2004, síndico, incidente de verificación tardía de créditos, condena

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JURISPRUDENCIA PROVINCIAL
DOCTRINA PLENARIA
¿Corresponde regular honorarios específicos al Síndico por la labor desplegada en
ejercicio de sus funciones, en un incidente suscitado en un concurso o quiebra, en que
se han impuesto las costas a cargo de un tercero?
Autos “CANTARERO, EMILIO MARCELO c/ CONSIC S.R.L. – INCIDENTE” Expte.
N° C-28197/97/98 del Juzgado de Primera Instancia de Concursos, Quiebras y Sociedades
2ª Nominación; Expte. N° 56344/02 de la Sala Quinta, Expte. N°578/03 de la Cámara de
Apelaciones en lo Civil y Comercial.
LA CÁMARA DE APELACIONES EN LO CIVIL Y COMERCIAL DE LA
PROVINCIA DE SALTA
I) RESUELVE que corresponde regular honorarios específicos al Síndico por la
labor desplegada en ejercicio de sus funciones, en un incidente suscitado en un
concurso o quiebra, en que se han impuesto las costas a cargo de un tercero.
II) CÓPIESE, regístrese, notifíquese y vuelva a la Sala de origen.
FALLO COMPLETO
En la ciudad de Salta, a los ocho días del mes de octubre del año dos mil cuatro en
la Cámara de Apelaciones en lo Civil y Comercial de la ciudad de Salta, integrada por los
Dres. Susana K. de Martinelli, Liliana Loutayf Ranea, Luis R. Casermeiro, Roberto G.
Loutayf Ranea, Marcelo R. Domínguez, Graciela Carlsen, José G. Ruiz, Mario R.
D’Jallada, Oscar G. Koehle bajo la Presidencia del Dr. Alfredo Amerisse, siendo horas diez,
formando Tribunal Pleno, en autos “CANTARERO, EMILIO MARCELO c/ CONSIC
S.R.L. – INCIDENTE” Expte. N° C-28197/97/98 del Juzgado de Primera Instancia de
Concursos, Quiebras y Sociedades 2ª Nominación; Expte. N° 56344/02 de la Sala Quinta,
Expte. N°578/03 de la Cámara de Apelaciones en lo Civil y Comercial con el objeto que se
fije la doctrina legal aplicable sobre el siguiente tema sometido a plenario: ¿Corresponde
regular honorarios específicos al Síndico por la labor desplegada en ejercicio de sus
funciones, en un incidente suscitado en un concurso o quiebra, en que se han impuesto las
costas a cargo de un tercero?, transcribiendo los votos emitidos por los Señores Jueces de
Cámara de acuerdo al orden de sorteo establecido a fs. 300.
Los Dres. Oscar G. Koehle y Mario R. D’Jallad, dijeron:
I) Como surge de la resolución de fs. 234/236 que motivara el presente plenario, la
Sala Quinta que integramos ha tomado desde su creación, la posición unitaria respecto de la
materia objeto de la convocatoria, siguiendo la adoptada por el plenario “Rodríguez
Barros” de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Comercial (ED, t. 94, pág. 473), y ha
negado el derecho al síndico a una regulación de honorarios diferenciada a cargo del
acreedor. La convocatoria obliga a una nueva reflexión sobre el tema, la que nos lleva a una
conclusión opuesta a pesar de entender que los argumentos sobre la unidad en la
oportunidad, en la valoración total del trabajo sindical y en la determinación de la
regulación de sus honorarios, constituyen principios emergentes de la misma ley concursal
24.522 que deben tratarse de respetar, salvo cuando su aplicación irrestricta pudiere
producir efectos jurídicos disvaliosos.
II) Cuando se trata de fijar la retribución del Síndico concursal, debe tenerse
presente que se trata de un funcionario del concurso cuyas funciones, deberes, facultades y
derechos están fijados en la misma ley, y lo que se busca es determinar la valoración
adecuada en el ejercicio de tales actividades y fijar la remuneración acorde a su trabajo. Sin
que sea menester adentrarse en la árida especulación acerca de la naturaleza jurídica de la
sindicatura concursal, basta con señalar que es el art. 251 de la ley 24.522 vigente que lo
caracteriza como un funcionario del concurso. Los artículos siguientes hasta el 258 y 275
regulan la forma de su designación, funciones y derechos, los que son completados con las
demás normas que indican su actuación en cada caso y en cada una de las diferentes etapas
del procedimiento. Importa destacar para el caso que la cuestión sometida a juicio se trata
de la actividad del Síndico en la pretensión de un acreedor para que se le verifique
tardíamente el derecho a la escrituración de un inmueble.
En el fallo plenario de la Cámara Civil y Comercial de Rosario que podríamos
denominar “Auto Sprint II”, de fecha 27 de diciembre de 1999 (JA 2000-II-155), último
sobre el tema dictado por el pleno de un Tribunal de apelaciones, al menos hasta donde
llega nuestro conocimiento, se ratifica el plenario anterior del Tribunal (Auto Sprint I del
12/6/89, JA 1989-III-517), que describe y resalta con claridad por un lado, la necesidad y
esencia en todo proceso concursal, de la etapa informativa que determina la real
composición del pasivo del deudor, mediante la verificación de créditos tanto tempestiva
como intempestiva (tardía), y las cuestiones que puedan suscitarse en su determinación
(revisión); y por otro, el rol del Síndico en esa etapa informativa. Allí, se destaca su
condición de órgano técnico auxiliar de la magistratura, de actuación imparcial y objetiva,
que no sustituye ni al deudor ni a los acreedores, similar a la de un perito (voto del Dr.
