Art. María Morfín Stoopen

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EN LA BÚSQUEDA
DEL BIEN COMÚN:
experiencias de participación
infantil y juvenil
María Morfín Stoopen
Resumen
R
elatar la historia de la Jugarreta, Espacios de Participación A.C., organización
civil que desde hace más de diez años trabaja en Tepoztlán, Morelos en programas de defensa y promoción de la participación infantil y juvenil, me
lleva siempre a pensar en mi propia historia, en cómo las voces de niños, niñas y
adolescentes han influido en mi desarrollo personal. Lo que narraré en este artículo se refiere a cómo una acción individual y simple se transformó en un proyecto
colectivo y trascendente, a lo que aprendimos en el camino y a lo que hemos logrado construir. Por ello, al inicio parecerá que hablo de mi trabajo personal pero a
medida que avance el texto el lector notará cómo el discurso va adoptando el punto
de vista del “nosotros” y el de “ellas” y “ellos”.
La idea inicial
Tepoztlán Morelos es un municipio ubicado al sur de la Ciudad de México, que
cuenta con alrededor de 36,000 habitantes y que se distingue por ser un atractivo
turístico debido a su entorno natural, sus edificios prehispánicos y coloniales y sus
tradiciones. Así mismo, el pueblo tepozteco se ha caracterizado por su lucha constante en la conservación de su identidad y sus costumbres. Una de mis primeras
impresiones cuando llegué a vivir al pueblo de Tepoztlán, en 1997, fue descubrir
que existía una escasa oferta de oportunidades de desarrollo personal, educativo
y cultural para los adolescentes. Por otro lado, comencé a sentir el ambiente de la
división social entre la población originaria y los fuereños, una convivencia aparentemente amable pero con muchas manifestaciones de discriminación velada. A pesar del bienestar que ofrece el habitar en un hermoso y tranquilo lugar, lejos de las
complicaciones de la gran ciudad, esa otra realidad de poca atención a los jóvenes e
intolerancia social me motivó a involucrarme en algunas actividades comunitarias.
Dada mi experiencia profesional en el área de la promoción cultural para niños
y jóvenes, me di a la tarea de realizar una pequeña aportación en un intento por
disminuir estos problemas. La iniciativa consistía en dedicar una tarde a la semana
Licenciada en Comunicación Social por la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), se ha
especializado en el desarrollo de proyectos relativos al derecho de niños, niñas y adolescentes a ser
escuchados. Trabaja con grupos infantiles y de adolescentes, capacita a educadores y promotores, y
ha escrito diversos libros y guías sobre este tema. Actualmente colabora en la asociación civil La Jugarreta Espacios de Participación A.C., y en la empresa de consultoría Altramuz, Consultoría en Democracia,
Educación y Cultura, organizaciones de las que es fundadora. Contacto: [email protected]
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a invitar a los adolescentes a jugar juegos de mesa en un café del centro del pueblo.
Si bien no hubo mucha asistencia a estas sesiones, los pocos jóvenes que se acercaron se aficionaron a llegar al café y a disfrutar de los juegos. A unos meses de haber
iniciado, la afluencia de interesados en los juegos seguía siendo escasa. Como en
realidad yo no tenía un plan trazado, ni sabía qué otras actividades plantearles a
los participantes, decidí consultar a los propios jóvenes sobre qué otros intereses
tenían, además de jugar. Sus sugerencias dieron pie a nuevas actividades.
