienes porque tener miedo, no te rías tanto, no toques,
cuidado con lo que haces, no corras, mira cuánto me sacrifico por tí; son mandatos instalados de
diversas maneras en el repertorio conductual del niño, que provocan en grado variable parálisis
emocional.
Para conseguir esto, unas veces repetimos el mensaje; otras las asociamos a eventos
significativos; otras, lo explicamos e intentamos la persuasión comprensiva, y otras lo
imponemos mediante el castigo. El objetivo es que el ser aprenda a ser como los demás.
Así, de manera creciente el niño deja de ser inquieto, impulsivo, espontáneo, y pasa a ser un niño
tranquilo y obediente. Progresivamente, él controla sus miedos, no los expresa, controla sus
tristezas, no llora, controla sus rabias, no grita ni patalea, se somete. En fin, se le tranquiliza.
Lentamente logramos que el niño deje de tener motivaciones y energía para vivir independiente.
Todos los "no", los "cuidado", los "obedece", los "pórtate bien", representan los mecanismos de
castración que anulan la capacidad del ser para expresarse, afirmarse, ilusionarse y vivir siendo si
mismo. (Sullivan, 1964, p.73)
Este primer tramo del recorrido se puede resumir en la frase: "Estate quieto.
LA EXALTACION DE LAS FUNCIONES COGNITIVAS
A partir de los logros anteriores, se profundiza el esfuerzo por hacer del niño un ser educado y
racional. Asume importancia lo moral y religioso en el intento de suprimir lo corporal.
Una vez anulada la emocionalidad, dirigimos nuestro interés a la esfera del pensamiento, con el
objeto de fortalecer los comportamientos "racionales, reflexivos y cabales". Lo que hacemos es
alimentar al niño con los consabidos mensajes polares: lo bueno y lo malo, el éxito y el fracaso,
lo normal y lo anormal, lo perfecto y lo imperfecto, lo racional y lo animal, lo espiritual y lo
carnal. lo limpio y lo sucio, lo fuerte y lo débil. Terminan siendo similares y hasta sinónimos..
Es tiempo entonces de valernos de la dependencia lograda y de las necesidades que sólo nosotros
podemos satisfacer. El comportamiento del niño o joven, fruto del condicionamiento precedente
y de sus necesidades de ser querido y aceptado, está dirigido a obtener la aprobación nuestra,
convirtiéndose en móvil y razón de su existencia. Por supuesto que todos estamos convencidos
que esto tiene sentido social. De hecho, todo el proceso de cosificación y despersonalización es
ejecutado en nombre del amor.
"Pienso bien antes de hacer las cosas", puede resumir la dirección que asume el proceso.
Llegado este punto del recorrido, habremos conseguido que los controles y regulaciones se
internalicen. Habremos conseguido que el ser haga consigo mismo y con otros lo que se hizo con
él.
LA DESCONEXION DEL SER
Mensajes como: "no seas impulsivo", "piensa bien antes de hacer las cosas". "tu no eres bruto",
"ve bien lo que haces", "esto lo hago por tu bien", "nadie te querrá como tu familia"; conducen a
que el individuo viva inseguro y su integración yoica se resienta de manera creciente.
Simultáneamente ocurren acontecimientos que obligan al organismo del individuo a disociarse
interiormente. Sobre todo, cuando se ve sometido a situaciones de sufrimiento y dolor que no
puede evadir ni resolver. Situaciones como la prohibición persistente de ser si mismo, de sentir y
expresar lo interior, de vivir angustiado haciendo todo cuanto puede para conseguir ser aceptado
y querido, o darse cuenta que sus seres significantes no le querrán tal como es; conllevan
inevitablemente sufrimiento, frente al cual tempranamente el ser no tiene defensas ni
posibilidades de huida. La consecuencia es la escisión de la personalidad, separándose la
conciencia del cuerpo, y limitando el sufrimiento.
La desconexión entre la conciencia y el cuerpo como mecanismo de defensa orgánica pretende
evitar que el individuo sufra como consecuencia de persistentes frustraciones. El caso de la
mujer que se "frigídiza" al lado de "un eyaculador precoz" suele ser este: su organismo para no
seguir sufriendo nuevas frustraciones, se congela y deja de sentir y responder. (Master y
Johnson, 1986, p.56).
