Un recorrido por la isla de la belleza

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EXPEDICIÓN ANDARIEGOS DE CAMINOS
CÓRCEGA 2008
Un recorrido por la isla de la
belleza
Máximo Chulvi
Julio 2008
EXPEDICION CICCP- CÓRCEGA JULIO 2008
Un recorrido por la isla de la belleza
Jueves 3 de julio 2008
MADRID – SANTA TERESA DI GALLURA
En julio de 2007, el grupo de Andariegos de Caminos salimos de España por vez
primera y cumplimos nuestro sueño de ascender el Toubkal, que con sus 4.187 m. es el
punto más alto de la cordillera del Atlas marroquí y de toda Africa del Norte. Para
entrenar y aclimatarnos hicimos previamente cumbre en el Mulhacén (3.482 m.), techo
de la Península Ibérica.
Tan alto dejamos el pabellón que este año tuvimos serias dudas sobre qué reto acometer.
Finalmente, sacrificamos altura a alcanzar por duración del trekking y belleza
paisajística y decidimos realizar un recorrido de diez días por la isla montañosa por
antonomasia: ¡Córcega!.
Dado que las alturas en Córcega no requerían
aclimatación sino entrenamiento, la marcha
preparatoria consistió en ascender Cabezas de
Hierro, segunda altura del Guadarrama
madrileño con sus 2.383 m., pero con una dura
pendiente por su cara norte, al ascender por el
tubo izquierdo N de la Cabeza Menor, al que
llegamos desde Cotos por la senda que nace en
el refugio Pingarrón y pasa por el precioso circo
de Las Cerradillas. El retorno, tras las Cabezas
Mayor y Menor, por el cerro Valdemartín, la Bola del Mundo y la Loma del Noruego
hasta el Puerto de Cotos.
Tras este aperitivo nos embarcamos en la tarde del jueves 3 de julio en un vuelo de
Ryanair que por un módico precio nos transportó de Madrid a Alghero, en el norte de
Cerdeña. La organización del viaje fue como siempre coordinada de forma espléndida
por Mayte y el trekking lo montó Geographica bajo la dirección de Miguel Angel, quien
aportó dos guías, uno de ellos el propio Miguel Angel, buen conocedor de Córcega,
siendo el segundo guía el eficaz y siempre atento Erik. En Alghero alquilaron tres
furgonetas, dos de ellas para ser conducidas por los guías y la tercera por quien esto
escribe, que con mayor o menor fortuna procuró cumplir con su papel auxiliar al menos
con todo su empeño. El grupo al completo estuvo formado por María Luisa, Mayte,
Juan Manuel, Cristina y Alfonso, Marisa y Juan Manuel, Ana y Jóse, Margarita y Rafa,
Zoe y Agustín, Olga y Miguel Angel, Esperanza y Jesús, Alicia y Lorenzo, Cristina y
Jesús jr., Teresa y yo mismo.
Dada la hora avanzada ya no había ferry disponible para Córcega, por lo que la primera
noche la pasamos en Cerdeña, en el hotel L’Ancora de Santa Teresa di Gallura, a unas
dos horas de coche desde el aeropuerto y al que llegamos después de una parada para
comer unas riquísimas pizzas, como es lógico estando en tierras italianas.
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Viernes 4 de julio 2008
SANTA TERESA DI GALLURA - CORTE
Desayunamos temprano en el hotel y salimos con las furgonetas para embarcar en el
ferry que nos llevaría a Bonifacio. La travesía, de poco más de una hora, es magnífica,
con las islas de Cerdeña y Córcega siempre a la vista, y el colofón de la misma fue la
entrada al puerto de Bonifacio, que constituye un espectáculo imposible de olvidar, con
la ciudad vieja cabalgando sobre los blancos acantilados, visible desde todos los ángulos
de la estrecha rada que da acceso al puerto natural, uno de los más protegidos del
Mediterráneo.
Los guías no nos dan tregua y
avanzamos hacia el este hasta una
solitaria cala, creo que llamada
Schiumara, a la que accedimos
andando y donde nos dimos un
espléndido
baño
en
sus
transparentes aguas que, teniendo
en cuenta que quien dice esto es
mallorquín, casi se podrían
equiparar a las de alguna recóndita
cala de la isla de Mallorca. Esto es
una broma, la cala era insuperable.
