La Gaceta núm. 507 del FCE. Marzo de 2013

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ISSN: 0185-3716
D E L F O N D O D E C U LT U R A E C O N Ó M I C A M A R Z O 2 0 1 3
Dostoievski
BIOGRAFÍA DE
Que Bajtín escribiera textos
tan valiosos en condiciones tan
desalentadoras sólo se puede
considerar como un triunfo de
valentía privada e integridad sin
pretensiones
FRANK
o
s
u
R lia
i
f
SELMA
ANCIRA
BAJTIN
JOSEPH FRANK SOBRE
JOSEPH
FRANK
POR JOSÉ MANUEL PRIETO
TRES SALUDOS A
Shklovski
UN POEMA DE
IVANOV
—J O S E P H
Y
POR
DAVID FOSTER WALLACE
507
E DI TOR I A L
2
Al traductor
Más allá
del lugar común
V I A C H E S L AV I VÁ N O V
RUSOFILIA
—————————
7
Pares en grandeza
SELMA ANCIRA
9
Tres apuntes
para saludar
a Selma Ancira
R A FA E L VA R G A S
11
Víktor Shklovski:
vencedor en Hamburgo
JOSÉ MANUEL PRIETO
13
El Dostoievski
de Joseph Frank
D AV I D F O S T E R WA L L A C E
19
Los hallazgos de Bajtín
JOSEPH FRANK
—————————
22
CAPITEL
22
NOVEDADES
H
e aquí una oportunidad de ver cuán frágiles son
los lugares comunes para explicar algo que raya
en la adicción. No es por el balsámico vodka
o por el enigma infantil que nos plantean las
muñecas de madera que alojan nuevas muñecas
de madera en su interior, no es por el genio
musical que se expresa lo mismo en un lago
de cisnes que en una primavera consagrada,
no es por la inextinguible chispa ajedrecística
de su pueblo, no es por los gélidos paisajes ni
por la belleza intrínseca de la taiga ni por la pantanosa tundra, ni por haber
puesto a una perrita a girar en torno a la Tierra que en el Fondo existe una
inocultable rusofilia. Razones más sutiles y profundas explican que en
el catálogo de la editorial existan tantos temas y autores rusos, desde el
peculiar retrato de El joven Lenin, en pluma de Lev Trotski, hasta el fino
recorrido por los Pensadores rusos, a cargo de Isaiah Berlin; desde el escueto
retrato de El campesino en la historia rusa y soviética, trazado por Jean
Meyer, hasta la Ventana a Rusia por la que se asomó Edmund Wilson para
dar a conocer al mundo anglosajón algunas postales de literatura rusa. Las
letras de ese enorme y atribulado país, tanto las de la sensibilidad como las
del intelecto, han ejercido desde hace décadas una sostenida atracción en los
editores de nuestra casa.
Arrancamos con cánticos en honor de la traducción. Unos versos
vinieron de los caracteres cirílicos a los latinos gracias al colombiano
Jorge Bustamante García, “un ocioso que entretiene con su cuento a
la gente”, como dice Viacheslav Ivánov. Y seguimos con el emocionado
discurso que Selma Ancira pronunció al estrenar el Premio de Traducción
Literaria Tomás Segovia, y con una reseña de un libro protagonizado por
la propia Ancira —que generosamente nos permitió usar fotografías suyas
para ambientar esta entrega, con lo que más de un lector se sorprenderá
felizmente por esta otra faceta suya—, en el que se ofrece un muestrario
de grandes plumas rusas. El narrador e historiador cubano José Manuel
Prieto, rusófilo confeso —como podrá comprobar quien se asome al número
de marzo de 1996 de La Gaceta, coordinado por él y Ernesto Hernández
Busto—, mira dos libros de memorias de Víktor Shklovski. Y en la función
estelar, de pesos completos, se miden el irreverente David Foster Wallace
con Joseph Frank, biógrafo omnipotente de Fiódor Dostoievski, y el propio
Frank con Mijaíl Bajtín.
Para entregarse a la rusofilia no hace falta —aunque ayuda— beber
una copa de agua y etanol, ni encastrar una matrioska dentro de otra, ni
fatigar los tímpanos con armonías eslavas, ni deleitarse con la inteligencia
kasparoviana, ni recorrer la variopinta geografía del país más extenso del
mundo. Basta leer sus libros.W
MARZO DE 2013
León Muñoz Santini
ARTE Y DISEÑO
Emmanuel Peña
F O R M AC I Ó N
Juana Laura Condado Rosas, María Antonia
Segura Chávez, Ernesto Ramírez Morales
V E R S I Ó N PA R A I N T E R N E T
José Carreño Carlón
D I R E C TO R G E N E R A L D E L F C E
Tomás Granados Salinas
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C O N S E J O E D I TO R I A L
I L U S T R AC I Ó N D E P O R TA DA
León Muñoz Santini y Emmanuel Peña
2
MARZO DE 2013
P O ES Í A
Podemos asomarnos a la tundra literaria porque no han faltado demiurgos que recrean
en las nuestras la inventiva de las letras rusas. Ofrecemos aquí una oda a esos escritores subsidiarios
que impiden que Babel sea el caos que la ira divina quiso para los hombres. Jorge Bustamante García,
poeta de raíz colombiana, asegura que ésta es la primera vez que estos versos del simbolista ruso,
nacido en 1866 y muerto en 1949, llegan a nuestra lengua
Al traductor
V I A C H E S L AV I VÁ N O V
VERSIÓN DE JORGE BUSTAMANTE GARCÍA
ya sea que encuentres la alondra de Virgilio
O el albatros de Baudelaire, o el ruiseñor de Verlaine,
Tu conquista en la otra lengua
Es no dejarte seducir por estos pájaros libres,
Es ser dueño de ti mismo sin violencias.
Mi querido pajarero, es claro que sin esfuerzo
Y sin traiciones no obtendrás nada, poeta,
Aunque hayas sido otro botánico del mal,
Otro pastor de idilio entre las piedras sagradas.
Porque el verso ajeno es resbaladizo como el dios Proteo:
Es imposible abarcarlo temerariamente.
Tienes al pez por la cola, pero él se desliza
Húmedo y escapa de la red endeble.
¡Con Proteo hay que ser Proteo, el equivalente
De una máscara, es una máscara!
Traductor, eres un ocioso que entretiene con su cuento a la gente.W
MARZO DE 2013
3
Fotografía: SÚZDAL © SELMA ANCIRA
Con el testimonio de una traductora
que ha orientado gran parte de su
vida profesional hacia los Urales, con
comentarios sobre una reciente antología
de literatura rusa, con una reseña sobre
un audaz escritor soviético, con un
elogioso ensayo sobre la mayor biografía
de Dostoievski y con la crítica a uno de los
libros clave para entender a este autor:
así confesamos nuestra rusofilia
4
MARZO DE 2013
DOSSIER
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MARZO DE 2013
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MARZO DE 2013
Fotografía: ENTRADA A LA HACIENDA DE TOLSTÓI EN YÁSNAIA POLIANA © SELMA ANCIRA
Fotografía: TOLSTÓI EN SU CABALLO, DEMIR, 1908 © K. BULLA
RUSOFILIA
En 2012, por iniciativa del CNCA, el FCE y la FIL de Guadalajara, se estableció el Premio de
Traducción Literaria Tomás Segovia para destacar la labor de los creadores que han construido
puentes entre el español y otras lenguas. La primera ganadora leyó en el acto de entrega de este
galardón el texto que reproducimos en seguida (hemos puesto los agradecimientos al margen,
para destacar el carácter ensayístico de esta pieza)
ENSAYO
Pares en grandeza
SELMA ANCIRA
A
caso podía haber imaginado ese 12 de septiembre del
ahora ya definitivamente
lejano 1974, cuando aterricé en una Moscú lluviosa
y gris, sintiéndome sorda y
muda en un entorno cirílico en el que apenas era yo
capaz de distinguir la eme
de la te, que hoy me encontraría aquí, tan bien acompañada, celebrando una
fiesta de la literatura y el lenguaje?
Llegué a Moscú atraída por los brevísimos cuentos de Chéjov y las novelas de largo aliento de Dostoievski, por ese loco de Gógol que llevaba un diario y
al que oí monologar en español desde siempre. Fue la
ficción lo que me llevó a Rusia. Ese mundo que mi padre me había descubierto, donde el hombre pequeño
es el protagonista y el alma la mayor preocupación.
Ignoraba entonces, cuando llegué, entre muchas
otras cosas, que en la última década del siglo xix había nacido en el centro de Moscú, en el callejón de los
Tres Estanques, Marina Tsvietáieva, una poeta que,
con la fuerza de sus imágenes y la intensidad de sus
emociones, despertó en mí la pasión por las palabras
y una vocación clara e innegable. La descubrí leyendo las cartas que durante el verano de 1926 se cruzó
con otros dos inmensos poetas: Rainer Maria Rilke
y Borís Pasternak. La descubrí y me enamoré. Me
conquistó el océano que leía con ella, el viento que se
quedaba en el umbral para luego llevarla de regreso
al mar, la negra que en vez de estudiar francés comía
violetas. “Labios azules y violetas azules”, le dice a
Rilke. Cuando terminé de leer aquellas cartas sentí
una necesidad muy grande de comprenderla mejor,
de compartirla, de trasladarla a mi lengua. Me di,
pues, entusiasmada, a la tarea de traducir el libro sin
haber incursionado nunca antes en los caminos de la
traducción. Por amor, por empatía, por admiración,
quizá porque, como la misma Tsvietáieva solía decir,
“ha de traducir quien no escribe lo suyo o prefiere lo
que traduce —a lo que escribe”. La experiencia resultó para mí formidable. De una riqueza inaudita. El
placer de crear en mi lengua las imágenes que me habían maravillado, el reto de reproducir el ritmo de la
prosa y el júbilo de fabricar en el telar de mi idioma
la trama de esa relación epistolar, superaban todo lo
que hasta ese momento había yo vivido.
MARZO DE 2013
Traduje aquellas cartas sin respiro. A veces más
que entendiendo, intuyendo, pero siempre descubriendo, desvelando, desentrañando sentidos y realidades que poco a poco, muy poco a poco, iba haciendo
míos. A partir de ese momento la traducción literaria
se volvió para mí una práctica cotidiana. Más aún: mi
razón de ser. El no poder hacer de otra manera.
Pero mi aprendizaje no había hecho más que empezar. Lentamente fui adquiriendo el oficio y dándome cuenta, entre otras cosas, de que cada autor te
pide ser traducido de una manera distinta. De que
cada uno dispone cómo hay que trabajar con él.
Que te sopla al oído lo que su literatura necesita.
¡Qué disparate traducir a Tolstói con los parámetros con que traduzco a Tsvietáieva, o al revés! Pero
eso lo aprendí con los años, traduciendo. Traduciendo aprendí que tan importante como el diccionario
es la convivencia con el autor: leerlo y releerlo, leer
los libros que él leía y también los que sobre él se
han escrito, adentrarte en sus cartas, en sus diarios, en sus cuadernos de trabajo, visitar los lugares
con él vinculados en busca de sus huellas, en ocasiones aun de sus raíces. Y así, gracias a Tsvietáieva
descubrí, por ejemplo, la obra de Sigrid Undset y leí
con ojos muy distintos a Hector Malot. Tsvietáieva,
a lo largo de todos estos años, me ha llevado a los
más diversos lugares: a Tarusa, nido de aquellas flagelantes que sólo existían en plural, y al río Oká, de
atardeceres interminablemente rojos donde pasó
los veranos de su infancia; a Praga, que en invierno
invita al sueño y donde sólo cuenta el alma, y a sus
alrededores, a los que siempre anheló volver; a París, donde con 17 años conoció más un sueño de París
que París, y también a sus deslucidos suburbios, en
los que años después vivió ya no el esplendor, sino
el exilio, la miseria y la incomprensión; fui siguiéndola a Elábuga, un pequeño poblado perdido en la
lejana república de Tatarstán, donde en agosto de
1941, sabiéndose en un callejón sin salida, puso fin
a sus días; y a Koktebel, bahía en tierra baldía, donde el perfil de roca del también poeta Max Voloshin
se adentra majestuoso en el mar; la encontré en los
cafés del Berlín ruso de los años veinte, en los que
la vida literaria bullía y también en la costa de Liguria, en Nervi, donde todo es azul: los pinos negroazulados, la luna azul claro, y el mar, de un azul tan
oscuro que… En fin, la lista de sus errancias es larga, como largo ha sido mi peregrinar.
Tolstói, con sus diarios y sus cartas (50 volúmenes que yo me propuse reducir a cuatro para el
lector de habla española), me hizo descubrir, entre
muchas otras cosas, la literatura escrita por monjes
a finales del siglo xix. De la lectura de aquellos popes y la fascinación que ejerció sobre mí la crónica
de la vida cotidiana en los dominios athonitas, surgió un viaje al monte Athos. Viajes, siempre viajes…
Por él, por Tolstói, fui a Yásnaia Poliana, ese calvero
rodeado de abetos y abedules donde nació y escribió la mayor parte de su obra y me instalé a trabajar
varios meses ahí, entre sus libros y arropada por su
mundo. Tiempo después, pude ir a la pequeña estación de Astápovo, en la que un 7 de noviembre, muy
temprano por la mañana, murió en el cuarto humilde de un guardagujas. Llegué de noche, como Tolstói. El tiempo parecía haberse detenido. En la estación, las mismas luces débiles de 95 años atrás. El
reloj del andén marca la hora de la muerte del escritor: las seis y cinco. Cuentan que a la luz de la luna,
con un trozo de carbón, un campesino trazó en la
pared contra la que se apoyaba el camastro la silueta del escritor muerto. Aún se ve el trazo. En mis intentos por entender mejor al gran Tolstói, busqué
sus huellas en Spasskoie-Lutovinovo, la hacienda
de Turguéniev, a donde le gustaba ir a caballo por
el mero placer de disfrutar de la naturaleza y conversar con el autor de Padres e hijos, y más tarde en
el monasterio de Óptina Pustin al que, pese a haber
sido excomulgado por la iglesia, acudió en su huida
de Yásnaia Poliana. Tolstói me llevó a Kazán, capital de Tatarstán, entre otras cosas porque ahí comenzó a escribir su diario… Pero quizá el viaje más
intenso haya sido el que realicé sin salir de Moscú,
a la hermética habitación de acero donde se conservan los originales de todas sus obras, de sus diarios
y de su correspondencia. Ahí, con la ayuda de una
lupa y la muy buena disposición de una especialista
versada en su poco clara caligrafía, rescaté algunas
palabras que hasta ese momento habían pasado por
indescifrables y otras que la censura había suprimido y nunca habían visto la luz. ¡Viví momentos de
auténtico júbilo!
Sí, he viajado mucho en busca de mis autores
además de todo porque me gusta acercarme a ellos
también a través de la geografía y traducir las palabras no sólo con ayuda de una enciclopedia o un
diccionario, sino echando mano de eso que te da el
7
Fotografía: RITA KABAKOVA
RUSOFILIA
PARES EN GRANDEZA
Agradecimientos
Buenas noches, добрый вечер, καλησπερα.
Q
uisiera comenzar por expresar mi alegría
y mi gratitud al Consejo Nacional para la
Cultura y las Artes, a la editorial Fondo
de Cultura Económica y a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara por haber creado
este Premio de Traducción Literaria y haberle dado
el nombre de uno de los más grandes traductores y
poetas en nuestra lengua, Tomás Segovia, a quien
tuve la fortuna de conocer y con quien compartí
varios ratos de poesía y animada conversación y más
de una sobremesa inolvidable.
Se me ha concedido el premio en ésta, su primera
edición, y huelga decir que es para mí no nada más
un honor sino una verdadera felicidad estar hoy
aquí, en Guadalajara, con ustedes, para recibirlo.
Me siento no sólo sorprendida y contenta, sino muy
emocionada y consciente de lo que una distinción de
esta magnitud significa. Mi agradecimiento enorme
a los miembros del jurado que repararon en mi labor
y la consideraron digna del recién nacido galardón.
También quiero dar las gracias a todos mis
editores en México y en España, que a lo largo de
estas tres décadas me han otorgado su confianza
y han apoyado mis iniciativas y mi trabajo. Su
quehacer amoroso y esmerado ha hecho que mis
autores aparecieran en español siempre en ediciones
muy hermosas y cuidadas.
Hay, detrás del telón, y hoy, del otro lado
del Atlántico, dos personas a quienes debo el
escrupuloso cotejo de mis empeños: del griego Kleri
Skandami y del ruso Manuel Stacey. Mi gratitud
para ellos.
En cambio está con nosotros Francisco Segovia,
mi amigo y mi poeta (como me gusta llamarlo), a
quien me llena de alegría mencionar esta noche,
aquí, en la concesión del premio Tomás Segovia.
Juntos hemos interpretado a cuatro manos la poesía
de Tsvietáieva y también la de Seferis. Además, de
vez en cuando tocamos músicas distintas: Pushkin,
Pasternak… Sin él, sin Francisco Segovia, mi
biografía literaria cojearía del muy delicado pie de la
poesía. Pancho: como siempre, gracias.
Y, finalmente, no puedo dejar de agradecer a
mis autores, a todos, griegos y rusos, tanto por esos
momentos que parecían imposibles de resolver,
en los que más de una vez me he oído decir: “¡No!,
pero, ¿por qué me hace esto?”, como por los otros,
los que fluían en español sin tropiezos haciéndome
repentinamente feliz. Gracias por sus ideas,
por sus palabras, por sus ritmos enloquecidos y
sus reflexiones filosóficas, por todos estos años
compartidos en los que cada uno de ellos me ha dado
lo mejor que tenía: su literatura.
A mis autores, a mis editores, a José María
Espinasa (Ediciones Sin Nombre), a Jaume
Vallcorba (El Acantilado), a Valeria Bergalli
(Editorial Minúscula) y a Lluis Maria Todo
(Asociación Colegial de Escritores de España), que
creyeron mi trabajo digno de este premio, a todas
las personas que he mencionado y a muchas más que
me han ayudado de manera eventual en este largo
recorrido debo, en buena medida, el honor que esta
noche se me concede.W
SELMA ANCIR A
8
haber caminado las palabras, el haberlas recorri- quecido el suyo. Leer, leer y traducir. Uno aprende
do, respirado, paladeado… Los sonidos, entonces, se traduciendo. Aprende también de sus autores. A Tsllenan de contenido y la traducción, en mi caso, vietáieva le debo, no cabe duda, algunas de las lecse enriquece.
ciones fundamentales sobre el oficio. Ella, a lo largo
Mentiría si dijera que a Grecia me llevó la ficción. de los años, me ha enseñado que, cuando la prosa es
A Grecia me llevó una pasión inexplicable que se música, es indispensable andar de oído. Me ha endespertó en mí muy temprano, antes aun de haber señado también que hay que seguir al autor de muy
aprendido a leer y a escribir. Más tarde, Grecia fue cerca, pero sin caer en la esclavitud, porque, cuando
una constante en mi vida escolar. A su historia y a uno se esclaviza, la traducción (la música en el caso
su arte dedicaba todos mis trabajos y redacciones. de ella) se queda, indefectiblemente, a la zaga del
El Erectión, el Partenón, las Euménides… Más tar- texto original. Por eso, desde hace un poco más de
de aún, casi al final de mis años de estudio en Rusia, dos años, he comenzado a traducir de nuevo las pripude, por fin, comenzar a estudiar griego, pero no meras obras suyas que traduje, entendiendo ahora
el de Esquilo, sino el de Seferis. Con unos conoci- la traducción literaria de una manera muy distinta
mientos bastante rudimentarios del idioma llegué a como la intuía cuando, como hechizada, traduje
a Grecia decidida a aprender la lengua y con la ilu- por primera vez las Cartas del verano. Entre la prisión de adentrarme en la cultura y en la vida de ese mera edición de este libro y la última, la del verano
país que había ejercido en mí una extraña y podero- pasado, hay treinta años de oficio y aprendizaje.
sa fascinación.
