La reforma de la justicia militar al compás de la Constitución

Anuncio
23
La reforma de la justicia militar
al compás de la Constitución
JOSÉ FRANCISCO GÁLVEZ MONTERO
SUMARIO: I. El fuero privativo y su papel en la sociedad. II. La constitucionalidad del fuero.
III. Las infracciones o sanciones militares. IV. La organización de la jurisdicción especializada militar policial: entre la constitucionalidad y la legalidad. V. Conclusiones.
A
nte todo agradezco la gentileza y paciencia del joven colega
Christian Donayre Montesinos, quien desde estudiante ha
demostrado un trabajo de análisis objetivo e integral sobre
la justicia militar, cuyo tema hoy nos convoca y forma parte de la
reforma que el Estado peruano debe asumir.
El presente año la Comisión Interamericana de Derechos Humanos dentro de su 131 Período ordinario de sesiones concedió al
Instituto de Defensa Legal (IDL) una audiencia1 para que expusiera
los puntos controvertidos de la reciente Ley N.º 29182, Ley de Organización y Funciones del Fuero Militar, que en su opinión no recoge
los criterios aportados en las resoluciones del Tribunal Constitucional
desde el año 2003 hasta la actualidad. Antes de ello, la presidenta de
la Comisión de Defensa y Orden Interno del Congreso de la República Mercedes Cabanillas sostuvo que la materia de la ley se ceñía al
Derecho Comparado, lo cual concedía legalidad y legitimidad. En la
misma sesión, la Comisión Interamericana escuchó los descargos del
Estado peruano a través de la Cancillería y del procurador del Parlamento Jorge Campana Ríos, quien hizo saber los avances recogidos
por la norma desde su proyecto y que en su opinión estaba acorde
con el ordenamiento legal y constitucional.
1
Ley Orgánica de Justicia Militar y Policial de Perú (12 de marzo de 2008)
http://www.oas.org/OASpage/videosondemand/home_spa/videos_query.asp?sCodigo=08-0078
24
José Francisco Gálvez Montero
A lo expuesto, debemos agregar dos referencias más: el envío a la Comisión
Interamericana del Informe de Adjuntía N.º 02-2008-DP/AAC o Informe amicus
curiae sobre la Incompatibilidad de la Ley N.º 29182 redactado por la Defensoría
del Pueblo del Perú, a la luz de la jurisprudencia del Tribunal Constitucional
peruano y lo establecido por la Convención Americana sobre Derechos Humanos. Y en segundo lugar, el informe del Ministerio de Defensa que conformó una
comisión presidida por el jurista Domingo García Belaunde2 para plantear los
puntos trascendentales de la reforma. Documentos nos servirán para proponer
cuatro puntos sobre los cuales en mi opinión gira la discusión de los cambios a
implementarse en la Justicia Militar: El fuero privativo y su papel en la sociedad,
la constitucionalidad del fuero, las infracciones o sanciones militares y la organización de la jurisdicción especializada militar policial.
I.
EL FUERO PRIVATIVO Y SU PAPEL EN LA SOCIEDAD
Un primer acercamiento al análisis de este controvertido tema nos orienta a
distinguir la ubicación de este fuero dentro de la organización del Estado peruano
y que ha sido recogido por la Constitución, concediéndole independencia frente
al fuero ordinario. Existencia que ha pervivido a lo largo de la República cuando
la autoridad, al colocar las bases de la teoría clásica de la separación de Poderes,
reconoció la existencia de los fueros ordinario, militar y eclesiástico a través del
Reglamento de Tribunales o decreto de 10 de abril de 1822, distinción que sería
ratificada en Constituciones posteriores.
En 1899, durante el gobierno de Nicolás de Piérola y Villena hubo la voluntad
política de involucrar al fuero militar con el ordinario con la presencia de vocales
supremos y vocales militares en la composición del Consejo Supremo de Guerra,
órgano supremo de este fuero y cuyas decisiones podían ser apeladas ante la
Corte Suprema de la República. Integración que el primer régimen de José Pardo
y Barreda hizo desaparecer, dejando la conformación del Consejo Supremo sólo
a militares, quienes al no ser letrados se veían asistidos por el Auditor de Guerra,
abogado civil de profesión, encargado de tutelar la parte jurídica de los actos
castrenses.
Recién en 1950, con la tercera versión del Código de Justicia Militar, se asimilaron abogados a los institutos en calidad de Oficiales Jurídicos. Su presencia
aunque marcó una nueva etapa al complementar su presencia con la de los Oficiales
de Armas, o militares de carrera; sin embargo, el instituto castrense concedió más
importancia a éstos últimos que a los Jurídicos para la designación de los jueces
o vocales o fiscales militares, encargados de impartir justicia.
Por otro lado, la tendencia de involucrar civiles en las sanciones militares
provenía del llamado fuero militar personal donde por la protección de los bienes
2
GARCÍA BELAUNDE, Domingo. La Jurisdicción Militar en debate. Lima: Cuadernos del Rectorado. Universidad Inca Garcilaso de la Vega, 2008.
