Endopielotomía anterógrada.

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ENDOPIELOTOMÍA ANTERÓGRADA
431
endourología y eswl
10
Arch. Esp. Urol., 55, 4 (431-438), 2002
Endopielotomía anterógrada.
DIEGO MIGUEL SURUR2, JOSÉ IGNACIO IGLESIAS PRIETO, JOSÉ MARÍA MANCEBO GÓMEZ,
JORGE MASSARRA HALABI Y ENRIQUE PÉREZ-CASTRO ELLENDT1.
Unidad de Urología. Clínica "La Luz". Madrid. España.
1Jefe de la Unidad.
2
Becario Clínica "La Luz". Jefe Residentes Urología. Hospital de Clínicas "José de San Martín". Buenos Aires. Argentina.
Resumen.- OBJETIVO: Analizar los resultados obtenidos con la endopielotomía anterógrada y comparar los
datos recogidos de la literatura.
METODOS: Se evaluaron 16 pacientes con estenosis
de la unión pieloureteral en quienes se practicó
endopielotomía anterógrada.
RESULTADOS: En nuestra serie, el porcentaje de
éxito fue del 81,3%. Se constató la rotura de la unión
pieloureteral en un paciente, debiendo reconvertirla en
plastia de Anderson-Hynes. Se presentaron dos casos de
reestenosis, ambas de aparición temprana.
CONCLUSIONES: En el seguimiento a largo plazo, la
endopielotomía anterógrada puede ser propuesta como el
tratamiento de elección para la resolución de estenosis
primarias o secundarias de la unión pieloureteral.
Palabras clave: Estenosis unión pieloureteral.
Endopielotomía anterógrada
Summary.- OBJECTIVE: To analyze the results
obtained with antegrade endopyelotomy and compare
them with those reported in the literature.
METHODS: 16 patients with ureteropelvic junction
(UPJ) obstruction treated by antegrade endopyelotomy
were evaluated.
RESULTS: In our series the success rate was 81.3%.
Avulsion of the UPJ was observed in one patient and
required conversion into an Anderson-Hynes pyeloplasty.
Two cases of re-stenosis were diagnosed within the first
three months.
CONCLUSIONS: Long-term follow-up shows that
antegrade endopyelotomy can be indicated as the treatment
of choice for primary and secondary UPJ strictures.
Keywords: Ureteropelvic junction stricture. Antegrade
endopyelotomy.
INTRODUCCIÓN
Correspondencia
José Ignacio Iglesias Prieto
Unidad de Urología
Clínica La Luz
C/ General Rodrigo 8
28003 Madrid.
España.
Trabajo recibido el 7 de marzo de 2002.
La estenosis de la unión pieloureteral puede definirse
como la obstrucción funcional o anatómica al flujo de
orina desde la pelvis renal hacia el uréter que, en caso
de no recibir tratamiento adecuado, provocará deterioro variable y progresivo de la función de la unidad
renal (1).
Afecta a todos los grupos etarios. En la actualidad,
con el uso rutinario de la ecografía prenatal, la mayoría
de los niños son diagnosticados en la etapa perinatal.
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D. MIGUEL SURUR, J.I. IGLESIAS PRIETO, J.Mª. MANCEBO GÓMEZ Y COLS.
La obstrucción de la unión pieloureteral es la causa
más común (80%) de dilatación del sistema colector
en el riñón fetal. Ocurre más comúnmente en hombres,
siendo su relación en recién nacidos de 2: 1. Predominan las lesiones del lado izquierdo, pudiendo ser
bilaterales entre el 10% y el 40%. Se han comunicado,
en miembros de más de una generación de numerosas
familias, estenosis de la unión pieloureteral uni o
bilaterales. Se ha sugerido un patrón de herencia
autosómico dominante, de penetrancia variable (2).
La etiología de la obstrucción de la unión
pieloureteral puede ser originada por causas: Intrínsecas: éstas actúan durante el período gestacional; la
isquemia local con la correspondiente alteración de la
unión pieloureteral estaría provocada por la compresión de vasos fetales aberrantes o la falta de irrigación
por parte de las arterias piélicas y ramas de la arteria
ureteral media. Extrínsecas: la causa más común es la
presencia de un vaso aberrante, accesorio o una ramificación temprana hacia el polo inferior del riñón.
