En el noroeste de Italia, la región de Piamonte, con sus

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En el noroeste de Italia, la región de Piamonte, con sus
denominaciones de origen Barolo y Barbaresco, constituye no
sólo una de las más importantes de la península sino que una de
las más bellas, diversas y de firmes tradiciones. Todo de la mano
de la cepa emblema, el nebbiolo.
TEXTO: ALEJANDRO JIMÉNEZ /
FOTOGRAFÍAS ALEJANDRO JIMÉNEZ Y SHUTTERSTOCK.
n la parte noroccidental de
Italia se extiende una de las
regiones más ricas del país,
una de las principales exportadoras, cuya capital es Turín.
El Piamonte es obviamente
una zona montañosa, rodeada por tres lados por los cordones
magníficos de Los Alpes y Los Apeninos. De allí nacen emblemáticos
ríos, que marcan todo el territorio
piamontés: el Po y el Tanaro. De
Alessandria a Vercelli, pasando por
Alba y su rival Asti, por Cuneo, Novara, Verbano, hasta Monferrato, las
abruptas montañas se transforman
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en decenas de colinas, muchas veces
coronadas por pequeños pueblos.
Las colinas como “lenguas”, en la
provincia de Cuneo, dan el nombre
a la zona del Langhe, que se extiende al este y al sur del río Tanaro, y
que concentra una ancestral y merecida fama por sus vinos, quesos y por
la trufa blanca. En los primeros, dos
son las zonas imprescindibles: Barolo y Barbaresco, dos de las denominaciones de origen más importantes
de Italia. Hay que anotar, por cierto,
que en la zona se elaboran fuera de
las respectivas denominaciones
decenas de vinos.
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Roberto Voerzio y el enólogo Cesare Bussolo.
Bodega Roberto Voerzio /Cerreto 7, La Morra
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El enólogo Cesare Bussolo se planta en viñedo, a un lado
de la pequeña bodega (todas las bodegas son pequeñas en
comparación a Chile), en un día seminublado en La Morra
y explica que ese pedazo de tierra de la bodega Roberto
Voerzio es tradicional y muy natural, con una agricultura
simple. Voerzio es una viña grande, comparativamente, con
sus 22 hectáreas. Fue fundada en 1986, y tiene una docena
de vinos divididos en tres reserva y nueve de alto nivel (siete
barolos, un barbera y un merlot), que se diferencian por el
trabajo en el viñedo de carga y concentración del racimo.
Respecto al suelo, Bussolo destaca las características
propias, pero que se repiten en casi toda la zona: una
alta composición de marga, es decir una roca compuesta
de calcita y arcillas; mientras predomina la primera el
suelo es más blanco variando hacia el gris en el caso de la
segunda. Se descompone fácilmente. En la misma materia,
el enólogo nos recuerda que en Langhe cae bastante agua
y la ley no permite regar. Así también, la denominación
BAROLO
La zona de producción del Barolo fue
delimitada oficialmente en 1966 con el
reconocimiento de la Denominación de
Origen Controlada. Contempla territorios
de once comunas: Barolo, Castiglione
Falletto y Serralunga de Alba, que se incluyen en su totalidad; mientras que solo en
parte se reconocen zonas de Cherasco,
Diano d’ Alba, Grinzane Cavour, La Morra,
Monforte d’Alba, Novello, Roddi y Verduno.
En 1980 se creó la Denominación de
Origen Controlada y Garantizada (DOCG)
que entre muchos requisitos, impone que
los vinos deben provenir de 100 por ciento de la zona delimitada, exclusivamente
de la cepa nebbiolo, con un máximo de
producción de ocho toneladas por hectárea y con graduación mínima de 13%
vol., con 38 meses de envejecimiento
mínimo, 18 de los cuales deben ser en
madera.
No es fácil de comprender la nomenclatura de Barolo. Además de lo señalado
existe la llamada Menzione Geografiche
Aggiuntive (MGA), que divide una comuna
o zona en pagos o “crus”, que pueden o
no ser de un mismo propietario. Así, por
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ejemplo, La Morra tiene 39 MGA y 62
bodegas. Entonces, la mezcla podría ser
Barolo (DOCG), La Morra (comuna) Brunate (MGA) de Roberto Voerzio (productor).
