1 UNIVERSIDAD DE CHILE FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES

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UNIVERSIDAD DE CHILE
FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES / FACULTAD DE MEDICINA
Magíster en Psicología Clínica de Adultos
Tesis para optar al Grado de Magíster
en Psicología Clínica de Adultos
Voces:
Relatos de una persona con diagnóstico de Esquizofrenia, acerca de los
tratamientos que ha seguido durante su enfermedad
ALUMNA
Daniela Francisca Yañez Meneses
PROFESOR PATROCINANTE
Roberto Aceituno
Enero, 2013
SANTIAGO
1
Resumen
A partir de la experiencia de trabajo en el ámbito de la salud pública chilena,
en la Red de Salud Metropolitana Norte resulta posible constatar los efectos de los
lineamientos establecidos para el tratamiento de los distintos malestares y/o
trastornos con o por los que consultan los pacientes.
Esta investigación, se orienta específicamente al tratamiento de la
Esquizofrenia, de acuerdo a la aplicación efectuada con los pacientes de la
Clasificación Internacional de Enfermedades, en
su décima de edición, único
referente diagnóstico oficialmente aceptado en los dispositivos públicos de salud
de nuestro país.
La práctica clínica en establecimientos públicos tales como los COSAM,
organizados bajo estos lineamientos, pone constantemente de manifiesto, la
necesidad de algunos pacientes de poder hablar acerca de la enfermedad que les
ha sido diagnosticada y sus tratamientos.
El propósito de esta investigación es hacer un proceso de escucha de
quien, en condición de paciente con algún tipo de diagnóstico de esquizofrenia, se
encuentran adscrito al sistema público de salud, en la Red perteneciente a la
gestión del Servicio de Salud Metropolitano Norte. Con el fin de poner de
manifiesto esta dimensión del tratamiento. Más específicamente, a partir de su
relato y buscando establecer cuál es su posición al respecto, se pretende lograr
describir cuál es el sentido que otorga éste paciente, a los tratamientos que ha
seguido a través de la historia de su enfermedad.
Este proceso de escucha, se lleva a cabo intentando relevar la
individualidad de la persona en estudio, puesta de manifiesto en un período de su
vida que como ya se ha planteado, corresponde al desarrollo de su tratamiento a
partir de la manifestación de su sintomatología, malestar y del establecimiento del
diagnóstico de esquizofrenia.
2
Agradecimientos
Quisiera expresar mis agradecimientos a todos quienes colaboraron con su
escucha, paciencia, apoyo y confianza porque han hecho posible que este
proceso se llevara a cabo.
En primer lugar agradecer al protagonista de esta investigación, don H.,
quien con generosidad nos entregó su relato y tiempo. En él a quienes hacen
posible nuestro oficio, los pacientes, de quienes aprendo permanentemente.
También quisiera mencionar a Viviana Pereda, quién orientó y apoyó mi
trabajo desde el inicio.
Agradezco a mi familia: A la santacruzana, en especial a mi papá Eduardo,
a mi mamá Verónica y hermana Verito, porque como siempre están ahí. A la
santiaguina: Mi compañero Leonardo por la motivación, confianza, escucha,
paciencia y apoyo permanente, pero también, por su trabajo con pacientes
diagnosticados con Esquizofrenia, pues con su mirada humana de ellos, inspiró el
interés de esta escucha. Y Amaranta, por esforzarse en respetar mis espacios de
trabajo.
A mis amigos, por otorgarme el sostén emocional que necesité en este
intenso proceso. Entre ellos a Eduardo Parry y Jaime Balladares que colaboraron
y aportaron de forma generosa con sus conocimientos, a partir de sugerencias y
correcciones.
En mi lugar de trabajo, a quienes pacientemente oyeron de forma
permanente acerca de la evolución del proceso, facilitaron la ejecución de éste y
me animaron en los momentos de mayor cansancio.
3
Índice
I.
Introducción.
II.
Propósitos de la Investigación.
II.1 Antecedentes y motivación de la Investigación.
II.2 Fundamentación del Estudio.
III.
Objetivos.
III.1 Objetivo General.
III.2 Objetivos Específicos.
IV.
Consideraciones Éticas.
V.
Antecedentes Teóricos.
V.1 Locura y exclusión: trazos acerca de la historia de esta relación.
V.2 Algunas consideraciones acerca de la historia de la psiquiatría en Chile.
VI.
Marco Conceptual
VI.1 Esbozo histórico del concepto de esquizofrenia en psiquiatría.
VI.2 Acerca de sentido, referencias y representaciones.
VII.
Contexto Institucional y Territorial del Sujeto de Estudio.
VI.1 Plan Nacional de Salud Mental y Psiquiatría de Chile.
VI.2 Esquizofrenia como Garantía Explícita de Salud: Descripción de Guía Clínica.
VI.3 Red asistencial del Servicio de Salud Metropolitano Norte.
VI.4 Comuna de Conchalí: contexto residencial del sujeto de estudio.
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VII. Métodos y Técnicas de Investigación.
VII.1 El paradigma cualitativo y su contribución al estudio de las subjetividades.
VII.2 Relato de Vida.
VII.3 Caracterización del caso de estudio.
VII.4 Lógica y Método de Análisis.
VIII.
Análisis y Resultados.
VIII.1 Los Encuentros.
VIII.2 Las Entrevistas:
VIII.3 Categorización.
VIII.4 Análisis de contenidos en categorías.
IX.
Conclusiones.
IX.1 Desde el decir
IX.2 Desde la Experiencia
IX.3 Desde los posibles aportes
X.
Bibliografía.
XI.
Anexos.
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Introducción
“La alienación social es una dimensión general de la existencia de cada uno, sea
este normal o loco” (Oury J. y Michaud G, 2008).
La presente investigación busca ocuparse del sentido, del lugar que otorga
un paciente con diagnóstico de esquizofrenia al tratamiento que ha recibido. Esto,
a partir de un ejercicio fundamental en el desarrollo de la clínica: la escucha.
Como plantea Aceituno (en Rojas 2011) “probablemente parte importante de ese
oficio reside en poder dejar hablar tranquilos a nuestros pacientes, es decir ser
nosotros pacientes para que algo pueda escucharse. O verse” (p.8)
La escucha aquí establecida como una acción que implica una disposición,
un oír que más allá de las generalidades, se enfoca en la particularidad de aquel
que se oye, comprendiendo que es en ese encuentro que se despliega un
discurso, una forma de decir, que no sería posible replicar en otras circunstancias
ni con otras personas como protagonistas de ese diálogo, porque es esa persona
quien lo dice y lo hace de tal o cual manera.
Es posible encontrar entonces una dificultad a dicha acción, pues requiere
una disposición y comprensión del oyente acerca de que la palabra allí enunciada
no es una palabra vacía, en tanto la dice esa persona en ese momento y con esa
entonación. En otros términos, de una u otra manera cobra cierto sentido.
La escucha que aquí se establecerá, será la de una persona que hace más
de veinte años fue diagnosticada con Esquizofrenia en el sistema público de salud
Chileno y gran parte de su tratamiento se ha llevado a cabo en el mismo.
La Organización Mundial de la Salud (OMS), basada en la Clasificación
Internacional de Enfermedades, en su décima versión (CIE-10), establece que la
Esquizofrenia constituye un trastorno:
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“Este trastorno se caracteriza por distorsiones fundamentales y típicas
de la percepción, del pensamiento y de las emociones, estas últimas en
forma de embotamiento o falta de adecuación de las mismas. En
general, se conservan tanto la claridad de la conciencia como la
capacidad intelectual, aunque con el paso del tiempo pueden
presentarse déficits cognoscitivos. El trastorno compromete las
funciones esenciales que dan a la persona normal la vivencia de su
individualidad, singularidad y dominio de sí misma (…)”. (OMS, 1992)
Es decir, esta mirada, desde un punto de vista psicopatológico a la base,
podría dar lugar a una serie de signos y síntomas que formarían este cuadro.
Cabe destacar, que se explicita que una de las funciones comprometidas es la que
se relaciona con la vivencia de individualidad, singularidad y dominio de sí. Esta
situación resulta relevante, en tanto es bajo este prisma que se establecen las
guías diseñadas para orientar los tratamientos en el sistema público de salud de
nuestro país.
En esta oportunidad, es justamente la dimensión psicopatológica la que se
obviará en el plano de la escucha antes mencionada. Dado que es un estado de
base, que si bien tiene una esencial relevancia en algunos ámbitos, en esta
oportunidad y para el desarrollo de este ejercicio, sólo funcionaría como
interferencia a la búsqueda que se pretende realizar.
En definitiva, el campo psicopatológico no formará parte de los elementos a
abordar. Esto, porque lo que se intenta investigar, por medio de esta escucha, se
ubica bajo el alero de otro prisma: es el sentido, la significación y/o el lugar que
para esta persona ha tenido el o los tratamientos que ha realizado, principalmente
en el sistema público de salud, pero justamente esto requiere considerar la
singularidad e individualidad de quien vive esta experiencia, dimensiones que
como ya se planteó, se encuentran cuestionadas desde la psicopatología.
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Considerando la dificultad que podría implicar el desarrollo de la escucha
antes descrita, se añade a ésta, la posible complejidad que tendría el escuchar a
un paciente diagnosticado con esquizofrenia marginando su psicopatología,
asumiendo la dificultad que en algunos momentos implicaría seguir su discurso y
ubicándose en una disposición respetuosa y atenta a sus palabras, relevando así
la dimensión humana del interlocutor, valorando su experiencia, más qué
identificando lo evidente que en ocasiones pueden volverse sus manifestaciones
psicopatológicas..
En otros términos, la dificultad radica en que el ejercicio consistirá en ir en
búsqueda de sentido en un lugar donde el sentido clásicamente, como se puede
deducir de las definiciones anteriormente descritas, es difícil de establecer.
Es necesario precisar que al hablar de sentido, en este marco, se está
hablando de la conjugación de referencias y representaciones que la persona
entrevistada otorga y/o posee; de las significaciones establecidas y del impacto, la
huella en su vida. En definitiva, del lugar que toman para ésta su(s) tratamiento(s).
Dicha búsqueda se establece en los elementos atingentes, posiblemente dados y
transmitidos en su relato, en sus palabras.
Para llevar a cabo este proceso, se optó por realizar entrevistas bajo una
técnica metodológica consistente con la posibilidad de llevar a cabo el objetivo
buscado, es decir, que logre ponerlo en juego en su calidad de persona, de ser
humano que tiene una posición ante los acontecimientos que ocurren a lo largo de
su vida. En otras palabras se utiliza un enfoque y una técnica que contribuya a que
a partir de la escucha de lo que esta persona dice, se pueda vislumbrar el lugar, el
impacto que el tratamiento tiene para él en el contexto de su vida, más allá de la
evolución sintomática. Esto es el enfoque biográfico y el relato de vida como
instrumento.
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El contexto territorial en que se desarrolló esta investigación es el área
coordinada por el Servicio de Salud Metropolitano Norte (SSMN), donde, entre
otras cosas se ubica el Instituto Psiquiátrico Dr. José Horwitz Barak, referente
metropolitano para pacientes de alta complejidad y sobre todo con necesidad de
hospitalización. Más precisamente, se despliega en la comuna de Conchalí, donde
un alto porcentaje de la población utiliza como medio de prestaciones de salud el
ámbito y las instituciones públicas.
Cabe señalar que esta investigación no tiene un carácter crítico a lo que
hasta el momento se realiza, sino que pretende ser un aporte a la reflexión y
posterior desarrollo de un área que podría ser considerada en la visión y trato que
se establezca en los tratamientos de personas con este diagnóstico. Ámbito que
según se esboza en las orientaciones clínicas planteadas, se encuentra
considerado, sin embargo, al momento del desarrollo y planteamiento de
sugerencias no resulta tan evidente. Esto es: la participación del decir del paciente
acerca de los tratamientos aplicados.
No hay aquí una intención reivindicativa, en términos de rechazar lo hecho
actualmente, sino más bien, el interés está puesto en la palabra. Esto, en un
intento por restituir el sentido en las palabras que enuncia una persona con
diagnóstico de esquizofrenia. Un sentido que contrario a lo que generalmente se
piensa, podría entregar referencias: sus referentes ante un proceso que, en este
caso, es el tratamiento que ha desarrollado durante tanto tiempo, prácticamente, la
mitad de su vida.
Finalmente, resulta relevante aclarar, que este trabajo, en ningún caso, se
realiza con una pretensión explicativa ni concluyente. Lo que sí pretende, es
explorar una dimensión y a partir de esta inquietud, abrir interrogantes, otorgar
elementos para una discusión. Intenta más bien, ser un aliciente para insistir en
poner esta dimensión en juego, especialmente para quienes, por distintos motivos,
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nos constituimos como interlocutores frecuentes de personas diagnosticadas con
Esquizofrenia.
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II. Propósitos de la Investigación
II.1 Antecedentes y motivación de la Investigación
La
investigación
que
se
presenta
a
continuación,
se
encuentra
principalmente enmarcada en el desarrollo de un tratamiento (o de tratamientos)
recibidos por una persona diagnosticada con esquizofrenia en el sistema público
de salud. Por este motivo, es preciso conocer y considerar algunos aspectos
relevantes acerca de las definiciones y lineamientos de trabajo allí propuestos.
En base a lo que establece la Ley de Autoridad Sanitaria, modificada el año
2004 en Chile, el Sistema público de salud de nuestro país se orienta a partir de
guías clínicas que, emanadas del Ministerio de Salud (MINSAL) otorgan
lineamientos a seguir respecto de patologías, diagnósticos, tratamientos y
procedimientos.
En
definitiva,
intentan
conducir
el
quehacer
clínico
y
evidentemente, esto contempla también el área de salud mental.
Dentro del ámbito de la salud mental, interesa tratar aquí el caso de la
Esquizofrenia, definida en los documentos emanados por el MINSAL (2005) de la
siguiente manera:
“Definición: La esquizofrenia se caracteriza por la aparición de
“síntomas positivos” de
alucinaciones auditivas,
distorsiones y
trastornos del pensamiento y “síntomas negativos” de desmotivación,
negación de sí mismo y reducción de la emoción”. (p.6).
En este mismo documento, se presenta la posibilidad de tratamiento. Más
todavía, este diagnóstico es incorporado en las Garantías Explícitas de Salud
(GES), priorizando una intervención en su primer brote.
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Al ir en busca de este tema en la guía clínica correspondiente, es preciso
señalar que acerca del abordaje de ésta, se propone realizar un “trabajo integral”
(MINSAL (2005) p.13) con el paciente. Más aún, lo hace explícito recomendando
ciertas intervenciones, tales como:
“El equipo de trabajo debe realizar una evaluación del sujeto y elaborar un
plan individualizado de intervención, previo consenso con el usuario y su
familia. Se debe estimular la participación activa del usuario en su
recuperación, para lo cual, en conjunto con él, se deben evaluar
periódicamente los progresos y redefinir el plan de tratamiento” (MINSAL
(2005) p.13).
Destaca en el párrafo previamente citado, sobre todo dos elementos: la
individualización de la intervención y la participación activa de la persona para la
cual ésta está siendo diseñada.
En otras palabras y según dichos planteamientos, quienes son diagnosticados
con esta patología, pueden recibir un tratamiento diseñado en base a sus
particularidades como individuos, más aún, se debería consensuar con el paciente
la modalidad del tratamiento. Dicho de otra manera, según este párrafo, quien
accede a un tratamiento bajo este diagnóstico debiera ser considerado en la
planificación de éste, su opinión oída y su individualidad visualizada.
No obstante, más adelante en el mismo documento, se plantean objetivos del
tratamiento en su fase aguda, de recuperación y de inserción social. Esto
contempla el uso de psicofármacos e intervenciones psicosociales que
fundamentalmente se tratan de psicoeducación y trabajo con la familia. Lo que de
una u otra manera, nos habla de lo que se debe hacer con las personas que han
recibido este diagnóstico, de cómo deben ser tratados. Pero aparentemente, todo
esto está pensado y diseñado según su diagnóstico, no respecto de la
particularidad de cada uno de ellos, como se proponía inicialmente. Entendiendo
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dicha particularidad como algún elemento que se relacione con la singularidad de
la persona, más allá de lo que respecta a la evolución de la enfermedad.
De lo anterior, puede desprenderse entonces que existen, al menos, dos
formas de concebir el tratamiento con quienes han sido diagnosticados con
Esquizofrenia en nuestro país: Una forma, sería incorporando la individualidad de
quien recibirá el tratamiento y otorgando relevancia a su perspectiva respecto de
éste. Otra forma, sería seguir un tratamiento estandarizado según protocolos, con
objetivos generalizables y fórmulas predeterminadas, que orientan respecto de lo
que se debe hacer según los diferentes tipos de evolución de la diagnosticada
Esquizofrenia.
Es importante señalar, que las guías otorgan lineamientos, los que se
constituyen como orientaciones y desde allí resulta comprensible su tendencia a
generalizar, estandarizar las intervenciones propuestas. Pero resultaría relevante
también, especialmente para quienes se rigen por dichos lineamientos, tener una
visión más completa del fenómeno, tener la mirada de otro actor relevante en éste,
es decir, conocer cómo estos procedimientos podrían impactar en quienes se
aplican, no sólo de manera física y sintomática, sino en la experiencia, el relato en
primera persona, la significación asociada, el lugar, la relevancia que éste tiene
para su vida.
Esta investigación, se enmarcará específicamente en el tratamiento de la
Esquizofrenia, de acuerdo a la aplicación efectuada con los pacientes de la
Clasificación Internacional de Enfermedades, en su décima de edición (CIE- 10),
único referente diagnóstico aceptado en los dispositivos públicos de salud.
La práctica clínica en establecimientos públicos tales como los COSAM,
organizados bajo estos lineamientos, ha puesto de manifiesto la necesidad de
algunos pacientes de poder hablar acerca de la enfermedad que les ha sido
diagnosticada y sus tratamientos.
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El propósito de esta investigación es hacer un proceso de escucha de
quien, en condición de paciente con algún tipo de diagnóstico de esquizofrenia, se
encuentran adscrito al sistema público de salud, con el fin de hacer evidente esta
dimensión del tratamiento. En otras palabras, se pretende lograr establecer cuál
es el sentido, la significación, que da ésta persona, a los tratamientos que ha
seguido a través de la historia de su enfermedad.
Esto por varias razones, entre las que destacan, en primer lugar, que la
guía clínica postula un tratamiento más que médico, pero resultan escasos los
espacios dónde se aborda este margen (más allá de la relevancia que se otorga a
la información que se debe entregar a la familia respecto de dicho diagnóstico y
tratamiento). Quedando vacío o poco profundizado aquello que tiene el tratamiento
de proceso e impacto, comprendiendo que se trata del impacto en la experiencia,
no sólo reducido al marco de la evolución de la sintomatología.
De alguna manera, este abordaje resulta relevante para el desarrollo del
trabajo respecto de la perspectiva no médica, esto es el área psicosocial, pero
sobre todo por reconocer en el otro individualidad.
Por otra parte, en los tratamientos clásicos, el interés en torno al tema de la
esquizofrenia, se relaciona fundamentalmente con el curso de la enfermedad, la
indagación de fichas, los profesionales tratantes, o los pacientes y sus familiares,
pero desde una perspectiva más bien colectiva. Es decir, en la bibliografía,
podemos encontrar variada información, que abarca diversos temas entorno a la
esquizofrenia y los distintos actores que se encuentran en relación al tema.
Lo esencial de esta investigación, se constituye en el valor que se le otorga
a la singularidad. Bajo la influencia del psicoanálisis y su trabajo en el caso a caso,
se busca establecer una escucha a la experiencia de una persona y cómo ésta, de
manera particular, ha vivido un tratamiento que se prolonga en el tiempo, sin
necesitar establecer más verdad que su la suya.
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En el marco anteriormente expuesto, el problema que intenta abordar esta
investigación es acerca del sentido que otorga una persona con diagnóstico de
Esquizofrenia a su vivencia en el tratamiento que recibe en el sistema público de
salud por este diagnóstico, en el marco de su trayectoria de vida.
II.2 Fundamentación del Estudio.
La pertinencia de abordar el problema antes descrito, involucra distintos
ámbitos. Sin embargo, como eje central de éstos resulta la incorporación, la
escucha de la dimensión individual de la persona que recibe un tratamiento en el
sistema público y urbano de salud chileno, por haber sido diagnosticada con
Esquizofrenia. No a modo de los efectos de la implementación de los tratamientos
en el curso de una enfermedad, sino más bien en términos del impacto en la vida
de esta persona, ya no desde un observador externo, limitado a la expresión de
signos y síntomas, sino desde la mirada, narración, asociación y significación de
ella misma.
Para muchos, podría resultar un intento reivindicativo, pues es posible
interpretar esto desde la postura que dichas personas se encuentran en una
posición de vulnerabilidad social y exclusión. En términos de Silva (2007).
“Un ejemplo de la condición de excluidos es precisamente que sus
ideas, significados e interpretaciones acerca de las dificultades para la
integración e inclusión son, con frecuencia, omitidas o consideradas
parcialmente al momento de pensar, planificar e implementar planes,
programas y políticas públicas relacionadas con la salud mental. El
ejercicio de incorporar a personas con trastorno mental y discapacidad
en la planificación se ha instalado paulatinamente. Sin embargo, dichas
iniciativas pueden ser vistas como pseudo participación, en cuanto, los
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sujetos han sido convocados para legitimar lo que los expertos ya han
resuelto”. (p.6).
Sin descartar de plano dicha postura, es necesario plantear que la
relevancia de este trabajo pretende encausarse por otra dimensión, corresponde
al elemental y a la vez complejo acto de oír, de ser testigo de un relato, narrado
por quien ha tenido una experiencia de vida que ha impactado en ésta, porque en
ese puro acto de estar ahí para recibir el testimonio de esa persona en particular,
se juegan aspectos fundamentales del quehacer clínico, social y ético, entre otros.
Este hecho tiene una relevancia a nivel clínico, sobre todo por la
importancia del caso a caso en nuestro quehacer, dado que si bien, los signos,
síntomas y elementos característicos pueden, o han cabido en clasificaciones
psicopatológicas establecidas por medio de datos estadísticos, la vivencia de
éstos, es plenamente individual y repercute de manera diferente en la experiencia
de esa persona. Es así como esta escucha del relato, podría contribuir a la
orientación, el desarrollo del trabajo clínico, de la evolución de los elementos
considerados para el diagnóstico psicopatológico y construcción de los casos.
De una u otra manera, la posibilidad de añadir un elemento que no siempre
se encuentra presente a nivel práctico en las intervenciones con estas personas:
su relato respecto de este proceso, podría constituirse como un aporte
significativo. Esto bajo la convicción de que la impresión, la narración, la
significación de un paciente respecto de su tratamiento posee una relevancia
clínica, en tanto le otorga un lugar: Tanto a la persona en su tratamiento, como al
tratamiento en la vida de la persona.
Según la Guía clínica elaborada el año 2005, momento en que el primer
brote de Esquizofrenia es introducido dentro de las Garantías explícitas de Salud
(GES).
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“La esquizofrenia tiene una prevalencia de alrededor de 0,5% en
población mayor de 15 años. De acuerdo con los valores señalados en
estudios internacionales, la incidencia de la esquizofrenia en Chile se
puede calcular en 12 casos nuevos por cada cien mil habitantes por
año. (1) En otro ámbito, la esquizofrenia y otras psicosis, son
responsables del 1,87% del total de años de vida perdidos por muerte
prematura y discapacidad en Chile. (2)” (p.7).
Según la estrategia nacional de salud mental del año 2011, dichas cifras, al
menos en términos de prevalencia se han duplicado (1,02%).
En un nivel social, resulta relevante poder revisar constantemente las
modalidades de tratamiento y el impacto de estos en las personas que los reciben,
pues este diagnóstico tiene una presencia importante en la población chilena. No
sólo a nivel de incidencia y prevalencia, sino porque es una patología responsable
de años de vida perdidos por muerte prematura y discapacidad en Chile. Por lo
mismo involucra a más agentes que quienes la padecen, también a su contexto
(familiares, amigos, vecinos, centros de salud, redes sociales en general) como
también, aspectos de la economía.
El problema de investigación, tiene además implicancias éticas, dado que
pone en juego dos posturas: en primer lugar la de la persona que vive dicho
tratamiento ya que en tanto relata, adquiere una posición respecto de su historia,
aunque ésta sea de marginación o neutralidad. Y por otra parte, a quien escucha
como testigo de este evento, pues el considerar o no relevante la opinión de un
paciente en su tratamiento, más allá de una encuesta de satisfacción de usuarios,
no da lo mismo, en tanto hay una cosmovisión a la base, que orienta hacia una
opción respecto de la implementación del tratamiento, ya que los efectos de una u
otra postura, podrían constituirse como reproductores de marginación desde la
patologización y estilos de intervención que finalmente obliteran sus biografías y
su condición global en el contexto de sus referentes sociales más inmediatos.
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Considerar el lugar, el sentido que tiene el tratamiento para una persona,
implicaría una apertura hacia la posibilidad de ubicarse en una posición que no
necesariamente sea la de un ideal, en este caso de salud mental, que atiende a
quienes están en un nivel deficitario, sino que responden o contribuyen a personas
que presentan una enfermedad y/o malestar, ya sea como motivo de consulta o
como demanda. Constituye una postura que considere al usuario del sistema,
como un interlocutor válido, que acude a la institución para poder sufrir menos o
de otra manera, que va allí para aliviarse.
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III. OBJETIVOS
III.1 Objetivo General:
Describir el sentido que otorga una persona diagnosticada con Esquizofrenia a su
tratamiento en el marco de su trayectoria de vida.
III. 2 Objetivos Específicos:
1.- Explorar a través de entrevistas, la historia de tratamiento de una persona con
diagnóstico de esquizofrenia.
2.- Aplicar el relato de vida como instrumento, para la exploración del sentido que
ocupa el tratamiento en su vivencia.
3.- Identificar en el contenido de su narrativa, el sentido que otorga a su
tratamiento.
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IV.- Consideraciones Éticas
Acerca de las consideraciones éticas de la investigación, resulta relevante
destacar que:
-
Se cuenta con el consentimiento informado del entrevistado.
-
La persona entrevistada fue informada acerca de que se requiere grabar los
encuentros, dada la forma en que se trabajará.
-
Se asegurará confidencialidad de los antecedentes personales del
entrevistado.
-
Se cuenta con el consentimiento de la institución donde se llevan a cabo las
entrevistas para realizar la investigación en dicho establecimiento.
-
El entrevistado se encuentra informado del contexto y la finalidad del
estudio.
-
Se evita someter al entrevistado a situaciones de sobreexposición u otras,
que le puedan causar deterioro físico o psicológico.
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V.- Antecedentes Teóricos
V.1 Locura y exclusión: trazos acerca de la historia de esta relación
La historia, en gran parte de los casos, aporta importantes elementos para
comprender el presente. Por esta razón, resulta muy relevante visualizar aquí,
cómo se ha tratado la locura en occidente. Teniendo así un contexto respecto de
cómo se ha enfrentado, rehuido o asumido este fenómeno en esta parte del
mundo. Para esto, se considerarán, fundamentalmente, los aportes hechos por
Foucault al respecto. Asumiendo que al tomar esta opción, se excluyen muchos y
muy importantes aportes.
A lo largo de la historia podemos observar cómo han existido ciertas
enfermedades y/o condiciones a las que podemos mencionar como las
enfermedades de la exclusión, dado que era una costumbre aislar a quienes las
padecían: primero la lepra, luego las enfermedades venéreas y heredera de ellas,
el fenómeno que en el siglo XVII fue denominado como locura y categorizado tal
cual las anteriores.
Foucault (2010) describe cómo las ciudades actuaban ante la presencia de
los locos, relata:
“Los locos de entonces vivían una existencia errante. Las ciudades
los expulsaban con gusto de su recinto; se les dejaba recorrer los
campos apartados, cuando no se les podía confiar a un grupo de
mercaderes o de peregrinos (…)”
Es decir, éstos eran alejados, aislados. Si bien, no resulta del todo fácil
explicar el sentido de estas costumbres de manera precisa, Podría señalarse que
de alguna manera quedan así expuestas las otrora políticas públicas realizadas
en torno al tema de la locura.
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“Se podría pensar que se trata de una medida general de expulsión
mediante la cual los municipios se deshacen de los locos vagabundos;
hipótesis que no basta para explicar los hechos, puesto que ciertos
locos son curados como tales, luego de recibidos en los hospitales, ya
antes de que se construyeran para ellos casas especiales (…)“Los
locos, pues, no son siempre expulsados. Se puede suponer, entonces,
que no se expulsaba sino a los extraños, y que cada ciudad aceptaba
encargarse exclusivamente de aquellos que se contaban entre sus
ciudadanos” (Foucault, 2010) p. 22, 23)
Se habla entonces de que existirían distintas formas de asumir y tratar el
tema de la locura, y los locos. Esto dependiendo del origen de ellos. No
resultaba igual si el loco formaba parte desde siempre del paisaje de la
ciudad o si era un extraño, errante. Según la condición, el quehacer con esa
persona variaba.
En base a lo descrito por Foucault (2010), un elemento clásico del
Renacentismo, que viene a ilustrar estas prácticas, es sin duda la "stultifera navis",
Nef des Fous, la nave de los locos, un barco que navega por los ríos de Renania y
los canales flamencos.
“Es
que
la
barca
simboliza
toda
una
inquietud,
surgida
repentinamente en el horizonte de la cultura europea de fines de la
Edad Media. La locura y el loco llegan a ser personajes importantes, en
su ambigüedad: amenaza y cosa ridícula, vertiginosa sin razón del
mundo y ridiculez menuda de los hombres” ( p.28)
Durante el Renacimiento, la locura toma un lugar, fundamentalmente generado
a partir de su alusión en las obras de arte, tales como la literatura y el teatro. Sin
embargo, en la Época Clásica, sufre un revés, un “silenciamiento”, señalará
Foucault (2010), mediante un golpe de fuerza dado por la primacía de la razón.
“Se sabe bien que en el siglo XVII se han creado grandes internados; en cambio,
22
no es tan sabido que más de uno de cada cien habitantes de París, ha estado
encerrado allí, así fuera por unos meses” (Foucault, 2010, p. 79).
Para algunos, “Lo que cura en el hospital es el hospital mismo (…) la
disposición arquitectónica, la organización del espacio, la manera de distribuir a
los individuos en ese espacio, el modo de circulación por él, el modo de observar y
ser observado, todo eso, tiene de por sí valor terapéutico” (Foucault, 2008. pp.
124, 125).
Es en 1656, cuando se establece el “decreto de fundación, en París, del
Hospital Général. A primera vista, se trata sólo de una reforma, o apenas una
reorganización administrativa. Diversos establecimientos ya existentes son
agrupados bajo una administración única: entre ellos, la Salpetriere, reconstruida
en el reinado anterior para usarla como arsenal (…)” (Foucault, 2010, p. 80)Sin
embargo, la creación de este Hospital Général, no posee ningún interés médico,
sino que se establece como expresión de orden y de un orden establecido por la
monarquía y la burguesía que reinaba en París en la época
Es así, como se forma una nueva lógica de cuidado de los desposeídos, donde
se acoge, pero a su vez se instala un orden. Como plantea Foucault (2010)
“Todos son afectados ahora al servicio de los pobres de París (…)
Se trata de acoger, hospedar y alimentar a aquellos que se presentan
por sí mismos, o aquellos que sean enviados por allí por la autoridad
real o judicial; es preciso también vigilar la subsistencia, el cuidado, el
orden general de aquellos que no han podido encontrar lugar, aunque
podrían, merecerían estar”. (p. 81)
Dicho de otra manera:
“Todo esto también da cuenta de un límite a la libre circulación de
las personas (y por tanto también de productos); se comenzarán a
consignar formas sociales específicas de habitar las ciudades. Para
23
cuidar y juzgar esos límites se consideran otros responsables,
administradores del orden social. Se abre una brecha en la distribución
del poder. El hospital se conforma en un nuevo lugar de esta geografía
socio-política”. (Sotelo, 2012. p.11)
Es posible observar entonces, que la exclusión y el encierro, la idealización
y el aborrecimiento han marcado la historia de la locura en occidente durante la
época clásica. A continuación se presenta un recorrido similar, pero en la historia
local. Se exponen algunos lineamientos acerca de cómo se ha desarrollado la
historia de la psiquiatría en Chile, lo que entregará antecedentes del impacto que
dicho recorrido ha tenido para la locura y los locos de este país.
V. 2 Algunas consideraciones acerca de la historia de la psiquiatría en Chile
En relación a la condición de los locos de Hispanoamérica, en tiempos de la
colonia, la de los chilenos podría considerarse precaria.
Probablemente, esto se relaciona con que el desarrollo científico se
manifestó en nuestro país de manera tardía. Un ejemplo de ello es que La Real
Universidad de San Felipe, fue fundada aproximadamente doscientos años
después que la Universidad de San Marcos en Lima. A su vez, el desarrollo de la
medicina en la Universidad, no era algo que inicialmente representara el foco de
interés del estudio en la época. Recién en 1842, creada la Universidad de Chile en
lugar de la Universidad de San Felipe, es que la Escuela de Medicina comienza a
constituir una facultad. Por lo mismo, la idea de que esta especialidad se hiciera
cargo de la locura o los locos, era impensable. Ésta estaba atribuida más bien a
fenómenos sobrenaturales y/o mágicos. Recién en 1864 hay una incipiente
aproximación, de la medicina en este ámbito, con cursos de enfermedades
nerviosas. (Medina, 1989)
Los locos en nuestro país, estuvieron condenados al abandono y las calles,
hasta comienzos del siglo XIX. En general, al igual que en la descripción realizada
por Foucault (2010), su destino consistía en ser escondidos o expulsados,
24
excepto, si los recursos económicos eran suficientes para enviarlos a manicomios
en Lima.
Es en 1848, cuando el Teniente Coronel Sr. Francisco Ángel Ramírez, es
enviado en comisión de servicios a Lima, donde conoce el Hospital de San
Andrés. A su regreso y asumiendo el cargo de Intendente de Santiago, funda Ia
Casa de Orates de Nuestra Señora de los Ángeles en 1852. Inicialmente ubicada
en el barrio Yungay, para luego establecerse en la calle Olivos del barrio Recoleta,
al norte de la ciudad. Dos años después el doctor Lorenzo Sazié se integra como
médico a cargo del cuidado de los internos. Cabe destacar que esta casa de
Orates, dependía entonces, del Ministerio del Interior. (Medina, 1989)
En 1891, en el contexto de la revolución al gobierno del Presidente
Balmaceda, el doctor Sazié, hijo del médico previamente mencionado, quien se
encontraba a cargo de la casa de Orates, es destituido de sus cargos, e incluso,
su sanatorio Neuropsiquiátrico, fue destruido. Desde aquel año, la Casa de Orates
fue puesta bajo la dirección de la Junta de Beneficencia de Santiago.
“Entre los años 1891 y 1931, esto es desde la dependencia de
la Casa de Orates de la Junta de Beneficencia de Santiago hasta el
nombramiento de su primer director médico, existió una gran distancia
entre las actividades asistencial y docente (…) La situación crítica de
los locos internos y las demandas psiquiátricas de la población fueron
enfrentadas paulatinamente
de
diversas maneras” (Medina
en
Mariátegui, 1989. p. 108)
Se habla de la Casa de Orates, por ello es relevante especificar quiénes
eran considerados Orates, qué tipo de afecciones tenían quienes eran
recibidos allí. Medina (1989) describe:
“La naturaleza de las afecciones mentales durante los primeros
cincuenta años de existencia de la casa de Orates fue muy variada. El
Dr. Beca las clasificó en 1897 en diversos grupos, entre los que
25
destacan las manías, las lipemanías (depresiones), las monomanías
(persecutoria, razonante, suicida, erótica, etc.), los retardos mentales,
las demencias y las complicaciones terciarias de la sífilis (locura
sifilítica y parálisis general).” (p. 108)
En 1910, la casa de Orates poseía 1700 cupos y comienza la
inquietud por crear otros hospitales de éste tipo en el norte y sur del país e
incorporar nuevas estrategias de atención. En 1920 su atención comienza a
realizarse de manera diferenciada, pero este proceso se desarrolla de forma
muy gradual. Dando lugar a tres secciones: 1) Hospital Psiquiátrico, donde
se recibían ingresos voluntarios y otros en observación. 2) Manicomio:
donde se encuentran los alienados, antisociales y crónicos. 3) “Asilo de
Temperancia: donde eran atendidos los alcohólicos.
En 1928 ocurren dos sucesos relevantes: por una parte, por Decreto
Supremo, la existencia del Hospital Psiquiátrico se hace oficial. Por otra, el
Gobierno ordena la compra del fundo El Peral, en el que se instala una
colonia agrícola, puertas abiertas, dónde debían ser recibidos los pacientes
crónicos de la casa de Orates.
En 1952 un movimiento interno de los profesionales, llama la atención
pública respecto de las precarias condiciones en las que vivían los enfermos.
Situación que deriva en que el gobierno haya destinado recursos para
construir nuevas dependencias. En este mismo año se constituye el Servicio
Nacional de Salud, y nuevamente la dependencia de la casa de Orates
cambia.
“En 1966 apareció el primer programa Nacional de Salud Mental,
pionero en cuanto a incorporar a la comunidad organizada a roles
activos dentro de las acciones asistenciales, incluso hasta delegando
funciones
técnicas
en
personas
carentes
de
una
formación
especializada; en tal aproximación se contó con la participación de los
doctores José Horwitz y Juan Marconi”
26
Otros acontecimientos relevantes en el desarrollo de esta historia, tiene que ver
con que la atención psiquiátrica comienza a extenderse a lo largo del país:
“Por 1930 empezaron a diferenciarse algunas camas en Viña del
Mar, las que en 1945 eran unas 100; algo análogo, aunque en menor
escala, ocurrió en Iquique y Concepción. Al final del periodo en
consideración también existían ciertos recursos especializados en
Antofagasta, La Serena, Talca, Temuco, Puerto Montt y Punta Arenas.
En 1969, además, el antiguo Sanatorio de Tuberculosos de Putaendo,
ya obsoleto para su función anterior, fue destinado a psiquiatría; se
hizo un traslado apresurado y masivo de alrededor de 1.100 pacientes
crónicos del Hospital Psiquiátrico, la Colonia Agrícola El Peral y el
Hospicio de Santiago.” (Medina en Mariátegui, 1989. p. 117)
Podría señalarse que desde ese momento hasta ahora, y con la
implementación de neurolépticos y ansiolíticos al tratamiento de trastornos
psiquiátricos severos, se logra establecer como posibilidad la vía ambulatoria de
éste, llevando a la especialidad psiquiátrica a diferentes campos, entre ellos el
clínico y el comunitario, interactuando cada vez más con otras especialidades no
médicas, más bien ligadas al ámbito de las ciencias sociales, tales como la
Psicología y el Trabajo Social.
27
VI.
Marco Conceptual
VI. 1 Esbozo histórico del concepto de esquizofrenia en psiquiatría.
Probablemente, como en el caso del concepto mismo de normalidad, la
cultura, el tiempo, la cosmovisión, el tipo de pensamiento y las formas de vida
designan la concepción de patología. Un claro ejemplo de ello es el caso de los
trastornos mentales, como la Esquizofrenia, que según los criterios actuales de
occidente podrían ser atribuidos a relevantes personajes de otrora, entre ellos
magos, brujos, chamanes, iluminados, santos, entre muchos más. Incluso
actualmente, síntomas que en algunos lugares pueden ser interpretados como
dones, en otros son signos de un trastorno psiquiátrico severo.
En base a nuestra cultura, podría decirse que la conceptualización teórica
que se posea de esquizofrenia, es la que orienta todas las formas de comprensión
de ésta. Pero no es posible desconocer que es un concepto, un diagnóstico que
tiene su origen en la Psiquiatría. Desde que se acuña hasta hoy, tenemos quienes,
ubicados en un extremo de estas conceptualizaciones niegan su existencia y por
el lado opuesto, se encuentran quienes se explican la enfermedad como una
patología cerebral en la que toda manifestación (pensamiento, emoción y/o
conducta) de quien la padece se asume como anormal. Habiendo por supuesto,
posturas que se encuentran entre las descritas anteriormente.
En términos generales, podría señalarse que la Esquizofrenia en Chile, es
considerada un trastorno psiquiátrico severo y crónico, que según Silva (1993): “…
afecta generalmente a sujetos jóvenes y suele producir graves incapacidades
psicológicas, sociales y laborales, durante los años potencialmente creativos y
productivos de la vida”.
Como ya se ha señalado, para llegar a la construcción del concepto de
Esquizofrenia en la nosología actual, éste debió realizar un recorrido en el tiempo,
28
donde fue estructurándose a partir de estudios, pruebas, acuerdos y diferencias.
Dicho de otra manera, la Esquizofrenia como diagnóstico psiquiátrico, tiene
historia.
A continuación se presentan algunos de los hitos de este recorrido. Cabe
destacar que si bien el diagnóstico de esquizofrenia surge desde la psiquiatría,
otras corrientes han marcado la historia del tratamiento de ésta, tal es el
movimiento antipsiquiátrico, el psicoanálisis y la teoría sistémica entre otros,
generando importantes aportes a la visión de ésta. Sin embargo, en esta
oportunidad, se limitará la revisión a la visión psiquiátrica pues en esta
investigación se considera la esquizofrenia como un diagnóstico realizado por esta
disciplina.
Kraepelin: Demencia Precoz.
Kraepelin es reconocido por muchos como el fundador de la psiquiatría
clínica moderna. Con influencia de Hecker (hebefrenia) y Kahlbaum (catatonía),
lleva el concepto de enfermedad psíquica, acuñado por este último, a un lugar
central.
Demencia Precoz:
Podría decirse que el concepto que antecede al de Esquizofrenia es el de
“Demencia Precoz”, acuñado por Kreapelin en 1893.
