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Valor social del trabajo
y crisis del empleo
Saavedra, María Guadalupe
Instituto de Relaciones Laborales, Comunicación Social y Turismo - UNNE.
Av. Italia 434 - (3400) Corrientes - Argentina.
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E-mail: [email protected]
ANTECEDENTES
En los últimos años se han producido una serie de transformaciones, tanto a nivel mundial como en la sociedad
argentina, las que implican cambios estructurales profundos. En este aspecto, una de las esferas más implicadas
ha sido sin duda, la del trabajo, no sólo en relación con la crisis del empleo por la que atraviesan todas las
sociedades, sino también en lo que compete al ámbito cultural, esto es, en torno a la valoración y el sentido que
el trabajo ha tenido históricamente para los trabajadores.
El trabajo, considerado como una construcción social, ha adquirido diferentes significados a lo largo de la
historia humana: desde la consideración del mismo como castigo, obligación o maldición por parte de los
antiguos griegos y romanos, hasta la centralidad que adopta en los escritos de Lutero y Calvino, como signo de
salvación Estos significados han sido congruentes con los determinantes políticos, sociales, culturales,
económicos y religiosos propios de cada cultura y época histórica.
Pero, desde hace unas décadas la centralidad del valor trabajo parece haberse puesto en duda, y actualmente
coexisten diferentes significados del trabajo que también vienen determinados por diferentes factores tanto de
orden social, cultural, como político, así como por los propios sub-universos particulares de las personas.
Algunos autores manifiestan que se está produciendo una mayor valorización de los aspectos expresivos e
intrínsecos del trabajo en nuestras sociedades; otros, en cambio, señalan que se sigue manteniendo el
predominio de una valoración instrumental del trabajo; y unos terceros mantienen una posición “apocalíptica”,
esto es, la teoría de una sociedad sin trabajo. También se señala que aunque se estén produciendo cambios,
existen diferencias en la orientación hacia el mismo en función de características y factores situacionales y
personales, tales como el sexo, la edad, el nivel educativo, y algunos aspectos laborales, o en función de
variables más sociológicas y culturales como la sociedad de origen, el lugar de procedencia (rural o urbano) o la
clase social. Otra perspectiva mantiene la no existencia de diferencias, o que estas son irrelevantes, manifestando
que se da una homogeneización de valores laborales (y humanos en general) en las sociedades actuales.
En suma, el valor del trabajo experimentará diferentes matices dependiendo de las características del individuo,
de la naturaleza del trabajo, del contexto socio-económico y de las representaciones sociales acerca del trabajo
en un momento determinado.
En el marco de estas reflexiones, esta ponencia presenta los primeros resultados acerca de los significados
sociales que prevalecen en la sociedad actual en relación con el tema del trabajo, intentando determinar si el
mismo continua siendo un valor central en la vida de los individuos, o por el contrario si las diferentes
situaciones, en relación con los mercados de trabajo, han modificado el sentido que el mismo posee para las
personas.
MATERIALES Y METODOS
Se seleccionó una muestra teórica conformada por 160 sujetos - empleados y desempleados - pertenecientes a
seis categorías ocupacionales: niveles jerárquicos, empleados administrativos, operarios, tanto del sector público
como del privado.
Para la obtención de los datos se utilizó como técnica un cuestionario administrado a través de entrevista
organizada de la siguiente manera:
a)
Con vistas a establecer el campo semántico conceptual en torno al cual se organizan las imágenes del
trabajo se recurrió a la técnica de asociación de palabras a partir de la siguiente consigna: "Mencione las
primeras palabras que se le ocurran al pensar en el trabajo"
b)
Identificación de los campos semánticos próximos: frente a un conjunto a palabras estímulo (diecisite
en total), se demandó que evaluaran el nivel de asociación ( muy asociadao, algo asociado, nada asociado) con el
trabajo.
c)
Datos censales básicos y otras cuestiones que investigaban: a) para las personas empleadas: acerca de
antigüedad en la ocupación, tipo de cargo y tarea, tipo de establecimiento (privado o público), tipo de contrato y
grado de satisfacción con respecto al trabajo. b) Para las personas desempleadas: tiempo de desocupación, su
motivo, tipo de establecimiento donde trabajaba, su anterior cargo, tarea y tipo de contrato.
