diario de un cooperante en bolivia

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2007
JUVENTUD
VASCA
COOPERANTE
DIARIO DE UN COOPERANTE EN
BOLIVIA
Alain Sabalza Hernaez | FRM-CIPCA
Capítulo 1
Ayer dormí sólo 3 horitas, pues para las 3 de la
mañana de aquí ya estaba despierto. Vueltas y más
vueltas en la cama hasta las 8 que es cuando subí a
la terraza del séptimo piso a tomarme 2 matecitos de
coca y sentir la amabilidad de corazón con la que te
atienden. A las 10 en punto ya estaba a la espera de
Eduardo Acevedo, el jefe, que con su jeep me llevó a
recoger a su mujer y salir dirección Chapare a los
yungas, bosques tropicales de clima húmedo y caliente
donde se cultiva la coca y frutas tropicales. Era
como la laurisilva de la Gomera pero a lo grande, con
unas montañas de sueño, sin saber si realmente estaba
despierto o más bien dormido. Chapare es totalmente
diferente a mi futuro municipio Torotoro, el que
tiene el puesto 313 en el ranking de los pueblos más
pobres de Bolivia (327). Este es muy sequito pero de
gente amable.
Pues nada más salir, paramos a comer chicarrón con
chicha, un plato enorme de carne con patata y choclo.
Yo también comí hasta el punto que dijo el jefe que
era mejor guardar lo restante pues seguramente ya no
tendría hambre de comer trucha de chapare. Me sentó
super bien el chanchito. Y después de viajar y
viajar, hablar y hablar, paramos a comer la famosa
trucha y caldo y jugos y demás. Muy bien. Lo malo (o
bueno) es que vi una pila en la charca de las truchas
(Cd y Pb), a tal punto que el jefe les comentó a los
dueños y ya estaba la mitad de la gente viendo cómo
se
sacaba
la
pila
(nosotros
mientras
tanto
escapándonos en el jeep dirección a casa). Ahora he
estado paseando por el centro de la ciudad, tomado
jugo de pomelo en la calle y cacahuetes por la plaza
de armas y toca cenar que mañana ya me esperan en la
oficina a las 8 en punto para trabajar.
PD. No sé que cara me habrá visto el Acebedo, que me
ha comentado que tenga cuidado con las "rateras" pues
1
se acercan para invitarme
somníferas para después robar.
un
trago
con
gotas
Capítulo 2
Estaba pensando en meterme a la cama para despertarme
prontito a las 4 de la mañana para ir a la procesión
de la Virgen de Urkupiña con un compañero de trabajo
y amigos suyos. Son unas 4 horitas caminando
lentamente
desde
Cochabamba
a
Quillacollo
(el
municipio más céntrico de sudamérica) y entre parada
y parada, tomando chicha y venerando a la Pachamama
en mi caso (que no me pasen la cruz por favor)
llegaremos al cerro cota a romper piedras y pedir un
deseo (que cobra intereses) a la virgen (o al diablo
que realmente está más presente a ras del suelo) y a
media tarde del siguiente volveremos (si no me raptan
las pildoritas). Lo llaman el encuentro religioso más
integrador de Bolivia que junto a la fiesta de ayer,
la entrada folclórica de más de 120 grupos de baile
de toda Bolivia, bailando morenadas, caporales... me
permitió conocer otro mundito, pues bebiendo chichita
estuvimos unas 10 horas viendo estos desfiles (de
modelos con mini-mini falda y máscaras de diablos)
también en el municipio de Quillacollo...
Capítulo 3
Después de tanto comer y chupar (beber) me llegó el
malestar, pues toda la noche la he pasado perdiendo
agüita por arriba y abajo que no he podido marchar a
la primera salida de campo. Ayer salimos a la
procesión de la Virgen a las 4:30, y después de
caminar y caminar, llegamos al pueblo con la salida
del sol. Allí, como es costumbre, todos comiendo y
bebiendo en un millón de puestos. El amigo de Freddy
(compañero de trabajo) se quedó en la Iglesia a rezar
2
y nosotros fuimos a desayunar Api (mezcla cocida de
maiz) y pastel de queso en unas condiciones que no
eran las más higiénicas, para retomar el camino al
cerro donde está la Virgen. Se vendían fardos de
dólares,
miniaturas
de
casas,
maletas,
"pasaportes"... por un peso boliviano, esperando que
a través de la fe cristiana y ayudados por los
chamanes
tuviesen
suerte
al
romper
la
piedra
bendecida que se transforma en oro. Caminábamos muy
muy lento entre tanta gente hasta que conseguimos
llegar a la cima y partir un trozo de piedra (yo pedí
3 deseos). Como desde arriba se divisaba una laguna
seca y estructuras incas de almacenamiento de maiz en
la distancia, escalamos la pared del recinto y fuimos
a ver, caminando otros 2 kilómetros . Y allí
aparecieron un grupo de rateros del que conseguimos
escapar (lección aprendida), caminando entre cactus y
arbustos de pinchos. Después del susto, subimos
nuevamente la pared (Alain el escalador) y fuimos a
comer pescadito y jugar al futbolín. Aquí hay tanta
mezcla de cosas que de todo puedes encontrar, te
sorprendes de lo que hay y hace uno mismo. Aunque sea
una fiesta religiosa, para algunos es pagana por el
alcohol y el desfase que hay. Así, aunque Freddy
decía que era el mejor lugar para ligar, pues es
lugar de encuentros relámpagos entre los jóvenes de
toda Bolivia, yo pensaba en llegar al Hotel pues me
había comenzado el malestar que me ha durado hasta
hoy. El domingo ya salgo con las técnicas para las
comunidades de Torotoro y allí me esperan mis 6-8
horitas de caminata durante 8 días. Otro nuevo mundo
por descubrir
Capítulo 4
Definitivamente la gente no distingue la mano derecha
de la izquierda o a la inversa, pues para conseguir
la casa donde viven los dueños de los buses que salen
3
a Torotoro, han pasado más de 3 horitas (muchas para
mis intestinos). Igual que en Chile, nadie dice que
no saben dónde está un lugar y te envían con su
sonrisa al otro extremo. Hoy día de descanso y a las
5 de la mañana a levantarse pues hay que partir.
Llevo una mochilita y el equipo de montaña que es
"jugo de coca" y hojas de coca para dar y regalar y
que no falten los minipeces secos que se comen
salados para tener proteínas. Ya me despedí de la
amiga australiana (tiene unos 50 años (por si las
moscas)) que me ha dado sus contactos de la Paz y de
una Universidad de Australia para hacer el link con
Nueva Zelanda. En 5 días conoces gente y good bye my
friend pues así es el camino: 360 grados de
oportunidades. El hecho de no comer ni cenar, ni ayer
ni hoy, creo que me está afectando al raciocinio, así
que os dejo
Capítulo 5
Hay un gran arbusto en el municipio de Torotoro cuyas
agujas fínísimas causan el mismo efecto que la
picadura de una abeja. Estos valles secos bañados por
el agua cooperadora, contienen abundantes agujitas
por todos los lugares por donde uno camina y se
enfrenta al brochazo rojizo del cuerpo a través de su
contacto. Las espinas siguen y seguirán para darnos
cuenta que los caminos tienen sus dificultades y que
el conocimiento y el respeto nos pueden conducir a la
felicidad colectiva pues las cosas (las plantas, las
víboras...) no contienen letreros advirtiendo de sus
efectos. Uno ha de descubrirlos.
El uso de esta planta sigue vigente como método de
castigo entre los originarios contra la "infidelidad"
y los inmorales. Hace 7 años aproximadamente, a un
infiel lo tumbaron desnudo sobre una cama llena de
estas espinas y lo amarraron toda la noche. Todos te
4
advierten de sus pinchazos, de las consecuencias de
nuestros actos cotidianos en este orden social,
comunitario arraigado a la tierra.
Acabo de llegar a Cochabamba y me da tristeza la
ciudad. Quiero volver a la tierra rojiza del medio
rural, simple pero multicolor. El medio es tranquilo
aunque robusto, generador de pensamientos, uno se
abstrae fácilmente y poquito a poco empieza a
entender
la
realidad
de
sus
moradores.
El
entendimiento es crucial. He convivido con 8 técnicos
del CIPCA estos 10 días encuestando a las familias
sobre sus ingresos y uno se da cuenta que rápidamente
da respuestas (ignorancia occidental) a una realidad
cuyos interrogantes los manifiesta el tiempo. Hay que
conocer el tiempo y sus limitaciones y caminar
poquito a poco. Desconozco si seré útil pero
intentaré dar todo lo posible para abrirme más en el
factor empático que es crucial. Encuestando, escucha
a quien tiene que decir algo y uno simplemente ha de
anotar. Es su realidad, sus verdades (o mentiras)
interesadas, pero su manera de ser ante tanta
prepotencia de los dirigentes políticos. Necesitan
confiar si quieren seguir adelante, pues lo mútuo los
llevará a la autoestima y al poder que se les ha
negado. El cooperante únicamente ha de dejarles ser
lo que quieran ser proporcionandoles el protagonismo
que les corresponde a ellos y a ellas, entregándoles
los recursos económicos y técnicos suficientes para
que no cometan nuestros errores, pero en definitiva
serán ellos y ellas quienes elijan el camino. Si la
Pachamama está con ellos, adelante compañer@s y
herman@s!