Dado que el momento de inicio de la enfermedad es en general, a
comienzos de la edad adulta, Kraepelin denomina “Demencia precoz” a:
“todos los estados mórbidos caracterizados por un menoscabo
marcado de la vida afectiva y de la voluntad y que evolucionan hacia
una disgregación completa de la personalidad. Esta última, con su
29
carácter deficitario, le otorga al cuadro su aspecto demencial” (Silva,
1993, p.34).
En la evolución del cuadro, se observarían dos elementos que otorgan un
lugar central:
“1.- Debilitamiento de la actividad emocional que constituye el
móvil permanente de la voluntad.
Se altera la actividad mental y el impulso al trabajo. Se produce una
pérdida de la dirección sobre la voluntad y la capacidad de actuar en
forma independiente (…).
2.- Pérdida de la unidad interna de las actividades del intelecto, de
las emociones y de la voluntad, en sí mismas y entre unas y otras.
(…) debilitamiento de las ideas, de los sentimientos y de las tendencias
de orden general. En este sentido se trata de una perturbación de la
abstracción (…)” (Silva, 1993, p.35).
Kraepelin describe de manera inicial tres formas clínicas fundamentales:
Hebefrénica, Catatónica, Paranoide. Posteriormente añade la forma Simple, las
formas Depresivas, Pseudoperiódicas y Demenciales.
El autor realiza una distinción entre demencia precoz y parafrenia. Esta
última constituida por cuadros muy similares a la primera, pero sin presencia de
los dos elementos característicos: empobrecimiento afectivo y trastorno de la
voluntad.
Bleuler: Esquizofrenia.
30
En 1911, el psiquiatra suizo Eugen Bleuler enuncia el concepto
esquizofrenia en su obra: Demencia precoz o el grupo de las esquizofrenias.
Breuler critica la denominación “demencia precoz” de Kraepelin por varias
razones, pero fundamentalmente por los conceptos que conforman dicho nombre:
demencia y precocidad, ya que no todos los pacientes manifiestan los síntomas en
edades juveniles y por otra parte, si bien existían casos que a nivel sintomático
debían ser incluidos en la clasificación, no llegaban a un notorio deterioro.
Para Breuler (1960), la escisión de funciones psíquicas es un elemento
central en la presentación del cuadro, por lo que elige el concepto de esquizofrenia
para nominarlo. El autor define el cuadro como:
“ Con el término ´demencia precoz´ o ´esquizofrenia´ designamos a un
grupo de psicosis cuyo curso es a veces crónico, y a veces está
marcado por ataques intermitentes, y que puede detenerse o
retroceder en cualquier etapa, pero que no permite una completa
restitutio ad integrum. La enfermedad se caracteriza por un tipo
específico de alteración del pensamiento, los sentimientos y la relación
con el mundo exterior, que en ninguna otra parte aparece bajo esta
forma particular” (Breuler, 1960).
Según la descripción de Breuler (1960), existirían ciertos síntomas
centrales, dado que estarían presentes en todos los casos y de manera
permanente. Éstos son:
a) Perturbación de la asociación: el pensamiento normal se tornaría ilógico y
extravagante.
b) Trastorno de la afectividad: Inicialmente sería posible observar cierto nivel de
hipersensibilidad, para dar paso en algunos casos a una especie de
desaparición de las emociones o cierto nivel de indiferencia afectiva. Entre
tanto, sucede también que se presenta una afectividad incongruente y/o
inapropiada, esto último sobretodo porque hay una modulación de ésta que
31
resulta poco eficiente. No es poco común observar paratimia en estos
cuadros.
c) Ambivalencia: Para Breuler (1960) estaría presente incluso en los casos más
leves y consiste en otorgar cualidades positivas y negativos al mismo tiempo.
Se describe ambivalencia a nivel afectivo, de la voluntad e intelectual.
d) Autismo: A grandes rasgos, consiste en el predominio absoluto o relativo de la
vida interior, con cierto desapego a la realidad.
Existirían también un amplio y variado conjunto de síntomas que pueden o
no presentarse en el cuadro descrito por Breuler (1960), entre ellos: Ideas
delirantes, alucinaciones, alteraciones del lenguaje y escritura, síntomas
somáticos y catatónicos, estados maníacos y melancólicos, estados de
compromiso de conciencia, abuso de sustancias, entre otros (Silva, 1993).
Dentro de su clasificación, el autor establece 4 tipos de esquizofrenia, 3 de
los cuales nombra tomando conceptos de utilizados previamente por Kraepelin:
Esquizofrenia Paranoide, Catatonía, Hebefrenia y Esquizofrenia Simple (este
último describe una forma que a su juicio sería frecuente pero no llegaría a los
hospitales.
Minkowski: Contacto Vital con la realidad.
“Minkowski, en su libro sobre la esquizofrenia, publicado en 1927, propone
una reflexión psicopatológica que, más allá de la apariencia y del detalle de los
síntomas, intenta abordar interiormente ´la estructura íntima del psiquismo
esquizofrénico´”.(Silva, 1993).
Sobre la base de sus conocimientos entorno a las constituciones y los
temperamentos, Minkowski en 1927, establece una asociación entre estos
factores y la patología. Más concretamente, su interés no sólo se limitaba al inicio
evidente de la psicosis, sino que se interesa por proyectar el pasado del paciente,
32
dando importancia a factores genéticos. Se establece así la predisposición,
nombrada esquizoidismo, como un factor relevante, en conjunto con un factor que
podría denominarse evolutivo.
Contacto vital con la realidad:
Observando la variada sintomatología de los diferentes tipos de
Esquizofrenia descritas por Kraepelin y Bleuler, Minkowski manifiesta la necesidad
de encontrar un elemento común que describa de manera general una
característica central en todas ellas, que las aúne como Esquizofrenia. En esta
línea el autor plantea que esta patología parece no atacar una función específica
sino la coherencia de éstas. Así, éste en base a lo planteado por Kraepelin como
“Pérdida de la unidad interior”, o Bleuler como Esquizofrenia y lo descrito por sí
mismo como “un edificio cuyos ladrillos están intactos pero que se desploman por
ausencia del cemento que anteriormente los unía”, señala que todas estas
descripciones convergen en la idea de una pérdida del contacto vital con la
realidad”.
Jaspers: Esquizofrenia como proceso.
Jasper se titula de medicina en Heidelberg en 1909 y posteriormente se
desempeña como asistente en psiquiatría hasta 1915. Entre estos años desarrolla
una obra fundamental en esta disciplina: en 1913, se publica con el nombre de
Psicopatología General. En esta edición, el autor aplica el método fenomenológico
a la psiquiatría, con lo que introduce importantes conceptos en el desarrollo
posterior de ésta, tales como: aprehensión de la vivencia, explicar y comprender y
sobre todo proceso, desarrollo y reacción, entre otros. Obligando con esto a una
revisión de los conceptos psicopatológicos de la época, sobre todo a la
clasificación planteada por Kraepelin.
Del Comprender y la esquizofrenia:
33
“Dado que la comprensión encuentra fronteras por todas partes, el
psicopatólogo se encuentra a menudo, no sólo con vivencias
“incomprensibles” en sus contenidos, sino – lo que es más importanteen sus formas, como ocurre con las llamadas vivencias primarias del
esquizofrénico. Es decir, los fenómenos primarios de la esquizofrenia,
son incomprensibles en el sentido estático y a veces también en el
sentido genético o dinámico”. (Silva 1993, p. 76).
Schneider: Síntomas de Primer Orden.
Para Schneider, se presentarían en la esquizofrenia ciertos síntomas muy
importantes para su diagnóstico. Los denominó como síntomas de primer orden y
corresponderían a:
-
Sonorización del pensamiento.
-
Oír voces que dialogan entre sí.
-
Oír Voces que acompañan con comentarios propios los actos.
-
Robo del pensamiento y otras influenciaciones del pensamiento.
-
Divulgación del pensamiento.
-
Percepción Delirante.
-
Influenciación corporal, y todo lo vivido como hecho e influenciado
por otros en el sector de sentir, de las tendencias y de la voluntad.
Según el autor, la presencia de estos síntomas sin enfermedades somáticas
básicas, sería un elemento decisivo para pensar que se está en presencia de
esquizofrenia y constituiría además, un elemento diferencial entre ésta y la
ciclotimia. Dichos que luego fueron cuestionados a la luz de la evidencia empírica
desde la clínica.
34
Conrad: Aportes en las fases del brote de la Esquizofrenia.
Conrad realiza un estudio detallado de 107 casos de soldados internados
en Alemania entre 1941 y 1942. Su objetivo era someter la estructura vivencial del
brote esquizofrénico al análisis de la figura (análisis que parte de la idea de que
todo lo vivenciado está configurado). Como resultado de este estudio, Conrad
diferencia cuatro fases dentro del brote esquizofrénico:
1) Trema: “Caracterizada por un estado de marcada tensión angustiosodepresiva”. (Silva, 1993, p. 104).
2) Fase Apofánica: “Con el término ´apofanía´ Conrad designa lo que Jasper
describe como ´Conciencia de significación anormal´, Un ejemplo de este
modo de vivenciar es la percepción delirante, que siempre surge con una
gran certeza íntima y que no requiere ninguna demostración. El enfermo de
comporta ante ella como ante una revelación. (Silva, 1993, p. 104).
3) Fase apocalíptica: “aquí se produce una destrucción más o menos rápida
del campo situativo en vivencias puramente imaginarias, oníricas,
arquetípicas, persistiendo respetos de la etapa previa; su modelo son las
vivencias catatónicas”. (Silva, 1993, p. 104).
4) Fase de consolidación: “Movimiento de retroceso, de comienzo lento, con
una desintegración gradual de la apofanía y que termina con la corrección
completa o parcial del delirio” (Silva, 1993, p. 104).
Hipótesis Dopaminérgica.
Según Silva (1993):
35
“La
hipótesis
original
plantea
que
la
esquizofrenia
es
una
manifestación de un estado hiperdopaminérgico. Esta hiperactividad
dopaminérgica
ocurriría
a
nivel
mesolímbico,
mesocortical
o
nigroestriatal y guardaría relación con síntomas psicóticos específicos
como delirio y alucinaciones”. (p. 119).
Esta hipótesis se sostiene en el efecto de ciertos fármacos relacionados,
tales como los neurolépticos, que resultaron efectivos antipsicóticos. Dichos
fármacos actúan bloqueando los receptores para dopamina.
Existe una relación entre la potencia antidopaminérgica del fármaco, con la
potencia clínica como antipsicótico.
Para reforzar esta idea, se argumenta también el que el abuso de
anfetaminas y otros dopaminérgicos o potenciadores de la función dopaminérgica,
puede producir síntomas psicóticos muy similares a la esquizofrenia paranoide.
Nosología Actual.
Siguiendo a Bleuler, la psiquiatría norteamericana utilizaba criterios bastante
amplios para el diagnóstico de esquizofrenia, a diferencia de la psiquiatría europea
quien privilegiaba los síntomas de primer orden establecidos por Shneider para
realizar el diagnóstico, utilizando criterios eran más restrictivos. Esto, hasta la
tercera versión del DSM (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders,
third edition), que corresponde a la clasificación oficial de la American Psychiatric
Association. En la que según las necesidades de precisión diagnóstica que
emanaron de dos estudios transnacionales de esquizofrenia: Proyecto diagnóstico
Estados Unidos/Reino Unido (Kendell y colaboradores, 1971) y el Estudio Piloto
Internacional de Esquizofrenia (Organización Mundial de la Salud, 1973), se redujo
los límites del concepto y muchas formas que hasta el momento habían sido
consideradas tradicionales de la esquizofrenia son incluidas en otras categorías,
36
tales como: trastorno esquizoafectivo, esquizofreniforme y trastorno esquizotípico
de la personalidad, entre otros.
DSM IV-TR.
Para realizar el Diagnóstico de Esquizofrenia según el Diagnostic and
Statistical Manual of Mental Disorders en su cuarta versión revisada (DSM IV), se
deben considerar al menos dos síntomas de los que señala como característicos,
durante gran parte de un mes, éstos son: Ideas delirantes, alucinaciones, lenguaje
desorganizado, comportamiento catatónico y síntomas afectivos. Además de esto,
presentar deterioro social/laboral por al menos 6 meses, excluyendo trastornos
esquizoafectivos, del estado del ánimo, consumo de sustancias, enfermedad
médica y la relación con un trastorno generalizado del desarrollo. Según esta
clasificación, existirían cinco subtipos, determinados por la sintomatología
dominante al momento de la evaluación. Estos son:
-
Tipo Paranoide.
-
Tipo Desorganizado.
-
Tipo Catatónico.
-
Tipo Indiferenciado.
-
Tipo Residual.
CIE – 10.
Según la Clasificación Internacional de Enfermedades en su décima versión
(CIE – 10), nosología usada por la Organización Mundial de la Salud (OMS):
“Este trastorno se caracteriza por distorsiones fundamentales y
típicas de la percepción, del pensamiento y de las emociones, estas
últimas en forma de embotamiento o falta de adecuación de las
mismas. En general, se conservan tanto la claridad de la conciencia
37
como la capacidad intelectual, aunque con el paso del tiempo pueden
presentarse déficits cognoscitivos. El trastorno compromete las
funciones esenciales que dan a la persona normal la vivencia de su
individualidad, singularidad y dominio de sí misma. El enfermo cree
que sus pensamientos, sentimientos y actos más íntimos son
conocidos o compartidos por otros y pueden presentarse ideas
delirantes en
torno a
la existencia
de
fuerzas naturales o
sobrenaturales capaces de influir, de forma a menudo bizarra, en los
actos y pensamientos del individuo afectado. Este se siente el centro
de todo lo que sucede” (OMS, 1992).
Si bien en este manual no se establecen síntomas como patognomónicos,
existen ciertos fenómenos psicopatológicos que poseen una relevancia especial
para el diagnóstico de esquizofrenia, tales como:
a) Eco, robo, inserción del pensamiento o difusión del mismo.
b) Ideas delirantes de ser controlado, de influencia o de pasividad, claramente
referidas al cuerpo, a los movimientos de los miembros o a pensamientos o
acciones o sensaciones concretas y percepción delirante.
c) Voces alucinatorias.
d) Ideas delirantes persistentes de otro tipo que no son adecuadas a la cultura
del individuo o que son completamente imposibles.
e) Alucinaciones persistentes de cualquier modalidad, cuando se acompañan
de ideas delirantes no estructuradas y fugaces sin contenido afectivo claro,
o ideas sobrevaloradas persistentes, o cuando se presentan a diario
durante semanas, meses o permanentemente.
38
f) Interpolaciones o bloqueos en el curso del pensamiento, que dan lugar a un
lenguaje divagatorio, disgregado, incoherente o lleno de neologismos.
g) Manifestaciones catatónicas, tales como excitación, posturas características
o flexibilidad cérea, negativismo, mutismo, estupor.
h) Síntomas "negativos" tales como apatía marcada, empobrecimiento del
lenguaje, bloqueo o incongruencia de la respuesta emocional (estas últimas
habitualmente conducen a retraimiento social y disminución de la
competencia social). Debe quedar claro que estos síntomas no se deban a
depresión o a medicación neuroléptica.
i) Un cambio consistente y significativo de la cualidad general de algunos
aspectos de la conducta personal.
En esta clasificación se describen subtipos, estos son:
- Esquizofrenia Paranoide.
- Esquizofrenia Hebefrénica.
- Esquizofrenia Catatónica.
- Esquizofrenia Indiferenciada.
- Esquizofrenia Residual.
- Esquizofrenia Simple.
- Esquizofrenia sin Especificación.
Además se describe la Depresión Post- esquizofrénica.
39
VI. 2 Acerca de sentido, referencias y representaciones
Según Deleuze (2005), son los individuos los que hacen que se pueda
formar un mundo. En sus propias palabras, “Un individuo está así siempre en un
mundo como círculo de convergencia y un mundo no puede ser formado ni
pensado sino alrededor de individuos que lo ocupan o lo llena” (p. 143). Esto,
porque el mundo, para serlo, debe ser expresado, requiere de aquel que lo
nombre, que diga de él.
Mientras un mundo es expresado, se genera, se desarrolla, porque
“Efectuarse es también ser expresado. Leibniz sostiene una tesis célebre: cada
mónada individual expresa el mundo. Pero esta tesis no se comprende
suficientemente si se la interpreta como la inherencia de los predicados en la
mónada expresiva. Porque sin duda es cierto que el mundo expresado no existe
fuera de las mónadas que lo expresan, o sea, que existe en las mónadas como la
serie de los predicados que le son inherentes” (Deluze, 2005, p. 144). Es preciso,
más bien, entender como característica de estos predicados, definir sintéticamente
personas, abriéndoles diferentes mundos posibles e individuales, no como
individuos determinados en un mundo (Deluze, 2005).
Pero, por qué hablar de la inherencia de los predicados de la mónada que
expresa, qué relevancia tiene ésta.
Para Deleuze (2005), como ya se ha dicho, se relaciona con la formación
de un mundo, pero a esto agrega que permite que se ponga en juego, se
despliegue un aspecto de singularidad, más allá de cualquier otro criterio, como
puede ser la lógica o la verdad. En sus palabras, “Porque la inherencia de los
predicados de la mónada expresiva supone primeramente la composibilidad del
mundo expresado, y ésta supone a su vez la distribución de puras singularidades
40
según reglas de convergencia y acontecimiento, y no a una lógica de la
predicación y de la verdad” (p. 145).
Ante esto, sería posible señalar que si cada ser que expresa un mundo lo
crea, podría pensarse que el consenso, la norma, no es más que algo ilusorio, que
nos permite vivir con otros, pero que en realidad la expresión de mundo, abre
mundos individuales y sin mediar si es verdadero o no, da cuenta de una
singularidad. Es decir, cada expresión de un mundo, lo despliega y éste a su vez,
da cuenta de la ya mencionada singularidad.
Esta singularidad, puesta en juego en la inherencia de los predicados, se
evidencia de dos formas: por su existencia misma, pero también en su naturaleza
“conforme a la cual se prolonga o se extiende en una dirección determinada sobre
una línea de puntos ordinarios” (Deluze, 2005, p. 143).
Sentido.
El concepto “sentido”, en nuestra lengua, refiere a diversos aspectos. Es
una palabra que se ocupa permanentemente, tanto en contextos coloquiales y
cotidianos, como también en contextos más sofisticados, constituyendo un término
del que se han ocupado connotados pensadores. Lo que se intenta hacer a
continuación, es delimitar el entendimiento que aquí tendrá esta palabra, dado la
frecuencia y el lugar relevante que ocupa en este trabajo.
En primer lugar, cabe señalar que sentido, se tomará como un concepto,
una palabra de nuestro lenguaje, que cuando se enuncia, apela a algo de otras
cosas. Esto quiere decir que cuando hablamos del sentido de algo, estamos
interpelando una dimensión de aquello. En otros términos, sentido es
permanentemente sentido de.
41
En general, si se habla de palabra, se hace referencia a hablar. Esto último
varía, según quién sea que enuncie y en qué contexto. “Tanto como lo que hace
posible el lenguaje, la pregunta es quién habla. Se han dado muchas respuestas
diversas a una pregunta como ésa. Llamamos respuesta “clásica” a la que
determina al individuo como aquel que habla. Aquello de lo que habla se
determina más bien como particularidad y el medio, es decir, el lenguaje mismo,
como generalidad de convención” (Deluze, 2005, p. 173).
Podría pensarse entonces que aquello dicho, tendrá un lugar distinto al ser
enunciado, dependiendo de tres cosas: Quién lo enuncia, es decir el individuo que
lo hace; qué dice, de una u otra manera ligado a la singularidad (probablemente
de quien lo dice) y finalmente a un aspecto más universal y consensuado como es
el lenguaje.” Se trata entonces de una triple operación combinada para desprender
una forma universal del individuo (realidad), a la vez que se extrae una pura Idea
de aquello de lo que se habla (necesidad) y se confronta el lenguaje con un
modelo ideal, supuestamente primitivo, natural o puramente racional (posibilidad)”
(Deluze, 2005, p. 173)
Dentro de éste último punto: el lenguaje, es necesario precisar que se
describe como un elemento consensuado, pues clásicamente se ha establecido,
como un medio de comunicación. Cabe señalar entonces que:
“Si el lenguaje ha de servir como un medio de comunicación
debe haber una concordancia entre los hombres no sólo en
definiciones sino también en juicios – en forma de vida, en última
instancia-. A lo cual cabe objetar: ¿Y si el lenguaje no funcionase como
medio de comunicación? ¿y si los hombres hablasen sólo consigo
mismos? Wittgenstein se imagina una tribu de soliloquistas y observa
que, en la medida en que sus monólogos fuesen acompañados por sus
actividades, podríamos llegar a traducir su lenguaje al nuestro. Se
42
trataría sólo de un lenguaje contingentemente privado”. (García Suárez,
1997. p. 349).
En otras palabras, pese a que no se comprenda el lenguaje del otro por sí
mismo, existiría un margen en que éste podría ser comprendido y en ese instante
compartido. Esto estaría relacionado con que el lenguaje, no sólo es la palabra
pura, ni el sólo uso de esta, sino que involucra también la expresión de una
actividad, vivencia y/o experiencia, elementos que entregarían la posibilidad de
hacer una expresión común, de establecer una comunicación a partir de las
referencias consensuadas de éstas. “En el lenguaje cotidiano mis palabras para
sensaciones están conectadas con mis manifestaciones naturales de sensaciones
y por ello, mi lenguaje no es privado. Otro podría entenderlo tan bien como yo”
(García Suárez, 1997. p. 349)
Cabe precisar aquí, que se entiende referencia distinta de representación.
Pues “No siempre, ni siquiera en la misma persona está unida la misma
representación al mismo sentido. La representación es subjetiva: la representación
de uno no es la del otro. (Frege, 1984 p.). Y dando lugar para entender que el
sentido va en dos direcciones, en la dirección que permite el consenso por ser
compartido, en la línea de la referencia. Pero también, en una dirección que
apunta
a
la
individualidad,
subjetividad,
probablemente
puesta
en
la
representación. Es así como, en palabras de Frege (1984):
“Si la referencia de un signo es un objeto sensiblemente perceptible, la
representación que yo tengo de él es entonces una imagen interna
formada a partir de recuerdo de impresiones sensibles que he tenido, y
de actividades que he practicado, tanto internas como externas. Esa
imagen está frecuentemente impregnada de sentimientos; la claridad de
cada una de sus partes es diversa y vacilante. No siempre, ni siquiera en
la misma persona: está unida la misma representación al mismo sentido.
La representación es subjetiva: la representación de uno no es la del
43
otro. Por ello se dan múltiples diferencias en las representaciones
asociadas al mismo sentido” (Frege, 1984 p.).
Desde esta mirada entonces y volviendo a la noción de sentido, podría
plantearse que las representaciones estarían asociadas a sentido, y éste a su vez
se encuentra ligado a una significación. Dicho de otra manera, cuando se interroga
acerca de una significación, y en su respuesta designamos, damos lugar a un
sentido, en términos de que hay una referencia compartida allí. “Cuando se usan
palabras de la manera habitual, aquello de lo que se quiere hablar es su
referencia”. (Frege, 1984 p.).
Es posible plantear entonces que, lo compartido del lenguaje tiene relación
con la referencia, la significación que tienen las actividades y sensaciones que
despierta “Cada vez que se nos interrogue acerca de una significación,
responderemos con una designación, una mostración pura” (Deluze, 2005, p.
169). En otras palabras, designaremos un algo donde referirnos.
Esto da lugar para señalar que “El sentido de un nombre propio lo
comprende todo aquel que conoce el lenguaje o el conjunto de designaciones al
que pertenece; pero con ello, la referencia, caso de que exista, queda sólo
parcialmente iluminada. Un conocimiento completo de la referencia implicaría que,
de cada sentido dado, pudiéramos indicar inmediatamente si le pertenece o no.
Esto no lo logramos nunca”. (Frege, 1984 p.).
Es así como al haber significación, el sentido se establecería. Sin embargo,
esto no es siempre así, en ocasiones, la significación no toma lugar, lo que
evidentemente tiene efectos: “A través de las significaciones abolidas y las
designaciones perdidas, el vacío es el lugar del sentido o del acontecimiento que
se componen con su propio sinsentido, allí donde sólo el lugar tiene lugar”
(Deluze, 2005, p. 171).
44
Entramos entonces al ámbito del sentido, integrando el sinsentido, pero
como parte del primero: Cuando se funda uno, en ese acto, se funda también el
otro “Así como el primer estadio de la génesis es la operación del sentido, el
segundo es la operación del sinsentido siempre copresente al sentido (punto
aleatorio o signo ambiguo): por ello, los dos estadios, y su distinción, están
fundados necesariamente.” (Deluze, 2005, p. 150).
Si bien, la referencia se vincula íntimamente con el sentido, pues ambas
entregan características a una enunciación, es necesario precisar que no son lo
mismo, en palabras de Frege (1984) “La referencia de "lucero vespertino" y de
"lucero matutino" sería la misma, pero el sentido no sería el mismo (p.).
Para comprender mejor la vinculación entre los conceptos de sentido,
referencia y representación ya mencionados, se utilizará el siguiente ejemplo:
“Comparo la Luna con la referencia; es el objeto de observación, que
es proporcionado por la imagen real que queda dibujada sobre el cristal
del objetivo del interior del telescopio, y por la imagen en la retina del
observador. La primera imagen la comparo con el sentido; la segunda,
con la representación o intuición. La imagen formada dentro del
telescopio es, en verdad, sólo parcial; depende del lugar de
observación; pero con todo es objetiva, en la medida en que puede
servir a varios observadores”. (Frege, 1984 p.).
En base a todo lo anteriormente planteado, podría ubicarse entonces al
lenguaje evocando un sentido, en la medida que “puede servir a varios
observadores” y a su vez, restituyendo la condición individual, en tanto es uno en
singular quien da lugar a un mundo en su enunciación.
45
VII. Contexto Institucional y Territorial del Sujeto de Estudio.
VII.1 Plan Nacional de Salud Mental y Psiquiatría de Chile.
Según lo planteado en el Plan de Salud Mental y Psiquiatría de Chile,
elaborado el año 2000 y aún vigente, las enfermedades mentales, estarían
teniendo un aumento en su prevalencia, y con ello un importante lugar en el
deterioro de la calidad de vida de las personas (sufrimiento, discapacidad). Esta
situación es atribuida a factores biológicos, demográficos, pero sobre todo a
elementos psicosociales, la realidad en que se vive. Ante esta situación “El
Ministerio de Salud de Chile, en su decisión de adecuarse a las necesidades de la
población a la que sirve, ha venido desarrollando acciones dirigidas a la salud
mental, especialmente a partir de 1990, durante el gobierno democrático que
sucede a la dictadura militar”. (MINSAL, 2000 p.1).
En base a un concepto de salud y por supuesto de salud mental, que
contempla ser una situación determinada por múltiples factores que escapan al
sólo dominio de lo biológico, la propuesta de elementos que le favorezcan, se
relacionan con aquellos factores que mejoren las condiciones psicosociales que
generen una mayor sensación de bienestar (familia, trabajo) y el “acceder
oportunamente a los apoyos o tratamientos que cada persona y familia necesita y
minimizan la discapacidad y marginación social aceptando y creando espacios de
integración para personas con enfermedades mentales” (MINSAL, 2000 p.3).
El propósito de este plan sería, según los términos expuestos en éste:
“Contribuir a que las personas, las familias y las comunidades
alcancen y mantengan la mayor capacidad posible para interactuar
46
entre sí y con el medio ambiente, de modo de promover el bienestar
subjetivo, el desarrollo y uso óptimo de sus potencialidades
psicológicas, cognitivas, afectivas y relacionales, el logro de sus metas
individuales y colectivas, en concordancia con la justicia y el bien
común” (MINSAL, 2000 p.3).
Para lograr esto, se deben generar intervenciones de promoción y
prevención que apunten a la modificación de condiciones y hábitos de la población,
lo que genera la necesidad que éstas sean intersectoriales y participativas.
Dicho plan estaría establecido sobre cierto margen de valores y principios,
entre ellos explicita que: El propósito final es el desarrollo humano, asegura el
acceso universal (geográfico, económico y social), considera e integra las
características y aportes de grupos con culturas minoritarias (excepto aquellas que
tienen valores o practicas de exclusión o discriminación), involucraría la
participación activa y responsable del paciente y sus familiares (haciendo hincapié
en el respeto mutuo y confianza entre estos y el profesional o equipo responsable)
y el financiamiento estaría asegurado para toda la población.
Se describe también un enfoque técnico que reconoce la dimensión
multifactorial de la salud mental y privilegia el enfoque comunitario, la atención
ambulatoria y las intervenciones de promoción y prevención. Se establecen
criterios de calidad, el soporte organizativo y el marco administrativo. Y se
proponen estrategias al respecto.
Uno de los capítulos relevantes del Plan Nacional de Salud Mental y
Psiquiatría (2000) es el que presenta su programa, es decir señala las acciones
propuestas. Dentro de este apartado, es posible apreciar la especificación de
dichas acciones para diferentes afecciones y trastornos que pueden repercutir en lo
descrito como salud mental a lo largo de la vida de las personas. Entre ellas se
encuentran las orientaciones respecto del tratamiento de la Esquizofrenia, la que
47
describen como: “…una condición crónica que frecuentemente tiene efectos
devastadores en muchos aspectos de la vida del paciente y conlleva un alto riesgo
de suicidio y el menoscabo de la calidad de vida de la persona”.(MINSAL, 2000)
Para la atención de personas con diagnóstico de esquizofrenia establecido
de acuerdo a los criterios de la CIE 10 (OMS, 1996) se propone el trabajo en nivel
primario y especializado de atención.
Se establece que el nivel primario de atención está dirigido a la población
mayor de 15 años consultantes en establecimientos de atención primaria, en el
sistema público de salud y la población mayor de 15 años consultantes a médicos
no especialistas, en el sistema de libre elección y privado de salud. Dicha atención
se otorgaría en Consultorios Urbanos y Rurales, Postas Rurales que reciben
equipo médico de ronda, Centros de Salud Familiar, Centros Comunitarios de
Salud Mental Familiar (COSAM) Servicios de Urgencia y Centros Médicos,
además de consultas privadas de médicos generales.
El acceso a las atenciones anteriormente descrita puede realizarse de manera
espontánea, por consulta de los familiares y/o por derivación de instituciones
sociales.
En las orientaciones otorgadas en este documento, se encuentran
diferenciadas las atenciones otorgadas a pacientes con episodios descritos como
esquizofrenia aguda y esquizofrenia estabilizada.
Respecto de la atención Especializada de personas con diagnóstico de
Esquizofrenia se señala que la población a la que está dirigida es a las personas
mayores de 15 años que posean un diagnóstico de esquizofrenia. Éstas pueden
realizarse en Consultorios de especialidades, Centros de Referencia en Salud
(CRS) Centros de Diagnostico y Tratamiento (CDT), Centros Comunitarios de
Salud Mental Familiar (COSAM), Servicios de Psiquiatría, Centros Médicos o
48
consulta privada de especialistas, Clínicas Privadas. Pudiendo tener acceso a
dicha atención, mediante consultorías entre especialista y equipo APS o equipo de
Urgencias, por interconsulta emitida en Consultorio, Consultorio de Especialidades
no psiquiátricas, o por médico general o médico especialista no psiquiatra,
también por medio se derivación de Servicio de Urgencias.
VII.2 Esquizofrenia como Garantía Explícita de Salud: Descripción de Guía Clínica.
Bajo el contexto de una reforma de salud, en el año 2005, el Ministerio de
Salud de Chile, elabora una Guía Clínica para el primer episodio de Esquizofrenia,
bajo el marco de la implementación de este evento como Garantía Explícita de
Salud.
Esta guía estaría dirigida al “Equipo de Salud Multidisciplinario que maneja
al paciente con sospecha o diagnóstico de esquizofrenia y sus familiares”
(MINSAL, 2005 p. 8) y explicita el objetivo de “mejorar los síntomas y recuperación
funcional de ellos lo más precozmente posible. De esta intervención depende el
pronóstico de diversos trastornos psicóticos, o en su defecto dará curso a la
cronicidad de la enfermedad con deterioro progresivo” (MINSAL, 2005 p. 8).
Según este documento, la definición de Esquizofrenia sería la siguiente:
“La esquizofrenia se caracteriza por la aparición de “síntomas positivos”
de alucinaciones auditivas, distorsiones y trastornos del pensamiento y
“síntomas negativos” de desmotivación, negación de sí mismo y
reducción de la emoción” (MINSAL 2005, p. 6).
Podrán acceder a este beneficio, aquella población con sospecha de
esquizofrenia en quienes se manifiestan por primera vez los síntomas desde la
entrada en vigencia del decreto correspondiente. De ser sospecha, tendrá acceso a
49
diagnóstico y tratamiento de prueba por 180 días. Si el beneficiario tiene
confirmación diagnóstica, tendrá derecho a la continuación de su tratamiento.
Es posible encontrar en esta guía, una recomendación de intervenciones
para sospecha diagnóstica que incluye criterios clínicos y métodos diagnósticos,
entendiendo que como ya se ha planteado, se utiliza como pauta diagnóstica, la
Clasificación de los Trastornos Mentales y del Comportamiento, CIE-10, de la
Organización Mundial de la Salud, se establece para su determinación, la
incorporación de dos entrevistas psiquiátricas, la evaluación eventual del nivel de
discapacidad, evaluación de los problemas psicosociales, exámenes de laboratorio
y psicodiagnósticos o psicometrías. También realiza recomendaciones de
seguimiento y rescate para esta etapa.
Otras fases que contemplan dichas orientaciones son la confirmación
diagnóstica y también el tratamiento. Respecto de este último, destaca la
recomendación de implementar un tratamiento denominado “integral” (MINSAL,
2005), consistente en que “El equipo de trabajo debe realizar una evaluación del
sujeto y elaborar un plan individualizado de intervención, previo consenso con el
usuario y su familia. Se debe estimular la participación activa del usuario en su
recuperación, para lo cual, en conjunto con él, se deben evaluar periódicamente
los progresos y redefinir el plan de tratamiento” (p. 13).
Posteriormente, establece lineamientos para las intervenciones en distintas
fases, agregando especial énfasis en el tratamiento farmacológico según fase de
evolución y en los criterios de evaluación de respuesta clínica. Hace mención al
quehacer en caso de mala adherencia a tratamiento y de refractariedad al mismo.
Realiza recomendaciones para el manejo de situaciones clínicas complejas,
poniendo como ejemplo de esto la agitación y las conductas violentas. También
hace referencia al manejo de evoluciones clínicas especiales, tales como los
efectos colaterales.
50
A continuación de las indicaciones respecto del tratamiento médico de los
pacientes diagnosticados con Esquizofrenia, se alude en la Guía, a las
intervenciones psicosociales, según fase de tratamiento, de recuperación,
individuales, grupales, familiares y social- comunitarias, además de mencionar las
intervenciones en la fase de integración social.
VII.3 Red asistencial del Servicio de Salud Metropolitano Norte (SSMN).
Los Servicios de Salud, son entidades del Estado, que funcionan de manera
descentralizada, poseen personalidad jurídica y patrimonio. Sus sedes y territorios
se establecen por decreto supremo del Ministerio de Salud, por indicación del
presidente de la República.
Según lo que establece la ley sobre Autoridad Sanitaria y el reglamento de
los Servicios de Salud (19.937 decreto 140 de 2004) tienen como función:
“…la articulación, gestión y desarrollo de la red asistencial
correspondiente, para la ejecución de las acciones integradas de
fomento, protección y recuperación de la salud, como también la
rehabilitación y cuidados paliativos de las personas enfermas”
(MINSAL, 2012).
La Red Asistencial de cada uno de ellos se constituye por los
establecimientos asistenciales públicos, los establecimientos de Atención Primaria
ubicados dentro del territorio del Servicio correspondiente y los establecimientos
públicos o privados que posean convenios con éste para “realizar acciones de
salud” (MINSAL, 2013).
“La Red de cada Servicio de Salud se organizará con un primer
nivel de atención primaria, compuesto por establecimientos que
ejercerán funciones asistenciales en un determinado territorio con
51
población a cargo y otros niveles de mayor complejidad que sólo
recibirán derivaciones desde el primer nivel de atención conforme a
las normas técnicas que dicte al efecto el Ministerio de Salud, salvo
en los casos de urgencia y otros que señalen la ley y los reglamentos”
(MINSAL, 2013).
Actualmente el país posee 29 Servicios de Salud, repartidos por las
distintas regiones. De estos, la región Metropolitana tiene 6, siendo uno de ellos el
Servicio de Salud Metropolitano Norte (SSMN), cuya red asistencial pasamos a
describir a continuación.
En base a lo planteado por el Ministerio de Salud de nuestro país:
“El SSMN es una institución pública que articula en forma eficiente la
Red Asistencial, propiciando la responsabilidad ciudadana en el
cuidado de su salud, desarrollando de forma permanente sus recursos
humanos y campos clínicos, cumpliendo los objetivos sanitarios, en un
marco de Equidad, Excelencia y Transparencia en la gestión, con el fin
de mejorar la calidad de vida de la población” (MINSAL, 2012).
Las comunas incluidas en la Red asistencial que contempla el trabajo
de este servicio de salud son: Til Til, Colina, Lampa, Quilicura, Huechuraba,
Conchalí, Independencia y Recoleta.
La Red Asistencial.
El SSMN, plantea que para que un usuario del sistema, entendiendo por tal
quienes pertenecen al Fondo Nacional de Salud (FONASA) pueda recibir una
atención programada, debe acudir a su consultorio de Atención Primaria. Esto,
porque el sistema de Salud Publica se organiza en niveles de atención según la
cobertura y complejidad del caso. “El 1º Nivel de Atención o Atención Primaria de
52
Salud consiste en una red de establecimientos que se ubican dentro de un
territorio, actualmente esto corresponde a una comuna, donde las personas se
inscriben en su Centro de Salud para ser atendidas” (MINSAL, 2012).
Si el equipo de salud considera que su consulta requiere de la opinión de
un médico especialista, emite una solicitud de interconsulta (SIC) y se deriva al
nivel secundario, donde se encuentran: El Centro Diagnóstico Terapéutico, el
Consultorio de especialidades adosado a un Hospital y el Centro de Referencia en
Salud, pudiendo ser derivado a uno de estos si fuese pertinente. “En ese Centro
será evaluado por el médico especialista quién lo evaluará, solicitará los
exámenes correspondientes y definirá un tratamiento y seguimiento, de ser
necesario. Una vez atendido, el médico puede derivarlo a: Seguimiento de su
patología hasta enviarlo nuevamente a su consultorio. Otro especialista en el
mismo centro o en otro, en caso de no poder resolver su problema a ese nivel”
(MINSAL, 2012).
Red de Urgencia.
Según lo establecido en la página web del SSMN (2012), la red de Urgencia
se define como: “una red de establecimientos de salud de diferentes niveles de
complejidad que prestan atención de urgencia donde las personas acuden en caso
de sentirse enfermas y que consideran no poder postergar esa necesidad”. Siendo
a este sector de la Red que generalmente son derivadas las personas con fase
aguda de Esquizofrenia. Especialmente al Área de Urgencia del Instituto
Psiquiátrico Dr. José Horwitz Barak.
VII.4 Comuna de Conchalí: contexto residencial del sujeto de estudio.
Conchalí es una comuna del sector norte de Santiago de Chile. Fue
fundada el 30 de diciembre de 1927 por el Presidente Carlos Ibáñez del Campo.
53
Su población actual, según los resultados preliminares del CENSO 2012 es
de 124.225 habitantes (INE, 2012).
La superficie comunal es de 10,7 km2 y posee una densidad de 11. 229,07
habitantes por km2.
Del total de sus habitantes, el porcentaje de población considerada
indigente es de 2,0%, el de la población pobre no indigente es de 6,9% y el de
población pobre es de 8,0%. Es decir, más de un 15% de la población se
encuentra bajo la línea de la pobreza (INE, 2012).
Su organización territorial es variada, encontramos: Campamentos
radicados, operaciones sitio, loteos, subdivisiones, poblaciones fiscales y
particulares, cooperativas, viviendas SERVIU, casetas sanitarias y últimamente
destaca la aparición de algunos condominios en altura (Wikipedia, 2013).
Sus comunas límite son, al norte con las comunas de Quilicura y
Huechuraba al oriente Recoleta, al sur Independencia y al poniente Renca. Entre
las avenidas más importantes de la comuna, destacan la Avenida Independencia,
Fermín Vivaceta, Avenida Dorsal. También pasan por la comuna dos autopistas:
Autopista Central y la Autopista Vespucio Norte Express (Wikipedia, 2013).
Conchalí se encuentra dividida en nueve territorios que agrupan a 48
unidades vecinales. Estos nueve sectores son:

Vivaceta Barón.

El Cortijo.

Barrio Central.

Vespucio Oriente.

Balneario.

Sur Oriente.
54

Juanita Aguirre.

Palmilla.

Palmilla Oriente.

Establecimientos públicos de salud comunal.
Según antecedentes obtenidos en el Departamento de Salud de la
Corporación Municipal de Educación, Salud y Atención de Menores de Conchalí –
CORESAM- (2013), la comuna, actualmente cuenta con:
-
4 Centros de Salud Familiar (CESFAM): Lucas Sierra, Alberto Bachellet
Martínez, José Symon Ojeda y Juanita Aguirre.
-
1 Centro Comunitario de Salud Mental (COSAM).
-
1 Centro Comunitario de Salud Familiar (CECOSF).
-
1 Centro Comunitario de Rehabilitación (CCR)
-
1 Laboratorio Comunal
-
2 Servicios de Atención Primaria de Urgencia (SAPU): Lucas Sierra, Alberto
Bachellet Martínez.
-
1 Servicio Clínico de Urgencia- Avanzada (SCUA) con atención 24 horas.
Cabe destacar que de los 124.225 habitantes que según los resultados
preliminares del CENSO 2012 (INE, 2012) posee la comuna, en Diciembre del año
2012, 111.119 personas se encuentran inscritas en los Centros de Salud Familiar
pertenecientes a la comuna.