Tolstói, en cambio, me enseñó el rigor y la huYa ahí, una calurosa mañana, cuando paseaba mildad. Es poco conocida su faceta como traductor,
por el centro de Atenas, descubrí, en una edición pero tradujo siempre. Ya desde muy joven, se impomuy bella, el Sueño de un mediodía de verano de nía el ejercicio de la traducción “de alguna lengua
Yannis Ritsos, poeta al que yo conocía sobre todo extranjera al ruso para desarrollar la memoria y el
por la música de Theodorakis. Compré el libro. Me estilo” (la cita es de su Diario, de la entrada del 24
emocionaba pensar que quizá ya sería capaz de leer de marzo de 1851). A lo largo de su vida, Tolstói trauna obra en griego. En las páginas del Sueño descu- dujo entre muchos otros autores a Sterne, a Pascal,
brí imágenes que intuía hermosas, aunque los de- las fábulas de Esopo y, a la usanza de aquel entontalles se me escaparan y los matices se confundie- ces, incluso a Lao-Tsé del francés.
ran… Lentamente, con la ayuda de un diccionario,
He hablado de viajes, de estancias en diversos lufui descubriendo lo que el melodioso sonido de los gares, de seguir el rastro de mis autores, de desenversos ocultaba. Me enamoré del poema. Quise tra- terrar sus manuscritos en mis intentos por realizar
ducirlo por el placer de recrear en mi lengua lo que un trabajo serio y lo más rico posible. Si he podido
el poeta había creado en la suya, por el innegable trabajar de esta manera, es porque he contado desdeleite de inventar en español imágenes con tonali- de hace años con el constante apoyo del Fondo Nadades inequívocamente helénicas.
cional para la Cultura y las Artes. Gracias a las beTraduje a Ritsos y luego, cuando volví a México cas recibidas pude instalarme en Moscú y trabajar
después de tantos años de peen la biblioteca de Tolstói para
regrinaje por las aulas de las
hacer una selección coherente
dos universidades en las que
de prosa íntima, realizar conme formé, don Jaime García
sultas, resolver dudas y sólo
Terrés, que entonces era direcdespués ofrecer a mis lectotor del Fondo, me propuso la
res ese retrato en movimiento
aventura de descubrir a nuesque hace de sí mismo en sus
tros lectores los ensayos que
diarios y en sus cartas; o, más
Seferis escribió sobre los más
recientemente, pude viajar a
diversos temas, dándome así la
Chipre en busca del Chipre de
oportunidad de adentrarme en
Seferis y adentrarme en la culel mundo griego con una protura y en la historia de ese país,
fundidad con la que no lo había
intentando evitar los errores
hecho hasta entonces. Duranque son producto del descote más de una década fue Sefenocimiento, y procurando que
ris quien me guió por los inter- EL DEPARTAMENTO
el libro que estaba en gestaminables senderos del mundo DE ZOIA
ción tuviera un desarrollo lo
helénico. Por él y con él fui de
más feliz posible. Mi gratitud
la Creta del Erotókritos a las M I J A Í L B U L G Á K O V
al Fonca. Sin su apoyo, mis liiglesias rupestres de Capadobros, no serían lo que son.
cia, de la pintura de Theófilos Considerado uno de los más
No quisiera terminar sin
en Lesbos al viejo barrio ate- importantes escritores de la Rusia
haber mencionado que, hace
niense de Makriyannis. Por él soviética, Mijaíl Bulgákov no ha
cuatro años, a los traductores
supe del sentimiento de eter- tenido una difusión a la altura
literarios, en México, el Fonca
nidad y también que todo está de la calidad de su obra. Tan sólo
nos otorgó el estatus de creaen la extinta urss el grueso de su
lleno de dioses.
dores, suscribiendo así la teoTomás Segovia decía que la producción tuvo que esperar el
ría de Octavio Paz, a propósito
traducción literaria es una ar- deshielo —y la muerte de su autor—
de que la obra original y la obra
tesanía. No una profesión, re- para ser conocida por sus propios
traducida se encuentran en un
calcaba, sino en todo caso un coetáneos. Y no hay mucho que
mismo nivel creativo. Ésta es
oficio, y se llamaba a sí mismo, decir de otras latitudes, donde sus
una idea que a su vez formula,
y nos llamaba a todos los tra- trabajos han llegado a cuentagotas.
desde el exilio ruso en París,
ductores, artesanos de la len- Desde hace algunos años, en nuestro
Marina Tsvietáieva en el ensagua. Decía Tomás que en este idioma es ya conocida la narrativa
yo “Dos reyes de los elfos”, donoficio nuestro son dos las co- de Bulgákov, pero ha sido relegada
de, tras un análisis riguroso de
sas que más cuentan: el don y su igualmente brillante faceta de
la versión que el poeta y trala experiencia. Tan importan- dramaturgo. El departamento de
ductor Vasili Zhukovski hizo
te es la facilidad, la aptitud, las Zoia, traducido y prologado por
del poema de Goethe, concluye:
facultades, como el tiempo, es Selma Ancira, es una despiadada
“Son pares en grandeza. Al
decir, la práctica, la pericia, la sátira sobre la incipiente sociedad
cabo de cien años la traducción
seriedad. No cabe duda de que soviética, en particular de taras
ha dejado de ser traducción para
es así. El aprendizaje es cons- como la corrupción, la megalomanía
convertirse en original.
tante. Y creo que buena parte y algunos atavismos reaccionarios.
”Son pares en grandeza, pero
de dicho aprendizaje consiste En esta obra puede verse el perenne
son muy diferentes. Son dos ‘reen leer, leer a los grandes de intento de cada personaje por burlar
yes de los elfos’.
la lengua de la que se traduce, a la autoridad en busca de alguna
”Dos variaciones sobre el
pero sobre todo leer a los gran- salida que logre poner fin a su incierta mismo tema, dos visiones de lo
des de la lengua a la que se tra- y precaria situación. (Éder Suárez)
mismo, dos testigos de la misma
duce. El lenguaje es el instruvisión.
mento de trabajo del traductor cuadernos de la gaceta
”Cada uno lo vio desde sus
de Selma Ancira
y es indispensable mantenerlo Traducción
ojos.”
1ª ed., 1987, 86 pp.
vivo, no dejar que se enmohez- 968 16 2677 X
Muchas gracias.W
ca, no permitir que se acartone
o se deteriore, enriquecerlo si
Selma Ancira es traductora.
el autor que traduces ha enri-
MARZO DE 2013
Fotografía: ELÁBUGA, ISBÁ DONDE SE SUICIDÓ TSVIETÁIEVA © SELMA ANCIRA
RUSOFILIA
A mediados de 2012 el Fondo puso a circular un volumen atípico: Paisaje caprichoso
de la literatura rusa, un compendio que da cuenta por un lado, así sea mínimamente,
de la amplitud de registros de las letras rusas clásicas y por otro de la agradecible devoción
de Selma Ancira por ese universo artístico. Sirvan estos párrafos para encomiar la labor
de esta fina traductora, greco-rusa por apetencias literarias
R ES EÑA
Tres apuntes para saludar
a Selma Ancira
R A FA E L VA R G A S
A
mediados de 1985 yo trabajaba en el Fondo de Cultura Económica. (Trabajé
en esta casa editorial casi
un lustro, en la época en
que la dirigía Jaime García
Terrés.) Una mañana don
Jaime me llamó a su oficina y me dijo que quería
que dictaminara un libro
que alguien había entregado al Fondo unos días antes. El libro era Sueño de un mediodía de verano, del
poeta Yannis Ritsos, traducido directamente del griego por una muchacha llamada Selma Ancira.
Le comenté a don Jaime que yo no era el más
adecuado para dictaminar la calidad de la traducción del libro de Ritsos, puesto que no sabía ni una
palabra de griego. “Pero eres lector de poesía —me
dijo— y lo que quiero saber es cómo te suena esta
versión en español.” Leí encantado el pequeño libro. No sólo porque Ritsos es un gran poeta —y
Sueño de un mediodía de verano, en particular, uno
de sus libros más felices—, sino también porque la
traducción era muy buena, absolutamente límpida, como lo habrán comprobado muchos lectores,
desde que apareció impresa en junio de 1986 en la
colección Cuadernos de La Gaceta (hoy está disponible en Centzontle).
Llamamos al fotógrafo ambulante que pasaba
esa mañana por el campo.
MARZO DE 2013
Nos sentamos bajo los almendros, pusimos en
medio a la abuela y al abuelo y apretamos los labios
para no reír al mirar la ventanita redonda parecida
al ojo de una vaca somnolienta.
En la fotografía no aparecieron nada más que
flores, mariposas y sol.
Rió la abuela y el abuelo también cuando vieron que no somos más que flores,
mariposas y sol.
Reímos nosotros y todo alrededor, y
todo dentro de nosotros reía —todo: las flores, las mariposas y el sol.
A raíz de la edición de ese libro empecé
a tratar a Selma, que era entonces una
veinteañera más o menos desconocida en
el ámbito literario de nuestro país (tenía
apenas tres años de haber vuelto de Atenas), salvo en el medio teatral —en el cual
había hecho sus pininos como traductora, vertiendo del ruso a nuestro idioma
un par de obras basadas en novelas de
Fiódor Dostoievski: Pobres gentes y Crimen y castigo, escenificadas en 1982— y
entre algunos lectores atentos de poesía,
pues en 1984 Siglo XXI Editores había
publicado su traducción de la excepcional correspondencia entablada por los
poetas Borís Pasternak, Rainer Maria
Rilke y Marina Tsvietáieva: Cartas del
verano de 1926, el libro que descubrió la
obra de la enorme poeta moscovita a los lectores de
habla hispana.
Sorprendía que una muchacha tan joven conociera con tanta profundidad dos idiomas tan poco usuales entre nosotros como el griego y el ruso, y que le
entusiasmara traducir al español poesía,
prosa y teatro de ambas lenguas. Pero
cuando uno comenzaba a conocer su biografía muchas cosas se volvían claras. Hija
de la narradora yucateca Thelma Berny,
y de uno de los más fervientes eslavófilos
que haya habido en México, el gran actor
Carlos Ancira (a quien los que tuvimos la
suerte de verlo en el escenario le debemos memorabilísimas interpretaciones
de Gogol, de Chéjov, de Andreiév, entre
otros clásicos rusos), apenas salida de la
adolescencia Selma decidió seguir el caPAISAJE
CAPRICHOSO DE
mino que le mostró su padre y en 1974, a
los 18 años de edad, se marchó a Moscú
LA LITERATURA
RUSA
a estudiar la preparatoria. Fue un gesto
de valentía del que muy poca gente haANTOLOGÍA
bría sido capaz, pues aún no hablaba una
gota de ruso. Ocho años después obtendría su doctorado en historia de la literatezontle
Traducción y
tura rusa por la Facultad de Filología de
selección
la Universidad Estatal de Moscú.
Sobra decir que Selma no tardó en
de Selma Ancira
convertirse en una amiga muy cercana
1ª ed., 2012, 331 pp.
978 607 16 0628 0
del Fondo. García Terrés le pidió que tradujera los tres volúmenes de ensayos de
$280
9
Fotografía: COCINA DE LA CASA DE CAMPO DE CHÉJOV, EN MÉLIJOVO © SELMA ANCIRA
RUSOFILIA
TRES APUNTES PA RA SA LU DAR A SELMA ANCIRA
que a Grecia se refiere a Alfonso Reyes, al recientemente fallecido Rubén Bonifaz Nuño, a Jaime García Terrés, a Carlos Montemayor
y, entre sus colegas, a Carmen
Chuaqui y a Natalia Moreleón.
Llama la atención, ante el escaso número de traductores directos del ruso que hemos tenido, no sólo en México sino en el
orbe de habla hispana en general, que los autores rusos siempre hayan formado parte importante del universo cultural
en que vivimos. Baste con recordar que en el proyecto editorial
que José Vasconcelos lanzó en
los años veinte Tolstói ocupaba un sitio prominente al lado
EL PRISIONERO
de los Evangelios, la Ilíada y la
DEL CÁUCASO
Odisea, y clásicos como Plutarco
y Dante. Y otro proyecto semeALEX ANDR PUSHKIN
jante, probablemente inspirado
en el de Vasconcelos, pero con
En la obra de Alexandr Pushkin
la mira de llegar a toda Hispa—que recorre un abanico anchísimo,
noamérica, los Clásicos Jackson,
desde el cuento breve y fantástico
integra también entre sus veinhasta el poema épico— pueden
ticuatro volúmenes —en los que
encontrarse las raíces de una
figuran Shakespeare, Montaigvigorosa tradición literaria. En la
ne, Quevedo y Goethe— dos deextinta colección Cuadernos de La
dicados a escritores rusos. En el
Gaceta se publicaron tres piezas
caso de los clásicos de Vasconceclave de la vasta creación pushkiana,
los no sabemos quién o quiénes
todas traducidas por Selma Ancira,
tradujeron el volumen de Tolsquien, con ayuda de Gerardo Torres,
tói; en el de los Clásicos Jacklogró verter en líricos endecasílabos
son, sí: pero sólo dos de los cuatoda la belleza de “El prisionero del
tro traductores —Ricardo Baeza
Cáucaso”, poema escrito en 1821 que
y Alfonso Nadal— son escritoexplora la versión eslava de eso que
res nativos de lengua hispana;
durante el siglo xix se conoció como
el otro par son dos rusas que se
spleen. A continuación se encuentra
asentaron en Buenos Aires: Vera
“Roslavliev”, breve relato histórico
Macarov y Nina Maganov.
sobre la invasión napoleónica de 1812
Señalo todo esto sólo para
y que, a la larga, inspiraría a Tolstói
subrayar que en verdad es un
para escribir su obra maestra. La
lujo contar con alguien que trasúltima de las tres piezas es “Noches
lada de manera directa a nuestro
egipcias”, narración inconclusa que
idioma un mundo tan vasto y tan
deja ver los nuevos caminos que su
diverso como el de la literatura
autor comenzaba a explorar y que,
rusa que, como lo muestra Paia decir de Edmund Wilson, habría
saje caprichoso de la literatura
alcanzado la talla de Shakespeare de
rusa, aún no hemos acabado de
no haber muerto prematuramente.
descubrir a cabalidad. Así nos lo
(Éder Suárez)
ha mostrado la propia Selma Ancira, que cada año pone ante nocuadernos de la gaceta
sotros nuevos tesoros de autores
Traducción de Selma Ancira
1ª ed., 1988, 84 pp.
cuyos nombres nunca antes o
968 16 2915 9
apenas habíamos escuchado.
El estilo griego, obra de otro enorme poeta heleno,
Giórgos Seféris, y Selma propuso y realizó, en colaboración con el poeta Gerardo Torres, la traducción de
un gran clásico de la poesía
rusa: El prisionero del Cáucaso, de Alexandr Pushkin, que
también apareció en Cuadernos de La Gaceta. Esto ocurría hacia 1988. De entonces
a la fecha Selma ha traducido
casi un centenar de libros.
II
Son muy pocos los escritores entre nosotros que se
entregan con tanto ahínco a
la traducción y, por supuesto, menos aún los que traducen de idiomas tan distintos
y distantes como el ruso y el
griego. Nuestro primer eslavófilo es, indudablemente,
Sergio Pitol, que entre otros
autores rusos ha traducido a Chéjov, a Boris Pilniak,
a Nabokov y a través de sus
ensayos nos ha hecho leer a
Tolstói, a Víktor Shklovski y
a Mijaíl Bajtín.
Para nuestra suerte, vive
en México un poeta colombiano, Jorge Bustamante
García —a quien en realidad
se puede considerar mexicano sobradamente, pues la
mitad de su vida la ha pasado en nuestro país—, que ha
traducido sobre todo libros
de poesía y de ensayos de
poetas como Ana Ajmátova,
Alexandr Blok y Osip Mandelstam; un mínimo ejemplo de su sostenida vocación
está en la página 3 de este
número.
Y el investigador teatral
Armando Partida ha traducido autores rusos —sobre todo
dramaturgos, naturalmente.
No entraré en el terreno de la traducción del griego para no apartar nuestra
atención del objeto de esta
entrega de La Gaceta, pero
es obligado mencionar como
predecesores de Selma en lo
10
III
Paisaje caprichoso de la literatura rusa surgió de la
invitación que me hizo un querido amigo, Arturo
Saucedo, para coordinar las actividades literarias
de un encuentro entre una delegación de artistas
mexicanos y la comunidad de Perm, una pujante
ciudad en el extremo oriente de Rusia con la que
nuestro país tiene una intensa relación comercial.
Se trataba de un encuentro pactado por la comisión
de cultura de la Cámara de Diputados de México y
las autoridades culturales de Perm desde comienzos de 2011. (Ese encuentro se realizó en junio de
2012 en el marco de un festival cultural anual conocido como las Noches Blancas, originalmente celebrado en San Petersburgo, pero también muy célebre en la región de Perm.)
Nos pareció que para dejar constancia perdurable del interés de México en la cultura y, específicamente, en la literatura rusa, lo mejor que podría
hacerse sería obsequiar a los amigos rusos un libro
que les dejara ver que no sólo sus autores clásicos
(las obras típicas de sus autores clásicos) despertaban la curiosidad de los lectores mexicanos, sino
que en varios de esos lectores existía una clara conciencia de la vastedad y diversidad de la obra de esos
mismos clásicos, y un creciente interés por la creación de los narradores y poetas que les seguían.