Estos vasos pasan por la cara anterior de la unión
pieloureteral o el uréter superior, produciendo obstrucción. La incidencia varía entre el 15% y el 30% (3).
Otras causas menos frecuentes son las adherencias, las
bandas fibrosas y los tumores retroperitoneales. Secundarias: la estenosis de la unión pieloureteral puede
ser debida a reflujo vesicoureteral severo, que puede
coexistir además en el 10% de los casos. En algunos
casos, puede deberse a la presencia de un cálculo
piélico que provoque un proceso inflamatorio
reaccional, con edema y estenosis relativa de la unión
pieloureteral (4).
La unión pieloureteral estenótica se presenta como
un segmento aperistáltico o estenótico del uréter.
Whitaker (5) ha estudiado al microscopio electrónico
la unión pieloureteral y ha encontrado que la orientación de las fibras musculares es normal, pero que
existe una cantidad excesiva de fibras de colágeno y
tejido intersticial rodeando las fibras musculares.
Consecuentemente, las fibras musculares están ampliamente separadas entre sí y sus puntos de contacto
atenuados. Se supone que estos hallazgos son los
responsables de la discontinuidad funcional de la
contracción muscular ureteropiélica, que resultaría en
un vaciado ineficiente y una obstrucción aparente de la
unión pieloureteral (6).
La forma de presentación más frecuente en la actualidad es el hallazgo ecográfico prenatal, en donde
puede verse a partir de la 16º semana de gestación. En
el período neonatal, la elevación de las cifras de urea
y creatinina, el retraso en el crecimiento, la intolerancia alimentaria con vómitos, la infección urinaria y
sepsis, y hematuria y dolor provocado por litiasis
secundaria a éstasis urinaria, pueden orientar hacia el
diagnóstico. La infección urinaria es la forma de
presentación en el 30% de los niños. En los adolescentes y adultos, el dolor cólico abdominal o lumbar es el
cuadro prominente (7).
El diagnóstico de la obstrucción de la unión
pieloureteral y su repercusión se establecen mediante
ecografía y urografía intravenosa; ésta revela un retraso funcional con una pelvis renal y cálices distendidos,
sumado a una detención brusca de la sustancia de
contraste a nivel de la unión pieloureteral. Si se
visualizara el uréter, éste sería de tamaño normal. La
pielografía ascendente puede ser de gran utilidad para
determinar la longitud exacta de la estenosis y para
descartar patología asociada, como litiasis, tumores o
estrecheces del sector más distal de la vía urinaria. En
casos dudosos, la obstrucción puede ser sospechada
mediante gammagrafía renal diurética. Este estudio
puede delinear el grado de función, y el test de la
furosemida puede determinar el grado de severidad de
la obstrucción (8). Para certificar que un cuadro de
dilatación del tracto urinario superior es debido o no a
un proceso obstructivo, existen técnicas urodinámicas
diagnósticas que combinan los parámetros de presión
y flujo, acompañados generalmente de estudios
radiológicos (9). El Test de Whitaker (10, 11) estudia
la variación de presión en el uréter sometido a una
perfusión a velocidad constante (10 ml/minuto). Se
considera que existe obstrucción cuando la presión es
superior a 22 cm de H20. En el Test de Vela Navarrete
(12), se mantiene constante la presión (altura del
reservorio de infusión), observando las variaciones
del flujo de infusión. En este caso, la variable es el
flujo, indicando obstrucción cuando el flujo disminuye. Este test se combina también con estudios
radiológicos, añadiéndose a los datos dinámicos los
datos morfológicos.
Hulbert y col (13) han clasificado las estenosis de la
unión pieloureteral en tres tipos, teniendo en cuenta el
grado de severidad: Las TIPO I son aquellas en las que
el alambre guía puede ser progresado desde abajo o
desde arriba para permitir la dilatación e incisión
precisa de la estenosis, usando dicho alambre guía
ENDOPIELOTOMÍA ANTERÓGRADA
como punto de referencia. Estas estenosis suelen ser
cortas y discretas. Las TIPO II son las que se demuestran mediante sustancia de contraste o azul de metileno
en forma anterógrada o retrógrada, pero que no puede
progresarse el alambre guía para la manipulación
endoscópica o fluoroscópica de la estenosis. En general, dichas estenosis son más largas y tortuosas. Las
TIPO III son aquellas en las cuales la luz se ha
obliterado por completo y que la falta de continuidad
está demostrada radiológicamente. En este caso, las
estenosis son más complejas y las más difíciles de
resolver y suelen ocurrir después de una cicatrización
severa de la unión pielouereteral.
