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septiembre / noviembre 08
27
robert segura el cómic y el futuro
de las bibliotecas music collection
como todo el mundo buñuel
en el laberinto de las tortugas
biblioteca carl barks el gran lienzo
viaje a italia fueye super oso y su
amigo crónicas birmanas un día
cambio climático y sostenibilidad
batman: año 100 gari folch
fun home
soy mi sueño
autobiografía
no
autorizada
novedades
recomendadas
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ROBERT SEGURA
(1927-2008)
Es curiosa la forma de golpearnos que tienen algunas noticias.
Manel de Cos, editor de Ediciones B, me acaba de llamar para,
afligido, comunicarme el fallecimiento de Robert Segura. He tenido
que repetir, preguntándomelo, su nombre y su apellido. ¿Robert
Segura? Sí, Robert Segura, una de las firmas puntales de la
segunda generación de la Escuela Bruguera, dibujante de trazo
enérgico, buen conocedor de la técnica narrativa de la historieta,
recreador de personajes expresivos e impetuosos, autor de Roberto
Picaporte, solterón de mucho porte, de Lily, de La Panda y de otras
decenas de series que ocuparon los tebeos de Bruguera durante
treinta años.
El tiempo, un enemigo de primer orden, no se detiene, y la lógica
apunta a que en una edad avanzada se está más cerca del final,
pero la desaparición de alguien que ha significado cosas para ti
nunca se percibe como algo lógico. Antes de conocerlo
personalmente, sabía que Segura era uno de los más vitales
historietistas de humor del siglo XX, un creador de personajes llenos
de frustraciones y, por tanto, reales, que estaban en este mundo,
que eran creíbles por mucho que la mampara de la ironía y el humor
los elevara a otro nivel menos mundano. Como muchos de sus
compañeros en Bruguera, o en Ediciones TBO o en Editorial
Valenciana, el suyo fue un talento también reprimido de alguna
manera. O, mejor dicho, superviviente de su tiempo. No pudo
disfrutar de sus derechos de autor hasta tiempos recientes, ni
recuperar muchos de sus originales; no fue objeto de premios
rimbombantes aunque recluidos en el mundillo de la historieta, pero
sí obtuvo el reconocimiento: fue objeto de una excelente exposición
y, recientemente, protagonista con sus criaturas de un tomo
recopilatorio. Aunque él debía saber que el reconocimiento real
estaba en sus lectores y en el recuerdo que albergan de su obra.
Le conocí muy poco, pero lo suficiente como para disfrutar de un
hombre humilde, orgulloso de su profesión, buen pintor también, un
hombre de modales suaves, de risa fácil, ocurrente, elegante, que
recordaba con embeleso sus muchos años de profesional. Un
hombre sano, sin rencores, que no se sentía maltratado por la vida.
La suya era siempre una conversación ágil, intuitiva y divertida. Me
siento muy orgulloso de haberlo leído y conocido. Él ya no está,
pero sí su espíritu y su obra. Una obra a reivindicar.
Antoni Guiral
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SEGURA
Roberto Segura Monje
(Badalona, 1927-2008)*
“Los ´monos´ de Segura son expresivos, vivaces; sus chicas, proporcionadas, caricaturas de la
vida. Todos hemos tenido una vecina chismosa y quejica como la de La Panda y conocemos a un
holgazán metepatas, como Pepón. Son personajes que están ahí, a un paso de nosotros. Éste ha
sido uno de los factores importantes del éxito de Segura como dibujante”; este texto lo escribió
Armando Matías Guiu en el nº 11 de Bruguelandia (1982), y tengan por seguro que este gran
periodista, escritor, técnico editorial y guionista sabía de lo que hablaba.
Segura es, en efecto, ese dibujo directo y expresivo, casi frenético, que llama la atención por su
frescura y por la energía del trazo; Segura es, también, un observador que plasma en viñetas las
tipologías esenciales del teatro de la vida, que retrata a los habitantes de pueblos y ciudades de un
plumazo, conservando su caracterología o, mejor dicho, caricaturizándola y, por tanto, exprimiendo
su esencia. “Lo primero que hago es captar una idea de cualquier escena callejera”, afirmaba
Segura en una entrevista publicada en el periódico Última hora de Ibiza (1981), y añadía: “acto
seguido, sobre una cuartilla, la desarrollo en forma de guión y, una vez realizada esta fase, tan sólo
queda dibujar la historia a lápiz y pasarla a tinta”. Es la forma de ver de Segura la que se transmite
en sus historietas, la forma de ver a la gente y su capacidad para el humor franco y directo, una
mezcla que genera la ironía y en ocasiones el sarcasmo que destilan las vidas de personajes como
Rigoberto Picaporte o Pepón, ambos con poco oficio y sin beneficio, víctimas de unas
circunstancias adversas provocadas por su propia ineptitud. Y es que Segura ama tanto a sus
criaturas que provoca, aparte de la hilaridad, la sensación de que el destino se les escapa de las
manos, lo que alienta entre sus lectores un cariño especial por estos perdedores.
Hay, siempre, una relación franca entre Segura y sus personajes, una relación casi de
dependencia; por muy inútiles o zarrapastrosos que sean, no podemos odiarlos o ignorarlos,
porque la devoción hacia estos seres de papel que transmite el autor, llega al lector. Da igual que
los protagonistas sean mujeres de buen ver, inseguros adolescentes, ineptos pilotos y marinos o
niños revoltosos, todos ellos llevan ese particular sello de Roberto Segura que los convierte,
inmediatamente, en entrañables.
No es posible retener en la memoria los tebeos de humor de Bruguera sin quedarse con alguna
imagen dibujada por Segura. Estuvo cerca de 30 años en aquella editorial, asumiendo todo tipo de
encargos y desarrollando personajes para lectores infantiles y juveniles, trabajando en solitario o en
equipo (junto a Andreu Martín como guionista), mimando historietas, chistes (muchos de ellos con
el arte moderno como objetivo, por cierto) e ilustraciones de portadas cuyos colores, vivos y
evocativos, reflejan en parte su pasión por la pintura. Pasión aplicada a todas sus historietas, en los
detalles, en los argumentos, en ese inconfundible y vivo trazo de dibujante que siente su trabajo.
Precisamente por ello es difícil quedarse con uno o dos personajes de Segura; todos ellos, sean
matrimonios (Rebóllez, Alcorcón), grupos infantiles o juveniles (la alegre pandilla, la panda, la
panda “pop”), chicas en edad de merecer (Polita, Maritina, Piluca, Marilú, Lily), solterones
(Rigoberto Picaporte, Pepón) o profesionales del mar y el aire (el capitán Serafín, el grumete
Diabolín, Pepe Barrena), poseen esa especie de fulgor, de personalidad tan especial que los
convierte en miembros de una gran familia de la que es difícil destacar algunos de sus miembros
porque, de hecho, son también la familia del lector.
* Este texto, y la bibliografía que sigue, están extraídos de Los tebeos de nuestra infancia: la Escuela Bruguera,
1964-1986, de Antoni Guiral (Ed. El Jueves). Todas las imágenes están extraídas de Cuando los cómics se llamaban
tebeos: la Escuela Bruguera, 1945-1963, de Antoni Guiral (Ed. El Jueves).
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Roberto Segura Monje
Bibliografía
Principales series y secciones humorísticas:
Cosas de Chuky (Florita, 1950).
Polita (Lupita, 1951).
Las aleluyas de Pinocho (Pinocho, 1957; junto a Gin).
Humor sideral (Futuro, 1957).
Rebóllez y Señora (El DDT, 1957).
Rigoberto Picaporte, solterón de mucho porte (El DDT, 1957).
Maritina, la chica de la oficina (Can Can y Sissi, 1958).
Los Señores de Alcorcón y el holgazán de Pepón (Ven y Ven y
Suplemento de Historietas de El DDT, 1959 y Tío Vivo, 1960).
Las chicas de Segura (Can Can, 1959).
Piluca, niña moderna (Blanca y Sissi, 1959).
Tere Mary y Pura (Sissi, 1959).
Nicasso (El Campeón de las Historietas, 1960).
Sportín (El Campeón de las Historietas, 1961).
La Alegre Pandilla (Mundo Juvenil, 1963).
Laurita Bombón, secretaria de dirección (Lily, 1963).
Marilú (Fans, 1965).
El Capitán Serafín y el grumete Diabolín (DDT, 1967).
La Panda (Gran Pulgarcito, 1969; Super Pulgarcito y Mortadelo, 1970;
Super Mortadelo, 1972; con guiones propios y de Andreu Martín).
Pepe Barrena (Gran Pulgarcito, 1969; Mortadelo, 1970; Super Mortadelo 1972;
con guiones propios y luego de Andreu Martín).
Lily (Lily, 1970).
La panda “Pop” (Lily, 1970).
Gina (Gina, 1978).
Los Muchamarcha's (Guai!, 1986).
Don Roge y Doña Lilistrata que con sus hijos meten la pata
(TBO de Ediciones B, 1991).
También publicó en: Diari d'Andorra, Gente de Comic, JAuJA y Jordi, entre otras.
Selección de monografías de sus personajes:
Entre 1971 y 1979, recopilaciones en la Colección Olé de Bruguera de sus
personajes Rigoberto Picaporte, El Capitán Serafín, La Panda y La Alegre
Pandilla.
Rigoberto Picaporte y compañía (Ediciones B, 2006).
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3
artículo
POR VICENTE FUNES
El cómic y el futuro de las bibliotecas
Desde hace décadas, el mundo bibliotecario no deja de interrogarse y lanzar
predicciones sobre el futuro de las bibliotecas: primero fueron las nuevas tecnologías,
después los nuevos formatos, y ahora la web 2.0, (dentro de poco harán un realityshow de supervivencia bibliotecaria, todo un éxito de audiencias, seguro); pero nadie
se ha planteado que en realidad, ¡¡el futuro de las bibliotecas está en el cómic!!
¿Exagerado? Pues claro, de eso se trata hablando de cómics: de onomatopeyas,
signos de exclamación, y rótulos sensacionalistas que atraigan las miradas.
Lo cierto es que a veces los bibliotecarios parecemos pescadores lanzando cebos
con los que atrapar lectores: los engolosinamos con los cds, luego dvds, equipos
informáticos y ahora con el blue-ray. Todo con tal de contradecir a esas estadísticas
que aseguran que en España no se lee. Lo malo es que ahora la música y las
películas se pueden descargar de la red, y que cada vez más, la gente tiene Internet en casa. A fin de cuentas, resulta que los que nos
siguen quedando, siempre fieles, son esos lectores que tan poca presencia tienen en las susodichas estadísticas.
