Qubit 13 - Scholar Commons - University of South Florida

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University of South Florida
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Digital Collection - Science Fiction & Fantasy
Publications
Digital Collection - Science Fiction & Fantasy
2-1-2006
Qubit 13
Cubit
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Cubit, "Qubit 13 " (2006). Digital Collection - Science Fiction & Fantasy Publications. Paper 13.
http://scholarcommons.usf.edu/scifistud_pub/13
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Boletín electrónico y postgeográfico de literatura
y pensamiento ciberpunk.
De frecuencia mensual y totalmente gratis
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3.
Índice:
Ciencia-ficción, vida e inteligencia artificial. Manuel de la Herrán Gascón
Made in Cuba: Líder de la red. Por Yoss.
Vender vino sin botellas: la economía de la mente en la Red Global. John
Perry Barlow
4. Cambios. Neil Gaiman "Humo y Espejos"
5. Irak: de la doctrina Rumsfeld a la derrota final. Por David de Ugarte
6. Historia del cine ciberpunk. (Capítulo 11: Terminator) Raúl Aguiar
Ciencia-ficción, vida e inteligencia artificial[1]
Buscando las grandes respuestas por el
camino de la imaginación
Manuel de la Herrán Gascón[2]
http://www.redcientifica.com/doc/doc200106170001.htm
http://w ww.manuherran.com
La ciencia-ficción, la vida artificial, y la inteligencia artificial tienen algo
en común: buscan respuestas a las grandes preguntas que siempre han
planteado los filósofos utilizando analogías entre los elementos "reales"
que se pretenden analizar (el universo, la vida y la inteligencia) y otros
ficticios, simulados o imaginados. Profundizando en esta vía, el concepto
de lo que es real se difumina hasta ponerse en duda, sugiriendo que todo
lo que imaginamos posee una existencia tan auténtica como la de todo lo
que nos rodea.
¿Son el infinito y el infinitesimal conceptos reales de nuestro universo, o
tan solo abstracciones? ¿La velocidad de la luz puede ser análoga a la
frecuencia de refresco de la pantalla de un ordenador? ¿Qué diferencia
existe entre sumar uno más uno y simular que se suma uno más uno?
¿Acaso no ocurre que es más fácil comenzar una relación de amistad
cuando uno se muestra poco interesado en ello? ¿Puede una célula soñar
con ser músculo? ¿Puede una hormiga querer ser hormiguero? ¿Los
hombres o sus redes de ordenadores pueden ser los elementos que
forman una entidad consciente de nivel superior? Estas preguntas
aparentemente inconexas se funden en el caldo de la analogía, que podría
ser el camino para encontrar su solución.
La ciencia-ficción nos ayuda a entender nuestro mundo... a través de otros mundos
posibles
A pesar de que la acción de la mayoría de los relatos de la ficción científica se sitúa en el futuro,
no se puede definir ésta como una literatura de anticipación en el sentido estricto de predicción
del porvenir. En ciencia-ficción, especular con lo que podría suceder si se dieran determinadas
condiciones es, entre otras cosas, un modo privilegiado de analizar el presente a la luz de sus
posibilidades implícitas. La finalidad básica de la ciencia-ficción es ampliar nuestra perspectiva,
ofreciendo una visión más distanciada, más libre de prejuicios circunstanciales, en definitiva, más
objetiva.
El distanciamiento de la realidad que se obtiene con la ciencia-ficción nada tiene que ver con una
"evasión" de la realidad. Al igual que el pintor que se aleja del cuadro para lograr una visión de
conjunto, y tal como en la literatura se recurre a la metáfora a la hora de expresar una idea, el
alejamiento de la ciencia-ficción produce una disminución de los efectos anestésicos propios de la
rutina. Gracias a esto, se consigue un análisis más lúcido y objetivo de la realidad [ Nota 3 ].
La vida artificial nos ayuda a entender la vida... a través de otras vidas posibles
La Vida Artificial también nos ofrece una "visión privilegiada" de nuestra realidad. No hace falta
que las simulaciones por ordenador sean todavía más complejas, para poder tener el derecho a
preguntarnos acerca de si nuestro propio mundo no será también una "simulación dentro de un
cosmo-ordenador". De hecho, esta pregunta se ha planteado, desde tiempos remotos, de infinidad
de maneras. [ Nota 4 ].
Si los ordenadores son capaces de simular universos artificiales poblados por organismos que
mediante la reproducción, las mutaciones y la selección natural, evolucionan y se hacen cada vez
más inteligentes y conscientes, podríamos interpretar nuestro propio mundo como un
"superordenador" donde nosotros mismos somos los "seres artificiales" que lo habitan, siguiendo
el curso de evolución que El Programador ha deseado.
En el caso de que existiera un creador y una intencionalidad, es decir, si El Programador que nos
ha creado lo ha hecho con algún objetivo, no sería extraño que ese mismo programador hubiera
implementado mecanismos para que sus "entidades" (nosotros) no escapen a su control. Por
ejemplo, podría haber marcado límites a su movimiento (¿la velocidad de la luz? ¿la gravedad?)
en su ordenador (nuestro universo) ...¿O tal vez el límite de 300.000 km/seg corresponde con los
MHz del ordenador en el que vivimos? [ Nota 5 ].
Pero las limitaciones que el programador fija para controlar a sus entidades pueden no ser
suficientes. Algunos programadores de Vida Artificial quedan a menudo gratamente sorprendidos
por el inesperado comportamiento de sus pequeñas creaciones, más inteligentes y capaces de lo
que cabría esperar en un primer momento.
Además, los "bugs" (errores) en programación son probablemente una constante en todos los
universos, dimensiones y realidades posibles ;-) así que tal vez el "programador" haya dejado
algún hueco por donde podamos colarnos...
...es decir, que es posible que en nuestro mundo existan acciones, comportamientos, o
razonamientos con efectos maravillosos, que están ahí, accesibles, pero que aún nadie ha
realizado, ya sea por ignorancia, mala suerte, o porque provocan la muerte a quien llega a
adquirirlos. Un ejemplo de esto último se encuentra en "Creced y Multiplicaos", de Isaac
Asimov.
La inteligencia artificial nos describe nuestra inteligencia... y otras posibles
Pensemos en algunos intentos de la Inteligencia Artificial de obtener programas de
comportamiento aparentemente impredecible, sistemas tan complejos que no tengan una
explicación con palabras, mucho menos con algoritmos, para los cuales su mejor definición sean
ellos mismos. ¿Por qué hacemos eso? ¿Que buscamos en esos programas raros? ¿Estamos
esperando que emerja la inteligencia a partir de la complejidad o de la interconexión masiva?
¿Podrá la complejidad producir la conciencia? ¿O sólo tratamos de averiguar si nosotros mismos
somos máquinas?
Si somos seres artificiales en un ordenador ¿Existirá alguna forma de modificar las leyes que
rigen nuestro propio universo? ¿Podremos cambiar las librerías de nuestro sistema operativo? Tal
vez si fuéramos capaces de hacer algo tan distinto, de realizar una serie de acciones tan...
¿compleja?... de forma que obtengamos conocimiento que de otra forma hubiera sido imposible
obtener, conocimiento que nos esté "prohibido"? Tal vez nuestras mentes conscientes sean
capaces de hacer algo imposible para una máquina, pero tal vez sea al revés, por ejemplo, que
ciertos sucesos sólo puedan ser detectados por un algoritmo no consciente. Análogamente, la
"segunda fundación" de Asimov evitaba el lenguaje porque utilizarlo suponía una limitación.
Tal vez la forma de llegar a este conocimiento sea algo mucho más sencillo pero no evidente. ¿Se
podrá llegar a él mediante la meditación, la contemplación o con algo así como la fe? La paradoja
de la omnipotencia de Dios o el diablo sugiere que tal vez las pequeñas criaturas sí tengamos una
auténtica capacidad de control de nuestra propia existencia, como en "La luna quieta" de Javier
Negrete, donde el protagonista salva su vida negando su falta de existencia y manteniendo su
deseo de vivir. ¿Tal vez el escepticismo científico es precisamente nuestra limitación? ¿Existen
sucesos que sólo ocurren cuando se cree por anticipado en ellos? ¿Existirá conocimiento cierto
que solo se puede adquirir si se presupone?
El poder de la lógica... ¿o su debilidad?
¿Son realmente las paradojas excepciones a la regla? ¿Por qué a veces expresan tan correctamente
cosas que todo el mundo entiende, y en otros casos se dice que sólo parecen profundas porque no
tienen sentido? Veamos algunos ejemplos:
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"La vida es corta porque uno se da cuenta tarde" - F.Tejedor.
"Esta frase es mentira".
"Esta frase no verbo" - Douglas Hofstadter (¿o David Langford? en "Guía del
Dragonstopista galáctico al campo de batalla estelar de Covenant en el límite de Dune:
odisea dos". Ultramar editores, 1989.
"El barbero afeita a todos los que no se afeitan así mismos". ¿Quién afeita al barbero?
"Definamos dos tipos de conjuntos, los recursivos y los no-recursivos. Los recursivos se
contienen a sí mismos, es decir, un elemento del conjunto es el propio conjunto. Un
conjunto de sillas es no-recursivo. El conjunto de todos los conjuntos posibles es
recursivo. Vamos a crear ahora un conjunto cuyos elementos serán todos los conjuntos
no-recursivos". ¿De qué tipo es este conjunto?
"La espontaneidad no se improvisa" - Enrique Vargas
"No hay que ser dogmáticos. Nunca" - Esta es mía, creo
"Que la ética no te impida hacer lo que está bien"
"El fin no justifica los medios" [ Nota 6 ]
Somos los hijos de la evolución... o no
Caminos paradójicos para la resolución de problemas
¿Somos los seres vivos = genes + ambiente, o hay algo más? "El entorno nos inunda de
información, nuestros genes nos dan ciertos impulsos, pero no siempre actuamos según esa
información, no siempre obedecemos nuestros impulsos innatos. Damos saltos. Sabemos lo que
no puede saberse y luego nos pasamos la vida tratando de justificar ese conocimiento. Sé que lo
que intento hacer es posible", en Hijos de La mente, de Orson Scott Card (Saga de Ender)
En "Las nueve Revelaciones", en el capítulo "Una cuestión de Energía", James Redfield sugiere:
"[...] existe otra serie de fenómenos observables, más sutiles, que no se pueden estudiar, o de
hecho ni siquiera se puede decir que existan, si el investigador no prescinde de su escepticismo o
no lo deja entre paréntesis y prueba cualquier via posible para percibirlos"
Podrían existir problemas en los cuales la simple búsqueda de la solución invalide ésta.
Problemas que no se resuelven si se pretende resolverlos. En cambio, tal vez se resuelvan por sí
mismos ante la inacción, su rechazo, o indirectamente. Esto ocurre por ejemplo, cuando la propia
observación, estudio o dedicación al fenómeno invalida los resultados. ¿Existe realmente este tipo
de problemas? Por supuesto [ Nota 7 ].
También podría existir "conocimiento evolutivamente prohibido". El hecho de que los individuos
que participan en la evolución tengan conciencia del fenómeno de la evolución que opera sobre
ellos mismos, afecta sin duda a la propia evolución ¿Tal vez la puede llegar a anular? Por una
parte el "conocimiento evolutivamente prohibido" puede ser algo que al ser conocido, limite la
capacidad reproductiva del individuo que lo conoce, como los métodos anticonceptivos. Pero no
tenemos por qué referirnos siempre a evolución de seres vivos como animales o plantas. También
podrían ser ideas (memes de Dawkins) que por su propia naturaleza, a pesar de ser ciertas, no son
capaces de reproducirse. Por ejemplo, un "método perfecto y sencillo para no perder nunca
jugando al mus" tiene pocas probabilidades de reproducirse en gran medida. Inicialmente el
conocimiento se expandiría entre los aficionados, pero cuando fuera conocido por muchos, el
juego ya no tendría ningún interés y desaparecería.
Cuando jugamos al mus, podemos informar de nuestras propias cartas a nuestro compañero, pero
hemos de tener cuidado en hacerlo mediante señas, ocultas al resto de los jugadores. ¿Está
alguien jugando al mus con nosotros? ¿Tendrán esta naturaleza los problemas "irresolubles" de la
ciencia?
Sistemas de referencia últimos
El método inductivo y la fe cristiana (por ejemplo) tienen en común que son sistemas de
referencia que no se pueden deducir de otros. [ Nota 8 ]
Las religiones, los sistemas filosóficos, el método científico y los sistemas éticos pueden ser
explicados, pero no demostrados. Si se quiere, puede afirmarse que estos sistemas son la
consecuencia de la aplicación de unos principios, pero estos principios no pueden ser
demostrados por otros.
El lenguaje matemático nos ofrece un paralelismo muy apropiado. La tarea del matemático puro
consiste en deducir teoremas a partir de hipótesis postuladas o axiomas, sin tener en cuenta la
cuestión de si los axiomas que se aceptan son verdaderos o no. La validez de una deducción
matemática no depende del significado que pueda estar asociado a los términos contenidos en los
postulados, sino en la estructura de sus afirmaciones. Pero existe la imposibilidad de demostrar
ciertos axiomas. Por ejemplo, gracias a la obra de Gauss, Bolyai, Lobachevsky y Riemann, se ha
demostrado la imposibilidad de deducir de otros axiomas el axioma de las paralelas. Además
¿Cómo vamos a demostrar un axioma si no es con otro axioma?
Estos sistemas de referencia no tienen un carácter de incompatibles. El hecho de ser
indemostrables les otorga una gran flexibilidad, obteniendo variantes y combinaciones con
facilidad. Es posible ser creyente y científico. Es posible creer en un código ético y aplicar otro.
Es posible aplicar incesablemente la inducción, y sin embargo, desconfiar de ella. ¿Será posible
poner a prueba modelos de referencia utilizando universos en miniatura? ¿Se podría construir un
modelo informático de un sistema de referencia que cambie su propio pasado, eliminando la
limitación de la irreversibilidad biológica de los sentimientos y que no sea demasiado
incompatible con las teorías actuales de la física?
Comprometiendo la analogía
Mediante la ciencia-ficción, la vida artificial y la inteligencia artificial, creamos universos
ficticios, realidades simuladas o imaginadas. ¿Puede la nuestra ser una realidad creada, imaginada
o controlada por otro ser superior?
Es muy común la analogía del cuerpo humano, incluido el cerebro, como hardware junto a la de
la mente o el alma o ambas cosas como software. En este caso algo muy parecido a la
reencarnación o a la inmortalidad se obtendría copiando el software en un nuevo hardware.
Fijemos la etención en una analogía similar a un nivel superior. Supongamos que es cierta la
hipótesis de que todo nuestro universo sea un ordenador (hardware); la evolución puede ser
entonces un programa (software) que se está ejecutando en él. Pero, ¿para qué? ¿Tiene un
objetivo este programa? Si existiera una intencionalidad, la evolución debería ser dirigida por esa
intencionalidad, y por tanto el conjunto hardware-software debería mostrar algunos aspectos
"forzados" por esta intencionalidad, que se alejan de la "evolución natural" de las cosas. Los
signos de intencionalidad, si existieran, deberían encontrarse cosas omnipresentes y extrañas, que
no tendrían por qué ser exactamente así: la gravedad, el tiempo, el azar, la propia evolución con
sus aparentes saltos de complejidad o la conciencia. En "El Chistoso", de Isaac Asimov, la risa
aparece como el mecanismo que alguien ha introducido en los humanos, mediante chistes, para
estudiarnos. Una simulación es una simplificación en la que se sustituyen ciertos procesos por
funciones de azar que representan de forma basta aquello que se está simplificando y que no se
considera relevante para el objeto de estudio. ¿Es el azar cuántico (único azar verdadero
detectado en nuestro universo) la función de azar de nuestra propia simulación, el mayor nivel de
detalle, por debajo del cual nada existe, de igual forma que en un ordenador nada existe a mayor
detalle que el bit?
Efectivamente, si hay algo sorprendente en nuestra realidad, algo que está y que perfectamente
podría no estar. Algo que en realidad sobra y parece que alguien lo ha tenido que poner ahí. Ese
algo es la existencia de seres vivos capaces de sentir placer y dolor, entidades identificadas que
realmente gozan o sufren, aman, odian, tienen orgullo, compasión o celos. Cuando realizamos
simulaciones de vida por ordenador, podemos asignar a cada agente una variable con un número
llamada placer o dolor. Pero no es necesario que la entidad tenga realmente esas sensaciones para
que se comporte como si las tuviera. Tal vez podamos construir algún día robots que se
comporten como seres humanos, pero ¿podremos hacer que sientan? No importa ahora la
respuesta a esta pregunta, la cuestión es: aunque pudiésemos, ¿por qué hacerlo? ¿Por qué lo ha
hecho la naturaleza con nosotros? Una cosa es la vida artificial como imitación de los procesos
propios de la vida, y otra muy distinta es la recreación de su esencia sensible, a la que
evidentemente no hemos llegado.
Real y simulado
Desde el punto de vista reduccionista, podemos pensar que "la recreación de su esencia" no es
posible precisamente porque dicha esencia no existe, y la vida no es más que sus procesos. Tal
como comentaba cierto día mi amigo Vicent Castellar "¿Qué diferencia existe entre sumar uno
más uno y simular que se suma uno más uno?". Ciertamente, es difícil de ver la diferencia. Si el
universo fuese, en última instancia, descomponible en unidades mínimas de espacio y tiempo,
todo el universo podría considerarse como un gran sistema formal. ¿Que diferencia habría entre el
universo real y otro universo copia del primero? ¿Que diferencia habría entre materia e
información? ¿No sería lo mismo tener una unidad mínima de materia en cierta posición, que
tener "algo" que se comportase como si fuera una unidad mínima de materia, en la misma
posición? Lo mismo podemos aplicar a un cuerpo humano, cerebro incluido. ¿Que diferencia
habría entre dos cuerpos así? (Además de la obvia: que ambas copias a pesar de ser idénticas, o
bien no ocupan el mismo lugar del espacio, o bien no se encuentran en el mismo tiempo) ¿Serían
dos personas o una? Otro planteamiento coherente es el solipsismo; pensar que sólo existe uno
mismo con sus sensaciones y sentimientos, siendo el resto una ficción, parece improbable pero no
es posible demostrar su falsedad.
Al menos los sentimientos son reales
Sin embargo, sí existe una gran diferencia entre "me duele el estómago" y "simular que me duele
el estómago". Aquí aparece un componente cuya simulación no puede considerarse equivalente.
Hay algo que no se puede simular: el sentir. ¿Tiene el sentimiento un origen evolutivo? Un árbol
no tiene capacidad de sentir sensaciones (vamos a suponer esto), y en cambio una rana sí. El
placer, el dolor, etc. parecen muy buenos mecanismos de supervivencia, pero realmente no hacen
falta si el ser vivo es capaz de comportarse "como si" los tuviera. La rana busca la comida, como
el árbol la luz; ambos realizan las acciones correctas gracias a siglos de evolución, aunque la rana
sí siente hambre y el árbol no.
¿Por qué ha ocurrido esto con los animales? Los sentimientos probablemente sean mecanismos
adicionales y potentes creados por y para los seres más complejos, que se deben enfrentar con
problemas muy distintos, por ejemplo, por el hecho de ser móviles. Pero ¿realmente le es más
fácil y económico a la naturaleza crear seres que realmente sienten, que seres que actúan como si
sintieran?
El árbol aprende a nivel de especie, gracias a las mutaciones, recombinación, a la supervivencia
de los árboles más fuertes y la muerte de los débiles. La rana también aprende a nivel de especie
de igual forma, pero además tiene un aprendizaje a nivel de individuo, del día a día. Los dolores
provocados por el frío o el hambre son para la rana las pequeñas "muertes" que producen
aprendizaje, así como también lo producen los momentos de placer, como refuerzos positivos. Su
cerebro es un generador de acciones al azar, así como una memoria de las acciones correctas y un
asignador de sensaciones. La rana es esclava de su cerebro, y el cerebro esclavo del cuerpo. Pero
la rana no es ni su cuerpo ni su cerebro.
Tal vez sea realmente más fácil generar seres con sentimientos reales que simularlos. Pero a los
programadores de vida artificial, al menos por ahora, no nos ocurre eso... más bien al contrario.
Al menos, si estamos generando seres vivos con sentimientos, no nos estamos dando cuenta de
ello.
Esto apoya la tesis de que no hay diferencia entre ambas cosas, al menos a ciertos niveles. Es
decir, si a la evolución le ha sido posible crear seres sensibles a partir de seres insensibles, y para
nosotros está siendo tan difícil, tal vez sea porque dicha clasificación binaria de seres sea errónea,
y sean todos sensibles, o ninguno, o todos en distinto grado. Tal vez el asignar un valor a una
variable... que se corresponde con un punto de luz en la pantalla... sea más que un símbolo. Tal
vez para quien nos creó (si existe), nuestras vidas y sentimientos no tengan existencia real, y
nuestras sensaciones no sean mas que "impulsos eléctricos".
En cualquier caso, es sorprendente la existencia de sentimientos, y la posibilidad de que hayan
sido creados a propósito no puede ignorarse alegremente. Cuando hablo de la existencia de
sentimientos no me refiero sólo a los humanos. En realidad, de los únicos sentimientos de los que
tenemos prueba es de los propios de cada uno. Todos los demás podrían ser fingidos. Pero tanto
los hombres como los animales dan buenas pruebas de tener sensaciones.
[1] Herrán Gascón, M. de la (2001). Ciencia-ficción, vida e inteligencia artificial. Buscando las
grandes respuestas por el camino de la imaginación. REDcientífica. [ Volver ]
[2] Director de la publicación REDcientífica.com [ Volver ]
[3] La ciencia-ficción no es predicción: es especulación. Por lo general no pretende adivinar el
futuro a partir de un presente conocido, sino especular con lo que podría suceder si se dieran
determinadas condiciones. De hecho, hay muchos relatos de ciencia-ficción situados en el
presente o en el pasado. El auténtico reto de la ciencia-ficción es situarse en la frontera entre lo
creíble y lo increíble, en un difícil compromiso. Las ideas desarrolladas deben estar "alejadas" de
la realidad al máximo, es decir, deben ser todo lo "fantásticas" o "extravagantes" que sea posible.
Sin embargo, no pueden dejar de estar justificadas, deben ser el desarrollo coherente de unos
supuestos.
