LaCorredera2 - La Corredera de Ampudia

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La Corredera
Nº 2 - PRIMAVERA - VERANO DE 2012
revista cultural
de Ampudia
Sumario
TÍTULO
AUTOR
PÁG.
Presentación
Pregón de las Fiestas de Alconada 2011
Fernando Meléndez Abarquero
03
04
HISTORIA E INVESTIGACIÓN
La fortaleza de la Torre de Mormojón
Epifanio Romo Velasco
08
CREACIÓN LITERARIA
Ampudia
Un anillo para vivir
La hebilla de la paz
Bajo la luz de la luna
La novia de Campos
Laia Velasco Flo
Lucía Velasco Martín
Lucía Velasco Martín
José María Izquierdo Belmonte
Epifanio Romo Velasco
22
23
26
28
29
RECUERDOS Y VIVENCIAS
Doña Loly, Maestra Nacional
Ampudia de Campos (Palencia)
Gracias, Ampudia
Tarde de toros en Ampudia
Impresiones
¡Esto es Hollywood!
Volver
Amigos de la Virgen de Alconada
José María Velasco Peinador
María Dolores Llamazares
Pilar Blanco Iglesias
Pilar Blanco Iglesias
Mari Cruz García Miguel
José Victorio Velasco Rojo
Mari Carmen García Pérez
Miguel Ángel Castrillo Marcos
30
33
36
37
38
39
40
42
ETNOGRAFÍA Y TRADICIONES
Chozos, pastores y otras historias
La dulzaina
José María Izquierdo Belmonte
José Ignacio Izquierdo Misiego
44
50
AMPUDIA EN LOS LIBROS
César González-Ruano
Ampudia en la mirada de los poetas
Daniel Franco Romo
54
56
HEMEROTECA
Noticias de Hemeroteca
XXV años de Paz y Ciencia
El castillo de Ampudia, restaurado
José María Velasco Peinador
58
60
62
La Corredera
revista cultural
de Ampudia
Editor
Epifanio Romo Velasco
Director
Daniel Franco Romo
Colaboran en este número:
Pilar Blanco Iglesias
Miguel Ángel Castrillo Marcos
Daniel Franco Romo
Mari Cruz García Miguel
Mari Carmen García Pérez
José María Izquierdo Belmonte
José Ignacio Izquierdo Misiego
María Dolores Llamazares
Fernando Meléndez Abarquero
Epifanio Romo Velasco
Laia Velasco Flo
Lucía Velasco Martín
José María Velasco Peinador
José Victorio Velasco Rojo
Ilustraciones
F. Coria
Carlos del Olmo
Ángel Martín
Gerardo Puertas
Juan Luis Vélez
Fotografías
Iván Franco Romo
Juan Luis Vélez
Fotografía Portada
Norbert Martín Gallardo
AVISO:
LA CORREDERA no se hace responsable, ni se
identifica con las opiniones vertidas libremente por
sus colaboradores.
Los contenidos aquí publicados podrán ser reproducidos, en todo o en parte, por cualquier procedimiento, siempre que se haga constar la fuente de la
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PUNTO DE VENTA:
Estanco de Ampudia (Cándida Velasco)
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“LA CORREDERA- Revista Cultural de Ampudia”
Calle Pósito, nº 5 – 34191 AMPUDIA
(Palencia)
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Imprime:
Gráficas Quinzaños
Depósito Legal: SA-445-2010
ISSN: 2172-5950
nº 2
PRIMAVERA-VERANO DE 2012
Presentación
Bicentenario de la
Guerra de la Independencia
El 6 de junio de 1813 el británico Duque de Wellington, al mando
de un poderoso ejército formado por ingleses, portugueses y españoles,
llegó a Ampudia en su ofensiva final para expulsar a los franceses de
nuestro territorio nacional. Pernoctó Wellington esa noche en nuestra
villa para salir a la mañana siguiente hacia Palencia. Terminaban así para
los ampudianos cinco años de miserias, escasez y pillaje que habían comenzado el 13 de julio de 1808 cuando las tropas francesas del Mariscal Bessières se establecieron en los castillos de Ampudia y
Torremormojón a la espera de lanzarse al ataque en la célebre Batalla del
Moclín (entre Palacios de Campos y Medina de Rioseco) que tuvo lugar
al día siguiente.
La presencia de guarniciones francesas en Ampudia no fue continuada sino intermitente. Pero cuando se iban los franceses llegaban las
tropas nacionales del teniente coronel Marquínez o los guerrilleros de
Juan Tapia para seguir con las exacciones y las requisas. Así los ampudianos vieron repetidamente, durante esos cinco años, hollados sus hogares, esquilmadas sus haciendas y saqueada su colegiata de las más
preciadas alhajas.
En realidad, ambos bandos tenían el mismo problema, el del autoabastecimiento. Se veían obligados a «vivir sobre el terreno», recurriendo
a los saqueos e imponiendo todo tipo de cargas y gravámenes sobre pueblos que como Ampudia se hallaban muy poco por encima del nivel de
la mera subsistencia.
En estos años en que se celebra el bicentenario de la mal llamada
Guerra de la Independencia (1808-1814) son muchas las publicaciones
que muestran interés por rememorar tales acontecimientos. Los que
ocurrieron en Ampudia tal vez carezcan del lustre suficiente que les haga
merecedores siquiera de un artículo. Por supuesto, no son en nada comparables con las tragedias que ocurrieron en lugares como Torquemada
o Medina de Rioseco, pero me ha parecido oportuno aprovechar la ocasión y ocupar estas líneas de presentación de LA CORREDERA para
recordarlos.
Epifanio Romo Velasco (editor)
4
Ampudia, el lugar
donde se formaron mis
sueños
FERNANDO MELÉNDEZ ABARQUERO
Pregón de las fiestas de Alconada 2011
uenas tardes señoras, señores y dignas autoridades. Es una satisfacción, y honor, dirigirme
a Uds., esta tarde. Cuando Domingo, el Sr.
alcalde, me pidió dar este pregón, acepté, pero
tuve mi miedo por no cumplir las expectativas de tan digno auditorio.Decía Ortega y Gasset, en su
obra Meditaciones del Quijote, “que el hombre es él y sus
circunstancias”. Nos viene a decir que en la personalidad
del hombre influyen muchos factores. Uno de ellos es el
entorno donde uno se ha criado.
Ampudia fue mi primer entorno. Aquí aprendí a reír
y a llorar, a amar, a jugar… y jugando, también a soñar.
Tuve vivencias que, sin duda, hicieron posibles mis sueños posteriores. Debido a esos sueños alcancé objetivos y
metas, difíciles de imaginar, para un niño en aquellas circunstancias.
Como todos conocen, el pueblo tiene varios lugares
especiales o hitos de referencia, que lo caracterizan e imprimen su personalidad. El castillo, la Colegiata y su
Torre, los Soportales, el Paseo, el Cañico, la Ermita de
Arconada, etc.
(Otros se han perdido por el paso del tiempo, o por
la dejadez humana, o simplemente por haberse perdido
su función. Como por ejemplo sus caños: el Tinte, el
Moradillo -único del que queda algún vestigio-, el de la
Plaza con su lavadero medieval. Sin duda muchos amores y desencuentros tuvieron lugar a su alrededor, en esa
época nostálgica cuando íbamos con el botijo a por el
agua. También fueron lugar de transmisión de noticias
en los lavaderos de la ropa).
Alrededor de dichos hitos, los niños de mi época,
como de otras muchas, jugábamos. El juego era nuestra
principal actividad y con él desarrollábamos nuestras capacidades y habilidades: astucia, generosidad, capacidad
de organización y liderazgo, sentido de la justicia, amistad, etc. En cada uno de ellos puedo contaros anécdotas
que viví, otras me las contaron. Unas y otras influyeron
en mí.
Me sorprendía y todavía me maravilla, el Castillo.
Todos los niños le hacíamos nuestro. Al decir nuestro,
hablo de nuestra propiedad. Entrábamos y salíamos a
nuestro antojo, bien porque la puerta estaba abierta, en
algunos momentos, o lo hacíamos a través de “la raja”,
zona de paso al cuarto torreón, que en aquella época tampoco existía.
B
En él enderezábamos entuertos y deshacíamos agravios, como Don Quijote. Divididos en bandos, librábamos épicas batallas. Unas veces, blandiendo espadas de
madera o simplemente palos; otras mediante “pedreas”.
¡Una burrada!, sí pero lo hacíamos y muchas veces. Más
de uno se llevó un descalabro, entre otros, el que os habla.
En otros momentos, menos épicos, escalábamos por
las juntas que presentaban las paredes del baluarte defensivo para coger nidos de paloma, que solo los más osados conseguían.
Cuando era niño, alrededor del castillo sucedieron
dos hechos significativos. Uno fue la caída al “pozairón”
de Dominguín, el hijo de la Eugenia. El otro, el que más
me impactó, y que no comprendí entonces y tampoco
ahora, fue una multa colectiva. Digo colectiva porque
afectó a varios niños. Sus nombres salieron publicados
en el periódico de la provincia por gamberros. Sus edades estarían entre los 8 y 10 años.
¿Qué hicieron estos niños? ¿Qué pecado cometieron?
Parece que varios forasteros fueron a visitar el castillo.
Los niños que estaban jugando, al ver que entraban en él,
también quisieron hacerlo, pero no les dejaron. En esa
situación, alguno de ellos, debió de soltar unas palabras
poco apropiadas, o mal sonantes.
Todos fueron llevados al cuartel sin el conocimiento
de sus padres. La Guardia Civil cursó las denuncias. Dependiendo de la familia a la que pertenecía el niño, unos
tuvieron una multa de una cuantía y otros otras.
Algunos vecinos protestaron al alcalde correspondiente pero sin tener éxito de evitar ese desaguisado.
Todo lo narrado, solo me sirve para resaltar cómo el
castillo formaba parte de nosotros, y nosotros a su vez le
dábamos vida.
Con el castillo como escenario y emulando a los héroes de las películas que veíamos donde Sabas (cine Isabel), tales como Ivanhoe, El Caballero de la Coraza Negra,
El santo Grial, por citar algunas, se estimulaban nuestras
mentes y se alimentaban nuestros sueños.
No en menor medida contribuían las lecciones de historia que Don Basilio, Don Emilio, Don Juanito, etc.
nos enseñaban resaltando: las hazañas de El Cid, la importancia de los Reyes Católicos, el Gran Capitán o los
reyes Carlos I y Felipe II.
También, nos enseñaron a deleitarnos en esas fábricas
de sueños que son las obras de Cervantes, Lope de Vega,
Calderón, Quevedo, etc.
5
Nos mostraron a los hombres en busca de sus sueños.
Poniéndonos como ejemplo a Magallanes y El Cano, que
soñaron con dar la vuelta al mundo y uno de ellos lo consiguió. También ponían de ejemplo a Hernán Cortes y
Pizarro que soñaron en conquistar reinos y conquistaron
imperios, el Azteca y el Inca, para la corona de Castilla.
Ellos se esforzaron en transmitirnos sus conocimientos y lo que es más importante, nos ayudaron a formarnos como personas.
Nos inculcaron (a veces impusieron a golpes: anécdota de Cochele) el respeto a los mayores, el valor del sacrificio, la responsabilidad, la importancia del trabajo
bien hecho, etc.
(Anécdota de Cochele: En aquella época existía el
principio de que “con sangre las letras entran”. El palo al
alumno se prodigaba con bastante generosidad. Cochele
y Toñín el del hortelano, eran mayores y no sé los motivos por los que continuaban en la escuela. Eran tratados
con consideración por el maestro. No tuvieron otra “mala
idea”, aún veo la cara socarrona de Cochele, de llevar
unas varas de mimbre como elemento educador, gozándose de los palos que íbamos a recibir los demás. La alegría que sentí, como el resto de la clase, fue inmensa ya
que con ellos se comprobó la calidad de las mismas, así
como su valor educativo, al recibir los primeros palos con
las varas que habían llevado para los demás).
Cuando llegaban esas lluvias suaves, persistentes y tenaces, llamada “vernizo” o en los duros días de invierno,
solíamos cambiar de escenario. Nos ubicábamos, normalmente, al abrigo de los Soportales.
Aquí practicábamos varios juegos, pero, quizás, el más
frecuente, era el “juego de canicas”, en especial el del
“hoyo”. Recuerdo que antes de tirarla, soplábamos y resoplábamos el suelo, para que esta se deslizara mejor y
no se desviara de su trayectoria. El camino ideal lo trazábamos en nuestra mente. Teníamos que colocarla en el
hoyo, que normalmente estaba encima de una piedra, y/o
golpear la de nuestro contrincante.
¡Que satisfacción sentíamos cuando alcanzábamos
uno de los dos objetivos! Sobre todo por ver a nuestro
oponente entregándonos su objeto más preciado: la canica más valorada o el mazo de cartas (de las cajas de cerilla), tesoros inapreciables en la época.
¡Mira que pasábamos frío! A veces, éramos incapaces
de juntar los dedos de la mano y... ¡la mierda que chupábamos soplando y resoplando! ¡No importaba la reprimenda en casa! Todo lo compensaba la satisfacción de
la victoria.
Unas veces uno estaba en la gloria porque ganabas,
pero a la vez siguiente eras tú el perdedor. Como casi
todo en la vida, la felicidad o las desgracias iban por barrios. Aprendías, a ganar y a perder, aceptando que el
juego es simplemente eso, un juego. La derrota nos enseñaba a asumir los fracasos que, más tarde, en la vida
encuentras. Aprendías de los errores cometidos, para evitar repetirlos.
En otros lugares jugábamos al Piti, la picarroma, la
peonza, la cadeneta, etc., eran otros juegos que practicábamos y de cada uno de ellos os contaría una historia
pero no os preocupéis que no os torturaré.
En Semana Santa, el paseo se hacía por la calle Corredera en lugar de por la de Ontiveros, que era lo tradicional.
En esta época los chopos ya habían formado sus ramilletes. Estos eran cogidos y desgranados por nosotros
para, posteriormente, ser lanzados a las piernas de las chicas, durante el paseo comentado. Era una forma de demostrar nuestra validez, ¡un poco rara por cierto! Recibir
los granos lanzados en las piernas desnudas escocían y
mucho. ¿Quién no ha tenido esa experiencia en nuestra
época de pantalones cortos?
Me viene a la memoria la procesión de Viernes Santo.
En ella cada persona recogida en su interior la hacía intimista, acogedora, cercana y piadosa. Los capuchones,
pasos y gente con velas avanzan en la oscura y fría noche,
al tiempo que se oían el clamor de los cantos y rezos
Como niño me impresionaba Había una participación y
colaboración mayoritaria. Siento tristeza, pena y frustración cuando veo las dificultades para procesionar las magníficas tallas que nos transmitieron nuestros antepasados.
Sigue siendo intimista, acogedora y piadosa, a pesar de
haber perdido la grandeza, que yo conocí cuando era
niño. Animo a todos a hacer un esfuerzo por mantenerla.
Es una oportunidad de contemplar y exhibir unas de las
manifestaciones culturales más importantes del pueblo
gracias a las creencias de nuestros mayores.
(¿Quién no recuerda el Sábado Santo? El atrio se llenaba de niños que iban a recoger el “Agua Bendita”. Jugábamos cada grupo a un juego: unos a pillar otros al
marro, las niñas saltando a la comba, etc. Aún me siento
inmerso en el colorido de las voces y griterío que producíamos. Al principio era todo alegría esperando con los
recipientes de barro -cacharros- totalmente despreocupados. Pero esa alegría se tornaba, en muchos, en llanto
al romperse el recipiente que nos habían dado en casa.
Era un llanto de desconsuelo, impotencia y fracaso. La
desolación nos inundaba. Esta se acrecentaba con las sonrisas y bromas de aquel que no le había pasado).
Sorprende la calidad de los monumentos, que tiene
Ampudia, en medio de la Castilla rural. De pueblos perdidos y olvidados. Fuera de toda ruta principal. Amigos,
que he traído a conocer nuestro pueblo, se han quedado
entusiasmados de lo que han encontrado. Sobre todo la
Colegiata, tanto por su continente como por su contenido.
Esto permite imaginar otra época de pujanza económica y
religiosidad de un pueblo, que realizó estas maravillas.
¿Quién de vosotros no ha sentido miedo, de niño
cuando tenía que entrar en la Colegiata? La penumbra
inundaba todo, los ojos de los santos brillaban y su aspecto lúgrube, o a mí me lo parecía, se acrecentaba con
los hacheros familiares, que hacían una clasificación de
los fieles. Solo lucía de forma intermitente, al fondo, la
lámpara que indicaba el lugar donde se encontraba el
Santísimo.
En ella se reforzaron mis creencias, iniciadas en casa,
a través de la catequesis. Mi agradecimiento a esas personas desinteresadas que dedicaron su tiempo a enseñárnosle.
Las “vísperas” y los cantos en latín, me causaban
sopor que iba en aumento a medida que avanzaban los
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mismos. Parecía que el “Maese Pérez, el Organista”, leyenda de Bécquer, hubiera sido inspirado en nuestra Colegiata. Cuando la leí, vi reflejada, situaciones vividas en
nuestra iglesia. En medio de los interminables rezos, la
cabeza me tambaleaba, medio dormido. Me despertaba
sobresaltado, con alguna cabezada, y parecía que me iba
a caer del banco.
Una inmensa tristeza llenó mi alma infantil cuando
tuve la noticia del derrumbamiento de la Colegiata.
¡Qué abatimiento me produjo! Algo en mi interior se
desgarraba. Era difícil de comprender tal tragedia para
un niño.
Recuerdo a Don Agustín, y en especial sus capones,
cuando no sabías el catecismo, o estabas distraído pensando
en alguna trastada con la que fastidiar a un compañero.
Oír el órgano me entusiasmaba. Si cierro los ojos parece que veo a Moisés tocándolo y pidiéndome que diera,
con fuerza, el fuelle. Única manera de hacer posible oír
las armoniosas notas de una melodía.
Me ensimismaba la imagen de la Dolorosa. Estaba
enamorado, y lo sigo, de la estatua de alabastro de Santa
Ana, la Virgen y el Niño. Envidiaba las habilidades del
maestro escultor que supo, a partir de una piedra, expresar con sencillez, el amor de una madre, la inocencia del
Niño y la complicidad de abuela y nieto en ese juego con
el pájaro que posee el niño en sus manos, escondiéndolo
para evitar que esta se lo coja. La talla expresa mediante
una escena mundana, cotidiana, el misterio divino de la
contribución de María a la redención del hombre. En
cuanto a su arte: la proporción entre el todo y las partes.
Tratamiento de la ropa y sus pliegues. La composición
piramidal, etc., la hacen merecedora de una de las bellas
esculturas renacentistas españolas.
Admiraba y admiro el retablo renacentista de fray
Ampudia. La belleza barroca del Altar Mayor; con su
imagen de la Inmacula y la talla de San Miguel, y el magnífico escorzo del ángel caído. A pesar de la mutilación
que sufrió la magnífica cúpula que presidía el mismo (por
la acción de un desaprensivo).
No comprendía, entonces, la inclinación de la cabecera de la iglesia. No entendía cómo un maestro de obras,
capaz de hacer tan colosal monumento, hubiera errado
de esa manera. Cuando me adentré en el mundo del arte
aprendí, que muchos artistas lo hacían a propósito, simbolizando la inclinación de la cabeza de Cristo, muerto
en la cruz.
Recuerdo también con mucho cariño, la hoguera de
San Juan, que se hacía con el esfuerzo colectivo de los
niños, aportando objetos que quemar. Agradezco al hijo
de Candi la sensibilidad demostrada manteniendo la hornacina de este santo.
A medida que voy escribiendo de lugares, de juegos y
recuerdos, aparecen en mi memoria los que los protagonizaron conmigo. Aquellos niños con los que conviví,
jugué e incluso me peleé, como por ejemplo el Sr. Alcalde y su hermano.
Unos fallecidos, como: Carmelo (el del Bierzo), Juanito (el de Venancio), Julián (el de los lolines), Vidalín y
Amelia (de Domicio), Enrique (Ovejero), Jaime (el de
Chano), Marcial, Trini (la de arroyero) y recientemente
Manuel (Donaciano).
Y ¡cómo no!, allí estaban también: Fermín, Chus, Vicente Maraña, Ángel (Anacleto), Ladis, Juanito (pajarito), Vicente Beledo, Ricardo (Mogrovejo), Toñín (el
Constancio), Virgilio (conejo), Jesús Vega, Carlos Montero, Adriano, José Luís (pana), etc., y una lista interminable de personas.
Notaréis que no he mencionado a las chicas, excepto
Amelia (y Trini). En esa edad nuestras relaciones, por la
separación de las escuelas por sexos, eran menores en juegos. Sí jugábamos con ellas, en otra edad, y en el barrio,
en otro entorno.
También escuché historias que me impactaron e impresionaron. De personas que dieron la cara por sus paisanos salvando vidas en esos momentos de guerra civil.
Además supieron mantener los nombres del callejero de
Ampudia, como había sido durante siglos. No sé si a nivel
de papeles oficiales se cambió. En los muros de la colegiata
no aparecieron frases y símbolos patrióticos al uso de la
época, como ocurrió en la mayoría de los lugares.
Los que somos mayores, les conocimos. Algunos
nombres aún recuerdo: Cayo Aguado, Vidal “Parranda”,
7
Abarquero, etc. Lamento no recordar otros que sí sé que
los hubo. Pienso que el pueblo no supo reconocer lo que
hicieron.
Parte de mi personalidad está formada de cómo viví,
sentí y asimilé las vivencias que os he contado y aquellas
que me quedan por hacerlo. Ampudia es el entorno que
hizo posibles mis sueños.
Personalmente si de algo presumo es de ampudiano.
Creo que todo ampudiano está orgulloso de su origen, y
allí por donde va lo pone de manifiesto. Yo, así lo hago y
me consta que otros también lo han hecho. Voy a contar
una experiencia personal que ilustra muy bien lo que asevero.
Estando de viaje con mi familia y unos amigos por
Egipto, disponíamos de un guía que hablaba muy bien
castellano. En un momento de la conversación le pregunté dónde había aprendido español tan bien. Me contestó que en El Cairo y que nunca había estado en
España y en ningún país de habla hispana.
