Tema 6.La población española

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Departamento de
Ciencias Sociales.
Curso 2008/09.
IES Dolmen de Soto
C/ Sevilla nº 4
Trigueros- Huelva.
Tema 6.
La población española.
Indice
6.1. Evolución de la población española en los siglos XIX y XX.
6.2. Distribución espacial de la población española.
6.3. Dinámica natural o crecimiento vegetativo de la población española.
6.4. Los movimientos migratorios en España y sus repercusiones territoriales.
------------O------------.
La población como objeto de estudio se puede dividir en dos grandes apartados: dinámica
natural y espacial y características estructurales. Ahora bien, estos aspectos pueden ser
analizados desde diferentes puntos de vista; por ello, se ocupan de la población sociólogos,
historiadores, economistas, geógrafos, etc.
A la geografía le interesa la población en sus relaciones con el espacio. En esta línea, para el
geógrafo es importante destacar, por encima de cualquier otra consideración, las diferencias
espaciales que presentan las variables demográficas.
6.1 Evolución de la población española en los siglos XIX y XX.
Conviene diferenciar el análisis de la evolución de la población española en dos etapas, la
preestadística y la estadística, por dos razones: la primera, porque el ritmo y la intensidad del
crecimiento son diferentes entre una y otra; y, la segunda, porque las fuentes de información
difieren en cantidad y calidad.
La etapa preestadística comprende los
siglos anteriores al primer censo moderno,
realizado en España en la segunda mitad del
siglo XIX. El conocimiento de los efectivos de
la población durante esos siglos resulta muy
impreciso por falta de fuentes seguras; se sabe
que desde la dominación romana hasta el siglo
XIV la población española alternó momentos
de auge demográfico con momentos de crisis.
En cualquier
caso, nunca se debieron superar los siete
millones de habitantes.
La etapa estadística se inicia en 1857, fecha
del primer censo moderno. Entre dicha fecha y
1900, la población española aumenta, en cifras
absolutas, en algo más de tres millones de
habitantes (3 139 891), El valor de la tasa de
crecimiento medio anual para este período
indica, no obstante, que el crecimiento es débil.
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A lo largo del siglo XX se pasa de un régimen demográfico antiguo a otro más moderno,
destacándose por un rápido incremento de la población. No obstante, este crecimiento no va a
ser continuado, pudiendo distinguirse las siguientes etapas:
• Durante el primer tercio del siglo XX, el recorte de las tasas tanto de natalidad como
de mortalidad se deberá principalmente a la relativa tardanza en contraer matrimonio así
como a la reducción de la fecundidad, paralelas a una mejora de las condiciones
higiénicas lo cual redundará en una reducción de la mortalidad en general. Igualmente
las repercusiones favorables para España de la Primera Guerra Mundial, donde se
potenciará la industrialización del país y con ello la urbanización de ciudades hasta
entonces insalubres, incidirá profundamente en el descenso de la fecundidad y la
mortalidad. Esta disminución generalizada de la mortalidad se verá interrumpida por la
epidemia de gripe de 1918, con cerca de 200000 fallecidos en un año, elevándose la tasa
al 33 por mil, así como por la guerra en el norte de África, con casi 25000 víctimas.
A lo largo de los años 20 se produce un incremento de la población gracias a la bonanza
económica en España durante el gobierno de Primo de Rivera y al fin de la guerra con
África en 1926.La natalidad y la mortalidad infantil continuará bajando hasta alcanzar
niveles europeos como Alemania o Francia entre otros.
• Durante la Guerra Civil y la posguerra (1936-1955) se produce un hundimiento de la
natalidad en contraste con una elevadísima mortalidad. En todo caso, será más
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importante la subnatalidad (los no nacidos) que la sobremortalidad (300000 fallecidos
en la lucha). Así, la Guerra civil repercutió de tres maneras en el perfil demográfico
español: en la tasa de mortalidad, en las tasas de nupcialidad y en la natalidad, al morir
mucha gente, retrasarse las edades de contraer matrimonio y retrasar con ello la llegada
de hijos. Y por si no fuera poco, destacarán igualmente los exiliados políticos, los
cuales abandonarán España en grandes cantidades.