Durante mucho tiempo la cirugía abierta ha constituido el mejor tratamiento para el tratamiento de la
estenosis de la unión pieloureteral (14, 15, 16, 17). De
las intervenciones existentes, la pieloplastía desmembrada sigue siendo considerada el "gold standard"
sobre la que se comparan el resto de los procedimientos (18). Durante la década de los 80' tuvo lugar el
desarrollo de las técnicas de cirugía percutánea en el
tratamiento de la litiasis, que rápidamente fueron
aprovechadas para el tratamiento de la estrechez de la
unión pieloureteral. La incisión endoscópica de la
unión pieloureteral fue descripta por primera vez por
Wickam y Kellet (19) en 1983, denominándola pielolisis
o pieloureterolisis. El principio básico de estas intervenciones está basado en la ureterotomía intubada,
descripta por Davis en 1943 e involucra la incisión
completa de la pared a través de la zona estenótica de
la unión pieloureteral seguida de la tutorización mediante un catéter y drenaje prolongado, para permitir la
regeneración del uréter con un calibre adecuado.
La endopielotomía puede ser realizada en forma
anterógrada, por vía percutánea, o retrógrada, accediendo mediante ureteroscopia. Las ventajas de la
endopielotomía anterógrada consisten en la posibilidad de control visual durante el corte de la zona
estenótica, evitando lesionar un eventual vaso polar.
Asimismo, permite tratar litiasis renales concomitantes con mayor facilidad (20, 21).
La proporción de resultados favorables de estas
intervenciones oscila entre el 64% y el 86% (22, 23,
24, 25, 26, 27). Otros trabajos muestran resultados
favorables de hasta el 89% y proponen a la
endopielotomía como tratamiento de elección para la
estenosis de la unión pieloureteral (28, 29, 30).
La endopielotomía retrógrada con balón de corte
433
(Acucise®) desarrollada por Clayman y col (31, 32) es
un procedimiento sencillo que puede ser realizado en
forma ambulatoria con baja morbilidad, pero tiene la
desventaja de ser un procedimiento a ciegas, con la
posibilidad de sangrado por lesión vascular.
Bernardo y col. (33) han realizado una modificación técnica de la endopielotomía anterógrada, introduciendo para ello una tijera de 3 mm, utilizada habitualmente en cirugía laparoscópica, a la cual le efectuaron modificaciones para poder explorar el espacio
peripiélico desde el interior de la pelvis renal, permitiendo así la identificación de vasos sanguíneos antes
de realizar el corte de la unión pieloureteral.
La pieloplastía videolaparoscópica ha sido reportada con éxito por varios grupos. Numerosos artículos
han documentado un descenso en la morbilidad
postoperatoria comparada con la pieloplastía a cielo
abierto, con una tasa de éxitos cercana al 90% (34, 35,
36, 37, 38).
El objetivo del presente trabajo es evaluar los resultados que hemos obtenido en el tratamiento de la
estenosis de la unión pieloureteral mediante
endopielotomía anterógrada, en la Unidad de Urología de la Clínica "La Luz", comparando nuestros datos
con los recogidos en la literatura mundial.
MATERIAL Y MÉTODOS
En el período comprendido entre enero de 1987 y
enero de 1999 hemos tratado mediante endopielotomía
anterógrada a un total de 17 pacientes con diagnóstico
de estenosis de la unión pieloureteral. El grupo estudiado estaba conformado por 11 hombres y 6 mujeres,
cuyas edades estaban comprendidas entre 14 y 74
años, con una media etaria de 44,5 años.
Uno de los 17 pacientes no pudo ser evaluado por la
pérdida de su historia clínica, siendo excluido del
presente estudio.
De los 16 pacientes estudiados, 8 presentaban estenosis de la unión pieloureteral del lado derecho y los
8 restantes del lado izquierdo.
Todos los pacientes excepto uno fueron derivados
de otros centros para su tratamiento, siendo por ello
dificultoso establecer criterios homogéneos en el estudio previo. También esto obstaculizó en algunos casos
la posibilidad de obtener un seguimiento adecuado a
mediano o largo plazo.
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D. MIGUEL SURUR, J.I. IGLESIAS PRIETO, J.Mª. MANCEBO GÓMEZ Y COLS.