Pero, ¿y el cómic? ¿Dónde quedaba hasta ahora su potencial para captar nuevos
lectores? ¿Cómo no habíamos aprovechado antes su cruce bastardo entre lo visual
y lo escrito para usarlo de señuelo? Pues bien, algunas bibliotecas lo estamos
haciendo de unos años a esta parte; y finalmente ya se pueden trazar líneas entre
los puntos dispersos que surgen aquí y allá por el mapa bibliotecario, como en un
pasatiempo de esos en los que hay que dibujar las líneas entre números para
descubrir el dibujo oculto. El orden a seguir no importa, lo que es seguro es que el
dibujo resultante será un dibujo de cómic.
Y el pasado 10 de octubre, dentro de LIBER se trazó una nueva línea gracias a la
mesa redonda organizada por FESABID en torno al “Cómic, lectura y bibliotecas”.
Allí surgió el interés por un artículo sobre la Comicteca de Murcia para este boletín,
una excusa como cualquier otra para seguir haciendo proselitismo del cómic entre nuestro gremio.
La Comicteca de la Biblioteca Regional de Murcia
Fue el año 2003 cuando la Biblioteca Regional de Murcia se lanzó al ruedo comiquero y creó su sección de
Comicteca, al margen de los cómics dedicados al público infantil y juvenil. Está situada en la primera planta del
edificio y actualmente ocupa un total de 130 m2, en los cuales se distribuyen 24 módulos diseñados
especialmente para esta sección, y que simulan mastabas de madera y metacrilato. Con ellos se pretende, por
un lado, solventar la variedad de formatos que presentan los cómics, y que los hacen tan difíciles de colocar a
veces; y por otro, aprovechar al máximo el atractivo irresistible de sus portadas. De esta manera, por las dos
caras de estas pirámides escalonadas se ordenan en cascada títulos de cómics europeos, americanos,
españoles e hispanoamericanos, mangas y murcianos. Las estanterías tradicionales quedan para el fondo de
obras de referencia sobre el cómic.
Dispone de 12 puestos de lectura tapizados con imágenes de cómics y de un expositor de novedades
con iluminación interior. Y todo ello pensado para que cualquier usuario no ganado a la causa del
cómic, y que esté buscando entre las estanterías de la Mediateca contigua, sienta un irrefrenable
deseo de, al menos, darse un garbeo por la zona a ver de qué va, y, ¿quién sabe?, igual hasta de
llevarse en préstamo algo más que un cd o un dvd.
Esta sección concentra el grueso de la colección de cómics de nuestro centro, concretamente 7.522
volúmenes, que junto con los 2.393 que nutren la sección Infantil y Juvenil, y los 3.083 que completan
los fondos de nuestros cinco bibliobuses, hacen que actualmente reunamos un total de 13.000 cómics de todas las tendencias y estilos
para satisfacer tanto a gourmets como a neófitos que se acercan al medio por primera vez.
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4
artículo
POR VICENTE FUNES
La consideración inicial de ser un fondo para lectura en sala afortunadamente quedó atrás en abril de 2008; y sólo en los siete meses1
que hace que los cómics se nos rebelaron y salieron del centro, llevamos un total de 17.354 préstamos. ¿Hacen falta más datos para
convencer a bibliotecarios/responsables políticos de potenciar el cómic? Pero dejémonos ya de tanto dato numérico, y centrémonos en
lo que se persigue con esta sección, más allá de ofrecer un fondo de cómics, apreciado y frecuentado por la afición. Después de todo
recae sobre él la responsabilidad de asegurar parte del futuro de las bibliotecas, o ¿todavía
suena a boutade la afirmación del principio? Bien, demos tiempo al tiempo.
El mundillo del cómic sigue basculando entre lo amateur y una incipiente respetabilidad en los
medios. Como satélites, no siempre en la misma órbita, pululan por su perímetro los autores, la
industria, los aficionados, y en la distancia, un público potencial al que una tímida fuerza
gravitatoria empieza a atraer. Pero, ¿y el espacio para que todos confluyan? Pues las
bibliotecas, qué duda cabe. Desde el principio, en la de Murcia, paralelamente al crecimiento de
la sección se han ido desarrollando actividades para que autores, editores, aficionados y público
en general sientan que la biblioteca es el lugar de encuentro del mundillo del cómic en nuestra
comunidad. Dos son los eventos que centran las actividades con periodicidad fija: el ciclo
mensual (H)ojeando cómics, y el encuentro anual Cómic Corner, ambos coordinados por
nuestros ilustres historietistas Juan Álvarez y Jorge G.
El ciclo (H)ojeando cómics lleva desde 2005 convocando a profesionales de primera línea
para que compartan sus experiencias con nuestro público. La lista de invitados hasta la
fecha incluye a nombres como Carlos Pacheco, Purita Campos, Tha, Carlos Sampayo,
Mariel Soria, Horacio Altuna, Juan Giménez, Joan Navarro, Mauro Entrialgo, Max, Carlos
Giménez, Albert Monteys, Pasqual Ferry, Daniel Torres, Rubén Pellejero, Kim, Álvaro Pons o
Kano. El que después de cuatro años siga existiendo, y con programación ya para el 2009,
habla claramente del éxito de la iniciativa.
Cómic Corner en cambio es anual, lleva dos años celebrándose, y se concibe como un
encuentro entre autores, aficionados y público en general, que incluye mesas de debate,
proyecciones y coloquios. Junto a nombres tan ilustres como los de (H)ojeando cómics, se
persiguen otras visiones en torno al cómic, buscando figuras con repercusión en los medios
mayoritarios que actúen de reclamo para un público en principio no tan afín a la viñeta. Un
cebo como cualquier otro. En las dos ediciones celebradas hasta el momento, se contó
entre otros con Mark Buckingham, Carlos Grangel, Dani Acuña, José Luís Munuera,
Claude Mézières, Manel Fontdevila, Joaquín Reyes o Miguel Gallardo.
Dentro de otro orden de actividades se encuentra el club de los lectores de cómics, las
reseñas de la sección “Los tebeos no son cosa de niños” de nuestra publicación trimestral
ActualBiblioteca, y un especial de dicha publicación dedicado en exclusiva. ¿Proyectos
futuros? Varios y ambiciosos, así que habrá que ver cómo evolucionan. De momento
estamos diseñando una guía de lectura un tanto sui generis, e incubando la creación de
una colección editorial para publicar cómics de autores murcianos. No se trata sólo de
atraer nuevos lectores, se trata también de poner todos los medios de que seamos
capaces para ayudar a los creadores, de ser centro de referencia para el mundo del
cómic en general.
¿Sigue resultando exagerado lo del cómic como futuro para las bibliotecas? Bien, puede ser. En todo caso,
lo que tenemos claro en la de Murcia, es que sí va a formar parte de nuestro futuro, y que también está y va
a estar en el futuro de muchas otras bibliotecas que nos solicitan asesoramiento para crear colecciones,
consejos para la ordenación de la colección, diseño de mobiliario, etc… Los cómics ya habitaban en las
bibliotecas, pero nunca hasta ahora se les estaba sacando tanto rendimiento, y el que aún resta por
sacarles: ahí está la biblioteca 2.0, otro ámbito en el que el cómic puede aportar mucho. El viento sopla a
favor, sólo hace falta izar las velas, como diría Corto Maltés, y dejarse llevar por la corriente.
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1 Datos a 30/10/2008
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5
artículo
POR VICENTE FUNES
Más información sobre la Comicteca
* Página de la Comicteca. <http://www.bibliotecaregional.carm.es/comicteca/>
* Ordenación y organización de la colección en: “Los tebeos no son cosa de niños: los cómics en la Biblioteca Regional de Murcia”:
comunicación presentada al III Congreso de Bibliotecas Públicas por Vicente Funes Hernández y Antonia D. Hermosilla Moreno.
Murcia, 2006. <http://travesia.mcu.es/documentos/Congreso_3bp/actas_congreso3bp.pdf>
* Publicación ActualBiblioteca: <http://www.bibliotecaregional.carm.es/actualbiblioteca/index.html>
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6
artículo
POR ANTONI GUIRAL
escuchar, leer...
Aquí, en casa, lo de relacionar la música – concretamente el rock, seamos
precisos – con el cómic viene de los ochenta del siglo pasado. Eran tiempos
de recuperación, pero también de reivindicación, y el rock y los cómics
formaban parte del paquete “cultura popular de jóvenes y para jóvenes”, un
batiburrillo inmerso casi siempre en un desencanto vital que llevaba injertado
una actitud crítica y hasta cínica, rompedora y desgarradora, que delataba,
como cultura que era – o subcultura urbana, como algunos la bautizaron –, el
eco de aquellos días. Desde entonces, hay quien sigue aunando rock e
historieta; tal vez porque algunos músicos son también historietistas – o
algunos historietistas músicos, que tanto monta –; quizá porque ciertas
carátulas de singles, LP o CD las firman dibujantes de cómics; igual porque se
identifica a rock y a cómic como entes provocadores y alternativos... Quién
sabe y, en realidad, qué más da. Pero no, la música y la historieta, como
medios de comunicación con características propias, no guardan grandes
semejanzas – las hay, sí, como el ritmo, el tempo o la narración, pero éste es
tema de otro costal –, lo que no impide que mantengan buenas relaciones.
De hecho, en Francia, la discográfica Nocturne, por ejemplo, inició en 2003 una
etapa editorial con el buen tino de estrechar lazos entre música e historieta,
realizando una serie de productos que incluían dos CD de un músico o grupo y
un libro con páginas de cómic basadas en su vida y obra. El experimento,
dispuesto en varias líneas musicales – BD Jazz, BD Blues, BD Rock y BD
Chanson- fue positivo a todos los niveles, porque unía, a buenas grabaciones,
unas muy cuidadas ediciones, ilustradas tanto por primeras figuras de la bande
dessinée franco-belga como por jóvenes promesas. La experiencia, por suerte
para todos, se ha repetido en España. El sello discográfico Discmedi – editor
de producciones propias y distribuidor de catálogos ajenos – nacido en 1989
– y con obras de Antònia Font, Els Pets, Miguel Poveda o Joan Miquel Oliver
en su catálogo – inauguró en 2005 una línea editorial ambiciosa en espíritu y
letra – Music Collection –, que estrechaba el nexo entre música e historieta.
