LORENA GRACIA ROMEO Literatura Infantil y Juvenil Curso 2015

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LORENA GRACIA ROMEO
Literatura Infantil y Juvenil
Curso 2015/2016
Como una novela
Daniel Pennac
"De los diversos instrumentos inventados por el
hombre, el más asombroso es el libro; todos los
demás son extensiones de su cuerpo... Sólo el
libro es una extensión de la imaginación y la
memoria."
Jorge Luis Borges.
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Como una novela
Daniel Pennac
ÍNDICE
Página
1. .. Datos básicos sobre el libro y el autor................................................................................ 4
2. .. Análisis de la obra ............................................................................................................... 5
3. .. Valoración personal........................................................................................................... 13
4. .. Bibliografía y webgrafía .................................................................................................... 15
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Como una novela
Daniel Pennac
1. Datos básicos sobre el libro y el autor
Título: Como una novela
Autor: Daniel Pennac
Editorial: Anagrama
Año de publicación: 1993
Páginas: 169
ISBN: 8433913670
Daniel Pennac (Casablanca, 1944) es un escritor francés nacido en Marruecos. Proveniente
de una familia militar, pasó su infancia en tierras africanas y del sudeste asiático y su juventud
en Niza, donde se graduó en letras y se decantó por la enseñanza. Tras iniciar su actividad
literaria con libros para niños, adquirió gran popularidad gracias a las novelas de la saga en torno
a la familia Malaussène (perteneciente a la novela negra, a la que llega a raíz de un viaje a Brasil),
aunque también ha escrito otras novelas, los mencionados libros para niños, ensayos... De estos
es célebre el titulado Como una novela, en el que enumera los derechos del lector. En 2007
recibió el Premio Renaudot por su obra Chagrin d'Ecole (Mal de escuela).
"Los padres, la
televisión, los libros pueden ser idiotas, pero los chavales no lo son", afirma el popular escritor
francés, autor de Mal de escuela. Él fue un cancre, un alumno cretino y desastroso, y logró triunfar
sirviéndose de la lectura, la imaginación y el amor.
Daniel Pennac, profesor de literatura en un instituto, con la obra “Como una novela” se
propone una tarea tan simple como necesaria en nuestros días: que el adolescente pierda el
miedo a la lectura, que lea por placer, que se embarque en un libro como en una aventura
personal y libremente elegida. Todo ello escrito como un monólogo desenfadado, de una alegría y
entusiasmo contagiosos: "En realidad, no es un libro de reflexión sobre la lectura -dice el autor-,
sino una tentativa de reconciliación con el libro". Este antimanual de literatura concluye con un
decálogo no de los deberes, sino de los derechos imprescindibles del lector.
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Como una novela
Daniel Pennac
2. Análisis de la obra
Esta obra insólita ha sido uno de los grandes fenómenos de la edición francesa reciente.
Pennac busca que el adolescente pierda el miedo a la lectura, que lea por placer, que se
embarque en un libro como en una aventura personal y libremente elegida. Todo ello escrito de
forma accesible, con positivismo y entusiasmo contagioso, mostrando su propia praxis. Como él
se afronta ante un aula, ante su aula y como desde la humildad entrega a sus alumnos su lectura,
intenta trasmitir la pasión por la lectura. "Pennac demuestra que se pueden escribir ensayos
evitando toda jerga y toda pedantería: Como una novela se lee realmente como una novela"
(Jacques Nerson, Le Figaro).
El libro está dividido en cuatro partes:

Nacimiento del alquimista, donde dedica un capítulo a los maestros y otro al lector.
Además de uno al aprendizaje de la lectura.
“Nacimiento” del niño que sabe leer, etapas desde que empiezan a leerle por las noches sus
padres hasta que es él quien nos lee el cuento por la noche. Y esta evolución pasa como
consecuencia de una crisis.
