brumas del norte

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REVISTA VASCONGADA
BRUMAS
DEL
NORTE
¡UN PROYECTO ESTUPENDO!
I
A
las tres menos diez del día 29 de Septiembre de 1833 rendía su
espíritu el Rey Don Fernando VII, siendo su ministro de Estado D. Francisco Zea Bermúdez, hábil diplomático, como lo demostró,
aprovechando rápida y sagazmente, para servir los intereses de su partido, que él entendía de la nación, los primeros momentos que siguieron a la muerte del monarca, de la que resultó, a primeras horas, el
símil poco poético pero exacto con que el mismo difunto, en vida auguraba, los sucesos que a su muerte habían de ocurrir.
Surgió la guerra civil, en apoyo, unos de los derechos de la hija
mayor del monarca Doña Isabel II y otros de su hermano D. Carlos
María Isidro, al menos, bajo tales enseñas, durante siete años se destrozaron los españoles aclamando esos nombres en sus encuentros. no
sin que en toda la sucesión de aquella lucha sangrienta pudiera dejarse de hallar a la continua un deseo de paz, lo mismo en los comienzos
de la contienda en correspondencia cruzada entre D. Vicente Genaro
de Quesada y D. Tomás Zumalacarregui como durante su decurso y su
final; mas aquella lucha no fué, a pesar de las apariencias una contienda de personas sino de principios según ya dijeron, Cabrera mismo en
campaña corroborado por su junta de Mirambel y San Miguel en el
Parlamento, añadiendo este último que irreductible a su juicio, a lo
que Toreno oponía la continua enseñanza de la Historia en lo que se
demostraba, tenían lugar por transacción el término de todas las contiendas fraticidas, y apotegma universal este y exactos apreciadores del
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asunto los primeros más se luchó por la evolución y acoplamiento de
ambos principios, que por las personas, como se evidenció al traer las
circunstancias su imperativa viabilidad, que terminó con la guerra realmente con un resultado que en los campos de batalla no llegaba a darse a pesar de haber a torrentes corrido la sangre en ellos: no es tiempo
aún de hacer la reseña crítica de aquella guerra, pero cuando ella pueda libremente hacerse, se verá que más intensamente que en los campos, se luchó en los salones y en las antesalas, sin el estruendo que el
combate trae, pues tal vez con armas más aceradas y desde luego más
eficaces a juzgar por sus resultados.
Acudiéndose a estos medios, es natural se utilizara en ellos a los
que ya en los procelosos antecedentes de la contienda, y antes aún, en
las vicisitudes por España corridas en los albores del régimen constitucional habíanse distinguido en tales menesteres y entre los más aptos,
y de mejores condiciones a juzgar por sus antecedentes, se hallaba don
Eugenio de Aviraneta, conocedor del vascuence, por haber pasado su
infancia en Irún, de donde descendían sus padres y abuelos, habiendo
sido bautizado en Madrid el 13 de Noviembre de 1792 en la parroquia
de Santa María la Mayor, de la Almudena, en cuya demarcación nació
y que existió en lo que hoy son casas construidas en la calle Mayor,
de la corte, en su encuentro con la de Bailén.
¿Quién era Aviraneta? No es fácil formar un juicio serio y exacto
sobre este personaje. Tal vez fuera un caso distinguido de adaptación
al medio ambiente y no hallándonos dentro de él, por la lejanía del
tiempo y por las variabilidades por él traídas, es difícil no sólo dar a
conocer sino apreciar de manera exacta la psiquis de Aviraneta. Osado,
hasta más allá de la temeridad, de inteligencia fecundísima en ardides,
y luchas algunas tal vez no dignas, pero todas arriesgadas; no explotador en su material provecho en las circunstancias en que se halló, fanático en su política, y mirado con prevención por los mismos que lo
utilizaban, presenta una variedad de rasgos, que lo destacan de la vulgaridad de los intrigantes que la Historia conoce el final de su vida, la
forma digna en que hace presente sus servicios, le hace sobresalir de
las vulgaridades, y sin embargo, en su azarosa y aventurera existencia
hay rasgos, reñidos con toda dignidad; ¡fuerza de las circunstancias!