55
VIII.
Método y técnica de Investigación
Dado que los ejes de este trabajo tienen que ver con la búsqueda de
sentido, de significado, de la importancia de una vivencia, es necesario utilizar una
metodología que favorezca una estrategia de investigación relativamente abierta y
no estructurada, pues apela fundamentalmente a la subjetividad.
Ya que se intenta ir tras una experiencia subjetiva, es preciso descartar la
posibilidad de utilizar una metodología que nos lleve a aislar variables por
adelantado respecto de lo que se va a investigar y cómo se va a hacer, pues el
interés no está puesto en los hechos o causas de los fenómenos sociales con
independencia de los estados subjetivos de los individuos, sino más bien todo lo
contrario.
Lo que se pretende aquí es recoger datos descriptivos, es decir, las
palabras y conductas de quien participa de la investigación.
En otros términos, es necesario adoptar una perspectiva que permita tener
acceso a tópicos importantes y profundizarlos. Y estos, no podrían ser detectados
con una estrategia rígida.
Por lo anteriormente expuesto, la metodología a utilizar corresponde a
Metodología Cualitativa.
VII. 1 El paradigma cualitativo y su contribución al estudio de las subjetividades.
La estrategia de objetivar la subjetividad, se expresa generalmente en
términos de "ver a través de los ojos de la gente". Tal perspectiva, envuelve
claramente una propensión a usar la empatía con quienes están siendo
56
estudiados, pero también implica una capacidad de penetrar los contextos de
significado con los cuales ellos operan.
En su intento de entender acontecimientos y conductas, la investigación
cualitativa tiene preferencia por la contextualización. Las implicancias de trabajar
en el contexto, engendra un estilo de investigación en el cual los significados que
la gente le da a su conducta propia y la de los demás, tiene que ser puesto en el
contexto de los valores, prácticas y subsecuentes estructuras de la entidad
apropiada.
Otra característica relevante de la investigación cualitativa es que ésta es
procesal. Es decir, la vida social es concebida como un flujo de acontecimientos
interconectados y tiende a poner énfasis en los cambios implicados en los
procesos. Este énfasis en lo procesal se funda en que los participantes en la vida
social experimentan esta realidad como proceso.
Por otra parte, la investigación cualitativa tiende a usar un esquema donde la
teoría y la investigación empírica están entremezcladas. El delineamiento de ideas
teoréticas es usualmente visto como una fase que ocurre durante o al final del
trabajo de campo, más que siendo un precursor de él.
El modelo de conocimiento conceptual-inductivo se basa al menos en dos
supuestos sobre la realidad:
a) Perspectiva de totalidad respecto de la realidad social, que implica que cada
cualidad es considerada como un aspecto de la globalidad, de manera tal que se
pueden estudiar pocos casos y aún así obtener un buen cuadro del fenómeno.
Cada caso individual es por tanto una expresión concreta del fenómeno y una
expresión del contexto o totalidad del fenómeno en estudio.
b) Perspectiva definida en la relación entre el investigador y el investigado, lo que
en forma más adecuada puede denominarse modelo sujeto-sujeto.
57
Los lineamientos anteriormente expuestos, requieren la utilización de
instrumentos de recolección de datos igualmente abiertos y flexibles.
Dado que el interés que se encuentra a la base de esta investigación, es
rescatar el lugar de una experiencia de tratamiento en la trayectoria de vida de un
paciente, es fundamental para conseguirlo, obtener el relato en primera persona,
oír las palabras de quien se torna protagonista, viviente de las vivencias, para
rescatar de aquellas palabras las significaciones a la base. Por este motivo se ha
escogido llevarla a cabo bajo un enfoque biográfico, enfoque que además otorga
sentido al relato de vida como técnica. Según Cornejo, Mendoza & Rojas (2008):
“La investigación con relatos de vida es sincera en tanto no busca dar
una ilusión de verdad o certeza, sino que acepta la incertidumbre e
impredictibilidad de la vida, sin pretender que seamos seres
epistemológicamente
objetivos
cuando
somos
ontológicamente
subjetivos. Se trata, finalmente, de acercarse a un sujeto complejo
(Rhéaume, 1999), con sus determinaciones (sociales, físicas,
psicológicas, históricas, materiales) y su libertad existencial, lo que
promueve una aproximación consistente con esta complejidad”. (p.38)
II. 2 Relato de Vida.
Enmarcado en el enfoque biográfico, se podría considerar que el
relato de vida busca saber cómo un fenómeno, en el caso de esta investigación
el tratamiento de la Esquizofrenia, impacta en la vida de un individuo, cómo éste
significa dicho acontecimiento y sobre todo qué posición tiene ante éste. Dicho
en términos de Cornejo, Mendoza & Rojas (2008):
“Al solicitar a un narrador que nos relate su vida o parte de ella,
además de la petición explícita de los contenidos que interesa
58
investigar, existe una petición implícita: la de tomar una posición
frente a lo que cuenta. El relato conlleva para el narrador una elección
ineludible: optar por asumir o desconocer su posición respecto a su
dicho (…) Reconocerse productor de su historia, a través de sus
propias elecciones, responsabilizándose por aquel margen de libertad
que le ha permitido “hacer algo con aquello que han hecho con uno”
(Sartre, 1985)” (p. 31).
Resulta preciso aclarar que lo que aquí se plantea corresponde al
desarrollo de relato de vida y no historia de vida, Esto, a partir de la distinción
que se establece entre ambos respecto de quien enuncia: En el caso del relato
de vida es el protagonista, el sujeto, quien relata, enuncia, narra, su propia vida
o parte de ella. Por otra parte, la historia de vida corresponde a un relato
reconstruido por el investigador a partir de categorías (conceptuales,
temporales, etc.), es decir corresponde a una interpretación de lo declarado.
“Esta distinción muestra la consistencia de la utilización de relatos de vida como
método de investigación con su propio “objeto” de estudio, en tanto siempre se
trabaja con interpretaciones, en distintos niveles. Interpretaciones que se
consideran constituyentes de la experiencia humana y que, por tanto,
representan la dimensión ontológica del enfoque biográfico”. (Cornejo, Mendoza
& Rojas, 2008, p. 30).
La entrevista.
La forma de recolección de información será a partir de varias
entrevistas, aquel “encuentro cara a cara entre el investigador y el Informante”
(Taylor y Bogdan, 2006 p.101), pero que en este caso corresponde a un
narrador, un sujeto exhortado por su historia y a un testigo de este proceso, a
un oyente de este relato. Por esto resulta necesario realizar una elaboración a
través del relato, que requiere un mínimo de tiempo y que exige varios
59
encuentros que permitan retomar estas reflexiones (Cornejo, Mendoza & Rojas,
2008).
En este caso, el número de entrevistas está determinado por la posibilidad
de establecer un recorrido desde el inicio del tratamiento del narrador, hasta el
período actual. La duración de éstas es variable y está determinada por el nivel de
cansancio y motivación del entrevistado cada día que se realice la entrevista.
Los encuentros se realizan en uno de sus lugares de tratamiento actual.
Esto es, un COSAM de la zona norte de Santiago.
VII. 3 Caracterización del caso de estudio.
Dado que una característica central de esta investigación está puesta en la
relevancia de lo singular en tanto vivencia y en tanto sentido de un fenómeno en la
biografía de un individuo adulto, el objeto de estudio contempla a un sujeto con
diagnóstico de Esquizofrenia, que haya sido y esté siendo tratado por tal
diagnóstico en el sistema público de salud en la zona norte de la ciudad de
Santiago de Chile. Todo esto, sobre la base de la sola pretensión inicial de
describir, mostrar cómo éste se posiciona ante la parte de su vida que contempla
dicho tratamiento a partir del relato que establece de éste.
VII. 4 Lógica y Método de Análisis
Según Cornejo, Mendoza & Rojas (2008), en el enfoque biográfico no
existiría un método de análisis de datos, sino que el método se define en base a
los objetivos de la investigación, al fenómeno en estudio y las consideraciones
epistemológicas y metodológicas correspondientes a la investigación.
El relato de vida, constituye una forma de obtener información de manera
rica y profunda, a partir del material discursivo del entrevistado, que esencialmente
60
es un narrador, relatando hechos de su propia vida. Resulta importante señalar
que la lógica bajo la cual se realizará el análisis releva la singularidad:
“En este sentido, se plantea una lógica singular, intracaso, en la que
se analiza y trabaja en profundidad cada historia relatada. La idea es
poder llegar a una historia reconstruida, a partir del análisis de la
escucha de la historia y de los principales hitos biográficos que
constituyen la vida del narrador” (Cornejo, Mendoza & Rojas, 2008
p.37).
Ante la información entregada por el material discursivo escuchado, se
pretende analizar aquellos contenidos que emergen de dichas historias y otorgan
orientaciones respecto del sentido que ha tenido un hecho, en este caso su
tratamiento, en la trayectoria de vida del narrador. Es decir, realizar un análisis de
contenido de material discursivo.
61
VIII. Análisis y Resultados
El discurso es una representación del trasfondo compartido, del seguir las
indicaciones y actividades ofertadas, constituye una elaboración “de superficie”
desde la cual, el análisis posterior infiere el sustrato generador de ese mismo
discurso.
De acuerdo a Taylor y Bogdan (2006) el producto textual que emerge del
proceso de indagación cualitativo, da lugar a su descomposición en categorías, es
decir, se categorizan los contenidos que arrojan las entrevistas individuales, dando
lugar a la codificación que organiza las categorías.
Se identificará y se seleccionarán familias de códigos que representan las
categorías, dando lugar al mapa a través del cual el entrevistado organiza su
experiencia.
A continuación se presenta el resultado de conversaciones con una persona
que fue diagnosticada con Esquizofrenia hace más de veinte años. Lo que se
pretende es analizar los contenidos que emergen de las historias, es decir, realizar
un análisis de contenido de material discursivo.
VIII. 1 Los encuentros
Las ya nombradas conversaciones se efectuaron en encuentros, de los
cuales los primeros consistieron en solicitar la participación en la investigación,
establecer el consentimiento informado y el acordar los encuentros para las
entrevistas.
62
En esta primera instancia, no es posible obviar el hecho que los encuentros
siempre se realizaron en el Centro Comunitario de Salud Mental donde es
atendido actualmente de manera ambulatoria y en el que trabaja la entrevistadora.
Cabe destacar que si bien esta última no es tratante del entrevistado y en la
presentación del tema se aseguró confidencialidad, la condición de funcionaria de
ésta, es una información que esta persona posee.
Es importante precisar que la interacción con el entrevistado, en adelante
don H., incluso en un tiempo previo a la petición de colaboración para esta
investigación es de carácter cotidiano, coloquial y nunca implicó intervenciones de
índole terapéutico formal. La relación, fundamentalmente consistía en: saludo,
comentarios de actualidad y compra de productos elaborados por él y sus
compañeros. Posiblemente, este contexto y vínculo, influyeron en que esta
persona accediera casi de forma inmediata, sólo preguntando, en una confusión
inicial con el concepto trabajo, si éste sería remunerado. Esto fue aclarado,
señalándole que no, porque era un trabajo que se estaba realizando para la
universidad y se le pedía si podía colaborar en él, contando acerca de sus
tratamientos. Él lo comprende y accede rápidamente.
VIII.2 Las Entrevistas:
Luego se realizaron encuentros donde se llevaron a cabo las entrevistas.
Éstas fueron de duración variada, pues dependía de distintos factores, tales como
el nivel de cansancio del entrevistado, aspectos prácticos como la cantidad de
tiempo que él disponía y del impacto, sobre todo emocional que tenía el tema
tratado para esta persona.
Se construyó una pauta de preguntas que apuntaban a la búsqueda de
cómo esta persona, vive, significa y da sentido al periodo de su vida en el que
realiza un tratamiento que probablemente, no tenga fecha de conclusión. Las
63
consultas están orientadas hacia su opinión, sus sensaciones y percepciones, su
postura ante los hechos sucedidos.
Resulta relevante mencionar cómo en estos encuentros donde se realizan
las entrevistas, emergen dificultades importantes. Para la persona entrevistada se
vuelve complejo, especialmente ante el recuerdo de situaciones poco gratas, de
las que le cuesta hablar, pero que al parecer enuncia por el contexto que se da en
la conversación, señalando “a ti te puedo decir…”.
Por el lado de la entrevistadora, hubo ciertas complejidades dada la carga
emocional del relato, cuya entonación daba cuenta, invitaba a ser testigo de
circunstancias que marcaban, dejaban huella en la persona que narraba, pero
también porque el ejercicio propuesto iba más allá de oír, era escuchar un sentido
para esa persona, en un relato cuyo sinsentido se volvía evidente en algunos
momentos para un oído formado para identificar la psicopatología y lo que escapa
a la regla. En otros términos, los encuentros y las conversaciones constituían un
esfuerzo en el ejercicio de éstas, pues requerían dejar de lado la evidente
psicopatología del discurso y de la persona, para concentrarse en el aspecto
humano y particular de la experiencia relatada, del entrevistado.
Las entrevistas fueron grabadas con su consentimiento, transcritas y
analizadas. Las palabras escritas en el análisis son una transcripción de forma
literal, pues es eso lo que aquí interesa oír. Entendiendo que lo que se presenta
no es un decir común, es más bien un discurso que no se encuentra del lado de la
simbolización, sino de la pura vivencia, lo que como ya fue dicho, en ocasiones
resulta difícil seguir. Pero esto no constituye interferencia, pues la atención se
mantiene puesta en la búsqueda del lugar que ocupa para él este episodio de
vida, que corresponde a su tratamiento. Dicho de otra manera, estos encuentros
tenían el objetivo de establecer una escucha a esta persona para intentar
identificar el sentido que le da a su tratamiento en el marco de su trayectoria de
vida.
64
Finalmente se realizó un último encuentro de cierre, devolución y
agradecimiento.
VIII.3 Categorización
Después de la transcripción, se procedió a establecer categorías y
subcategorías a partir de la relevancia que connotaba el tema para don H. Éstas,
buscan orientar los contenidos que emergen del discurso.
Como resultado de este proceso se obtuvieron once categorías, cada una
de ellas intenta dar cuenta de un contenido relevante dentro del relato. Dicha
relevancia, se identifica a partir de diferentes criterios: En algunos casos se
relaciona con la urgencia que el entrevistado muestra de contar al respecto. En
otros, con el interés de oír las descripciones que él hace en sus términos, de cómo
se sentía en los diferentes momentos. Por otra parte, se encuentra la importancia
que tiene la aproximación y experiencia de tratamiento que esta persona ha
tenido, fijando la atención en qué y cómo se refiere a esto. También se considera
como relevante la insistencia de los contenidos. Y finalmente, toma también lugar
lo que él dice de las personas que tienen parte en este proceso y los percepciones
que ha tenido de este último.
En adelante, se presenta cada una de las categorías y subcategorías. Con
ellas, los motivos de su consideración como tal. En otros términos, se presenta
una descripción de las categorías y se emiten las razones por las que se
constituyeron, además se muestran las subcategorías que corresponden a cada
una de estas clasificaciones.
Se destaca el que casi de manera inmediata, al comenzar a hablar y sin
mediar pregunta al respecto, surge en la narración, las atribuciones que
establece el entrevistado acerca del origen de su enfermedad, razón por la que
este aspecto se establece como la primera categoría. Dentro de ésta, es posible
65
visualizar cuatro de estas razones, las cuales se configuran como subcategorías.
Las primeras dos enunciadas, se relacionan con atribuciones enmarcadas en un
contexto más bien teñido por el desconocimiento y la participación de otros: Le
hicieron un daño, tomado de su descripción y que es posible apreciar al comienzo
en su narración. Y segundo, Tuvo una discusión, situación que relata de una forma
un tanto confusa, sin embargo, se plasma como un evento desencadenante de los
síntomas, para él. Otra de las atribuciones se relaciona más bien con su conducta
y no como las anteriores, con la responsabilidad de otros; tal es el consumo de
alcohol.
Finalmente,
aparece
una
atribución
mucho
más
informada
y
probablemente, gestada a partir de los dichos de sus tratantes, esto es, que el
inicio de su sintomatología, también puede generarse por la falta de
medicamentos, en la línea de la descontinuación del consumo de éstos.
Luego, y con la motivación de oír y resaltar la forma en que vive y nombra
su malestar, más allá de una descripción psicopatológica que pudiese realizarse
de manera externa, se establece la categoría denominada descripción de
síntomas, donde es el entrevistado quien describe, en sus palabras, pudiendo ser
éstas términos adquiridos entre otros medios, de su entorno familiar y de los
contextos hospitalarios o de otras instituciones que han sido parte de los más de
veinte años de tratamiento, pero que finalmente han tomado parte en las palabras
de ésta persona. La primera subcategoría que se establece, se vincula con
conductas erráticas, con situaciones que él describe de manera difusa y que aquí
se han nominado como cierta perturbación, esto ligado siempre a una sensación
que él describe de manera insistente como miedo. Durante su relato, se enuncian
en diferentes momentos manifestaciones corporales, denominadas en su
categorización como síntomas físicos. En otros momentos del relato, y de
diferentes manera, es decir de forma implícita y dentro de cierto contenido que no
devela en sí gran angustia en sí mismas; y de forma explícita, pero aislada y
atormentadora (ante la pregunta) se describe la presencia de voces. Una
sensación que es muy propia de lo que don H. describe casi como anunciando
que un periodo de crisis ocurrirá, es lo que él refiere como una sensación en la
66
sien. Por otra parte y circunscrito a sus periodos de hospitalización, don H. relata
episodios de Insomnio, que resultan relevantes por el nivel de malestar que el
entrevistado muestra respecto de ellos y el grado de movilización que genera en
él. Don H. nomina ciertos periodos, muy demarcados, como crisis, en éstas se
incluyen periodos de desestabilización de los síntomas y episodios de posible
agitación psicomotriz, pero cuando se le solicita descripción de su sensación en
esos momentos, menciona dos cosas: ira y angustia, elementos presentes de
manera transversal en su descripción de sensaciones y síntomas, lo que les
otorga un lugar en esta categorización.
Otro elemento que resulta relevante para establecer los referentes que ha
tenido y tiene respecto de su tratamiento, es quién, en qué condiciones y dónde se
ha realizado la búsqueda de tratamiento, pues esto nos orienta en el
reconocimiento de signos, síntomas y malestares por parte del entrevistado y sus
cercanos. Nos sitúa además, en los lugares que él y su entorno confía para
generar el alivio esperado. Por esta razón, de esta categoría emergen dos
subcategorías: por sí mismo, dando lugar a los momentos en que él da cuenta de
su malestar y busca ayuda profesional de forma autónoma y la que se relaciona
con los momentos en que dicha búsqueda la realiza su red de apoyo familiar.
Bajo esta misma lógica, surge como un contenido importante el recuerdo y
relato que esta persona hace de las modalidades de tratamiento, es decir, de
qué tipo de tratamiento ha recibido y cómo los describe, cómo habla de ellos y
desde allí, cómo los ha vivido. Por estos motivos, en este caso las subcategorías
corresponden a la enumeración de diferentes tipos de tratamiento que relata el
entrevistado, éstas son: Entrevista psicológica, médico mentalista, tratamiento
farmacológico, hospitalización, contención, terapia y tratamiento ambulatorio
actual.
Emerge también de las conversaciones establecidas, el contenido relativo a
quién realiza el manejo del tratamiento, pues existen periodos en los que son
67
otros quienes cumplen esta función, lo que se establece como subcategoría
denominada manejo externo y que se circunscribe fundamentalmente a los
periodos de hospitalización. Sin embargo, es destacable el hecho de que él lo
haga la mayor parte de su recorrido en este proceso, pues el realizar dichas
actividades, implica una decisión de su parte, una disposición a hacerlo y esto,
según las indicaciones que le han dado. Constituyéndose, por todo esto, como un
proceso que realiza de forma autónoma.
Esta categoría, se relaciona estrechamente con un aspecto importante en
cuanto a su participación en los procesos, se trata del conocimiento que tiene de
la enfermedad y los tratamientos que le son realizados. En general, cuando esta
persona maneja los procedimientos, los administra, conoce el objetivo de éstos, lo
que le ubica en un lugar protagónico y activo de éstos. Desde este punto de vista,
la participación, es que resulta relevante considerar que aspectos de sus
tratamientos comprende, en la idea de señalar a qué información ha tenido acceso
y cuáles son las cosas que desconoce y desde este último lugar, el
desconocimiento de las versiones oficiales al menos, mirar cómo esta persona
asume o no este desconocimiento.
Así como surge el relevante contenido acerca de cómo él describe sus
síntomas y su malestar, así también, desde el interés por cómo él dice lo que vive,
surge la categoría que muestra cómo él describe su sensación de alivio. Y para
referirse a eso él ocupa fundamentalmente dos conceptos: por una parte, salud,
que deja ver el opuesto a sentirse enfermo, a experimentar de manera patente la
enfermedad y por otra, sentirse bien, opuesto al intenso malestar que describe, le
generan los síntomas. Es por esto que estas dos conceptualizaciones se
establecieron como subcetegorías.
Como contenido insistente, aparece el hecho que sobre todo en instancias
de tratamiento, esta persona ha desarrollado rutinas, las que surgen por esta
razón como una categoría. Siendo estas, prácticas que recuerda muy bien, incluso
68
habiendo pasado años desde que no las realiza. Las rutinas parecen configurarse
como un elemento importante, en tanto él mismo señala, ocupan gran parte de su
tiempo, o quizás más bien, lo organizan. Don H. habla de rutinas en el hospital,
bajo el contexto de internación, rutinas que como se verá le resultaban un tanto
tediosas. Describe rutinas que practica también actualmente, por ejemplo en el
COSAM, y es de éstas que más en extenso se refiere cuando habla de dicho
lugar. Relata cómo ha hecho también una para acudir al hospital a realizarse el
hemograma que requiere y por supuesto, como esta forma de hacer las
actividades, se transmite también a cuando él está en su casa. Es así como estos
lugares
donde
él
ha
establecido
rutinas,
configuran
las
subcategorías
correspondientes.
Al oír sus narraciones, no es posible marginar el contenido místico
religioso, presente de manera transversal en su relato. Podría asociarse a un
contenido delirante o a su entorno, en que la religión es un área trascendental
para las personas del medio. Sin embargo, es posible encontrar en el relato de
esta persona en particular, una presencia de lo religioso que va más allá de una
creencia o un delirio, se torna un referente, un ente articulador de su vida, de sus
síntomas, de su tranquilidad. Pero estos contenidos se manifiestan de tres
maneras, que se exponen a partir de las subcategorías: Una de ellas, corresponde
a los personajes religiosos, donde destacan ciertas denominaciones como
“mamita virgen”, que dan cuenta de la particularidad que toman estos contenidos
en su experiencia y narración. Por otra parte, y en esta misma línea, se consideran
las atribuciones místicas que realiza don H., en algunos momentos para explicarse
situaciones que le son incomprensibles y otras veces, sin mucha razón aparente.
Finalmente, también es posible encontrar en este apartado una alusión a la
función que tiene su participación en la iglesia para él.
Las personas con las que él se ha encontrado durante este período y que
han tenido un lugar relevante, sobre todo por las razones que se han constituido
como tales, son nombres de individuos que por crear vínculos o todo lo contrario,
69
intentar evitarlos, han ocupado un lugar en la experiencia del entrevistado y que
este último describe y/o critica según ciertos criterios establecidos por él mismo.
Según sus propios términos, su familia, ocupa un lugar primordial y entre ellos
resulta fundamental la figura de su mamá. En los episodios donde don H. fue
hospitalizado, hace alusión a tres personas de una forma que denota mayor
importancia: se refiere a otros pacientes, reconociendo entre ellos a un amigo; a
un enfermero, que le reporta recuerdos positivos y a uno de los médicos presentes
en este recorrido, que a diferencia de su recuerdo de los que le han atendido de
manera ambulatoria, no le era agradable. Finalmente se establece una
subcategoría que da cuenta de la posibilidad de vincularse no sólo a las personas,
sino también a los lugares recorridos, es decir a las instituciones.
Finalmente, se establece una categoría que encierra las percepciones,
emociones, opiniones y decir de la persona que fue entrevistada acerca de
diferentes elementos presentes en la historia de su tratamiento. Estos elementos a
los cuales se hace mención y que constituyen las subcategorías asociadas, se
establecen desde grandes criterios como la impresión general que él tiene de los
tratamientos, pasando por su percepción acerca de las intervenciones de los
tratantes, los fármacos indicados, las derivaciones hechas y los momentos de
internación, así como también sus ideas y posturas respecto de la (im)posibilidad
de obtener el alta. Respecto de aspectos más emocionales e íntimos, hace
referencia a la percepción que tiene de respecto de sí mismo en este proceso y
acerca de qué cosas o personas que han pasado por este proceso echa de
menos. La relevancia de esta categoría se aloja justamente, en que intenta dar
cuenta de la posición que ocupa cada uno de dichos aspectos para él.
A continuación se presenta un cuadro que muestra las categorías antes
mencionadas y las subcategorías respectivas, establecidas a partir de los
contenidos presentes en las conversaciones y que como ya se planteó, busca
organizarlos en función del objetivo planteado.
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Luego se expone el análisis de dichas categorías, donde se extraen
fragmentos de las entrevistas realizadas, que reflejan desde qué partes de estas
conversaciones, surgen las categorías. Intentando dar cuenta así, de los
resultados de estos encuentros con don H, pero teniendo un pequeño mapa de
ruta, organizado por el primer resultado que son las categorías ya establecidas.
71
72
VIII.4 Análisis de contenidos en Categorías
A continuación, se presenta un análisis de los contenidos que emergieron
desde las entrevistas realizadas a don H., una persona diagnosticada con
esquizofrenia hace más de veinte años. Éste análisis se efectúa a partir de once
categorías establecidas como un resultado previo. Busca organizar los contenidos
que aparecieron y que para esta investigación constituyen un foco de interés, pues
lo que se pretende es identificar y mostrar lo que se gesta en la palabra emitida
por el entrevistado en relación a sus tratamientos, durante esos encuentros.
Atribuciones del Origen de la enfermedad
Durante los distintos encuentros con don H., destaca el hecho que en
general ubica ciertos eventos que darían origen a los síntomas y episodios de
desestabilización que ha presentado. Es así como de una u otra manera, realiza
atribuciones a elementos externos y conductas personales que podrían explicar,
para él, el origen de la enfermedad y la razón del padecimiento de sus síntomas.
Desde el primer momento, aparece su interés por señalar que el inicio de
sus síntomas, está vinculado con un hecho en el que hubo terceros involucrados,
a quienes les atribuye la intención de dañarle “me acuerdo que cuando recién caí
a la enfermedad, fue por un daño que me hicieron a mí” (E1 H2). Según sus
planteamientos, identificando además aquello que le habría sido dañado: “Unos
jóvenes me dañaron el sentido” (E1 H3), refiere.
Resulta relevante señalar que desde el inicio, cuando refiere lo del daño, da
lugar también al componente místico/religioso de carácter cristiano-católico. Éste,
se encuentra para don H., en un lugar central y es transversal a las atribuciones
73
que podría hacer del origen de su enfermedad. Sus dichos dan cuenta que sus
sensaciones son interpretadas bajo este prisma “Porque como que en ese
momento no sentí nada, la señal no más que sentí de la mamita Virgen aquí en la
sien mía. La señal no más po, y la señal igual que la lucecita del arbolito de
pascua así, empieza así a latir, y cuanto se llama… se me puso aquí en la sien po,
y disperté (SIC) y me golpeé y dije mamita Virgen qué me pasa así y ahí me
golpeé y seguí durmiendo y después cambié y era otra persona ya po” (E1 H11).
La importancia de este episodio, está dada porque refleja un hito: da cuenta de un
cambio experimentado a nivel profundo, en términos de decir que no se es la
misma persona después que esto ocurre.
Otro elemento que confirma la relevancia de este acontecimiento en la vida
de don H., tiene que ver con que recuerda y relata con detalles. Su narración es
minuciosa pese al tiempo transcurrido desde que esto, según sus dichos, habría
sucedido.
A continuación se presenta el relato de cómo habría ocurrido aquello que él
describe como el desencadenamiento de sus síntomas: “Es, que unos jóvenes me
habían dado un vodka en un vaso, yo había tomado unos telidones antes, cuatro a
cinco telidones (…) Pepas. Y me dieron como cinco telidones más o menos,
después me fui a la fiesta frente de mi casa y entré a la fiesta y había una niña
rubia que era amiga de mi hermana, y como que esa niña se había enamorado de
mí, estaba enamorada de mí, y yo estaba dentro de la fiesta así, y estos jóvenes
parece que vieron que la niña se había enamorado de mí, que le gustaba yo a la
niña y me dieron un vodka a tomar y yo era alegre, de una personalidad
agradable, era agradable con todos yo, y de repente así me dan un vodka y me lo
tomo, y me quedó un poquito, y me dijeron tómatelo todo, así que me lo tome
todo. Y de ahí ya como que empecé a decaer, no sé, quedé como lento así, me fui
pa’ la pieza, todo (...) Y ahí ya después fui acostarme y todo, y eran como las
cinco, o no sé bien qué hora era, pero ya estaba decaído, ya estaba con el daño
hecho, porque de repente desperté así y empezó a… cuanto se llama… a latir
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esta venita de aquí (señala su frente), la venita de este lado”(E1 H4, H6, H9). Es
así como esta narración se establece como una de sus relatos principales, dado
que aparece de manera espontánea y da cuenta de una explicación que él hace
para aquello que siente y que no logra comprender, al menos inicialmente.
Si bien el hecho previamente descrito se configura como fundamental en las
atribuciones que don H. realiza al origen de sus síntomas, también narra episodios
que de una u otra manera él relaciona o más bien posiciona como precursores de
estos, a modo de recaídas, pues aparecen luego de haber sido tratado “Eh, y de
ahí… cuánto se llama… me llevaron al… ahí estuve con el médico y después llegó
el punto de que caí enfermo, volví a caer” (E1 H51).
En el relato de los siguientes episodios, destaca el hecho que nuevamente
la descripción resulta minuciosa. Esto, podría dar cuenta de la relevancia que tiene
lo ocurrido para esta persona, pues lo que describe tan detalladamente es un
recuerdo, que al escucharlo de él parece la narración de algo muy reciente “me
puse a trabajar así, y estaba trabajando con un caballero que era cerrajero y de
repente nos fuimos a trabajar ahí en J. J., y ahí llegué y me… me puse a trabajar y
de repente estábamos los dos con un compañero mío, estábamos trabajando los
dos po, estábamos haciendo un trabajo los dos juntos, estábamos haciendo unas
perforaciones con un taladro y yo tenía sujetado el fierro, y este joven va y taba
haciendo la perforación con el taladro así y de repente como que el fierro se corrió
así y el joven me dice: “¿Quién fue?” –yo le dije: tú fuiste, y me dijo, ya me dijo así,
y se me bajó como una cosa de aquí de la (señala la sien)…con esa discusión,
como que donde le eché la culpa a él o como que no sé quien fue el que corrió el
fierro, yo lo corrí también porque fue como un… cuanto se llama… eh…
pongámosle espera de vela, espermitas que están bendecidas, como que se me
bajó a este lado (…) Al lado izquierdo se me agachó ¿cachai? (…) Ahí a este lado
(…) En la sien, ahí se me bajó pa abajo (…) Y volví a lo de antes de nuevo, volví a
decaer de nuevo, y ahí me dijo ya… y ahí me había mejorado con el médico como
te digo, y después cuando ya me puse a trabajar, ahí me bajó esta parte de aquí
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(...) Me hizo recaer, sí, y así que ahí ya… después ya empezó todo lo mío” (E1
H51, H52, H53, H54, H55, H56).
Cabe destacar que así como don H. atribuye el desencadenamiento de sus
síntomas a la acción de terceros, como fue descrito previamente, también
identifica elementos relacionados con su propio comportamiento, específicamente
lo vinculado con el consumo de sustancias, “No sé porque me había tomado el
vodka, me había tomado los telidones que eran drogas ¿cachai?, eso fue lo que…
por leso me pasó” (E3 H84). Resulta importante señalar cómo al final de esta frase
y en otras emitidas por don H., éste enjuicia su comportamiento “Ahí a decaerme,
sí po, yo no debí haber tomado” (E1 H79).
El consumo como precursor de los síntomas es un elemento que se repite
en la narración de don H., “(…) me hizo mal el trago” (E1 H84). No sólo es algo
que aparece en el episodio donde habría consumido Vodka y telidones, relata
también sucesos donde la ingesta de alcohol habría actuado para él como un
agente de recaída “Sí me sentía bien. Con ganas con deseos, andaba contento,
riéndome solo con las cosas. Pero después me fui a la playa y en la playa caí (…)
porque me puse a tomar cerveza (…)” (E2 H4, H5).
Como ya se ha planteado, hay elementos que se repiten en el relato de don
H., y uno muy relevante es su creencia religiosa cristiano-católico, en este caso,
como agente preventivo de consumo “después ahí empecé a tomar harta cerveza
y me puse a jugar a la pelota y en la noche nos pusimos a comer mariscos con
vino, después me invitaron a tomar cuba libre, vino, o sea me invitaron a tomar
cuba libre, y después andaba con rabia, gracias a Dios y la Virgen no fumé
marihuana, y yo antes le hacía a la marihuana” (E2 H7).
Es posible señalar entonces, que don H. en su relato, muestra elementos
externos que tienen que ver con sus síntomas, pero también da cuenta de su lugar
y responsabilidad. Según sus dichos y si bien, da gracias a “Dios y a la Virgen” por
76
no realizar ciertas actividades, también se muestra como alguien que activamente
se posiciona ante los hechos y toma ciertas medidas preventivas “(…) unos
cabros, unos conocidos que tenía en la casa, que antes eran amigos míos pero
ahora no me junto con ellos, porque le hacen a la droga y todo eso, pero antes fui
con ellos a la playa, y nos traían cajas de cerveza pa tomar po” (E2 H6). De cierta
manera, él tiene la idea de que “si no habría tomado puede que no haya pasado”
(E3 H44)
Para don H. así como la ingesta de sustancias ilícitas y el alcohol están
asociados al inicio de su sintomatología. Dentro de los factores que éste identifica
como relevantes para evitar que estas crisis ocurran, se encuentra la ingesta de
fármacos “(…) La otra vez me dio una crisis fuerte porque me faltaron los
remedios (…) me faltaban remedios, por eso que me vino una crisis grande y me
inyectaron en el hospital” (E4 H99, H100). Configurándose como una sustancia
que le genera alivio.
Descripción de síntomas
Resulta interesante saber cómo don H. realiza una descripción de sus
síntomas, pues poder prestar atención a sus dichos al respecto, es atender a la
vivencia que tiene de ellos.
En algunos casos, podemos observar en el relato una descripción
imprecisa, sin mayor conceptualización, pero con la riqueza que puede reportar la
narración directa de quién experimenta una situación determinada: “Como que
lerdo así, como que ya nada rápido, una cosa así. Y me metí pa la pieza así y me
senté en la cama así, y de repente toy así… tiraba a conversar así, trataba de
conversar con alguien po, y taba la niña de la fiesta, y la niña de la fiesta me miró
así y quería conversar con ella y no me dio el habla la niña de la fiesta así, no me
dio el habla” (E1 H7). Sin saber qué pasa, pero con cierta certeza de que algo
cambió “(…) ya estaba decaído, ya estaba con el daño hecho, porque de repente
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desperté así y empezó a… cuanto se llama… a latir esta venita de aquí (señala su
frente), la venita de este lado (…) De la frente sí, del sentido, y empecé a latir y me
golpeé así, me golpeé y dije “mamita Virgen qué me pasa” (E1 H11). Y en este
darse cuenta que algo pasa, sin saber qué, la perturbación se acrecienta y al
parecer, es lo sobrenatural, lo religioso, lo que se erige como una herramienta de
comprensión “Porque como que en ese momento no sentí nada, la señal no más
que sentí de la mamita Virgen aquí en la sien mía. La señal no más po, y la señal
igual que la lucecita del arbolito de pascua así, empieza así a latir, y cuanto se
llama… se me puso aquí en la sien po, y disperté (SIC) y me golpeé y dije mamita
Virgen qué me pasa, así y ahí me golpeé y seguí durmiendo y después cambié y
era otra persona ya po” (E1 H11)
Así, sin saber que pasa, ni pudiendo juzgar en un primer momento las
conductas que realizó, es que se expresan dichas sensaciones “(…) La primera
vez que yo estaba enfermo, o sea andaba en la calle, andaba buscando trabajo y
andaba como dando vueltas alrededor de las empresas, andaba buscando trabajo
y de repente me quedaba parado así todo el día, parado así, aguantando todo el
día, hincado y después llegaba cansado, se me dormían las piernas y me iba,
entraba a la empresa a buscar trabajo y no había, y después me iba pa la casa,
pero llegaba enfermo así a la casa y un día llegué mal así y estaba mi hermana,
con mi mamita y mi tía y yo llegué y salí y llegue enfermo” (E3 H3).
Sin embargo, teniendo presente la intervención de quienes representan sus
vínculos más cercanos “Como que tenía, como angustia una cosas así, y mi
hermana me ofreció café y yo quería café y yo le dije que bueno, y me metí al
baño así y después no salí po y mi mamita hace tira la puerta del baño y me saca
po” (E3 H4).
Otro elemento a destacar en el caso de la descripción de síntomas que
realiza don H., es que ubica como tal la admiración y el deseo de asemejarse a
otra persona “Como que quería ser igual que las otras personas, tener la
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personalidad de otro joven, como que no sé… era tanto el enredo que tenía en mi
mente(…) Sí, pucha, que quería ser igual que la otra persona así, eh, echaba de
menos a un amigo y cuanto se llama, y llegaba y me salía del colegio así, daba las
pruebas, pero las pruebas las daba así con, no se me grababan las preguntas en
la cabeza (…) Una serie de cambios, eso, una serie de cambios, quería
parecerme a otra persona, a un joven que había en mi casa (...) No sé, es que
como una personalidad que tiene ese joven, y yo también era como el mismo de
él, pero es que la edad, todas esas cosas ¿entiende? Y quería parecerme igual
que él po, igual que pa la pelota po, cuando jugaba a la pelota, me puse bueno pa
la pelota po, jugaba en primera adulto, tenía como veinte años, a los diecinueve
estaba jugando en primera adulto y también había un joven que era bueno pa la
pelota y también quería parecerme a él po, y yo era bueno pa la pelota po y no sé
por qué me dan esas personalidades de querer parecerme a esas personas, y a
parecerme: este joven compraba diazepam pa los dolores, y yo también compraba
diazepam pa los dolores (ríe) así quería parecerme igual a él” (E1 H12, H13, H22).
Don H., en su narración, expresa una serie de frases que dan cuenta clara
de sentimientos, sensaciones y síntomas experimentados y nombrados “Es que
era muy nervioso, tenía mucho miedo, no sé, miedo” (E1 H19) o por ejemplo
cuando señala “Como que me decaí así, como un sentimiento así, ¿cómo era el
sentimiento que sentía?, eh, como que me daba miedo todas las cosas, me daba
miedo, me asustaba” (E2 H26).
Pese a su interés por ejecutar actividades cotidianas, éstas en algunos
momentos se hacían intolerables, irrealizables “(…) si era el agobio mío que tenía
en la cabeza, eso como que me… me…me deprimía, como que me angustiaba
cuando trabajaba en trabajos así, seguí trabajando harto tiempo en hartos trabajos
y en todos me salía po, en todos los trabajos me salía, me retiraba po. Tuve
trabajando en un carrito de Nestlé, de yogurt y en la mañana salía temprano, era
responsable pa irme a trabajar po, y yo caminaba harto, caminaba harto, era
mucho lo que caminaba, y cuanto se llama… llegué así y me devolví así y por no
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orinar en la calle, y no ensuciar en el suelo, me ensuciaba en los pantalones,
obraba en los pantalones y llegaba y me ponía una chomba así para cubrirme, pa
que no se viera, y me llevaban pal local así, la distribuidora y el caballero me
decía: “y tan tarde que vení”, sí es que caminé para allá…y todos los días llegaba
tarde po” (E1 H37)
De alguna manera, don H. nos muestra que en un momento de su vida,
ciertas situaciones le generaban dificultad, una insostenible para él. Y si era así en
situaciones cotidianas como las laborales, la exposición a evaluaciones clínicas,
también lo era “Y el doctor me dijo, “¿Y conocí este otro refrán que dice, más vale
pájaro en mano que cien volando?” no, no lo conozco le dije yo, y ahí de repente
me dio una angustia (...) Llorar, me puse a llorar y me pescó el médico –“ya
vámonos”, me tomó del brazo y me llevo pa la sala (...) Porque me hacían
preguntas los médicos, me hacían preguntas (...) no alcancé a estar tantas
preguntas pero después ya no me tomaron más tampoco. De ahí me dejaron, y de
ahí me vinieron las crisis y todas las cosas (…) no había tenido crisis” (E3 H48,
H49, H50, H51, H52)
En la mayoría de los casos, para don H. el cuerpo se torna el lugar de
localización de los síntomas, sus sensaciones pasan por su cuerpo. Esto de
manera independiente del origen o tipo de sensación, signo y/o síntoma “Sí, se me
iba la lengua pa afuera, no sé si era el Modecate o el tratamiento, no se po. Pero
ya era (…) Sí, de los labios. Se me salía y cuanto se llama, no podía eh, como que
veía puros colores, puros colores no más veía, el lila lo veía, se me imaginaba el
color lila, puros colores me imaginaba” (E2 H19, H20), o como cuando señala “Sí,
cuando estuve en el hospital, salí con el temblor aquí en la mano (…) Y después
me empezó a darme en esta pierna el temblor, en la pierna izquierda” (E2 H37).