Tras el baño nos vamos caminando
por la costa hasta llegar a Bonifacio, unos seis kilómetros de recorrido, donde
comeremos en los pequeños y típicos restaurantes de la ciudadela. Después de comer,
carretera y manta hacia Corte, vía Alèria, en un recorrido lentísimo en el que
encontramos un formidable atasco provocado por unos vehículos de bomberos que
celebraban algún festejo que no logramos descifrar. La lentitud de la marcha nos
permitió contemplar con calma los magníficos alcornoques que poblaban las márgenes
de la carretera. Pero todo llega a su fin y ya cerca de las nueve de la noche llegamos a
Corte.
Corte fue capital entre 1755 y 1769 del denominado “gobierno de la nación corsa” de
Pasquale Paoli y es una ciudad histórica, que tiene una Universidad con más de 4.000
estudiantes, lo que le da una animada vida invernal. Está edificada sobre una colina
dominada por una fortaleza, conservando la ciudad alta su antiguo carácter con sus
callejuelas adoquinadas y los viejos edificios. Allí se encuentra nuestro alojamiento, el
Hotel de la Paix, un dos estrellas francés más o menos pasable, en el que, al menos,
todas las habitaciones tienen baño, aunque los armarios no tengan puertas.
La ciudad está situada en el corazón del Parque Regional Natural de Córcega, a los pies
de las cimas más altas de la isla, por lo que es el lugar ideal como base para realizar
todo tipo de ascensiones y recorridos senderistas.
Sábado 5 de julio 2008
CORTE: RESTONICA-TAVIGNANU-CORTE
¡Por fin comenzamos la actividad montañera! Miguel Ángel nos ha citado a las 7.30 h.
para desayunar y a las ocho en punto estamos montados en las furgonetas para subir
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hacia el valle de Restonica. Allí nos separaremos en dos grupos y el primero de ellos,
que en adelante voy a denominar de nivel B, va a hacer una marcha algo menos
exigente, pero no por ello menos interesante, ascendiendo a los lagos Melo y Capitelo
para retornar a las furgonetas y volver en ellas a Corte. Por otra parte, el grupo de mayor
nivel, en adelante denominado como nivel A, realizará la travesía Restonica-Tavignanu,
ascendiendo a las Bergeries de Capellaccia, a la cota 1.650, punto más alto del
recorrido.
Esta marcha sigue el sendero denominado Mare
a Mare nord y acaba en la ciudad de Corte,
concluyendo la caminata en el hotel tras un
larguísimo recorrido que estimo en 23 km. y que
nos llevó 9 horas justas para ascender 941 m. y
descender 1.383 m., dada la menor altitud de
Corte respecto al punto de salida, al estar la
ciudad a una cota aproximada de 400 m. Pero el
recorrido es precioso y durante la ascensión
admiramos el macizo del Monte Rotondo (2.622
m.), segunda cima de Córcega, mientras que al
llegar a las Bergeries, el colosal Monte Cintu
(2.706 m.) apareció de forma súbita ante
nuestros ojos permitiéndonos contemplar el
techo de Córcega. En una fresca poza nos dimos
un reconfortante baño en la bajada, que se hizo
algo pesada por su longitud.
Por la noche disfrutamos de los restaurantes de Corte y sus terrazas, donde pude probar
por vez primera el sanglier (jabalí), plato emblemático de la gastronomía corsa y muy
adecuado tras un día montañero pleno de arduos esfuerzos.
Domingo 6 de julio 2008 CORTE: EST. VIZZAVONA-MONTE D’ORO
El grupo al completo sale en las tres
furgonetas a las 8 de la mañana hacia la
estación de ferrocarril de Vizzavona donde
iniciaremos nuestro camino. A las nueve ya
estamos listos para andar y contemplamos con
cierta aprensión el enorme macizo del Monte
d’Oro que corona el valle a la cota 2.380 y que
parece inalcanzable desde los humildes 920 m.
de la estación.
A los pocos minutos el grupo de nivel B se
despide de nosotros, ya que va a continuar por el GR-20 siguiendo el valle de Agnone,
mientras que el nivel A inicia la subida, “sin piedad” en palabras de Erik, que hoy va de
guía principal, por los bosques que tapizan las partes bajas de la montaña, entre los que
podemos observar hayas y abedules, además de los pinos laricios. Poco a poco vamos
ganando altura y el bosque se aclara, apareciendo las primeras pedreras.