Esta información se procesó recurriendo al paquete estadístico SPAD-T (para análisis de datos textuales) y
SPAD -N, (para datos cuantitativos), empleando en particular en Análisis Factorial de Correspondencias
Múltiples. Este técnica se recomienda para el estudio de las representaciones sociales de grupos, donde el
carácter colectivo de la representación exige encontrar una nueva organización de datos que dé cuenta de las
variabilidades observadas. Al mismo tiempo, se caracterizaron algunas de las variables nominales a partir de las
modalidades de otras variables nominales (procedimiento DEMOD, que permite caracterizar un grupo por sus
atributos “significativos”, con ayuda de criterios estadísticos).
PRESENTACION DE RESULTADOS
Del Análisis Factorial de Correspondencias para datos textuales, aplicado a las palabras obtenidas en la primera
estrategia (asociación de palabras) resultan dos factores, que en conjunto explican el 23% de la varianza,
permitiendo establecer criterios diferenciales entre los individuos que conforman la muestra. El primer factor,
ordena las respuestas que van desde una definición del trabajo como forma de libertad y realización, es decir,
como medio para conseguir independencia, éxito, satisfacción, desarrollo profesional y progreso mediante la
responsabilidad y dedicación; hasta su definición como deber y necesidad, en el otro extremo del eje, a través del
uso de términos tales como horarios y necesario para vivir.
Siendo, la primera definición del grupo de mujeres en edades variadas, con niveles de instrucción medio y
superior y ocupando puestos de trabajo administrativos o jerárquicos; mientras que, el trabajo como deber y
necesidad corresponde al grupo de trabajadores del sexo masculino, operarios de 41 a 50 años, con un nivel bajo
de instrucción.
El segundo factor opone a los individuos que sustentan una definición centrada en lo social, en la que se resaltan
aspectos como el compañerismo y las relaciones sociales, a una definición del trabajo desde una perspectiva
instrumental o concreta, donde se enfatizan los aspectos más objetivos y tangibles de la actividad laboral, como
ser el bienestar económico y el logro de beneficios. Estas dos definiciones se corresponden con las diferentes
situaciones en el mercado laboral, en términos de empleo/desempleo; de este modo, quienes se encuentran
incorporados al sistema laboral, resaltan los aspectos de sociabilidad del trabajo; por su parte, las personas
desempleadas adhieren a una valoración extrínseca, al valorar determinados aspectos del contexto laboral, tales
como salario y beneficios, bienestar económico, dignidad y estabilidad en el trabajo.
TABLA 1
Las imágenes estructuradas en torno al trabajo
El trabajo como herramienta para ...
(el desarrollo personal y profesional,
independencia, éxito)
mujeres, con secundario completo y universitario
incompleto, puestos administrativos
El trabajo como forma de vida
Mujeres, con universitario completo, puestos
jerárquicos
El trabajo como actividad que...
(tiene un contraprestación económica,
desempeñamos para un bienestar, dignifica a la
persona, implica compromisos)
hombres, con primario completo y secundario
incompleto, operarios
El trabajo necesario para...
(sobrevivir, mantener a la familias, obtener
dinero, dignificara a la persona, obtener seguridad
y futuro)
en su mayoría hombres, desempleados, con nivel
de instrucción primario
En relación con la segunda estrategia empleada, es decir la identificación del grado de asociación entre el trabajo
y algunas palabras estímulo, se advierte que en general, la gente tiende a asociarlo con aspectos positivos, lo que
podría considerarse un indicador de la permanencia del valor trabajo en nuestra sociedad; sin embargo, es
posible advertir ciertas diferencias al interior de los distintos grupos, en particular entre los desempleados y los
ocupados en categorías ocupacionales intermedias. Son los desocupados quienes eligen los valores extremos de
la escala para referirse al trabajo, y éste se percibe muy asociado a la necesidad, al dinero y al bienestar, pero
especialmente a la dignidad. Aparecería aquí una nueva demostración de la importancia que el trabajo tiene en
la vida del individuo, porque más allá de su valor instrumental para el logro del bienestar económico, se destaca
su vinculación con la dignidad de la persona, es decir, el mismo constituye "un derecho que dignifica al hombre
en su condición" (el trabajo como esencialmente humano).
