Luces y sombras de la regularización fiscal El pasado viernes

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Luces y sombras de la regularización fiscal
El pasado viernes finalizó el plazo para la presentación de la
denominada Declaración Tributaria Especial (Modelo 750), por lo que
procede hacer una valoración del proceso de regularización fiscal, así
como
reflexionar
sobre
el panorama previsto
para
un
futuro
inmediato.
En términos de valoración, la primera que se antoja es de carácter
cuantitativo, máxime cuando el gobierno se ha apresurado a dar unas
cifras (1.200 millones de euros de recaudación aproximada) lejanas a
los objetivos que se marcaron al inicio del proceso. No obstante,
resultaría engañoso centrarnos en el análisis de las cifras sin
completarlo con una valoración cualitativa de la medida, pues no es
posible medir su éxito o fracaso sin combinar ambas perspectivas.
Comenzando con las cifras, sorprende la rapidez con la que se ha
ofrecido un resultado del proceso, máxime si tenemos en cuenta que
la recaudación total de la regularización sólo puede obtenerse
sumando
el
montante
ingresado
en
las
arcas
de
distintas
administraciones estatales y autonómicas. En efecto, el proceso de
regularización tiene una pieza central, la Declaración Tributaria
Especial o Modelo 750 (DTE), cuyo control recaudatorio es simple y
rápido, por lo que es posible que dicha cifra refleje únicamente lo
ingresado
por
esta
vía.
Pero
el
efecto
recaudatorio
de
la
regularización no acaba en ahí, sino que hay que agregarle lo
proveniente de otros conceptos como IVA, ITPAJD, IP, ISD, etc., que
no están cubiertos por la Declaración Tributaria Especial (únicamente
permite regularizar por IRPF, IS e Impuesto sobre la Renta de No
Residentes) y que en
algunos casos son tributos cedidos a las
Comunidades Autónomas, lo que dificulta la integración de la
información. Por otra parte, el Modelo 750 no incluye el año 2011, lo
que hace que los conceptos y períodos que quedan fuera del ámbito
de la DTE sólo pueden ser objeto de regularización mediante la
correspondiente declaración complementaria. A lo que hay que sumar
los recargos e intereses por extemporaneidad, pendientes de ser
girados por las administraciones competentes.
Otro factor que complica la cuantificación es que, al no existir un
plazo límite para presentar las declaraciones complementarias (al
contrario de la DTE), es previsible que en los próximos días, incluso
meses, se sigan ingresando cantidades muy relevantes por esta vía.
Esta afirmación puede sorprender, pero muchas personas han
retrasado la decisión de acogerse a la medida hasta un momento
muy cercano al pasado 30 de noviembre. Consecuentemente, a
algunos les quedan parte de los deberes por hacer. Las causas del
retraso han sido suficientemente comentadas en los medios: la
desconfianza en el proceso, la resistencia a vencer la inercia de
muchos años y la complejidad de cálculo en el caso de carteras de
valores depositadas en entidades financieras extranjeras, en las que
las que el suministro de la documentación ha sufrido un cierto
colapso.
Entrando en una valoración cualitativa del proceso, hemos de
señalar que han sido dos las medidas que más han ayudado a la
decisión final de quiénes se han acogido a la regularización.
La primera medida viene representada por la decidida interpretación
que la Dirección General de Tributos ha realizado de diversas
cuestiones a través de dos Informes, pero entre las que destaca
especialmente el reconocimiento del derecho a la prescripción ganado
por quienes poseían bienes y derechos desde fechas lejanas, pero
que tenían en los años no prescritos rentas sin declarar procedentes
de esos elementos patrimoniales. Permitir la tributación de las rentas
positivas obtenidas en los últimos años al tipo privilegiado del 10%,
reconociendo
la
prescripción
de
los
restantes
elementos
patrimoniales, ha sido fundamental para incentivar la regularización
por el abaratamiento de su coste.
La segunda de las medidas ha consistido en el hecho de que, sobre la
base del criterio asumido recientemente por la Inspección de los
Tributos, se haya permitido el denominado “levantamiento del velo”
en el caso de estructuras interpuestas entre la titularidad jurídica y la
real de los bienes (extremo éste muy desarrollado tras la adhesión de
Suiza a la Directiva del Ahorro en el año 2006). La Orden Ministerial
de desarrollo
facilitó esta adecuación entre titularidad real y
titularidad formal o jurídica, asumiendo su coincidencia siempre que
la titularidad de los elementos patrimoniales recaiga en la persona
que regulariza antes de 31 de diciembre de 2013.
Si a todo lo anterior unimos el mecanismo diseñado para dar cabida a
los supuestos de regularización de efectivo (dinero en metálico),
asumiéndose la titularidad del declarante con anterioridad al 31 de
diciembre de 2010 siempre que se efectuase su ingreso en una
entidad financiera de España, o de otro Estado de la Unión Europea o
del Espacio Económico Europeo, antes de la finalización del plazo de
la Declaración Tributaria Especial, podemos decir que los esfuerzos
por ampliar espectro de destinatarios han sido muy importantes.
Otros aspectos también han ayudado al proceso, pero no queremos
dejar de llamar la atención sobre el conjunto de medidas legislativas
recientemente adoptadas para incrementar la lucha contra el fraude,
entre las que destaca la futura obligación de declarar bienes y
derechos
situados
devastadores
en
efectos
el
extranjero
previstos
(RD
para
1558/2012)
su
y
los
incumplimiento,
principalmente representados por la imposibilidad de acceso al
instituto de la prescripción para quienes incumplan la obligación de
declarar dichos bienes. Ello, unido al cambio de orientación de
algunos estados como Suiza respecto de su futura colaboración con
España en términos de suministros de información tributaria, ha
supuesto un incremento considerable de presión sobre los titulares de
estructuras hasta ahora opacas para el fisco.
El futuro va en esta línea y en el horizonte aparece otra fecha, el 31
de marzo de 2013, en la cual aquellos que todavía mantienen
elementos patrimoniales no declarados situados en el extranjero
deberán adoptar una decisión muy importante: regularizar su
situación mediante declaraciones ordinarias complementarias o seguir
un camino hacía un destino cada vez más incierto. Aventuro que
muchos optarán por lo primero aunque sea más caro que lo visto
hasta este viernes. Bienvenidos a la “regularización fiscal 2.0”.
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