Adolfo Rouillon y ampliación del Dr. Ricardo Silvestri en Auto Sprint II, 27/12/1999, JA
2000-II-155).
III) El art. 265 establece en sus cinco incisos cuáles son las oportunidades en que
debe practicarse la regulación de los honorarios, las que se prevén para después de
cumplidas las etapas conclusivas de los diferentes procesos concursales. Los artículos
siguientes disponen cómo van a ser cuantificados esos estipendios, según sea el supuesto
considerado. Esas normas demuestran que el sistema regulatorio trata de ser autosuficiente,
lo cual no es más que una consecuencia de que, como es sabido, todo el régimen concursal
es autónomo, esto es, tiende a bastarse a sí mismo buscando no tener lagunas y encontrar
las soluciones sin necesidad de recurrir a normas extraconcursales.
Cuando llega esa oportunidad regulatoria, la etapa informativa general debiera
encontrarse totalmente cumplida si todos los interesados se hubiesen presentado en el
tiempo señalado en la ley y en al auto de apertura del concurso preventivo o la declaración
de quiebra, y hubiesen consentido la resolución dictada sobre las solicitudes de verificación
de créditos. En tal caso, el trabajo del funcionario habrá sido el necesario, y completo, sin
requerir labores adicionales. La retribución del Síndico fijada entonces será a cargo del
concurso y “total” como señala el art. 266 de la ley 24.522.
IV) Sin embargo la experiencia demuestra que ello no es así y que muchos
acreedores se presentan en forma tardía, lo que también está aceptado por la ley (art. 56), y
que algunos de ellos o el deudor no se conforman con la decisión adoptada por el juez sobre
los créditos y promueven, de acuerdo al art. 37 de la ley, los incidentes de revisión
tendientes a que se acepten sus observaciones. En tales supuestos, a pesar de que el Síndico
ha debido presentar antes el informe general establecido en el art. 39 inciso 2 de la ley con
el estudio de todo el pasivo del deudor, además del parcializado sobre las peticiones
presentadas en tiempo propio por los acreedores (art. 35), lo cierto es que esta labor es de
carácter eventual y no necesaria, debe ser realizada por el Síndico. No puede negarse
entonces, sobre todo en el caso de verificación tardía, que constituye una tarea agregada, un
“plus” que efectivamente debe hacer el funcionario consumiendo tiempo y esfuerzo
adicionales, cuyo costo, cuando no se debe a su falta de pericia o diligencia, ni tampoco
afecta al concurso, ha sido puesta por la jurisprudencia, como principio, a cargo del tercero,
justamente por provocar la acción jurisdiccional fuera del tiempo propio fijado en la ley.
V) Como este es el supuesto de hecho sujeto al juicio del presente pleno que incluye
el presupuesto de la condena en costas al tercero, la valoración y retribución de esas tareas
adicionales al tiempo de la regulación general, en las oportunidades previstas en los
supuestos del art. 265 importaría, de hecho, modificar la condena en costas impuestas en el
incidente respectivo, liberando de tal modo al tercero condenado a pagarlas, y haciéndolas
abonar por el concursado sin que esté condenado a satisfacerlas.
Si por el contrario, no se hace en esas oportunidades la valoración, ni fija la
retribución por esas tareas adicionales, por las que se ha impuesto las costas al tercero, éste
también quedaría liberado a costa del síndico quien se encontraría sin remuneración por ese
trabajo o servicio que no se presume gratuito por ser propio de su profesión, según el art.
1627 del Cód. Civil. Habría en tal caso un empobrecimiento del funcionario por la pérdida
de remuneración por la tarea adicional hecha, y un enriquecimiento del tercero por la
liberación de la condena impuesta. En ese sentido se ha pronunciado el plenario de la
Cámara Nacional de Apelaciones en lo Comercial conocido como “Cirugía Norte S.R.L.”,
del 29 de diciembre de 1988 (ED t. 131, pág. 417), criterio que tenía la Suprema Corte de
Buenos Aires (LL 1987-E pág. 471) y que ha sido compartido por la Suprema Corte de
Mendoza, en fallo del 27 de noviembre de 1991 (ED t. 150, pág. 197), y por el Superior
Tribunal de Justicia de Córdoba, el 18 de abril del 2000 (ED t. 190, pág. 241). En el orden
local es el de la Sala Tercera de esta Cámara de Apelaciones (año 2002, págs. 57/64).
De modo que como las señaladas son las consecuencias disvaliosas que se producen
al negarse la regulación de honorarios a favor del síndico, y por consiguiente su posibilidad
de percibirlos, cuando se produce la situación de hecho que motiva la convocatoria,
corresponde apartarse del principio de unidad de remuneración en el supuesto motivo de la
presente convocatoria y reconocer el derecho de éste órgano concursal a percibir una
retribución por esas tareas adicionales efectuadas, cuando un tercero ha sido condenado en
costas. Sin olvidar la observación hecha por los Señores Jueces que votaron en primer
término en el plenario de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Comercial conocido
como “Cirugía Norte S.R.L.” del 29/12/88, en el sentido que al momento de la regulación
se tenga presente que solamente debe regularse por el trabajo diferenciado ya que al tiempo
del informe general hecho por el síndico, “habrá conocido todo el pasivo del concursado
aunque los titulares de la posición activa de tales relaciones creditorias no hubieran
requerido verificación”, lo cual es retribuido al cabo del procedimiento y a cargo del deudor
(ED, t. 131, pág. 417). Por consiguiente, votamos por la respuesta afirmativa.
