Violencia en Colombia

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La violencia en Colombia, a finales del siglo pasado, vista
desde las artes
Eduardo Serrano en los textos sobre las bienales, toca en uno el medio ambiente , que si lo consideramos en
Colombia, hace parte de la violencia armada como destrozo ecológico de la guerra, que mata a la naturaleza ,
tal vez, la más afectada, aparte de que la vida no tiene precio y se han perdido demasiadas.
Señala Serrano a MarÃ−a Consuelo GarcÃ−a como interesada en esta temática que termina de ennoblecer
en sus Instalaciones. Otro tanto aprecia en Patricia Lara con su montaje, “Desolación”, creado en 1998; al
tiempo que MarÃ−a Combariza reclama con “Iguanas”, el derecho a preservar la vida.
También con iguanas y bajo el titulo, “Corona para una princesa Chibcha”, desde 1990, MarÃ−a Fernanda
Cardozo presentó en la II Bienal, lo que se puede interpretar como mensaje para el rescate de las raÃ−ces y
la preservación de las especies nativas. Cardozo, en el 2004 colgó su retrospectiva de 20 años en la
Biblioteca de la Luis Angel Arango, conformada por videos, instalciones, esculturas y performances.
Eduardo Serrano en esos textos analÃ−ticos, señala tres aspectos importantes: “... la susceptibilidad social,
la influencia del arte conceptual y la transmisión más de ideas que de emociones...”. Estas consideraciones
son fruto de su experiencia en el manejo del arte y la observación de las constantes; tanto es asÃ−, que sobre
la V, Salón regional de Bogotá, bienal enfatizó en que tan solo el 5% de las obras son pinturas y
conceptuando sobre el lenguaje simbólico de Delcy Morales dijo: “ Expresa de manera impresionante la
proclividad de nuestra sociedad a la violencia...”
Entre quines aprecian el arte, la comprensión de la Instalación está dividida; muchos siguen siendo
admiradores de la pintura y la escultura y otros, generalmente pertenecientes a las últimas generaciones de
artistas se identifican con la Instalación. Por eso, el cierre del siglo XX lo marcaron los montajes; por
ejemplo, la VIII mostró el trabajo de Clemencia Echaverry sobre el derrumbamiento de una casa y el arreglo
de un cadáver, como crÃ−tica y testimonio de la clase de vida que tipifica a estos últimos años.
Las figuras obesas de pies chicos para engordar el cuerpo, los rostros parecidos y pequeños, las alusiones a
lo corrupto, regresaron en la obra de Fernando Botero, “Esmeralderos”, fechada en 1999, año en que
también se refirió nuevamente a la violencia del narcotráfico con su pintura, “Carrobomba”.
“De leche, plumas y sangre. Especialidad de la casa”, es el tÃ−tulo de la obra de Luz Mercedes Arango,
modalidad escenográfica que entró al siglo XXI y hasta en el Salón de Arte popular convocado por el
Ministerio de Cultura en el 2004, se apreció como forma de expresión asimilada en el imaginario colectivo,
aun que no participaron obras que
registraran la violencia armada, más bien y entre ellas la ganadora, encerraba la crÃ−tica al consumismo,
ésta expresada en un performance en que la autora se come una revista Vanidades.
En la literatura la contaminación de la guerra permanece más en la forma testimonial periodÃ−stica,
mezclada con análisis polÃ−ticos y eventos internacionales, como es la novela d Mario González Restrepo,
titulada “Confesiones de un burgués terrorista”, lanzada en el 2004.
Durante el gobierno de Andrés Pastrana se inició otro proceso de paz y términos como sociedad civil y
resistencia pacÃ−fica inundaron el imaginario colectivo; fruto de algunas acciones de paz, Juanita León
escribió, “No somos muchos pero somos machos”, que ensambla cinco crónicas sobre la resistencia civil
frente a los intentos de toma de las poblaciones por parte de las FARC. Los referentes son Caldono,
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BolÃ−var, Jambaló y Puracé. La última está relacionada con la experiencia de la alcaldÃ−a de Antanas
Mokus basada en “ la lucha de la razón contra la torpeza de la fuerza...”
Las historias humanas femeninas repetitivas y a la vez diferenciadas en pequeñas anécdotas del mundo
coquero frente a la sociedad de consumo que induce a los pobres a la angustia por carecer de lo necesario y de
lo innecesario, se reflejó en la investigación social del escritor BolÃ−var en su trabajo fuertemente criticado
“Sin tetas no hay paraÃ−so”, llevado a la televisión en el 2006 y posiblemente al cine en próxima fecha.
BIBLIOGRAFÃ A
*Historia del arte colombiano. Salvat. 1988
*El arte colombiano. Gil Tovar. Rotativa
*Colombia en las artes. Gil Tovar. Biblioteca familiar. Presidencia de la República.
*El Museo de Arte Moderno de Bogotá. Recuerdo de un esfuerzo conjunto. Eduardo Serrano. 1979
*BoletÃ−n Museo de Arte Moderno. Agosto-septiembre. 1979
*Catálogo de la exposición de Fernando Botero. 1980
*Catálogo del XIII Salón de Artistas. 1990
*Siembra vientos y recogerás tempestades. Patricia Lara. Planeta . 1991
*Forjadores de Colombia contemporánea. Planeta. 1986
*La guerra por la paz. Enrique Santos Calderón.CREC. 1985
*Catálogo de las exposiciones de Dévora Arango. Biblioteca Louis Angel Arango
*Catálogos del Museo de Arte Moderno de Bogotá, sobre las Bienales, I, II, V, VI.
*Revista Diners, julio del 2000
*Crucifijos, sotanas y fusiles. Carlos Arango. Editorial Colombia nueva. 1991
*Rafael Reyes. Eduardo Lemaitre. Grupo editorial Norma. 1994
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