Papa Francisco: “Reforma de la Iglesia”

Anuncio
XXII, No. 645 del 1-31 de
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Papa Francisco:
“Reforma de la Iglesia”
www.uca.edu.sv/publica/cartas
Trabajar por una Iglesia nueva
Recuperar a Jesús de Nazaret
La Alegría del Evangelio
No dejen morir a las comunidades
Luchar contra el pecado del mundo
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Realidad Nacional
Los invertebrados políticos en El Salvador
Mauricio Iraheta Olivo
La actual campaña electoral para presidente tiene mucho
de temperamental. Por eso, en los primeros debates
en radio y televisión cada candidato se esforzaba por
convencer al elector de que, en caso de resultar elegido,
la nueva administración (aunque fuese un candidato a
ocupar por segunda vez la silla presidencial) sería mejor
que la anterior. Habría progresos en cuanto a la salud,
la calidad de la enseñanza pública, la violencia social, la
situación económica, etc. Administrar bien el país sería lo
importante.
Entonces surgieron las encuestas, ese fantasma
estadístico que, como espada de Damocles, pende
sobre la cabeza de cada candidato. Una encuesta indica
las posibilidades de victoria de cada aspirante a futuro
presidente, mientras que otra indica cómo reacciona el
público ante sus programas en radio y en televisión.
El público televisivo-internáutico salvadoreño no merece
aplausos en materia de preferencias. Disfruta con
programas-basura real, como TRATO HECHO, o TAL
PARA CUAL, como las novelas. Nada que haga pensar y
tener opiniones propias. Mientras que algunos medios de
prensa independientes hacen pensar y exigen un mínimo
de discernimiento crítico. Lo que hace subir el ranquin es
la relación tormentosa entre Norman Quijano, Elías Saca
y Sánchez Cerén, y no entre la mafia de la violencia y los
que viven en zonas de riesgo tanto en la zona urbana y
rural.
De ese modo los candidatos con índices insuficientes
en la preferencia electoral, e incluso los que ocupan
los primeros lugares, al sentirse amenazados por
sus adversarios, tienden a olvidar sus promesas
administrativas y dejarse arrastrar por la agresión verbal.
Cual magos de un circo de terror, sacan de la manga
todas las acusaciones, actuaciones, marufias y bajezas
que puedan afectar a sus competidores.
Lo más curioso es que, a falta de reforma política
(siempre prometida y postergada), los electores asisten
a una admirable estratagema. Y los aliados de ayer son
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enemigos hoy en las elecciones. Ayer todo eran besos,
hoy golpes.
Sucede que, con raras excepciones, acusadores y
acusados en el ámbito político son, todavía hoy, aliados
en el ámbito nacional. Lo cual revela una política cada
vez más despolitizada, desideologizada, reducida a mera
hambre de poder.
Como no hay invitación gratuita ni casa sin ropa sucia
que deba ser lavada, los efectos de esa nefasta manera
de hacer política se dejarán sentir en las siguientes
elecciones para presidente de la República, el próximo 2
de febrero 2014.
Ya empiezan a asomar las fisuras en el edificio de la
base aliada del gobierno. El FMLN y ARENA ya se están
acusando. Y UNIDAD, por su parte, permanece de
momento como hueso en boca desdentada, aunque no
quita que dentro de poco desee librarse del síndrome
de Alzheimer de promesas incumplidas en su periodo
presidencial y, ávido de votos, aspire también a ocupar
nuevamente la silla.
Toda la cuestión de fondo de esta coyuntura reside en la
cultura (a)política que respiramos en el actual clima de
liberalismo. Ningún candidato cuestiona el sistema en que
vivimos. Ya no se habla de aprovechar el período electoral
para “concientizar y organizar a la clase trabajadora”.
Todo se reduce, como en las elecciones presidenciales
de los EE.UU., a originar impactos emotivos para sacar
al elector del marasmo y del desencanto. Y los recursos
más utilizados son el “retrato de familia” (vean qué feliz
soy con mi esposa y mis hijos) y el miedo: al desempleo,
a la crisis de violencia de las maras, a la corrupción, a la
pérdida de los derechos civiles.
Todos vamos siendo progresivamente domesticados por
los medios controlados por el gran capital, de modo que
se va cambiando la libertad por la seguridad, la opinión
propia por el consenso, el espíritu crítico por la anuencia
venerable a la palabra del líder. Corremos el riesgo de
tener en el futuro una sociedad de invertebrados políticos.
Iglesia Nueva
La vuelta a Jesús de Nazaret
Jon Sobrino
Una Iglesia nueva
Benedicto XVI dimitió de su ministerio papal debido a la disminución de sus fuerzas
físicas, por la edad, y a los graves problemas al interior de la Iglesia y de la curia vaticana
que no podía resolver. El papa Francisco ha tomado el asunto en serio, y ha anunciado
la “reforma de la Iglesia”.
En esta Carta a las Iglesias hablamos de una “Iglesia Nueva” que supere a una “Iglesia
envejecida”. Entre otros muchos tocaremos los siguientes temas: 1) La vuelta a Jesús
de Nazaret. 2) La alegría del Evangelio. 3) No dejar morir a las comunidades 4) La lucha
contra el pecado del mundo.
En El Salvador hubo una vuelta a Jesús que coincidió
con la época de Monseñor Romero y de los mártires.
No suena bien decir que hay que “volver atrás”, pero si
no lo hacemos difícilmente habrá reforma de la Iglesia
por la que trabaja Francisco. Y aunque no es necesario
decirlo, a ese Jesús hay que volver, sin dejar de lado lo
bueno que hayamos aprendido después de Monseñor.
Solo “volver atrás” sería insensatez. Pero “no volver” sería
distanciarnos todavía más de Jesús de Nazaret. Veamos
dos denuncias clásicas de ese distanciamiento.
Dostoievski, en la leyenda del gran inquisidor en Los
hermanos Karamazov, al Cristo que no pronuncia
palabra [se refiere a un Jesús real con un mensaje real]
el inquisidor le echa en cara que ha traído libertad, y le
dice, por cierto, que se ha equivocado, pues lo que los
seres humanos desean realmente es seguridad. Eso es
lo que les ofrece la Iglesia. En un primer momento le
anuncia que lo va a enviar a la hoguera, pero finalmente
le deja marchar: “Muchas gracias por haber venido
hace 1500 años, pero ahora ya no te necesitamos”. Y
termina con estas palabras que se han hecho clásicas,
e ilustran espeluznantemente nuestro tema. “En realidad
nos estorbas. Vete y no vuelvas más”. Jesús de Nazaret
es expulsado de la iglesia porque estorba. Con él no
podemos vivir en paz. Sí podemos vivir en paz con un
Cristo que se acomode a nuestros gustos e intereses.
En palabras no tan grandilocuentes, pero no menos serias,
el Garaudy de la época marxista, pedía a los cristianos en
un encuentro después del Vaticano: “Hombres de Iglesia,
devuélvannos a Jesús”. La queja es que los cristianos
lo hemos convertido en monopolio propio, y además lo
hemos aprisionado. Sin Jesús, podremos seguir hablando
de Cristo, pero no introducimos en el mundo el potencial
humanizador de Jesús de Nazaret.
Sin Jesús de Nazaret no sabemos quien es Cristo. Al
Cristo no se puede ir sin caminar junto con Jesús de
Nazaret, reproduciendo lo que el hizo: anuncio de una
buena noticia, denuncia de la opresión, exigencia de
conversión, cargar con la cruz. Todo ello en confianza a
un Dios que es Padre, y en disponibilidad a un Padre que
es Dios.
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www.uca.edu.sv/publica/cartas
La tentación de ignorar a Jesús de Nazaret ha sido
y sigue siendo grande. Hay mucho espiritualismo sin
Jesús, y mucha devoción a Cristo sin el Jesús real, el
del evangelio de Marcos y el de la carta a los Hebreos,
el Jesús histórico, el de los pobres, del que antes se
hablaba, el que iluminó muchas mentes, movió a luchar
por la justicia, a veces hasta la entrega de la vida
Diseño y diagramación de revista : Ronald Cardoza
Comenzamos con Jesús de Nazaret.