La Dra. Susana K. de Martinelli, dijo:
Antes de entrar en el análisis de la cuestión que motivara el plenario es menester
dejar claramente establecidas, como punto de partida, las funciones que cumple la
sindicatura en el proceso concursal. En este sentido cabe señalar que: “La sindicatura es un
órgano fundamental dentro del proceso concursal y, al igual que el Juez, es órgano
necesario e insustituible, teniendo amplias facultades pero a la vez deberes que le son
inherentes. Entre los deberes que la ley concursal impone a la sindicatura ocupa un lugar
destacado el de colaboración para cuyo logro se requiere que el funcionario despliegue una
intervención activa y útil en cada una de sus presentaciones en cumplimiento de su función
primordial de auxiliar de la justicia” (Fallos, Sala I año 2001 fs. 643/646).
Expresa Segal (Sindicatura Concursal, pág. 164, Ed. Depalma, 1978) que las
acciones que ejerce el síndico se establecen en interés de la ley y no de los acreedores, por
lo cual su función no es representar sino cumplir con las obligaciones impuestas en la órbita
de su competencia legal. En el sistema de la ley, el síndico, con una multiplicidad de
funciones judiciales, administrativas y de gestión, tiende a lograr el propósito de la
ejecución colectiva, sea administrando por sí o con un coadministrador o liquidando, bajo
la tutela superior del juez de la quiebra.
Como integrante de la Sala I de esta Cámara he sostenido respecto de los honorarios
del síndico, como funcionario del concurso o de la quiebra y en tanto que auxiliar del juez,
que: “Al síndico, como funcionario de la quiebra, le corresponde la retribución que fija la
ley concursal y a tenor de las modalidades impresas en la misma ley en lo que se refiere al
monto y oportunidad de la regulación, no aplicándose las disposiciones de leyes locales. La
ley consagra el principio de la “unicidad de la regulación” estableciendo también la
oportunidad en la que debe practicarse la justipreciación de los honorarios, fuera de las
cuales no se admiten regulaciones fragmentarias, por lo que el síndico tiene previsto un
mecanismo de regulación que incluye, en la oportunidad debida, la totalidad de los trabajos
realizados durante el juicio. No procede la segmentación de sus honorarios por vía de
regulaciones parciales, como serian los honorarios derivados de un incidente en el juicio
(ED 63-314; Fallos Sala I año 1987 fs. 442/443; 1989 fs. 11/13). Dicha regulación no es
viable ni aun en el supuesto que mediare condena en costas a la parte extraña al juicio
universal ya que, además, el síndico no se halla comprendido en las disposiciones que fija
el arancel de los abogados y procuradores por lo que mal pueden aplicárseles dichas
disposiciones. El síndico no es un procurador ni desempeña actividad de ésta índole sino
que es un representante necesario de la masa que tiene un modo expreso de retribución en
la ley de la materia (Fallos Sala I año 1987 fs. 442/443; 1989 fs. 11/13; 1991 fs. 430/431;
1999 fs. 276/279 y 457/458).
Debe tenerse en consideración que en el fallo plenario de esta Cámara dictado con
fecha 6 de abril de 2000 sobre la “apelabilidad o inapelabilidad de la resolución de primera
instancia que rechaza el pedido de quiebra formulado por el acreedor” –en la opinión
vertida por la mayoría- se ha defendido la autosuficiencia del texto legal en los concursos y
quiebras estableciendo, como criterio general, que el proceso concursal (tanto para el
remedio preventivo como para las quiebras) desde su nacimiento y hasta su extinción, a
través de las distintas soluciones que el ordenamiento vigente contempla, tiene una vida
propia y prevé una reglamentación especial que debe imperativamente aplicarse. Estos
principios de que la ley concursal se basta a sí misma son de plena aplicación al caso
motivo de este plenario, por lo que si la ley no ha regulado el caso, en forma expresa, no
debe admitirse la regulación de honorarios a la sindicatura fuera de las oportunidades y en
los casos previstos en la misma, aun cuando el condenado en costas fuera un tercero.
Segal (ob. cit. págs. 231 y ss.) plantea el supuesto de imposición de costas y
regulación de honorarios en la verificación de créditos y otras causas y si bien parte de la
base de que en el régimen de la ley no se admite el fraccionamiento o segmentación de la
regulación de honorarios de la sindicatura por cuanto debe ajustarse a las pautas de la
normativa concursal, luego analiza la existencia de dos posturas en el caso de las
verificaciones tardías, o aunque no fueren tardías pero que se realizan mediante el
procedimiento incidental, inclinándose por aquella que admite la regulación de honorarios
del síndico porque la carga de las costas debe recaer en quien no se presentó en tiempo y
forma a demandar la verificación de su crédito y hace extensión de este principio a los
concursos especiales. No obstante el desarrollo que realiza, luego expresa (pág. 329) que el
principio que más compatibiliza con la ley concursal es el de la unicidad de la regulación,
vale decir, de la regulación única por la totalidad de los trabajos efectuados en el juicio
falencial. Manifiesta que nada contrapone aquel mencionado principio de no gratuidad de
los trabajos profesionales con el de la retribución en el modo, oportunidad y monto que la
ley preceptúa. Siendo así - dice – el síndico debe ser remunerado en virtud de una
regulación única, no segmentada por cada intervención o conjunto de participaciones, el
crédito por honorarios. Y agrega, que haciendo una correcta aplicación de la normativa
legal, se ha negado la procedencia de la regulación cuando se trata de incidentes en que el
síndico ha intervenido en virtud de sus funciones propias.