Capítulo 6
Ya aterricé nuevamente en Cochabamba después de este
viajecito
por
las
comunidades
de
Acasio.
Más
5
tranquilito que el anterior, en un paisaje más seco y
erosionado con poquita vegetación por la necesidad de
leña para cocinar lo que producen: papita, sara
(maíz), tarwi y un poquito de cebolla junto a muy
pero muy poquita carne conforman su dieta. Y ese
poquito lo comparten y además te agradecen que les
hayas visitado...
La hora de la salida se retrasó, por razones técnicas
y por la noticia de que en el municipio de Ansaldo
había 2 muertos, supuestamente campesinos que habían
sido asesinados por la policía del Prefecto afín al
alcalde del municipio que lo quieren votar los
concejales y los miembros de las comunidades. En esta
cuarta moción de censura presentada, el alcalde y sus
seguidores han pegado a miembros de la junta
comunitaria y el pueblo campesino se ha levantado
saboteando las entradas al pueblo. Para evitar pasar
por el bloqueo y esperar a la eternidad para que nos
dejasen circular, escogimos otro camino, muy vertical
que nos dejó finalmente a las puertas de nuestra
casita después de 8 horitas (140 km). Al día
siguiente comenzaron las encuestas y las visitas a
sus casitas. Esta vez, al verme gringito, me mentían
en las respuestas y tenía que hacer mil peripecias (y
mucha paciencia) para mostrarles las contradicciones
de una manera simple. Es lógico que no se fíen de
aquellos que no los conocen directamente aunque sean
miembros del CIPCA. Necesitan personas diarias,
cotidianiedad
para
su
confianza...Realizadas
las
encuestas,
comenzó
el
taller
de
formación
de
dirigentes de las comunidades de Acasio por las
personas que me acompañaban, específicamente por
Judith,
una
pedagoga
muy
maja
que
tenía
que
transmitir
ideas
sobre
la
globalización,
la
organización política del Estado boliviano, el marco
legal para la constitución a redactar por la Asamblea
Constituyente...Unos 50 dirigentes, mascando coca,
con su sombrerito y ropas de color, atentos a las
6
palabras. Muy sencillos. Yo que no entiendo quechua,
me lo imaginaba lo que decían y así estaba, sacando
fotitos y repartiendo coca.
Todavía sigo pensando que es un sueño, pues todo se
me hace natural, incluso ver la pobreza... creo que
al pensar en un futuro de cambio, domino la
situación...
Al llegar a la oficina, me he alegrado de ver a mis
compañeros y ya están ideando en que deporte voy a
competir para el encuentro del CIPCA Bolivia en
Cochabamba el 19-21 de septiembre. El día del
caraoque, deporte y cuenta chistes, creo que me
escaparé a Santa Cruz a ver a las monjitas de la ama
(así que a mandarme las direcciones, pues estaré 4
días) y vendré posteriormente para los dos días de
parranda (bailando cumbia quizás con alguna cholita,
mojeña, paceña...)
Capítulo 7
En
relación
a
las
personas
encuestadas,
están
abiertas a toda propuesta de desarrollo de sus
comunidades desde un punto de vista productivo.
Quieren producir más para vivir más holgados en la
inseguridad de las inclemencias ambientales y el
mercado. Para ello, buscan el apoyo que les ofrecen
los técnicos del CIPCA y otros agentes de desarrollo
rural, para que ellos mismos en un futuro cercano
sean los verdaderos protagonistas del cambio agrario
que afecta directamente a su economía doméstica. En
mi
opinión,
sería
interesante
centrarse
en
la
seguridad
alimentaria
desde
un
punto
de
vista
nutricional,
en
el
sentido
de
establecer
un
calendario de producción que satisfaga en términos
proteicos, vitamínicos y minerales las necesidades de
los miembros de la familia. Esta combinación de
alimentos de mesa, han de ser fiel reflejo de la
7
producción de sus parcelas. Ello quiere decir, que
conociendo las condiciones climáticas y edafológicas
del lugar y apoyadas en el agua cooperante que llega
de los atajados de riego, se produzcan las especies y
variedades óptimas para el consumo. Para esta tarea
se requiere de los especialistas agrícolas y la
recuperación de los conocimientos de antaño sobre el
manejo de los suelos, para que se puedan establecer
las prácticas fitosanitarias adecuadas que permitan
producir sin erosionar el terreno. Sería interesante,
que
todos
los
lindes
de
las
parcelas
fuesen
matorrales con espinas que produzcan algún fruto o
sean utilizados para elaborar plantas medicinales y
en sus vértices tuviesen un árbol nativo como el
molle. Estos pequeños corredores verdes propician la
diversidad y ofrecen seguridad en el acceso a la
tierra desde el punto de vista de la propiedad
privada y el saneamiento de tierras. Hay que señalar
límites, rayas claras de usos del suelo y de la
propiedad para tener seguridad en las acciones que se
realizan, pues son a largo plazo. El ordenamiento del
planeamiento general de las comunidades, apoyado en
un SIG, una base de datos plasmada en un mapa,
permite proyectar a futuro conociendo el presente, y
para
esta
unificación
de
datos,
de
coherencia
informativa han de reunirse los técnicos y los
actores comunitarios. Hay que ser consciente, que en
la dificultad que ofrecen los accesos de carreteras a
los productos que se producen, la producción para la
venta ha de ser específica con sello de denominación,
que agrupa a poder ser en cooperativa a los
productores. Hay que preguntarse sobre los productos
estrella de las comunidades, de sus variedades
estelares,
de
sus
transformaciones
y
fórmulas
magistrales que poseen para poner sello de identidad
a sus productos, pues es casi imposible que de otra
manera con el sistema minifundista de producción que
poseen puedan conseguir liquidez a través de las
8
ventas. Esta planificación a escala comunitario
permite asumir el presente y el futuro con optimismo,
pues
ahora
se
trataría
de
producir
seguridad
nutricional para los moradores y poner en el mercado
externo, como el de Cochabamba logotipos comunitarios
de salud y biodiversidad.
Los dirigentes han de ser conscientes que el
desarrollo depende de la unión de sus miembros en
términos productivos, donde cada uno ha de conocer
los márgenes de maniobra que tiene para afrontar su
propia realidad. Además de asistir a cursos talleres
sobre el manejo del sistema agroforestal, han de
plasmar en escrito los conocimientos que poseen los
miembros de la comunidad, técnicas de uso, como el
manejo de los calendarios lunares. Un pequeño vivero
comunitario de producción de plántulas hortícolas
certificadas
sería
interesante
como
proyecto
colectivo ubicado en
alguna parcela comunal, donde
además de los campesinos de profesión, los alumnos de
los colegios pudiesen practicar y aprender de los
valores de la tierra: recolectar semillas para los
árboles de los vértices, generar esquejes
de los
árboles frutales, producir plántulas para la huerta,
elaborar compost u otros medios de abonos orgánicos y
tratamientos fitosanitarios a través de la ortiga o
plantas
similares
sobre
un
calendario
bien
programado, fortificará a la comunidad y a su
autoestima.
Capítulo 8
Acabo de cenar el mismo plato que durante toda esta
semana está llenando mi buche: un poquito de arroz,
plátano frito, papas asadas, un huevo de codorniz y
un trocito de carne. Y todo esto en un lugar
cristiano con su especialidad religiosa. La razón no
es otra que la misma cajera que me atiende...
9
Para entender los chistes que Iban el cóndor de
Elkano me escribe en quechua, he preguntado en la
municipalidad sobre la posibilidad de aprender este
idioma de las comunidades que poco a poco cubrirá a
la ciudadanía con su melodía y así no tener que estar
imaginándome según el contexto lo que los moradores
de los valles secos de Torotoro y Acasio comentan. He
pensado utilizar parte del dinero destinado a la
manutención a cargo del FRM en esta nueva aventura
cultural. Y como dos semanas al mes estoy en las
comunidades, me han comentado que para recuperar las
horas, dos recién graduadas en filología van a
acompañarme. Perfecto, unas 3 horitas de clases todos
los días de lunes a viernes durante 2 meses...
Este fin de semana intentaré acudir a una aldea
ecológica que está a una hora de aquí donde un doctor
veterinario homeópata está impartiendo enseñanzas
agroecoganaderas. Pero todo esto depende de este
viernes, el día de parranda de los compañeros del
CIPCA. Ya veremos como son las cositas, pero lo
importante es el movimiento, el conocimiento vivido y
allí vamos...