Iglesia Nueva
Jesús de Nazaret es un eu-aggelion, una buena noticia.
a la gente que acudía a él de todas parte, de Jesús les
debió impactar sus actividades liberadoras, curaciones,
expulsiones de demonios; su acogida a los pecadores
y marginados, mujeres y niños; su praxis de denuncia
y desenmascaramiento; sus bendiciones a pobres y
sus maldiciones a poderosos; la celebración de la vida
en comidas con amigos y con gente de mala vida. En
síntesis, impactaba su mensaje de esperanza: “el reino
de Dios se acerca”. Pero también les debió impactar su
específico modo de ser.
Jesús hablaba con autoridad, no como los políticos
palabreros, ni los fanáticos irracionales, ni los funcionarios
a sueldo. A los necesitados los atraía por su compasión,
y por ello en sus tribulaciones iban a él con el argumento
decisivo: “Señor, ten compasión de mí”. Los niños no se
asustaban de él, y las mujeres encontraban en él respeto,
comprensión, defensa, acogida, trato digno y afectuoso.
En Jesús los pobres encontraron a alguien que les amaba
y les defendía, sin más razón para ello que su necesidad y
sus sufrimientos, la opresión y el desprecio que sufrían. Al
final de su vida en esa gente encontró su mejor protección,
y por eso tuvo que ser apresado a traición, de noche y
a escondidas. Y de Jesús les impactó su entereza y su
fidelidad. En definitiva, les debió impactar su inmensa
coherencia. Cumplía él mismo, eximiamente, lo que
pedía a los demás: “sean buenos y misericordiosos del
todo como el Padre celestial es bueno y misericordioso”.
Y más debió impactar, y quizás sobrecoger, ver juntas en
una persona realidades que difícilmente suelen ir juntas.
Jesús fue hombre de misericordia, “siento compasión de
esta gente”, y de denuncia profética dura, “¡ay de ustedes
los ricos!”. Hombre de reciedumbre, “quien quiera venir
en pos de mí, tome su cruz”, y de delicadeza, “tu fe te ha
salvado, tú te has curado”. Hombre que exige el amor: “no
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hay mandamiento mayor”, y que “se arrodilla a lavar los
pies a los demás”. Hombre de confianza, que descansa
en un Dios que es Padre, “abba”, y de soledad ante un
Padre que sigue siendo Dios y no le deja descansar: “Dios
mío, ¿Por qué me has abandonado?”.
Jesús de Nazaret impactó a Ignacio Ellacuría como
buena noticia. Algunos teólogos de la liberación, y de
entre los más connotados, usen o no el término, han
visto en Jesús, y lo han confesado, como eu-aggelion. Y
dejamos al lector que decida si en este Jesús de Nazaret
han experimentado buena noticia, y más evangelio que
en dogmas y documentos eclesiásticos.
Esto es lo que escribió Leonardo Boff. “En contacto con
Jesús, cada uno se encuentra consigo mismo y con lo que
de mejor hay en él: cada cual es llevado a lo originario.
Para mí lo más importante que se dijo de Jesús en el
Nuevo Testamento no es tanto que él es Dios, Hijo de
Dios, Mesías, sino que pasó por el mundo haciendo el
bien, curando a unos y consolando a otros. Cómo me
gustaría que se dijera eso de todos y también de mí”.
Sobre Ignacio Ellacuría escribió uno de sus estudiantes.
“En un curso abierto de teología el P. Ellacuría estaba
analizando la vida de Jesús y de pronto se le fue la
racionalidad y se le desbordó el corazón. Y dijo: ‘Es que
Jesús tuvo la justicia para ir hasta el fondo y al mismo
tiempo tuvo los ojos y entrañas de misericordia para
comprender a los seres humanos’. Ellacu se quedó callado
y concluyó con estas palabras: ‘Fue un gran hombre’”.
Quienes quieran reformar la Iglesia tendrán que hacer
muchas cosas. Pero la más importante, en mi opinión, es
“volver a Jesús de Nazaret”.
Iglesia Nueva
Jornada mundial por la paz
Carlos Ayala Ramírez
E
l primer mensaje del papa para la Jornada Mundial de la Paz ha
sonado a bendición del año. “El corazón de todo hombre y de
toda mujer alberga en su interior el deseo de una vida plena, de la
que forma parte un anhelo indeleble de fraternidad, que nos invita
a la comunión con los otros, en los que encontramos no enemigos
o contrincantes, sino hermanos a los que acoger y querer”. Destaca
seis aspectos de la fraternidad.
La fraternidad, fundamento y camino para la paz.
Francisco recuerda hace las definiciones de paz de la
Populorum progressio de Pablo VI, y de la Sollicitudo rei
socialis de Juan Pablo II. En la primera se dice que el
desarrollo integral de los pueblos es el nuevo nombre de
la paz. Y que entre las naciones debe reinar un espíritu de
fraternidad que ha de expresarse bajo un triple aspecto:
el deber de la solidaridad, que exige que las naciones
ricas ayuden a los países menos desarrollados; el deber
de la justicia social, que requiere la transformación de
las relaciones injustas entre pueblos fuertes y pueblos
débiles; y el deber de la caridad universal, que implica la
promoción de un mundo más humano para todos. En
la segunda encíclica, se dice que la paz es fruto de la
solidaridad, es decir, solo es posible alcanzarla realmente
y gozar de ella si hay una mejor calidad de vida y un
desarrollo más humano y sostenible.
La fraternidad, premisa para vencer la pobreza.
La falta de fraternidad entre los pueblos y entre los
hombres es una causa importante de la pobreza. Los
ejemplos son abundantes. En muchas sociedades se ve
una profunda pobreza debido a la carencia de sólidas
relaciones familiares y comunitarias; al crecimiento de
distintos tipos de descontento, marginación y soledad.
La propuesta del mensaje es la siguiente: una pobreza
como esta solo puede ser superada redescubriendo y
valorando las relaciones fraternas en el seno de la familia
y de las comunidades, compartiendo las alegrías y los
sufrimientos, las dificultades y los logros que forman
parte de la vida de las personas.
El redescubrimiento de la fraternidad en la economía.
Según el papa Francisco, el hecho de que las crisis
económicas se sucedan una tras otra debería llevar a
las oportunas revisiones de los modelos de desarrollo
económico y a un cambio en los estilos de vida. Debería
ser una ocasión propicia para recuperar las virtudes de
la prudencia, la templanza, la justicia y la fortaleza. Estas
virtudes nos pueden ayudar a redescubrir los vínculos
fraternos que nos unen unos a otros, con la profunda
confianza de que el ser humano tiene necesidad y es
capaz de algo más que desarrollar al máximo su interés
individual.
La fraternidad termina con la guerra. Durante el último
año son muchos los que han sufrido la experiencia de
la guerra (muertos, heridos, desplazados, refugiados,
mutilados), una profunda herida infligida a la fraternidad.
En este contexto, el papa exhorta a redescubrir a un
hermano en quien es considerado solo un enemigo
a exterminar. En consecuencia, hay que renunciar a la
vía de las armas e ir al encuentro del otro con diálogo,
perdón y reconciliación, para reconstruir a su alrededor
justicia, confianza y esperanza.
La corrupción y el crimen organizado se oponen a la
fraternidad. El papa menciona muchas otras formas de
ruptura de la fraternidad: el drama lacerante de la droga,
la devastación de los recursos naturales, la tragedia de
la explotación laboral, el blanqueo ilícito de dinero, la
especulación financiera, la prostitución, la trata de seres
humanos, los delitos y abusos contra los menores, la
esclavitud que todavía está vigente en muchas partes
del mundo, la tragedia frecuentemente desatendida de
los emigrantes. La respuesta es un auténtico espíritu
de fraternidad que posibilite un equilibrio entre libertad
y justicia, entre responsabilidad personal y solidaridad,
entre el bien de los individuos y el bien común.
La fraternidad ayuda a proteger y a cultivar la
naturaleza. Hay que usar sabiamente los recursos en
beneficio de todos, respetando la finalidad y la utilidad
de los seres vivos y su función en el ecosistema. Pero los
hechos contradicen esta visión: a menudo nos dejamos
llevar por la codicia, por la soberbia de dominar, tener,
manipular, explotar; no custodiamos la naturaleza, no
la respetamos, ni la consideramos un don gratuito que
hemos de cuidar y poner al servicio de todos.
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Iglesia Nueva
“La alegría del evangelio”.
