`JUICIO` AL REY JUAN CARLOS

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POLITICA
Cristina de Borbón dice haber confiado en su marido, en su entorno más cercano y en los asesores de Don Juan Carlos.
La Infanta se escuda en los asesores de su padre
‘JUICIO’ AL REY JUAN
CARLOS
La Casa Real del último periodo de Juan Carlos I se ha visto sometida al juicio del
caso Nóos. Han sido su yerno y su hija quienes han señalado la responsabilidad de
la institución en la comisión de los delitos que se le imputan. ‘Todo se hizo bajo la
supervisión de Zarzuela’, ha sido el mantra de Iñaki Urdangarin y Cristina de
Borbón, señalando el papel activo de Carlos García Revenga y asesores del
exmonarca, cuya abdicación cobra hoy más sentido que nunca. Lo que hubiera
podido ser un escándalo ha sido hoy una explosión controlada.
H
Por V. M.
ija y hermana de rey, Cristina de
Borbón es el primer miembro de
la realeza europea que declara en
un juicio penal acusada de colaboradora necesaria en la comisión de dos delitos fiscales. Lo hacía el pasado jueves por la
tarde, en una sesión breve en la que solo contestó a las 50 preguntas de uno de sus abogados, Pau Molins, negándose a responder al
centenar de cuestiones planteadas por Virginia López Negrete, abogada de Manos Limpias, única acusación personada contra la hermana de Felipe VI por la que pide ocho años
de cárcel.
“Confío plenamente en mi marido”. La in14
7–13 de marzo de 2016. nº 1145
Urdangarin también ha declarado que Casa Real conocía sus
negocios, pero no que el rey emérito participara en ellos.
fanta lo dejó claro desde el primer momento;
entre la Familia Real e Iñaki Urdangarin, se
queda con él. Por eso no hubo ni divorcio ni
renuncia a sus derechos sucesorios. Y por eso
se levantó un muro entre ella y la monarquía.
Un muro que de un lado dejó la vieja Corona y de otro, a la nueva.
En la vieja, don Juan Carlos y su modo de
dirigir la Casa Real, donde hacía y deshacía
con la misma discrecionalidad con la que distribuía el presupuesto o aceptaba regalos. En
la nueva, don Felipe y sus medidas para eliminar privilegios y dotar de transparencia a la
jefatura del Estado. La sucesión al frente de la
institución tal y como la conocemos sólo puede entenderse por la necesidad de acorazarse ante la imputación de Cristina de Borbón
para poder sobrevivir a ella.
Siguiendo la misma estrategia que su marido, la infanta se desvinculó de cualquier responsabilidad en Aizoon, la empresa patrimonial que el matrimonio compartía al 50 por
ciento y donde se desviaba el dinero de las arcas públicas recaudado por el Instituto Nóos.
Según dijo, ella no fue un escudo fiscal en Aizoon, una sociedad de la que nada sabía porque ella y Urdangarin estaban ocupados en
el cuidado de sus hijos mientras se encargaba
de la economía doméstica y de los actos institucionales de la Casa Real.
Dicho esto, se escudó en el conocimiento
y beneplácito de Zarzuela de todas sus actividades: “Yo lo consultaba todo con García
Revenga”, nombrado en 1993 secretario de
las infantas y cesado en 2014 tras los cambios
acometidos por Felipe VI. “Yo no tenía ninguna prohibición de la Casa Real para estas
actividades y cuando mi marido me propuso
participar al 50 por ciento en Aizoon, claro
que me asesoré”, subrayó, para añadir que
“Federico Rubio, asesor fiscal de la Casa del
Rey, me hacía las declaraciones de la renta”.
A la pregunta expresa de su abogado, una
pregunta preparada y ensayada, “¿en quién
confía usted?”, contestó: “Por supuesto en mi
marido, en Carlos García Revenga, en el asesor fiscal de la Casa del Rey, en mis compañeros de trabajo y en temas jurídicos en José
Manuel Romero, en mi entorno más cercano”.
Cristina de Borbón citaba así a tres cargos de
confianza nombrados por don Juan Carlos, todos ellos desaparecidos del entorno de un nuevo rey que ha cambiado los usos y costumbres
monárquicas para adaptarlos a los nuevos tiem-
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TRIBUNA
Por Miguel Ángel Aguilar
pos y evitar que sospechas como las que ha levantado el juicio del caso Nóos vuelvan a hacer tambalear los cimientos de la Corona.
De ahí los convenios suscritos con la Intervención General del Estado, con el Servicio
Jurídico del Estado y con la Secretaría de Estado de Comercio para someter a Zarzuela a
los controles propios de la Administración pública, decisiones adoptadas por Felipe VI a los
pocos meses de suceder a don Juan Carlos, un
rey que tuvo que cambiar de planes por las
consecuencias que el caso Nóos tenía ya sobre la jefatura del Estado y habría tenido, de
haber seguido al frente, en estos días de declaraciones.