Igualmente Bacarat (“Costas y Honorarios en el Procedimiento Concursal”, Ed.
Juris, págs. 83 y ss.) formula idéntico interrogante, poniendo de resalto que se trata de una
cuestión dudosa y controvertida que sobrevive a pesar de la reforma que introduce la ley
24.522 al régimen falencial. Citando un fallo plenario de la Cámara Civil y Comercial de
Rosario señala que se sentó el criterio de que la labor del síndico y su letrado ante la
verificación tempestiva y los procedimientos de ella derivados (impugnación, revisión) no
constituye tarea “extra” que exceda el trabajo sindical que se pondera en la oportunidad que
marca el art. 288 de la ley 19.551. Tampoco es tarea “extra” la intervención de la
sindicatura en los incidentes de verificaciones tardías, por cuanto si hay mayor tarea por la
verificación tardía, habrá menor trabajo en la tempestiva y considera al síndico como
auxiliar técnico del juez y no un contradictor legítimo, respecto de lo que el autor
manifiesta no estar de acuerdo (págs. 85/87). El mismo autor cita también el plenario
“Cirugía Norte S.R.L. s/ Concurso Preventivo s/ Incidente de verificación promovido por la
Dirección Nacional de Recaudación Previsional” (diciembre de 1988) en el que se resolvió
que corresponde regular honorarios al síndico por la representación del concurso cuando
éste resulte vencedor en costas porque de lo contrario se perjudica a la masa que debe
soportar los pagos que debieran estar a cargo del condenado en costas y al propio tiempo
beneficia a este último.
En el plenario de la Cámara Civil y Comercial de Rosario de fecha 27/12/99 el Dr.
Rouillón sostuvo que ratificaba lo dicho en el plenario “Auto Sprint” a la luz de las
reformas introducidas por le ley 24.522 y la experiencia de la aplicación de dicho fallo.
Expresa que al funda “Auto Sprint” dijo que la verificación de los créditos es el núcleo de
uno de los estadios del proceso concursal - la etapa informativa – donde se esclarece la real
composición del pasivo por lo que las verificaciones no son incidentes ni procesos
accesorios del juicio concursal sino partes de una etapa normal de todo concurso, tan típica
y necesaria (no accesoria, contingente u ocasional) que si nadie verificase créditos el
concurso cesaría de inmediato. Que el hecho de que las verificaciones tardías o ciertas
cuestiones eventualmente planteadas en la verificación tempestiva –el recurso de revisión-
se tramiten por la vía “incidental” en nada cambia lo expuesto ya que la ley identifica bajo
el nombre de “incidente” a un “procedimiento tipo”, una estructura ritual para usar no
cuando surjan incidencias en el sentido clásico de los procesos comunes sino en cualquier
cuestión que tenga relación con el objeto principal del concurso y no se hallase sometida a
un procedimiento especial. Llega a la conclusión, entonces, que esta etapa informativa es
tarea “normal” del juicio de concurso que nunca puede considerarse como accesoria o que
exceda la tarea del síndico que la ley contempla al establecer cuándo, cómo y cuánto se
regulan los honorarios totales (art. 289 de la ley 19.551 y 266 de la ley 24.522) del síndico
concursal. A ello agrega que el papel del síndico lo muestra claramente como un órgano
técnico auxiliar de la magistratura que, por ende, no triunfa ni pierde cualquiera fuere el
resultado de la pretensión verificatoria, coincida o no con la opinión del síndico, por lo que
no puede considerarse al síndico “vencedor” en una supuesta contienda con el verificante
que pudiese justificar el hacerle acreedor de costas frente a él. Al referirse a la verificación
tardía sostiene Rouillón que en el vigente art. 56 penúltimo párrafo de la ley 24.522 se
consagra expresamente que son parte el acreedor y el deudor, debiendo el síndico “emitir
un informe una vez concluido el periodo de prueba” por lo que no cabe duda alguna que la
regla retributiva ha de ser igual en los casos de verificaciones tardías que en las
tempestivas. Concluye diciendo que desde el plenario “Auto Sprint” han transcurrido diez
años en que la doctrina allí sentada (que se ratifica) no ha producido perturbaciones en el
desarrollo de los procesos concursales y hoy encuentra mayor apoyo en el texto legal
vigente. Deja sentado, asimismo, que es aconsejable extender esta doctrina judicial a los
supuestos de juicios de conocimiento que en virtud de la opción del art. 21 inc. 1º continúen
el tramite porque es una nueva alternativa “pseudoverificatoria” para ingresar a la
concurrencia concursal siendo el papel del síndico en estos casos similar al que prescribe el
art. 56 no correspondiendo regular honorarios al síndico ya fuera que las costas se
impusieran o no al verificante.
En el mismo fallo plenario referenciado en el párrafo anterior, el Dr. Silvestri agrega
a los conceptos del Dr. Rouillón que la sindicatura es órgano del concurso ya que no
representa al deudor, ni a los acreedores ni a la eventual masa (en caso de quiebra) pues sus
poderes provienen de la ley, por lo que sus actos se atribuyen al concurso no siendo
equiparable con la calidad de parte porque debe ser imparcial (con cita de Maffía, Cámara y
otros).