Capítulo 9
Con la intención de aprender quechua, me presenté en
la casa de la juventud de la municipalidad y este
mismo lunes comienzo con las clases de una horita
diaria. El desplazarme a este lugar me permitió
conocer la Universidad de San Fernando y hablar con
el Director Nacional de Clas que se dedica al tema
del SIG ambiental en el área de Cochabamba. El
problema
radica
en
la
ausencia
de
información
disponible para trabajar, sea el Instituto Geográfico
Militar sea el Ministerio de desarrollo rural y medio
ambiente. Pero como van a encomendarme la labor de
10
cooperar con el equipo de riego de CIPCA, algo habrá
que hacer...
Al atardecer en la oficina (como todos los primeros
viernes de cada mes) prendimos carbón e incienso como
ofrenda a la Pachamama y estuvimos tomando un vino
que
ha
elaborado
un
compañero
tipo
moscatel,
cervecita y trago. Y de allí, medio curados fuimos a
un barecito a seguir chupando. Son momentos de
distensión, de compañerismo que sientan muy bien a
los miembros de la institución. Pero las cervezas no
terminaron aquí, pues estuvimos en un café bar muy
tranquilito bailando (o intentando bailar) salsa
hasta las tres de la mañana...
Hoy me encuentro con resaca, como es costumbre, pero
no por ello he dejado de ir a ver a mis compañeros a
jugar fútbol (querían engancharme como portero) y
comprar 7 programas piratas de SIG. Ahora mismito voy
a un cine alternativo, un centro de arte que me han
recomendado, el tema de hoy trata sobre la violencia
en América latina.
Capítulo 10
Finalmente no marché al centro de arte, conocido como
"marTadero", pues la del ciber me advirtió sobre la
peligrosa plaza que hay que transcurrir para llegar
al lugar. Aunque sea aventurero sin cabeza, esta vez
hice caso a mi instinto y termine en un cine
convencional
del
centro
viendo
una
película
inglesa...Hoy me acabo de despertarme y salir rumbo
al Cristo de la Concordia, comiendo en un puesto
callejero pescado ahumado después de comprar mi dosis
de hojitas de coca (desconozco que haré cuando no
tenga estas hojitas sagradas). Es el Cristo más alto
del mundo pues se encuentra a una altura de 2840
metros sobre el nivel del mar y 260 sobre la ciudad
de Cochabamba. Lo más bonito del lugar es su vista al
11
pasado, al hecho de imaginarse una gran laguna que
cubría toda esta extensión urbana de baja densidad,
con grandes parcelas agrícolas que dan nombre a la
ciudad de la eterna pampa de primavera. Como es
Domingo, la gente religiosa acudía a su cima,
celebrando misas en nombre del señor Jesucristo. Yo
seguía mascando coca sin probar una gota de vino y
pan. Ahora voy al centro, a visitar a un amigo que
acaba de tener una guagüita. ¿Cómo estarán los
caseritos y caseritas de Zarautz en la Fiesta Vasca?
Capítulo 11
Ayer por la tarde noche, no pude visitar a mi
compañero padrecito de guagüita y haciendo caso a mi
instinto o cabezonería, estuve en el MarTadero, el
antiguo
matadero
que
han
rehabilitado
para
proyecciones
artísticas
que
os
comenté
el
día
anterior. Lo que no hice ayer, he de hacerlo hoy.
Parece ser que ese es mi lema. Pues me presenté en
taxi por si las moscas y el lugar es bastante
tranquilito,
demasiado
silencio
quizás
a
su
alrededor. Como la obra supuestamente comenzaba a las
20:00 y todavía tenía 20 minutos, entré en su café.
Después de pedir mi matecito, el camarero me presentó
a las que estaban: unas cooperantas españolas, de
Toledo y Granada que son super majas y ya las tengo
en mi agenda. Así estuvimos charlando y charlando,
bebiendo cervecita hasta las 00:30, pues la función
comenzó sin mí. Me gustó el lugar, la gente venía y
se sentaba tal y como yo lo había hecho. Nos
presentábamos
y
con
naturalidad
nos
contábamos
nuestras vivencias en Bolivia y Granada, con el trago
en la mano como si nos hubiésemos conocido toda la
vida...
Mañana salgo hasta el jueves, para otra comunidad,
Ansaldo, donde todavía sigue el bloqueo, a participar
12
en varios talleres con mujeres. Y esa noche del
jueves, si el horario coincide, tomo el bus rumbo a
Oruro para que me lleve al Salar de Uyuni donde
permaneceré 4 días en algún tour que encuentre. Y
cuando vuelva me espera el encuentro de CIPCA, con un
día de retraso. Sí, me libré de participar en los
deportes, esta vez también me habían asignado como
portero (rompetechos).
Capítulo 12
La distancia física entre los miembros de las
diferentes comunidades que han de reunirse para
determinar las acciones concretas a realizar, es un
verdadero
problema.
Para
los
dirigentes
y
los
técnicos del CIPCA, la distancia a recorrer traducida
en tiempo material es una cuestión primordial. Las
convocatorias de talleres y reuniones deberían ser
realizadas
de
una
manera
diferente
a
lo
que
actualmente se está haciendo, pues el hecho de
recorrer grandes distancias para informar sobre una
actividad en concreto no es sostenible. En este
sentido habrá que
establecer una red concatenada de
información entre los comunarios para que sea más
fluida ésta, apoyándose en las nuevas tecnologías que
actualmente existen. Una iniciativa se basaría en el
uso de la radio (una emisora como es la Intered) para
convocar a las personas, otra podría ser el uso de
fax en aquellas comunidades donde exista teléfono y
otra el uso de los walkie-talkies y de la telefonía
móvil localizando los lugares con cobertura; todo
ello
para
unos
horarios
de
comunicación
predeterminados.
La
información
que
se
pasa
sucesivamente de un miembro a otro deberá ser lo
suficientemente efectiva para que cada uno de los
agentes informantes sea a su vez informado por otro.
13
Si la fecha y hora de los talleres a realizar no
responde a la realidad de los haceres cotidianos, el
resultado esperado de formación no fraguará. Sería
interesante conocer el calendario programado de
actividades
que
tienen
otras
instituciones
que
trabajan con las mismas comunidades y así organizar
conjuntamente las labores de capacitación.
De acuerdo a las impresiones que tuve en los
municipios de Ansaldo y Torotoro, toda actividad
realizada por el CIPCA ha de estar plasmada en un
mapa de coordenadas acompañada con una etiqueta
plastificada
ubicada
en
el
lugar
físico
correspondiente; inclusive, la elaboración de un mapa
con todos los miembros de las comunidades y los
caminos de acceso facilitaría la labor del encuentro
(códigos). Teniendo en cuenta que la actividad del
CIPCA
se
realiza
sobre
parcelas
propias
de
determinados miembros comunitarios, la información
obtenida
con
anterioridad
permitirá
mantener
actualizada la base de datos que manifiesta la
evolución temporal de las inversiones del CIPCA. Esta
evolución que se refleja en las etiquetas y en el
mapa deberá tener su imagen fotográfica que muestre
la realidad de los hechos con sus correspondientes
hiperlinks.
La labor de una Institución es impulsar los cambios
para acelerar el desarrollo de las comunidades en
términos sostenibles. Me da la impresión que algunos
miembros ven a las instituciones como los entes que
proveen productos y no procesos que satisfacen las
necesidades. Las instituciones han de invertir sin
regalar nada, pues los intereses sociales han de ser
repartidos en un mundo desigual como el que vivimos.
Hay que estimular con donaciones que invierten en los
procesos, siempre condicionados al resultado que
obtengan los beneficiarios. Si el resultado es lo
14
esperado en la proporción prefijada, se devolverá el
importe (el préstamo) que suponga la acción.
En Ansaldo veo a los atajados de riego como obras
monumentales que sobrepasan su finalidad. Parece ser
que esta estructura faraónica diese cierto status a
sus propietarios por el hecho de saber que pueden
mejorar la actividad económica de sus familias. Y
como los beneficios vienen de los procesos, las
instituciones deberán capacitar en el uso de los
mismos para conseguir los resultados esperados. Hay
que hablar de experiencias y de potencialidades que
tienen los atajados en el lugar y tener un enfoque
que permita caminar en esa dirección. Por ejemplo,
crear vasos comunicantes entre los atajados sobre un
recurso que es de dominio público como el agua,
origina
la
red
necesaria
para
producir
con
potencialidades
comunitarias.
Potencialidades
de
riego y de superficie.
Como los atajados son condicionantes directos del
paisaje de las comunidades, sus coronas deberían
reflejar la diversidad de los lugares de producción.
Reestructurar los muros de contención y las redes de
abastecimiento de agua con imaginación estética que
evita la erosión y la pérdida de agua, puede ser una
de las maneras de afirmar sobre el territorio una
infraestructura.