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Casi no nos hemos dado cuenta y ¡el bosque
ha desaparecido! Llegamos a la alta
montaña alcanzando un collado donde
paramos unos minutos para reponer fuerzas
y admirar el paisaje. Nuestra senda se
encarama por unos potentes ventisqueros
bordeados por pedreras en un tramo que el
mapa denomina “la escala” y que nos obliga
a utilizar con frecuencia las manos para
progresar. La dura pendiente pronto hace
mella en Jesús y le obliga a aminorar la
marcha.
Pero ¡la cumbre ya no está lejos! Jesús se
queda descansando al comienzo de los
bloques cimeros, que van a obligar al grupo
a exigirse a sí mismo para culminar la
pequeña trepada. Erik y yo ayudamos a
algunos andariegos en los pasos más
complicados y por fin, a las 5h. 10’ desde la
salida alcanzamos la ansiada cima del Monte d’Oro que nos ha obligado a superar 1.447
m. de desnivel y poner a prueba nuestros músculos.
Las vistas desde la cima son
simplemente insuperables, con las
grandes montañas de Córcega
rodeándonos por doquier y el mar,
siempre el mar, de un azul
purísimo envolviendo el horizonte.
La cima me da paz y tranquilidad,
el esfuerzo está olvidado y la
camaradería prima sobre cualquier
otra consideración: hemos llegado
juntos arriba y esto es lo que
cuenta.
No podemos comer en la cima
porque tenemos a Jesús algo más abajo, así que retornamos sobre nuestros pasos para
llegar hasta él y, afortunadamente, le encontramos muy recuperado. Al viento fresquito
de la montaña vamos a hacer nuestra comida, tan apetitosa y gratificante como siempre
que se come en lo alto de las montañas.
Estaba previsto que íbamos a continuar hacia el valle de Agnone, pero como es tarde
Erik decide con buen criterio volver por el camino de subida, más corto que el otro. A
pesar de esta precaución el recorrido total nos va a llevar diez horas y cuarenta minutos,
a los que hay que sumar el buen rato que pasamos en la hospedería de la estación, en
una mesa al aire libre, bajo los árboles, saboreando un par de cervezas por cabeza,
acompañadas de una selección de almendras y frutos secos que reunimos entre todos de
las sobras de nuestras mochilas. El otro grupo ya había regresado, por lo que nuestras
dos furgonetas llegaron las últimas, como era habitual, a nuestro Hotel de la Paix.
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Lunes 7 de julio 2008
CORTE: BASTIA - CABO CORSO
¡Día de descanso! Pero no nos vamos a quedar ociosos por lo que enfilamos nuestras
furgonetas hacia Bastia y de allí hacia el norte, Cabo Corso, agudo espolón que señala
hacia el continente y que contiene espléndidas playas. Visitamos Erbalunga y
Macinaggio y allí por el denominado sendero de los aduaneros caminamos varios
kilómetros, nos bañamos en la playa y comemos en un chiringuito, francés pero
chiringuito al fin y al cabo, en el que no faltaba la cerveza fría.
Ya de vuelta, visita de la ciudad antigua de Bastia, sobre todo el puerto viejo, para
volver a nuestro cuartel general de Corte y prepararnos para la dura marcha del día
siguiente.
Martes 8 de julio 2008
CORTE: HAUT ASCO-MONTE CINTU (2.706 M.)
¡Por fin llegó el gran día!: vamos a ascender al techo de Córcega, el Monte Cintu cuyo
impresionante macizo alcanza los 2.706 m. y su ascensión por cualquier ruta que se
escoja requiere arduo esfuerzo y muchas horas de dedicación. La ruta escogida por
Miguel Angel es la de la vertiente Norte, exigente pero también bellísima desde los
puntos de vista paisajístico y montañero.
Desayunamos como siempre a las 7.30 h. y a las 8.00 h. ya estamos listos para partir
hacia la antigua estación de esquí de Haut Ascó, hoy abandonada como tal, pero en la
que pervive un pequeño refugio-hotel con restaurante, ya que es una de las etapas del
GR-20 y uno de los tres puntos en que este sendero de gran recorrido se apoya en algo
parecido a una población (los otros dos puntos son la estación de Vizzavona, desde la
que ascendimos el pasado domingo al Monte d’ Oro, y el pequeño pueblo de Bavella).