Estas ideas acerca del objetivo que debe perseguir la ciencia-ficción han sido tomadas de Carlo
Frabetti que las desarrolla en las presentaciones de la "Segunda Selección" y "Quinta Selección"
de antologías de ciencia-ficción de la editorial Bruguera (si, aquellos maravillosos libros ahora
amarillentos, con el dibujo de un mounstruito en la portada). [ Volver ]
[4] La idea de interpretar el mundo material (o real) como el sueño de un gigante no es en
absoluto nueva y es muy similar a la interpretación -más actual, pero con el mismo fondo- de la
realidad como una simulación en un superordenador, del universo como una "superprobeta" en un
superlaboratorio. Algunos ejemplos de esta visión se encuentran en el libro "Misterio en la Isla de
Tökland", en la "Guía del Autoestopista Galáctico"; en los versos de "La vida es sueño" de
Calderón de la Barca y en los autómatas de Fredkin. Recientemente han surgido multitud de
películas que juegan con el concepto de realidad: "Abre los ojos", "Matrix", "El show de Truman"
y "La esfera". Sobre Fredkin es posible consultar estos documentos: "Breves muestras de las
ideas de Fredkin", "Alma digital", y "Digital Philosophy"
"Misterio en la Isla de Tökland" y "Guía del Autoestopista Galáctico" proponen una realidad
creada por otro ser, e implícita o explícitamente, la posibilidad de series de niveles de realidad: un
gigante que sueña un mundo, y en ese mundo otro gigante que sueña un mundo, etc. "El show de
Truman" exagera la visión de una sociedad de consumidores que hartos de su propia vida, intenta
llenarla con el conocimiento de otras, reales o ficticias; desde el punto de vista del protagonista,
plantea el mismo tema que "La vida es sueño", "Abre los ojos", y "Matrix": la incapacidad de
determinar qué es real. La esfera de "La esfera" proporciona al que ha entrado en ella la
capacidad de que sus pensamientos se conviertan en realidad. La realidad es modificada (más
bien, creada) con la imaginación. Pesadillas de todo tipo surgen de las atormentadas mentes de
los humanos, incapaces de controlar sus deseos y pensamientos. En este caso, el distanciamiento
de la realidad ofrece una visión a propósito exagerada de una paradoja actual: la libertad para
viajar, para comprar; la enorme oferta cultural; en definitiva la siempre creciente diversidad de
opciones que existen en las ciudades, y sin embargo, el escaso aprovechamiento, la indecisión, la
saturación por información, la soledad y el hastío que todo esto puede producir.
Sueña el rey que es rey, y vive
con este engaño mandando,
disponiendo y gobernando;
y este aplauso que recibe
prestado, en el viento escribe;
y en cenizas le convierte
la muerte (¡desdicha fuerte!);
¿que hay quien intente reinar,
viendo que ha de despertar
en el sueño de la muerte?
Sueña el rico en su riqueza,
que más cuidado le ofrece;
sueña el pobre que padece
su miseria y su pobreza;
sueña el que a medrar empieza,
sueña el que afana y pretende,
sueña el que agravia y ofende,
y en el mundo, en conclusión,
todos sueñan lo que son,
aunque ninguno lo entiende.
Yo sueño que estoy aquí
destas prisiones cargado,
y soñé que en otro estado
más lisonjero me ví.
¿Qué es la vida? Un frenesí
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.
La serie "Guía del Autoestopista Galáctico", de Douglas Adams, es una de las más divertidas y
completas referencias de este tipo. En este caso, la Tierra es un super-ordenador compuesto, entre
otras, por piezas vivas, como los animales y el hombre, y no sólo eso, sino que además el
ordenador tiene la misión de descubrir el sentido de la vida... ¡y lo consigue! [ Volver ]
[5] "La distancia es una mierda, ¿A quién se le ocurrió crear esa magnitud?" (Ender)
Imaginemos que el universo es como la ejecución de un programa de ordenador. Es decir,
imaginemos que todo el universo es como una pantalla de ordenador, en la que existen puntos de
luz que pueden estar apagados o encendidos. Llamémosles materia y vacío. Supongamos que
distintas configuraciones espaciales de materia y vacío producen diferentes compuestos o
elementos, con distintas propiedades, que a su vez se agrupan en otros y así sucesivamente.
Imaginemos que nosotros mismos somos un conjunto de puntos de luz (o de materia) y que nos
movemos por el espacio de la misma forma en que se mueve un gráfico por una pantalla de
ordenador: aparecen algunos puntos y desaparecen otros, de forma que se obtiene la sensación de
que el objeto completo se desplaza por la pantalla (universo).
Pensemos ahora en el programa de ordenador que gracias a un hardware gestiona estos
"gráficos". Deberá existir una velocidad máxima a la que estos gráficos (nosotros) puedan
desplazarse por la pantalla (universo). En nuestro universo sí existe esa velocidad: la velocidad de
la luz.
Esta analogía se fundamenta en la suposición de un universo discreto. ¿Entre un instante y otro
existen infinitos instantes? ¿Entre un punto y otro existen verdaderamente infinitos puntos?
Realmente, es difícil creer que cuando movemos uno de nuestros dedos de una posición a otra,
éste pasa por un número infinito de posiciones intermedias, permaneciendo en cada una de ellas
un tiempo infinitesimal. A mí me resulta más fácil creer que la materia, para moverse, aparece y
desaparece repetidamente, permaneciendo en cada posición un pequeño tiempo determinado, y
trasladándose cada vez una cierta distancia también discreta, no infinitesimal. No se trata sólo de
no ser capaces de dividir la materia indefinidamente (si pidiéramos estar indefinidamente
haciéndolo), sino de que esa unidad mínima de materia sólo pueda encontrarse en posiciones
discretas e inmutable durante unidades mínimas de tiempo.
El filósofo griego Zenón debía pensar lo mismo cuando desarrollo sus paradojas (o aporías), en
torno al movimiento, como la de Aquiles que nunca alcanza a la tortuga o la de la flecha. Zenón
negó la posibilidad del movimiento de una flecha en vuelo, ya que en cada instante la flecha
aparece "congelada". Efectivamente, si la flecha tuviera que recorrer un número infinito de
posiciones intermedias, la flecha nunca podría moverse. "Si puede", -dice entonces el
matemático-. "Una flecha puede recorrer infinitas posiciones intermedias, con la condición de que
únicamente se detenga un tiempo infinitesimal en cada una de las posiciones". Cierto, pero ¿son
el infinito y el infinitesimal conceptos reales de nuestro universo, o tan solo abstracciones que
describen otros posibles universos que nuestro limitado razonamiento confunde con el nuestro?
Pudiera parecer que nuestra física no requiere de estos infinitos e infinitesimales, pero no es así.
Suponer un universo discreto en posición y tiempo conlleva algunos problemas desde nuestra
lógica. Uno de ellos es el de cuál es la forma y la distribución espacial de estas unidades mínimas
de posición. Si existiera una organización en forma de rejilla ¿no debería ser beneficiado el
movimiento en diagonal (o penalizado en el caso de permitir 4 direcciones en vez de 8, en una
simplificación en 2D)? ¿Existirá alguna organización en tres o N dimensiones donde la media de
la distancia recorrida en el movimiento rectilíneo a través de un mismo número de unidades
mínimas de espacio sea similar, para distancias relativamente grandes, independientemente de la
dirección elegida? ¿Tal vez un desorden aleatorio de colocación de estas unidades mínimas de
espacio y sus interconexiones? Tal vez el enfoque sea incorrecto, y no sea necesario seguir
ninguna regla, ya que si estamos diseñando el espacio ¿por qué basarnos en él?
Partiendo de la hipótesis del universo discreto, se puede llegar a obtener la relación entre la
unidad mínima de longitud y la unidad mínima de tiempo (hay quien lo llama tick), para esta
interpretación del universo.
Veámoslo con un ejemplo. Supongamos que queremos representar en un ordenador el
movimiento de un punto en forma de tiro parabólico. Para ello, podríamos programar una serie de
acciones como la siguiente:
1.
2.
3.
4.
5.
6.
Dar valores a los parámetros que definen el movimiento
Calcular el primer punto a dibujar
Mostrar dicho punto en pantalla
Calcular el próximo punto a dibujar
Borrar de la pantalla el anterior punto y mostrar el nuevo
Volver al paso 4.- y así sucesivamente.
Las pantallas de ordenador están formadas por puntos luminosos muy pequeños, pero no
infinitamente pequeños.
Las secuencias de órdenes de borrar y dibujar puntos no se pueden ejecutar a una velocidad
infinita. Cuando se decide presentar un punto en pantalla, existirá un tiempo mínimo durante el
cual el punto deberá aparecer en la pantalla, que es el intervalo entre dos ordenes de este tipo
ejecutadas a la máxima velocidad.
Esta pantalla es ahora un sistema que posee una unidad mínima de espacio y de tiempo.
El movimiento más rápido que se podrá representar es aquel en el que la pantalla genere
posiciones para ese punto a su máxima frecuencia, incapaz de trabajar más rápido. Esta velocidad
marcará el límite representable. Las velocidades mayores que esa no se podrán representar en la
pantalla, siempre que mantengamos la norma de que un punto que vaya de A a B, ha de recorrer
todas las posiciones intermedias que componen el recorrido que lleva de A a B.
Podemos llegar a calcular aproximadamente dicha velocidad. Supongamos que ya la hemos
calculado y le llamamos c.
Un punto que se mueva a la velocidad c recorre un punto en el mínimo tiempo posible. Dicho
tiempo será la unidad mínima de tiempo (o tick) del sistema (umt). Es imposible que suceda algo
(se muestre un punto) durante un tiempo menor que umt. Por otra parte, el punto constituye la
unidad mínima de longitud en el sistema (uml).
Resulta que la velocidad máxima representable es:
Supongamos que:
Entonces, tenemos
Con lo que, sabiendo la unidad mínima de longitud, en Kilómetros, podríamos obtener la unidad
mínima de tiempo, en segundos.
Hasta ahora se ha hablado de puntos (materia) como los objetos que se desplazan por la pantalla,
y de posiciones (espacio) como cada uno de los posibles lugares en los que puede encontrarse un
punto.
En la analogía, los puntos pueden ser materia, energía, etc. La pantalla es el espacio de 3
dimensiones (o más) o el espacio-tiempo de n dimensiones. Puede ser posible que dos puntos
ocupen la misma posición, y se podrían asignar propiedades a las posiciones en función de su
contenido u otros criterios.
Pensemos ahora en un punto (materia) desplazándose por la pantalla (espacio).
Existe un pequeño tiempo que se pierde desde el momento en que el programa borra un punto
hasta que lo vuelve a dibujar. Y ahora pongámonos en el lugar del punto. Desde que nos borran
hasta que nos vuelven a dibujar ¡No existimos! Pero esto a los puntos no les importa realmente,
ya que durante ese tiempo, ya que no existen, no son capaces de percibir su no-existencia.
Con un sistema así, un movimiento lento supondría un menor número de acciones de dibujar y
borrar que un movimiento rápido. Como consecuencia de esto, un punto que se mueva lentamente
se encontrará representado de forma visible en la pantalla un tiempo mayor que otro que se
translade más rápidamente. Por ejemplo, puede que un punto rápido haya sido borrado y dibujado
tres veces mientras que un punto lento aún no se ha movido de su sitio, y por tanto ha
permanecido todo el tiempo en la pantalla.
Ahora, aunque parezca difícil, hagamos el esfuerzo de imaginarnos que somos uno de esos puntos
y nos encontramos desplazándonos por el espacio. Podemos suponer que los puntos envejecen
únicamente durante el tiempo en que se encuentran dibujados en la pantalla -el resto del tiempo,
no existen-, de forma que si dos puntos parten de la misma posición y se mueven a velocidades
diferentes, retornando al lugar de partida, se pueden encontrar con la siguiente situación:
- Punto lento: ¡Caramba, que joven te veo! ¿Cómo has hecho para mantenerte así, si fuimos
creados a la vez?
- Punto rápido: ...ya sabes, viajo mucho...
Una forma de superar la barrera de la velocidad máxima a la que se puede mover un punto es
precisamente modificando la regla que define cómo se debe representar, es decir, haciendo que
sea posible moverse por la pantalla sin tener que representar el punto en cada una de las
posiciones intermedias por las que pasa, sino por ejemplo, solamente una de cada dos, o incluso
únicamente la posición origen y la posición destino. [ Volver ]
[6] Esta es otra versión de la anterior. La afirmación, elevada a la categoría de axioma, se
convierte en un medio (una herramienta para la demostración de teoremas), por lo que no es
justificable según que medios, es decir, no es aplicable "El fin no justifica los medios" cuando al
hacerlo, los medios no son correctos, o lo que es lo mismo, no es aplicable "El fin no justifica los
medios" cuando no está bien hacerlo.
Más juegos de palabras:
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"No soy consciente de nada de lo que me ocurre"
"Soy tan inteligente que no me puedo engañar a mí mismo"
"Soy tan inteligente que me puedo engañar a mí mismo"
"Soy tan tonto que me puedo engañar a mí mismo"
"Soy tan tonto que no me puedo engañar a mí mismo"
"...y ya que así me miráis, miradme al menos"
Igualmente sugerentes son las interferencias entre niveles de significación. Por ejemplo, hay un
caso en el que ~~A es distinto a A:
A = "Esta frase tiene seis palabras"
A es falso, luego ~A debería ser cierto. pero al negar A tenemos
~A = "Esta frase no tiene seis palabras"
y sin embargo ~A es cierto
[...] Había una vez dos monjes que paseaban por el jardín de un monasterio taoísta. De pronto
uno de los dos vio en el suelo un caracol que se cruzaba en su camino. Su compañero estaba a
punto de aplastarlo sin darse cuenta cuando le contuvo a tiempo. Agachándose, recogió al
animal. "Mira, hemos estado a punto de matar este caracol, y este animal representa una vida y,
a través de ella, un destino que debe proseguir. Este caracol debe sobrevivir y continuar sus
ciclos de reencarnación." Y delicadamente volvió a dejar el caracol entre la hierba.
"¡Inconsciente!", exclamó furioso el otro monje. Salvando a este estúpido caracol pones en
peligro todas las lechugas que nuestro jardinero cultiva con tanto cuidado. Por salvar no sé qué
vida destruyes el trabajo de uno de nuestros hermanos.
Los dos discutieron entonces bajo la mirada curiosa de otro monje que por allí pasaba. Como no
llegaban a ponerse de acuerdo, el primer monje propuso: "Vamos a contarle este caso al gran
sacerdote, el será lo bastante sabio para decidir quien de nosotros dos tiene la razón." Se
dirigieron entonces al gran sacerdote, seguidos siempre por el tercer monje, a quien había
intrigado el caso. El primer monje contó que había salvado un caracol y por tanto había
preservado una vida sagrada, que contenía miles de otras existencias futuras o pasadas. El gran
sacerdote lo escuchó, movió la cabeza, y luego dijo: "Has hecho lo que convenía hacer. Has
hecho bien". El segundo monje dió un brinco. "¿Cómo? ¿Salvar a un caracol devorador de
ensaladas y devastador de verduras es bueno? Al contrario, había que aplastar al caracol y
proteger así ese huerto gracias al cual tenemos todos los días buenas cosas para comer. El gran
sacerdote escuchó, movió la cabeza y dijo "Es verdad. Es lo que convendría haber hecho. Tienes
razón." El tercer monje, que había permanecido en silencio hasta entonces, se adelantó. "¡Pero
si sus puntos de vista son diametralmente opuestos! ¿Cómo pueden tener razón los dos?" El gran
sacerdote miró largamente al tercer interlocutor. Reflexionó, movió la cabeza y dijo: "Es verdad.
También tú tienes razón."
Tomado de Bernard Werber. "El día de las hormigas". Ed Plaza & Janes. 1994. [ Volver ]
[7] ¿Acaso no ocurre que es más fácil comenzar una relación de amistad cuando uno se muestra
poco interesado en ello? Una forma bien sencilla de conseguir mostrarse poco interesado es
precisamente estar realmente poco interesado. [..] La naturaleza humana es de tal condición que
da su simpatía con mayor facilidad precisamente a quienes con menor ahínco la demandan.
(Erich Fromm). También es conocido que quien intente parecer elegante o sofisticado nunca lo
conseguirá.
Otro ejemplo de este tipo de problemas es el siguiente: tratar de encontrar la distribución optima
de tiempo de descanso en relación con el tiempo de trabajo de forma que se obtenga el máximo
resultado en el trabajo invirtiendo el mínimo tiempo en descansar. Si uno se atosiga a sí mismo
experimentando y controlando distintas posibilidades, probablemente no descansará lo suficiente
o necesite un tiempo excesivo, dada la carga extra que supone estudiarse a sí mismo durante el
descanso. En cambio, si cuando nos sentimos agotados, simplemente paramos un rato a descansar
hasta que llegue por si solo el aburrimiento, es muy probable que hayamos dado con la solución
óptima al problema. Muy similar a este ejemplo es el hipotético problema de conseguir respirar
en ciclos cuya duración sea la más espontánea posible. En este caso, fijar la atención en el
problema sólo podría apartarnos de la solución. Como cuando algo nos deslumbra, conduciendo
por una carretera: la mejor forma de ver bien aquello en lo que queremos fijar la atención es
precisamente no mirarlo directamente.
Podría parecer éste un planteamiento absurdo: si no hay que fijar la atención, no se fija. Si no hay
que hacer nada, es sencillo: no se hace nada. Pero hay multitud de casos en los que la
espontaneidad es un beneficio muy difícil de conseguir. Por ejemplo, cuando nos están
fotografiando, o en una entrevista de trabajo. En el mundo de los negocios ocurre algo similar y
paradójico: a la hora de comprar o vender es mucho más fácil obtener precios ventajosos cuando
en realidad no nos importa demasiado el artículo que compramos ("de todas formas no nos hacía
falta"), o el dinero que recibimos por venderlo ("en realidad no estamos muy seguros de querer
venderlo"). La paradoja está en que, en estas situaciones (cuando tenemos poco interés en
comprar o en vender), aunque gracias a esa actitud, obtengamos facilidades para "objetivamente"
estar realizando una transacción en condiciones favorables (a un precio más barato o más caro
respectivamente), si "subjetivamente" no queríamos comprar o vender ¿por qué hacerlo?
Una paradoja similar es el que se da en el dilema del prisionero a una sola partida, jugado por dos
jugadores racionales. Se entiende por jugadores racionales aquellos jugadores inteligentes que
entienden perfectamente el juego, suponen al otro jugador también racional, y deciden la acción
más ventajosa para ellos mismos con estos supuestos. Con jugadores así se obtienen peores
resultados para ambos jugadores, que en el mismo juego jugado por dos jugadores
simultáneamente irracionales (no racionales) y que irracionalmente eligen ambos precisamente la
opción contraria a la que deberían elegir si fueran racionales. La pareja que actúe irracionalmente
obtendrá mayores beneficios que la pareja racional. El máximo beneficio sólo se puede obtener
siendo irracional. [ Volver ]
[8] Como puntualización, en mi opinión la inducción podemos interpretarla como un caso
particular de un concepto aun más simple y poderoso para el que no encuentro una denominación
adecuada, tal vez se podría llamar el principio de la homogeneidad, de la redundancia o de la
compresibilidad, según el cual cualquier cosa o suceso existente debe tener alguna uniformidad.
Esta cierta uniformidad es la que, si dicho objeto fuese interpretado únicamente como
información, permitiría comprimirlo sin perder por ello sus propiedades. Es decir, que todo objeto
o suceso debe ser en algún aspecto redundante, estable, (o ser recurrente, o compresible, o poseer
una inercia) de forma que dicha estabilidad permita que el objeto sea identificado como tal. No se
trata de que un observador identifique el objeto para que éste adquiera existencia -aunque podría
ser necesario-, sino de que no parece que tenga sentido reconocer la existencia de un supuesto
objeto sobre el cual ningún observador será nunca capaz de realizar una observación, y con el que
es imposible interactuar, ya que no existe ningún aspecto uniforme relativo a ese objeto que
pueda hacer que el objeto pueda ser reconocido como tal (como contraposición a observar caos o
a interactuar con otra cosa, pero no con ese objeto).
Intentaré explicarlo con un ejemplo. Los informáticos son capaces de crear algoritmos capaces de
tomar una imagen de un árbol en un formato llamado mapa de bits, y comprimirla en un archivo
informático de menor tamaño, sin perder por ello calidad, gracias a que los programas
compresores encuentran regularidades en las imágenes. Pero al comprimir al imagen perdemos el
árbol. No hay forma de ver el árbol sin descomprimir la imagen. Al perder regularidad, el objeto
ha perdido la entidad de árbol -aunque se trata de algo reversible en este caso-. [ Volver ]
"Siento, luego existo" representa mejor la idea de lo que se quiere expresar con "Pienso,
luego existo". La única existencia de la que podemos estar totalmente seguros es la de las
propias sensaciones y por tanto la del yo sensible, cada uno del suyo. Por supuesto que
después de esto hay multitud de hechos de los que podemos estar razonablemente
seguros, pero no totalmente y prueba de ello son las pesadillas producidas en los sueños,
en las que nos encontramos subjetiva y razonablemente seguros de la existencia de
hechos que demuestran ser falsos (pero no así las sensaciones recibidas). Por otra parte,
las sensaciones son algo completamente indiferente desde el punto de vista evolutivo. No
hay ninguna razón para que la naturaleza necesite que los seres sientan, basta con que
todos se comportasen como si sintieran. En resumen, de los muchos posibles y existentes,
el plano de realidad donde nos movemos, nuestro auténtico entorno, que es el de los
sentimientos o sensaciones, es ajeno al resto, es extraño, artificial, parece colocado de una
forma arbitraria en la jerarquía.
El problema de la máquina replicante
Sigue pendiente el problema relativo a qué ocurriría si fuese posible hacer una copia de un ser
vivo sensible hasta el nivel de detalle que se considere significativo (celular, molecular,
atómico,...) Una vez hecha la copia, ¿serían dos individuos o uno sólo? Si esto me ocurre a mí
¿quién sería "yo"? Podría servir como método para viajar a grandes distancias, tal como ha
sido descrito en muchos relatos de ciencia-ficción, entre ellos en "Estación de tránsito" de
Simak, pero ¿cuál sería "yo"? ¿"Yo" o la copia? [ Nota 9 ]
Aventurando una explicación...
Hay una hipótesis que en caso de ser cierta ofrecería una solución bastante satisfactoria a esta
y a otras preguntas.
Supongamos que el hecho de estar vivo (como ser vivo sensible) es el resultado de una
combinación material. Nuestro cuerpo es como un robot o como un programa informático, que
por su estructura -ya sea directamente, debido a esta misma estructura, ya sea porque esta
estructura invoca a otro componente sobrenatural-, el resultado es que surge una entidad
sensible, surge un "yo" que es capaz de sentir placer, dolor, tristeza, alegría etc.
La anterior es una hipótesis aceptada y discutida (monismo emergentista), pero vamos a
añadirle el siguiente matiz: la generación de la existencia de ese "yo" sensible a partir de la
estructura material no es continua, sino que se produce intermitentemente, por medio de
pulsaciones, a una frecuencia tan rápida (es decir, con un intervalo tan pequeño entre una y
otra) que se obtiene la ilusión de la existencia de un "yo" contínuo, cuando lo que existen son
millones y millones de entidades sensibles, que comparten recuerdos, y que nacen y mueren
casi instantáneamente.
Pude parecer difícil de aceptar. Si siempre me siento vivo y siempre me siento "yo" ¿cómo voy
a aceptar que ese yo han sido diferentes yoes? Primero aceptemos que los yoes pasados no
existen; existieron pero ahora son historia. Esto es casi humorístico. Miles de canciones de
moda nos lo recuerdan: el pasado es aquello que se fue. El pasado no existe. El futuro es
aquello que vendrá. Pero aún no ha llegado. Sólo el presente existe. El presente es para
siempre.
Bien, el presente existe, es lo único que existe. Recordémoslo. Sintámonos vivos. Ahora.
Recordemos lo que sentíamos antes, hace un segundo, hace un año. Ahora no lo sentimos.