El descenso de la natalidad se mantendrá posteriormente debido a la posguerra, aunque
se verá ligeramente compensada con una gradual reducción de la mortalidad como
consecuencia del fin de la contienda.
Entre 1955 y 1975 la natalidad asciende brutalmente, en un fenómeno conocido como
el baby boom y el aumento generalizado de las nupcialidades, consecuencia inmediata
de un desarrollo económico en España sin precedentes. La mortalidad desciende por las
mejoras de vida así como por la generalización de los beneficios de la Seguridad Social.
Con posterioridad a este incremento se produce un leve descenso en la mortalidad
infantil como consecuencia de los fuertes procesos migratorios del medio rural al
urbano. Igualmente desparece en esta época el fenómeno de la desnutrición y el de la
subnutrición. Sin embargo, ese fuerte crecimiento vegetativo se verá atenuado por la
corriente emigratoria a Latinoamérica así como a países de la Europa no mediterránea,
durando este flujo hasta la llegada de la crisis económica de 1973.
Desde 1976 hasta la actualidad la población ha seguido incrementándose. Se ha
producido un descenso en la natalidad debido a la crisis económica y la incertidumbre
política de finales de los años 70, así como por la generalización de los medios
anticonceptivos y la progresiva incorporación de la mujer al mercado laboral, con la
consiguiente crisis en el modelo tradicional familiar. Paralelamente se ha evidenciado
un ligero descenso de la fecundidad, siendo de las más bajas del mundo, lo cual ha
llevado durante los años 90 a un cierto envejecimiento de la población española. Sin
embargo, la llegada masiva de inmigrantes ha dado la vuelta a la situación,
rejuveneciendo la población activa y la infantil. En la actualidad España se encuentra
con un ligero crecimiento gracias a estos efectivos llegados de África y Latinoamérica
principalmente.
6.2. Distribución espacial de la población española
La distribución espacial de la población trata de analizar la forma en que ésta se localiza sobre
el espacio. Las características que definen el proceso de ocupación y relocalización de la
población española sobre el territorio se podrían concretar en:
• Aumento generalizado de la densidad de población.
• Oposición entre el litoral con una fuerte concentración de población y el interior, semivacío.
• Concentración en las áreas urbanas frente al despoblamiento de las zonas rurales.
Evolución de la densidad de población
La densidad de población ha evolucionado hacia valores cada vez más altos. En la etapa
preestadística, la densidad pasó de los 13,5 hab./km2 estimados para el siglo XVI a los 21
hab./km2 de finales del XVIII. Durante todo este período destaca el enorme peso de la Corona
de Castilla, que acogía las tres cuartas partes de la población española, mientras que en las zonas
periféricas, junto a regiones pobladas como Galicia y Valencia, había otras con densidades más
bajas.
Durante el siglo XIX comienza a cambiar el mapa de densidad y a configurarse el marco actual,
concentrándose la población en la periferia generando un centro deprimido. Así, despegan zonas
de Cataluña, Valencia, Andalucía y Murcia, mientras que el interior experimentará caídas
progresivas de la población.
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Áreas de concentración y vacío de población.
El mapa que refleja la actual distribución de la población española se gestó en la segunda mitad
del siglo XIX, momento en el que se empezaron a observar los actuales desequilibrios
demográficos nacionales. Una aproximación al reparto de la población por comunidades nos
ofrece lo siguiente:
1. Las cuatro comunidades con mayor porcentaje de población son Andalucía, Cataluña,
Madrid y Valencia, concentrando el 56,2% del total. Las de menor población son La
Rioja, Navarra, Cantabria y Baleares.
2. Según su densidad, las comunidades con mayores tasas son Madrid, País Vasco y
Canarias (más de 200 h/km2), siguiéndole Asturias, Baleares, Cantabria, Cataluña y
Valencia. Por encima de los 100 h/km2 se encuentran las comunidades de Andalucía,
Galicia y Murcia. En el polo opuesto están las comunidades interiores a excepción de
Madrid, con densidades que no superan los 50 h/km2.
3. A nivel provincial las diferencias son aún más acusadas entre las provincias costeras y
las del interior.