La reforma de la justicia militar al compás de la Constitución
25
jurídicos, antes del rey y luego del Estado, no importaba si fuese militar o civil
pues bastaba que la persona se encontrara laborando dentro de una instalación
militar para que se le aplicara la justicia militar por cualquier infracción3. Ello se
sumaba al reconocimiento de derechos otorgados a los militares extensible a su
cónyuge e hijos que provenía del siglo XVIII.
Por otra parte, luego de la Primera Guerra Mundial, la calificación de los llamados delitos políticos sociales en Europa tuvo un resultado diferente en el Perú.
La autoridad optó no sólo por reprimirlos, sino derivar el juzgamiento de civiles
a cargo de militares. Así, dentro del gobierno del general Luis Miguel Sánchez
Cerro, se promulgaron los Decretos Leyes N.º 6881 y 6948 del 26 septiembre y 28
noviembre de 1930 respectivamente, con lo cual quedaba suspendido el artículo 156
de la Constitución de 1920:“La justicia militar no podrá, por ningún motivo, extender
su jurisdicción sobre personas que no estén en servicio en el Ejército, a no ser en caso de
guerra nacional4”, así como de las leyes N.º 2442 y N.º 5862.
De esa manera, no sólo se otorgaba competencia al fuero castrense en el juzgamiento de civiles sino incluso podían sancionarse conductas que previamente
no hubieran sido tipificadas por la ley. Dispositivo que vulneraba el ordenamiento
jurídico peruano, sustentado en la dogmática francesa, que estableció que las
normas regían con posterioridad a su expedición.
El régimen de entonces, al promulgar el Decreto Ley N.º 6929 del 13 noviembre
de 1930, consideró como delito flagrante cualquier atentado contra la seguridad
del orden público, reforzando con ello el hecho que los presuntos autores fuesen
juzgados por el Consejo de Guerra Especial, cuyos miembros fueron nombrados
por el mismo decreto. Este colegiado investigaba y juzgaba, siendo adquiriendo
sus decisiones el carácter de cosa juzgada. El proceso era sumarísimo; desde el
inicio, el acusado disponía de 10 minutos para designar su abogado, caso contrario
se le designaba de defensor oficio por el fuero castrense. En una hora se formulaba
acusación fiscal, en la siguiente hora actuaba la defensa.
Esta característica continuaría con la Ley N.º 8505 o Ley de Defensa Social
y Seguridad Interior de la República promulgada por el siguiente gobierno,
durante el mandato del general Óscar R. Benavides, ampliándose la represión
también juzgar conductas vinculadas con doctrinas internacionales o difusión
3
4
Disfrutaban también del fuero militar todos los ministros y fiscales del Supremo Consejo
de Guerra, aunque fueran intendentes o togados, así como el secretario, los oficiales de
su secretaría, agentes-fiscales, relatores, escribanos de la cámara y demás dependientes
del Consejos, sus mujeres, hijos y criados. Vid. CRUZ BARNEY, Óscar. Historia del Derecho
en México. México, Oxford University Press. 2002, p. 343.
Cfr. Defensoría del Pueblo. Lineamientos para la reforma de la justicia militar en el Perú.
Informe Defensorial N.º 6. Lima, 4 de marzo de 1998, p. 24.
UGARTE DEL PINO, Juan Vicente. Historia de las Constituciones del Perú. Lima: Editorial
Andina. 1978, p. 517.
26
José Francisco Gálvez Montero
de informaciones falsas o tendenciosas que causaran daño al prestigio del país,
lo que en otras palabras tuvo su correlato con el tenor del artículo 53 de la Constitución de 1933: “El Estado no reconoce la existencia legal de los partidos políticos de
organización internacional. Los que pertenecen a ellos no pueden desempeñar ninguna
función política5” mayormente aplicada a la Alianza Popular Revolucionaria
Americana (APRA).
Similar esquema represivo continuó con el Decreto Ley N.° 11049 de 1 de
julio de 1949 o Ley de Seguridad Interior dada por el régimen del general Manuel
A. Odría y que junto con la Ley sobre la vagancia justificó el encarcelamiento de
la oposición liderada por el APRA y el Partido Comunista, que discrepaban del
gobierno militar. Las cortes militares disponían de 5 días para la instrucción de
las causas y dos días para los alegatos de la defensa. Conocimiento que también
fue competencia de los prefectos que disponían de tres días para el proceso sumario, desarrollando en un solo acto la actuación de pruebas y la sentencia misma.
Disposiciones que fueron derogadas por el gobierno de Manuel Prado Ugarteche
a través de la Ley N.º 12564 de 28 de julio de 1956, concediendo amnistía e indulto
a civiles y militares por delitos políticos.
La aparición de las guerrillas en el Perú en 1964 hizo que el Estado derivara la represión a las Fuerzas Armadas y el juzgamiento de los guerrilleros por
tribunales militares acusados del delito de rebelión. Actitud estatal de control y
sanción la cual podemos hallar anteriormente ante la debilidad del gobierno frente
al incremento de violencia por conflictos sociales. Efecto mediático que fortaleció
a la justicia militar en desmedro del fuero ordinario con el cual la relación con la
Corte Suprema carecía de integración.