Desde las primeras páginas Pennac analiza el cambio que se ha producido en la sociedad,
puesto que antes la lectura estaba prohibida, leer era en el pasado un acto subversivo y el placer
de leer era todavía mayor por tratarse de algo prohibido, “Al descubrimiento de la novela se
añadía la excitación de la desobediencia familiar”. Leer debajo de las sábanas, con una linterna, a
escondidas, era un acto de valor.
Luego no podemos olvidar que para el niño o el joven somos sus profesores, sus padres,
somos otra generación, como indica Pennac “estamos afectivamente más próximos a nuestros
hijos, pero efectivamente más próximos a nuestros padres”. Estamos ante los alumnos que son
“hijos e hijas” de su época, la influencia total de la sociedad en los jóvenes. Así podemos entrar a
ver cómo con la televisión, lo audiovisual, se les está dando todo hecho, todo “masticado”. Pero
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Como una novela
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leer no es un acto pasivo. La lectura es un acto de creación permanente, porque al leer nos vemos
obligados a imaginarlo todo.
Otro cambio es el paso de niños a adolescentes, les dejamos solos ante la lectura y queremos
que sean autónomos. Primero nos convertimos en sus narradores, desde su inicio en el lenguaje,
les contamos historias. “La historia leída cada noche cumplía la más bella función de la oración
(..) la intimidad (…) una de las funciones esenciales del cuento”. “Le enseñamos todo acerca del
libro cuando no sabía leer”.
En esta evolución y desarrollo, entra la escuela y con ella “la culminación del más gigantesco
viaje intelectual imaginable (…) ¡el paso de la arbitrariedad gráfica más total a la significación más
cargada de emoción! Así la escuela nos enseña a leer, les enseña a leer. Y una vez que el niño
ya sabe leer, le dejamos delante de un libro que no lee. De forma que ve el libro como un peso,
un objeto contundente. Y se impone el “Hay que leer”. Además se une nuestra insistencia a que
lean, en el peor momento del día. Parafraseando a Pennac, de ser su cuentista, el que les
contaba sus cuentos, nos hemos convertido en su contable, rebajando la lectura a la tarea, la
obligación. Así creamos una herida de amor, “los jóvenes no aman la lectura”. Llega el cambio de
la lectura, ahora se pone a prueba su competencia.
Así entra la preocupación por entender lo que se lee, por hacer un resumen, un trabajo, un
comentario de texto o un examen. En un primer momento los padres son los que transmiten la
pasión por la lectura a sus hijos, les leen, les cuentas historias, cuentos. Pero una vez que ya
pueden leer solos, son muchos los padres que se olvidan de esos pocos minutos que dedicaban
cada día a leerles a sus hijos y del placer que eso les proporcionaba a todos, a grandes y
pequeños.
El niño entra en el colegio y todos los asuntos se dejan para la escuela. Y la lectura pasa a
ser un olvidado, los progenitores se desentienden y ahora son los profesores los que se
preocupan de que sus hijos lean. Y los profesores, incluyéndome, nos quedamos en comprobar
que entienden lo que leen, que lo han comprendido, que son capaces de explicarlo, comentarlo,
criticarlo y juzgarlo. Ya no nos importa si disfrutan leyendo o no.
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Hemos conseguido, de forma inconsciente o no, que los y las jóvenes se alejen cada vez más
de los libros, que los vean como algo lejano, ajeno, aburrido y muermo. Es mucho mejor la
televisión, los videojuegos o el cine, que lo dan todo hecho, como anteriormente hemos dicho.
Ni los padres ni los profesores debemos exigir a los jóvenes que lean, obligarles a leer, sino
que debemos compartir con ellos el placer que proporciona la lectura, el amor por la literatura.
Podemos pensar en un libro y puede que recordemos quién nos lo recomendó, quién nos ofreció
ese placer. Fue un regalo, así que debemos regalar nuestras preferencias.