¡necesidad del medio!
Ya, el mismo día de expirar Fernando VII, al tiempo que Zea Bermúdez, aprovechando los instantes primeros, hacía jurar a generales y
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personalidades fidelidad a Doña Isabel II, en cierta casa de la Puerta
del Sol, en reunión de otros próceres más avanzados en ideas, de los
concurrentes al Palacio de Oriente, proponía como medio resolutorio,
rápido de la situación, intentar la prisión del mismo Zea Bermúdez, presidente del Consejo de ministros a la sazón: naturalmente, que afianzado en el poder éste, lo primero que hizo fué ordenar la prisión de
Aviraneta, que tuvo lugar en Guadalajara el 10 de Enero de 1834, y
disponer su traslado a Galicia, con ánimo de enviarlo a Ceuta; pero
Aviraneta se fugó en Valladolid, refugiándose en Madrid, donde fundó el club de los Isabelinos en el que preparó una conspiración que
abortó, con la nueva prisión de Aviraneta por el capitán de policía don
Nicolás de Luna, y su entrada en la cárcel; pero, por donde, en ésta
se encontraban presas multitud de personas tildadas más o menos justamente de afectas al partido carlista, las que como no dejaba de ser
lógico y natural conspiraban por hallar su libertad y por favorecer su
causa.
Percatado Aviraneta de esta conspiración latente, púsose al tanto
de ella, comunicó su existencia al Gobierno y puesto a conspirar llegó
mas allá en sus intentos, y preparando la insurrección de la milicia
nacional de 15 de Agosto de 1834 logró al siguiente día a las once de
la mañana ser puesto en libertad, pero pregonada su persona con el
ofrecimiento de 200 onzas, el día 20 de Agosto se fugó de Madrid.
Intervino en sucesos posteriores de Barcelona y Valencia, que no
detallaremos porque no es nuestro objeto seguir a Aviraneta paso a
paso en su aventurera existencia, hasta que el 4 de Junio de 1737, don
José María Cambroruso, jefe de sección del ministerio de la Gobernación, llamó a Aviraneta y le propuso en nombre del ministro, que a
la sazón lo era D. Pío Pita Pizarro (al que Salas y Quiroga hizo ciertos famosos versos que no son del caso traer, porque a este tenor no
se acaba) pasase al Norte y procurase averiguar los planes carlistas,
dándole instrucciones y mil pesetas, con las que el día 5 salió de Madrid y por Valladolid y Burgos fué a Santander, y de allí embarcado a
San Sebastián, donde, por cierto mareado, arribó la noche del 12 de
Junio, trasladándose a Bayona y regresando a Madrid el 5 de Agosto.
Hecho cargo D. Pío Pita del ministerio de Hacienda, el 16 de Diciembre de 1838 llamó a Aviraneta y ya personalmente conferenció
con él y estudiando medios para terminar la civil contienda, Aviraneta dos días después propuso, aparte de otros, que puso en práctica, y
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con relativo y hasta lisonjero éxito alguno, el de apoderarse de Don
Carlos, ¡así, sencillamente! ¡el plan era estupendo! de haberse realizado
tal vez hubiera sido y sin tal vez, en aquellos momentos, mortal para
la causa carlista, y por su misma osadía, o por sus probables consecuencias, o por su magnitud, o por esa atracción especial de lo imposible fué aceptada la idea y el 20 de Diciembre salía Aviraneta por Zaragoza y Canfranc para Bayona donde llegaba el 5 de Enero de 1839
dispuesto a poner en práctica su plan primero de apoderarse de la persona de Don Carlos María Isidro, sin perjuicio de intentar los demás;
de ellos nos abstenemos ocupándonos sólo de los que se dirigían al
primero, que Aviraneta intentaba ejecutar en dos formas, primero por
la fuerza con la sorpresa de un golpe de mano, segundo con la astucia
en que la traición era primer factor y Eugenio de Aviraneta, más ducho en estas armas que en las anteriores, a poco estuvo de lograr su
intento, pues la compañía del segundo batallón (1) de Guipúzcoa,
mandada por D. José Zabala, que estaba en Tolosa, residencia entonces (Mayo 1839) de Don Carlos comprometióse a ello, pero su pronto
relevo quitó la ocasión, que tal vez se hubiera logrado al menos en su
primer efecto, por cuanto de no poder entregar al infante a sus enemigos, al faltarle gravemente con su seguro arresto hubieran tenido que
pasar a mayor desmán, ante el riesgo de la propia vida una vez lanzados a tal extremo y trance.