La muestra debería ser, al mismo tiempo, una novedad para los lectores de lengua española no especializados, sobre todo para los más jóvenes, a quienes este libro busca revelarles la infinita vastedad
espiritual del paisaje eslavo. Por ende, había que hacer algo muy distinto de las compilaciones habituales. Y, por supuesto, la persona indicada para hacer
eso era Selma Ancira, cuyo entusiasmo fue el ingrediente esencial para hacer posible la existencia de
este Paisaje caprichoso de la literatura rusa, reunión
de relatos y ensayos de Dostoievski, Tolstói, Chéjov
y Gogol —entre los nombres que nos resultan absolutamente familiares—, lo mismo que de Goncharov,
Strájov y Gumiliov, entre los que son menos conocidos. Todos son textos extraordinarios —ejemplares,
como bien señala Juan Villoro en el extenso prólogo escrito expresamente para presentarlos—, sea la
soberbia descripción de Roma que hace Gogol bajo
la excusa de una historia de amor, o la densa meditación sobre el arte en que se abisma Tsvietáieva en el texto que cierra esta heterodoxa antología
que —me gusta creerlo— forma parte de las razones
por las que Selma Ancira obtuvo a finales de 2012
el Premio de Traducción Literaria Tomás Segovia,
un reconocimiento justo, e indispensable, diría,
para quien ha dedicado la mitad de su vida al arduo
y misterioso oficio de traducir.W
Rafael Vargas es, entre otras monerías literarias,
traductor de poesía.
MARZO DE 2013
Imágenes: EL LISSITZKY. PARA LA VOZ, DE VLADIMIR MAYAKOVSKY, 1923
RUSOFILIA
A finales de 2012 el Fondo publicó en Buenos Aires un volumen con la traducción
de dos libros autobiográficos del formalista ruso Víktor Shklovski. Como su propia
vida, ambas obras están marcadas por el contraste, la exploración, la búsqueda
de rigor analítico. Hay en su prosa una cadencia singular, que subraya los
mecanismos formales de la literatura que tanto lo atrajeron
R ES EÑA
Víktor Shklovski:
vencedor en Hamburgo
JOSÉ MANUEL PRIETO
E
n cierta ocasión, el ya nonagenario Víktor Shklovski
tomó un taxi en los bajos de
su apartamento moscovita.
Intenta darle instrucciones al taxista de hacia dónde viajar, pero lo encuentra
absorto en la lectura de un
breve libro. “¿Qué está leyendo?”, se interesó el escritor. “Ah, no lo entenderá usted —fue la respuesta—,
es algo del primer Shklovski.” La anécdota, real, contada por el último secretario del autor de La tercera
fábrica. Érase una vez, nos da la exacta medida de la
carrera literaria de quien hoy día es considerado uno
de los fundadores de la crítica literaria moderna. Del
protagonismo más glamoroso en su juventud a una
larga vida más o menos en un segundo plano y de
vuelta hoy día al centro de la atención de los lectores,
sus obras traducidas a infinidad de lenguas.
Nacido en 1893, Víktor Shklovski fue un mal estudiante que nunca se graduó de la escuela preuniversitaria ni terminó universidad alguna. En 1916,
mucho antes del ajetreo conspirativo en que se
MARZO DE 2013
verá envuelto durante los tumultuosos años de la
revolución, funda junto con Yuri Tinianov, Boris
Eichenbaum y Ósip Brik el Opoyaz (por las siglas
en ruso de Sociedad para el Estudio de la Lengua
Poética, Obshchestvo Izucheniya Poeticheskogo Yazyka). Todavía no son los “formalistas rusos”, no saben que están haciendo historia. Simplemente son
unos jóvenes que quieren entender cómo está hecha
la literatura, sus más secretos mecanismos formales. Contemporáneos de Einstein y de sus sorprendentes indagaciones en el tiempo, buscan aplicar a la
literatura el mismo análisis riguroso, científico. Tinianov se ocupará de la obra de Alexander Pushkin,
Eichenbaum escribirá su célebre ensayo Cómo está
hecho El Capote de Gógol, mientras que Shklovski,
que no aprenderá lengua extranjera alguna, estudiará sin embargo la obra del escritor inglés Laurence Sterne, autor de ese libro, “formalista” donde los
haya, La vida y las opiniones del caballero Tristram
Shandy, de 1759.
Pero la revolución sigue su curso. Shklovski, afiliado al Partido de los Social Revolucionarios, toma
el bando de la contrarrevolución, pelea contra el poder soviético. Vive los momentos difíciles de la Gue-
rra Civil, las hambrunas, las enfermedades: “Volví
a Petrogrado, después me enfermé de ictericia, andaba de color rojo-amarillo; no era el color de un canario; aquí el rojo pasaba al anaranjado, y el blanco del ojo se ponía amarillo. La ictericia deprime la
psiquis de uno, durante la ictericia uno no tiene ganas de bromear ni de hablar.”
En el momento en que los rusos desatan el Terror Rojo, decide dejar la política y regresa a San Petersburgo. Pero en 1922, la Cheká lo está buscando
y atraviesa a pie el golfo de Finlandia congelado y
huye al vecino país. De allí se traslada a Berlín, donde se inserta en la colonia de rusos blancos, en la
que, entre muchos otros, ha comenzado su brillante carrera el joven Vladimir Nabokov. Shklovski se
enamora perdidamente de Elsa Troilet, la futura
escritora francesa de fama, y a ella dedica las Zoo o
cartas no de amor (1923), uno de sus libros más conocidos en español.
Cuando regresa a Moscú en 1925 se asocia al grupo Frente Izquierdo del Arte, lef, cercano al espíritu del Opoyaz, y se gana la vida trabajando en la Tercera Fábrica de Cine, mientras escribe y continúa
sus meditaciones formales: “SoyPA S A A L A PÁ G I N A 1 8
11
12
MARZO DE 2013
Fotografía: L. A. CICERO, STANFORD NEWS
RUSOFILIA
El esfuerzo intelectual que realizó Joseph Frank para escribir su contundente biografía
de Dostoievski es digna de admiración. El profesor de la Universidad de Stanford no sólo hizo
un puntilloso seguimiento de la vida del escritor ruso sino que atendió con igual atención
el clima moral, político, social en que vivió Fiódor Mijáilovich. Aquí, un desenfadado
Wallace encomia ese trabajo descomunal
ENSAYO
El Dostoievski
de Joseph Frank
D AV I D F O S T E R WA L L A C E
E
chemos un vistazo introductorio a un par de citas.
La primera es de Edward
Dahlberg, un cascarrabias
de la talla de Dostoievski
como no ha habido otro en
lengua inglesa: “El ciudadano se protege a sí mismo
de la genialidad mediante el
culto a los iconos. Gracias al
toque de la vara de Circe, los alborotadores divinos
se transforman en bordados porcinos.”1
La segunda es de Padres e hijos de Turguéniev:
“—En el presente, la negación es lo más útil que
hay… y nosotros lo negamos…
”—¿Todo?
”—¡Todo!
”—¿Cómo? No solamente el arte y la poesía… sino
hasta… pero es horrible…
”—Todo —repitió Bazarov, con una serenidad
indescriptible.”
Para ponernos en antecedentes, en 1957 un tal Joseph Frank, que entonces tiene 38 años y es profesor de literatura comparada en la Universidad de
Princeton, está preparando una conferencia sobre
el existencialismo, y empieza a trabajar en Memorias del subsuelo, de Fiódor Mijáilovich Dostoievski.
1 “Can These Bones Live?”, en The Edward Dahlberg Reader, New Directions, 1957.
MARZO DE 2013
Tal como puede confirmar cualquiera que la haya
leído, Memorias… (1864) es una novelita impresionante pero considerablemente extraña, y estas
dos cualidades tienen que ver con el hecho de que
el libro resulta al mismo tiempo universal y particular. La “enfermedad” que su protagonista se ha
diagnosticado a sí mismo —una mezcla de ostentosidad y desprecio por sí mismo, de furia y cobardía, de fervor ideológico y de incapacidad cohibida
para actuar basándose en sus convicciones: he ahí
su carácter paradójico que se niega a sí mismo— lo
convierte en una figura universal en la que todos
podemos ver partes de nosotros mismos, la misma
clase de personaje literario que no envejece nunca,
como Áyax o Hamlet. Pero al mismo tiempo, Memorias del subsuelo y su Hombre del Subsuelo son en
realidad imposibles de entender sin conocer el clima intelectual de Rusia en la década de 1860, sobre
todo por la conmoción provocada por el socialismo
utópico y el utilitarismo estético, de moda por entonces entre la intelligentsia radical, unas ideologías que Dostoievski odiaba con esa pasión con que
solamente podía odiar Dostoievski.
Sea como sea, el profesor Frank, que estaba revisando parte de esta información sobre el contexto
particular del libro para ofrecer a sus alumnos una
lectura exhaustiva de Memorias…, empieza a interesarse en usar la narrativa de Dostoievski como
una especie de puente entre dos formas distintas de
interpretar la literatura: un acercamiento estético
puramente formal versus una crítica socioideológica que sólo se preocupe por los temas y los supues-
tos filosóficos que hay detrás de ellos.2 Ese interés,
sumado a cuarenta años de trabajo académico, ha
generado los cuatro primeros volúmenes de un proyecto de estudio en cinco libros de la vida, la época y
la obra de Dostoievski. Todos los volúmenes los ha
publicado en español el Fondo de Cultura Económica. Los cuatro se titulan Dostoievski y luego cada
uno tiene un subtítulo: Las semillas de la rebelión,
1821-1849 (1984), Los años de prueba, 1850-1859
(1986), La secuela de la liberación, 1860-1865 (1993)
y Los años milagrosos, 1865-1871 (1997).3* El profesor Frank debe de tener ahora unos 75 y, a juzgar
por la foto de él que sale en la contraportada de Los
años milagrosos, no tiene precisamente una salud
de hierro4 y lo más probable es que todos los académicos serios especializados en Dostoievski estén
esperando con ansiedad a ver si Frank aguanta lo
bastante como para llevar su estudio enciclopédico
hasta el principio de la década de 1880, cuando Dos-
2 Por supuesto, la teoría literaria contemporánea consiste básicamente
en demostrar que no existe ninguna distinción real entre estas dos formas de leer: o mejor dicho, en demostrar que la estética casi siempre se
puede reducir a ideología. Para mí, una razón de que el proyecto general
de Frank valga tanto la pena es que muestra una forma completamente
distinta de engarzar las lecturas formales con las ideológicas, un método
que no es ni de lejos tan abstruso ni (a veces) tan simplista ni (demasiado a
menudo) tan destructor del placer como la teoría literaria.
3* Este ensayo fue escrito antes de que, en 2002, Frank publicara el
quinto volumen: El manto del profeta, 1871-1881 (2010); aquí y en el texto,
el año entre paréntesis se refiere a la edición en español. [N. del e.]
4 Me imagino que la cantidad de horas de biblioteca que debe haberse
pasado bastaría para destruir a cualquiera.
13
Fotografía: SÚZDAL© SELMA ANCIRA
RUSOFILIA
EL DOSTOIEVSKI DE JOSEPH FRANK
toievski terminó la cuarta de sus Grandes Novelas,5
pronunció su famoso discurso sobre Pushkin y se
murió. Aun en el caso de que el quinto volumen de
Dostoievski no se publique nunca, la aparición del
cuarto garantiza el estatus de Frank como el definitivo biógrafo literario de uno de los mejores narradores que hayan existido jamás.
¿Soy una buena persona? En el fondo, ¿de verdad
quiero ser una buena persona o solamente quiero parecer una buena persona para que la gente (incluido
yo mismo) me apruebe? ¿Existe alguna diferencia?
¿Cómo puedo siquiera saber que me estoy engañando
a mí mismo, en términos morales?
En cierta manera, los libros de Frank no son realmente biografías literarias, por lo menos no en el
mismo sentido en que lo son el libro de Ellmann sobre Joyce o el de Bate sobre Keats.6* Para empezar,
Frank es tanto un historiador de la cultura como un
biógrafo: su meta es presentar un contexto preciso y
exhaustivo para las obras de fmd, enmarcar la vida
y la obra del autor dentro de una crónica coherente
de la vida intelectual de la Rusia del siglo xix. James
Joyce de Ellmann, que viene a ser el punto de referencia a partir del cual se juzgan la mayoría de las biografías literarias, no llega al grado de detalle que alcanza Frank cuando habla de ideología o de política
o de teoría social. Lo que pretende Frank es mostrar
que es imposible hacer una lectura exhaustiva de la
narrativa de Dostoievski sin una comprensión detallada de las circunstancias culturales en que se concibieron los libros y a las que éstos querían aportar
algo. Esto —sostiene Frank— se debe a que las obras
de madurez de Dostoievski son fundamentalmente
ideológicas, y no se pueden apreciar plenamente a
menos de que uno entienda las intenciones polemistas que las animan. En otras palabras, la mezcla de
universal y particular que caracteriza a Memorias
del subsuelo7 marca en realidad la mejor obra de fmd,
un escritor cuyo “deseo evidente” —dice Frank— es
5 Entre los paralelismos asombrosos con Shakespeare está el hecho de
que fmd tiene cuatro obras de su “periodo de madurez” que se consideran obras maestras totales: Crimen y castigo, El idiota, Los demonios y Los
hermanos Karamázov, en todas las cuales hay asesinatos y son (me parece
razonable) tragedias.
6* El autor se refiere a James Joyce, de Richard Ellmann (Barcelona,
Anagrama, 2002), y John Keats, de Walter Jackson Bate (1963). [N. del e.]
7 El volumen tercero, La secuela de la liberación, incluye una muy buena lectura explicativa de Memorias…, que localiza la génesis del libro en
una réplica al “egoísmo racional”, puesto de moda por el libro ¿Qué hacer?
de N. G. Chernishevski, e identifica al Hombre del Subsuelo básicamente como una caricatura paródica. La explicación que da Frank de la mala
lectura generalizada que se hace de Memorias… (mucha gente no lee el libro como un conte philosophique y da por sentado que Dostoievski ideó al
Hombre del Subsuelo como un arquetipo serio al nivel de Hamlet) también contribuye a aclarar por qué las novelas más famosas de fmd a menudo se leen y se admiran sin apreciar en absoluto sus premisas ideológicas:
“La función paródica del personaje [del Hombre del Subsuelo] siempre ha
quedado encubierta por la inmensa vitalidad de su encarnación artística.”
Es decir, que en cierto sentido Dostoievski era demasiado bueno para lo
que le convenía.
14
“dramatizar sus temas morales y espirituales usando como telón de fondo la historia de Rusia”.
Otro rasgo original de la biografía de Frank es la
cantidad de atención crítica que dedica a los libros
que escribió Dostoievski. “Es la producción de semejantes obras maestras lo que hace que valga la
pena narrar la vida de Dostoievski —dice en su prefacio a Los años milagrosos—, y mi propósito, igual
que en los volúmenes anteriores, es mantener los
libros continuamente en primer plano en lugar de
tratarlos como meros accesorios a la vida en sí.” Por
lo menos un tercio del cuarto volumen se dedica a
realizar lecturas atentas de todo lo que Dostoievski escribió durante ese lustro asombroso: Crimen y
castigo, El jugador, El idiota, El eterno marido y Los
endemoniados.8 Estas lecturas intentan ser explicativas en vez de argumentativas o basadas en la
teoría. Su meta es mostrar con la mayor claridad
posible lo que el mismo Dostoievski quería que significaran los libros. Por mucho que su método presuponga que no existe la Falacia Intencional,9 este
8 A este último Frank se refiere como Los demonios. Una señal de los
formidables problemas que surgen a la hora de traducir el ruso literario
es el hecho de que muchos libros de fmd tienen títulos alternativos en distintos idiomas: la primera versión que yo leí de Memorias del subsuelo se
titulaba Recuerdos de un sótano oscuro.
9 Ni una sola vez en los cuatro volúmenes el profesor Frank menciona
la Falacia Intencional7a ni tampoco intenta prevenir la objeción de que su
biografía la comete por todas partes. En cierta forma, esto es comprensible, ya que el tono que Frank mantiene durante todas sus lecturas es un
tono de máximo comedimiento y objetividad: no intenta imponer ninguna teoría en particular ni ningún método para descifrar a Dostoievski. Y
evita cualquier enfrentamiento con críticos que hayan elegido aplicar los
filos de sus diversas hachas sobre la obra de fmd. Cuando Frank quiere
cuestionar o criticar una lectura determinada (como en sus ataques ocasionales a Problemas de la poética de Dostoievski de Bajtín, o en una réplica verdaderamente brillante a “Dostoievski y el parricidio” de Freud,
que aparece en el apéndice al volumen i), siempre lo hace limitándose a
señalar que los datos históricos o las notas y cartas del propio Dostoievski
contradicen ciertos presupuestos que ha hecho el crítico. Su argumento
nunca es que la otra persona se ha equivocado, sino que no cuenta con todos los datos.
Lo que también resulta interesante aquí es que Joseph Frank maduró como académico justo cuando la Nueva Crítica se estaba afianzando
en las universidades estadunidenses, y que la vieja Falacia Intencional es
una de las piedras angulares de la Nueva Crítica. Así pues, en el hecho de
que Frank no se esté limitando a rechazar la fi o a dar argumentos en su
contra, sino que actúe como si ni siquiera existiera, resulta tentador imaginar toda clase de maravillosas corrientes parricidas girando en torno a
su proyecto: Frank haciéndole una gigantesca trompetilla silenciosa a sus
viejos maestros. Pero si recordamos que el hecho de que la Nueva Crítica
quitara al autor de la ecuación interpretativa hizo mucho para preparar
el terreno para la teoría literaria posestructuralista (como, por ejemplo, el
constructivismo, el psicoanálisis lacaniano, los estudios culturales marxistas/feministas, el nuevo historicismo de Foucault o Greenblatt, etcétera), y que la teoría literaria suele hacerle al texto en sí lo que la Nueva Crítica le había hecho al autor del texto, entonces empieza a dar la impresión
de que Joseph Frank simplemente está dando un viraje desde el principio
para alejarse de la teoría7b y tratando de componer un sistema de lectura e
interpretación que sea tan completamente distinto que parezca (el método de Frank) un asalto más elocuente a las premisas de la teoría literaria
de lo que sería cualquier ataque frontal.
7a
En caso de que haya pasado mucho tiempo desde que usted cursó Literatura i, la Falacia Intencional = “La evaluación del significado o del éxito de
una obra de arte basándose en las intenciones expresas u ostensibles del
autor a la hora de producirla”. La fi y la Falacia Afectiva (= “La evaluación
de una obra de arte basándose en sus resultados, sobre todo en su efecto
emocional”) son las dos grandes prohibiciones de la crítica textual objetivista, y sobre todo de la Nueva Crítica.
hecho parece justificado prima facie por el proyecto global de Frank, que consiste siempre en seguir
y explicar la génesis de las novelas en función del
compromiso ideológico que tenía Dostoievski con
la cultura y la historia rusas.10
¿Qué quiere decir exactamente “fe”? Por ejemplo, “fe
religiosa”, “fe en dios”, etcétera. ¿No es básicamente
una locura creer en algo de lo que no hay pruebas?