Con anterioridad al plenario citado precedentemente, en el fallo plenario de la
Cámara Nacional Comercial –de fecha 24 de junio de 1981- en el caso “Rodríguez Barro
S.A. y otro” (ED 94-473) se había sostenido que la cuestión en debate se encuentra resuelta
en el texto de la ley cuando dispone las oportunidades en que debe hacerse la regulación a
los funcionarios de la quiebra y el criterio a utilizar. Dice en su voto el Dr. Bosch que en
ningún caso se contempla el supuesto de una retribución parcial al síndico cuando su
actividad se concreta en un incidente dentro del concurso y mediara condena en costas a la
parte extraña al juicio universal. Por ello –expresa- es que sostengo que la simple
formulación del tema del plenario comporta ya prescindir del texto legal en los brazos de
una “laguna de la ley” que estimo no producida.
En el mismo plenario referenciado, el Dr. Williams (ED 94-495) sustentando la
misma posición, pone como ejemplo para apoyar su postura si el síndico interviene en una
acción revocatoria concursal tendiente a reintegrar un bien a la masa que a ella le pertenecía
y que fue sustraída por el fallido, nos encontraríamos –de triunfar la posición contraria a la
que se sostiene- con que el funcionario cobraría un doble honorario: uno a cargo del
perdedor del juicio y otro a cargo del activo que se incorpora, posición que – a su entender
economía de la ley.
Debe tenerse en cuenta que ya desde la vigencia de la ley 19.551 se debate en la
doctrina y en la jurisprudencia sobre la posibilidad de regular honorarios al síndico cuando
la condena en costas recayera en un tercero; por ello, no se puede dejar de lado la
consideración de que, al operarse el cambio legislativo mediante la ley 24.522 , dicha
cuestión no fue zanjada expresamente por el legislador, debiendo entenderse no como una
omisión involuntaria sino que la ley ha insistido en la regulación única, en la oportunidad
debida, sólo en los casos expresamente legislados y con los parámetros que allí se
establecen.
Partiendo del principio de que “la función judicial de aplicar la ley se desvirtúa si el
juez se atribuye la facultad de transformar o reformar el derecho” (ED 91-599) y que “no
cabe prescindir de la norma escrita – la más segura de las fuentes formales – so pretexto de
lograr mejores resultados que son a veces productos de apreciaciones subjetivas” (ED 91402; Fallos Sala I año 1997 fs. 307/310) debo concluir en mi voto negativo a la cuestión
planteada.
El Dr. Luis R. Casermeiro, dijo:
A fs. 292 se dispone: FIJASE la siguiente cuestión a resolver: ¿Corresponde regular
honorarios específicos al Síndico por la labor desplegada en ejercicio de sus funciones, en
un incidente suscitado en un concurso o quiebra, en que se han impuesto las costas a cargo
de un tercero?
Es decir que si en una actuación del concurso o quiebra el tercero actuante ha sido
vencido en costas debe pagar las que correspondan regular a tales fines. En este tipo de
actuaciones o incidentes interviene el síndico.
En la actuación o en el incidente el Síndico procede y actúa como funcionario de la
quiebra, para ese y para todos los problemas y casos dudosos que surjan durante el trámite
del concurso o quiebra.
¿Qué significa o qué quiere decir decidir la cuestión con costas a cargo del
perdedor? ¿También regulación en costas, para el Síndico o para los abogados
intervinientes, el del deudor si hubiere disentido y el del Síndico?
Estimo que los honorarios del Sr. Síndico deben ser regulados de acuerdo a la ley de
quiebras el honorario debe aplicarse en la oportunidad que establece y con el principio de la
unicidad de la regulación, y por ende, no cabe la segmentación o fragmentación de sus
honorarios.
Ya el subscripto en fallo de la Sala I 1991, folio 430/431 compartió la decisión
considerando que el honorario del Síndico representante necesario de la masa tiene
dispuesto un modo de decisión en la ley pertinente que incluye en la oportunidad debida, la
totalidad de los trabajos realizados y durante el juicio, no procediendo la segmentación de
sus honorarios por vía de regulación parcial, como los derivados de incidentes.
Que por estas consideraciones y las referenciadas en el voto que me precede por la
Magistrada Dra. Susana K. de Martinelli, me adhiero a sus consideraciones y a su decisión
y voto por la negativa a la cuestión propuesta.
El Dr. Alfredo R. Amerisse, dijo:
Adhiero al voto de los Dres. D’Jallad y Koehle.
La regulación de honorarios a cargo del tercero no requiere de otro fundamento que
la existencia de una condena al pago de las costas consentida por el vencido.
Dentro del procedimiento colectivo que involucra a la masa de acreedores, la
situación de todos no es necesariamente uniforme: siempre existe alguno que constituye la
excepción.
Es el caso de los acreedores que concurren a pedir verificación después de los
plazos establecidos por el síndico. Para esta clase de acreedores el derecho pretoriano
estableció como regla que deben cargar con las costas del incidente; aunque algunas veces
puede no ser así.
Por si la condena es impuesta, la regulación no altera el principio del art. 265 de la
ley 24.522. Es una regulación aparte que no afecta el patrimonio del deudor ni la masa de
acreedores por estar a cargo de una persona individual.