Durante el Gobierno Revolucionario de la Fuerza Armada se retomó la competencia de la Justicia Militar con el juzgamiento de civiles a través del Decreto
Ley N.° 22339 de 14 noviembre de 1978 y ampliándola a los delitos de ultraje
contra los institutos armados y policiales por parte de civiles. Ello implicó la modificación de los artículos 101 y 103 del Código de Justicia Militar de 1963. Años
más adelante, durante el desarrollo del fenómeno del terrorismo, la autoridad
decidió enfrentarlo políticamente. Opción que se vio complicada por la crisis que
enfrentaron los partidos políticos en general y la falta de control de las Fuerzas
Armadas y Policiales en las zonas de vulnerabilidad social conocidas como zonas
de emergencia a cargo del Jefe Político Militar desde 1982. Lejos de otorgar más
recursos y protección a los magistrados civiles, la autoridad política dejó de lado
la tutela jurisdiccional de derechos prescindiéndose de las garantías, lo que llevó
incluso a la desnaturalización del principio de juez natural al juzgar civiles a cargo
de tribunales militares. Era un clima convulsionado de violencia donde la crisis
demandaba a los juristas sentar las bases de normas ante estas medidas extremas
y sobre todo por los excesos cometidos por las fuerzas de seguridad.
5
UGARTE DEL PINO, Juan Vicente. Ob. cit. 1978, p. 559.
La reforma de la justicia militar al compás de la Constitución
27
Si bien a partir de 1993 la autoridad política recuperó la eficacia del poder
con la captura de los principales líderes de Sendero Luminoso y del Movimiento
Revolucionario Túpac Amaru al retomar la función básica del Estado: brindar
orden y seguridad jurídica a la población; sin embargo, y debido más a fines
electorales se continúo con la represión por parte de las fuerzas castrenses así
como el uso de tribunales militares desde 1998 pero esta vez con el objeto de
detener el incremento de delincuencia. Ello significó un sobre dimensionamiento
del fuero mismo en asuntos delictivos y un férreo control político del régimen
sobre la sociedad, ya todo presunto opositor al régimen, sin mayor prueba, era
considerado terrorista.
A ello debe sumarse que el 22 de mayo de 1998 y dentro del marco de legislación sobre seguridad nacional para combatir la delincuencia organizada en
bandas organizadas, el gobierno expidió el Decreto Legislativo N.º 895 o Ley contra
el terrorismo agravado derivando el juzgamiento de civiles ante los tribunales
militares otorgando prioridad a la celeridad y dejándose de la lado el principio
de juez natural. No podemos dejar de mencionar que el Estado peruano optó por
esta medida para atender la complejidad de los hechos suscitados en la sociedad,
observándose resultados rápidos como el caso de Luis Campos Milla, alias “Momón”, juzgado por un tribunal militar por el asesinato de personas dedicaban a la
compra venta de moneda extranjera en la vía pública y al secuestro de personas.
Más adelante, el Tribunal Constitucional, frente a la vulneración del principio
de juez natural, ordenaba el inicio de nuevos procesos a cargo de juzgados civiles.
A ello se agregó que posteriormente dicho colegiado estableció la excarcelación al
haber transcurrido más de 36 meses de detención sin que se expidiera sentencia, lo
cual sería solicitado por su defensa planteando su arresto domiciliario. Si embargo,
la peligrosidad de sus actos hizo que la Sala Penal de Reos en Cárcel concediera
el arresto dentro del complejo penitenciario, dada la carencia de garantías que
evitaran su huída.
Por su parte, la Corte Interamericana de Derechos Humanos demandó al
Estado peruano abrir nuevo proceso como en el caso Lori Berenson Mejía, a quien
se le había juzgado por traición a la patria pese a ser extranjera. Demanda que en
su momento fue objeto de cuestionamiento por parte del régimen de turno. Bajo
esta tipificación se les derivó al fuero castrense, ensayándose la versión de guerra
exterior, pero como asunto doméstico. Actitud que nos lleva a reflexionar sobre la
obligatoriedad y el cumplimiento de los Tratados Internacionales o Convenciones
suscritas por el Estado peruano6. Más aún cuando la Convención Americana de
Derechos Humanos, suscrita en 1978 y ratificada en 1981 por el Congreso de la
República, es de carácter garantista, estipulando una serie de derechos y mecanis-
6
Convención Americana de Derechos Humanos, artículo 68, inciso 1) Los Estados partes
en la Convención se comprometen a cumplir la decisión de la Corte en todo caso en
que sean partes.
28
José Francisco Gálvez Montero
mos orientados a la tutela jurisdiccional de los bienes jurídicos reconocidos por la
sociedad y protegidos por la autoridad donde se encuentra el debido proceso.
II.
LA CONSTITUCIONALIDAD DEL FUERO
Como se puede apreciar a través de las Cartas, el Estado peruano concedió
constitucionalidad al fuero castrense, lo cual está recogido en el artículo 139, segundo párrafo, en el capítulo de Poder Judicial, Constitución de 1993. Aunque puede
entenderse como reiterativo, su existencia provino de los entonces fueros privativos
del siglo XVIII, que al ser ratificados por el régimen independiente se incorporaron al
ordenamiento peruano desde el reglamento de tribunales de 10 de abril de 1822.
