¿Quieres tener éxito? ¡Prueba esto! Deepa Daniels La mayoría de

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¿Quieres tener éxito? ¡Prueba esto!
Deepa Daniels
La mayoría de las personas queremos ser exitosas en la vida. Sin embargo, no todos lo logramos. ¿Por
qué? ¿Qué hace que algunos sean más exitosos que otros? Albert Gray, autor de El denominador común
del éxito, escribió: «El secreto del éxito de todo hombre que haya alcanzado el éxito radica en el hecho de
que se acostumbró a hacer cosas que a los fracasados no les gusta hacer». Otra manera de decir eso de
«acostumbrarse a hacer cosas que a los fracasados nos les gusta hacer» es autodisciplina. Las personas de
éxito han aprendido el valor de la autodisciplina, y la aplican con el fin de ir en pos de sus sueños.
Autodisciplina es la capacidad de ponerse en acción sin importar cómo se sienta uno. Es tomar una
decisión consciente de hacer algo y perseguirlo hasta el fin. Con autodisciplina uno puede vencer la
tentación de dejar las cosas para más tarde, puede domar las adicciones o cualquier otro obstáculo que
pudiera hacerle disminuir la calidad de vida o impedir que alcance sus sueños. Por el contrario, sin
autodisciplina ni perseverancia, jamás se concretarán las mejores de las intenciones que uno pueda tener.
Entonces… ¿cómo obtenerla?
En realidad es sencillo; es como un músculo, que aumenta cuanto más se lo ejercita. Cuanto más se
ejerce la autodisciplina, con más autodisciplina se cuenta.
En lo que a autodisciplina se refiere, las analogías sobre la buena salud y el ejercicio encajan de lo más
bien. Así como cada persona está en un nivel diferente en lo referente a estado físico, también existen
diversos niveles de autodisciplina. Casi todos cuentan por lo menos con una medida mínima de
autodisciplina con la que pueden trabajar para aumentarla. Si en este momento tienes poca, puedes
utilizar esa poca que tienes para crear más. Por ejemplo, y regresando al paralelo con el ejercicio: si me
propusiera hacer cincuenta abdominales seguidos, primero tendría que fortalecer mi musculatura
haciendo rutinas más cortas de abdominales. Podría quizás comenzar haciendo cinco abdominales al día
durante una semana. Y una vez que eso ya me resulte fácil, lo aumentaría a diez al día, luego a quince y
luego a veinte. ¿Ya ven a qué voy?
A fin de aumentar nuestra capacidad de autodisciplina tenemos que acometer cosas que estén casi al
límite de lo que somos capaces de lograr, y una vez que alcanzamos ese límite, nos fijamos uno nuevo.
Digamos que quieres, por ejemplo, disciplinarte más en cuanto a tu horario personal, quizás acostarte o
levantarte más temprano de lo que acostumbras. Supongamos que acostumbras levantarte a las 7:30,
exactamente media hora antes de que empiecen tus clases, pero quieres empezar a levantarte más
temprano, a las 6:00, para hacer ejercicio y ducharte antes de entrar a clases. En lugar de hacerlo de golpe
y poner el despertador para las seis del día siguiente, intenta ponerlo apenas 20 o 30 minutos más
temprano. Una vez que consigas despertarte sin problema a las 7:00, ponlo a las 6:30 y así sucesivamente,
hasta que por fin alcances tu meta de madrugar. Si comienzas con un reto que está dentro de tus
posibilidades y vas aumentándole hasta alcanzar tu meta final, muy probablemente compruebes que eres
capaz de alcanzar metas que antes te resultaban prácticamente imposibles o demasiado difíciles.
A menudo encontrarás que las cosas en las que necesitas autodisciplina son aquellas que menos te
gusta hacer. A mí me encanta correr, pero no siempre fue así. Al principio decidí empezar a correr porque
quería contar con una rutina cotidiana de ejercicio, y me pareció que correr era algo que iba conmigo.
Aunque al comienzo, la verdad es que tenía más días malos que buenos. Y cuando digo «días malos» me
refiero a esos días en que simple y llanamente no tenía ganas de correr, días en los que me sentía
demasiado cansada, o días en que se presentaban otras cosas que hubiera preferido hacer en lugar de
estar pateando las calles. Sin embargo, me obligué a salir a correr, ¡y en la actualidad sigo haciéndolo y me
encanta! De modo que estoy convencida de que a uno puede llegar a gustarle algo que sabe que le hace
bien, si persevera en ello.
Como corredora, también me he dado cuenta de que cuando entreno para una maratón puedo correr
más rápido, más lejos y por periodos más largos que cuando no estoy entrenando. Si interrumpo mi rutina
un par de meses, mi nivel físico sufre y pierdo parte del terreno que había ganado anteriormente. Y lo
mismo sucede con la autodisciplina. Cuando uno la aplica con constancia a cualquier aspecto de la vida,
cuanto más lo hace, más fácil se vuelve.
La autodisciplina no es algo que se da de la noche a la mañana: se trata de un proceso a largo plazo.
No te exijas demasiado ni esperes una transformación milagrosa. En enero los gimnasios se llenan de
personas que se proponen alcanzar sus metas para el año nuevo, pero la verdadera autodisciplina sigue en
los gimnasios en septiembre.