El niño, luego joven, luego adulto, pierde así la conciencia de su propio cuerpo. Le resultará
difícil darse cuenta de su realidad. Estará dividido. No tendrá conciencia de sus auténticas
emociones, necesidades y sentimientos.
Lo cierto es que la capacidad para sentir le fue prohibida, y en otro sentido, el mismo la limita a
fin de evitar o disminuir el sufrimiento.
Dicho en forma directa, el individuo se desconecta de su propia experiencia interior. Con ello,
reduce su sensibilidad y limita la posibilidad de sufrir.
Este es un mecanismo eminentemente orgánico.
De ésta manera la vida interior se convierte en pensar, se desarrollan fantasías sustitutivas de los
verdaderos sentimientos, y la experiencia individual ocurre fuera de la persona. Este la vive
como un acontecimiento exterior, ajeno a si misma. La persona deja de ser protagonista
vivencia¡, pasa a ser espectador -y víctima de la vida de otros.
LA DIFICULTAD PARA SENTIR
Hemos establecido que los mensajes y mecanismos de la socialización bloquean la expresión de
las emociones, sentimientos y necesidades del ser humano. Hemos establecido también, que tal
proceso lleva a una prematura y a veces traumática escisión del ser, disociándolo interiormente.
Sin embargo, en el camino dejamos por analizar lo que ocurre en el cuerpo de quién vive a
espaldas de él, pensando y evitando sentir.
Ante la permanente insatisfacción de necesidades naturales y el bloqueo de expresiones y
reacciones emocionales, el organismo acumula y retiene la energía, lo cual se traduce en tensión
en la misma medida en que se controla su salida. Las opciones del organismo ya son conocidas.
Al no tener la posibilidad de descarga, el cuerpo se llena de tensiones especialmente en los
planos musculares y viscerales, aumentando su tono y espasticidad. Los niveles de contracción
mínima mantienen residuos lácticos en la musculatura y se precisa de oxígeno para barrer estos
residuos tóxicos. Sin embargo, el recurso de oxigenación se ha venido reduciendo en la misma
medida en que el ser para no sentir, respira menos. Pero además la presión y rigidización
creciente del cuerpo impiden la rítmica espontaneidad respiratoria (*).
(*) La disminución de la respiración es muy evidente en ciertos procesos emocionales como el miedo o la ansiedad, en los que el
organismo reduce la amplitud y el ritmo como mecanismos de defensa ante situaciones de peligro. Imaginemos lo que ocurre con seres
humanos que viven en permanente alarma frente a exigencias constantes. Su organismo está en preparación constante para responder,
pero no puede hacerlo emocionalmente, con lo cual mantiene gran cantidad de energía sin liberar. El individuo termina respirando poco
y pectoralmente, de allí que su oxigenación es pobre, así como su capacidad para vivir y luchar.
A medida que el proceso avanza, el cuerpo aumenta sus tensiones y pierde su espontaneidad.
Aparecen entonces los "bloqueos" de tensión, comprometiendo zonas específicas del cuerpo, y
convirtiéndose en focos crónicos de tensión y dolor corporal. (Lowen, 1977, cap.2).
Los dolores de cuello tan frecuentes en todos nosotros, tienen que ver con la situación de alarma
y vigilancia en que tenemos que estar, pero también tienen que ver con la contención que hemos
de mantener para evitar la expresión y salida de manifestaciones inconvenientes o indeseables.
Los dolores de vientre, de espalda, de cabeza y otros frecuentes, se deben a esa retención crónica
y focalizada de la tensión. Es lo que Lowen llama "Bloques".
Al mismo tiempo, los "bloques" de tensión son efecto y causa. Resultan de la contención de
sentimientos, y provocan esta contención. Es decir, retienen y a su vez surgen de ella. Es
importante entender este mecanismo dual en tanto se traduce en la disminución de la capacidad
para sentir. El caso de quien arruga la cara frente a un dolor, intentando disminuir su conciencia,
nos habla de este mecanismo.