De
la
misma
manera
que
históricamente se han construido y diseñado más de
150 maneras de muros de piedra seca, podemos crear
diferentes estilos de coronas de atajados con sus
vasos comunicantes. Esta firma, su diseño que es
fruto únicamente de los usuarios, permitirá que los
miembros hagan suyo el proyecto de producción. Y no
hay mejor manera de hacer que aprendiendo de las
experiencias contadas y vividas por otros agentes
territoriales. En este sentido, los talleres de
capacitación
deberán
incluir
las
ponencias
de
aquellos campesinos que comenzaron por esta andadura.
15
El “vecino” estimulador por comparación entre iguales
es la técnica social a seguir.
Capítulo 13
A las dos y media de la tarde me dejaron mis
compañeras del municipio de Anzaldo en la estación de
buses, con la intención de subirme al último bus que
salía a Oruro para poder llegar al esperado Uyuni.
Oruro-Coipasa-Tatasabaya rondaban por mi cabeza llena
de recuerdos por aquellas aventuras que viví en mi
época chilena y de esta manera desperté en el frío
Oruro no sin antes ver las llamitas brincando por sus
laderas. Eran las siete de la noche y la estación
seguía igualita con su pesada aureola que influía en
mi cabeza. Vestía la ropita pegada que me regaló mi
familia trapisonda para el frío del altiplano y unido
al bastoncito que cargaba y la bolsa de papas con la
que cubría mi maleta, era todo un personaje postrado
en la pared esperando que le diesen un espacio en el
pasillo de alguna flota, pues los pasajes de asiento
se habían agotado. Entré a una flota llena de
estudiantes y me acomodé en la parte trasera. Allí
había dos chicos peleándose por un asiento, dándose
puñetazos y sangrándoles el labio y la nariz, con sus
camisas manchadas de violencia. La reacción del resto
de los compañeros se reducía entre gritos “risueños”
a que yo los separase. Querían bajarse del bus y
pelear mientras el profesorado miraba al cielo. El
que se bajó fui yo. No pude más. Dejé que el resto de
personas entrase a sentarse en el pasillo para poder
quedarme lo más cerca posible de la salida. Para mi
sorpresa, el pasillo se llenó como animales en sus
jaulas y tuve que realizar el viaje de ocho horas de
pie. El chofer todavía quería recoger más gente que
encontraba en su trayecto y cobrarnos y tratarnos
como
cerdos
sumisos.
Yo
me
negaba,
intentando
bloquear la puerta, pero aún así se salieron con la
16
suya. Existe una explotación consciente, clave del
estancamiento social. Cuando viajaba, mantuve la
cordura, pues tanta gente en tan poco espacio y
emanando tanto olor, influye en el estado de ánimo de
cualquier persona. Pensaba en los inmigrantes que
llegan en patera o en camiones a la península. A mí
me esperaba todo un mar de sal a disfrutar pero para
un saharaui el mar puede ser su último destino.
Injusticias territoriales.
Por fin llegué a Uyuni, a sus 3600 metros de altitud.
Respiré hasta que aparecieron seis tour-operadores
intentando venderme sus paquetes turísticos. Recogí
sus tarjetitas y me fui a buscar un baño para poder
desayunar tranquilamente. Comí al estilo inglés,
completísimo. Me cambié de ropita y fui a buscar un
tour operador. Viendo que estaba entrando una chica a
una agencia, fui detrás de sus faldas como diría
nuestra ama, contratando el mismo servicio que a ella
le habían ofrecido: cuatro días y tres noches. Era
holandesa con mucho carácter.
Nuestro viaje debería haber salido a las diez, pero
eran las doce, nuestro supuesto conductor estaba
borracho, nos montaron en otro coche con un taxista
que no conocía su función de guía y la agencia una
vez cobrado el dinero, se desentendía de todo… El
servicio que se ofrece en Bolivia es totalmente
diferente al chileno.
Después de ver el cementerio de trenes nos llevaron
junto a dos chilenas al mar de Sal. No vimos lo que
tuvimos que ver pero disfrutamos de su inmensidad
infinita. Los ojos tenía chinitos de sus reflejos y
lamía sal por kilos. Era buenísima. Cavábamos en su
superficie buscando el agua congelada que emana de
sus montañas colindantes y algunos intentaban sacarse
sus malas energías haciendo yoguismo entre las
radiaciones ionizantes. Finalmente nos llevaron a una
especie de Hotel de Sal donde pasaríamos la noche.
17
Eran las tres de la tarde. El “taxista” nos dejó allí
y se marchó. Comimos carne de llama, durísima, pero
yo repetí y me comí las sobras de los demás. Cuando
nos dimos cuenta que nosotros éramos nuestros propios
guías, planeamos el viaje del día siguiente y nos
fuimos a caminar por el Salar entre los flamencos
andinos, llamitas y chanchitos del altiplano. El
lugar me era tan conocido, tan vivido que realmente
se me hacía cotidiano. Incluso la holandesa y las dos
chilenas era como si ya las hubiese conocido.
Caminamos por los bofedales cercanos a la frontera
del Salar y retornamos al hotel a cenar. Una sopita
muy rica de verduras junto a un trozo de carne
alimentaron nuestras barrigas y de postre una lluvia
de estrellas sobre un cielo despejado. El somier era
de sal, el suelo era sal, las paredes eran de sal,
todo era de sal. Pusimos el despertador a las cuatro
de la mañana y dormimos como lirones. Despertamos a
las chilenas y salimos con los pan-queques que nos
había preparado la cocinera, con destino Tunupa, la
bella montaña sagrada del salar con sus 5500 metros
de altura.
Las chilenas no pudieron más y al cabo de 3 horas de
caminata retrocedieron. Yo, como mascaba coca sin
parar que había comprado en el mercado de Uyuni, la
altura no me afectó. Me sentía súper ágil con ganas
de escalar y ante tanta belleza que desprenden los
colores del cráter de Tunupa, vislumbré el camino que
en realidad no existía para llegar a su cúspide. Mi
amiga me decía entre llantos que esta era la primera
y la última vez que venía conmigo, que se estaba
mareando, que no podía más, que no controlaba las
rodillas y que era demasiada la pendiente y que
quería volver. Yo, cegado por subir, me reía, pues me
sentía tan a gusto que nada me afectaba. No tenía
vértigo, ni cansancio aunque estuviésemos rondando
los 5000 metros. Yo la animaba sin parar, hasta que
por fin llegamos a su amarilla y rojiza cumbre. Nos
18
dimos la mano. Es otro mundo, una satisfacción
indescriptible. Necesitamos más de siete horas para
subir. La bajada fue rápida aunque nos perdimos,
corriendo entre las piedras, saltando de un lugar a
otro para llegar finalmente al lugar de las momias.
Allí nos estaban esperando las chilenas, y después de
ofrecerles hojitas de coca a las momias madre abuela
e hija, fuimos al hotel, recogimos el equipaje y
partimos en otro coche rumbo isla pescado, cuna de
los
cactus
candelabro.
Allí
nos
cambiaron
de
compañeros de viaje, las dos chilenas por una pareja
holandesa, una pareja canadiense y una alemana. Las
chilenas despidiéndose, me invitaban a su pueblo para
que realizase junto a ellas la ruta del vino y del
queso y yo les respondía en mi inocencia que pronto
me verían allí. No era consciente del poco tiempo que
iba a tener en mi estancia como cooperante en
Bolivia…
En total éramos siete, hablando en castellano y en
inglés. Habían venido a Latinoamérica a recorrerla
durante un año. Sabían de parajes, de destinos y
recorridos, pero miraban a la gente del territorio
como actores que están interpretando una función para
ellos.
Como
manera
de
diversión,
buscaban
una
realidad palpable de la vida boliviana externa a
ellos, sin un matiz de sentimiento por un cambio
social consciente. Asumían que este era un espacio
por descubrir y que las injusticias que se cometían
no les afectaría como persona. Volverían a sus
hogares, a sus quehaceres, después de haber vivido
una gran película de la que no formaban parte. Eran
buena gente, pero muy determinada por la cultura
bipolar del mundo occidental.
Esa noche dormimos en otro Hotel de Sal. Yo que
estaba agotadísimo fui a dormir temprano mientras los
compañeros se quedaron a charlar. Al día siguiente
salimos nuevamente en coche a disfrutar de diversas
19
lagunas con flamencos, vistas a volcanes con pequeñas
emanaciones de gas, el árbol de piedra y otras
formaciones rocosas, el desierto del cuadro de Dalí y
otros parajes fantásticos, para llegar finalmente a
la laguna Colorada. En el camino, por nuestra propia
iniciativa, paramos en una necrópolis llena de momias
que se encontraban dentro de unas formaciones rocosas
con forma de huevo tipo Alien. Impactaba el hecho de
ver un cementerio saqueado y convertido en lugar
turístico con tanta momia, con la posibilidad de
llevarte algo al bolsillo.