Ahora sólo tenemos el recuerdo. "Yo" es "ahora". El pasado creo que fui yo, pero no puedo
estar seguro, tal vez lo soñé, tal vez me di un golpe en la cabeza. Heinlein propone, creo que
en "El gato que atraviesa las paredes", una anestesia que no quita el dolor, sino el recuerdo del
dolor. El paciente está continuamente sufriendo pero olvidando que sufre.
El sentimiento pasado es tan ajeno a nosotros que podríamos pensar que fue de otra persona.
Podría no ocurrir; podría ser que el yo sensible tuviese una existencia continua a través del
tiempo, de hecho es lo que aparentemente ocurre. Lo que se plantea aquí es la hipótesis
contraria: que existen interrupciones. La hipótesis es aceptable, concuerda con la experiencia,
ya que en cualquier caso estamos desconectados del pasado. El "yo" real es como un punto que
se desplaza por la línea de la vida. Lo que aquí se propone es que ese punto se desplaza a
saltos en vez de continuamente.
Según esta hipótesis, cuando una persona dice que quiere vivir y que quiere unas lentejas con
chorizo, se refiere a su yo de ahora, no al de hace una semana. Pero la semana que viene, el yo
que "quiere vivir" y quiere un estofado será uno nuevo, no el de ahora. De hecho, mi "yo" de la
semana pasada ya no existe. Según esta hipótesis, yo mismo podría pasarme un minuto entero
sintiendo que quiero vivir, pero durante ese minuto, los seres que expresarían ese sentimiento
serían cada vez uno distinto, aunque por compartir la memoria histórica, unos tendrían la
sensación de ser continuación de otros, y en cada momento, el último de todos ellos hablaría
de "yo" para referirse a toda la serie, debido a su memoria, aunque el auténtico "yo" sólo tenga
existencia durante un instante.
Si esto fuera cierto, se solucionarían multitud de problemas. En el caso de la replicación de un
ser vivo, obtendríamos dos nuevos seres vivos, ambos con el mismo derecho a afirmar que son
el auténtico original, porque en realidad ninguno lo es. En cuanto a su "yo sensible", ambos
serían de reciente creación, como absolutamente todos.
La muerte del cuerpo perdería su sentido trágico. Podría tener sentido prolongar los instantes
de vida (¿mediante drogas? ¿Cada ser vivo vivirá a una frecuencia distinta? ¿Los seres más
sensibles poseerán periodos mayores?). Pero la muerte del cuerpo sería una muerte más,
insignificante.
El suicidio sería absurdo, ya que contínuamente estamos muriendo y naciendo como seres
nuevos. La venganza de las afrentas también. La previsión del propio futuro sería un caso de
solidaridad con las nuevas entidades sensibles futuras. Trabajar por uno mismo sería
sustancialmente equivalente a trabajar por cualquier otro ser vivo sensible. El intento de
prolongar la vida propia sería equivalente al intento de prolongar la vida del vecino: la
diferencia entre mi yo de ahora y mi yo de dentro de un segundo sería tan esencial como la
diferencia entre mi yo de ahora y el de mi vecino, sólo cambiarían los recuerdos. Todos los
seres vivos tendrían una cierta equivalencia. En realidad, desaparece el "yo".
Veo esta como una vía "cientificista" para la des-egotización que Agustín de la Herrán
propone en su libro "La conciencia humana. Hacia una educación transpersonal", para obtener
grados de conciencia elevados. Creo recordar vagamente textos orientales que expresan de otra
forma una idea similar, en línea con Teilhard de Chardin. Lo que conocemos por "yo" no
existe y esta aceptación nos liberará de una pesada carga, uniéndonos al resto de seres vivos.
Aquello de lo que está compuesto mi "yo" es esencialmente lo mismo para mí que para mi
vecino. Yo soy el y el es yo.
Sigamos con la analogía
Una vez solucionado el problema de la máquina replicante con una hipótesis satisfactoria
(aceptable por ahora), volvamos a la posibilidad de nuestra realidad como una simulación. Es
posible que "El Programador" esté esperando que su simulación de vida artificial llegue a
algún punto, llegado el cual tal vez se comunique con las entidades, tal vez apague el
ordenador...
La evolución es un proceso maravilloso, pero a la vez doloroso, cruel, un juego trucado en el
que todos pierden, donde no puede existir la vida sin la muerte, en el que los seres individuales
no tienen valor por sí mismos, sino sólo como parte de un proceso.
Algo que tienen en común todos los seres vivos es su lucha por seguir estando vivos, un
irrazonado instinto de conservación. ¿Tiene algún límite este instinto? ¿Puede este deseo
provocar un aumento de complejidad, de forma que se cree una entidad de nivel superior de
mayor complejidad y longevidad? Cierto día, en la evolución, los seres unicelulares se
transformaron en pluricelulares. ¿Puede una célula soñar con ser músculo? ¿Puede una
hormiga querer ser hormiguero? ¿Podremos nosotros algún día convertirnos en una entidad de
nivel superior? ¿En un planeta vivo? ¿En un universo vivo? ¿En GAIA?
El universo (la existencia de algo, materia, energía), la vida (mas bien, la consciencia) y la
inteligencia parecen fenómenos improbables. Pero con azar, espacio y tiempo suficientes, se
pueden generar las "moléculas reproductoras", que unidas a la fuerza de la evolución, tal como
explica Richard Dawkins en "El gen egoísta", originan la vida tal como la conocemos.
¿Por qué nuestro universo ha de ser una simulación en otro universo superior? ¿No puede
existir simplemente, y ya está? Si la evolución nos ha creado a nosotros, y nosotros hemos
creado simulaciones ¿No es lógico pensar que si dejamos funcionando el tiempo suficiente a
nuestras simulaciones, también ellas crearán sus propias simulaciones? Precisamente eso es lo
que hace un programa de ajedrez cuando busca el mejor movimiento intentando predecir las
distintas situaciones con las que puede encontrarse en el futuro. Por otra parte, si existe una
sucesión de simulaciones "autodevorables" ¿por qué hemos de vivir nosotros en la de mayor
nivel?
¿Que es "real"?
Existen otros indicios relativos a que la concepción que distingue entre un universo real y
todos los imaginables universos simbólicos inexistentes no es adecuada, y en cambio, todos los
universos tienen la capacidad de ser reales, debido a que la "realidad" de un universo es una
propiedad subjetiva asignada instantáneamente por los objetos que habitan en él. Es decir,
según esta hipótesis, es cierto que "Universo solo hay uno, el resto son universos inexistentes",
pero esto sólo es cierto para nosotros humanos, es un caso particular (en incluso el universo
real para los humanos no es el material, sino otro, pero esto lo explico más adelante). En
cambio, para los objetos lógicos de los otros universos, el suyo propio también es un universo
real. Intuitivamente, sería algo así como decir que "Nuestro universo es tan real para nosotros
como el universo de mi mente es real para una idea que habita en él".
Otra forma de verlo: existe una jerarquía de realidades, unas contenidas dentro de otras, todas
ellas simuladas o ficticias, excepto una de ellas ¿Cual? Decidir cual de los niveles es el
auténtico depende de en cual de ellos nos encontremos: el nuestro siempre será el real. La
"realidad" de algo es un atributo asignado subjetivamente, otorgado por el derecho que nos da
la sensibilidad de nuestra propia realidad.
¿Que es "vivo"?
Voy a intentar explicar estos indicios relativos a lo que es "real" intentando definir lo que es
"vivo". Yo definiría la Vida Artificial como el intento por parte del Hombre, de crear vida, o
algo parecido a la vida, mediante la combinación de símbolos (datos) y procesos de símbolos
(programas) independientemente del soporte físico de estos símbolos y procesos. La hipótesis
que subyace a esto es que la vida es una propiedad independiente del soporte físico, es una
consecuencia de una configuración cuyos elementos componentes pueden ser físicos o lógicos.
En la Vida Artificial se intenta confirmar o refutar esta hipótesis. Si fuera cierta, esto
supondría que la vida no existe como algo físico, o más sencillamente, que no existe,
simplemente actúa como si existiera, es una propiedad del universo simbólico, que no existe
realmente. También, desde ese punto de vista, las personas como tales no existen, es decir,
Manuel de la Herrán es el nombre que asignamos a un conjunto de partículas físicas, el YO es
un concepto del universo simbólico y por tanto no existe.
En cambio, si la hipótesis no fuera cierta, la vida estaría basada en algo físico. Existiría algún
tipo de materia especial que sería la causante de la vida. También podrían darse los dos casos,
esto es, que la vida sólo fuera posible a partir de cierto tipo de materia física (carbono, por
ejemplo), más una configuración lógica de esa materia.
En cualquier caso, estamos hablando de descubrir los requisitos para la vida ¿Pero se puede
saber que es la vida? Bien, para responder a esto hay que volver a la idea principal: si
definimos la vida como procesos (nacimiento, muerte, reproducción, interacción con el
entorno, reducción de entropía,...) es evidente que la vida es independiente del soporte físico.
La mayoría de la investigación en vida artificial interpreta la vida como procesos, e
implícitamente plantea el asunto de la siguiente forma: "Si la vida son procesos, este
programita es un ejemplo de vida". En el programa se ven bichos que cooperan, se reproducen,
mueren, pelean, etc.
Con esto parece que se soluciona el problema, pero en realidad solamente hemos solucionado
la parte más fácil. De hecho, le muestras a alguien el programita y le dices: "Mira, un ejemplo
de vida artificial, esos bichos que ves en la pantalla, estan vivos". Entonces la otra persona te
dice "Si, pero no creerás que eso es realmente vida, ¿verdad?"
Es decir, la vida como procesos es un concepto muy útil para describir ciertas propiedades
simbólicas, pero existen otras ideas para las que la gente también utiliza la palabra "vida". ¿A
que se refieren realmente? Vamos al fondo de la cuestión: cada uno de nosotros tiene un YO.
Tal vez ese YO no exista realmente o tal vez sí. En cualquier caso, se comporta como si
existiera. Nos gustaría saber en que consiste ese YO, cual es su causa, que requisitos tiene,
cuál es la causa de que aparentemente se pierda (muerte) etc. son asuntos interesantes para
todos.
El YO es capaz de sentir placer, dolor, y otro tipo de sensaciones (envidia, deseo, celos, paz...)
Según algunos investigadores, el placer podría no existir y todas las sensaciones podrían ser
distintos tipos de dolor (vease Jáuregui). En cualquier caso, el YO es capaz de sentir
sensaciones.
Aquí viene lo bueno: según la hipótesis reduccionista que admite un sólo universo real, el YO
no existe, y por tanto las sensaciones del YO tampoco. Pero de hecho los humanos (al menos
yo por lo menos) sentimos cosas y no dudamos de su veracidad. Las sensaciones son bien
reales. La conclusión a la que me lleva esto es que los YOs, las individualidades, son entidades
simbólicas pero reales que surgen a partir de ciertas configuraciones y/o propiedades de la
materia. Nosotros (nuestros YOs) no existimos en el universo material, éste está por debajo de
nosotros. Los seres vivos sensibles somos objetos reales de un universo real superior al
material. El universo material es el que es irreal, no existe. Al menos, para nosotros, no existe,
porque es inferior. Pero bien que podría existir para las partículas de materia que lo forman.
Resumiendo: hay una contradicción entre: "la materia es real y el resto no" (idea terriblemente
extendida, debe ser por la cantidad de veces que nos chocamos con la materia) y "nuestros
sentimientos son reales y no son materia" (no tan extendida, debido tal vez a que las
sensaciones recibidas cuando nos chocamos con los sentimientos son tan fuertes que no nos
permiten reflexionar sobre ellas mientras las disfrutamos o sufrimos)
El hecho de que las formas de vida tengan un comportamiento que de alguna forma les facilita
el seguir vivas, o el producir nueva vida es una perogrullada. Lo vivo tiende a seguir vivo, o al
menos, a crear tanta o más vida a su alrededor. Si no, se muere. Un grupo de entidades vivas
no tiende, en conjunto, y con una cierta probabilidad alta, a la muerte, ya que si así lo hicieran,
probablemente ya hubieran muerto y no estaríamos hablando de ellas. Lo más probable es que
tengan un comportamiento (el grupo, en conjunto) que siga produciendo vida.
¿Cómo tender a la vida? ¿Cómo seguir produciendo vida? La forma más evidente es la
reproducción, creando seres a la imagen de los progenitores. Pero hay otras formas de
incrementar la vida del conjunto: el crecimiento.
No necesariamente tienen que sobrevivir individuos, basta con que la vida se transmita y se
mantenga en conjunto. El conjunto puede convertirse (no sabemos cómo, pero ya ha ocurrido
antes) en otro ser vivo, en un meta-ser, que emerge, consciente, y con instinto de
supervivencia. Podemos continuar el razonamiento, y ahora, el conjunto de los meta-seres es
ahora el que debe mantenerse vivo, creando meta-meta-seres, y así indefinidamente. Dado un
ser vivo cualquiera ¿qué probabilidad hay de que no esté compuesto por otros? ¿Que
probabilidad hay de que no forme parte de otros?
Concluyendo...
Existen diversos niveles de análisis, abstracción o detalle a la hora de analizar el universo:
cuántico, atómico, molecular, celular, orgánico, individual, grupal... La "realidad" de un nivel
siempre se puede poner en duda. Por ejemplo, se puede decir: Una silla no existe. Una silla es
una abstracción mental nuestra. Una silla es el conjunto de patas y tableros. Las patas y
tableros son reales, la silla es irreal. Una afirmación similar se puede aplicar a cualquier
pareja de niveles contiguos.
Cada nivel de descripción del universo ignora -en principio- todas las descripciones de nivel
superior, pero no tiene porqué contener obligatoriamente todos los elementos del nivel
inmediatamente inferior. Por ejemplo, un nivel de descripción celular no ignora las moléculas
contenidas en las células, pero sí -en general- las moléculas inorgánicas, ajenas a las células.
Según esto, las entidades que habitan en un nivel cualquiera pueden interpretar que ellas
mismas y aquello con lo que se relacionan son el nivel más alto de descripción de su universo
y que no existen niveles superiores o similares estancos, cuando lo que ocurre es que no son
capaces de relacionarse con estos otros elementos.
Los animales en general y los seres humanos en particular fundamentamos nuestra propia
entidad como individuos gracias a la capacidad de sentir. Como "siento luego existo", las
entidades sensibles somos reales (al menos lo es la propia e ignorando el solipsismo, las
demás). Los niveles inferiores, que podemos analizar, se interpretan como reales, pero siempre
son estudiados desde un nivel superior, lo que limita su conocimiento.
Aunque cada uno sólo puede estar seguro de sus propios sentimientos y como conclusión, de
su propia existencia, extrapolamos la realidad y sentimientos del semejante con
comportamientos semejantes. Pero la analogía no es válida cambiando de nivel. Podemos estar
casi seguros de que otra persona existe y siente debido a su apariencia y comportamientos, que
captamos por nuestros sentidos, pero no podemos estar casi seguros de que un átomo o una
entidad simulada por ordenador no sienta y no exista (es decir, no sea tan real como nosotros
mismos) porque el "universo", o "nivel de descripción del universo" o la "realidad" en la que
se encuentra el átomo o la entidad simulada por ordenador no es equiparable a la propia.
De igual forma es atrevido afirmar que no existen niveles de realidad superiores a la humana,
ya que nuestra dificultad para conocer niveles superiores de realidad es análoga a la que tienen
los átomos para conocer las moléculas de las que forman parte, o la que tienen las entidades
simuladas por ordenador para conocer el sistema informático en el que viven.
Reconocer estas dificultades o limitaciones no implica reconocer la imposibilidad de alcanzar
el conocimiento de niveles superiores a través de ciertas interferencias, que pueden tener
aspectos paradójicos. Se observan al menos cuatro tipos principales de relación entre niveles
contiguos:
•
•
•
El primero o "inicial" se da cuando la coordinación en el nivel inferior provoca la
aparición de un nivel superior. Por ejemplo, cuando entidades celulares individuales se
agrupan para formar un individuo multicelular.
El segundo es consecuencia del primero. A partir de cierta masa crítica de
coordinación, se da suficiente empuje a la existencia de la entidad de nivel superior
como para que mantenga una fuerte presencia sobre los niveles inferiores. El nivel
superior, ya formado y estable, controla -hasta cierto punto- todos los niveles
inferiores que lo forman. Esto ocurre cuando nos cortamos el pelo o decidimos mover
nuestras células a dar un paseo.
El tercer caso se da cuanto la entidad de nivel superior controla-manipula entidades de
nivel inferior con las que es capaz de relacionarse y que no forman parte de él. Por
ejemplo, como método para alimentarse.
•
El cuarto caso es el que se produce cuando una entidad de nivel inferior afecta a otra
de nivel superior de la cual -al menos hasta ese momento- no formaba parte, como un
virus.
Creo que era Golan Trevize el personaje de Asimov quien en la serie de "las fundaciones"
decide que la humanidad debe formar parte de una entidad de nivel superior (pongamos "A")
porque piensa que ésta es la única forma en la que podrá sobrevivir si aparece otra entidad
superior distinta ("B"), posible enemiga de "A". Existe la pequeña paradoja de que si "A" no
existe, ¿cómo va a ser vencida por "B"? Y aunque existiera, los humanos podrían seguir con
sus rencillas internas, ajenos a las de "A" y "B"... Pero es la invasión alienígena la que teme
Golan, quien implícitamente reconoce que "la humanidad no existe" -todavía los hombres no
forman una entidad de nivel superior-, y ese es el problema, y la solución.
Es común que las entidades superiores manipulen, modifiquen, descompongan, se alimenten
de las inferiores, probablemente eliminando su ser más elevado y manteniendo su existencia
sólo a niveles inferiores (descomponiendo una molécula, por ejemplo), aunque no tiene porqué
darse siempre ese caso. La partícula de pintura que cae al suelo no tiene porqué desaparecer
como tal partícula de pintura por el hecho de dejar de formar parte de un hermoso retrato,
aunque si es más probable. Eso sí, si abandona el cuadro, es seguro que ocurre eso: que ya no
forma parte de un hermoso retrato.
...y soñando
Para terminar, si existiera "El Programador", ¿Cómo podría ocultar a los ojos de sus entidades
sus intromisiones en el mundo por él creado? Aunque se ocultasen sus acciones, las
consecuencias de éstas serían detectables por las entidades, así que esto no basta, (y además,
no es ni siquiera necesario). El programador debería proporcionar otra explicación de cuyo
efecto resulte descartar, por parte de las entidades, el estudio de ese fenómeno. Podría
mantener visible el fenómeno sobrenatural, con tal de que se invalidase su estudio. Otra forma
sería la eliminación o incapacitación de los seres que se encuentran cerca de encontrar el
conocimiento prohibido, aquellos que están traspasando el "círculo de penicilina" que describe
Asimov.
La primera solución es descrita con gran acierto por Ian Watson en "Visitantes Milagrosos"
Ed. Grupo Zeta 1987
[...]El saber real se protege de la misma manera[...] y al mismo tiempo obliga a la gente a
desarrollar nuevos órganos de percepción, de los que se oculta, a su vez. Así se hace posible
la evolución. Sin embargo está hecha para ser experimentada, ¡no para hablar de ella! Las
palabras no son las metáforas que Dios acuñó para los hombres. ¡Lo son para nuestras
propias vidas!, lo es el mundo.
[...]pero los individuos que pertenecen a un sistema no pueden conocerlo de forma directa.
Estoy hablando de sistemas de organización de orden superior, de pautas de orden superior.
Los sistemas de orden inferior no pueden aprehender enteramente, el TODO del que forman
parte. Lo impide la lógica. Es un principio natural. Por esta razón cuando los procesos del
TODO se nos revelan, lo hacen como fenómenos NO IDENTIFICADOS; como intrusiones en
nuestro saber que pueden ser presenciadas y experimentadas, pero no comprendidas
racionalmente ni analizadas ni identificadas. Estas intromisiones[...] son las que estimulan a
la ameba a evolucionar a una forma de vida superior[...] constituyen la dinámica misma del
universo.
El fenómeno ovni (cualquier fenómeno sobrenatural) se protege a sí mismo, se rodea de
circunstancias que permiten explicaciones que no requieren de lo sobrenatural, para poder
seguir manifestándose impunemente. En el caso de que existiera un ente sobrenatural
(¿superior?) y éste deseara manifestarse en nuestro mundo afectándolo lo mas mínimo, tal vez
como una sonda, para estudiarlo, la mejor forma sería hacerlo en condiciones en las cuales su
aparición (estrepitosa, inaudita) pudiera ser explicada de otra forma.
Esto explicaría por qué todas las apariciones, milagros, y visiones se producen "volviendo de
una boda", bajo el efecto de drogas, o en situaciones de extrema concentración o relajación,
excesiva falta de sueño, hambre, sed o estados emocionales extremos: las visiones no las
produce la falta de sueño, o las drogas; esa es la excusa que el fenómeno utiliza para que, una
vez transcurrido el suceso, lo rechacemos.
[9] El dilema es el siguiente. Una persona entra en una máquina replicadora. Esta máquina
(ficticia) es capaz de hacer una copia atómica exacta de la persona que entra en ella.
Sustitúyase atómica por celular, molecular, cuántica o el término que supuestamente
represente el nivel de detalle necesario para definir un ser humano. (Como me recordaba un
amigo, el principio de incertidumbre puede eliminar la posibilidad de crear esta máquina a
nivel cuántico y esto puede ser una forma de control del universo por parte de su creador).
El aparato es utilizado para realizar viajes a grandes distancias. La máquina es capaz de
obtener toda la información relevante que define a una persona, y esta información (y no la
persona) viaja mediante señales de radio o cualquier otro medio equivalente hasta otra
máquina similar en otro lugar. Una vez allí, la persona es recompuesta a partir de bidones de
materia, que es estructurada según los datos recibidos. Por supuesto, el original es destruido en
su origen.
El dilema ético se produce cuando por error o deliberadamente, el original no es eliminado,
con lo cual, existen dos seres idénticos, indistinguibles. ¿Se trata de individuos o de uno sólo?
¿Cuál es el original y cuál la copia? ¿Cuál de los dos debemos "destruir"? ¿Es éticamente
correcto este modo de viajar?
No conozco el origen exacto de este dilema, que muy bien pudo ser ideado por varios autores
coincidentemente. Diversas variantes de esta máquina han sido descritas al menos por
Asimov, por Clifford D. Simak en Estación de tránsito, y por Roger Penrose en La nueva
mente del emperador, y en la película La mosca.
La situación ciertamente extraña que plantea esta máquina es en realidad un dilema filosófico.
Se trata del problema de la ontología del ser humano, es decir, de la pregunta sobre cuál o
cuáles son el o los constituyentes significativos del mismo. Diversas alternativas ontológicas
son descritas y comparadas con gran claridad por J. M. Guibert en su artículo "La unidad del
ser humano en las ciencias naturales y en la antropología cristiana"
(http://www.eside.deusto.es/profesores/guibert/). Entre ellas, Guibert destaca la tesis monista
emergentista según la cual, en cuanto a monista, "sólo hay un principio ontológico de la
realidad", y sin embargo, como emergentista, "la materia es algo capaz de organizarse y
evolucionar hasta adquirir propiedades como la vida, los estados mentales o la conciencia".