En la gráficas de la página siguiente presentamos parte de la secuencia a que nos hemos referido.
LA RECUPERACION DE LA CAPACIDAD PARA SENTIR
Los hallazgos acerca de la tensión muscular y visceral abren algunas opciones terapéuticas para
tratar las dificultades a nivel de la capacidad para sentir.
Ocurren cambios importantes en la respuesta sexual, utilizando técnicas dirigidas a la relajación
muscular. Por ésta vía se logra minimizar la ansiedad psicológica (responsable en parte del
aumento de la tensión muscular) y la tensión misma en los planos musculares, con la cual se
facilita la conexión cuerpo-conciencia, y la persona puede experimentar sensaciones de placer.
No obstante, debe advertirse que los logros por el camino de la relajación son limitados y
transitorios, en virtud de que no afectan la fuente de la tensión, ni vencen los mecanismos
psicológicos que provocan la contención emocional.
En este sentido, tanto relajar como drenar tensión a través del ejercicio muscular, tienen el
mismo efecto: disminuyen temporalmente la energía acumulada.
Otra opción consiste en aprender respuestas asertivas, cuyo sentido de afirmación permiten al
organismo unificarse y fortalecer su consistencia interna, así como canalizar y expresar
emociones y necesidades. Esta vía es efectiva y suele conseguir cambios a mediano plazo. Lo
aconsejable es combinarlas técnicas de relajación dinámica con el entrenamiento asertivo.
Sin embargo, debe concluirse que cuando la capacidad para disfrutar está afectada, lo que
realmente ocurre es que la capacidad total del ser para sentir está limitada, represada y proscrita.
Así, las disfunciones sexuales tienen carácter de síntomas, por cuanto el verdadero problema
involucra al ser como un todo.
Recuérdese que el proceso de socialización es más complejo que simplemente evitar la relación
sexual. Incluye la conculcación afectiva, el rechazo hacia lo corporal y emocional, y la
exaltación de lo mental y racional.
El rescate implica entonces la posibilidad de sentir, disfrutar y aceptar el propio cuerpo, con la
intensidad de las emociones, y con la inmediatez de las necesidades.
En ésta dirección apunta la terapia corporal, como otra opción para rescatar la capacidad para
sentir, y así disfrutar plenamente la vida.
En ésta opción el trabajo terapéutico está dirigido a descargar la tensión acumulada en los
"bloques" y "anillos" musculares, propiciando la conexión entre la tensión, la emoción y las
imágenes conscientes. De ésta manera, el organismo supera el bloqueo (vence la prohibición
temprana) mediante una explosión irruptiva emocional, que da paso a una distensión de los
planos musculares y viscerales. Progresivamente y sistemáticamente se favorecen las conexiones
conscientes a partir de la intensificación de las contenciones, con lo cual se va liberando al
organismo de los impedimentos musculares para sentir y disfrutar, así como se va permisando la
posibilidad de sentir y expresarse.
Las descargas emocionales suelen ser de baja intensidad, con material actual al principio. Luego,
se va haciendo más intensas y regresivas, hasta que aparecen situaciones (experiencias)
tempranas donde el sujeto no posee defensas, ni entiende lo que ocurre. La vivenciación tiende a
ser crudamente afectiva.
La ocasión terapéutica permite precisamente que el sujeto descargue la tensión acumulada a
partir de una conexión significativa, y luego comprenda y acepte la experiencia, restableciéndose
la integración interna del organismo.
REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS
¥ BIANCO, Fernando, Sexología Clínica. Bases Fisiológicas y Fisiopatología, Edic; CIPV,
Caracas, 1978.
¥ CARRERA D. Felipe, El Comportamiento Sexual del Venezolano. Edic; Seleven,
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¥ JANOV, Arthur, El Grito Prima¡, Edit; Suramericana, Buenos Aires, 1972.
¥ LOWEN, Alexander, Bioenergética, Edit; Diana, México, 1977.
¥ MASTER, W., JOHNSON, V., La Respuesta Sexual Humana, Boston,1966
¥ SULLIVAN, H.S, La Teoría Interpersonal de la Psiquiatría, Edic; Psiqué, Buenos Aires,
1964.
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