Exhortación del papa Francisco
Carlos Ayala, José Arregi, Victor Codina
Desde El Salvador, Carlos Ayala. El papa ante las estructuras que matan
En la primera exhortación apostólica Evangelli gaudium
(La alegría del Evangelio), el papa Fracisco se plantea
-entre otros desafíos fundamentales- la necesidad y
urgencia de que todas las comunidades asuman una
“siempre vigilante capacidad de estudiar los signos de los
tiempos”. Se trata, según el papa, de una responsabilidad
grave, ya que algunas realidades del presente, si no
son bien resueltas, pueden desencadenar procesos de
deshumanización difíciles de revertir más adelante. Es
preciso, por tanto, “esclarecer aque­
llo que pueda ser
un fruto del Reino y también aquello que atenta contra
el proyecto de Dios” (n. 51). En la Gaudium et spes,
del Concilio Vaticano II, los “signos de los tiempos” se
definen como aquellos grandes hechos, acontecimientos
y actitudes o relaciones que caracterizan a una época.
Revelan, además, tanto las causas y los efectos de los
eventos como las esperanzas y preocupaciones de
hombres y mujeres de una etapa histórica determinada.
Entre los signos de estos tiempos, el papa señala tres
hechos de carácter estructural que deben ser motivo de
preocupación e interpelación para personas y pueblos. En
primer lugar, la precariedad de vida de las mayorías.
Sobre este aspecto explica que “la humanidad vive en
este momento un giro histórico, que podemos ver en
los adelantos que se producen en diversos campos. Son
de ala­bar los avances que contribuyen al bienestar de
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la gente, como, por ejemplo, en el ámbito de la salud,
de la educación y de la comunicación”. Sin embargo,
“no podemos olvidar que la mayoría de los hombres y
mujeres de nuestro tiempo vive precariamente el día a
día, con consecuencias fu­nestas. Algunas patologías van
en aumento. El miedo y la desesperación se apoderan del
corazón de numerosas personas, incluso en los llamados
países ricos. La alegría de vivir frecuentemente se apaga,
la falta de respeto y la violencia crecen, la inequidad
es cada vez más patente. Hay que luchar para vivir y, a
menudo, para vivir con poca dignidad” (n. 52).
En segundo lugar, el predominio de una economía
que mata. Para el papa, “así como el mandamiento de
no matar pone un límite claro para asegurar el valor de la
vida humana, hoy tenemos que decir ‘no a una economía
de la exclusión y la inequidad’”. No puede ser, agrega,
“que no sea noticia que muere de frío un anciano en
situación de calle y que sí lo sea una caída de dos puntos
en la bolsa. Eso es exclusión. No se puede tolerar más
que se tire comida cuando hay gente que pasa hambre.
Eso es inequidad. Hoy todo entra dentro del jue­go de
la competitividad y de la ley del más fuerte, donde el
poderoso se come al más débil. Como consecuencia
de esta situación, grandes masas de la población se ven
excluidas y marginadas: sin trabajo, sin horizontes, sin
salida” (n. 53).
Iglesia Nueva
Finalmente, el tercer hecho es la violencia. El papa señala
que “se acusa de la violencia a los pobres y a los pueblos
pobres, pero, sin igualdad de oportunidades, las diversas
formas de agre­sión y de guerra encontrarán un caldo de
cultivo que tarde o temprano provocará su explosión”.
Añade que “cuando la sociedad -local, nacional o mun­
dial- abandona en la periferia una parte de sí misma,
no habrá programas políticos ni recursos policiales o
de inteligencia que puedan asegurar indefinidamente
la tranquilidad. Esto no sucede solamente porque la
inequidad provoca la reac­ción violenta de los excluidos
del sistema, sino porque el sistema social y económico es
injusto en su raíz” (n. 59). Y denuncia tres causas.
Ahora bien, ¿cuáles son las causas de estos tres hechos?
La exhortación explica al menos tres: del papa Fracisco,,
la absolutización del mercado, y el desprecio y rechazo a
la ética.
“La idolatría del dinero”. “Una de las causas de
esta situación se en­cuentra en la relación que hemos
establecido con el dinero, ya que aceptamos pacíficamente
su predominio sobre nosotros y nuestras socieda­des. La
crisis financiera que atravesamos nos hace olvidar que
en su origen hay una profunda crisis antropológica: ¡la
negación de la primacía del ser humano! Hemos creado
nuevos ídolos. La adora­ción del antiguo becerro de oro
(cf. Ex 32, 1-35) ha encontrado una versión nueva y
despiadada en el fetichismo del dinero y en la dictadura
de la economía sin un rostro y sin un objetivo verda­
deramente humano” (n. 55).
“La absolutización del mercado”. Este totalitarismo del
capital está directamente vinculado con los mecanismos
y la absolutización del mrcado. El documento lo expresa
críticamente en los siguientes términos: “Mientras las
ganancias de unos pocos crecen exponencialmente, las de
la mayoría se quedan cada vez más lejos del bienestar de
esa minoría feliz. Este desequilibrio proviene de ideologías
que defienden la autonomía absoluta de los mercados y
la especulación financiera. De ahí que nieguen el derecho
de control de los Es­tados, encargados de velar por el bien
común. Se instaura una nueva tiranía invisible, a veces
vir­tual, que impone, de forma unilateral e implaca­ble, sus
leyes y sus reglas” (n. 56).
“La falta de una ética social”. En el mundo actual “la
ética suele ser mirada con cierto desprecio burlón. Se
considera contraproducente, demasiado humana, porque
relativiza el dinero y el poder. Se la siente como una
amenaza, pues condena la manipulación y la degradación
de la persona” (n. 57). En definitiva, “la ética lleva a un
Dios que espera una respuesta com­prometida que está
fuera de las categorías del mercado”.
Otros signos de los tiempos. El papa menciona también
las presencias salvíficas y humanizadoras, que asumen
los males del mundo como desafíos a ser superados (n.
84). En este sentido, Francisco habla de una presencia de
Dios que acompaña en la historia y en la vida cotidiana,
promoviendo la solida­ridad, la fraternidad, el deseo de
bien, de verdad, de justicia. Esa presencia “no debe ser
fabricada, sino descubierta, develada. Dios no se oculta a
aquellos que lo buscan con un corazón sincero, aunque
lo hagan a tientas, de manera imprecisa y difusa” (n. 71).
Finalmente el papa nos recuerda: “el evangelio nos invita
siempre a correr el riesgo del encuen­tro con el rostro
del otro, con su presencia física que interpela, con su
dolor y sus reclamos, con su alegría que contagia en un
constante cuerpo a cuerpo”. Y ter,mina con Jesús de
Nazaret. Un decisivo signo de los tiempos es que “el Hijo
de Dios, en su encarnación, nos invita a la revolución de
la ternura” (n. 88).
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Iglesia Nueva
Desde Euskadi, José Arregi. “El evangelio es gozo”
Poco latín necesitas para traducir el título de la reciente
Exhortación del papa Francisco sobre la evangelización:
“El gozo del Evangelio”. Y no es fácil decir más en menos:
el Evangelio es gozo. No dice que no pueda haber gozo
sin Evangelio, sino que no puede haber Evangelio sin
gozo. No dice que quien cree en el Evangelio no vaya a
conocer la tristeza, sino que quien anuncia el Evangelio
ha de procurar aliviar la tristeza en sí mismo y en los
demás. No dice que baste sentirse contento sin luchar
contra todo lo injusto, sino que a toda lucha sin gozo le
falta corazón.
Es un texto lleno de aliento y frescura. No ocultaré
que no todo me gusta en él, como cuando afirma que
“Jesús dio su sangre por nosotros” -para expiar nuestros
pecados, se entiende- (n. 178; cf. 128, 229, 274). La
verdad es que no se entiende, y ¿a quién le puede resultar
hoy buena noticia, motivo de alegría? O cuando reivindica
una mayor presencia de la mujer en la Iglesia, afirmando
a la vez que “el sacerdocio reservado a los varones, como
signo de Cristo Esposo que se entrega en la Eucaristía,
es una cuestión que no se pone en discusión” (n. 104).
Es decir, mantiene el modelo clerical de Iglesia, y ¿puede
una Iglesia clerical alegrar a las mujeres y a los hombres
de hoy?). O cuando habla de la defensa de los “niños por
nacer”, sin hacer distinción alguna entre el cigoto de un
día y el feto de cuatro meses (nn. 213-214) -lo que lo cual
contradice los datos de la ciencia. ¿Y puede así la Iglesia
aliviar la angustia de muchas madres o padres?. Perdura,
pues, una teología tradicional.