Hasta hoy, Discmedi ha editado un total de nueve excelentes libros-CD en tapa
dura que atienden a estilos tan heterogéneos como el jazz (Tete Montoliu, Chet
Baker, Billie Holiday o Miles Davis), el folk (Pete Seeger), el rock and roll (Elvis
Presley), la música popular cubana (Benny Moré) y brasileña (Vinícius de
Moraes), y al personal estilo de un músico tan sigular como Pascal Comelade.
La iniciativa está dirigida por Miquel Jurado (1951), periodista musical (El País),
productor discográfico y escritor y, por tanto, toda una garantía, y por el
momento ha acogido a cinco excelentes profesionales de la historieta que
mezclan experiencia con voluntad renovadora. Es el caso de Gani Jakupi
(1956) – guionista, junto a Jurado en algún caso, y dibujante de cuatro títulos –
, nacido en Kosovo y residente en España, un hombre multifacético (guionista,
dibujante, colorista, traductor, periodista, escritor, fotógrafo, animador y
compositor), y clarividente, con un concepto muy abierto y experimental de la
historieta, que rompe moldes y aplica técnicas mixtas – color, fotografía,
collages – dotando a sus páginas de una dramatización y un tempo – de un
ritmo – muy acorde al producto.
[Continúa en la página siguiente…]
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7
artículo
POR ANTONI GUIRAL
... mirar, aprender
[… Viene de la página anterior]
Por su parte, Martín Pardo (1973) y David Morancho (1972), jóvenes pero
experimentados historietistas con obra conjunta (Eclipse, Mal Chance, Red
Mantis) y en solitario (Pardo en revistas como Totem el Comix, Kiss o Penthouse
Comix, y Morancho en publicaciones como Zipi y Zape o Superlópez), han sabido
dotar de un toque de elegancia y madurez a la colección con sus personales
estilos y una evidente inquietud por la renovación conceptual del grafismo en la
historieta. Finalmente, y en dos de sus tres lanzamientos más recientes (Pascal
Comelade y Billie Holiday), Discmedi une a su elenco artístico dos figuras de
prestigio reconocido y ganado a pulso en el terreno de la historieta y la
ilustración, como son las de los catalanes Max (1956) – Premio Nacional del
Cómic de 2007 y autor de series como Peter Punk y obras como El prolongado
sueño del Sr. T y Hechos, dichos, ocurrencias y andanzas de Bardín el
Superrealista – y Tha (1956) – dibujante de estilo refinado y muy personal, con
trabajos en su haber como los de Absurdus Delirium y Todo es posible, escritos
por Joan Tharrats, que además reúne la condición de tratarse de un (muy buen)
músico profesional de jazz –.
Music Collection aporta, además de una exquisita selección musical en sus dos
muy bien producidos CD – que permite valorar con buen criterio la trayectoria
profesional de los músicos – una selección de textos firmados por Jurado que
documentan a la perfección el ambiente histórico y los entresijos vitales y
musicales de sus protagonistas. En cuanto a sus historietas – algunas, como
hemos dicho, escritas por Jakupi y el resto por Jurado, Morancho y Max –, no se
limitan a conceder un tono hagiográfico o meramente documental: interpretan la
esencia del trabajo de los músicos citados y aportan datos significativos de sus
vivencias, aportando un atractivo mosaico vital que añade un interés especial a
sus obras. Todo ello genera un producto cultural de primera magnitud – su
edición, con Álex Eslava como productor ejecutivo, es modélica –, que mezcla
con habilidad música e historieta y que, no lo duden, debería estar presente en
bibliotecas públicas, privadas y escolares, porque ejerce también la pedagogía de
estos dos medios de comunicación.
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COMO TODO EL MUNDO / Spiessert, Lapière y Renders
La Cúpula. 146 p. Color. Rústica con solapas. 20 €
Cayó el muro de Berlín, y se proclamó el fracaso del comunismo. Han caído las bolsas con
más estruendo que los cascotes del muro, y se anuncia el descalabro del liberalismo. ¿Y
ahora qué? Habrá que esperar a ver qué pasa, pero lo único que se puede prever es que
seguiremos igual de manejados: por los medios, la publicidad, los políticos, y desde la
sombra, por los que realmente manejan el cotarro. No es nada nuevo, ni tendría por qué ser
necesariamente malo: todos aprendemos a manipular con el llanto desde la cuna. Pero ya
que somos peones en ese juego, deberíamos estar atentos a las reglas del mismo, para al
menos saber la posición que ocupamos en el tablero.
Como todo el mundo nació de forma paralela a la filmación de una película del mismo título,
aún no estrenada en España. Pero que nadie se equivoque, no se trata de un storyboard
publicado en formato de historieta. El dibujo de Rudy Spiessert ancla la historia al lenguaje del
cómic, muy en la línea de Berberian o Andy Watson; y nos imbuye en los avatares del joven
Jalil, conejillo de indias de la sociedad de consumo. Un pobre diablo desubicado, que no sabe
qué casilla ocupa, y que por un instante, llega a creerse rey cuando es más peón que nunca.
La primera parte de la historia inevitablemente nos recordará a la genial película de Peter
Weir “El show de Truman”: una argucia audiovisual, un experimento sociológico que diría
Mercedes Milá. Pero la historia continúa allí donde Weir la dejaba: si al final Truman
abandonaba a su creador para enfrentarse al mundo real, en este cómic, su protagonista ha
aprendido algo de las reglas del juego, y quiere mover ficha por sí mismo. Quiero ser califa en
lugar del califa, que diría Iznogud.
Denis Lapière y Pierre-Paul Renders (a la sazón director de la película) nos deslizan por esta
trama, repleta de trampantojos y disfraces, diseccionando con fina ironía las sucesivas capas
de una sociedad enferma, que si no fuera por la ternura de sus protagonistas, daría pie a un
drama. En cambio, la historia se mueve a ritmo de vodevil. Los personajes van desfilando al
son de unas ambiciones que sacuden desde al obrero hasta al mismísimo Presidente de la
República. Nadie se queda sentado en un baile del que todos nos sabemos los pasos, porque
todos danzamos en él. Algunos, embobados por la machacona melodía de los medios; y
otros, empeñados en desmarcarse predicando en el desierto. Pero todos, vistos desde las
alturas del poder, terminamos pareciendo como todo el mundo: peones, alfiles, caballos o
torres. Y eso dando gracias, porque igual sólo parecemos simples fichas de parchís,
comiéndonos unas a otras.
Sin desmerecer la película de Renders (que no podemos conocer, ya que no se ha estrenado
en nuestro país), no se puede evitar pensar qué habría hecho Billy Wilder con este material:
sólo de pensarlo se estremece mi alma cinéfila. Pero no hay necesidad de soñar, ya que el
cómic que ha llegado a nuestras manos va repleto de cinismo, sarcasmo, ironía, y de una
ternura que nace de la lucidez, nunca de la sensiblería. Tal cual como en una película de
Wilder: una historia en la que las leyes de la biología dan jaque mate al juego sucio del poder;
y en la que el mejor marketing para venderse es ser siempre fiel a uno mismo.
VICENTE FUNES
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BUÑUEL EN EL LABERINTO DE LAS TORTUGAS / Fermín Solís
Editora Regional de Extremadura. 120 p. B/N. Cartoné. 20 €
Por fin otra obra de Fermín Solís, el autor de joyas como De Ballenas y pulgas, El años que vimos
nevar, o Los días más largos. Fermín, además de haber sido presidente de su escalera, también es
un gran autor de cómics que con cuentagotas nos va deleitando con su personal estilo a medio
camino entre Rabagliati y Dupuy & Berberian.
Fermín se empeña en seguir con su personal dispersión de editoriales, y en este caso es la Junta de
Extremadura la que publica este título (huelga decir que esto no impide que se pueda encontrar en
cualquier librería especializada). Como él mismo ha contado, el embrión de esta obra fue fruto de una
casualidad: por una parte, la curiosidad del autor por Las Hurdes, esta bella y árida zona extremeña
donde acudió en busca de las Musas, y por otro el interés mostrado, afortunadamente, por la
Filmoteca y el Centro de documentación de Extremadura. Pero hay más casualidades que rodean
esta obra: este año se celebra el 25 aniversario de la muerte de Buñuel, y también 75 años del rodaje
de Tierra sin Pan, núcleo argumental de la obra de Fermín. Y otra casualidad más: cuando Buñuel
rodó esta película en 1932, lo hizo gracias a la financiación permitida por un boleto de lotería
premiado. Jugando a elucubrar, cuando Buñuel debió recoger dicho boleto en el alegre París de
principios de siglo, poco podía pensar que este hecho acabaría desembocando un siglo después en
un esplendido cómic, un medio que todavía estaba dando sus primeros pasos justo en los albores de
la historia del cómic y que probablemente poco había acaparado su atención – para que nos hagamos
una idea, todavía no había aparecido ni siquiera El príncipe valiente de Foster.
El autor nos aproxima a lo que fue el rodaje, el origen, y a todo lo que rodeó a Tierra sin pan, la mítica
película documental rodada en y sobre Las Hurdes. Fermín ficciona sobre los protagonistas, incluido
el propio Buñuel, sobre sus miedos, sus decisiones, y sus excesos. Sobre muchos de ellos no existe
apenas documentación y a modo de lo que hizo, por ejemplo, Chester Brown con su Louis Riel, tiende
un fino hilo para deducir personalidades, actitudes, etc. y narrar hechos históricos cubriendo huecos
con la inventiva. Se trata, así pues, de una ficción histórica.
Para Buñuel y Cía. Las Hurdes fueron como un viaje casi iniciático a un paraje rural aislado y
empobrecido, convertido en paradigma de la caricaturización para pesar de las siguientes
generaciones de autóctonos, que tardaron años en quitarse el sambenito. Allí, nuestros protagonistas
buscarán, con la excusa de filmar dicha película, reafirmarse a si mismos y a sus pensamientos vitales
más íntimos, tanto como a sus convicciones políticas. Buñuel había vuelto de México cansado y un
tanto desengañado. En París vivía entre la opulencia intelectual y la bohemia más ejemplar, pero
siempre al amparo de sus paisanos y al servicio de sus geniales inquietudes creativas, en pos de la
libertad y a través de la provocación que tanta fama le dio. Dicha implicación política cuajará en el
mensaje que aparece al final de la película a modo de panfleto político y de claros tintes comunistas,
como no podía ser de otra manera. Vivir aquellas Hurdes no podía dejar indiferente a nadie.