Donde relaciona su síntoma con la estadía en el hospital. Pero no sólo reconoce
que éste aparece a partir de su internación, sino también a la inversa, cuando
plantea que al revelar ciertos síntomas a los especialistas que lo atienden, se
produce una internación hospitalaria “Es que de ahí taba trabajando así y me fui
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pal trabajo enfermo y como que empezaba toda la gente así a escuchar cosas (…)
Claro a urgencia, y me dijeron que si escuchaba voces grandes y yo le dije que sí
po, que escuchaba voces grandes (...) Grandes, unas voces grandes así, y me
dijeron que…ya, que me iban a pasar pa adentro, iba a estar un día y que me iban
a sacarme po” (E1 H57; E2 H45, H46).
Resulta importante destacar cómo don H., además de utilizar ciertos
términos técnicos, probablemente aprendidos en tanto tiempo de tratamiento, usa
elementos del cotidiano para lograr que quien lo escucha comprenda esa
experiencia tan personal, logrando describir claramente lo que desea transmitir
“(…) de ahí me puse a trabajar y se me cayó una cosa aquí, una cosa espesa de
aquí de este lado y (…) En la sien, sí y eché la culpa al otro compañero y una gota
que se me cayó, fue como una leche que se me cayó aquí en este lado y me salí
del trabajo y no trabajé más po (…)” (E3 H13, H14)
Hay momentos en la historia de su enfermedad y tratamiento, que logra
buscar solución a algunas manifestaciones que le resultan molestas, logra ir en
busca del alivio: “No sé, no me daba sueño, yo quería dormir pero no me daba
sueño y me ponían inyecciones para dormir yo le iba a decir a los enfermeros
“sabe enfermero no puedo dormir, quiero que me coloquen una inyección o me
den una pastilla” y llegaban y este enfermero que me gustó más, P, me colocaba
inyecciones aquí en los brazos pa dormir, y yo le decía que me colocara una
inyección que duerma treinta días (ríe)” (E3 H27)
Una emoción que don H. menciona reiteradamente y asocia con la
manifestación de su malestar es lo que él nomina como “ira”: “Es que adonde me
puse a tomar cerveza y vino con cuba libre, como que se me juntó todo el revoltijo
y llegué a la casa y enrabiado y todo, angustiado y me acuerdo que se me quedó
la billetera con el joven que fui a la playa y fui a buscarla y todo, y llegue a la casa,
enrabiado, no sabía manejar la tele como manejaba la tele…” (E2 H10). Este
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concepto (ira) y el de “angustia” toman un lugar relevante en su relato de
descripción de estados “Como con ira (…) Con ira, sí. Con ira, estaba llorando (...)
Angustia po, angustia me provocaba, pena así” (E3 H101, 102, 103). Tan
relevante resulta para la descripción que realiza don H. la “ira”, que la asocia a la
desestabilización “Con ira no más, cuando tengo ira. O cuando falta mucho en un
día sin tomarme los remedios y ahí empiezo como a sentirme mal, decaído,
agotado, tímido con ira” (E4 H108).
Dentro de la narración de su historia de tratamiento, se encuentran descrito
como momentos que él califica de críticos “(…) como que ya me daban fuertes las
crisis, me venían fuertes las crisis (...) Por ejemplo, estaba dentro del hospital y me
iba a conversar con él… la primera crisis fue cuando estaba dentro del hospital,
estaba en la sala y me dio una crisis y me fui a conversar con el enfermero de la
oficina y me puse a conversar con él y le dije: “enfermero, enfermero quiero salir
de aquí, ¿por qué no me saca?” y me tiro contra la vitrina así y quebró el vidrio así,
lo quiebro, y el enfermero me toma así del cuello, me pesca así y vienen otros
enfermeros y me amarran aquí en la espalda y me llevaron pa la cama (…) Es que
es una crisis la que me vino, que me tiré contra la vitrina fuerte que la rompí así, y
el enfermero quería que pagáramos el vidrio todas las cosas” (E2 H54, H55,
H57).Estas “crisis”, como él denomina, al parecer se encontrarían vinculadas a los
momentos donde se siente superado por la angustia e incluso llegando a tener
cierta sensación de pérdida de control de sí mismo.
Los momentos de crisis son claramente diferenciados del resto del malestar
y se localizan siempre en el periodo de hospitalización más extenso “Después la
segunda crisis fue cuando estaba, me fui a meter al baño, fui a orinar al baño así y
me hinco en el baño así, y empiezo a golpearme así la frente, en el baños, en la
taza, en la taza ¿cachai?, empiezo a golpearme aquí la frente, a golpearme, a
golpearme y aparece un paciente del otro baño al lado mío, y aparece y me dice:
“¡Qué tay haciendo! Párate de ahí, párate de ahí”, déjame, le decía yo, déjame,
déjame. Y el paciente va y me pesca del cuello así y vienen dos paramédico, dos
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auxiliares con una camisa de fuerza y me la pusieron po y me amarraron así y me
llevaron acostarme” (E2 H61).
En la medida que éstas iban sucediendo, ha ido reconociendo también sus
causas, de manera de poder evitarlas “La otra vez me dio una crisis fuerte porque
me faltaron los remedios (…) No, me faltaban remedios, por eso que me vino una
crisis grande y me inyectaron en el hospital” (E4 H99, H100).
Búsqueda de tratamiento
Un aspecto a considerar respecto de la percepción que don H. tiene de los
tratamientos que ha experimentado, se relaciona con la búsqueda o el rechazo de
ellos. Como veremos más adelante por medio de sus propias palabras, hay
intervenciones y procedimientos con los que ha estado de acuerdo y otros con los
que no, más todavía ni siquiera comprende.
Para observar cual es la construcción que don H. hace del impacto que los
tratamientos tienen para su vida, resulta relevante saber cómo éstos se han
iniciado, quien los ha solicitado, por qué razones, con qué motivaciones y ante que
eventos. Porque constituyen parte de la historia de éstos.
Cómo, por qué, quién y dónde se buscó intervención de profesionales es lo
que podemos apreciar en el relato de don H. al respecto, quien narra la primera
consulta, motivada por un intenso miedo y una serie de cambios experimentados
“… yo solito fui, me acuerdo que salí del colegio y todo, y fui…o no estaba
estudiando parece, estaba estudiando, y fui al psiquiátrico (...) Porque quería
hablar con un médico para hablar con él, qué tenía, que me sacara lo que tenía
po, y fui hablar con un psiquiatra, con un doctor pa que me viera un psicólogo, y fui
al hospital po, cuando me acuerdo que el hospital era de madera, el hospital
donde está el hospital San José, detrás ve que había uno” (E1 H27, H29).
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En esta primera oportunidad es él quien, por voluntad propia y ante el
malestar que lo aqueja, busca ayuda. Sin embargo la respuesta que encuentra se
encamina en la línea de normalizar lo que siente “(…) Ahí en Av. la Paz, había un
psicólogo que atendía ahí en el hospital San José, y ahí fui a hablar con el médico,
con el doctor po, y hable con él po, conversé con él y el doctor me dijo que era…
cuanto se llama, que tenía que seguir estudiando no más po” (E1 H30). Situación
que para don H. resulta insuficiente, manifestando una opinión al respecto “… con
un psiquiatra, no. A lo mejor hubiera conversado con un psiquiatra habría estado
bien” (E1 H33).
No obstante su evaluación desfavorable en este primer intento de búsqueda
de tratamiento, luego de un tiempo, las aproximaciones para conseguir ayuda
profesional continuaron, motivadas ahora por la preocupación que don H.
generaba en su entorno más cercano “Sí porque un primo mío me dio un
tratamiento de un médico mentalista, un médico mentalista y todos estaban
preocupados de mí, taba toda mi familia estaba preocupada de mí, taban todos
pendientes conmigo” (E1 H43). A diferencia de la primera vez, en esta oportunidad
es su familia extensa la que se hace cargo de realizar la consulta “me sacaron y
me llevaron al médico mentalista no más y ahí seguí yendo al médico, mi primo
me pagaba, pagaba la consulta, todo, y me llevaban al médico po, pero igual decaí
como le conté po, con el médico mentalista” (E3 H13). Sin embargo, los resultados
que tuvo de este tratamiento, tampoco le dejan conforme, dado que su estabilidad
no es definitiva. Y la búsqueda de tratamiento protagonizada por su familia, ahora
nuclear, continúa, acudiendo esta vez al servicio público de salud “Mi mamita me
llevó al psiquiatra (…) La primera vez que me llevó… la primera vez que me llevó
fue al psiquiatra cuando ya había luchado ya con esta persona (...) Ahí quedé en
tratamiento (…) Estuve en tratamiento cuando me llevó mi mamita ahí al Hospital
Salvador me llevó mi mamita, ahí me llevó y empecé a ir a control por el Hospital
Salvador, me atendió un medico bien bueno” (E1 H86, H87, H90)
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En la medida que el tiempo avanza, don H. ha encontrado estabilidad en
sus tratamientos, por esta razón, la forma de buscar ayuda profesional ha
cambiado, de una u otra manera, se ha vuelto más informada, en el caso de él y
en el de su familia. Sus síntomas son apreciados de otra forma, las explicaciones
de la aparición de éstos ha variado “La otra vez me dio una crisis fuerte porque me
faltaron los remedios (…) No, me faltaban remedios, por eso que me vino una
crisis grande y me inyectaron en el hospital (…) No la crisis que me vino a la
mente” (E1 H99, H100, H101). Lo que no varía para don H es la importancia de la
presencia y apoyo de la madre en este proceso “A dar cuenta, sentirme mal, mi
mamita me acompañó al psiquiátrico con la doctora A y me atendieron de urgencia
(...) yo quise ir (...) Y mi mamita me llevó al hospital, al psiquiátrico” (E1 H102,
H103, H104).
Sus búsquedas de ayuda no son en solitario y tampoco ya desorientadas, lo
que genera que las intervenciones realizadas por los profesionales que le atienden
puedan ayudarlo de mejor forma, desde su perspectiva “y del psiquiátrico me
derivaron al servicio de urgencia porque estaba atendiendo ahí la doctora A así
que me atendió ella y me puso una inyección para calmarme y me hizo bien” (E4
H104).
Modalidades de tratamiento
Como ya se ha podido apreciar, desde que se inició la historia de sus
tratamientos, don H. ha vivido diferentes experiencias, desde consultas en el
sistema público, que no derivaron en tratamiento “Ahí en Av. la Paz, había un
psicólogo que atendía ahí en el hospital San José, y ahí fui a hablar con el médico,
con el doctor po, y hable con él po, conversé con él y el doctor me dijo que era…
cuanto se llama, que tenía que seguir estudiando no más po (...) No, fui a sacar
hora para atenderme con el psicólogo, así que el doctor me vió y me dijo que tenía
que sacarme esto no más de la mente, no me dio remedio ni nada” (E1 H30, H31)
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Pasando por tratamientos en el sistema particular de salud, consultando en
especialidades poco comunes “…un primo mío me dio un tratamiento de un
médico mentalista, un médico mentalista y todos estaban preocupados de mí, taba
toda mi familia estaba preocupada de mí, taban todos pendientes conmigo (...) Me
dio unas gotitas así, y empezaba a conversar conmigo igual que como
conversaras tú conmigo así, conversábamos, me iba observando, si es que iba
hablando yo po” (E1 H43, H46).
Luego del camino descrito, inicia su recorrido en el sistema público de
salud, en un tratamiento en el hospital Salvador, periodo que, como se podrá
apreciar más adelante, resulta profundamente significativo para él “Tenía que ir,
claro. Dos días a la semana parece que tenía que ir y me hacían terapia, todas las
cosas (...) Habían unas psicólogas que eran… me hacían terapia, tocar la quena,
cantar con maracas así, con instrumentos, con hartos instrumentos (...) Sí, me
gustaba, si lo único malo que me venía la enfermeda no más ¿cachai? (…)” (E3
H108, H109, H110).
Un lugar relevante en las modalidades de tratamiento que ha tenido don H.
es el que ocupan los medicamentos que le han indicado. En este sentido, es clara
la polaridad que establece entre uno que identifica como favorable : “Sí, me dieron
remedios, me daban Tonaril, pero con el Tonaril tuve bien po, tenía una salud
bonita, linda la salud que tenía con el Tonaril (…) Me los tomaba todos los días, a
la hora determinada y tenía una salud bonita, incluso cuando trabajaba en el diario
La Hora, cuando existía cuando se vendía, estuve trabajando en ese diario y me
ponía en una esquina de Eleodoro Yáñez con Providencia, ahí me ponía a vender
el diario y después me iba a comprar una bebida al frente y me sentaba en el
pasto y me ponía estirado pa atrás si po, y de repente había un joven que estaba
ahí, estaba enfermito, era síndrome de Down, y le dice a la mamá: “mamá, mamá,
quiero estar igual que él, quiero estar igual que él ” por mi salud po ¿cachai? Yo
tenía una salud bonita con el Tonaril si el doctor me dijo tómate los remedios no
más” (E1, H93, H94).
86
Don H. describe con mucho agrado el efecto del Tonaril y lo ubica en un
lugar central de su proceso, por sobre los otros fármacos “No, no me acuerdo que
otro remedio tomaba (...) había otros remedios, pero el Tonaril fue el que me
mejoró, me hizo bien po, linda la salud que tenía” (E1 H 95, H96).
Por otra parte, recuerda una indicación que no comprende y le desagrada
“…Me ponía el Modecate (...) Sí, y ese me hacía mal (...) Sí, ya después me
quitaron el Modecate y quedé con el puro Tonaril no más, porque al doctor lo ví en
la Alameda, en Eleodoro Yáñez con Providencia, ahí vi al doctor, y me dijo, tómate
los remedios, me dijo así, que me tomara el Tonaril, y le hice caso en todas las
cosas, y me sentí bien po” (E2, H15, H16, H18).
Otro lugar importante es el actual esquema farmacológico, que conoce y
maneja de forma precisa “Es un tratamiento con la Clozapina, me hacen
hemograma y después me hacen Clozapina, osea me dan la Clozapina, me dan
Ácido Valproico, Propanadol, Clonazepam y Ranitidina”. (E4, H28).
Según su relato, dicho tratamiento (farmacológico) en el Instituto
Psiquiátrico, se combinaría con intervenciones en el centro comunitario de salud
mental de su comuna al que asiste de lunes a viernes de forma regular y cuyas
actividades especifica “Acá, el día lunes hacemos asamblea, colocamos todo lo
que vamos hacer en la semana. El día martes, almuerzo, entre todos cocinamos,
pagamos quinientos pesos y hacemos un almuerzo pa todos nosotros, pa los que
vienen. El día miércoles hacemos taller con la señorita M, y hacemos taller,
hacemos figuras artesanales, botellas artesanales. El día jueves hacemos pan
amasado, como hoy día hacemos pan amasado, después vendemos en la feria de
las pulgas allá afuera. El día viernes hacemos mosaicos (E4 H18). Si bien señala
que estas actividades son de su agrado, esto no queda tan claro en la forma en
que lo relata, ni en las razones que da de ello, “Me gustan todas, porque el día
lunes la asamblea conversamos, preparamos los días. El día martes acá
87
almorzamos. El día miércoles hacemos el taller con la señorita M. El día jueves
hacemos pan amasado y el día viernes hacemos mosaicos” (E4 H19), ya que sólo
se limita a describir la rutina de actividades realizadas, sin mayor compromiso
afectivo, ni el establecimiento de un juicio acerca de ello.
Como ya se ha expuesto, don H. ha experimentado tratamientos
ambulatorios y también ha vivido internaciones en el instituto psiquiátrico “ Y
cuanto se llama, fui al hospital y me derivaron al psiquiatra y el psiquiatra me
pasaron pa adentro, me dijeron que iba a estar un día en el hospital (...) Sí iba con
mis dos hermanas, con la mayor y con la que sigue de la mayor, iba con mis
hermanas y cuanto se llama, mi hermana así me decían en la micro que no
pensara tanto, y yo estaba bien po, no era pa que me hospitalizaran y me pasaron
pa adentro y me dijeron que iba a estar un día en el hospital no más po. (E2 H42,
H43). En su relato es posible apreciar cómo recuerda el ingreso a la institución “a
urgencia, y me dijeron que si escuchaba voces grandes y yo le dije que sí po, que
escuchaba voces grandes (...) Grandes, unas voces grandes así, y me dijeron
que…ya, que me iban a pasar pa adentro, iba a estar un día y que me iban a
sacarme (SIC) po” (E2 H45, H46)
De una u otra manera, don H. expresa su posición de vulnerabilidad, explica
las razones que lo llevaron a posicionarse pasivamente ante las decisiones que se
tomaban acerca de su tratamiento “Sí po, yo iba angustiado, no sabía lo que
estaban diciendo y lo único que quería era salir de esa cosa no más po (…) Del
hospital, o sea bueno y como iba angustiado ya aceptaba todo ¿cachai?, así que
me pasaron pa adentro, y me pusieron en la camilla y me amarraron el brazo con
un elástico así y un enfermo en el hospital me puso la inyección” (E2 H47, H48)
Una intervención que don H. recuerda de manera espontánea en uno de
sus periodos de hospitalización, tiene que ver con la contención física recibida en
momentos de probable agitación “y vienen dos paramédico, dos auxiliares con una
camisa de fuerza
y me la pusieron po y me amarraron así y me llevaron
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acostarme (...) No sé, no me hacía nada, me sentía bien pa mí, me sentía bien pa
mí. ¿Cachai? (…) Claro como que me relajaba así, me sentía bien, me aliviaba po
después cuando quería levantarme yo sólo me desataba la camisa (ríe) (...)
Empezaba con las manos así, empezaba con los dedos a sacarle el cordón, y me
la sacaba y me iba al baño, me paraba al baño, y me veían y no me decían nada
si en todo caso cuando me sacaba la camisa” (E2 H62, H63, H64). Cabe destacar
que don H. recuerda esta intervención de manera favorable, ubicándola dentro de
aquellas que le fueron de ayuda.
Manejo del Tratamiento
Si bien, la información acerca de quién administra los fármacos o si acude
solo a sus controles o no, podría resultar un dato a la causa, aquí resulta
fundamental. Primero, porque le otorga un lugar a don H.: El lugar de agente o
sólo paciente de su tratamiento. Segundo, porque además muestra el nivel de
compromiso de éste con lo que le es indicado, dado que cada vez que cumple con
la prescripción lo hace en base a lo que él decide, con los grados de libertad que
se le quiera otorgar, pero finalmente es él quien sin total supervisión se preocupa
de ordenar e ingerir los fármacos; es él quien toma locomoción hacia el lugar de
sus controles.
En general, ha sido don H. quien ha asumido la responsabilidad de sus
tratamientos, tanto de acudir a sus controles como de manejar la ingesta de sus
fármacos “Me daban el Tonaril, el Meredil, el Diazepam parece que me daban, no
me acuerdo de todos los remedios pero me daban varios remedios (…) Sí yo los
manejaba, yo me los tomaba, yo mismo me preparaba los remedios y me los
tomaba. Como ahora po, yo ahora me preparo los remedios, me los tomo en la
mañana, en la noche” (E3 H117, H118).
Recuerda una oportunidad, que al parecer marca un hito. Esto porque
manifiesta cierta complicación al iniciar el relato, no lo expone tan rápidamente
89
como otros hechos, realiza cierta introducción que genera la sensación en quien
escucha que se referirá a un hecho que tiene una connotación relevante. Da
cuenta que en esta ocasión hace un uso de los medicamentos de una manera en
la que, si bien se alejaba de la prescripción médica, según lo que es posible
extraer de sus dichos, tenía igualmente la intención de aliviar su padecer “Me
venían los pensamientos muy fuerte y me venían colores muy blancos así,
¿cachai? Era como angustia la que me venía y cuanto se llama me llegué y, llegué
a la casa, llegué angustiado así, con ira, y mi mamita estaba lavando adelante, en
una fuente, con una artesa, una tina. Y yo le dije hola mamita y me metía pa la
pieza y pesqué todos los remedios, el Meleril, me daban Meleril antes a mí po, y
pesqué todos los remedios así y me fui a tomármelos (...) y me lo fui a tomármelo
y justo me tome, como seis o siete Meleril po” (E3 H71, H72)
Sin embargo, pese a esta situación, continuó teniendo el manejo de los
fármacos “Me los tomaba todos los días, a la hora determinada y tenía una salud
bonita” (E1 H94). Ni tampoco dificultades en que continuara asistiendo de forma
autónoma a los controles de sus tratamientos “Tenía que ir, claro. Dos días a la
semana parece que tenía que ir y me hacían terapia, todas las cosas (…) Iba
todos los controles solo y a veces me acompañaba mi mamita” (E3 H108, H116).
Destaca el que es frecuentemente nombrada su madre como acompañante
ocasional de estos procesos “…a ese tratamiento iba solo. A veces me
acompañaba mi mamita, pero iba solo casi siempre. Me ponía el Modecate” (E2
H15).
Pero ha habido ocasiones en que ha acudido acompañado, sobre todo,
cuando tiene relación con llevarlo a consultar en períodos de crisis “ iba con mis
dos hermanas, con la mayor y con la que sigue de la mayor, iba con mis hermanas
y cuanto se llama, mi hermana así me decían en la micro que no pensara tanto, y
yo estaba bien po, no era pa que me hospitalizaran y me pasaron pa adentro y me
dijeron que iba a estar un día en el hospital no más po” (E2 H43).
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Otra ocasión en la que evidentemente don H. pierde la posibilidad de
manejar su tratamiento, es en los momentos en que se encuentra hospitalizado “Él
era el que controlaba mis tratamientos y el de los de los otros pacientes (…) había
un médico que nos colocaba todas las inyecciones y andaba siguiendo con un
carro con las inyecciones para ponerme po (…) El Modecate me ponían, ¿qué otra
cuestión me ponían? (…) Sí, parece que ponían más (...) Eran inyectados y una
pastilla que me dio este médico que le digo que era malo, ése me dio una pastilla
porque le dije si me podía darme una pastilla pal temblor porque tenía un temblor
en esta mano y le dije si podía darme una pastilla pal temblor y me la pasó po” (E3
H58, H59, H60, H61, H62). En la última frase de esta intervención es posible
apreciar que para él, la administración de sus medicamentos no estaba siendo
efectiva o al menos suficiente para aliviar los síntomas que le aquejaban, por lo
que se ubica en una posición más activa al respecto, solicitando él tratamientos
para ello.
Por otra parte, queda de manifiesto en las palabras de don H. que al no
tener la responsabilidad de manejar su propio esquema farmacológico, tampoco
reconoce en qué consiste éste “No, no sabía cómo se llamaba, a lo mejor era el
Tonaril. Y después me empezó a darme en esta pierna el temblor, en la pierna
izquierda y le fui a decirle de nuevo si me podía darme otra pastilla y me dijo no,
no (…) No me quiso dar más pastillas” (E3 H63, H64).
En sus dichos además, cuando habla de su tratamiento actual, se refleja un
manejo y una comprensión de lo que hace y por qué lo hace, para qué, que da la
impresión, se la da el ubicarse como protagonista de esta vivencia, como ser
activo en ella “Estoy tomando la Clozapina en la noche, Ácido Valproico, el
Clonazepam, la Ranitidina y Propapanadol, y otros remedios que me tomo (...) Me
los dan en el hospital psiquiátrico (…) Es un tratamiento con la Clozapina, me
hacen hemograma y después me hacen Clozapina, osea me dan la Clozapina, me
dan Ácido Valproico, Propanadol, Clonazepm y Ranitidina” (E3 H119, E4, H28) El
manejo autónomo de sus tratamientos, hace, al parecer que éstos tengan un
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contexto que le otorga pertenencia. Su relato da cuenta que su percepción es que
no se realiza un procedimiento más con un paciente esquizofrénico, sino que
siente que tiene un lugar, él es él en ese lugar “Voy al psiquiatra, a la oficina
veinticinco (…) me conocen todos ya (...) las secretarias que están ahí me
conocen, la Dra. A también me agrada, el doctor, el enfermero también me agrada
(...) ahora hay otro joven enfermero, antes era otra enfermera, ahora lo cambiaron
porque es un joven ahora y él me atiende a mí po cuando me atiende la doctora A,
me atiende él (...) Dos veces al mes (...) Porque tengo que hacerme el
hemograma, tengo que hacerme el control, tengo que ir a control, tengo que ir
hacerme el hemograma un día antes y al otro día tengo que ir al control (...) Me
dan las fechas, las citaciones y los hemogramas los manejo yo. Tengo que pasar
a la farmacia a buscar los remedios (…) solo. A principios me acompañaba mi
mamita todos los meses ya después había que hacer una tarea muy larga pa que
viniera mi mamita y empecé a venir yo solo (...) Bien, si po” (E4 H28, H29, H30,
H31, H32, H33, H34, H35, H37, H38).
Es así, como don H. después de un trayecto y con las características
actuales que enmarcan su tratamiento, lo evalúa favorablemente, lo considera
efectivo. Cuando se refiere al tiempo dedicado a sus tratamientos en la actualidad
señala que lo hace “Todos los días, de lunes a domingo (...) Es bueno porque
preparo los remedios en una cosita así chiquitita, en una cajita larguita. Los
preparo desde la mañana, los de la noche. Los de la mañana y los de la noche, y
en la mañana me tomo un Ácido Valproico, un Propanadol y un Clonazepam, pero
la mitadita de cada uno y en la noche me tomo todos los remedios juntos. La
Ranitidina, Ácido Valproico, Propanadol y Clonazepam, en la noche me tomo
todos esos remedios juntos, y me hacen bien” (E4 H53, H54).
Conocimiento acerca de la enfermedad y los tratamientos
Don H., ha recibido información respecto de sus síntomas, le han dado un
diagnóstico, y si bien maneja dicho concepto, tiene una opinión respecto de lo que
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le dicen que padece “Según lo que dijeron los médicos era esquizofrenia, pero no
sé po, yo creo que no porque, cuanto se llama, los esquizofrénicos no se acuerdan
de nada po, o escucha voces y yo no escucho voces” (E1 H89). Se observa como
realiza una definición propia del diagnóstico que le dan y en el mismo momento de
dar esa descripción, él se excluye, se diferencia de esa nosología.
Es importante señalar que existen procedimientos y efectos de las
diferentes modalidades del tratamiento que realiza don H, que conoce y
comprende. Esto producto, fundamentalmente de que, como ya se planteó, es él
quien maneja su tratamiento “El Tonaril me dijeron que era pa los temblores” (E2,
H36). Cabe destacar, que a partir de su relato se puede inferir que posee un
mayor conocimiento de los procedimientos que realiza en la actualidad, de los
tratamientos que actualmente recibe “Voy al psiquiatra, a la oficina veinticinco (...)
me conocen todos ya (...) Sí po, las secretarias que están ahí me conocen, la Dra.
A también me agrada, el doctor, el enfermero también me agrada (...) Sí, no, ahora
hay otro joven enfermero, antes era otra enfermera, ahora lo cambiaron porque es
un joven ahora y él me atiende a mí po cuando me atiende la doctora A, me
atiende él (...) Dos veces al mes (...) Porque tengo que hacerme el hemograma,
tengo que hacerme el control, tengo que ir a control, tengo que ir hacerme el
hemograma un día antes y al otro día tengo que ir al control (...) Me dan las
fechas, las citaciones y los hemogramas los manejo yo. Tengo que pasar a la
farmacia a buscar los remedios”. (E4 H29, H30, H31, H32, H33, H34, H35). Con
su relato, don H., muestra que sabe lo que debe hacer y dónde debe ir y además
muestra sentido de pertenencia, en tanto es una persona reconocida en la
institución donde acude. Para don H., él conoce, pero también le conocen. Esto le
otorga un lugar.
Por otra parte, él también ha adquirido la posibilidad de comprender, de
saber para qué los procedimientos le son realizados, lo que probablemente
contribuya para generar en él un refuerzo de la sensación de pertenencia antes
señalada “… para tomarme la Clozapina me tengo que hacer el hemograma pa
93
ver cómo va el nivel de efecto que hace la Clozapina, pa saber si ta bien o no, y
todos los meses me lo hacen. Y eso es lo que te digo yo que no me gusta, o sea el
pincharme po (…) tengo que hacerlo, si no, no me haría el examen” (E4 H87,
H88).
Otro conocimiento adquirido respecto de lo que debe hacer entorno a la
enfermedad y sus tratamientos tiene que ver con saber cómo actuar ante una
desestabilización y reaparición de los síntomas y cómo prevenir que esto suceda
“tendría que dejar los remedios no más pa que no me dieran crisis (...) me han
venido crisis. La otra vez me dio una crisis fuerte porque me faltaron los remedios”
(E4 H98, H99) Don H. ya ha pasado por ello y esa fue una forma de saber aquello
que le corresponde o puede hacer en caso de sentir que los síntomas, al menos
los egodistónicos, están reapareciendo “… tengo que ir al hospital (…) cuando
tengo ira. O cuando falta mucho en un día sin tomarme los remedios y ahí
empiezo como a sentirme mal, decaído, agotado, tímido con ira” (E4 H107, 108)
Esto último, influido de forma transversal por dos elementos: la presencia
de su madre “Trato de conversar con alguien pero… le digo a mi mamita, “sabe
que me siento más o menos decaído”” (E4 H109, H110) Y por supuesto lo que
para él, como se verá más adelante, se posiciona en un lugar central respecto de
las atribuciones de las causas de las cosas “pero no me ha pasado nada así
gracias a Dios” (E4, H110)
Así como en la narración que realiza don H. existen aspectos de su
tratamiento, especialmente actual, que conoce y comprende, esto no siempre ha
sido de igual forma. Hay aspectos del tratamiento y uso de ciertos medicamentos
que él no comprende “… nunca le encontré solución al Modecate, era puro
perjudicarme no más (…) ni supe tampoco por qué me ponían Modecate (…)
Nunca he sabido” (E2 H32, H33, H34). Un aspecto relevante de esto tiene relación
con que pese a no tener una respuesta, una razón oficial, don H. se construye al
94
menos una asociación al respecto. Al desconocer la razón del uso de Modecate,
don H., lo atribuye a un perjuicio.
Durante los primeros episodios, don H., estuvo hospitalizado, según su
relato, durante tres días, de los que no logra dar cuenta qué pasó “Esos tres días,
nada (...) Na po, no sé por qué po, solamente que me sacaron y me llevaron al
médico mentalista no más” (E3 H13). Y es en este desconocimiento, cuando don
H. no sabe, que se posiciona de manera pasiva ante la búsqueda de soluciones
“Me dijeron que…el doctor O me dijo que me iba hacer el tratamiento de la mano
(...) No sé me dijo que me iba hacer un tratamiento de la mano y después no me lo
hizo porque como no pertenecía a la comuna de Providencia, no me hicieron el
tratamiento, me mandaron al psiquiátrico (…) No sé po, el doctor me dijo a mí que
me iba hacer un tratamiento de la mano pero no sé por qué po” (E4 H9, H10, H11)
Es posible rescatar del relato que a mayor conocimiento, mayor
empoderamiento, sentido y compromiso con la intervención. Lo que puede
rescatarse no sólo de lo que él señala, sino también de la forma de decirlo,
percibida por la entrevistadora.
Descripción de la sensación de alivio
Don H., no sólo ha buscado ayuda en el sector público de salud, también ha
tenido consultas breves en el sistema privado. Él recuerda este momento de su
historia de tratamiento de forma grata “(…) en el ochenta y nueve mi primo me
llevó a un médico mentalista y el médico me mejoró po (...) Particular, sí,
particular. Y me llevaron para allá y ahí el médico me mejoró po. O sea se me dio
la salud, me entiende, se me dio la salud, y cuanto se llama (…) Me mejoré po, ya
no tenía esa niebla aquí en la sien po, aquí en este lado, ya no tenía esa niebla”
(E1 H45, H48, H49). En sus palabras se recoge parte de lo que él define como
mejoría “¿Cuánto habrá durado?...haber, unos tres meses más o menos. Tres
meses habrá durado más o menos y me sentía bien, jugaba a la pelota, era
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atractivo, simpático, todas las cosas” (E1 H50). Al parecer, para él poder hacer lo
que quiere, pero también las características personales asociadas a la buena
relación con los otros –atractivo, simpático- es lo que asocia al concepto de salud.
En base a lo expuesto por don H., se aprecia que éste liga el alivio también
a efectos de ciertas sustancias. De alguna manera, como hemos visto, así como
asocia al uso de alcohol y de Modecate algunos síntomas egodistónicos, así
asocia la sensación de alivio y generación de estado de salud a otro fármaco “Sí,
me dieron remedios, me daban Tonaril, pero con el Tonaril tuve bien po, tenía una
salud bonita, linda la salud que tenía con el Tonaril (...) Me los tomaba todos los
días, a la hora determinada y tenía una salud bonita, incluso cuando trabajaba en
el diario la hora, cuando existía cuando se vendía, estuve trabajando en ese diario
y me ponía en una esquina de Eleodoro Yáñez con Providencia, ahí me ponía a
vender el diario y después me iba a comprar una bebida al frente y me sentaba en
el pasto y me ponía estirado pa atrás si po, y de repente había un joven que
estaba ahí, estaba enfermito, era síndrome de Down, y le dice a la mamá: “mamá,
mamá, quiero estar igual que él, quiero estar igual que él” por mi salud po
¿cachai? Yo tenía una salud bonita con el Tonaril si el doctor me dijo tómate los
remedios no más” (E1 H93, H94). Incluso, se pueden vislumbrar niveles de
fascinación con los efectos del medicamento “Sí, había otros remedios, pero el
Tonaril fue el que me mejoró, me hizo bien po, linda la salud que tenía (...) Sí, ahí
estaba con el Tonaril, pero con el Tonaril me mejoré yo, estaba bien (...) Sí ahí
continuaba con el Tonaril. El Tonaril me hizo muy bien el Tonaril” (E1 H3, H4)
Existe en su relato, la referencia a un elemento que sorpresivamente para
quien escuchaba, estaba calificado como agente de alivio, éste es la camisa de
fuerza, de la que señala “Claro como que me relajaba así, me sentía bien, me
aliviaba po después cuando quería levantarme yo sólo me desataba la camisa
(ríe)” (E2 H63)
Rutinas
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Por la forma en que don H., narra las experiencias que ha tenido y tiene de
tratamiento, es posible observar que éstos se van transformando en procesos
rutinarios que de alguna manera contribuyen en generar una organización en sus
días.
Algunas de éstas experiencias son relatadas con cierto nivel de tedio e
incluso molestia, como las relacionadas con su estadía en el hospital: “Nada,
almorzaba, tomaba desayuno, me levantaba temprano, me bañaba con agua
helada y en el hospital me hacían bañarme con agua helada en la noche, todas las
noches, y en la mañana también. En la mañana estaba bien que nos bañáramos
con agua helada pero en la noche no nos ponía calefón y a para agua helada nos
bañábamos todos y helá (SIC) po, dolía la cabeza (…)” (E2 H35). Ubicando como
un hecho destacado la participación de sus vínculos significativos “Salíamos al
patio, afuera. Hacíamos aseo, salíamos afuera cuando nos tocaba visita y
conversaba con mi papito, mi mama, con mi hermana, con toda mi familia” (E3
H38). Aquí es posible apreciar cómo don H., enjuicia una situación que forma
parte de la rutina llevada a cabo en su residencia en el hospital, se observa que
aunque no necesariamente tiene algún grado de incidencia, él tiene algo que decir
respecto de lo vivido allí, y esto corresponde además a una mirada crítica al
respecto.
Don H. no sólo ha generado rutinas en tanto se encontraba internado en el
Hospital. En la vida actual de éste están presentes de manera clara, tanto en los
tratamientos ambulatorios que recibe “…el día lunes hacemos asamblea,
colocamos todo lo que vamos hacer en la semana. El día martes almuerzo, entre
todos cocinamos, pagamos quinientos pesos y hacemos un almuerzo pa todos
nosotros, pa los que vienen. El día miércoles hacemos taller con la señorita M, y
hacemos taller, hacemos figuras artesanales, botellas artesanales. El día jueves
hacemos pan amasado, como hoy día hacemos pan amasado, después
vendemos en la feria de las pulgas allá afuera. El día viernes hacemos mosaicos
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(...) Me gustan todas, porque el día lunes la asamblea conversamos, preparamos
los días. El día martes acá almorzamos. El día miércoles hacemos el taller con la
señorita M. El día jueves hacemos pan amasado y el día viernes hacemos
mosaicos” (E3 H18, H19). Donde no queda tan claro el grado de motivación ni
interés. Lo que es evidente, es que la generación de rutinas, genera cierto nivel de
certeza. Él sabe de qué se tratará la actividad, dependiendo del día que sea.
También se encuentran dentro de sus rutinas, las actividades que realiza
cuando no se encuentra en el escenario correspondiente a los lugares de
tratamiento. Este es el caso de las actividades que realiza cuando no asiste al
COSAM ni al Instituto Psiquiátrico “Ah, estoy en la casa, hago mi pieza, mi cama,
lavo la loza (...) Sí po, hago mi cama, barro y trapeo mi pieza, la limpio la sacudo,
hago hartas actividades en mi casa” (E3 H25)
Vínculos
Según los dichos de don H. las personas que resultan más importantes
para él, son sin lugar a dudas aquellas que forman parte de su familia. No tarda un
instante, no necesita pensar para nombrarles “Mi mamita y mis hermanas, mis
sobrinas, mis tías, mis primos, mi cuñado” (E4 H65). Probablemente, porque son,
de lo que se puede extraer de su relato, muy cercanos. Incluso en algunos
momentos han participado de la búsqueda de tratamiento “Sí porque un primo mío
me dio un tratamiento de un médico mentalista, un médico mentalista y todos
estaban preocupados de mí, taba toda mi familia estaba preocupada de mí, taban
todos pendientes conmigo” (E1 H43). Sobre todo cuando éste ha requerido ir de
manera urgente a consultar y han intentado contener su angustia “…iba con mis
dos hermanas, con la mayor y con la que sigue de la mayor, iba con mis hermanas
y cuanto se llama, mi hermana así me decían en la micro que no pensara tanto
(…)” (E2 H43).
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Aunque no representa un aspecto negativo para él, pues sus dichos son
expresados de manera neutral, se puede deducir que el padre de don H. es el
miembro de su familia que ocupa un lugar menos cercano por no vivir con él,
aunque no se quiere decir con esto que sea menos importante “Mi papito se había
ido de la casa, mi papito se había ido con una tía mía, con una tía mía se había
ido mi papito. Vivía con mi hermana, con mi mamita, mi tía, mi primo, y mi…con
ellos po” (E1 H67). Como es posible apreciar, resulta particularmente amorosa la
forma que tiene de referirse a él, situación que no es posible de explicar en base a
los antecedentes manejados en la entrevista.
Su madre por otra parte, ocupa un lugar protagónico para él, tanto porque
aparece permanentemente en su relato ya sea intentando contener sus
desestabilizaciones “Después mi mamita me llevó pa la casa y me fue a dejarme a
la casa, me acosté y me quedé toda la noche despierto (...) No sé, yo creo que
cometió un error mi mamita porque me habría quedado ahí con él, a lo mejor
habríamos conversado” (E1 H74, H75) como acompañándolo ocasionalmente a
sus tratamientos “No, a ese tratamiento iba solo. A veces me acompañaba mi
mamita, pero iba solo casi siempre. Me ponía el Modecate” (E2 H15)
Don H. nos hace partícipes de un relato en el que hace explícito lo que
significa su madre en su vida, cómo ha participado en sus procesos de tratamiento
“Gracias a ella yo he salido adelante (…) Es que al principio yo cuando no me
atendía en el Salvador, me cambiaron, me estaba acompañando ella, ella me
acompañó po y nos tocó a los dos que nos tocaba con el doctor O, y el doctor O
nos preguntó de qué parte éramos nosotros po y mi mamita le dijo que éramos de
C., y el doctor O le dijo: “no, no puede atenderse acá”, y mi mamita le dijo: “por
qué” no porque a ustedes le toca atenderse ahí en el psiquiátrico y lo derivó al
psiquiátrico y mi mamita me acompañó y conversó con la doctora A, conversó con
hartos doctores y le dijeron lo mismo que me decían en el Salvador, preguntaron
varios médicos así y me acompañó mi mamita, y ella me estaba acompañando en
todos los momentos y me preguntaron varias cosas: ¿qué me había pasado?
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¿Cómo había sido la enfermedad? ¿qué cosas había hecho? Y mi mamita le iba
diciendo más o menos que mi mamita dejara que yo conversara y no opinaba na,
yo no más conversaba (...) Con los doctores, la doctora A, otros doctores más y
ahí mi mamita empezó acompañarme, ya te vamos hacerte (SIC) aquí, el examen
de hemograma, la clozapina, tenemos que pincharte todos los meses pal
hemograma, pa saber cómo está tu nivel de la sangre y mi mamita me acompañó
po, y de ahí me empezó acompañar todos los meses. Hasta que llegué y me
empezó acompañar ella a donde la doctora A. pa todas, me acompañaba, me
levantaba temprano yo, ella me levantaba, me despertaba, ella fue como el pilar
mío, fue como la ayuda de mamita que uno tiene” (E4 H114).
En el extracto previamente expuesto, es posible visualizar el impacto que
tuvo para él el tener que cambiar de hospital para realizar su tratamiento. Y cómo
su madre, tuvo para él un lugar de sostén en este proceso.
Es posible darse cuenta del valor que él le otorga al acompañamiento de su
madre durante este tiempo. Por otra parte, también esta relación con la madre se
encuentra mezclada con temas religiosos “Así como Jesús quiso a su mamita, yo
también quiero a mi mamita cachai, también la quiero (…) ella no más (...) Ella no
más es la que me dio todo” (E4 H115, H116, H117)
Más allá de su familia, otros agentes importantes en su historia de
tratamiento han sido los profesionales con los que se ha encontrado. Él conserva
el recuerdo de algunos de los que ya no son sus tratantes. Hay algunos que
ocupan un lugar relevante, recordándolos con cierto agrado “En el hospital, yo
creo que el que más me gusto a mí, la persona que más me gustó fue el P, el
enfermero, el que me tomó del cuello así (...) Era chiquitito así, o sea una persona
joven, u ¿qué edad tendría en ese tiempo? Que después lo mataron según lo que
me contaron” (E2 H63, H64). Es interesante que para él, el haber sentido que le
ayudó es tremendamente significativo “Porque me ayudó po, conversaba conmigo,
me ponía inyecciones, sabía colocarlas (…) Porque no me dañaba las venas” (E2
100
H69). Es importante cómo el realizar bien los procedimientos resulta determinante
en que lo evalúe de buena forma, pero también, que conversar con él, es una
variable que don H, también considera para estos efectos.