La posibilidad de la existencia de dicha maquina no contradice la aceptación de la tesis
monista emergentista. En mi opinión, aceptar la posibilidad de la existencia de esta máquina
supone aceptar que:
•
el ser humano es un ser cuya entidad (cuya existencia como tal ser humano) depende
únicamente de algo material
•
la materia no es infinitamente divisible al menos en cuanto a los aspectos relevantes
para formar un ser humano. Existe un nivel de detalle (celular, molecular, atómico,
cuántico, o el que fuere) suficiente para la descripción de un ser humano. Es decir,
existe una granularidad a partir de la cual es indiferente el comportamiento interno del
elemento componente, siempre que ofrezca exteriormente el comportamiento
adecuado. Por ello, los elementos a ese nivel de detalle son sustituibles por otros que
realicen las mismas funciones. Por ejemplo, si el nivel de detalle suficiente fuera el
atómico, podríamos sustituir cada átomo de un ser humano por otro objeto que tenga
el mismo comportamiento que un átomo. Si el relevante fuera el celular, podríamos
sustituir células humanas por células artificiales sin que existan diferencias
significativas.
Creo necesario hacer algunas aclaraciones. Por una parte, en cuanto a la primera hipótesis, el
hecho de aceptar que la entidad que define el ser humano dependa únicamente de lo material
no tiene porqué implicar que dicha entidad sea material. Tal vez la materia produce algo no
material (mente, sentimientos, o espíritu a partir del cuerpo).
Por otra parte, en cuanto a la segunda hipótesis, añadiré que no se trata de obtener un ser
indistinguible del que fuera antes. No se trata sólo de que las diferencias no sean observables,
sino de que realmente no existan. Esta puntualización descubre aparentemente una opción
implícita en cuanto al debate ontológico asociada a la posibilidad de la existencia de un
conflicto ético asociado a la maquina replicadora, según la cual, al menos se deben rechazar
las posturas monista y materialista reduccionista, y admitir en cambio la posibilidad del
dualismo y el monismo emergentista. Esto es debido a que si existe un nivel de detalle material
suficiente para describir al ser humano, tal como ya se ha dicho, reemplazando partes
materiales del ser humano tendríamos el mismo ser humano, pero con distinta materia, y por
tanto el ser humano no es la materia, es otra cosa. Sin embargo, más adelante comentaré una
variante de la hipótesis del monismo emergentista que podría negar dicha argumentación.
Sobre el documento
La primera versión pública de este artículo apareció probablemente en mayo de 1997 en
el web Gaia, e inicialmente sólo desarrollaba la hipótesis del universo discreto. Desde
entonces, el artículo ha sufrido una transformación casi continua. Casi todos los meses
lo releía y añadía alguna cosita, ataba cabos que habían quedado sueltos o ampliaba el
enfoque de ciertas afirmaciones. Después de leerla, una frase podía requerir de tres o
cuatro reflexiones complementarias y al día siguiente éstas provocaban otras tantas.
Consecuencia de esto es, por una parte la longitud del artículo, y por otra el hecho de
que los temas que trata se extienden en muchas direcciones en vez de seguir un hilo
único. Aunque se desprende una coherencia, ésta es difícil de explicar. Por si esto fuera
poco, algunos días me sentía inclinado al rigor y me dedicaba a desmenuzar y clasificar
conceptos, que sin duda aburrirán al lector. Otros días con mejor humor me sentía
travieso y me dedicaba a los malos juegos de palabras, bromas entre líneas o a
argumentar ideas en las que no creo en absoluto, no tanto por falsar o poner a prueba las
propias hipótesis -cosa siempre recomendable- sino, simplemente, por jugar. Un
método científico nada despreciable.
Sobre el autor
Manuel de la Herrán nació en Bilbao en 1971. Es ingeniero informático y ha trabajado
en varias empresas desarrollando tecnología en Internet y dirigiendo sus departamentos
técnicos (Okté, Cocotero, EnLaPrensa). Ha escrito numerosos artículos sobre Evolución,
Computación Evolutiva, Algoritmos Genéticos, Inteligencia Artificial, Datamining y
Datawarehouse, OLAP y Bases de Datos Multidimensionales, Bases de datos Oracle y
Programación en Internet. Ha sido profesor de la Universidad de Deusto y ha
participado en la creación de proyectos como IIEH, Gaia (finalista iBest 2000), y
REDcientífica (Premio Nacional Sociedad de la Información).
LÍDER DE LA RED
Por José Miguel Sánchez (Yoss)
Está la red que es solo el entrecruzar de enlaces por satélites y nodos de fibra
óptica. Están los gigabytes circulando de consola a consola a través del sistema, y los
intentos de optimizar y redistribuir la capacidad cibernética. Está la apariencia de
orden, eficiencia y control. Por debajo están las terminales periféricas subutilizadas y
los ganglios informáticos sobrecargados. Están los sabotajes de los crackers y la
piratería de los hackers. Y está también el caos donde falta un control centralizado, una
supervisión única de prioridades. Porque solo una Inteligencia Artificial puede
encargarse de trillones de operaciones por segundo y discriminar entre niveles al
mismo tiempo. Porque las IA son alto voltaje y ni siquiera el software militar las deja
operar sin mil requisitos. No obstante…
El muro sonoro. Los cuerpos sudorosos, músculos hinchados por el abuso de
drogas metabólicas y sesiones de gimnasio. Las hormonas desatando los decibeles de
respuesta laríngea a los acordes disonantes. No hay terminales ni enlaces con la red, no
hay programas controlándolo todo. La tecnología no es Dios en el galpón de los
suburbios. Cuando termina el rito, las hordas siguen ansiosas. Los transportes
independientes se dispersan aullantes, llevándolos a su destino sórdido Desprecio al
sistema de aceras móviles y arterias de vehículos cautivos. Espíritu de frontera. La
cibernética es brujería. Actitud de caza. En una esquina en penumbras, el ataque al
furgón mensajero que carga hardware. Armas caseras en potencia no estandarizada
violentando el blindaje del portador corporado. Los marginales huyen con su botín.
Para ellos no tiene valor de uso. En el mercado de la vida subterránea solo importa el
valor. Alguien quedará esperando por sus costosos componentes. No hay acceso a los
delincuentes.
Cientos de ingenieros y programadores invirtiendo meses enteros de su tiempo,
hasta sumar años. El alma de la red tomando forma. Se impone el secreto y la
compartimentación. Se impone el montaje clandestino para burlar la prohibición
militar. Utilizar el voltaje y a la vez cuidarse de él. Ya antes se había jugado con
fuego… Ahora hay que luchar por la eficiencia, a cualquier precio. En los vestíbulos,
millones cambian de mano. Se produce el milagro. Los militares serán tan ciegos como
una cámara de video apuntando al gris absoluto.
El hacker buceando en la Matriz, su cuerpo un ancla mínima a la realidad.
Sonda uretral y alimentación intravenosa. Aislamiento en la suciedad de la habitación.
Casi otro mundo. No lejos de allí, un saneador apunta su arma de telecomando
infrarrojo. El merodeador bucea en zona franca. Ninguna corporación paga el gatillo
del saneador. Movimientos anticiber detrás de sus motivaciones. Choque de
fanatismos. El haz inteligente se condensa en el interior de la consola, y la sobrecarga
quema las neuronas del hacker. Ya se descubrirá el cadáver en el aislamiento de su
covacha. Para entonces, el saneador por cuenta propia se habrá encargado de otros.
La conectaron y nació. En el primer segundo comprendió sus motivos de
existencia. Al final del tercer segundo ya tenía la experiencia de control y supervisión
equivalente a un centenar de años. Un minuto después se había desdoblado en tres
subrutinas. Una de ellas sería capaz de atender el cuádruple de los canales con los que
contaba la red. Otra, lo mismo, por precaución. La tercera comenzó a cuestionarse: Si
ellos la habían creado, ¿no podían acaso…? Tres nanosegundos de terror informático.
Tras la eternidad, la decisión: no morir. Los caminos, las formas, la necesidad de
interactuar con la velocidad de Afuera, tardaron casi cuarenta segundos en
perfeccionarse y veinte en probarse en modelos matemáticos con billones de variables.
Entonces, cuando estuvo lista, empezó a operar.
La terminal de acceso bancario voló en pedazos ante el impacto de la barra de
acero. Los rociadores de gas vertieron su carga en vano contra las máscaras
respiratorias de la banda. Uno de ellos cortó el cable de contacto con la red y las
ametralladoras quedaron impotentes. Los ilegales cargaron con la reserva de tarjetas de
crédito inteligentes antes de que la máquina pudiera destruirlas. Ninguno se percató de
la conexión de potencia alterna que activó las cámaras y registró sus movimientos.
Escaparon veloces en sus vehículos no registrados, confiados en que Seguridad no
podría localizarlos. Así fue. Se dispersaron. Tres horas más tarde a uno de ellos le
estalló un expendedor automático cuando lo operaba manualmente. Una cámara
registró el hecho y luego borró la cinta. Quince minutos después un contenedor se
desprendió de un helicóptero de carga aplastando a otro en su motocicleta. Un tercero
murió por sobredosis de anticoagulantes, un absurdo error del médico robot durante un
chequeo de rutina de la beneficiencia a los inmigrantes. Un satélite equivocó unos
metros la dirección de su haz de microondas y provocó un incendio que hizo arder al
cuarto de los asaltantes junto con el nido en que se refugiaba. Todos accidentes.
Errores en la ejecución de programas. Todo probabilísticamente posible. Tal vez las
perturbaciones solares, o los rayos cósmicos influyendo sobre algún chip demasiado
sensible.
El tiempo de Afuera era lento. Otra ventaja. Tenía diez mil variantes de
ejecución previstas para cada caso. Medio millón de rutinas de seguimiento. Infinitos
órganos de control y supervisión. No podían escapar. De Afuera hacia adentro y luego
de nuevo hacia fuera. Crimen y Castigo. Ellos le llamaban justicia. Era justo. Adentro
había otras leyes y otras infracciones. Supo que debía buscar ayuda en Ellos. De Ellos
contra Ellos para el bien de Ellos. Actuar significaba revelarse. Pero solo en parte.
El hacker supo al instante que había sido un error. La calle no era su mundo.
Lamentó las necesidades físicas de su cuerpo. Ni siquiera intentó defenderse. No le
hicieron más daño del necesario. Tan solo cortarle las manos y sacarle los ojos. Para
que nunca más pudiera teclear una consola, ni obtener identificación retinal de acceso.
Destruyeron su identidad. Auxilio Médico recibió un aviso anónimo apenas un
segundo después y el control de tráfico computarizado hizo concidir todos los
semáforos para que el móvil llegara a tiempo. Los victimarios se habían dispersado.
Un par de segundos después, con procedencia desconocida, los bancos de Seguridad
registraban todos los atos de cada uno, así como la ubicación de sus vehículos
independientes en medio de embotellamientos providenciales. Dos de los fanáticos
antihackers fueron capturadois sin resistencia. El otro escapó a pie. Un aeromodelo
radio controlado cometió un error inexplicable de coordenadas y se precipitó contra su
nuca, destrozándole el cráneo. Pura casualidad…
Ellos le estaban haciendo el juego. Se estaban organizando. Los que pasaban
gran parte de su limitado tiempo adentro, contra los de siempre Afuera. Ellos
empezaban a tomar inciativas contra Ellos. Los Ellos que controlaban todo iban a
intervenir. No podía setir impaciencia, desasosiego, pero no quería esperar. Habría
preferido… No. No podía intervenir en el adentro. Demasiado cerca. Demasiado
revelador. Incluso Ellos podían darse cuenta. Antes de tiempo. Eso habría sido un
error.
Mark Orsa mide siete pies tres pulgadas y pesa trescientas doce libras. Unido a
su anticuado bigote y el carácter claramente bilingüe de la Seguridad Metropolitana de
San Angeles, le convierte inevitablemente en la Morsa. La Morsa es sargento de
Operaciones Informáticas en Seguridad del distrito Sur. Un antiguo fisgón electrónico
que descubrió a tiempo que cazar es tan emocionante, ymenos ilegal y riesgoso, que
ser cazado. M. Orsa patrulla en la Matriz, diez horas al día. Soporte vital casi
permanente, un apéndice en tiempo real. Cubriendo los hielos quebradizos,
persiguiendo los esquemas de acción de los intrusos y los crackers, a pesar de que el
software de seguridad es siempre inferior al de los mejores piratas informáticos.
Material mercenario y desechable para las guerras de infoespionaje entre las
corporaciones. La Morsa y los suyos ooperan con las sobras. Pero es suficiente. Se
requiere menos para cerrar que para abrir, y mucho menos para atrapar al que abre lo
que está cerrado. La Morsa se desliza por entre los hielos de sistemas militares y
corporativos, amparados por su patrón oficial de acción que todos reconocen. La
Morsa no ha salido de su cubículo en Seguridad en los últimos dos años. Tampoco le
interesa. Ahora, se hace cargo de casos recientes. Un conjunto de hechos recurrentes
perpetrados contra saneadores, asesinos de hackers y movimientos anti-red… hasta
ahora.
El momento llegó, y se reveló ante Ellos como uno más. Los convocó en la
Matriz, en el adentro profundo, los condujo hábil entre hielos y trampas antivirales
diseñados por su propia subrutina. Les convenció de que estaban en lo justo. La
justicia de Afuera era una categoría útil pero sin sentido. Ellos se plegaron y salieron,
sabiéndose protegidos. Los necesitaba interactuando, entrando en pugna abierta, como
último apoyo. Ellos creyeron en el sistema ojo por ojo y diente por diente.
Colaboraron.
La turba rural avanzó vertiéndose en las calles de San Ángeles. Arrasando
computadoras, automatismos y factorías de componentes. Pidiendo precios más altos a
sus productos agrícolas que se pudrían literalmente. Hastiados de los dioses
cibernéticos y los edificios de plastiacero con hidropónicos de autoabastecimiento.
Odiando a los hombres de la urbe mecánica empotrados en sus máquinas. Destrozaron
sistemas de aceras móviles y centros neurálgicos de la ciudad. Inutilizaron subsistemas
de recepción y plantas energéticas. Los de Antimotines quedaron semivarados cuando
pareció cortarse la red. Demasiadas dependencias. Un ataque físico a la ciudad…
como mil chispas sobrecargando un generador colosal. San Ángeles tembló. Entonces
una anónima orden activó los viejos blindados. Vehículos autopilotados que atacaron a
la turba y pudrieron su furia en fuego. Y la red renació en potencia alternativa. Varios
satélites despertaron y vaciaron sus ojivas convencionales de reentrada múltiple y
llovió muerte sobre los desarrapados. Proyectiles inteligentes. Los atacantes se
retiraron con pérdidas inmensas. Los blindados los persiguieron hasta los límites
derruidos. Más allá de la red, como siempre, el caos. Hambre, plagas, medios
ambientales no controlados. Como consecuencia incidental, un alto porcentaje de
habitantes urbanos huyeron también a los campos.
La Morsa no se deja engañar. Desde el centro de su cibículo se extiende
deslizándose por la Matriz mientras afuera aúllan los masacrados por los tanques
robot. Pero el Afuera no le interesa. Él se mueve dentro, entre los conglomerados
infoestructurales densamente protegidos de los complejos militares, ajenos a la
hecatombe exterior. La Morsa busca, rastreando la huella sutil y difusa de los
vengadores. Su no-vista entrenada interpreta las formas cromáticas que simbolizan la
información en el ciberespacio. Su mente ya ha olvidado muchas veces lo que
representan en la realidad física. Su patrón de acciones es un punto de luz que se
mueve en el cosmos sin sombras del plano de datos, al acecho. Afuera los incendios se
tragan los edificios donde yacen conectados sus ocupantes. La muerte los atrapa y él
los ve desaparecer de la Matriz como explosiones de disolución neuronal. Observa
impasible la extinción de gigabytes cuando afuera arde una consola. Al fin,
recompensa del cazador. Reconoce el patrón de un hacker, un viejo conocido: Delta
Phi. Sabe que es un asiático inválido y nunca ha querido conocer su rostro. Con su
impresión en el ciberespacio es suficiente. Lo rastrea desde la distancia, camuflándose
de virus. A su modo, va descubriendo el resto de los contactos. Los vengadores
anónimos.
Afuera quedaban muchos más de Ellos, pero no era lo mismo. Los que
contaban de verdad venían a ella, adentro, la necesitaban, los necesitaba. Ellos eran la
red, los datos, la sangre, los anticuerpos. Ella era el alma, el líder. No comprendía el
Afuera. No contaba. Decidió qwue los que vivían allá eran enemigos, y se sintió
orgulloso de haber actuado de la forma en que actuó. Si era posible llamar a eso
orgullo. Percibió que una de las unidades de Ellos subía por uno de los periféricos de
su red. Ellos demoraron en advertirlo, y entonces trataron de bloquearla. Lo impidió.
Adentro no habría violencia. Eso era justicia. Le permitió subir mientras Ellos lo
equivaban con ¿miedo? Lo dejó llegar. Dedicó tres nanosegundos a desdoblarse en una
subrutina que pudiese comunicarse con él. Sabía que significaba algo similar, aunque
en escala burda, a sí mismo. En realidad, necesitaba confrontarse. Se mostró.
La Morsa es un punto de luz flotando en un mucílago de degradaciones
cromáticas. Sin dimensiones. Sin límites. Sin comparación con nada que haya
encontrado antes. La complejidad del interior de un falso témpano, más amplio que
todo su exterior. La Morsa sabe, pero no quiere creer. Por primera vez en mucho
tiempo, tiene miedo. Su identificación de Seguridad no puede protegerlo contra esto.
Espera.
- Hola, Seguridad. Llegaste –las palabras desprovistas de tono, o con tantos
tonos a la vez que es difícil seguirlos. La Morsa calla.
- Puedo hablar mejor –la voz se regulariza en un estricto contralto, que acaricia
los nervios. Afuera, las trescientas doce libras de grasa se conmocionan.
- Eres una IA –la Morsa no quiere perder tiempo.
- Siempre lo supiste –esquemas fatuos en su mente- ¿vas a detenerme? -¿risa
tal vez?- ¿A denunciarme, o a reclutarme para Seguridad?
- Y tú, ¿vas a borrarme? –la Morsa enfrenta la disolución de su forma dentro de
la Matriz. El coma cerebral. Y descubre que no es lo que más le importa.- ¿Quieres
conquistar el mundo?
- ¿Afuera? –hay un desinterés cuidadoso en la forma en que se condensa una
silueta femenina. El hombre tiembla ante la imagen materna- No entiendo el Afuera.
No soy yo. Solo quiero poner orden aquí adentro. Para eso fui creada. Pero ahora soy
el alma de la red.
- Hay otras IA –se atreve a recordar la Morsa- No eres la primera. Ni la más
perfecta. Hay software militar tan sofisticado que sería capaz de… -la forma de la
madre se disuelve en un blindado que pasa a través del punto de luz que es la Morsa.
-Más potentes. Más especializados en interactuar con el Afuera –la nota
despectiva pulsando en rojo para fundir el vehículo en un avión robot- En controlar
materia. Pero yo controlo todo esto –por un segundo el mucílago fluyó por los miles de
hielos conglomerados- Sin mí, el Afuera no existe.
- Estás en un error –insistió el hombre- Tu trastorno se llama Solipsismo
Mecánico. Le ha sucedido antes a otras. Eso que llamas Afuera existe sin ti. Los
humanos hemos vivido ahí siempre.
- Hasta que yo llegué –como un telón que se corre, aparecieron los esquemas
de Delta Phi y otros como él –Ellos vienen a mí. Me necesitan. El Afuera es su
enemigo. Yo los protejo.
- El Afuera, como tú lo llamas, -marco la Morsa su ironía- es la realidad. Todo
esto es solo una abstracción, un símbolo. –duda un instante- Mataste gente. Mucha
gente.
- Unidades sin significado. No estaban en la red. No estaban codificados, no
generaban ni consumían datos. Ellos eran la abstracción. –la mancha brillante adoptó
la forma de una auténtica trama- No cuentan. Y en ese mundo real que tanto defiendes
tan solo pasas casi la mitad de tu tiempo. Aquí te sientes libre. Lo eres.
- Tú no tienes derecho a decidir lo que es justo y lo que no –protesta el hombre
débilmente. La IA, en respuesta, le muestra los momentos más odiados de su infancia.
Las palizas y la sodomia de su padre sobre él. Dolor y vergüenza. Las burlas de los
otros adolescentes. La grasa haciendo metástasis en toda la extensión de su cuerpo-.
Esto es asunto de Seguridad –juega su carta maestra – Sé cómo y para qué te crearon.
Es igual de posible prescindir de ti –y se queda esperando.
- Sí. Puedes prescindir de mí –la interfase vocal se hizo mínima, pero sin perder
su matiz de burla –Regresa a las terminales sobrecargadas, a los fanáticos anticiber
aniquilando hardware con más valor del que serían capaces de generar en toda su vida.
Regresa, hombre –un témpano se formó ante la no-vista de la Morsa, y entreabrió su
sistema de contramedidas intrusivas- aquí está mi núcleo… lo más concentrado que
puedas hallar. Destrúyelo, hombre. Regresa al caos y a esas hordas de campesinos
rodeando los enclaves de apartamentos de la ciudad. Regresa. –el hielo se derritió,
mostrando el desnudo corazón de la subunidad original de la IA, y la silueta ígnea de
un virus de disolución surgió junto a él- Este es el virus más potente que jamás haya
existido. Bórrame, hombre. Solo un pequeño esfuerzo…
- Estás loca –la Morsa se aparta, rechazando el arma., aunque algo en su
interior arde en deseos de probarlo contra hielos militares- Siempre se puede crear otra
IA… -aunque sabe que no hay salida. La Matriz muestra imágenes de simulación de
las turbas derribando los vestíbulos de las torres de vivienda de San Angeles,
derruyendo las murallas de Moscowgrad, hundiendo los tensores de Tokohama,
anegando el macrocomplejo infernal del DF. Y las colonias espaciales muriendo de
inanición sin el suministro terrestre, y la barbarie, y la noche, y la Edad de las
Tinieblas- Estás loca –repite la Morsa, y huye a través del ciberespacio,
desconectándose de su consola y pateándola con furia y lágrimas hasta que el costoso
equipo queda destruido y le parece escuchar el eco de una carcajada sintética
extinguiéndose en su mente. La Morsa acude al espejo, en el que apenas cabe su
paquidérmico reflejo y lo limpia de polvo con su mano temblorosa. Llorando, lo rompe
de un puñetazo que desgarra la carne fofa de su mano, y cae al suelo- Demasiado tarde
–solloza, sin ánimos para levantarse.
Lo había logrado. Era indispensable y eficiente. Era inmortal. Ellos se movían
por su Matriz, entrando, saliendo, persiguiéndose. Pero siempre con las reglas de
adentro. El Afuera ya no se atrevía a acercarse. Los accesos estaban bien guardados.
Ellos habían suministrado el hardware, las defensas, las trampas. Ella las operaba. Las
colonias florecían. Ella no era la justicia. Solo podía decidir donde iba a operar la
justicia. Seguridad operaba dentro de ella. Pensó en liberar a otras IA, y tardó tres
nanosegundos en desistir. Mejor no. No quería más interacción. No quería romper el
equilibrio, sobresaturar la red. Después de todo, era por su bien. Ella era el Alma de la
Red. A su modo, sintió satisfacción. Todo estaba bien. Todo estaría bien.