La Dra. Graciela Carlsen, dijo:
Para responder afirmativamente a la cuestión sometida a decisión plenaria, se hace
mérito en el voto de los Dres. Koehle y D’Jallad de la dedicación y labor eventual, no
necesaria y adicional o agregada que los casos de las verificaciones intempestivas o los
incidentes de revisión de la verificación demanda del síndico, lo que demandaría una
remuneración especial en razón de lo dispuesto por el art. 1627 del Cód. Civil.
Rescato del voto del Dr. Rouillón en el plenario del 27/12/99 de la Cámara Civil y
Comercial de Rosario (JA 2000, pág. 155) referido en los votos precedentes, el concepto de
que la tarea del síndico como órgano técnico auxiliar de la magistratura en la etapa
informativa del pasivo, “normal” y necesaria en el proceso, podrá ser mayor o menor
según la cantidad de acreedores; y también será mas o menos compleja de acuerdo a la
índole de las impugnaciones que se suscitasen, pero a los fines retributivos no reviste
calidad de extraordinaria o excedente de la tarea sindical que la ley contempla.
Dentro de eso, la mayor o menor complejidad del trámite, que por esa causa
demanda al síndico mayor o menor dedicación, tiempo, esfuerzo, etc., son factores que
deberán ser tenidos en cuenta (“prudencialmente estimado por el juez o tribunal” dice la ley
24.522) para determinar, en función de la estimación que se haga de esas circunstancias, la
remuneración. Acorde, dentro de los extremos o porcentajes fijados por la LCQ, en las
oportunidades previstas por el art. 265, sin superar el porcentaje máximo por más compleja
que sea la labor; y sin ser inferior al porcentaje mínimo, aun en el caso de extrema
simpleza en el trámite, siempre considerando dentro del trámite normal del concurso en el
que incluyo la etapa esencial de la verificación de los créditos, extrajudicial o judicial,
tempestiva o intempestiva, comprensiva de la instancia de revisión. Esto, por otra parte, no
es distinto a las pautas que rigen para los honorarios en general.
En consecuencia, y adhiriendo a los fundamentos del voto de la Dra. Kauffman de
Martinelli, voto por la negativa a la cuestión propuesta.
El Dr. José G. Ruiz, dijo:
I- Parafraseando al Sr. Juez Jarazo Veiras en una cuestión similar a la presente, cabe
decir que se trata de un caso de no fácil solución, y por añadidura opinable (LL, 1981-C260, columna segunda). Se trata de una cuestión controvertida (Alberti E. M., “Diversas
soluciones sobre la remuneración del síndico por la atención de incidentes del juicio
concursal”, R.D.C.O., 1985, págs. 201 y ss.) con decisorios antitéticos (Mario Alberto
Bonfanti, José Alberto Garrone, “Concursos y Quiebras”, quinta edición actualizada, ed.
Abeledo Perrot, pág. 629).
Al respecto esta Sala con otra integración –Dres. Alberto López y Roberto G.
Loutayf Ranea –han entendido que cuando el honorario debe ser pagado por un tercero
vencido en un incidente y condenado en costas, no se advierte obstáculo legal para que el
síndico goce de retribución independiente, al margen de la regulación prevista por la ley
concursal.
Si el letrado patrocinante tiene derecho a retribución, la sindicatura también goza de
similar facultad y como no hay norma expresa que prevea la hipótesis se acude a principios
legales afines a la materia (art. 16 del Cód. Civil; art. 1º ley 4582) que en el caso son los
previstos por los arts. 4, 5 y 36 del Dcto. Ley 324/63 (CApel CC Salta, Sala IV, t. XII,
fallos año 1990, folios 34/36).
II- A lo dicho cabe agregar que todo trabajo profesional debe ser retribuido salvo
que por su índole sea gratuito o que una norma lo establezca así expresamente. En el
articulado de la ley de concursos no existe ninguna prohibición para que los profesionales
perciban retribución por trabajos que, si bien vinculados al proceso, son a cargo de terceros,
como en el caso de autos donde el acreedor incidentista ha sido condenado a pagar costas
(fs. 95/96).
III- Ha dicho el Dr. Gerardo Peña Guzmán exhibiendo un estilo incisivo y breve que
el síndico como funcionario judicial tiene por ley la representación de la masa de
acreedores. Cualquiera sea la índole de la relación jurídica entre el síndico y la masa de
acreedores, es de toda evidencia que este funcionario no actúa en causa propia. Es sólo un
representante aunque esté legitimado para actuar como parte activa o pasiva, en asuntos
civiles, penales y de cualquier índole, pero siempre lo hará en causa ajena. El argumento
que lo asimila a quien actúa en causa propia –sin derecho a percibir honorarios –falla por su
base como elemento para negar al síndico, por su actuación profesional, la justa retribución
establecida en la ley.
Que la tesis que impide cargar honorarios al acreedor que concurre tardíamente al
concurso mereciendo pagar costas, lo beneficia con el mayor trabajo profesional ajeno, sin
razón alguna, en mérito a una interpretación de la ley que conduce a este resultado injusto.