Las causas que explican la actual distribución de la población española son muy variadas,
destacando entre todas las de naturaleza geográfica, demográfica y socioeconómica.
1. Los factores geográficos más representativos son el clima y la altitud. Un clima de
condiciones extremas como el del interior peninsular no favorece el asentamiento ni el
desarrollo de determinadas actividades productivas. La altitud y la irregularidad
topográfica representan también un desafío para la ocupación humana.
2. Los factores demográficos son la dinámica natural y la estructura de las diferentes
poblaciones. Este factor está consolidando la dicotomía centro-periferia, pues las
provincias del interior son las que presentan un menor crecimiento natural y se
encuentran más envejecidas.
3. Los factores socioeconómicos son hechos o situaciones de naturaleza social o
económica que atraen a la población hacia determinadas zonas geográficas o la repelen
de otras., siendo el caso arquetípico de la emigración.
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Población rural y población urbana.
Uno de los rasgos más representativos de los cambios demográficos producidos en España en
las últimas décadas ha sido la pérdida de peso de los municipios de menos de 10000 habitantes,
frente a la creciente importancia de las grandes y medianas ciudades. Así las poblaciones con
menos de 10000 habitantes ocupa cuatro quintas partes del espacio urbanizado en España
mientras que no representa más que un 25% de la población total.
6.3. Dinámica natural o crecimiento vegetativo de la población española.
Natalidad y fecundidad.
La natalidad es el número de nacimientos producidos en una población determinada y en un
momento concreto. La fecundidad relaciona los nacimientos con el número de mujeres en edad
fértil (15-49 anos) y no con el total de la población.
Entre los índices que miden esto, hay que destacar la tasa bruta de natalidad española, que fue
del 1,01 % en 1991, la más baja del mundo, hecho compartido de cerca con países como Italia,
Bulgaria, Alemania, Grecia y Japón. Según las estimaciones realizadas en 1993, para el total del
territorio nacional, la tasa de natalidad, podría haber descendido al 9,8 %.
Pero lo que diferencia a España de los demás países es que su tasa de fecundidad sí es la más
baja del mundo, con 1,2 hijos por mujer en 1991. Si analizamos este índice observamos que el
umbral crítico de 2,1 hijos por mujer, que es necesario para la renovación de las generaciones
en las condiciones actuales de mortalidad, se abandonó en 1981, siendo en 1985 de 2,0, en
1988 de 1,6 y en 1989 de 1,4.
Es evidente que desde 1975 se ha producido en España un descenso de la natalidad y de la
fecundidad como reflejo de un cambio de mentalidad y de un comportamiento maltusiano de los
españoles. Este hecho se explica por la combinación de factores de diversa índole:
• Factores demográficos
Se ha producido un descenso de la mortalidad femenina en el parto o como consecuencia de
éste, y de la mortalidad infantil debido a los avances médicos y sanitarios, lo que ha permitido
que la mayoría de las mujeres en edad fértil sobrevivan a uno o más partos, y que haya
aumentado el número de niños nacidos vivos.
La tasa de nupcialidad también influye en la fecundidad, porque el retraso en la edad de
casarse o formar pareja estable reduce el período fecundo de la mujer, de esta manera, la edad
media en que la mujer contraía matrimonio a principios de siglo era de 24 años, se retrasa en la
década de los treinta y la posguerra y llega a los 28 en los últimos tiempos. Entre 1955 y.1964
se registró un aumento de la nupcialidad en comparación con el período anterior, debido a la
mejora económica, lo que está en relación directa con el aumento de las tasas de natalidad y
fecundidad en esa época. Actualmente, esa relación natalidad-fecundidad está condicionada por
el mayor control voluntario de la natalidad.
• Factores socio-económicos
Existe una clara relación entre el proceso de concentración y urbanización de la población
española y el descenso de la fecundidad, debido a la interrelación de varios factores: la ciudad
dificulta la supervivencia de familias numerosas por la falta de espacio y los mayores gastos de
consumo; la incorporación de la mujer al mundo del trabajo se da en un mayor porcentaje en las
ozonas urbanas que en las rurales, y limita su tiempo para el cuidado de los hijos; y, por último,
en las ciudades existe una mayor información y difusión de los anticonceptivos más eficaces.