¿Acaso hay alguna diferencia entre lo que nosotros
llamamos fe y el hecho de que una tribu primitiva sacrificara vírgenes en volcanes porque creían que eso
les iba a traer buen tiempo? ¿Cómo puede alguien tener fe antes de que le hayan presentado las razones
suficientes para tenerla? ¿O es que necesitar tener fe
es razón suficiente para tenerla? Y entonces, ¿de qué
clase de necesidad estamos hablando?
Para apreciar realmente el logro del profesor Frank
—y no sólo el logro de haber absorbido y descifrado
los millones de páginas existentes de borradores
de Dostoievski, de notas, cartas, diarios, biografías
hechas por sus contemporáneos y estudios críticos
escritos en un centenar de idiomas—, es importante entender cuántos métodos distintos de biografía
y crítica está intentando casar. Las biografías literarias estándar se centran en el autor y en su vida
personal (sobre todo en las partes sórdidas o neuróticas de la misma) y prescinden en gran medida del
contexto histórico específico en que escribía. Otros
estudios —sobre todo los que tienen intenciones
teóricas— se centran casi exclusivamente en el contexto, y tratan a los autores y a sus libros como simples funciones de los prejuicios, dinámicas de poder
y engaños metafísicos de su época. Algunas biografías actúan como si las obras de sus sujetos ya estuvieran resueltas, y por tanto se pasan todo el tiempo
trazando la relación de una vida personal con una
serie de significados literarios que el biógrafo da
por sentado que ya están fijados y son indiscutibles.
Por otro lado, muchos de los “estudios críticos” de
nuestra época tratan los libros de un autor de forma hermética y prescinden de dar información sobre las creencias y circunstancias de ese autor que
pudieran contribuir a explicar no sólo de qué trata
su obra sino por qué tiene esa magia particular que
le otorga la personalidad de un escritor individual
determinado, su estilo, su voz, su visión, etcétera.11
7b
(una teoría que es la gran moda del intelectualismo radical de nuestra época, igual que el nihilismo y el egoísmo racional eran las de la Rusia de fmd)
10 Parece justo avisarle a usted, sin embargo, que las lecturas que lleva
a cabo Frank de las novelas son extremadamente atentas y detalladas, a
veces a un nivel casi microscópico, y que esto puede explicar su lentitud.
Y también que las explicaciones de Frank parecen requerir que su lector
tenga las novelas de Dostoievski frescas en la memoria: se saca infi nitamente más provecho de sus argumentaciones si uno va hacia atrás y relee la novela de la que está hablando. No está claro si esto es un defecto,
sin embargo, ya que parte del atractivo de una biografía literaria es que se
presta como motivo/ocasión para dicha relectura.
11 Ese sello distintivo y singular de sí mismo es una de las principales
MARZO DE 2013
RUSOFILIA
EL DOSTOIEVSKI DE JOSEPH FRANK
¿Acaso el verdadero sentido de mi vida no es más que
experimentar cuanto menos dolor y cuanto más placer posible? Está claro que mi conducta parece indicar que esto es lo que creo, por lo menos durante gran
parte del tiempo. Pero ¿acaso no se trata de una forma egoísta de vivir? Ya no digamos egoísta: ¿acaso no
es una forma de vida espantosamente solitaria?
Así pues, hablando en términos biográficos, lo que
Frank está intentando hacer es ambicioso y meritorio. Al mismo tiempo, sus cuatro volúmenes constituyen una obra muy detallada y exigente sobre un
autor muy complejo y difícil, un narrador cuya época y cultura nos son del todo ajenas. Parece difícil
esperar mucha credibilidad al recomendar aquí el
estudio de Frank a menos de que pueda darle a usted alguna clase de argumento de por qué las novelas de Dostoievski tendrían que ser importantes
para nosotros los lectores finiseculares en Estados
Unidos. Esto es algo que solamente puedo hacer de
forma tosca, porque no soy crítico literario ni experto en Dostoievski. Soy, sin embargo, un estadunidense vivo que escribe narrativa y a quien también le gusta leerla, y gracias a Joseph Frank me he
pasado en gran medida los últimos dos meses inmerso en Dostoievskinalia.
Dostoievski es un titán de la literatura, y en
cierta forma eso puede ser el beso de la muerte, ya
que se vuelve fácil verlo como a uno más entre los
autores canónicos en tonos sepia, apaciblemente
muertos. Sus obras, y la alta colina de crítica que
han inspirado, son todas material de rigor para las
bibliotecas universitarias… y allí los libros suelen
quedarse, amarilleándose, desarrollando ese olor
propio de los libros muy antiguos de las bibliotecas,
mientras esperan a que alguien tenga que hacer un
trabajo para el final del semestre. Yo creo que Dahlberg casi tiene razón. Convertir a alguien en icono
es convertirlo en una abstracción, y las abstracciones son incapaces de tener comunicación vital con
la gente viva.12
Pero si yo decido decidir que mi vida tiene un sentido distinto, menos egoísta y menos solitario, ¿acaso
la razón de que yo tome esa decisión no será mi deseo
de estar menos solo, es decir, de experimentar cuanto menos dolor sea posible? ¿Acaso la decisión de ser
menos egoísta puede ser otra cosa que una decisión
egoísta?
Y es cierto que hay rasgos de los libros de Dostoievski que resultan extraños y desconcertantes. Es sabido que es muy difícil traducir del ruso al inglés y,
cuando uno añade a esto la dificultad que entrañan
los arcaísmos del lenguaje literario del siglo xix, la
prosa y los diálogos de Dostoievski a menudo pueden
sonar amanerados, pleonásticos y tontos.13 Además
hay que tener en cuenta la afectación de la cultura en
la que habitan los personajes de Dostoievski. Cuando hay algo que les fastidia, hacen cosas como “blandir el puño” o llamarse “bribón” o bien “abalanzarse
sobre” el otro. Al hablar usan signos de exclamación
en cantidades que ahora solamente se ven en las tiras cómicas. La etiqueta social parece rígida hasta
extremos absurdos: los personajes siempre están
“pasando a visitarse” los unos a los otros, y “siendo
recibidos” o bien “no siendo recibidos”, y obedecen
razones por las que los lectores llegan a amar a un autor. Esa forma en
que uno puede distinguir, a menudo leyendo sólo un par de párrafos, que
algo ha sido escrito por Dickens, o Chéjov, o Woolf, o Salinger, o Coetzee,
u Ozick. Se trata de una cualidad que es casi imposible de describir o de
explicar directamente: casi siempre se presenta como una vibración, algo
así como el perfume de una sensibilidad, y los intentos que llevan a cabo
los críticos de reducirlo a puras cuestiones de “estilo” son casi universalmente pobres.
12 Solamente hay que pasar un semestre intentando enseñar literatura
en la universidad para darse cuenta de que la forma más rápida de matar
la vitalidad de un autor de cara a sus lectores potenciales es presentarlo de
antemano como “genial” o “clásico”. Porque entonces el autor se convierte para los alumnos en algo como la medicina o las verduras, algo que las
autoridades han declarado que “les hace bien” y que “les tiene que gustar”,
momento en que las membranas nictitantes de los alumnos se cierran y
todo el mundo asume las tareas automáticas de la crítica y de escribir ejercicios sin sentir absolutamente nada real ni relevante. Es como eliminar
todo el oxígeno de la sala antes de intentar encender un fuego.
13 …sobre todo en las traducciones al estilo victoriano de la señora
Constance Garnett, que en las décadas de 1930 y 1940 acaparó el mercado
de traducciones de Dostoievski y Tolstói. Y hasta en las aclamadas nuevas
traducciones para Alfred Knopf de Richard Pevear y Larissa Volojonski,
la prosa sigue resultando a menudo extraña y encorsetada. ¿Acaso se supone que los traductores literarios no tienen que cambiar la sintaxis del
original? Pero el ruso es un idioma con flexiones, que usa casos y declinaciones en lugar del orden de las palabras, así que los traductores ya están
cambiando la sintaxis cuando están pasando las frases de Dostoievski a
un idioma sin flexiones. Es difícil entender por qué estas traducciones tienen que ser tan torpes.
MARZO DE 2013
convenciones rococó de cortesía hasta cuando están
furiosos. Todo el mundo tiene apellidos y nombres
largos y difíciles de pronunciar, además del patronímico, y a veces el diminutivo, lo cual obliga al lector a
hacer un diagrama con los nombres de los personajes. Abundan los ignotos rangos militares y las jerarquías burocráticas; además hay distinciones de clase, rígidas y totalmente extrañas, que son difíciles de
seguir y cuyas implicaciones son difíciles de entender, sobre todo porque las realidades económicas de
la antigua sociedad rusa son tremendamente extrañas (como, por ejemplo, el hecho de que un “antiguo
estudiante” indigente como es Raskolnikov o bien
un burócrata desempleado como el Hombre del Subsuelo puedan permitirse tener sirvientes).
Lo que quiero decir es que no sólo está el problema de la muerte por canonización: hay problemas reales y alienantes que suponen un obstáculo
en nuestra apreciación de Dostoievski y con los que
hay que tratar, ya sea aprendiendo lo bastante sobre
todas las cosas que nos resulten poco familiares,
o bien aceptándolas (igual que aceptamos los elementos racistas/sexistas que hay en otros libros del
siglo xix) y limitándonos a hacer muecas y seguir
leyendo.
Pero lo que quiero decir en términos más amplios
(y sí, tal vez sea algo más bien obvio) es que hay arte
por el que vale la pena hacer un poco de trabajo extra para superar todo lo que obstaculiza su apreciación; y está claro que los libros de Dostoievski bien
valen ese trabajo. Y no es solamente por su pertenencia al canon occidental, sino más bien a pesar de
eso. Porque una cosa que la canonización y los trabajos escolares ocultan es que Dostoievski no sólo
es genial: también es divertido. Sus novelas casi
siempre tienen unas tramas buenísimas, escabrosas y complejas, e intensamente dramáticas. Hay
asesinatos e intentos de asesinatos y policías y peleas en el seno de familias disfuncionales y espías,
tipos duros y hermosas mujeres caídas en desgracia y estafadores empalagosos y enfermedades que
consumen y herencias inesperadas y villanos de voz
sedosa y conspiraciones y putas.
Por supuesto, el hecho de que Dostoievski sepa
contar historias jugosas no basta para hacerlo genial. Si lo fuera, Judith Krantz y John Grisham serían narradores geniales, y la verdad es que salvo
por el criterio puramente comercial ni siquiera son
muy buenos. Lo que hace que Krantz y Grisham y
otros muchos autores que cuentan buenas historias no sean buenos desde el punto de vista artístico es que no tienen talento para (ni tampoco interés
en) la construcción de personajes: sus apasionantes tramas están habitadas por monigotes toscos
y poco convincentes. (Para ser justos, también hay
autores a quienes se les da bien construir personajes humanos complejos y bien trazados pero luego
no parecen capaces de insertar esos personajes en
una trama creíble e interesante. Y otros —a menudo entre la vanguardia académica— que no parecen
expertos/interesados ni en las tramas ni en los personajes, sino que el movimiento y el atractivo de sus
libros se basa por completo en enrarecidas intenciones metaestéticas.)
Lo que pasa con los personajes de Dostoievski es que están vivos. Y con eso no quiero decir tan
sólo que estén bien trazados ni bien desarrollados
ni que sean “redondos”. Los mejores de ellos siguen
viviendo dentro de nosotros, para siempre, después
de que los hemos conocido. Recuerde usted al orgulloso y patético Raskolnikov, al ingenuo Devushkin,
a la hermosa y condenada Anastasia de El idiota,14
al adulador Lebiedev y al arácnido Hipólito de la
misma novela; al ingenioso detective inconformista Porfirio Petrovich de Crimen y castigo (sin el cual
probablemente hoy no existiría novela policial comercial con policías excéntricamente brillantes);
Marmeladov, el repulsivo y patético borracho; o el
vanidoso y noble adicto a la ruleta Alexei Ivanovich
de El jugador; las prostitutas de corazón de oro Sonia y Liza; la cínicamente inocente Aglaya; o el in-
Los cinco
volúmenes de
Joseph Frank
DOSTOIEVSKI:
LAS SEMILLAS DE LA
REBELIÓN, 1821-1849
lengua y estudios
liter arios
Traducción de
Celia Haydée Paschero
1ª reimpresión, 2010, 508 pp.
978 968 16 1732 5
$356 (rústica)
DOSTOIEVSKI: LOS AÑOS
DE PRUEBA,
1850-1859
lengua y estudios
liter arios
Traducción de
Jaime Retif del Moral
1ª reimpresión, 2010, 444 pp.
978 968 16 2448 4
$311 (rústica)
DOSTOIEVSKI:
LA SECUELA DE LA
LIBERACIÓN, 1860-1865
lengua y estudios
liter arios
Traducción de
Juan José Utrilla
1ª reimpresión, 2010, 480 pp.
978 968 16 3531 2
$360 (rústica)
DOSTOIEVSKI: LOS AÑOS
MILAGROSOS, 1865-1871
lengua y estudios
liter arios
Traducción de
Mónica Utrilla
1ª reimpresión, 2010, 647 pp.
978 968 16 5155 8
$449 (rústica)
DOSTOIEVSKI: EL MANTO
DEL PROFETA, 1871-1881
lengua y estudios
liter arios
Traducción de
Juan José Utrilla
1ª ed., 2010, 965 pp.
978 968 16 0209 1
$584 (rústica)
14 (…que, igual que la Caddie de Faulkner, “estaba condenada y lo sabía”,
y cuyo heroísmo consiste en su desafío altivo a un destino que al mismo
tiempo propicia. fmd parece ser el primer narrador que entiende la profundidad con que alguna gente ama su sufrimiento, la forma en que lo
usan y dependen de él. Nietzsche retomará esa intuición de Dostoievski
y la convertirá en una piedra angular de su devastador ataque al cristianismo, lo cual resulta irónico: en nuestra cultura de “ateísmo ilustrado”
somos en gran medida hijos de Nietzsche, herederos ideológicos suyos, y
sin Dostoievski no habría existido Nietzsche, y sin embargo Dostoievski
se cuenta entre los escritores más profundamente religiosos)
15
RUSOFILIA
EL DOSTOIEVSKI DE JOSEPH FRANK
creíblemente repelente Smerdiakov, esa máquina
viviente de resentimiento baboso en el que personalmente veo partes de mí mismo a las que apenas
soporto mirar; o los idealizados y demasiado humanos Mishkin y Aliosha, el Cristo humano condenado y el peregrino-niño triunfal, respectivamente.
Estas y otras tantas criaturas de fmd están vivas
—conservan lo que Frank llama su inmensa vitalidad— no porque sean simples tipos o facetas de
seres humanos habilidosamente retratados, sino
porque, al actuar en el seno de tramas verosímiles
y moralmente atractivas, dramatizan las partes
más profundas de todos los humanos, las partes
más sumidas en el conflicto, las más graves: aquellas en las que hay más en juego. Además, aunque no
terminen nunca de ser individuos en tres dimensiones, los personajes de Dostoievski consiguen encarnar verdaderas ideologías y filosofías de la vida:
Raskolnikov, el egoísmo racional de la intelligentsia de 1860; Mishkin, el místico amor cristiano; el
Hombre del Subsuelo, la influencia del positivismo
europeo sobre el carácter ruso; Hipólito, la voluntad individual en lucha contra la inevitabilidad de
la muerte; Alexei, la perversión del orgullo eslavófilo al afrontar la decadencia europea, y un largo
etcétera…
Lo importante aquí es que Dostoievski escribió
en su literatura sobre las cosas que son realmente
importantes. Escribió sobre la identidad, los valores morales, la muerte, la voluntad, la oposición
entre amor espiritual y amor sexual, la codicia, la
libertad, la obsesión, la razón, la fe, el suicidio. Y lo
hizo sin reducir nunca sus personajes a portavoces ni sus libros a meros tratados. Su preocupación
siempre fue cómo ser humano: es decir, cómo ser
una verdadera persona, alguien cuya vida obedezca
a valores y principios, y no una simple modalidad
especialmente astuta de animal capacitado para la
supervivencia.
¿Acaso es posible amar realmente a los demás? Si estoy solo y sufro, todos los que están fuera de mí son un
alivio en potencia: los necesito. Pero ¿se puede amar
en realidad aquello que uno necesita tanto? ¿Acaso
una gran parte del amor no consiste en que te importe
más lo que necesita la otra persona? ¿Cómo se supone que voy a subordinar mi necesidad abrumadora a
unas necesidades ajenas que ni siquiera puedo sentir
de forma directa? Y si no soy capaz de hacer eso, estoy
condenado a la soledad, que es algo que ciertamente
no quiero… así que de nuevo intento superar mi egoísmo por razones interesadas. ¿Hay alguna salida a
este dilema?
Es una ironía bien conocida el que Dostoievski, cuya
obra es famosa por su compasión y rigor moral, era
en muchos sentidos un cretino en la vida real: vanidoso, arrogante, despectivo y superficial. Jugador
compulsivo, solía caer en bancarrota, se quejaba
continuamente de su pobreza, y siempre estaba fastidiando a sus amigos y colegas para que le hicieran
préstamos de emergencia que casi nunca devolvía.
Además, guardaba rencores mezquinos durante
muchísimo tiempo por temas de dinero y llegó a hacer cosas como empeñar el abrigo de invierno de su
mujer, que estaba delicada de salud, para poder seguir jugando, etcétera.15
Pero también es sabido que la vida de Dostoievski estuvo llena de increíbles sufrimiento y dramatismo y tragedia y heroísmo. Su infancia en Moscú
fue sin duda tan triste que en sus libros Dostoievski no menciona ni una sola vez alguna acción que
tenga lugar en Moscú.16 A su distante y neurasté-
15 Frank no edulcora nada de todo esto, pero gracias a su biografía averiguamos que el carácter de Dostoievski era en realidad más contradictorio que propio de alguien muy irresponsable. Insufriblemente vanidoso
en lo tocante a su reputación literaria, también se pasó la vida atormentado por lo que él veía como sus deficiencias artísticas; pese a ser una sanguijuela y un derrochador, asumió voluntariamente la responsabilidad
fi nanciera de su ahijado, de la familia horrible e ingrata de su hermano
difunto y de las deudas de Tiempo, el famoso periódico literario que él y
su hermano habían coeditado. El cuarto volumen de Frank deja claro
que fueron esas deudas de honor, más que una insolvencia general, lo que
mandó al señor fmd y a su mujer al exilio en Europa para eludir la prisión
por ser morosos, y que fue únicamente en los balnearios de Europa donde
la adicción al juego de Dostoievski se descontroló.
16 A veces esta alergia resulta extrañamente sorprendente, como por
ejemplo en la segunda parte de El idiota, cuando el príncipe Mishkin (el
protagonista) ha abandonado San Petersburgo para pasar seis meses en
Moscú: “de las aventuras de Mishkin durante su ausencia de Petersburgo
podemos dar poca información”, aunque el narrador tiene acceso a toda
clase de acontecimientos que tienen lugar fuera de San P. Frank no dice
mucho sobre la “moscufobia” de fmd; es difícil imaginar a qué se debe
exactamente.