Dicho eso, pienso que la teología no es lo esencial en
esta verdadera Encíclica del papa Francisco en forma de
Exhortación. La misericordia es lo único esencial. “La
primacía de la gracia” (n. 112) es lo que cuenta. Todo
lo demás es superficial, ideas discutibles. Toda teología
-tanto si es trasnochada como si está puesta al día- es
discutible, transitoria y siempre penúltima. La teología
busca decir una palabra creíble sobre la fe que nos hace
vivir, pero la palabra es siempre provisional y relativa,
relativa al marco de credibilidad cultural de cada uno o
de cada tiempo. La entraña de la vida es lo que importa,
y la compasión es lo que mueve la vida y las entrañas. De
eso habla este papa, y viene a decir que todo lo demás
es secundario. ¡Gracias de nuevo, papa Francisco, por
decirlo tan claro, por exhortarnos sin rodeos al corazón
del Evangelio, el gozo de la bondad!
8
Leer es siempre interpretar, y más aun hacer una selección
de frases de un texto cualquiera. Es lo que haré. Es mi
lectura. Creo, sin embargo, que es una lectura acorde con
la intención y el conjunto de esta Exhortación. También
ella es, en realidad, una lectura selectiva de los textos
del magisterio jerárquico precedente, como queda a la
vista mirando cómo cita el Vaticano II o los documentos
de los últimos papas. Sus citas revelan su intención de
fondo, que no es atajar errores -como sucedía hasta
el atosigamiento en los documentos de Juan Pablo II
y Benedicto XVI-, sino animar a buscar juntos nuevas
formas de decir y de vivir la alegría del Evangelio.
No cita para cerrar, sino para abrir. No cita para reafirmar
la doctrina tradicional “segura”, sino para invitar a renovar,
a renovarse, a arriesgar. No alerta contra la innovación,
sino contra el estancamiento en el pasado. No llama
a repetir, sino a reinventar. Y no condena el mundo
moderno, sino invita a acogerlo y escucharlo. No reclama
obediencia, sino libertad solidaria, fraternidad evangélica.
No insiste en los dogmas, sino en la “revolución de la
ternura” (n. 88). No denuncia la cultura actual, sino la
economía financiera asesina. Y afirma que el gran peligro
del mundo (y de los cristianos) es la tristeza” (n. 2), no la
increencia. Vuelve el espíritu de la Constitución Gaudium
et Spes del Vaticano II. Vuelve el aliento.
Evangelii gaudium. Dos palabras bastan, o incluso solo
una: “Evangelio”, pues Evangelio significa eso, “buena
noticia” o simplemente alegría. Como dijeron los ángeles
-es como decir Dios, que es como decir el Corazón de
la Realidad- a los pastores de Belén -que es como decir
los más pobres o los más despreciados: “No temáis, os
anuncio una gran alegría que lo será para todo el pueblo”
(Lc 2, 10). Bastaba, pues con pocas palabras, pero a este
papa le ha dado por hablar, y lo hace muy bien; habla
ex abundantia cordis, de lo que en su corazón abunda.
Pero como creo, amigo lector/a, que no dispondrás del
tiempo o la calma requerida para leer las 224 páginas de
esta Exhortación, te ofrezco una selección en 5 páginas
con las afirmaciones que considero más importantes.
Y si quieres solo una frase, quédate con ésta: “Vive un
deseo inagotable de brindar misericordia (…) y asume la
vida humana, tocando la carne sufriente de Cristo en el
pueblo” (n. 24).
[En el próximo número de esta Carta pubicaremos las páginas
con las afirmaciones más importantes]
Iglesia Nueva
Desde Bolivia Víctor Codina: “De una Iglesia envejecida y triste a un Iglesia joven y alegre”
En su última exhortación apostólica sobre el anuncio
del evangelio (Evangelii gaudium), en la que recoge
los aportes del Sínodo de Obispos de octubre de 2012
sobre la nueva evangelización para la transmisión de la fe
cristiana hoy, refleja el pensamiento y la hoja de ruta del
nuevo obispo de Roma
Desde el comienzo del documento y a lo largo de todo
él, aflora un sentimiento vivo de la alegría del evangelio
que llena el corazón y la vida entera de los que se
encuentran con Jesús, en contraste con el riesgo de
tristeza individualista, búsqueda de placeres superficiales
y el aislamiento del mundo actual. Esta alegría es la que
impulsa a los cristianos a evangelizar, a anunciar la buena
y siempre nueva noticia de la salvación y del amor de
Cristo. Por esto los cristianos no deben tener cara de
funeral ni de cuaresma sin Pascua, sino irradiar al mundo
la alegría de Cristo.
Esta alegría no es ingenua, pues reconoce los graves
desafíos de hoy: una economía que mata y que exige por
tanto del cristiano una postura de denuncia profética: no
a la economía de exclusión, no a la nueva idolatría del
dinero, no a un dinero que gobierna en lugar de servir.
Eso implica positivamente acentuar la dimensión social
de la evangelización y el compromiso de la Iglesia con
los pobres y los excluidos de la sociedad, de modo que la
Iglesia sea una Iglesia pobre y de los pobres, que escuche
su clamor y trabaje por su inclusión social.
Todo esto supone un gran cambio y conversión en la
Iglesia, una impostergable renovación eclesial de la
parroquia, de las diócesis y del mismo papado, una Iglesia
en estado de misión, que no se aferre a cosas que ya no
tienen sentido hoy, que supere el pesimismo estéril, la
mundanidad espiritual y las guerras y divisiones internas,
que abandone el clericalismo que no es cristiano, y
en cambio revalorice a los laicos y a la mujer, en unas
relaciones nuevas entre todos los cristianos, nacidas del
Señor.
Más allá de estas afirmaciones concretas, la exhortación
está corroborando y dibujando el nuevo estilo y modelo
de Iglesia que promueve Francisco.
De una Iglesia poderosa, distante, fría,
acartonada, miedosa, reaccionaria, de la cual la gente
se aleja y se va, a una Iglesia pobre, sencilla, cercana,
acogedora, sincera, realista, que promueve la cultura del
encuentro.
De una Iglesia moralista
obsesionada por
el aborto, el control de natalidad y el matrimonio
homosexual, a una Iglesia que va a lo esencial, recupera
el evangelio, anuncia la gran buena noticia de la salvación
en Cristo.,
De una Iglesia centrada en el pecado y que ha
hecho una tortura del sacramento de la confesión y una
aduana de la petición de sacramentos, a una Iglesia de
la misericordia de Dios, de la ternura, de la compasión,
con entrañas maternales, que refleje la misericordia del
Padre.
De una Iglesia centrada en ella misma,
autorreferencial, preocupada por el proselitismo, a una
Iglesia de los pobres, preocupada ante todo del dolor y
del sufrimiento humano, de la guerra, del hambre, del
paro juvenil, de los ancianos.
De una Iglesia encerrada en sí misma, reliquia del
pasado, con tendencia a mirarse el ombligo, con sabor
a invernadero, que espera que vengan los otros, a una
Iglesia que sale a la calle, callejea la fe, va a los márgenes
sociales y existenciales, a las fronteras.
De una Iglesia que discrimina a los que piensan
diferente, a los diversos, a una Iglesia que respeta a los
que siguen su propia conciencia.
De una Iglesia con tendencia restauracionista y
de vuelta atrás que añora el pasado, a una Iglesia que
considera que el Vaticano II es irreversible.
De una Iglesia con pastores encerrados en
sus parroquias, clérigos de despacho, que buscan
hacer carrera, que acaban siendo coleccionistas de
antigüedades, obispos siempre en aeropuertos, a
pastores que huelan a oveja, que caminen delante, detrás
y en medio del pueblo. De una Iglesia ONG piadosa,
clerical, machista, monolítica, narcisista, a una Iglesia
Casa y Pueblo de Dios, hogar, que respete la diversidad,
donde jueguen un papel relevante los laicos, las mujeres,
las familias.
De una Iglesia envejecida, triste, con gente con
cara de cadáver o sonrisas de azafata, a una Iglesia joven
y alegre, levadura y fermento en la sociedad, con la
alegría y la libertad del Espíritu, donde los jóvenes sean
protagonistas.
[Este texto de Víctor Codina está tomado de su artículo
“Teología de la liberación 40 años después. Balance y
perspectivas”, RLT septiembre-diciembre 2013].
9
Iglesia nueva
Un papa humano
Josefina Del Real
E
l Papa
Francisco
ha sido
declarado la
Persona del Año
por la revista Time
este 2013. Mirando
para atrás, hizo
algunas cosas
increíblemente
progresistas para
liderar la Iglesia.