Existe un médico que también es recordado por don H. de muy buena
forma, lo valora y eso queda reflejado en su narración “Había un doctor bien
bueno con el que me empecé a tratar de primera. Pero después me cambiaron,
me empezó a tratar el doctor O, no, una doctora, después el doctor O (...) Que
eran buena onda, me querían harto, me quería mejorarme (...)
Sí po, era
significativo el trato porque ellos me querían mejorarme, conversaban harto
conmigo, a veces me ponían adelante con hartas alumnas, el doctor O me ponía
delante con hartas alumnas y conversaba conmigo, me preguntaban cosas,
momentos que había pasado (...) Bien po, era bonito porque una: Agarraba
personalidad para conversar y otra que trataban de ayudarme a mejorarme, y el
doctor O me escuchaba no más po. Así que la mamita Virgen, por eso le digo que
la mamita Virgen me premió” (E4 H78, H79, H80, H81) Es así posible concluir,
bajo los elementos entregados en el relato –interés por su mejoría, hablar y el
interés por él- que para don H. resulta muy valorable tener atención de quienes lo
tratan, el sentir que es visualizado y se interesan por él. “Sí no, con…ahí me
derivaron al hospital Salvador, a pesar de que antes ya iba, pero seguí yendo al
hospital Salvador, ahí me atendió el doctor O. y gracias a Dios que él me sacó
adelante po (...) Sí me gustaba, me tenía buena el doctor O. Después ya dejamos
(…) Porque me quería, me atendía de los primeros, me daba… almorzaba
conmigo, me decía que quería que trabajara en un trabajito así, así que era bueno
el doctor O” (E3 H104, H114, H115). Probablemente, se pueda plantear con esto
que don H. se sentía vinculado al doctor O. y es una situación que según lo que
aparece en su relato y pese a que no existe contacto en la actualidad, igualmente
se mantiene “El doctor O no más echo de menos (...) El del Salvador, sí (...) Es
que era bueno, conversaba conmigo, me recomendó el Tonaril y me mejoré con el
Tonaril y me hizo bien po, me quería harto el doctor O” (E4 H46, H47, H48). Don
H., destaca nuevamente dos aspectos que le hacen evaluar favorablemente al
101
doctor O. esto es, el que conversaba con él y que le recetó un fármaco que le
alivió.
Si bien don H. recuerda a los profesionales mencionados previamente de
manera agradable, agradecida y por qué no decirlo, cariñosamente, existe también
un recuerdo que nos relata y que da cuenta del estilo de un profesional, que él
reprueba “Un médico, sí era malo el médico que había adentro (…) Porque a
todos los enfermos los trataban mal po (...) Hablaba muy golpeado, y hacía daño
también po (...) Eh, como decirte que una persona quería algo y él decía no,
ándate de aquí, ándate de la sala le decía, echaba de ahí de la oficina (...) En una
oficina, sí, la misma oficina que esta el P. estaba él po y cuando ya entraba un
paciente él lo echaba de la oficina, era malo, malo, malo” (E3 H53, H54, H55, H56,
H57). El calificativo de “malo” que utiliza don H. para referirse a este médico,
guarda estrecha relación con lo que él refiere es ignorar y ser despectivo con sus
pacientes, tiene relación directa con cómo éste médico trata, de trato y no de
tratamiento a los pacientes que tiene a cargo.
Pese a no ser un tema que se repita en su narración, es importante señalar
que en los periodos en los que don H. estuvo hospitalizado, no sólo se vinculó a
los profesionales que le trataban, también recuerda de manera escueta el vínculo
establecido con otro paciente que se transformó en lo que él describe como amigo
“Sí, un amigo mío también, un amigo que andaba conmigo pa todos lados así,
andábamos contentos, también estaba enfermo adentro, pero ya estaba bien ya
(...)” (E2 H73) Se refiere a las peleas que se producían adentro, desenmarcándose
y realzando el hecho que era amistoso “No peleaba era sano. Hacía de amigos así
no más (…) Tenía compañeros que eran buenos (…)” (E3 H32, H33).
Finalmente, es interesante ver cómo don H. recuerda que se vinculó y
vincula con las instituciones en las que ha sido tratado. Si bien de su relato se
infiere que le resultó difícil el cambio desde el Hospital Salvador al Instituto
102
Psiquiátrico, no hace referencia explícita al significado que tiene esta primera
institución para él.
De las instituciones en las que actualmente se trata, destaca cómo se
refiere a la atención ambulatoria que recibe en el hospital psiquiátrico “Voy al
psiquiatra, a la oficina veinticinco (...) me conocen todos ya (…) Sí po, las
secretarias que están ahí me conocen, la Dra. A también me agrada, el doctor, el
enfermero también me agrada (...) Sí, no, ahora hay otro joven enfermero, antes
era otra enfermera, ahora lo cambiaron porque es un joven ahora y él me atiende
a mí po cuando me atiende la doctora A, me atiende él” (E4 H29, H30, H31, H32).
Donde releva que ahí le conocen y los conocimientos que tiene del lugar y las
personas. Habla entusiasmado de sus controles allí.
En el caso de la referencia que hace al COSAM donde es atendido, del que
señala que cuando piensa en éste lo asocia a “Eh, no sé, o sea, que tengo que
venir pa acá no más po (...) Sí, si me gusta. Lo malo es que me quedo dormido en
las mañanas” (E4 H20, H21).
A modo general, si bien reconoce la relevancia que las instituciones tienen
para él, no emite comentario al respecto, probablemente porque le generan una
sensación que podría calificarse como poco grata “Sí po, pero es que yo debería
vivir sin tratamientos, sin remedios” (E4 H66)
Aspectos Religiosos/ Místicos
Los relatos de don H. están transversalmente marcados por términos,
connotaciones,
personajes
y
atribuciones
de
carácter
religioso.
Esto,
específicamente ligado a la cosmovisión cristiano-católica.
Un elemento que resalta casi de manera inmediata la intensidad de sus
creencias religiosas es que atribuye y agradece a Dios innumerables hechos “Sí,
103
retomé el control de nuevo, gracias a Dios que el doctor me dio de nuevo, cuanto
se llama, me dio la bendición de que pudiera seguir con el tratamiento, no me dijo
nada, no podí seguí no, así que altiro me dijo, ya te voy atenderte, me dijo así. Y
no me volvió altiro la salud, o sea, seguía con el tratamiento, seguía con el
tratamiento” (E2 H14). Incluso previniendo situaciones radicales en momentos de
mayor vulnerabilidad de don H. “…quería matarme po (…) Porque estaba cansado
por la enfermedad que tenía, era fuerte la enfermedad que tenía y gracias a Dios
se me pasó si po (…)” (E3 H73, H74)
La virgen María aparece como un referente de calma y contención ante el
malestar provocado por los síntomas y sensaciones que ha padecido “Y ahí ya
después fui acostarme y todo, y eran como las cinco, o no sé bien qué hora era,
pero ya estaba decaído, ya estaba con el daño hecho, porque de repente desperté
así y empezó a… cuanto se llama… a latir esta venita de aquí (señala su frente),
la venita de este lado (…) del sentido, y empecé a latir y me golpeé así, me golpeé
y dije “mamita Virgen qué me pasa”…” (E1, H9 H10). Incluso comprendiendo este
malestar como un hecho sobrenatural y místico “Porque como que en ese
momento no sentí nada, la señal no más que sentí de la mamita Virgen aquí en la
sien mía. La señal no más po, y la señal igual que la lucecita del arbolito de
pascua así, empieza así a latir, y cuanto se llama… se me puso aquí en la sien po,
y disperté (SIC) y me golpeé y dije mamita Virgen qué me pasa así y ahí me
golpeé y seguí durmiendo y después cambié y era otra persona ya po” (E1 H11).
Para don H., la figura católica de la virgen María, se erige como una figura
protectora y cercana, a quién no duda en recurrir “Es que de ahí taba trabajando
así y me fui pal trabajo enfermo y como que empezaba toda la gente así a
escuchar cosas, y de repente así le digo al caballero: sabe que no voy a trabajar
más porque no me siento bien, le dije yo. Me dijo: bueno, me dijo así. Me pagó y
me fui pa la casa (…) Fue un tiempo. Y me fui pa la casa y lo primero que hice fue
encomendarme a la mamita Virgen, a la Virgen de Lourdes, me fui a
encomendarme (...) De mi casa a Lourdes, me fui a encomendar de mi casa a
104
Lourdes, y de ahí cuanto se llama… me fui a Lourdes solito” (E1 H57, H58, H59).
Es la Virgen para él un ser a quien puede pedir favores relevantes, pues ella los
cumple “Ya po, que con mi hermanita, en la casa creo que se pusieron de acuerdo
pa que me sacaran po. Así que gracias a Dios me sacaron, me dio la locura y taba
con mi tía dije así y llegó mi tía y mi prima, y le dije: “mamita Virgen quiero que me
saquen de aquí, Virgencita de Lourdes, quiero que me saquen, que me saquen
mamita Virgen” y mi tía se puso a llorar, todas se pusieron a llorar así y me
sacaron” (E3 H100)
Tan cercana siente la figura de la virgen María, que no sólo se encomienda
a ella, sino que se siente favorecido por ella de manera especial “En la sien, sí y
eché la culpa al otro compañero y una gota que se me cayó, fue como una leche
que se me cayó aquí en este lado y me salí del trabajo y no trabajé más po, y de
ahí me encomendé a la Virgencita de Lourdes que gracias a Dios y la mamita
Virgen ella me premió después, me premió así que (…) Con la cosa que me pasó
con el caballero de al frente, con la persona de al frente y de ahí gracias a Dios
que el Señor me bendijo con hartos tesoros (...) El primero con el… cuando luché
con esta persona ahí yo, el primer tesoro fue que fui a Lourdes y después le día un
besito a Jesús. Primero que todo fui a Lourdes y estaba Jesús en el medio de
Lourdes, en el medio de Lourdes estaba… había una cruz bien bonita, estaba al
principio así po, estaba así y que decía, en la cruz decía: entrégale tus
pensamientos y tu mente a Jesús, a Cristo y ahí la Virgencita de Lourdes estaba al
frente ¿cachai? Y Jesús estaba ahí po, y yo lo quedé mirando, lo quedé mirando
llegue y llegué a la casa y llegué a luchar con la persona de ahí empecé a luchar”
(E3 H14, H15, H17). Siente que los favores que las entidades religiosas le han
otorgado, se relacionan también con protegerlo de quienes estarían en su contra,
castigándolos. Y dentro de esta idea, también se expresa un matiz de predilección
y por lo tanto tener una responsabilidad delegada, viéndose compelido a luchar,
respondiendo a estos privilegios.
105
En algunas ocasiones señala que la razón de tal predilección está vinculada
a su malestar “(…) Son tantos los tesoros que tengo gracias a Dios y la Virgen,
que por eso te digo la mamita Lourdes me premió po, por el daño que me hicieron
po, imagínate cuánto quiero a la mamita Virgen yo po (…) De ahí la mamita
Lourdes me premió po (...) Por lo que le cuento, que me mandó muchos tesoros.
Por eso” (E3 H127, H45, H46).
En la narración de don H. la connotación religiosa se presenta, como ya
hemos visto, en la línea de la protección, pero más frecuentes todavía son los
relatos donde las atribuciones que él hace están teñidas de contenidos
sobrenaturales, “…yo llegué ese día a la casa y fue como que cuando fui a
Lourdes me senté en el pastito y se pusieron unas palomitas aquí adelante así se
pusieron en este lado de aquí y se me hicieron unas señas (...) Como que me
dijeron: “vas a luchar, vay (SIC) a enloquecer”, me nombró a mi sobrinito al P. y a
los treinta que no sé, que a los treinta me iba a pasarme de nuevo, así que llegué
y me dijeron que…o sea ahí llegué donde Lourde (SIC) y me fui pa la casa y
cuando llegue a la casa ya empecé a luchar con esta persona, con el viejo que
vive al frente” (E1 H60, H61). Aquí podemos ver cómo él siente que existe una
comunicación especial con él, donde a partir de lo que él considera una señal, le
serían reveladas ciertas cosas, tales como que se enloquecería y que tendría que
luchar, dejando poco claro en qué consiste esto.
A poco andar en su relato incluye un personaje poco protagónico en la
creencia cristiano-católico, pero fundamental en su relato “Como que a mí me
tomaron, me tomó un discípulo ¿entiende?, un discípulo que aparece en la Biblia y
se llama Teófilo, y es muy, bien buena onda, jovencito así po, y ahí me puse a
luchar, él me ayudó, como que él necesitó a mí po, como que me necesitó y como
que empecé a luchar con él (...) Le hablaba verbalmente, le decía cosas y,
luchaba con él, peleaba con él (...) una vez que estábamos los dos peleando en la
calle, tabamos botaditos en el suelo peleando los dos así (...) A combos, sí. (Ríe).
Y cuanto se llama… llegué y me puse a pelear con él po, y llegue y sacó al tiro las
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carrozas, se cambió al tiro, ya no dio más trabajo, no tenía nada más trabajo ahí
en la calle, después se cambió de casa y esta persona se ahorcó po. Pa que sepai
como es po, como es la Virgen de Lourdes” (E1 H62, H63, H64, H65). Pese a que
él señala haber sido tomado, forzado “De ahí se terminó todo po, ya no sentí más
la voz de él, claro que me forzaba el Teófilo, me forzaba (...)” (E1 H69), describe la
experiencia con cierta fascinación “Sí po, como tres meses más o menos fueron.
Desde que empecé, febrero, marzo, abril. Tres meses más o menos estuvo
leseando, y le sentía la voz, era bonita la voz que tenía, linda la voz, preciosa.
“flaco” me decía, “¡Flaco!”” (E1 H68)
Para don H. las llamadas por él “luchas”, tienen que ver, según su relato,
con situaciones muy locales, como en el caso del vecino, pero también con
eventos de connotación nacional “Luchaba a través del sentido, o sea, por ejemplo
el Colo-Colo, el Colo-Colo yo lo saqué campeón al Colo y de mi cama empecé a
luchar con el Colo. Tengo una… tengo así una medalla bien bonita que me están
reteniendo de la espalda así, me están sosteniendo (…) El Teófilo, ¿entiende? El
Teófilo me dictaba las cosas y yo las hacía po, sufrida si fue la lucha, fue sufrida
porque, por ejemplo el Colo yo, la tele la perdí porque la tele no la supe manejarla,
así que la perdí po, pero el Colo lo gané po” (E3 H18, H19).
Según lo que plantea don H. las historias contenidas en estos relatos, así
como se inician, también tienen un episodio donde llegan a su final “Esos son mis
tesoros y cuanto se llama, eh, y llegué y de repente así estaba luchando y este
caballero tenía una máquina de soldar, y no la quería entregar al dueño, no se la
quería entregar al dueño así que voy y yo estaba luchando con la máquina de
soldar po y Teófilo decía: “H abandona”, así po y yo decía entre mí en la boca, no
podía decir abandona, abandona como que estaba pegado ¿cachai? Estaba
pegado, no podía decir abandono y llegó y me dijo y justo como que Teófilo iba y
volvía, como que iba a la casa del frente y volvía a la casa mía a mi cama a
preguntarme acaso abandonaba o no po y no sacaba el habla po, taba pegao
(SIC), y de repente mi mamita me convidó agua y ahí como que quedó la embarrá
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(SIC) po y Teófilo dijo: “no te voy a necesitar más y se fue” como que se fue
¿cachai?” (E3 H20)
Es el personaje de Jesús otra figura que aparece en sus relatos
atribuyéndole ciertos poderes, pues le pide cosas, entre ellas alivio “(…) y después
me fui acostarme (SIC), me saque toda la ropa y veía el rostro de Jesús arriba en
mi cabeza, en la cabecera de mi cama, vi el rostro de Jesús po y yo decía: “Jesús
que se me pase esta enfermedad, quítamela, quítamela, quítamela” así que
llegué, me puse la ropa así y me fui pa la panamericana, llegue a la panamericana
y no se veía nada, era como una niebla que se veía, pura niebla” (E3 H74).
Don H. narra otras historias que para él tienen una connotación más grata,
como es posible apreciar en su relato “No tomaba nada, estaba enyesado porque
me habían atropellado en la panamericana y no tomaba ni una cosa y ahí en la
noche de navidad llegué y cuanto se llama… aparecieron unas personas, y voy pa
afuera así, voy a tomar helado y ponen un tema de Los Jaivas, bien bonito el tema
de Los Jaivas, y abren la puerta así, y aparece esta persona, y era Jesús el que
apareció po, de repente aparece así y le miro la barbita, era bonita la barba así y
con el pelo largo hasta aquí, con la barba blanca, pantalones blancos y el vino con
la estrella de David po, y llegué y se la tapó po, o sea me dio la felicidad ahí
¿cachai?, me abrazó y todo y me dijo felicidades, la otra persona, un gordito,
también me dijo felicidades, los cuatro así, había una señora, el flaquito parece
que era el Teófilo (ríe), y cuanto se llama el gordito era no sé, no sé si era Judas,
no sé, no cacho ¿cachai?, y la otra señora era una señora de edad también po y
porque me abracé con él así y de repente él hace un gesto ¿cachai? Como que se
agacha pa recoger algo así y yo lo quedo mirando, como que le miro pal lado así y
le veo la estrella y él va, se la mira así y me pongo a llorar así, y él se la tapa (...)
donde mire la estrella, me emocioné con ese momento (…) Con emoción, si po,
me emocioné y cuanto se llama, se tapó la estrella así y después mi mamita me
llevó pa la casa y me fue a dejarme a la casa, me acosté y me quedé toda la
noche despierto (...) No sé, yo creo que cometió un error mi mamita porque me
108
habría quedado ahí con él, a lo mejor habríamos conversado (...) es que estaba
asustada porque yo había visto la estrella de David” (E1 H72, H73, H74, H75)
También es posible apreciar la presencia de la temática religiosa, mezclada
con las atribuciones de daño que también está presente en las narraciones y
atribuciones de don H. “Es que al frente de mi casa hay unos restaurantes que son
dos familias al frente de mi casa y ahí son envidiosos, las dos familias son
envidiosas, yo cuando conocí a esta persona, a Jesús, cuando vino con la estrella
de David, al otro día eh, me fui a meter al restaurant de él po, al frente de la casa
donde vivo yo, al frente del restaurant y me fui a meter al restaurant de él po y ahí
me puse a tomar cualquier cerveza, y ahí adonde me fui a dar al hospital porque
me ofrecieron cualquier cerveza, y después todas estas persona empezaron a
envidiarme, me envidiaban ahí en la casa (...) Porque parece que sabían que yo
había conocido a Jesús, ellos sabían y me envidiaban po, (…)” (E3 H86, H87).
De una u otra manera, para don H. la situación que él concibe como
predilección de parte de las figuras religiosas, lo pondrían en un lugar favorable,
en tanto consigue privilegios, que incluso le llevan a esperar regalos materiales en
el futuro “ …un auto deportivo (ríe), en serio, si cuando la mamita Virgen me
premió, yo sentí que podía tener un regalito del Señor (…) Supuestamente que
sonó una bocina bien bonita y después vi un auto que estaba estacionado y mi
hermana me tocó la pierna así y me dijo que viera el auto, me di una vuelta bien
bonita, pero no sé po, será de Dios si me regala el auto o no po” (E4 H96). Pero
como hemos visto, al mismo tiempo compleja en tanto, según él, esta situación
llena de envidia a otros e intentan perjudicarle motivados por dicho sentimiento.
A continuación un relato hecho por don H. que reúne las características
revisadas previamente. Es la narración más extensa que realiza durante todos los
encuentros y resulta necesario señalar que lo realiza con un nivel de
encantamiento por lo que dice, que se transmite. Eso es lo que se pretende
mostrar, cómo conjuga y da cuenta de la vivencia de lo religioso para él “Hace
109
poquito, hace como tres años atrás me dijeron que no podía seguir atendiéndome
ahí en el Hospital Salvador. Pero así como te cuento, la mamita Virgen me premió
sí po, porque conocí harto po, conocí la quena, eh, ser libre (...) Sí, alcancé a ser
libre también (...) Es que es tan rica esta parte, que son los tesoros que tengo en
el cielo, pero por ejemplo, luché en la noche, cuando fui a Lourdes, le di un besito
a Jesús en el dedito, viste que afuera estaba Jesús en Lourdes, en la calle está
Jesús. Y ahí yo me hinqué delante de él y le di un besito en el dedito gordo y en la
noche llegué estaba acostado y Jesús me tomó y empecé a luchar con el dedito,
con el dedito así con la persona del frente, con las que estaban haciéndole daño a
Jesús, empecé a luchar con esa persona y eran como las cuatro de la mañana
siento un tarro que tiran a la calle y de ahí le gané la lucha, porque tiraron ese
tarro le gané la lucha. Después al otro día en la mañana, pasé toda la noche
despierto (…) La misma vez que estaba luchando con la persona del frente. Y
tiraron el tarro pa afuera así, y pasé toda la noche despierto y después en la
mañana así baja un aroma rico así, agradable el aroma, bonito el aroma que bajó,
lindo, lindo, y lo empecé a respirar así pa dejármelo pa mí y me lo tomé y después
me levanté y mi papito me abrazó así y me dijo, “tay como fuego hijo, como
fuego”. Yo le dije sí papito, no pasa na y me fui a sentarme afuera, teníamos una
piedra en la calle, en la reja al ladito, teníamos una piedra y me siento justo en la
piedra y esta persona viene saliendo con un auto en un camión pa afuera, venía
saliendo pa afuera con un camión y empezó a…estaba con la señora él, estaban
los dos y puso el camión al lado de la casa de nosotros, en la misma calle de la
casa de nosotros ahí pusieron el camión, y yo le dije ”¡sácalo, sácalo, sácalo!” y
me quedó mirando y me dijo: “qué te pasa” me dijo así esa persona, saca ese
camión de ahí, sácalo de ahí, sácalo, sácalo. Y de ahí como que me dijo:
“¡trabaja!” y me bajó como unas gotas de nieve, y me cae aquí del cielo, como que
me cayó del cielo aquí a este lado, en el alma, me cae en el alma así y le dije: “yo
soy libre si po”, yo soy libre y me cayó la gota de nieve, que parecía una gota de
nieve, pero era libre la cosa, era libre el objeto que me llegó de este lado, y de ahí
empecé a ser libre y nunca más se vio. Todos los tesoros que tengo, igual que
conocí la luz de bella, ahí conocí la luz bella, ¿no la conoce? Es una luz violeta
110
bien bonita que aparece en el cielo. Son tantos los tesoros que tengo gracias a
Dios y la Virgen, que por eso te digo la mamita Lourdes me premió po, por el daño
que me hicieron po, imagínate cuánto quiero a la mamita Virgen yo po” (E3 H123,
H124, H125, H126)
Para don H. el componente religioso no solamente está ligado a las figuras
místicas cristiano-católicas. La estructura eclesial y los ritos que practica, le
generarían un importante nivel de estabilidad emocional, incluso sintiendo su falta
cuando no puede hacerlo “Cuando no voy a la iglesia po, ahí me siento decaído,
sin ganas, desanimado, me achaco (…) La paz, porque cuando voy a la iglesia me
siento lleno de bendiciones, de paz, de dicha, pero cuando estoy en la iglesia.
Cuando llego a mi casa puedo estar un rato tranquilo (…)” (E4 H72, H74)
Percepciones respecto de elementos de la historia sus tratamientos
A continuación, una serie narraciones de don H., que dan cuenta de él en el
período que ha recibido tratamiento. De él en términos de sus percepciones,
sentimientos y opiniones al respecto. Comenta de diferentes aspectos de este
proceso, pero desde un lugar protagónico.
Al solicitar a don H. una impresión general de cómo ha(n) sido el(los)
proceso(s) de tratamiento, él responde rápidamente “Bueno, el tratamiento mío ha
sido bueno, desde que empecé a tratarme empecé a tener buena calificación, me
acuerdo que cuando recién caí a la enfermedad, fue por un daño que me hicieron
a mí” (E1 H2). Destaca el hecho que los asocia con recibir calificación y le urge
explicar el origen que él atribuye a su enfermedad.
Es una enfermedad que para él, ha sido muy difícil de sobrellevar, llegando
a tomar medidas desesperadas en algunas ocasiones “No sé, y me lo fui a
tomármelo y justo me tome, como seis o siete Meleril po (…) Porque quería
111
matarme po (…) Porque estaba cansado por la enfermedad que tenía, era fuerte
la enfermedad que tenía y gracias a Dios se me pasó si po, y llegue y me tomé el
Meleril (…)” (E3 H72, H73, H74). Enfermedad que, dicho sea de paso, en cierto
sentido, también se siente responsable de su desencadenamiento “(…) Así que y
ahí…todo eso me pasó por leso también po (ríe) (…) No sé porque me había
tomado el vodka, me había tomado los Telidones que eran drogas cachai, eso fue
lo que…por leso me pasó (…) el daño es grande” (E3 H85, H84, H85).
Plantea percepciones acerca de los tratamientos que, a lo largo de la
entrevista, se perfilan de forma ambivalente, por una parte, dice “De los que
recibo, de los que he recibido… no se po son todos buenos, porque me ayudan
harto (...) Me siento bien, ando con ánimo, me tomo los remedios al día, a la hora”
(E4 H43, H44). Localiza ese bienestar en sus tratamientos y cree que de no
tenerlos “Ah, pasaría con ira no más po. Con rabia, con ira, me enojaría solo” (E4
H45) Pero por otro lado, en otro momento, señala “Sí po, pero es que yo debería
vivir sin tratamientos, sin remedios” (E4 H66). Lo que de una u otra manera podría
estar dando cuenta del cansancio que en ocasiones, estos procesos le generan,
sobre todo aquellos que son más invasivos: “Que no me guste… el pincharme, el
hemograma que me tienen que sacar sangre de la vena de aquí (…) No, quedo
muy pinchado, el brazo me queda morado (...) Sí po me duele, yo creo que debo
llevar unos 10 litros de sangre ya que no tengo. Sí po, si me pinchan todos los
meses y sacan así unas jeringas” (E4 H83, H84, H85).
De todas formas y haciendo una evaluación general de éstos, en los
términos en que don H., se refiere a sus tratamientos, se puede observar que para
él tienen un carácter positivo “Na po, que me ayudan a superarme y me hacen
bien po (...) Sí po, a como era antes si, ahora estoy mejor sí, con los tratamientos
estoy mejor. Es que yo me tomo los remedios todos a la hora, me los tomo en la
mañana, en la hora de almuerzo me tomo uno pal dolor de estómago, en la noche
me tomo todos los remedios justo a las nueve. Y eso que me hace sentirme bien,
112
al otro día ando contento, con ganas, con deseo, y me siento bien po. No me
hacen mal los tratamientos” (E4 H51, H52).
Destaca que en los dichos de don H., se observan dos elementos
participando en el éxito de sus tratamientos; por una parte el tratamiento en sí y
por otra, la rigurosidad con que él cumple con las prescripciones. Quizás esto esté
dando cuenta, que se siente parte de este proceso de manera activa. Él describe
su dedicación en este tema, como algo permanente y muestra cómo forma parte
de sus rutinas diarias “Todos los días, de lunes a domingo (...) Es bueno porque
preparo los remedios en una cosita así chiquitita, en una cajita larguita. Los
preparo desde la mañana, los de la noche. Los de la mañana y los de la noche, y
en la mañana me tomo un Ácido Valproico, un Propanadol y un Clonazepam, pero
la mitadita de cada uno y en la noche me tomo todos los remedios juntos. La
Ranitidina, Ácido Valproico, Propanadol y Clonazepam, en la noche me tomo
todos esos remedios juntos, y me hacen bien” (E4 H53, H54).
Don H. nos muestra también, a través de sus palabras, cómo la
perseverancia ha sido uno de los factores que ha acrecentado la efectividad de las
indicaciones que le han dado “Porque me empecé a tomármela todos los meses y
de primera no estaba haciéndome bien po, o sea era lo mismo no más y después
con el tiempo empezó hacerme efecto, efecto, y después me inyectaron la
Clozapina y seguí con la Clozapina y de ahí me derivaron acá al psiquiátrico y acá
seguí y me daban todos los meses la Clozapina. Así que me hace bien” (E4 H92).
De cierta forma, para don H. resulta tan importante el alivio que le han
generado los tratamientos indicados, que refiere haberlos aprobado sin problema
“A ti te puedo decirte que siempre he estado de acuerdo porque cuando estaba
con el Tonaril, me hizo bien, estaba de acuerdo con el Tonaril porque me hizo
bien, me vio el médico en el centro y me dijo que me tomara los remedios y ahí
empecé a sentirme bien, el Tonaril me hizo muy bien. Después cuando decaí, me
hicieron la Clozapina, y de primera me inyectaban el Modecate, y el Modecate era
113
el que me hacía mal (...) Me daban unas cuestiones fuertes en la cabeza así po,
con ira así puras cosas. Y me recomendaron la Clozapina. Con la Clozapina me
hizo bien” (E4 H90, H91). Incluyendo en éste relato los medicamentos que han
marcado historia en su proceso, tanto porque él siente que han tenido un efecto
positivo que describe diciendo “…me daban Tonaril, pero con el Tonaril tuve bien
po, tenía una salud bonita, linda la salud que tenía con el Tonaril (...)” (E1 H93),
como el que dice, le hizo mal, cuyo hacer mal también relata, señalando: “Como
las luces, las luces fuertes ¿cachai? Y me venía fuerte po (...) Ahí cuando salía
del hospital, como que me pescaba y decaía así, pero apechugaba no mas po,
igual resistía ¿cachai? (ríe) (…) Llegaba a la casa así y me acostaba, almorzaba
mi hermana me servía almuerzo, me acostaba pa que se me pasara y de todo eso
porque me ponían el Modecate ¿cachai?, me ponían el Modecate y me hacía mal”
(E3 H111, H112, H113)
También se pronuncia acerca de la presencia e intervenciones de los
profesionales tratantes ya que por supuesto, se ha formado una opinión de
aquellas personas a las que acudió por ayuda y tuvieron intervenciones que
marcaron el curso de su tratamiento. La primera persona que recuerda,
corresponde a lo que ubica como la primera vez que solicita ayuda, siendo él un
estudiante de enseñanza media: “fui a sacar hora para atenderme con el
psicólogo, así que el doctor me vio y me dijo que tenía que sacarme esto no más
de la mente, no me dio remedio ni nada (...) Sí con un psicólogo (...) No con un
psiquiatra, no. A lo mejor hubiera conversado con un psiquiatra habría estado
bien” (E1 H31, H32, H33)
En los encuentros con los profesionales tratantes en su estadía en el
hospital, tuvo experiencias que él describe de una manera muy grata “En el
hospital, yo creo que el que más me gustó a mí, la persona que más me gustó fue
el P, el enfermero, el que me tomó del cuello así (...) Era chiquitito así, o sea una
persona joven, u ¿qué edad tendría en ese tiempo? Que después lo mataron
según lo que me contaron (...) Le pegaron un peñascazo adentro del hospital (…)
114
Porque me ayudó po, conversaba conmigo, me ponía inyecciones, sabía
colocarlas (...) Porque no me dañaba las venas (...) como te digo el enfermero
cuando ingresé pa adentro, ese fue el que me colocó mal la inyección po, y llegué
y ese era el enfermero que más me agradaba” (E2 H66, H67, H69, H70, H71)
Destacando en él, la buena ejecución de su trabajo y valorando la cercanía, al
señalar que parte de la ayuda que le prestaba consistía en conversar con él.
También refiere un encuentro poco grato dentro de una de sus
hospitalizaciones “Un médico, sí era malo el médico que había adentro (…)
Porque a todos los enfermos los trataban mal po (...) Hablaba muy golpeado, y
hacía daño también po (...) Eh, como decirte que una persona quería algo y él
decía no, ándate de aquí, ándate de la sala le decía, echaba de ahí de la oficina
(...) En una oficina, sí, la misma oficina que esta el P. estaba él po y cuando ya
entraba un paciente él lo echaba de la oficina, era malo, malo, malo” (E3 H53,
H54, H55, H56, H57). Don H., repudia en este profesional el maltrato y lo que él
describe como desinterés y rechazo que éste tenía hacia los pacientes.
También nos habla acerca de profesionales que ha conocido en sus
tratamientos ambulatorios, por ejemplo quienes le atendían en el hospital Salvador
“Habían unas psicólogas que eran… me hacían terapia, tocar la quena, cantar con
maracas así, con instrumentos, con hartos instrumentos (...) Sí, me gustaba (…)”
(E3 H109, H110). Menciona también la presencia de un médico cuya forma de
tratarlo era de su agrado “Que eran buena onda, me querían harto, me quería
mejorarme (...) Sí po, era significativo el trato porque ellos me querían mejorarme,
conversaban harto conmigo, a veces me ponían adelante con hartas alumnas, el
doctor O me ponía delante con hartas alumnas y conversaba conmigo, me
preguntaban cosas, momentos que había pasado (...) Bien po, era bonito porque
una: agarraba personalidad para conversar y otra que trataban de ayudarme a
mejorarme, y el doctor O me escuchaba no más po. Así que la mamita Virgen, por
eso le digo que la mamita Virgen me premió (...) Me ha dado buenas cosas” (E4
H79, H80, H81, H82). Probablemente, gracias al vínculo y al interés por él que le
115
atribuye a este doctor, don H. vive de manera grata la presentación de su caso en
público, interpretándolo como una señal de atención, interés por él y su mejoría.
En sus términos, lo vive como un premio. Más todavía, se refiere a él al momento
de pensar en quién o qué extraña de lo que ha vivido en la historia de sus
tratamientos “El doctor O no más echo de menos (...) El del Salvador, sí (...) Es
que era bueno, conversaba conmigo, me recomendó el Tonaril y me mejoré con el
Tonaril y me hizo bien po, me quería harto el doctor O. (…) ¿De los tratamientos?
(…) De los fármacos el Tonaril, ya no lo necesito porque la Clozapina me está
haciendo bien” (E4 H46, H47, H48, H49, H50).
Don H. también nos narra sus impresiones acerca de la experiencia de ser
hospitalizado. Puntualizando que la primera vez tuvo una mala experiencia “… ahí
me quedé como tres días y cuanto se llama, ahí me llevaron a una sala con otro
joven más, éramos dos, el otro paciente también estaba enfermo po, estaba mal
porque de repente me pegó unos combos a mí, en el pecho y justo entró una
señorita, y la señorita me ve así, nos ve y me sacaron de ahí de la sala y me
llevaron a otra sala, pero estuve como tres días en el hospital (...) Ah no me
acuerdo (…) Esos tres días, nada (…) Na po, no sé por qué po, solamente que me
sacaron y me llevaron al médico mentalista no más (…)” (E3 H8, H9, H12, H13).
Más que el episodio de agresión con otro paciente que relata, como es
posible apreciar en el párrafo anterior, no existirían recuerdos de esa estadía. Al
parecer don H. se encontraba vulnerable, pues describe una actitud pasiva de su
parte respecto de lo que sucedía.
La segunda experiencia de hospitalización, tampoco la describe como
grata, por el contrario. Sin embargo, en este relato se muestra mucho más al
tanto, más activo dentro de los sucesos ocurridos “...me dijeron que…ya, que me
iban a pasar pa adentro, iba a estar un día y que me iban a sacarme po (…) Sí po,
yo iba angustiado, no sabía lo que estaban diciendo y lo único que quería era salir
de esa cosa no más po (…) Del hospital, o sea bueno y como iba angustiado ya
116
aceptaba todo ¿cachai?, así que me pasaron pa adentro, y me pusieron en la
camilla y me amarraron el brazo con un elástico así y un enfermo en el hospital me
puso la inyección” (E2 H46, H47, H48).
Para él los aspectos que le generaban desagrado del lugar tenía que ver
con que, en su opinión “…era mucha locura adentro (...) Cuando unos jóvenes
estaban peleando, tenían la media pelea en la sala y no había ningún auxiliar
nadie, había un puro enfermero no más el que ponía la inyección, taba él solo pero
no podía hacer nada, trataba de hacer algo pero no hacía nada po. Y el otro
médico así eh… no llegaban nunca los otros médicos, los auxiliares y de repente
aparecen ellos así y qué el cabro ya…eran dos jóvenes que estaban peleando
estaban métale combos los dos po, estaban peleando a todo full no más y se
metieron dos enfermeros y pararon la cosa, terminaron con la pelea po, ya
después yo dije chuta y ya después empezaron a llegar personas y…yo tenía
miedo adentro, tenía miedo de que me hicieran una palabra, tenía miedo, tenía
miedo de que me echaran la aniñada” (E2 H58, H59).
El miedo, durante su internación es un elemento recurrente, sobre todo el
temor hacia otros internos “Claro, tenía miedo. Es que había una persona que era
agresivo, cualquier cosa que tú le deciai, hablabai (SIC) con él así y si no le
parecía bien te pegaba po, ¿cachai?, si no le parecía bien te pegaba” (E2 H60).
Se siente inseguro en el sector donde se encuentra “En el sector 5, era peligrosos
eso sí (...) Porque peleaban entre medio. Bueno no sé cómo serán los otros
sectores pero a mí me…peleaban entre ellos” (E3 H29, H30). Aunque también
rescata elementos positivos del lugar cuando refiere “Tenía compañeros que eran
buenos” (E3 H33).
Los tratamientos que allí recibía tampoco eran de su agrado “…fue como
tres meses que estuve en el hospital. Estuve febrero, marzo y abril, tres meses (...)
No, no me gustó pa nada (…) Salí más enfermo de ahí en el hospital (…) Me
ponían inyecciones así por todos lados por aquí, por acá, por acá, en los brazos y
117
no podía dormir y le decía al doctor y me dieron una pastilla pa dormir” (E3 H23,
H24, H25, H26). Por esta razón decidió hacer algo al respecto “Yo le dije a mi
mamita que me sacara po (...) Porque no estaba bien adentro, estaba con miedo
(…) Que me fueran a pegarme, cosas así ¿cachai?” (E3 H92, H93, H94). Dentro
de las posibilidades que don H. tenía, tomó un rol activo y convenció a partir de
argumentos, a quienes podían hacer algo al respecto.
Otra situación que ha marcado la historia de los tratamientos para don H. es
lo que tiene relación con los momentos en que ha sido derivado. La primera vez,
desde el hospital Salvador, donde, como hemos visto, se encontraba vinculado a
su médico tratante, hacia el Instituto Psiquiátrico “Porque como yo era de aquí de
C. no me aceptaron que yo fuera tratado en el Salvador (...) El doctor po. Me dijo
que no me iba a atenderme más en el Salvador porque yo era de C. y fui
directamente al psiquiatra (...) O sea fome, porque no seguí atendiéndome con él,
me derivaron acá a al hospital psiquiátrico” (E4 H5, H8).
Un elemento más a considerar al tener en cuenta la relevancia de esta
derivación, tiene que ver con el lugar al que fue enviado, pues venía de
experiencias, para él poco gratas, de internación allí, situación que él explicita “No
quería no más salir de ahí po (...) Ahí en el psiquiátrico (…) no sé po, o sea como
lo había pasado con todas las cosas y después volver de nuevo ahí, después ya
no fue tan difícil porque seguí tratándome en el psiquiátrico y me trataron y
empecé a ir todos los meses a control. Me atendió la doctora A y me dijo que, ahí
ella me derivó pa acá pal Cosam” (E4 H13, H14, H15).
En la actualidad, don H. recibe tratamiento ambulatorio en dos lugares: el
COSAM de su comuna, en el que describe su experiencia como “Bien, buena,
bonita (…) porque el día lunes la asamblea conversamos, preparamos los días. El
día martes acá almorzamos. El día miércoles hacemos el taller con la señorita M.
El día jueves hacemos pan amasado y el día viernes hacemos mosaicos”(E4 H17,
H19). Teniendo, como es posible apreciar, asociado este lugar a rutinas de trabajo
118
programado, actividades que son de su agrado, pero en base a lo que refiere de
éste, no es posible visualizar un vínculo más bien afectivo con la institución, dice
que cuando piensa en ésta piensa en que “Eh, no sé, o sea, que tengo que venir
pa acá no más po (...) Sí, si me gusta. Lo malo es que me quedo dormido en las
mañanas (...) Me quedo dormido (...) A las nueve y media, y me quedo durmiendo
y llego como veinte pa las diez más o menos (…)” (E4 H21, H22, H23).
Finalmente, cabe decir que los días que no asiste al COSAM, también los vive a
partir de rutinas “ah, estoy en la casa, hago mi pieza, mi cama, lavo la loza” (E4
H24).
Recibe también atención por tratamiento farmacológico en el Instituto
Psiquiátrico, del que destaca su referencia a las personas que lo atienden y a la
precisión de los lugares donde acude “Voy al psiquiatra, a la oficina venticinco (…)
Sí po, me conocen todos ya (...) las secretarias que están ahí me conocen, la Dra.
A también me agrada, el doctor, el enfermero también me agrada” (E4 H29, H30,
H31). Y pese a las dificultades cotidianas, ha integrado el tratamiento en este lugar
“Bien, si po (…) Sí me gusta, solamente que me quedo dormido (ríe) (…) No, pero
ya estoy acostumbrado a despertar temprano pa ir al hospital” (E4 H38, H39, H40)
Pese a valorar sus tratamientos y en general considerarlos como positivos
para él, no los visualiza como algo que quisiera continuar “... Le he dicho que me
den el alta, pero la doctora me dijo que no po, que no me iba a darme el alta (...)