Por este sistema del soborno y la astucia aun cuando esta vez entremezclada con la fuerza, intentó en Agosto de 1839 (viendo que se
echaba encima una convención) repetir en Tolosa análoga maniobra en
la que debía intervenir el sargento de chapelgorris Ramón Elorrio, del
que hablaremos, con el que el día 8 Aviraneta se entrevistó en Bayona,
y la que fracasó, según Aviraneta, por haber abandonado Don Carlos,
Tolosa aceleradamen te.
Mas acudió a este sistema de astucias convenidas ante el fracaso
del primero que intentó poner en práctica, y que fracasó no por conjuraciones, ni malas ideas, como Aviraneta, siempre suspicaz y nada
bien intencionado, quiere hacer creer, sino sencillamente porque el
plan era muy seductor, sí; pero irrealizable también.
ANGEL
Guetaria, Abril, 1917
DE
GOROSTIDI GUELBENZU
(Concluirá).
(1) El batallón como comandante lo mandaba D. Zacarías de Jáuregui y 2.º
D. Lesmes Basterrica.
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II
No era sólo Aviraneta quien trabajaba en la frontera; él mismo,
aparte de los agentes que destacó, y que ayudaban a sus tareas, contaba y buscaba la activa cooperación de otros, tanto de Muñagorri alzador de la bandera de «Paz y Fueros» cuanto de una junta central que
durante algún tiempo residió en Bayona, de la que era presidente don
Vicente González Arnao (1) y de la que formaba parte como representante de Guipúzcoa el Conde de Villafuerte.
Llamaron la atención de Aviraneta las largas temporadas que Don
Carlos residía en Azcoitia, en el palacio del Duque de Granada, ilustre
prócer, fiel al menos en aquel entonces, a la causa carlista y la escasa
fuerza que en él le custodiaba, dada la proximidad de Azcoitia a Guetaria (pueblo que poseían los carlistas en parte, recuperado por O'Donnell el 21 de Octubre de 1837 (2), concibió la idea de, por sorpresa,
apoderarse del infante: por medio de D. Eustasio de Amilibia, gobernador civil (jefe político que se decía entonces) de la provincia de Guipúzcoa y del famoso D. Gaspar de Jáuregui (Artzaya) hijo de Villarreal de Urrechua, brigadier del ejército cristino; que según Aviraneta,
(1) Eminente jurisconsulto alavés, del Consejo Real, en cuya casa de la calle de
Relatores se reunía lo más granado de los intelectuales de Madrid, incapaz de intervenir en nada que no fuera de rectitud acrisolada.
(2) El 1.º de Enero de 1836 entraron en él los carlistas; pero retirados los sítiados al monte San Antón hicieron estéril la ocupación del pueblo y conservaron el
dominio del mar.
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acogieron el proyecto con gran satisfacción, no sólo por su finalidad,
sino por hallarlo factible, púsose en relación con el sargento de chapelgorris (antecesores históricos de los actuales miqueletes) D. Ramón
Elorrio, al que se le encomendaba la misión, y el que, según Aviraneta «quedó muy animoso»; no dice el último aludido si el asombro
fué de la magnitud del plan, o de su imposibilidad, mas debió ser de
lo primero cuando añade que Elorrio prometió entrar de la costa a
Azcoitia en dos horas «sin ser vistos ni sentidos» ejecutar la prisión en
media hora y en otras dos horas, regresar, no debiendo encontrar resistencia.
Contaba Aviraneta para desarrollar el plan con las fuerzas de Muñagorri y el apoyo del comodoro inglés Lord Jhon Hay (que enarbolaba insignia en el Northe Star); pero como antecedentes para juzgar en
parte los hechos hay que considerar dos: uno, la resuelta negativa de
O'Donnell a que Muñagorri se estableciera en Guetaria lo que proponía
el comodoro inglés, y otra, cierta comunidad de intereses que parecía
unir a uno y otro y que tal vez fueran causa de la negativa del futuro
Duque de Tetuán.