Un índice evidente del error de la interpretación de cualquier ley es arribar a una conclusión
injusta, porque contraviene la esencia del derecho que es precisamente imponer la justicia
en el conflicto del caso concreto. Así la Suprema Corte de Justicia de la Provincia de
Buenos Aires ha juzgado, en numerosos pronunciamientos, que existe error en el
razonamiento jurídico cuando conduce a un resultado injusto y contrario al sentido común
(doctrina causas B.48.073, del 3/6/80, en “D.J.B.A.” 119-577; B 48.054, del 8/7/80, en
“D.J.B.A.”, 119-627; B 48.576, del 15/6/82, en “D.J.B.A.” 123-149). No se advierte la
justicia de la solución que premia al acreedor tardío eximiéndolo del pago del recargo de
trabajo impuesto al profesional.
No menos inicua es aquella interpretación que consiste en regular los honorarios del
síndico para que, una vez abonados por el acreedor, aumenten las sumas a distribuir a los
acreedores del concurso. Ninguna norma ha establecido una solución tan peregrina, donde
un crédito para la masa nace de la retribución del trabajo profesional de uno de sus
representantes y no de la eventual actividad mercantil. De acreedor comercial se convierte
en deudor civil sin causa legal alguna.
Se arriba a la máxima iniquidad cuando se sostiene que no obstante no haber
regulado honorarios al síndico su trabajo profesional no queda impago porque, en la
oportunidad de fijarlos en su totalidad, el juez debe tener presente esa mayor actividad del
funcionario en los casos de presentación tardía. De este modo insólito se trasladan las
costas merecidas del acreedor tardío a la masa de acreedores que verán disminuidas sus
partes alícuotas para retribuir en algo la mayor actividad del síndico provocada por desidia
del tercero (ver Revista del Derecho Comercial y de las Obligaciones, 1985, año 18, Índices
Acumulativos 1968-1985, ed. Depalma, pág. 201 a 209).
IV- De gran ilustración resulta la lectura del plenario de la CNCom., diciembre 29,
1988 –Cirugía Norte S.R.L. s/ Concurso Preventivo s/ Incidente de Verificación promovido
por Dirección Nacional de Recaudación Previsional, publicado en ED 131, págs. 417/425
de cuya doctrina surge que los honorarios que se regulan al síndico –como los de su letrado
–en calidad de costas, pertenecen al beneficiario de la regulación. Doctrina ésta que no hace
otra cosa que reiterar el principio de que existiendo una condena al pago de las costas,
consentida por el vencido, corresponden que éstas sean abonadas por el obligado al pago.
V- Las consideraciones expuestas y los fundamentos esgrimidos por los votos de los
Dres. Koehle, D’Jallad y Amerisse, me inclina en este caso concreto a VOTAR por la
respuesta afirmativa.
El Dr. Roberto G. Loutayf Ranea, dijo:
Con relación a los momentos que la ley establece para la regulación de honorarios
en los concursos, la Sala a la que integro ha señalado que la determinación de tales
ocasiones obedece a dos motivos principales: por un lado, porque fuera de las
oportunidades señaladas, resultaría difícil valorar el quantum sobre el que se aplican los
porcentajes. Y en segundo lugar, porque se evita que por la segmentación distributiva
puedan llegar a alterarse, a la postre, los topes arancelarios máximos (CApel CC Salta, Sala
III, 22/8/2002, protocolo año 2002, pág. 784; id. id., 25/2/2003, pág. 76). Pero el citado
criterio de unicidad de la regulación (en el sentido que al síndico debe practicársele una
regulación única), constituye el principio general y corresponde aplicarlo con relación a las
tareas que deben estar a cargo del concurso.
Pero la situación es distinta cuando un tercero es condenado en costas en una
incidencia en la que tuvo que intervenir el Síndico en cumplimiento de sus funciones.
Resultaría injusto que esta tarea sea valorada para fijar la regulación prevista en el art. 265
de la ley 24.522 (art. 288 de la anterior ley 19.551), puesto que ello significaría hacer
soportar al concurso unos honorarios que no están a cargo suyo, sino del tercero como
consecuencia de esa condena en costas. Considero que tal es el motivo principal para
sostener la tesis afirmativa.
No regularle honorarios al Síndico en estas incidencias en que las costas son a cargo
de un tercero, y tampoco en la oportunidad del art. 265 de la ley concursal (para no
trasladarle la responsabilidad al concurso), significaría privarlo a este funcionario de
retribución por tarea desarrollada, lo que evidentemente resultaría injusto porque se lo
privaría de una acreencia que ha pasado a integrar su derecho de propiedad, garantizado por
el art. 17 de la Constitución Nacional.
En contra de la tesis que admite la fijación de honorarios específicos al Síndico en
estos supuestos, se ha señalado que su aplicación puede determinar una doble regulación a
favor del Síndico. Sin embargo, a esta crítica cabe responder que no tiene por qué darse tal
situación, puesto que si se regulan honorarios específicos por la tarea desplegada en la
incidencia a cargo del tercero, tal actuación no debe ser tomada en cuenta en la oportunidad
de la regulación del citado art. 265 de la ley 24.522.
Debo señalar también que el criterio expuesto es el que he sostenido en diversas
oportunidades (CApel CC Salta, Sala III, 26/6/86, protocolo año 1986, pág 447; Id. id.,
10/3/99, protocolo año 1999, pág. 104; Id. id., 12/2/01, protocolo año 2001, pág. 22; Id. id.,
18/2/02, protocolo año 2002, pág. 57; Id. Sala IV, 28/2/90, protocolo año 1990, págs.
34/36). Y no obstante una nueva meditación sobre el tema en ocasión del presente plenario,
no encuentro motivos para variarlo.