16
nico padre lo asesinaron sus
a través de los diarios de su
propios sirvientes cuando fmd
joven nueva esposa, Anna
tenía 17 años. Siete años más
Snitkin,20 cuya paciencia y
caridad como cónyuge la catarde, la publicación de su prilificarían como santa patromera novela,17 y el hecho de que
la respaldaran críticos como Bena de los actuales grupos de
linsky y Herzen, convirtieron a
personas codependientes.21
Dostoievski en estrella de la literatura al mismo tiempo que
¿Qué es “un estadunidense”?
estaba empezando a involucrar¿Acaso tenemos algo imporse en el Círculo de Petrashevstante en común, como estaduki, un grupo de intelectuales renidenses, o es solamente que
volucionarios que conspiraban
resulta que vivimos todos denpara instigar un levantamiento CUENTOS COMPLETOS
tro de las mismas fronteras de
de campesinos en contra del zar.
forma que tenemos que obedecer las mismas leyes? ¿En
En 1849, Dostoievski fue deteni- F I Ó D O R M I J Á I L O V I C H
do por conspirador, encarcelado, D O S T O I E V S K I
qué se diferencia exactamensentenciado a muerte y sometido
te América de otros países?
a la famosa “ejecución simulada Encumbrado en la cima de las
¿Acaso tiene algo extraordide los Petrashevski”, en la cual a letras rusas por sus novelas, Fiódor
nario? ¿Y en qué consiste ese
los conspiradores se les venda- M. Dostoievski también es autor
algo? Hablamos mucho de
ron los ojos, fueron atados a es- de numerosos cuentos y relatos
nuestros derechos y libertades
tacas y pasaron por todo el pro- —e incluso de cientos de artículos
especiales, pero acaso también
ceso del pelotón de fusilamien- periodísticos—, trabajos poco
hay responsabilidades espeto hasta el “¡Apunten!” antes de conocidos y de difícil acceso en
ciales que vengan con el hecho
que un mensajero imperial en- nuestro idioma. A sus relatos, en
de ser estadunidense? Y de ser
trara galopando con un supuesto especial, sólo se les ha dado espacio
así, ¿responsabilidades para
indulto “de último minuto” del en azarosas ediciones y nunca con la
con quién?
misericordioso zar. Su sentencia dedicación merecida. Frente a esto,
pasó a ser de prisión y el epilépti- desde hace un par de años circulan,
La biografía de Frank abarca
co Dostoievski terminó pasando en coedición con Siruela, todos los
todas estas cosas personales,
una década en la balsámica Si- cuentos que el genial escritor ruso
con lujo de detalle, y no inberia, tras lo cual regresó a San publicó a lo largo de sus andanzas
tenta minimizar ni encubrir
Petersburgo en 1859 para descu- literarias. La traducción está a cargo
las partes repulsivas.22 Pero
brir que el mundo literario ruso de Bela Martinova, quien pone
su proyecto requiere que a
lo había olvidado casi por com- al alcance del lector textos hasta
veces Frank luche por relapleto. Luego su mujer tuvo una hora inéditos en español, como “El
cionar la vida personal y psimuerte lenta y horrible; luego árbol de navidad y una boda”, “Dos
cológica de Dostoievski con
murió su amado hermano; lue- suicidios” o “Vlas”. Junto a éstos se
sus libros y con las ideologías
go su periódico Tiempo quebró; reúnen otros que han corrido con
que hay detrás de los misluego su epilepsia empeoró tanto mejor suerte, como “Noches blancas”
mos. El hecho de que Dosque vivía bajo el terror constan- (llevado al cine por Luchino Visconti)
toievski sea por encima de
te de que los ataques lo mataran o “El cocodrilo”. En suma, todos los
todo un escritor ideológico23
18
o lo volvieran loco. Contrató a cuentos aquí reunidos no harán sino
lo convierte en un sujeto especialmente amable para el
una taquígrafa de veintidós años confirmar el talento y sensibilidad de
método biográfico de Frank,
para que le ayudara a terminar aquel que siempre buscó plasmar en
El jugador a tiempo para satisfa- sus obras lo más profundo y elevado de que se basa en el contexto. Y
cer a un editor con el que había eso que, tal vez, él mismo contribuyó a
los cuatro volúmenes existentes de Dostoievski dejan
firmado un contrato leonino, se- crear: el alma rusa. (Éder Suárez)
claro que el acontecimiengún el cual tenía que entregar el
libro en una fecha determinada tezontle
to crucial y catalizador de
de Bela Martinova
o perdería las regalías de todo lo Traducción
la vida de fmd, en términos
1ª ed., Siruela-fce, 2010, 519 pp.
ideológicos, fue la falsa ejeque escribiera, y seis meses des- 978 607 16 0243 5 (pasta dura)
pués terminó casándose con ella, $352
cución del 22 de diciembre de
607 16 0241 1 (rústica)
1849: un intervalo de cinco o
justo a tiempo para escapar jun- 978
$266
tos de los acreedores de Tiempo,
diez minutos durante el cual
aquel joven escritor débil,
deambular infelizmente por una
Europa cuya influencia sobre Rusia despreciaba,19 neurótico y ensimismado creyó que estaba a punto
tener una amada hija que murió de neumonía al de morir. Lo que tuvo lugar dentro de Dostoievski
poco de nacer, escribir continuamente, sin un céntimo, a menudo clínicamente deprimido después de
sufrir ataques de epilepsia de los que hacen rechinar
los dientes, pasar por rachas de adicción maniaca a 20 Otro añadido: los volúmenes de Frank están repletos de nombres
maravillosos o raros de esos que traban la lengua: Snitkin, Duboliobov,
la ruleta y al final caer víctima de un odio aplastante Strajov, Golubov, Von Voght, Katkov, Nekrasov, Pisarev. Es fácil ver por
a sí mismo. El cuarto volumen de Frank narra mu- qué los escritores rusos como Gógol y fmd convirtieron los nombres epichas de las tribulaciones europeas de Dostoievski téticos en todo un arte.
17 Pobres gentes, una “novela social” estándar que enmarca una historia
de amor (más bien sosa) entre descripciones de pobreza urbana lo bastante atroces como para obtener la aprobación de la izquierda socialista.
18 Es cierto que la epilepsia de fmd —incluyendo las iluminaciones místicas que acompañaban las auras previas a los ataques— aparece relativamente poco en la biografía de Frank; reseñistas como James L. Rice de
The London Times (que es también autor de un libro sobre Dostoievski y la
epilepsia) se han quejado de que Frank “no da una idea precisa del impacto crónico de la enfermedad” sobre los ideales religiosos de Dostoievski y
la representación de éstos en sus novelas. La cuestión de la proporción es
un arma de doble fi lo, sin embargo: véase a Jan Parker de The New York
Times Book Review, quien se pasa por lo menos una tercera parte de su
reseña del tercer volumen de Frank haciendo afi rmaciones del tipo “A mí
me parece que la conducta de Dostoievski se ajusta totalmente al criterio
diagnóstico de la adicción patológica al juego, tal como esta se defi ne en
el manual de diagnóstico de la American Psychiatric Association.” En el
mejor de los casos, reseñas como ésas nos ayudan a apreciar la ecuánime
amplitud de miras de Frank y el hecho de que no se dedique a amarrar navajas contra nadie.
19 No dejemos de observar que el cuarto volumen de Frank saca al sol
algunos trapitos sucios personales bastante buenos. Con relación al odio
que sentía Dostoievski hacia Europa, por ejemplo, averiguamos que su famosa rencilla de 1867 con Turguéniev, que se debía supuestamente a que
éste había ofendido al apasionado nacionalismo de Dostoievski al atacar a
Rusia en la prensa y luego mudarse a Alemania, también fue alimentada
por el hecho de que fmd le había pedido prestados previamente cincuenta
táleros a Turguéniev, le había prometido que se los devolvería enseguida
y nunca llegó a hacerlo. Frank es demasiado comedido como para sacar la
conclusión más obvia: que es mucho más fácil vivir habiendo sableado a
alguien si te puedes inventar un motivo de queja hacia ese alguien.
21 Ejemplo al azar tomado de su diario: “Pobre Fiódor, sufre tanto,
y está siempre tan irritable, y está siempre atento a cualquier nimiedad
[…] Pero no importa, porque al día siguiente se le ha pasado, y entonces es
dulce y amable. Además, me doy cuenta de que cuando me grita es por su
enfermedad, no por mal humor.” Frank cita largos pasajes como éste y los
comenta, pero no se muestra muy consciente de que el matrimonio de los
Dostoievski era en cierto sentido bastante enfermizo, por lo menos según
los criterios de la década de 1990: véase, por ejemplo, lo siguiente: “La paciencia de Anna, por muchos prodigios de autocontrol que le costara, le
era ampliamente compensada (al menos a ojos de ella) por la inmensa gratitud de Dostoievski y su apego cada día mayor.”
22 Véanse también, por ejemplo, la desastrosa pasión de Dostoievski
por la diosa-puta Apolinaria Suslova o los retorcimientos mentales que
tenía que realizar para justificar sus juergas en el casino… o el hecho, que
Frank documenta exhaustivamente, de que en realidad fmd sí fue un
miembro activo del Círculo de Petrashevski, y de hecho probablemente
sí merecía ser detenido bajo las leyes de su época, y esto pese a que muchos otros biógrafos han intentado asegurar que a Dostoievski simplemente lo arrastraron unos amigos a un mitin radical en el momento más
inoportuno.
23 En caso de que no resulte obvio, aquí se está usando el término ideología en su sentido estricto para aludir a cualquier sistema de creencias y
valores organizado y abrazado con fi rmeza. Cierto, según esta defi nición,
Tolstói y Hugo y Zola y la mayoría de los demás titanes del siglo xix también eran escritores ideológicos. Pero lo mejor que tiene el don de Dostoievski para crear personajes y para narrar los profundos confl ictos que
tienen lugar dentro de la gente (y no sólo entre la gente) es que le permite dramatizar temas extremadamente densos y serios sin resultar nunca
sermoneador ni simplista, es decir, sin pasar nunca por alto la dificultad
de los conflictos morales/espirituales ni hacer que la “bondad” o la “redención” parezcan más simples de lo que son en realidad. Basta con que
usted compare las conversiones fi nales de los protagonistas en La muerte
de Iván Ilich de Tolstói y de Crimen y castigo de fmd para apreciar la capacidad de Dostoievski para ocuparse de temas morales sin ser moralino.
MARZO DE 2013
RUSOFILIA
EL DOSTOIEVSKI DE JOSEPH FRANK
fue un tipo de experiencia de conversión, aunque la
cosa es complicada, porque las convicciones cristianas que hay detrás de su escritura posterior no
son las de ninguna iglesia ni tradición, y también
están vinculadas con una especie de nacionalismo
ruso místico y con un conservadurismo político24
que hizo que en el siglo siguiente los soviéticos suprimieran o distorsionaran gran parte de la obra de
Dostoievski.25
¿Acaso la vida de ese tal Jesucristo tiene algo que enseñarme aunque yo no crea, o no pueda creer, en su
divinidad? ¿Cómo tengo que entender la afirmación
de que alguien que era pariente de Dios, y que por
tanto podría haber convertido la cruz en una maceta
o en lo que fuera sólo con decir una palabra, aun así
dejó voluntariamente que lo clavaran allí arriba y se
murió? Y aunque supongamos que era un ser divino,
¿acaso él lo sabía? ¿Sabía que podría haber roto la
cruz sólo con decir una palabra? ¿Sabía de antemano
que su muerte sólo iba a ser temporal (porque apuesto a que yo también podría subirme a la cruz si supiera que después de seis horas de dolor me esperaba una
eternidad de éxtasis a la derecha de dios)? Pero, ¿acaso algo de todo eso importa? ¿Puedo seguir creyendo
en JC o en Mahoma o en Quien Sea aunque no crea
que son verdaderos parientes de dios? ¿Y qué querría
decir eso: “creer en”?
Lo que parece más importante es que la experiencia de cercanía a la muerte que tuvo Dostoievski
transformó a un joven y vanidoso escritor de moda
—un escritor con mucho talento, es cierto, pero aun
así un escritor a quien le interesaba básicamente su
propia gloria literaria— y lo convirtió en una persona que creía profundamente en los valores morales/espirituales…26 Y lo que es más, en una persona
que creía que una vida sin valores morales/espirituales no era únicamente una vida incompleta,
sino también depravada.27 Si hay algo que hace que
24 Aquí hay otro tema que Frank trata de forma brillante, sobre todo en
el capítulo que dedica en el tercer volumen a La casa de los muertos. Una
de las razones de que fmd abandonara el socialismo de moda de cuando
él tenía veinte años fue su etapa de encarcelamiento en compañía de la escoria de la sociedad rusa. En Siberia llegó a entender que los campesinos
y los pobres urbanos de Rusia en realidad odiaban a los acomodados intelectuales de clase alta que querían “liberarlos”, y que de hecho aquel era
un odio bastante justificado. (Si quiere usted hacerse alguna idea de cómo
esta ironía política dostoievskiana se traduciría a los términos de la moderna cultura estadunidense, trate de leer al mismo tiempo La casa de los
muertos y “Mau-mauando al parachoques” de Tom Wolfe.)
25 La situación política es una de las razones por las que el famoso Problemas de la poética de Dostoievski de Bajtín, publicado bajo el gobierno de
Stalin, tuvo que minimizar profundamente la implicación ideológica de
fmd con sus propios personajes. Muchos de los elogios de Bajtín hacia las
caracterizaciones “polifónicas” de Dostoievski, y hacia la “imaginación
dialógica” que supuestamente le permitía no insuflar sus propios valores
a sus novelas, es el resultado natural de los afanes de un crítico soviético
que intentaba comentar a un autor cuyos puntos de vista “reaccionarios”
el Estado quería que se olvidaran. Frank, que se tira al cuello de Bajtín en
diversos asuntos, no deja realmente claras las condiciones en que trabajaba Bajtín.
26 No resulta sorprendente que las creencias exactas de fmd sean idiosincrásicas y complicadas. Joseph Frank lleva a cabo una explicación exhaustiva y clara y detallada de su evolución a través de la temática de las
novelas (como por ejemplo los efectos tóxicos del ateísmo egoísta sobre el
carácter ruso en Memorias… y en Crimen y castigo; la deformación de la
pasión rusa a manos de la mundana Europa en El jugador; y, en el Mishkin
de El idiota y el Zósima de Los hermanos Karamázov, las implicaciones de
un Cristo humano literalmente sometido a las fuerzas físicas de la naturaleza, una idea central a toda la narrativa que escribió Dostoievski después de ver el Cristo muerto de Holbein el Joven en el Museo de Basilea en
1867). Pero lo que Frank ha hecho realmente de forma fenomenal es destilar las enormes cantidades de material de archivo generado por y sobre
fmd para hacerlo comprensible, en lugar de limitarse a usar fragmentos
elegidos de ese material para reforzar determinada tesis crítica. En un
momento dado, cerca del fi nal del volumen tercero, Frank incluso consigue encontrar y glosar unas notas poco conocidas del autor sobre “Socialismo y cristianismo”, un ensayo que Dostoievski no terminó nunca, que
ayudan a clarificar por qué algunos críticos lo tratan como un precursor
del existencialismo: “La encarnación de Cristo […] proporcionó un ideal
nuevo para la humanidad, un ideal que ha retenido su validez desde entonces. Nota: ni un solo ateo que haya discutido el origen divino de Cristo
ha negado el hecho de que es el ideal de la humanidad. El último de éstos:
Renán. Lo cual es muy notable.” Y la ley de este nuevo ideal, de acuerdo
con Dostoievski, consiste en “el retorno a la espontaneidad, a las masas,
pero libremente […] No a la fuerza, sino al contrario, en el nivel más alto de
voluntad y conciencia. Está claro que esta voluntad superior es al mismo
tiempo una renuncia más elevada de la voluntad.”
27 Los enemigos particulares del Dostoievski maduro y posterior a la
conversión fueron los nihilistas, la progenie radical de los yuppies socialistas de la década de 1840, cuyo nombre (es decir, el de los nihilistas)
procede del mismo discurso negador de todo que hay en Padres e hijos de
Turguéniev y que está citado al principio de esta reseña. Pero la verdadera batalla fue más amplia y mucho más profunda. No es accidental que el
gran epígrafe que Joseph Frank incluye en el cuarto volumen esté sacado
del clásico de Kolakowski La modernidad siempre a prueba, ya que el abandono que lleva a cabo Dostoievski del socialismo utilitarista a favor de un
conservadurismo moral idiosincrásico se puede ver bajo la misma luz básica que el despertar de Kant del “sopor dogmático” a una deontología pietista radical casi un siglo antes: “Al volverse contra el utilitarismo popular
de la Ilustración, [Kant] también sabía con exactitud que lo que estaba en
juego no era ningún código moral en particular, sino más bien la cuestión
de la existencia o no de una distinción entre el bien y el mal y, en consecuencia, la cuestión del destino de la humanidad.”
MARZO DE 2013
Dostoievski tenga un valor incalculable para los
lectores y escritores estadunidenses es que parece
poseer niveles de pasión, convicción y compromiso con cuestiones morales profundas que nosotros
—la gente de aquí y de ahora—28 no nos permitimos
o no podemos permitirnos. Joseph Frank consigue
trazar admirablemente la interacción de factores
que hacen posible este compromiso: las creencias y
los talentos del propio fmd, las atmósferas ideológicas y estéticas de su época, etcétera. Al terminar
de leer los libros de Frank, sin embargo, creo que
cualquier lector/escritor estadunidense serio se
verá a sí mismo impelido a pensar muy seriamente en qué es exactamente lo que hace que muchos
de los novelistas de nuestro país y nuestra época
parezcan tan superficiales y pusilánimes en sus
temas, tan moralmente empobrecidos, en comparación con Gógol o Dostoievski (o aunque sea con
luminarias más tenues como Lermontov y Turguéniev). La biografía de Frank nos hace preguntarnos
por qué parece que en nuestro arte necesitamos
distanciarnos mediante la ironía de las convicciones profundas o de las preguntas desesperadas, de
forma que los escritores contemporáneos tienen
que convertirlas en bromas o bien intentar abordarlas bajo el disfraz de algo como la cita intertextual o la yuxtaposición incongruente, metiendo las
cosas realmente urgentes entre asteriscos como
parte de alguna floritura multivalente de desfamiliarización o alguna mierda parecida.
