El Karma y la Fantasía Moral

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El Karma y la Fantasía Moral
Contribuido por Miguel Angel Quiñones
Extracto de una charla dada en el “Centro de Luz” de las Rozas, Madrid, el 13 de noviembre del 2009. Partiendo del
hecho de que el ser humano procede y forma parte del Cosmos, nos podemos preguntar: ¿qué es el Cosmos o
Universo que conocemos?. En realidad solo sabemos que es algo que existe y que está creado de forma armoniosa y
equilibrada de tal manera que cada uno de sus componentes vive y vibra con el resto; componentes que hemos de
entender más bien como cualidades que se interrelacionan unas con otras. Más que como fuerzas, que normalmente
nos imaginamos como algo físico-energético, cada una de esas cualidades, (como son por ejemplo el amor, la armonía,
la voluntad, la sabiduría, el movimiento y la forma, la verdad, la bondad, la belleza, etc.) aporta sus características a todo
el conjunto.
Hace unos 18 siglos existía una forma de conocimiento, el Maniqueísmo, según la cual se percibía que el mundo estaba
constituido de forma Dual, en un aspecto positivo y otro negativo, en dos cualidades, la del Bien y la del Mal. Rudolf
Steiner, el fundador de la Antroposofía, nos habla de dos tipos de entidades o Jerarquías Espirituales: Regulares o
correctas y opositoras, estas últimas conocidas como Luciféricas, Ahrimánicas y Asúricas, encabezadas por
poderosos seres espirituales: Lucifer, Ahrimán y Soradt. En este sentido nos dice que el mundo que conocemos y en el
que habitamos, y del que formamos parte, está generado por las Jerarquías regulares, pero ya desde el comienzo
influenciado por las opositoras. Podemos dividir el largo proceso de la evolución del ser humano, desde su creación hasta
hoy, casi en dos mitades: en la primera exento de lo que conocemos por la Biblia como la tentación luciférica y la
expulsión del paraíso, proceso que aconteció en la época conocida en esoterismo como la Lemuria, y a partir de entonces
bajo su influencia. ¿Cómo vivían los seres humanos en ese Cosmos primigenio, por supuesto sin nada que tenga que ver
con lo material?. Todos sus componentes eran cualidades armónicas, conducidas por Seres espirituales que actuaban a
modo de “YO” universal humano. Según nos cuenta Steiner, no había Yoes ni Egos, sólo cuerpos y estructuras anímicocorporales y físicas regidas por la “voluntad divina” que se incorporaba a cada elemento de esa humanidad en ciernes. No
existía, por tanto, lo que conocemos como ética o moral humana, al estar sujeto el ser humano a la guía automática
constante del pensamiento divino. Incluso las Jerarquías Espirituales inferiores desarrollaban su consciencia, en su
propio proceso evolutivo, mediante la supervisión y estímulo de la humanidad naciente. Podemos por tanto decir que, hoy,
la conciencia de los Ángeles, Arcángeles y Principados la han conseguido gracias a la utilización de los cuerpos físicoenergético-anímicos humanos. Era la forma en la que podían evolucionar, ya que estaban en el Cosmos de manera
participativa, constitutiva, no podían apartarse de la realidad global de esa Jerarquía a la que pertenecían.Tentación
luciférica, encarnación física y karmaPor medio de lo que conocemos como tentación luciférica se provoca en el ser
humano un despertar precoz de una consciencia incipiente, insertándola de forma indebida y prematura en su
estructura astral (compuesta de los sentimientos, instintos, pasiones, etc) aislándole, en parte, de esa continua
influencia cósmica divina en su alma. Este proceso, a su vez, va a originar su expulsión del paraíso, que en realidad
significa el comienzo de los procesos de encarnación en el mundo físico-material, que le conduce hacia una cierta
independencia de la voluntad de los dioses. Por tanto, se le expulsa del paraíso y se le rellena de materia o sustancia
visible densificando su cuerpo físico y comenzándo los procesos de dolor, enfermedad y muerte propios de ese mundo
material. Significa la separación o el extrañamiento de esa realidad cósmica en la que todos nosotros habíamos vivido
durante millones de años en el seno divino.El ser humano incipiente e inmaduro cambia su posición en el Cosmos. El
cuerpo astral, o su aspecto evolucionado, el alma, es lo que hace que los estímulos exteriores se conviertan en algo
interior, personal, que se integre en la animidad. Posibilita el hacerse consciente del entorno, el poder aprender,