Por el contrario, aquéllos que no pasan por la experiencia de haber perdido su empleo, tienden a evaluarlo con
"tonos intermedios", es decir, el trabajo está asociado, para ellos, al cansancio, el bienestar y la dignidad, pero
eligen las posiciones intermedias de la escala ( algo asociado), mostrando que existen otros ámbitos sociales que
también contribuyen al cansancio, el bienestar y la dignidad y no excluyentemente el trabajo.
Del mismo análisis, deviene que, por una parte, las asociaciones positivas hacia el trabajo, como ser el esfuerzo y
la autonomía, las establecen los trabajadores con mejores puestos; por otra parte, los que tiene una categoría
ocupacional menor no asocian al trabajo ni con la estima profesional, ni con la integración social, considerando
además que en menor medida favorece la realización personal
Del mismo modo, se advierte que el grupo constituido por los hombres más jóvenes de la población y ocupando
puestos de operarios privilegian una representación instrumental del trabajo, asociada con el dinero, el cansancio
y el bienestar; mientras que las mujeres, de más edad, con mayor educación y mejores empleos, poseen valores
relacionados con la “ética del trabajo”, donde virtudes como el esfuerzo y el sacrificio personal constituyen el
motor del progreso individual y social.
CONCLUSIONES
Los resultados han puesto de manifiesto, como era esperable, que actualmente coexisten diferentes significados
del trabajo que derivan de las diferentes pertenencias sociales de los individuos, en términos de edad y sexo, y
nivel socio-cultural, a lo que debe sumarse actualmente la situación que cada uno de los actores sociales ocupa
en el mercado laboral, en términos de inclusión / exclusión.
La perspectiva instrumental del trabajo es la representación social más frecuente, tanto en las definiciones
teóricas arraigadas del término como en las definiciones que de él ofrecen los entrevistados en general, en este
sentido, el mismo es definido fundamentalmente como una actividad que no tiene un fin en sí misma sino que es
un medio para conseguir un fin.
Pero, sobre estas formas generalizadas se estructuran elementos específicos, derivados de factores ambientales y
personales, que resultan subsidiarios de roles ocupacionales, nivel de instrucción, sexo y grupos de edades, que
ofrecen definiciones diferenciales del término; de este modo es posible encontrar imágenes en torno al trabajo
que destacan su carácter de actividad social y motivo de intercambio y solidaridad, en tanto algunos - quizá
privilegiados - encuentran en la instancia laboral la posibilidad de libertad y autonomía.
Las diferencias encontradas - tal como apuntamos más arriba - entre incluidos y excluidos, ocupados y
desempleados, más allá de su posición social específica, habla a las claras del dinamismo de las representaciones
sociales y de cómo las experiencias vitales y los anclajes sociales condicionan el modo en que cada uno
construye o define la realidad. Sin embargo, también puede verse en la sobrevaloración de la actividad laboral
que destacamos anteriormente, un mecanismo de idealización del "bien" perdido, y al mismo tiempo, que los
individuos en nuestras sociedades han ido internalizando a lo largo del tiempo la centralidad de esta actividad.
Por eso, y a pesar de los cambios ocurridos a nivel de la estructura productiva, las transformaciones en el
sistema de valores no parece haber permeado aún las ideas que contribuyen a configurar el "sentido comùn", es
decir, la "realidad" de nuestras sociedades.
BIBLIOGRAFIA
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