Parte de la explicación de la pobreza temática
de nuestra literatura incluye de forma obvia nuestro siglo y nuestra situación. Los viejos modernistas, entre otros logros, elevaron la estética al nivel
de la ética —tal vez incluso de la metafísica— y todas las Novelas Serias después de Joyce suelen ser
valoradas y estudiadas principalmente por su grado de innovación formal. Tal es el legado modernista que ahora damos por sentado como algo básico:
el que la literatura “seria” ha de estar distanciada
de la vida real. Añada usted el requerimiento de
conciencia textual de uno mismo impuesto por el
posmodernismo29 y la teoría literaria, y probablemente sea justo decir que Dostoievski y compañía
estaban libres de ciertas expectativas culturales
que restringen gravemente la capacidad de nuestros novelistas para ser “serios”. Pero es igualmente
justo observar, con Frank, que Dostoievski también
operaba bajo sus propias restricciones culturales:
un gobierno represor, la censura del Estado y sobre
todo la popularidad del pensamiento europeo postilustrado, una gran parte del cual iba directamente en contra de creencias que él tenía en alta consideración y sobre las cuales quería escribir. Para mí,
lo más sorprendente e inspirador de Dostoievski no
es sólo que fuera un genio, sino que también fuera
valiente. Nunca dejó de preocuparse por su reputación literaria, pero tampoco dejó de manifestar
cosas que no estaban de moda y en las que él creía.
Y no lo hizo dejando al margen (lo que ahora se diría “trascendiendo” o “subvirtiendo”) las circunstancias culturales hostiles en las que estaba escribiendo, sino afrontándolas y luchando con ellas, de
forma específica y llamándolas por su nombre. En
realidad no es cierto que nuestra cultura literaria
sea nihilista, por lo menos no en el sentido radical
del Bazarov de Turguéniev. Porque hay ciertas tendencias que consideramos malas, cualidades que
odiamos y tememos. Entre éstas se cuentan el sentimentalismo, la ingenuidad, el arcaísmo y el fanatismo. Probablemente lo más adecuado sería decir
que la cultura artística de nuestro tiempo es una
cultura de escepticismo congénito. Nuestra intelligentsia30 desconfía de las creencias firmes y de las
convicciones abiertas. La pasión material es una
cosa, pero la pasión ideológica nos asquea a un nivel profundo. Creemos que la ideología es hoy en
día la provincia de los grupos de influencia y los
comités de acción política en su lucha por llevarse su porción del enorme pastel verde… y, mirando
a nuestro alrededor, vemos que ciertamente es así.
Pero el Dostoievski de Frank señalaría (o más bien
se pondría a dar brincos y a blandir el puño y a abalanzarse sobre nosotros y a gritar) que, si esto es
así, es en parte porque hemos abandonado el terreno. Porque lo hemos abandonado dejándolo en ma-
28 (tal vez bajo nuestra propia modalidad de hechizo nihilista)
29 (sea lo que sea exactamente)
30 (lo cual, dado el sitio donde aparee esta reseña, quiere decir básicamente nosotros)
nos de fundamentalistas cuya rigidez despiadada y
ansia por juzgar muestran que no tienen ni idea de
los “valores cristianos” que quieren imponer sobre
los demás. De milicias derechistas y teóricos de la
conspiración cuya paranoia sobre el gobierno presupone que el gobierno está mucho más organizado y es mucho más eficaz de lo que es en realidad. Y
en el mundo académico y de las artes, del cada vez
más dogmático y absurdo movimiento de lo Políticamente Correcto, cuya obsesión con las simples
formas de la elocución y el discurso demuestran
a las claras qué tan afectados y esteticistas se han
vuelto nuestros mejores instintos liberales, qué tan
alejados están de lo que es realmente importante: la
motivación.
Eche usted un vistazo bien atento a un simple
fragmento de la famosa “Explicación necesaria” de
Hipólito en El idiota: “Cualquiera que ataque la caridad individual —empecé a decir— está atacando
la naturaleza humana y proyectando desprecio sobre la dignidad personal. Pero la organización de la
‘caridad pública’ y el problema de la libertad individual son dos cuestiones distintas, y no se excluyen
mutuamente. La amabilidad individual siempre estará ahí, porque es un impulso individual, el impulso vivo que tiene una personalidad de ejercer una
influencia directa sobre otra […] ¿Cómo puede saber
usted, Bahmutov, qué significado puede tener una
asociación semejante de una personalidad con otra
en el destino de los seres asociados?”
¿Puede imaginarse usted a alguno de nuestros
novelistas más importantes permitiendo que un
personaje dijera cosas como éstas (y no, cuidado,
a modo de fanfarronada hipócrita para que algún
héroe irónico le pueda buscar las cosquillas, sino
como parte de un monólogo de diez páginas de alguien que intenta decidir si se suicida)? La razón de
que no pueda hacerlo es la misma razón por la que él
no podría: semejante novelista sería, según nuestro
criterio contemporáneo, pretencioso y recargado
y ridículo. La presentación sin más de un discurso
como éste en una Novela Seria actual no provocaría indignación e improperios, sino algo peor: una
ceja levantada y una mueca sardónica. Tal vez, si el
novelista fuera realmente de los más importantes,
merecería un parrafito burlón en The New Yorker.
Al novelista se le reirían en la cara (y ésta es la
verdadera visión del infierno de nuestra época) hasta acabar con él. Así pues, dicho escritor —que somos todos nosotros, los narradores— nunca se atreverá (no podrá atreverse) a usar el arte serio para
desarrollar ideologías.31 Sería un proyecto parecido
al Quijote de Pierre Menard. La gente o bien se reiría o bien se avergonzaría de nosotros. A la vista de
este hecho (y es un hecho), ¿quién es el culpable de
la falta de seriedad de nuestra narrativa seria? ¿La
cultura, las risas? Pero no se reirían (no podrían) si
una obra de ficción moralmente apasionada y apasionadamente moral fuera también una narración
ingeniosa y radiantemente humana. Pero ¿cómo
conseguir eso? ¿Cómo puede un escritor de hoy en
día, aun un escritor con talento de hoy en día, reunir las agallas para intentarlo siquiera? No existen
fórmulas ni garantías. Pero sí existen modelos. Los
libros de Frank hacen que uno de ellos sea concreto
y esté vivo y resulte terriblemente instructivo.W
Traducción de Javier Calvo, tomada de Hablemos
de langostas, con autorización de Mondadori,
editorial a la que agradecemos su gentileza. © 1996,
The Estate of David Foster Wallace; este artículo
apareció originalmente en el número de abril de 1996
de The Village Voice y, en 2005, en Consider the
Lobster.
David Foster Wallace, novelista y ensayista
estadunidense, fue uno de los más audaces
escritores de su generación; se quitó la vida en 2008.
Póstumamente se publicó El rey pálido (Mondadori,
2011), novela que dejó inconclusa.
31 Por supuesto, estamos perfectamente dispuestos a usar el arte para
parodiar, ridiculizar, desacreditar o criticar ideologías: pero esto es algo
muy distinto.
17
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V Í KTO R S H KLOVS KI : V E N CE DOR E N HA M B U R G O
11 empleado de la tercera
to, el lector encontrará digresiones sofábrica Goskino y arreglo las cintas. Toda
bre lo que constituye el principal aporte
mi cabeza está llena de retazos de cinde Shklovski a la teoría literaria: su contas. Como un cesto en el cuarto de moncepto del ostronenie, del “extrañamientaje. Una vida casual.” Hacia finales de
to”, que puso en circulación en su célela década, y acompañado por Tinianov
bre trabajo de 1925 El arte como técnica:
y Eichenbaum, participa en un célebre
“El propósito del arte es el de impartir la
debate público con teóricos marxistas.
sensación de las cosas como son percibiEl triunfo fue apoteósico pero el formadas y no como son sabidas (o concebidas).
lismo tenía los días contados. La Rusia
La técnica del arte de ‘extrañar’ a los obsoviética ha apostado por el realismo sojetos, de hacer difíciles las formas, de inLA TERCERA
cialista y su énfasis sobre el contenido en
crementar la dificultad y magnitud de la
FÁBRICA. ÉRASE
contra de la forma. Shklovski hará carrepercepción, encuentra su razón en que
UNA VEZ
ra como escritor soviético y recibirá los
el proceso de percepción no es estético
más altos lauros de la Unión Soviética.
como un fin en sí mismo y debe ser proVÍKTOR
Murió en 1984 pocos años antes de que
longado. El arte es una manera de experiSHKLOVSKI
comenzara la Perestroika.
mentar la cualidad o esencia artística de
Tanto en La tercera fábrica como en
un objeto; el objeto no es lo importante.”
lengua y
Érase una vez, aporta Shklovski —enDicho de otro modo, y es algo que ilustra
estudios
tre reflexiones sobre el arte y apuntes de
en detalle cuando habla de ese memoraliter arios
suma clarividencia— un retrato psicoble pasaje en Tolstói de un obrero que se
Traducción de Irina
lógico muy exacto de la generación que
inclina a afilar su cuchillo en un adoquín
Bogdaschevski,
hizo la Revolución de Octubre. Todo está
de la calle: el arte arranca los objetos de
revisión de Fulvio
ahí: el ambiente de fiesta, de gran renosu percepción automatizada y cotidiana,
Franchi
vación, el Petersburgo de los simbolistas.
les da vida en sí mismos, y en su reflejo en
1ª ed., Buenos Aires,
Se trata de una generación que aparte de
el arte.
2012, 320 pp.
pintores y músicos de fama mundial1 dio,
Shklovski fue un autor prolífico. En es978 950 557 916 7
tan sólo en el campo de las letras y del español tenemos entre otros trabajos suyos
tudio literario, a colosos de la talla de MiViaje sentimental (1923), Zoo o cartas no
jaíl Bajtín, de Vladimir Propp, de Isaac Babel, del de amor (1923), Mayakovsky (1940) y La disimilitud
propio Ósip Brik, de Vladimir Mayakovsky y mu- de lo similar (1970). En la Rusia soviética escogió
chos otros. Todos ellos pasan por las páginas de es- sobrevivir. Participa en el Primer Congreso de los
tas memorias, en la que se manifiesta una relación Escritores en 1934, que marcó un giro de 180 graíntima, de cercanía. A Roman Jakobson, por ejem- dos con su pasado formalista. De ahora en adelanplo, el memorialista le echa en cara que esté en Pra- te lo que contaría en la literatura soviética sería el
ga y no regrese; como es sabido, terminaría yéndose contenido, el contexto social, la representación de
a Harvard, donde desarrolló una brillante carrera la lucha de clases. Otra página oscura de su biograacadémica.
fía como escritor soviético es su participación en el
Sin embargo, Shklovski nos alerta sobre la fiabi- infame viaje de un gran grupo de escritores soviétilidad de su propio método, las trampas de la memo- cos a las obras del canal del mar Blanco. Sus biógraria, de los recuerdos personales como herramienta fos lo exculpan: fue allí con la intención de ver a su
de interpretación de las obras literarias: “También hermano, recluso en las obras. En cualquier caso,
es absolutamente incorrecto usar los diarios perso- no corrió la suerte de Ósip Mandelstam y otros
nales para aclarar los caminos de la creación de las que se opusieron al estalinismo de manera frontal:
obras. Aquí hay una mentira oculta, como si el es- sobrevivió.
critor creara y escribiera solo, y no junto con su géUn dato curioso muestra el grado de popularidad
nero, con toda la literatura, con todas sus corrientes de nuestro autor, el impacto de su prosa viva e imaen pugna. La monografía sobre un escritor es un in- ginativa. Hay una frase en el ruso de uso cotidiano
tento imposible. Además, los diarios nos conducen que proviene directamente de uno de sus libros de
hacia la psicología de la creación y hacia la cuestión 1928: “la cuenta de Hamburgo”. Según Shklovski, los
del laboratorio del genio.”
forzudos de circo de la época prerrevolucionaria se
Algo debe ser dicho de la sintaxis singular de reunían una vez al año en esa ciudad alemana, donShklovski, que es “franca”, entrecortada. Lo que, de a puertas cerradas contendían entre ellos para
dicho sea de paso, aparece —de otra forma, es ver- ver cuál era en realidad el más forzudo. Eso se lladad— en los versos caprichosamente quebrados (y ma, “la cuenta (o conteo) de Hamburgo”. Sin duda
por eso llenos de un sentido único) de Vladimir Ma- Víktor Shklovski, el nonagenario en aquel taxi,
yakovsky. Se dice que fue Ósip Brik quien le sugirió se encuentra entre los ganadores de esa singular
al poeta partir de ese modo los versos, cosa que se competencia.W
convirtió en un rasgo distintivo de su poesía. En
sus escritos Shklovski no buscaba nada “acabado”,
sino lo natural y despeinado. Sentía desprecio por
lo “burgués”, actitud ésta que permea todo su libro
y aparece, de la manera más clara, en esa sintaxis
suya pero también en la manera acuarelística de su
prosa, dada en pinceladas. En español encuentro
un impulso semejante en esas memorias únicas de
Lorenzo García Vega, miembro díscolo del grupo
Orígenes, liderado por José Lezama Lima. Su libro
es muy parecido por su “tono” al del ruso, en pie de
guerra contra lo burgués prerrevolucionario. Vale
también comparar la prosa de La tercera fábrica
con Salvoconducto (1931), libro autobiográfico de su
contemporáneo Borís Pasternak. El poeta es más
lírico, más redondo, y muchos consideran su libro
como una de las joyas de la prosa rusa del xx.
Pero Shklovski busca deliberadamente otro efecto: “Se publican muchas memorias ahora, pero la
gente ama su pasado y lo adorna con las flores y con
los tilos tradicionales. Yo voy a escribir sin tilos. Así
que escribiré directamente. La vida de una persona
no muy rica antes de la revolución era limitada, ciega, aislada. Hablo de la gente de mi círculo. Lo que
usted leerá ahora no es un libro ni los fragmentos
de un libro. Trato de presentar tres partes acabadas: la infancia, la juventud, que terminan con la revolución vista desde abajo.”
En ambos libros, dispersos, insertados en el texJosé Manuel Prieto, cubano de nacimiento, estudió
ingeniería en la URSS y un doctorado en historia en
México;
es autor de estupendas novelas como Livadia
1 Véase el número de marzo de 1996 de La Gaceta, dedicado a la así bau(Mondadori, 1998). Vive en Nueva York.
tizada “Edad de Plata”, momento de esplendor de la cultura rusa.
V I E N E D E L A PÁ G I N A
MARZO DE 2013
Imagen: COMPOSICIÓN A PARTIR DEL CARTEL DE LA PELÍCULA OCTUBRE, DE SERGUÉI EISENSTEIN
En 2012 empezó a circular una nueva edición de Problemas de la poética
de Dostoievski, el original estudio de Mijaíl Bajtín sobre el arte literario
del gran novelista ruso. Esa obra, cuyo primer borrador se redactó en los
años treinta del siglo pasado y vivió un segundo aire tres décadas más
tarde, es abordada aquí por el principal biógrafo de Fiódor
Mijáilovich, quien ora acota, ora exalta los hallazgos analíticos
del también estudioso del carnaval
R ES EÑA
Los hallazgos
de Bajtín
JOSEPH FRANK
MARZO DE 2013
19
RUSOFILIA
LOS HALLAZGOS DE BAJTÍN
EL PRINCIPIO DE LA VISIÓN DEL MUNDO
DE DOSTOIEVSKI CONSISTE EN LA AFIRMACIÓN
DEL ‘YO AJENO’ NO COMO OBJETO SINO COMO OTRO SUJETO.
LA CONSOLIDACIÓN DEL ‘YO AJENO’ —EL ‘TÚ ERES’—
ES PRECISAMENTE AQUEL PROBLEMA QUE, SEGÚN IVANOV,
HAN DE RESOLVER LOS PERSONAJES
E
l estudio de Bajtín sobre la
poética de Dostoievski es un
trabajo tan rico y aborda temas tan diversos —no se detiene en la interpretación de
Dostoievski sino que abarca
preguntas fundamentales
sobre los géneros literarios
y la teoría narrativa—, que
apenas es posible hacerle
justicia en estos breves apuntes sobre su tesis central. En el primer capítulo, Bajtín enumera una serie
de críticos, en su mayoría rusos, a quienes consideró
dignos de estudio y a los que acusa del mismo error
que antes se había imputado a los marxistas vulgares. Así como éstos eliminaron ciertos elementos de
la obra de su contexto artístico y los consideraron
como un reflejo directo de la realidad social, aquéllos
habían tomado a algunos de los personajes de Dostoievski como un reflejo directo de las ideas del autor.
Bajtín rechazaba aquello que llamó el “camino de monologuización filosófica” pues lo consideraba un acercamiento inadecuado, aunque, hay que decirlo, ese
acercamiento condujo a agudas reflexiones sobre los
temas ideológicos de Dostoievski. El mismo Bajtín admite que encontró sugerencias útiles para sus propias
teorías en los “tanteos” de Viacheslav Ivanov.
Al citar y parafrasear a Ivanov, Bajtín escribe: “El
principio de la visión del mundo de Dostoievski consiste en la afirmación del ‘yo ajeno’ no como objeto
sino como otro sujeto. La consolidación del ‘yo ajeno’ —el ‘tú eres’— es precisamente aquel problema
que, según Ivanov, han de resolver los personajes
de Dostoievski […] para convertir al otro hombre de
una sombra en una realidad verdadera.” La idea de
Bajtín sobre el “postulado ético-religioso que determina el contenido” es exactamente la misma aunque pone mayor énfasis en la personalidad. Aun así,
Bajtín considera que Ivanov había fracasado en un
aspecto de su análisis: no había logrado establecer
una correcta relación entre el contenido y su expresión formal. Ivanov llamó a las obras de Dostoievski
“novela-tragedia” (fue él quien inventó este término de uso común), pero Bajtín considera que este
híbrido genérico elude la verdadera naturaleza de
la creación formal de Dostoievski. En mi opinión, el
término de Ivanov es preferible al que Bajtín acuñó
para sustituirlo: la “novela polifónica”. En este aspecto, los argumentos de Bajtín en contra de Ivanov
de ninguna manera resultan del todo convincentes.
Bajtín observa que el contenido de Dostoievski involucra una “catástrofe trágica” de la conciencia,
que por estar desconectada de los otros permanece
enterrada en el “aislamiento solipsista”; asimismo,
señala que “Dostoievski veía y pensaba su mundo
por excelencia en el espacio y no en el tiempo. De
ahí su profunda tendencia hacia la forma dramática.” ¿Por qué, entonces, rechaza Bajtín el término
que destaca estas cualidades artísticas?