Así, desde los inicios, la organización del Estado peruano circunscribió dicho
fuero a la esfera del Poder Ejecutivo, de cuya jefatura provinieron los nombramientos de los militares de armas como de los magistrados militares, lo que obedecía
al carácter del Presidente la República en tanto máxima autoridad castrense y Jefe
de la Administración Pública. Argumento que si bien nos indica la existencia de
una estructura jerárquica y por ende de una línea de mando, no necesariamente
acarreaba dependencia o injerencia política en la impartición de justicia en el
fuero militar; sin embargo, la precariedad y debilidad de nuestras instituciones
en general ha contribuido al protagonismo personal.
Como sostuvimos en un artículo anterior7, la organización del Poder Judicial
mantuvo por muchas décadas el modo virreinal, es decir, incluía magistrados y
fiscales dentro de una misma institución, lo cual fue reproducido también en el
ámbito militar. En él conjugaban tanto la razón de ser de la fuerza pública, brindar protección orden y seguridad al país con el mantenimiento de la disciplina
y las materias que el poder político (sea Ejecutivo o Legislativo) le asignaran por
cumplir sin dudas ni murmuraciones.
El Constitucionalismo, luego de la crisis ocasionada como consecuencia de
la Segunda Guerra Mundial, perfiló sus mecanismos invocando a la Constitución
frente a cualquier vulneración de derechos así como la creación de órganos autónomos encargados de cautelar la vigencia de esta Carta Suprema, única, exclusiva
y con la posibilidad de demandar tanto a los privados como al propio Estado por
su incumplimiento. Tendencia reforzada con la suscripción y ratificación de la
Declaración Universal de Derechos Humanos, que permitió observar cómo los
Tratados eran supervisados por la Comunidad Internacional para su cumplimiento
una vez suscritos y ratificados por el Estado. Ello obligaba a cada país a adecuar
paulatinamente su legislación e instituciones a su tenor.
El actual diseño de la Justicia Militar en la Constitución se encuentra integrada a través de los artículos 139, 141 y 173, dentro de la separación de poderes
7
Cfr. GÁLVEZ, José Francisco. “Del fuero personal al fuero institucional: la Justicia Militar
en el Perú”. En: Revista Peruana de Derecho Público 13. Año 7, 2006, p. 111.
La reforma de la justicia militar al compás de la Constitución
29
(artículo 43), asociada con la supremacía constitucional (artículo 51). Aunque la
Constitución no la haya comprendido dentro de la lista de entidades reguladas por
ley orgánica8, o la doctrina no le otorgue el llamado numerus clausus, su materia está
acorde a la impartición de justicia, principio que emana del pueblo y por que su
materia resulta propia de una ley de desarrollo constitucional, lo cual nos deriva
a que su regulación debiera ser por una ley orgánica. Es decir, una norma que no
puede ser comprendida dentro de las facultades delegadas al Poder Ejecutivo.
En segundo lugar, es una jurisdicción especializada que se circunscribe a la
aplicación del artículo constitucional 141, el cual permite el conocimiento por vía
de casación de los fallos de la máxima instancia castrense o Consejo Supremo de
Justicia Militar por parte de la Corte Suprema de la República en materia de pena
de muerte por traición a la patria en caso de guerra, de acuerdo a lo estipulado por
el artículo 173. La carencia de este supuesto, podría indicarnos la poca o no nula
efectividad del derecho en la relación entre estas dos instituciones, sin embargo,
ello puede significar el punto de partida de dicha relación más estrecha por interpretación bajo el aforismo que “quien puede lo más puede lo menos” de tal forma
que la casación se extendiese a todo proceso ventilado al interior de los tribunales
militares por delito de función o acto de servicio, interpretando la norma en sentido
amplio mediante las “mutaciones constitucionales” establecidas por ley, las que no
alteran la redacción constitucional9. Sin embargo, en nuestra tradición constitucional todavía la interpretación no ha generado una fuerza vinculante eficaz, razón
por la cual la observancia de casos debiera señalarse aún taxativamente.
Por Resolución Suprema N.º 362-2006-DE/SG de 25 de agosto del 2006, el
Ministerio de Defensa creó la comisión encargada de evaluar la situación de la
organización jurisdiccional especializada en materia penal-militar policial bajo la
presidencia del jurista Domingo García Belaunde. Ésta propuso en su informe en
alusión a las Bases Constitucionales (numeral 4.1) que los cambios en la Justicia
Militar sólo podrían darse a través de una Reforma constitucional dado que la
Carta le otorga reconocimiento y funcionalidad.
En sus consideraciones, el colegiado precisa que debe definirse previamente
el carácter de la jurisdicción militar si es independiente o no de la jurisdicción ordinaria y los ámbitos de competencia de cada una. Sin embargo, al mismo tiempo
propuso que si fuese independiente debería existir por encima una institución
articuladora de ambas.
8
9
Carta abierta al Congreso de la República: Justicia militar: histórica sentencia del Tribunal Constitucional. Ideelemail 397, 5 de noviembre de 2004. Instituto de Defensa Legal.
David Lovatón PALACIOS, Director Gerente del Instituto de Defensa Legal y Francisco
Eguiguren, Jefe del Departamento de Derecho. Pontificia Universidad Católica del
Derecho.
Cfr. JELLINECK, Georg. Reforma y mutación de la Constitución. Madrid: Centro de Estudios
Constitucionales, 1991.
