El cantar de los cantares y los componentes del amor

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EL CANTAR DE LOS CANTARES Y LOS
COMPONENTES DEL AMOR
Autor: Pedro Téllez *
es un libro para niños. Que a ojos prejuiciados parezca una obra
“menor”, porque no es inspiración de un genio solo sino trabajo de
muchos, nos tiene sin cuidado. Nos ocupamos de los niños.
Entre las traducciones al Cantar de los Cantares (o Cantar de
Cantares) destacamos la que hiciera y comentara Fray Luis de
León.. Para el fraile Dios se hizo hombre primero a través del
lenguaje, en las escrituras divinas, y de ellas “Una es una canción
suavísima que Salomón, Rey y Profeta, compuso, en la cual, debajo
de un enamorado razonamiento entre dos, Pastor y Pastora,
más que en alguna otra escritura, se muestra herido de nuestros
amores”. Orígenes fue el primer escritor que interpretó la unión
entre la Esposa y el Esposo (el Pastor y la Pastora) del Cantar de
los Cantares como símbolo de la unión entre la Palabra de Dios (el
logos) y el alma individual (Colin Th ompson). Una interpretación
que llegaría a tener enorme infl uencia entre místicos españoles
como San Juan de la Cruz en su versión libre del Cántico Espiritual,
o Fray Luis de León en su traducción comentada. Creemos mas
*
Pedro Téllez. Ensayista. Sus publicaciones más recientes son La última cena del ensayo (2007). Un naipe en
camino de El Dorado (2008).
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bien, aunque no pensamos demostrarlo aquí, que la unión del
Esposo y la Esposa “humanos”, conduciría a un agradecimiento
a Dios por haber creado a la cosa amada y creado la posibilidad
de la unión ritual entre el Esposo y la Esposa. Sea humano, sea
divino, el Cantar de los Cantares es un poema de amor. Y si hay
que hacer una diferenciación, sería en el amor mismo, como hace
Erich Fromm al inicio de su libro El Arte de Amar: ¿Es el amor un
arte? En tal caso, requiere conocimiento y esfuerzo. ¿O es el amor
una sensación placentera, cuya experiencia es una cuestión del
azar, algo con lo que uno tropieza si tiene suerte?. Este libro se
basa en la primera premisa, si bien es indudable que la mayoría de
la gente de hoy cree en la segunda”. También en el Cantar de los
Cantares el amor es un arte.
El libro de Fromm, donde abundan referencias a otros autores,
tiene como origen su experiencia con la que sería su esposa,
Annis Freeman: “La necesidad de Fromm de amar se manifestaba
no sólo en el amor erótico hacia Annis, sino también en el trato
con otras personas, con conocidos, interlocutores, pacientes.
Annis coleccionaba cientos de notas con cortos mensajes, que
el le había enviado en los últimos años, sencillamente por la
necesidad de amarla y comunicarle este amor. Annis Freeman y
Erich Fromm se casaron a finales de 1953. Sin lugar a dudas las
experiencias de su amor se reflejaron en el libro de Fromm The
Art of Loving (El Arte de Amar), que fue publicado poco después.
No cabe otra manera de entender el perdurable éxito de este
pequeño libro, creado más bien por casualidad. Lo que Fromm
escribe aquí sobre la capacidad de amar se vincula directamente
con su propia práctica” (Rainer Funk).
Erich Fromm critica el concepto de “amor” de nuestro tiempo: “En
realidad, lo que para la mayoría de la gente de nuestra cultura equivale
a digno de ser amado es, en esencia, una mezcla de popularidad y
sex-appeal”. Ser atractivo depende de la moda del momento, en el
mercado de bienes. Al contrario, se trata de tomar conciencia de que
el amor es un arte, como el arte de vivir, y esto conectaría a Fromm
con el Cantar de los Cantares y sus distintos niveles de lectura, que
es lo que pretendemos hacer aquí: comentar el poema antiguo a la
par del libro moderno. Para Fromm la necesidad más profunda del
hombre (y de la mujer) es superar su separatividad (diferencia entre
los sexos) y superar su soledad, ya sea de una forma momentánea
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a través del orgasmo, o de forma mas permanente dentro del
grupo o patron de conformidad. Una tercera forma de unión es la
actividad creadora. El deseo de fusión interpersonal es para Fromm
el impulso más poderoso que existe en el hombre: en el amor se da
la paradoja de dos seres que se convierten en uno y, no obstante,
siguen siendo dos: El Amado y la Amada (el Esposo y la Esposa) del
Cantar de los Cantares.