conocer, incrementar la consciencia. Tenemos entonces un alma primitiva sin conciencia, toda astralidad y que
reacciona muy fuertemente a los impulsos externos, agradables o desagradables, sometida a la voluntad de la divinidad
(cuyo representante ante la humanidad en la época lemúrica antes citada era Yavhé o Jehová) actuando en los seres
humanos, y en los que comienza a formar parte de esa astralidad la conciencia luciférica, anticipadamente, atisbo de lo
que posteriormente será nuestra personalidad, desligada, parcialmente, a partir de entonces del resto del Cosmos.Sin
responsabilidad alguna, porque no tenía conciencia de ello, el ser humano se vuelve peligroso para el Cosmos, como un
tumor que va aislandose, funcionalmente, del organismo del que surge: se le expulsa del paraíso y se le obliga a
encarnar en la materia. El Cosmos no va a poder configurar sus acciones como antes, muchas de las cuales van a estar
al margen de la realidad global. Percibiendo sólo una parte de dicha realidad, la físico-material, sus actos, en general, van
a tener efectos dañinos en su entorno. Es la pérdida de la Sinergia Cosmos-humanidad. Una parte del Cosmos se irá
degradando y corrompiendo por la acción del hombre, planteándose incluso, tal como relata el Génesis, la destrucción de
todos los seres humanos y de lo que conocemos como vida (el Mal reinaba en toda la Tierra, etc GÉNESIS 6 (5-7).)Es en
ese momento cuando surge la ley cósmica, conocida desde Oriente como KARMA. Sabemos por Steiner que hay un
Karma Divino, por el que la Divinidad compensa lo que Ella misma ha consentido a través de la tentación luciférica. El
Cosmos está en peligro y la propia divinidad tiene que decidir si consiente o nó la existencia humana con características
luciféricas, algo que ya forma parte de la evolución del hombre y no puede ser borrado sin aniquilar todo lo generado por
la evolución precedente. Se evita un desastre cósmico gracias a que una parte de la divinidad (la entidad del CRISTO)
asumirá la reconstrucción del Cosmos que el hombre vaya destruyendo, en tanto que su grado de conciencia no le
permita reconocer y compensar las consecuencias de sus actos destructivos. Además se establecen procesos que
permiten al hombre ir cubriendo etapas evolutivas para el propio progreso de su conciencia, hasta que pueda hacerse
cargo de todos sus actos con plena lucidez: realmente es lo que se conoce como “El Perdón de los Pecados” en los
Evangelios. Esa parte de Karma que asume la divinidad, también conocido como Karma Objetivo: el resultado de la
necesidad por parte de los seres divinos de recomponer el desequilibrio que producen los seres humanos cuando no
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conocen las consecuencias que producen sus actos. Eso va a ir variando a lo largo del proceso evolutivo, según el ser
humano vaya ganando en conciencia en la realidad físico-material, y pueda así ir realizando un relevo del equilibrio que
tiene que ir efectuando la divinidad hasta que el hombre pueda hacerlo (Karma Subjetivo, que es el que nos compete
). Hemos de entender el Karma, no como el castigo por alguna mala acción, sino como el proceso necesario que tiene
que atravesar cualquier ser que interfiere, desajusta o rompe el equilibrio y armonía que gobierna el Cosmos, a fin de
reajustarlo y recomponerlo para devolverlo a la dinámica de la perfecta sinergia entre el Bien, la Verdad y la Armonía
que lo constituyen. El Yo humano y el proceso de individualizaciónSabemos que es algo muy reciente, desde el punto de
vista evolutivo, la adquisición de un Ego autónomo que todos tenemos hoy y que nos permite pensar y vivir como
individuos. Anteriormente no había un yo individual sino un yo que abarcaba a todo un conjunto al que dirigía, a manera
de cómo hoy podemos ver sucede en el mundo animal, por ejemplo, en una bandada de pájaros o en un hormiguero.Â
Según retrocedemos en el tiempo la importancia grupal era mayor (familias, tribus, razas, etc) y casi inexistente la del
individuo. Es a partir del siglo XV de nuestra era cuando comienza la posibilidad de la individualización, comienzo de la
etapa actual en la que estamos de desarrollo del Alma de Consciencia, acelerándose dicha individualización sobre todo
en el siglo XX, de forma global.En esta posición el ser humano puede ir desarrollando poco a poco su conciencia y así
