Derechos Humanos en México, entre pairos y derivas

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Sexenio en perspectiva
Derechos Humanos en México,
entre pairos y derivas
Juan Carlos Arjona Estévez*
El sexenio que recién concluye permite aprovechar la oportunidad
para ver la agenda que en derechos humanos debería concentrar
los esfuerzos de gobierno y ciudadanos para el período 20062012. Si bien los derechos humanos se deben cumplimentar de
manera general, en todo momento y con la más alta calidad,
sería un error no definir qué aspectos se deben priorizar.
Por lo anterior, para determinar algunas temáticas
pendientes a tratar durante el siguiente sexenio, debemos
realizar una mirada panorámica sobre las acciones efectuadas durante el período 2000-2006, para así reflexionar en
qué se debe continuar, qué se debe cambiar y qué falta por
hacer.
En el año 2000 (incluso antes), algo que gratamente
se aportó durante el periodo de las campañas electorales,
fue que al menos uno de los tres candidatos (Vicente Fox)
más relevantes que competían en dicha elección, introdujo la
promoción y la protección de los derechos humanos como
parte de sus compromisos de campaña (algo que lamentablemente no sucedió en esta ocasión). Ahora que se habla de
reforma electoral, se podría contemplar la obligación de los candidatos a hablar sobre la agenda de derechos humanos en la
cual se incluyan propuestas concretas. Asimismo, la inclusión
de acciones afirmativas en la nominación de candidatos y
candidatas, para puestos tanto de elección directa como proporcional debe ser algo prioritario.
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*Coordinador del Programa de Derechos Humanos.
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Dentro de las cosas que se deben continuar (y mejorar) como
parte de una política de Estado en materia de derechos humanos, es la
política exterior que se implantó durante este sexenio. ¿En qué consistió
dicha política exterior? En un primer momento, se enfocó a crear un área
directamente enfocada al trabajo en derechos humanos, representada
inicialmente como una embajadora en el tema en cuestión (Acosta Urquidi)
y que rápidamente se transformó en la Subsecretaría de Democracia y
Derechos Humanos. Lamentablemente, con la llegada de Ernesto Derbez
a esta dependencia, así como las críticas constantes e incomprensibles
del presidente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (José Luis
Soberanes), esta Subsecretaría se fusionó con la Subsecretaría de Temas
Globales. Sin embargo, para fortuna de los mexicanos se logró rescatar
gran parte de la ideología planteada inicialmente.
El planteamiento fue sencillo y con gran impacto; en primer lugar se
extendió una invitación permanente a todos los organismos internacionales
encargados de velar por el cumplimiento de los derechos humanos en América
y en el mundo para que asistieran a México y plantearan recomendaciones.
A su vez, se realizaron los acuerdos necesarios para que varias agencias y
organismos internacionales instalaran sus oficinas en México, siendo la
más representativa la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas
para los Derechos Humanos, a la cual el gobierno mexicano le solicitó la
elaboración de un diagnóstico sobre la situación de los derechos humanos
en México. También es importante resaltar que México ratificó la mayoría
de los tratados internacionales que en materia de protección de la persona quedaban pendientes, y se aceptó la supervisión de casos concretos.
Además se debe destacar que durante los primeros tres años se reinstaló
la Comisión Intersecretarial para atender las obligaciones internacionales
en derechos humanos. Finalmente, sobre este tema, cobra relevancia
la propuesta en que se abordan los casos individuales, debido a que se
promueve la solución pronta y eficaz de los casos de violaciones a los
derechos humanos.
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Por otro lado, el gobierno mexicano impulsó dos estrategias en
el ámbito internacional que son de destacar. Por un lado, una política
que parece ser con un enfoque ético, en la cual todo lo relativo a favor
de los derechos humanos es innegociable (p.e. voto para la revisión de
Cuba y la bahía de Guantánamo), así como el impulso de reformas en los
organismos internacionales con el propósito de tener una mejor y mayor
efectividad en la promoción y protección de los derechos humanos.
No obstante lo anterior, quedaron aún algunos temas pendientes
de gran relevancia. Sólo por mencionar algunos, falta la ratificación del
Protocolo II a los Convenios de Ginebra, o la falta de retiro de reservas y
declaraciones interpretativas que fomentan la impunidad (p.e. Convención
sobre la imprescriptibilidad de crímenes de guerra y de lesa humanidad y
la Convención Interamericana sobre Desaparición Forzada de Personas).
Tampoco se estableció, hasta ahora, un mecanismo de consulta para la
nominación de especialistas internacionales a cargos de promoción y
protección de los derechos humanos.
En otro ámbito de relevancia, debemos destacar el trabajo de
la Secretaría de Gobernación, ya que en ésta se creó la Unidad para la
Defensa y Promoción de los Derechos Humanos. Esta unidad tuvo como
parte de sus compromisos, velar por el cumplimiento de las resoluciones
internacionales y retomar los trabajos de la Comisión Intersecretarial creada
en la Secretaría de Relaciones Exteriores, con el propósito de establecer
una política nacional en materia de derechos humanos. En este espacio
de participación y consulta de la sociedad civil para la armonización
e implementación del derecho internacional de los derechos humanos,
se encomendó la elaboración del Programa Nacional de Derechos
Humanos.
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Sin embargo, la agenda pendiente en este sector es aún muy amplia,
por un lado se tienen que mejorar los mecanismos de consulta y diálogo,
ya que gran parte de las organizaciones de la sociedad civil se retiraron
del trabajo realizado en esta área por la desconfianza al gobierno. Por otro
lado, la elaboración de un Programa Nacional de Derechos Humanos tan
insuficiente requiere de cirugía mayor para tener algo de credibilidad en la
construcción de una cultura a favor de los derechos humanos. Asimismo,
esta unidad estuvo encargada de la elaboración de una propuesta de reforma
constitucional en materia de derechos humanos, la cual después de un
proceso deliberativo con la academia y la sociedad civil fue transformada
unilateralmente por la autoridad, incumpliendo con los mínimos requisitos
para lograr avances en materia de derechos humanos.
El Programa Nacional de Derechos Humanos tiene varios temas
que es necesario reformular, pero sin duda un gran logro fue la inclusión
de la capacitación obligatoria de los servidores públicos en el área de
derechos humanos, y la instalación de un mecanismo participativo en la
evaluación de los resultados del programa.
En otro ámbito, se debe recordar el compromiso del Presidente
Vicente Fox de promover un mecanismo de justicia transicional que
respondiera a las exigencias de las víctimas de las violaciones de los
derechos humanos del pasado. Parecía que la creación de la Fiscalía
Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado cubría dicha
tarea; sin embargo, la poca creatividad en la consignación de casos, la falta
de sistematización de los hechos ocurridos en el pasado y la inexistencia de un mecanismo de reparación del daño por las violaciones causadas,
hacen indispensable que el próximo gobierno asuma con seriedad esta
responsabilidad.
Por último, un tema que requiere una solución es el referido
a la violencia contra las mujeres, en particular en Ciudad Juárez. La
administración pública federal decidió crear una Comisión sin muchas
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facultades para resolver el problema, y apoyar a una Fiscalía para la
investigación y persecución de los delitos en Juárez; sin embargo, la insuficiente respuesta nos deja ver el poco compromiso que ha existido
en este sexenio, esperando que en el siguiente se consideren soluciones
integrales a éste y otros problemas similares.
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