Fray Luis de León describe la “separatividad” (en otras palabras) y
el deseo de superación en el interior del amante, y no en el exterior
como hace Fromm. Precisa Fray Luis en su comentario del Cantar
de los Cantares: “Dícese del que ama que no vive consigo más de
la mitad, y la otra mitad, que es la mejor parte de él, vive y está en
la cosa amada. Porque como nuestra alma tenga dos oficios, uno
de criar y conservar el cuerpo y el otro que es el pensar e imaginar
ejercitándose en el conocimiento y contemplación de las cosas, que
es el primero y más principal, cuando uno ama, este oficio, que es
de pensar e imaginar, nunca lo emplea en sí, sino en aquella cosa
a quien ama, contemplando en ella y tratando siempre de ella”.
Fromm también relaciona amor y conocimiento: “La única forma de
alcanzar el conocimiento total consiste en el acto de amar: ese acto
trasciende el pensamiento, trasciende las palabras” y se conecta
con el misticismo (recuedese que fray Luis entiende el Cantar
de los Cantares como la unión de Dios con la Iglesia, y San Juan
como la unión de Dios con el alma, pero finalmente todos tratan
de unión de dos amantes, reales o simbolicos). Dice Fromm que en
el misticismo: “Se renuncia al intento de conocer a Dios por medio
del pensamiento, y se lo reemplaza por la experiencia de la unión
con Dios, en la que ya no hay lugar para el conocimiento acerca
de Dios, ni tal conocimiento es necesario”. Se trata, en fin, de la
experiencia de la unión. Por otra parte, Fromm que cita a la Biblia
en numerosas oportunidades, no se referirá en forma explicita al
libro más vinculado con el asunto del Arte de Amar, el Cantar de
los Cantares.
Los objetos amorosos. Fromm en cuestiones de amores privilegia
la totalidad, lo que nos será útil para nuestra interpretación del
Cantar de los Cantares, y para reconciliar a los comentaristas y
sus distintos niveles de lectura del poema antiguo: “El amor no
es esencialmente una relación con una persona especifica; es una
actitud, una orientación del carácter que determina el tipo de relación
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de una persona con el mundo como totalidad, no con un objeto
amoroso. Si una persona ama sólo a otra y es indiferente al resto de
sus semejantes, su amor no es amor, sino una relación simbiótica,
o un egotismo ampliado”. El amor no esta constituido por el objeto,
sino por la facultad. El amor es una actividad, un poder del alma. Los
objetos amorosos descritos por Fromm son cinco: Amor fraternal,
amor materno, amor erótico, amor a sí mismo, y amor a Dios.
Creemos que el Cantar de los Cantares, donde el amor es actividad
fundamentalmente, que se orienta a los distintos objetos amorosos,
donde predomina el amor erótico dentro de una totalidad en la que
también están presentes el resto de los objetos amorosos. Es un
poema de amor erótico, pero sin dejar de ser un poema de amor
fraternal, materno, a si mismo y a Dios. Citaremos textos de Fromm,
y ejemplificaremos con trozos del poema atribuido a Salomón, o de
los comentarios de su traductor Fray Luis de León.
Amor fraternal. Se caracteriza por su falta de exclusividad. El amor
fraternal es amor entre iguales: pero, sin duda, aun como iguales
no somos siempre “iguales”; en la medida en que somos humanos,
todos necesitamos ayuda. Hoy yo, mañana tú. El amor sólo
comienza a desarrollarse cuando amamos a quienes no necesitamos
para nuestros fines personales. Dice la Esposa: “Hermana es a nos
pequeña y pechos no tiene ella. ¿Qué haremos a nuestra hermana
cuando se hablare de ella?”. Comenta Fray Luis de León: “Después
de que las mujeres están casadas y, por su parte, contentas con sus
esposos, suéleles acudir un nuevo cuidado de remediar y poner en
cobro las hermanas menores que en casa de sus padres quedan, y
comienzan desde entonces a miran por ellas y por su honra, y los
esposos les ayudan tomando por suyo el negocio de las cuñadas”.
Amor materno. La tierra es siempre un simbolismo materno.
La tierra prometida se describe como “plena de leche y miel”. La
leche es el símbolo del primer aspecto del amor, el de cuidado y
afirmación. La miel simboliza la dulzura de la vida, el amor por ella
y la felicidad de estar vivo. La mayoría de las madres son capaces de
dar “leche”, pero sólo unas pocas pueden dar “miel” también. Para
estar en condiciones de dar miel, una madre debe ser no sólo una
“buena madre”, sino una persona feliz. La esencia misma del amor
materno es cuidar de que el niño crezca, y esto significa desear que
el niño se separe de ella. Ahí radica la diferencia básica con respecto
al amor erótico. En este último, dos seres que estaban separados se
convierten en uno solo. En el amor materno, dos seres que estaban
unidos se separan. Dice la Esposa: “¿Quién te me dará, como
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hermano mío, que mamaste los pechos de mi madre?. Meteriale en
casa de mi madre, enseñariasme, hariate beber del vino adobado y
del mosto de las granadas nuestras”. De esto último comenta Fray
Luis: “Daríate también arrope de granadas, porque de todas estas
cosas dulces huelgan los niños, y sus madres y hermanas tienen
gran cuidado de los regalar ansí”
Amor erótico. El amor fraterno es amor entre hermanos; el amor
materno es amor por el desvalido. En contraste con ambos tipos de
amor esta el amor erótico: el anhelo de fusión completa, de unión
con una única otra persona. Por su propia naturaleza es exclusivo y
no universal. Así se inicia el Cantar de los Cantares. Esposa: “Bésame
de besos de su boca, porque buenos son tus amores más que el vino”.