La denominación de origen de Barolo tiene
cerca de dos mil hectáreas plantadas. El
nebbiolo es la principal y se dice que el
nombre de la uva no proviene de una
característica instrínseca de la cepa sino
de la zona, proclive a permanecer nublada. Otros cepajes tintos importantes son
la barbera y el dolcetto.
Hoy en día, una hectárea de viña en Barolo se valoriza en un millón de euros. No
siempre, sin embargo, sus vinos gozaron
de tanta popularidad, hecho que detonó
un cambio que fue empujado por algunos
y resistido por otros, dando origen a varias
historias de rivalidades. Hacia finales de la
década del ’70 los vinos del Barolo atravesaron una crisis producto del cansancio
de los consumidores. Hay que convenir
que los Barolo no son fáciles de beber,
debido a que necesitan una larga guarda
para redondear tanino y acidez. Sin embargo, a esas peculiaridades, los tradicionales
productores agregaban uso de grandes
toneles de madera (botti) de roble esloveno heredados por décadas, muchos en
estado deplorable; largas maceraciones,
escaso control de temperaturas, sobre
extracción de taninos, más las particularidades de cada bodega. Un grupo de
productores, entonces jóvenes y hoy no
tanto (Gaja, Voerzio, Altare, Sandrone,
Scavino), optaron por desmarcarse de los
tradicionalistas (Mascarello, Rinaldi, Vietti,
Aldo y Giacomo Conterno) para optar por
el uso de acero inoxidable, en algunos
casos, y de barricas francesas, en otros,
además de “modernizar” las vinificaciones.
Parte de la historia de este cambio puede
verse en el premiado documental Barolo
Boys. Storia di una rivoluzione, de reciente factura.
En razón de lo anterior, la diversidad que
hoy muestra Barolo es todavía más interesante, en una permanente convivencia
de “tradicionalistas”, “modernistas” y todos
los demás, que mezclan banderas de unos
y otros. Por lo tanto, en cualquier recorrido, es menester incluir a representantes
de cada “bando” para tener una visión
amplia de Barolo.
de origen obliga a guardar en madera por dos años el
Barolo, lo que para esta bodega es considerado el máximo.
“No es importante la madera para nosotros; tratamos de
usarla al mínimo y sólo como ayuda `para un vino difícil”,
explica. El uso de la madera, sin embargo, revela el carácter
modernista de Voerzio: solo usa madera francesa. En medio
de la degustación propia de una visita, aparece el fundador
Roberto Voerzio, quien no luce su habitual larga cabellera.
Con el pelo corto y relajado, dice que no conoce Chile, y
le causa curiosidad la diversidad geográfica y climática
que podría encontrar en un país tan alargado en el mapa.
Promete visita. Además de un Barolo Roche dell’Annunziata
2011 de La Morra (“inusualmente bebible para su año”), un
par de ricos barbera y el clásico Sarmassa de Barolo 2004
(“señorial, perfumado, terso”) , exhibe un Merlot Langhe
2004 de los viñedos Fontanazza y Pissotta en La Morra,
que se muestra demasiado verde para nuestro paladar. Los
barolos, por lejos, marcan la pauta.
Bodega Conterno Fantino /Ginestra 1, Monforte d Alba
Conterno es un apellido muy común en la zona de Barolo, por
lo que varias bodegas contienen esta nominación, casi todos
emparentados entre sí. Conterno Fantino es la que se ubica en
lo más alto de Monforte, a 420 metros de altura, y nació en 1982
fruto de una sociedad entre Guido Fantino y Claudio Conterno.
Es considerada una bodega “modernista” porque promueve
maceraciones cortas y uso de barricas francesas. Posee unas
27 hectáreas, una decena de las cuales están plantadas con
nebbiolo, además de barbera, dolcetto, cabernet sauvignon y
chardonnay. Produce unas 150 mil botellas al año.