El viaje se retrasó algo, ya que ¡nos dejamos a Lorenzo y Alicia en el hotel! y, claro
está, hubo que volver a por ellos. Cuatro andariegas dedicaron el día a visitar Ajaccio,
cuna de Napoleón, en tren desde Corte y el resto nos dividimos en dos grupos, el
primero de ellos ascenderá al Cintu y el segundo realizará la preciosa travesía de la
Punta Stranciacone (2.150 m.).
Comenzamos nuestra ascensión a las 9.45, partiendo de la cota 1.420. El sendero se
interna en el bosque de pinos laricios y comienza muy suave, incluso con ligeras
bajadas. Pronto cruzamos el
arroyo Tighiettu por una pasarela
y ya desde el primer momento el
Cintu se revela exigente y nos
obliga incluso a usar las manos
para superar los primeros
escarpes rocosos.
Hemos comenzado a andar con
un fuerte viento y esto nos
preocupa un poco: ¿qué pasará
en la arista somital, por encima
de la cota 2.600?. Además por
esta cara norte se ven muchos
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neveros y no estamos seguros si la senda los salva o se ve obligada a pasar por ellos.
Reconozco que tengo una cierta preocupación ¿podremos hacer cumbre?, me pregunto.
El grupo que intenta la cumbre está compuesto por María Luisa, Mayte, Cristina y
Alfonso, Marisa y Juan Manuel, Ana y Jose, Juan Manuel, Rafa, además de mí y,
obviamente, Miguel Angel, nuestro guía.
La montaña sigue exigente y la fuerte pendiente y los tramos rocosos nos obligan a
emplearnos a fondo. Llegamos a unos tramos más erosionados, rodeados por pedreras
inestables, con pequeñas cascadas y algún que otro nevero. El ambiente es casi alpino y
subo feliz y disfrutando del paisaje. La cima del Cintu, coloreada por los líquenes que
tapizan la roca, se ve justo encima de nosotros, aparentemente cerca, pero ¡cuánto
esfuerzo nos costará pisarla!
A las 4 horas justas conseguimos alcanzar por fin la cresta, nada menos que a la cota
2.600, y allí comemos algo y reponemos fuerzas. El viento no molesta demasiado, por
lo que ya sí nos lo creemos ¡vamos a hacer cima!.
La cima nos costará una hora y veinte minutos más, ya que la arista es muy compleja y
hay que destrepar bastantes metros para poder progresar. En el camino se queda Ana,
que prefiere admirar el paisaje sin este destrepe y continuamos los demás.
A las tres y diez de la tarde, el Cintu está vencido. La foto da fe: toda Córcega está a
nuestros pies y el mar nos rodea por doquier. ¡Objetivo cumplido! Pero más importante
todavía: las maravillosas vivencias de cumbre que vamos a disfrutar.
En la siguiente foto, Miguel Ángel con el equipo femenino al completo.
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¡Tenemos que volver y recoger a
Ana!. Iniciamos de nuevo la
arista y retornamos al punto en
que la senda alcanza la cresta:
Allí nos espera la comida, que
tanta falta nos hace, y entre
bocado y bocado nos extasiamos
con el paisaje. El Paglia Orba, el
Capu Tafunatu, el Monte
Rotondo, el Monte Renoso,
cumbres y cumbres de Córcega:
Y el mar, siempre el mar,
rodeando con su azul prístino
todo el perímetro. ¡Increíble!
A las cinco de la tarde acometemos la bajada final. Nos va a llevar tres horas y cuarenta
y cinco minutos, vamos a resbalar por las pedreras, nos obligará a aferrarnos con las
manos a la roca, pero no importa: hemos hecho cumbre y nadie nos quitará el disfrute
de haber ascendido esta maravillosa montaña. En total, once horas andando y 1.650
metros de desnivel. El GPS me ha dado sólo un recorrido de 12 km., no sé si será
correcto, pero es indiferente: nuestras vivencias son las que valen.
Al hotel de Corte llegamos a las once de la noche, algo tarde, pero con el
convencimiento de que el esfuerzo ha valido la pena.
Miércoles 9 de julio 2008 CORTE-PORTO: C. VERGIO-CAPU TAFUNATU
¡Nos vamos de Corte! Tras cinco noches en el Hotel de la Paix llegó el momento de ir
en búsqueda del mar y nuestras furgonetas se dirigen a Porto por una carretera de
montaña bellísima en la que los cerdos negros semisalvajes, que casi parecen jabalíes,
recorren las cunetas de forma incesante buscando algo que comer. La carretera asciende
trabajosamente hacia el Colle di Vergio, a la cota 1.464, confín natural entre los bosques
de Aitone y Valdu-Niellu y en el que hay una pequeña estación de esquí alpino.