Pennac nos da la idea, nos recuerda cómo podemos recuperar el placer por leer en los
jóvenes. Debemos reanudar nuestra lectura común, esa que abandonamos cuando nuestros hijos
o alumnos eran niños y que tajantemente cortamos cuando el niño ya sabía leer. Pero debemos
limitarnos a leer, sin hacerles preguntas. Recuperar “el misterio de la Trinidad: él, el texto y
nosotros”. Nos da la gran idea de intentar hacer que nuestros alumnos lean, empezar a leerles
nosotros el libro y hacer encender en ellos la chispa, la curiosidad de que lean, que se intriguen
por lo que pasará. Como dice Albert Einstein, “Yo no enseño a mis alumnos, solo les proporciono
las condiciones en las que puedan aprender”. Así que debemos inculcarles a nuestros jóvenes el
deseo de aprender, la curiosidad. Y la única forma de lograrlo es sin prisa y con libertad.

Hay que leer (el dogma), donde dedica capítulos a la lectura y a los futuros maestros.
“Pennac nos recuerda, en la segunda parte de su libro, que hay que leer para aprender, para sacar
adelante nuestros estudios, para informarnos, para saber de dónde venimos, para saber quiénes
somos, para conocer mejor a los demás, para saber adónde vamos, para conservar la memoria del
pasado, para iluminar nuestro presente, para aprovechar las experiencias anteriores, para no repetir
las tonterías de nuestros antepasados, para ganar tiempo, para evadirnos, para buscar un sentido a la
vida, para comprender los fundamentos de nuestra civilización, para satisfacer nuestra curiosidad, para
distraernos, para informarnos, para cultivarnos, para comunicar, para ejercer nuestro espíritu crítico.”1
1
Extraído íntegramente de http://cuentatelavida.blogspot.com.es/2011/11/como-una-novela-dedaniel-pennac.html?view=sidebar
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Así surge la necesidad de leer, el dogma.
Como una novela
Daniel Pennac
Hay que leer, hay que leer para vivir. Pero
primeramente y como dice Pennac, el niño tiene que reconciliarse con los libros.
Nos enseña cómo el profesor Perros llegaba al aula y vaciaba una bolsa de libros sobre la
mesa. Para sus alumnos esto era la vida, ya que él comenzaba a leer. Todas sus lecturas eran
regalos (para sus alumnos), ya que no les pedía nada a cambio. De esta manera les dio ganas de
leer, llegaron a sumergirse en los libros. Así les legó el gran deseo de transmitir. “Aquel profesor
no inculcaba un saber, ofrecía lo que sabía.” De forma que el profesor Perros les daba de leer, les
leía en voz alta.
Pero el papel de la escuela se limita al aprendizaje de técnicas, al deber del comentario y esto
corta el acceso al placer de leer. La lectura se aprende en la escuela, pero el ¿amar la lectura?
Pero ¿qué es lo importante y qué es lo urgente? La urgencia es una cualidad asociada al tiempo
y la importancia es una cualidad asociada a las consecuencias. Buscamos y pensamos en un
largo plazo, que nuestros alumnos sean lectores, lectores competentes.
No importa que los
jóvenes no entiendan al cien por cien lo que leen. Lo que de verdad importa es que nunca olviden
que los libros cuentan una historia. Una historia que puede interesarles y gustarles, una historia
que les enganche. Una lectura por placer, para la que se necesita tiempo, cualidad asociada a lo
urgente.
Nunca encontramos ese tiempo, porque lo urgente ocupa lo importante, el placer.
Nunca se encuentra el tiempo para leer, debemos robarle el tiempo a otra cosa.
Por lo cual, olvidamos cómo leer es un acto que nos permite abstraernos del mundo para
encontrarle un sentido. Es una afición, una forma de ocio, no una obligación. Objetivo que
persigue Pennac con este libro: lograr que los niños, que los jóvenes, que los hijos, que los
alumnos se reconcilien con la lectura, que le pierdan el miedo, que lean por placer, que se
sumerjan en las páginas de un libro porque ellos quieren, con libertad, sin obligaciones, como una
aventura personal y no como una imposición ajena.