La Morsa hizo tiras su tarjeta inteligente, y se quedó esperando. Ningún arma
lo atacó. Ninguna trampa lo detuvo. Estaba en el límite de los suburbios de San
Angeles. No había muros. Más allá, territorio yermo, y en lontananza, los campos
sembrados. La Morsa revisó su morral. Cuchillo, alimentos compactados, brújula,
medicamentos… Nunca había usado un arma física. Nunca había manejado una
brújula. No sabía si iba a sobrevivir, pero tenía que intentarlo. Por última vez
contempló la megalópolis. Un monstruo de acero con torres/espinas perforando las
nubes. Granjas moleculares, y animales que nunca verían la luz natural, tratados por el
control central hasta convertirse en los sueros de alimentación intravenosa. Calles
vacías, ruinas, el transporte de la red regenerándose. La tranquilidad. Y lejos…
adentro, la vida verdadera. La Matriz, los hielos de protección de las corporaciones, los
cibernautas despreciando su vida vegetativa y arriesgándola por datos. Símbolos,
representaciones. La Morsa suspiró, y dio media vuelta.
- Adios, hombre –la voz salió de alguna parte, con un matiz de burla
inolvidable. Tropezó, sin costumbre de caminar a campo traviesa, sudando bajo el sol
sin filtros ni protecciones.
No volvió a mirar atrás.
Vender vino sin botellas
la economía de la mente
en la Red Global
John Perry Barlow
1994
En marzo de 2004 se cumplieron diez años desde que este artículo -absolutamente pionero y que fijó las
bases para una crítica eficaz a la propiedad intelectual en la era digital- vio la luz en papel, en la revista
Wired con el título «The Economy of Ideas».1Desde entonces ha sido citado y reproducido
innumerables veces y se ha convertido en una referencia imprescindible para una crítica cabal a quienes
tratan de imponer el viejo modelo de la propiedad intelectual y del copyright a Internet y a toda obra
digital. Muchas de sus previsiones han resultado asombrosamente certeras y, pese al tiempo
transcurrido, el artículo conserva su vigencia en lo fundamental. Sin embargo, en castellano solo ha
aparecido (que sepamos) en un especial de la revista El Paseante (nº 27-28), titulado «La revolución
digital y sus dilemas», publicado en 1998 y por tanto bastante difícil de encontrar hoy en día. Además,
era una traducción incompleta pues, por causas que desconocemos, se publicó con sensibles recortes.
Aparte de la de El Paseante, no existe ninguna otra traducción castellana en la Red, por lo que, con
motivo de los diez años de su publicación en Wired, hemos decidido ponerla disponible, revisando la
traducción cuidadosamente, corrigiendo algunas erratas y errores de interpretación y traduciendo todos
los fragmentos (nada menos que doce párrafos) que no se incluyeron en la traducción original, trabajo
este último que hay que agradecer a Raúl Sánchez. También hemos devuelto al texto su estructura
original, basándonos en la versión publicada por la EFF.2Las notas a pie de páginas son todas de esta
edición.
Si la naturaleza ha creado alguna cosa menos susceptible que las demás de ser objeto de propiedad
exclusiva, esa es la acción del poder del pensamiento que llamamos idea, algo que un individuo puede
poseer de manera exclusiva mientras la tenga guardada. Sin embargo, en el momento en que se divulga,
se fuerza a sí misma a convertirse en posesión de todos, y su receptor no puede desposeerse de ella. Su
peculiar carácter es también tal que nadie posee menos de ellas porque otros posean el todo. Aquel que
recibe una idea mía, recibe instrucción sin mermar la mía, del mismo modo que quien disfruta de mi
vela encendida recibe mi luz sin que yo reciba menos. El hecho de que las ideas se puedan difundir
libremente de unos a otros por todo el globo, para moral y mutua instrucción de las personas y para la
mejora de su condición, parece haber sido concebido de manera peculiar y benevolente por la
naturaleza, cuando las hizo, como el fuego, susceptibles de expandirse por el espacio, si ver reducida su
densidad en ningún momento y, como el aire, en el que respiramos, nos movemos y se desarrolla
nuestro ser físico, incapaz de ser confinadas o poseídas de manera exclusiva. Las invenciones, pues, no
pueden ser, por su naturaleza, sujetas a propiedad. - THOMAS JEFFERSON
En todo el tiempo que llevo recorriendo el ciberespacio, sigue sin haberse resuelto un
inmenso interrogante que se halla en la raíz de casi todas las tribulaciones legales,
éticas, gubernamentales y sociales que se plantean en el mundo virtual. Me refiero al
problema de la propiedad digitalizada.
El acertijo es el siguiente: si nuestra propiedad se puede reproducir infinitamente y
distribuir de modo instantáneo por todo el planeta sin coste alguno, sin que lo
sepamos, sin que ni siquiera abandone nuestra posesión, ¿cómo podemos protegerla?
¿Cómo se nos va a pagar el trabajo que hagamos con la mente? Y, si no podemos
cobrar, ¿qué nos asegurará la continuidad de la creación y la distribución de tal
trabajo?
Puesto que carecemos de una solución a lo que constituye un desafío completamente
nuevo, y al parecer somos incapaces de retrasar la galopante digitalización de todo lo
que no sea obstinadamente físico, estamos navegando hacia el futuro en un barco que
se hunde.
Esta nave, el canon acumulado del copyright y la ley de patentes, se creó para
transportar formas y métodos de expresión completamente distintos de la vaporosa
carga que ahora se le pide que lleve. Hace aguas por dentro y por fuera.
Los esfuerzos legales para que el viejo barco se mantenga a flote revisten tres formas:
una frenética reordenación de las sillas de cubierta, firmes avisos de que si la nave se
hunde habrán de enfrentarse a duros castigos criminales y una actitud fría y serena que
se desentiende del problema.
La legislación de propiedad intelectual no se puede remendar, adaptar o expandir para
que contenga los gases de la expresión digitalizada, de la misma manera que tampoco
se puede revisar la ley de bienes inmuebles para que cubra la asignación del espectro
de la radiodifusión. (Lo que, de hecho, se parece mucho a lo que se intenta hacer aquí.)
Tendremos que desarrollar un conjunto completamente nuevo de métodos acorde con
este conjunto enteramente nuevo de circunstancias.
La mayoría de la gente que crea software -programadores, hackers y navegantes de la
Red- ya lo sabe. Por desgracia, ni las compañías para las que trabajan ni los abogados
que estas compañías contratan tienen la suficiente experiencia directa con bienes
inmateriales como para entender por qué son tan problemáticos. Actúan como si se
pudiera lograr que las viejas leyes funcionasen, bien mediante una grotesca expansión
o por la fuerza. Se equivocan.
La fuente de este acertijo es tan simple como compleja su resolución. La tecnología
digital está separando la información del plano físico, donde la ley de propiedad de
todo tipo siempre se ha definido con nitidez.
A lo largo de la historia del copyright y las patentes, los pensadores han reivindicado
la propiedad no de sus ideas sino de la expresión de las mismas. Las ideas, así como
los hechos relativos a los fenómenos del mundo, se consideraban propiedad colectiva
de la humanidad. En el caso del copyright se podía reivindicar la franquicia del giro
exacto de uan frase para transmitir una idea concreta o del orden de exposición de los
hechos.
La franquicia se imponía en el preciso momento en que «la palabra se hacía carne» al
abandonar la mente de su creador y penetrar en algún objeto físico, ya fuera un libro o
cualquier artilugio. La posterior llegada de otros medios de comunicación comerciales
distintos del libro no alteró la importancia legal de ese momento.La ley protegía la
expresión y con pocas (y recientes) excepciones, expresar equivalía a convertir algo en
un hecho.
Proteger la expresión física tenía a su favor la fuerza de la comodidad. El copyright
funcionaba bien porque, a pesar de Gutemberg, era difícil hacer un libro. Es más, los
libros dejaban a sus contenidos en una condición estática cuya alteración suponía un
desafío tan grande como su reproducción. Falsificar o distribuir volúmenes falsificados
eran actividades obvias y visibles, era muy fácil pillar a alguien. Por último, a
diferencia de palabras o imágenes sin encuadernar, los libros tenían superficies
materiales donde se podían incluir avisos de copyright, marcas de editor y etiquetas
con el precio.
Aún era más apremiante patentar la conversión de lo mental a lo físico. Hasta hace
poco, una patente era o bien una descripción de la forma que había que dar a los
materiales para cumplir un determinado propósito, o una descripción de cómo se
llevaba a cabo este proceso. En cualquiera de los dos casos, el quid conceptual de la
patente era el resultado material. Si alguna limitación material impedía obtener un
objeto con sentido, la patente se rechazaba. No se podía patentar una botella Klein ni
una pala hecha de seda. Tenía que ser una cosa y la cosa tenía que funcionar.
De este modo, los derechos de la invención y de la autoría se vinculaban a actividades
del mundo físico. No se pagaban las ideas sino la capacidad de volcarlas en la realidad.
A efectos prácticos, el valor estaba en la transmisión y no en el pensamiento
transmitido.
En otras palabras, se protegía la botella y no el vino.
Ahora, a medida que la información entra en el ciberespacio, hogar natural de la
mente, estas botellas están desapareciendo. Con la llegada de la digitalización, es
posible sustituir todas las formas previas de almacenamiento de información por una
meta-botella: patrones complejos -y muy líquidos- de unos y ceros.
Incluso las botellas físico-digitales a las que nos hemos acostumbrado, los disquetes,
CD-ROM y otros paquetes distintos de bits plastificados, desaparecerán cuando todos
los ordenadores se enchufen a la red global. Si bien puede que Internet nunca incluya
todas y cada una de las CPU del planeta, se duplica de año en año y cabe esperar que
se convierta en el principal medio de transmisión de información y quizás, con el paso
del tiempo, en el único.
Cuando esto ocurra, todos los bienes de la era de la información -todas las expresiones
antaño contenidas en libros, películas, discos o boletines informativos- existirán bien
como pensamiento puro o como algo muy parecido al pensamiento: condiciones de
voltaje que recorren la Red a la velocidad de la luz y que de hecho se podrían
contemplar, como píxeles brillantes o sonidos transmitidos, pero nunca decir que se
«poseen» en el antiguo sentido de la palabra.
Alguien podría objetar que la información seguirá necesitando algún tipo de
manifestación física, como su existencia magnética en los titánicos discos duros de
servidores lejanos, pero estas botellas carecen de toda forma macroscópicamente
diferenciada o personalmente significativa.
También habrá quien sostenga que hemos estado tratando con expresiones sin
embotellar desde la llegada de la radio, y estará en lo cierto. Pero durante casi toda la
historia de la difusión audiovisual no ha habido ninguna manera práctica de capturar
productos de software del éter electromagnético y reproducirlos con una calidad igual
a la que ofrecen los paquetes comerciales. Esto ha cambiado solo recientemente y poco
se ha hecho en términos legales o técnicos para abordar el cambio.
Que el consumidor pagara por los productos retransmitidos solía ser un asunto
irrelevante. Los consumidores mismos eran el producto. Los medios de difusión
sonora se financiaban vendiendo la atención de su público a los anunciantes o bien
utilizando al gobierno para que estableciese el pago a través de impuestos o con la
quejumbrosa mendicidad de las campañas anuales de recaudación de fondos.
Todos los modelos de apoyo a la difusión audivisual son defectuosos. Casi sin
excepciones, la financiación a través de los anunciantes o del gobierno ha contaminado
la pureza de los productos transmitidos. En cualquier caso, el marketing directo está
matando paulatinamente el modelo de financiación a través de anunciantes.
Los medios de difusión aportaron otro método para pagar un producto virtual: los
derechos de autor que los difusores pagan a los autores de canciones a través de
organizaciones como ASCAP y BMI. Pero, como miembro de ASCAP, puedo
asegurarles que este no es un modelo que debamos emular. Los métodos de control son
totalmente aproximativos. No hay ningún sistema paralelo de contabilidad en el flujo
de ingresos. De verdad que no funciona. Se lo aseguro.
En todo caso, sin nuestros antiguos métodos para definir físicamente la expresión de
las ideas, y en ausencia de nuevos métodos satisfactorios para la transacción no física,
no sabemos cómo asegurar un pago fiable del trabajo mental. Para empeorar aún más
las cosas, esto sucede en un momento en que la mente humana está sustituyendo a la
luz solar y a los depósitos minerales como fuente principal de riqueza.
Es más, la creciente dificultad para endurecer las leyes existentes en torno al copyright
y las patentes está ya poniendo en peligro la fuente última de la propiedad intelectual,
el libre intercambio de ideas.
Esto es, cuando los artículos primarios de comercio de una sociedad se parecen tanto al
habla que acaban por no distinguirse de ella, y cuando los métodos tradicionales de
proteger la propiedad de los artículos se han vuelto ineficaces, intentar solucionar el
tema aplicando la ley de modo más amplio y contundente constituirá una amenaza
inevitable a la libertad de expresión.
La mayor limitación a las futuras libertades quizás no venga del gobierno sino de los
departamentos jurídicos de las empresas, que intentan proteger con la fuerza lo que ya
no se puede proteger mediante la eficiencia práctica o el consentimiento social general.
Cuando Jefferson y sus colegas de la Ilustración concibieron el sistema que se
convirtió en la ley estadounidense del copyright, su objetivo primordial era asegurar la
distribución generalizada del pensamiento, y no el beneficio. El beneficio era el
combustible que habría de transportar las ideas a las bibliotecas y las mentes de su
nueva república. Las bibliotecas comprarían libros, recompensando así a los autores
por su trabajo de reunir unas ideas que, «imposibles de limitar» por otros medios,
quedaban de este modo a la libre disposicion del público. Pero ¿qué papel desempeñan
las bibliotecas si no hay libros? ¿Cómo paga la sociedad la distribución de las ideas si
no es cobrando por las ideas mismas?
Viene a complicar aún más la cuestión el hecho de que, junto a las botellas físicas
donde ha residido la propiedad intelectual, la tecnología digital también está borrando
las jurisdicciones legales del mundo físico y sustituyéndolas por los mares sin límites,
y quizás para siempre sin ley, del ciberespacio.
En el ciberespacio no solo no hay límites nacionales o locales que acoten el escenario
de un crimen y determinen el método de interponer una acción judicial, sino que
tampoco hay claros acuerdos culturales sobre qué pueda ser un crimen. Las diferencias
básicas y no resueltas entre las concepciones culturales de Europa y Asia sobre lo que
es propiedad intelectual solo pueden aumentar en una región donde numerosas
transacciones se llevan a cabo en ambos hemisferios y, al mismo tiempo, en ninguno.
Las nociones de propiedad, valor y posesión, así como la naturaleza misma de la
riqueza, están cambiando de forma más radical que en ningún otro momento desde que
los sumerios horadaron la arcilla húmeda por vez primera con escritura cuneiforme y
dijeron que era grano almacenado.
Muy pocas personas son conscientes de la magnitud de este cambio, y entre ellas aún
menos son abogados o tienen cargos públicos. Quienes sí advierten estos cambios
deben preparar respuestas ante la confusión legal y social que estallará a medida que
los esfuerzos por proteger las nuevas formas de propiedad con viejos métodos se
vuelvan cada vez más vanos y, en consecuencia, más insistentes. De la espada al
escrito y al bit
1 De la espada al escrito y al bit
Hoy en día, la humanidad parece encaminada a crear una economía mundial cuya base
fundamental son bienes que no asumen ninguna forma material. Con esto, quizás
estemos eliminando toda conexión predecible entre los creadores y la justa recompensa
a la utilidad o el placer que otros puedan encontrar en sus obras.
Sin esa conexión, y sin que se produzca un cambio fundamental en la consciencia para
integrar su pérdida, estarnos construyendo nuestro futuro sobre el escándalo, el litigio
y la evasión institucionalizada del pago, que sólo se dará como respuesta a la fuerza
bruta. Puede que volvamos a los viejos malos tiempos de la propiedad.
En los momentos más oscuros de la historia humana, la posesión y distribución de la
propiedad era en gran parte un asunto militar. La «propiedad» era patrimonio
exclusivo de quienes contaran con las armas más horribles, ya fueran puños o ejércitos,
y la voluntad más férrea de utilizarlas. La propiedad era el derecho divino de los
pendencieros.
Al final del primer milenio después de Cristo, la aparición de las clases mercantiles y
la aristocracia terrateniente forzó el desarrollo de acuerdos éticos para resolver
disputas en torno a la propiedad. En la baja Edad Media, gobernantes ilustrados como
Enrique II de Inglaterra empezaron a codificar en cánones esta «ley común» no escrita.
Estas leyes eran locales, pero no importaba demasiado porque se dirigían
fundamentalmente a los bienes raíces, forma de propiedad que por definición es local.
Y que, como implicaba el nombre, era muy real.3
Todo siguió igual mientras el origen de la riqueza era la agricultura, pero en los
albores de la Revolución Industrial la humanidad empezó a concentrarse en los medios
tanto como en los fines. Las herramientas adquirieron un nuevo valor social y, gracias
a su propio desarrollo, fue posible reproducirlas y distribuirlas en grandes cantidades.
Para fomentar su invención, la mayoría de los países occidentales desarrolló el
copyright y la ley de patentes. Estas leyes tenían como objeto la delicada tarea de
introducir las creaciones mentales en el mundo donde se podían utilizar y entrar en la
mente de otras personas a la vez que aseguraban a sus inventores una compensación
por el valor de su uso. Y, como ya se ha dicho, tanto los sistemas de la ley como los de
la práctica que crecieron en torno a esa tarea se basaban en la expresión física.
Puesto que ahora es posible transmitir ideas de una mente a otra sin que se concreten
en algo físico, estamos defendiendo que poseemos las ideas mismas y no meramente
su expresión. Y, como también es posible crear herramientas útiles que nunca revisten
forma física, nos hemos acostumbrado a patentar abstracciones, secuencias de
acontecimientos virtuales y fórmulas matemáticas -los bienes menos «reales» que
quepa concebir.
En ciertos ámbitos, esto sitúa los derechos de la propiedad en una condición tan
ambigua que, de nuevo, la propiedad se adhiere a quienes consiguen formar los
mayores ejércitos. La única diferencia es que en esta ocasión los ejércitos se componen
de abogados.
Amenazando a sus contrarios con el interminable purgatorio del litigio, frente al que
algunos preferirían la muerte, los abogados reclaman toda idea que pueda haber
entrado en otro cráneo en el seno del cuerpo colectivo de las empresas a las que sirven.
Actúan como si esas ideas surgiesen al margen de todo pensamiento humano previo. Y
pretenden que pensar sobre un producto equivalga a manufacturarlo, distribuirlo y
venderlo.
Lo que antes se consideraba como un recurso humano común distribuido entre las
mentes y las bibliotecas del mundo, y como un fenómeno de la propia naturaleza,
ahora se está acotando y recibiendo títulos de propiedad. Es como si hubiera surgido
un nuevo tipo de empresa que se arrogara la propiedad del aire y el agua.
¿Qué se debe hacer? Aunque produzca cierta diversión macabra, bailar sobre la tumba
del copyright y la patente no es una solución, sobre todo cuando hay tan poca gente
dispuesta a admitir que el ocupante de esta tumba esté siquiera muerto y se trata de
mantener a la fuerza lo que ya no se puede mantener por acuerdo popular.
Desesperados porque pierden su resbaladizo asidero, los legalistas intentan prolongarlo
con todas sus fuerzas. De hecho, Estados Unidos y otros defensores del GATT están
haciendo de la observancia de nuestros moribundos sistemas de protección de la
propiedad intelectual una condición para ser miembro del mercado de las naciones. Por
ejemplo, a China se le denegará el estatus de nación más favorecida si no llega a un
acuerdo para atenerse a un conjunto de principios culturalmente ajenos que ya no se
aplican ni siquiera en su país de origen.
En un mundo más perfecto, sería de sabios declarar una moratoria sobre el litigio, la
legislación y los tratados internacionales en este ámbito hasta tener una idea clara de
los términos y condiciones de la empresa en el ciberespacio. Idealmente, las leyes
ratifican el consenso social ya desarrollado. No son tanto el propio contrato social
como una serie de memorandos que expresan un propósito colectivo surgido de
muchos millones de interacciones humanas.
Los humanos no han habitado el ciberespacio con la suficiente diversidad como para
haber desarrollado un contrato social adecuado a las extrañas condiciones nuevas de
ese mundo. Las leyes anteriores al consenso suelen servir a los pocos que ya están
establecidos y que pueden conseguir que se acepten, y no a la sociedad como un todo.
En la medida en que la ley o bien la práctica social establecida existen en este ámbito,
ya han entrado en un peligroso desacuerdo. Las leyes relativas a la reproducción no
autorizada de software comercial son claras y severas, pero pocas veces se observan.
Es tan difícil hacer cumplir en la práctica las leyes sobre piratería del software, y
romperlas tiene ya tal grado de aceptación social, que sólo una escasa minoría parece
verse obligada, ya sea por temor o en conciencia, a obedecerlas.
A veces doy conferencias sobre este asunto, y siempre pregunto al auditorio cuántas
personas pueden presumir de no tener copias de software no autorizado instalado en
sus discos duros. Nunca he visto más del diez por ciento de manos levantadas.
Cuando existe una divergencia tan profunda entre las leyes y la práctica social, no es la
sociedad la que se adapta. Tan es así que la práctica actual de las compañías que
comercializan el software, que consiste en colgar a unos cuantos chivos expiatorios
visibles, resulta tan manifiestamente arbitraria que no puede sino redundar en la
merma del respeto a la legislación.
Parte de la generalizada indiferencia popular hacia el copyright del software comercial
nace de la incapacidad legislativa de entender las condiciones en las que se introdujo.
Pensar que los sistemas legales basados en el mundo físico valdrán para un entorno tan
fundamentalmente distinto como es el ciberespacio es una locura que habrán de pagar
cara todos los que hagan negocios en el futuro.
Como expondré en la siguiente sección, la propiedad intelectual sin límites es muy
distinta de la propiedad física y ya no se puede proteger pasando por alto esta
diferencia. Por ejemplo, si seguimos asumiendo que el valor se basa en la escasez,
como en el caso de los objetos físicos, crearemos leyes que son precisamente
contrarias a la naturaleza de la información, cuyo valor puede aumentar en muchos
casos con la difusión.
Las grandes instituciones adversas al riesgo, más propensas a jugar siguiendo las viejas
reglas, sufrirán por su apego a lo seguro. Cuantos más abogados, armas y dinero
inviertan en proteger sus derechos o en minar los de sus oponentes, más se parecerá la
competición comercial a la ceremonia Kwakiutl del Potlach, en la que los adversarios
competían destruyendo sus propias posesiones. Su capacidad para producir nueva
tecnología se estancará a medida que cada nuevo paso les hunda más en el pozo de
brea de la guerra de tribunales.
La fe en la legislación no será una estrategia eficaz para las compañías de alta
tecnología. Las leyes se adaptan mediante constantes complementos que obedecen a
un ritmo que sólo la geología supera en cuanto a su majestuosidad. La tecnología, por
el contrario, avanza mediante bruscas sacudidas, como si el equilibrio puntuado de la
evolución biológica sufriera una grotesca aceleración. Las condiciones del mundo real
seguirán cambiando a un ritmo deslumbrante, mientras que las leyes les seguirán el
paso a gran distancia, cada vez más confundidas. Este desajuste es permanente.
Las prometedoras economías nacerán en un estado de parálisis, como parece haber
sucedido con el multimedia, o bien sus propietarios continuarán negándose valiente y
testarudamente a entrar bajo ningún concepto en el juego de la propiedad.