Es fome po, porque ya llevo hartos años en tratamiento y ya debería darme una
mejoría, una salud buena” (E4 H55, H56) Como él bien explica, esto sucede a
partir que en la actualidad se encuentra estabilizado. No obstante, al momento de
emitir este comentario, casi inmediatamente, reconoce que el sentirse bien, no
necesariamente es permanente para él “Sí po, uno a veces la siente, después
como que se me esfuma de nuevo (ríe) (…) Es que puedo sentirme bien así,
después decaigo y vuelvo a lo mismo. O sea me siento bien, ando con ánimo, con
ganas así y veo el alma blanquita así ¿cachai?” (E4 H57, H58)
119
De todas formas y considerando su tratamiento como un elemento
importante en su vida, que ocupa tiempo y cuyas rutinas están incluidas en su
diario vivir, éste no es algo que tenga presente al momento de pensar en el futuro.
Para don H. el porvenir incluye otras cosas, él se proyecta “Con un deportivo (…)
Con un auto deportivo (ríe), en serio, si cuando la mamita Virgen me premió, yo
sentí que podía tener un regalito del Señor (…) Supuestamente que sonó una
bocina bien bonita y después vi un auto que estaba estacionado y mi hermana me
tocó la pierna así y me dijo que viera el auto, me di una vuelta bien bonita, pero no
sé po, será de Dios si me regala el auto o no po” (E4 H94, H95, H96). En lo que sí
coincide la presencia de sus síntomas y/o su enfermedad con esta visión de su
futuro que él plantea, es que ambos se relacionan con la presencia y la voluntad
de personajes de carácter religioso.
120
IX. Reflexiones y Conclusiones
“(…) tenía muchos significados –de demonios a endiosados,
de comedia y tragedia, de error y de verdad.
Múltiples y plurales eran también sus lugares
y espacios: calles, guetos, hospicios
y cárceles, iglesias y hospitales” (Sotelo, 2012 p. 11)
A partir del recorrido realizado, es posible establecer ciertas conclusiones,
que como se ha planteado en algún momento ya, no pretenden concluir, sino por
el contrario, entregar elementos de discusión, es decir, buscan más bien
aperturas.
IX.1 Desde el decir
Lo primero que es posible distinguir del trabajo realizado a partir de los
encuentros y conversaciones con don H., tiene que ver con que éste realiza,
construye atribuciones para explicar y explicarse el origen de la aparición de sus
síntomas, lo que se explicita en la primera categoría elaborada. Estas
explicaciones realizan un recorrido que va desde culpar a otros, hasta motivos
basados mayormente en su experiencia de tratamiento, más científicos, si se
quiere. En otras palabras, sería posible plantear a partir de esto, que la
experiencia de tratamiento que va adquiriendo el entrevistado influye en el tipo de
atribuciones que realiza del origen de sus síntomas. Cabe destacar que si bien el
tipo de explicaciones varía, éstas nunca aluden al concepto de Esquizofrenia,
diagnóstico que él sabe le han realizado, sin embargo se muestra incrédulo al
respecto.
121
Por otra parte, es posible señalar a partir de lo expuesto por don H. que la
aparición de su sintomatología resulta un suceso relevante para él, tomando lugar
en su recuerdo y en un cambio radical de su forma de vida. Lo que es posible
apreciar en el desarrollo de la categoría denominada Descripción de Síntomas:
Respecto de las sensaciones egodistónicas que ha tenido, sus síntomas, podría
decirse que éstos abarcan una amplia gama de aspectos: involucran su cuerpo,
sus emociones, pensamientos y desde allí su funcionamiento, tanto psíquico,
social, familiar y laboral, por nombrar algunos. Esto coincide con la perspectiva
psicopatológica, sin embargo ésta última en su dinámica generalizadora, no logra
dar cuenta de la riqueza de la descripción individual que aporta don H. en su
narración, donde intenta realizar descripciones de sensaciones para las que de
alguna manera hasta él se queda sin palabras y utiliza elementos cotidianos para
intentar transmitirlo. Lo que resulta claro en el tema de su descripción de
síntomas, es que aquellos que resultan transversales a esta experiencia son la ira
y la angustia, las que cuando se ven llevadas al extremo, desencadenarían
episodios de “crisis”, como refiere el entrevistado.
Como es posible apreciar en la categoría referente a la búsqueda de
tratamiento, son en general, los ya mencionados periodos de crisis lo que le llevan
a él y a su entorno familiar a buscar ayuda profesional. Pero también influiría en
esta búsqueda el intenso miedo que describe, especialmente en los primeros
momentos.
A partir de lo expuesto por don H., en la categoría denominada modalidades
de tratamiento, es posible señalar que, más que exponer los tipos de
intervenciones, la importancia de ésta, se encuentra en la forma en que el
entrevistado se refería a cada una de ellas. Pudiendo dar cuenta que posee una
opinión al respecto, que oída o no, considerada o no, él realiza de igual manera
una evaluación de ellas asignándole criterios, sobre todo de efectividad, a partir de
si estas contribuyen a su alivio y también de cómo él se enfrentó a cada una,
sobre todo justificando los momentos de mayor pasividad en la toma de decisiones
122
respecto de la orientación de sus tratamientos. Aludiendo en este último aspecto al
nivel de angustia y a la urgencia de alivio, por lo que aceptaba las ofertas que
apuntaban hacia ello.
En base a lo señalado en la categorías manejo de tratamiento, se establece
la posibilidad de que una persona diagnosticada con Esquizofrenia, con las
condiciones cognitivas necesarias, tenga el manejo de la implementación de su
tratamiento, cuando éste se realiza de forma ambulatoria. Don H. en su relato,
devela enorme autonomía al respecto. Podría plantearse que dicho manejo, le
permite hacerse parte del proceso más allá de ser objeto, receptor de éste.
No es posible obviar otra dimensión que emerge a partir de este tema. Es la
dimensión de la decisión personal acerca de si realizar las indicaciones
establecidas por los tratantes. Es decir, que la persona que recibe el tratamiento
sea quien lo maneje, en este caso, involucra también la aprobación que hace de
ésta, pues de lo contrario no lo llevaría a cabo. Ante esta situación, cabe sólo una
pregunta que cuestiona esto último. Si una persona diagnosticada con
esquizofrenia que maneja de forma autónoma la aplicación de su tratamiento
decide dejar de realizarlo, se asume por el entorno como una decisión respetable
o se procede a que otros manejen el tratamiento, de forma que este no se
suspenda y obviando la resolución del receptor de éste. Obviamente este
cuestionamiento alude a quienes tienen el diagnóstico pero no han sido
declarados interdictos.
Acerca de lo que es posible extraer de la categoría denominada
conocimiento acerca de la enfermedad y los tratamientos, se podría plantear que
el conocimiento acerca de los tratamientos que están siendo aplicados, genera en
don H. un mayor sentido de pertenencia y compromiso con lo indicado. Es decir,
este aspecto, de conocer, contribuiría a que la decisión a la base del manejo del
tratamiento esté basada en elementos más contundentes, por lo que de una u otra
manera se podría utilizar para evitar parte de las descontinuaciones en los
123
tratamientos generadas por el abandono que hacen las personas tratadas de
estos.
Respecto de la descripción que don H., realiza se su sensación de alivio,
incluida también como categoría, es posible señalar que éste no se restringe a la
ausencia de angustia y/o ira, sino que en general alude a la posibilidad de
interactuar con otros e integrarse teniendo la posibilidad de funcionamiento
especialmente psíquico, social y familiar.
Una forma que ha adquirido para realizar esta reintegración y generar el
nivel de funcionamiento, sobre todo social y familiar esperado, corresponde al
desarrollo de rutinas. Formas que han estado presente a lo largo de su tratamiento
y que en este momento resultan útiles para generar certeza y organización en el
quehacer. Según lo observado en la categoría presentada como Rutinas, éstas
ocuparían un lugar que estructura la vida de don H.
A partir de la observación de los vínculos que don H. menciona como parte
de su proceso de tratamiento, es posible concluir que éstos se establecen en tres
ámbitos y/o niveles. Por una parte, encontramos los que se relacionan con su
familia y que obviamente superan el periodo en que éste ha recibido tratamiento,
se han establecido de forma previa, pero han sido partícipes del proceso,
especialmente cuando don H. se ha visto superado sobre todo por sus síntomas o
han constituido el sostén que éste requiere para acceder y mantenerse en
instancias poco gratas, como por ejemplo, visitándolo de manera permanente en
sus internaciones. Esta situación otorga luces respecto de la importancia de la
participación de la familia en los procesos de tratamiento de personas
diagnosticadas con Esquizofrenia. Y esto no siempre, necesariamente desde el
lugar de quien se hace cargo, sino fundamentalmente de quien acompaña y apoya
el proceso, para que la persona que lo vive, pueda sobrellevarlo de mejor manera.
124
Por otra parte, en las narraciones expuestas en el apartado previamente
mencionado, se logra dar cuenta de la relevancia que tiene para don H. los
vínculos establecidos con sus tratantes. En base a la forma de referirse a estos
temas, es posible señalar que el interés manifiesto o mostrado a partir de la
rigurosidad y el trabajo bien hecho, son elementos fundamentales para que dicho
vínculo pueda establecerse de manera satisfactoria. Tras el análisis realizado,
caben pocas dudas respecto de la importancia que don H., otorga a las instancias
de conversación, donde él puede decir respecto de lo que le sucede. La mayor
parte de las veces, explicita cómo esto, conversar, resulta ser un aporte para su
bienestar. Es decir, la forma de tratar (desde el concepto de tratamiento y desde el
de trato), es un elemento que no resulta posible marginar, dado que ocupa un
lugar relevante para quién recibe los tratamientos y su bienestar. Probablemente,
porque este ejercicio logra generar un lugar, una referencia para quién es invitado
a hablar acerca de lo que sucede con alguien que se interesa por ello.
Como un tercer aspecto relevante respecto de los vínculos, emergen las
instituciones. Esto bajo la idea que surge acerca de que las experiencias de
tratamiento vividas en un lugar determinado marcan, aunque no determinan la
relación que el individuo establece con ese recinto. Marca, porque si la experiencia
fue desagradable, podría generar resistencias a acudir allí en otro momento (como
cuando don H. fue derivado desde el Hospital Salvador después de haber sido
hospitalizado en el Instituto Psiquiátrico). Sin embargo, no determina, pues en la
actualidad es un lugar que incluso, puede generar algún tipo de sensación de
pertenencia, si el tratamiento resulta efectivo, pero además existe un
reconocimiento de la persona que acude frecuentemente a tratarse allí.
Resulta relevante hacer mención al aspecto místico/religioso, presente en el
relato de don H., cuyo lugar parte en la función de explicación de lo desconocido,
(por ejemplo, cuando apela a la virgen para que le entregue las razones acerca de
su estado), continuando como un referente y sostén en las situaciones donde el
entrevistado sentía que los sucesos escapaban a su control, y terminando en un
125
ente que aporta estructura y estabilidad, además de inclusión en aspectos
sociales.
A partir de lo enunciado por don H. en la categoría denominada:
percepciones respecto de elementos presentes en la historia de su enfermedad,
es posible señalar que de cierta forma, se hace evidente que don H. tiene cosas
que decir, toma posición ante los eventos ocurridos, las personas que participan y
el motivo de sus tratamientos, además de los efectos de este último en su vida. Y
desde allí, sería posible establecer que para él, la presencia del tratamiento que
ha seguido, toma cierto sentido, ocuparía un lugar en su trayectoria de vida. Un
sentido que refiere a situaciones que pueden o no ser de su agrado, pero que
valora en tanto percibe como efectivas, dada la vivencia de cambio que ha tenido
desde que surgen sus síntomas, hasta el momento de estabilización de éstos en
la actualidad.
Luego de realizado este trayecto, se podría señalar que todas estas ideas
fueron posibles de ser establecidas a partir de la escucha de la palabra de don H.,
en el ejercicio y propósito de valorar su individualidad y la posición que él toma
acerca de su vivencia de tratamiento a partir del diagnóstico de esquizofrenia. En
otras palabras, es gracias a los encuentros tenidos, a las entrevistas realizadas, a
la escucha establecida y sobre todo al generoso decir de don H., que se pudieron
visualizar todos los elementos antes mencionados.
IX.2 Desde la experiencia
El desarrollo de la experiencia vivida a partir de los encuentros que se
establecieron para entrevistar a una persona diagnosticada con esquizofrenia,
hace posible también, concluir de esta investigación, que la búsqueda que se pudo
hacer respecto de otra persona, aquel encuentro cara a cara, es ineludiblemente
una experiencia. En términos que no sólo es una acción, un hecho, más bien
constituye una acción con decisión, con disposición y desde allí algo sucede.
126
Interesarse por tener acceso a una vivencia de otro, resultó de algún modo
una situación extraordinaria. Esto, porque en la medida que esta situación ocurre,
se estableció un lugar, el lugar de testigo. La persona relataba, pero en su relato
además de contar acerca de los hechos, daba cuenta con sus tonos, su
gestualidad y también con sus palabras de que esos acontecimientos tenían un
lugar en su historia y al narrarlos, abría la posibilidad de ser un espectador que
además de presenciar, pudiese dar cuenta, mostrar, describir algo de lo que él
transmitía.
Ir en busca de lo que esta persona vivió y sobre todo, de lo que pueda
decir al respecto, implicó un trabajo arduo y complejo, sobre todo porque fue
necesario silenciarse y disponerse a escuchar. Y al decir silenciarse, se dice callar
los prejuicios, los conocimientos, los a priori. A esto, se añade además, las
limitadas posibilidades de dar cuenta de todo lo que ocurre en aquel encuentro,
del enorme contenido que se transmite en el relato de la experiencia de otro.
Por todo esto, la decisión de realizar este ejercicio implicó asumir una serie
de dificultades. Entre las centrales se encuentra ir en busca de sentido en un
relato que clásicamente se encuentra ligado al sinsentido. Esto es, en el campo de
la Esquizofrenia, como diagnóstico y tratamiento de una persona. Sin embargo
como se ha podido apreciar en el desarrollo de esta investigación, “(…) es la
operación del sinsentido siempre copresente al sentido” (Deluze, 2005, p. 150).
Bajo este precepto, el trabajo consistió en plantear que el habla, en el relato
de alguien que fue diagnosticado con esquizofrenia, tiene una dirección a la que
concurre cuando se enuncia, posee una referencia, designa y en tanto lo hace, da
cuenta de un significado. Y es en esta búsqueda de los referentes, que algo de él
toma lugar: Esto, cuando por ejemplo: Emite opinión, enuncia su bienestar y/o
malestar, juzga, solicita intervenciones, justifica sus momentos de pasividad, toma
posición respecto de lo ocurrido, lo que es posible apreciar en los diferentes
127
momentos relatados y analizados. Para él, lo que decía, no era un relato
cualquiera, era parte de su vida y así lo establecía, hablaba en nombre propio.
Ante esto, sería posible señalar que durante el desarrollo del ejercicio
realizado, fue posible apreciar que el relato que él hace de cierta parte de su
historia: su tratamiento, está cargado de sentido. Sentido, no necesariamente en el
aspecto de la lógica, sino bajo la idea que la vivencia que éste tuvo de los
episodios narrados, deja una huella o no, que ocupa un lugar o no en su vida,
según lo que él juzga. Esto, en base a lo que él dijo al respecto.
En el caso de don H. esto fue posible de apreciar en sus dichos. Por
ejemplo: Al construir un significado de esquizofrenia y/o esquizofrénico, de la que
se excluye; o en tanto da cuenta de lo bien que él siente, le han hecho los
tratamientos que ha seguido, pero a su vez, devela cierto cansancio generado por
pasar más de la mitad de su vida en torno a ellos -esto, cuando hace referencia al
alta o a que no debería consumir medicamentos porque se siente bien-. Los
tratamientos ocupan todos los días de su vida, sin embargo, no son algo que él
tenga presente cuando visualiza el futuro. De esta manera, resulta destacable, que
su posición ante los tratamientos que sigue, tiene que ver con que sabe que éstos
continuarán y quisiera que terminaran, pero entiende que aunque no sea de su
agrado, se hace necesario para prevenir aquello que le genera tanto malestar.
Desde allí entonces sería posible aseverar que, en la línea de lo ya mencionado,
hay algo que tiene que decir acerca de esto y algo que se relaciona con cómo se
siente, como vive esta experiencia.
Otro elemento relevante que se obtiene como producto de este trabajo tiene
que ver con que si bien se fue en búsqueda de sentido en una narración, también
se encontraron dimensiones no esperadas, tales como la noción de trayectoria.
Don H. relata una historia, la historia de sus tratamientos. Y ésta tiene una
temporalidad, cierta cronología. A través de las conversaciones se realiza un
128
recorrido por los episodios relatados y allí emerge la trayectoria, después de todo
son más de veinte años, es la mitad de su historia.
En esta historia, se relevan algunos eventos, porque evidentemente no es
posible que su narración tenga una descripción detallada de todo lo ocurrido. Lo
que don H. narra, es lo que de una u otra manera se constituye importante para él,
dado que es lo que recuerda y según lo que es posible oír de su relato, no
recuerda todo, alejándose del concepto de recuerdo traumático o memoria
traumática, según los términos que plantea Gaudilliére (2008). Y esto haría posible
pensar, que lo que privilegia su recuerdo y hace accesible por medio de sus
palabras, es aquello significativo para él. En otros términos, la importancia de los
hitos constituye un elemento de sentido.
Por otra parte, resulta necesario destacar una dimensión más amplia: un
aspecto social. Ya que en este ejercicio, la elección del contexto institucional y
territorial del la persona en estudio, reafirmó que existiría una repetición de lo que
ha ocurrido en la historia respecto de la locura y los locos. Tanto como plantea
Foucault (2010) y como también es posible observar en la descripción de la
historia de la psiquiatría en Chile (Medina, 1989), sólo quienes tenían recursos
económicos, tenían la posibilidad de elegir el destino y/o tratamiento de sus locos.
En el caso de don H., quien habita en una comuna en la que más de un 15% vive
bajo la línea de la pobreza, es posible deducir que resulta difícil que pueda
sostener un tratamiento de por vida, en el sistema privado de salud, con los costos
que esto podría generar. Es decir, su única alternativa es el tratamiento en el
sistema público de salud. Y en este sentido, la persona entrevistada constituye un
ejemplo de muchos.
Si bien, la salud pública se establece como la posibilidad que don H tiene
para recibir tratamiento, esto no es una limitación para él al momento de juzgar las
intervenciones y el desempeño de los tratantes con los que se ha encontrado.
129
Evidentemente no desde una perspectiva técnica, sino desde el lugar de quien es
protagonista.
Una de las cosas que él evalúa importante, sobre todo durante sus
tratamientos, es que quienes realizan procedimientos, especialmente los más
invasivos (como inyectarlo), lo hagan de la forma correcta, y desde aquí se puede
pensar que el hacer bien las intervenciones por parte de los profesionales tiene
una asociación para don H. con el interés que se tiene en el paciente y/o su
recuperación.
Cabe destacar que respecto al tema de los tratamientos, surge una
relevante conclusión a partir del relato de un evento crítico en la experiencia del
entrevistado. Esto es, que existen procedimientos, como el uso de la camisa de
fuerza en un contexto de contención física, que para un observador externo,
puede resultar coercitivo, o al menos verlo como un menoscabo para quien se
aplica, sin embargo, don H. que vivió esa situación, tenía una connotación
absolutamente positiva. Para él constituía un elemento útil para aliviarse,
“relajarse” en sus palabras. Esos episodios constituyen un efecto de lo que
significa silenciarse y dejar de lado los prejuicios para que esta persona diga.
Una situación relacionada con los tipos de tratamiento que surge como
interrogante acerca de por qué sucede es el que los más recordados por don H.
son los farmacológicos. Los tratamientos de orden psicosocial, son recordados de
forma más bien difusa y son juzgados a partir del criterio del gusto, y no del
bienestar que le generaron.
Otro elemento fundamental, que no se puede obviar como producto de este
trabajo es la importancia que tiene para él la dinámica de conversar. Uno de los
criterios que don H. tiene para evaluar a sus tratantes y considerarlos buenos, es
si éstos conversaban con él. Esto, según lo que él dice, tiene que ver con el
interés que éstos tendrían en él y en su mejoría. Resulta posible señalar que
130
conversar, también puede mirarse desde un CON-VERSAR o versar con, hacer
verso con un otro. En el conversar hay un reconocimiento del otro como alteridad,
como alguien que tiene algo que decir. Es igualar las condiciones de ambos para
construir. Es dar lugar al otro, por medio de las palabras de éste. Esta relevancia
de conversar es uno de los ejes de la investigación, de ahí la elección
metodológica y de instrumento. Este interés es confirmado en su importancia para
el tratamiento, por la persona entrevistada.
IX.3 Desde los posibles aportes
A partir de lo expresado anteriormente, se podrían plantear ciertos aportes
de los resultados obtenidos para distintas instancias, sobre todo al desarrollo de
los tratamientos por parte de los tratantes.
En primer lugar, cabe señalar que al escuchar, conocer y valorar las ideas
que la persona tratada posee acerca de sus síntomas, enfermedad y tratamiento,
ya sean estas elaboradas por sí mismos o generadas a partir de otros, sean estos
personas y/o experiencias, llevaría a que, de cierta manera, se comparta el mundo
generado por esta persona en la enunciación de éste. Y además, podría repercutir
en al menos tres cosas: Primero, que la persona tratada, se sienta bien tratada y
visualizada más allá de su condición de paciente, en su condición de ser humano
y ser individual. Segundo y ligado a lo anterior, en el ejercicio de escuchar
respetuosamente y valorar lo que el otro dice, es posible, como se pudo apreciar
en el desarrollo del trabajo expuesto, que se vaya estableciendo un vínculo con la
persona que se está tratando, lo que podría mejorar considerablemente la forma
de relacionarse y desde allí la calidad de atención. Tercero, en que al conocer esta
información, que corresponde a la realidad de esta persona, sería posible
establecer estrategias de implementación de los tratamientos que vayan acorde a
ésta, evitando con ello transgredir concepciones, religiones y en definitiva, modos
de desenvolverse, comprendiendo que los tratamientos se establecen en la vida
131
de las personas y no se limitan a sus síntomas. Situación que de obviarse, podría
eventualmente, constituirse como una causa del abandono de los tratamientos.
En esta misma lógica, podría pensarse que el manejo y sobre todo el
conocimiento que una persona diagnosticada con esquizofrenia pudiese tener
respecto de su sintomatología y sus tratamientos, contribuirían a que pudiese
realizar los procedimientos adecuados en los casos que requiera, evitando sobre
todo conductas erráticas en este aspecto, que incrementen el sufrimiento y la
angustia que pueda existir en diferentes momentos. De alguna manera, el
conocimiento podría contribuir a la tranquilidad de la persona y sus cercanos.
Por otra parte, el conocimiento y manejo de los tratamientos, podría generar
en las personas que lo reciben una sensación o más bien certeza de que forman
parte del alivio generado y del proceso de tratamiento, lo que además de influir en
su autoeficacia, probablemente afectada si es que ha habido cierto deterioro en su
funcionamiento, podría fomentar el compromiso de la persona en seguir las
indicaciones de tratamiento de manera rigurosa.
De una u otra manera, esta investigación podría convocar a quienes
participan del tratamiento de personas diagnosticadas con esquizofrenia,
especialmente como tratantes, a dar un lugar a este decir de quienes reciben
dichas intervenciones. Principalmente pensando en las repercusiones de su
quehacer, ya no en la sintomatología, sino en la vida de una persona. Y si bien, en
este trabajo y en estos procesos, no se establece la interrogante acerca del lugar
de la cura, si se evidencia la necesidad de revisar el lugar del tratamiento.
Tomando en consideración y relevando su decir acerca de éste, en el caso de una
persona cuyo diagnóstico, es preciso no olvidar, denota cronicidad.
Finalmente, las múltiples interrogantes que puede generar este trabajo,
podrían resultar un aporte en tanto, entre otras cosas, sirva como aliciente al
diseño y elaboración de futuras investigaciones.
132
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136
XI ANEXOS
137
Pauta Preguntas Entrevistas
1) ¿Podría contarme acerca de su tratamiento?
2) ¿Qué significa tratamiento para Ud.?
3) ¿Cuándo se inició?
4) ¿Por qué comenzó a tratarse?
5) ¿Cómo llegó a comenzar a tratarse?
6) ¿Lo acompañaba alguien? Cómo fue ese día?
7) ¿Cambió en algo su vida cuando comenzó a tratarse?
8) ¿Cómo era su vida antes de iniciar tratamiento?
9) ¿Qué recuerdos tiene del primer lugar donde recibió tratamiento?
10) ¿En qué consistió ese tratamiento?
11) ¿Recuerda a alguien de ese lugar?
12) ¿Cómo se sintió?
13) ¿Recuerda su primer médico?
14) ¿Cómo supo qué le sucedía?
15) ¿Qué sintió al comenzar a tratarse?
16) ¿Recuerda los medicamentos que le dieron al comienzo?
17) ¿Fue cambiando de medicamentos?
18) ¿Sabía por qué se realizaban los cambios?
19) Actualmente, ¿qué medicamentos toma? ¿a qué hora?
20) ¿Maneja usted sus medicamentos?
21) ¿Estuvo hospitalizado?
22) ¿Cuántas veces?
23) ¿Cuánto tiempo?
24) ¿Con qué asocia el hospital psiquiátrico? ¿Qué recuerda de allí?
138
25) ¿En qué sector del Hospital estuvo?
26)¿Se acuerda por qué lo hospitalizaron?
27)¿Cómo fue su estadía?
28)¿Cómo eran los días que pasaba en el Hospital?
29)¿Qué otros lugares del hospital conoció?
30)¿Conoció otros pacientes?
31)¿Cómo los veía, que le parecían?
32)¿Hizo amigos, amigas en el Hospital?
33)¿Recuerda a alguien que le hayan orientado o ayudado?
34)¿Actualmente va al Hospital?
35)¿A qué parte del Hospital?
36)¿Lo conocen?
37)¿Ud. conoce a quienes le atienden?
38)¿Cómo sabe que tiene que ir al Hospital?
39)¿Le gusta ir para allá?
40)¿Dónde más ha sido tratado?
41)En general ¿Qué tipo de tratamientos ha recibido?
42)¿Con que tratamiento ha estado de acuerdo, con cual no?
43)¿Qué cosas le han gustado de recibir tratamiento?
44)¿Quiénes han sido importantes para usted durante este tiempo?
45)¿Dónde va para recibir tratamientos?
46)¿Qué es lo que más le agrada de tratarse?
47)¿Hay algo que le desagrade, que no le guste de tratarse?
48)¿Por qué está recibiendo tratamiento ahora? ¿En qué consiste su tratamiento
actual?
49)¿Quiénes le dan tratamiento?
50)¿Qué piensa cuando piensa en el COSAM?
51)¿Cómo es su día en el COSAM?
52)¿Qué otras cosas se hacen en el COSAM?
53)¿ Cómo son los días que no viene al COSAM?
54)¿ Cómo son sus fines de semana?
139
55)¿Hay algún tratamiento que eches de menos?
56)¿Qué lugar ocupan en su vida los tratamientos que ha recibido?
57)¿Cuánto tiempo dedica a sus tratamientos? ¿Cómo es eso para usted?
58)¿Cómo es para usted recibir un tratamiento permanentemente?
59)¿ Cuánta gente participa de sus tratamientos? ¿Quiénes son?
60)¿Cuáles son las personas importantes para usted?
61)¿Recuerda haber recibido de alguien que lo haya tratado algo importante o
significativo para usted?
62) ¿Recuerda algo negativo de sus tratamientos?
Vida antes del
Tratamiento
¿Es posible
establecer
esto?
Antes/después
El
Hospital
Los deberes
El Consultorio
El tratamiento
Los fármacos
El Cosam
Mi vida
hacia
adelante,
el futuro
Los exámenes
Por
encontrar o
no
Mi red
Los tratantes
La red
primaria antes
primaria
Médicos
Otros Profesionales y
del
hoy
técnicos
tratamiento
Los lugares significativos
Las rutinas
El ocio
semanales
140
ENTREVISTA 1
D: Don H yo le contaba que quería conversar con usted para que me contara
algunas cosas respecto de su tratamiento, respecto de su vida desde que se
empezó a tratar, y esto es para un trabajo de universidad, es un trabajo de tesis.
Yo estoy haciendo un magíster en la Universidad de Chile, y la idea es poder
mostrar lo que usted me cuente respecto del tratamiento. ¿Ya?
H1: Bueno
D: Don Héctor yo quería preguntarle si me podría contar un poco acerca de su
tratamiento, así en términos generales.
H2: Bueno, el tratamiento mío ha sido bueno, desde que empecé a tratarme
empecé a tener buena calificación, me acuerdo que cuando recién caí a la
enfermedad, fue por un daño que me hicieron a mí.
D: ¿Qué pasó?
H3: Unos jóvenes me dañaron el sentido
D: ¿Cómo le dañaron el sentido?
H4: Es, que unos jóvenes me habían dado un vodka en un vaso, yo había tomado
unos telidones antes, cuatro a cinco telidones.
D: ¿Qué son los telidones?
141
H5: Cucarros unos que eran famosos antes, por ahí en el año ’86, ’85. Eran
famosos, era droga.
D: ¿Eran como pastillas?
H6: Pepas. Y me dieron como cinco telidones más o menos, después me fui a la
fiesta frente de mi casa y entré a la fiesta y había una niña rubia que era amiga de
mi hermana, y como que esa niña se había enamorado de mí, estaba enamorada
de mí, y yo estaba dentro de la fiesta así, y estos jóvenes parecen que vieron que
la niña se había enamorado de mí, que le gustaba yo a la niña y me dieron un
vodka a tomar y yo era alegre, de una personalidad agradable, era agradable con
todos yo, y de repente así me dan un vodka y me lo tomo, y me quedó un poquito,
y me dijeron tómatelo todo, así que me lo tome todo. Y de ahí ya como que
empecé a decaer, no sé, quedé como lento así, me fui pa’ la pieza todo.
D: ¿Cómo lento?
H7: Como que lerdo así, como que ya nada rápido, una cosa así. Y me metí pa la
pieza así y me senté en la cama así, y de repente toy así… tiraba a conversar así,
trataba de conversar con alguien po, y taba la niña de la fiesta, y la niña de la
fiesta me miró así y quería conversar con ella y no me dio el habla la niña de la
fiesta así, no me dio el habla.
D: ¿Cómo no le dio el habla? ¿A usted?
H8: A mí, sí, no quiso conversar conmigo y o sea no sé si quería conversar
conmigo o no quería conversar conmigo pero en este caso ella no conversó
conmigo. Y de repente me dieron unos antojones y me fui pal baño, y adentro del
baño, mientras estaba sentado en la cama, estaban peleando los dos jóvenes, se
estaban pegando adentro del baño y llegué yo cuando estaba sentado en la cama
142
de repente a perecen los dos así po, sale uno primero, sale del baño uno, y salió
así me quedó mirando, ese era el primero que salió, salió con la cara mojada así y
lo quedé mirando... el segundo joven salió con la cara toda sangrando así en la
cara po.
D: ¿Y por qué?
H9: Porque habían peleado adentro los dos, habían peleado los dos jóvenes
adentro del baño po, taban peleado y cuanto se llama… me miraron a mi po, y ahí,
no se po, como que cuando salió el segundo joven, la segunda persona del baño,
le miré la cara y taba todo sangrado. Y ahí ya después fui acostarme y todo, y
eran como las cinco, o no sé bien qué hora era, pero ya estaba decaído, ya estaba
con el daño hecho, porque de repente desperté así y empezó a… cuanto se
llama… a latir esta venita de aquí (señala su frente), la venita de este lado
D: De la cabeza, de la frente
H10: De la frente sí, del sentido, y empecé a latir y me golpeé así, me golpeé y dije
“mamita Virgen qué me pasa” y me…
D: ¿Cómo sabía que era la venita del sentido la que la habían dañado? ¿qué
sentía?
H11: Porque como que en ese momento no sentí nada, la señal no más que sentí
de la mamita Virgen aquí en la sien mía. La señal no más po, y la señal igual que
la lucecita del arbolito de pascua así, empieza así a latir, y cuanto se llama… se
me puso aquí en la sien po, y disperté y me golpeé y dije mamita Virgen qué me
pasa así y ahí me golpeé y seguí durmiendo y después cambié y era otra persona
ya po.
D: ¿Cómo era?
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H12: Como que quería ser igual que las otras personas, tener la personalidad de
otro joven, como que no sé… era tanto el enredo que tenía en mi mente…
D: Se le empezó a enredar la mente.
H13: Sí, pucha, que quería ser igual que la otra persona así, eh, echaba de menos
a un amigo y cuanto se llama, y llegaba y me salía del colegio así, daba las
pruebas, pero las pruebas las daba así con, no se me grababan las preguntas en
la cabeza
D: ¿Qué edad tenía usted?
H14: En ese tiempo, a los 19 años me dañaron la mente a mí.
D: ¿Estaba en el colegio todavía?
H15: Estaba en el colegio, sí, estaba haciendo el cuarto medio.
D: ¿Y lo terminó?
H16: Sí gracias a Dios. Llegué hasta quinto, pero en quinto me retiré porque me
puse muy nervioso así que no pude seguir estudiando.
D: ¿Y cómo se puso muy nervioso?
H17: Ya el curso que iba, había terminado el cuarto medio en venta, pero en el
día, como que el curso no era bien educado, era desordenado y todo, y había
muchas malas juntas en el curso y me fui pa la noche, me fui a estudiar en el
INSUCO, en el horario nocturno, y me fui a estudiar en la noche ahí al INSUCO,
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per qué, estuve como dos semanas en el colegio así, dos semanas estuve y me
retiré po, y me salí del colegio, no… no estudié más po.
D: ¿Y por qué me dijo que se había puesto muy nervioso? ¿Cómo es eso?
H18: Sí porque tiritaba, tiritaba cuando estaba haciendo pruebas así, o estaba en
el día, me ponía nervioso, traspiraba, cuando iba salir a disertar traspiraba, y no
quería que nadie me ayudara, quería ayudarme solo no más, y traspiraba así,
cuando iba a salir a disertar así y como que me quedaba así…eh… ¿cuánto se
llama así? Agobiado en el asiento así como que no quería salir a disertar así…
D: ¿Por qué? ¿Qué creía que iba a pasar o qué le pasaba que no podía disertar?
H19: Es que era muy nervioso, tenía mucho miedo, no sé, miedo.
D: ¿A qué?
H20: No sé po, no sé a qué. Pero la primera vez que diserté, me fue bien, ya
estaba bien ya po, hice una disertación bien bonita. La primera disertación que
hice la hice bien bonita así po, duró como veinte minutos más o menos la
disertación, y la hice bien bonita…y ahí cambié, en ese mismo momento cambié,
ya después tenía miedo, no era el mismo Tito de antes, traspiraba, tiritaba en el
asiento, copiaba la materia,
o sea cuando tocaban pruebas copiaba a los
compañeros y no me iba bien, o sea me iba bien gracias a Dios en los estudios,
pero tuve que luchar harto por salir del colegio.
D: Como que empezó una serie de cambios.
H21: Una serie de cambios, eso, una serie de cambios, quería parecerme a otra
persona, a un joven que había en mi casa.
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D: ¿Por qué se quería parecer a él?
H22: No sé, es que como una personalidad que tiene ese joven, y yo también era
como el mismo de él, pero es que la edad, todas esas cosas ¿entiende? Y quería
parecerme igual que él po, igual que pa la pelota po, cuando jugaba a la pelota,
me puse bueno pa la pelota po, jugaba en primera adulto, tenía como veinte años,
a los diecinueve estaba jugando en primera adulto y también había un joven que
era bueno pa la pelota y también quería parecerme a él po, y yo era bueno pa la
pelota po y no sé por qué me dan esas personalidades de querer parecerme a
esas personas, y a parecerme: este joven compraba diazepam pa los dolores, y yo
también compraba diazepam pa los dolores (ríe) así quería parecerme igual a él.
D: En todas las cosas.
H23: Claro, en todas las cosas, a las dos personas y uno se llamaba Manuel y el
otro se llamaba Jano, eran dos personas que quería parecerme yo po.
D: Ah y pasando a otro tema, ¿Y cómo fue que comenzó a tratarse, qué pasó ese
día?
H24: Una vez yo estaba enfermo ya po, ya estaba delirando.
D: ¿Cómo delirando?
H25: Estaba ya con mi mente cambiá po
D: ¿Cuánto tiempo pasó desde que le dañaron la mente hasta ese momento?
H26: Eh… ¿cuánto tiempo? Por lo menos… a mí me lo hicieron en el año 1986, en
la fiesta esa, no sé si fue en abril o en mayo, o en marzo…en marzo parece que
146
fue, ahí en abril del ’86 hasta el 2001 estaba enfermo, ahí pasaron hartos años
que estaba con mi salud cambiada.
D: ¿Y eso estaba con tratamiento desde…?
H27: No, yo solito fui, me acuerdo que salí del colegio y todo, y fui…o no estaba
estudiando parece, estaba estudiando, y fui al psiquiátrico.
D: ¿Fue solito?
H28: Sí.
D: ¿Y por qué decidió ir al psiquiátrico?
H29: Porque quería hablar con un médico para hablar con él, qué tenía, que me
sacara lo que tenía po, y fui hablar con un psiquiatra, con un doctor pa que me
viera un psicólogo, y fui al hospital po, cuando me acuerdo que el hospital era de
madera, el hospital donde está el hospital San José, detrás ve que había uno…
D: ¿Ahí en Av. la Paz?
H30: Ahí en Av. la Paz, había un psicólogo que atendía ahí en el hospital San
José, y ahí fui a hablar con el médico, con el doctor po, y hable con él po,
conversé con él y el doctor me dijo que era…cuanto se llama, que tenía que seguir
estudiando no más po.
D: ¿fue a la urgencia?
H31: No, fui a sacar hora para atenderme con el psicólogo, así que el doctor me
vió y me dijo que tenía que sacarme esto no más de la mente, no me dio remedio
ni nada.
147
D: ¿Y ahí conversó con un psicólogo?
H32: Sí con un psicólogo.
D: ¿No con un psiquiatra?
H33: No con un psiquiatra, no. A lo mejor hubiera conversado con un psiquiatra
habría estado bien.
D: ¿Y qué pasó ahí? ¿Ud. Se fue pa la casa?
H34: Me fui pa la casa y seguía enfermo, en el trabajo trabajaba y duraba pocos
días, cuando salí del cuarto medio me puso a trabajar po, y trabajaba duraba una
semana dos semanas de trabajo.
D: ¿Por qué duraba ese tiempo?
H35: Porque cuanto se llama ehh… no sé me ensuciaba los pantalones así,
trabajaba…encontraba muy pesado el trabajo, eh…
D: ¿Y usted se retiraba?
H36: Me retiraba sí.
D: ¿No lo despedían? Usted se retiraba
H37: No me despedían, no. Y cuanto se llama, me… me ponía a trabajar, y cuanto
se llama trabajé en la cervecera Cristal. Trabajé en puras cosas que eran de, eran
una cosa de muñeca, cosas así po, y taba bien po, si era el agobio mío que tenía
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en la cabeza, eso como que me… me…me deprimía, como que me angustiaba
cuando trabajaba en trabajos así, seguí trabajando harto tiempo en hartos trabajos
y en todos me salía po, en todos los trabajos me salía, me retiraba po. Tuve
trabajando en un carrito de Nestlé, de yogurt y en la mañana salía temprano, era
responsable pa irme a trabajar po, y yo caminaba harto, caminaba harto, era
mucho lo que caminaba, y cuanto se llama… llegué así y me devolví así y por no
orinar en la calle, y no ensuciar en el suelo, me ensuciaba en los pantalones,
obraba en los pantalones y llegaba y me ponía una chomba así para cubrirme, pa
que no se viera, y me llevaban pal local así, la distribuidora y el caballero me
decía: “y tan tarde que vení”, sí es que caminé para allá…y todos los días llegaba
tarde po.
D: ¿Cómo que se perdía? ¿salía temprano y se perdía?
H38: No, me metía…me alejaba mucho, como que si me voy pa allá me iba bien y
lloviendo también po, del local a vender salía lloviendo del trabajo, me mojaba
todo, quedaba todo mojado, y cuanto se llama llegaba, vivía pa acá pa C. donde ta
la feria y caminaba hasta los libertadores con el carrito y después me devolvía y el
carrito seguía derecho para allá hasta las calles por donde pasan las micros, por
ahí caminábamos, y seguía pa acá avanzando, eran las medias vueltas que me
daba caminando y llegué y llegaba tarde al local así, llegaba como a las 5 ó 6 de la
tarde.
D: ¿De qué año más o menos estamos hablando?
H39: Esto fue más o menos en el ’89 más o menos, ’87 salí del colegio, ’88 me
enfermé y empecé a trabajar en la cervecería, también me puse bueno pa la
pelota, todas las cosas. Y así que gracias a Dios se me fueron dando las cosas
bien bueno.
D: ¿Qué cosas le pasaron?
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H40: Eh, trabajé en la cervecera, en la cervecera trabajé y me deprimí adentro de
la cervecera, en el lugar donde estaba le pedía al jefe que me cambiara y…
cuanto se llama…me dijeron que no po, a entonces me salgo así dije yo po, me
voy. “váyase no más” me dijo, así que llegue y me vine, y no iban a pagarme na
po, no querían pagarme, y yo dije: voy a ir a cobrarme al tiro porque capaz que no
me paguen el pago, porque a donde me voy a salir. Así que fui donde la contadora
a cobrar mi cheque y mi plata, y me la tenían justa la plata ahí en el pago, me la
tenían junta, así que le gané la quien vive (ríe) le gané la quien vive así que me la
cobré así, y después justo estaba parado yo e iban diciendo “el pago de este no se
lo den ah” así dijeron así, y yo lo escuché po, y yo escuché cuando estaba parado
en la contadora en la oficina, y yo lo había cobrado ya po, le había ganado la
quien vive po, así que taba contento po.