Un par de kilómetros antes del puerto
aparcamos en una curva nuestras
furgonetas para alcanzar el GR-20 y
ascender por él al refugio de Ciottulu di i
Mori, situado a la cota 1.990, por lo que
es el más alto de Córcega. El GR-20
cruza las Bergeries de Radule y asciende
por el valle del río Golo, que deja en su
cauce unas espléndidas pozas de
cristalinas aguas, conectadas entre sí por
pequeñas cascadas. Alcanzamos la
cuerda un poco antes del refugio y el
mar, siempre el mar, vuelve a ser nuestro
referente.
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Al llegar al refugio abandonamos el GR20 y tomamos una senda que nos lleva al
Col des Maures, que separa los
impresionantes picos del Capu Tafunatu
(2.335 m.) y Paglia Orba (2.525 m.). Mi
guía dice que para alcanzar la cumbre del
Capu ¡hay que sobrepasar pasos de III y
IV!, que ya constituirían pasos de escalada
en los que la cuerda sería necesaria. Pero
Erik, que hoy es el guía del grupo A, nos
dice que sólo vamos a llegar al arco
natural que se alza en el centro de la pared
cimera. Ni siquiera eso conseguimos, ya que en el Col des Maures hay otro pequeño
arco natural y con este nos conformamos. Fotos y más fotos y retornamos al refugio.
Allí improvisamos un espléndido picnic que pudimos acompañar con la magnífica
cerveza Pietra, con aromas de castañas, y que al
módico (sic) precio de 5 € vendían en el refugio,
eso sí, en latas de medio litro. Las chovas
piquigualdas fueron nuestras fieles compañeras y se
disputaron todas las sobras. Con la cerveza, la
bajada hasta las furgonetas se hizo mucho más
corta, con baño incluido en una de las pozas del
recorrido. En total, fueron siete horas y cuarenta y
cinco minutos de marcha, con 970 m. ascendidos.
La bajada a Porto es increíble, pasando en sólo 25 km. del paisaje alpino del Colle di
Vergio a los colores mediterráneos del golfo de Porto. Allí nos alojaremos en el hotel
Kallisté, tres estrellas, muy acogedor y situado cerca del mar.
La circunstancia de ser conductor de una de las furgonetas y por ello tener que
aparcarla, me permitió disfrutar ya este primer día de uno de los espectáculos más
fantásticos que se pueda uno imaginar: la puesta del sol en la bahía de Porto. En vano
intenté ver el rayo verde, pero no importa mi fracaso, ya que el espectáculo fue
incomparable.
Jueves 10 de julio 2008
PORTO: LA GIROLATA – BOCCA DI CROCCE
Por segunda vez en este viaje vamos a caminar todos juntos, recorriendo la costa en las
furgonetas hasta el Col de Pamarella, cota 408. Allí comenzamos a andar, dirigiendo
nuestros pasos hacia la Punta Linterniccia, a 780 m., gozando de un paisaje
mediterráneo puro, con espeso matorral de lentiscos, madroños, brezos, acebuches,
enebros y un pinar salvador del fuerte sol de julio.
Pero lo mejor está por llegar: la increíble bajada hasta el nivel del mar de la playa de La
Girolata, a la que sólo se puede llegar por mar o andando, con unas vistas sencillamente
increíbles, en una mezcla inverosímil de granitos rosáceos, los bosquetes y el mar
intensamente azul con playas doradas que las olas lamen suavemente.
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En la playa comimos, tomamos el
sol, seguimos bebiendo cerveza y
nos bañamos. Al terminar, Erik y
yo iniciamos una tremenda
ascensión a pleno sol hasta el Col
de Pamarella para recuperar dos
de las furgonetas y recoger en la
Bocca di Croze, a la cota 265, a
parte del grupo, que llegaría hasta
este punto después de haber
pasado por una solitaria playa
cuyo nombre creo era Turana.
El resto tenía pensado volver
tranquilamente a Porto por mar, en uno de los barcos que hacen ese trayecto. Pero ¡oh
desilusión!, los barcos sólo admitían pasaje de ida y vuelta, por lo que todos/todas los
que confiaban en el muelle en un cómodo regreso tuvieron que emprender el arduo y
caluroso camino que lleva a la Bocca. Al final, con más o menos sed y cansancio, el
grupo al completo llegó en buen estado a Porto.