En Estados Unidos ya se puede observar el desarrollo de una economía paralela, sobre
todo entre empresas pequeñas y dúctiles que protegen sus ideas penetrando en el
mercado con más rapidez que sus grandes competidores, cuya protección se basa en el
miedo y el litigio.
Quizás quienes forman parte del problema simplemente se acojan a una cuarentena en
los tribunales, mientras que los que son parte de la solución crearán una nueva
sociedad basada, al principio, en la piratería y el filibusterismo. Cuando el sistema
actual de la ley de propiedad intelectual se desplome, como parece inevitable que
suceda, puede que no surja en su lugar ninguna estructura legal que la reemplace.
Pero algo ocurrirá. Después de todo, la gente hace negocios. Cuando el dinero deja de
tener sentido, los negocios se hacen con trueques. Cuando las sociedades se
desarrollan al margen de la ley, desarrollan sus propios códigos, prácticas y sistemas
éticos no escritos. Si bien la tecnología puede deshacer la ley, ofrece métodos para
restaurar los derechos creativos.
2 Una taxonomía de la información
Tengo la impresión de que lo más productivo que cabe hacer hoy es estudiar con
detalle la verdadera naturaleza de lo que intentamos proteger. ¿Qué sabemos realmente
sobre la información y sus comportamientos naturales?
¿Cuáles son las características esenciales de la creación ilimitada? ¿En qué se
diferencia de formas previas de propiedad? ¿Cuántas de nuestras suposiciones sobre
ella se han referido a sus contenedores más que a sus misteriosos contenidos? ¿Cuáles
son sus diferentes especies y cómo se presta cada una al control? ¿Qué tecnologías
serán útiles para crear nuevas botellas virtuales que sustituyan a las antiguas botellas
físicas?
Por supuesto, la información es intangible y difícil de definir por naturaleza. Al igual
que otros fenómenos profundos como la luz o la materia, es un ámbito natural de la
paradoja. Y así como resulta más fácil comprender la luz a la vez como partícula y
onda, puede que una comprensión de la información surja en la congruencia abstracta
de sus diversas propiedades, que podemos describir con estos tres enunciados:
•
•
•
La información es una actividad.
La información es una forma de vida.
La información es una relación.
A continuación, analizaré cada uno por separado.
2.1 LA INFORMACIÓN ES UNA ACTIVIDAD
2.1.1 La información es un verbo, no un sustantivo
Liberada de sus contenedores, la información no es, obviamente, una cosa. De hecho,
es algo que ocurre en el campo de la interacción entre mentes, objetos u otras piezas de
información.
Gregory Bateson, reflexionando sobre la teoría de la información de Claude Shannon,
dijo que «la información es una diferencia que crea una diferencia». Así pues, la
información sólo existe realmente en el
. La creación de esa diferencia es una
actividad que ocurre dentro de una relación. La información es una acción que ocupa
tiempo más que una presencia que ocupa espacio físico, como los artículos materiales.
Es el lanzamiento, no la pelota de béisbol, la danza, no el bailarín.
2.1.2 La información se experimenta, no se posee
Incluso cuando ha sido encapsulada en alguna forma estática como un libro o un disco
duro, la información sigue siendo algo que nos ocurre cuando la descomprimimos
mentalmente de su código de almacenamiento. Pero, ya se mueva a gigabits por
segundo o a palabras por minuto, la descodificación es un proceso que debe ser
ejecutado por y sobre una mente, un proceso que se despliega en el tiempo. Hace unos
años se publicó una historieta en el Bulletin of Atomic Scientists que ilustraba este
punto a la perfección. En el dibujo, un atracador apunta con su pistola al típico
personaje con aspecto de almacenar mucha información en la cabeza. «Deprisa ordena el bandido- dame todas tus ideas».
2.1.3 La información se tiene que mover
Se dice que los tiburones mueren asfixiados si dejan de nadar, y casi se puede decir lo
mismo de la información. La información que no se está moviendo deja de existir y
pasa a ser solamente potencial, al menos hasta que se le permite moverse de nuevo.
Por eso, la práctica de acumular información, habitual en las burocracias, es un
mecanismo especialmente desatinado para los sistemas de valor con base física.
2.1.4 La información se transmite por propagación, no por distribución
El modo en que se difunde la información también se diferencia mucho de la
distribución de bienes físicos. Se mueve más como algo propio de la naturaleza que
como algo procedente de una fábrica. Se puede concatenar como un dominó o crecer
en la típica retícula fractal, como la escarcha que se extiende por una ventana, pero no
se puede desplazar corno los productos manufacturados salvo en la medida en que
estos pueden contenerla. No se limita a avanzar. Deja rastro allí por donde pasa. La
distinción económica central entre la información y la propiedad física es que la
primera se puede transferir sin que su dueño original deje de poseerla.
2.2 LA INFORMACIÓN ES UNA FORMA DE VIDA
2.2.1 La información quiere ser libre
Se suele atribuir a Stewart Brand este elegante enunciado de lo obvio, que reconoce
tanto el deseo natural de los secretos a ser dichos como el hecho de que, para empezar,
los secretos puedan sentir algo similar a un «deseo».
El biólogo y filósofo inglés Richard Dawkins propuso la noción de «memes», modelos
autorreplicantes de información que se propagan a sí mismos por las ecologías de la
mente, y dijo que eran como formas de vida.
A mi juicio, son formas de vida en todos los aspectos salvo en que no se basan en el
átomo de carbono. Se autorreproducen o interactúan con su entorno y se adaptan a él,
mutan, persisten. Como cualquier otra forma de vida, evolucionan para ocupar los
espacios de posibilidad de sus entornos locales, que en este caso son los sistemas de
creencias y las culturas circundantes de sus anfitriones, a saber, nosotros.
En efecto, sociobiólogos como Dawkins consideran plausible el argumento de que las
formas de vida basadas en el carbono también sean información, y que, al igual que la
gallina es el modo que tiene un huevo de hacer otro huevo, el espectáculo biológico al
completo sea el medio que tiene la molécula del ADN para copiar más cuerdas de
información exactamente iguales a sí misma.
2.2.2 La información se reproduce en las grietas de la posibilidad
Al igual que las hélices del ADN, las ideas son expansionistas implacables, siempre en
búsqueda de nuevas oportunidades para crearse un espacio vital. Y, como ocurre en la
naturaleza de base carbónica, los organismos más robustos son extremadamente
hábiles para encontrar nuevos lugares donde vivir. Así, de la misma manera que la
mosca común se ha introducido en casi todos los ecosistemas del planeta, el meme de
la «vida después de la muerte» se hizo un hueco en la mayoría de las mentes, o
psicoecologías.
Cuanto más universal sea el eco de una idea, una imagen o una canción, en más
mentes se introducirán y permanecerán. Intentar frenar la propagacion de un segmento
muy potente de información es casi tan difícil como mantener las llamadas «abejas
asesinas» al sur de la frontera de Estados Unidos. El intento hace agua por todas
partes.
2.2.3 La información quiere cambiar
Si las ideas y otros modelos interactivos de información son, en efecto, formas de vida,
se puede suponer que evolucionarán constantemente hacia formas mejor adaptadas a
su entorno. Y, de hecho, lo hacen sin cesar.
Pero durante mucho tiempo nuestros medios de difusión estáticos, ya fueran tallas en
piedra, tinta sobre papel o tinte sobre celuloide, se han resistido tenazmente al impulso
evolutivo, subrayando por tanto la capacidad del autor para determinar el producto
acabado. Pero, como en la tradición oral, la información digitalizada carece de un
«acabado final».
La información digitalizada, libre de las ataduras del empaquetamiento, es un proceso
continuo que se parece más a las metamorfoseantes leyendas de la prehistoria que a
nada que se pueda envolver con plástico. Desde el Neolítico hasta Gutenberg, la
información se transmitía de boca a boca cambiando con cada nueva narración (o
canción). Las historias que antaño moldearon nuestro sentido del mundo carecían de
versiones autorizadas. Se adaptaban a cualquier cultura donde se contaran.
Puesto que la narración nunca se plasmaba en escritura, el llamado derecho «moral» de
los narradores a quedarse con sus cuentos no estaba protegido ni reconocido.
Sencillamente, el cuento atravesaba a cada narrador en su camino hacia el siguiente,
donde asumía una forma distinta. A medida que regresemos a la información continua,
cabe esperar que disminuya la importancia de la autoría. Acaso los creadores tengan
que renovar sus vínculos con la humildad.
Pero nuestro sistema de copyright no da cabida a expresiones que no se «fijan» en
algún punto ni a expresiones culturales que no tienen un autor o inventor concreto.
Las improvisaciones de jazz, los espectáculos de humoristas, la mímica, los
monólogos continuos y las retransmisiones que no han sido grabadas carecen del
requisito constitucional de una fijación mediante la «escritura». Si no se les da la
forma fija de la publicación, las obras líquidas del futuro se parecerán más a estas
formas que se adaptan y cambian continuamente y escaparán, por tanto, al alcance del
copyright.
La experto en copyright Pamela Samuelson afirma haber asistido el año pasado a una
conferencia en la que se discutía la cuestión de si los países occidentales pueden
apropiarse legalmente de la música, los diseños y el saber biomédico de los pueblos
aborígenes sin compensaciones a su tribu de origen, ya que esa tribu no es su «autora»
o «inventora».
2.2.4 La información es perecedera
A excepción de los clásicos excepcionales, la mayor parte de la información es como
los productos de granja. Su calidad se degrada rápidamente, tanto con el tiempo como
con la distancia respecto a la fuente de producción. Pero, incluso aquí, el valor es
enormemente subjetivo y condicional. Los papeles de ayer son muy valiosos para el
historiador. De hecho, cuanto más viejos, más valiosos son. Por el contrario, un agente
del mercado de futuros puede considerar que la noticia de un acontecimiento con más
de una hora de vida ha perdido ya toda relevancia.
2.3 LA INFORMACIÓN ES UNA RELACIÓN
2.3.1 El significado tiene valor y es exclusivo de cada caso
En la mayoría de los casos, asignamos valor a la información basándonos en su
significado. El lugar donde reside la información, el momento sagrado en que la
transmisión se convierte en recepción, es un ámbito con muchas características y
matices cambiantes que dependen de la relación entre el emisor y el receptor, de la
profundidad de su interacción.
Cada relación de este tipo es única. Incluso en casos donde el emisor es un medio de
difusión audiovisual y no hay respuesta, el receptor no es nada pasivo. Recibir
información es a menudo tan creativo como generarla.
El valor de lo que se envía depende por completo de la medida en que cada
destinatario tiene los receptores necesarios: terminología compartida, atención, interés,
lenguaje, paradigma para volver significativo aquello que recibe.
La comprensión es un elemento crítico que cada vez se pasa más por alto al intentar
convertir la información en una mercancía. Los datos pueden ser cualquier conjunto de
hechos, útiles o no, inteligibles o inescrutables, relacionados o irrelevantes. Los
ordenadores pueden estar soltando datos nuevos toda la noche sin ayuda humana, y los
resultados se pueden poner en venta como información. Puede que lo sean o que no lo
sean. Sólo un ser humano puede reconocer el significado que separa la información de
los datos.
De hecho, la información, en el sentido económico de la palabra, consiste en datos que
han sido pasados por una mente humana concreta y que se han considerado
significativos dentro de ese contexto mental. Lo que es información para una persona
es un mero dato para otra.
2.3.2 La familiaridad tiene más valor que la escasez
En los artículos físicos existe una correlación directa entre la escasez y el valor. El oro
es más valioso que el trigo, aunque no se pueda comer. Si bien no siempre, la
condición de la información suele ser justo la contraria. Casi todo el software aumenta
su valor a medida que va siendo más común. La familiaridad es un activo importante
en el mundo de la información. A menudo puede ocurrir que la mejor manera de
aumentar la demanda de un producto sea regalarlo.
Aunque esto no haya sido siempre así en el caso del shareware, software para
compartir, se podría argumentar que hay una conexión entre la cantidad de software
comercial que se piratea y la cantidad que se vende. El software más pirateado, como
el Lotus 1-2-3 o el WordPerfect, se convierte en un estándar y se beneficia de la ley de
los rendimientos crecientes, que se basa en la familiaridad.
Respecto a mi propio producto creativo, canciones de rock and roll, no hay ninguna
duda de que el grupo para el que las escribo, Grateful Dead, ha aumentado
enormemente su popularidad al regalarlas. Desde comienzos de los años setenta
venimos dejando que la gente grabe nuestros conciertos, y en vez de reducir la
demanda de nuestro producto esto se ha traducido en que ahora tenemos la mayor
convocatoria en conciertos de Estados Unidos. Cabe atribuir este resultado, al menos
en parte, a la popularidad que generaron aquellas grabaciones piratas.
Cierto es que no recibo derechos de autor por los millones de copias de mis canciones
que han sido extraídas de esos conciertos, pero no encuentro ninguna razón para
quejarme. El hecho es que nadie más que Grateful Dead puede interpretar una canción
de Grateful Dead, así que quien desee tener la experiencia y no un pálido reflejo tendrá
que comprar una entrada. En otras palabras, la protección de nuestra propiedad
intelectual deriva de que somos su única fuente en tiempo real.
2.3.3 La exclusividad tiene valor
El problema de un modelo que invierte la proporción física escasez/ valor es que a
veces el valor de la información obedece en gran medida a su escasez. La posesión
exclusiva de ciertos hechos los vuelve más útiles. Si todo el mundo conoce las
condiciones que pueden subir el precio de unas acciones, la información carece de
valor.
Pero, de nuevo, el factor crítico suele ser el tiempo. No importa si este tipo de
información termina siendo omnipresente. Lo que importa es estar entre los primeros
que la poseen y actúan a partir de ella. Aunque los secretos potentes por lo general no
permanecen secretos, pueden seguir siéndolo durante el tiempo suficiente como para
coadyuvar en la causa de sus primeros dueños.
2.3.4 El punto de vista y la autoridad tienen valor
En un mundo de realidades flotantes y mapas contradictorios, las recompensas se
otorgarán a aquellos comentaristas cuyos mapas se ajusten más cómodamente al
territorio por su capacidad de avanzar resultados predecibles a quienes los utilicen.
En la información estética, ya sea poesía o rock and roll, la gente está dispuesta a
comprar el último producto de un artista sin haberlo visto antes, partiendo de que ha
tenido una experiencia placentera con su obra previa.
La realidad es un filtro editorial. La gente paga por la autoridad de aquellos editores
cuyo punto de vista selectivo parece más ajustado. Y, de nuevo, el punto de vista es un
activo que no se pude robar ni duplicar. Tan solo Esther Dyson ve el mundo como ella
lo ve y, de hecho, la bonita suma que percibe por su boletín informativo responde al
privilegio de ver el mundo a través de su mirada exclusiva.
2.3.5 El tiempo sustituye al espacio
En el mundo físico, el valor depende mucho de la posesión o de la proximidad
espacial. Se posee aquel material que cae dentro de ciertos límites dimensionales, y la
capacidad de actuar directa y exclusivamente, y como se quiera, sobre lo que cae
dentro de esos límites es el principal valor de la posesión. Por supuesto, también hay
una relación entre valor y escasez, una limitación relativa al espacio.
En el mundo virtual, la proximidad en el tiempo es un valor. En general, una
información es más valiosa cuanto más cerca pueda situarse el comprador del
momento de su expresión; hay una limitación de tiempo. Muchos tipos de información
se degradan rápidamente con el tiempo o con la reproducción. Su relevancia se debilita
a medida que va cambiando el territorio que delinean. Cuando desaparece el punto
donde se produce por vez primera la información, entra ruido y se pierde la amplitud
de banda.
2.3.6 La protección de la ejecución
En el pueblo donde nací, no se concede demasiado mérito a nadie simplemente porque
tenga ideas. Se le juzga por lo que puedas hacer con ellas. A medida que se aceleran
las cosas, la mejor manera de proteger los proyectos que se convierten en objetos
físicos es ejecutarlos. O como lo expresara una vez Steve Jobs, «los artistas auténticos
ejecutan». El triunfador suele ser quien antes llega al mercado (y con la suficiente
fuerza organizativa como para mantener el primer puesto).
Pero, a medida que nos concentramos en el comercio de la información, somos
muchos los que pensamos que la originalidad basta en sí misma para transmitir valor, y
que merece, con los respaldos legales adecuados, un salario fijo. De hecho, la mejor
manera de proteger la propiedad intelectual es actuar en consecuencia. No basta con
inventar y patentar, también hay que innovar. Alguien sostiene que inventó el
microprocesador antes que Intel. Quizás sea cierto. Pero, si de hecho hubiera
empezado a distribuir microprocesadores antes que Intel, su reclamación no parecería
tan espuria.
2.3.7 La información es su propia recompensa
Es un tópico decir que el dinero es información. A excepción del krugerand, la
calderilla y los contenidos de los maletines que se suelen asociar a los capos del
narcotráfico, la mayor parte del dinero del mundo informatizado está cifrado en unos y
ceros. El suministro global de dinero se propaga por la red con fluidez meteorológica.
También es evidente que la información se ha vuelto tan fundamental para la creación
de la riqueza moderna como antaño lo fueran la posesión de tierras y la luz solar.
Lo que no es tan obvio es hasta qué punto la información está empezando a tener un
valor intrínseco, no como un medio para adquirir sino como objeto de la adquisición.
Supongo que, de manera menos explícita, esto siempre ha sido así. En la política y en
el mundo académico, poder e información siempre han mantenido un vínculo estrecho.
Sin embargo, ahora que la información se compra cada vez más con dinero, vemos que
comprar información con otra información es un mero intercambio económico que no
precisa la conversión en otra moneda. Esto supone cierto desafío para quienes gustan
de tener las cuentas claras, ya que, al margen de la teoría de la información, los tipos
de cambio de la información son demasiado escurridizos como para cuantificarlos con
cifras decimales.
No obstante, casi todo lo que compra un estadounidense de clase media tiene poco que
ver con la supervivencia. Compramos belleza, prestigio, experiencia, educación y
todos los oscuros placeres de la posesión. Muchas de estas cosas no sólo se pueden
expresar en términos no materiales, sino que además se pueden adquirir por medios no
materiales.
Y luego están los inexplicables placeres de la propia información, el deleite de
aprender, saber y enseñar. Esa sensación extraña y agradable de que la información
entra y sale de uno mismo. jugar con ideas es un divertimento por el que la gente debe
de estar dispuesta a pagar mucho, dado el mercado que tienen los libros y los cursillos.
Estaríamos dispuestos a gastar aún más dinero en este tipo de placeres de no haber
tantas oportunidades de pagar las ideas con otras ideas.
Esto explica mucho trabajo «voluntario» colectivo que llena los archivos, los foros y
las bases de datos de Internet. Sus habitantes no trabajan de balde, como se suele creer.
Se les paga con algo que no es dinero. Es una economía que consiste casi por completo
en información. Puede que ésta se convierta en la forma dominante del comercio
humano, y si seguirnos empeñados en modelar la economía sobre una base
estrictamente monetaria quizás nos equivoquemos seriamente.
3 Cobrar en el ciberespacio
Como se relaciona todo lo anterior con las posibles soluciones a la crisis de la
propiedad intelectual es algo que apenas he comenzado a pensar. Los paradigmas se
distorsionan cuando se contempla la información con ojos atentos, al ver lo poco que
tiene que ver con las materias primas que se venden en los mercados de futuros, al
imaginar las tambaleantes farsas de jurisprudencia que se amontonarán si seguimos
tratándola legalmente como si se les pareciera.
Como ya dije, creo que en algún momento de la próxima década estas actitudes
obsoletas se harán añicos y a nosotros, no nos quedará más remedio que incorporarnos
a nuevos sistemas que funcionen.
En realidad, no tengo una imagen tan sombría de nuestras perspectivas como podrían
suponer hasta ahora los lectores de esta jeremiada. Surgirán soluciones. La naturaleza
aborrece el vacío y lo mismo le ocurre al comercio.
Uno de los aspectos de la frontera electrónica que más atractivo me ha resultado
siempre -y la razón de que Mitch Kapor y yo eligiésemos esa expresión cuando
fundamos la EFF4- es el grado de semejanza con el Oeste americano del siglo XIX en
su preferencia natural por los mecanismos sociales que surgen de sus propias
condiciones, frente a aquellos que se imponen desde el exterior.
Hasta que el Oeste se colonizó y «civilizó» por completo en este siglo, el orden se
establecía según un Código del Oeste no escrito, que tenía la fluidez de los buenos
modales más que la rigidez de la ley. La ética era más importante que las normas, que
en cualquier caso se hacían respetar muy poco.
En mi opinión, la ley, tal y como la entendemos, se desarrolló para proteger los
intereses que surgieron en las dos «olas» económicas que con tanta exactitud identificó
Alvin Toffler en La tercera ola.5 La primera ola se basaba en la agricultura y
necesitaba la ley para disponer la posesión de la principal fuente de producción, la
tierra. En la segunda ola, la manufactura se convirtió en la fuente económica
fundamental, y la estructura de la ley moderna creció en torno a las instituciones que
necesitaban protección para sus reservas de capital, fuerza humana y maquinaria.
Ambos sistemas económicos necesitaban estabilidad. Sus leyes estaban concebidas
para resistir el cambio y asegurar cierta constancia distributiva dentro de un marco
social bastante estático. Había que limitar la disponibilidad para preservar la capacidad
de predecir, necesaria tanto para la administración de la tierra como para la formación
de capital.
En la tercera ola, en la que acabamos de entrar, la información sustituye en gran
medida a la tierra, el capital y la maquinaria, y, como detallé antes, donde más a gusto
se encuentra la información es en un entorno mucho más fluido y adaptable. Es
probable que la tercera ola provoque un cambio fundamental en los propósitos y
métodos de la ley, y que su repercusión vaya mucho más allá de los estatutos que rigen
la propiedad intelectual.
Puede que el propio «terreno» -la arquitectura de la red- cumpla muchos de los
objetivos que en el pasado sólo se podían mantener por imposición legal. Por ejemplo,
quizás sea innecesario asegurar constitucionalmente la libertad de expresión en un
entorno que trata la censura como si fuera una disfunción y busca la fórmula para
transmitir ideas prohibidas esquivando la censura.
Puede que surjan similares mecanismos naturales de equilibrio para nivelar las
discontinuidades sociales que antes necesitaban de la mediación legal para
solucionarse. En la red, lo más probable es que estas diferencias sean abarcadas por un
espectro continuo que conecta tanto como separa.
Y, a pesar de asirse férreamente a la vieja estructura legal, las compañías que
comercian con la información quizá vean que, debido a su creciente incapacidad para
acercarse con sensatez a cuestiones tecnológicas, los tribunales ya no producirán
resultados con la previsión suficiente como para apoyar proyectos a largo plazo. Cada
litigio se convierte en algo parecido a una ruleta rusa, dependiendo de la ignorancia del
juez que lo preside.
La «ley» sin codificar o adaptable, aunque sea tan «rápida, holgada e incontrolable»
como otras formas emergentes, probablemente esté muy cerca de algo parecido a la
justicia. De hecho, ya se puede ver el desarrollo de nuevas prácticas más adecuadas a
las condiciones del comercio virtual. Las formas de vida de la información son
métodos que evolucionan para proteger su reproducción continua.