En ese momento me vino a la memoria Lucio (el hijo
del secretario). Recordé que siendo yo niño había ido a trabajar allí. No recordaba si a la embajada, a la Universidad
o a lo que hoy se llama el Instituto Cervantes.
Comenté que yo era de un pueblo castellano llamado
Ampudia. Mi sorpresa fue enorme cuando dijo, el guía,
que su profesor, el que le había enseñado castellano, era
de ese pueblo, y se llamaba Francisco. Este nombre no
coincidía con el que yo tenía en mente. No me decía
nada. Tras hablar sobre el tema, me dijo que tenía una
foto con él y que cuando regresáramos a El Cairo me
daría una copia de la misma.
Conté a mis hijos, todo ufano y sacando pecho, la
conversación con Abuba (nombre del guía). Me tomaron el pelo y bromeaban diciendo que Ampudia era el
centro del mundo o, al menos, no estaba lejos o era tan
importante como él.
¡
Cuando me dio la foto prometida, mi sorpresa fue
mayúscula. Francisco y Lucio era la misma persona. Su
hermana Carmina me lo aclaró, cuando la entregué la
foto, que me había dado el guía.
Diría de alguna manera, que todos hemos orbitado
alrededor de las piedras y adobes que forman Ampudia.
Esos muros, paredes, tejados, monumentos y personas
nos han impreso una impronta que consciente o inconscientemente repartimos por el mundo.
En mi mundo infantil, de ensoñación y de aventuras, poco apoco hicieron mella las motivaciones de los
maestros y otras personas, y apareció en mí el gusanillo
del conocimiento, la curiosidad por el saber, de la superación personal, de la importancia del sacrificio para conseguir algo. En una palabra de soñar... de emular,
salvando las distancias, a esos personajes que nos explicaban en la escuela. Unos sueños conseguí. Otros se quedaron en el camino, pero el esfuerzo y sacrificio mereció
la pena. Ampudia fue el entorno que hizo posible mis
sueños.
Para conseguirlos fue fundamental el apoyo que tuve
de dos personas muy entrañables y queridas, Juan y Carmen. Sin ellos hubiera sido imposible alcanzar los sueños que se fueron forjando en mi interior. También conté
con el apoyo incondicional de la familia.
Todo ello hubiera sido imposible de realizar sin mis
padres que me dieron el don más preciado que tiene un
ser humano “la vida” y en especial de María, mi madre.
En momentos de añoranza me consolaban unas estrofas de una bella zarzuela “Los Gavilanes “, que dice:
“Pensando en ti noche y día, aldea de mis amores. Mi esperanza renacía se aliviaban mis dolores…”.
Muchas gracias señoras, señores por haberme escuchado tan amablemente. Espero no haberles aburrido.
!
Felices fiestas de Alconada y ¡Viva Ampudia!
HISTORIA E INVESTIGACIÓN
8
de tu muro,
Ya no defien
o cercado,
castillo ya n
po futuro
sino ese tiem
stado
que es tu e
as
ad entre poc
d
e
u
q
o
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no te arredr
uinas.
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a
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q
1
n
Jorge Guillé
9
Torre
de MORMOJÓN
E. ROMO VELASCO
Para quien no conozca estas tierras, tendremos que empezar diciendo que la
Torre de Mormojón está o estuvo situada junto al pueblo palentino del mismo nombre,
alzada sobre el cerro del “monte mojón”, allí donde las estribaciones de los Montes de Torozos se abren a las inmensas llanuras de la Tierra de Campos. Los comarcanos le llamaban “La Estrella de Campos” y aún hoy, pese a su destrucción, sigue alumbrando desde lo
alto, aunque su luz sea ya mortecina y su silueta haya dejado de impresionar a los viajeros.
A tenor de cómo fue descrita por quienes la visitaron en la segunda mitad del siglo
XIX, la histórica fortaleza de la Torre de Mormojón era una enorme mole pétrea de planta
cuadrangular, constituida por tres líneas concéntricas de fortificación: La torre central y
sus dos recintos murados, interior y exterior.
Intentaremos aquí hacer una descripción detallada de lo que fue la desdichada fortaleza, así como de su deplorable estado actual. Partiremos para ello del centro a la periferia, y de lo más antiguo a lo más moderno.
HISTORIA E INVESTIGACIÓN
La Fortaleza
de la
HISTORIA E INVESTIGACIÓN
10
LA TORRE CENTRAL
Levantada en los tiempos de la Repoblación, o sustituta de aquella torre primigenia que, desde la segunda mitad del siglo X, dio nombre al castillo, al pueblo
y a su alfoz: Era de planta cuadrada y estaba dividida en varios pisos que la elevaban
a considerable altura, haciéndola visible desde la lejanía.
“En el centro, y descollando culminante y aérea, arranca la torre del castillo, que hacía el tercer atrincheramiento de su conjunto militar. De forma
cuadrangular con 24 pies de anchura y 40 de longitud interiores, se eleva en 4
pisos, que dan 40 hiladas de altura sobre la plataforma de las galerías; ciñéndola en sus tiempos marcial corona de robustos canes y caladas ladroneras en los
supremos bordes de su altísima y deslumbradora cúspide, perdida en el viento y
en la inmensidad” [V. García Escobar, 18532].
No pudo el escritor riosecano hacer una descripción más precisa pues, a mediados del siglo XIX, no quedaban de la afamada torre más que dos lienzos en el
ángulo sureste. El resto se había derrumbado totalmente, como consecuencia de su
gran elevación, el paso de los siglos, la negligencia de sus propietarios y, tal vez, los
efectos del terrible Terremoto de Lisboa, del 1 de noviembre de 1755, que se hicieron notar con fuerza en toda esta comarca.
1 En el último tercio del siglo XV nació en Torremormojón un caballero hidalgo llamado Jorge Guillén, hijo de María de Pedraza y de
Alonso Guillén, alcaide de la fortaleza. Tras su matrimonio con Teresa
Ortiz, hija del alcaide de la vecina Montealegre, se trasladó a vivir a esa
localidad donde, durante cuatro centurias, se perpetuó la familia hasta
su mudanza a la capital del Pisuerga.
En los años finales del siglo XIX nació en Valladolid un lejano y directo descendiente, el homónimo Jorge Guillén (1893-1984), renombrado poeta universal de la llamada Generación del 27, que pasó la
mayor parte de su vida autoexiliado en los Estados Unidos de América.
Cuenta Don José María Martín, párroco de Montealegre, que en
un día memorable de su niñez al pequeño Jorge le llevó su abuelo a
conocer los lugares que habían sido cuna y honor de sus antepasados.
Muchos años después, desde la lejanía, escribió este pequeño y hermoso poema al que puso por título “Un Montealegre”. Todo indica, sin
embargo, que lo que el poeta evoca en él es la emoción que le produjo
la desmantelada Torre de Mormojón: “Una oquedad entre pocas piedras”.
* GUILLÉN, Jorge: Cántico. Seix Barral, Barcelona, 1984.
* MARTÍN MARTÍN, J. Mª: Montealegre: Datos, vivencias, recuerdos para su historia. Valladolid, 1992
2 VENTURA GARCÍA ESCOBAR: Abogado, político y escritor natural
de Medina de Rioseco (1817-1859). En las páginas del Semanario Pintoresco Español publicó numerosos artículos sobre los monumentos de
la comarca, que han sido reunidos en un volumen de reciente publicación por R. Pérez de Castro y F. Regueras Grande.
García Escobar fue el primero en escribir sobre la Estrella de Campos. Fue también el primero en atribuir su construcción a “los cruzados,
al regreso de las heroicas expediciones”. De él lo copió literalmente Carlos Sarthou Carreres para difundirlo en las muchas ediciones de sus
Castillos de España.
En otro artículo anterior ya había hecho García Escobar una interpretación similar al atribuir el vecino castillo de Villalba de los Alcores
a “la caballería de San Juan, cuando al regreso de la primera cruzada
erigió este poderoso alcázar”.
Prescindiendo de sus tonos románticos y de sus particulares interpretaciones artísticas, tal vez no le faltase algo de razón: Los San-
El Aljibe
Justo debajo de la torre, se hallaba situada una sala abovedada, con arcos fajones y forma de tonel. Es la llamada “Cuba de piedra”, utilizada en su día como
aljibe para el almacenamiento de agua, pero que en su origen pudo ser una pequeña iglesia puesta bajo la advocación de Los Ángeles. Tiene todas las trazas de haberlo sido, salvo por el hecho de tener el ábside orientado hacia el oeste, en contra
de lo que era preceptivo en la Edad Media.
“Debajo de la línea del torreón del homenaje, y frente a la puerta gótica
de acceso a la galería, se penetra por un estrecho paso en una cavidad especial,
trazada a modo de gran tonel, cuya parte superior forman varios arcos semicirculares y cuyo fondo, de reluciente y duro cemento revestido, guarda también
la figura cóncava. Varios orificios entre los arcos superiores indican que por ellos
se llenaba este depósito, que según la tradición es el aljibe del castillo” [R. Becerro de Bengoa, 18783].
La Cuba de piedra: ¿un aljibe, una mazmorra, o una iglesia?
j
11
HISTORIA E INVESTIGACIÓN
Fachada del Recinto Interior. Dibujo de Ricardo Becerro de Bengoa. Publicado en:
La Tierra de Campos. Álbum de excursiones. Palencia: Región, 2007.
Afortunadamente, este curioso habitáculo se ha conservado casi intacto; se
puede hoy en día penetrar en su interior y observar en sus piedras los genuinos signos lapidarios, firma de los alarifes que lo construyeron. Por qué se salvó del derribo
de 1884 es un misterio; quizás porque los operarios que lo efectuaron prefirieron
conservarlo como una cueva donde poder guarecerse de las inclemencias del
tiempo.
EL RECINTO INTERIOR
De planta cuadrada o rectangular, con muros de sillarejo y unos 35 metros de
longitud en su fachada del Este, donde se abría una puerta de arco ojival. Protegía
la entrada un cuerpo saliente o matacán sostenido sobre cuatro ménsulas. Sobre la
puerta, tres escudos iguales que podrían ser las armas de Don Juan Alfonso de Alburquerque (†1354): las cinco flores de lis de los Alburquerque y los cinco escudetes de Portugal. De ser así, ya tendríamos la fecha de su construcción, a mediados
del siglo S. XIV:
“Una estrecha puerta gótica en su centro, de sencillez suma y sobre cuyo
arco campean tres escudos de iguales timbres, consistentes en cuatro cuarteles
iguales que ostentan cinco flores de lis y cinco escudos pequeños en cruz, respectivamente alternados. Son estos timbres la fe de bautismo de la fortaleza y ellos
dirán qué casa y quién de la casa y en qué año se levantara” [R. Becerro de
Bengoa, 1891].
Apenas franqueada la puerta, se abrían tres accesos: al frente, un portillo que
daba paso a la sala subterránea, ya descrita como aljibe; a la derecha, una rampa de
subida a la torre central; y a la izquierda, una galería ojival que daba la vuelta a todo
el perímetro de la torre.
La Galería Gótica
Su destrucción total en 1884 nos ha privado de poder contemplar siquiera un
trozo de lo que era, sin duda, uno de los edificios más singulares del proto-gótico hispano (S. XIII). Solo nos queda el escueto dibujo de Becerro de Bengoa y la descripción que hace de la galería:
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juanistas u Hospitalarios (la poderosa Orden Militar de los Caballeros del
Hospital de San Juan de Jerusalén) no sólo tuvieron posesiones en Villalba de los Alcores, sino además una casa-convento, documentada
desde 1209, en el despoblado de Villaverde de Campos. Estaba situado
este Convento de las Torres o Las Torres de Villaverde justo en el punto
donde confluyen actualmente los términos municipales de Villerías y
Ampudia con la Manga de la Torre. Hoy ya no queda absolutamente
nada de él, pero en el siglo XIX pervivían aún algunos restos que en el
Diccionario de Madoz (1845-1850) fueron atribuidos injustificadamente
a los Templarios.
Últimamente, los expertos se inclinan por atribuir la construcción
del castillo de Villalba a los Téllez de Meneses. En justa correspondencia, este de Torremormojón, su parte gótica, habría que atribuírselo a
los Girón, tenentes de la Torre en los siglos XII y XIII.
* GARCÍA ESCOBAR, Ventura:
-“El castillo de Villalba del Alcor”, en Semanario Pintoresco Español. Madrid, 1852.
-“La Estrella de Campos”, en Semanario Pintoresco Español. Madrid, 1853.
* PÉREZ DE CASTRO, R. y REGUERAS GRANDE, F.: Ventura
García Escobar, Medina de Rioseco, Campos y Torozos en el Semanario Pintoresco Español. Asociación Cultural Domus Pucelae, Valladolid, 2009.
* SARTHOU CARRERES, Carlos: Castillos de España (Su pasado y su presente). Espasa Calpe, Madrid, 1952 (3ª edic.).
3 DON RICARDO BECERRO DE BENGOA: Político y escritor de origen
vasco (Vitoria, 1845 – Madrid, 1902) que pasó varios años afincado en
Palencia, trabajando como catedrático de Física y Química en el Instituto de la ciudad. Miembro de la Real Academia de la Historia desde
1871.
Alertado por las noticias que anunciaban el proyectado derribo de
la Torre de Mormojón, subió hasta el cerro para verla de cerca y se
quedó prendado de ella. Tomó diversos apuntes personales, esbozó algunos dibujos y publicó varios artículos en la prensa, todos con el mismo
título: “El castillo de la Torre de Mormojón”. Tenemos al menos constancia de cuatro de ellos, aparecidos en los años 1878, 1882 y 1891.
Sus descripciones de la fortaleza son claras y precisas, de rigurosidad científica, pero erró en sus interpretaciones históricas. La Torre
de Mormojón nunca fue señorío de los Ayala, salvo tal vez un periodo
en que pudo estar ocupada por las armas en los conflictivos años finales del reinado de Enrique IV el Impotente (†1474), cuando fueron ocupadas Castromocho y Villalba. Tampoco parece probable que el
derrumbe de la torre central fuera debido a las secuelas de la Guerra de
las Comunidades. Su propietario, Don Alfonso Pimentel, V Conde de
Benavente, no reclamó daño alguno que se hubiese producido sobre
este castillo, a diferencia de lo ocurrido con la fortaleza de Cigales. Así
se pone de manifiesto en la obra de Luis Fernández Martín, bien documentada.
Don Rafael Navarro García, en su Catalogo Monumental, tomó
prestadas estas fallidas interpretaciones históricas de Becerro de Bengoa y, sin someterlas a crítica, las dio por buenas:
HISTORIA E INVESTIGACIÓN
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Galería Gótica. Dibujo de Ricardo Becerro de Bengoa. Publicado en: La Tierra de Campos. Álbum de excursiones. Palencia: Región, 2007.
“Esta porción amplificadora y envolvente del primitivo castillo gótico fue edificada por D. Pedro López de Ayala, prócer vasco, de Nanclares de Oca, cuando estaba desterrado en Ampudia por Enrique IV en
1457, a causa de las disensiones tan graves entre los gamboinos y oñacinos que ensangrentaban las tierras vascongadas. Los blasones de
este señor, bárbaramente picados como represalia humillante de las
gentes imperiales que vencieron su actuación de comunero, estaban
en los muros del ángulo Norte”.
Ningún Pedro López de Ayala, que sepamos, tuvo nada que ver
con La Torre. Ni el Canciller (†1407), ni su nieto el Merino de Guipúzcoa (†1458), ni su tataranieto el comunero Conde de Salvatierra
(†1524). Confundir a estos dos últimos como si fueran uno solo parece
un error serio. Durante muchos años, de los datos de ese Catálogo se
han nutrido decenas de escritores y esta supuesta autoría aparece en
los libros sobradamente repetida.
* BECERRO DE BENGOA, Ricardo:
- “El castillo de la Torre de Mormojón”, en La Semana Palentina,
Nº 22. Palencia, 29 de Septiembre de 1878.
- “El castillo de la Torre de Mormojón”, en El Ateneo Palentino. Revista Quincenal, Nº 41-42. Palencia, 22 y 29 de Septiembre de 1878.
-“Arqueología castellana: El castillo de Torre Mormojón”, en Semanario de las familias. Nº 7. Madrid, 14 de Agosto de 1882
- “Excursiones castellanas. El castillo de la Torre de Mormojón”,
en Revista de España, T. CXXXIII. Madrid, Marzo y Abril, 1891.
- La Tierra de Campos. Álbum de excursiones. Región Editorial,
Palencia, 2007.
* FERNÁNDEZ MARTÍN, Luis: El movimiento comunero en los
pueblos de Tierra de Campos. Centro de Estudios e Investigación San
Isidoro, León, 1979.
* NAVARRO GARCÍA, Rafael: Catálogo Monumental de la provincia de Palencia. (T. IV) Partido judicial de Palencia. Palencia, 1946.
“Penetramos en el cuerpo central, y con gran sorpresa nos hallamos en una
sencilla y preciosa galería gótica, que a juzgar por la ruina que hoy queda, daba
vuelta a todo él. Arrancan los rudos nervios de sus bóvedas de unos pobres capiteles puestos a poco más de metro y medio del suelo, y están sostenidas aquellas por dos arcos cruzados solamente […]. La altura de las claves es
aproximadamente de unos tres metros, y en una de ellas, íntegra aún sobre la
ruina de las bóvedas inmediatas, en el lado meridional de la torre, se ven dos
rostros esculpidos, de mujer el que mira al interior de la galería, y de hombre,
con partida perilla, el de la faz exterior. No puede darse tampoco nada más
rudo, ni más primitivo en el arte gótico que estos curiosos restos” [Becerro de
Bengoa, 1878].
Es preciso advertir que es en relación a la altura de este recinto interior donde
se advierten las mayores discrepancias entre el relato de García Escobar de 1853 y
el que hizo Becerro de Bengoa en 1878. Para éste, la altura de sus muros era solamente de 9 metros, mientras que para aquél eran prácticamente el doble, pues
sobre el corredor de la galería gótica “se debía alzar otro de trazas análogas, para dar
salida a la azotea”. Esta diferencia de altura se hace aún más evidente en los dibujos de la fortaleza con los que ilustraron sendas descripciones: En el de García Escobar el cuerpo central se alza poderoso por encima de los torreones, mientras que
se hace apenas perceptible en el de Becerro de Bengoa. Sin duda, la ruina había
avanzado sobremanera en los 35 años transcurridos entre ambas descripciones. Al
derrumbarse la torre central, sus escombros cayeron sobre las edificaciones circundantes y acabaron por hundir la galería gótica, en la que en 1878 ya no se podía
penetrar.
Una calle interior, de 7’5 metros de anchura, separaba todo este maltratado
cuerpo central del otro recinto exterior, de mejor factura y alzado en las postrimerías del siglo XV.
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De planta rectangular (48 m. x 54), ligeramente trapezoidal, con barrera hecha
toda de buena piedra de sillería, cornisa coronada de almenas, ocho cubos cilíndricos y una torre pentagonal.
Los cubos: Redondos y de 11 metros de altura, dos más que la de los muros.
Su diámetro aumentaba de grosor de arriba abajo en tres bandas paralelas y escalonadas hasta apoyarse en un plano inclinado en su base. Estaban estos ocho cubos
situados en los cuatro ángulos, dos en la portada y otros dos en los intermedios de
los laterales norte y sur:
“En la mitad de las líneas laterales se alzan dos cubos, de la misma forma
que los angulares. Son todos ellos artísticamente escalonados, anchos y en talud
en sus bases, y sucesivamente de menor diámetro en los otros dos superiores que
coronan la cornisa y las almenas. Mide el muro 9 metros de altura, y sobre él
alza el coronamiento de los cubos otros dos más. Tienen éstos: 6’50 de diámetro en su parte alta y descubierta los de la puerta, 8 los angulares y laterales y
9’50 los dos posteriores” [Becerro de Bengoa, 1891].
La fachada principal
Estaba situada en el lado Oeste (en el frente opuesto a la fachada actual), con
cuatro cubos, dos en las esquinas y otros dos flanqueando la puerta. Era ésta de
unos dos metros de anchura y arco de medio punto rebajado; estaba protegida por
Dibujo de Ventura García Escobar (1853).
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HISTORIA E INVESTIGACIÓN
EL RECINTO EXTERIOR
HISTORIA E INVESTIGACIÓN
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Dibujo de Ricardo Becerro de Bengoa (1878).
un fuerte matacán y situada a bastante altura del suelo, sobre una escarpa que la
hacía inaccesible:
“A la derecha e izquierda se extiende la línea de la fachada, con cuatro torreones cilíndricos, dos que defienden la puerta y dos angulares. Tiene la fachada unos 48 metros de línea, distribuidos de este modo, a cada lado del eje
de la construcción: 8 el torreón angular, 6´30 el lateral de la puerta, 8 el muro
intermedio, y 2´10 el del dintel” [Becerro de Bengoa, 1878].
La barbacana
Una fuerte construcción defensiva exterior, conocida como barbacana, constituía el vestíbulo del castillo y era el paso obligado para poder acceder a la puerta
principal. Su forma era semicircular-cuadrangular, de 15 metros de diámetro, y
coronada de almenas como las del resto del recinto. El enorme puente levadizo, necesario para salvar el foso entre la barbacana y la puerta, se apoyaba sobre una pilastra intermedia que evitaba su encorvamiento:
“Para entrar a la fortaleza había que subir a la luneta exterior, y de ella
se transitaba a la portería por medio de un inmenso puente volante que desde
ella caía sobre el glacis del luneto sobre un espacio de muchos pies, en cuyo intermedio se levanta todavía el pilastrón destinado a sostener el levadizo, que
sin este sustentáculo se apandaría por su largo trayecto bajo el peso de la guarnición” [García Escobar, 1853].
La fachada posterior
Aunque desmochada, es la única parte del castillo que ha conseguido llegar
hasta nuestros días en aceptable estado de conservación. Los escritores del siglo
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HISTORIA E INVESTIGACIÓN
XIX apenas le prestaron atención, tal vez porque lo que hoy sobrevive y algunos
toman por fachada principal era inferior en hermosura al resto del recinto.
Está situada esta fachada en el lado Este y cuenta con muros huecos de más
de cuatro metros de grosor, dos cubos cilíndricos en las esquinas y otro pentagonal en el centro. Junto a esta torre pentagonal en proa, se abre una estrecha puerta,
situada, al igual que la principal, a considerable altura del suelo, por lo que solo podría accederse a ella mediante un nuevo puente levadizo o pasarela para salvar el
foso que rodeaba todo el recinto.