El motivo de consulta referido con más frecuencia
fue el cólico renal en 9 casos (56,2%) encontrándose
en estos litiasis renal concomitante. En 4 pacientes
(25%) el motivo de consulta fue el dolor lumbar
inespecífico y en 3 (18,8%) la hematuria.
El tiempo de evolución transcurrido entre la aparición de los primeros síntomas relacionados con la
patología hasta la resolución quirúrgica varió entre 1
y 216 meses, con un promedio de 31,5 meses.
En el 75% de los casos (12 pacientes) se encontró
litiasis renal concomitante (Fig. 1).
Dos casos tenían antecedentes de pieloplastía poco
más de un año antes con re-estenosis temprana de la
unión pieloureteral. Un paciente había sido
nefrectomizado del riñón contralateral 11 años antes
por estenosis de la unión pieloureteral. Una paciente
presentaba antecedentes de nefrolitectomía percutánea
previa del lado de la estenosis y dos del lado
contralateral.
Todos los pacientes fueron evaluados mediante
urograma excretor. Se halló el patrón típico de retraso
en la eliminación de contraste, dilatación pielocalicial
con detención del paso de contraste a nivel de la unión
pieloureteral.
La ecografía renal fue efectuada en 15 pacientes
(93,7%) que demostró diversos grados de uronefrosis,
pero no siendo de utilidad para determinar su causa.
El estudio se complementó con pielografía ascendente en 7 pacientes (41,2%), en uno se realizó
pielografía descendente a través de una nefrostomía
colocada para resolver en forma temporal una gran
hidronefrosis.
El procedimiento quirúrgico se realiza bajo anestesia regional o general. Con el paciente en posición de
litotomía efectuamos cateterismo ureteral retrógrado
y pielografía ascendente con catéter de 5 Ch. pasando
una guía teflonada en paralelo, con la intención de
atravesar el lumen estenótico de la unión pieloureteral,
dejando posicionados catéter y la guía.
Posteriormente, colocamos al paciente en decúbito
prono, con ligera elevación del flanco a puncionar,
utilizando para tal fin una bolsa de lavado vesical de 3
litros. No hemos realizado el procedimiento con el
paciente en decúbito supino lateral, vía propuesta por
Valdivia Uria (39, 40) y utilizada por varios centros.
El acceso se realiza bajo control radioscópico,
puncionando el grupo calicilar medio o inferior. Dilatamos el trayecto percutáneo mediante el sistema
Fig. 1.
telescopado de Alken, introduciendo finalmente, una
camisa de Amplatz de 26 o 28 Fr.
Se realiza la nefroscopía y el tratamiento del cálculo, si hubiera, mediante la extracción del mismo con
pinzas o la fragmentación con el litotritor ultrasónico.
El tratamiento de la estenosis de la unión
pieloureteral lo realizamos mediante dos sistemas:
Corte frío, en donde se exterioriza la guía teflonada
por la camisa de Amplatz, se tensan ambos extremos
y se progresa el sistema de corte de Korth, incidiendo
con la cuchilla la unión pieloureteral hasta visualizar
la grasa peripiélica, superando holgadamente la zona
estenótica.
Corte con electrocauterio, en el cual se introduce un
resectoscopio con asa de Collins modificada, realizando un corte amplio en la pared piélica y ureteral
siguiendo la guía, con las mismas premisas que con el
sistema de corte frío: corte del total de la pared a nivel
lateral o posterolateral, sobrepasando ampliamente la
zona de la estrechez.
Una vez finalizado el procedimiento, introducimos
una sonda Couvelaire de 10 Ch intubando la unión
pieloureteral y dejamos otra de 12 Ch como
nefrostomía. Por último, efectuamos control
radioscópico con contraste a través de la nefrostomía
y el tutor para comprobar la correcta colocación de
ambos.
El postoperatorio osciló entre 1 y 6 días, con una
estancia sanatorial media de 3 días. Los pacientes
fueron dados de alta con ambas sondas, la tutora
ureteral y la nefrostomía.
ENDOPIELOTOMÍA ANTERÓGRADA
El control postoperatorio se realizó a los 7 y 15 días
y luego en forma mensual, salvo aquellos casos que
fueron seguidos por su urólogo referencia. La permanencia del catéter ureteral fue de 15 días; antes de
retirarlo se realizó sistemáticamente control
radioscópico con contraste a través del tutor ureteral y
la nefrostomía. Esta se retiró en forma variable entre
los 15 y 21 días, según el resultado del control
radioscópico.