30
José Francisco Gálvez Montero
Particularmente encuentro una ambigüedad en lo expresado, pues al margen de las primeras alternativas se requiere un órgano que integre, lo cual nos
lleva a postular que la jurisdicción militar deba formar parte del Poder Judicial e
integrarse incluso formando parte de la Corte Suprema, como en su momento lo
propusimos en la Ley N.º 28665 o Ley de Organización, Funciones y Competencia
de la Jurisdicción Militar Policial de 7 de enero de 2006 a semejanza del modelo
español donde el Tribunal Supremo está integrado por la Quinta Sala, conformada
por magistrados militares y civiles, la cual contempla todos los casos de delitos de
función o actos de servicio de los miembros de las fuerzas de seguridad.
III. LAS INFRACCIONES O SANCIONES MILITARES
El rasgo más saltante de la naturaleza castrense ha sido en la impartición de
justicia el carácter reglamentario y disciplinario lo cual nos deriva a un ámbito
restringido de conductas, cuya precisión no ha obedecido al desarrollo del derecho
en materia penal10. Hechos que obligaron a la comunidad internacional a formular
críticas contra el Estado peruano a quien demandó establecer un programa de
ajustes en la lucha contra el terrorismo pero bajo el Derecho a fin de recuperar los
principios constitucionales como la tutela jurisdiccional, el debido proceso y la
defensa de los Derechos Humanos. Desde el Informe Defensorial N.º 6, pero sobre
todo en el N.º 66: ¿Quién juzga qué? se han establecido pautas en referencia al
delito de función, incluso a la luz de la jurisprudencia del Tribunal Constitucional
y de la Corte Interamericana.
Tradicionalmente, la aplicación de las sanciones de la Justicia Militar, basada
en tres criterios, gozaba de una gran discrecionalidad: El sujeto, la conducta y el
lugar. El sujeto o agente que en actividad pertenecía a las Fuerzas Armadas o
Policiales, condición que podía extenderse al civil que laboraba en sus instalaciones y al militar en retiro. En cuanto a la conducta tipificada, el uniformado como
elemento importante de una organización y bajo régimen disciplinario cumple con
los objetivos de las fuerzas de seguridad. Consideración que circunscribe su labor
a tareas específicas y que no se puede pretender que abarque la totalidad de los
actos jurídicos que como individuo realiza (compra-venta, sucesión testamentaria,
matrimonio, etc.) o los delitos comunes (lesiones y homicidio).
Pero por otro lado, la reforma también debería incluir la derogatoria de las
restricciones a los derechos estipulados en el artículo 2 de la actual Carta a las que
se encuentran expuestos los militares y policías, pues salvo el voto que les fuera
restituido en el año 2005, aún permanecen las otras en calidad de suspendidos,
aduciendo razones de seguridad.
10 Cfr. DONAYRE MONTESINOS, Christian. La Reforma de la Justicia Militar. Estudios críticos de
la experiencia peruana y comparada. Lima: Jurista Editores. E.I.R.L., mayo 2004.
DONAYRE MONTESINOS, Christian. Tribunales Militares y Constitución en el Perú. Apuntes
sobre una reforma pendiente. Lima: Jurista Editores. E.I.R.L., septiembre 2006.
La reforma de la justicia militar al compás de la Constitución
31
La ley N.º 2442 de 3 de setiembre de 191711 dejó en claro la aplicación del
principio de juez natural en los hechos producidos, como se aprecia en su artículo
7 “Cuando en el delito hayan participado militares y paisanos, y unos y otros estén sujetos
á diversa jurisdicción, según las leyes, ellos serán juzgados con separación por sus propios
jueces propios. Sólo en tiempo de guerra nacional la jurisdicción á que están sometidos los
autores del delito, se extiende a sus co-autores, cómplices y encubridores, aunque éstos no
formen parte del ejército, ni estén á su servicio” Enunciado que sería el primero en el
Reglamento de la ley N.º 2442 sobre Justicia Militar: “Artículo 1.– Las autoridades y
tribunales de la justicia militar, previo dictamen de los auditores respectivos, procederán á
inhibirse del conocimiento de los juicios seguidos á paisanos y á militares que no estaban en
servicio al iniciarse el procedimiento y remitirán los actuados á los jueces del fuero común,
á quienes corresponda el ejercicio de la jurisdicción, según lo que al respecto dispone el
Código de Enjuiciamientos en materia penal”:
El tercer criterio está basado en la permanencia o presencia en el lugar constituido por un cuartel o delegación policial y que la norma citada anteriormente
también recogía: “Artículo 4.– Por razón de lugar en que el delito se cometa, es competente la jurisdicción militar para conocer las causas contra toda clase de personas que en lo
cuarteles, arsenales, buques de guerra, campamentos, fortalezas y demás establecimientos
de guerra, perpetren delito que perturbe el servicio militar ó afecte la seguridad de esas
dependencias militares”12. Circunstancia que se supera por la conducta tipificada por
el delito de función mismo, ya que la connotación del lugar se orienta más a ofrecer
al sujeto una serie de inmunidades o protección al sujeto como sí se percibe en el
asilo político. El establecimiento de límites o restricciones a determinadas zonas
obedece a razones estrictamente de seguridad y no a otra índole.