Justificamos lo largo de la cita. Comenta fray Luis: “Ya dije que todo
este libro es una égloga pastoril, en que dos enamorados, Esposo
y Esposa, a manera de pastores, se hablan y se responden a veces.
Pues entenderemos que en este primer capítulo comienza a hablar
la Esposa, que habemos de fingir que tenía a su amado ausente y
estaba de ello tan penada, que la congoja y deseo la traía muchas
veces a desfallecer y desmayarse. Como parece claro por aquello que
después, en el proceso de su razonamiento, dice, cuando ruega a sus
compañeras que avisen al Esposo de la enfermedad y desmayo en
que está por sus amores y por el ardiente deseo que tiene de verle,
que es efecto naturalísimo del amor, y nace de lo que se suele decir
comúnmente, que el ánima del amante vivé mas en aquel a quién
ama que en sí mismo”
Amor a sí mismo. El amor a los demás y el amor a sí mismo no son
alternativas. Por el contrario, son conjuntivas. En todo individuo
capaz de amar a los demás se encontrará una actitud de amor a sí
mismo. El amor, en principio, es indivisible en lo que atañe a la
conexión entre los “objetos” y el propio ser. Esposa: “Yo rosa del
campo y azucena de los valles”. Comenta el frayle: “Estas palabras
están así, que se pueden entender indiferentemente del uno de
los dos; pero más a propósito es que las diga la Esposa, que por ser
mujer tiene más licencia para loarse, y que vengan dependientes y
hagan una sentencia con lo que acaba de decir en el fin del primer
capítulo: Nuestro lecho florido, y nuestra casa de ciprés. Y añade: y
yo rosa del campo; para que por todo ello convide y persuada más a
que al Esposo la ame y acompañe, y que en ningún tiempo la deje.
Yo rosa del campo. La palabra hebrea es Hebalzeleth, que, según los
más doctos en aquella lengua, no es cualquier rosa, sino una cierta
especie de ellas en la color negra, pero muy hermosa y de gentil olor.
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Y viene bien que se compare a esta, porque como parece en lo que
hemos dicho, la Esposa se confiesa de si, aunque es hermosa es algo
morena. Azucena de los valles: que por estar en lugar más húmedo,
está más fresca y de mejor parecer. Esto dice la Esposa del Esposo,
como sí más claro dijese: Yo soy rosa del campo, y tú, Esposo mío,
lirio de los valles. En lo cual muestra cuán bien dice la hermosura del
uno con la beldad del otro, y que, como se dice de los desposados,
son para en uno, como lo son la rosa y el lirio, que juntos crece la
gentileza de entrambos, y agradan a la vista, y al olor, más que cada
uno por sí”.
Amor a Dios. En las religiones orientales y en el misticismo,
el amor a Dios es una intensa experiencia afectiva de unidad,
inseparablemente ligada a la expresión de ese amor en cada acto de
la vida. La persona verdaderamente religiosa, que capta la esencia
de la idea monoteísta, no reza por nada, no espera nada de Dios; no
ama a Dios como un niño a su padre o a su madre; ha adquirido la
humildad necesaria para percibir sus limitaciones, hasta el punto
de saber que no sabe nada acerca de Dios. Dios se convierte para
ella en un símbolo en el que el hombre, en una etapa más temprana
de su evolución, ha expresado la totalidad de lo que se esfuerza
por alcanzar, el reino del mundo espiritual, del amor, la verdad,
la justicia. Amar a Dios, si usara esa palabra, significaría entonces
anhelar el logro de la plena capacidad de amar, para la realización
de lo que “Dios” representa en uno mismo. Esposa: “Yo soy de mi
amado, y su deseo a mí”. Comenta Luis de León: “Es la más feliz
vida que acá se vive la de dos que se aman y es muy semejante y muy
cercano el retrato de la del cielo, adonde van y vienen las llamas del
divino amor, en que amando y siendo amados los bienaventurados
se abrazan, y es una melodía suavísima, que vence toda música más
artificiosa, la consonancia de dos voluntades que amorosamente se
responden”.
Podemos concluir, de nuestra revisión del Cantar de los Cantares,
en clave Fromm, que se trata de un poema sobre los distintos
objetos amorosos, donde el amor es el protagonista, y si bien esta
centrado en el amor erótico, de ahí se irradia a los demás objetos,
para dar lugar a distintas interpretaciones (secundarias), como las
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