Es evidente que Bajtín rechaza el término de Ivanov porque no desea definir la forma de Dostoievski
a través de los conflictos centrales de sus tramas
(catástrofe trágica) o de la extrema condensación
de su secuencia temporal. Más bien, se enfoca en
la relación autor-personaje, misma que, según su
interpretación, es análoga a la definición que Ivanov hace de la esencia temática de Dostoievski (“la
afirmación del ‘yo ajeno’ no como objeto sino como
otro sujeto”). Según Bajtín, ésta es la forma precisa en que Dostoievski, como autor, se relaciona con
su propia creación de personaje. “Así, pues, la nueva
20
posición artística del autor con respecto a su héroe
en la novela polifónica de Dostoievski es una posición seriamente planteada y sostenidamente realizada de dialogismo, que defiende la independencia, la
libertad interior, el carácter inconcluso y falto de
solución del héroe.” Algunas páginas antes, Bajtín
escribe que “la vida genuina de la personalidad [un
término que él distingue del ‘personaje literario’ ya
que éste carece de la dimensión de libertad interna]
sólo es accesible a través de una penetración dialógica de la personalidad, durante la cual esta última
se revela libre y recíprocamente”. Así, el autor Dostoievski adquiere la función que antes desempeñaba Cristo en el pensamiento de Bajtín; como creador literario se relaciona con el “hombre en el hombre” de los otros (sus personajes) mediante esta
actitud de “penetración dialógica”.
Como resultado, Bajtín considera la estructura
de la novela de Dostoievski como una polifonía de
voces independientes (de allí el término que propone), cada una de las cuales proviene de una visión
del mundo propia, en vez de fundirse arbitrariamente en una sola posición dominante (monológica) del autor. Bajtín escribió que “Dostoievski creó
un género novelístico radicalmente nuevo”; todos
los novelistas anteriores habían sido monológicos
u homofónicos (aunque el único ejemplo que da es
Tolstói), mientras que en Dostoievski “aparece un
héroe […] cuya voz tiene tanto peso como la que suele tener la del autor”. En efecto, “parece escucharse
al lado de la palabra del autor y se relaciona de una
manera especial con ésta y con las voces igualmente
autónomas de otros héroes [las cursivas con mías]”.
La aseveración histórica de Bajtín es muy fuerte
y, aunque no la modificó en la segunda edición de su
libro, se debilitó considerablemente con el renovado cuarto capítulo, donde Bajtín intenta rastrear el
origen de la novela polifónica hasta el diálogo socrático y la sátira menipea. Si el lector desea conocer algunos de los problemas que surgen de esta genealogía puede consultar a Tzvetan Tódorov, quien
advierte que Bajtín reconoce la esencia de la forma
novela a través de obras que “ordinariamente no se
asocian con el género de la novela”. Su definición
de los atributos de la novela representa en realidad
un préstamo “enorme y poco crítico, […] sin alteraciones notables, de la gran estética romántica: las
reflexiones de Goethe, Friedrich Schlegel y Hegel”
(particularmente del segundo nombre en esa lista, un tanto desconocido pero muy influyente). Sin
embargo, una evaluación de la sugestiva y estimulante teoría de la novela de Bajtín nos llevaría por
un rumbo muy distinto; las novelas de Dostoievski
son aquí nuestra principal preocupación.
Desde que se publicó la primera edición del libro
de Bajtín, uno de los problemas que la ya abundante
reacción crítica ha tratado de forma constante es el
lugar que el autor ocupa en su esquema. ¿Qué sucede con el autor si, como afirma Bajtín, no ejerce ningún dominio o autoridad sobre los personajes? La
posición de Bajtín merece cierta credibilidad pues,
como es bien sabido, algunos de los personajes más
poderosos de Dostoievski (el hombre del subsuelo,
Raskólnikov, Iván Karamázov) representan puntos
de vista que él deseaba combatir e incluso derrocar. En este sentido, Bajtín tiene razón al afirmar
la independencia relativa de los personajes y al insistir en el esfuerzo de Dostoievski por proyectarlos
a partir del mundo interno de cada personaje. Sin
embargo, ya que sus términos críticos (diálogo, monólogo) parten del paradigma Cristo-hombre de su
filosofía, Bajtín cae constantemente en la tentación
de sugerir una independencia absoluta de los personajes que en realidad no puede existir (con excepción
quizá de lo que ocurre con la escritura automática, de
la que las novelas de Dostoievski no son un ejemplo).
Por supuesto Bajtín estaba consciente de esto
tanto como cualquier otro e intentó eludir el problema con frases vagas como las ya mencionadas
(por ejemplo, Dostoievski relaciona su voz con la de
los héroes “de una manera especial”). En las notas
para la segunda edición, en las que toma en consideración justamente tales críticas, escribe: “El autor es intensamente activo, pero su actividad es de
una naturaleza dialógica especial.” Bajtín nunca
logró ir más allá de esa clase de declaraciones débiles, que claramente nada explican. Caryl Emerson
ha observado correctamente que en el prólogo a la
edición revisada Bajtín admite que su libro no abarca asuntos “tan complejos como el problema de la
totalidad de una novela polifónica”. Esta falla crea
un abismo en la teoría de Bajtín y anula su ambición
de demostrar la unidad entre forma y contenido en
Dostoievski.
De hecho, si consideramos el término “novela
polifónica” en el sentido estricto que Bajtín le impone, éste no define de ninguna manera una forma
nueva, pues Bajtín fue incapaz de explicar cómo se
pueden combinar la absoluta independencia de un
personaje ficticio con la unidad de una obra de arte.
Pero si lo consideramos en un sentido más laxo, el
término sí subraya la habilidad de Dostoievski para
dramatizar sus temas sin una intervención autoral intrusiva (aunque el autor interviene más de lo
que Bajtín admite); en especial mediante la fuerza
con que cada personaje expresa su punto de vista
interno. Sin embargo, la crítica angloestunidense
ha reconocido estas características de la técnica
de Dostoievski desde hace mucho tiempo, al punto de que la considera precursora de la novela de
“flujo de conciencia”, en la que el narrador tradicional ha desaparecido por completo.1 Es verdad que
el concepto de Bajtín ha gozado de tanto éxito porque parece convertir a Dostoievski en nuestro contemporáneo; sin embargo, entender a Bajtín sólo en
este nivel es una falsificación de sus ambiciones y
de las de Dostoievski: Bajtín deseaba fervientemente que se considerara que las innovaciones técnicas
de Dostoievski provenían del significado ético y religioso de sus temas, y que lo contenían. También
es desafortunado que, como Tódorov argumenta
en Crítica de la crítica,2 las ambigüedades de Bajtín
sean tales que permitan interpretar erróneamente
a Dostoievski como un relativista moral, restando
así valor a la dimensión trágica de su lucha en defensa de los valores morales de la conciencia cristiana dentro de un mundo cada vez más secularizado.
Sin embargo, al menos desde mi punto de vista,
el hecho de que la tesis de Bajtín sobre la novela polifónica no logre ser convincente no significa que
este libro carezca de importancia; por el contrario,
es y seguirá siendo un clásico de la crítica de Dostoievski. Aunque lo memorable no es la teoría de la
novela polifónica, sino la detallada discusión de
la relación “sujeto-otro” en los personajes de Dostoievski, que nadie antes había explorado de forma
tan cuidadosa y penetrante. Como Bajtín señala, un
1 Véase por ejemplo Melvin Friedman, Stream of Consciousness: A Study
in Literary Method, New Haven, Yale University Press, 1955.
2 Tzevtan Tódorov, Crítica de la crítica, Buenos Aires, Paidós, 2005,
donde hay una penetrante discusión sobre Bajtín.
MARZO DE 2013
RUSOFILIA
LOS HALLAZGOS DE BAJTÍN
SI CONSIDERAMOS EL TÉRMINO “NOVELA
POLIFÓNICA” EN EL SENTIDO ESTRICTO QUE BAJTÍN
LE IMPONE, ÉSTE NO DEFINE DE NINGUNA MANERA UNA FORMA
NUEVA, PUES BAJTÍN FUE INCAPAZ DE EXPLICAR CÓMO SE PUEDEN
COMBINAR LA ABSOLUTA INDEPENDENCIA DE UN PERSONAJE
FICTICIO CON LA UNIDAD DE UNA OBRA DE ARTE
grado insoportable de autoconciencia aflige a los
Al enfocarse en la aguda sensibilidad que cada
personajes desde Pobre gente, la primera novela de personaje de Dostoievski exhibe en relación con los
Dostoievski; constantemente se ven a través de su otros, y explorar cómo cada uno resuena y vibra en
reflejo en los ojos del otro, pero con igual frecuencia la psique de los otros, Bajtín da con el secreto que
se resisten a conformarse con las definiciones que distingue a Dostoievski de otros novelistas que forestos reflejos ofrecen. Invariablemente, se rebelan man parte de la misma tradición. Bajtín precisa
en su contra y Bajtín rastrea las diferentes modali- acertadamente: “Dostoievski introduce dos héroes,
dades de esta rebelión, y al hacerlo muestra su desa- de tal modo que cada uno de ellos queda íntimarrollo, desde una reacción inicial contra un estereo- mente ligado a la voz interior del otro […] Por eso en
tipo literario propuesto por Gógol, hasta una gue- su diálogo las réplicas de uno se sobreponen e inclurra contra todo intento de encerrarlos en cualquier so parcialmente coinciden con las réplicas del diá“definición que los exteriorice y los quiera redon- logo interior del otro. La profunda y esencial reladear”. (La ideología de la intelligentsia radical de la ción o la coincidencia parcial de las palabras ajenas
época de Dostoievski —como Bajtín bien sabía pero de un personaje con la palabra interior y secreta del
no podía, o no quería, afirmar— había propuesto ta- otro: ése es el momento obligatorio en todos los diáles definiciones.)
logos importantes de Dostoievski.”
Bajtín ilustra este punto con una serie de ejemComo Bajtín luego dice de Raskólnikov: “Apenas
plos en su quinto capítulo, que también incluye una un personaje aparece dentro de su horizonte, en sevaliosa tipología de las diversas formas de discurso. guida llega a ser personificación viva de la solución
Pone particular atención en lo que llama “discurso de su propio problema personal, solución que no
bivocal”, que es el uso lingüístico afectado y altera- concuerda con la suya; es por eso que cada persodo por la conciencia del discurso del otro (ejemplos na llega a perturbarlo y adquiere un papel definido
podrían ser un intercambio en una conversación o en su discurso interno.” Estas palabras contienen
una obra escrita que parodie a su modelo). Aunque una reflexión fundamental en torno a un aspecto
este capítulo es de gran interés sistemático y teóri- de suma importancia en el método de creación de
co, siempre ha sido excluido de la crítica
Dostoievski y esclarecen de forma bridirigida a la novela polifónica y, como se
llante la densa textura de las novelas de
ocupa de las relaciones de los personajes
Dostoievski: la forma en que los personadentro del texto y no de la relación del aujes reflejan constantemente aspectos de
tor con sus personajes, su validez no delos otros en lugar de existir como psiques
pende de la teoría de la polifonía. El princontenidas en sí mismas. Aunque éste no
cipal interés de Bajtín en este capítulo es
fue su objetivo, Bajtín es el único que nos
señalar los muchos medios con que las
permite entender la forma en que Dosfiguras centrales de Dostoievski reacciotoievski crea la inimitable sensación de
nan contra los intentos de restringir o lientretejido psíquico subliminal, que una
mitar lo infinito de sus personalidades,
vez más anticipa una de las característiasí como analizar los varios tipos de discas de la novela de “flujo de conciencia”.
PROBLEMAS DE
curso bivocal con que los personajes asiSin embargo, para este momento debe
LA POÉTICA
milan las voces de los otros y responden
ser bastante claro que los escritos de BaDE DOSTOIEVSKI
a ellos de formas fuertemente afectadas
jtín sobrepasan el dominio limitado de la
por tal asimilación. La retórica del Homcrítica literaria. Es fácil entender por qué
MIJAÍL
bre del Subsuelo, por ejemplo, está conslos egresados del Instituto Gorki —que
MIJÁLOVICH
truida de tal forma que anticipa y derriba
acababan de liberarse del estalinismo a
BAJTÍN
de antemano las respuestas de un lector
mediados de la década de 1950— responhostil, aun cuando el Hombre del Subsuedieron con tal fervor a la insistencia de
breviarios
lo supuestamente escribe para sí mismo.
Bajtín en la libertad infinita de la persoTraducción de
Sin embargo, en el transcurso de estos
nalidad humana, así como a su exigencia
Tatiana Bubnova
análisis Bajtín logra iluminar una de las
kantiana de que la humanidad se trate
3ª ed., 2012, 542 pp.
características más llamativas del arte
como un fin antes que como un medio
968 16 6816 2
de Dostoievski como novelista, aunque
que se oriente de acuerdo con los deseos
$195 (rústica)
no la enuncia explícitamente.
de la autoridad.3 Así, el libro de Bajtín soTodo lector de Dostoievski ha tenido la
bre Rabelais, que glorifica una cultura
sensación de que los personajes de este autor se re- popular irreverente y obscena que se revela contra
lacionan de forma distinta a la ordinaria; parecen todos los tabúes sagrados de la época, se podía enexistir no sólo en el plano de los lugares comunes que tender (y definitivamente así fue) como un llamado
presentan las interacciones sociales en las novelas en contra de las sofocantes restricciones del sisterealistas, sino que parecen entrelazados de alguna ma cultural soviético.
forma subterránea que confiere una intensidad especial y casi hipnótica a la narración de Dostoievski.
Este tipo de efectos son comunes en las novelas gó- 3 Mariya Kaganskaya ofrece en un artículo poco conocido (“Shutovskoi
ticas y románticas, donde se puede evocar lo sobre- Khorovod”, Sintaksis, 12, 1984, p. 141) un vistazo revelador a la forma
natural para motivar las relaciones misteriosamente en que las obras de Bajtín se leyeron en la Unión Soviética. “Sí —escribe
nuestra relación con Bajtín no era desinteresada; sus textos, de por
“magnéticas” entre personajes. Sin embargo, y aun- ella—,
sí densos, estaban cargados de subtexto, y nosotros tomamos su crítica de
que Dostoievski conocía bien a E. T. A. Hoffmann, la expresión artística con forma monológica como la negación de la ideopor quien sentía gran admiración, se esforzó mucho logía monolítica en general, y del problema que en particular nos ocupó (o,
dicho, que se ocupó con nosotros); leímos Problemas de la poética de
por mantenerse dentro de las convenciones de vero- mejor
Dostoievski como una novela: a L. N. Tolstói, por ejemplo, lo entendíamos
similitud características de la novela del siglo xix (El como alegoría del poder soviético (lo que, honestamente, no es una interdoble es la única excepción). Dostoievski logró obte- pretación tan forzada, si se tiene en mente que su estructura contiene las
básicas, no políticas sino estéticas, de ‘la gente’, ‘la simplicidad’
ner el mismo efecto por otros medios; es aquí donde categorías
y ‘el beneficio moral’). Dostoievski fue nuestro héroe (un símbolo de liberBajtín, más que cualquier otro crítico, nos ayuda a tad espiritual), y una personalidad que con el nombre ‘polifonía’ apareció
entender la forma exacta en que Dostoievski lo logró. como una alegoría de ‘pluralismo’ y ‘democracia’. ¿Parece ridículo? Es ridículo. ¿Suena doloroso? Sí, fue doloroso.”
MARZO DE 2013
En 1968 se tradujo al inglés el libro sobre Rabelais: ése fue el año de los movimientos estudiantiles en París y en todo el mundo, un periodo en que
florecían el teatro callejero, los conciertos de rock
desenfrenados y los happenings orgiásticos. No
podría haber sido más oportuna la celebración de
lo que Bajtín llamó “el sentido carnavalesco de la
vida”, que pone de cabeza al mundo ordinario; que
no sólo se representa sino que se vive. Inmediatamente se reconoció a Bajtín como un genial precursor de los eventos culturales revolucionarios que
estaban transformando la sensibilidad moderna.
De forma similar, su libro sobre Dostoievski se tradujo al francés cuando el nouveau roman, en consonancia con Sartre, había condenado a muerte a
todos los narradores omniscientes y los puntos de
vista dominantes. Se declaró que la inmersión en
la subjetividad era la única fuente de creación literaria y Bajtín se colocó nuevamente en el centro
de las preocupaciones de esa época. Una vez que las
primeras obras del círculo de Bajtín comenzaron a
aparecer, los marxistas occidentales, que se esforzaban por crear una sociología de la cultura que
trascendiera los límites establecidos por el partido
respecto del pasado, las leyeron con avidez.
Así, las ideas de Bajtín se convirtieron en tierra
fértil para la cultura occidental. Sin importar las
reservas que uno pueda tener sobre alguna tesis
de Bajtín, es imposible contemplar su vida sin sentir una gran admiración y un respeto inmenso por
sus logros. Que escribiera textos tan valiosos en
condiciones tan desalentadoras, entre infortunios
y abandono, y afligido por una severa enfermedad
de los huesos; que preservara y mantuviera vivo el
espíritu de la intelligentsia de la Era de Plata rusa a
pesar de las presiones de la Era de Hierro soviética,
sólo se puede considerar como un triunfo de valentía privada e integridad sin pretensiones.
En él se puede vislumbrar la misma cultura que
Pasternak recreó en Dr. Zhivago y, en menor medida, Bajtín también heredó un poco de esa cultura a la posteridad. De hecho, a través de amigos en
común hubo cierto contacto ocasional entre estos
dos hombres, y existen similitudes fuertes y específicas, por un lado, en su aceptación de la Revolución
rusa como un apocalipsis pasajero y, por otro, en su
devoción a una cristiandad que inspira y justifica
una reverencia por el valor infinito de la personalidad humana. Lo más importante, sin embargo, es
que Bajtín, al igual que Yuri Zhivago, permaneció
siempre fiel a sus más altos valores y nunca permitió que su mente ni su sensibilidad se objetivaran,
cosificaran o cerraran. No escuchar su voz, o no
continuar con él “el gran diálogo” que daba sentido a toda la vida humana, sería fortalecer aquellas
fuerzas que empobrecen y disminuyen el espíritu
humano, en Rusia y en todos lados, y contra las cuales trabajó sin descanso.W
Agradecemos al autor el permiso para reproducir
aquí este fragmento de un artículo publicado por The
New York Review of Books en 1986 y recogido en
Through the Russian Prism: Essays on Literature
and Culture (Princeton University Press, 1990).
Traducción de Ricardo Quintana
Joseph Frank, profesor emérito de la Universidad
de Stanford, es autor de la imponente, y deliciosa,
biografía de Dostoievski en cinco tomos que el Fondo
publicó entre 1984 y 2010.
21
Ilustración: E M M A N U E L P E Ñ A
CAPITEL
Luz aun en lo
más oscuro
C
on una gotita de efectismo, el informe de resultados de la segunda Encuesta Nacional de Lectura se intitula “De la penumbra a la oscuridad…”. Quienes bautizaron así el documento
buscaron captar la atención de sus lectores y
sintetizar en un puñado de palabras los tristes
hallazgos de esta investigación sobre las prácticas de lectura en nuestro país, más endebles
en 2012 que seis años atrás, cuando el Conaculta, con ayuda de la unam, levantó la primera encuesta seria en esta materia. A diferencia
de ella, el nuevo ejercicio demoscópico es una
iniciativa privada, realizado por la Fundación
Mexicana para el Fomento de la Lectura (FunLectura), un organismo que trata de involucrar a los fabricantes de papel, a los impresores
y encuadernadores, y a los editores de libros en
esa labor propia de Sísifo que es la formación
de lectores de verdad. Hay en este hecho una
buena y una mala notica: la segunda es que el
Estado se desentendió de su obligación de generar información sobre una actividad clave
en el desarrollo ciudadano, la primera es que
hubo un grupo de personas con suficiente empeño, y recursos, para echarse sobre los hombros el reto de retratar con cifras el estado de
la lectura en México (además de las cámaras
de las tres industrias mencionadas arriba participaron la Asociación Nacional del Libros y
las editoriales Esfinge, sm y Santillana).