Declaraciones que, en cualquier caso, no
han llegado a mayores. Iñaki Urdangarin, quien
declaró antes que su mujer ante el tribunal de
la Audiencia de Palma que juzga el caso Nóos, dijo también que Casa Real estaba al corriente de sus actividades; en línea con lo que
después aseguraría su mujer, señaló que “con
Felipe VI ha sustituido
los usos y costumbres
de su padre por los de
la Administración
Pública
quien más reportaba era con la persona asignada por la Casa Real, el señor García Revenga. Los temas jurídicos los consultaba con
José Manuel Romero. Manteníamos reuniones periódicas sobre cómo iban las cosas y no
hubo ningún reproche, hacíamos caso de sus
recomendaciones y actuábamos en consecuencia. Los temas fiscales los llevaba el señor Federico Rubio”. Sin embargo, desvinculó al rey Juan Carlos de sus negocios.
A la pregunta de López Negrete sobre la posibilidad de que don Juan Carlos hubiera intercedido “en sus negocios y en los de su esposa”, su yerno contestó: “En ningún momento”. Y cuando la abogada de Manos Limpias enseñó un escrito dirigido, entre otros, a
Jcsumer, acrónimo de “Juan Carlos Su Majestad el Rey”, donde Urdangarin comenzaría diciendo “Le comunicaba cuál era mi proyecto…”, la presidenta del tribunal, Samantha Romero, interrumpió a la letrada al tratarse de un
documento que no fue admitido como prueba en las cuestiones previas. l
Rajoy IV, el ‘Imposible’
E
n esta legislatura, la X desde
la Constitución de 1978, hemos tenido sucesivas encarnaciones del presidente del
Gobierno, Mariano Rajoy: Mariano I el
Doliente, Mariano II el Impasible, Mariano III el Sarcástico y ahora Mariano IV el
Imposible. Esta última denominación le
ha sido adjudicada después de sus intervenciones en el Pleno del Congreso del
miércoles día 2 con ocasión del Debate
de Investidura del candidato a la Presidencia del Gobierno Pedro Sánchez, secretario general del Partido Socialista, que
aceptó ser propuesto por el rey Felipe VI
conforme al artículo 99.2 de nuestra Ley
Fundamental.
La víspera por la tarde se había abierto
la sesión para que el candidato expusiera
el programa político del Gobierno que pretendía formar y solicitar la confianza de
la Cámara. Si alguien calculó que separar
esa intervención de las réplicas correspondientes a cargo de los portavoces de
los demás grupos parlamentarios favorecía al pretendiente erró de plano. Primero, porque era imposible que se hiciera el
silencio y se dejara por unas horas todo el
protagonismo mediático a Pedro Sánchez.
En efecto, nada más concluir su discurso
de algo más de dos horas se vio salir en
tromba a todos los representantes de las
otras fuerzas políticas para adelantar a los
periodistas su evaluación crítica de lo escuchado. Segundo, porque quienes deberían tomar la palabra en la tribuna tuvieron más tiempo para preparar sus maldades. Desde las siete de la tarde del martes hasta las 4 de la tarde del miércoles.
Pedro Sánchez llegó el martes en son de
paz, a la búsqueda de adhesiones o al menos de abstenciones. Estuvo de guante
blanco. Tenía todo el arsenal de las corrupciones incesantes que por doquier estallan en el Partido Popular de Génova, de
Valencia, de Algeciras, de Mallorca, de
Antioquía, de Madrid con casos cada vez
más sonados y más sonoros donde alcaldes con todos los concejales en el trullo
judicial sostienen que todo lo ignoraban.
Hubiera podido lanzarle sin más aquella
aplicación de “Mariano, resiste; sé fuerte” y los escaños se hubieran encendido
en aplausos. Pero renunció a esos lucimientos, exhibió un ramo de olivo.
De nada valió, para nada se le tuvo en
cuenta. A la mañana siguiente subió a la
tribuna un Mariano Rajoy en actitud chulesca, faltona, con un discurso que culpaba al aspirante de haberle negado el
apoyo rendido que hubiera debido darle
de manera incondicional, habida cuenta
de que había ganado las elecciones. Para
concluir dijo que cumpliría “con su deber
votando en contra (de su investidura) que
únicamente se podía calificar como amenaza para los intereses de los españoles.
Mariano IV mereció de todos los portavoces el apodo del Imposible. Pronto se
desharán de él los mismos que aplaudieron sus vilezas. Atentos. l
ALEX PUYOL
“Rajoy exhibió en la investidura una actitud chulesca”.
nº 1145. 7–13 de marzo de 2016
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