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Daniel Pennac

Dar de leer
¿Y cómo les damos de leer a nuestros alumnos, esos adolescentes que deben reconciliarse
con la lectura? Rotura hecha por nosotros mismos, al imponer la lectura a determina edad, sin
tener consideración de la ardua tarea. Además de pedirles algo inmediatamente después de la
lectura, una crítica, una comprensión, un trabajo.
En el libro se muestra una clase de adolescentes, “abandonados por la marea escolar”,
alumnos con fracaso escolar. No les gusta leer y no leen. Así que el profesor es el que comienza
a leerles los libros. “Como no os gusta leer, soy yo quien os leerá los libros”. Pero el problema
que surge en los alumnos cuando el profesor dice “No hay que tomar notas.” ”¿En qué se
convierte un cuerpo en un aula si ya no tiene la coartada del boli y de la hoja en blanco?” Y es
que las costumbres nos encasillan no nos dejan abrir las alas, volar, cambiar… Un alumno y un
profesor en el aula tienen sus roles definidos y nos sorprendemos al cambiarlos.
Pero se busca el placer de leer, que reside en los adolescentes, aunque oculto, detrás del
miedo secreto: “el miedo a no entender.” Otra fobia que encontramos en los adolescentes, que es
necesario vencer para llegar a reconciliarlos con el libro, es la duración. Ven el libro como una
eternidad, pero finalmente llegan a descubrir como un libro, al final, se lee rápido. Pero volvemos
a “¿De dónde sacar tiempo para leer?”
Nadie tiene jamás tiempo para leer, la vida es un
obstáculo permanente para la lectura. “El tiempo para leer siempre es tiempo robado.” Al igual
que el profesor con el miedo al tiempo, el terror del programa inacabado.
El profesor es la “celestina”, el mediador que introduce la lectura en voz alta, lee a los
adolescentes de forma que crea la condición para la reconciliación sin pedir nada a cambio.
Creando en ellos el descubrimiento, no sólo leyendo en voz alta, sino entregándoles nuestros
tesoros, nuestras lecturas.
De forma que surge la curiosidad, el placer de la novela de
encontrarse a solas con el libro (intimidad paradójica). Se lee bajo el impulso del entusiasmo. Los
alumnos, reconciliados con lo que se lee, se acercan a las obras que hay que leer. Hablar de una
obra a unos adolescentes, y exigirles que hablen de ella, puede ser útil, pero no es un fin en sí. El
fin es la obra, que no vuelvan a olvidar que “una novela cuenta fundamentalmente una historia”.
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Como una novela
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Pero, ¿qué es un libro, un lector? Se pide a los alumnos describir una librería, es definido
como “un acantilado del saber, rigurosamente ordenado e impenetrable”. Al describir un libro
queda como “un cuerpo extraño provisto de todos los poderes”.
Pero qué es un lector, diferentes definiciones, pero ni alumnos lectores, ni alumnos no lectores
se describen a ellos mismos. Nosotros nos consideramos lectores, así pasamos a hablar del
lector.
Nosotros leyendo libros, nuestra manera de leerlos, donde “nos permitimos todos los
derechos, aquellos que negamos a los jóvenes a los que pretendemos iniciar en la lectura.”

El cómo se leerá o los derechos imprescriptibles del lector.
El libro finaliza con los derechos del lector, tema de debate actual. En la sociedad en la que
estamos, las palabras derechos y deberes son escuchadas diariamente en informativos, política, y
si entramos en educación el tema se exacerba aún más. Derechos y deberes del profesor, del
alumno… Hasta tenemos el Decreto 73/2011, con la Carta de derechos y deberes de los
miembros de la comunidad educativa.
Pero, ¿a que no nos hemos planteado los derechos como lectores? Aquí entra Pennac con
“Como una novela”, así vemos como hay unos derechos como lector que tenemos pero no
concedemos a nuestros alumnos, hijos… a los que sí queremos hacer lectores.