El día que nos anunciaron que el café cerraría decidimos salir a buscar otro local
que nos diera refugio. Esta búsqueda fue una oportunidad para que ellos hicieran
propuestas, hablaran con otras personas sobre sus necesidades y tomaran decisiones. Ese fue el inicio de una exploración conjunta acerca de las posibilidades que
teníamos como grupo, en donde mi papel como adulto era ponerme al servicio de
las iniciativas de los jóvenes. Con el tiempo logramos gestionar apoyos para rentar
un local, contar con computadoras, libros y más juegos de mesa. La idea era que
el local fuera un espacio abierto para que los jóvenes pudieran reunirse, hacer actividades y realizar sus propios proyectos. Una vez instalados en el nuevo sitio, los
jóvenes decidieron que querían proyectar películas, ya que en Tepoztlán no hay
ningún cine. Con un cañón, un reproductor VHS, un amplificador y unas bocinas
caseras armaban el cine en el auditorio del pueblo, cada 15 días. Ellos mismos seleccionaban las películas, colocaban los carteles para la difusión, hacían y vendían
las palomitas y ponían un bote para la cooperación voluntaria. Los involucrados en
el proyecto hicieron esto durante tres años. Tenían 12 años cuando comenzaron.
En ese tiempo surgió el nombre con el que bautizaríamos a la iniciativa. Entre
todos barajamos palabras relacionadas al juego y elegimos La Jugarreta. También se
incorporó al proyecto Ma. Elena Durán, colega con quien trabajaba desde hacía
muchos años. Fue un gran apoyo el tener a alguien con quien planear y reflexionar
sobre lo que pasaba con los jóvenes. La experiencia del cine nos llevó a pensar que
las posibles actividades culturales y recreativas para los niños, niñas y adolescentes
serían infinitas si partíamos de los intereses de los propios participantes y no de lo
que pudiéramos ofrecer los adultos. Esa perspectiva verdaderamente nos fascinó.
Por motivos de trabajo y a través de personas especializadas en derechos de la
infancia, supimos que la Convención de los Derechos del Niño plantea el derecho de
niños, niñas y adolescentes a expresar su opinión y nos dimos cuenta de que lo
que estábamos haciendo era promover la participación de niños y jóvenes, es decir
abrir espacios y oportunidades para que pudieran expresar sus opiniones y que
sus voces fueran escuchadas y tomadas en cuenta. Si bien fuimos transitando por
múltiples actividades, lo que cada vez quedaba más claro era que habíamos pasado
del terreno de la promoción cultural al de la educación para la democracia. Fue
entonces cuando decidimos que necesitábamos saber más sobre este tema y los
derechos de la infancia, ya que La Jugarreta se dedicaría de lleno a hacerlos valer.
La Jugarreta Espacios de Participación se constituyó como asociación civil en el año
2004. Si bien nuestra intención era atender a grupos de adolescentes, el rango de
las y los participantes no tardó en modificarse, ya que los asistentes más grandes
frecuentemente llegaban con sus hermanos más pequeños. Para responder a esta
demanda, modificamos nuestra población objetivo e incluimos a niños y niñas de
6 a 12 años de edad. Desde entonces se ha ido construyendo una propuesta de
desarrollo comunitario que parte de la capacidad que tienen niñas, niños y adolescentes de participar en la creación de mejores condiciones de vida para todos.
La propuesta
El derecho que niñas y niños tienen a participar en la sociedad, expresado en diversos artículos de la Convención de los Derechos del Niño,1 es el principio fundamental que
guía el trabajo en La Jugarreta Espacios de Participación A.C. De este principio rector se
desprenden una serie de premisas que ha sido necesario hacer explícitas a lo largo
El conjunto de derechos relativos a la participación aparecen en la Convención de los Derechos del
Niños bajo los artículos 12, 13, 14, 15, 17, 18, 30 y 31.
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del tiempo para dar un marco conceptual a toda nuestra acción y a la metodología
que hemos construido. Estas premisas son: a) niñas, niños y adolescentes son personas capaces de transformar su entorno; b) al derecho a participar de niños, niñas y
adolescentes corresponde la obligación de los adultos a escucharlos y tomarlos en
cuenta de manera seria; c) las maneras en las que la infancia y la juventud conciben
la realidad enriquece nuestra propia visión adulta; d) niños, niñas, jóvenes y adultos
somos aliados en la construcción de nuevos mundos posibles y en la búsqueda del
bien común; e) todos - niños y adultos - aprendemos cuando nos involucramos en
procesos de participación y f) al participar se aprende participando.