alcanzando grados de libertad mediante el incremento de sus fuerzas de pensar en detrimento de la pérdida, casi total
hoy día, de la clarividencia. No olvidemos que el estado natural del ser humano fué antiguamente el de Clarividencia o
contemplación de lo espiritual de los mundos superiores durante milenios. Según ha ido evolucionando la consciencia
se ha ido apagando la clarividencia natural (lo que se conoce como el “ocaso de los dioses” en muchas sagas) en la
misma medida en la que el hombre ha ido afinando sus sentidos físicos, su sensorialidad unida a lo físico y agudizando
su manera de pensar, sus facultades intelectivas y de raciocinio. El desarrollo del pensamiento es algo que aparece en
algunas individualidades precursoras con el nacimiento de la Filosofía en Grecia, hace unos 2500 años, y que poco a
poco se va a ir extendiendo, ya de forma generalizada en los siglos XIX y sobre todo en el XX. Con anterioridad a
Grecia no se puede hablar propiamente de pensamiento porque el conocimiento en el hombre se producía de forma
intuitiva-instintiva, desconocida hoy día, en que erróneamente creemos que el pensar es cerebral; se produce dentro de
nosotros y no procede de mundos espirituales que nos inspiren.En Oriente se ha considerado al yo humano, el ego,
como algo nefasto y que había que suprimir por ser un impedimento para lograr un desarrollo espiritual. Este punto de
vista es correcto en relación a la consciencia que genera en el alma humana el Impulso Luciférico; sin embargo este
criterio es erróneo al no poder tener en cuenta el Hecho del Cristo  como factor equilibrante. Cuando se incorporó en
Jesús de Nazareth a través de su muerte y resurrección, Cristo, consigue desde el mundo espiritual, sin forzar al ser
humano en su actuación, regular, mesurar esas fuerzas del ego para que pueda desarrollar las del pensamiento,
intensificando el aislamiento y la individualización, proceso que supone la posibilidad del desarrollo de ese ego
equilibrado con las fuerzas crísticas. Desde el Renacimiento, en el siglo XV esto se refleja claramente con el surgimiento
de la Ciencia natural, primero desde la clase sacerdotal y luego independientemente de la Iglesia Católica, que tenía todo
el monopolio del saber (ciencia unida a la religión y el arte).Ese desarrollo de la ciencia se va a ir enfocando
exclusivamente en el campo de lo material, en lo que es susceptible de ser medido, pesado y contado, en la investigación
científica “libre de condicionamientos morales” que perdura hasta nuestros días. En cinco siglos se gana una forma de
relacionarse con una parte de la realidad excluyendo el error al máximo, eliminando la subjetividad, el sentimiento,
desarrollándose la objetividad “científica”, unido a la valoración del individuo por encima del grupo al que pertenece. El
problema es que todo el desarrollo científico, sobre todo a partir del siglo XIX se va a hacer materialista y se va a
expandir pedagógicamente y desde Occidente (desde los Estados Unidos de América pero con origen en Europa, desde
el mundo germano-anglo-sajón) en lo cultural a todos los países. Desaparecen las diferencias culturales, la cultura se va
homogeneizando unida a la decadencia de todo lo que tiene que ver con creencias, doctrinas religiosas, fe y tradiciones
y costumbres locales, en favor de formas sociales y de pensamiento globales.El proceso de individualización se ha
incrementado (las fuerzas de egoísmo), algo que era imprescindible para hacer posible el desarrollo de la libertad y la
autonomía en el hombre desde la autoconsciencia, si bien sobre todo lo ha hecho en el aumento colosal del
individualismo, lo que supone el incremento de las fuerzas de egoísmo y el aislamiento, en lugar de la participación de
individuos libres en la colectividad, que es la forma correcta.Vemos, por tanto, que en la evolución surge la necesidad de
un aislamiento temporal del ser humano de la realidad global, de la realidad cósmica y su inmersión en el mundo físicomaterial. Una vivencia de la separación de lo divino y sentimiento de aislamiento, una liberación de las creencias y dogmas
impuestos, de una fe ajena al propio pensamiento. Por tanto, un incremento del racionalismo: se deja de creer en lo que
la tradición y las religiones nos han enseñado durante siglos y que no comprendemos, para pasar a depender de lo que
enseña la ciencia, que tampoco comprendemos, pero en lo que si creemos...porque lo dicen los científicos. El resultado