Los períodos de incertidumbre económica y política también influyen en ej_ descenso de la
fecundidad.
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A pesar de lo expuesto, la natalidad aumentó en las áreas urbanas durante los años posteriores
al éxodo rural y comenzó a descender a medida que los emigrantes sé fueron adaptando a las
condiciones urbanas. En las zonas rurales la natalidad también descendió debido a la emigración
de grandes efectivos de población joven. Sin embargo, no está demostrado que exista una
relación directa entre renta familiar y fecundidad, ya que los índices más altos de fecundidad se
dan tanto en los estratos socio-económicos más bajos como en los más altos.
• Factores culturales e ideológicos
Este aspecto sí está en relación con el desarrollo económico y la mejora del nivel de instrucción,
de tal manera que, a mayor formación recibida corresponde una menor intención de tener más
hijos, retraso en la edad de contraer matrimonio o formar pareja estable, más probabilidades de
incorporación de la mujer al trabajo fuera del hogar, y mayores posibilidades de utilizar
métodos de anticoncepción. Todo ello repercute en un descenso de la fecundidad. Las creencias
religiosas también influyen sobre la fecundidad, porque todas las grandes religiones fomentan la
natalidad; Además, hay que añadir el cambio de mentalidad de una sociedad eminentemente
rural, en la que los hijos eran mano de obra, a una sociedad urbana, donde mantener una familia
numerosa, con los niveles adecuados de alimentación/formación, requiere un enorme esfuerzo
económico.
Mortalidad
La mortalidad es el hecho demográfico que relaciona los fallecimientos en un momento
concreto con una población determinada. Existen varios tipos de mortalidad en función de las
causas y del tiempo: la mortalidad general hace referencia al conjunto de causas que producen
fallecimientos, si éstas son debidas a circunstancias del parto, malformaciones internas o
envejecimiento del organismo se habla de mortalidad endógena, mientras que si los
fallecimientos se deben a enfermedades infecciosas o accidentes se considera mortalidad
exógena. Si la mortalidad se produce antes del parto se denomina intrauterina, si se produce
durante el primer mes de vida se conoce como neonatal, y posnatal si se da entre el primer mes
y el primer año de vida.
La mortalidad ha descendido en España con retraso respecto a otros países europeos. Los
índices a través de los cuales se analiza la mortalidad son la tasa bruta de mortalidad, la tasa de
mortalidad infantil y la esperanza de vida al nacer. La tasa bruta de mortalidad general se situó
por debajo del 1O%o en los años cincuenta, debido, entre otras causas, al descubrimiento de la
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penicilina, alcanzando en 1989 el valor más bajo, 8%o..En 1991 ha experimentado un ligero
ascenso, un 8,62%o, como consecuencia del incremento de población anciana.
La reducción de la tasa de mortalidad infantil ha sido espectacular a lo largo del siglo xx,
descendiendo del 181%o para el período 1901-1905, al 6,6 %o en 1993 para los menores de un
año.
La esperanza de vida al nacer ha experimentado notables cambios desde 1900. sólo
interrumpidos por la epidemia de gripe y la guerra civil. A principios de siglo, la esperanza
media de vida para los hombres era de 33,85 años y de 35,70 años para las mujeres. En la
década de los cincuenta ya se alcanza la barrera de los 60 años y, actualmente, España se
encuentra entre los países del mundo con mayores expectativas de vida (78 años), aunque hay
que señalar un aumento de la mortalidad masculina frente a la femenina (en torno a 80 años
para las mujeres).
La reducción de la mortalidad es acusada cuando adquiere eficacia la acción preventiva y
curativa sobre determinadas enfermedades, así, los años cincuenta de este siglo marcan el inicio
de un gran cambio, en las causas de la mortalidad, debido al descubrimiento y comercialización
de los antibióticos, que combaten eficazmente enfermedades infecciosas y parasitarias como la
tuberculosis y la disentería; ya la vacunación generalizada contra la viruela, la difteria, etc., lo
cual ha provocado la erradicación de estas enfermedades, la disponibilidad de más recursos por
parte de la población, así como la mejora de los niveles educativos.