En la construcción de una sociedad en la que las niñas, niños y adolescentes
sean tomados en cuenta y su voz tenga una influencia real para la consecución de
mejorías colectivas, hemos definido tres objetivos centrales:
• Que los niños, niñas y adolescentes participen en todos los ámbitos que les
interesan dentro de la familia, la escuela y la comunidad,
• Que, para ello, adquieran conocimientos, habilidades y actitudes adecuadas.
• Que los adultos aprendamos a escuchar y a tomar en cuenta de manera
seria la voz de los niños, niñas y adolescentes.
Bajo estas premisas y objetivos, las actividades que se realizan en La Jugarreta tienen siempre la voz de niños, niñas y adolescentes como su centro. Nuestra metodología de trabajo se ha desarrollado básicamente a partir de la práctica de la pregunta, es decir de nuestra postura como escuchas. Procuramos que todas las decisiones
que tomamos como institución tomen en cuenta la visión, opiniones y necesidades
de los niños. Esto muchas veces ha implicado que los procesos y avances vayan más
despacio, que junto con los niños experimentemos el ensayo y el error y que, a la
vista de muchos adultos, “desperdiciemos” posibles oportunidades al negarnos a
imponer nuestro poder sobre el de las niñas, niños y adolescentes.
Esta forma de trabajo prioriza el proceso de aprendizaje de todos los involucrados – niños y adultos – sobre los resultados “eficientes” del grupo. Por tanto, a la
hora de considerar opciones todas las ideas son válidas y el error se vive como una
posibilidad de crecimiento colectivo y no como algo que descalifica a la persona.
A través de esta metodología participativa buscamos promover en los niños,
niñas y adolescentes el desarrollo de habilidades como el diálogo, la toma de decisiones, la colaboración y el juicio crítico y de actitudes como la solidaridad, la
celebración de la diversidad, la honestidad y la confianza mutua, entre otras.
Actualmente, nuestras actividades se agrupan en cinco programas que describimos brevemente a continuación.
Niñas y niños inciden en su comunidad
Niños y niñas de barrios, pueblos y colonias se reúnen una vez por semana para
generar ideas, planear, organizarse y tomar decisiones sobre sus propios proyectos.
Los proyectos son iniciativas colectivas que parten de los intereses, inquietudes y
deseos de los niños y niñas sobre su entorno familiar, escolar o comunitario.
Todo empieza con una convocatoria para reunirse a jugar, a leer cuentos y a
realizar actividades colectivas. En combinación con estas actividades, los participantes hablan sobre el lugar en donde viven, lo que les gusta y lo que no sobre
su vida cotidiana, lo que quisieran que sucediera en su comunidad y acerca de las
experiencias que les gustaría tener. A partir de ahí van surgiendo las ideas que se
concretarán en proyectos infantiles y que harán un aporte al mejoramiento de las
condiciones de vida, no sólo de los niños y niñas involucrados, sino de otras personas de su entorno. A lo largo de los años, los grupos han desarrollado proyectos
diversos, como una ludoteca y biblioteca comunitaria, siembra de hortalizas y flores, rescate de canchas y espacios de juego, edición de una publicación periódica,
caminatas y paseos, entre otros. Actualmente están en funcionamiento tres grupos
en Tepoztlán: en la comunidad de Santo Domingo Ocotitlán, el Barrio de San José
y la Casa de la Cultura de Ixcatepec.