El torreón del ángulo norte, hoy con trazas de arruinado palomar, era el lugar
elegido tradicionalmente por los torrejanos para celebrar la torna-boda (el día siguiente a la boda), creyendo asegurarse con ello numerosa y fecunda descendencia.
La galería subterránea
Lo realmente interesante de cuanto se conserva en la actualidad se encuentra
en el interior de estos muros. En ellos se abre una oscura galería subterránea (1’40
de ancha x 2´50 de alta), hecha toda de piedra sillar, con diversos pasadizos y cámaras de tiro que semejan “un submarino de piedra”. Se accede a ella desde la calle
interior, mediante dos escaleras de 16 y 9 peldaños respectivamente:
“Dentro de la torre pentagonal, una escalera baja a una galería intramural, practicada de un extremo del lienzo a otro, una distancia de cuarenta
metros, al nivel del suelo del foso. Por ella se accede a angostas cámaras rectangulares dentro de las torres, que cubren el foso con sus troneras. El espesor de las
paredes sobrepasa los cuatro metros. El grosor de la construcción, y los apretados ángulos de los pasadizos de conexión, dan la sensación de estar en un submarino de piedra” [Edward Cooper, 19914].
No cabe duda de que toda esta poderosa y compleja disposición defensiva
tenía por objeto el proteger a la torre central frente a posibles ataques desde la explanada que precede al castillo, su flanco de máxima exposición. Su construcción
debe ser atribuida al Condestable Don Bernardino Fernández de Velasco (†1512):
Plano de la Fortaleza (Modificación del publicado por Cobos Guerra).
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4 EDWARD COOPER: Da pruebas de su buen hacer de investigador
en los tres volúmenes de sus Castillos Señoriales. A Torremormojón le
dedica apenas una página, pero es el primero en ver “la nave subterránea de una iglesia, con el ábside hacia el oeste”, en lo que todos
antes habían visto solo un aljibe.
Cita además un memorial del contador Hernando Portocarrero en
el que “de descargos del anima del conde don Rodrigo Alfonso Pimentel” se hacen ciertos pagos a “Pedro Marcos que hizo la Torre de
Mormojon e Cigales e Valladolid e Cebico de la Torre”.
Fue este IV Conde de Benavente, Don Rodrigo Alfonso Pimentel
(†1499), un gran constructor de castillos y cercas: Benavente, Portillo,
Villalba, Castromocho… Esta noticia escueta abre un interrogante
sobre si pudo ser también él quien, habiéndola tomado por las armas,
iniciase la construcción del recinto exterior de la Torre de Mormojón; la
fecha de 1485 que aparecía grabada junto a la puerta principal podría
ser significativa al respecto. Los escudos de los Ayala que, según el
testimonio de Becerro de Bengoa, figuraban sobre los muros del ángulo
norte, podrían ser los de su asociado Don García López de Ayala
(†1485), señor de Ampudia, que participó con el conde en la toma de
Villalba de los Alcores en abril de 1469.
* COOPER, Edward: Castillos señoriales en la Corona de Castilla (3 Vols). Salamanca, 1991.
HISTORIA E INVESTIGACIÓN
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Estado actual de la fachada del Este.
“De ser ciertas las cantidades de dinero que los Velasco aseguran haberse
gastado en la obra, ésta debería haberse acabado por completo” [Cobos Guerra, 19985].
5 FERNANDO COBOS GUERRA Y JAVIER CASTRO FERNÁNDEZ: Son autores de la que es, hasta la fecha, la guía más completa de las fortalezas castellano-leonesas. En lo que respecta a la Torre de Mormojón,
ofrecen un plano de la fortaleza bien trazado, aunque se echan en falta
el recinto interior, la barbacana y un cubo del lienzo norte.
Aciertan de pleno al olvidarse definitivamente de Don Pedro López
de Ayala y atribuyen las obras del recinto exterior a Don Bernardino Fernández de Velasco (†1512), con la correspondiente confirmación documental:
“En el pleito entre las dos hijas de Bernardino se manifestaba ‘quel
dicho Condestable edificó e hizo edificar la mayor parte de la fortaleza
de la Torre de Mormojón, e que la fortaleza antigua della era sola una
torre, e que todas las otras barreras e cubos e baluartes e bóvedas hizo
hazer e edificar el dicho Condestable, que gastaría e gastó en los edificios de la dicha fortaleza 7 ó 8 cuentos de maravedís, e más”.
Tal vez no fuera Don Bernardino quien iniciase la construcción del
recinto, pero sí queda claro que fue él quien costeó la mayor parte de
las obras, probablemente entre los años 1502 y 1512.
* COBOS GUERRA, F. y CASTRO FERNÁNDEZ J. J.: Castilla y
León: Castillos y Fortalezas. Edilesa, León, 1998.
La historia de esta fortaleza es ciertamente intensa y dilatada en el tiempo.
Citaremos simplemente a algunos de sus “señores” en rápida enumeración: Los condes Don Pedro Ansúrez y Don Pedro González de Lara, los Girón, los Haro, los
Laso de la Vega, Don Juan Alfonso de Alburquerque, los Herrera, los Velasco, los
Condes de Benavente y los Duques de Osuna.
El último de estos señores fue el XII Duque de Osuna, D. Mariano TéllezGirón, que dilapidó toda su fortuna tratando de emular con sus fastos a los propios Zares de Rusia. Entró en bancarrota y todos sus bienes en Torremormojón,
Castromocho y Baquerín salieron a pública subasta el 8 de julio de 1863. El castillo pasó entonces a las manos de un médico o subastero llamado D. Federico Rodríguez Tabares, en cuya mente estuvo ya desde el principio la idea de hacer negocio
fácil usándolo como cantera tras proceder a su demolición.
No consiguió evitarlo la declaración de Monumento Nacional del 6 de septiembre de 1878. Era el primero de los monumentos palentinos que recibía tal distinción, pues San Martín de Frómista no la consiguió hasta 1894 y San Juan de
Baños hasta 1897. Pero la declaración se hizo de forma apresurada y llevaba en sí
misma un penoso error que le restaba validez. Estaba basada en un informe equivocado de la Real Academia de la Historia (30 de agosto de 1878) en el que se
daba por supuesto que el castillo pertenecía a la Hacienda Pública y que era el propio Estado quien pretendía venderlo. Se solicitaba del Ministerio de Hacienda la
suspensión de la venta y la conservación del castillo como monumento históriconacional. Y eso fue precisamente lo que concedió la declaración ministerial.
La realidad, sin embargo, era muy diferente; el castillo era y había sido siempre de propiedad privada y, aunque se entablaron negociaciones entre el propietario y el Ministerio de Fomento para su adquisición por el Estado, éstas no llegaron
a fructificar. En realidad, lo que les interesaba a ambas partes era la demolición: al
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HISTORIA E INVESTIGACIÓN
La fachada del Este desde el interior.
propietario para vender la piedra al mejor postor, y al Ministerio de Fomento para
comprarla y terminar con ella la proyectada carretera entre Villamartín de Campos
y Medina de Rioseco. Así las cosas, el castillo quedó sentenciado.
Cuesta trabajo creer que todo aquel conjunto monumental, cuyo recinto exterior aparecía todavía en 1880 “conservado como si acabara ahora de construirse”, pudiera ser bárbaramente demolido, a golpe de piqueta, cuatro años después. Y solo
para cimentar con sus piedras la carretera comarcal C-612. Pero así fue.
Aparece en los libros confusa la fecha del derribo, quizás porque Don Francisco Simón Nieto la situó en el año 1874:
“Sobre esta cónica eminencia, a la que nos aproximamos rápidamente, se
divisa otra fortaleza casi del todo arruinada: son los restos del castillo de Torremormojón, destruido en 1874, a pesar del carácter de monumento nacional
que ostentaba, y a pesar de su arrogante aspecto y de su interesante historia”
[Francisco Simón Nieto, 18956].
Es evidente que esta fecha está equivocada y habrá que retrasarla diez años
más. Bastan como pruebas la propia declaración de Monumento Nacional de 1878
y la carta del alcalde de Torremormojón de 26 de octubre de ese mismo año. Y por
si no fuera suficiente, tenemos esta breve nota publicada en la Revista de la Sociedad Central de Arquitectos el 10 de junio de 1882:
“A consecuencia de las obras de la nueva carretera de Villamartín a Rioseco, parece que se demolerá, en parte, el histórico castillo de la Torre de Mormojón, declarado monumento nacional. La comisión de monumentos de
Palencia tiene ya informado acerca de su estado y mérito histórico”.
Y en efecto, la demolición se llevó a cabo, no en parte, sino casi total. Algunos años más tarde tuvo lugar la chapucera reconstrucción de Don Clemente Herrero, con grandes paredones de tapial, llenos de nidales u horacas, para reconvertir
al fenecido castillo en un gigantesco palomar. Pero esa es ya otra historia diferente.
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6 DON FRANCISCO SIMÓN Y NIETO: Eminente personalidad palentina
(1855 - 1920), con una sensibilidad por el arte y la historia muy parecida
a la de Becerro de Bengoa, aunque más joven y más adinerado que él.
No llegó a tiempo para salvar la Torre de Mormojón, pero consiguió librar del derribo al castillo de Montealegre de Campos que en 1908 ya
había sido vendido a quienes pensaban utilizar sus piedras como balastro ferroviario.
* SIMÓN Y NIETO, Francisco: Los Antiguos Campos Góticos. 1895
/ Reimpresión: La Editora del Carrión, Palencia, 1971.
HISTORIA E INVESTIGACIÓN
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Muros de tapial y palomar sobre los basamentos del castillo.
De momento, nos quedamos con las últimas y lacónicas palabras con las que Becerro de Bengoa relataba la pérdida de
su querida fortaleza:
“Estos apuntes descriptivos tomé y escribí un día,
hace nueve años, al pie de la famosa fortaleza castellana,
después de haber dibujado su aspecto exterior, su planta,
su probable configuración total y muchos de sus detalles.
Cuando algún tiempo después, al volver a la tierra castellana vieja, tan querida para mí, lancé desde
lejos una mirada al cerro de Mormojón, no vi ya alzado
el imponente conjunto de la ruina de la Estrella de
Campos. En aquella cumbre solo queda el solar, con sus
fosos o hendiduras, donde se asentaron los muros. Estos
con todos sus recuerdos, almenas, puertas, signos lapidarios, bóvedas, escaleras y pisos, habían rodado, al
golpe de la piqueta, por las laderas de aquellas peladas
cuestas, para servir de relleno a una carretera que pasa
al pie del castillo” [Becerro de Bengoa, 1891].
No se puede describir el bochornoso espectáculo del
derribo con palabras más comedidas, ni más serena resignación. De poco le hubiera servido ponerse a llorar sobre la
leche ya derramada.
Escalera de bajada a la galería
subterránea.
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LOS PRIMEROS TENENTES:
- D. Pedro Ansúrez (en 1114), fundador de la ciudad de Valladolid.
- D. Tello Fernández (en 1116), origen del linaje de los Girón.
- D. Pedro Martínez (en 1122), hijo del conde Martín Fláinez.
- D. Pedro González de Lara (en 1124), amante de la reina Doña Urraca.
LOS GIRÓN:
- D. Rodrigo Gutiérrez Girón (†1194), casado con Dª María de Guzmán.
- D. Gonzalo Ruiz Girón (†1234), casado con Dª Sancha Ruiz.
- D. Rodrigo González Girón (†1256), casado con Dª María Froilaz.
- D. Gonzalo González Girón, hermano de D. Rodrigo, casado con Dª Teresa Arias.
LOS HARO:
- Dª Juana Alfonso, casada con D. Lope Díaz de Haro (†1288).
Señora de Torremormojón desde 1285 por donación de Sancho IV.
- Dª María Díaz de Haro, casada con el Infante D. Juan, “El Traidor” (†1319).
- D. Juan de Haro, “El Tuerto” (†1326), casado con Dª Isabel de Portugal.
LOS LASO DE LA VEGA:
- D. Garci Laso de la Vega (I) “El Mayor” (†1329), casado con Dª Teresa de Sotomayor.
Señor de Torremormojón desde 1324 por expropiación a D. Juan de Haro, “El Tuerto”.
- Dª Urraca Rodríguez de Rojas, (†1338), casada con D. Garci Laso de la Vega (II).
- D. Gutierre González de Quesada (†1352), casado con Dª María Laso de la Vega.
LOS ALBURQUERQUE:
- D. Juan Alfonso de Alburquerque (†1354), casado con Dª Isabel de Meneses.
Señor de Torremormojón desde fecha indeterminada (hacia 1338).
- D. Martín Gil de Meneses (†1365), sin sucesión.
- D. Sancho de Alburquerque (†1374), casado con Dª Beatriz de Portugal.
Recibe en 1366 todos los bienes de las casas de Meneses y Alburquerque por donación de Enrique II.
LOS HERRERA:
- D. García González de Herrera (†1404), casado con Dª María de Guzmán.
Señor de Torremormojón desde 1370 por donación de D. Sancho de Alburquerque.
- D. Pedro Núñez de Herrera (†1430), casado con Dª Blanca Enríquez Mendoza.
- D. García de Herrera (†1483), casado con Dª María Niño Portugal.
- Dª Blanca de Herrera Niño (†1499), casada con D. Bernardino Fernández de Velasco.
LOS VELASCO, CONDESTABLES DE CASTILLA:
- D. Bernardino Fernández de Velasco (†1512), viudo de Dª Blanca de Herrera Niño.
- Dª Ana de Velasco y Herrera (†1519), casada con D. Alfonso Pimentel Pacheco.
LOS PIMENTEL, CONDES DE BENAVENTE:
- D. Alfonso Pimentel Pacheco (†1530), viudo de Dª Ana de Velasco y Herrera.
- D. Antonio Alfonso Pimentel (†1575), casado con Dª María Luisa Enríquez.
………………………..
LOS ÚLTIMOS SEÑORES - LA CASA DE OSUNA:
- Dª María Josefa Alfonso Pimentel (†1834), XV Condesa de Benavente.
Casada con D. Pedro Alcántara Téllez Girón Pacheco (†1807), IX Duque de Osuna.
- D. Pedro Alcántara Téllez-Girón (†1844), XI Duque de Osuna y XVI Conde de Benavente.
Utimo “señor de la Torre de Mormojón” por la abolición de los señoríos (Ley de 26 -VIII- 1837).
- D. Mariano Téllez-Girón (†1882), XII Duque de Osuna y XVII Conde de Benavente.
Todos sus bienes en Torremormojón salen a subasta pública el 8 de julio de 1863.
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HISTORIA E INVESTIGACIÓN
LOS SEÑORES DE LA TORRE DE MORMOJÓN
HISTORIA E INVESTIGACIÓN
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APÉNDICE DOCUMENTAL
CARTA DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA A LA DIRECCIÓN
GENERAL DE INSTRUCCIÓN PÚBLICA, AGRICULTURA E INDUSTRIA:
Ilustrísimo Sr.
Confiada a la Real Academia de la Historia, por las leyes y disposiciones vigentes, la inspección y conservación de los monumentos históricos… y teniendo entendido este cuerpo literario que
se trata de vender por el Estado el castillo de Torre de Mormojón,
en el partido judicial de Palencia, que ostenta robustos en apariencia sus numerosos torreones, sobresaliendo entre ellos grandioso
e imponente el del homenaje y que ocupado por sorpresa por los imperiales en 1521, fue después de breve sitio tomado por el capitán
navarro D. Francés de Beaumont que militaba a las órdenes de
Juan de Padilla, ruego a V. I. a nombre de la Academia, en vacaciones de la misma, que se sirva proponer al Señor Ministro de Hacienda la suspensión de la venta y que se conserve dicho castillo
como monumento histórico nacional.
Madrid 30 de Agosto de 1878.
RESPUESTA DE LA DIRECCIÓN GENERAL DE
INSTRUCCIÓN PÚBLICA, AGRICULTURA E INDUSTRIA
A LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA:
Ilustrísimo Sr.
El Excmo. Sr Ministro de Fomento dice con esta
fecha al de Hacienda lo siguiente:
Excmo. Sr: vista la comunicación del Director de
la Real Academia de la Historia solicitando la suspensión de la venta del Castillo de Torre de Mormojón en el partido judicial de Palencia y atendiendo a
que dicho castillo ocupado por sorpresa por los imperiales en el año 1521 fue después de breve sitio
tomado por el capitán navarro Don Francés de Beaumont, que militaba a las órdenes de Juan de Padilla, S. M. el Rey (q.D.g.) de conformidad con lo
manifestado por la citada Real Academia de la Historia y con lo propuesto por la Dirección General de
Instrucción Pública, Agricultura e Industria, ha tenido
a bien disponer se solicite del Ministerio del digno
cargo de V. E. la suspensión de la venta del Castillo de Torre de Mormojón en el partido judicial de Palencia y que sea declarado monumento histórico
nacional, conservándose bajo la inmediata inspección y custodia de la Comisión provincial de monumentos históricos y artísticos de Palencia.
Lo que traslado a V.I. para su conocimiento y en
contestación a la comunicación de fecha 30 de
Agosto último. Dios guarde a V. I. muchos años.
Madrid, 6 de Septiembre de 1878.
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HISTORIA E INVESTIGACIÓN
CARTA DEL ALCALDE DE TORREMORMOJÓN DIRIGIDA A LA
ADMINISTRACIÓN ECONÓMICA DE LA PROVINCIA DE PALENCIA
[…] Imposible es que yo pueda detallar la extensión superficial de todo
el Castillo, pues ocupa un recinto grandísimo y se necesitaría que una persona competente lo midiera. Como en la gran altura que está situado no se
presta para la construcción de viviendas ni para otro objeto que rinda producto inmediato, hoy no está el edificio dedicado a nada, pero tengo entendido que su propietario piensa derribarle para utilizar la inmensa cantidad
de piedra que encierra y que en este país tiene un gran valor, por la escasez que hay de ella; lo cual sentiría este pueblo y el país en general que sucediese por los recuerdos históricos que este Castillo encierra y porque en
su elevada posición es el punto de mira de infinidad de pueblos, habiendo
recibido sin duda por eso la denominación de Estrella de Campos.
Creo haber contestado a cuanto me pregunta en su citado oficio. Dios
guarde a V. S. muchos años.
Torremormojón veintiséis de Octubre de mil ochocientos setenta y ocho.
Salvador Hoces de la Guardia.
j
CREACIÓN LITERARIA
22
Ampudia
A l’últim revol del camí,
entre un cel blau i una terra daurada,
s’alcen una torre i un castell.
Planegen les cigonyes
sobre les velles teulades
i el sol crema l’asfalt del carrer.
L’esglèsia i l’Ajuntament
envolten la plaça,
on la gent passa
bones estones xerrant.
L’ombra de les columnes de pedra
s’allunya més enllà del carrer major.
Una mica més lluny,
els brams de les ovelles
trenquen el silenci
dels camps infinits d’Ampudia.
LAIA VELASCO FLO
Tras la última curva del camino,
entre un cielo azul y una tierra dorada,
se alzan una torre y un castillo.
Planean las cigüeñas
sobre los viejos tejados
y el sol quema el asfalto de la calle.
Iglesia y Ayuntamiento
rodean la plaza,
donde la gente pasa
buenos momentos charlando.
La sombra de las columnas de piedra
se aleja más allá de la calle Mayor.
Un poco más lejos,
los balidos de las ovejas
rompen el silencio
de los campos infinitos de Ampudia.
23
anillo
vivir
LUCÍA VELASCO MARTÍN
para
Anika nació en l907,
en un país donde la mujer
no valía nada. No podía
opinar, aprender a leer o a
escribir, era poco más que
una esclava en su sociedad.
Si desobedecía las normas, escritas por los hombres, podía
incluso morir. Era la única chica
en una familia acomodada de cuatro
hermanos. Desde pequeña, Anika, había
demostrado que no estaba conforme con esas reglas,
aunque tenía el privilegio de vivir en la abundancia, no
se resignaba a ser ignorada, deseaba opinar, tomar decisiones y sobre todo poder dirigir su vida. Su padre y
sus hermanos se enfadaban mucho con ella, sobre todo,
tenían miedo de que esas ideas locas fueran dichas en
público… el castigo sería muy grave para la familia y
sobre todo para ella.
Cuándo tenía l2 años y siempre escondiéndose, tomaba libros de la biblioteca de su padre e intentaba leerlos, pero era muy difícil, necesitaba ayuda pero…
¿quién iba a dársela?, Una mañana de invierno, llama-
ron a la puerta. Rápidamente abrió la sirvienta,
una niña poco mayor que
ella pero que las circunstancias de su vida la habían
obligado a trabajar desde
chica. Anika y su madre eran
amables y cariñosas con ella,
siempre claro está que no se enterara nadie. Había tenido la desgracia
de nacer mujer y pobre en su país. En la
puerta estaba Tono, un chico que vivía en una de las
grandes casas de su barrio, tenía l3 años y no se habían
visto casi nunca, ¿Qué relación podían tener siendo
chico y chica?
Tono pidió ver al dueño de la casa y le pidió permiso para llevarse a Anika ya que su abuelo que era
muy anciano no se encontraba muy bien. Su familia
había tenido que salir y necesitaba que alguien cuidara
de él durante unas horas. El padre de Anika accedió y
ésta se fue con Tono y uno de sus hermanos, a cierta
edad una mujer no podía ir sola por la calle con un
hombre que no fuera de la familia. Al llegar, su her-
CREACIÓN LITERARIA
Un
CREACIÓN LITERARIA
24
mano se despidió y Anika entró en la casa donde la estaba esperando Alión, el abuelo de Tono. A pesar de su
edad, era un hombre alto y con gesto alegre y bondadoso, no parecía estar tan enfermo… Parece que leyó
los pensamientos de Anika y con voz calmada y después de saludar a la niña le dijo: Mi enfermedad sólo
es una excusa para traerte aquí. He visto por la ventana
que te interesan los libros y conozco de tu rebeldía.
Anika palideció, por un segundo vio el futuro de su familia destruido, iba a denunciarla… No temas, hija,
todas las mujeres de esta casa saben leer y escribir, yo
mismo las enseñé y ahora mi nieto… En este país no
es fácil ser mujer pero es lo que os ha tocado vivir,
ahora bien, si podemos hacer algo para aliviar ese sufrimiento, aunque sea desde la clandestinidad, es nuestro deber humano. Voy a enseñarte a leer y a escribir.