Condenó
el sistema
financiero
mundial.
Por convertir
a los humanos
en los bienes
de consumo
prescindibles.
Condenó la violencia de la guerra civil en Siria. En lo que respecta al uso de armas
químicas en Siria, el Papa Francisco pidió por la paz y declaró que: “La guerra, nunca más.
La violencia nunca conduce a la paz, la guerra conduce a la guerra, la violencia lleva a más
violencia”.
Redirigió las
bonificaciones de los
empleados a caridades.
Cuando un nuevo Papa es
elegido, los empleados del
Vaticano reciben un bono. Tras su
elección, el dinero adicional fue dado
directamente a caridad.
Habló en contra de “obsesión” de la
Iglesia con el aborto, el matrimonio
homosexual y la anticoncepción. Con la
voz de la razón, Francisco conmocionó al
mundo católico al afirmar que la Iglesia tiene
una obsesión enfermiza con el aborto, el
matrimonio gay, y la anticoncepción. Criticó a
la Iglesia para poner dogma antes que el amor,
y por priorizar las doctrinas morales sobre
servir a los pobres y marginados.
Invitó a indigentes a su cena de cumpleaños. El Papa había decidido que
quería un pequeño evento de cumpleaños, hacer algo bueno, en lugar de
un evento grande y caro.
Instó por la protección de la selva de la Amazonía.
Durante su visita a Brasil, Francisco se reunió
con nativos quienes han estado batallando con
agricultores
10 y rancheros que tratan de invadir sus
tierras. Él alentó que el Amazonas sea tratado como
un jardín y protegido, junto con los nativos.
Papa Francisco
Reconoció que los ateos pueden ser buenas personas.
A principios de 2013, el Papa Francisco habló en contra
de la interpretación común dentro de la Iglesia que los
ateos, por naturaleza, son malas personas. Afirmó que,
“Los ateos deben ser vistos como gente buena, si lo
hacen bien”. Después de conocer al Papa, el presidente
abiertamente ateo de Uruguay, José Mujica, comparó a
Francisco con un vecino amistoso.
Abrazó y besó a Vinicio Riva. En noviembre, el Papa
Francisco recibió a Vinicio Riva, un hombre aquejado de
una enfermedad genética. Luchando dolores agonizantes
a diario, el acto del Papa restauró la fe de un hombre que
decía que normalmente era víctima de burlas en público.
Llevó a cabo una ceremonia en la capilla de una prisión
juvenil. En marzo, el Papa llevó a cabo una ceremonia
de semana santa en la cárcel para menores de Casal
del Marmo, en vez de hacerla en el Vaticano. Durante
la ceremonia el Papa lavó y besó los pies de 12 jóvenes
condenados para conmemorar el gesto de humildad de
Jesús hacia sus apóstoles la noche antes que muriera.
Durante la ceremonia, rompió la tradición al lavar los pies
de mujeres y musulmanes.
Se negó a alejar a un niño que se había quedado en el escenario para abrazarlo. Durante el año de celebración
de la fe, un niño corrió al escenario cuando el Papa estaba dando un discurso. Cuando los asistentes intentaron sacar
al niño, Francisco le permitió quedarse.
11
Iglesia nueva
“No dejen morir a las comunidades”
Pedro Casaldáliga
XIII Encuentro de Comunidades Eclesiales de Base en Brasil
Crónica editada de Luis Miguel Mondino
publicada en Periodista Digital
Culminó el XIII Encuentro de Comunidades
Eclesiales de Base de Brasil, que se celebró del 7
al 11 de enero de 2014.
Escribimos esta crónica el último día de esta gran fiesta
de las comunidades, de la Iglesia de base popular, de los
pobres y excluidos que claman justicia y que necesitan
voces proféticas para hacer realidad la utopía del Reino.
Empezamos reuniéndonos por regionales, 18 en todo
Brasil, para definir cómo seguir caminando y para
escoger la sede del próximo Intereclesial en 2017. Los
5,046 participantes del Encuentro, el mayor número en
la historia de los Intereclesiales, nos juntamos en una
oración ecuménica. Fue muy bueno la presencia de varias
confesiones religiosas, católicos, evangélicos, indígenas,
religiones de matriz africana, obispos, pastores y pastoras,
hombres y mujeres, que rezan y quieren encontrarse con
Dios.
Solemos hablar de ecumenismo, pero no es suficiente. Es
necesario tener momentos que muestren que podemos
rezar juntos, caminar juntos. Ver a un obispo católico
sentado al lado de una pastora evangélica o una “Mãe
de Santo” del “candomblê”, con sus raíces de religiones
africanas, es una clara señal que ayuda a avanzar en este
camino de la unidad.
12
Después cada regional presentó los compromisos, y al
final se leyó el resumen de todo lo que vivimos estos días.
Allí estaban los asesores del Encuentro, destacando la
presencia significativa de las mujeres y de la juventud,
como un desafío para cada comunidad. Nuestra vivencia
de fe está en la base, en las luchas de la gente. Es una
nueva forma de vivir la fe.
También fue presentada la Carta de los 72 obispos
participantes, que mostraron su alegría con la Carta del
Papa Francisco al Encuentro Intereclesial. Quieren dar
una palabra de esperanza y de ánimo, junto con las CEBs,
ante los sufrimientos de la gente. Insisten en la necesidad
de ser comunidades acogedoras, misioneras, atentas a
los problemas, samaritanas y solidarias. Reconocen que
las CEBs son la forma antigua y nueva de ser Iglesia.
Son la imagen de una Iglesia accidentada, herida, y
reafirman su empeño y compromiso en acompañar a las
CEBs. Quieren que construyamos una Iglesia misionera
y toda ella ministerial que fomente la participación y el
protagonismo de los laicos y laicas.
Iglesia nueva
También las CEBs presentaron su carta, resumen de todo
lo vivido en estos días, que será publicada en los próximos
días. Y tras la votación de los delegados, decidimos que
el XIV Encuentro Intereclesial será en la diócesis de
Londrina (Paraná), en el sur de Brasil, en 2017.
El padre Nelito destacó que se han implicado muchas
personas, parroquias, diócesis, regionales. Que aquí nadie
vino en nombre propio sino enviado por la comunidad
donde cada uno vive su fe. Así las CEBs expresan que son
la Iglesia en movimiento.
En la rueda de prensa final, estuvo presente un obispo,
Don Severino Clasen, responsable en el CNBB de la
Comisión del Laicado; un padre, Nelito Dornelas, asesor
nacional de las CEBs; una religiosa, Teo Frigerio y una
laica, Ana María Freitas. Se realizó una evaluación del
encuentro y se analizaron perspectivas de futuro.
Entre las preguntas cabe destacar las palabras de Don
Severino. Nos dijo que si el Papa Francisco lo quiere y las
bases también lo quieren, aunque el clero y los obispos
no lo quieran, la gente pasará por encima de ellos.
Añadió que es necesario repensar la formación de los
seminaristas para evitar actitudes clericales.
Don Severino empezó agradeciendo la presencia de
la prensa, que ayuda a divulgar y en consecuencia a
evangelizar. Destacó la convivencia con las familias que
gratuitamente nos acogieron tan cariñosamente, modelo
que debe ser llevado a las comunidades, para que sean
más familiares y cercanas. Destacó que las CEBs son la
forma normal de ser Iglesia, pues a través de la comunidad
se encauza todo. E insistió en que los laicos deben asumir
esta forma de ser Iglesia. Y el clero debe facilitarla.
La hermana Teo Frigerio habló del desafío de cómo
hacer presentes y vivas las CEBs en el mundo urbano, y
así organizar esta forma de ser Iglesia con la creación de
Consejos a diferentes niveles.
La hermana Teo Frigerio, vinculada al CEBI (Centro
Ecuménico Bíblico) insistió en una formación bíblicoteológica seria, dinámica, con capacidad de relacionarse
y entender la sociedad para ser fermento en la masa. Una
formación que llegue a las bases, a los laicos, para que
los ministerios que surjan no sean siempre dependientes
del clero.
Ana María Freitas, laica, coordinadora las CEBs en el
Regional Nordeste 1, que acogió este encuentro. Nos
hizo ver que el Encuentro Intereclesial no es sólo un
evento sino un proceso vivencial de un tema que dura
cuatro años. En ellos se difunde y se reflexiona en cada
comunidad sobre un tema para que sea conocido y
dirigido a la sociedad y a la Iglesia.