es la vivencia de una cierta independencia, un sentimiento de que somos libres, aunque no sea real.El pensamiento
como actividad espiritualRudolf Steiner hace hincapié en que tenemos a nuestra disposición siempre el instrumento que
realmente posibilita el que seamos libres: el propio pensar como actividad espiritual y que no tiene necesariamente
limitación alguna para el conocimiento de la realidad global, cósmica., siempre que lo ejercitemos de forma correcta. (En
su Filosofía de la Libertad, Steiner explica de forma magistral el desarrollo de este proceso). No podemos ser libres a
través de nuestros sentimientos, que se producen en nosotros según las circunstancias, ni en nuestra voluntad si no
está dirigida por el pensar (por ejemplo, no somos libres en ningun proceso físico- metabólico). Sólo soy libre de poder
pensar aquello que yo quiero considerar, cuando quiera y lo que quiera En el pensar soy dueño del tiempo en que
quiero hacerlo y , por supuesto, del contenido mismo. En el pensar puedo vivenciar esa independencia, esa libertad que
no proviene de un pensar racionalista. Es un pensar sin limitaciones, libre de condicionamientos culturales. Puedo creer
en lo que me han enseñado a lo largo de toda mi vida, desde la infancia, pero sin embargo no será “mi propio pensar”
hasta que reflexione y lo comprenda,: mi pensar toma las riendas en un proceso individual; mi yo empieza a relacionarse
con una idea, por primera vez de forma independiente. Este proceso va unido a una decadencia de la tradición y las
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religiones, tal como se manifiesta hoy, y a un incremento de la importancia del individuo, de la persona. Para poder
desarrollar esa libertad de pensamiento necesito entender que soy autónomo, que soy importante como persona y que
puedo fortalecer mi iniciativa propia basada en la creatividad o fantasía moral, que a su vez requiere el desarrollo de dos
cualidades: la Sabiduría y el Amor, por este orden, y así recuperar la Sinergia perdida con el Cosmos, recomponer las
fracturas que hemos ido creando, compensar las deudas kármicas generadas, a través de esa fantasía Moral.El Karma
va a ser, por tanto, la modelación por parte de las Jerarquías Creadoras al ir estableciendo las condiciones por las que
tiene que atravesar cada individuo, a partir del comportamiento y desarrollo de las cualidades personales a fin de ir
ajustando el equilibrio descompensado y poder devolver, al menos una parte de la armonía al conjunto del Cosmos, es
decir, a los otros seres humanos, a los reinos elementales y naturales, minerales, vegetales y animales, e incluso, en la
etapa final de evolución humana, a la regeneración del Mal. El Cristo asume la máxima responsabilidad, como
administrador del Karma humano al conjunto de la actividad individual, a lo que cada uno pueda aportar al entorno más
amplio de seres, es decir a lo fraternal.Según donde hayamos nacido, nuestro género, nuestra situación familiar, cómo
hayamos sido educados, etc. así hemos sido condicionados, y así ha sido la tradición, lo que ha dirigido al ser humano
durante milenios. En plena época del Alma de Consciencia, y a partir del siglo XX, todos los hombres tienen la
capacidad de no adecuar su voluntad a esas normas impuestas tradicionalmente, sino que pueden entender que cada
situación por la que pasan es absolutamente nueva, diferente, y pueden actuar "creativamente" en cada instante. No
existen prejuicios ni experiencias previas que tengan que influir en nuestro comportamiento de manera determinante.
Creatividad, fantasía moral y sabiduríaEl compendio de normas, doctrinas, religiones, costumbres, o sea toda la tradición
en la que se ha basado el comportamiento ético-moral de la humanidad en su conjunto, debe ir cediendo el paso a lo
que como creatividad o fantasía moral desarrolle en cada momento mediante:Â la observación pura (libre de prejuicios)
unida al pensar intuitivo (un pensamiento nuevo que no está en el saco de lo que ya sé y una percepción siempre
nueva). De esta forma el ser humano buscará en cada instante, en cada acto que tenga que realizar, en cada situación
en la que se encuentre, la actitud más apropiada sin condicionamiento alguno por las experiencias previas. Así el ser
humano puede absorber la verdadera sabiduría (que no conocimiento) y aprender a aplicarla con amor en cada situación.