De la explicación anterior podemos arribar que la doctrina y la jurisprudencia
considera en la actualidad dos: la condición de la persona o agente involucrado
en el hecho punible y el delito relacionado con los bienes jurídicos que tutela, relacionados con la misión de las fuerzas de seguridad. Distinciones que nos llevan
a reflexión no sólo el principio de legalidad, sino el de constitucionalidad al que
se integran los argumentos vertidos en las sentencias del Tribunal Constitucional
y de la Corte Interamericana: “Como es de conocimiento general, el delito de función
es un delito especial propio en razón de que sólo puede ser cometido por aquellas personas
que ostentando determinado cargo y por ello ciertas funciones específicas, las ejercen de
modo indebido lesionando los bienes jurídicos que se suponía ellas estaban llamadas especialmente a proteger”13.
11 CONGRESO DE LA REPÚBLICA: Archivo Digital de la Legislación en el Perú. http//www.
congreso,gob.pe/ntley/Imagenes/Leyes/02442.pdf
12 CONGRESO DE LA REPÚBLICA: ob. cit.
13 BERDUGO GÓMEZ DE LA TORRE, Ignacio; ARROYO ZAPATERO, Luis; FERRÉ OLIVÉ, Juan Carlos,
SERRANO PIEDECASAS; José Ramón y Nicolás GARCÍA RIVAS. Lecciones de Derecho Penal. Parte
General. Barcelona: La Ley, 1999.
32
José Francisco Gálvez Montero
IV. LA ORGANIZACIÓN DE LA JURISDICCIÓN ESPECIALIZADA MILITAR
POLICIAL: ENTRE LA CONSTITUCIONALIDAD Y LA LEGALIDAD
Del modelo de Derecho Público francés del siglo XIX que nuestro ordenamiento jurídico incorporó, han existido en los últimos 30 años una serie de propuestas
que se introdujeron en el proyecto de Constitución peruana de 1978. Manteniendo
la tradición jurídica se consideró la existencia del fuero castrense o militar, ratificando su independencia y autonomía de la que ya gozaba anteriormente. Mantuvo en su funcionamiento la integración de magistrados y fiscales en una misma
institución encabezada por el Consejo Supremo de Justicia Militar, pese que en el
fuero ordinario o común ya se habían separado los togados del Poder Judicial de
los fiscales, que en adelante pertenecerían al Ministerio Público liderado por el
Fiscal de la Nación. Cargo que data desde la Constitución peruana de 1856.
En el aspecto doctrinario y conceptual debemos añadir el gradual posesionamiento de la Constitución como fuente política y jurídica, la cual permitirá las
demandas, acciones —y en la actualidad procesos— de inconstitucionalidad de
cualquier norma que se contraponga a lo establecido por la Constitución, documento supremo y único y al cual se le reconoce la prelación en un orden jerárquico.
Circunstancia que desde entonces ha motivado el establecimiento del principio de constitucionalidad por encima del de legalidad y al cual se ha recurrido
en las diferentes discusiones que ha suscitado la reforma del fuero militar. En
este proceso gradual de la pervivencia de la legalidad hallamos por ejemplo la
dación del Decreto Legislativo 052 o Ley Orgánica del Ministerio Público que en
su artículo 7 derivó la subordinación de los fiscales militares al Presidente del
Consejo Supremo de Justicia Militar y no al Fiscal de la Nación, lo cual reforzaba
la independencia del fuero castrense.
A causa del terrorismo y la falta de recursos del Estado, el propio fuero común
a través del Presidente de la Corte Suprema claudicó al reclamar el juzgamiento
de los terroristas por fuero militar. Planteada la pacificación del país en el año
2000 con el arribo del gobierno de transición del Doctor Valentín Paniagua, se
produjeron cambios que implicaron la reformulación de las normas dadas por
el Congreso en la década de los 90 y que habían permitido el juzgamiento de los
civiles a cargo de militares. Representantes de diferentes bancadas quisieron enmendar esta situación invocando el principio del juez natural, lo cual implicaba
una reforma sustancial de la Justicia Militar.
Con el retorno del sistema democrático y de un período de estabilidad política
se generó la necesidad de enrumbar el desarrollo de los órganos y organismos
del Estado peruano comprometidos con la represión replanteando la función de
los institutos castrenses y de la justicia que impartían, más aún cuando existían
Cit. en: DONAYRE MONTESINOS; Christian. La ley N.º 29182, “Ley de Organización y funciones del Fuero militar policial: una ley emitida a espaldas de la Constitución y del
Tribunal Constitucional”. En: Jus constitucional. Abril 2008.
La reforma de la justicia militar al compás de la Constitución
33
denuncias por abusos cometidos. Situación que llevaría a diferentes sectores de
la sociedad a buscar cambios en dichos órganos y adecuarlos a las convenciones
de la tradición jurídica occidental tomando como criterio rector la protección del
bien jurídico supremo tutelado por el Estado: la vida, tanto en la tipificación de
los delitos de función o actos de servicio como en la relación establecida entre el
sujeto y el área protegida por cuestiones de defensa o seguridad nacional, lo que
terminaba por limitar a la vida misma.