Para finalizar, el padre Nelito Dornelas destacó que esta
forma de ser Iglesia está apareciendo en otros lugares,
también en Europa. En Alemania las CEBs ya son una
de las prioridades del episcopado de aquel país. Terminó
Don Severino señalando la necesidad del diálogo con
toda la prensa, y de ser inteligentes, pues tenemos un
producto eterno para ofrecer, que es el Reino de Dios.
La prensa es un gran instrumento para colaborar en esta
misión.
En la celebración final hubo alegría, reflexión, compartir
el Evangelio y la vida. El obispo diocesano de Crato,
Don Fernando Panico, nos animó a nuestra reflexión
y celebración en estos días, a la profecía y la lucha por
la justicia. Y nos recordó las bellas palabras del Papa
Francisco: “No dejen morir a las comunidades”.
Las CEBs, la forma normal de ser Iglesia, están vivas y
son la solución a muchos problemas de la Iglesia y de la
sociedad. Vale la pena vivir la fe de esta forma tan rica y
que nos llena por completo. Sigamos caminando, pues el
tren de las CEBs ni paró, ni va a parar.
13
Iglesia nueva
Don Adriano Ciocca.
Mensaje de Pedro Casaldáliga al Encuentro
D
on Pedro envió el mensaje que publicamos a continuación. Fue
leído por el obispo actual de São Felix, Don Adriano Ciocca.
Después el Encuentro siguió su curso, con una celebración preparada
por los indios y con la presencia de obispos que no parecen obispos.
“De las tierras y de las luchas del Araguaia reafirmamos nuestra total comunión con el XIII Encuentro
Intereclesial de las CEBs. Acontece el encuentro en una hora de primavera eclesial, debemos vivir esta hora
con entusiasta responsabilidad, en un relanzamiento de las CEBs en la Iglesia de Brasil, en nuestra América.
El tema y el lema del encuentro son invitaciones y debemos y queremos vivirlos con nuestra espiritualidad y
con nuestra pastoral. El seguimiento de Jesús, con pasión, siempre a la busca del Reino, siendo profecía con
nuestra vida, forjando la Iglesia que soñamos, toda ella corresponsable, acogedora, libertadora, ecuménica,
samaritana, comprometida con las luchas y esperanzas de nuestro pueblo, entre la mística y la militancia, en
la opción por los pobres y excluidos.
Una Iglesia, toda ella, verdaderamente corresponsable, en compañía de tantos testigos que entre nosotros
vienen dando la vida en la prueba mayor del martirio, con una esperanza digna del pueblo de la Pascua que
nosotros somos.
Salimos del Intereclesial re-encendiendo la caminada, porque creemos que todo es gracia, que todo es
Pascua. Y a quien dice que ya pasó la hora de las CEBs le mando un abrazo del tamaño de nuestra utopía,
que es la utopía de Jesús, el Reino como don y como conquista. Amén. Axê, Auere, Aleluya. Iglesia misionera
y martirial”.
14
Iglesia nueva
“Las Comunidades Eclesiales de Base”. Ellacuría,
Puebla y Romero
Jon Sobrino
Ignacio Ellacuría, “La Iglesia de los pobres, sacramento
histórico de liberación” 1977:
“Las comunidades de base pueden servir de base a la Iglesia
del futuro en razón de su carácter de base…La teología de la
liberación se fija en que la “base” evangélica del Reino de Dios
son los pobres y que solo los pobre en comunidad pueden lograr
que la Iglesia evite tanto su institucionalización excesiva como su
mundanización…El peso masivo de la dedicación de Jesús a los
pobres, sus ataques no escasos a los ricos y a los dominadores,
la elección de sus apóstoles, la condición de sus seguidores, la
orientación de su mensaje, dejan pocas dudas acerca de cuál fue el
sentir de la voluntad precedente de Jesús”.
Obispos Latinoamericanos, “Documento de Puebla” , marzo
1979.
“Se comprueba que las pequeñas comunidades, sobre todo, las
Comunidades Eclesiales de Base crean mayor interrelación personal,
aceptación de la palabra de Dios, revisión de vida y reflexión sobre
la realidad, a la luz del Evangelio; se acentúa el compromiso con la
familia, con el trabajo, el barrio y la comunidad local… (n.629). Los
cristianos unidos en Comunidad Eclesial de Base, fomentando su
adhesión a Cristo, procuran una vida más evangélica en el seno del
pueblo, colaboran para interpelar las raíces egoístas y consumistas
de la sociedad, y explicitan la vocación de comunión con Dios y
con sus hermanos, ofreciendo un valioso punto de partida en la
construcción de una nueva sociedad, ‘la civilización del amor’ “(n.
642).
Monseñor Romero, “Cuarta Carta Pastoral”, 6 de agosto 1979:
“Una comunidad cristiana de base no tiene una finalidad en sí
misma, de lo contrario dejaría de ser fermento, dejaría de ser iglesia
y se convertiría en una secta. La finalidad de la comunidad cristiana
es la extensión del Reino de Dios. No puede proponerse a los
grupos cristianos como un lugar de refugio tranquilo y alienante,
sino como la profundización y la intensificación de un compromiso.
Así nos lo da a entender el Evangelio cuando nos propone la figura
de fermento, de sal y de luz. No se comprender que estos elementos
cumplan su función si el fermento no está dentro de la masa que
quiere fermentar. O la sal en la comida a la comida que quiere dar
sabor. O la luz en el sitio que quiere iluminar” (n.90).
15
Iglesia nueva
Conversión para quitar los grandes pecados
Cardenal Maradiaga
Para que haya reforma, la Iglesia debe luchar
para quitar los grandes pecados de este mundo.
Son muchísimos. El cardenal Maradiaga, en un
encuentro con periodistas en Berlín, Alemania,
mencionó los siguientes:
Latinoamérica padece de “fatiga democrática”. La ciudadanía
“está cansada de ir a votar para no conseguir resultados”.
Esta situación ha generado “una corrupción que es increíble,
acompañada de una gran impunidad”. Y ha ahondado la
desigualdad que es uno de los mayores problemas del continente.
No se han conseguido los Objetivos del Milenio, en las ocho
áreas (pobreza, salud, educación y genero, entre ellas) en las
que la comunidad internacional se comprometió a introducir
mejoras sustanciales entre 2000 y 2015. En concreto “no se ha
logrado reducir la pobreza a la mitad ni que la educación llegue
a todo el mundo”.
Los gobiernos no hablan del Milenio porque sería una fuente de
frustración. “La globalización ha sido un fracaso. Lo único que se
ha globalizado es el mercado. La globalización es una máscara
para un monopolio escondido”. El sector bancario global y los
medios de comunicación “están en muy pocas manos”.
Nunca produce bien ocultar la verdad
En otro orden de cosas, el cardenal Maradiaga ha criticado
abiertamente al cardenal Gerhard Müller, prefecto de la
doctrina de la fe, por sus declaraciones contrarias a cualquier
flexibilización de las leyes sobre el divorcio. Y le ha animado a
ser más flexible respecto a las reformas que se están abordando
en el seno de la Iglesia católica.
En una crítica inusual entre los altos cargos de la Iglesia, dijo que
el cardenal Gerhard Müller es “un profesor de teología clásico
que piensa demasiado en términos rígidos de blanco y negro,
de verdadero y falso. El mundo no es así, hermano, deberías ser
un poco más flexible ante otras opiniones”.
Esta historia, que suponemos veraz en lo sustancial, es una
pequeña anécdota, pero tiene su importancia. Los cardenales
de la Iglesia Católica no suelen hablar así en público. Pero
ojalá hubiese libertad de hacerlo, siempre con verdad y respeto.
Abriría el camino para la reforma de la Iglesia.
16
Derechos Humanos
2013, más o menos...
Benjamín Cuellar
Al hacer el recuento de lo ocurrido durante el
año pasado con el lente de los derechos humanos y
verificar la opinión de la gente que sufre día a día sus
consecuencias, no hay duda: la delincuencia y la violencia
continúan siendo el azote que castiga a la población,
sobre todo a las mayorías populares que en nuestro país
han sido históricamente las víctimas eternas de un (des)
ordenamiento social, fruto de intereses egoístas y hasta
perversos de grupos dominantes privilegiados. ¿O no
es así? En la evaluación anual realizada por el Instituto
Universitario de Opinión Pública (IUDOP), el 60% de
las personas consultadas dijo que la criminalidad había
aumentado; esa es, pues, su principal angustia a la que
le sigue el casi 40% que consideró peor su situación
económica. Así pasaron entonces el 2013 los sectores
que antes, durante y después de la guerra han puesto
los muertos de una larga e interminable lista de terror y
temor.