Fabio Fantino, a cargo de la bodega, junto con recibirnos con
un particular chardonnay Prinsipi del Langhe (gran acidez en
boca), habla de algunos desafíos del nebbiolo. Explica que con
el auge de plantaciones de 1999, se plantó en varios lugares
inapropiados para la cepa, aunque como se sabe la DOCG
regula tanto la altura mínima como las laderas para los viñedos
nuevos. Fabio conoce Chile, pues trabajó unas temporadas en
estos lares, de los que guarda buenos recuerdos. Es bastante
claro en sus preferencias, señalando que a su juicio el productor
Giacomo Conterno es el número uno en seriedad y que los vinos
de Gaja le recuerdan a Gaja y no a un barolo. Entre sus barolos
nos pone enfrente dos Sorì Ginestra: un 2012 y un 2005; solo
así es posible comprender la necesidad de evolución en botella
en los barolos para que logren balancear sus componentes
de gran carácter. Asmismo, la gran influencia del clima,
diferenciándose claramente un año lluvioso respecto de uno
más seco. Para qué hablar del 2002 cuando el granizo dejó a
Barolo sin barolo.
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Bodega Luciano Sandrone /
Pugnane 4, Barolo
El nombre de Luciano Sandrone generalmente se inscribe dentro
del listado de los modernistas de Barolo, pero la verdad es que
mantiene un pie entre los tradicionalistas. Ha sabido conjugar los
avances técnicos con la impronta del conocimiento ancestral. Fue
durante años el jefe de bodega de la más importante bodega de
Barolo, Marchesi de Barolo. Se independizó en 1977 con unas pocas
hectáreas para trabajar, las que han ido aumentado lentamente
hasta 27 hectáreas que se vinifican hoy en su moderna y a la vez
clásica bodega ubicada a los pies de Cannubbi. Su hija Bárbara es la
encargada de mostrarnos las magníficas instalaciones, en las cuales,
de pronto aparece Luciano para un breve saludo. Barbara se encarga
de mostrar uno de los proyectos interesantes, llamado Sibi et Pausis,
que consiste en que cada año un 10 a 15 por ciento de los vinos a
base de nebbiolo –el famoso Cannubi Boschis, Le Vigne y el nebbiolo
de Alba Valmaggiore– son guardados por cuatro años en su “cantina
histórica” en las mejores condiciones de temperatura y humedad para
prestar un servicio a sus clientes.
Además de Barolo, Sandrone posee viñedos en Castiglione Falletto,
Monforte d’Alba, Novello, Serralunga d’Alba y Vezza d’Alba.
Su clave, como se mencionó, es el balance: en la bodega, entre
tradición y modernidad; en el viñedo, buscado la armonía de la
madurez correcta, selección específica y delicada vinificación.
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Bodega Giusseppe Rinaldi / Monforte 5, Barolo
Pasando el bello pueblo de Barolo, en
una saliente del camino se ingresa a esta
pequeña bodega que mira recto a la torre
de Castiglione Falletto. Son las 11 en punto
de un día laboral en septiembre y la casabodega parece descansar. Hasta que de
pronto un portón de madera rechina y la
figura de un hombre delgado, mayor y con
una especie de cigarro toscano colgando de
los labios sale para empecinarse en conectar
una bomba, sin prestar la menor atención al
extraño. Nos acercamos para presentarnos
y la respuesta, en italiano, más que una
bienvenida es un llamado de atención:
es un mal día para visitar la viña porque
están cosechando el dolcetto, la cepa tinta
que se vendimia primero. Le explico que
he venido desde Chile y que Marta Rinaldi
me ha citado para ese día y hora. Entonces,
me dice que entre a la bodega y que la
busque, por allí dentro. Recorro en solitario
la dependencia hasta una especie de
oficina, plagada de cuadros, fotos y botellas
antiguas hasta que aparece Marta, la hija de
Giusseppe, enóloga y quinta generación de
los Rinaldi en Barolo. Su padre, Giusseppe,
alias Citrico o Beppe, entrará varias veces
para vociferar desde lejos algo sobre el
dolcetto. Marta, en tanto, hará una especie
de oídos sordos mientras recorremos cubas
de acero y luego las tradicionales botti. Si
bien Rinaldi es etiquetado como uno de
los grandes “tradicionalistas” lo cierto es
que mantiene una práctica de simpleza
y de aprecio por el terroir y un desprecio
patente por la introducción de elementos
que considera foráneos, especialmente la
barrica francesa. Sin embargo, el control de
temperatura, maceraciones más cuidadas y
mayor higiene en la bodega son elementos
que se aprecian sin renunciar a la tradición
ni a la rebeldía. De pronto, “Beppe”
reaparece en persona para preguntarme si
en Chile hay pinot noir. Ante la respuesta
afirmativa la conversación fluye hacia estos
es dif
BARBARESCO
Marta y Giusseppe Rinaldi.