No ha sido fácil colocar el principio de constitucionalidad en el orden de
prelación ya que ello ha venido no sólo con reformas taxativas en la redacción de
los artículos constitucionales sino con la interpretación que se ha venido abriendo
espacio en la comunidad jurídica, en la esfera estatal y en la sociedad. Y en ese
sentido, los fallos del Tribunal Constitucional han marcado un derrotero para
futuras acciones incluyendo las tareas que le corresponde al Congreso, como dador de leyes y que no se puede apartar de las sentencias dadas por el Colegiado
constitucional.
Desde el año 2002 y bajo la presidencia del Contralmirante AP Carlos Mesa
Angosto, el Consejo Supremo de Justicia Militar propuso su propia reforma, la que
sin embargo no estuvo de acuerdo a las expectativas de la sociedad al mantener
los parámetros jurídicos donde existía aún la presunción de responsabilidad más
que la de inocencia, aporte del liberalismo decimonónico. Las denuncias por desapariciones y violaciones contra los Derechos Humanos por parte de las fuerzas
de seguridad dieron un nuevo cariz a las propuestas de cambio a fin de subsanar
una serie de irregularidades y que no estuvieron exentas incluso de proponer
incluso la desaparición del fuero militar como en su momento lo sostuvo el IDL.
Planteamiento más impregnado por un sentimiento antimilitarista y que si hubiera
prosperado no habría solucionado el tema debido a la falta de recursos por la que
atraviesa el Poder Judicial, el que además no estaría en condiciones de asumir la
carga procesal que ello implicaría.
Denuncias que contribuyeron a la demanda de inconstitucionalidad contra las
normas castrenses por parte de la Defensoría del Pueblo que recogió argumentos
de los Organismos No Gubernamentales activistas ante el Tribunal Constitucional.
Hecho que nos permite apreciar la manera como se ha intentado solucionar la
reforma de la Justicia Militar dentro de una afinidad entre las entidades privadas,
la Defensoría, el propio Tribunal y ciertos medios de comunicación. Y a lo cual
sumamos la desidia de los uniformados que frente a sus detractores se confiaron
pensando que su condición de tal los iba a favorecer frente a las denuncias y
propuestas de reforma.
Aunque el Dictamen 163 de la Comisión de Defensa y Orden Interno buscó
adecuar la Justicia Militar al compás de la Constitución actual, la posterior Ley N.º
28665 o Ley de Organización, Funciones y Competencia de la Jurisdicción Militar
Policial de 7 de enero de 2006 mostró la conservación de una serie de funciones
sobre las cuales el Tribunal Constitucional ya se había pronunciado en contra.
Circunstancia que dio lugar a las demandas de inconstitucionalidad contra la Ley
34
José Francisco Gálvez Montero
28665 por la señora Fiscal de la Nación y el Colegio de Abogados de Lima ante el
Tribunal Constitucional generándose una serie de opiniones que desvirtuaban el
sentir de las medidas y que en su momento aclaramos14.
De esa manera, a partir del año 2006, el Consejo Supremo de Justicia Militar
cambió de actitud bajo la presidencia del general Juan Pablo Ramos Espinoza,
dejando de lado el planteamiento de una reforma transparente e integral por una
postura más cerrada, no midiendo las consecuencias que podía acarrear a la institución y que ha generado que el tema haya sido ventilado a nivel supranacional
como la audiencia que concedió la Comisión Interamericana de Derechos Humanos
al Instituto de Defensa Legal.
Resulta relevante indicar quiénes debieran formar parte de la jurisdicción
militar-policial en adelante. Al respecto, el Tribunal Constitucional en la sentencia
(Exp. N.º 0023-2003-AI/TC del 31 de octubre de 2004) marcó una serie de pautas
“Fundamento 42: El Tribunal Constitucional comparte los argumentos expuestos por la
demandante (Defensoría del Pueblo) pues el hecho de que los tribunales militares sean
conformados en su mayoría por oficiales en actividad vulnera los principios de independencia e imparcialidad de la función jurisdiccional, además del principio de separación de
poderes, ya que, por un lado, quienes integran las diversas instancias de la jurisdicción
militar son funcionarios de tales institutos castrenses y por otro lado, porque, por principio
es incompatible que personas sujetas a los principios de jerarquía y obediencia como los
profesionales de armas que ejercen funciones jurisdiccionales puedan ser al mismo tiempo
independientes e imparciales”.
De lo anterior se desprende que están prohibidos los oficiales de armas ejercer
cargos como jueces y fiscales. A continuación, ¿se extiende está limitación a los oficiales jurídicos (abogados asimilados) para ser jueces y fiscales, mientras exista línea de
mando? ¿Pueden los oficiales jurídicos conformar un grupo aparte de los institutos
castrenses? ¿Sólo oficiales jurídicos en retiro o civiles pueden desempeñarse como
jueces y fiscales? Mientras ello no se define en forma transparente, no sería dable
opinar sobre la organización de la Justicia Militar en todos sus extremos.