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Pipiltin papálotl: Infancia en movimiento
La necesidad de hacer algo para prevenir el abuso sexual hacia niños y niñas,
expresada por un grupo de catequistas de Tepoztlán, nos llevó a formular un proceso de participación infantil a través del cual los niños, niñas y adolescentes conocen sus derechos y adquieren herramientas para prevenir y denunciar posibles
abusos. Este trabajo de prevención del abuso sexual infantil con perspectiva de
género tiene el juego y el diálogo como ejes centrales y se desarrolla en un breve
período, ya que el objetivo es muy puntual. El programa se ha llevado a cabo con
grupos que asisten al catecismo en Tepoztlán y se complementa con la capacitación a las y los catequistas y la sensibilización a los mayordomos de las iglesias.
Bríncate la barda
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Jóvenes de secundaria y bachillerato trabajan en un programa escolar para expresar sus opiniones acerca de sus preocupaciones, deseos y expectativas para su
vida y su comunidad. El proceso se complementa con actividades, la información
y la reflexión colectiva alrededor de los derechos de la juventud, habilidades para
la vida y la participación con perspectiva de género. Este diálogo lleva a las y los
adolescentes a identificar posibles acciones colectivas que atiendan sus inquietudes e influyan en la propia escuela o la comunidad. Los proyectos que surgen de
estos procesos continúan fuera de los horarios escolares y se conforman grupos
juveniles que trabajan de manera independiente en sus propias ideas.
Algunos de los proyectos desarrollados por las y los jóvenes han sido un cineclub, la reparación y venta de juguetes usados, caminatas, periodismo, creación
de obras en “graffiti”, taller de acertijos, medición de la calidad del agua, taller
de sexualidad, salidas a museos, espectáculos, universidades y centros recreativos,
rescate y promoción de la lengua náhuatl, producción y venta de mermeladas,
diademas y broches. Hemos trabajado con jóvenes de las comunidades de Tepoztlán, Tlayacapan, Cuentepec, Xoxocotla y Hueyapan, Morelos.
Formación de promotores
Con el fin de aumentar las posibilidades de replicar el modelo, hemos diseñado
cursos y talleres sobre participación infantil y juvenil dirigidos a educadores, promotores comunitarios, padres de familia y personas que trabajan en temas de infancia y juventud. Hemos tenido la oportunidad de brindar asesoría y capacitación
en algunos procesos de participación infantil y juvenil implementados desde instituciones públicas u organizaciones civiles.
Ejemplos de esta colaboración han sido el Programa Nacional de Difusores de los
Derechos del DIF, el Programa de Participación Infantil de la Zona Nexapa de Ayuda en
Acción, los Encuentros Nacionales de Niños Indígenas de las Zonas Sur y Sureste de Alas y
Raíces de CONACULTA y el Diplomado sobre Derechos de la Infancia del Programa Infancia de la Universidad Autónoma Metropolitana.
Investigación y elaboración de materiales
En alianza con académicos y otros profesionales llevamos a cabo procesos de investigación y sistematización de experiencias de participación infantil, así como la
producción de textos teóricos, guías y manuales en los que compartimos nuestra
visión y metodología. Este material está dirigido a personas interesadas en crear
oportunidades de expresión y participación para niñas, niños y adolescentes:
maestros, promotores comunitarios, padres de familia y en general todo tipo de
personas que trabajen en temas de infancia y juventud.2
Algunos de los títulos pueden consultarse en www.lajugarreta.org.mx, www.acude.org.mx y www.uam.
mx/cdi/publicaciones.
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Lecciones aprendidas
Tras el correr de los años nos parece que el acierto más importante que hemos
tenido fue el iniciar el proyecto reconociendo que no sabíamos. Fuimos conscientes de que no sabíamos qué proponer a los adolescentes, no sabíamos qué podríamos lograr con lo que estábamos iniciando y no sabíamos sobre los derechos
de la infancia. Esta conciencia nos permitió involucrar a los mismos niños, niñas
y jóvenes en la reflexión conjunta y en la toma de decisiones. Desde entonces, a
través de la experiencia hemos adquirido una serie de aprendizajes, de los cuales
podemos decir que los más importantes tienen que ver con las formas en las que
los adultos nos relacionamos con los niños, niñas y jóvenes.