RESULTADOS
Hemos tratado mediante endopielotomía anterógrada a 17 pacientes con estenosis de la unión pieloureteral, pudiendo realizar el análisis de los datos en
16 pacientes.
El seguimiento fue dificultoso en algunos casos, ya
que habían sido referidos desde otros centros para su
tratamiento quirúrgico; por lo tanto, el seguimiento en
nuestra institución varía desde tan solo un mes hasta
108 meses, con un promedio de 28,1 meses.
En nuestra serie, 12 pacientes presentaron litiasis
concomitante (75%), siendo 2 de ellos piélicos. En 11
de ellos se realizó simultáneamente el tratamiento de
los cálculos mediante nefrolitotricia percutanea o extracción con pinzas, con buen resultado. En el caso
restante, no se logró hallar el cálculo en la nefroscopía
y se resolvió favorablemente mediante 3 sesiones
ulteriores de litotricia extracorpórea por ondas de
choque.
En 13 de las 16 (81,3%) endopielotomías evaluadas
se comprobó curación o mejoría clínica, sin requerir
de tratamiento adicional alguno. Se consideró el procedimiento como exitoso cuando los controles
urográficos reglados mostraron buen paso de la sustancia de contraste a través de la unión pieloureteral,
con disminución en la dilatación pielocalicial, y ausencia de signos o síntomas de obstrucción.
Uno de los casos presentó reestenosis temprana,
intentándose una nueva endopielotomía a los 3 meses.
En un nuevo control a los 3 meses se evidenció una
gran hidronefrosis con escaso paso del contraste y una
pelvis renal muy redundante. Se realizó plastia de
Anderson-Hynes permaneciendo asintomático y con
urografías de control normales, en un seguimiento de
32 meses.
El segundo caso se trató de un paciente de 26 años
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en quien se sospechó la presencia de un vaso polar por
urografía. Se realizó endopielotomía, control
postoperatorio por nefrostomía a los 15 días, con buen
paso del contraste a través de la UPU, pero con dos
urografías subsiguientes al mes y a los 3 meses, con
una gran dilatación pielocalicial con falta de paso en la
UPU. Se realizó plástica desmembrada de AndersonHynes en donde se constató un gran proceso cicatrizal
y fibrótico pero ausencia del vaso polar sospechado.
Sobre las 16 endopielotomías evaluadas hemos
tenido una complicación de importancia. En un paciente se constató rotura del uréter, a nivel de la unión
con la pelvis renal, al intentar progresar el "stent" de
Smith, debiéndose convertir a plástica de AndersonHynes. Este fue el único caso en que se produjo
sangrado intenso, continuo, debiéndose recurrir a la
transfusión de 2 unidades de concentrado de hematíes,
sin sufrir repercusión hemodinámica.
Una paciente reingresó al 5º día por un cuadro febril
por el que permaneció ingresada 24 horas, resolviendo
favorablemente con antitérmicos y antibióticos.
En un paciente, en quién la endopielotomía había
tenido resultado exitoso, con controles clínicos y
urográficos normales, se debió practicar nefroureterectomía por carcinoma urotelial a los 10 años del
postoperatorio.
DISCUSIÓN
La endopielotomía se ha convertido en el tratamiento inicial de elección en adultos con estenosis de la
unión pieloureteral. Comparada con la pieloplastía a
cielo abierto, está asociada con menor morbilidad y
una menor convalecencia y estancia hospitalaria (41).
A pesar de la simplicidad del procedimiento, todavía siguen en controversia varios aspectos de la técnica, en especial la mejor vía de acceso, el tamaño y
tiempo de permanencia del "stent" y la necesidad o no
de diagnosticar previamente la presencia de un vaso
polar.
La pieloplastía desmembrada de Anderson-Hynes
ha sido considerada el procedimiento de elección para
el tratamiento de la obstrucción de la unión
ureteropélvica asociada a un vaso polar accesorio, ya
que las pieloplastias del tipo no desmembrada no
pueden liberar la compresión del uréter al no cambiar
la relación del vaso con la unión pieloureteral, aunque
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D. MIGUEL SURUR, J.I. IGLESIAS PRIETO, J.Mª. MANCEBO GÓMEZ Y COLS.