La noche la transcurrimos más allá de la laguna
colorada, en un hospedaje que estaba realmente sucio.
Cuando estábamos cenando se nos acercó un francés
pidiéndonos dinero porque se le había estropeado la
moto. La gente dispuesta a darle, argumentaba que
como cualquiera de nosotros podríamos encontrarnos en
esa misma situación, deberíamos costearle sus gastos.
Yo en cambio, opinaba que si el término “nosotros”
era para los occidentales y si el resto de personas
que
encontramos
diariamente
en
las
calles
de
Latinoamérica pidiendo limosna no lo eran, yo no le
daría ni un céntimo. Al final, por diversas razones
no le ofrecimos nuestro dinero pero aún así la moto
funcionó por arte de magia. Picarescas de la vida.
Hicimos fuego, abrimos cerveza y sidra y charlamos
hasta que quedamos sin luz. Esa noche dormí con siete
mantas pues mi saco de dormir era de verano.
Nos despertamos muy tempranito y vimos en la
oscuridad las emanaciones de vapor de los géiseres.
Más tarde nos bañamos en aguas termales de la laguna
Colorada. Estaba a 35 grados, la temperatura ideal
para sumergirse uno y limpiarse de los cansancios
acumulados. Como fuera hacía tanto frío apurábamos
por no salir, pero el olor del desayuno nos llevó a
vestirnos y comer otro completísimo almuerzo. Muy
tranquilitos, nos llevaron a ver la laguna Blanca y
20
la Verde frente al imponente Likánkabur, mi otro
volcán sagrado. Sus alrededores estaban nevados pues
había llovido esa noche y todo estaba precioso. En
esos instantes me acordaba de Chile, pues estábamos
en la frontera. Finalmente, nos montamos en el coche
y viajamos durante más de seis horas hasta llegar a
Uyuni. Aterrizamos y yo salí corriendo a comprar el
último pasaje que salía a Oruro, perdiendo el
contacto de la holandesa y las fantásticas fotos que
había sacado al estilo de Keri. De Uyuni a Oruro y de
allí a las cinco de la mañana a Cochabamba. Llegué
totalmente rematado de tanto viaje sin poder ir al XV
Encuentro de CIPCA. Al día siguiente me desperté con
cierto malestar que me obligaba a estar continuamente
en el baño por lo que decidí ir a la oficina a
trabajar y no participar en los juegos que CIPCA
había preparado para ese día. En realidad mi cuerpo y
mente buscaban un descanso personal, la tranquilidad
de la cama en soledad, con sus noches de cine. Aunque
estaba agotado sí asistí al último día del encuentro
con la visita a Tarata y la cena de gala con todos
los
asistentes
al
encuentro.
La
gente
estaba
elegantísima y requetepeinada en ese salón de bodas y
yo bebiendo mis cócteles de pomelo. Como me estaba
entrando la picaresca de la bebida y no quería ser un
bandido esa noche, una vez que cenamos y comenzó el
baile, retorné a casa a descansar, pues al día
siguiente me esperaba otra aventura…
Capítulo 14
El cóctel de pomelo todavía rondaba por mi cabeza
pero aún así tenía que aprovechar para ir a conocer
la Granja Modelo Pairumani. Micro en la plaza
Corazonistas rumbo a Quillacollo y de allí a mi
destino en trufi. Dado que no había concertado cita
para la visita, únicamente me permitieron conocer el
Centro de Semillas. Mi objetivo era obtener el mapa
21
de producción óptimo para el área de trabajo de
CIPCA-Cochabamba de acuerdo al banco de semillas que
tenía el centro. Me indicaron que estaba en proceso
de revisión, contando en la actualidad únicamente con
fichas descriptivas de las diferentes variedades de
cultivos. Muy exhaustivamente, me mostraron todo el
proceso
de
obtención
de
sus
semillas
base,
certificadas y fiscalizadas de maíz, trigo y haba,
que tras ocho años de investigación ponen en el
mercado para mejorar la producción del pequeño y
mediano agricultor del Valle. Regresé a Quillacollo
viendo cómo las mujeres con sus ondas, lanzaban
piedras a los pájaros para que no comiesen las
semillas de sus cultivos. ¡Qué puntería!
Capítulo 15
Con la intención de conocer la fábrica de Coincoca y
aprender sobre la transformación de las hojas de coca
en productos medicinales,
contacté con la dueña de
la misma. Pero como la movilidad que supuestamente
iba a recogerme no llegó al hostal, tomé un bus
destino Totora, cuna de los grandes terratenientes
históricos cocaleros. Tras dos horas de viaje,
repentinamente paramos a comer chicharrón de cerdo
pues a los que íbamos, se nos estaba haciendo la boca
agua de ver tanta comida desde la ventana. Tras pagar
diez bolivianos, estábamos todos en el bus con
nuestras bolsitas de comida disfrutando del mejor
manjar cochabambino y del paisaje.
Al llegar a Totora, una decena de niños se me
acercaron ofreciéndome llevar mi equipaje, pero al
ver mi mochilita desistieron de la posibilidad de
obtener unas moneditas, pues un saco de papas con la
bolsa de dormir y hojitas de coca, era lo único que
portaba. Según la guía, existía un hotel municipal
recientemente reformado de la época colonial donde
22
podría dormir imaginándome cómo sería hace un siglo
dicho lugar. Totora había sido el pueblo más lujoso
de Bolivia hasta la reforma del 52, con una
arquitectura de ensueño en clave criolla. Llegué al
Hotel pero no había nadie para atenderme pues estaban
de boda. Pregunté en otros tres hospedajes pero
igualmente obtuve su negativa. Sorprende que en un
municipio con tanto potencial turístico ocurra esta
situación. Finalmente encontré en la parte trasera de
una vivienda, una lujosa casa con sauna por cincuenta
bolivianos. Así, de querer dormir en un hotel
colonial pasé a dormir a una casa de narcos,
suficiente para mi imaginación.
Al día siguiente, caminé por el pueblo, por su plaza,
sus puentes, sus calles y su feria, viendo cómo se
vendían vacas, toros y chivos que deambulaban por el
río y cómo sus dueños intentaban alcanzarlos con
lazos. Después de sacarle una foto a la extraña e
inmensa bola de piedra que está en una quebrada,
estuve visitando el famoso árbol donde fusilaron a un
supuesto tirano cuyo nombre no recuerdo. Me sentí
extraño cuando me apoyé en el árbol… Para saber un
poquito más sobre lo acaecido, visité la casa de
cultura donde conocí una señorita muy agradable con
la que estuve charlando horas. Vimos cada una de las
fotos y cuadros expuestos con suma tranquilidad, con
sus personajes ilustres y las ruinas consecuencia del
terremoto del 98. A pesar de que entre las imágenes
no se encontraba ninguna mujer, a la salida concluí
que fue su belleza lo que hizo a este lugar tan
maravilloso.
Capítulo 16
Después de elaborar una cuartilla para la X Campaña
sobre Medio Ambiente que trataba sobre la defensa del
medio fruto de una abstracción mental (…somos polvo
23
de estrellas que brillan y se marchitan…), tomé un
bus cama con destino Santa Cruz.
Durante dos días consecutivos, la coordinadora de
ONGs
españolas
que
trabajan
en
Bolivia,
había
organizado un encuentro taller sobre la realidad
sociopolítica del país en la sede de la AECI. Si en
un primer momento iba a poder asistir al encuentro
aunque no fuese socio de ninguna ONG adscrita a la
misma, finalmente sólo me dejaron participar de la
cena del viernes en la Casa del Camba, pues allí
cada uno pagaba de su bolsillo…
Después de salir de la estación bimodal de Santa Cruz
con el dinerito guardado en el calcetín, tomé un bus
que me llevo al centro, al primer anillo. Desayuné 3
salteñas pues durante la noche no había cenado y una
vez me ubiqué en el mapa, busqué el famoso “Hostal
Bolívar” con sus tucanes y hamacas. La habitación iba
a compartirla con otras cuatro personas de diferentes
nacionalidades, pues este alojamiento es de puro
gringuitos. Una vez duchado, fui a la Catedral a
conocer la dirección de las monjas Teresa de Calcuta,
concretamente el Hogar de las Misioneras de la
Caridad, donde mi madre había trabajado hace cinco
años. Está en el cuarto anillo y
se llega en
cuarenta minutos en micro. Allí me esperaba un cristo
en la puerta y un cartel indicando que la visita al
Hogar no se podía realizar dicho jueves pues las
monjas estaban de oración. Por fin veía aunque
estuviese fuera de las rejas, el lugar donde mi ama
había dado y recibido tanto amor. Me había dado el
nombre de todos los niños y niñas, del guarda, de la
lavandera, de los perros… Volvería al día siguiente.