Previo al fin de la misma, fallecían violentamente por
la necedad de esos grupos que se oponían a cambiar las
“reglas del juego” en El Salvador, en función de preservar
sus ventajas. Morían miles y miles a causa de la represión
oficial y la violencia política; también en el campo de
batalla pues la casi totalidad de combatientes, sin
importar el bando, provenían de la pobrería. Y terminado
el conflicto armado siguieron perdiendo la vida porque
un par de esas “reglas”, al menos, no cambiaron; más
allá de la “paz” pactada entre los bandos beligerantes,
en el “nuevo país” continuaron vigentes dos sistemas: el
económico y social excluyente y desigual, junto con el
de justicia una penal que funciona o no, como siempre,
dependiendo de quién es la víctima y quién el victimario.
Del primero, vale la pena detenerse un momento en
lo que señala el Programa de las Naciones Unidas para
el Desarrollo en su informe del 2013 sobre la situación
nacional en la materia. Alrededor de la mitad de los
hogares –se afirma– “vive en situación de pobreza”, lo que
impacta más a la infancia y la adolescencia; el documento
también da cuenta de la considerable cantidad de menores
de cinco años que “sufre desnutrición crónica” y del
elevado número que crece sin padre, madre o sin ambos.
Lo que sigue es contundente y preocupante, al señalar
que en tal escenario “la satisfacción de las necesidades
básicas y las opciones de desarrollo se comprometen
fuertemente. Además de ponerse en riesgo muchas
vidas, se cimenta una sociedad marcada por profundas
inequidades y exclusiones prácticamente insuperables en
años futuros, lo cual condiciona la sobrevivencia de la
sociedad salvadoreña en su conjunto”.
Y las responsabilidades de esa crítica situación se
evaden simplemente. Los poderosos de siempre se han
pasado quejando, durante el Gobierno que está por
terminar, del clima político desfavorable que ahuyenta
la inversión nacional y extranjera; pero cuando tuvieron
en sus manos el Ejecutivo después de la guerra, nunca
hicieron algo por procurar equidad en la distribución de
la riqueza. Y los que antes pedían su oportunidad para
logra el “cambio”, hoy derrochan sin sentido ni ética -al
igual que sus contrarios- millones y millones de dólares
para mantenerse en Casa Presidencial mientras hay tanta
gente sobreviviendo en condiciones inhumanas.
Pero por encima de esa muerte lenta extendida entre
la población, que siguió obligándola al éxodo forzado y
riesgoso en busca de oportunidades que no encuentra
en el país, es mucha la gente que también continuó
desplazándose en el 2013 -dentro y fuera del territorio
nacional- por la sempiterna muerte violenta que no la
dejó vivir tranquila. Según datos del Instituto de Medicina
Legal (IML), por lo menos fueron 2,492 personas las
asesinadas a lo largo del año. Vista tal cantidad desde la
frialdad de las estadísticas, la misma representa el 3.93 %
menos que el año anterior. De eso presume el Gobierno
del “cambio”, como en su momento lo hizo Mauricio
Sandoval cuando era director general de la Policía
Nacional Civil (PNC) durante la presidencia de Francisco
Flores. El 11 de diciembre del 2002, Sandoval declaró
que hasta ese día se habían registrado 1,953 asesinatos;
para éste, el promedio de seis muertes violentas diarias
ofrecía una “mala imagen” del país fuera de sus fronteras.
Ese año finalizó, según el IML, con 2,346; es decir, 146
menos que en el 2013.
La “reducción” actual de la cual se vanaglorian las
autoridades de seguridad es cierta, como también lo fue
la que se produjo de 1999 en adelante. Y fue aun más
drástica pues entre 1995 y 1997, según el desaparecido
Consejo Nacional de Seguridad Pública, alcanzó el
terrorífico promedio anual de 7,211; ello representaba
entonces para la sociedad salvadoreña, la inmolación
inaceptable y estúpida de alrededor de veinte personas
al día. Pero dos años después de 1997, los resultados
comenzaron a cambiar. En 1999 fueron 2,270 las
víctimas, en el 2000 sumaron 2,341, en el 2001 subieron
a 2,374, en el 2002 bajaron a las 2,346 ya mencionadas,
en el 2003 pasaron a ser 2,388 y en el 2004 se elevaron
17
a 2,933. Derechos Humanos
En todos esos años, menos uno, la cantidad de
muertes violentas -la inmensa mayoría producto del uso
de armas de fuego- fue menor que la del 2013. Fue en
el 2004 cuando la curva de muerte comenzó un nuevo
ascenso casi continuo que llegó hasta las 4,382 víctimas
en el 2009. El 2011 terminó con 4,371 según cifras
policiales y después… ¡Hágase la tregua! Y la tregua se
hizo en marzo del 2012, pero solo entre las maras que
siguieron sin darle tregua a la población.
Nadie en su sano juicio debería cuestionar que haya
menos muertes violentas en el país; al menos en mi caso,
desde la dirección del Instituto de Derechos Humanos
de la Universidad Centroamericana (IDHUCA), no lo hice
ni durante la administración Flores ni durante la que
está por finalizar. Pero sí hay que señalar con claridad
dos cosas importantes: que la situación de las mayorías
populares sigue siendo inaguantable y que eso es culpa
de los malos políticos que han conducido este país
después de la guerra.
Lo es porque la sangre sigue corriendo allá en el adentro
y el abajo del país, como siempre. Y corre en abundancia,
porque no son pocas las familias que siguen enterrando
sus muertos; pero tampoco son pocas las que andan
buscando sus desaparecidos para desenterrarlos. En esto
último coinciden tanto José Miguel Fortín Magaña como
Rodolfo Delgado, director del IML y jefe de la unidad fiscal
contra el crimen organizado, respectivamente. El primero
sostiene hay una disminución real de los homicidios, pero
porque se ocultan los cadáveres. “Estoy seguro” de eso,
afirmó Fortín Magaña. Delgado, por su parte, declaró
que en el 2013 “definitivamente las acciones criminales
tendentes a la comisión de delitos de homicidios no se
han detenido y lo que ha sucedido es que simplemente
los pandilleros ocultan los cadáveres de sus víctimas”.
A este par se suma el director de la PNC, Rigoberto
Pleités, quien reconoció que las desapariciones forzadas
en el 2013 aumentaron y que “posiblemente” muchos
de estas personas buscadas por sus parientes ya fueron
asesinadas. Hasta el primer día de diciembre del año
pasado, se reportaban por lo menos 1,070 desaparecidas;
en el 2012 sumaban 545 hasta esa fecha.
En El Salvador de la “paz”, la “alternancia” y el cambio
-como tantas veces lo he afirmado en este y otros
espacios- siguieron presentes el hambre y la sangre; pero
también la impunidad y la politiquería irresponsable.
En el 2013, hay que recordarlo también como parte del
balance anual, se cumplieron dos décadas del asomo de
la posibilidad de cambiar a fondo las cosas y de su muerte
sumarísima. El informe de la Comisión de la Verdad
apareció el 15 de marzo de 1993, como la más preciosa
y preciada oportunidad para que todos los responsables
principales de las atrocidades, tanto las ocurridas antes
18
como durante la guerra, reconocieran sus culpas y fueran
sentenciados por el sistema de justicia, para que sus
víctimas -dentro de la dinámica de ese mismo sistema
y de otras formas de justicia en la transición- decidieran
perdonar libre e individualmente, sabiendo a quién y por
qué.
Pero no. La decisión política fue el perdón y el olvido
generales, sin consultar a las víctimas. Tal herencia
maldita -esta sí- legitimaron a futuro las ejecuciones
sumarias, las desapariciones forzadas, las masacres, la
tortura y el desplazamiento obligado por la violencia. Con
la “alternancia” y el “cambio”, cambió el discurso pero
no la práctica. Se pidieron perdones generales, pero
se siguieron perdonando generales; hasta se les bridó
un lugar donde esconderse cuando el largo brazo de la
justicia universal los pretendió atrapar.