A partir de ese día y durante casi 5 años, Anika pasaba todas las tardes con Alión y Tono. No sólo apren-
dió a leer y a escribir, también matemáticas, literatura
y lo que más la gustaba, información sobre la actualidad en el mundo. En secreto, se convirtió en una muchacha culta e instruida. Pero pasó lo que tenía que
pasar, el abuelo era demasiado mayor.
Una tarde al llegar a casa de Alión, no la recibió
éste, salió Tono con los ojos rojos y llenos de lágrimas,
su abuelo se estaba muriendo y quería verla. Al entrar
en su habitación Alión hizo una mueca parecida a una
sonrisa y con un gesto hizo que se acercara a su cama.
Con voz entrecortada dijo: Anika, eres valiente, luchadora y te has convertido en una jovencita con grandes
conocimientos. No desperdicies tu inteligencia. Úsala
bien, ayuda a otras mujeres, sácalas de su oscuridad.
Haz lo posible para que puedan cambiar poco a poco
el modo en que las ha tocado vivir, comienza por enseñarlas a comprender todo lo que pueden hacer y una
vez comprendido sabrán obrar por ellas mismas. Te en-
25
En 1950 Anika enfermó gravemente, en su lecho
de muerte tuvo un sueño: Alión estaba espléndido al
lado de su cama y con su dulce sonrisa decía: el anillo… mira el anillo… Despertó y vio el anillo. Moriría sola, en la cárcel, era el momento de ver el mensaje.
Con torpeza quitó la piedra y encontró un papel amarillento en el que aún se podía leer: LUCHA, SÉ VALIENTE. Pensó un momento. ¿Qué puedo hacer yo
ahora? Pero de pronto pareció que la fuerza volvió a su
cuerpo y mandó llamar a su hija. Fue un duro golpe
para ella ya que pensó que su madre estaba muerta.
Después de contarla toda la historia de su vida, se quitó
el anillo, lo puso en el dedo de Laicca, ese era el nombre de su hija, y dijo con la poca fuerza que tenía. Te
hemos educado en libertad y conocimiento. No desperdicies tu inteligencia. Úsala bien, ayuda a otras mujeres, sácalas de su oscuridad. Haz lo posible para que
puedan cambiar poco a poco el modo en que las ha tocado vivir, comienza por enseñarlas a comprender todo
lo que pueden hacer y una vez comprendido sabrán
obrar por ellas mismas. Esto mismo me lo dijo a mí un
gran maestro. Ya quedo tranquila. Murió allí mismo,
en brazos de su hija, tenía 43 años, pero era casi una
anciana.
Laicca continuó la labor de su madre con un poco
más de libertad pero con muchos tropiezos y en la actualidad las hijas y los hijos de ésta, es decir los nietos
de Anika forman a mujeres, hombres y niños por todo
el mundo con más libertad pero no sin muchas dificultades. Allí donde exista una mujer en la oscuridad
ellos llevarán las velas para iluminar su vida. Reconocer a algún nieto de Anika será fácil, sólo tienes que
mirar el gran anillo de su dedo.
Segundo Premio de Menores (de 12 a 17 años)
en el VII Certamen Provincial de Relatos Breves
“Cristina Tejedor”, organizado por la Diputación de
Palencia con el lema “Diferentes pero iguales” y celebrado en el año 2010.
CREACIÓN LITERARIA
trego este anillo, dentro de él hay un mensaje corto
pero poderoso, cuando estés en un momento difícil,
desesperado, que lo habrá si sigues esta misión, léelo,
pero sólo como último recurso. Esa noche Alión murió
y para Anika sus sueños con él. Nadie conocía su secreto. Cuando tuvo edad suficiente, se casó con Tono.
La pareja estaba muy enamorada y a las familias les
pareció un buen matrimonio. Ambos eran de tradición
noble y con buena fortuna. El anillo quedó guardado
en un cajón hasta que nació su primera hija. Por casualidad al buscar unos papeles volvió a verlo y recordó
las palabras del anciano.
Anika ayudaba a su marido desde la sombra en la
gestión de sus negocios, Tono confiaba en ella y estaba
orgulloso de su esposa, pero, nadie podía saberlo, sería
su ruina. Pidió un sótano a su esposo en una de sus
propiedades. No podía dejar de pensar en las últimas
palabras del abuelo Alión… Se puso el anillo y en ese
sótano creó una escuela para mujeres valientes y luchadoras. Todas las tardes acudía a dar sus clases, al
principio sólo una mujer se atrevió, después dos, seis…
casi ya no tenía espacio… ricas, pobres, solteras, casadas, jóvenes y no tan jóvenes, eran muchas las que querían aprender, mucho o poco pero todas querían saber
algo más, querían ser ellas… Las más aventajadas enseñaban a las nuevas, se convirtieron en una gran familia unida por un gran secreto, tan grande que si se
descubría las llevaría a una muerte segura. Nadie en su
familia, ni aún su hija conocía sus actividades, sólo
Tono, así lo habían decidido ambos para su protección.
Pero ningún secreto es eterno y este no podía ser
menos.
Una mañana de octubre de l947 sonaron en casa
de Anika y Tono unos golpes ensordecedores, ambos
se miraron sabiendo muy bien lo que pasaría de ahora
en adelante…
Alguien había denunciado a Anika, Tono y ella fueron encarcelados. Alguien tenía que cuidar de su hija.
De mutuo acuerdo decidieron que ella se responsabilizaría de todo. Tras muchos días de sufrimiento y dado
que era una familia influyente, Tono fue liberado,
Anika condenada a muerte por desobediencia e instigación a otras mujeres a la desobediencia. Anika no dio
el nombre de ninguna de las mujeres que estaban con
ella y ninguna de ellas habló para defender a Anika.
Gracias a los contactos que tenían las familias en el gobierno la pena de muerte de Anika se sustituyó por cadena perpetua. Sólo podían visitarla una vez al mes.
Mantuvieron al margen a su hija. Mamá ha muerto,
eso dijeron a la niña.
CREACIÓN LITERARIA
26
La
hebilla
paz
LUCÍA VELASCO MARTÍN
de la
Llegaba Navidad en casa de Laura y como todos los
años, ella y sus hermanos estaban impacientes por
poner el Belén, el árbol y todos los adornos de la casa.
Llegó el día y toda la familia disfrutó mucho, rieron y
cantaron villancicos una vez terminado. Era 24 de diciembre, Nochebuena, ya estaba todo listo para la celebración.
Al mirar el árbol, Laura se dio cuenta de un
detalle, faltaba un adorno, una vieja hebilla de un
cinturón, estaba oxidada y durante toda su
vida la había visto colgada en el árbol
pero nunca había llamado su atención, hasta hoy.
Mamá ¿porqué no
está colgada la hebilla vieja?
Esa hebilla es de
tu abuelo. Siempre la
guarda él. La colgará esta
noche cuando venga a
cenar.
Laura se quedó pensativa. ¿Por qué guardaba su
abuelo aquella hebilla? ¿Tendría algún significado especial?
Faltaban sólo unas horas para
la cena de Nochebuena y sonó el timbre. Llegaban el resto de los familiares, sus
tíos, sus primos y su abuelo. Después del recibimiento,
Laura no podía esperar más, preguntó con impaciencia
a su abuelo:
¿Has traído la hebilla, abuelo?
Si aquí está, ahora mismo voy a colgar ese
viejo recuerdo. Me alegro que hayas notado su falta.
¿Un viejo recuerdo abuelo?
Este año es el último que yo lo guardo, ya soy
muy viejo... Desde ahora tú serás la encargada de la hebilla, te ocuparás de que cada año por estas fechas
ocupe su sitio en el árbol. Te voy a contar por qué es
algo tan especial para mí y espero que después de oír la
historia también lo sea para ti.
Laura se sentó en el suelo mientras su abuelo desde
su sillón comenzaba a contar su historia.
En el año 1937 en España estábamos en plena
guerra civil. Seguro que a ti te suena raro, pero ya
conocerás más cuando seas un poco
mayor. Esa guerra, como te digo, fue
entre españoles, luchamos España
contra España, vecinos contra
vecinos incluso en ocasiones
hermanos contra hermanos.
Como todas las guerras fue
absurda, pero fue el momento que nos tocó vivir.
A mí me llamaron a luchar con uno de los bandos, no tiene importancia
cuál, en la mayoría de las
ocasiones era el que te tocaba. Allí en el frente pasé una
Navidad y esto es lo que sucedió el día de Nochebuena:
Era de noche, habíamos dejado las
armas y todos los soldados nos habíamos
refugiado en tierra nuestra como se llamaba a nuestro
territorio. Muy cerca estaban los del bando contrario,
en su campo. Casi podíamos oírnos, pero entrar en el
campo contrario era como suicidarse, las órdenes eran
tirar a matar al enemigo.
Como era Nochebuena, nos habíamos reunido
todos alrededor de un fuego compartiendo las pocas
provisiones que teníamos. Estábamos tristes, callados,
27
CREACIÓN LITERARIA
acordándonos de nuestros seres queridos. Alguno lloraba en silencio. De pronto uno de mis compañeros se
levantó y como un autómata gritó “Feliz Navidad”.
Todos muy asustados intentamos que se sentara, te van
a matar le decíamos. Pero una voz lejana sonó “Feliz
Navidad”. Todos nos quedamos con un nudo en la garganta, incapaces de decir nada. Mi compañero comenzó a caminar hacía el frente contrario cantando
“Noche de paz”. No nos oía, esperábamos oír un tiro y
verle muerto. Pero no fue así, en vez de tiros escuchamos a nuestros enemigos cantando el mismo villancico
y dirigiéndose hacia nosotros. No sé cómo pero todos
hicimos lo mismo, fuimos a su encuentro cantando.
Nos encontramos todos en tierra de nadie, como se llamaba al campo neutral. Algunos eran conocidos, otros
no, pero todos nos reunimos alrededor de un fuego y
celebramos la Nochebuena, juntos, soldados y mandatarios, veíamos fotos de las familias, contábamos andanzas de nuestra vida y decidimos que el día 25 era
Navidad, no lucharíamos. Al atardecer de ese día nos
despedimos, nos entregamos como regalos lo que teníamos a mano, una moneda, un botón de la casaca,
una hebilla de un cinturón… sería nuestro recuerdo.
Ramiro, un chico soltero de un pueblo de Ávila, me
dio esta hebilla y un abrazo y cada uno volvimos a
nuestro campo, mañana otra vez comenzaba la batalla.
La guerra terminó y poco después supe que Ramiro
había caído en el frente. Sólo le vi ese día pero al mirar
su hebilla me di cuenta que era importante para mí.
Desde ese día la hebilla de Ramiro siempre ha formado parte de la Navidad en mi vida y en la de los
míos, en el Belén, en la mesa y los últimos años en el
árbol. Este recuerdo me hace tener presente mi obligación de intentar que vosotros nunca paséis por lo
mismo, que no cometáis los mismos errores, que debéis luchar por la paz en vez de guerrear. La hebilla me
recuerda que fuimos parte de una guerra que nunca
debió suceder y que si tuvimos el valor de unirnos en
la paz un día, quizá de habérnoslo propuesto todos, la
guerra habría acabado allí. Ramiro murió sin saber muy
bien por qué. Pero yo creo que lo he descubierto, quería que todos los día fuesen Navidad y por eso me dejó
su hebilla de la paz
CREACIÓN LITERARIA
28
Bajo la
luz de la luna
JOSÉ MARÍA IZQUIERDO BELMONTE
En la cuesta de Miraflores está enclavado el castillo,
con muchos años de historia, siempre vigilando al pueblo. Hace años estaba bastante enfermo, pero siempre
velaba por su pueblo; en primavera y otoño, en invierno y verano; por la mañana desde la almena más
alta contemplaba la salida a su trabajo de pastores, labradores, viñadores y yeseros; por el día contemplaba
a los mayores, mientras estos se contaban sus historias
en las solanas y mentideros; y por la tarde les volvía a
contemplar de nuevo cuando todos volvían de su trabajo a refugiarse a descansar en sus hogares.
Hoy todo ha cambiado. Ampudia es un pueblo
moderno y el castillo ya no está enfermo, gracias a Eugenio Fontaneda que lo puso en tratamiento hace
algún tiempo y lo convirtió de nuevo en una joya del
pueblo.
En las noches claras del invierno, desde la almena
más alta, bajo la luz de la luna que le manda desde el
cielo, sigue contemplando a su pueblo, hoy rodeado
de farolas de color amarillento como si fueran estrellas bajadas del firmamento; y en el centro contempla a la Colegiata, a la que yo tanto cariño
tengo, y muy cerquita, en la Casa de la Cruz, el
Ayuntamiento, la casa de todo el pueblo y, de
frente, en el convento, el Museo, otra joya de este
precioso pueblo.
Y al remanso de la iglesia, casi pegando a la calle
de Don Hueso, nació hace algún tiempo la torre más
bonita de todos los pueblos; es coqueta y altanera,
orgullosa y presumida y dice que por estas tierras ella
es la más hermosa. Cuando se viste de gala en las noches claras del invierno, hasta la luna le presta su luz
desde el cielo para que esté más preciosa y se enamoren
de ella todos los pueblos que la ven desde lejos. Ella les
mira y les tira muchos besos; pero ella de quien está
enamorada es del castillo de su pueblo; por eso cuando
Cristina viste de gala al castillo en las noches de primavera, desde la almena más alta, bajo la luz que le regala la luna y sin que nadie les vea, como dos
enamorados se miran desde el silencio y se tiran muchos besos; pero siempre por la noche, para que ni el
campo ni los vecinos del pueblo sepan lo mucho que
los dos se están queriendo.
Ellos están convencidos de que el amor más bonito,
más bello, más puro y más hermoso es el que se vive
bajo la luz de la luna en las noches claras de la primavera, contemplando a las aves nocturnas, cómo se arrullan, cómo se quieren y cómo se besan mientras
escuchan palpitar sus corazones desde el silencio.
29
(Colegiata de A
Altiva sobre el mar de los trigales
con vestido de novia engalanada,
muestras candor de moza enamorada
con encajes de piedra verticales.
P
O
E
Ojos de amor, enormes ventanales,
balaústres de nítida mirada,
cabellera de pétalos trenzada
con pináculos de aires medievales.
¿Hasta cuándo el repique de campanas?
¿Hasta dónde te elevas a los cielos?
Sueñas que llega el día singular
S
Í
A
y en las cuestas calizas ampudianas
aparece el galán de tus desvelos
que ha de llevarte al fin hasta el altar.
EPIFANIO ROMO VELASCO
(Del libro de poemas inédito
Sueños de Ampudia)
CREACIÓN LITERARIA
s
o
p
m
a
C
e
d
ia
v
La no
mpudia)
RECUERDOS Y VIVENCIAS
30
Doña Loly
Maestra Nacional de niñas en
Ampudia desde 1956 a 1962
JOSÉ MARÍA VELASCO PEINADOR
Buscando noticias antiguas sobre los maestros que
han pasado por Ampudia, no encontré ninguna referencia a Doña Loly, pero tras consultar cómo se apellidaba, sólo se me facilitó el primer apellido, y en la
hemeroteca de la Biblioteca Virtual Cervantes aparece
en la revista Magisterio Español, María Dolores Llamazares Laso, quien tras aprobar como Maestra Nacional en León en 1952, es destinada a Báscones de
Ojeda en la provincia de Palencia. No existe en Internet ninguna referencia o relación con Ampudia pero
sí con un pueblo de León, llamado Vegas del Condado,
donde en una página web no oficial aparece en enero
de 2004, como autora de dos trabajos dedicados a su
pueblo y sus gentes. Uno de ellos comienza así:
Miro
Observo
Veo
Conozco
Sé
Siento.
Luego...
¡Vivo!
Sólo el comienzo es un incentivo para leerlo al completo, y en él se muestra con una sencillez exquisita
pero con una capacidad poética impresionante. No
hace ninguna referencia a su profesión pero sí tiene antecedentes familiares de maestros. En un largo poema
titulado “Caminos de León” inserta hacia la mitad los
siguientes versos:
Cuando lejos de ti estuve
soñaba con tus prados;
triste estaba sin tus montañas
por tierras llanas caminando.
Sin sombra; soñaba con tus plantíos,
sin agua, en tus frescos riachuelos,
sólo agua de sus pozos tenía
y la sombra de casas y sus aleros.
El sol de pleno te daba
y a mi cuerpo ponía moreno
sin brisa fresca que refrescara
nuestras brisas frescas del cierzo.
Dicen del leonés, que es aferrado
a su terruño, que cree el más bello,
es tan variado, ¡tan variado!
que lo que dicen es bien cierto.
Yo, que recorrí tierras diversas y llanas
con un cielo, extenso, espléndido
se me caía encima, me aplastaba
sin ver montañas en su cielo abierto.
No había caminos serpenteantes
lindados por sebes y arroyuelos,
sólo sol asfixiante
en caminos anchos y polvorientos.
No cabe duda de que está describiendo la Tierra de
Campos. Podía ser ella. Tras poner un correo al administrador de la página, enviándole una foto y consultándole si podría tratarse de la persona que buscaba, y
ante la lucidez con que en 2004 escribe, con la intención de pedirle una colaboración para esta revista, ha
31
RECUERDOS Y VIVENCIAS
Escuela de Doña Loly en Ampudia, año 1959.
bida cuenta del grato recuerdo que de ella se tiene en
Ampudia, recibí contestación en menos de seis horas
indicándome que:
Sí es la persona que busca, vive en una residencia en León, mi padre la ha reconocido al ver
la foto y me dice que le llevará la foto y la nota.
Me mandaban teléfono y dirección, pero preferí esperar a que fuese ella quien tomara la iniciativa.
Pasados unos días recibí su carta, en la que dice:
Mantuvimos dos largas conversaciones por teléfono, resultando ser una persona simpatiquísima y con
un humor sobresaliente, que no denota tener 84 años,
pese a sus enfermedades, que no son pocas. Tiene la
misma lucidez mental que una persona joven. Lleva
Ampudia en lo más profundo de su corazón como me
consta que muchas de sus alumnas la llevan a ella. Pasados unos días recibí otra carta que terminaba así:
Me encantaría daros a todos un abrazo, amén
de agobiaros con miles de preguntas sobre tantos a
quienes recuerdo con cariño.
Me he emocionado y hasta se me escapó una lagrimina. Nuestro trabajo es muy ingrato y a mis
84 años, no esperaba se me recordara, el Dña. Loly
me sonó a campanillas pues sólo me llamaban así
en Ampudia…
Te agradezco de veras el querer saber de mí e
incluirme en el trabajo cultural que hacéis. Me invitas a aportar alguna vivencia de Ampudia, en
los 6 años que estuve tengo muchas y muy diversas.
En mi Currícula, como dicen ahora, tengo vivencias de cada pueblo donde estuve de maestra y me
atrevo a mandarte lo que tengo sobre Ampudia,
que no es todo, pues fue mucho lo que admiré,
quise y aún recuerdo. Haces con ello lo que creas
conveniente.
Además de las cartas personales, de las que adjunto
partes, venían seis folios manuscritos que transcribo al
final literalmente.
De las conversaciones y de sus cartas, amén de lo
que dice en sus vivencias, no cabe duda de que Ampudia le caló hondo, pero creo que ella también dejó
huella en Ampudia. En una época en que la máxima en
educación era: “La letra con sangre entra”, quienes tuvieron el lujo de ser alumnas de esta excepción, quien
sostiene que: “lo que se hace con amor y alegría, sale
siempre bien”, no pueden haberse olvidado de ella.
Cuando cumplían 10 años y pasaban con otra maestra,
la cosa cambiaba pues tengo testimonios de que, la
otra, causaba terror y pánico en aquellas niñitas. Hubo
una a quien Doña Loly dice que le cortó las coletas y
le peinó con rulos para el paso de aula, no sé si sería
para que se creyera más adulta o un mensaje “sublimi-
RECUERDOS Y VIVENCIAS
32
nal” a su compañera maestra para que las respetara.
También los niños en aquella época tuvimos maestros de infausto recuerdo. No se me ha olvidado en
toda mi vida, quién fue el héroe defensor del Alcázar
de Toledo, lo que aprendí con siete años y un bofetón
que me hizo rodar por el suelo. Otro maestro tuve
que usaba una varita con tal sadismo que podría rayar
en lascivia, el cual en otro pueblo fue profesor de mis
sobrinos. Seguía teniendo la varita pero no como arma
agresiva, eran ya otros tiempos, aunque me consta que
él añoraba los pretéritos. Cuando Doña Loly cuenta
en sus vivencias, cómo tras sacar buenas puntuaciones
en sus oposiciones solo aprobaban los “enchufados”,
estaba describiendo el panorama general de aquella
época, lo que propiciaba que llegaban a ser maestros
personas sin la cualificación técnica ni ética que la profesión requiere, así pues como digo en medio de aquel
mundo de frustración, represión y agresión física a la
infancia, esta buena señora era un trocito de cielo plantado en lo que hoy es la Casa de Cultura de nuestro
pueblo y repartía sus bondades entre todos los vecinos
viviendo y sufriendo con ellos.
Hablando de otras cosas, me comenta en la segunda
carta como una anécdota curiosísima y graciosa, y
luego comentamos por teléfono, cómo un día de los
quintos, al salir de la escuela y pasar por una casa de
donde salía un olor exquisito, encontrando a la cocinera en la puerta, no pudo menos que consultarle por
la causa, la cual mandándola pasar y con gran sigilo le
dijo que era “gato”, invitándola a comer, lo que aceptó
disfrutando enormemente. Lo de comer gato no era
raro en aquellos años tan duros. ¿Cuántas “liebres
maullantes” se habrán comido en las bodegas?
Cuando describe la casa llena de bichos que alquiló
para vivir con su padre, se refiere a la casa que estaba en
el callejón de la plaza frente al quiosco de música, que
luego compraron y construyeron, Beni Trigueros y
Chemari Izquierdo. Me cuenta mi hermana que vivían
tan modestamente que en el día de su cumpleaños le
compraron una lámpara porque a la que tenía la casa
le faltaba la mitad. Le comenté esto por teléfono, se rio
un buen rato y me relató cómo Jacobina le comentó
que le habían comprado un regalo pero que no le podía
decir lo que era, sólo que era una cosa que no tenía. Al
desenvolverlo y ver que se trataba de una lámpara de las
que se llamaban arañas, les dijo a grandes carcajadas:
¿Cómo que no tengo araña, si en mi casa hay miles?