Viernes 11 de julio 2008
PORTO: CAPU D’ORTO (1.294 M.)
¡Última montaña! La nostalgia nos invade, pero no vamos a dejar que la pena por que
esto se acabe empañe esta ascensión postrera. El Capu d’Orto aparece majestuoso y
desafiante visto desde Porto, al nivel del mar, dando una clara imagen de ser inaccesible
por la vertiente que domina la villa. Como estamos a muy baja altura el calor nos va a
castigar sin piedad, pero esto no nos desanima lo más mínimo.
La carretera hacia Los Calanchis (barrancos) de Piana es espectacular, el granito
anaranjado-rojizo se descompone en formas fantásticas y la vista no se cansa de buscar
parecidos con objetos reales en comparaciones imposibles con osos, elefantes con su
trompa, perros, tortugas, águilas….
Los dos grupos nos separamos y
los más esforzados iniciamos la
ascensión desde la cota 480, bajo
un sol de justicia que nos recuerda
que estamos en una isla
mediterránea, lo que a veces se nos
olvida por sus montañas casi
alpinas. A pesar de esto, la subida
no es pesada y como todavía tengo
agua las tres horas justas de
ascensión casi se me hicieron
cortas, disfrutando del paisaje y de
la compañía del grupo.
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A las doce y veinticinco hacemos cumbre, tras haber ascendido 875 metros y desde la
cima nos maravillamos con la vista de Porto, casi a nuestros pies, pero 1.300 metros
más abajo.
Tenemos que bajar y en la bajada nuestros problemas van a aumentar
considerablemente, ya que se nos va a acabar el agua (¡yo había infravalorado la
montaña!) y sufriremos un poquito hasta que al fin alcancemos el merendero de Les
Roches Bleus, seis horas y media más tarde de nuestra hora de salida. Allí, como si
hubiéramos llegado a un oasis, la cerveza nos da nueva vida. Para los conductores, entre
los que me incluyo como ya he dicho varias veces, tuvo que ser coca-cola, pero también
ésta nos devolvió a la vida.
Por la noche, cena de despedida en un precioso restaurante al borde del mar.
Brindaremos por lo que hemos hecho y por lo que falta por hacer, agradeceremos a
Miguel Ángel y Erik su trabajo y su compañía y quedaremos emplazados para repetir el
año que viene ¿en qué montañas? Es indiferente, lo que importan son los momentos, la
compañía y las sensaciones.
Sábado 12 de julio 2008
PORTO-BONIFACIO-ALGHERO-MADRID
¡El regreso! Como conductor de furgoneta nunca pude imaginar que éste iba a ser el día
más duro de la expedición. Pero las carreteras corsas son implacables, no hay variantes
de población y los domingueros invadían como una plaga nuestro camino, dado que se
iniciaba un puente que culminaba el lunes 14 de julio, fiesta nacional francesa.
Salimos antes de las ocho de Porto hacia el norte, por la carretera que ya conocíamos
del día de la Girolata, para continuar hacia Calvi en cuyo aeropuerto teníamos que dejar
a Rafa, cuyo plan de vuelo era distinto al del resto, ya que llegó un día más tarde. Desde
Calvi continuamos hacia el norte hasta que encontramos la carretera que nos llevaría a
Corte y luego a Alèria, donde ya enfilábamos directamente hacia el sur hasta Bonifacio.
Pero el tráfico era cada vez mayor y más incómodo y al final perdimos el ferry que
teníamos previsto, lo que nos permitió una rápida comida en el puertecito de Bonifacio
y a las tres y media de la tarde embarcamos hacia Santa Teresa di Gallura. Al llegar y
sin perder un minuto nuevamente carretera hacia Alghero, en cuyo aeropuerto
estábamos a las siete, con tiempo suficiente para coger el avión de Ryanair.
En la espera me dediqué a repasar mis notas montañeras y aquí las resumo:
Desnivel total ascendido:
6.650 m.
Desnivel total descendido: 7.120 m.
Horas de marcha: 51 (sin incluir los días de Bonifacio y Cabo Corso)
A las 21.30 horas el avión, un B-737-800, despega y nuestra aventura toca a su fin.
Como las despedidas siempre son tristes no voy a relatar ésta, así que me limitaré a
mirar hacia el futuro:
¡Hasta el año que viene, en el que seguro habrá una nueva expedición!
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