Aviraneta desarrollaba su plan en esta forma:
Puestos de acuerdo Muñagorri, Lord Jhon Hay y el comandante
general de Guipúzcoa, aprovechando un tiempo sereno, embarcarán las
tropas en San Sebastián o Fuenterrabía al anochecer para llegar a media noche a Guetaria, y desembarcando antes de amanecer en Guetaria emprenderán la marcha para Azpeitia y Azcoitia donde pueden llegar muy de mañana salvando las cuatro leguas que separan estas poblaciones de Guetaria; después de un corto descanso (1) saldrá la expedición para Vergara y Oñate. Puede sorprenderse a Don Carlos en el
palacio del Duque de Granada en Azcoitia, destacando a media noche
una columnita de vascos muñagorristas y chapelgorris, llevando traje
igual y boína blanca como los chapelzuris y marchando por veredas
extraviadas llegar a Azcoitia.
Entre Guetaria y Zumaya hay una ensenada a propósito para hacer
el desembarco y dirigirse a un monte que conduce a Azcoitia fuera de
toda población.
(1)
Y establecida en uno de los dos pueblos la Diputación foral, dice Aviraneta,
y pasamos esto por alto porque el genero de expedición propuesta no permitió ni en
sueños entretenerse en tal cosa.
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En Azcoitia no había más guarnición que treinta cadetes, y en la
costa otra gente armada que los hojalateros.
Este plan no llegó a ponerse en práctica, según Aviraneta, por recelos que de él tenían el cónsul español en Bayona, Gamboa y otros;
realmente la personalidad y antecedentes de Aviraneta no abonaban ni
convidaban a mayores confianzas y unidos a elementos, como los muñagorristas en consorcio con los ingleses, no era para aumentada la
confianza con tal amalgama, pero es ante todo que este plan era absurdo e irrealizable en sí mismo, y algo de ello no se le escapaba al propio autor cuando habla de «posibilidades» lo que no es fácilmente
negable ya que posible lo es todo lo que en sí no sea contradictorio, y
cuando preveía en el mismo plan, la conducta que había de seguirse
ante la ida de Don Carlos de Azcoitia, cuando presumía a obligarle a abandonar el campo atrincherado de Estella, no lo capturaba en
Azcoitia O'Donnell, tal vez.. por conocer, y bien conocidas, las posiciones del Gárate, o por otras causas, no fué favorable a ese plan, que
fracasó, que tuvo que fracasar por imposibilidad de ejecutarse.
En primer lugar, la vertiente de la costa del golfo de Guetaria es
de montaña alta, que rápidamente se hunde en la mar, y cuyas crestas
se hallaban en poder de los carlistas; la misma Guetaria se hallaba bloqueada precisamente por el quinto de Guipúzcoa (chapelzuris, coronel
D. Manuel Ibero, hijo de Azpeitia); salir una expedición en tiempo sereno, como quería Aviraneta y divisarse era una misma y sola cosa,
sin contar el espionaje que tuvieran los carlistas y al que no había de
pasar desapercibida la concentración de tropas necesarias para el embarque, que tampoco es operación para hecha con la sencillez con que
se dice.
En segundo lugar: entre la costa de Guetaria, y Zumaya, cierto
existe una ensenada que es a la que indudablemente se refiere Aviraneta en su plan, la llamada de Orruaga; pero ni su acceso es fácil y
menos en invierno. y a más está dominada directamente por el pobladito de Azquizu (barrio anexo a Guetaria) donde para mayor dificultad había una avanzadilla carlista del batallón que guarnecía lo que
pomposamente los partes oficiales carlistas llamaban la línea de Guetaria que si de tal había mucho que rebajar, siempre restaba lo suficiente para que ni el punto quedase desatendido ni pasase desapercibido cualquier intento sobre él; mucho más para internarse en
el país.