Badlani (24), Karlin (18), Korth (42, 43) y Cassis (44),
en sus respectivas series, sugieren que incluso pacientes con vasos accesorios pueden ser tratados mediante
endopielotomía percutánea en vez de la pieloplastía
desmembrada.
En nuestra serie, realizamos una endopielotomía en
un caso en que la urografía nos hacia sospechar la
presencia de vaso polar accesorio como causa de la
compresión. Se trató de uno de los casos que fallaron
y que debió ser solucionado mediante plástica desmembrada de Anderson-Hynes; sin embargo, durante
la cirugía se constató un gran proceso fibrótico, pero
no la presencia del vaso polar sospechado.
Nuestra serie presentó una incidencia de litiasis
renal concomitante del 75%. En 11 de los 12 pacientes,
se realizó simultáneamente el tratamiento de los cálculos mediante nefrolitotricia percutánea o extracción
con pinzas, con buen resultado. De los 12 pacientes
con litiasis concomitante, en 2 casos se trató de un
cálculo piélico. En éstos, resulta difícil excluir al
edema y la inflamación reaccional a la litiasis, como
causa secundaria de estenosis de la unión pieloureteral.
Se ha reportado que una pelvis renal redundante
sería causa de falla en la endopielotomía y que por lo
tanto constituiría una contraindicación al procedimiento. Quienes apoyan esta conducta creen que, a
pesar de que la eliminación del segmento obstruido
teóricamente resolvería el problema, sería igualmente
necesaria la reducción mediante pieloplastía, ya que
una pelvis redundante impediría la descompresión de
la vía urinaria. Otros, como Cassis (44) creen que si se
provee de un drenaje adecuado la redundancia con
frecuencia se corrige con el tiempo.
La tutorización de la unión pieloureteral tras la
endopielotomía previene la fuga de orina al
retroperitoneo y provee el molde sobre el cual el
epitelio ureteral crece. El tamaño del tutor es tema de
discusión. Varios autores (45, 46, 47) sugieren el uso
de un tutor interno de 14/7 Fr en vez del clásico catéter
doble jota de 6 Fr. Nosotros hemos practicado la
tutorización de la unión pieloureteral con una sonda
Couvelaire de 10 Fr exteriorizada junto a una
nefrostomía.
El tiempo de permanencia de la tutorización ureteral
también es tema de controversia (48). Los que apoyan
el cateterismo de larga duración (6 a 8 semanas)
suponen que la remoción temprana del mismo, antes
de que ocurra la regeneración de los diversos compo-
nentes de la pared ureteral, podría afectar en forma
adversa el resultado final de la endopielotomía; pero al
mismo tiempo, un mayor tiempo de permanencia de la
tutorización está asociado a problemas tales como
disconfort o malestar para el paciente, hematuria,
infección urinaria, pielonefritis y, raramente, urosepsis
(49). Incluso, podría producir una mayor reacción
tisular en el lugar de la incisión y un incremento
subsecuente de la fibrosis, con una probable recurrencia
estenótica. Kumar y col (50) sostienen que 2 semanas
de tutorización de la unión pielouereteral son tan
efectivas como 4 semanas en el resultado final de la
endopielotomía. En nuestra serie, realizamos la extracción del catéter de Couvelaire a los 15 días, previa
realización de control radioscópico con inyección de
sustancia de contraste. Una vez retirado el tutor, efectuamos nuevo control radioscópico, inyectando sustancia de contraste por la nefrostomía, para comprobar
la permeabilidad de la unión pieloureteral.
CONCLUSIÓN
En el seguimiento a largo plazo, la endopielotomía
puede ser sostenida como el tratamiento de elección
para la resolución de estenosis primarias o secundarias
de la unión pieloureteral. El procedimiento alcanza
tasas de éxito muy poco por debajo de las de la
pieloplastía a cielo abierto, pero con menor morbilidad.
Los fallos usualmente aparecen dentro de los 6 meses
desde la extracción del "stent" y pueden ser tratadas
mediante pieloplastía desmembrada sin efectos
deletéreos.
En nuestra serie, el porcentaje de curación de las
endopielotomías finalizadas con éxito fue del 81,3% y
las dos recidivas fueron de aparición temprana, dentro
de los primeros 3 meses.
BIBLIOGRAFÍA Y LECTURAS
RECOMENDADAS (* Lectura de interés y
** lectura fundamental)
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