A su vez, el libro juega con la contradicción, todo lo contrario a los deberes, lo que no soporta
el verbo leer es el imperativo.
1. El derecho a no leer
Como toda enumeración de derechos, está el derecho a no hacer algo, a no utilizar el
libro. Derecho a no utilizarlo aunque afecte a nuestra reputación, sino ya entraríamos
en la obligación moral. El deber de educar incluye enseñarles a leer, iniciarles en la
literatura y darles los medios.
2. El derecho a saltarnos las páginas
No podemos renunciar a la lectura por no saltarnos unas páginas y no preocuparse.
Seguimos la lectura y lo que queremos.
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3. El derecho a no terminar un libro
Se encuentran muchos motivos para abandonar una novela antes del final.
4. El derecho a releer
Reelemos por placer, por el motivo de reencontrarnos con la intimidad del libro, por la
repetición.
5. El derecho a leer cualquier cosa
Libertad en el gusto.
6. El derecho al bovarismo
El bovarismo son las sensaciones que se mueven en nosotros al leer, tenemos la
necesidad de acordarnos de nuestras primeras emociones de lectores.
7. El derecho a leer en cualquier sitio
Como el ejemplo del soldado que le tocaba limpiar las letrinas pero era allí donde leía
las obras completas; otro soldado daba las gracias a su estreñimiento crónico por
haber podido leer tanto.
8. El derecho a hojear
Es una autorización que nos concedemos cuando no se tiene ni el tiempo ni los medios
necesarios. Así que nos regalamos ese instante.
9. El derecho a leer en voz alta
La lectura en silencio junto con el análisis y comentario de texto es la “religión” de la
escuela, desapareciendo la lectura en voz alta.
10. El derecho a callarnos
“La lectura (…) compañía que no ocupa el lugar de ninguna otra pero que ninguna otra
compañía podría sustituir”.
Leemos por las extrañas razones que nos llevan a la
intimidad de la lectura, pero nadie debe pedirnos cuentas de ellas.
“Como lectores, tenemos derecho a todo eso y mucho más. Porque somos libres para
elegir nuestras lecturas, para leer lo que queremos, cuando queremos, donde queremos y, lo
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más importante, porque queremos. Porque para nosotros la lectura es una afición, una pasión,
algo que nos hace felices, que nos hace disfrutar, algo placentero. Algo que nos hace vivir.
Todos tenemos claro por qué leemos. Porque nuestras razones para leer son tan extrañas, tan
propias, tan íntimas, tan personales como nuestras razones para vivir.”2
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Extraído íntegramente de http://cuentatelavida.blogspot.com.es/2011/11/como-una-novela-dedaniel-pennac.html
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3. Valoración personal
Me ha gustado mucho releer “Como una novela”, Pennac escribe de forma muy amena sobre
como los jóvenes de hoy en día no aceptan la lectura con entusiasmo, sino como una carga u
obligación. Libro de fácil lectura muy indicado para docentes, en mi opinión, ya que se nombra
mucho el contexto educativo. Además, da ideas o muestra experiencias de profesorado.
Aunque no podemos olvidar que transmitir el placer de la lectura no puede relegarse sólo a
la escuela, sino que debemos responsabilizar también a los padres. Con esto no quiero culparlos
sino enseñarles, abrirles los ojos, mostrarles, como ha hecho Pennac; que empezamos con una
bonita lectura antes de ir a dormir y hacemos un cambio drástico a que lean ellos solos y en
silencio. Por lo cual debemos estar junto a ellos, junto a los padres en esta labor, trabajar en una
misma línea, una continuidad escuela – familia. La familia, es la que ayuda en la creación de
hábitos lectores. Lo más eficaz para que un niño lea es que vea leer.
Pero como docente, veo la dicotomía, la diferencia entre leer y lectura. Leer es un acto,
acción necesaria en la vida escolar y la vida en la sociedad. Pero, ¿qué es la lectura? La lectura
es el placer por leer.