Como tenía el día libre, fui al zoo a ver la fauna de
la región de Santa Cruz, a los mercados a comer todo
tipo de comidas, a pasear por sus calles y plazuelas
y vivir la mirada intensa de sus moradoras.
24
Por la tarde compré un pantalón y una camisa para la
cena y me presenté todo elegante en la Casa del Camba
a las nueve y media. Conocía a Paki de la noche de
Martadero (capítulo 12), pero con mi vista de
rompetechos no la veía por ningún lado. Pregunté al
encargado y él me llevó a la mesa correspondiente. Me
presenté formalmente y me senté en una esquina con
cuatro chicas bastante interesantes aunque una de
ellas era realmente especial. Pedimos diferentes
platos típicos, siendo el ceviche de cola de
cocodrilo el que más me gustó. Terminada la cena, los
cuarenta comensales fuimos a un bar a tomar cerveza y
charlar. Al día siguiente ellos irían al taller y yo
a dar de comer a los niñitos. De la teoría a la
práctica.
Napoleón me abrió la puerta del Hogar y me presentó
en primer lugar a la Madre Superiora. En menos de un
minuto, con una sutileza admirable planeó que ese día
y el siguiente estaría apoyando a las personas que
trabajan con los niños. Era el momento de ver a los
otros hijitos de la ama. Allí estaban delante de mis
ojos. Estaban igualitos que en la foto que tiene la
ama en Calpe pero un poquito más mayorcitos. Por las
discapacidades mentales que tienen, por parálisis
cerebral y otros infortunios, intenté transmitirles
físicamente el abrazo que mi madre les habría dado
con mis propias manos y corazón. Creo que les llegó.
Hay cieguitos, sin nariz, sin movilidad, con cráneos
inmensos, con mucosidades, con espasmos… pero como
decía el cartel que colgaba en la pared, ellos son el
camino a la paz y la felicidad de todos nosotros.
Estuve dándoles de comer, entregando poquito a
poquito mucho amor concentrado en cada cucharada. La
mitad entre risas la escupían. Yo me reía y ellos
también. En esos momentos conocí una nueva faceta de
mi persona, un sentimiento y una fuerza humana
indescriptible. Saqué fotos a los niños y me despedí
de todos ellos hasta el día siguiente. Esa misma
25
tarde revelé las fotitos. Cuando llegué al Hostal,
encontré
en
mi
habitación
a
dos
australianos
esnifando coca…
Al día siguiente llegó una amiga de Cochabamba, la
recogí en la bimodal y después de desayunar fruta y
haber pagado mi estancia, fuimos al Hogar a entregar
las fotos. Mi amiga estuve acompañando a una anciana,
mientras yo me despedía de todos ellos. De allí
cogimos un micro y llegamos a la estación de tren con
destino San José de Quiquitos. Una vez pagado el
ticket y a punto de entrar en el tren, me pidieron el
pasaporte. Yo me reía…
Tras siete horas de viaje, percibiendo por la ventana
un nuevo paisaje, llegamos a San José. Nuestra idea
era conocer al día siguiente la iglesia edificada por
los jesuitas y salir en flota a Roboré para visitar
el Cerro Chochis, la Torre y Aguas Calientes.
Un señor muy amable nos ayudó a descargar las maletas
por la ventana y llamó a un taxi para que nos llevase
a un hospedaje que estaba frente a la iglesia. El
alojamiento era muy extraño, sobre todo por la mujer
que lo regentaba con su lorito en el hombro. Era una
bruja. Nos acomodaron en una habitación interior que
parecía una sauna, nos duchamos, cenamos en la plaza
y
fuimos
al
circo.
Era
muy
pequeñito
con
presentaciones bastantes desfasadas pero disfrutaba
de ver cómo la gente se lo pasaba bomba: la misma que
hacía malabares, participaba en el show de humor,
amamantaba a su hijita mientras cobraba los tíckets
de entrada…
Esa noche no pudimos dormir mucho y al día siguiente
no éramos personas para levantarnos de la cama. Para
combatir el calor y la humedad fueron necesarias más
de seis duchas de agua fría y aún así caminábamos
mareados por las calles buscando algún jugo. La
iglesia pude verla pues entré por una ventana abierta
26
que daba a un patio. Era preciosa con sus tallados de
madera. La estaban reconstruyendo gracias a la ayuda
de la AECI.
Después de almorzar, fuimos a comprar nuestros
tickets de bus, pero no había pasaje para ese día.
Por la noche tampoco partiría ningún tren para Roboré
(era domingo), por lo que tuvimos que quedarnos
nuevamente en San José. Para aprovechar lo poco que
quedaba de la tarde, nos montamos en una camioneta
taxi y estuvimos viendo desde el cerro mirador y el
paseo de la luna, las vistas del entorno del pueblo,
pero la quema de los pastizales del Chaco impedía la
visión. La humareda era una gran nube…
El lunes, con tan mala suerte, tampoco pudimos
comprar los pasajes de bus para Roboré, por lo que
decidimos desistir del viaje y retornar a Cochabamba.
Compramos los tickets del tren que partía a Santa
Cruz a las tres de la madrugada, una sandía y unas
cuantas naranjas y fuimos en taxi a una piscina de
aguas verdes que estaba en medio de la selva. Para
precipitar las algas utilizaban sulfato de aluminio.
El entorno era muy bonito. Una vez que el cielo
oscureció, retornamos caminando durante una hora
acompañados de un señor que nos contó varias
historias de la dictadura y otras imaginarias. Al
llegar a la plaza, cenamos en una mesita para cuatro,
pues dos señores nos acompañaron. Uno de ellos había
sido en su época de juventud un chulo y un narco en
el Chapare. Una de sus anécdotas fue que mató a una
niñita dándole de comer un trozo de sandía caliente.
Hasta las dos de la madrugada estuvimos tirados en la
cama viendo la televisión, telenovelas incluidas
hasta que por fin nos montamos en el tren. A Santa
Cruz llegamos rematados y para colmo no salía hasta
las cuatro de la tarde ningún bus. Sacamos la
conclusión que mi amiga y yo no podíamos viajar
juntos pues la mala suerte nos esperaría en el
27
camino. Comprados los tickets para viajar para la
noche, fuimos a las Cabañitas a bañarnos. Las
Cabañitas es un complejo hostelero donde existe una
gran cantidad de restaurantes junto a un río. El agua
estaba sucia, con bolsas de plástico y pañales en su
ribera, pero aún así decidimos darnos un chapuzón.
Comimos pescadito, compramos pan de arroz y huminta,
nos dimos otro baño fangoso y volvimos a la estación
de buses. Esa noche dormimos bien arropados en el
saco de dormir. Al día siguiente fuimos a trabajar a
CIPCA.
Capítulo 17
Durante el transcurso de la semana y la siguiente, he
dedicado mi tiempo a diseñar un póster con sus
respectivas fichas que versan sobre la manera de
incorporar la variable ambiental en los planes de
ordenación
territorial.
Como
fiel
discípulo
de
Domingo
Gómez
Orea,
estoy
obteniendo
dicha
información de sus libros, scaneando los cuadros que
proporciona y formateando su contenido para que de
una manera fácil y esquemática puedan conocer mis
compañeros de CIPCA una metodología reconocida. Dado
que el ordenador que utilizo habitualmente ha estado
ocupado por el Padre Claudio de la Paz, he deambulado
con mi pendrive de un ordenador libre a otro,
aprovechando los momentos en que mis compañeros no
estaban. De nueve de la mañana a nueve de la noche en
horario continuo ha sido el tiempo que he dedicado
incluido el sábado y el domingo, para compensar en
parte los días que he estado ausente por mi viaje a
Santa Cruz. Cuando salía de trabajar, compraba mi
entrada de cine y dejaba a mi mente que descansara.
Entre las películas, resalto la “La Suerte del
Chivo”.
28
El paquete solidario de veinte kilos que envió mi
familia trapisonda de Zarautz, llegó por fin a
Cochabamba después de un mes de espera. Si el gasto
del
envío
alcanzo
los
doscientos
euros,
otros
cincuenta tuve que pagar por temas aduaneros. A los
de la aduana les indiqué que era inadmisible que
además de que mi familia donaba ochenta lentes
graduadas, un portátil “Pentium”, material escolar,
un software sobre economía agraria familiar
y
diversos libros que quedaban en Bolivia, tuviésemos
que pagar un impuesto aduanero proporcional al valor
del paquete. Es necesario que exista una cláusula en
la normativa aduanera que excluya de impuestos a los
envíos que se realizan a Instituciones sin ánimo de
lucro. La administradora de CIPCA me aconsejó anotar
dicho gasto en el apartado de la hoja que hace
referencia a los noventa euros que el cooperante ha
de entregar a la institución en la cual trabaja.