La sociedad que hemos creado los adultos no está preparada para escuchar y tomar en
cuenta la voz de la infancia. En principio, los adultos nos resistimos a escuchar las
opiniones de los niños, por lo que hace falta realizar una labor de sensibilización a
este respecto. Sabemos ya que una manera eficaz de hacerlo es mostrar a los adultos lo que los niños, niñas y adolescentes son capaces de aportar.
A participar se aprende participando. La participación es una capacidad que se
adquiere con la práctica, por lo que es importante asegurar ciertas condiciones de
éxito en las experiencias que ofrezcamos a los niños. Es decir que es fundamental
que su participación obtenga una respuesta, que produzca una consecuencia. Es
nuestra responsabilidad el responder seriamente a sus propuestas, demandas y
expresiones en general. Esto es esencial para fortalecer la confianza, la autoestima
y las capacidades de expresión de los niños y adolescentes, de manera que puedan
hacer oír su voz entre los adultos. Se trata entonces de transitar por un camino
de dos vías. Por un lado, que los niños, niñas y adolescentes ejerzan su derecho a
participar y por el otro, que desarrollen sus capacidades personales y colectivas. Es
decir, ejercer y ejercitar, aprender a ser ciudadano siéndolo. Estas condiciones son
válidas también para nosotros los adultos.
La escuela es una buena plataforma para plantear alternativas de participación, siempre
y cuando se establezca una relación con la realidad de la comunidad y la experiencia
no se limite a ser un ejercicio escolar. Diseñar tareas de participación como si fueran
experimentos de laboratorio es más bien una simulación. No vale la pena hacer
como si fuéramos ciudadanos, lo verdaderamente significativo es tener el poder real
de incidir en nuestro entorno, cualquiera que este sea. Por ello es importante revisar
bajo esta lupa todos esos ejercicios que proponen a los niños pretender o jugar a ser
diputados, representantes ante la ONU o presidentes municipales por un día.
La promoción de la participación es un camino de incertidumbre. Los niños, niñas y adolescentes rebasan nuestro afán de crear divisiones arbitrarias como son la formación de
grupos por rangos de edad, los planes rígidos y los límites territoriales como el de restringir las actividades dentro de la escuela. Son capaces de hacer alianzas con personas
de todas las edades, incluyendo a autoridades de gobierno. Las propuestas que hacen,
las alianzas que logran, los saberes que aportan desde sus diversas edades, por lo general nos sorprenden y desbordan nuestros planes iniciales. Es preciso estar preparados.
Todas estas lecciones aprendidas apuntan a la idea de que abrir caminos para la
participación infantil y juvenil es en el fondo un trabajo que trastoca las relaciones
entre niños, jóvenes y adultos. En ese sentido, no sólo debemos observar el empoderamiento de la infancia, sino también nuestra propia transformación como
personas adultas. Después de varias experiencias de formación y asesoría hemos detectado que al parecer los promotores o facilitadores que se inician en esta manera
de ver las relaciones sociales, pasan por diversas fases de transformación personal.
De hecho, yo misma y el resto de las personas que colaboran en el equipo hemos
pasado por esas fases, de ahí que somos capaces de reconocerlas.
Entre los promotores la tendencia inicial es pensar que los niños participan
cuando realizan cualquier actividad, como pintar, ir a un paseo o jugar en grupo.
Solemos usar el concepto en forma coloquial, como lo hacemos de manera cotidiana. Al principio no tenemos claridad sobre la idea de participación ciudadana
que concibe a los niños como sujetos sociales y pone el énfasis en hacer posible
que manifiesten sus intereses e incidan en sus propias vidas y las de los demás.