Tanto el guión como el dibujo fluyen condescendientemente con naturalidad, sin sobresaltos y
enlazando perfectamente las dos partes del libro, la nocturna noche parisina y la calurosa luz del día
en Las Hurdes. El personal dibujo en blanco y negro, sello de la casa, luce con esa capacidad de
sintetizar líneas entre la austeridad hurdeña y la sobrecarga detallista de la ciudad, pasando por los
bellos pasajes surrealistas, simbólicos y caricaturescos.
Desde aquí recomiendo la pàgina web (http://www.ferminsolis.com/) y el blog
(http://www.laspelusasdemiombligo.blogspot.com/) del autor, donde podrán disfrutar de su talento,
pero para completar el viaje a Las Hurdes, imprescindible acudir al amigo Youtube, donde está
alojada íntegramente Tierra sin pan; recuerden: obligatorio ojearla.
Nada más que agradecer a Fermín que haya publicado otra obra larga, que de buen seguro lo
consolidará, si es que no lo está ya, como el gran autor que es. Son necesarias estas obras de
empaque y prestigio para cotizarlo al alza. Tanto aquí como allende de los Pirineos un autor como
Fermín no debe pasar nunca desapercibido. Su personal manera de abordar las historias y la manera
de recorrerlas son necesarias para todos los que amamos los tebeos, así que esperamos su próxima
obra, que seguro será si cabe aún mejor.
JAUME VILARRUBÍ
BIBLIOTECA CENTRAL TECLA SALA CÓMIC TECLA 27 (SEPTIEMBRE / NOVIEMBRE 08)
10
reseñas
BIBLIOTECA CARL BARKS VOL. 1 / Carl Barks
Planeta DeAgostini. 272 p. Color. Cartoné. 25 €
Lo cuenta Robert Crumb recordando su infancia en la América de los cincuenta: los
hermanos Crumb, como casi todos los niños de entonces, leían cómics de Disney y les
gustaban muy en particular las historietas de Donald y del Tío Gilito – Uncle Scrooge –
realizadas por quien ellos llamaban “el buen dibujante”, cuyo estilo descollaba con claridad
entre los de los demás artesanos de la factoría Disney. Era política editorial de ésta difundir
exclusivamente el nombre de su propietario, así que publicaba tales materiales sin firma. Ni
los Crumb ni ningún otro lector conocían el nombre de aquel artista, pero los chavales
distinguían su dibujo y su modo de contar, y los apreciaban. Carl Barks (1901-2000) se ganó
la estima de los lectores mucho antes de que éstos supieran nada de él y consiguió, pese a la
anonimia que la compañía Disney impuso a su tarea, hacerse un nombre y una reputación de
autor.
Barks comenzó a trabajar para los estudios de animación Disney en 1935. En 1943 compuso
para sus revistas la primera del medio millar de historietas del pato Donald y compañía que,
en entregas de diez páginas, ideó y plasmó sobre el papel hasta su jubilación en 1966. Él dio
vida a buena parte de los secundarios del famoso pato, el más notable de ellos el Tío Gilito, e
inventó Patoburgo, su ciudad. Y, como era norma en la industria del cómic, sólo cobró como
trabajador a destajo, una cantidad fija por página, sin derecho a firma. Pero la cualidad de sus
ideas, su habilidad para dotar de sentimientos y relaciones a los personajes, más allá del
simple gag, y, sobre todo, la vivacidad y la expresividad de su dibujo, transparentaron la
personalidad y el talento de aquel artista desconocido. Cuando dejó de dibujar para Disney,
Barks obtuvo autorización para seguir realizando ilustraciones y pinturas al óleo con sus
personajes, que le aseguraron buenos ingresos hasta su muerte. Ganó así, como ilustrador
jubilado, el dinero que nunca cobró siendo asalariado de la Disney. En el despiadado mundo
de la producción industrial de cómics de entretenimiento, Carl Barks representa la excepción
del artista que gracias a su talento consigue sobresalir del engranaje y dejar constancia de su
personalidad creadora.
La edición de los cómics de Disney entre nosotros ha seguido durante décadas los bruscos
altibajos del negocio editorial de la historieta, de modo que a periodos de buena difusión de
los productos impresos de la factoría han seguido otros en los que ha sido imposible
comprarlos en el kiosco. Hace unos meses, Planeta DeAgostini reanudó la edición en
castellano de historietas del sello, algunas de las más logradas entre ellas producidas para
mercados filiales, como el italiano, por autores de esta nacionalidad. Es una buena noticia
que las acompañe una edición digna de algunas de las historietas de Carl Barks,
encabezadas por su nombre. Debe de ser indicio de que también en el universo del cómic,
usualmente tan pedestre y desmemoriado, empieza a importar la firma de los pocos autores
que merecen el membrete de clásicos.
Gracias a esta edición, los lectores de hoy tendrán posibilidad de disfrutar de las historias de
patos de Barks, sátiras que, según él mismo solía contar, brotaron del sentido del humor que
encontró entre los trabajadores con los que compartió faena en su juventud, antes de
dedicarse al dibujo, gentes “capaces de reírse de las más espantosas miserias”. En cada una
de ellas, un mismo personaje puede ser héroe, travieso o villano, al arbitrio de una
sensibilidad atenta a los matices y las contradicciones. En todas ellas, un dibujo dinámico y
detallista da vida a trastadas, proyectos abocados al desastre y aventuras en horizontes
lejanos con la misma agilidad e idéntico dominio de las pautas del entretenimiento. Ojalá esta
Biblioteca Carl Barks tenga continuidad y publique una porción sustanciosa de su obra.
JUAN MANUEL DÍAZ DE GUEREÑU
BIBLIOTECA CENTRAL TECLA SALA CÓMIC TECLA 27 (SEPTIEMBRE / NOVIEMBRE 08)
11
reseñas
ÚLTIMO SUR VOL. 2: EL GRAN LIENZO / Diego Agrimbau y Gabriel Ippóliti
Norma. 48 p. Color. Cartoné. 13 €
Asistir en directo al nacimiento de un clásico en cualquier arte es un privilegio. Y pese a resultar
arriesgado tildar de clásica a una obra recién publicada, la serie argentina Último sur, escrita por
Diego Agrimbau y dibujada por Gabriel Ippóliti, acumula méritos para serlo a cada nueva entrega.
Aunque se diera el caso de que la tercera parte (que se centrará en la música), defraudase las
expectativas, sólo el díptico formado por La burbuja de Bertold y El gran lienzo sería motivo
suficiente para no escatimarle elogios. Si un buen cómic se entiende como un equilibrio entre una
historia sugerente y un dibujo que alcance allá donde las palabras no llegan (Elvira Lindo dixit), la
obra de estos argentinos resulta un ejemplo redondo.
La burbuja de Bertold planteaba una desasosegante parábola sobre el fascismo; un cruce entre la
Parada de los monstruos de Tod Browning y 1984 de Orwell, con aires de cabaret berlinés de
entreguerras (a veces, leyéndolo, da la sensación de que en cualquier momento puede surgir la
Lola-Lola de El ángel azul, pero ya sin las míticas piernas de la Dietrich, amputadas por la gran
Burbuja que todo lo controla).
La historia política de Argentina ha calado hondo en el imaginario creativo de esas latitudes,
haciendo que hasta en los universos fantásticos que imaginan sus autores la trama de fondo siga
siendo la misma: una denuncia constante del totalitarismo. En La burbuja de Bertold, la máxima
pena para los disidentes es la amputación de sus miembros. Como la vengativa Uma Thurman de
Kill Bill I, el poder se apropia de los miembros cercenados de sus delincuentes, y los transforma en
marionetas de un espectáculo patético y fascinante. El arte como refugio de los parias, el arte como
último recurso para la supervivencia, el arte como condena y rebelión.
Arte y fascismo también llenan las viñetas de esta segunda entrega pero, si cabe, llevando aún más
lejos lo planteado en la primera. El dibujo de Ippóliti pasa de la oscuridad de la opresiva sociedad de
Butania en La burbuja, al blanco del hielo polar, que define por contraste a los personajes con
mayor dramatismo. La gélida Unánima (donde se desarrolla El gran lienzo), es una ciudad-estado
volcada en la expresión artística, conectada por línea ferroviaria con Butania (falta saber si en la
tercera parte podremos atisbar, con más perspectiva, este extraño mundo en el que se desarrolla
Último sur). En la ciudad de los hielos sólo se permite el ingreso de artistas, y sus habitantes se
encuentran inmersos en la mayor obra plástica jamás acometida. El casco polar será el gran lienzo
para una pintura condenada a ser únicamente visible en su totalidad desde el cielo, como un
mensaje artístico al universo.
Picasso dijo aquello de que cuando le llegase la inspiración que lo pillase trabajando; y los
laboriosos habitantes de Unánima parecen estar de acuerdo, pero la envergadura y trascendencia
del proyecto les plantea muchas dudas. Entretanto, a la colonia llegan dos nuevos miembros:
Lorenzo, un informático que ya aparecía en La burbuja, y que es el único nexo de unión con aquella
historia; y Lailuka, una pintora deseosa de ser admitida en tan selecta comuna. A partir de ahí, se
desarrolla una historia en donde palpitan eternas reflexiones en torno a la creación: desde la
confrontación entre academicismo y vanguardia, hasta la dicotomía entre talento y voluntad.
El nombre de la ciudad-estado ya es una ironía en sí mismo. En Unánima todo se decide por
mayoría: una democracia absoluta en las formas, en la que se cultivan las más refinadas artes de
la manipulación. Una sociedad asamblearia dibujada como mordaz reflejo de lo políticamente
correcto. La disidencia artística, la vanguardia contestataria, se acepta en cuanto no desestabilice
el sistema. El único genio admisible por el totalitarismo es el estrafalario, el loco, el entregado a la
causa, o el que conoce el papel de artista y lo representa para la galería. Para entendernos, el de
un Dalí apoyando el franquismo o una Leni Riefenstahl embelleciendo el nazismo. Pero mi
verborrea al hablar de El gran lienzo no se corresponde con la manera en que Agrimbau plantea
tan altos asuntos. Éstas, y muchas otras cuestiones, se deslizan por la trama sin engolar el
discurso, sin subrayados inútiles. No es una tesis, es un cómic, y lo que nos cuenta lo decide cada
lector al leerlo. Todo sugiere, nada pontifica.