Con todo, demuestra ser una persona de las que
consideran que sólo en la sencillez y la humildad reside la suprema categoría del ser humano. Y vaya si es
un ser superior, humilde, bueno, gran poeta, genial
maestra y amada por todas sus alumnas.
33
de Campos (Palencia)
Transcurrieron seis años de mi vida en este pueblo
castellano, desde el 1-9-56 hasta el 31-8-62, a la sombra de la maravillosa torre de su Iglesia Colegiata.
De la montaña palentina donde ejercí como maestra en pueblos de gentes encantadoras, a las grandes llanuras amarillentas de tierras en baldío o de campos
ondulantes de mieses de oro, enrojecidos a veces por
corolas de amapolas. Tierras donde la aurora llega descubriendo lejanos lugares bellos en su soledad, bellos
en el silencio matinal, bello pero sentido y admirado,
mirar la alta, esbelta torre, arrogante como queriendo
vencer obstáculos, atravesar espacios y elevarse con esa
gallardía suya para estar cerca de la morada eterna y entregar a su Morador como sublime ofrenda, las oraciones de quienes en ella entregan sus afanes para reportar
para soportar inclemencias, amores y alegrías. ¡Se encuentra una tan pequeña a su lado! Entras, sí, y allí admiras su altar bello de talla en madera, tras él la
escalerita por donde a veces subí para limpiar y colocar
flores, el altar con su frontal de cuero repujado policromado digno de ser admirado1, sus capillas laterales
con bellas rejas, su coro con órgano silenciado por los
años, donde canté con mis compañeras bellas composiciones en distintos acontecimientos, donde ayudé a
Concha, presidenta de HH. de María o a Maruja, presidenta de Acción Católica. Desde su altura divisas los
campos circundantes rodeados por cuestas con viñedos donde crecen guindales y almendros, pero sin dejar
de ver su campo oro y sangre, sacrificio de aquellos labriegos que en sus mulas cansadas como ellos mismos,
vuelven en los atardeceres del lejano lugar donde rompieron tierras yermas, ávidas del llorar de los cielos, oro
de su esperanza en el fruto esperado.
Campo, Castillo, Colegiata, adobe, piedra y Dios.
Trilogía bendecida por tiempos sobrios de unas más
sobrias vidas. Almas abiertas hasta el infinito horizonte
como su tierra y cielo fundidos en uno, ya que no se
sabe dónde empieza uno y termina otro. Horizontalidad y verticalidad, prójimos y Dios, dualidad que sirve
de guía a todo alma grande, como grandes son las
almas de los campesinos y con aquellos campesinos viví
y viví sus alegrías y sus tristezas viví, y viví recordando
siempre aquellos años de mi vida que elegí para estar
más cerca de mis padres que mucho me necesitaban.
Recuerdo su fuerte castillo, comprado por Fontaneda por 50.000 pts. con la obligación de restaurarle y
lo hizo. La alegría en sus bodegas donde los hombres se
reunían disfrutando de su frescor jugando y calentando
en incongruencia simpática con su acidillo vino acompañado de tiras de bacalao. Los paseos a titos2 o a guindas, la recogida de las almendras, el sonido en las noches
machacándolas para quedar libre su rica semilla.
¡Qué bello paseo hasta su Santuario de Nta. Sra. de
Arconada, patrona de Ampudia y de Campos! Tres kilómetros por un vallecito cruzado por carretera sinuosa
hacia Palencia, dejando a la izquierda la principal que
atravesaba pueblos de adobe, algunas de sus casas parecían restos de ingratos ataques3, aunque el que de verdad atacaba era el tiempo, los años; vallecillo con
hondonadas donde crecían altas y grandes margaritas
blancas más propias de bellos jardines. Aquellas romerías el 8 de septiembre donde reinaba el fervor, la alegría, bullicio, charlar con las monjitas que no veías pero
oías a través del torno.
¡Qué fiestas en sus principales celebraciones! Santiago rechoncho en su caballo saliendo de su ermita al
pie del castillo, Nta. Sra. del Castrillo, el Corpus, esta
sí que era una bella fiesta. Su procesión por las típicas
calles, como la Corredera con sus más típicos soportales copiados para la película de El Cid, al pie del castillo, un mes duró el rodaje de una escena que nadie se
perdió el ver los trajines de actores y directores, fue
muy interesante. ¡Procesión del Corpus! Sacaban lo
mejor de sus ornamentos, su palio, sus cruces y… los
danzantes con su alegre y fervoroso paloteo con sus trajes impolutos y bien planchados por mi patrona
Agueda, que era especialista en ello como en dulces,
matanzas y comidas de boda. Quise a toda su familia
y nunca les olvidaré.
La fiesta del santo Ángel y sus meriendas, el día de
los quintos y las merendolas de estos y sus hogueras.
Tiene Ampudia una alameda donde el pasear por
RECUERDOS Y VIVENCIAS
Ampudia
MARÍA DOLORES LLAMAZARES,
MAESTRA NACIONAL
RECUERDOS Y VIVENCIAS
34
ella era una delicia, aunque en las noches tranquilas
después de los ejercicios religiosos, salíamos un grupito, ¡qué buenas fueron conmigo, qué bien me lo pasé
con ellas!, salíamos, digo, por alguna carretera y cantábamos a distintas voces, populares o regionales. Fuera
modestia tanto en el coro como en los paseos pero que
muy bien.
Recuerdo mis afanes preparando con la juventud
obras de teatro, festivales, desfiles de carrozas con alumnos para el Domund, la fiesta de “La Espiga” en el amplio atrio de la iglesia. La inauguración, mejor dicho,
bendición de la iglesia después de restaurado el tejado
con asistencia de autoridades palentinas, la comida a
y en lo que fue jardín pozo seco rodeado de maleza y
entre ellas el rico regaliz que mi patrona sacaba, limpiaba y troceaba para obsequiar a quien lo deseara, yo
por ejemplo que me venía muy bien para contrarrestar
mis dolores de estómago y revoloteando de acá para
allá un perrín que me seguía a todas partes cariñoso y
que su instinto exacto le decía cuándo yo salía de la escuela, arañaba la puerta para que le abriesen y a carrera
atravesando el pueblo se sentaba en la escalera de entrada recibiendo el cariño de mis alumnas y juntos a
casita, un encanto.
Soy como dicen ahora forofa de lo antiguo y disfruto de ello, por eso disfruté un fin de curso con com-
“Con aquellos campesinos viví y viví sus
alegrías y sus tristezas viví, y viví recordando
siempre aquellos años de mi vida”
todas ellas en el patio de la Casona-Palacio4, mientras
las del coro cantábamos amenizando el evento pero…
¡con un hambre! Y… nadie nos dio nada, ¡ja! ¡Cuántos
recuerdos se agolpan en mi mente! ¡Qué feliz fui!, ¡qué
acompañada me sentí por todos ellos cuando murió
mi madre! Gentes que saben querer con acciones, no
solo con palabras, gentes que te respetan, a quienes
quieres y respetas.
Antes hablé de la Casa-Palacio, fue mi primer hospedaje, familia encantadora, patrona que inspiraba ternura, Agustina su hija con quien me disfracé viviendo
épocas medievales subiendo por aquellas amplias escaleras, de donde guardo anécdotas graciosas, donde pasé
un frío terrible que se colaba por ventanas carcomidas
de años, donde me refugiaba en su capilla para admirar su Virgen románica, no al culto, donde me sentaba
en su fastuoso despacho de madera tallada para estudiar
ya que en dos años hice 5 oposiciones a anejas y 10.000
h5, sacando los pies fríos y la cabeza caliente a pesar de
mis altas puntuaciones; pero en aquella época si no tenías los famosos “enchufes”, no sacabas nada; aquella
escalerita escondida, aquellas salas grandes, una de ellas
ocupada por imágenes traídas de la iglesia que más que
devoción, te inspiraban temor con sus trajes y sus pelucas apolilladas, cuadros de santos en las dependencias del capellán cuando lo hubo, cama tallada con
rosarios y breviarios, frío intenso en inviernos crudos
tapándome con todo lo que podía, patio enorme para
poder girar los carruajes, cuadras inmensas abandonadas, pero… olor intenso a manzanilla que crecía en él,
pañeros y alumnos que fuimos a pasar el día a un
caserío a poca distancia con ruinas de una bonita iglesia y casona con decoración antigua rural.
Paseé hasta la dehesilla, recorrí nave tras nave sus
cuadras con animales diversos, cerdos, gallinas, pollos
de varios tamaños para la venta, la de los pollines recién
nacidos no veías más que una inmensa bola amarilla
de algodón con puntitos negros bajo los focos que
daban calor y un pío pío incesante. Sus incubadoras,
veías tras los cristales romperse el huevo, los empleados de blanco y guantes atentos al menor detalle, los terrenos amplios en el amplio páramo donde podía
aterrizar el helicóptero que traía a los dueños que vivían
en Madrid, o donde cargaban las ovejas para llevarlas
a concursar con sus bellones limpios y cardados,
donde… ¡qué pena!, se ahogaron tantos pollos en día
de fuerte tormenta, casi los regalaron y ¡qué ricos guisados por mi patrona!
Recuerdo el frío que pasábamos en el cine. El cariño
que puse en aquellas gentes a quienes tuve que dejar
muy llorosa… por no tener una vivienda decente. Al
morir mi madre; llevé a mi padre; alquilé una casa muy
vieja, a pesar de haber varias cerradas, la adecentamos
como pudimos, donde tuve asquerosas vivencias de bichitos desagradables, ¡una espina en mi rosal! Se derrumbó a poco de mi marcha. Tuve tantas y tantas
cosas positivas y tan poquitas negativas.
En cuanto a mi vida profesional, al principio, tuve
que anular negativos por parte, ¿de quién? Hubo de
todo un poco, pero como suele decirse hablando se en-
35
RECUERDOS Y VIVENCIAS
tiende la gente y ya lo creo que entendieron. Yo con
mis niñas de 4 a 10 años fui feliz y digo de 4 porque no
había párvulos y las recogía no sólo, porque no estuvieran correteando por las calles, sino porque me interesaba prepararlas para cuando llegaran a los 6 y
también para paliar el intrusismo. Como eran tantas
me ayudaba bastante mi padre y en los paseos las enseñaba a tejer juncos haciendo graciosas cestitas y flores. Preparé a mis alumnas con bailes y tablas de
gimnasia cuando estuvo la Cátedra Ambulante de la
Sección Femenina y di dos conferencias “Comportamiento en la mesa” e “Importancia de la música en la
educación”. Presenté a mis alumnas en los concursos
provinciales, también organizados por la S. F. de Villancicos y Regionales sacando muy buena puntuación.
Organicé la Santa Infancia y estuvimos en el Cuadro de
Honor Nacional, mandando hacer a las Nazarenas un
banderín que bendijo el Provincial. O sea que colaboré
lo que pude y como pude; organicé unas bellísimas Primeras Comuniones, pero eso sí, los demás me ayudaron, colaboraron porque lo que se hace con amor y
alegría sale siempre bien.
Seis años sintiendo las brisas en mi rostro y que
hacía ondear los trigales como olas de amarillo mar,
donde algún pueblo en lontananza o chopo solitario,
rompía la monotonía. Donde el sol cae a plomo en el
estío haciendo buscar el frescor en los soportales de la
Corredera. Donde el pardusco color del adobe oculta
viviendas sobrias, bellas y limpias, donde sus gentes ca-
balgan a lomo de sus mulas kilómetros y kilómetros
hasta llegar a la tierra parda que espera el pinchazo del
arado, el pataleo inquieto de la yunta, la voz del gañan.
Tierra que espera inútilmente, día tras día el frescor de
las lluvias que termine su sed de años y la tristeza resignada que asoma a los ojos del paciente labrador, cansados de mirar su cielo extenso y azul, límpido,
esperando que se cubran de nubes, alegres a la vez, esperando que sus plegarias a su Virgen de Arconada, les
depare el bien que tanto sueñan, que tanto anhelan.
Notas
1 El frontal del altar, desapareció tras la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II, así como el tabernáculo que contenía el sagrario. Fueron sustituidos por una mesa exenta de piedra artificial y un sagrario
de plata y oro en el mismo lugar que el actual pero Bellas Artes obligó
a eliminar semejante aberración artística. La mesa del altar actual y
los ambones actuales son parte de lo que se eliminó, el frontal de cuero
que menciona Doña Loly, no se recuperó. Las águilas que hacen de
atriles estaban sobre la reja barandilla que cerraba el presbiterio en la
parte alta de la escalera. La puerta del sagrario actual era la puerta
del antiguo sagrario. El cristo que está sobre el sagrario estaba en la
capilla de acceso a la sacristía, ocupando el lugar donde actualmente
está San Isidro con su feo pedestal pintado de verde.
2 Titos en la zona de León de Doña Loly son lo que en Ampudia
se conoce como “muelas”.
3 Se refiere a Torremormojón, donde existía, saliendo hacia Baquerín de Campos, una barriada de casas derruidas que fueron demolidas en 1970.
4 Se refiere al Hospital de Sta. Mª de Clemencia, el cual describe, sin mencionar lo de hospital, más adelante con gran detalle.
5 Se refiere a oposiciones de Magisterio para ciudades de más
de 10.000 habitantes.
RECUERDOS Y VIVENCIAS
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Gracias,
AMPUDIA
PILAR BLANCO IGLESIAS
un bonito día primaveral cuando llegué
a Ampudia. Lo primero que aprecié fue
la belleza del castillo y la sobriedad de
su colegiata. A pesar de tanta belleza, yo estaba triste.
Nunca había vivido en un pueblo y nunca me había
separado de mi familia.
Mis primeros meses fueron duros y de lágrima fácil,
me sentía muy sola y extraña entre vosotros. Poco a
poco me fui adaptando, me cautivasteis con vuestras
costumbres y fiestas. Me enseñasteis tantas cosas. Me
sorprendíais constantemente.
Mi primera Navidad con vosotros fue estupenda.
Me contagiasteis vuestro espíritu navideño, y los Reyes
fueron algo nunca vivido anteriormente. Recuerdo su
entrada por mi largo pasillo, llenándolo de confeti y
caramelos, y la entrega de juguetes a mi hijita, ¡qué
ilusión!
Después llegaron los Quintos, con su original costumbre de pedir por las casas; unos huevos, unas patatas,
chorizos, lo que les diéramos, que todo les venía bien.
Y el día del Santo Ángel en la pradera de Alconada,
comiendo tortilla y rodando la naranja, ¡qué envidiable
camaradería y jolgorio!
La procesión de San Isidro, con los niños llevando
en sus cestas productos del campo. Gracias por permitir que mi niña fuera uno más de esos niños vestidos de
ampudianos.
También os agradezco la buena acogida a mi marido, que si bien respetabais como autoridad, también
compartíais con él muchas tardes de fútbol y muchos
ratos de ocio en los bares de Rufi, Nino y Ángel.
Y de la fiesta grande, qué puedo decir, espectacular, con sus peñas, su romería en Alconada, esos bailes
y paloteos a la Virgen con tanto fervor. Por la tarde, recuerdo los saltos que teníamos que dar para subir a los
remolques que rodeaban la plaza de toros. ¡Qué recuerdos tan inolvidables!
Era
Por fin, en octubre llegaba nuestra fiesta, el día del
Pilar. Con qué respeto y cariño nos felicitabais en la
puerta de la iglesia; qué alegría que muchos de vosotros
nos acompañabais al cuartel, a tomar un refrigerio y
conocernos un poquito más.
Nunca olvidaré un mes de mayo que trajeron al
pueblo a la Virgen de Fátima. Tempranito la sacasteis
en procesión y permitisteis que yo también la llevara en
hombros como una vecina más. Ese día dejé de sentirme forastera.
Aprendí tantas cosas en vuestro pueblo: a cocinar,
a tejer, a coger caracoles y setas. Incluso aprendí a andar
en bicicleta (que ya era hora a mis 25 años).
¿Pero sabéis que es lo que más me impresionó de
vosotros? Que cuando salía a la calle, no me conocíais,
pero todos me saludabais, y los más atrevidos me preguntabais: “¿De qué familia eres?”. Y siempre teníais
una palabra cariñosa o una caricia para mi bebé.
Con gran pena, a los seis años tuvimos que marchar. Sólo diré que si lloré al llegar, más lloré al alejarme de vosotros. Bueno, nunca nos alejamos del
todo, siempre que podíamos, o en ocasiones señaladas,
os visitábamos.
Pasaron los años y la vida y el destino nos unieron
de nuevo. Fue Ampudia el primer destino de nuestra
hija. Tuvo el honor de ser la primera mujer Guardia
Civil ahí destinada. Un orgullo para ella y una gran alegría para nosotros.
Gracias, Ampudia, muchas gracias por vuestro cariño. Desde el primer día nos abristeis vuestros corazones, nos tratasteis como a un vecino más, muchos,
como si fuéramos de vuestra familia.
Permitidme mencionar a nuestros grandísimos y especiales amigos, Jesu y Eva, que con gran generosidad,
además de sus corazones, nos abrieron su casa. Ellos
nos enseñaron a querer a Ampudia cada día un poquito
más. Gracias.
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PILAR BLANCO IGLESIAS
Los carteles pregonaban
por todas plazas y calles
la corrida de vaquillas
que allí iba a celebrarse,
por las fiestas de Alconada
y a las cinco de la tarde.
Con puntualidad inglesa
presidiendo está el alcalde,
seguido de un gran cortejo
de guardias y autoridades.
Apiñados junto al ruedo
niños, jóvenes y grandes,
ansiando están la señal
que dará el señor alcalde
para soltar las vaquillas
que han de correrse esa tarde.
Ya ha sonado la charanga,
abierto se ha la talanque,
y como una exhalación
viénese de los corrales
la vaquilla colorada
que casta tiene a raudales.
Voces, gritos y silbidos
profieren las andanadas,
y un revolcón en el ruedo
provoca las carcajadas.
La vaquilla es acosada
por mozos y por chavales,
y en el centro del anillo
ha plantado sus reales.
Se la chilla, se la acosa,
se la llama desde lejos,
y desde un carro que hay fuera
es citada por un viejo.
La vaquilla que se arranca,
y con ademán altivo
la barrera de la plaza
se ha tomado por olivo.
Y en precipitada huída
dirígese a campo abierto,
quedando tras de sus grupas
el terror y el desconcierto.
De inmediato se organiza
la operación de captura
que dirige ya el sargento
y ha bendecido ya el cura.
Tras de mucho ir y venir
y carreras dar por miles,
tomado ha una decisión
el jefe de los civiles.
Muerte ha de darse a la vaca,
esta ya es su decisión,
y presto nombra maestro
guardando el escalafón.
Cándido será el espada,
Jacinto el banderillero,
y si hubiera menester
Miguel el varilarguero.
Y en rápida ceremonia
Corporales le ha entregado
“tos” los trastos de matar.
para enfrentarse al astado.
Cándido, “El niño las tartas”,
que este nombre ya ha adoptado,
figurará en los carteles
para los toros de otro año.
Empuñando la herramienta
se dirige hacia el astado,
y citándolo de lejos
espera ser contestado.
Arráncase ya la res,
allí “El Candi” está esperando,
matándola a volapié
como los diestros de antaño.
Rodando queda a sus pies
el torito colorado,
con cuatro kilos de plomo
que el Cándido le ha largado.
Allí comienza el delirio
con grandes risas y cantos.
Y sin más formalidad
que la que él se ha tomado,
un mozo de alguna peña
se dirige hacia el astado
para cortarle una oreja
que al Cándido le ha entregado.
Y también hace mención
para a hombros transportarlo,
dejándolo allí en el suelo
después de haber comprobado
que más que un buen “matador”
este es un “peso pesado”.
El clamor sigue en el pueblo
y su nombre es coreado
por “colmados” y por peñas
que la gesta han presenciado.
Y esto así fue y sucedió
en la fiesta de Alconada,
de aquella vaquilla roja
que se fue de la manada.
Modestamente así fue
de una vaca con su furia.
Comento así las vaquillas
que este año por la fiesta
se corrieron en Ampudia.
Ampudia, 8 de septiembre de 1981
RECUERDOS Y VIVENCIAS
Tarde de toros
en Ampudia
RECUERDOS Y VIVENCIAS
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Impresiones
MARI CRUZ GARCÍA MIGUEL
Comenzaré como comienzan los cuentos, pero no
es “cuento”, sino mis más sinceras impresiones.
Érase el atardecer de un crudo día de invierno
cuando por vez primera visité Ampudia.
- Alguien: ¿Quieres conocer mi pueblo?
Mi respuesta no se hizo esperar.
En medio de la oscuridad, deslumbrante, estaba
“ella”, altiva, serena, majestuosa; velando por su pueblo, intentaba asir las estrellas.
Eran calles de silencio. Apenas una tenue luz se
hacía entrever por alguna ventana; la gente moraba en
sus casas.
Te visité muchas veces, Ampudia, de día y de
noche. ¿Sabes? A pesar de la sobriedad de tu gente, eres
entrañable.
Pueblecito palentino, lo tienes todo. Hasta un
hombrecito atípico y un colega de profesión,
con aspecto un tanto bohemio.
Nací en el campo
y no lo amé.
Monté a caballo
y yo temblé.
Paseé mis fincas
y no gocé.
En la madurez,
te conocí.
Yo enseñaba
y él me enseñó:
Oler a tomillo y romero,
sentir las caricias del viento,
oír los molinos de viento…
Admiré tu torre y castillo,
oré a tu virgencita de Alconada,
disfruté en tu verde Soto…
A caballo te recorrí
y feliz siempre volví.