Actualmente las causas de muerte han cambiado, han pasado de ser eminentemente externas al
hombre a ser internas, incrementándose los casos de muerte por cáncer y las enfermedades
cardiovasculares, lo que unido al aumento de los fallecimientos por accidentes de tráfico refleja
el modelo de mortalidad característico de los países desarrollados. El hecho de que se haya
producido un ligero aumento de la tasa bruta de mortalidad se debe a la incidencia de estas
causas sobre un contingente de población con tendencia al envejecimiento, y a las muertes de
carácter accidental, sobre todo en las zonas urbanas.
La distribución de los índices refleja que a
principios de siglo las mayores tasas brutas de
mortalidad se daban en las dos Castillas,
Andalucía, Extremadura, regiones con menor
nivel de desarrollo y mayor tasa de mortalidad
infantil, pero desde 1950 se irá demostrando la
relación entre emigración y envejecimiento de
la población con la alta mortalidad.
La reducción de la mortalidad ha sido
generalizada, pero no uniforme, ya que se
presentan diferencias espaciales. Según el censo
de 1993, las tasas brutas de mortalidad más altas
se dan en Asturias, Galicia, Extremadura,
Aragón, Castilla-La Mancha y Castilla y León,
comunidades en las que el envejecimiento de la
población es más acusado debido a la
emigración.
Los valores más bajos se dan en Canarias,
País Vasco y Andalucía, .Murcia y Madrid,
además de Ceuta y Melilla, con mayores efectivos de población joven.
La extensión de los beneficios de la Seguridad Social ha reducido las diferencias entre unas
regiones y otras, pero los hábitos alimenticios, los niveles de contaminación, el estrés, la
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posibilidad de acceder a la medicina privada, la rapidez en el acceso a la atención médica,
etc., siguen manteniendo, ligeras desigualdades ante la muerte entre las áreas urbanas y las
rurales, entre las zonas industrializadas y las agrícolas, y entre unos grupos sociales y otros.
El crecimiento natural.
El crecimiento natural es el mecanismo que regula los cambios en el volumen de una población
a partir del comportamiento de la natalidad y la mortalidad. A lo largo de los últimos dos siglos,
la tendencia general ha sido positiva, debido tanto al continuo descenso de la mortalidad como
de la natalidad en momentos posteriores. Sin embargo ha experimentado ciertos altibajos, los
cuales pueden sintetizarse en:
1. Durante la segunda mitad del siglo XIX hasta principios del XX. Se produce una evolución
irregular del crecimiento natural, motivada, sobre todo, por la mortalidad epidémica.
2. Durante la primera mitad del siglo XX las tasas de crecimiento se mantienen altas debido al
descenso de la mortalidad ordinaria y al mantenimiento de una alta tasa de natalidad. Los
puntos de inflexión serán la gripe de 1918 y la Guerra Civil.
3. Desde 1950 hasta la década de los 70 tiene lugar el mayor crecimiento natural, fruto del
descenso de la mortalidad a niveles ínfimos y a una política fatalista muy importante.
4. Desde finales de la década de los 70 hasta la actualidad. Se ha producido un gradual
descenso como consecuencia de la caída de la fecundidad y el incremento de la mortalidad
por el envejecimiento de la población.
Las razones del cambio en el crecimiento natural responden a la teoría de la transición
demográfica. Esta teoría describe el paso de un sistema demográfico antiguo con altas tasas de
natalidad y mortalidad, con un lento crecimiento, a un sistema demográfico moderno con unas
tasas ahora reducidas. Entre ambos períodos tendría lugar una fase de transición de elevado
crecimiento, consecuencia de un descenso de la mortalidad anterior a la natalidad.
La transición demográfica española presenta cierta singularidad respecto a la europea,
concretándose en la aparición tardía de la reducción de las tasas de mortalidad y natalidad,
teniendo lugar un siglo después que en el resto de Europa.
6.4. Los movimientos migratorios en España y sus repercusiones territoriales.
(Véanse las fotocopias adjuntas.)
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