VICENTE FUNES
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12
reseñas
VIAJE A ITALIA / Cosey
Planeta-DeAgostini. 104 p. Color. Cartoné. 12,95 €
Sería una pena – más aún, un auténtico drama – que un autor como el suizo Cosey pasara
desapercibido después de la reedición por parte de Planeta de dos obras de la talla de SaigónHanoi y Viaje a Italia, eso sin menospreciar un tercer título, El viaje de Peter Pan, aunque ésta
se aleje un poco más de la difícil comparativa con las otras dos, realmente excelsas.
Para mí es quizás Saigón-Hanoi la obra más redonda de Cosey, una auténtica obra maestra de
la que quizás hablemos otro día, y que Planeta incluyó dentro de su colección Trazado; pero sin
duda Viaje a Italia le va a la zaga. Ambas tienen un personal componente de nostalgia, de
perdedores atormentados por actos que cometieron en un pasado ya lejano pero que son
incapaces de olvidar, de la voluntad de cerrar viejas cicatrices que continúan supurando
imágenes, sensaciones y, algunas otras veces, nostalgia también de un lugar donde emergen
placeres con cuentagotas. Ambas están unidas por la que fue la primera guerra realmente
mediática gracias a la televisión, la guerra del Vietnam. Se ha explicado muchas veces la
historia del joven que va a la guerra, y del veterano que vuelve con toda clase de heridas, en
especial las que cuestan más de curar, las del espíritu y las de la mente.
Cosey utiliza una parábola para exorcizar estos traumas con los protagonistas de ambos libros,
en un recorrido vital en el que intentarán encajar las piezas de un puzzle descompuesto en los
campos del Vietcong. En Viaje a Italia son Art e Ian, dos amigos de toda la vida que también
coincidieron en la guerra, los que con la excusa de un semicasual viaje encontrarán las piezas
perdidas de su pasado. Dichas piezas dejarán de ser un lastre para incorporarse en sus vidas.
A pesar de todo, la vida está llena de sorpresas y los acontecimientos se irán sucediendo a
veces de manera amable, a veces de manera dolorosa.
La puesta en escena en Italia es preciosa: los pueblecitos del sur despliegan su formidable
encanto, calurosos, afables, cálidos y mediterráneos, a la vez que los paisajes de postal
acompañan todas las secuencias. Es notable la habilidad del autor para dibujar paisajes, se le
nota disfrutando, seguro de si mismo; sin duda debe ser un gran aficionado a los diarios de
viajes. Por si el autor aún no ha conseguido encandilar al lector, va salpicando las viñetas con
una banda sonora deliciosa, con ese sabor sesentero tan vital del inolvidable Domenico
Modugno.
Así pues ya tenemos la localización, los personajes, y la historia; tan solo nos queda navegar
por sus páginas, cruzar el Atlántico y ser cómplice de sus devaneos junto con Keo y Shirley, la
niña que será el motor de la historia y la mujer que compartió el corazón de nuestros dos
protagonistas. Keo representa el futuro, Shirley el pasado. Yo no sé si es casual pero lo cierto
es que Keo abre el libro, mientras que Shirley lo cierra simbólicamente. Cosey dibuja con una
personal línea clara, elegante y madura, economizando sombreados y sintetizando trazos, en la
línea de otros autores de su generación como Giraud o incluso el Herman Huppen de la primera
época.
Tan solo nos queda agradecer a Planeta la excelente edición y la apuesta que ha hecho por
este autor, de indudable calidad, largamente descatalogado de los puntos de venta; aunque no
así de las bibliotecas, donde se pueden encontrar incluso otros títulos como los de Jonathan,
personaje insignia del que en Francia ya tiene publicados 14 álbumes. Para ponerse al día con
el autor nada mejor que esta página web: http://cosey.rogerklaassen.com/
Por cierto, recuerdo con cariño cuando compré de saldo (qué lástima) la edición de Grijalbo
(colección Trazo Libre) de estos dos títulos en la librería Continuará hace años sin saber muy
bien qué joyas me estaba llevando. Ahora con los años he encontrado la excusa perfecta para
releerlos y la expectativa se ha cumplido: eso que me pareció tan bueno, lo continúa siendo,
confirmación de que las buenas obras lo son para toda la vida, más allá de modas y
tendencias…nel blu, dipinto di blu…felice di stae quassú…
JAUME VILARRUBÍ
BIBLIOTECA CENTRAL TECLA SALA CÓMIC TECLA 27 (SEPTIEMBRE / NOVIEMBRE 08)
13
reseñas
FUEYE / Jorge González
Sinsentido. 192 p. Color. Cartoné. 22,50 €
Fueye es un libro afortunado, en él se aúnan dos estrenos y una oportunidad. Primer
premio del concurso de novela gráfica que organizan la cadena de ocio y cultura FNAC y
la editorial Sinsentido y primer trabajo largo y de envergadura sobre guión propio de su
autor, Jorge González. ¿La oportunidad? Está en la misma concepción del concurso y
en la apuesta del autor: un libro complejo en el que, sin límites de espacio, se reflexiona
sobre diferentes cuestiones vitales: sobre la emigración en sus varias circunstancias,
sobre la esperanza y su pérdida, sobre la alienación y sus múltiples rostros.
Jorge González había demostrado ya su buen hacer en anteriores incursiones en el
mundo de la Historieta, de la mano siempre de guiones ajenos, y lo había hecho tocando
diferentes palos en lo gráfico. Con Fueye se centra y propone una plástica de
cromatismos sucios en la que la exageración, la caricatura, se aúnan con una
sensibilidad de cine mudo a la hora de plantear la puesta en página y resolver la
gestualidad de sus personajes, su misma construcción. Un expresionismo sin aristas que
no renuncia a la metáfora visual a la hora de narrar sin palabras: ahí están esos barcos
titánicos que van puntuando la historia con su presencia de leviatán mudo.
La historia acompaña a Horacio en tres momentos de su vida (infancia, juventud,
madurez), tres estampas en las que va enfrentándose a sucesivas desilusiones y
pérdidas. En cada momento hay siempre a su alrededor personajes que trascienden de
su papel de comparsas, personajes memorables que se quedan con el lector mucho
después de cerrar el libro: el Gordo es quizá el ejemplo más claro. Y después de esos
dos tercios de libro queda todavía espacio para una pirueta formal que transforma al
autor en personaje, inmigrante que regresa a su tierra para visitar a los amigos, a la
familia, un retorno que se transforma en reflexión y punto de partida para la elaboración
del propio libro, de manera que ficción y autobiografía se confunden en un experimento
del que Jorge González sale con bien gracias a una sinceridad que traspasa la página.
Su valentía a la hora de plantear el trampantojo es envidiable, y el resultado tiene una
frescura sorprendente.
Cuando uno cierra Fueye quedan en su memoria un puñado de imágenes muy potentes
en lo gráfico y en lo emocional. Quedan ráfagas del costumbrismo canalla de los cafés
donde se tocaba el tango y quedan esas páginas en las que un Horacio ya adulto se ve
atrapado por la rutina de la que no sabe escapar ni sabe si quiere hacerlo, una rejilla de
viñetas asfixiantes. Queda ese bandoneón que abre y cierra el libro y conecta realidad y
ficción, de nuevo la metáfora. Queda la sensación de que el tiempo no pasó, de que
habría que volver atrás y hojear, buscar otra vez ese momento, esa imagen.
FRANCISCO NARANJO
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14
reseñas
SUPER OSO Y SU AMIGO / Mike Kunkel
Dolmen. 100 p. Bitono. Cartoné. 16 €
La primera impresión que uno puede tener al contemplar la portada de Super Oso y su amigo (Herobear
and the Kid, en el original) es que le parezca “otro Calvin y Hobbes”; esto es, que retoma, como en la tira
de Bill Watterson, el concepto base de “niño-con-mascota-de-peluche-que-cuando-nadie-lo-ve-setransforma-en-su-compañero-viviente”. Pero nada más lejos de ello: aparte de utilizar ese mismo
concepto, muy poco tienen que ver los personajes titulares de Super Oso y su amigo con el rebelde
infante y su cínico tigre. El autor logra aquí una obra de gran personalidad tomando elementos del
género superheroico, desarrollando su relato en un estilo que no oculta su influencia del cartoon clásico,
ya que Kunkel procede precisamente del campo de la animación, habiendo colaborado para Disney y
otros estudios.
Tyler, un niño precoz pero introvertido, se muda con su familia a la casa de su abuelo al fallecer éste. Su
herencia consiste en un reloj de bolsillo que no funciona y en un oso de peluche. Cambiar de casa
equivale a cambiar de colegio, y en el primer día en su nuevo centro escolar Tyler ya empieza a sufrir la
amargura del bullying por parte de sus compañeros. Es entonces cuando el oso de peluche se convierte
en Super Oso, un robusto plantígrado ataviado con la clásica capa que se convertirá en el protector y
compañero de aventuras de Tyler... y a partir de ahí, no decimos nada más, so riesgo de crear un
spoiler.
Hasta aquí el argumento, que si a primera vista puede parecer previsible y con un regusto a déjà vu, la
manera de desarrollarlo y visualizarlo por parte del autor es lo que cuenta: Kunkel logra comunicar
plenamente con el lector, sea de la edad que sea, y ofrecer una historia llena de calor humano en la que
hace gala, además, de su dominio de las expresiones faciales y de las poses de acción, lo cual revela su
dilatada experiencia previa como animador. El dibujo, elaborado directamente a lápiz, da como resultado
un acabado “abocetado” que desprende una frescura poco habitual, todo ello en blanco y negro, sin más
color que el rojo de la capa de Super Oso, dando a veces la sensación de estar contemplando el
storyboard de una película de animación. En este punto, estudiar detenidamente las viñetas de Super
Oso y su amigo representaría un apropiado ejercicio para los aspirantes a animadores, tanto si cultivan
el dibujo animado tradicional como las técnicas por ordenador.
Un “pero” podría hallarse en la desigual planificación y distribución de las viñetas en algunas páginas,
que en ocasiones resultan excesivamente pequeñas, lo cual no siempre permite apreciar del todo la
calidad del trazo de Kunkel. El prólogo de Jeph Loeb (¿por qué no se ha incluído también en la edición
española el otro prólogo que venía en la edición USA, escrito por Don Hahn, productor de El Rey León y
otras cintas Disney?) y la galería de bocetos que exhibe la evolución gráfica de los dos protagonistas,
constituyen acertados extras.