Una vez realizado el pago, me entregaron el paquete
después de una eternidad burocrática y finalmente lo
abrí en la oficina, completando una tabla que recoge
la relación del contenido del paquete y el destino
que se va a dar al mismo. Para el tema de las gafas,
colaborará un oftalmólogo que va a graduarlas y con
la ayuda del póster de las letras/números que hay en
toda consulta óptica, se podrá "equipar" a unos
cuantas personas de las diferentes comunidades. El
material escolar va a ir a parar a la escuela de
Añawani, que es la más necesitada y el portátil para
uso de los tesistas. Junto a los libros que enviaron
sobre ordenación territorial en el País Vasco (las
DOTs y el PTP de Álava Central), hay uno que trata
sobre plantas medicinales que nos será útil para la
guía en fascículos que vamos a realizar y que llevará
como título “Las Plantas Medicinales Fortalecedoras
de la Salud Comunitaria”.
Los apuntes de ArcGis,
introducirán a los compañeros al mundo de los
sistemas de información geográfica.
29
Capítulo 18
El doce de octubre celebramos el cumpleaños de
nuestro
Director
Eduardo
Acebedo,
comiendo
un
fabuloso plato de “lengua” (el preferido de la
administradora) en vez de la típica tarta. Tras la
entrega de una felicitación que quería unir sobre un
mismo mensaje al FRM y a CIPCA sobre la metáfora de
las cenizas, bebimos un licor de Grecia, un vino que
elabora un compañero de trabajo y mucha cerveza. El
alcohol nos embriagó en muchos sentidos, sacando
sentimientos en parte ocultos.
Yo perdí mi celular
en un taxi cuando estaba acompañando a una amiga a su
casa…
Capítulo 19
El sábado me desperté mareado y aunque dudé en partir
para
La
Paz
por
el
cansancio
acumulado
que
arrastraba, saqué fuerzas y fui a la estación de
buses. El plan ya estaba hecho y no había tiempo que
perder, pues mi regreso a la península me esperaba a
la vuelta de la esquina.
Me senté en mi asiento, compré a una vendedora una
ración de chicharrón de pollo, otra de charqui, un
helado y una botella de agua y después de llenar mi
barriga me quedé frito durante todo el camino.
Al llegar al Alto, el cráter de luces de una ciudad
inmensa se presentaba ante mis ojitos cansados. Me
preguntaba por dónde habría que comenzar a caminar
para conocer a sus gentes…
Bajé del bus con el imperdible -el nuevo símbolo de
enganche social- amarrando el bolsillo derecho de mi
pantalón. Dejé mi mochila en la camita de un hostal
próximo a la estación y marché a comer chuleta.
30
Repetí. Un tragón Bengoetxea como mi amama. Allí la
sentía junto a mí, con su energía revolucionaria, la
guerrera de la familia.
Desperté pensando en mis destinos: Tiahuanaco, los
yungas, Isla del Sol y el cerro Condorini. No sabía
dónde se cogían los buses, ni los horarios ni las
distancias a los mismos. Me decanté por partir a
Coroico, a los yungas sud. Aunque Eduardo me había
recomendado que hiciese en bicicleta el camino de la
muerte con sus dos kilómetros de desnivel de bajada,
el tiempo no acompañaba para tal
aventura. Hacía
mucho frío en la Paz, el cielo estaba nublado y no
había manera posible de ver el Illimani.
Pregunté por los micros que viajaban a los yungas y
me monté en uno de ellos. Desgraciadamente, no pude
ver los cambios de vegetación que acontecían al otro
lado de la ventana, pues los cristales iban empapados
de vaho y no se podía abrir la ventana por la intensa
lluvia que estaba cayendo. Atravesamos el bosque de
nubes y la lluvia cesó. Habíamos llegado a Coroico
después de tres horas de viaje y una cuesta empinada
me esperaba hasta el hostal que recomendaba mi guía
de Bolivia. Era el primer municipio turístico de
Bolivia
declarado
por
un
decreto
de
gobierno,
propiciado por un ex presidente que tenía su casona
allí. Había casas inmensas con piscina, hoteles
balneario y mucho restaurante preparado para el
turismo internacional.
Dejé mi equipaje y marché a la oficina de turismo con
la intención de encontrar algún guía que me ayudase a
adentrarme en la selva. Pero como los servicios eran
excesivamente carísimos, decidí aventurarme por mi
cuenta y realizar las rutas en solitario. Por la hora
que era, ese día únicamente pude ver tres cascadas
que estaban al pie de la
carretera y hartarme de
chicharrón mientras paseaba por los alrededores del
municipio disfrutando del paraje que nos circundaba.
31
Al anochecer, compré cinco bolivianos de la mejor
coca, una ración de pollo para el desayuno del día
siguiente, una bolsa de habas secas y me fui a la
cama.
Pensando en la subida al cerro que quería subir al
día siguiente, no pude dormir por la cantidad de
vueltas que di. Por un lado, quería experimentar la
aventura de atravesar
en solitario la vegetación
densa de la subida al cerro, pero por otro lado,
tenía miedo de perderme en el intento.
Al día siguiente, decidí contratar los servicios de
un señor que conocí en la plaza del pueblo y partimos
con un machete. Él iba delante y yo por detrás. El
primer kilómetro de desnivel lo hicimos fácilmente,
pero cuando ya nos adentramos en la maleza, la cosa
se complicó pues nos perdimos un buen rato. Yo quería
seguir adelante hasta llegar a las lagunas, pero al
no confiar en la aptitudes del señor, decidí dar
marcha atrás. Comprobé que los sueños elevan la vida
al borde del precipicio.
Me despedí del lugar pensando en los pueblos vecinos
a Coroico y cogí un bus que partía a La Paz con la
intención de llegar a Tiahuanaco. Una vez en la Paz,
me enteré que había bloqueo en la zona próxima al
lago Titicaca, frontera con Perú y lugar de paso
obligado a las ruinas; por lo que aposté por montarme
en un micro rumbo a Copacabana. Como no había
pasajeros
suficientes,
fui
ayudante
de
vocero,
repitiendo “copacabana-copacabana” sin parar hasta
que después de dos horas se llenó. Todos los
pasajeros eran peruanos y hablaban continuamente de
maleficios,
de
gente
embrujada
y
de
caras
endiabladas. Algunas se tapaban la cara y no miraban
a nadie pues tenían miedo que alguien con poderes
sobrenaturales
los hechizase con su mirada. Yo
mientras tanto conversaba con un señor de Arequipa
que era un ex militar. Cuando llegamos a Copacabana,
32
después de atravesar en barco el estrecho, me despedí
de todos ellos y le di la mano al compañero de viaje.
En ese momento, su cara se puso amarilla y los ojos
brillaron como si de un demonio se tratara. El
cansancio acumulado…
Era de noche en Copacabana y únicamente dos puestos
de anticucho había en la calle para cenar. Como el
corazón a tiras y a la brasa se ha convertido en uno
de mis platos preferidos, me sentaron súper bien los
tres platos que comí. Compré por adelantado al dueño
del hostal, el pasaje de barco para ir a la Isla del
Sol al día siguiente y me metí en el saco de dormir.
Con mis bártulos, me senté en la proa del barco,
acompañado por un grupo de colegialas de Potosí. El
lago Titicaca es un mar dulce, místico y transmisor
de paz. Hay algo que hace que tu mente se quede en
blanco, que se relaje, que se abstraiga, que se
pierda y el corazón lo agradece. No te apetece
hablar, buscas la quietud del agua y das gracias a la
Vida por estar en un lugar así.
Al llegar a la Isla, y con el objeto de descansar y
disfrutar del paisaje en soledad, me senté en una
mesita de un pequeño bar y pedí la famosa trucha
acompañada de una sopita de quinua. Buenísimo todo.
Alquilé una habitación con vistas al agua y partí
ensimismado bordeando la costa hacia el muro sagrado.
Cuando estaba recorriendo un sendero, una señorita me
llamó la atención. Parece ser que me estaba metiendo
en una propiedad privada donde los turistas que
acudían a la Isla lo frecuentaban sin permiso. Y como
ella no podía caminar al ser inválida, los nuevos
conquistadores turísticos hacían caso omiso de sus
advertencias.
Decía que le gustaría viajar a otros lugares del
mundo como lo hacían los turistas que venían a su
isla. Que ella no había salido en toda su vida de
33
allí, ni siquiera para conocer la cercana Copacabana.
Indicaba que el dinero que dejaba el turismo en las
comunidades era poquísimo, pues no acostumbraban a
pasar la noche en la Isla y por lo tanto, a lo máximo
consumían una comida en su recorrido por ella. Eran
los tour operadores los que se beneficiaban, mientras
los moradores se sentían invadidos. Cuando me estaba
despidiendo de ella, me permitió ver una piedra
sagrada que había en su terreno. Me contó que la
época incaica, existían en la Isla, tres clases de
mujeres seleccionadas por su belleza traídas de todo
el imperio con cinco años de edad.