39
Esto
El rodaje de la película el cid
JOSÉ VICTORIO VELASCO ROJO
l rodaje de la película El Cid fue un acontecimiento
que generó gran expectación en Ampudia hace
ahora cincuenta años y unos meses. Primero llegaron los equipamientos, que instalaron en grandes tiendas
de campaña en las eras. Después, los caballos. “¿Cuál de
ellos sería Babieca?”, nos preguntábamos. Más tarde, construyeron un decorado delante del castillo que representaba ser un pueblo saqueado, iglesia incluida, por las
hordas andalusíes. Todo el mundo esperaba la llegada de
los protagonistas, deseosos, sobre todo, de ver a Sofía
Loren, quien, para nuestra desgracia, no trabajaba en esta
parte de la película. Nos tuvimos que conformar con ver
a Charlton Heston, aquel guerrero que, en los últimos
años de su vida, cambiaría su espada por un rifle.
“¡Pedro, enciende!”, se oyó gritar en el inicio del rodaje. Y el decorado, que representaba el pueblo semiderruido con el castillo de fondo, ardió por los cuatro
costados, “muchas veces”, ante las miradas de los curiosos que allí nos habíamos reunido para presenciar el
evento.
Allí estaba Rodrigo Díaz de Vivar quien, de camino al
lugar donde se encontraba su amada que le esperaba para
casarse, tomó un atajo y decidió pasar por Ampudia. Apareció tras su espada, como si se tratara de un ángel enviado
por Dios atendiendo las plegarias de un clérigo que pedía
ayuda a una imagen de Cristo crucificado que se había salvado de la quema. El Cid no pudo hacer nada por los habitantes de aquel pueblo, que habían sido hechos cautivos,
pero, cosa extraña, logró capturar a los cabecillas moros
que protagonizaron el saqueo. Aquellos prisioneros musulmanes estaban maniatados a un palo y merodeaban por
entre las bodegas en sus ratos de descanso. Uno de ellos
tenía caracterizada una herida abierta y sangrante en el pómulo izquierdo que, a nosotros, tiernos infantes de la Castilla profunda de aquel tiempo, nos parecía auténtica.
Rodrigo decidió llevar la imagen de Cristo y a los prisioneros a Vivar (Torrelobatón) donde los liberó, logrando
así tener nuevos aliados y no enemigos, a pesar de que,
tanto sus soldados como el enviado del rey y los habitantes de aquel pueblo, pedían la horca para los cautivos.
Durante tres días, no hubo escuela. Lo cual quiere
decir que no hubo clase. Los chavales llevábamos ya semanas jugando con espadas y arcos, juguetes que nosotros mismos fabricábamos. Pero el rodaje, o algún detalle
relacionado con el acontecimiento, impresionó nuestras
retinas en un grado tal que ni alguno de sus protagonis-
E
tas fue, con el tiempo, capaz de recordar con tal precisión.
Unos diez años más tarde, haciendo autoestop con un
amigo por los pueblos de la provincia de Valladolid, nos
cogió un señor que conducía un R8. Al pasar por Torrelobatón, yo comenté que allí se había rodado alguna secuencia de la película El Cid. “¿Y tú, chaval, cómo lo
sabes?”, me preguntó el conductor. “Porque soy de Ampudia, en donde también se rodó un fragmento de dicha
película. Algunos de mi pueblo trabajaron como extras”,
respondí. “Yo también trabajé en esa película”, dijo y prosiguió: “Era estudiante de Derecho en Valladolid, vi el
anuncio de que necesitaban gente y me apunté. Pagaban
trescientas cincuenta pesetas y la comida consistía en bocadillos”. ¿Qué papel le tocó representar?, pregunté. “Hacía
de prisionero moro…”, se quedó pensativo y, tras una
breve pausa, dijo: “Recuerdo que me habían caracterizado
una herida en el pómulo derecho”. Yo, que iba en el asiento
de al lado, lo miré y le pregunté: ¿No sería en el pómulo
izquierdo? Por un momento se quedó ensimismado intentando hacer memoria y moviendo la cabeza en señal de
afirmación dijo: “Efectivamente, fue en el izquierdo”.
Me pregunto qué habrá sido de aquel buen hombre y
de todos aquellos extras que, hace cincuenta años, trabajaron en el rodaje de la película El Cid, cuando Ampudia,
por unos días, sin dejar de ser Ampudia, fue también
Hollywood.
RECUERDOS Y VIVENCIAS
¡es Hollywood!
RECUERDOS Y VIVENCIAS
40
Volver
MARI CARMEN GARCÍA PÉREZ
lego a Ampudia por la carretera de Dueñas
y cuando visualizo la descomunal iglesia,
mi vista hace que fluyan en mí tiempos de
niñez y juventud. Viene a mi memoria el
olor característico de la siega, de tierra mojada después de un aguacero de verano y tantos olores
que se agolpan en mi mente junto con los recuerdos
de los juegos de mi niñez. Jugaba a “la goma”, al castro, a pillar, al “esconderite” que es lo mismo que el escondite, a explorar las casas deshabitadas, en fin tantos
y tantos juegos que me hacían crecer.
Qué nostalgia del chocolate negro, los bocadillos
de chorizo casero, la mortadela y sobre todo las rebanadas de pan con nata fresca y un poquito de azúcar.
Recuerdo las meriendas el día uno de marzo (el día
del Ángel), tortilla de patata, chorizo y una naranja.
Con ese avituallamiento nos íbamos de excursión.
Los de la cuadrilla nos acercábamos hasta lo más lejos
que nuestros pequeños pies podían trasladarnos: a la
ermita de Castrillo; o siendo un poco aventureros nos
arriesgábamos e íbamos hasta el tejar, un lugar donde
se juntaba la inocencia y nuestro afán de buscar lugares misteriosos donde imaginar multitud de batallas y
aventuras.
Con tan solo diez años éramos unos consumados
espadachines, las chicas también, pues no entendíamos
qué era eso de la discriminación de sexos.
Hurgando en mi memoria encuentro entre mis recuerdos campo Ampudiano. En esta
tierra me enamoré de verdad por primera vez, sentí esas
L
mariposas en el estómago que se sienten cuando te cruzas con la persona que amas.
Es curiosa la facultad del cerebro para conservar
aquellos recuerdos que nos agradan y olvidar los que
más nos desagradan.
El sol tibio de un otoño castellano hacía cálido el
paseo por la costanilla, la subida al castillo, que para
mí era un castillo sobrio y viejo el cual tenía la facultad
de hacer bailar mi imaginación.
Soñaba con ser princesa, los amigos del pueblo eran
mis caballeros, salvo el niño que a mí me parecía más
guapo y al que por supuesto mi imaginación le otorgaba el título de príncipe.
Hace un año que vine a vivir a mi pueblo permanentemente, hacía más de veinte que solo venía algún
fin de semana. En esta ocasión lo hice llevando conmigo la decisión de quedarme para siempre.
Ahora paseando por los caminos de Ampudia vienen a mi memoria tantas cosas que se juntan en ella y
parece explotar esperando volver a vivir los momentos
más felices. No cambiarán los paseos bajo las estrellas,
una carrera en bici, un apretón de manos, una mirada
amiga, un pequeño recuerdo.
He aprendido tantas cosas… una tarde paseando he
aprendido más que en una clase de ciencias naturales. Y
la cosa más importante, he conocido el verdadero sentido de las palabras libertad y amistad. He llorado cada
final de verano como si la vida me fuera en ello.
Recuerdo el sabor de los platos sencillos que cocinaba mi madre sobre todo algunos domingos, caracterizados por matar algún
41
ILUSTRACIONES: CARLOS DEL OLMO
animal de corral para festejar el día. Gallinas, conejos
o pollos se sacrificaban para mí de manera casi misteriosa, solo cuando me levantaba por la mañana, antes
de ir a misa, podía ver al bicho colgando del clavo sobre
el enorme fregadero, ya desplumado y esperando su
lugar en la cazuela. A mi regreso la casa se inundaba de
un aroma delicioso a la hora de la comida.
Luego la música de tantas tardes de sol, de la siesta,
cuando sentada en la puerta de casa escuchaba en un
transistor cercano las melodías que Osio, mi vecino,
cantaba mientras yo iba imaginando, en una mezcla de
realidad y ensueño, que la gitana de la canción era yo
misma, ebria de amor y celos y, sin quererlo, mis pies
seguían los compases mientras permanecían en mi
mente los estribillos de historias sencillas.
La felicidad de mis trece o quince años. ¿Cómo describirla? Solo sé que necesitaba manifestarla porque no
podía cobijar tanto placer para mí sola. Sentía una necesidad de gritar a todos que merecía la pena vivir así,
con una plenitud tan grande.
Recuerdo que salía al corral, los animales me miraban curiosos y asustados; gallinas, patos y pollos corrían por todas partes mientras yo, abriendo los brazos
y con todas las fuerzas de mis pulmones, gritaba tras
ellos.
Ahora cuando paseo por las calles de mi infancia y
solo consigo ver casas vacías, donde seguramente hubo
tanta alegría, no puedo menos que pensar que tal vez
debió arruinarse el reloj que marca el transcurrir del
tiempo, que todo seguiría igual y que nada pudiera enturbiar
la paz y quietud que hubo dentro de aquellos muros.
Sin embargo sé que no todo está perdido, porque
cada vez que piso el suelo de Ampudia y percibo ese
olor a pueblo manifiesto nada más llegar, ese aroma
mezcla de leña quemada y primavera, mi mente vuelve
sin querer a aquellos felices días presididos por la despreocupación, días en los que reinaba la felicidad, y
vuelvo a percibir a través de los olores un contacto mágico que me transporta al pasado.
Cómo explicar que mi infancia estaba presente en
cada rincón de este pueblo, en el aire mismo que respiro. He vuelto a pasear por mi pueblo y él me ha hecho
el regalo más entrañable envuelto en papel de celofán tejido en sensaciones; me ha devuelto mi infancia.
¡Ah, la fiesta! Cuántos recuerdos me traen aquellos
días de septiembre, en que el pueblo servía de reunión
para todos aquellos hijos que se habían ido de él para
labrarse un futuro mejor.
Reencontrarse con las amigas de la escuela, recuperar las amistades de la infancia dispersas casi todas por
el destino que nos había empujado hacia cualquier esquina del mapa y volver a vernos era lo que hacía a la
romería tan especial, ya que era la pradera de Alconada
donde nos juntábamos todos y allí acudíamos, ataviados con las mejores galas para ver y ser vistos.
En este momento me siento afortunada porque
tengo algo que perdurará en mí mientras yo viva; así sé
que nada se ha perdido porque, como alguien escribió
una vez, nada es sagrado, excepto la integridad de nuestra alma.
RECUERDOS Y VIVENCIAS
42
Asociación de Amigos de la
Virgen de Alconada
¡Ven con nosotros!
En Ampudia vi la luz y mi sangre es ampudiana por generaciones;
también son de aquí mis amigos de
toda la vida, los de verdad; en Ampudia pasé mi infancia, mi adolescencia y también parte de mi madurez (si
alguna vez me llegó); y aunque desde
hace años vivo desterrado fuera, cada
vez que el morro de mi vehículo asoma
por El Medianero, siempre me viene a la cabeza el
mismo pensamiento: “Ya estoy en casa”.
Sé que no soy un caso particular, pues me consta
que les pasa algo similar a todos los ampudianos a los
que un día la necesidad intentó sin éxito arrancarnos de
aquí; porque todos sabemos que una cosa es nuestra
residencia y otra, muy distinta, entrañable, indiscutible, es nuestra casa. Y nuestra casa es y será siempre
Ampudia y de ella y de mi condición de ampudiano
presumo con orgullo allá donde voy; también de mi
colegiata, castillo y soportales, de las gentes de mi pueblo, pero sobre todo, sí sobre todo, de gozar del privilegio de llevar pegada al corazón a nuestra Virgen de
Alconada.
Como Epi, mentor y director de La Corredera, sabe
de mis andanzas por la Asociación de Amigos de la Virgen de Alconada, un buen día me ofreció un espacio
para que hablase de ella, de la Asociación quiero decir,
así que cogí papel y boli y me puse a rememorar andanzas desde su creación en aquel ya lejano noviembre
de 2005, haciendo un relato pormenorizado de todas
las aventuras y desventuras acaecidas durante todo este
tiempo.
Acabado de leer el borrador, arranqué con vehemencia la hoja que, tras canasta de 2 puntos, pasó a
MIGUEL ÁNGEL CASTRILLO MARCOS
ocupar un sitio en mi papelera. ¿Sabéis por qué? Porque me di cuenta de que lo que yo en
verdad quería transmitiros no era un frío relato de
nuestro caminar, que para eso ya tenemos nuestra web
y comunicaciones puntuales a todos nuestros socios; lo
que yo quiero y tengo ganas de transmitiros son emociones y sentimientos, pues de ambos he ido haciendo
acopio en el morral de mi alma durante este tiempo y
ahí han quedado grabados para siempre. Por ello mi
relato ahora comienza así:
“¡Qué emoción la que sentí aquel 25 de agosto de
2006, cuando nuestro párroco, D. Isaac, bendijo esa pequeña capilla levantada en el pago de “Las Virgencillas”
por más de 40 ampudianos y 7 albañiles que en la primavera y el verano de aquel año encharcaron esa bendita tierra con su sudor dominical y desinteresado!
Nuestra Virgen de Alconada ya tenía un nuevo hogar y
yo reafirmé mi convencimiento en la grandeza del pueblo ampudiano.
Una sonrisa pinté, caminito de Alconada, al ver remozado y completado el Via Crucis que le salpica y al saludar a la Cruz del Humilladero, que ha recuperado su
esbeltez después de unos años de inclinada competencia
con una torre italiana. Y qué decir de la Fuente de los Escudos de la pradera, a la que hemos lavado la cara y re-
43
RECUERDOS Y VIVENCIAS
Inauguración de la capilla de la Virgen de Alconada, 25 de agosto de 2006.
cuperado esas orejas que el tiempo se había comido. Y todo
ello gracias a ti, amigo socio, y a ti, y a ti también, 243
gracias os doy.
Y qué gozo siempre siento al ver a tantos ampudianos
bordar con sus huellas el camino al Santuario para disfrutar de esa Merienda de Amistad que todos los años
hacemos en nuestra pradera y que siempre acabamos con
el canto de la Salve a la Estrella que ilumina nuestros
campos, a la que también hemos visitado en Covadonga,
Valvanera, Montes Claros y la Vid.
Ahora ya me siento hermano de ese pueblo de Arconada al que nuestra Virgen volvió para airear esa morada donde más de un siglo vivió (no quise hacer poesía
y, sin querer, me salió). Ya saben los de Arconada, por si
alguna vez lo olvidaron, que en nuestro Santuario siempre encontrarán nuestro cariño, respeto y ese trato distinguido que se merecen.
Durante estos años también aprendí muchas cosas.
Me han contado mil historias de milagros de la Virgen,
me he topado con gentes desconocidas (más de las que yo
pensé) que acuden todos los años en peregrinación andarina hasta Alconada. Ahora me reafirmo más con D. Antonio (un profesor de instituto sevillano, que hace una
centuria se empapó de tierra soriana), en que el camino
no está marcado y que solo dejarás tu huella, si te atreves
a transitarle.
La Asociación de Amigos de la Virgen de Alconada
(lo he pregonado ya muchas veces), nació con el único objetivo de dar un testimonio de fe en nuestra patrona, la
que vela por nosotros, esa a la que tú hablas, a la que
también le hablaron de ti cuando lo precisaste, la que
marcó las pupilas emocionadas de tus padres y las de los
padres de tus padres; la Virgen ampudiana, la luz de
nuestros campos, abogada y confidente, nuestra Madre y
compañera.
Es mucho ya el peso de tantas generaciones de ecijanos,
arconadinos y ampudianos que han sabido mantener
viva esa llama. En este suspiro, estamos aquí nosotros y
queremos decirte Virgen de Arconada y de Alconada, que
llevamos con orgullo y con la cabeza alta ese tesoro de fe
que nos legaron. No queremos escondernos ¿Quién puede
presumir más?”.
El que no tenga fe, que no venga. Pero si tú eres de
los que han llegado hasta aquí en este relato y de los
que de tu boca han salido suspiros o requiebros a nuestra Virgen bendita, quizás puedas hacer un esfuerzo
con 6 euros cada año y unirte a nuestra aventura. ¡Tu
apoyo sería importante!
Pues eso, amigo Epi. Quizás no era esto lo que me
pediste, pero esto es lo que salió. No me costó mucho
escribirlo, sólo abrir el corazón.
ETNOGRAFÍA Y TRADICIONES
44
Chozos, pastores
y otras historias
de Ampudia
JOSÉ MARÍA IZQUIERDO BELMONTE
Q
CHOZO DE LAS QUEMADILLAS: Entre la Senda de Condillo y Los Hileros.
uiero contar, con la ayuda de algunos de nuestros mayores, cómo se vivía en Ampudia alrededor de los años
40 del siglo XX. En aquella época, Ampudia era tierra
de muchos viñedos, por eso estaba rodeada de tantas
bodegas; y alrededor de las eras había muchos palomares, donde se arrullaban las palomas al llegar la primavera. También había muchas minas de yeso por las
laderas del pueblo y los hornos y las fábricas que estaban en la Calle de los Yeseros; y por el campo había
más de 40 chozos, todos con sus corralizas, donde los
pastores guardaban las ovejas, en muchas épocas del
año, en compañía de sus perros y zagales. Todos tenían
la cara curtida por los aires ásperos; para dormir ponían su zurrón de cabecera y se tapaban con su capa en
las noches frías del invierno.
Muchos no sabían leer ni escribir, pero sí sabían
cumplir con su deber como buenos ciudadanos. Siempre estaban muy alegres, y muchas veces cantando,
aunque siempre pendientes de su trabajo. Gracias a
ellos, nunca faltaba la leche, ni el queso, ni la carne de
lechazo, ni la lana con la que nuestras abuelas hacían
colchones para dormir y resguardarnos del frío. No tenían vacaciones, ni un solo día de descanso; sólo el día
de Reyes cantaban sus villancicos, que ellos mismos se
inventaban, al Niño recién nacido en el Portal de Belén
en la iglesia del pueblo.
Hoy todas estas historias sólo están en la memoria
de los que les conocimos y convivimos con ellos.
Ahora algunos de los pastores ni siquiera salen del
pueblo, y en el campo ya no quedan más que dos o
tres chozos para el recuerdo; por eso a mí me gustaría que les hicieran un monumento a los más de 100
pastores que han vivido en este pueblo desde los años
40 hasta nuestros días, parecido al que se hizo a los
yeseros hace ya algún tiempo, para que cuando lo
contemplen las futuras generaciones sepan cómo vivían en aquella época los pastores y vecinos de Ampudia.
A mí me gustaría también que todos los que lean
estas historias sientan en sus corazones el mismo amor
hacia todo lo que les rodea como mi corazón lo está
sintiendo mientras las voy escribiendo.
45
ETNOGRAFÍA Y TRADICIONES
Chozos y corralizas
Estas eran las corralizas que existían en los campos de
Ampudia, en los años 40, casi todas con sus chozos correspondientes
Una corraliza que se llamaba la Rinconada; estaba
en Don Dinero, pegando al monte.
Otra, muy cerca, que se llamaba el Chocho.
Otra que se llamaba Don Dinero; estaba pegando
a la Colada y era de las Anselmas.
Otra que se llamaba de Agustín de Baños; era de
Don Pedro Castrillo y de Cayo Aguado.
Otra que se llamaba la Quebranta, pegando a la
Colada; era del Madrileño y de las Anselmas.
Otra había en el colgadizo de Vidal García; era de
Mariano Castrillo y de las Anselmas.
Otra había en Canalejas, que era de Miguel Villamediana y de Nicolás Atienza.
Otra que se llamaba el Corral de Bruno; era de
Tomás Rodríguez, de Luis González Camacho y de las
Anselmas.
Otra que se llamaba el Majuelo de Merengue; era
del señor Bruno Zarzuelo.
Otra había en la Bolera, que era de Manuel Velasco.
Otra que se llamaba el Condillo; era de Fortunato
Polanco, vecino de Pedraza.
Otra que se llamaba Don Gil; era del señor Félix
Sabas.
Otra que también se llamaba Don Gil, que era de
Eduardo Tovar, de Tarta, de Tomás Rodríguez y de Luis
Velázquez.
Otra había en Valdelacueva, que se llamaba el
Chozo Pequeño; era de Juan Abarquero.
Otra, igualmente en Valdelacueva, era de Vidal
García y de Eutiquiano Herrero.
Otra que se llamaba el Portillo; era de Ladis Castrillo y de las Anselmas.
Otra que estaba en el Medianero y era de Juan Gutiérrez.
Otra había en Lagunilla, que se llamaba el Corral
de Tomás; era de Jacobo y de Tomás Castrillo.
Otra que se llamaba Laguna Diego; estaba a la iz-
CHOZO DE DON GIL: Entre las laderas de la Zarcilla
y Calvario Bodero.
quierda del Camino de Boada y era de Don Pedro Castrillo y de Tomás Castrillo.
Otra había en la Tariega, que era de Ángel García,
de Don Pedro Castrillo y de las Anselmas.
Otra en las Tomasas, que era de Vidal Domicio y
de las Anselmas.
Otra había en Nava Escobar; era de Ladis Castrillo.
Otra que se llamaba Isidoro; era de Tomás Rodríguez, de Caracol, de Pirata y de Luis Velázquez.
Otra en el Soto; era de Juan Gutiérrez.
Otra que se llamaba de Elías; era de Don Pedro
Castrillo y de Cayo Aguado.
Otra que se llamaba la Vieja y era de Luis González.
Otra llamada el Cascajo, que era de Julio Barriga,
vecino de Villerías.
Otra que se llamaba Pata y Palo; era de Ladis Castrillo.
Otra que se llamaba el Matocal y era de Marcelo
García.
ETNOGRAFÍA Y TRADICIONES
46
EL CORRAL ALTO: Entre la Senda de Meneses y el Arroyo de la Bocacha.
CHOZO DE CARROVERDE: Entre el Camino de Rioseco y el Camino de Villerías a Valoria.
Otra que se llamaba el Chozo Colorado, que era
de Galindo.
Otra que había en el Pollo; era del Ayuntamiento.
Otra en el Corral Nuevo, que era de Nazario Peinador.
Había otra pegando al Monte de la Torre, que se
llamaba del Camino de Alconada, porque por allí venían los devotos de la Virgen desde Dueñas. Salían de
Dueñas por el valle de la Villa Jana y en el Monte de
Santa Cecilia cogían el Camino del Batán hasta el
Monte de la Torre. Allí tomaban una senda que iba por
el monte del Carrascal y salían hacia las Tres Hermanas.