D: Oiga don Héctor, y usted decía que fue un día al psiquiátrico y después ¿Cómo
comienza tratamiento así, qué pasó? Porque ahí no lo comenzó, sino que habló
con el psicólogo.
H41: Sí, con un psicólogo fue mucho tiempo atrás…
D: Mucho tiempo antes y después usted me contaba que siguió trabajando, pero
más o menos así como que se sentía mal igual
H42: Más o menos, ¿en qué tiempo más o menos empecé a sentirme bien? ’89
empecé a sentirme bien también, ahí también empecé a sentirme bien.
D: ¿Pero eso por algún tratamiento?
H43: Sí porque un primo mío me dio un tratamiento de un médico mentalista, un
médico mentalista y todos estaban preocupados de mí, taba toda mi familia estaba
preocupada de mí, taban todos pendientes conmigo.
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D: ¿Y por qué se preocupaban?
H44: Por la enfermedad que tenía po.
D: ¿Ellos sabían qué enfermedad tenía usted?
H45: No po, yo era el que trabajaba y me enfermaba yo solo y en el ’89 mi primo
me llevó a un médico mentalista y el médico me mejoró po.
D: ¿Y cómo lo mejoró? ¿Qué le hizo?
H46: Me dio unas gotitas así, y empezaba a conversar conmigo igual que como
conversaras tú conmigo así, conversábamos, me iba observando, si es que iba
hablando yo po
D: ¿Y dónde lo llevó? ¿Dónde quedaba ese médico?
H47: Allá…mmm….no sé pa que parte quedaba señorita, pero era, pa allá pa
Eleodoro Yáñez, providencia, no sé qué parte era.
D: ¿Pero era particular?
H48: Particular, sí, particular. Y me llevaron para allá y ahí el médico me mejoró
po. O sea se me dio la salud, me entiende, se me dio la salud, y cuanto se
llama….
D: ¿Cómo se le dio la salud?
H49: Me mejoré po, ya no tenía esa niebla aquí en la sien po, aquí en este lado,
ya no tenía esa niebla.
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D: ¿Cuánto duró ese tratamiento usted cree?
H50: ¿Cuánto habrá durado?...haber, unos tres meses más o menos. Tres meses
habrá durado más o menos y me sentía bien, jugaba a la pelota, era atractivo,
simpático, todas las cosas.
D: Como aliviado
H51: Aliviado, justamente. Como que las niñas me querían mucho así, todas las
cosas. Eh, y de ahí… cuánto se llama… me llevaron al…ahí estuve con el médico
y después llegó el punto de que caí enfermo, volví a caer, me puse a trabajar así,
y estaba trabajando con un caballero que era cerrajero y de repente nos fuimos a
trabajar ahí en J. J., y ahí llegué y me…me puse a trabajar y de repente
estábamos los dos con un compañero mío, estábamos trabajando los dos po,
estábamos haciendo un trabajo los dos juntos, estábamos haciendo unas
perforaciones con un taladro y yo tenía sujetado el fierro, y este joven va y taba
haciendo la perforación con el taladro así y de repente como que el fierro se corrió
así y el joven me dice: “¿Quién fue?” –yo le dije: tú fuiste, y me dijo, ya me dijo
así, y de se me bajó como una cosa de aquí de la (señala la sien)…con esa
discusión, como que donde le eché la culpa a él o como que no sé quien fue el
que corrió el fierro, yo lo corrí también porque fue como un…cuanto se llama…
eh… pongámosle espera de vela, espermitas que están bendecidas, como que se
me bajó a este lado.
D: Al lado izquierdo
H52: Al lado izquierdo ¿se me agachó cachai?
D: Ahí al lado del ojo
152
H53: Ahí a este lado
D: En la sien
H54: En la sien, ahí se me bajó pa abajo.
D: Sintió eso usted
H55: Claro. Y volví a lo de antes de nuevo, volví a decaer de nuevo, y ahí me dijo
ya… y ahí me había mejorado con el médico como te digo, y después cuando ya
me puse a trabajar, ahí me bajó esta parte de aquí.
D: Como que eso lo hizo decaer digamos
H56: Me hizo recaer, sí, y así que ahí ya…después ya empezó todo lo mío.
D: ¿Cómo fue que empezó todo lo suyo? Cuénteme un poco
H57: Es que de ahí taba trabajando así y me fui pal trabajo enfermo y como que
empezaba toda la gente así a escuchar cosas, y de repente así le digo al
caballero: sabe que no voy a trabajar más porque no me siento bien, le dije yo. Me
dijo: bueno, me dijo así. Me pagó y me fui pa la casa.
D: ¿Eso fue un día o fueron varios días?
H58: Fueron como… no me acuerdo tanto tiempo, pero fueron varios días. Fue un
tiempo. Y me fui pa la casa y lo primero que hice fue encomendarme a la mamita
Virgen, a la Virgen de Lourdes, me fui a encomendarme.
D: ¿Ahí en su casa?
153
H59: De mi casa a Lourdes, me fui a encomendar de mi casa a Lourdes, y de ahí
cuanto se llama… me fui a Lourdes solito.
D: ¿Habían alguien en su casa ese día cuando usted llegó?
H60: Sí, había una persona al frente, una persona al frente mío que esa persona
hacía carrocería, y llegaba y todos los días trabaja po, trabajaba en la mañana, en
la noche y en la tarde, trabajaba todo el día y toda la noche po, y llenaba la calle
de carrocería, ¿cachai? Y llenaba la calle de carrocería y yo llegué ese día a la
casa y fue como que cuando fui a Lourdes me senté en el pastito y se pusieron
unas palomitas aquí adelante así se pusieron en este lado de aquí y se me
hicieron unas señas.
D: ¿Cómo unas señas?
H61: Como que me dijeron: “vas a luchar, vay a enloquecer, me nombró a mi
sobrinito al P. y a los treinta” que no sé, que a los treinta me iba a pasarme de
nuevo, así que llegué y me dijeron que…o sea ahí llegué donde Lourde y me fui
pa la casa y cuando llegue a la casa ya empecé a luchar con esta persona, con el
viejo que vive al frente.
D: ¿Empezó a luchar con él? ¿Por qué?
H62: Como que a mí me tomaron, me tomó un discípulo ¿entiende?, un discípulo
que aparece en la Biblia y se llama Teófilo, y es muy, bien buena onda, jovencito
así po, y ahí me puse a luchar, él me ayudó, como que él necesitó a mí po, como
que me necesitó y como que empecé a luchar con él.
D: ¿Pero a luchar así verbalmente, usted le decía cosas, o físicamente?
H63: Le hablaba verbalmente, le decía cosas y, luchaba con él, peleaba con él.
154
D: ¿Y él qué le decía?
H64: Nada, una vez que estábamos los dos peleando en la calle, tabamos
botaditos en el suelo peleando los dos así.
D: ¿A combos?
H65: A combos, sí. (Ríe). Y cuanto se llama…llegué y me puse a pelear con él po,
y llegue y sacó al tiro las carrozas, se cambió al tiro, ya no dio más trabajo, no
tenía nada más trabajo ahí en la calle, después se cambió de casa y esta persona
se ahorcó po. Pa que sepai como es po, como es la Virgen de Lourdes.
D: Oiga y su familia qué decía porque se agarraban a combos.
H66: No, me dejaban solo a mí no más, que yo hiciera lo que yo quisiera no más.
D: ¿Y usted con quién vivía en ese tiempo?
H67: Mi papito se había ido de la casa, mi papito se había ido con una tía mía, con
una tía mía se había ido mi papito. Vivía con mi hermana, con mi mamita, mi tía,
mi primo, y mi…con ellos po.
D: Y después de este momento en que Teófilo lo tomó…eso pasó en un tiempo
prolongado digamos.
H68: Sí po, como tres meses más o menos fueron. Desde que empecé, febrero,
marzo, abril. Tres meses más o menos estuvo leseando, y le sentía la voz, era
bonita la voz que tenía, linda la voz, preciosa. “flaco” me decía, “¡Flaco!”
D: ¿y de ahí que pasó, cómo?
155
H69: De ahí se terminó todo po, ya no sentí más la voz de él, claro que me forzaba
el Teófilo, me forzaba.
D: ¿Y cómo se le pasó?
H70: Solito y de a poco se fue pasando. Adonde yo fui metiéndome al litro,
empecé a tomar cerveza, vino, bebida, osea…
D: ¿Y por qué empezó a tomar?
H71: Es que tomé cuando de repente estuve en la casa de mi prima y llegué y me
ofrecieron whisky y no quise tomar whisky yo po, tampoco quise tomar.
D: ¿Hasta ahí no tomaba nada?
H72: No tomaba nada, estaba enyesado porque me habían atropellado en la
panamericana y no tomaba ni una cosa y ahí en la noche de navidad llegué y
cuanto se llama… aparecieron unas personas, y voy pa afuera así, voy a tomar
helado y ponen un tema de Los Jaivas, bien bonito el tema de Los Jaivas, y abren
la puerta así, y aparece esta persona, y era Jesús el que apareció po, de repente
aparece así y le miro la barbita, era bonita la barba así y con el pelo largo hasta
aquí, con la barba blanca, pantalones blancos y el vino con la estrella de David po,
y llegué y se la tapó po, osea me dio la felicidad ahí ¿cachai?, me abrazó y todo y
me dijo felicidades, la otra persona, un gordito, también me dijo felicidades, los
cuatro así, había una señora, el flaquito parece que era el Teófilo (ríe), y cuanto se
llama el gordito era no sé, no sé si era Judas, no sé, no cacho ¿cachai?, y la otra
señora era una señora de edad también po y porque me abracé con él así y de
repente él hace un gesto ¿cahchai? Como que se agacha pa recoger algo así y yo
lo quedo mirando, como que le miro pal lado así y le veo la estrella y él va, se la
mira así y me pongo a llorar así, y él se la tapa.
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D: ¿Y por qué lloraba usted?
H73: Por la estrella po, donde mire la estrella, me emocioné con ese momento
D: Ah con emoción
H74: Con emoción, si po, me emocioné y cuanto se llama, se tapó la estrella así y
después mi mamita me llevó pa la casa y me fue a dejarme a la casa, me acosté y
me quedé toda la noche despierto.
D: ¿Y por qué su mamá lo fue a dejar a la casa?
H75: No sé, yo creo que cometió un error mi mamita porque me habría quedado
ahí con él, a lo mejor habríamos conversado.
D: ¿su mamá le dijo algo después que lo llevó? ¿Será que usted estaba llorando?
H75: No, es que estaba asustada porque yo había visto la estrella de David
D: Porque usted estaba llorando a lo mejor. ¿Y ahí descansó en su casa después?
H76: Después estaba esperando lo que… (Ríe) llegó mi mamita y me entre a la
pieza, me acosté así, y mi mamita me llevó cualquier botella de whisky así, de
vino, de bebida, de cola de mono (ríe).
D: Su mamá y ¿Por qué?
H77: No sé po, me llevó cualquier botella de licor, y ahí me quedé dormido… osea
no dormí nada, me desperté como a las seis de la mañana… esperé cualquier
tiempo que volviera a mi casa a visitarnos. Y tenía un cuadro detrás de mi casa
157
así, que salía Jesús, y apoyé la cabeza esperando que viniera pero no vino, de
hasta ahora nunca más lo he visto.
D: ¿Y qué pasó después, al otro día?
H78: Al otro día ya me puse a tomar cerveza.
D: Ahí empezó a consumir alcohol
H79: Ahí a decaerme, sí po, yo no debí haber tomado.
D: ¿Y qué pasaba cuando tomaba?
H80: Como que me mareaba
D: ¿Y esa sensación que usted me contaba que tenía en la sien, continuaba o no?
H81: Sí continuaba, igual continuaba. Igual que ahora, también me continúa.
D: Oiga don H, y después pasó un tiempo en que estaba consumiendo harto
alcohol y todo. ¿Y cómo es que llega a tratarse?
H82: Mi mamita me llevó al psiquiatra
D: ¿Fue al Hospital Psiquiátrico?
H83: Sí.
D: ¿Y por qué lo llevó?
H84: Porque me hizo mal el trago
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D: Ah ya, y lo llevó por el trago
H85: Por el trago, sí.
D: ¿Y usted se acuerda de ese día cómo fue cuando lo llevó?
H86: La primera vez que me llevó… la primera vez que me llevó fue al psiquiatra
cuando ya había luchado ya con esta persona.
D: ¿Y ahí qué pasó?
H87: Ahí quedé en tratamiento.
D: ¿Hospitalizado?
H88: No, iba no más a control.
D: ¿Y qué le dijeron ahí que tenía?
H89: Según lo que dijeron los médicos era esquizofrenia, pero no sé po, yo creo
que no porque cuanto se llama los esquizofrénicos no se acuerdan de nada po, o
escucha voces y yo no escucho voces.
D: Y usted estuvo en tratamiento ahí por un tiempo
H90: Estuve en tratamiento cuando me llevó mi mamita ahí al Hospital Salvador
me llevó mi mamita, ahí me llevó y empecé a ir a control por el Hospital Salvador,
me atendió un medico bien bueno
D: ¿Y cuánto tiempo estuvo ahí en el Hospital?
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H91: Por lo menos como…uh, harto tiempo, del ’91 hasta como el ’98, ‘99
D: ¿Y por qué dejó de tratarse ahí?
H92: No porque yo caí, tuve una caída y me dijeron que no me pertenecía el
Hospital del Salvador po, así que me derivaron pal hospital de aquí del psiquiátrico
y ahora estoy en el psiquiátrico atendiéndome.
D: Oiga una última preguntita pa terminar por hoy día. ¿usted se acuerda del
tratamiento que le dieron en el Hospital Salvador, qué era lo que tenía que hacer,
qué era lo que tenía que tomar?
H93: Sí, me dieron remedios, me daban Tonaril, pero con el Tonaril tuve bien po,
tenía una salud bonita, linda la salud que tenía con el Tonaril.
D: ¿Y usted se tomaba su remedio?
H94: Me los tomaba todos los días, a la hora determinada y tenía una salud
bonita, incluso cuando trabajaba en el diario la hora, cuando existía cuando se
vendía, estuve trabajando en ese diario y me ponía en una esquina de Eleodoro
Yáñez con Providencia, ahí me ponía a vender el diario y después me iba a
comprar una bebida al frente y me sentaba en el pasto y me ponía estirado pa
a´tras si po, y de repente había un joven que estaba ahí, estaba enfermito, era
síndrome de Down, y le dice a la mamá: “mamá, mamá, quiero estar igual que él,
quiero estar igual que él ” por mi salud po ¿cachai? Yo tenía una salud bonita con
el Tonaril si el doctor me dijo tómate los remedios no más.
D: ¿Y tomaba el Tonaril y algo más?
H95: No, no me acuerdo que otro remedio tomaba.
160
D: ¿Pero habían otros remedios?
H96: Sí, había otros remedios, pero el Tonaril fue el que me mejoró, me hizo bien
po, linda la salud que tenía.
D: Bueno don Héctor, hoy día lo dejamos hasta acá ¿le parece? ¿Le parece bien
si el jueves nos juntamos? ¿usted va a venir?
H97: Sí.
D: Como a las 10:00, 10:15 una cosa así, yo creo que me voy a venir a dar una
vueltecita y conversamos un ratito igual que ahora. ¿Ya?
H98: Ya, bueno. Ok. Ya señorita.
161
Entrevista 2
D: La vez pasada habíamos quedado cuando usted hizo el tratamiento con el
Tonaril ¿se acuerda?
H1: Sí, con el Tonaril
D: ¿Ese fue un tratamiento en el sistema particular?
H2: No, en el hospital. Con el doctor O, ¿lo conoce usted? En el Hospital del
Salvador, ¿no lo ubica?
D: Ah, era cuando se atendía en El Salvador
H3: Sí, ahí estaba con el Tonaril, pero con el Tonaril me mejoré yo, estaba bien.
D: Se sentía bien
H4: Sí me sentía bien. Con ganas con deseos, andaba contento, riéndome solo
con las cosas. Pero después me fui a la playa y en la playa caí
D: Cómo cayó, ¿por qué?
H5: Porque me puse a tomar cerveza y cuanto se llama…
D: ¿Con quién fue a la playa?
162
H6: Con unos amigos de la casa, unos cabros, unos conocidos que tenía en la
casa, que antes eran amigos míos pero ahora no me junto con ellos, porque le
hacen a la droga y todo eso, pero antes fui con ellos a la playa, y nos traían cajas
de cerveza pa tomar po.
D: Y ahí ¿dejó de tomar el Tonaril? ¿o lo tomaba con…?
H7: Lo dejé de tomar parece, no me lo tomé, y después ahí empecé a tomar harta
cerveza y me puse a jugar a la pelota y en la noche nos pusimos a comer
mariscos con vino, después me invitaron a tomar cuba libre, vino, o sea me
invitaron a tomar cuba libre, y después andaba con rabia, gracias a Dios y la
Virgen no fumé marihuana, y yo antes le hacía a la marihuana.
D: Ah ya, ¿pero antes de tener estos síntomas, o entre medio? ¿A qué edad le
hacía a la marihuana?
H8: A los 17, 18 ahí.
D: Pero después dejó
H9: Después si po, no fui consumidor de marihuana.
D: Oiga y ahí cayó, ¿por qué me dice que cayó? ¿Qué le pasó?
H10: Es que adonde me puse a tomar cerveza y vino, con cuba libre, como que se
me juntó todo el revoltijo y llegué a la casa y enrabiado y todo, angustiado y me
acuerdo que se me quedó la billetera con el joven que fui a la playa y fui a
buscarla y todo, y llegue a la casa, enrabiado, no sabía manejar la tele como
manejaba la tele…
D: ¿Y cómo manejaba la tele?
163
H11: Con el sentimiento no más, con el puro sentimiento manejaba la tele
D: ¿Qué manejaba de la tele?
H12: El…los personajes de la tele, los personajes, los manejaba y los seguía
manejando.
D: ¿Y ahí usted seguí con el tratamiento con el Tonaril?
H13: Sí ahí continuaba con el Tonaril. El Tonaril me hizo muy bien el Tonaril.
D: Y cuando ahí cayó ¿volvió al hospital, retoma el control? ¿Cómo fue?
H14: Sí, retomé el control de nuevo, gracias a Dios que el doctor me dio de nuevo,
cuanto se llama, me dio la bendición de que pudiera seguir con el tratamiento, no
me dijo nada, no podí seguí no, así que altiro me dijo, ya te voy atenderte, me dijo
así. Y no me volvió altiro la salud, o sea, seguía con el tratamiento, seguía con el
tratamiento
D: ¿Y a ese tratamiento iba solo o lo acompañaba alguien?
H15: No, a ese tratamiento iba solo. A veces me acompañaba mi mamita, pero iba
solo casi siempre. Me ponía el Modecate.
D: ¿Ahí le empezaron a poner Modecate también?
H16: Sí, y ese me hacía mal.
D: ¿Eso fue antes o después que cayó en la playa, el Modecate?
164
H17: El Modecate, no me parece que antes de que cayera en la playa.
D: Estaba con Tonaril y Modecate
H18: Sí, ya después me quitaron el Modecate y quedé con el puro Tonaril no más,
porque al doctor lo ví en la alameda, en Eleodoro Yáñez con Providencia, ahí vi al
doctor, y me dijo, tómate los remedios, me dijo así, que me tomara el Tonaril, y le
hice caso en todas las cosas, y me sentí bien po.
D: Oiga, cuénteme una cosa, me dijo que el Modecate le hizo mal, ¿Qué le pasó?
H19: Sí, se me iba la lengua pa afuera, no sé si era el Modecate o el tratamiento,
no se po. Pero ya era…
D: ¿Se le salía la lengua de los labios?
H20: Sí, de los labios. Se me salía y cuanto se llama, no podía eh, como que veía
puros colores, puros colores no más veía, el lila lo veía, se me imaginaba el color
lila, puros colores me imaginaba.
D: ¿Eso era cuando le inyectaban?
H21: Cuando me inyectaban, sí.
D: ¿Y dónde lo inyectaban?
H22: En la nalga, en el brazo también a veces.
D: ¿Y lo inyectaban ahí mismo en el hospital?
H23: En el hospital, sí.
165
D: ¿Iba solo a inyectarse o lo acompañaban?
H24: Iba solito, sí. Iba solo a inyectarme, del trabajo me venía pa…
D: ¿En qué trabajaba en ese tiempo?
H25: En el diario La Estrategia, ahí estaba trabajando.
D: Oiga, cuénteme una cosa, usted me dice que tenía este efecto en la lengua el
Modecate, y ¿tenía algún otro efecto? ¿Usted sentía que le ayudaba en algo?
H26: Como que me decaí así, como un sentimiento así, ¿cómo era el sentimiento
que sentía?, eh, como que me daba miedo todas las cosas, me daba miedo, me
asustaba.
D: ¿Y usted notaba que eso pasaba cuando se inyectaba?
H27: Sí.
D: ¿Y cada cuanto se inyectaba?
H28: Cada un mes. Todos los meses me inyectaba, un cuarto de cc más o menos,
un cuarto, poquito.
D: ¿Y cómo era pa usted el día que se tenía que ir a inyectar?
H29: Me iba no más a inyectarme, pero no me gustaba que me inyectaran porque
con el Modecate me me hacía mal, no sé po, me hacía mal po.
D: ¿Y ahora usted utiliza Modecate?
166
H30: No, no no.
D: ¿Y cuándo dejó de usarlo?
H31: Uuu, por lo menos hace tres años atrás más o menos.
D: Ah ya, pero ¿Lo estuvo usando harto tiempo?
H32: Sí, harto tiempo, pero nunca le encontré solución al Modecate, era puro
perjudicarme no más.
D: Oiga y ¿A usted le explicaron por qué le ponían Modecate?
H33: No po, ni supe tampoco por qué me ponían Modecate.
D: Ya, no sabía pa que le ayudaba
H34: No.
D: En cambio el Tonaril sí.
H35: El Tinaril sí po.
D: ¿Le explicaron para qué le servía?
H36: El Tonaril me dijeron que era pa los temblores
D: ¿Tuvo temblores en algún momento?
H37: Sí, cuando estuve en el hospital, salí con el temblor aquí en la mano.
167
D: ¿En qué hospital?
H38: En el psiquiátrico
D: ¿Eso fue antes o después del Salvador?
H39: Después del Salvador. Porque yo cuando caí enfermo de nuevo, ahí me fui al
Salvador y el doctor me mandó pal psiquiatra pa hospitalizarme y…
D: Ah, estaba en tratamiento en el Salvador y de ahí lo derivaron al psiquiatra
H40: Sí, al psiquiatra porque me había decaído, tomaba cerveza, toda esas cosas.
D: ¿Eso es lo de la playa que me contó?
H41: Lo de la playa, sí.
D: Ya.
H42: Y cuanto se llama, fui al hospital y me derivaron al psiquiatra y el psiquiatra
me pasaron pa adentro, me dijeron que iba a estar un día en el hospital.
D: Oiga y esa vez que lo derivaron al psiquiátrico, ¿Iba solo, iba con alguien, se
acuerda de ese día?
H43: Sí iba con mis dos hermanas, con la mayor y con la que sigue de la mayor,
iba con mis hermanas y cuanto se llama, mi hermana así me decían en la micro
que no pensara tanto, y yo estaba bien po, no era pa que me hospitalizaran y me
pasaron pa adentro y me dijeron que iba a estar un día en el hospital no más po.
168
D: ¿Y quién lo atendió ahí?
H44: Un doctor.
D: ¿Lo llevaron a urgencia?
H45: Claro a urgencia, y me dijeron que si escuchaba voces grandes y yo le dije
que sí po, que escuchaba voces grandes.
D: ¿Cómo voces grandes?
H46: Grandes, unas voces grandes así, y me dijeron que…ya, que me iban a
pasar pa adentro, iba a estar un día y que me iban a sacarme po
D: ¿Y usted estuvo de acuerdo?
H47: Sí po, yo iba angustiado, no sabía lo que estaban diciendo y lo único que
quería era salir de esa cosa no más po…
D: De esa cosa…
H48: Del hospital, o sea bueno y como iba angustiado ya aceptaba todo cachai,
así que me pasaron pa adentro, y me pusieron en la camilla y me amarraron el
brazo con un elástico así y un enfermo en el hospital me puso la inyección
D: ¿Un enfermo?
H49: Un enfermo, sí po, un enfermo del hospital me puso la inyección.
D: ¿Un enfermo o un enfermero?
169
H50: Un enfermo.
D: ¿Y cómo supo usted?
H51: Un enfermero que era enfermo, de ahí mismo del hospital, era paciente.
D: ¿Y cómo supo usted que era de los pacientes?
H52: Porque lo analicé altiro po
D: ¿Ahí cuando le estaba poniendo la inyección?
H53: Sí po, lo distinguí altiro que era un enfermo, me amarró el brazo así, me puso
la inyección y se cayó porque me inyecto así…cuanto se llama, en el nervio, y me
pescó el nervio parece.
D: ¿Por qué cree usted que le pescó el nervio? ¿Sintió algo?
H54: Porque sí po, como que ya me daban fuertes las crisis, me venían fuertes las
crisis.
D: ¿Cómo eran esas crisis?
H55: Por ejemplo, estaba dentro del hospital y me iba a conversar con el…la
primera crisis fue cuando estaba dentro del hospital, estaba en la sala y me dio
una crisis y me fui a conversar con el enfermero de la oficina y me puse a
conversar con él y le dije: “enfermero, enfermero quiero salir de aquí, ¿por qué no
me saca?” y me tiro contra la vitrina así y quebró el vidrio así, lo quiebro, y el
enfermero me toma así del cuello, me pesca así y vienen otros enfermero y me
amarran aquí en la espalda y me llevaron pa la cama.
170
D: ¿Qué sentía usted ahí?
H56: Ahí puro llanto no más, quiero salir, no sé, quiero irme decía yo po.
D: ¿Por qué cree usted que se tiró contra la vitrina?
H57: Es que es una crisis la que me vino, que me tiré contra la vitrina fuerte que la
rompí así, y el enfermero quería que pagáramos el vidrio todas las cosas.
D: Oiga cuénteme una cosa y usted quería salir ¿por qué?
H58: Porque era mucha locura adentro.
D: ¿Qué se acuerda de ese lugar?
H59: Cuando unos jóvenes estaban peleando, tenían la media pelea en la sala y
no había ningún auxiliar nadie, había un puro enfermero no más el que ponía la
inyección, taba el solo pero no podía hacer nada, trataba de hacer algo pero no
hacía nada po. Y el otro médico así eh… no llegaban nunca los otros médicos, los
auxiliares y de repente aparecen ellos así y qué el cabro ya…eran dos jóvenes
que estaban peleando estaban métale combos los dos po, estaban peleando a
todo full no más y se metieron dos enfermeros y pararon la cosa, terminaron con la
pelea po, ya después yo dije shuta y ya después empezaron a llegar personas
y…yo tenía miedo adentro, tenía miedo de que me hicieran una palabra, tenía
miedo, tenía miedo de que me echaran la aniñada.
D: ¿Tenía susto de las otras personas que estaban hospitalizadas también?
H60: Claro, tenía miedo. Es que había una persona que era agresivo, cualquier
cosa que tú le deciai, hablabai con él así y si no le parecía bien te pegaba po,
¿cachai?, si no le parecía bien te pegaba.
171
D: ¿Y qué más recuerdos tiene de esa hospitalización?
H61: Después la segunda crisis fue cuando estaba, me fui a meter al baño, fui a
orinar al baño así y me hinco en el baño así, y empizo a golpearme así la frente,
en el baños, en la taza, en la taza ¿cachai?, empiezo a golpearme aquí la frente, a
golpearme, a golpearme y aparece un paciente del otro baño al lado mío, y
aparece y me dice: “¡Qué tay haciendo! Párate de ahí, párate de ahí”, déjame, le
decía yo, déjame, déjame. Y el paciente va y me pesca del cuello así y vienen dos
paramédico, dos auxiliares con una camisa de fuerza y me la pusieron po y me
amarraron así y me llevaron acostarme.
D: ¿Cómo era pa usted usar la camisa de fuerza?
H62: No sé, no me hacía nada, me sentía bien pa mí, me sentía bien pa mí.
¿Cachai?
D: ¿Cómo que lo relajaba?
H63: Claro como que me relajaba así, me sentía bien, me aliviaba po después
cuando quería levantarme yo sólo me desataba la camisa (ríe).
D: ¿Y cómo se la desataba solo?
H64: Empezaba con las manos así, empezaba con los dedos a sacarle el cordón,
y me la sacaba y me iba al baño, me paraba al baño, y me veían y no me decían
nada si en todo caso cuando me sacaba la camisa.
D: Ya estaba tranquilo adentro.
H65: Ya estaba tranquilo, sí.
172
D: ¿Y se recuerda de alguien de ahí del hospital que ha sido significativo para
usted, que haya sido importante?
H66: En el hospital, yo creo que el que más me gusto a mí, la persona que más
me gustó fue el P, el enfermero, el que me tomó del cuello así.
D: ¿Cómo era el P, qué hacía?
H67: Era chiquitito así, o sea una persona joven, u ¿qué edad tendría en ese
tiempo? Que después lo mataron según lo que me contaron.
D: ¿Quién lo mató?
H68: Le pegaron un peñascazo adentro del hospital, así que…
D: Oiga y ¿Por qué era importante el P?
H69: Porque me ayudó po, conversaba conmigo, me ponía inyecciones, sabía
colocarlas.
D: ¿Cómo sabía colocarlas, por qué?
H70: Porque no me dañaba las venas.
D: ¿En algún momento le dañaron las venas?
H71: Sí po, como te digo el enfermero cuando ingresé pa adentro, ese fue el que
me colocó mal la inyección po, y llegué y ese era el enfermero que más me
agradaba
D: ¿Y usted se relacionaba con los otros pacientes?
173
H72: Sí conversábamos.
D: ¿Hizo amigos?
H73: Sí, un amigo mío también, un amigo que andaba conmigo pa todos lados así,
andábamos contentos, también estaba enfermo adentro, pero ya estaba bien ya.
D: Ya po, hoy día vamos a quedar hasta acá.
174
Entrevista 3
D: Oiga Don H, ayer habíamos hablado de la primera vez que lo habían
hospitalizado, ¿se acuerda?
H1: Sí, no, esa fue la segunda vez.
D: ¿La segunda vez? ¿Y la primera dónde fue?
H2: Fue en el psiquiátrico también pero ahí fue como tres días.
D: ¿Fue más corto?
H3: Más corto, sí. La primera vez que yo estaba enfermo, o sea andaba en la
calle, andaba buscando trabajo y andaba como dando vueltas alrededor de las
empresas, andaba buscando trabajo y de repente me quedaba parado así todo el
día, parado así, aguantando todo el día, hincado y después llegaba cansado, se
me dormían las piernas y me iba, entraba a la empresa a buscar trabajo y no
había, y después me iba pa la casa, pero llegaba enfermo así a la casa y un día
llegué mal así y estaba mi hermana, con mi mamita y mi tía y yo llegué y salí y
llegue enfermo.
D: ¿Cómo enfermo, qué le pasaba?
H4: Como que tenía, como angustia una cosas así, y mi hermana me ofreció café
y yo quería café y yo le dije que bueno, y me metí al baño así y después no salí po
y mi mamita hace tira la puerta del baño y me saca po.
175
D: ¿Y en qué estaba ahí usted en el baño?
H5: Estaba bañándome así hincado.
D: ¿Hincado así como en la empresa, así?
H6: Claro, así. Estaba hincado así y mi mamita me sacó del baño y me tira a la
cama y en brazos de mi cuando me llevaron al hospital, me derivaron al hospital
psiquiátrico, y posteriormente no me pasó nada.
D: ¿Lo derivaron a otro hospital o a ese mismo?
H7: Al mismo.
D: A urgencia
H8: Sí. Al psiquiatra, y ahí me quedé como tres días y cuanto se llama, ahí me
llevaron a una sala con otro joven más, éramos dos, el otro paciente también
estaba enfermo po, estaba mal porque de repente me pegó unos combos a mí, en
el pecho y justo entró una señorita, y la señorita me ve así, nos ve y me sacaron
de ahí de la sala y me llevaron a otra sala, pero estuve como tres días en el
hospital.
D: ¿Y cómo era esa sala a la que lo llevaron después?
H9: Ah no me acuerdo
D: Oiga y ahí ¿le pusieron medicamentos, hablaron con usted, qué le dijeron?
H10: Después me sacaron y ahí me llevaron al hospital que le dije yo, del médico
mentalista.
176
D: Ah! Fue antes del mentalista
H11: Sí.
D: Oiga y ¿usted sabe lo que pasó ahí esos tres días?
H12: Esos tres días, nada.
D: ¿Por qué lo tuvieron ahí tres días, no se acuerda?
H13: Na po, no sé por qué po, solamente que me sacaron y me llevaron al médico
mentalista no más y ahí seguí yendo al médico, mi primo me pagaba, pagaba la
consulta, todo, y me llevaban al médico po, pero igual decaí como le conté po, con
el médico mentalista, de ahí me puse a trabajar y se me cayó una cosa aquí, una
cosa espesa de aquí de este lado y…
D: Como en la sien
H14: En la sien, sí y eché la culpa al otro compañero y una gota que se me cayó,
fue como una leche que se me cayó aquí en este lado y me salí del trabajo y no
trabajé más po, y de ahí me encomendé a la Virgencita de Lourdes que gracias a
Dios y la mamita Virgen ella me premió después, me premió así que…
D: ¿Cómo lo premió?
H15: Con la cosa que me pasó con el caballero de al frente, con la persona de al
frente y de ahí gracias a Dios que el Señor me bendijo con hartos tesoros.
D: ¿Cuáles son esos tesoros con los que lo bendijo?
177
H17: El primero con el… cuando luché con esta persona ahí yo, el primer tesoro
fue que fui a Lourdes y después le día un besito a Jesús. Primero que todo fui a
Lourdes y estaba Jesús en el medio de Lourdes, en el medio de Lourdes
estaba…había una cruz bien bonita, estaba al principio así po, estaba así y que
decía, en la cruz decía: entrégale tus pensamientos y tu mente a Jesús, a Cristo y
ahí la Virgencita de Lourdes estaba al frente ¿cachai? Y Jesús estaba ahí po, y yo
lo quedé mirando, lo quedé mirando llegue y llegué a la casa y llegué a luchar con
la persona de ahí empecé a luchar…
D: ¿Cómo luchaba?
H18: Luchaba a través del sentido, o sea, por ejemplo el Colo-Colo, el Colo-Colo
yo lo saqué campeón al Colo y de mi cama empecé a luchar con el Colo. Tengo
una…tengo así una medalla bien bonita que me están reteniendo de la espalda
así, me están sosteniendo…
D: ¿Quién?
H19: El Teófilo, ¿entiende? El Teófilo me dictaba las cosas y yo las hacía po,
sufrida si fue la lucha, fue sufrida porque, por ejemplo el Colo yo, la tele la perdí
porque la tele no la supe manejarla, así que la perdí po, pero el Colo lo gané po
D: ¿Esos son los que usted dice sus tesoros?
H20: Esos son mis tesoros y cuanto se llama, eh, y llegué y de repente así estaba
luchando y este caballero tenía una máquina de soldar, y no la quería entregar al
dueño, no se la quería entregar al dueño así que voy y yo estaba luchando con la
máquina de soldar po y Teófilo decía: “Héctor abandona”, así po y yo decía entre
mí en la boca, no podía decir abandona, abandona como que estaba pegado
¿cachai? Estaba pegado, no podía decir abandono y llegó y me dijo y justo como
que Teófilo iba y volvía, como que iba a la casa del frente y volvía a la casa mía a
178
mi cama a preguntarme acaso abandonaba o no po y no sacaba el habla po, taba
pegao, y de repente mi mamita me convidó agua y ahí como que quedó la
embarrá po y Teófilo dijo: “no te voy a necesitar más y se fue” como que se fue
¿cachai?
D: ¿Por qué usted tomó agua?
H21: Claro, estaba luchando con una máquina de soldar así que no podía tomar
agua po, era un daño que iba hacer po, era algo que me podía perjudicar. Pero no
perdí tampoco, no gané, quedé en lo mismo, no sé po.
D: Don Héctor entonces ahí su hospitalización, la primera, fue por tres días
H22: Por tres días sí.
D: Y la segunda que era la que me contaba ¿fue más larga?
H23: Claro, fue como tres meses que estuve en el hospital. Estuve febrero, marzo
y abril, tres meses.
D: ¿Y cómo evalúa su estadía en el hospital, le ha gustado, no le gustó?
H24: No, no me gustó pa nada
D: ¿Por qué?
H25: Salí más enfermo de ahí en el hospital
D: ¿A qué se refiere con más enfermo?
H26: Me ponían inyecciones así por todos lados por aquí, por acá, por acá, en los
brazos y no podía dormir y le decía al doctor y me dieron una pastilla pa dormir.
179
D: ¿Por qué no podía dormir?
H27: No se no me daba sueño, yo quería dormir pero no me daba sueño y me
ponían inyecciones para dormir yo le iba a decir a los enfermeros “sabe enfermero
no puedo dormir, quiero que me coloquen una inyección o me den una pastilla” y
llegaban y este enfermero que me gustó más, P, me colocaba inyecciones aquí en
los brazos pa dormir, y yo le decía que me colocara una inyección que duerma
treinta días (ríe).
D: ¿Y usted sabía cuánto tiempo iba a estar en el hospital?
H28: No o, un día. Me contaron que un día no más iba a estar. Fui al hospital con
mi hermana y llegué a urgencia y conversé con el doctor así y me dijo que qué
escuchaba, me preguntó si escuchaba voces grandes o no. Yo le dije sí escucho
voces grandes yo doctor, así que me dijeron ya vamos a pasarte pa adentro, vas a
estar un día adentro del hospital y te vamos a sacar y ahí vas a salir. Que me
pasaron pa adentro y me pasaron pa la sala de urgencia y ahí me tuvieron por lo
menos una semana, dos semanas, de ahí me derivaron pa adentro pal quinto
sector y estuve ahí.
D: En el sector 5
H29: En el sector 5, era peligrosos eso sí.
D: ¿Por qué era peligroso?
H30: Porque peleaban entre medio. Bueno no sé cómo serán los otros sectores
pero a mí me…peleaban entre ellos
D: ¿Y ahí se asustaba usted?
180
H31: mmm.
D: ¿Usted nunca peleó?
H32: No, nunca. No peleaba era sano. Hacía de amigos así no más pero
D:¿Tenía amigos ahí?
H33: Tenía compañeros que eran buenos
D: ¿Se juntaba siempre con los mismos o iba cambiando?
H34: No, lo que más me daba era sueño, me daba cansancio, quería salir de ahí
no más.
D: ¿Qué cosas hacía ahí?
H35: Nada, almorzaba, tomaba desayuno, me levantaba temprano, me bañaba
con agua helada y en el hospital me hacían bañarme con agua helada en la
noche, todas las noches, y en la mañana también. En la mañana estaba bien que
nos bañáramos con agua helada pero en la noche no nos ponía calefón y a para
agua helada nos bañábamos todos y helá po, dolía la cabeza
D: ¿Por lo helada del agua?
H36: Sí po, si estaba hielo el agua.
D: ¿Y entonces se bañaban y comían fundamentalmente?
181
H37: Claro, tomábamos desayuno, hacíamos la cama, y después almorzábamos
y…
D: ¿Y entre medio del desayuno y el almuerzo usted qué hacía?
H38: Salíamos al patio, afuera. Hacíamos aseo, salíamos afuera cuando nos
tocaba visita y conversaba con mi papito, mi mama, con mi hermana, con toda mi
familia.
D: ¿Su familia lo iba a visitar?
H39: A visitar.
D: ¿En la mañana?
H40: Como a las 11:00 era la hora de la visita. 11:00-12:00
D: ¿Y qué conversaban con su familia, ellos le llevaban cosas?
H41: Sí po conversábamos y estábamos todos enfermos
D: ¿Por qué todos enfermos?
H42: Mi papito le salió un herpe aquí en la mano, tabamos todos enfermos.
D: No lo recuerda como un bonito recuerdo parece
H43: No po.
D: Lo recuerda así como achacado siento
182
H44: Sí, si no habría tomado puede que no haya pasado
D: Usted siente que porque tomó en el fondo…
H45: Eso me perjudicó, eso me hizo daño. De ahí la mamita Lourdes me premió
po.
D: ¿Por qué?
H46: Por lo que le cuento, que me mandó muchos tesoros. Por eso.
D: Y ahí en esa hospitalización además de lo que usted me cuenta ¿usted tenía
cita con los médicos, lo iban a ver, conversaba con algún profesional, cómo lo
hacía?
H47: Primero almorcé con hartos médicos en una sala
D: ¿Usted solo con hartos médicos?
H48: Claro, con varios médicos y taba conversando con ellos y me preguntaron si
yo conocía a Jesús. Cómo era Jesús, quién era Jesús y yo le decía, me
preguntaban si acaso yo sabía algún dicho, algún refrán, yo le decía no, el único
que sé es uno que siempre me ha acompañado le dije yo, que es: el que madruga
Dios lo ayuda, porque cuando yo me levantaba temprano y estaba bien, me
levantaba como a las cinco de la mañana a trabajar y Dios me ayudaba po, me iba
bien, todos los días, me iba bien, en la noche también estaba bien, me levantaba
temprano y todas esas cosas, y sabía ese refrán po, el que madruga Dios le
ayuda. Y el doctor me dijo, “¿Y conocí este otro refrán que dice, más vale pájaro
en mano que cien volando?” no, no lo conozco le dije yo, y ahí de repente me dio
una angustia.
183
D: ¿Se empezó a angustiar? ¿Y qué le generó la angustia?
H49: Llorar, me puse a llorar y me pescó el médico –“ya vámonos”, me tomó del
brazo y me llevo pa la sala.
D: ¿Y usted sabe por qué se angustió?
H50: Porque me hacían preguntas los médicos, me hacían preguntas.
D: ¿Le hacían muchas preguntas?