Las más bellas,
las guairurus, eran sacrificadas en esta piedra como
ofrenda al Sol en su primera menstruación.
Seguí bordeando la costa
hasta llegar al cerro más
alto de la Isla. Dejé mis bártulos, y realicé mi
primera ofrenda. Masqué hojas de coca y quinua
inflado y deposité entre las piedras un puñado de
ambos. Respiré,
me llené nuevamente de energía
dejando atrás recuerdos de corazón y me dirigí, tras
cruzar unas ruinas donde antiguamente se almacenaba
la quinua, a una playa maravillosa. Me quité la ropa,
cogí otro puñado de hojas de coca que representaba a
mis seres queridos, y los esparcí en el agua. Allí
fueron
navegando
las
hojitas.
El
agua
estaba
friísima, pero me bañé, salí, corrí, nadé y me tumbé
a tomar el sol. Allí aparecieron dos cerditos que se
tumbaron junto a mí. Cerré los ojos.
Estaba helado cuando me recuperé del sueño, me vestí
en un santiamén, asusté a los chanchitos y tras
visitar la pared sagrada incaica, retorné al pueblo
saltando las cumbres de los cerros. En una casita que
llamaba la atención y que servían comida, paré a
cenar una sopita y un platito de huevos fritos con
patatas. Tiritaba.
Seguí caminando, ahora por la vereda señalada y no
por el camino de cabras que había venido, hasta
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llegar al pueblo donde tenía la habitación. Estuve en
un pequeño museo sobre tesoros-ofrendas encontradas
en el fondo del agua del Lago, visité la iglesia y me
fui a dormir disparado pues deseaba estar cubierto de
mantas. En realidad soñaba con una manta con orejas.
Al despertarme al día siguiente, bebí un chorrito de
extracto de coca y salí hacia el extremo sur donde
partiría el barco de vuelta. Caminaba lentamente,
pues estaba sin fuerzas. Compré pan en el camino y
arrastré mi cuerpo poquito a poco por las rocas.
Cuando estaba llegando a mi destino, me hicieron
pagar una tasa turística pero a precio nacional.
Ahora soy Boli y no gringuito les decía. Aceptaron.
Hoy, este papel
representa mi tarjeta de residencia
boliviana.
Cuando
llegué
al
lugar
donde
estaban
las
embarcaciones, me permitieron subir a una privada
tras comentarles que necesitaba llegar lo antes
posible a Copacabana para partir a la Paz. Me despedí
de las aguas santas y compré una trucha al limón para
comerla en el bus de vuelta. ¡Cómo disfruto comiendo
con las manos!. Me tocó una compañera de asiento muy
agradable que había trabajado en Lima como psicóloga
en las comunidades. Era francesa.
Llegamos al cementerio de La Paz y nos despedimos.
Fui
a
preguntar
por
los
buses
que
salían
a
Tiahuanaco, pero el bloqueo continuaba. Y como el
tiempo tampoco había cambiado, decidí desistir de
subir al cerro Condorini. Volvía a Cochabamba.
Capítulo 20
Tomé una ducha merecida en mi residencia, bebí jugo
de
papaya
y
fui
a
preguntar
en
diversos
establecimientos si tenían bacalao en sal. Era jueves
y quería
preparar un plato de comida para el
35
encuentro de CIPCA-Cochabamba que íbamos a celebrar
en Sipe-Sipe en dos días. Mi idea era preparar
bacalao al pil-pil,
pero con los precios abusivos
que encontré, decidí que pulpo a la gallega o a la
asturiana podría ser una buena alternativa. Con los
consejos de mi ama, de la madre de la novia de mi
hermano y de internet, elaboré una receta que no
podía
fallar.
Al
día
siguiente
compraría
los
ingredientes y el sábado por la mañana cocinaría con
la ayuda de Doña Ely, los diversos platos. Esa era la
idea.
Capítulo 21
El viernes estuve comprando los ingredientes para la
gran comida: 2 kilos de pulpo, 1 kilo de surtido de
marisco, un queso parmesano, anchoas en aceite, papas
y cebolla y , otros vegetales para la ensalada,
aceite de oliva y pimentón, aceitunas…
Después de almorzar, ayudamos a una compañera de
trabajo con la presentación del Foro-Debate Agua y
Desarrollo Rural en la Facultad de Sociología y
después de asistir al mismo, marché a casa pues debía
despertarme a las cinco de la mañana para poder
preparar los platos.
Capítulo 22
Una vez descongelados los pulpos, pusimos agua a
hervir con sal, laurel y una cebolla partida por la
mitad. Dimos unos cuantos golpes con un cazo a los
pulpos
y
los
asustamos
tres
veces.
Estuvieron
cociéndose
en el agua cuarenta minutos.
Mientras
tanto, pusimos cebolla, tomate, patata y un poco de
vino en la sartén y comenzamos a preparar la ensalada
que consistiría en un montón de ingredientes picados
finamente. Parte del líquido que sobró del cocimiento
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del pulpo, lo vertimos en la sartén que tenía las
patatas y tras añadirle un vasito de vino, le pusimos
la tapa para que se hiciese todo lentamente. El pulpo
lo cortamos con una tijera y lo tuvimos empapado de
aceite con sal gorda y pimentón. El surtido de
marisco lo cocimos con el agua de pulpo restante y le
hicimos un sofrito. Finalmente, cortamos el queso en
tacos y le colocamos una anchoa encima.
Eran las nueve de la mañana y los coches nos estaban
esperando para salir. Recogimos las cosas, las
metimos en bolsas y nos montamos en los coches. Todas
las familias al completo se daban cita en este
encuentro, con sus charangos y guitarras. Escogimos
donde hacer la parrillada y pusimos las sillas en
círculo, con las mesas en su interior. Preparamos los
platos,
los
aliñamos,
los
decoramos
y
los
distribuimos. Había todo tipo de especialidades
gastronómicas:
Japonesas, Bolivianas, Cántabras y
Belgas.
Tras comer los entrantes, iniciamos la parrillada a
mano de Javier. Todo tipo carnes a la brasa bañadas
en limón. Comida, música, compañía y cerveza. Qué más
se podría pedir..
Aprovechamos ese día para la despedida de una
compañera de trabajo que iba a casarse próximamente.
Tras intercambiar frases bien pícaras, cada uno de
nosotros
cortó
un
trocito
de
prenda
de
los
prometidos. Bailaron estupendamente los enamorados.
Capítulo 23
Marché a recoger las lentes que el Doctor Olguín
había graduado para el Banco Solidario de Lentes
Graduadas. A cada lente le asignamos un código, le
sacamos una foto e introducimos sus datos en la Base
de Datos BSLG. El proyecto ya estaba en marcha.
37
Capítulo 24
De una manera u otra, he intentado compensar los días
que he estado ausente por mis viajes de aventura por
días de oficina en fin de semana. En este periodo, he
elaborado un CD con enlaces a los documentos,
propuestas y proyectos que he planteado.
Capítulo 25
Tramitar el vuelo de regreso a la Península fue
verdadero quebradero de cabeza.
Estuve dos días
una agencia de viajes sin resultado alguno.
incertidumbre
reinaba
y
la
responsabilidad
esfumaba.
un
en
La
se
Capítulo 26
Último día de faena. Los compañeros de trabajo me
prepararon una salteñada de “hamaiketako” y tras
unas
bellas
palabras
de
la
Administradora,
continuamos trabajando. En ningún momento sentí que
me marcharía de Bolivia. Una tercera persona sería la
que tomase el vuelo a Madrid. Eso rondaba por mi
cabeza. No era consciente de mi retorno.
Si el día anterior, cenamos una parrillada entre
amigos (había cobrado el cheque), esta vez me
invitaron a comer mis compañeras de trabajo de
Ansaldo. Charlamos de nuestros futuros: trabajaríamos
con el mismo espíritu y dedicación por el desarrollo
rural.
Por la tarde, asistimos al Foro-Debate Migración y
Desarrollo Rural organizado por CIPCA y cuando
finalizó, estuvimos tomando unas cuentas cervezas en
nuestro habitual bar. El Director y el resto de los
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compañeros me despedían con su amistad, cortándome la
trenza que durante diez años la había llevado
conmigo. La iban a enmarcar y colgarla como recuerdo
de mi estancia en CIPCA-Cochabamba.
Capítulo 27
Escucho canciones que me hacen llorar de tanta
sensibilidad y furia que emana la lucha libertaria.
Estoy en Bolivia y desearía permanecer
aquí para
seguir viviendo la esperanza de las gentes del pueblo
que reclaman dignidad. Esta oportunidad aprovechada
que me ha brindado la vida, llamará nuevamente a mi
corazón para que retorne a esta patria mundo. Me
marcho sin un adiós, que es mi estilo, esperando que
los formalismos sociales de occidente no nublen mi
dedicación al prójimo. Con pasión y tenacidad, hasta
la eternidad compañer@s bolivian@s!
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