Kunkel lanzó a Super Oso y su amigo en 1999, autoeditándolo bajo el sello Astonish Comics como una
serie limitada de 5 comic-books, luego recogidos en tomo (el que es objeto de la presente reseña) y
galardonados, entre otras recompensas, con dos premios Eisner. A través de Astonish, Kunkel ha
presentado otras creaciones, como The Land of Sokmunster, correalizado con Randy Heusler, un cruce
entre novela gráfica y libro para niños. Volviendo a Super Oso y su amigo, y teniendo en cuenta las
raíces de su autor y lo descrito unas líneas atrás, no son pocos los que lo han visto como un tebeo
idóneo para ser llevado al cine de animación y, de hecho, hace algunos años circularon rumores en torno
a un proyecto de adaptación en forma largometraje (en animación tradicional 2D, evidentemente), pero
nada se ha materializado hasta la fecha.
Mientras esperamos que tal proyecto llegue a hacerse realidad, y esperamos igualmente la aparición del
siguiente volumen – este primero acaba con una situación de “continuará” que deja en vilo al propio
lector –, sumerjámonos en la lectura de Super Oso y su amigo. O mejor dicho, en las lecturas, ya que
éste es un producto que convida a más de una lectura, tanto para adultos deseosos de reencontrar su
infancia perdida como para niños que saben que la infancia es algo que no dura eternamente. Lo que sí
dura eternamente son los buenos clásicos, y justamente Super Oso y su amigo está en vías de
convertirse en uno de ellos.
ALFONS MOLINÉ
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15
reseñas
CRÓNICAS BIRMANAS / Guy Delisle
Astiberri. 272 p. B/N. Rústica. 20 €
Guy Delisle ya nos había hecho partícipes de su experiencia como supervisor de
animación en Corea del Norte en Pyongyang, y en la ciudad china de Shenzen en la
obra homónima. Aquella primera y celebrada obra nos mostraba, sin moralejas, sin
partidismos, el panorama general de un país que prácticamente no conocemos en
Occidente y que vive incomunicado del mundo. Su valor documental sobrepasa el de
muchos reportajes que prensa o televisión puedan hacer. En Crónicas birmanas,
Delisle repite la experiencia contando su vida durante un año en Rangún
acompañando a su pareja, miembro de Médicos sin Fronteras, bajo la dictadura
militar del país.
En esta ocasión, nos encontramos con un Guy Delisle más maduro emocionalmente:
si en sus anteriores entregas su personaje no podía ocultar la sensación que
experimentaba, entre miedo, fascinación e incredulidad por el férreo sistema
comunista, en Crónicas birmanas Delisle es ya un simple espectador de su alrededor.
No es que la situación sea acaso mejor que lo vivido en China (la oportunidad de
seguir el trabajo de su esposa en la ONG atestigua las dificultades con que se
encuentran las organizaciones para llevar a cabo misiones humanitarias), pero aquí
no hay pasmo, no hay escandalización. Delisle, como si de un monje meditante se
tratara (aquellos del templo Vipassana que va a visitar al final de su estancia en el
país), asume desde el principio las peculiaridades del país que está visitando y las
acepta, curado quizá ya de espanto de sus vivencias en Extremo Oriente. Además, la
mayor extensión de esta obra le permite jugar con los formatos habituales que hasta
entonces había utilizado, y así vemos como su narración se convierte por momentos
en cuaderno de apuntes al natural, apuesta por una planificación de muchas
pequeñas viñetas mudas para narrar un viaje en particular, u otorga espacio a otros
dibujantes que encuentra allí.
En resumen: quizá más anecdótico (las preocupaciones de Delisle son otras en esta
ocasión, ya que viaja con su hijo pequeño) y no tan intenso como su primera obra,
Crónicas birmanas acaba siendo un retrato emotivo y comprometido de Birmania, que
atestigua la validez del cómic como vehículo del documental gráfico.
JOSÉ OLIVER
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16
reseñas
UN DÍA / Nacho Casanova
Dolmen. 56 p. B/N. Rústica. 8,95 €
Nacho Casanova es un creador que nos venía acostumbrando a una producción con una
cierta regularidad, pero espaciada en el tiempo. Por ello, no deja de resultar curioso que
hayan coincidido en el tiempo la aparición de sus dos últimos trabajos: la segunda entrega de
su Autobiografía no autorizada *, por un lado, y Un día, por el otro. Nacho Casanova forma
parte de la generación de autores que probaron suerte, a finales de la década pasada, en las
diferentes experiencias de búsqueda de nuevos valores por parte del INJUVE. Los años del
cambio de siglo y milenio vieron aparecer dos libros con participación suya en su realización,
Cambiovida y …y te diré quién eres, que demostraban que estábamos ante un creador con
personalidad propia y no pocas dosis de atrevimiento y de fe en el lector. Esas mismas
inquietudes creativas que se desprendían de ambas obras seguramente tendrían mucho que
ver con que Nacho se embarcase en la aventura de dar vida a dos de las cabeceras más
reconocidas de los últimos años, en lo que a material autóctono se refiere: Tos (2002) y
Como vacas mirando al tren (1997).
Tras varios años de una cierta intermitencia creativa, Nacho publicó en el pasado 2007 la
primera parte de su Autobiografía no autorizada, obra de la que ya su propio título nos
informa de su singularidad. Tanto en su primer libro como en la segunda entrega que ahora
se pone a la venta, esta obra, en la que Nacho Casanova se ha escogido a sí mismo como
protagonista, constituye uno de los trabajos más interesantes que haya visto la luz en nuestro
mercado en los últimos años. Sin embargo, no hemos venido aquí a hablar de ella (quienes
quieran hacerse una idea del tipo de trabajo que Nacho realiza en su peculiar autobiografía,
tienen bastantes muestras de ella en el blog del autor: http://nachocasanova.blogspot.com/)
Pasando ya a la obra que nos ocupa, Un día es una historia protagonizada por una pareja de
yonquis, que transcurre en la unidad temporal que describe su título. Sin embargo, habla de
muchas más cosas que la sucesión de una serie de hechos que les ocurren a unos
personajes en un momento determinado. Drogas duras llenan sepulturas reza el título de una
canción del grupo de rock gijonés “Ilegales”, y con ello se explica bastante bien el efecto de la
heroína en nuestra sociedad. Existe toda una generación en nuestro país, gente que ahora
rondaría (por exceso, más bien) los 40 años, que fue especialmente castigada por el efecto
de la heroína. Sin embargo, aunque fueron muchos los que fallecieron, no todos los
heroinómanos murieron, y en cualquiera de nuestras ciudades es fácil encontrar los lugares
en los que se congregan, mientras esperan su siguiente dosis de metadona.
Suele repetirse, en la narrativa en diversas formas, la comparación entre la invisibilidad y
diversos tipos de exclusión social. Las más de las veces se refieren a la gente que vive en la
calle (en un alto porcentaje asociado al consumo de alcohol). No suele ser así con los
yonquis. Los yonquis son visibles y, además, molestan: no hay más que recordar las arduas
polémicas que se montaron en nuestras ciudades sobre la ubicación de los centros
expendedores de metadona, cuando éstos existían. Por todo ello, es especialmente
interesante el trabajo que Nacho Casanova nos ofrece en Un día. La obra propone una
mirada sobre esa gente con la que nos cruzamos de vez en cuando en nuestros barrios, y lo
hace sin caer en una visión excesivamente condescendiente. No toma partido porque no hay
partido que tomar. Nacho Casanova expone una realidad y reflexiona sobre ella haciendo un
ejercicio de comprensión. Un día es casi un manual de empatía, porque Nacho Casanova,
con ese aire despistado del que podemos dar fe quienes lo hemos conocido en persona, es
un atento observador de la realidad que nos rodea. La observa y la procesa a través de sus
obras, y luego la comparte con todos nosotros, los lectores. Esa suerte tenemos.
NORMAN FERNÁNDEZ
* Ver reseña de Francisco Naranjo en la página 24 de este boletín.
BIBLIOTECA CENTRAL TECLA SALA CÓMIC TECLA 27 (SEPTIEMBRE / NOVIEMBRE 08)
17
reseñas
CAMBIO CLIMÁTICO Y SOSTENIBILIDAD / Alfonso López
Panini. 96 p. Color. Rústica. 11,95 €
“Me llamo Felipe Marlou, soy investigador privado concertado y créanme si les digo
que en mi vida profesional he visto de todo, incluso gente honrada. Pero ellos
formaban una extraña pareja… De hecho eran un esquimal de Alaska y un pingüino
de la Antártida… Se conocieron en unas sesiones de terapia, a través del parchís,
para inadaptados medioambientales y se habían adoptado mutuamente”.
He recogido los textos narrativos de las dos primeras páginas de Cambio climático y
sostenibilidad por varias razones. Una, porque evidencia que estamos ante un nuevo
caso del “investigador social” Felipe Marlou, personaje creado por Alfonso López en
su primer libro crítico-pedagógico-científico, La globalización, pasen y vean 1, una
criatura asaz curiosa y algo cínica, como buena parodia de detective privado de serie
negra que es, hilo conductor a su vez de la segunda propuesta divulgativa de Alfonso,
La pobreza no es rentable 2. Dos, porque habla perfectamente del dominio del
lenguaje aplicado a la historieta de López, capaz de poner en ambiente al lector en
dos páginas; mejor dicho, en tres, momento en el que descubrimos que tan singular
pareja contrata al detective para que descubra la localización de sus hábitats
naturales, que, aseguran ellos, les han sido sustraídos. Y tres, porque este brillante
prolegómeno nos sumerge de lleno en la filosofía del libro: plantea un drama real que
exige soluciones y respuestas, y lo hace con sarcasmo no exento de ironía, apoyado
en el ya inconfundible y sabio trazo ágil, vivo, expresionista, de cálido y narrativo
cromatismo que Alfonso cultiva con sapiencia, mimándolo con su inquietud,
experimentando, sabedor de que el estancamiento es enemigo de esa rebeldía que
anima el espíritu creativo.
Marlou parte pues de la evidente angustia de dos seres que han perdido su estatus
vital, el entorno que valida su existencia y los conforma como seres vivos, e inicia su
investigación partiendo de unas premisas muy claras especificadas en el sumario de
la séptima página de la historia: “¿Qué está pasando?”; “Otros cambios climáticos”;
“¿Quién está detrás?”; “¿Qué pasará?”; “El uranio llama a su puerta”, y “Actuar”, un
viaje por la realidad del cambio climático rematado con un diccionario de términos al
uso (“De la A a la Z”). Como en sus libros anteriores, pero seguramente con mayor
atención hacia el dato científico y con un espíritu más divulgativo, el autor demuestra
de nuevo que ha sabido digerir perfectamente todos los datos recabados en su
investigación periodística para volcarlos en forma de historieta, de ilustración, de texto
y de chiste gráfico, configurando de nuevo, perfeccionando incluso el sistema, esa
fórmula alquímica que permite informar deleitando, en el sentido más amplio de la
palabra. Alfonso no esquiva la gravedad del tema, antes al contrario, pero amén de
salpicar su discurso de datos contrastados y de conjugar con mucha habilidad letra e
imagen, apuesta por una lectura fresca, irónica, burlona, con destellos de humor
negro; una lectura que nos permite entender perfectamente lo que está pasando,
apercibirnos de la trascendencia del mensaje, sin por ello dejar de encontrar siempre
el punto crítico al que aplicar la chanza, añadiendo con ello más contenido a su
disertación.