Cada vez entenderé de forma única lo que quiero libremente hacer, cómo reaccionar y lo que quiero aportar. Es el
desarrollo de la fantasía moral, la moral basada en la creatividad personal.Entendemos como Sabiduría la comprensión y
el conocimiento de poder relacionar cada situación con todo el resto del Cosmos al que pertenecemos, de forma
energética, espiritual y física. La apertura de nuestra conciencia posibilitará el ir alcanzando esa sabiduría real
ampliando nuestros criterios para ver la realidad total, lo que influirá nuestro comportamiento que será el adecuado y
amoroso, con Amor: el hijo de la sabiduría creciente en las almas de los seres humanos, que así podrán unirse, si lo
deciden libremente, con las fuerzas del Cristo, fuerzas que son las que hasta el presente nos han permitido existir y
evolucionar, compensando el Karma de lo que la humanidad no ha podido restaurar. Son las fuerzas más poderosas
del Cosmos y con ellas podremos regenerar todo lo que pueda ser regenerado, fuerzas crísticas que necesitan de su
libre aceptación por parte del hombre.Nos parece importante destacar el concepto que Steiner utiliza de “abnegación en el
pensar y en el conocimiento”, lo que significa el no utilizar las fuerzas del pensar para solucionar exclusivamente las
cosas que me preocupan o me convengan según mis propios intereses cotidianos y convencionales, sino como la
aplicación de mis fuerzas de voluntad e inteligencia a la comprensión y estudio de la realidad. Amor a la Verdad que me
conducirá, desde una ampliación del conocimiento y el aumento de mi responsabilidad, hacia un incremento de la
buena voluntad y al deseo de expandir la fraternidad, a una apertura de la consciencia individual, hacia una auténtica
sabiduría y por tanto a la capacidad y responsabilidad de hacerme cargo del Karma personal en su totalidad con la
ayuda de las Fuerzas Crísticas.Si soy el receptor adecuado, y lo merezco, me van a llegar, sin duda, las inspiraciones de
mi conciencia moral libre, a través del pensar, para la actuación correcta en cada situación que se me presente. En un
futuro lejano el resultado final será la devolución por parte de la humanidad de un Bien mayor al Cosmos, en relación con
la generación del Mal que a lo largo de la evolución hayamos podido ocasionar; el Karma asumido por el Cristo irá
pasando el relevo al ser humano que en su libre albedrío se capacite para ello. El Cosmos irá recobrando su equilibrio e
incorporará al hombre como la décima Jerarquía Espiritual de Amor y Libertad. Pero para ello tenemos antes que
hacernos realmente “humanos”, coparticipes de creaciones futuras en una fusión del aspecto humano con el divino, con los
valores añadidos de Amor y Libertad, no condicionados por la permanente vivencia de la divinidad. El no cumplimiento
de este destino al que hemos sido llamados supondría un desligamiento e incremento de las fuerzas oscuras y la caída
apocalíptica en el abismo.Las fuerzas del Bien están esperando a poder manifestarse en nosotros dependiendo de que
nosotros incrementemos libremente nuestra consciencia: en este sentido somos receptores y emisores espirituales. En
cualquier momento de nuestra vida podemos empezar este proceso conscientemente, no hace falta esperar a que nos
llegue la gracia divina sino que tenemos que querer recibirla y poner los medios para ello. Veo el Mal y mi
incompetencia, pero no veo lo Divino dentro de mi: si lo reconozco empiezo a ver mis fuerzas y mis posibilidades
ilimitadas.La Fantasía moral ilumina el Karma. Mi voluntad y actitud personal puede cambiar por algo que trasciende mi
situación personal, más o menos dolorosa: formo parte de algo muy complejo (el proceso de creación del ser humano),
pero maravilloso y del que soy protagonista. Se trataría en suma de que no se produzaca el Karma “a pesar de nosotros”,
sino que podamos empezar a dirigirlo.Aclaraciones adicionales como respuestas a preguntas de los asistentes¿Cómo se
ha llegado a esa situación primigenia tan compleja en el proceso de creación del ser humano que ha necesitado el
surgimiento del Karma?No podemos saber porqué ha tenido que ocurrir la tentación luciférica, pero si sabemos que ha
sucedido y lo que ha generado. La intrusión de las Jerarquías Opositoras en el proceso de creación ha posibilitado el que el
ser humano se pueda independizar de la realidad global y, a partir de ahí, desarrolle su libre albedrío y pueda comenzar
su proceso de aprendizaje a lo largo de su evolución. Si no hubiera sido así, no habría habido esa posibilidad de
individualización, y por tanto de libertad, y seríamos cual células constitutivas de un organismo global cósmico. Y aunque lo
seguimos siendo, podemos hacerlo de forma participativa, conscientemente y en libertad.No se trata de fundirse en la
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globalidad, tal como preconizan muchas corrientes espirituales de corte oriental. En la auténtica concepción cristiana se
entiende que somos “yoes” espirituales destinados a la eternidad, que utilizamos los instrumentos de las diversas
personalidades, o egos individuales en los múltiples procesos de encarnación temporal en el mundo físico-material.