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Sin embargo, poco a poco descubrimos qué significa la participación genuina. Este
descubrimiento comienza con un momento de sorpresa, cuando nos damos cuenta de
lo que los niños proponen y son capaces de llevar a cabo. Es ahí cuando surge de lleno
la disposición de entender mejor las posibilidades de la infancia y cómo hacer para que
sus opiniones sean escuchadas. Aún en esta fase hace falta desaprender las maneras de
relacionarnos con ellos, la forma en que ejercemos el poder y el temor por perder el
control de la situación. Es muy común que aunque hayamos entendido el significado
de la participación y estemos en la mejor disposición para promoverla, de manera
consciente o inconsciente seguimos tomando las decisiones fundamentales. Compartir el poder, dejar de controlar, es un proceso largo, no se logra de un día para otro.
Así, podemos decir que el trabajo de todo promotor tendría que concentrarse
en el desarrollo personal de cinco características básicas: la constancia, es decir estar
dispuestos a acompañar a los niños y adolescentes con la frecuencia necesaria. Una
de las claves es estar presentes y disponibles, tanto o más que la televisión o el dealer que ofrece drogas, por ejemplo; la humildad, para reconocer que no sabemos,
que estamos aprendiendo también. Estar claros en que somos acompañantes que
compartimos algunos saberes y que adquirimos muchos otros en el proceso; la flexibilidad, para tomar caminos alternativos y adaptarse al cambio. El compromiso que
adquirimos es con las personas con las que estamos trabajando, no con un plan preestablecido que hay que cumplir a como dé lugar; la valentía, para hacer preguntas,
perder el miedo al error y evitar imponer nuestras ideas de cómo se deben hacer las
cosas; la audacia suficiente para atreverse a probar nuevas formas, frecuentemente
inesperadas. Gozar con la sorpresa, caminar al lado de la imaginación.
Conclusión
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Asegurar que niños, niñas y jóvenes ejerzan su derecho a la participación y fortalezcan sus capacidades ciudadanas es una tarea que nos involucra a todos: ciudadanos grandes y pequeños, instituciones públicas, privadas y civiles, sectores
educativos, empresariales, de desarrollo social, de seguridad y justicia, etc. Cada
uno aportando lo que está a su alcance para constituir lo que debiera ser, no
únicamente un programa de gobierno, no una asignatura escolar, sino un movimiento social generalizado.
Un niño del municipio de Contepec, Michoacán expresó esta idea con sus propias palabras. Él y sus compañeros realizaron un proyecto de recolección de pilas
usadas y para que la gente pudiera desecharlas sin contaminar colocaron cajitas
hechas por ellos mismos en las tiendas, la escuela y hasta en la iglesia. Tuvieron
también la idea de que las candidatas a “Reina de la Primavera” compitieran recolectando pilas usadas, en lugar de dinero, como era la costumbre. Las pilas que
juntaron se contaban por miles. Platicando su experiencia, este niño nos dijo: “Necesitamos mucha ayuda porque no todo lo podemos hacer nosotros.”
Referencias
CORONA, Yolanda y María Morfín. Diálogo de Saberes sobre Participación Infantil. México.
UAM, UNICEF, COMEXANI, Ayuda en Acción. 2001.
CORONA, Yolanda y María Morfín. Espacios de Participación Infantil. La transformación posible.
México. Gobierno del Estado de Michoacán, La Jugarreta Espacios de Participación AC. 2008.
HART, Roger. La participación de los niños en el desarrollo sostenible. Barcelona. P.A.U. Education, UNICEF. 2001.
MORFÍN, María y Haydeé Vélez. Entrometiéndonos en los que sí nos importa. Guía metodológica
para el trabajo con niños, niñas y adolescentes en procesos de organización para la acción. México. ACUDE A.C. 2009.
TORO ARANGO, José Bernardo. Conferencia dictada en el Foro de Educación Cívica y Cultura Política Democrática. Familia y Comunidad en la Educación para la Democracia. México. Transcripción. 1998.
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