[Continúa en la página siguiente…]
1. La globalización, pasen y vean, de Alfonso López y Pepe Gálvez (Icaria
Editorial/CC OO Federación de Servicios y Administraciones Públicas, 2002)
2. La pobreza no es rentable, de Alfonso López (CCOO Fundació Pau i Solidaritat,
2006)
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[… Viene de la página anterior]
A todo ello, siendo fiel a sí mismo, Alfonso no engaña. Él observa con espíritu crítico
pero siempre desde una perspectiva progresista; sabe perfectamente que nadie es
inocente, y que concebir una lectura como ésta debe partir de una postura concreta.
La suya resulta evidente, pero no por ello es menos ilustrativa y enriquecedora, y
mucho menos complaciente, porque su capacidad de autocrítica es muy lúcida, lo que
le aleja sobremanera del panfleto para entrar en otra dinámica, en un punto de
inflexión que invita a la reflexión. Y no se confundan, no hay ni rastro de derrotismo,
porque abandonarse a ello implicaría una evidente pérdida de lucidez, algo de lo que
anda sobrado este libro. Los datos no invitan al optimismo, pero Alfonso arroja luz
tanto sobre las posibles salidas como sobre las muchas dudas que prevalecen
partiendo, repito, de la premisa de que la situación actual es grave, que la Tierra está
enferma, y que andamos necesitados de acciones imperativas y factibles, aunque
difíciles de aplicar ante un enemigo sin cuerpo pero con nombres propios: el egoísmo
y el desarrollo tecnológico y económico incontrolado.
Con esta renovadora línea de libros entre la divulgación, la crítica y la ideología – no
hay que asustarse de esta palabra –, Alfonso López está poniendo muy alto el listón
de las posibilidades estéticas y narrativas de la historieta. O de la utilización indistinta
y complementaria de la historieta, el chiste gráfico y el texto informativo. Lo importante
aquí es tanto la forma como el contenido, porque una va estrechamente ligada al otro.
En todo caso, es una estrategia enriquecedora que abona el intelecto. Que dure.
TONI GUIRAL
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BATMAN: AÑO 100 / Paul Pope
Planeta DeAgostini. 240 p. Color. Rústica. 16,95 €
Pues ya tenemos aquí la esperada incursión en el género de superhéroes de uno de los
enfants terribles del panorama independiente norteamericano, Paul Pope. El autor de
Filadelfia ya nos demostró con Heavy Liquid su enorme potencial narrativo presentando
sólidas credenciales a ser uno de los autores con más futuro de su generación.
Pope se plantea esta historia como algo que no se ha contado aún del detective murciélago,
o como mínimo de una manera en que no se ha contado nunca. Nos demuestra que, aunque
parezca mentira, el mainstream aún no ha agotado del todo su gallina de los huevos de oro.
Con su fórmula de copiar lo ya copiado una y otra vez, con la excusa de reinventar lo ya
reinventado antes una y otra vez, tan solo queda un pequeño espacio para los autores más
personales, para algún outsider dispuesto a disparar en todas direcciones; eso sí, con la
complicidad necesaria de la editorial madre, hasta hace poco tan reacia a correr el riesgo de
dar rienda suelta a autores poco definidos con su estilo de hacer cómics.
Pope, una vez más, da una lección de humildad de esas que cuestan de digerir; un golpe de
autoridad sobre la mesa: señores, aún hay vida en los cómics de superhéroes; se pueden
hacer cosas inteligentes, para público adulto, con dibujos altamente sugerentes y, por
supuesto, con cantidades ingentes de acción y suspense sumamente trepidantes. No se
puede decir de manera menos panfletaria sin faltar a la realidad.
La historia se localiza en el Gotham del año 2039, en un ambiente tan absolutamente
tecnificado que los avances tecnológicos no dejan sitio para los tradicionales superhéroes de
identidades secretas. Lejos queda el Batman que conocimos todos. El detective Gordon, nieto
del famoso comisario, sigue una investigación paralela a la de la policía sobre un misterioso
asesinato. En un mundo orwelliano donde todo parece previsto, detectado con antelación, y
controlado por ese gran hermano que es la policía, una anomalía improbable se proyecta en
la ciudad: Batman. Pero este Batman no es el que conocimos; de hecho, no parece que
pueda ser, porque tendría más de siglo y medio. Pero ¿qué son los superhéroes sino
símbolos inmortales? La tensión argumental dará la respuesta, cosa que no haremos aquí.
El autor dota a esta nueva versión del hombre murciélago de algunos trazos característicos
muy originales: de entrada, lo viste con un traje muy parecido al que le dio Bob Kane, ese
pijama gris que otros autores ya rescataron en algunas de las excelentes entregas de Batman
black & white (o en el especial Planetary/ Batman), que le da un aire de misterio sensacional.
Impagables son también los gadgets del caballero oscuro, en especial los dientes postizos,
que le dotan de una apariencia entre cómica y terrorífica, o el personaje de Robin, más
acorde con los tiempos y alejado de aquel saltimbanqui original. Personalmente lo veo más
sintonizado con los X-Statix de Allred, que con el caballero oscuro de Miller. El dibujo es
visceral, rebosante de energía, palpitante, dotado para la acción, con un trazo elegante y
sucio a la vez, pero sobre todo muy personal, incluso muchas veces coqueteando con una
leve caricaturización. Hay que comentar el excelente resultado del color, aplicado por el
madrileño José Villarubia, que colabora notablemente en mantener ese tono oscuro y
opresivo que impregna todo el libro.
Para los que quieran saber más sobre Paul Pope pueden consultar su blog
(http://pulphope.blogspot.com/) o acercarse a la excelente entrevista que le hicieron los
compañeros de Entrecomics (http://www.entrecomics.com/?p=8243). La edición de Planeta
es excelente, con abundantes extras entre los que destaca la inclusión de esa historia corta
ambientada en 1939 que fue el Batman Chronicles ním. 11, de claro tono retro y para mí con
una impagable imagen final en homenaje al Nosferatu original y a todo el expresionismo
alemán que seguramente estimularon tanto al autor.
En definitiva, Pope consigue un soberbio cómic de superhéroes, que no por tener un toque
más sofisticado, deja de ser eso, un cómic de género con la aspiración de entretener de
manera honesta, brillante, y singular. Un aplauso para Pope.
JAUME VILARRUBÍ
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GARI FOLCH / Joan Mundet
Dolmen. 163 p. B/N. Cartoné. 15 €
Que somos una nación “desmemoriada” es un hecho que supongo que no es
necesario explicar. Las causas de tal fenómeno tampoco permanecen demasiado
enmascaradas: todos sabemos que en esa amnesia se sustentó, en parte, tanto la
dictadura franquista, como el proceso llamado “de transición”. No es ánimo de estas
líneas entrar en una serie de aseveraciones que, seguramente, promoverían más de
una polémica. Tan solo lo traigo aquí para resaltar que, en el campo de la historieta
autóctona, también esa desmemoria campa a sus anchas. Muy pocas son las obras
que los editores españoles recuperan del (muchas veces brillante artísticamente)
pasado de nuestro mundo editorial en viñetas, mientras la mayoría de esos mismos
editores no parecen tener mayor problema para inundar los estantes de las librerías
de material foráneo, tanto actual como pretérito. Afortunadamente existen algunas
excepciones, y una de ellas es el Gari Folch de Joan Mundet que Dolmen acaba de
ofrecernos, recopilado en un tomo tras 25 años de su aparición original.
En 1982 Joan Mundet inicia la realización de Gari Folch en la revista Rampa Rambla.
Mundet había comenzado a trabajar para mercados extranjeros a través de agencias
varios años antes, y precisamente esa experiencia es la que rememora en Gari Folch
a través de un álter ego al que bautiza como Joan Fornells: el joven dibujante al que
vemos buscar trabajo a través de las agencias y editoriales de Barcelona, en una
tarea a ratos infructuosa y que se va mezclando con el propio devenir de su vida de
pareja. En este sentido, resultan muy interesantes las palabras de Ángel de la Calle
en el prólogo del libro: “Resulta, ahora lo sabemos, que había comiqueros empeñados
en contar historias para lectores que no habían nacido. Autores con 20 años de
adelanto y, claro, sus lectores no estaban ahí en aquel entonces. Y lo que nos
contaba Mundet era, y es, importante. Mucho. Porque transcribe situaciones, habla de
la realidad que se escondía tras las empresas de trabajo temporal que eran las
agencias de dibujantes y, aparentemente sin quererlo, habla de la sociología del
cómic como industria del entretenimiento. Narra el fin de una era, de una manera de
explotación, de trabajar y de utilizar, infrautilizar, un lenguaje poderoso, sereno y
rabioso como es el cómic. Que comenzaba a morirse en esos años como medio de
comunicación popular masivo ligado a la infancia. A la generación de Mundet, que es
la mía, le tocó sufrir ese fin de ciclo, ese naufragio profesional del que cada cual salió
como pudo. Para bien y para mal.”
Lo que Joan Mundet nos narra a través de las páginas de Gari Folch no es tan solo
un testimonio personal, ni siquiera el de toda una generación, como añade Ángel de
la Calle; es también una reflexión sobre el papel del autor, aislado frente a la industria
y, las más de las veces, vilipendiado por ésta. Eso cuando había industria, porque en
Gari Folch también podemos asistir al inicio de la profunda crisis que en los años 80 y
90 convulsionó al cómic autóctono, hasta dejarlo en un papel casi marginal. El hecho
de que mientras profesionalmente es muy difícil subsistir dedicándose a este medio,
justo a la vez que se están produciendo obras de una riqueza creativa excepcional, es
una paradoja cuya exploración dejaremos para mejor momento.