H51: Sí eran…no alcancé a estar tantas preguntas pero después ya no me
tomaron más tampoco. De ahí me dejaron, y de ahí me vinieron las crisis y todas
las cosas
D: ¿Hasta ese momento no había tenido crisis dentro?
H52: No, no había tenido crisis
D: ¿Y usted recuerda algún médico que lo haya tratado ahí en esa hospitalización,
algún nombre o algo así?
H53: Un médico, sí era malo el médico que había adentro
D: ¿Por qué era malo?
H54: Porque a todos los enfermos los trataban mal po.
D: ¿Cómo? ¿Qué cosas hacían?
H55: Hablaba muy golpeado, y hacía daño también po.
184
D: ¿Cómo?
H56: Eh, como decirte que una persona quería algo y él decía no, ándate de aquí,
ándate de la sala le decía, echaba de ahí de la oficina.
D: Ah, él estaba en una oficina
H57: En una oficina, sí, la misma oficina que esta el Pedrito estaba él po y cuando
ya entraba un paciente él lo echaba de la oficina, era malo, malo, malo.
D: ¿Y él era el que controlaba sus tratamientos?
H58: Él era el que controlaba mis tratamientos y el de los de los otros pacientes.
D: Había un médico, enfermero, ¿había alguien más aparte de los pacientes?
H59: Eh, médico, enfermero, auxiliares. Y había un médico que nos colocaba
todas las inyecciones y andaba siguiendo con un carro con las inyecciones para
ponerme po.
D: ¿Y qué le ponían?
H60: El Modecate me ponían, ¿qué otra cuestión me ponían?
D: Ah, pero le ponían más que el Modecate, varios medicamentos
H61: Sí, parece que ponían más.
D: ¿Y tomaba algún medicamento o eran todos inyectados?
185
H62: Eran inyectados y una pastilla que me dio este médico que le digo que era
malo, ése me dio una pastilla porque le dije si me podía darme una pastilla pal
temblor porque tenía un temblor en esta mano y le dije si podía darme una pastilla
pal temblor y me la pasó po
D: ¿Y sabía cómo se llamaba?
H63: ¿La pastilla? No, no sabía cómo se llamaba, a lo mejor era el Tonaril
D: A lo mejor era Tonaril
H64: Y después me empezó a darme en esta pierna el temblor, en la pierna
izquierda y le fui a decirle de nuevo si me podía darme otra pastilla y me dijo no,
no.
D: ¿Por qué?
H65: No me quiso dar más pastillas.
D: ¿Y usted supo en algún momento por qué le ponían el Modecate?
H66: Nunca he sabido.
D: No sabe pa que
H67: No, me lo ponían no más, pero me hacía mal el Modecate.
D: ¿Qué cosas sentía? Que me dice que se sentía mal
H68: Quedaba, como que quedaba pegado así, como que quedaba con miedo, me
achacaba así, quería dormir y pensaba, tenía puros pensamientos.
186
D: ¿Y en el cuerpo tenía alguna sensación distinta?
H69: En el cuerpo…
D: Sí, donde lo inyectaban
H70: Eh, como decirte que qué cosas, mira te voy a contarte algo. A mí me
atropellaron en la panamericana, en el año ’95 porque esta misma enfermedad
que tenía me llevó a cometer accidentes, osea que me atropellaran, y entré a
trabajar y como que me venía siempre esta ira, encontré un trabajo, después salí y
me iba caminando pa la casa y me vino la enfermedad ¿cachai? Así que llegué
y…
D: ¿Cómo le vino la enfermedad en ese momento?
H71: Me venían los pensamientos muy fuerte y me venían colores muy blancos
así, ¿cachai? Era como angustia la que me venía y cuanto se llama me llegué y,
llegué
a la casa, llegué angustiado así, con ira, y mi mamita estaba lavando
adelante, en una fuente, con una artesa, una tina. Y yo le dije hola mamita y me
metía pa la pieza y pesqué todos los remedios, el Meleril, me daban Meleril antes
a mí po, y pesqué todos los remedios así y me fui a tomármelos.
D: ¿Y para qué le daban el Meleril?
H72: No sé, y me lo fui a tomármelo y justo me tome, como seis o siete Meleril po
D: ¿Para qué tomó?
H73: Porque quería matarme po
187
D: ¿Por qué?
H74: Porque estaba cansado por la enfermedad que tenía, era fuerte la
enfermedad que tenía y gracias a Dios se me pasó si po, y llegue y me tomé el
Meleril y después me fui acostarme, me saque toda la ropa y veía el rostro de
Jesús arriba en mi cabeza, en la cabecera de mi cama, vi el rostro de Jesús po y
yo decía: “Jesús que se me pase esta enfermedad, quítamela, quítamela,
quítamela” así que llegué, me puse la ropa así y me fui pa la panamericana, llegue
a la panamericana y no se veía nada, era como una niebla que se veía, pura
niebla.
D: ¿Era en invierno?
H75: No, era en verano, noviembre.
D: ¿Y por qué había niebla?
H76: Porque justo yo iba tirarme ahí a la panamericana.
D: ¿Usted vio nublado?
H77: Si po, pura niebla así pal lado de allá, no veía a ningún vehículo, imagínate,
un vehículo que no se vea en la panamericana es algo extraño ¿cachai? Y esa
vez no había ningún vehículo en la panamericana y justo vi una camioneta que
venía de este lado, hacia el sur venia una camioneta y dije viene una camioneta
así, y llegué y crucé la baranda y empecé a pasar y la camioneta me tocó la
bocina, miré y el chofer va y me pega el pencazo así en el cuerpo, me tiro lejos,
miro pal lado de la baranda se me salió una zapatilla, después llegaron los
bomberos, llegaron la ambulancia, me pescaron las niñas de la ambulancia, las
auxiliares, me subieron a la ambulancia y me llevaron al Hospital del Salvador a
hacerme un escáner y me corté aquí de nuevo, la frente en el oído, me tuvieron
188
que coser, aquí me cosieron, me fracturé la clavícula y la rodilla también me
la…me entró aire al pulmón y la rodilla me la fracturé también po, me dolía.
D: ¿Y todo esto a partir de la angustia que usted sentía cuando le venía la
enfermedad?
H78: Claro, cuando me venía la enfermedad, era toda la culpa de la angustia que
me venía.
D: ¿Y ahí cuánto tiempo tardó en recuperarse?
H79: Como tres meses.
D: ¿Y ahí estuvo en el Salvador?
H80: Eh, no. Estuve en el San José, ahí estuve hospitalizado, pero me dolía, me
pusieron aquí cosas y me tiraron a la sala de recuperación y ahí estuve como tres
meses. Mi familia me iba siempre a ver, mi mamita me iba a verme al hospital y mi
papito también me iba a verme, mis hermanas, los vecinos iban a verme.
D: ¿Y ahí lo hospitalizaron por el tema físico?
H81: Por el tema físico, sí
D: ¿Pero vio algún otro médico, como un psiquiatra o algo así?
H82: No, psiquiatra no.
D: Por esa angustia
189
H83: No, por esa angustia no. Solamente que vi puro médicos del hospital San
José, vi puros médicos que atendían dentro del hospital, no había ningún
psiquiatra nada. Así que y ahí…todo eso me pasó por leso también po (ríe)
D: ¿Cómo por qué por leso?
H84: No sé porque me había tomado el vodka, me había tomado el los telidones
que eran drogas cachai, eso fue lo que…por leso me pasó
D: ¿Usted siente que si no consumido ninguna sustancia no habría tenido crisis?
H85: Quizás po no sé, el daño es grande.
D: ¿Cuándo me dice el daños es grande don H, a qué se refiere, cómo es el daño
pa usted, qué cosas hacía antes?
H86: Es que al frente de mi casa hay unos restaurantes que son dos familias al
frente de mi casa y ahí son envidiosos, las dos familias son envidiosas, yo cuando
conocí a esta persona, a Jesús, cuando vino con la estrella de David, al otro día
eh, me fui a meter al restaurant del po, al frente de la casa donde vivo yo, al frente
del restaurant y me fui a meter al restaurant del po y ahí me puse a tomar
cualquier cerveza, y ahí adonde me fui a dar al hospital porque me ofrecieron
cualquier cerveza, y después todas estas persona empezaron a envidiarme, me
envidiaban ahí en la casa.
D: ¿Por qué?
H87: Porque parece que sabían que yo había conocido a Jesús, ellos sabían y me
envidiaban po, y me tiraban perro muerto a donde iba a juntarme con mis amigos
que eran conocidos antes, cuando me iba a juntar con ellos y estaba hediondo y
se ponían afuera del restaurant, se ponían todos a reírse miraban pa la casa de
190
nosotros, nos miraban y se reían, una risa burlesca ¿cachai? Y nos miraban a
nosotros pa acá pa la casa y a nosotros nos echaron inspectores, nos echaron
inspectores esos viejos.
D: Don H, usted ha estado hospitalizado en el hospital psiquiátrico ¿dos veces?
H88: Dos veces, sí.
D: Esa primera con tres días…
H89: Esa primera con tres días y la segunda con tres meses más o menos.
D: Y una vez en el hospital San José por el tema del accidente que también tenía
que ver con la angustia ¿Y esos tres meses que usted estuvo ahí, sabía por qué
estaba ahí? ¿Alguien le explicó algo?
H90: Cuando estuve en el…
D: En el psiquiátrico
H91: No, es que eso fue donde tomé po. Imagínate po, si conocí a Jesús y
tomaba.
D: ¿Y cómo salió del hospital psiquiátrico, qué le dijeron, cómo le dieron el alta?
H92: Yo le dije a mi mamita que me sacara po.
D: ¿Por qué le pidió a su mamá que lo sacara?
H93: Porque no estaba bien adentro, estaba con miedo…
191
D: ¿Miedo a qué?
H94: Que me fueran a pegarme, cosas así ¿cachai?
D: ¿Conoció otros sectores del hospital? Porque estuvo en el 5 me dijo
H95: En el cinco, del de emergencia me llevaron al cinco y en el cinco estuve los
tres meses ahí.
D: ¿Pero salía del sector?
H96: Sí, salíamos a jugar a la pelota, a la cancha de baby, jugábamos a la pelota.
D: ¿Cómo es hospital? Pa que me cuente un poquito de los lugares donde estuvo
H97: Bueno estuve en la cancha po, de la cancha había un pasillo a la derecha y
ahí había una cancha de baby cachai.
D: Y a usted le gustaba la pelota me decía
H98: Sí, po yo era fanático de la pelota, era bueno pa la pelota y de ahí me
derivaron a otra sala a bailar, a pasarlo bien cachai y después nos llamaban a
almorzar no más po. Salimos como dos veces del hospital, de la sala del sector
cinco.
D: A actividades distintas
H99: A actividades distintas, sí. Pero más pasábamos en el patio que en la…ahí
salíamos todos, pero éramos hartos enfermos.
D:¿Y qué le dijo su mamá cuando usted le pidió que lo sacara?
192
H100: Ya po, que con mi hermanita, en la casa creo que se pusieron de acuerdo
pa que me sacaran po. Así que gracias a Dios me sacaron, me dio la locura y taba
con mi tía dije así y llegó mi tía y mi prima, y le dije: “mamita Virgen quiero que me
saquen de aquí, Virgencita de Lourdes, quiero que me saquen, que me saquen
mamita Virgen” y mi tía se puso a llorar, todas se pusieron a llorar así y me
sacaron
D: Usted estaba como…
H101: Como con ira
D: ¿Con ira?
H102: Con ira, sí. Con ira, estaba llorando.
D: ¿Y esa ira qué la provocaba?
H103: Angustia po, angustia me provocaba, pena así.
D: ¿Y ha ido después de esa hospitalización, continuó en tratamiento, lo
suspendió, cómo fue?
H104: Sí no, con…ahí me derivaron al hospital Salvador, a pesar de que antes ya
iba, pero seguí yendo al hospital Salvador, ahí me atendió el doctor O. y gracias a
Dios que él me sacó adelante po.
D: ¿Eso después de la primera o de la segunda hospitalización?
H105: De la segunda hospitalización.
193
D: ¿No siguió en tratamiento en el hospital psiquiátrico?
H106: ¿Cuándo?
D: Después de la segunda hospitalización
H107: Eh sí po, no, en el hospital psiquiátrico no, en el Salvador sí.
D: ¿Y ahí era ambulatorio, o sea usted tenía que ir?
H108: Tenía que ir, claro. Dos días a la semana parece que tenía que ir y me
hacían terapia, todas las cosas.
D: ¿Qué terapia le hicieron?
H109: Habían unas psicólogas que eran…me hacían terapia, tocar la quena,
cantar con maracas así, con instrumentos, con hartos instrumentos.
D: ¿Y usted estaba de acuerdo?
H110: Sí, me gustaba, si lo único malo que me venía la enfermeda no más
¿cachai? Esas cosas fuertes que me venían.
D: ¿Cómo era eso?
H111: Como las luces, las luces fuertes ¿cachai? Y me venía fuerte po.
D: ¿Y le venía ahí en las sesiones?
H112: Ahí cuando salía del hospital, como que me pescaba y decaía así, pero
apechugaba no mas po, igual resistía ¿cachai? (ríe)
194
D: ¿Cómo resistía, a qué se refiere?
H113: Llegaba a la casa así y me acostaba, almorzaba mi hermana me servía
almuerzo, me acostaba pa que se me pasara y de todo eso porque me ponían el
Modecate ¿cachai?, me ponían el Modecate y me hacía mal.
D: Oiga cuénteme, usted me nombró al doctor O, ¿le gustaba trabajar con el
doctor O?
H114: Sí me gustaba, me tenía buena el doctor O. Después ya dejamos…
D: ¿Cómo se daba cuenta usted de que le tenía buena?
H115: Porque me quería, me atendía de los primeros, me daba…almorzaba
conmigo, me decía que quería que trabajara en un trabajito así, así que era bueno
el doctor O.
D: ¿Usted iba solo a los controles?
H116: Sí, solo. Iba todos los controles solo y a veces me acompañaba mi mamita.
D: Me decía que le inyectaban el Modecate ¿pero le daban medicamentos en
pastillas?
H117: Me daban el Tonaril, el Meredil, el Diazepam parece que me daban, no me
acuerdo de todos los remedios pero me daban varios remedios.
D: ¿Y usted los manejaba?
195
H118: Sí yo los manejaba, yo me los tomaba, yo mismo me preparaba los
remedios y me los tomaba. Como ahora po, yo ahora me preparo los remedios,
me los tomo en la mañana, en la noche.
D:¿Y ahora qué medicamentos está tomando?
H119: Estoy tomando la clozapina en la noche, ácido valproico, el clonazepam, la
ranitidina y propapanadol, y otros remedios que me tomo.
D: ¿Y esos dónde se los dan?
H120: Me los dan en el hospital psiquiátrico
D: ¿Y cómo pasó del Salvador al hospital psiquiátrico?
H121: Ah es que después fui al hospital del Salvador y como soy de aquí de
Conchalí y no me podía atender ahí en el Salvador.
D: ¿Cuándo le dijeron eso, después de cuánto tiempo en el Salvador?
H122: Hace como tres años más o menos.
D: Ah, hace poco.
H123: Hace poquito, hace como tres años atrás me dijeron que no podía seguir
atendiéndome ahí en el Hospital Salvador. Pero así como te cuento, la mamita
Virgen me premió sí po, porque conocí harto po, conocí la quena, eh, ser libre.
D: Ser libre…
H124: Sí, alcancé a ser libre también.
196
D: ¿Cómo a ser libre?
H125: Es que es tan rica esta parte, que son los tesoros que tengo en el cielo,
pero por ejemplo, luché en la noche, cuando fui a Lourdes, le di un besito a Jesús
en el dedito, viste que afuera estaba Jesús en Lourdes, en la calle está Jesús. Y
ahí yo me hinqué delante de él y le di un besito en el dedito gordo y en la noche
llegué estaba acostado y Jesús me tomó y empecé a luchar con el dedito, con el
dedito así con la persona del frente, con las que estaban haciéndolo daño a Jesús,
empecé a luchar con esa persona y eran como las cuatro de la mañana siento un
tarro que tiran ara la calle y de ahí le gané la lucha, porque tiraron ese tarro le
gané la lucha. Después al otro día en la mañana, pasé toda la noche despierto.
D: ¿Y esto hace cuánto tiempo?
H126: La misma vez que estaba luchando con la persona del frente. Y tiraron el
tarro pa afuera así, y pasé toda la noche despierto y después en la mañana así
baja un aroma rico así, agradable el aroma, bonito el aroma que bajó, lindo, lindo,
y lo empecé a respirar así pa dejármelo pa mí y me lo tomé y después me levanté
y mi papito me abrazó así y me dijo, tay como fuego hijo, como fuego. Yo le dije sí
papito, no pasa na y me fui a sentarme afuera, teníamos una piedra en la calle, en
la reja al ladito, teníamos una piedra y me siento justo en la piedra y esta persona
viene saliendo con un auto en un camión pa afuera, venía saliendo pa afuera con
un camión y empezó a…estaba con la señora él, estaban los dos y puso el camión
al lado de la casa de nosotros, en la misma calle de la casa de nosotros ahí
pusieron el camión, y yo le dije ”¡sácalo, sácalo, sácalo!” y me quedó mirando y
me dijo: “qué te pasa” me dijo así esa persona, saca ese camión de ahí, sácalo de
ahí, sácalo, sácalo. Y de ahí como que me dijo: “¡trabaja!” y me bajó como unas
gotas de nieve, y me cae aquí del cielo, como que me cayó del cielo aquí a este
lado, en el alma, me cae en el alma así y le dije: “yo soy libre si po”, yo soy libre y
me cayó la gota de nieve, que parecía una gota de nieve, pero era libre la cosa,
197
era libre el objeto que me llegó de este lado, y de ahí empecé a ser libre y nunca
más se vio. Todos los tesoros que tengo, igual que conocí la luz de bella, ahí
conocí la luz bella, ¿no la conoce? Es una luz violeta bien bonita que aparece en
el cielo. Son tantos los tesoros que tengo gracias a Dios y la Virgen, que por eso
te digo la mamita Lourdes me premió po, por el daño que me hicieron po,
imagínate cuánto quiero a la mamita Virgen yo po.
D: O sea hay momentos angustiosos de la enfermedad y otros que le hacen sentir
bien digamos.
H127: Sí po.
D: Bueno don H, hoy día quedemos hasta acá, ¿le parece?
H128: ¿Le gustó la conversación?
198
Entrevista 4
D: Usted me dice entonces que estuvo cerca tres meses hospitalizado y después
le pidió sus familiares, a su mamá sobre todo, que por favor lo sacaran
H1: Me sacaran, sí.
D: ¿Y de ahí tuvo un tratamiento, cómo fue que lo hicieron? Lo sacaron, me dijo:
“salí enfermo”.
H2: Ahí estuve yendo al Hospital Salvador po
D: ¿Por qué me dice que salió enfermo?
H3: Porque cuando entré estaba bien y después cuando salí pa afuera estaba mal
po, me estaba tiritando esta mano, y así todo el día, no podía mantenerla. Y
estaba con ira, con rabia, con pena. Estaba mal po, salí mal del hospital.
D: Y ahí se fue a tratar al Salvador
H4: Sí, fui a tratarme al Salvador con el doctor O.
D: ¿Y de ahí cómo es que llega al hospital psiquiátrico de av. La Paz?
H5: Porque como yo era de aquí de C. no me aceptaron que yo fuera tratado en el
Salvador.
D: ¿Quién no lo aceptó?
199
H6: El doctor po. Me dijo que no me iba a atenderme más en el Salvador porque
yo era de C. y fui directamente al psiquiatra.
D: ¿Y eso en qué año fue?
H7: Esto fue más o menos en el año ’96, a ver, ’98 ¿qué año fue? Cuando murió
mi papito, mi papito murió en el año ’98, 2000 más o menos.
D: Oiga y cuénteme ¿qué le pasó a usted cuando le dijeron eso?
H8: O sea fome, porque no seguí atendiéndome con él, me derivaron acá a al
hospital psiquiátrico.
D: ¿Y tenía alguna idea usted de cómo iba a ser su tratamiento en el psiquiátrico,
pensó algo ahí cuando le dijo eso?
H9: Me dijeron que…el doctor O me dijo que me iba hacer el tratamiento de la
mano.
D: ¿Cómo de la mano?
H10: No sé me dijo que me iba hacer un tratamiento de la mano y después no me
lo hizo porque como no pertenecía a la comuna de Providencia, no me hicieron el
tratamiento, me mandaron al psiquiátrico
D: ¿Qué le iban hacer en la mano?
H11: No sé po, el doctor me dijo a mí que me iba hacer un tratamiento de la mano
pero no sé por qué po.
200
D: Y cuando el doctor O le dijo que lo iban a derivar al hospital psiquiátrico ¿qué
pensó usted ahí?
H12: Nada. Que me derivaron no más al hospital psiquiátrico
D: ¿Tuvo algún susto, o se alegró?
H13: No quería no más salir de ahí po.
D: ¿Por qué? ¿A dónde no quería seguir?
H14: Ahí en el psiquiátrico
D:¿Por qué?
H15: No sé po, o sea como lo había pasado con todas las cosas y después volver
de nuevo ahí, después ya no fue tan difícil porque seguí tratándome en el
psiquiátrico y me trataron y empecé a ir todos los meses a control. Me atendió la
doctora A y me dijo que, ahí ella me derivó pa acá pal Cosam.
D: ¿Después de cuánto tiempo lo derivaron al Cosam?
H16: ¿Cuántos controles fui?, no sé cuántos controles fui y ella me dijo que si me
gustaría ir al Cosam aquí po, que estaba cerca de mi casa y yo le dije ya po, ahí te
van a ayudarte con actividades, y tienes que ir todos los días a la semana, así que
llegué y me derivaron pa acá pal Cosam po.
D: ¿Y cómo ha sido su experiencia en el Cosam?
H17: Bien, buena, bonita.
201
D: ¿Qué cosas hace acá?
H18: Acá, el día lunes hacemos asamblea, colocamos todo lo que vamos hacer en
la semana. El día martes almuerzo, entre todos cocinamos, pagamos $500 y
hacemos un almuerzo pa todos nosotros, pa los que vienen. El día miércoles
hacemos taller con la señorita M, y hacemos taller, hacemos figuras artesanales,
botellas artesanales. El día jueves hacemos pan amasado, como hoy día hacemos
pan amasado, después vendemos en la feria de las pulgas allá afuera. El día
viernes hacemos mosaicos.
D: ¿Y cuál de todas esas actividades es la que más le gusta, hay algunas que le
gusten más que otras?
H19: Me gustan todas, porque el día lunes la asamblea conversamos, preparamos
los días. El día martes acá almorzamos. El día miércoles hacemos el taller con la
señorita Mónica. El día jueves hacemos pan amasado y el día viernes hacemos
mosaicos.
D: Oiga si yo le pregunto ¿qué piensa cuando piensa en el Cosam?
H20: Eh, no sé, o sea, que tengo que venir pa acá no más po.
D: ¿Y le gusta venir?
H21: Sí, si me gusta. Lo malo es que me quedo dormido en las mañanas.
D: ¿Le cuesta venir en las mañanas?
H22: Me quedo dormido.
D: ¿Y es muy temprano que tiene que estar acá?
202
H23: A las 09:30, y me quedo durmiendo y llego como 20 pa las 10 más o menos.
D: ¿Y cómo son los días que usted no está en el Cosam?
H24: Ah, estoy en la casa, hago mi pieza, mi cama, lavo la loza.
D: ¿Usted lava la loza en su casa?
H25: Sí po, hago mi cama, barro y trapeo mi pieza, la limpio la sacudo, hago
hartas actividades en mi casa.
D: O sea actualmente usted está en tratamiento en el Cosam ¿sólo en el Cosam?
H26: No po, estoy en tratamiento en el psiquiatra.
D: Ah ya ¿Y qué tratamiento tiene en el psiquiátrico?
H27: Clozapina.
D: ¿Es un tratamiento farmacológico?
H28: Sí. Es un tratamiento con la Clozapina, me hacen hemograma y después me
hacen clozapina, osea me dan la clozapina, me dan ácido valproico, propanadol,
clonazepm y ranitidina
D: ¿Y a qué parte del hospital va?
H29: Voy al psiquiatra, a la oficina 25.
D: ¿Y lo conocen ahí?
203
H30: Sí po, me conocen todos ya.
D: ¿Y usted conoce a las personas que hay ahí?
H31: Sí po, las secretarias que están ahí me conocen, la Dra. A también me
agrada, el doctor, el enfermero también me agrada.
D: ¿Son siempre las mismas personas?
H32: Sí, no, ahora hay otro joven enfermero, antes era otra enfermera, ahora lo
cambiaron porque es un joven ahora y él me atiende a mí po cuando me atiende la
doctora A, me atiende él.
D: ¿Y cada cuánto va al hospital?
H33: Dos veces al mes.
D: ¿Y cómo sabe que tiene que ir?
H34: Porque tengo que hacerme el hemograma, tengo que hacerme el control,
tengo que ir a control, tengo que ir hacerme el hemograma un día antes y al otro
día tengo que ir al control.
D: ¿Y cómo sabe usted el día que tiene que ir?
H35: Me dan las fechas, las citaciones y los hemogramas los manejo yo. Tengo
que pasar a la farmacia a buscar los remedios
D: ¿Y eso todo lo hace usted?
204
H36: Claro.
D: ¿Lo hace solo o lo acompañan?
H37: No, solo. A principios me acompañaba mi mamita todos los meses ya
después había que hacer una tarea muy larga pa que viniera mi mamita y empecé
a venir yo solo.
D: ¿Y bien?
H38: Bien, si po.
D: Oiga y ¿le gusta ir para allá?
H39: Sí me gusta, solamente que me quedo dormido (ríe)
D: ¿También se queda dormido?
H40: No, pero ya estoy acostumbrado a despertar temprano pa ir al hospital
D: ¿A qué hora tiene que ir allá?
H41: A veces me citan a las 10:00 a las 09:30 a control y al hemograma me citan a
las 11:00 y me voy temprano sí porque de ahí me vengo al Cosam, del
hemograma me vengo al Cosam.
D: ¿Le gusta venir al Cosam?
H42: Sí.
205
D: Oiga si yo le preguntara si hay algo que le desagrade de los tratamientos, algo
que no le guste de los tratamientos que recibe o que ha recibido
H43: De los que recibo, de los que he recibido…no se po son todos buenos,
porque me ayudan harto.
D: ¿En qué siente que lo ayudan?
H44: Me siento bien, ando con ánimo, me tomo los remedios al día, a la hora.
D: ¿Cómo cree usted que sería sin los tratamientos?
H45: Ah, pasaría con ira no más po. Con rabia, con ira, me enojaría solo.
D:¿Hay alguno de los tratamientos o de las personas que le han dado tratamiento
que usted eche de menos?
H46: El doctor O no más echo de menos.
D: El del Salvador
H47: El del Salvador, sí.
D: ¿Y qué echa de menos del doctor O?
H48: Es que era bueno, conversaba conmigo, me recomendó el Tonaril y me
mejoré con el Tonaril y me hizo bien po, me quería harto el doctor O.
D: ¿Y de los tratamientos que ha recibido hay alguno que eche de menos?
H49: ¿De los tratamientos?
206
D: Si, algún fármaco o taller.
H50: De los fármacos el Tonaril, ya no lo necesito porque la clozapina me está
haciendo bien.
D: Oiga y cuénteme una cosa ¿qué lugar ocupa en su vida los tratamientos que
usted ha recibido? ¿Cómo han sido en su vida en general? ¿Qué impactos han
tenido los tratamientos?
H51: Na po, que me ayudan a superarme y me hacen bien po.
D: ¿Usted ha notado un cambio desde que recibe tratamiento a como era antes?
H52: Sí po, a como era antes si, ahora estoy mejor sí, con los tratamientos estoy
mejor. Es que yo me tomo los remedios todos a la hora, me los tomo en la
mañana, en la hora de almuerzo me tomo uno pal dolor de estómago, en la noche
me tomo todos los remedios justo a las 9. Y eso que me hace sentirme bien, al
otro día ando contento, con ganas, con deseo, y me siento bien po. No me hacen
mal los tratamientos.
D: ¿Cuánto tiempo de su día dedica a los tratamientos?
H53: Todos los días, de lunes a domingo.
D: ¿Y cómo es eso pa usted?
H54: Es bueno porque preparo los remedios en una cosita así chiquitita, en una
cajita larguita. Los preparo desde la mañana, los de la noche. Los de la mañana y
los de la noche, y en la mañana me tomo un ácido valproico, un propanadol y un
clonazepam, pero la mitadita de cada uno y en la noche me tomo todos los
207
remedios juntos. La ranitidina, ácido valproico, propanadol y clonazepam, en la
noche me tomo todos esos remedios juntos, y me hacen bien.
D: ¿Y usted sabe si su tratamiento es permanente?
H55: No se po, nunca le he preguntado a la doctora. Le he dicho que me den el
alta, pero la doctora me dijo que no po, que no me iba a darme el alta.
D: ¿Y cómo es eso para usted?
H56: Es fome po, porque ya llevo hartos años en tratamiento y ya debería darme
una mejoría, una salud buena
D: ¿Usted sí siente una mejoría?
H57: Sí po, uno a veces la siente, después como que se me esfuma de nuevo (ríe)
D: ¿Cómo es eso que se le esfuma la mejoría?
H58: Es que puedo sentirme bien así, después decaigo y vuelvo a lo mismo. Osea
me siento bien, ando con ánimo, con ganas así y veo el alma blanquita así cachai.
D: ¿Tendrá que ver esto que se le esfuma la mejoría con que la doctora le dijo que
no le iba a dar el alta? Como pa que permanezca bien
H59: Sí po, osea…
D: ¿Qué cree usted?
H60: Lo de la doctora… no sé por qué me dijo eso, que tenía que seguir el
tratamiento, que no me iba a darme el alta, me dijo que nunca iba a darme el alta.
208
D: Oiga don H y ¿cuánta gente participa de sus tratamientos?
H61: ¿Cuánta gente? ¿Cuántos pacientes?
D: No, cuantas personas tienen que ver con sus tratamientos? Alguien que le
ayude, o los tratantes.
H62: No, yo solo me trato, porque me voy solo al hospital, solo me tomo los
remedios.
D: ¿Y profesionales tratantes, cuántos profesionales lo tratan?
H63: Aquí don C, la señora S, la doctora, la terapeuta, o sea el que me toma el
hemograma, esas personas.
D: Alrededor de cuatro.
H64: Más o menos, sí po.
D: ¿Cuáles son las persona importantes pa usted don Héctor?
H65: Mi mamita y mis hermanas, mis sobrinas, mis tías, mis primos, mi cuñado.
D: ¿Usted siente que los centros que le dan tratamiento tienen alguna importancia
pa su vida?
H66: Sí po, pero es que yo debería vivir sin tratamientos, sin remedios.
D: ¿Por eso entonces siente que las personas más importantes son las de su
familia?
209
H67: Eh. Mi mamita, mis tías, mis primos, mi sobrinito, mi hermanita, mi cuñado.
Que ellos encuentren la felicidad po, yo los ayudo espiritualmente, o sea yo le
ayudo creyentemente a ellos, rezo por ellas, por mi mamita, por mi tía, le rezo
mucho a la mamita Virgen por ellos, pa que sean felices po, porque en la casa hay
mucha envidia en la casa, en mi casa. Y hay personas que son drogadictos en mi
casa, dos o tres personas que… uno que es alcohólico, y son dos personas que
son drogadictos, y esos no me dejan vivir a mí po.
D: ¿En su familia?
H68: En mi familia, sí po.
D: ¿Cómo no le dejan vivir?
H69: Porque aporrean la puerta, fuman marihuana, pero no en la casa menos mal,
en la vereda fuman, en la calle y forman escándalo y todas las cosas. Hay uno que
se quiere mandar las partes, quieren levantar bandera en la casa.
D: ¿Y qué le hace sentir eso a usted?
H70: Impotencia po, impotencia me hace sentir.
D: Esa impotencia ¿tiene alguna relación con la ira que me había contado antes?
¿Es como ese sentimiento o es distinto?
H71: Es como ese el sentimiento más o menos, como el mismo.
D: ¿Qué días son los que usted siente más ese sentimiento de impotencia?
210
H72: Cuando no voy a la iglesia po, ahí me siento decaído, sin ganas,
desanimado, me achaco.
D: ¿La Iglesia también es importante?
H73: Sí, mucho, mucho.
D: Para su tranquilidad parece
H74: Para mi tranquilidad sí. La paz, porque cuando voy a la iglesia me siento
lleno de bendiciones, de paz, de dicha, pero cuando estoy en la iglesia. Cuando
llego a mi casa puedo estar un rato tranquilo y empiezan los portazos.
D: ¿El ir a los tratamientos le sirve un poco también para eso, para salir de su
casa y no escuchar eso?
H75: Sí po, cuando voy al tratamiento llego como a las 1:00 a la casa.
D: Como que se acorta el día dice usted
H76: Como que se acorta sí.
D: Oiga cuénteme una cosa, ¿usted recuerda haber recibido de alguien que lo
haya tratado, algo importante o algo significativo para usted?
H77: Mi papito.
D: ¿Y de las personas que lo hayan tratado? Las personas de los profesionales o
las persona que han participado de sus tratamientos
211
H78: Había un doctor bien bueno con el que me empecé a tratar de primera. Pero
después me cambiaron, me empezó a tratar el doctor O, no, una doctora, después
el doctor O.
D: ¿Y qué recuerda de ellos que haya sido importante o significativo pa usted?
H79: Que eran buena onda, me querían harto, me quería mejorarme.
D: Usted siente que es significativo el trato
H80: Sí po, era significativo el trato porque ellos me querían mejorarme,
conversaban harto conmigo, a veces me ponían adelante con hartas alumnas, el
doctor O me ponía delante con hartas alumnas y conversaba conmigo, me
preguntaban cosas, momentos que había pasado.
D: ¿Y cómo se sentía usted con eso?
H81: Bien po, era bonito porque una: agarraba personalidad para conversar y otra
que trataban de ayudarme a mejorarme, y el doctor O me escuchaba no más po.
Así que la mamita Virgen, por eso le digo que la mamita Virgen me premió.
D: Le ha dado buenas cosas.
H82: Me ha dado buenas cosas.
D: ¿Hay algo que no le guste de sus tratamientos?
H83: Que no me guste… el pincharme, el hemograma que me tienen que sacar
sangre de la vena de aquí…
D: ¿Y por qué no le gusta?
212
H84: No, quedo muy pinchado, el brazo me queda morado.
D: ¿Le duele?
H85: Sí po me duele, yo creo que debo llevar unos 10 litros de sangre ya que no
tengo. Sí po, si me pinchan todos los meses y sacan así unas jeringas.
D: ¿Y usted sabe por qué le hacen el hemograma?
H86: Por la clozapina
D: ¿Qué pasa?
H87: Que para tomarme la clozapina me tengo que hacer el hemograma pa ver
cómo va el nivel de efecto que hace la clozapina, pa saber si ta bien o no, y todos
los meses me lo hacen. Y eso es lo que te digo yo que no me gusta, o sea el
pincharme po.
D: Pero lo hace igual
H88: Sí po, tengo que hacerlo, si no no me haría el examen.
D: Así a modo general ¿con qué tratamientos ha estado de acuerdo y con cuáles
no?
H89:Yo…
D: ¿O siempre ha estado de acuerdo, o a veces se ha opuesto a hacer algún tipo
de tratamiento?
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H90: A ti te puedo decirte que siempre he estado de acuerdo porque cuando
estaba con el Tonaril, me hizo bien, estaba de acuerdo con el Tonaril porque me
hizo bien, me vio el médico en el centro y me dijo que me tomara los remedios y
ahí empecé a sentirme bien, el Tonaril me hizo muy bien. Después cuando decaí,
me hicieron la clozapina, y de primera me inyectaban el Modecate, y el Modecate
era el que me hacía mal.
D: ¿Cómo le hacía mal, por qué?
H91: Me daban unas cuestiones fuertes en la cabeza así po, con ira así puras
cosas. Y me recomendaron la clozapina. Con la clozapina me hizo bien.
D: La clozapina le hizo bien, ¿Por qué le hizo bien?
H92: Porque me empecé a tomármela todos los meses y de primera no estaba
haciéndome bien po, o sea era lo mismo no más y después con el tiempo empezó
hacerme efecto, efecto, y después me inyectaron la clozapina y seguí con la
clozapina y de ahí me derivaron acá al psiquiátrico y acá seguí y me daban todos
los meses la clozapina. Así que me hace bien.
D: Usted siente que eso le ha hecho bien
H93: Sí.
D: ¿Y cómo ve su vida para el futuro?
H94: Con un deportivo
D: ¿Cómo deportivo?
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H95: Con un auto deportivo (ríe), en serio, si cuando la mamita Virgen me premió,
yo sentí que podía tener un regalito del Señor
D:¿Y le pidió un deportivo?
H96: Supuestamente que sonó una bocina bien bonita y después vi un auto que
estaba estacionado y mi hermana me tocó la pierna así y me dijo que viera el auto,
me di una vuelta bien bonita, pero no sé po, será de Dios si me regala el auto o no
po.
D: Oiga don H y ¿Usted sabe lo que tiene que hacer si tiene alguna crisis o algo
así? ¿Sabe cómo…?
H97: No si lo único que puedo tener crisis…
D: ¿Usted sabe qué es lo que tiene que hacer si tiene alguna crisis o alguna
dificultad con el tratamiento?
H98: No po, porque tendría que dejar los remedios no más pa que no me dieran
crisis.
D: ¿Dónde tendría que ir?
H99: Al hospital po, porque me han venido crisis. La otra vez me dio una crisis
fuerte porque me faltaron los remedios
D: Porque no se había tomado los remedios
H100: No, me faltaban remedios, por eso que me vino una crisis grande y me
inyectaron en el hospital.
D: ¿Qué le pasó en esa crisis?
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H101: No la crisis que me vino a la mente.
D: ¿Y usted se empezó a dar cuenta?
H102: A dar cuenta, sentirme mal, mi mamita me acompañó al psiquiátrico con la
doctora A y me atendieron de urgencia.
D: ¿Usted quiso ir o su mamá lo llevó?
H103: No, yo quise ir.
D: Ah, ¿usted se estaba dando cuenta de que le estaba dando la crisis?
H104: Sí. Y mi mamita me llevó al hospital, al psiquiátrico y del psiquiátrico me
derivaron al servicio de urgencia porque estaba atendiendo ahí la doctora A así
que me atendió ella y me puso una inyección para calmarme y me hizo bien
D: ¿Sabe qué inyección le puso?
H105: No, pero buena la inyección, porque me hizo bien altiro.
D: ¿Cómo sabe que le hizo bien?
H106: Se me quitaron todas las crisis, así que por eso me hizo bien.
D: ¿Y eso es lo que usted tiene que hacer si le dan crisis?
H107: Claro, tengo que ir al hospital.
D: ¿Y cómo se da cuenta usted de que le está viniendo una crisis?
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H108: Con ira no más, cuando tengo ira. O cuando falta mucho en un día sin
tomarme los remedios y ahí empiezo como a sentirme mal, decaído, agotado,
tímido con ira.
D: Y entonces ahí usted ¿habla con alguien?
H109: Trato de conversar con alguien pero…
D: ¿O le avisa a alguien?
H110: Sí po, le digo a mi mamita, “sabe que me siento más o menos decaído”
pero no me ha pasado nada así gracias a Dios
D: No le ha pasado nada, y eso es ¿Por qué?
H111: Porque me he tomado los remedios todos los día, a la hora y todos los días.
D: Es riguroso con eso
H112: Riguroso, sí. En la mañana, en la tarde en el almuerzo y en la noche los
remedios que habitualmente me tomo.
D: Usted me ha hablado harto de su mamá.
H113: Gracias a ella yo he salido adelante
D: Cuénteme un poquito de eso
H114: Es que al principio yo cuando no me atendía en el Salvador, me cambiaron,
me estaba acompañando ella, ella me acompañó po y nos tocó a los dos que nos
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tocaba con el doctor O, y el doctor O nos preguntó de parte éramos nosotros po y
mi mamita le dijo que éramos de Conchalí, y el doctor O le dijo: “no, no puede
atenderse acá”, y mi mamita le dijo: “por qué” no porque a ustedes le toca
atenderse ahí en el psiquiátrico y lo derivó al psiquiátrico y mi mamita me
acompañó y conversó con la doctora A, conversó con hartos doctores y le dijeron
lo mismo que me decían en el Salvador, preguntaron varios médicos así y me
acompañó mi mamita, y ella me estaba acompañando en todos los momentos y
me preguntaron varias cosas: ¿qué me había pasado? ¿Cómo había sido la
enfermedad? ¿qué cosas había hecho? Y mi mamita le iba diciendo más o menos
que mi mamita dejara que yo conversara y no opinaba na, yo no más conversaba.
D: ¿Con quién conversaba usted ahí?
H115: Con los doctores, la doctora A, otros doctores más y ahí mi mamita empezó
acompañarme, ya te vamos hacerte aquí, el examen de hemograma, la clozapina,
tenemos que pincharte todos los meses pal hemograma, pa saber cómo está tu
nivel de la sangre y mi mamita me acompañó po, y de ahí me empezó acompañar
todos los meses. Hasta que llegué y me empezó acompañar ella a donde la
doctora A. pa todas, me acompañaba, me levantaba temprano yo, ella me
levantaba, me despertaba,
ella fue como el pilar mío, fue como la ayuda de
mamita que uno tien. Así como Jesús quiso a su mamita, yo también quiero a mi
mamita cachai, también la quiero, así que…
D: ¿Hay algún otro familiar suyo que lo haya ayudado en este proceso?
H116: No, ella no más.
D: ¿O algún amigo, algo así?
H117: No, ella no más
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D: Usted siente que su mamá es el…
H118: Ella no más es la que me dio todo.
D: Bueno pues, quedemos hasta aquí hoy día, muchas gracias-
H119: Ya. Ok.
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