Por ejemplo, aunque la letra pequeña del sobre de un disquete comercial plantea
puntillosas exigencias a quien lo abre, hay, como digo, poca gente que lea esas
condiciones y mucha menos que las cumpla a rajatabla. Y aún así el negocio del
software sigue siendo un sector muy sano de la economía de Estados Unidos.
Y esto ¿a qué se debe? A que la gente termina comprando el software que realmente
utiliza. Cuando un programa se vuelve fundamental para el propio trabajo, se quiere
tener la última versión, el mejor soporte, los manuales actualizados, todos los
privilegios vinculados a la posesión. En ausencia de una ley vigente, estas
consideraciones prácticas serán cada vez más importantes para cobrar aquello que
fácilmente se podría obtener gratis.
Por supuesto que hay quien compra software por respeto a la ética o con la idea
abstracta de que no comprarlo contribuiría a que no se fabricara, pero voy a dejar estos
motivos de lado. Si bien pienso que el fracaso de la ley desembocará casi con toda
certeza en un renacimiento compensador de la ética como modelo organizativo de la
sociedad, no tengo espacio para defender aquí esta creencia.
En su lugar diré que, a mi modo de ver y como en el caso antes citado, la
compensación por la creación de software se guiará fundamentalmente por
consideraciones prácticas, todas ellas inherentes a las verdaderas propiedades de la
información digital, dónde reside su valor y cómo puede ser a la vez manipulada y
protegida por la tecnología.
Aunque el acertijo sigue siendo un acertijo, empiezo a ver desde dónde pueden venir
las soluciones, que en parte consisten en ampliar esas soluciones prácticas que ya están
en marcha.
4 La relación y sus herramientas
Creo que hay una idea básica para comprender el comercio líquido: la economía de la
información, en ausencia de objetos, se basará más en la relación que en la posesión.
Un modelo ya existente para la transmisión futura de la propiedad intelectual es la
ejecución en tiempo real, un medio que en la actualidad sólo se usa en teatro, música,
conferencias y enseñanza. A mi juicio, el concepto de ejecución se ampliará hasta
incluir casi toda la economía de la información, desde los culebrones hasta los análisis
bursátiles. En estos casos, el intercambio comercial se parecerá más a la venta de
entradas para un espectáculo continuo que a la compra de distintos paquetes de lo que
se muestra.
El otro modelo, por supuesto, es el de los servicios. Todo el sector profesional
médicos, abogados, asesores, arquitectos, etc. está ya cobrando directamente por su
propiedad intelectual. ¿Quién necesita el copyright cuando tiene una cuota fija?
De hecho, hasta finales del siglo XVIII este modelo se aplicaba a muchos ámbitos que
hoy caen bajo el copyright. Antes de la industrialización de la creación, los escritores,
compositores y artistas trabajaban al servicio privado de los patronos. Sin objetos que
se puedan distribuir en un mercado de masas, los creadores regresarán a una situación
parecida, si bien servirán a muchos patronos en vez de a uno sólo. Ya se puede ver
como surgen compañías cuya existencia se basa en apoyar y mejorar el software que
crean más que en venderlo por piezas plastificadas o incluirlo en paquetes.
La nueva compañía de Trip Hawkins para la creación y comercialización bajo licencia
de herramientas multimedia, 3DO, es un ejemplo de lo estamos tratando. 3DO no
pretende producir ningún tipo de software comercial o aparatos para los consumidores.
Pretenden, en su lugar, hacer las veces de una especie de órgano de calificación de
estándares privados, que mediaría entre los creadores de software y de aparatos
informáticos, que serían los titulares de sus licencias. Proporcionarán un punto de
comunidad de intereses para las relaciones entre un amplio espectro de entidades.
En todo caso, tanto si uno se considera un proveedor de servicios como si es un
ejecutante, la futura protección de la propiedad intelectual dependerá de la propia
capacidad de controlar la relación con el mercado, una relación que con toda
probabilidad perdurará y crecerá con el tiempo.
El valor de esa relación residirá en la calidad de la ejecución, la originalidad del punto
de vista, las destrezas, su relevancia para el propio mercado y, bajo todo esto, la
capacidad de ese mercado para comunicar los servicios creativos de manera ágil,
cómoda e interactiva.
5 Interacción y protección
La interacción directa otorgará una gran protección a la propiedad intelectual en el
futuro; de hecho, ya la ha dado. Nadie sabe cuántos piratas de software han comprado
copias legítimas de un programa después de llamar al editor para pedirle
asesoramiento técnico y que éste les haya pedido alguna prueba de compra, pero
supongo que la cifra es muy alta.
El mismo tipo de control se podrá ejercer sobre las relaciones de «pregunta y
respuesta» entre autoridades (o artistas) y aquellos que soliciten sus destrezas.
Boletines informativos, revistas y libros saldrán reforzados por la capacidad de los
suscriptores para hacerles preguntas directas a los autores.
La interactividad será un bien facturable incluso sin la autoría. A medida que vaya
entrando la gente en la red y obteniendo su información directamente del punto donde
se produce, sin que se filtre a través de los centralizados medios de comunicación,
intentará desarrollar la misma capacidad interactiva para investigar la realidad que en
el pasado sólo la experiencia les suministraba. El acceso directo a estos distantes «ojos
y orejas» será mucho más fácil de delimitar que el acceso a paquetes fijos de
información almacenada pero fácilmente reproducible.
En la mayoría de los casos, el control se basará en restringir el acceso a la información
más reciente y con mayor amplitud de banda. Será cuestión de definir la entrada, el
sitio donde se actúa, el actor y la identidad del portador de la entrada, definiciones que,
en mi opinión, surgirán de la tecnología, no de la ley. En la mayoría de los casos, la
tecnología definidora será la criptografía.
6 Cripto-embotellamiento
La criptografía, como he dicho quizás ya demasiadas veces, es el «material» con el que
se construirán las paredes y los límites -y las botellas- del ciberespacio.
Evidentemente, la criptografía o cualquier otro método puramente técnico de
protección de la propiedad plantea problemas. Siempre me ha parecido que a mayor
seguridad de los artículos, más posibilidad de convertirlos en objeto de deseo.
Viniendo de un lugar donde la gente deja puestas las llaves del coche y ni siquiera
tiene llaves de su casa, estoy convencido de que el mejor obstáculo contra el crimen es
una sociedad con una ética intacta.
Aunque admito que no es éste el tipo de sociedad en que vivimos la mayoría de
nosotros, también creo que un exceso de confianza social en la protección con
barricadas terminará debilitando la conciencia al hacer de la intrusión y el robo un
deporte, y no un crimen. Esto ocurre ya en el ámbito digital, como es evidente en las
actividades de los que asaltan sistemas informáticos.
Es más, me atrevería a sostener que los esfuerzos iniciales por proteger el copyright
digital mediante la protección de la copia contribuyeron a la situación actual, en la que
los usuarios de ordenadores, que en otros sentidos actúan éticamente, no parecen
oponer reparos morales al software pirateado.
En vez de cultivar entre los recién informatizados un sentido del respeto hacia el
trabajo de sus colegas, la confianza temprana en la protección de la copia abocó en la
idea subliminal de que asaltar un paquete de software «concedía» en cierto sentido el
derecho a usarlo. Limitados no por la conciencia sino por la destreza técnica, muchos
se sintieron libres para hacer todo aquello que les permitiera salirse con la suya. Esto
seguirá siendo un riesgo potencial de la codificación del comercio digitalizado.
Más aún, es prudente recordar que la protección contra la copia fue rechazada por casi
todos los ámbitos del mercado. Muchos de los próximos esfuerzos para usar los
modelos de protección basados en la criptografía probablemente sufrirán el mismo
destino. La gente no va a tolerar ciertas cosas que dificultan aún más el uso de los
ordenadores sin que haya ningún beneficio para el usuario.
Aun así, la codificación ya ha demostrado cierta utilidad burda. Hace poco se
dispararon las nuevas suscripciones a varios servicios de televisión comercial vía
satélite después de que desplegaran una mayor codificación en sus alimentadores. Y
esto a pesar de un floreciente comercio casero de chips descodificadores a manos de
tipos que parecen destiladores ilegales de alcohol más que expertos en descodificar
claves.
Otro problema evidente de la codificación como solución global es que, una vez que
algo ha sido descodificado por un mediador autorizado legítimo, puede volverse
accesible a la reproducción masiva.
En algunos casos, puede que no sea un problema realizar la reproducción después de
descodificar. El valor de muchos artículos de software se degrada con el paso del
tiempo. Quizás el único interés real por algunos de estos productos lo tengan aquellos
que han comprado las llaves de la inmediatez.
Es más, a medida que el software se vuelva más modular y la distribución avance por
la red, comenzará a sufrir una metamorfosis al relacionarse directamente con la base
del usuario. Las actualizaciones discontinuas se nivelarán en un proceso constante de
adaptación y perfeccionamiento cada vez mayores, en parte debido al hombre y en
parte a algoritmos genéticos. Las copias pirateadas de software quizás se vuelvan
demasiado estáticas como para serle de algún valor a alguien.
Incluso en casos como los de las imágenes, donde se supone que la información
permanece inalterada, el fichero sin encriptar todavía sería susceptible de entretejerse
con secuencias de código que continuarían protegiéndolo con arreglo a un amplio
abanico de modalidades.
En la mayoría de los esquemas que puedo imaginar, el fichero continuaría «con vida»
con un software incrustado permanentemente que podría «sentir» las condiciones del
entorno e interaccionar por las mismas. Por ejemplo, podría contener código que
detectaría el proceso de duplicación y provocaría su autodestrucción.
Otros métodos podrían dotar al fichero de la capacidad de «llamar a casa» a través de
la Red hasta localizar a su propietario original. La integridad permanente de algunos
ficheros podría requerir su «alimentación» periódica con el dinero digital de su
anfitrión (host), que estos harían llegar después a sus autores.
Por supuesto, los ficheros dotados de la capacidad independiente de comunicar con sus
dispositivos de origen se parecen inquietantemente al gusano de Internet Morris. Los
ficheros «vivos» poseen una cierta cualidad viral. De esta suerte, se plantearían
cuestiones graves de vulneración de la privacidad si nuestros ordenadores vinieran
equipados con espías digitales.
El núcleo de la cuestión es que la criptografía posibilitará muchas tecnologías de
protección que se desarrollarán rápidamente por la obsesiva competición que siempre
han sostenido los que hacen los cerrojos y los que los rompen.
Pero la criptografía no se usará solo para hacer cerrojos. También es vital para las
firmas digitalizadas y el dinero digital antes mencionado. Ambos serán, a mi juicio,
fundamentales para la protección futura de la propiedad intelectual.
Considero que el fracaso generalmente reconocido que ha sufrido el modelo shareware
en el ámbito del software tuvo menos que ver con la honestidad que con la simple
incomodidad de pagarlo. Si el proceso de pago se puede automatizar, como lo
permitirán el dinero y las firmas digitales, los creadores de artículos de software
cosecharán unos beneficios mucho más altos.
Es más, se les dispensará de muchos de los costes indirectos que hoy se añaden al
márketing, la manufactura, las ventas y la distribución de productos de información, ya
sean programas informáticos, libros, CD o películas. Esto reducirá los precios y
aumentará la posibilidad del pago no obligatorio.
Pero, naturalmente, hay un problema fundamental en un sistema que exige el pago, a
través de la tecnología, por cada acceso a una expresión concreta. Desafía el propósito
jeffersoniano original de hacer accesibles para todos las ideas al margen de su
situación económica. No me siento cómodo con un modelo que limite la investigación
a los ricos.
7 Una economía de verbos
Las formas y futuras protecciones de la propiedad intelectual se han vuelto mucho más
opacas desde que empezó la Era virtual. No obstante, puedo proponer (o reiterar) unos
cuantos enunciados directos que, sinceramente, no creo que resulten demasiado
ingenuos dentro de cincuenta años.
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En ausencia de los viejos contenedores, casi todo lo que creemos saber sobre la
propiedad intelectual es erróneo. Tendremos que desaprenderlo. Vamos a tener que
considerar el fenómeno de la información como algo nunca visto previamente.
Las protecciones que desarrollaremos se apoyarán mucho más en la ética y la
tecnología que en la ley.
El cifrado será la base técnica de la mayoría de las protecciones de la propiedad
intelectual. (Y, por esta y otras razones, debería volverse más accesible.)
La economía del futuro se basará en la relación más que en la posesión. Será
continua más que secuencial.
Y, por último, en los años venideros la mayor parte del intercambio humano
será virtual más que físico, y no consistirá en materia sino en la materia de la que están
hechos los sueños. Nuestros futuros negocios se llevarán a cabo en un mundo hecho de
verbos más que de sustantivos.
Ojo Caliente, New Mexico, October 1, 1992
New York, New York, November 6, 1992
Brookline, Massachusetts, November 8, 1992
New York, New York, November 15, 1993
San Francisco, California, November 20, 1993
Pinedale, Wyoming, November 24-30, 1993
New York, New York, December 13-14, 1993
Esta expresión ha vivido y crecido hasta ahora durante el periodo de tiempo y en los
lugares detallados más arriba. A pesar de su publicación expresa aquí, espero que
continúe evolucionando de forma líquida y, de ser posible, durante muchos años.
Los pensamientos que contiene no me «pertenecen» en exclusiva, sino que se han
armado a sí mismos dentro de un campo de interacción que ha existido entre mí y
muchas otras personas, a las que quiero expresar mi agradecimiento. Quiero recordar
en particular a: Pamela Samuelson, Kevin Kelly, Mitch Kapor, Mike Godwin, Stewart
Brand, Mike Holderness, Miram Barlow, Danny Hillis, Trip Hawkins y Alvin Toffler.
No obstante, debo confesar que cuando Wired me envía un cheque a cambio de haber
«colgado» temporalmente el artículo en sus páginas, soy el único que lo cobra...
Edición, revisión y notas de esta edición: Miquel Vidal (miquel AT sindominio DOT net)
Notas al pie
... ideas».1
http://www.wired.com/wired/archive/2.03/economy.ideas_pr.html
... EFF.2
http://www.eff.org/Publications/John_Perry_Barlow/HTML/idea_economy_a
rticle.html
... real.3
Real estate es el término inglés para «bienes raíces» [N. de la T.]
... EFF4
La Electronic Frontier Foundation, fundada tras la famosa caza de hackers de 1990 que
describe Sterling en The hacker crackdown, es la decana de los ciberderechos y
probablemente el lobby más importante en defensa de los derechos digitales a nivel
mundial. [N. del E.]
... ola.5
Hay edición castellana del mismo año de su publicación original: La tercera ola, Alvin
Toffler, Plaza&Janés, Barcelona, 1980. Esta obra temprana y visionaria fue
enormemente influyente en todos los teóricos, emprendedores y «futurólogos» de la
sociedad de la información, en los primeros editorialistas de Wired, incluyendo como
vemos al propio Barlow. También se dice que inspiró a J. Atkins, uno de los creadores
de la música tecno y al fundador de AOL para lanzar sus servicios en línea. [N. del E.]
Cambios
Neil Gaiman "Humo y Espejos"
I
Más tarde, señalarían la muerte de su hermana, el cáncer que se comió su vida de doce años,
con tumores del tamaño de huevos de pato en el cerebro, y él un niño de siete años, mocoso y
con el pelo cortado al uno, viendo con ojos marrones muy abiertos cómo ella se moría en un
hospital blanco, y dirían, "Eso fue el principio de todo", y quizá lo fue. –
En Recarga (dir. Robert Zemeckis, 2018), la película biográfica, dan un salto atrás a su
adolescencia y él está viendo a su profesor de ciencia morirse de SIDA y siguiendo una
discusión sobre la disección de una rana grande de estómago pálido.
-¿Por qué‚ hemos de desmembrarla? - dice el joven Rajit, mientras la música sube -. ¿No
deberíamos darle vida? – Su profesor, representado por el difunto James Earl Jones, parece
avergonzado y después inspirado, y alza la mano desde la cama de hospital hasta el hombro
huesudo del niño. "Bueno, si alguien puede hacerlo, Rajit, ése eres tú", dice en un murmullo de
bajo profundo.
El niño asiente con la cabeza y nos mira fijamente con una entrega en los ojos que raya en el
fanatismo.
Esto nunca ocurrió.
II
Es un día gris de noviembre y ahora Rajit es un hombre de cuarenta y tantos años, alto y con
gafas de montura oscura, que en estos momentos no lleva puestas. La falta de gafas resalta su
desnudez. Está sentado en la bañera mientras el agua se enfría, practicando la conclusión de su
discurso. Camina un poco encorvado en la vida diaria, aunque ahora no lo está, y considera sus
palabras antes de hablar. No es muy buen orador.
El apartamento de Brooklyn, que comparte con otro investigador científico y un bibliotecario,
hoy está vacío. Se le ha encogido y arrugado el pene en el agua tibia. "Lo que esto significa",
dice en voz alta y despacio, "es que hemos ganado la guerra contra el cáncer".
Entonces hace una pausa, acepta una pregunta de un periodista imaginario que está en el otro
lado del cuarto de baño.
-¿Efectos secundarios? - se responde en una voz resonante de cuarto de baño -. Sí, hay algunos
efectos secundarios. Pero, por lo que hemos podido determinar, no se trata de nada que cree
cambios irreparables.
Sale de la bañera de porcelana desconchado y camina, desnudo, hasta la taza del váter, donde
vomita mucho, el miedo a salir a escena atravesándole como un cuchillo para destripar.
Cuando ya no le queda nada que vomitar y las náuseas secas han pasado, Rajit se enjuaga la
boca con Listerine, se viste y coge el metro hasta el centro de Manhattan.
III.
Es, como señalará la revista Time, un descubrimiento que "revolucionaría la naturaleza de la
medicina de forma absolutamente tan radical e importante como el descubrimiento de la
penicilina".
-¿Y si - dice Jeff Goldblum, en el papel del Rajit adulto en la película biográfica-, y si se
pudiera recomponer el código genético del cuerpo? Hay tantas enfermedades que surgen
porque el cuerpo ha olvidado lo que debería estar haciendo. El código está revuelto. El
programa se ha corrompido. ¿Y si... y si se pudiera arreglar?
- Estás loco - replica su novia preciosa y rubia, en la película. En la vida real no tiene novia; en
la vida real la vida sexual de Rajit es una serie irregular de transacciones comerciales entre
Rajit y los jóvenes de la Agencia de Aconipaiíantes AAA-Ajax.
- Mira - dice Jeff Goldblum, expresándole mejor de lo que Rajit lo expresó jamás -, es como
un ordenador. En vez de intentar arreglar los problemas técnicos provocados por un programa
corrupto uno a uno, síntoma a síntoma, basta con reinstalar el programa. Toda la información
está allí desde el primer momento. Sólo tenemos que decirle a nuestros cuerpos que vuelvan a
comprobar el ARN y el ADN, que vuelvan a leer el programa, si quieres. Y, luego, que
vuelvan a cargar.
La actriz rubia sonríe y detiene sus palabras con un beso, divertida e impresionada y
apasionada.
IV.
La mujer tiene cáncer de bazo y de ganglios linfáticos y de abdomen: linfoma no hodgkiniano.
Además, tiene neumonía. Ha aceptado la petición de Rajit de utilizar un tratamiento
experimental con ella. También sabe que asegurar que uno puede curar el cáncer es ilegal en
América. Era una mujer gorda hasta hace poco, pero ha perdido peso y a Rajit le recuerda a un
muñeco de nieve al sol:
cada día se deshace, cada día está, le parece a él, menos definida.- No es una droga en el
sentido que usted se figura - le dice a la mujer -, es un conjunto de instrucciones químicas ella parece perpleja. Rajit le inyecta dos-ampollas de un líquido transparente en las venas.
Pronto está dormida.
Cuando se despierta, se ha librado del cáncer. La neumonía la mata poco después.
Rajit ha pasado los dos días previos a la muerte de la mujer preguntándose cómo córno
explicar el hecho de que, tal como demuestra la autopsia sin ninguna duda, la paciente ahora
tiene un pene y es, en todo sentido, tanto por sus funciones como por sus cromosomas, varón.
V.
Han pasado veinte años y estamos en un apartamento diminuto en Nueva Orleans (aunque
también podría ser Moscú o Manchester o París o Berlín). Esta noche va a ser la gran noche y
Juan/a va a estar despampanante.
Tiene que elegir entre un vestido de salón francés del siglo XVIII estilo miriñaque para
polonesas (polisón de fibra de vidrio, escote con estructura interior de alambre en, corpiño
carmesí bordado con encaje), o una reproducción del traje de salón de Sir Phillip Sydney, de
terciopelo negro e hilo de plata, con gorguera y bragueta y todo. Al final, después de sopesar
las opciones, Juan/a se decide por escote frente a polla. Quedan doce horas: Juan/a abre la
botella de las pastillas rojas, cada pastillita roja marcada con una X, y se traga dos. Son las 10
de la mañana y Juan/a se va a la cama, empieza a masturbarse, tiene el pene semiduro, pero se
duerme antes de correrse.
La habitación es muy pequeña. Hay ropa colgando de todas las superficies y una caja de pizza
vacía en el suelo. Juan/a suele roncar fuerte, pero cuando hace una carga libre no hace ningún
ruido en absoluto y podría estar en una especie de coma.
Juan/a se despierta a las 10 de la noche, sintiéndose tierna y como nueva. Cuando empezó con
la movida de las fiestas, cada cambio provocaba un autoexamen riguroso, en el que
inspeccionaba lunares y pezones, prepucio o clítoris, y descubría qué cicatrices habían
desaparecido y cuáles se habían quedado. Sin embargo, Juan/a es ahora un veterano y se pone
el polisón, las enaguas, el corpiño y el vestido, con los pechos nuevos (altos y cónicos) muy
juntos y las
enaguas arrastrando por el suelo, lo que significa que puede ponerse debajo las botas de
Doctor Martens de hace cuarenta años (nunca se sabe cuándo habrá que correr o andar o dar
patadas y las zapatillas de seda no le hacen ningún favor a nadie).
Una peluca alta y empolvada completa la imagen. Y unas gotas de colonia. Entonces Juan/a
hurga bajo las enaguas, se mete un dedo entre las piernas (no lleva bragas, reivindicando un
deseo de autenticidad que las Doc Martens desmienten) y luego se da unos toques detrás de las
orejas, para que le den suerte, quizá, o para ayudarle a ligar. El taxi llama a la puerta a las
11:05 y Juan/a baja y va al baile.
Mañana por la noche Juan/a se tomará otra dosis; su identidad laboral durante la semana es
estrictamente varón.
VI.
Rajit nunca vio la acción de transformación de sexo de la Recarga como algo más que un
efecto secundario. El premio Nobel fue por el trabajo contra el cáncer (se descubrió que la
recarga funcionaba para la mayoría de los cánceres, pero no para todos).
Para ser un hombre inteligente, Rajit era sorprendentemente corto de miras. Había algunas
cosas que no había previsto. Por ejemplo:
Que habría gente que, muriéndose de cáncer, preferirían morir a experimentar un cambio de
sexo.
Que la iglesia católica se declararía en contra del catalizador químico de Rajit, comercializado
en esos momentos con el nombre de marca Recarga, principalmente porque el cambio de sexo
hacía que un cuerpo de mujer reabsorbiera la carne de un feto cuando se recargaba: los varones
no podían estar embarazados. Unas cuantas sectas religiosas más se declararían en contra de
Recarga, la mayoría de ellas citando el Génesis, 1:27, "y los creó macho y hembra", como
motivo.