La Ley 29182 en su artículo V del Título Preliminar reafirma que sólo pueden
ser magistrados y fiscales los oficiales jurídicos, sea en actividad, postura que
no resuelve la objeción referida a la línea de mando. La propia elaboración del
proyecto de ley en mención a diferencia de la Ley N.º 28665 y el Dictamen 163
sólo se desarrolló en la Comisión de Defensa y Orden Interno, mientras que la
propuesta de reforma anterior se hizo en la misma comisión pero en coordinación
con las Comisiones de Constitución y de Justicia del Congreso de la República,
mostrando una labor más participativa que incluía a entidades como la Defensoría
del Pueblo, en forma recurrente. Si bien el Consejo Supremo de Justicia Militar
y sus tribunales subalternos mantienen vínculos con los institutos castrenses y
14 GÁLVEZ, José Francisco. “El Estado Democrático de Derecho y la justicia militar policial”.
En: Jurídica, suplemento de análisis legal. El Peruano, martes 11 de abril de 2006, p. 4.
La reforma de la justicia militar al compás de la Constitución
35
policiales, la facultad de impartir justicia de la que gozan y que les es concedida
por el Estado, determina que la discusión de la reforma de la justicia militar esté
vinculada con la Comisión de Constitución, lo que no ha sucedido con todo el
proceso que involucró la ley última.
La conformación del fuero castrense tendrá que ser establecida por militares
en retiro y civiles, contemplándose además de los años de servicio o de experiencia la formación jurídico militar que puede provenir del servicio proporcionado
en los institutos castrenses o de una preparación académica mediante cursos de
postgrado que duren por lo menos un año y en el que se incluyan actividades
presenciales en las instalaciones militares en mi opinión15.
Por otro lado, la organización de la Ley 29182, a diferencia de su antecesora
que proponía una Sala Suprema Militar integrada tanto por magistrados civiles
ordinarios como militares, respondiendo con ello a las críticas de sectores de la
sociedad que veían en la jurisdicción militar tolerancia en el juzgamiento de los
uniformados, se buscaba vincular ambos fueros en el vértice. La nueva norma
prescinde de la presencia de los magistrados civiles, dejando sólo a los uniformados
como lo hiciera el gobierno de José Pardo y Barreda cuando desvirtuó la composición del fuero castrense realizada por Nicolás de Piérola que ya involucraba a
jueces de ambas jurisdicciones.
Por otro lado, llama la atención que la Ley de organización y funciones del
fuero militar policial derive en el Tribunal Constitucional la solución del conflicto
de competencia entre la jurisdicción ordinaria y la militar (artículo 4) la cual es
propia de la Corte Suprema de la República sea en materia civil o penal, máximo
organismo de la judicatura en nuestro país. Ni aún en los años noventa que hubo
injerencia política en diferentes entidades del Estado la Ley N.º 26291 se retiró la
contienda de competencia de la Corte Suprema, planteándose una modificación
en el número de votos de los vocales supremos en caso de narcotráfico.
V.
CONCLUSIONES
Las reflexiones formuladas líneas arriba nos obliga a señalar que finalmente
se requiere de una reforma integral de la jurisdicción militar policial, donde se
plantee una relación más directa con la jurisdicción ordinaria, la cual incluirá los
cambios pertinentes en la Constitución.
Por otro lado, las innovaciones que se produzcan deben reflejar transparencia
cuyo objetivo sirva también para reivindicar la desacreditada imagen de una justicia militar frente a la percepción social. Mayormente vinculada con la corrupción,
15 GÁLVEZ, José Francisco. “La Justicia Militar en el Estado Democrático Constitucional.
Comentarios sobre Derecho e Historia Constitucional”. En: http://blog.pucp.edu.
pe/item/19851.
36
José Francisco Gálvez Montero
sirvió en su momento para frenar el incremento de la delincuencia propiciado por
bandas organizadas.
En la actualidad es innegable que la intervención de la civilidad se da en diferentes áreas del Estado y donde la jurisdicción militar policial no es la excepción.
Incluso en España, catedráticos universitarios que no han sido parte directamente
de un instituto castrense se desempeñan como jueces militares, como es el caso
del profesor Lorenzo Cotino Hueso, de la Universidad de Valencia.
La reforma contribuirá a fortalecer la independencia y autonomía del fuero
castrense regulado bajo los cánones estatales de profesionalismo, desterrando la
injerencia política sea del Ejecutivo o del Legislativo, limitando el protagonismo
del superior jerárquico o la vigencia del mal llamado espíritu de cuerpo que aún
prevalece frente a cualquier disposición sea del fuero ordinario.
La judicatura militar no debe ser exclusiva de militares, pues en tiempos
recientes hay espacio compartidos entre civiles y militares, de manera tal que la
impartición de justicia no resulte ajena a los nuevos retos que les toca enfrentar
a los oficiales jurídicos aún cuando se encuentren en retiro ya que representan la
experiencia de la magistratura.
Los argumentos esgrimidos por el Tribunal Constitucional en sus diferentes
sentencias han marcado el derrotero de los aspectos a considerar en el proceso
de transformación de la jurisdicción militar policial; sin embargo algunos representantes del Congreso se resisten a acatar dichos fallos, haciendo más confusa
la reforma. De ahí a nuestro entender la ley N.º 29182 o ley de organización y
funciones del fuero militar ponga en evidencia la oportunidad perdida para una
reforma, fruto de de un trabajo consensuado e integral para que sea efectiva que no
significa la desaparición del fuero, sino por el contrario su pervivencia ubicándolo
al compás de la Constitución.
Descargar