Si solo eres capaz de correr un kilómetro en este momento, corre tu kilómetro y ya está. Si solo logras
eliminar una merienda innecesaria de tu dieta diaria, o irte a dormir quince minutos antes, o estudiar diez
minutos más, o lo que sea que pretendas, pues hacer lo que puedas para acercarte a tu meta no tiene nada
de vergonzoso. Toma como punto de partida el estado en que te encuentras y no retrocedas, y verás que
irás mejorando hasta acercarte cada vez más a tus metas personales.
Tampoco cometas el error de compararte con los demás; ocúpate de la carrera que tú, personalmente,
tienes por delante. Me he dado cuenta de que correr una maratón es una experiencia humillante. A veces
me sorprende ver quiénes son las personas que se me adelantan. Cierta vez, cuando entrenaba para una
carrera en montaña, me encontraba subiendo muy cautelosamente por unas rocas empinadas cuando de
pronto apareció un señor que sin duda andaba por encima de los cincuenta y, sin más ni más, ¡se saltó las
piedras como una cabra montañesa! Era evidentemente que me ganaba en experiencia y en
entrenamiento, y que sus capacidades excedían con creces las mías. Pensé: «¡Uf, comparada con él soy
pésima en este deporte! Pero si sigo entrenando, algún día seré como él.» Como dijo el escritor Jon Acuff:
«Nunca compares los inicios de tu travesía con el final de la de otros».
Ahora bien, entiendo que esto de la autodisciplina puede dar la impresión de que se trata de trabajo
arduo. Y, con tantas cosas agradables que hacer en la vida, ¿quién va a querer pasársela trabajando?
Créase o no, cuando uno es disciplinado también tiene tiempo para pasárselo bien. Y lo que es más
importante aún, se trata de una decisión que todos tenemos que hacer con relación a lo que nos
proponemos en la vida. ¿Cómo quieres que sea tu experiencia? Si tienes grandes metas e ideas y te hace
ilusión alcanzarlas, encontrarás que la autodisciplina es requisito indispensable y que incluso hace
alcanzables las cosas que más difíciles parecen. Alex y Brett Harris, los adolescentes que escribieron Do
Hard Things (Haz cosas difíciles), dicen así:
Cuando no hacemos las cosas que consideramos difíciles de hacer, nos predisponemos para
quedarnos cortos y no alcanzar nuestro verdadero potencial, el que Dios nos ha dado. Es más, nos
comportamos como si Dios no fuese digno de nuestro esfuerzo, o como si fuera incapaz de lograr por
nuestro intermedio aquello a lo que nos ha llamado. Son palabras fuertes, pero las pronunciamos
porque queremos evitarles algo.
Queremos evitarles ser como el siervo holgazán de la parábola de los talentos, que no invirtió los
dones que le había dado su amo y acabó en la calle.
Decimos esto porque queremos glorificar a Dios. Y Dios no es glorificado cuando Sus hijos se
limitan a lo que les resulta fácil. Ni es glorificado cuando Sus hijos no están dispuestos a hacer lo que
resulta difícil.
Filipenses 4:13 dice: «Todo lo puedo en Cristo»1. ¡Y eso incluye las cosas difíciles que no tengo ganas
de hacer!
Dios te ha dado talentos y capacidades; te hará falta autodisciplina para cultivarlos y utilizarlos. Pero
a medida que lo hagas, experimentarás realización y satisfacción.
Si deseas, hoy podrías dedicar un tiempito a identificar los aspectos de tu vida en que desearías contar
con mayor autodisciplina. Tal vez tenga que ver con tu horario: desearías atenerte a un buen horario. O
quizás sea algo relacionado con tu salud: desearías hacer ejercicio con regularidad o comer más
saludablemente. Tal vez se trate del aspecto académico: quisieras poder estudiar de manera más efectiva o
dedicarle más horas sin distraerte. A lo mejor tenga que ver con algún hobby tuyo: quisieras apartarte más
tiempo para practicar ese instrumento o informarte más sobre determinada habilidad que te interesa, etc.
Identifica esa área de tu vida y luego anota exactamente qué es lo que te impide alcanzar esa meta que te
propones. Escribe esas excusas que te das a ti mismo, cosas como «no tengo tiempo», o «la comida
saludable sabe mal», o «las noches son el único momento en que puedo chatear con mis amigos». Antes
de poder combatir los enemigos del progreso tienes que identificarlos claramente, y entonces podrás
realizar cambios.
Ahora que tienes claras cuáles son tus excusas para no alcanzar esa meta, escribe algo que desafíe la
excusa y le encuentre la vuelta. Para la excusa «no tengo tiempo», por ejemplo, podrías escribir algo por el
estilo de: «Me apartaré veinte minutos al día cuando regreso del colegio». O para contrarrestar eso de que
«la comida saludable sabe mal», podrías escribir: «Comenzaré con los alimentos saludables que me
gustan, como mis frutas y verduras favoritas». Y así sucesivamente. Hacer esa lista requerirá
autodisciplina y también honrar tus compromisos. Pero la clase de satisfacción que obtendrás al invertir
tiempo, trabajo y disciplina para lograr algo que es importante para ti no tiene comparación.
Recuerda, si es importante para ti, encontrarás la manera. Y si no lo es, hallarás una excusa.
Para terminar, citaré al apóstol Pablo, que escribió algo que considero muy aplicable al tema de la
autodisciplina:
Hebreos 12:11: «Ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza. Pero
después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados» 2.
Notas a pie de página
1 Versión Reina Valera 1960.
2 Versión Reina Valera 1960.
Traducción: Quiti y Antonia López.
© La Familia Internacional, 2011
Categorías: autodisciplina, éxito
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