Luego seguían el camino de Canalejas hasta llegar a Alconada.
Otra corraliza estaba en las Revillas, que era de Mariano Castrillo.
Otra había a la derecha del Camino de Herreros; se
llamaba el Hoyo del Chispas y era del boticario y de
Ángel García.
Otra había en la Bolera, que se llamaba el Cardón.
Otra en el Corral Alto, que era de las Anselmas.
Finalmente, otra que se llamaba de Carro Verde; estaba junto a Carro los Hoyos y, según las noticias que
tengo, hubo por allí un pueblo llamado Villaverde que
con el paso del tiempo, por las pestes que hubo en
aquella época, desapareció y se repartieron las tierras
entre Villerías, la Torre y Ampudia.
47
Caseríos y casas de campo
En la Molinera, que está a la derecha del Camino
de Valladolid, muy cerca del Monte de Ampudia, vivía
el señor Rafael Buena con su mujer, la señora María
Ángeles y allí nacieron sus hijos Eufemio, la Tita, la
Eladia, Pepe, Matías y Tasio.
En la Casa de las Gilas, que está a la izquierda de
la carretera de Valladolid, pegando a la Colada, estuvo
de guarda temporal, cuidando el viñedo, el señor Máximo Gallardo y después Ricardo Villamediana.
En la Dehesilla vivía uno que se llamaba Reverte,
otro que se llamaba Juanucho, y la que estaba encargada de la finca se llamaba Albina. Cuando cogió el caserío Cayo Pombo, lo convirtió en una “finca agraria
ejemplar”, hizo más de 20 pozos y llegó a tener más de
30 obreros en muchas temporadas.
En los Salamanquinos vivía el señor Nazario Peinador, de apodo Chupa Charcos, con su mujer la señora Tomasa, que era de Meneses, y allí nacieron sus
hijos: Mercedes, Teófila, Alejandra, Victoria, Margarita y José. También vivía allí el cuñado del señor Nazario, que le llamaban el Chispas y, cuando éste se fue
a Madrid, le compró las tierras el señor Nazario.
En el Monte de la Torre estaba de guarda el señor
Rafael Buena con su mujer y sus hijos que se fueron
allí desde la Molinera. Cuando falleció el señor Rafael,
se quedó de guarda Eufemio, con su madre y sus hermanos. En el año 44 fuimos nosotros desde Villegas, la
familia de los Melitones, que así nos llamaban en aquella época porque muchos pensaban que era un apodo,
y estuvimos allí hasta que yo vine de la mili.
En Rayaces, en aquella época vivía uno que se llamaba Clinio, que era de Santa Cecilia. Rayaces fue un
pueblo, según las noticias que tengo, desde el siglo X al
XIV. Desapareció por una peste que hubo en aquella
época, que llamaban la “peste negra”. Yo he conocido
algunas columnas de la iglesia y algunos de los retablos
que, según creo, están ahora en Alconada. El cementerio estaba en la falda de la Cuesta Solaranas, a la izquierda del camino que sube a las Quemadillas y que
va hasta Pedraza.
En el Soto Caballo, cuando se lo compraron a
Pombo los Inclanes de Villamartín, hicieron la casa que
todos nosotros hemos conocido, y allí estuvo de guarda
el señor Fabián y su mujer, que se llamaba Kika.
LA MOLINERA: Antes de su reciente reconstrucción.
LA CASA DE LAS GILAS: Entre la Colada
y la Carretera de Valladolid.
Cuando lo compró el señor Mariano Castrillo hizo los
gallineros y una panera que había más abajo. Estuvo
de guarda el señor Emiliano Balbás y su mujer, la Isidra. En los gallineros estuvo el señor Marcos Gredilla;
después Miguel Gallegos y su mujer Esperanza, y más
tarde Teodoro Pintico y su mujer Lorenza. En la misma
ladera estaba la Huerta de Don Pedro, el médico, y estuvo de guarda el señor Tomás Gallardo; también tenía
un colmenar muy bonito y en la falda del Bon había
otro colmenar que era del señor Desiderio Castrillo.
En la Ermita de Alconada estaba de ermitaño el
señor Santiago Gómez, de apodo Menudo, con su
48
LA VILLAJÁN: Entre la Senda de los Torrejanos y Valdelacueva.
En Villa Sargentillo vivía el señor Basilio, que descendía de Madrid y su mujer Adriana, de apodo Chalupa. Para llegar al pueblo venían por el mismo sendero
que los de la Villaján.
En la Casa de las Anselmas vivía el señor Miguel
Barona, de apodo Calavera.
En la Muela vivía uno llamado Crone; era sobrino
del señor Miguel, el lechero, y su mujer se llamaba
Lidia.
Vistalegre, que está muy cerca de la Muela, era de
la familia de los Tovares. Estaba todo de viñedo, pero
al dejarlo abandonado se perdió y lo roturó Tomás Castrillo.
La Casa Rusa es una especie de chozo que está en
Pedregales, en una tierra de Jesús Peña. Allí vivió temporalmente el señor Julián; abajo metía la burra, en la
segunda planta vivía él y arriba tenía un pequeño palomar.
En la Casa del Madrileño vivió temporalmente Vitorino Zarzuelo.
En la Ermita de Castrillo hubo un pueblo que, con
el paso del tiempo y las pestes, acabó por desaparecer.
La Casa del Bierzo estaba a la izquierda del Camino
de Rioseco, muy cerca de la Ermita de Castrillo. Allí
vivía Salvador Gómez con su mujer, Rufina Requena.
Lo llamaban el Majuelo del Bierzo porque el señor Salvador era de la parte del Bierzo, en León. Era un majuelo muy bueno, todo rodeado de árboles frutales; en
el verano trillaban allí para tener cuidado del viñedo.
Y para terminar, en la cuesta del Retiro, en una
cueva, vivió uno llamado Ricardo; por eso la llamaban
la Cueva de Ricardo.
LA CASA DEL MAJUELO DE LAS ANSELMAS: Entre la Carretera de Villerías y el Camino de Castromocho.
mujer Tarsila y sus hijos: Estela, Eulalia, Carlos, Eugenio y Eutropia. Los dos hijos profesaron como religiosos y fallecieron muy jóvenes; el padre era además
zapatero. A por el agua iban a una fuente que había a
unos 700 metros del camino que sube a las Quemadillas, conocida como Fuente del Sepulcro por la forma
que tenía. Me gustaría que la reconstruyeran.
El Majuelo de Bigote estaba también a la derecha
del camino que sube a las Quemadillas; lo plantó el
padre del señor Saturnino Merengue y en él vivió José
el Tuerto, que se pasaba allí casi todo el año porque le
gustaba mucho la caza.
En la Villaján vivió uno que se llamaba Tomasuco
con su mujer Martina. Trabajaban para el señor Álvaro
Velasco, que era de Baquerín. Después se quedó a trabajar para el señor Félix Sabas, que fue quien la compró. Para venir al pueblo lo hacían por el Sendero Agrio
que venía por Solapeña.
LA CASA RUSA: Entre el Camino de Rioseco
y el Arroyo Mataborricos.
49
Cecilio Gredilla
Anastasio Gredilla
Fidel Gredilla
Simón Gredilla
Jesús Gredilla
Mariano Gredilla
Antonio Gredilla
Félix Gredilla
Marcos Gredilla
Anselmo Gredilla
Benito Bello
Anastasio Bello
Miguel Bello
Juanito Bello
Vicente Bello
Luis Gallegos
Eduardo Gutiérrez
Ocio Gutiérrez
Juan Gutiérrez
Manolo Gutiérrez
Jesús Gutiérrez
Eugenio Ochoa
Eutimio Ochoa
Donaciano Ochoa
Dona Ochoa
Manuel Ochoa
Miguel Criado
Manuel Criado
Bautista Criado
Rafael Criado
Lolo Criado
Mario Gallardo
Uco Gallardo
Balbino Gallardo
Miguel Gallardo
Jesús Gallardo
J. Carlos Gallardo
Manolo Paramio
Roberto Paramio
Sergio Paramio
Feliciano Paramio
José Paramio
Toño Paramio
Miguel Bodero
Agustín Bodero
Víctor Hoces
Agustín Hoces
Manolo Hoces
Celestino Hoces
Isidoro Barona
Ambrosio Barona
Manolo Velasco
Julián Velasco
Tiburcio Beledo
Vicente Beledo
Laureano Asenjo
Julián Asenjo
Mariano Asenjo
Pedro Castrillo
Felipe Castrillo
J. Manuel Serrano
Nono Esteban
Lucinio Ariño
Claudio Merino
Andrés Cardona
Genaro Calita
Aniano Elvira
Juanito López
José Marcos
Raúl de Castro
Justino Quindós
Simeón Rodríguez
Emilio Esteban
Francisco Carnero
Antonio Montero
José Calvo
Gonzalo El Pimba
Agapito el de Dueñas
Tiburcio Pechugón
Claudio Caravuelta
Jesús El Nini
Daniel Cagalera
Perjuicios
Juan Carlos
Jilete
Rubén
Tarugo
Chachas
Ebodio
Fraile
Venancio
Dominguín
Y otros más
Los pastores de este pueblo
siempre al Niño lo adoraron,
a los que hemos conocido
y que por aquí pasaron.
Y decían así:
Los pastores y los Reyes
fueron juntos a por leña
para calentar al Niño
que nació en la Nochebuena.
Los pastores no son hombres
que son burros animales,
comen sopas en perolas
y oyen misa en los corrales.
Los pastores no son hombres
que son ángeles del cielo,
que en el parto de María
ellos fueron los primeros.
:
Vamos corriendo, vamos a ver
a Donaciano que canta bien,
al tío Venancio y a Santiaguín
a los del Nini y a Musulín,
a Pintamonas y a Figurín.
Casa santa, casa santa,
casa del Verbo Divino,
échanos la bendición
que nos vamos de camino
ETNOGRAFÍA Y TRADICIONES
Nombre de pastores de Ampudia
ETNOGRAFÍA Y TRADICIONES
50
La
dulzaina
JOSÉ IGNACIO IZQUIERDO MISIEGO
E
l llamado Diccionario de Autoridades publicado
en 1726, y que viene a ser la primera edición del
actual y oficial Diccionario de la Real Academia
de la Lengua, define la dulzaina como: instrumento músico, a manera de trompetilla. Úsase en las
fiestas para bailar: tócase con la boca, y es de tres
quartas de largo, poco más o menos y tiene diferentes
taladros en que se ponen los dedos. Parécese en la figura á lo que oy llamamos Fláuta dulce. Usaron
mucho los moros deste género de instrumento, y aun
oy se usa mucho en los Reinos de Murcia y Valencia.
Su etymologia procede de la dulzura de su sonido ú
de la palabra Dulciana con que en la baxa Latinidad nombraron a cierto instrumento Músico de estas
mismas circunstancias. Y cita luego como soporte
erudito de tal definición un pasaje del Quijote (capítulo 26 del tomo segundo) donde el protagonista dice: ...porque entre Moros no se usan
campanas, sino atabales y un género de dulzainas que
parecen nuestras chirimías.
En tal definición y en la cita ilustrativa, pese a
su brevedad, se resume lo esencial acerca de la naturaleza y origen de este popular instrumento que
muchos sentimos como parte sustancial de nuestros recuerdos y vivencias más íntimas.
La dulzaina, en efecto, emparenta con la chirimía y toda la familia de instrumentos de doble
lengüeta y tubo cónico con orificios, entre los cuales el oboe sería el representante más culto del género y las variantes populares del mismo principio
productor de música innumerables: nuestra versión castellana es similar, aunque con diferencias
(en la construcción, afinación y timbre final) a la
gralla catalana (muy vinculada a su vez a la llamada graille del Languedoc francés, con múltiples
variantes de los llamados hautbois populaires -oboes
populares- en el resto de Francia), a la dolçaina valenciana, a la pita murciana, a la gaita navarra y
aragonesa o a la xirimita alicantina. También la llamamos por aquí charambita, término cuya raíz etimológica sin duda coincide con la de la chirimía
y la mencionada xirimita.
51
ETNOGRAFÍA Y TRADICIONES
La mayoría de los musicólogos reconocen un origen próximo musulmán para la
dulzaina, si bien se han señalado también
antecedentes lejanos en instrumentos de
lengüeta usados en antiguas civilizaciones
del Medio Oriente (Mesopotamia) y en la
Grecia y Roma clásicas (por ejemplo el llamado aulós). Suponen estos expertos que en
la mayor parte de Europa se empezarían a
fabricar instrumentos parecidos a los llamados albogues árabes (con lengüeta doble
y cono de cuerno) a raíz de las Cruzadas,
entre los siglos XII y XIII, aunque en la Península Ibérica pudo haber una más temprana influencia habida cuenta de la
ocupación musulmana desde el siglo VIII.
La versión más simple o primitiva de la
dulzaina consta de una boquilla cónica (en
los modelos más recientes de metal, de
nombre tudel) donde se inserta la lengüeta
(caña -por ser de este material preferentemente- o pita); el tudel se ajusta al tronco
principal del instrumento que está mode-
lado en madera consistente, de encina, olivo o boj
en las variantes más tradicionales, de palosanto,
granadillo o ébano en modelos más recientes, aunque también se pueden encontrar ejemplos talla-
dos en maderas blandas como el
fresno, la higuera o el saúco. El
tronco muestra tres partes claramente apreciables: el llamado
cubilete (donde ajusta el tudel),
el cuerpo donde se practican
siete orificios destinados a la digitación sonora (seis en la parte
frontal y uno más pequeño en la
opuesta) y la campana o bocina
terminal destinada a amplificar
el sonido.
A partir de finales del siglo
XIX este modelo simple, con
una capacidad sonora limitada
(escala diatónica) se empieza a
completar añadiendo llaves que
permiten obtener toda la gama
de semitonos musicales (escala
cromática); destacan en esta labor de perfeccionamiento las aportaciones del constructor y dulzainero vallisoletano Ángel Velasco, que dio a la
dulzaina castellana el diseño que nos es más fami-
ETNOGRAFÍA Y TRADICIONES
52
liar hoy día (dulzaina de 8 llaves, hay otros modelos hasta con 12).
Todos estos detalles técnicos son relevantes para
conocer mejor este instrumento, pero sin duda lo
más importante para quienes nos hemos criado en
el medio rural es ese vínculo invisible que ha quedado impreso en nuestro inconsciente personal y
colectivo entre el sonido de la dulzaina y el ambiente de fiesta. Ese sonido dulce, sí,
de ahí su nombre, pero también contundente, a veces estridente y un
tanto primitivo, que sirve lo mismo
para inducir a la oración que para
animar un desfile o amenizar un
baile popular multitudinario.
En Ampudia contamos con
abundantes testimonios de la utilización de la dulzaina en todo tipo de
fiestas y celebraciones desde hace siglos. Su presencia era obligada especialmente en las ceremonias
relacionadas con la devoción a la Virgen de Alconada: en algunos Libros
de Cuentas de la Cofradía de los Pastores correspondientes al último
cuarto del siglo XVIII y primera
mitad del XIX, que hemos podido consultar en el
Archivo Parroquial, aparecen regularmente partidas de gastos en músicos y danzantes que se contrataban para las fiestas del 8 de septiembre y
domingo del Ofrecimiento. Por ejemplo, en las
cuentas del año 1798 firmadas por los Mayordomos Melchor Pérez, Josef Sánchez, Nicolás Sánchez y Manuel Peinador (nótese que en la época
53
había hasta cuatro mayordomos anuales) y actuando como secretario Cipriano del Río (a la
sazón canónigo de la Colegiata), se hace constar:
Mas doy en data ciento diez y seis reales gastados
en Danzantes, Robla y Tamboritero según hizo constar en cuenta por menor... (el tamboritero era el dulzainero y la llamada robla o robra era el refresco
que se les ofrecía, constituido habitualmente por
avellanas, obleas y vino).
Hubo años en que la mencionada Cofradía
tuvo su dulzainero de plantilla, por decirlo de alguna forma, es decir, adscrito de alguna manera a
la propia Cofradía con una asignación fija, que recibía algunos pagos extra si tocaba en fechas distintas a las de obligación (los citados 8 de
septiembre y Ofrecimiento). Por ejemplo en las
cuentas del año 1812-1813 (los mayordomos y la
contabilidad tenían vigencia desde el domingo del
ofrecimiento de un año hasta la misma fecha del
siguiente) se anota:
...Más son data cincuenta y ocho reales que pagué
a Alonso Higelmo, tamboritero de esta Cofradía, en
esta forma: cinquenta reales por tocar el día de Ntra.
Sra. de Agosto de que no está obligado y los ocho restantes por el día de la festividad de nuestra Patrona
como es costumbre...
También el Cabildo de la Colegiata contrataba
a veces músicos para procesiones o ceremonias, si
bien con preferencia por formaciones más cultas.
En los Estatutos de la Colegiata que estableció el
Duque de Lerma (confirmados en 1609) se contemplaba la posibilidad de que, aparte de un coro
de niños permanente, se contrataran otros cantores y ministriles que pareciere recibirse lo cual quede
a elección del Abad y Cabildo con aprobación del Patrón y se les dé el salario que al Abad y Cabildo pareciere. Especialmente esto se hacía en la fiesta del
Corpus, cuya procesión, según los mismos Estatutos, ...se ha de hacer solemnissima llevando todos
los de la Iglesia candelas encendidas mostrando así
con las campanas como con otros instrumentos de
música mucha alegría y contento espiritual en reconocimiento de tan gran merced y Beneficio como
nuestro Sr. fue servido de hacer al linaje humano...
También el día de Alconada a veces se contaba con
música contratada por el Cabildo, aparte de la sufragada por la Cofradía: en el año 1859 consta en
los Libros de Hacienda del Cabildo un gasto de 57
reales que se gratificaron a los músicos de Dueñas por
tocar en la procession e intervalos en la misa de Alconada.
Tenemos suerte en Ampudia de haber mantenido vivo el uso de la dulzaina hasta nuestros días,
gracias al esfuerzo de sucesivas generaciones de
dulzaineros y danzantes, cuya dedicación y trabajo
merece toda gratitud y el máximo apoyo institucional y colectivo. Si algún día faltaran los aires de
la dulzaina en nuestras fiestas populares, estaríamos ante un síntoma inequívoco de riesgo de extinción para una parte sustancial de nuestras raíces
vitales y de nuestro rico patrimonio cultural.
AMPUDIA EN LOS LIBROS
54
César González-Ruano,
el escritor que
se enamoró de Ampudia
DANIEL FRANCO ROMO
scritor prolífico, César González-Ruano
(Madrid, 1903-1965) cultivó a lo largo de
su vida prácticamente todos los géneros literarios. El conjunto de su obra supera el
centenar de títulos. Una dilatada producción en la que se dan cita novelas como Circe (Novela
de los oasis saharinos) (1935) y Ni César ni nada (1951);
poemarios como Viaducto. Epopeya inconexa y simultánea de 1920 (1925), considerado la expresión más acabada de su paso por el movimiento ultraísta; memorias
como Mi medio siglo se confiesa a medias (1951), para
muchos su libro más importante, y Diario íntimo
(1951-1965) (1970); o biografías como Baudelaire
(1931).
Ninguno de estos textos ha evitado, sin embargo,
que González-Ruano haya sido durante años un autor
semiolvidado. Sólo en las dos últimas décadas se ha
emprendido la tarea de recuperar su obra, con la reedición de algunos de sus libros y la realización de diversos estudios críticos sobre aspectos parciales de su
bibliografía. Esfuerzos a menudo encaminados a reivindicar para él un lugar que hasta ahora no ha logrado
en la historia de la literatura española del siglo XX.
Únicamente su producción periodística ha obtenido un reconocimiento generalizado, siendo la parte
de su obra que más se ha difundido y que mejor se conoce. González-Ruano escribió artículos, reportajes,
crónicas, necrológicas, y entrevistó a diversas personalidades de la época en las páginas de ABC, Arriba,
El Alcázar, Heraldo de Madrid, Informaciones, La Vanguardia Española, Madrid o Pueblo, por citar algunas
de las cabeceras en las que puso su firma. Como muestra de la importancia de su trayectoria en este campo,
la Fundación Mapfre concede anualmente el Premio
César González-Ruano de Periodismo a un artículo
publicado en la prensa española.
E
Al igual que tantos otros escritores de su generación,
González-Ruano entró en el periodismo por necesidad
económica. Los periódicos fueron para él un medio de
subsistencia, pero sin renunciar a realizarse como escritor
en sus páginas. De hecho, se sentía literato, no periodista, y así lo manifestó en varias ocasiones: “Nunca me
interesó mucho ni poco el periodismo como tal periodismo, y lo tomé como medio más que como fin, procurando desde mis primeros momentos hacer literatura en
periódicos más exactamente que periodismo literario”,
dejó escrito en sus memorias. En efecto, aunque en ocasiones la prisa periodística se imponía al sentido de la estética, en general los innumerables textos que
González-Ruano escribió para ser difundidos en periódicos sobrepasan casi siempre los límites informativos y
van más allá de la mera intención de dar noticia de lo
que pasa en el mundo. La actualidad era para él una excusa para la escritura, tratando de encontrar lo intemporal en lo circunstancial.
En el otoño de 1959, formó parte del viaje colectivo de escritores y periodistas que recorrió los pueblos
de Tierra de Campos por iniciativa del entonces gobernador civil de la provincia de Palencia, Víctor Fragoso del Toro, como forma de promocionar la
comarca. En Ampudia, González-Ruano se quedó
prendado del castillo, que por aquel entonces presentaba un estado ruinoso, y decidió comprarlo. Llegó a
un acuerdo con su propietaria, Araceli de la Lastra,
condesa de la Granja, pero antes de hacer efectiva la
operación se echó para atrás. Como es bien sabido, finalmente fue Eugenio Fontaneda quien lo adquirió, en
1960, para proceder a su posterior restauración y recuperación. El propio González-Ruano cuenta la frustrada compra –sin nombrar explícitamente al castillo
de Ampudia– en el artículo “Los castillos y la vida
breve”, que se reproduce íntegro a continuación.
Fuente:
ARDAVÍN, Carlos X. (ed.) (2005): Vida, pensamiento y aventura de César González-Ruano. Gijón: Llibros del Pexe.
55
CÉSAR GONZÁLEZ-RUANO
No me he comprado de milagro un castillo. Casi todos mis amigos lo saben.