cepajes de clima frío de gran carácter, de
clara manifestación de terroir. Y también
pregunto por la foto de Mascarello que
exhibe en una repisa junto al lema “ni
barricas ni Berlusconi”. Dice que Bartolo
Mascarello era su primo, una especie de
último mohicano de Barolo y que también
me convendría ver su propio lema: “las
barricas para las barricadas” con la firma de
Robespierre.
Rinaldi tomó las riendas de la bodega a
principios de los 90 tras la muerte de su
padre, otro pro hombre de Barolo. Beppe
es en verdad veterinario y le importa un
bledo no ser enólogo, pues considera que
ese trabajo lo puede hacer cualquiera que
tenga suficiente seso. Su máxima expresión
de tradicionalismo es que será imposible,
mientras él viva, usar algún tipo de barrica
francesa en su bodega, donde las botti de
roble esloveno parecen indemnes al paso
del tiempo. Sus dos más importantes vinos,
el Barolo Brunate y el Barolo Cannubi-San
Lorenzo-Ravera son dos ejemplares que
ningún amante del vino puede dejar de
probar.
Bodega Gaja / Torino 18, Barbaresco
En medio del típico pueblo de la colina de Barbaresco se encuentra
Gaja, fundada en 1859 y que suma unas 100 hectáreas, siendo
la más importante de Barbaresco y, probablemente, de todo el
Piamonte. Al menos, la más famosa. En 1994 adquirió la viña Pieve
S. Restituta en Montalcino y en 1996 creó Ca’Marcanda en Bolgheri,
Toscana. A la cabeza se encuentra Angelo Gaja desde 1961, una
verdadera personalidad del vino mundial, y quien representa mejor
que nadie la modernización de los vinos de la zona, manteniendo
su equilibrio con la tradición. Si se pudiera asimilar su caso, se
parecería a la innovación que representó en Chile Miguel Torres en
su momento. Según explica la hija de Angelo, Gaia Gaja, la empresa
se ha caracterizado por su trabajo agronómico, especialmente
preservando los antiguos viñedos con selecciones masales.
Asimismo, han avanzado en fomentar la biodiversidad para el
control de plagas sin uso de productos químicos.
En cuanto a sus vinos, además de su clásico Barbaresco DOCG y de su
Barolo Dragomis (Serralunga y La Morra), desde 1996 se caracterizan
por hacer vinos con nebbiolo (mayoritariamente) mezclado con
barbera, renunciando a las denominaciones Barbaresco y Barolo
para para usar la DOC Langhe Nebbiolo, que permite esa mezcla.
Allí se anotan grandes y característicos ejemplares como Conteisa,
Sperss y Sorì San Lorenzo. También se caracteriza por el uso de
cepas francesas con la apelación Langhe DOC, como Sito Moresco
(nebbiolo, cabernet sauvignon, merlot) y Darmagi.
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Si al vino de nebbiolo hecho en Barolo se le conoce como el vino de reyes, al nebbiolo de
Barbaresco se le nombra como el vino de reinas. Está a unos 10 kilómetros de Barolo, bordeando el río Tanaro, y posee las zonas de Barbaresco, Neive, Treiso y la llamada fracción "San Rocco".
Su origen histórico como denominación se debe a que los viñateros de Barolo se negaron a
ampliar su denominación de origen. Produce nebbiolos más ligeros que Barolo, más perfumados
y menos tánicos, tal vez por la mayor influencia marina. Su bodega icónica es Gaja.
Nota f
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al del
Gaia Gaja.
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