E
s una obviedad afirmar que una encuesta como ésta deja en la sombra
tanto o más de lo que alumbra, pues
por un lado, cosa inevitable, “inventa” una realidad y por otro confiere un carácter engañosamente sólido a sus descubrimientos. Se da una invención porque las preguntas
que se plantean a los entrevistados los obligan
a percibir hechos que tal vez no existan o que,
si fuera posible atenderlos con todo rigor, serían descritos de manera distinta. Ejemplo de
ello es la pregunta reina de los estudios sobre
hábitos de lectura —¿cuántos libros leyó usted
durante el último año?—, a la que debe responderse con engañosa precisión, sin dejar en claro qué es haber leído un libro —si uno leyó la
mitad, ¿hay que contarlo?— y sin dar tiempo a
que el encuestado haga un ejercicio minucioso
(y honesto) de memoria; algo semejante puede
decirse de la cantidad de ejemplares que uno
tiene en casa: dada nuestra pobre cultura matemática, sólo unas pocas personas dominan
el fino arte de estimar cuántos elementos hay
en un conjunto, pero en todo caso el cuestionario recabará dos guarismos contundentes pero
inciertos. Procesados esos datos, la conclusión
que se extraiga pronto adquirirá el aspecto de
la verdad, y esa adustez sin duda dificultará
que se lea entre líneas o que se preste atención
a los innumerables temas afines que no hayan
entrado en el estudio.
E
l pesimista, o el hombre anumérico,
desdeñará lo dicho por la encuesta;
el optimista confía en que los errores
se anulen unos a otros o que al menos un mismo sesgo se manifieste al repetir
22
DE MARZO DE 2013
letras en nuestro país. En el
Fondo hemos publicado también
los dos tomos de su Antología de
la narrativa mexicana del siglo
XX y Los retornos de Ulises. Una
antología de José Vasconcelos.
letras mexicanas
2ª ed., 2012, 756 pp.
978 968 16 8478 5
$300 (rústica)
DICCIONARIO CRÍTICO
DE LA LITERATURA
MEXICANA (1955-2011)
tierra firme
1ª ed., Santiago de Chile, 2012, 312 pp.
978 956 28 9104 2
$295
CHRISTOPHER DOMÍNGUEZ
MICH A EL
En esta nueva edición, que
amplía, complementa y enriquece
la publicada originalmente en
2007, el crítico literario presenta
una antología y diccionario
personales en los que explora la
producción literaria nacional y
a su creadores desde el año de
publicación de Pedro Páramo
hasta nuestros días. En tanto
antología, recopila fragmentos,
ensayos o artículos completos que
publicó en las últimas décadas, y
que han conformado uno de los
cuerpos críticos más consistentes
y amplios de la literatura
mexicana contemporánea; como
diccionario, presenta a 165 autores
—narradores, ensayistas, poetas,
dramaturgos y críticos— cuya
obra ha sido editada después de la
fecha de origen antes apuntada.
De esta manera, guiándose por
sus lecturas y el rigor que lo
caracteriza, Domínguez Michael
ofrece una obra de consulta
y análisis fundamental para
comprender la escena de las
denomina “escritura seropositiva”,
son abordadas en esta obra que
no sólo rastrea y analiza las
manifestaciones literarias que
han surgido en Latinoamérica en
torno a este padecimiento, sino
que se plantea como un punto
de reflexión original en torno a
la globalización y el capitalismo.
Autora también de Fruta podrida,
publicada por el Fondo en 2007,
Meruane despliega en estas
páginas un pensamiento claro
e intrépido que confronta los
estigmas que han marcado a esta
enfermedad.
VIAJES VIRALES
La crisis del contagio global
en la escritura del sida
LINA MERUA NE
Desde que apareciera la pandemia
en la década de los ochenta y se
transformaran las formas de vivir
y entender la sexualidad, el sida
ha marcado tanto a aquéllos que
la han padecido como a quienes
se enfrentan potencialmente al
virus. Y frente a la realidad que ha
impuesto, ha surgido un corpus
literario que la nombra, la expresa,
la retrata desde la marginalidad y
los puentes perversos que se han
establecido entre el comercio y el
padecimiento, entre las “buenas
conciencias” y la enfermedad,
entre lo local y lo global. Todas
esas expresiones, a las que la
escritora y ensayista chilena
TRAZO DEL TIEMPO /
TRAIT DU TEMPS
COR AL BR ACHO
Inscrita en la colección
discográfica del Fondo, que suele
capturar en voz de los propios
autores su obra, presentamos
esta dupla de cd que recupera
27 poemas de Coral Bracho
en una versión doble: primero
recitados por ella misma en
español e, inmediatamente
después, trasladados al francés y
leídos por la poeta quebequense
MARZO DE 2013
NOV EDA D ES
Françoise Roy. Sobre este
poemario —publicado en 2001 por
la Coordinación de Humanidades
de la unam, Aldus y Écrits des
Forges de Quebec— y la escritura
intimista y reflexiva de quien
fuera condecorada con el Premio
Xavier Villaurrutia en 2004, David
Huerta escribió en su prólogo que,
leer un poema de Bracho “es una
experiencia parecida a la de entrar
de pronto en un lugar sombrío y
húmedo. Hay una abundancia de
curvas, de líneas convergentes y
divergentes, de ideas abolidas”. En
versión impresa, hemos publicado
Bajo el destello líquido, volumen
que recupera Peces de piel fugaz
y El ser que va a morir, obra con
la que la autora ganó el Premio
Nacional de Poesía Aguascalientes
en 1981.
entre voces
Voz en francés de Françoise Roy
1ª ed., fce-Conaculta-Seminario de Cultura
Mexicana-Festival International de la PoésieÉcrits des Forges, 2012, 2 cd
978 607 16 1284 7
$139.20
EL DAO EN DISPUTA
La argumentación filosófica
en la China antigua
ANGUS CHARLES GR AHAM
Considerado uno de los sinólogos
más importantes de su generación,
el profesor de chino clásico en la
School of Oriental and African
Studies de la Universidad de
Londres presenta en esta obra
una de las aproximaciones
más ricas y exhaustivas a la
filosofía china clásica (500-200
a. C.), centrándose tanto en “los
contenidos del pensamiento de
los sabios como en sus modos de
pensar, con el énfasis puesto en
los debates entre escuelas rivales”,
desde el moísmo tardío hasta el
antiracionalismo de Zhuangzi.
De esta manera, se está ante
un volumen que examina los
cimientos de una de las filosofías
más antiguas e influyentes de la
que ha abrevado el pensamiento
del Viejo Mundo. Cabe destacar,
además de la cuidadosa traducción
que vertió este importante
trabajo a la lengua de Cervantes,
el aparato crítico en el que se
aclaran muchos de los conceptos
e ideas que facilitan la inmersión
a este complejo universo de
pensamiento.
filosofía
Traducción de Daniel Stern, revisión de Flora
Botton
1ª ed., 2012, 589 pp.
978 607 16 1191 8
$350
EL ABORTO: GUERRA
DE ABSOLUTOS
RUDI, EL CERDITO
DE CARRERAS
L AUR ENCE H. TR IBE
UWE TIMM
El profesor de derecho
constitucional en Harvard,
quien fuera nombrado por el
presidente Obama y el fiscal
general Holder para servir como
asesor principal de la Presidencia
en Acceso a la Justicia, presenta
en este importante trabajo una
aproximación al aborto que escapa
de los tratamientos morales, de
género o biológicos con los que
suele abordarse. Para ello, se
centra en revisar las nociones
legales con las que dicho acto
ha sido tipificado en la historia
de Estados Unidos, desde 1920
hasta 1992. Esta aproximación del
lado constitucional del tema, que
analiza los argumentos a favor
y en contra que han urdido sus
narrativas legalistas, ofrece una
lectura que enriquece la discusión
y brinda vías para comprender
los avances que se han tenido, en
el terreno legal, para enfrentarlo.
El volumen, además, contiene un
estudio preliminar en el que se
exponen los casos emblemáticos
que han ocurrido en el país del
norte desde la fecha de edición
de la obra hasta nuestros días, así
como lo que ha ocurrido en México
sobre este tema y en la legislación
de 36 países latinoamericanos y
nuestras 32 entidades federativas.
Con esta obra damos la bienvenida
en el Fondo a uno de los autores
de literatura para niños y jóvenes
más destacados del mundo.
Ganador de más de una decena de
importantes reconocimientos, el
autor alemán, filósofo y militante
del partido socialista de su país es
reconocido a nivel internacional
por la forma en que ha incorporado
el valor narrativo de lo cotidiano
(ya sea desde el vocabulario, ya
desde el tipo de anécdotas que
narra) en su literatura. Este título,
publicado en su lengua original
en 1989 y llevado a la pantalla
grande años después, cuenta la
historia de la familia de Zuppi y
del cerdito Rudi Russel, quienes se
enfrentarán a la difícil búsqueda
de un hogar ¡en el que acepten al
pequeño cochino como mascota!
El volumen está ilustrado por Axel
Scheffler, artista que comenzó su
trabajo en periódicos y revistas y
que ahora es también considerado
uno de los mejores ilustradores del
país germano.
política y derecho
Traducción de Dubravka Suznjevic, traducción
del prefacio a la edición en español de Víctor
Altamirano, traducción del apéndice de Ricardo
Quintana Vallejo
Estudio preliminar de José Cossío Díaz, Luz
Helena Orozco y Villa y Luisa Conesa Labastida
1ª ed., 2012, 603 pp.
978 607 16 1242 7
$250
a la orilla del viento
Ilustraciones de Axel Scheffler, traducción de
Margarita Santos Cuesta
1ª ed., 2012, 154 pp.
978 607 16 1170 3
$55
el ejercicio estadístico, de suerte que tal vez
no sea cierto que los mexicanos mayores de
doce años leen 2.94 libros al año, casi lo mismo que en 2006 (entonces se reportó una sola
cifra decimal: 2.9), pero sí en cambio sea verdad que no se ha modificado drásticamente la
intensidad de lectura. Con ese mismo ánimo,
poco importa detallar que el porcentaje de las
personas que se consideran a sí mismas lectores cayó en 10.2 puntos, pues hace seis años
56.4 por ciento de los entrevistados aceptó
ser lector de libros, mientras que en 2012 sólo
46.2 lo hizo; lo que importa es que disminuyó la proporción de gente que dice ser lectora. Importa asimismo la aparente tendencia a
estar más conectado a internet, o que al cabo
de ese sexenio menos hombres que mujeres
se reconozcan como lectores: si en 2006 casi
no había diferencia entre ambos grupos, en
los tiempos que corren sólo 42.8 por ciento
de ellos lee libros, contra el 49.1 de ellas que lo
hace (¿será un resultado de la campaña, con
marcado sesgo de género, que promueve que
se lea con los hijos al menos 20 minuto al día?;
según el informe preliminar, la principal influencia para que una persona devenga en lector es la de los padres, y quizá sobre todo la de
la madre).
E
l resultado más sobresaliente, en
línea con lo que supimos hace seis
años, es el papel determinante que
desempeña la escuela en la afición
por la lectura, si bien su influencia está gravemente limitada al periodo en que los alumnos
asisten a la escuela. Se lee un poco más, pues,
mientras es obligatorio leer (en el grupo entre 12 y 17 años seis de cada diez mexicanos se
dicen lectores, mientras que son sólo tres de
cada diez entre los mayores de 56 años, con
decrementos regulares conforme se avanza
en la edad), pero en cuanto se libra la obligación la gente se instala en la comodidad de la
no lectura. De extrema gravedad es que 28
de cada 100 personas con estudios universitarios no sean lectores: la educación superior
sirve para hacerse de un decorativo diploma,
no de las herramientas para hacer de los libros una compañía perdurable.
S
í, el panorama no sólo es sombrío
sino que revela un retroceso. Pero,
equipados ya con la linterna del optimismo, el informe sugiere zonas
en las que la acción pública y privada puede
tener efectos relativamente pronto. Entre las
razones por las que no se lee hay algunas que
rebasan el ámbito de acción de todos los que se
mueven en el circuito del libro, pero otras que
con ingenio y coordinación podrían revertirse. Poco puede hacerse contra la principal
explicación (61.5 por ciento) de la no lectura:
la falta de tiempo, que no es otra cosa que un
reflejo de la pobreza (uno dedica sus horas a
labores relacionadas con la supervivencia, remuneradas o no), de la escasa planeación urbana (el transporte público es un insaciable
devorador de tiempo), de la competencia con
otras actividades recreativas o informativas,
pero en cambio hay un ancho abanico de acciones para seducir a quienes no saben qué
leer (21.8) o a quienes no tienen a su alrededor
algo que les interese (21.1). Multiplicados por
el factor de expansión adecuado, esos porcentajes corresponden a ¡más de 18 millones de
individuos!, toda una nación de potenciales
lectores, necesitados de información y sugerencias (como las que trata de dar La Gaceta).
M
overse en la oscuridad es peligroso. Para hacerlo sin tantos riesgos
hay desarrollar la sensibilidad de
los bichos abisales, que son capaces de orientarse con unos cuantos fotones.
Agradezcamos el trabajo de FunLectura y sigamos caminando hacia donde intuimos que
hay luz.
Tomás Granados Salinas
MARZO DE 2013
23
Ilustración de Daniela Iride Murgia.
Con el propósito de encontrar nuevas voces que impulsen el desarrollo de la creación literaria y
plástica de obras para niños y jóvenes en Iberoamérica, el Fondo de Cultura Económica convoca
a escritores e ilustradores de todas las latitudes para que participen en el XVII Concurso de
Álbum Ilustrado A la Orilla del Viento, que se ajusta a las siguientes
Bases
1. Podrán participar escritores e ilustradores adultos, de cualquier nacionalidad, lugar de origen o residencia, con una o más
obras, siempre que su propuesta sea en lengua española. Quedan excluidos los empleados del Fondo de Cultura Económica.
2. Las obras deberán ser inéditas y no participar simultáneamente en otro concurso, y podrán ser presentadas por uno o
varios escritores e ilustradores.
3. La propuesta deberá atender al concepto de álbum; es decir, un libro en el que la historia se cuente a través de imágenes y texto de tal manera que éstos se complementen o estén
íntimamente relacionados. (Recomendamos ver los álbumes
publicados en nuestra colección Los Especiales de A la Orilla
del Viento.) Asimismo, se aceptarán historias narradas sólo con
imágenes, pero no se recibirán trabajos sin ilustraciones. Los
pop up, las novelas ilustradas o las propuestas para colorear
quedarán automáticamente descalificadas.
4. El tema, formato del álbum y la técnica de ilustración son libres. La extensión máxima de la obra deberá ser de 48 páginas.
5. La propuesta del libro deberá presentarse en una maqueta
con la versión final de diseño, texto, color e ilustraciones. No es
necesario encuadernar la maqueta, un engargolado basta. No
se aceptarán maquetas de obras incompletas.
6. La maqueta deberá firmarse con seudónimo y no debe incluir semblanzas ni referencias al nombre de los autores.
7. Los datos personales de los participantes deberán ir en un
sobre cerrado que contenga nombre, dirección, teléfono y correo electrónico. En el exterior del sobre deberá escribirse el
título de la obra concursante y los seudónimos utilizados para
firmarla.
8. En ningún caso se devolverán las maquetas, por lo que no
se deberán enviar las ilustraciones originales, sino sólo reproducciones de éstas.
9. Los trabajos deberán remitirse a la siguiente dirección:
XVII Concurso de Álbum Ilustrado A la Orilla del Viento
Libros para Niños y Jóvenes
Fondo de Cultura Económica
Carretera Picacho Ajusco 227,
Col. Bosques del Pedregal, Tlalpan,
C. P. 14738, México, D. F.
Los concursantes de Argentina, Brasil, Colombia, Chile, España, Estados Unidos, Centroamérica, Perú y Venezuela podrán
entregar su(s) propuesta(s) en las filiales del FCE en estos países, cuya dirección se encuentra al calce de estas bases. Sus
trabajos deberán incluir la leyenda XVII Concurso de Álbum
Ilustrado A la Orilla del Viento.
10. Queda abierta la presente convocatoria a partir de su fecha de publicación y hasta las 18 horas del 30 de agosto de
2013. En los envíos por correo se considerará la fecha de remisión. No se recibirán propuestas después de esta fecha.
11. El jurado estará compuesto por personas de reconocido
prestigio en el área de la literatura infantil y juvenil. La identidad de sus integrantes se mantendrá en secreto y se dará a conocer en la fecha de publicación de los resultados. Su fallo será
inapelable. Asimismo, el premio podrá ser declarado desierto.
12. El premio, único e indivisible, consistirá en $150,000.00
(ciento cincuenta mil pesos mexicanos o su equivalente en
USD) como adelanto de regalías, así como la publicación de la
obra en la colección Los Especiales de A la Orilla del Viento.
13. Los resultados del concurso serán publicados el 31 de octubre
de 2013 en la página: www.fondodeculturaeconomica.com. La
participación en este concurso implica el conocimiento y aceptación de estas bases.
México, febrero de 2013
Para mayores informes, comunicarse al teléfono (52 55) 5449 1880 o 5449 1882, o escribir a: [email protected].
Filiales
Argentina
Brasil
Colombia
Chile
España
Estados Unidos
Centroamérica
Perú
Venezuela
El Salvador 5665, (1414)
Buenos Aires.
Tel. 4771 8977
Rua Bartira 351,
Perdizes, São Paulo, CEP
05009-000.
Tel. 3672 3397
Calle de la Enseñanza
(11) No. 5-60,
La Candelaria, Bogotá.
Tel. 283 2200
Paseo Bulnes 152,
Santiago de Chile.
Tel. 594 4100
Vía de los Poblados 17,
Edificio IndubuildingGoico 4-15, 28033,
Madrid.
Tel. 91 763 2800
2293, Verus St.,
San Diego,
CA. 92154.
Tel. 429 0455
6a. Avenida 8-65, Zona
9 Guatemala C. A.
Tel. 2334 1635
Berlín 238, Miraflores,
Lima 18. Tel. 447 2848
Av. Francisco Solano,
entre la 2ª Avenida y
calle Santos Erminy, Las
Delicias Sabana Grande,
Caracas. Tel. 574 4753
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