Sea como fuere, lo que nos han traído estos nuevos tiempos es la recuperación de
Joan Mundet, un autor con un talento gráfico excepcional e historias que contar y que,
afortunadamente, nunca abandonó su sueño de hacer historieta. Esta edición
definitiva de Gari Folch, para la que ha realizado nuevos materiales, es especial
motivo de satisfacción, pero no quedará ahí la cosa. Los próximos meses nos
ofrecerán nuevas muestras del talento de Joan Mundet. Estén atentos.
NORMAN FERNÁNDEZ
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FUN HOME, UNA TRAGICOMEDIA FAMILIAR / Alison Bechdel
Reservoir Books. 234 p. B/N. Rústica. 18,90 € *
“Fun Home” quiere decir algo así como casa divertida o casa de la diversión, pero este título
no es más que una gran broma, una ironía de Alison Bechdel (1960, Lock Haven,
Pennsylvania) que no tiene nada que ver con lo que encontraremos en el interior de este
álbum, ya que para la autora, la “Fun Home” es la abreviatura de “Funeral Home”, la
funeraria, el negocio familiar.
La muerte de su padre, un profesor de literatura inglesa fanático de la decoración de
interiores con tendencias homosexuales, a los cuarenta y pocos años, en un accidente más
bien absurdo (léase, un suicidio aparente), sirve a Bechdel para revisar su relación con él.
Para ello se sirve en muchas ocasiones de su diario (que reproduce en algunas viñetas) y
también de grandes obras de la literatura universal.
La autora usa nombres como los de Colette, Wilde, Camus… pero sobre todo el James Joyce
y su Ulises, o el mito griego de Ícaro y Dédalo, el arquitecto que construyó el laberinto de
Creta, para explicar los episodios que marcaron su vida y la relación con su padre.
Fun Home no es una obra autobiográfica más. Entre viñetas podemos leer muchas más
cosas que la descripción de la infancia y juventud de la autora en una ciudad de provincias en
el seno de una familia disfuncional, o del descubrimiento de su homosexualidad (del cual ha
hecho bandera en la serie de álbumes Unas bollos de cuidado publicados en nuestro país por
La Cúpula).
La lectura es una parte importante del álbum. En casi todas las páginas hay algún personaje
leyendo, y Bechdel hace referencia a muchos ensayos sobre feminismo y homosexualidad, a
los cuales recurrió para aclarar las dudas sobre su tendencia sexual en sus años de
universidad.
En definitiva, una obra compleja, reflexiva y profunda sobre la familia, pero de lectura amena
y que ha ganado varios premios (entre ellos el Eisner a la mejor obra basada en hechos
reales) y ha estado en los primeros puestos de las listas de los mejores libros de 2006,
cuando fue publicada por primera vez en EE.UU.
BEA GARCÉS
* També disponible en català: Fun Home, un tragicòmic familiar. La Magrana. 234 p. B/N.
Rústica. 19,50 €
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SOY MI SUEÑO / Felipe Hernández Cava y Pablo Auladell
De Ponent. 76 p. Bitono. Cartoné. 22 €
Felipe Hernández Cava es un raro caso de autor español empecinado en crear
historietas. Desde que en 1972 formase junto al dibujante Pedro Arjona el colectivo El
Cubri, durante décadas y pese a euforias o desmoronamientos del mercado del cómic
ha unido su firma a la de muy diversos dibujantes para crear siempre obras que no se
conforman con el noble empeño de entretener, sino que proponen motivos de
reflexión y de debate. El Cubri fue, en la historia española del medio, una de las voces
más estruendosamente disonantes, una de las que tocó siempre los asuntos
indebidos, de las que se comprometió y propuso nuevas formas de contar y de
representar las miserias de nuestra Historia más reciente. Hernández Cava ha
seguido luego un camino que no desmiente ni desanda el recorrido bajo la firma
colectiva. Por añadidura, ha desarrollado una pertinaz y pertinente labor crítica en
paralelo a su tarea creativa, de modo que su nombre representa uno de los activos
fundamentales en el discurso de y sobre la historieta en España.
Soy mi sueño, que Hernández Cava ha realizado junto al dibujante Pablo Auladell, es
por ahora su última creación y, como las suyas anteriores, nos propone una ficción
desasosegante e incómoda, que hurga en las hondas heridas de la conciencia
contemporánea. Erich Hafner, un aviador nazi, deriva por recuerdos y evocaciones,
revive experiencias, repasa sus fantaseos infantiles, vuelve a escuchar las voces o los
discursos de Karl May, Stalin o Schopenhauer, y evoca los delirios que en su juventud
le llevaron a la obediencia nacional socialista.
Como narrador experto, Hernández Cava ha escrito de nuevo una historia que sigue
su propia lógica, la lógica de una conciencia. En este caso, la conciencia
desconcertada de Hafner, que lo mismo sobrevuela territorio soviético que los días de
su infancia dejado a la sola compañía de los Old Shatterhand y Winnetou de Karl
May, los de su estancia con Solaya, una vieja chamán tártara que le salvó la vida e
intentó enseñarle a amarla, o las ruinas en llamas de Dresde, martirizada al final de la
guerra. De experiencia en experiencia, de desconcierto a quimera sangrienta, lo
acompañamos en su sueño, que también lo fue de Ilya, un joven soviético, y
comprobamos que dio forma a la pesadilla de muchos, de su madre judía muerta no
sabe cómo ni dónde, de los campesinos rusos quemados en sus granjas, de Solaya
la chamán, deportada y torturada, de los ciudadanos de Dresde bombardeada sin
tregua ni razón. Hernández Cava explora en ese vagar de la conciencia de Hafner las
fronteras morales y las inconsistencias de toda ensoñación personal y colectiva.
El dibujo de Pablo Auladell – ilustrador y autor de historietas nacido el mismo año
que El Cubri, autor ya de una excelente La torre blanca – combina la línea escueta, el
manchón expresivo o el collage de grabados, fotos o pinturas para dar forma a figuras
tan sombrías que a menudo se hunden en la anonimia, como cualquier víctima de la
Historia. Auladell presta cuerpo visual elocuente a ese recorrido siniestro por
divagaciones, fantaseos, recuerdos culpables. En sus viñetas, de fondos a menudo
vacíos, todo adquiere tintes oníricos, que no desvirtúan, sin embargo, la terrible
realidad de los odios desatados, de las matanzas, de la guerra. Soy mi sueño es uno
de esos títulos excepcionales en que el vigor expresivo de un dibujo intensamente
personal redobla el de una historia bien articulada, que nos fuerza a la reflexión sobre
los monstruos que se esconden en las ensoñaciones y razonamientos con que
investimos nuestra miseria.
De nuevo, Hernández Cava usa los medios más modestos, las viñetas y las palabras,
para inducirnos a afrontar las penosas incongruencias y las heridas del ser humano.
De nuevo prueba que la dignidad del medio no radica en la elegancia de un formato,
aunque ésta sea bienvenida.
JUAN MANUEL DÍAZ DE GUEREÑU
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AUTOBIOGRAFÍA NO AUTORIZADA VOL. 2 / Nacho Casanova
Diábolo. 120 p. B/N. Rústica. 11,95 €
Nacho Casanova juega con ventaja, y su ventaja es la frescura. No es el
primero que aborda el juego autobiográfico, ni es el primero que se ocupa
de esos momentos del día en los que no pasa nada, o pasa muy poco, o
pasa sin que nos demos cuenta. Sí es uno de los que mejor lo hacen
aquí y hoy, y con esta segunda entrega de su Autobiografía no
autorizada lo confirma. En sus páginas nos reencontramos con el Nacho
personaje y con su gente, la que le rodea, sus amigos, los vecinos de su
barrio, los parroquianos de la cafetería donde desayuna, un reparto de
secundarios que van y vienen ajenos a la mirada del autor que los
retrata, absortos en vivir sus vidas minuto a minuto.
El libro, editado con gusto por Diábolo, recoge un puñado de historias
que abundan en elementos anecdóticos, de vida diaria, y que Nacho
Casanova resuelve con una mirada limpia y detallista, como limpio y
atento al detalle es su planteamiento de página, tan naturalista: sabe
conjugar bien los espacios blancos, luminosos, y una línea orgánica y
muy viva. Son historias cotidianas, resueltas con humor y calidez; de las
que se cuentan en el bar, de las que se ríen en grupo, entre amigos. A
veces un poco ridículas, que es lo que pasa en la vida real; a veces un
poco gamberras, también. Y todas, siempre, con sabor a verdad; que lo
sean o no es lo de menos.
Autobiografía no autorizada tiene una entrega anterior, editada por Bang,
y contará con un volumen más en un futuro (esperamos) próximo.
FRANCISCO NARANJO
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Benlloch, Kike; Domingo, José. Cuimhne: el fuego distante. Dolmen. 124 p. B/N. Cartoné. 15 €
Bou, Quim. El continente de Môm: la isla de la mano. Dolmen. 56 p. Color. Cartoné. 14 € (també disponible en català)
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Estivill, Nené. Súper humor clásicos vol. 6: Agamenon y la terrible Fifí. Ediciones B. 192 p. Color y B/N. Cartoné. 15 €
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Figueras, Alfons. Doctor Mortis. El Patito. 48 p. B/N. Rústica. 15 €
Giménez, Carlos. 36-39 malos tiempos vol. 3. Glénat. 64 p. B/N. Cartoné. 15 €
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Portela, Carlos; San Julian, Sergi. La cuenta atrás vol. 1. Faktoría k de libros. 96 p. Color. Cartoné. 15 €
Rubín, David. Cuaderno de tormentas. Planeta-DeAgostini. 112 p. Color. Cartoné. 12,95 €
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Tha; Jurado, Miquel. Billie Holiday: canciones (cómic + 2 CD). Discmedi. 64 p. Color. Cartoné. 24 €
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Lacroix, Claude; Bourgeon, François. Historia de Cyan vol. 4: los colores de Marcade. Norma. 72 p. Color. Rústica. 13 €
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Lèturgie y Luguy. Percevan vol. 12: el séptimo sello. Norma. 48 p. Color. Cartoné. 13 € INFANTIL
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Sfar, Joann. Klezmer vol. 3: todos ladrones. Norma. 160 p. Color. Cartoné. 18 €
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Tome y Janry. El pequeño Spirou vol. 6: no olvides tu capucha. Kraken. 48 p. Color. Cartoné. 13,45 € INFANTIL
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David, Peter; Pérez, George. El increíble Hulk: futuro imperfecto. Panini. 104 p. Color. Cartoné. 14,95 €
Gould, Chester. Dick Tracy: tiras completas vol. 1 (1931-1933). Norma. 364 p. B/N. Cartoné. 29,50 €
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