Debemos analizar el espacio donde la lectura toma contacto con la persona y así llegamos al
colegio, la escuela, espacio donde se aprende a leer, viendo así la escuela como el posible
descubrimiento y formación del futuro lector. Pero olvidamos lo más importante o lo engalanamos
con una retórica de palabras: ¿Dónde se les enseña a leer, dónde aprendemos a leer? Descifrar
los signos gráficos y relacionarlos con su significado, llegando a una comprensión. Pero no debe
esto ponernos en una situación de dificultad, sino ante un gran reto: “Como docentes: podéis
ayudar a los niños a adquirir una herramienta que les será útil toda la vida, podéis mostrarles el
sentido de la lectura, podéis participar de alguna manera en todo lo que podrán disfrutar con ella.”
Mariam Garrido, profesora de la universidad de Zaragoza.
Así que hay una diferencia, la cual debemos hacer ver a nuestros alumnos, que es la
lectura obligatoria y la lectura voluntaria. Lecturas obligatorias y escolares, que exigen esfuerzo,
disciplina, tiempo y dedicación. Pero la verdadera lectura, la cual queremos conseguir, es la que
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no tiene ninguna finalidad. Así vista la lectura como placer es difícil de evaluar con criterios
escolares, con la barrera entre lectura instrumental y lectura voluntaria. Además, en la escuela
chocamos con lo más presente en el niño: el libro de texto. Pero con este libro los niños no leen,
sino que aprenden. La sociedad del conocimiento, nuestra sociedad, exige la competencia
lectora, pero con un matiz de aprendizaje, de leer para el trabajo, para saber, para conocer.
Olvidando la mejora de los hábitos lectores y formar a ciudadanos como lectores literarios. Pero
para llegar a esta consecución la convivencia de todo es lo necesario. Convivencia de la lectura
obligatoria y la lectura voluntaria.
Me gustaría finalizar apostando por la Animación a la lectura, debemos reflexionar sobre la
lectura, por qué, cómo, dónde, cuándo, para qué. La animación a la lectura es el conjunto de
actividades, técnicas y estrategias que persiguen la práctica de la lectura, siendo la meta formar
lectores activos.
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4. Bibliografía y webgrafía
Cerrillo Torremocha, P. C. (2007), “La animación a la lectura desde edades tempranas”.
Alicante: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. En http://www.cervantesvirtual.com/obravisor-din/la-animacin-a-la-lectura-desde-edades-tempranas-0/html/013fe528-82b2-11df-acc7002185ce6064_2.html#I_0_
Daniel Pennac. (s.f.). En Wikipedia. Recuperado el 9 de diciembre de 2015 de
https://es.wikipedia.org/wiki/Daniel_Pennac
Fortuny, J.A. (6 de octubre de 2014). Justifica tu respuesta “Mensaje en un blog”.
Recuperado de http://justificaturespuesta.com/como-una-novela-de-daniel-pennac-resena-de-joseantonio-fortuny/
Lamariano Martín, G. (27 de noviembre de 2011). “Cuéntate la vida. Compartiendo lecturas
desde abril de 2010” “Mensaje en un blog”. Recuperado de
http://cuentatelavida.blogspot.com.es/2011/11/como-una-novela-de-daniel-pennac.html
Marti, O. (6 de septiembre de 2008) “El 'torpe' Pennac.” El País. Recuperado de
http://elpais.com/diario/2008/09/06/babelia/1220657952_850215.html
Pennac, D. (1993), Como una novela. Barcelona: Anagrama.
Ravelo, A. (5 de abril de 2014). “Ceremonias. Pequeñas píldoras para leer rápido y pensar
despacio”, “Mensaje en un blog”. Recuperado de
https://alexisravelo.wordpress.com/2014/04/05/retorno-a-la-palabra-como-una-novela-de-danielpennac/
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