Personalidades individuales valiosas que pueden aportar algo único al Todo como seres de Amor y Libertad. No
olvidemos que precisamente ese amor y libertad es una característica exclusiva del ser humano y que puede desarrollar
gracias a su confrontación,cada vez mas consciente, con las entidades opositoras, cual suelo que permite el avance, en
esa dualidad entre las fuerzas del Bien y las del Mal. Forma parte de la evolución.   El mundo espiritual actúa por
afinidad y en este sentido el Bien no tiene ninguna relación con el Mal. En el hombre puede darse esa interacción entre el
bien y el mal porque, ya desde el comienzo de su creación (lo primero que se crea es su cuerpo físico espiritual) ya hay
una impregnación de las peores fuerzas (asúricas). Está generado por el Bien, pero impregnado por el Mal. Puede
actuar con ambas fuerzas e interactuar con ellas. Posiblemente en ello reside la necesidad divina de su creación.Hemos
de considerar como seres o entidades espirituales opositoras a las que se paran o retardan su evolución precisamente
para servir de “resistencia” al ser humano para que pueda avanzar en evolución, en cierta forma se sacrifican. Son las
entidades conocidas en Antroposofía como luciféricas y ahrimánicas. Son fuerzas de disolución y petrificación que tiene
que enfrentar el hombre. No es así en el caso de las fuerzas asúricas, encabezadas por Sorat; ya existían antes del
proceso de creación, son elementos externos que existen como el Mal puro y cuyo origen se desconoce.El hombre, hoy,
ha de confrontarse principalmente con las fuerzas ahrimánicas que son las generadoras del materialismo y que están
inmersas en todos los ámbitos culturales. Son altamente glamurosas y nos proporcionan la calidad de vida que hoy
podemos tener, si bien suponen un peligro tremendo para la evolución espiritual de la humanidad si se deja arrastrar por
ellas.En un futuro lejano y en colaboración con las fuerzas más poderosas del universo, las del Cristo (que no son de
este mundo de materia) podremos enfrentarnos al Mal puro de Sorat, el auténtico anti-cristo y cuyo objetivo es la
destrucción del espíritu.El hombre está compuesto por un conjunto de fuerzas del Bien contaminadas por fuerzas del
Mal, y no tiene otra opción que santificarse o demonizarse, según libremente escoja. En este sentido la humanidad, en
un futuro no muy lejano, se dividirá en dos razas, la benigna y la maligna. Lo importante para nosotros, los hombres de
hoy día, es preguntarnos : ¿Cómo estimular el Bien en nosotros?. Pues sería a partir de la ejercitación y desarrollo de la
conciencia individual. El mayor enemigo de la fuerzas adversas es el reconocimiento consciente de la existencia de la
realidad del Mal y su desenmascaramiento y el reconocimiento de su influencia en todos nosotros y en el mundo. Ello
puede empezar por un trabajo esencial de auto-conocimiento para reconocer las partes que nos componen y poder
comenzar a ejercer la libertad a través del pensamiento, la fuerza espiritual que todos tenemos disponible. De esta
forma el Mal pierde fuerza, nos hacemos útiles para el Cosmos, libres y conscientes, enfrentándonos al exhibicionismo
del Mal que hoy se manifiesta cada vez más a través de todos los medios de comunicación, en lo social, en lo político,
en lo económico, etc. y que se quiere justificar como el resultado natural del proceso de los avances culturales, algo
injustificable.Miguel Angel QuiñonesÂ
Â
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