Ya teníamos la escritura en el notario. Lo vendían por muy poco dinero. Es uno
de los castillos más importantes de España y estaba por fuera bastante bien conservado. Es uno de los varios castillos de la provincia de Palencia, esa hermosa región española cuya riqueza monumental y cuya nobleza de sus gentes cautivan al
visitante, así como la desolada grandeza de su Tierra de Campos.
En mi último viaje a Palencia, del brazo entrañable de uno de los más inteligentes y finos valores de la nueva generación literaria, Salvador Jiménez, escritor
de buenas letras y una de las criaturas de alma más esbelta que he conocido, vi muchas cosas cuya impar importancia sobrecogía. ¡Señor, qué tierra aquella! No se
puede dar un paso en Palencia sin darle gracias a Dios –allí donde está tan cerca
del hombre– por la merced infinita de tener ojos para mirar y alma para ver.
De pronto vimos un castillo sensacional, un enorme castillo militar en un
pueblo encantador cuyo nombre creo más prudente callarme. Me enteré de quién
era su propietario, en este caso propietaria, y cuando llegué a Madrid fui a visitarla. Era una joven señora, aristócrata, encantadora, de culta conversación y grata presencia. Vendía el castillo no por necesidad, sino en el convencimiento de que no lo podía atender. Entonces combinamos un precio y todo quedó virtualmente pendiente
de ir al notario.
Pasé unos días casi voluptuoso, procurando sincronizar mis ilusiones con mis posibilidades, difícil tarea en
quien tiene menos posibilidades que ilusión. Como la empresa era para mí colosal, pensé en, de momento, arreglar bien una de sus torres y dejar el resto como está, respetándolo, por supuesto, pero sin meterme con ello.
Un cierto retraso en los trámites necesarios me fue haciendo cambiar de opinión. Comprendía que por muchos recibos de artículos que se le echaran al castillo, allí nunca conseguiría hacer nada digno de su grandeza. Uno
es un nuevo pobre que tiene en la dolorida memoria las ventas familiares de palacios y casas solares que hubo
que vender más que porque no se pudieran tener, porque resultaba imposible mantener.
Hoy he renunciado, con alguna tristeza, a la compra del castillo. No se debe moralmente tomar posesión en
la vida de nada que no se pueda sostener con rango, y la falta de imaginación de instituciones y de personas
hacen difícil que uno pueda pedir auxilio para tener un castillo. La ayuda para algo que parece suntuario irrita
y no encuentra eco.
La vida es breve y se ha de calcular que es brevísima en criatura que, como uno, ha cumplido ya los cincuenta
y seis años. No me daría tiempo para arreglar decorosamente ese castillo en Tierra de Campos. Pero, ¿qué hace
la gente rica? ¿Es que la suerte de los castillos que quedan en pie no puede ser otra que el de la rapiña sórdida de
sus piedras o el que sean convertidos en silos? Abruma la falta de sensibilidad tan frecuente en los poderosos, la
modestia, entre ridícula y pobretona, de sus ambiciones. ¿Es que a los mecenas no se les puede pedir más que
para penicilina?
Parece que no. Parece que hay razón que no tiene razones. O razones a las que no se las reconoce razón. En
un país tradicional como España es relativamente sencillo armar un tinglado para levantar un rascacielos, pero
imposible conseguir un duro para que un castillo no se vaya al diablo sin que la pena salga al auxilio de la gloria.Ya lo sabéis, palentinos. Hubo un forastero enamorado de vuestra tierra y de un castillo del cual, para borrarle
de la memoria, ha roto las fotografías que durante unos días llevó en el bolsillo izquierdo de la americana.
Junto a su corazón.
Publicado por primera vez en el diario madrileño Informaciones y recogido más tarde en el libro colectivo Viaje por Tierra de
Campos. Otoño de 1959 (Palencia: Diputación Provincial, 1960, pp. 117-119), testimonio de la visita en la que González-Ruano
conoció Ampudia.
AMPUDIA EN LOS LIBROS
Los castillos y la vida breve
AMPUDIA EN LOS LIBROS
56
los po
Ampudia
de
Castilla alzada en páramos y almenas,
clamor en piedra, réplica en murallas,
en donde tú, Tierra de Campos, hallas
gozos de sol y llantos de cadenas.
En donde esculpes siglos y los llenas
de un ayer sordomudo de batallas
y, comunera de silencios, callas
para que hablen por ti las azucenas.
Ampudia, abajo, sesteando olvidos,
Colegiata en trigal, torre en espiga,
deja pasar el tiempo hacia la historia.
Se han quedado sin pájaros los nidos.
Tiene que ser la piedra quien nos diga
cómo perdió Castilla la memoria.
JOSÉ Mª FERNÁNDEZ NIETO
(Publicado en Fernández Nieto, J. M.: “Palencia,
verso a verso”, Publicaciones de la Institución Tello
Téllez de Meneses, nº 70, Palencia, 1999, pp. 69-94)
57
Es igual que una luz, una candela
ardiendo sin arder; un ideal
de Castilla que se hace pedestal
para vencer al tiempo, siendo estela.
Barco que en mar de tierra está varado,
geométrico poema restaurado
con cinceles de paz y de ilusión.
Sueña en su almena un alto balconaje
donde se asoma Dios con su mensaje
de historia, viento, amor y tradición.
ANTONIO ÁLAMO SALAZAR
(Publicado en Peña Castrillo, L. J.: Ampudia y su
sabiduría. Diputación Provincial de Palencia,
1999)
AMPUDIA EN LOS LIBROS
oetas
en la mirada
Sobre Tierra de Campos, centinela
de piedra alcazareña y vertical,
el castillo de Ampudia es un rosal
donde la flor y el tiempo están en vela.
58
HEMEROTECA
NOTICIAS DE HEMEROTECA
(RECOPILADAS POR JOSÉ MARÍA VELASCO PEINADOR)
1814
Mercado franco
“En la villa de Ampudia de Campos se celebrará mercado franco
todos los viernes del año, como en los anteriores al de 1808; y
desde el 4 de Septiembre hasta el 12 del mismo se celebrará la
feria franca que acostumbraba también haber”.
[LA GACETA DE MADRID (actual BOE ) - 27 de agosto de
1814]
1845
Interpelación parlamentaria sobre retraso en el cobro por parte del clero
Sesión del Congreso del día 9 de mayo Presidencia del señor Castro y Orozco
El Sr. ORENSE anuncia una interpelación al gobierno por el retraso que
en el percibo de sus asignaciones experimenta el clero de algunas provincias; pues varios eclesiásticos de Ampudia, provincia de Palencia, le han
escrito una carta en que le manifiestan que no han percibido nada hace
más de un año. Con este motivo ruega S.S. a los muchos que le favorecen
con quejas y comunicaciones para que interpele al gobierno, que se dirijan a los diputados de sus respectivas provincias, y que si no los creen a
propósito, que para otra legislatura otros que les satisfagan más en este
punto (risas).
No hallándose presentes los señores ministros dice S.S. que pondrá la
carta sobre su pupitre para que pongan remedio y atiendan a estas quejas”.
[LA ESPERANZA (PERIÓDICO MONÁRQUICO) - Sábado, 10 de mayo
de 1845]
1853
Fallece D. Manuel Tariego, benefactor de Ampudia
“El Mensajero anuncia haber fallecido en Madrid el señor D. Manuel Tariego, auditor del tribunal supremo de la Rota, deán de la
catedral de Sevilla y caballero gran cruz de la orden de Carlos III,
persona muy recomendable por sus virtudes, la cual ha edificado a
su costa una ermita en Ampudia, ha mejorado la iglesia parroquial
y socorrido durante su existencia las necesidades de aquel pueblo”.
[LA ÉPOCA - Miércoles, 30 de marzo de 1853]
1928
Guarda agredido
“Por cuestiones particulares, el sábado último se originó una violenta discusión entre el vecino del caserío «Salamanquinos», próximo a este término municipal, Nazario Peinador Rodríguez, de
42 años de edad y el guarda jurado Tiburcio Buena Ramírez, de
61 años, residente en el caserío «Monte de la Torre».
La discusión se agrió de tal forma que el primero agredió al
guarda, causándole diversas heridas contusas que han sido calificadas como de pronóstico reservado por el médico titular de esta
localidad, que prestó asistencia facultativa.
Nazario Peinador ha sido detenido por la guardia civil del puesto
y entregado a disposición del Juzgado de instrucción del partido”.
[EL DIARIO PALENTINO - Lunes 16 de julio de 1928]
1933
Boda distinguida
“El 14 del actual y las diez de la mañana se ha celebrado en la parroquia de San Lázaro de nuestra capital el matrimonio enlace de la
distinguida y elegante señorita, María Amparo Martín Sánchez,
hija de don Mariano Martín de Ampudia, con el simpático joven
Pedro V. Herrero, corresponsal de EL DÍA DE PALENCIA, hijo
de don Felipe Villacorta y de doña Serafina Herrero, de Baños de la
Peña.
Bendijo la unión matrimonial el celosísimo párroco de Villamartín
de Campos, don Jesús González Rodríguez, actuando de padrinos
don Mariano Martín, padre de la novia, y doña Serafina Herrero,
madre del novio.
Una vez terminadas las ceremonias nupciales todos los invitados
fueron obsequiados con una suculenta y abundante comida servida
con grande acierto por el dueño del Hotel Iberia. Reinó la mayor
alegría que estos actos requieren, debido al crecido número de invitados, recordando entre éstos a las simpáticas señoritas Victorina y
Carmina Herrero, de Palencia; señorita María Nieves Martín,
María Encarnación González, Felicísima Nieto, Josefina Aguado y
señoritas de Castrillo, de Ampudia; simpáticos jóvenes Primitivo
Agustín Herrero, Isidoro y Aurelio Matos, Amador Villacorta, Victoriano Martín, Heraclio Nieto; don Vicente Herrero y señora,
don Tomás Marcos y señora, de Palencia; don Felipe Villacorta y
señora, don Fortunato Villacorta y señora, de Baños de la Peña,
don Mariano Martín, don Cayo Aguado, don Victoriano Martín,
don Ignacio Sánchez, don Alejandro Diago, don Modesto Martín
y señora, de Ampudia.
Los novios han salido a su luna de miel, recorriendo las principales
ciudades montañesas. Mi cordial enhorabuena a los nuevos desposados, haciéndola extensiva a sus familiares”.
Amador VILLACORTA
[EL DÍA DE PALENCIA - Viernes 15 de septiembre de 1933]
59
1907
1860
Solidaridad con una pobre
viuda de Ampudia
“En la batalla de Castillejos murió el joven subteniente D. Francisco Castrillo Aparicio, hijo de una pobre viuda de Ampudia a la
que socorría con 57 rs. mensuales, prometiéndola contara con
100 en cuanto fuera teniente, grado que esperaba a su vuelta al
campamento, asegurándola estuviera descuidada, y tuviera fe en
su buena suerte puesto que nunca abandonaba el escapulario que
ella le dio al partir del hogar doméstico.
Entre el vecindario de Ampudia, se trata de abrir una suscripción
a beneficio de la desconsolada madre y el facultativo de aquel
pueblo D. Antonio Rodríguez, se obliga, si dicha suscripción no
se realizase, a dar a la expresada viuda mensualmente y mientras
viva, la cantidad que generalmente le enviaba su hijo”.
[LA CORRESPONDENCIA DE ESPAÑA - Sábado, 11 de febrero
de 1860]
1890
Tormenta con daños “En Ampudia, en Va-
HEMEROTECA
NOTICIAS DE HEMEROTECA
loria del Alcor y en otros pueblos de la provincia, descargó el día 3 una tormenta que ha causado muchos
daños en las huertas, inundándose algunas calles y viviendas y corriendo peligro de perecer varios vecinos”.
[EL ADELANTO - DIARIO DE SALAMANCA - Miércoles 9 de
octubre de 1907]
1922
El molino de San Juan
“Reina gran contento en esta villa por haberse salvado las dificultades que tenían sin funcionar el acreditado molino maquilero
«San Juan», lo cual perjudicaba grandemente a los labradores y
demás vecinos de los pueblos limítrofes que tenían que ir a largas
distancias a hacer la molturación del trigo y forrajes para sus ganados.
Mucho nos alegramos nosotros también de que este pueblo vea su
industria funcionando porque a más de los rendimientos que ocasiona anima grandemente la localidad”.
[EL DÍA DE PALENCIA - Jueves 21 de diciembre de 1922]
Un cura que gastaba demasiado
“¿Será posible, clérigo de Ampudia, que entre quince ingleses tengan crédito contra ti por valor de diecisiete mil pesetas? ¿Tan poco
produce el curato?
Me explicaría esos piquillos (de cigüeña) si, como un amigo, hubieses de mantener esposa y tres hijos en Valladolid. ¡Pero tú, que
eres célibe y has hecho voto de castidad!
Vamos, que no me lo explico”.
[EL MOTIN (PERIODICO ANTICLERICAL) Madrid - 13 de
agosto de 1890]
1898
Detenida por abandonar a dos
hijos menores
“La guardia civil de Mazariegos ha detenido a una mujer llamada
Sebastiana García Peinador, la cual había sido reclamada por el
señor alcalde de Ampudia, por haberse ausentado de dicha villa
en compañía de un sujeto desconocido, dejando abandonadas dos
hijas suyas de 12 y 4 años de edad.
Fue puesta a disposición de la citada autoridad”.
[NOTICIERO SALMANTINO - Domingo 6 de noviembre de
1898]
1925
Violento incendio
“Se ha declarado un violento incendio en las casas de los industriales
de esta villa, don Álvaro de Castro y don Amando Torres.
El incremento que desde el principio tomaron las llamas fue muy
grande; causando mucha impresión en el vecindario.
Amenazaban acabar en poco tiempo con ambos edificios, pero la
pronta intervención de la Guardia Civil, Somatenes, alcalde, autoridades y vecindario en pleno, hizo que el siniestro fuera reduciéndose por
momentos.
A las tres horas de trabajos y esfuerzos inauditos, pudo ser sofocado.
Se registraron verdaderos casos de gran valor, y todos rivalizaban en los
trabajos de salvamento, disputándose los puestos de mayor peligro.
Las perdidas se calculan próximamente en 3.000 pesetas.
Las casas parece que están aseguradas”.
[EL DÍA DE PALENCIA - Sábado 19 de diciembre de 1925]
HEMEROTECA
60
1939-1964:
XXV años de
paz y ciencia
El día 1 de abril de 1964 se cumplían los 25 años del
final de nuestra última Guerra Civil y los prebostes del
Franquismo decidieron celebrar la efeméride por todo lo
alto. Le pusieron por título XXV AÑOS DE PAZ, y los
humoristas del momento le añadieron Y CIENCIA (Paciencia). En los meses siguientes se celebraron festejos y
actos culturales en todas las demarcaciones provinciales y
la de Palencia eligió para la clausura de los suyos el Patio
de Armas del Castillo de Ampudia, que estaba entonces
en pleno proceso de restauración. Se congregaron para
tal fin todas las autoridades provinciales y locales, a las
que se unieron los periodistas y poetas, cuyos versos re-
sonaron con fuerza contra las piedras de los muros centenarios. Fue, sin duda, un acto memorable para los asistentes y, en general, para todo el pueblo de Ampudia,
aunque los años transcurridos lo hayan relegado inexorablemente al olvido.
Recogemos aquí los extractos de dos artículos, uno
de tipo general que refleja el espíritu ideológico de
aquel momento en el que, según algunos autores, terminaba la “dictadura” y empezaba la “dictablanda”; el
otro es la crónica aparecida en el diario ABC sobre los
actos que, con tal ocasión, tuvieron lugar en el castillo
de Ampudia.
61
XXV AÑOS
Un cuarto de siglo de paz
no lo había disfrutado Esp
aña en los
últimos ciento cincuenta
años, y existe unanimidad
respecto a que la
sostenida agitación e insegu
ridad que padecimos a lo
largo de ese periodo tan decisivo fue cau
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secuentemente
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hombres de hoy, y sean cuales
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cuestiones particulares y
concretas, es una evidencia
que
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AUSURA DEL CICLO “XXV
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[ABC, Sábado 27 de Jun
de la paz fuese conservad
o en las más adversas circunstancias. Fra
nco ha repetido una y mi
l veces, desde que
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del Estado, que no hay tar
ea imposible si
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os unidos y disciplinados.
La realidad espléndida de este cuarto de
siglo, a pesar de los formi
dables temporales que el mundo padeció,
es una lección que las gen
eraciones futuras
no podrán olvidar.
[BLANCO Y NEGRO: Ma
drid, 28 de Marzo de 19
64. Los subrayados en negrita son nu
estros]
HEMEROTECA
NUESTRA PAZ CUMPLE
HEMEROTECA
62
El Diario Palentino. Lunes 30 de Septiembre de 1968
El castillo de Ampudia, restaurado
Don Eugenio Fontaneda hizo entrega de las llaves
a la Asociación de Amigos de los Castillos
En el marco familiar ampudiano de la Plaza Mayor, recientemente remozada con fuente y presencia jardinera, se iniciaron
los actos en torno a la cesión simbólica que del castillo de Ampudia hizo su propietario Eugenio Fontaneda Pérez, a la Asociación
de Amigos de los Castillos.
En esta plaza, a las diez de la mañana, se inició la concentración de asistentes; bajo los soportales, resguardándose del sol, que
a esas horas apretaba, los vecinos de Ampudia testigos de excepción de esta entrega simbólica del alcázar de su villa.
RECEPCIÓN DE VISITANTES
Efectivamente, a las diez de la mañana comenzaron a llegar los
invitados: de Palencia, en gran número; de Lugo, de Vitoria, de
Santander, de Barcelona, de Vizcaya…, no pocas secciones provinciales de la Asociación de Amigos de los Castillos, se hallaban
representadas en este acontecimiento ampudiano, del último domingo de septiembre, día 29.
De la asociación de Amigos de los Castillos, de Madrid, llegaron dos autocares, con los participantes en la excursión que
oportunamente fue organizada, y que había salido de Madrid en
la tarde del sábado, para rendir viaje esa jornada, por la noche, en
Valladolid. De Valladolid habían salido a las ocho y media de la
mañana.
Pronto la plaza ampudiana se repleta, y varios centenares de
personas se congregan en torno a los jardines, hasta que la Banda
de Cornetas y Tambores de la Cruz Roja, de Palencia, inicia la
marcha hacia la colegiata, para asistir a misa; tras la banda de cornetas y tambores, el grupo folklórico de los Danzantes de Ampudia. […] Todos los visitantes son recibidos y saludados por
Eugenio Fontaneda.
EN LA COLEGIATA
Antes de iniciarse la misa, y ante el bello pórtico de la colegiata, rematada con la esbeltísima y bella torre, los danzantes interpretan el Himno Nacional, con el clásico “paloteo”, que es
aplaudido por los asistentes. El gran sol del último domingo de
septiembre cae sobre los árboles del abierto “vestíbulo” del templo,
y los aires del día de fiesta grande se mueven por toda la gracia de
la villa, que está hoy, más que nunca, limpia y atildada.
El recinto de la colegiata, parroquia de San Miguel, que en
este día 29 de septiembre, celebra su fiesta titular, está rebosante
de fieles […].
Terminada la misa, y en la explanada de la colegiata, los danzantes interpretan de nuevo el “paloteo”, que es muy aplaudido,
y se reemprende la marcha, abriendo paso la Banda de la Cruz
Roja, hacia el castillo […].
ENTREGA DE LA LLAVE
Bajo el sol pleno y vertical del mediodía, a las doce, el castillo se ofrece, desde el altozano, grandioso, majestuoso, bellísimo,
rotundo; gallardetes, sin profusión para dar más carácter, hay en
las almenas, y la bandera del día de gran celebración.
De centinelas, guerreros armados a la usanza medieval, unos
con armadura completa, y otros con coraza, mallas, escudos y lanzas. El aire sereno del mediodía, lleno de luz, se taladra con las
salvas de honor, que se lanzan desde el alcázar.
Y mientras la muchedumbre se arracima junto al puente levadizo, un paje, ataviado a la usanza medieval, porta en un cojín
la llave del alcázar; a sus lados se colocan Eugenio Fontaneda y
don Arturo Grau; todo es en el principal acceso al castillo, pasado
el puente levadizo.
Eugenio Fontaneda pronuncia unas palabras de cesión simbólica del castillo a la Asociación Madrileña de Amigos de los Castillos, dejando su cuidado a esta noble asociación, cuyo cometido
elogia; es muy aplaudido, y entrega la llave a don Arturo Grau,
que la recibe en nombre del presidente de la Asociación, y pronuncia unas palabras de gratitud para Fontaneda. Muchos aplausos, mientras Eugenio Fontaneda en alta voz exclama:
- “Señor, la fortaleza es vuestra”
Y a la gracia del aire iluminado de sol, se repiten las salvas.
EL CASTILLO
Se deja acceso libre a todo el público, y mientras en el patio
de armas bailan los danzantes su “paloteo”, los asistentes acompañados de Eugenio Fontaneda y sus familiares, visitan las dependencias del recinto alcazareño. El Gobernador civil presencia
el “paloteo” y visita asimismo el castillo.
A las dos de la tarde, hora prevista, en el patio de armas, es servido un lunch, obsequio de don Eugenio Fontaneda; centenares
de personas en torno a las bien abastadas mesas ofreciendo a este
mediodía ampudiano, junto a las sombras alcazareñas, una estampa llena de tipismo y de animación, en el más movido y bullicioso almuerzo al que el periodista haya jamás asistido.
Se recibió y leyó un telegrama de adhesión del marqués de
Sales, presidente de la Asociación de Amigos de los Castillos.
CONCIERTO MEDIEVAL
Se ha terminado el lunch a las dos y media, y el concierto
anunciado es a las cuatro. Los invitados se diseminan por Ampudia, o buscan rincones propicios en el castillo, para la charla y desperezar la modorra.
Y a las cuatro, efectivamente, otra evocadora estampa para un
recinto alcazareño: el Cuarteto Clásico de la Radio Televisión Española, de Madrid, ofrece un jugoso e interesante concierto de
música medieval, que cobra extraordinario sabor a la sombra y al
amor de un castillo, exvoto magnífico de los viejos y esforzados
tiempos medievales. […].
Antonio ALAMO SALAZAR
63
HEMEROTECA
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