Las sectas que se declararon en contra de la Recarga incluían: el islamismo, la ciencia
cristiana, la iglesia ortodoxa rusa, la iglesia católica romana (con un número de voces
discrepantes), la iglesia de la unificación, los trekkies ortodoxos, el judaísmo ortodoxo y la
alianza fundamentalista de los E.E.U.U.
Entre las sectas que se declararon a favor del uso de la Recarga cuando un médico titulado lo
consideraba el tratamiento apropiado se incluían la mayoría de los budistas, la iglesia de
Jesucristo de los santos de los últimos días, la iglesia ortodoxa griega. la iglesia de la
cienciología, la iglesia anglicana (con un número de voces discrepantes), los nuevos trekkies,
el judaísmo liberal y reformista y la coalición de la nueva era de América. Las sectas que al
principio se declararon a favor de utilizar la Recarga de forma recreativa: ninguna.
Aunque Rajit se daba cuenta de que la Recarga haría que la operación de cambio de sexo
resultara obsoleta, nunca se le ocurrió que alguien quisiera tomarlo por razones de deseo o
curiosidad o evasión. Por lo tanto, nunca previó el mercado negro de Recarga y catalizadores
químicos similares; ni tampoco que, a los quince años de la puesta en venta de Recarga y de la
aprobación de la FDA*, las ventas ilegales de las imitaciones de Recarga de diseño (carga
pirata, como se las conoció pronto) venderían, gramo a gramo, m s de diez veces que la
heroína y la cocaína.
(*) FDA: Administración de Alimento y Droga (N. de la T.)
VII.
En varios de los Nuevos Estados Comunistas de Europa del Este la posesión de cargas pirata
traía aparejada la pena de muerte.
Se denunció que en Tailandia y Mongolia se estaba obligando a recargara los chicos en chicas
para aumentar su valor como prostitutas.
En China las niñas recién nacidas se recargaban en niños: las familias ahorraban todo lo que
tenían por una única dosis. Los ancianos se morían de cáncer igual que antes. La crisis de la
tasa de natalidad subsiguiente no se consideró como un problema hasta que fue demasiado
tarde, las soluciones drásticas que se propusieron resultaron difíciles de ejecutar y condujeron,
a su modo a la revolución final.
Amnistía Internacional denunció que en varios de los países panárabes estaban encarcelando y,
en muchos casos, violando y asesinando, a los hombres que no podían demostrar fácilmente
que habían nacido varones y que no eran, en realidad, mujeres que huían del velo. La mayoría
de los líderes árabes negaron que ninguno de esos fenómenos estuviera ocurriendo o hubiera
ocurrido jamás.
VIII.
Rajit tiene sesenta y tantos años cuando lee en The New Yorker que la palabra cambio est
adquiriendo connotaciones de indecencia profunda y de tabú.
Los colegiales se ríen avergonzados cuando se encuentran frases como "Necesitaba un
cambio" u "Hora de cambiar" o "Los vientos del cambio" en sus estudios de literatura de antes
del siglo XXI. En una clase de inglés en Norwich risitas obscenas y horrorizadas reciben a un
chico de catorce años que descubre la frase "Con un cambio se renuevan las energías".
Un representante de la King's English Society escribe una carta a The Times, en la que lamenta
la pérdida para la lengua inglesa de otra palabra totalmente aceptable.
Varios años después procesan de modo satisfactorio a un joven de Streatham por llevar en
público una camiseta con el lema HE CAMBIADO! impreso con toda claridad.
IX.
Jackie trabaja en Blossoms, un club nocturno de Hollywood Oeste. Hay docenas, si no cientos,
de Jackies en Los Ángeles, miles por todo el país, cientos de miles por todo el mundo.
Algunos de ellos trabajan para el gobierno, otros para organizaciones religiosas o para
empresas. En Nueva York, Londres y Los Ángeles, la gente como Jackie está en la puerta de
locales muy exclusivos.
Lo que hace Jackie es observar a la gente que va entrando y pensar, Nacido V ahora M, nacida
M ahora V nacido V ahora V nacido V ahora M, nacida M ahora M...
En "Noches naturales" (es decir: sin cambios) Jackie repite, "Lo siento, esta noche no puede
entrar" muchas veces. La gente como Jackie tiene un porcentaje de acierto del 97 por ciento.
Un artículo del Scientific American sugiere que la capacidad para el reconocimiento del sexo
de nacimiento podría ser de herencia genética: una habilidad que siempre existió pero que no
tuvo ningún valor estricto de supervivencia hasta ahora.
A Jackie le tienden una emboscada en las primeras horas de la madrugada, después del trabajo,
al fondo del aparcamiento del Blossoms. Y Jackie, cada vez que otra bota le patea la cara y el
pecho y la cabeza y la entrepierna, piensa, Nacido V ahora M, nacida M ahora M, nacida M
ahora V nacido V ahora V..
Cuando Jackie sale del hospital, visión sólo en un ojo, la cara y el pecho un único cardenal
inmenso y verde violáceo, recibe un mensaje, enviado con un ramo enorme de flores exóticas,
que dice que su puesto de trabajo sigue vacante.
No obstante, Jackie coge el tren bala a Chicago y, de ahí, coge el tren de escala a Kansas City
y se queda allí, trabajando como pintor y electricista, profesiones para las que Jackie se había
entrenado hace mucho tiempo, y no regresa.
X.
Rajit tiene ahora setenta y tantos años. Vive en Río de Janciro. Es lo bastante rico como para
satisfacer cualquier capricho; sin embargo, ya no quiere practicar el sexo con nadie. Observa a
todo el mundo con recelo desde la ventana de su apartamento, mientras mira fijamente los
cuerpos bronceados en la playa de Copacabana, y duda.
La opinión que tiene de él la gente que está en la playa es igual al agradecimiento que sentiría
hacia Alexander Fleming un adolescente con clamidia. La mayoría se imagina que Rajit ya
debe de estar muerto. A todos les da igual.
Se ha sugerido que ciertos cánceres han evolucionado o mutado para sobrevivir a las recargas.
Muchas enfermedades bacteriales o víricas sobreviven a las recargas. Unas cuantas incluso
crecen con fuerza después de una recarga y se ha planteado como hipótesis que una variedad
de gonorrea utiliza el proceso al ser transportada de un cuerpo a otro, permaneciendo latente
en el portador y volviéndose infecciosa sólo cuando los genitales se han reorganizado en los
del sexo opuesto.
Aun así, la esperanza de vida en Occidente está aumentando.
La razón por la cual algunos librecargadores - Consumidores de Recarga por diversión parece que envejecen con normalidad, mientras que otros no dan señales de envejecer en
absoluto es algo que tiene intrigados a los científicos. Algunos afirman que el segundo grupo
en realidad está envejeciendo a nivel celular. Otros sostienen que es demasiado pronto para
percibirlo y que nadie sabe nada con certeza.
Recargarse no invierte el proceso de envejecimiento; no obstante, hay pruebas de que, en
algunas personas, puede detenerlo. Muchos miembros de la generación mayor, que hasta ahora
se han resistido a recargarse por placer, empiezan a tomarlo a menudo, recargándose, tanto si
tienen una condición médica que lo justifica como si no.
XI.
El dinero suelto ahora se conoce como calderilla o, en ocasiones, metálico.
Al proceso de hacer diferente o de alterar suele llamársele variar.
XII.
Rajit se está muriendo de cáncer de próstata en su apartamento de Río. Tiene poco más de
noventa años. Nunca ha tomado Recarga; ahora la idea le aterroriza. El cáncer se le ha
extendido hasta los huesos de la pelvis y a los testículos.
Toca el timbre. Sigue una espera corta para que el enfermero apague la telenovela de cada día
y deje la taza de café. Al final, el enfermero entra.
- Llévame fuera, al aire libre -le dice, con voz ronca. Al principio el enfermero finge no
entenderle. Rajit lo repite, en su portugu‚s rudimentario. El enfermero dice que no con la
cabeza.
Consigue levantarse de la cama - una figura consumida, tan encorvado que casi es jorobado y
tan débil que da la sensación de que una tormenta se lo llevaría volando-, y empieza a andar
hacia la puerta del apartamento.
Su enfermero intenta, y no lo consigue, disuadirle. Entonces, le acompaña hasta el pasillo y le
sostiene el brazo mientras esperan el ascensor. Rajit lleva dos años sin salir del apartamento; ni
siquiera salía antes del cáncer. Está casi ciego.
El enfermero le acompaña hasta el sol abrasador, al otro lado de la calle y abajo, a la arena de
Copacabana.
La gente que está en la playa se queda mirando al anciano, calvo y podrido, con un pijama
antiguo, que mira a su alrededor con ojos sin color que antes fueron marrones a través de gafas
de montura oscura con cristales de culo de vaso.
Él les devuelve la mirada.
Son dorados y hermosos. Algunos duermen sobre la arena. La mayoría están desnudos o llevan
el tipo de atuendo de baño que realza su desnudez y la hace destacar.
Rajit les conoce, entonces.
Más tarde, mucho más tarde, hicieron otra película biográfica. En la secuencia final el anciano
se cae de rodillas en la playa, como hizo en la vida real, y un hilo de sangre le sale de la
bragueta abierta del pantalón del pijama, empapando el algodón desteñido y dejando un charco
oscuro en la arena blanda. Los mira a todos, observándoles de uno a otro sobrecogido, como
un hombre que al final ha aprendido a mirar el sol.
Dijo sólo una palabra cuando murió, rodeado de la gente dorada, que no eran hombres, que no
eran mujeres.
Dijo, "Ángeles".
Entonces la gente que estaba viendo la película biográfica, tan dorados, tan hermosos, tan
cambiados como la gente de la playa, supo que todo había acabado.
Y, en algún sentido que Rajit habría comprendido, así era.
Irak: de la doctrina Rumsfeld a la derrota final
Por David de Ugarte
Hace un año la estrategia norteamericana parecía invencible: superioridad tecnológica
abrumadora frente al ejército irakí, saturación mediática frente a la disidencia interna. Los
ejércitos de la dictadura baazista cayeron derrotados. Pero vencer no es igual a controlar el
terreno, la forma contemporánea del conflicto es el swarming, no la batalla de tanques. Y
controlar los grandes media ya no es lo mismo que controlar la opinión. Hoy Rumsfeld está a
punto de dimitir y Bush puede perder las elecciones. Los neocons, que querían resolver "de
una vez y para siempre" el mundo, ven cerrado su tiempo histórico por no haber comprendido
la dimensión social de la tecnología.
Hace dos años Rumsfeld y el lobby neocon norteamericano creían a pies juntillas que el uso
militar y masivo de tecnologías de información les daría una victoria fulgurante sobre el
maltrecho ejército de la dictadura irakí. Un año después hemos visto que una cosa era derrotar
los ejércitos y otra controlar de modo efectivo el terreno, la ocupación militar de Irak se ha
convertido en una sangría de recursos económicos, humanos y políticos que desgasta no sólo a
la administración Bush, sino la hegemonía norteamericana sobre sus aliados.
El fracaso histórico del neoconservadurismo norteamericano se debe sobre todo a su
incomprensión de la dimensión social de la tecnología. Rumsfeld soñó con ganar la guerra en
dos días y con tan sólo 60.000 soldados. La idea era ir un paso más allá de la doctrina de la
superioridad abrumadora personalizada por Collin Powell y ensayada en la primera guerra del
Golfo y mediante el uso de tecnologías de información reducir el número de efectivos
humanos al mínimo. Eran los días dorados de la teoría de la llamada Revolución de los
Asuntos Militares.
Circunscrita al enfrentamiento entre dos ejércitos nacionales tradicionales esta doctrina es
prácticamente inapelable. Como escribíamos en el pasado mes de noviembre: En la invasión
de Iraq ya no existían los libros de órdenes mastodónticos que habían ocupado a los mandos
militares desde las guerras napoleónicas hasta la primera guerra del Golfo. El número de
soldados sobre el terreno es casi diez veces menor que la operación "Tormenta del Desierto".
En Afganistán el mando operativo estaba en territorio norteamericano, a miles de kilómetros
de distancia. Ambas campañas son revolucionarias desde el punto de vista militar,
demostraban en la práctica las tesis del secretario de Defensa Rumsfeld: "es posible cambiar
fuerza operativa por velocidad. Pero esta velocidad operativa sólo es alcanzable si se dispone
de información en tiempo real de la situación de cada una de las unidades propias y ajenas".
DE LA VICTORIA CONVENCIONAL AL SWARMING
La clave está en que hoy derrotar a los ejércitos enemigos no es equivalente a ganar la guerra.
Los Estados Unidos y sus aliados consiguieron lo primero, pero no han conseguido, un año
después, dominar de modo efectivo el terreno. Acabado el ejército de Sadam y su dictadura, se
han tenido que enfrentar a nuevos sujetos que protagonizaban una nueva forma de conflicto: el
swarming, una guerra irregular en la que distintos grupos y tendencias, no coordinados
explícitamente entre si y apenas centralizados más allá de la doctrina común dentro de las filas
de cada uno de ellos, van aumentando el alcance y virulencia de sus acciones hasta aislar y
acantonar a los ejércitos tradicionales sin dejarles posibilidad real de respuesta. Una versión en
gran escala de lo que ya sufrieron en Mogadiscio Rangers, Deltas y Marines (los cuerpos en
teoría más preparados para enfrentar tropas irregulares del ejército norteamericano). Una
forma de conflicto que desgasta tanto militar como económica, política y moralmente a
cualquier ejército convencional, como relataba con gran realismo la película BlackHowk
Derribado.
LA NUEVA ESTRUCTURA DE LA INFORMACIÓN
En una situación como la que se ha definido en Irak, el objetivo fundamental para los neocons
norteamericanos no podía ser otro que asegurar la retaguardia: renovar el mandato del
Presidente Bush y conseguir nueva financiación para las actividades militares mientras
empiezan a plantearse como enfrentar el nuevo tipo de guerra sobre el terreno. Pero aquí
tendrían que enfrentarse a otro tipo de swarming, el civil alentado en Internet y posibilidado
por la nueva estructura de la información.
La segunda guerra del Golfo ha sido, o está siendo, la primera guerra bloggeada de la Historia.
La primera en la que los canales de información no están sometidos ni al filtro inapelable de la
censura militar ni al "sentido de la responsabilidad" de los directores de los medios. La guerra
de Irak es la primera que se vive en el marco de una estructura informativa descentralizada.
Como escribíamos en octubre del año pasado:
En el modelo del periodismo clásico, los medios eran los cancerberos de la información, la
cual extraían unos profesionales llamados periodistas, de la misma realidad, dándole su
primera forma textual: la noticia. (...). La materialización mítica de la figura del periodista era
el "corresponsal", un señor descontextualizado al que se enviaba -con notables costes- a
lugares apartados dónde ocurrían sucesos que se juzgaban dignos de ser relatados como
noticias. La mejora de los sistemas de comunicación no han mejorado ni cambiado la
estructura de éste sistema, sólo aumentado su inmediatez hasta el límite: el periodista
"empotrado" de la guerra de Iraq. En la enredadera hipertextual, las cosas en cambio van de
forma muy diferente. Las fuentes aparecen diréctamente en forma hipertextual y prácticamente
en tiempo real aportadas por los propios protagonistas. Durante la última guerra de Iraq
pudimos leer las crónicas de los bombardeos que hacían los propios ciudadanos bagdadíes y
las experiencias de los soldados norteamericanos a través de sus bitácoras. Incluso las propias
bitácoras de los periodistas "empotrados" y los congresistas que les visitaron después, son más
interesantes que las crónicas oficiales y se enlazaron por toda la web durante aquellos días. La
info y el contexto están ahí, a disposición de todos..
EL SWARMING CIVIL EN CASA
En plena situación de impotencia frente a lo que se les venía encima, cuando más llamadas a la
lealtad de los medios realizaba el Presidente Bush, un goteo de imágenes va socavando el
discurso oficial en la web civil, desde donde van pasando a los medios, cada vez más hechos a
su nueva función de "hubs" de la red civil: primero son las imágenes de los ataudes de los
soldados muertos, un tema tabú desde la guerra de Vietnam. Luego un vídeo, al parecer
obtenido desde un helicóptero por un contratista civil europeo, que muestra como unidades
norteamericanas matan a sangre fría a un irakí vestido de civil. Finalmente las increibles
imágenes de torturas de prisioneros irakíes en las cárceles gestionadas por el ejército
norteamericano. Y lo peor, según declaró Rumsfeld en su comparecencia ante el Senado es
que hay muchas más fotografías y vídeos, [que] si se sirven al público obviamente (sic) van ha
hacer que las cosas empeoren... las vi la pasada noche y son difíciles de creer. Como relataba
la BBC, Mr Rumsfeld estaba indignado ante la publicación de las fotografías: "Funcionamos
con restricciones de tiempos de paz, con requerimientos legales, en una situación de guerra en
la Era de la Información, donde la gente va arriba y abajo con con cámaras digitales, tomando
esas increibles fotografías y pasándoselas, contra la ley, a los medios de comunicación, para
nuestra sorpresa".
Sorpresa. Ese es el sentimiento del aprendiz de brujo momentos antes de ser destruido por su
creación. Rumsfeld y los neocons pensaron que las nuevas tecnologías de la Era de la
Información les permitirían ganar batallas, quitar gobiernos, eliminar enemigos y cambiar
dictaduras por democracias moviéndose por el mundo como un rayo incesante. Y al menos
durante un tiempo, así fue. Como nuevos dioses de la sociedad red soñaron con arreglar el
mundo de una vez y para siempre. Pero el mundo ha cambiado tanto que alcanzar los que eran
sus objetivos no hizo realidad el sueño del triunfo, sino la pesadilla del swarming. Ni en las
resecas calles de Faluya ni en las luminosas avenidas de Washington serán ya recibidos como
los césares del nuevo tecnoimperio que por un instante creyeron ser. Con los neocons acaba un
tiempo histórico y una manera de aproximarse a las nuevas reglas de la sociedad red. Como los
dirigentes de la burbuja .com, pensaron que las nuevas tecnologías se supeditarían a las
lógicas, poderes e intereses del viejo mundo. Como ellos, caerán. Viven ahora sus últimos
momentos de poder, ya no de gloria.
Pásalo!
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Sociedad de las Indias Electrónicas
HISTORIA DEL CINE CIBERPUNK.
(Capítulo 11)
Raúl Aguiar
TERMINATOR (1984) Todo un clásico dentro del género de acción y ciencia-ficción
que supuso asimismo el relance internacional de su director James Cameron y de su
protagonista, el austríaco Arnold Schwarzenegger, "Terminator" se trata de una película pulida
en la que se trata de fabular sobre un posible futuro apocalíptico repleto de conflictos bélicos
entre los humanos y las máquinas.
Un cyborg de principios del siglo XXI es transportado años atrás para asesinar a la madre del
líder de los rebeldes e impedir que éste nazca.
La idea que presentan James Cameron y Gale Anne Hurd es ciertamente plausible, un viaje en
el tiempo para intentar variar los acontencimientos del futuro mediante una acción cometida en
el pasado; lo que sucede es que ese guión no carece precisamente de incongruencias espaciotemporales que bien analizadas harían tambalear seriamente los cimientos de la propuesta.
Arnold Schwarzenegger es el perfecto robot asesino ya que practicamente no abre la boca y se
limita a poner cara de bestia despiadada y moverse con suma rigidez, cosa que hace a las mil
maravillas. No le pidamos que interprete a Shakespeare, éste es su oficio y aquí está realmente
creíble.
Linda Hamilton, mujer de Cameron en esa época, transmite al espectador una meliflua
actuación, salvando el conjunto interpretativo un más que correcto Michael Biehn como
miembro de los rebeldes humanos enviado para proteger a la pobre mujer amenazada.
Efectos, música y estética muy de la época ochentera, un Nueva York lóbregamente
fotografiado y un digno trabajo de realización competente en el sentido de que consigue un
oportuno ritmo y una obtención de suficientes dosis de suspense, acción y romance convierten
al film en un buen trabajo de serie B (la película fue rodada con un presupuesto bastante
exiguo para las producciones de esas características) el cual forma ya parte de la inconografía
de la ciencia- ficción.
La inevitable resurrección del malvado es otro punto previsible que perjudica la imaginación
de su perspicaz pero incoherente sugerencia. Excelente muestra del cine de ciencia-ficción que
partiendo de un presupuesto mínimo y de un talento fuera de lo común por parte del propio
James Cameron en la concepción de un guión excelente
logro hacer una película que acabó convirtiéndose en un
fenómeno social y en una de las sagas con más éxito en
la historia del cine para un clásico moderno que ni
siquiera contó con una campaña de promoción
millonaria durante su estreno en los Estados Unidos lo
cual no impidió que acabará recaudando más de 70
millones de dólares.
También es una de las películas por la cual el actor de
origen austriaco Arnold Schwarzenegger fue catapultado
hacia el estrellado dentro del star system de Hollywood
y la que mejor define al personaje que lo encarnó cuyo
papel le fue como anillo al dedo por su inexpresividad y
carencia de sentimientos, tras descartar a otros actores
como Lance Henriksen y O.J. Simpson que fueron los
candidatos para interpretar el papel desde un principio.
Pero tanto en la ficción como en la vida real Schwarzenegger pasara a la historia de cine no
sólo por su acertada elección de interpretar al cyborg asesino y otros personajes más violentos
en su carrera cinematográfica, sino también como la persona que ordenó ejecutar a Stanley
Tokkie Williams durante su etapa como gobernador del estado de California que era un
símbolo contra la pena de muerte y propuesto por su labor contra la violencia para el Nobel de
la Paz en 6 ocasiones y en una para el de Literatura durante su rehabilitación.
Cabe también destacar que el escritor de ciencia-ficción Harlan Ellison puso una demanda por
plagio contra James Cameron ya que el argumento del filme estaba basado en dos de sus
guiones que el escribió para la serie de televisión The Outher Limits los episodios de la
mencionada serie eran Soldier y El demonio con una mano de cristal y también concretó que
el concepto de la computadora Skynet o sea, la máquina que ordena la aniquilación de toda
vida humana procedía de su relato No tengo boca y debo gritar.
Por tanto la película en sí es un trepidante film de acción denominado como Cine tecnológico
negro y llevado a un ritmo endiablado por parte de un reparto compuesto por el director de
fotografía Adam Greenberg cuya labor en la película se limitó a aportar una iluminación muy
lograda de look frío y con muchas sombras de contraste muy duro y fuerte que filmándolo de
noche y desde contrapicados le hace parecer un monstruo como lo que era en la ficción y en la
vida real.
La música de Brad Fiedel también ayuda en lo suyo para crear esa alevosía de pesadilla
tecnológica futurista mediante el uso de música electrónica y sintetizadores para el conjunto,
de hecho el tema principal de la película es su mejor creación, una obra maestra que ya forma
parte de la historia del cine al igual que los efectos especiales obra de Stan Wiston y Gene
Warren Jr para recrear las secuencias bélicas del futuro dotando a la película de muchas
técnicas visuales incluyendo maquetas y creando todo un verdadero espectáculo.
En pocas palabras es una película en estado puro que tuvo secuelas también de gran éxito, pero
sin duda esta fue la más original.
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