Súmese a todo lo anterior el uso politiquero electoral
de la violencia, la muerte y el dolor que producen entre
las mayorías populares, como ocurrió en el 2003 cuando
Flores le declaró la guerra a las maras en función de ganar
los comicios del 2004 y con ello volvió a incrementar las
muertes violentas. También el que va de salida hoy, en su
discurso del 11 de noviembre del 2007, dijo sobre el que
quiere volver lo siguiente: “Siendo candidato, el presidente
Saca aseguró que durante su Gobierno a los malacates
se les acabaría la fiesta. Nosotros sí combatiremos la
delincuencia, nosotros sí acabaremos con la fiesta que
hoy celebran los delincuentes”. Hoy Norman Quijano,
otro de los aspirantes, acusa a Funes de haber pactado
con criminales y afirma que él no les dará tregua. ¿Será?
En el mencionado discurso, antes de arremeter
directamente contra Saca, Funes dijo que el mes anterior
-octubre del 2007- la tasa promedio de asesinatos había
sido de diez diarios. “Para las autoridades de seguridad
pública -agregó- que hoy se cometan dos o tres
asesinatos menos al día de los que se cometían hace tres
años es un éxito. Para los y las salvadoreñas [sic] solo
cuando nuestros hijos puedan vivir con seguridad, solo
cuando podamos salir a nuestros trabajos o regresar de
ellos sin el temor de ser asesinados, solo cuando dejemos
de vivir en la zozobra diaria de que algo nos pueda
ocurrir, entonces podremos hablar de que las políticas
de combate a la delincuencia están dando resultados.
Mientras tanto, mientras eso no ocurra, el fracaso es
visible y la necesidad del cambio se acrecienta”.
Por todo lo anterior, con tres muertos diarios menos
que en octubre del 2007 pero con más desaparecidos,
al final del 2013 e inicio del 2014 sigue siendo visible el
fracaso y la necesidad del cambio. Pero el cambio desde
abajo y desde adentro, porque desde arriba y afuera
-desde el mundo de los que tienen poder político y
económico- no se va a poder nunca.
Nuestra realidad
La familia hoy
José María Tojeira
A
caban de aparecer dos documentos que insisten en la
importancia de la familia para impulsar un desarrollo
humano con valores, con solidaridad y confianza en
el futuro. Me refiero al mensaje del papa titulado La alegría
del Evangelio y al Informe sobre Desarrollo Humano de
El Salvador, 2013, del PNUD. Contemplar los problemas
de la familia en general nos ayudará a descifrar los pasos
necesarios para mejorar nuestra realidad.
1. La situación de pobreza en la que vive una buena
proporción de nuestras familias es probablemente uno
de los problemas que más la afectan. La pobreza crea
decepciones, lleva a asumir riesgos y a veces a entrar
en caminos que conducen a situaciones violentas o sin
salida. Los sueldos miserables, como el salario mínimo
agropecuario, impulsan definitivamente a la migración,
golpeando en muchos casos a la unión familiar y su
propio equilibrio emocional. También la violencia de
nuestro entorno, con sus niveles de muerte, extorsión
e impunidad, daña a la familia y motiva a abandonar El
Salvador. Somos una sociedad que expulsa a su gente
y que no ha logrado detener esa sangría de personas
buenas que abandonan su tierra desde hace ya muchos
años.
2. Tenemos una cultura en exceso consumista. El
crédito bancario se ha deslizado peligrosamente desde
la producción hacia el consumo. Aunque el consumo no
es malo, el consumismo sí afecta negativamente a la vida
familiar. Es la tendencia inmoderada a adquirir, gastar o
consumir bienes, no siempre necesarios. Demasiadas
familias se han visto envueltas en graves crisis debido al
consumismo. O han desarrollado criterios que destruyen
la unión interna y la solidaridad que comienza en la
familia y que es indispensable para la cohesión social.
3. A estos problemas que golpean a nuestras familias
se añade la corrupción, incrustada en nuestra sociedad
tanto en los altos niveles del negocio como en la política.
Aunque aparentemente la corrupción esté al margen de
la familia, algunos sectores de la clase política han dado
tan pésimo ejemplo que acaban debilitando ese mundo
de valores que la familia debía construir y soportar.
La institución familiar es la gran escuela de amor y
solidaridad, de diálogo y capacidad de entendimiento. La
corrupción de los poderosos, sean grandes empresarios
o dirigentes políticos, crea unos ambientes que impulsan
al egoísmo individualista, al aprovechamiento del prójimo
y a la destrucción del concepto de lo público como el
lugar preferente del ejercicio de la solidaridad. Al final,
muchas de nuestras instituciones resultan profundamente
excluyentes por la corrupción de las élites. Corrupción que
aunque no sea ilegal en su totalidad (nuestro sistema legal
es demasiado permisivo para los delitos económicos),
sí muestra una voracidad egoísta e individualista que
contrasta con el espíritu solidario de la familia.
4. En este contexto, si se quiere defender a la familia, hay
que tener más visión y apertura que ciertos movimientos
que se proclaman a sí mismos como defensores de la
indispensable institución. Los golpes fundamentales a la
familia no vienen de leyes injustas, sino de una cultura
insolidaria que deja al pobre sin el apoyo necesario
para desarrollar sus capacidades. De un modo de
pensar y actuar que se preocupa más por el dinero que
por el prójimo, que fomenta la exclusión y las graves
desigualdades sociales, y que deja a los individuos a
merced de la ley del sálvese quien pueda. Algunos de
nuestros millonarios, con su voracidad, sus lujos
excesivos y su desprecio por los pobres, han sido
más destructivos de la familia que quienes desde las
ideologías erróneas proclaman doctrinas o pensamientos
enfrentados con la cohesión y unión familiar. Mientras
nuestra cultura no se torne mucho más solidaria,
difícilmente solucionaremos los problemas de la familia.
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Sexualidad Liberadora
Cuaderno CMR No. 30
En este cuaderno presentamos dos textos sobre temas
que no suelen ser tratados con frecuencia en nuestra
publicaciones, ni en revistas religiosas, ni en homilías:
la sexualidad humana. Y tampoco es tratado en cartas
pastorales de los obispos. Sin embargo la sexualidad es
una realidad del ser humano fundamental y fundante.
Puede y debe vivirse de forma humanizada y humanizante
para la sociedad, y puede vivirse de forma inhumana y
deshumanizante..
El primer texto es de Margarita Bofarull, religiosa del
Sagrado Corazón y doctora, con amplios conocimientos
sobre el tema de la sexualidad. En el texto analiza en primer
lugar las diversas dimensiones de la sexualidad. En segundo
lugar ofrece la visión cristiana de la sexualidad, desde la
perspectiva de la Biblia, y analizando los lugares en los que se
habla de ella más explícitamente: el Génesis, el Cantar de los
Cantares, el trato de Jesús con la mujer. Y en tercer lugar, ofrece
algunas pistas para vivir una sexualidad liberadora. Con el adjetivo
“liberadora” la autora enfatiza no solo que el ejercicio de la sexualidad
debe ser humano, sino que debe luchar contra los peligros que la pueden
aprisionar. En concreto, el sometimiento, a través de la sexualidad, de unos
a otros. En nuestro mundo y en nuestra época, normalmente el hombre suele someter a la mujer.
El segundo texto es de Cristián Barría Iroumé, médico psiquiatra, profesor de la Universidad Alberto Hurtado de
Santiago de Chile. Aborda trece problemas relacionados, que en la teología moral actual no encuentran una solución
plausible. Mencionemos algunos.
- Los laicos católicos no han aceptado normalmente la enseñanza de la iglesia sobre la regulación de la natalidad.
- Los teólogos mayoritariamente, y muchos sacerdotes, discrepan de la enseñanza oficial en el tema de la sexualidad.
- Muchos obispos piden un nuevo estudio de la enseñanza en moral matrimonial.
- La enseñanza de 1968 sobre la anticoncepción fue decidida en contra del consejo de los propios expertos de la
iglesia.
- Las mujeres han adoptado mayoritariamente la regulación de la natalidad.
El artículo termina con una reflexión metodológica importante. Así como la Iglesia, a partir de León XIII, hace unos
cien años, ha hecho progresar la enseñanza social en diálogo y en mutua fecundación con las ciencias humanas y
modernas, así ahora la iglesia católica debiera dar paso a un diálogo con las ciencias y a una puesta al día de su
pensamiento moral y de la sexualidad. Eso ayudará a los cristianos a vivir mejor la sexualidad a la luz del Evangelio y
más en consonancia con lo mejor de la realidad histórica.
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