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En tercer lugar: y dado por conseguido el embarque y el desembarque en la costa (y hasta de barato el regreso, que trae los mismos
peligros que la ida aumentados con la forzosa pérdida de tiempo invertido, ¡pero esto lo descontamos!), siempre quedaba la marcha pedestre a Azcoitia (cuatro leguas), y pensar en realizarla, sin que se percatasen de ella en un país tan poblado de caseríos (y en aquel entonces
lo estaba precisamente en esos lugares, donde los carlistas dominaban
con tranquilidad casi absoluta), era una utopía de la que por si acaso
tal resultase, ya decía el mismo Aviraneta «aun cuando no se realizase la sorpresa se introduciría el espanto en la corte del pretendiente»,
¡un susto!
En cuarto lugar: aun concedido que en Azcoitia Don Carlos no
tuviera más que una guardia de treinta cadetes, no era dable desconocer el espíritu general del país y menos en Azcoitia y Azpeitia, y con
él, suponer el resultado negativo de una sorpresa, aparte de que casi
siempre Don Carlos llevaba un batallón para escolta, sin contar la propiamente así llamada, del cuartel real, y de ayudantes, y demás que si
no los bastantes para rechazar la sorpresa, si hubieran sido los suficientes para impedir la captura y lograr la fuga, si a tal extremo habían de llegar los trances.
Tal vez por estas razones, o por otras, nunca logró Aviraneta un
apoyo decisivo de las autoridades militares del ejército liberal, en el
que si había soldados de fortuna como Espartero no faltaban mentalidades como O'Donnell, ni del carlista, en el que, si no faltó una inteligencia como Zumalacárregui, sobraron algunos oficiales procedentes de
la guardia real, que al flamear de las banderas de Don Carlos supieron
hacer muy linda carrera para convenirse en Vergara guapamente para
ellos!, sí logró en cambio Aviraneta el apoyo de los políticos de uno y
otro bando; el por qué no es cosa de presentarlo aquí, porque no es
cosa tampoco de exponer un tratado de «moralidad de eficiencias causales», que a la postre de ser expuestas y examinadas, en uno y otro
aspecto, en uno y otro campo nos llevarían a un resultado desconsolador, para cuanto fuese pureza de intención y lealtad.
Pero algo, y de persona conocedora del país y a la que se dirigió
Aviraneta al interponer en práctica su plan, supo y pudo entrever, al
negar su concurso al mismo; en efecto, conferenció en Urdax (1) con
(1) Urdax, villa de Navarra que tal la creó Carlos III en 1774, y que antes se
hallaba unida a Zugarramurdi, posee en su territorio el puente de Dancharinea, por
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D. Francisco de Aldamar, hijo de Guetaria, conocedor del país, a la
sazón (1838) nombrado administrador de rentas de Aranjuez, y éste,
hechos viajes a San Sebastián y otros puntos, dió por su parte de lado
a la empresa, no sabemos realmente si, como Aviraneta dice, por ver
«desplegado todo el aparato de conspiración que existía contra mí» o
simplemente por comprender se trataba de un proyecto estupendo, porque en realidad y por el camino de una sorpresa en la forma y medios
que Aviraneta exponía era realmente un proyecto estupendo el propuesto.
¿Era sincero? para contestar esta pregunta es necesario llegar a conocer, no sólo a Aviraneta (1), lo que no es fácil, sino a todos y cada
uno de los actores de aquellas tragedias, lo que tal vez sea más difícil.
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Guetaria, Mayo 1917.
el que Don Carlos salió de España: el encuentro de Aviraneta y Aldamar tuvo lugar
en esta villa y no en Burdeos, como afirma D. Javier de Burgos en sus «Anales del
reinado de Isabel II».
(1) En los campos de Cataluña intentó repetir las maniobras de Guipúzcoa, y a
su paso por Zaragoza fué preso y corriéndose rumores de haber sido fusilado (lo que
no se hizo por la entereza del gobernador civil, que negó su entrega a Espartero), no
faltó célebre doctor de la facultad de medicina de Madrid que apresurándose pidiera
licencia para hacer un estudio frenológico del cerebro de Aviraneta. ¿Por que ese empeño de fusilarlo de Espartero? Chi lo sà.
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