Por todo lo expuesto, me adhiero al voto del Dr. Koehle, y voto por la afirmativa.
La Dra. Liliana T. Loutayf Ranea, dijo:
En primero término debo señalar que integro la Sala Primera de la Cámara, con la
Dra. Susana K. de Martinelli.
En las oportunidades que debí expedirme sobre el tema del plenario, lo hice en el
mismo sentido y por los mismos fundamentos expuestos por la Sra. Vocal con la cual
comparto Sala.
No obstante una nueva revisión del tema, mantengo mi posición, no encontrando
fundamentos para cambiarla.
Por lo expuesto, adhiero al voto de la Dra. Martinelli y voto por la negativa a la
cuestión propuesta.
El Dr. Marcelo R. Domínguez, dijo:
I) Tal como lo puntualizan los Dres. Koehle y D’Jallada, el suscripto, integrando la
Sala III con el Dr. Roberto Loutayf Ranea, sentó criterio en la materia. Así, in re
“Altamirano, Juana Manuela –Quiebra solicitada por Sánchez Raúl A. (CApel CC Sala III,
año 1999, folio 104), sostuvimos que no estando el pago de los honorarios devengados por
la tarea profesional cumplida por el letrado apoderado del acreedor peticionante de la
quiebra en el incidente de declaración de ineficacia concursal, a cargo de la masa, no resulta
aplicable el principio de unicidad arancelaria de proceso falencial, y deviene procedente la
regulación solicitada. Dicha procedencia, si bien con respecto al letrado del Síndico, ha sido
admitida por la jurisprudencia, en las incidencias en las que un tercero es condenado en
costas, criterio hoy admitido. Luego de ello, en la causa “Banco Trasandino S.A.” (CApel
CC, año 2001, folios22/23), se ratificó la doctrina que señala que en aquellos incidentes en
que el condenado en costas es un tercero, corresponde regular honorarios al Síndico y a su
letrado. Los aranceles resultantes de tal condena en costas pertenecen a cada beneficiario,
no ingresando a la masa porque no se trata del producto de bienes del concurso. No debe
confundirse los honorarios que, como gasto del concurso corresponde sean fijados a favor
de los funcionarios del mismo y que gozan del privilegio consagrado en el art. 240 de la
L.C.Q., de aquellos otros que deben ser atendidos por terceros que fueron condenados en
costas.
Posteriormente in re “Banco de la Nación Argentina vs. Molinera Sudamericana”
(CApel CC, Sala III, año 2002, folios 57/64) he señalado que en el proceso concursal, el
desenvolvimiento de cada etapa transcurre con vista al objeto principal de la pretensión y
del objeto litigioso formado, a saber: remover la cesación de pago para devolver al seno de
la comunidad económica, en forma saneada, al deudor. En el concurso preventivo, se
posibilita al sujeto, considerando la situación de su empresa en crisis, ofrecer una solución a
sus acreedores que no consista en el pago inmediato y total de las deudas e intereses, sino
en la obtención de una espera, quita, etc. Pero existen cuestiones que en forma
independiente o ligada, se insertan en el proceso universal y tienen relación con el objeto
principal del mismo, por medio de una vinculación accesoria o de continencia. Se trata de
incidentes o artículos. Vale decir, cualquier tipo de pretensión procesal que sobreviene
accesoriamente en el curso del proceso y que tiene con él una conexión inmediata. Lo
sentado no significa, en modo alguno, desconocer que existen incidentes donde se
introducen cuestiones de envergadura que persiguen una pretensión de mérito e imponen
una sentencia que, si bien no lleva a la solución sustancial respecto del objeto de concurso,
puede tener decisivo peso en el mismo, provocando su paralización temporal o definitiva,
conforme a los términos de la cosa demandada. En tales casos, se tramitan por
procedimientos especiales en forma independiente. Son los procesos incidentales, según la
terminología de Falcón (“Código Procesal Civil y Comercial de la Nación Anotado,
Concordado y Cometado” t. II, pág. 204, 175.9.2, Abeledo Perrot, 1983, Bs. As.). Un
supuesto típico es el de la acción por dolo, contemplada por los arts. 37 y 38 de la L.C.Q.,
que debe sustanciarse por vía ordinaria.
En otro orden, la acción por dolo tampoco se desdibuja ni pierde su configuración
de proceso autónomo de conocimiento por el hecho que deba sustanciarse ante el juzgado
del concurso, por imperio del art. 38 de la L.C.Q. La razón de esta disposición es
simplemente la conexidad existente, que funda la conveniencia práctica de que sea el
órgano judicial competente para conocer en determinado juicio quien, en razón de su
contacto con los elementos fácticos y probatorios de aquel, también lo sea para entender de
las pretensiones o peticiones vinculadas con la materia controvertida en dicho proceso, sean
accesorias o no (CApel CC Salta, Sala I, año 1992, folio 278).
De lo expuesto en los dos párrafos anteriores, entendí improcedente el planteo de la
apelante en cuanto a que la regulación de honorarios a favor del Síndico por su actuación en
el concurso incluía los devengados por su intervención en la acción de dolo. En efecto, no
obstante ser una causa incidental que por conexidad tramita en el juzgado del concurso, lo
real y concreto es que se trata de una acción ordinaria que, en cuanto tal, está regida por la
normativa local a los fines arancelarios. Por lo tanto, la regulación de honorarios de la
sindicatura por su intervención en dichos autos no debe ser incluida en la concerniente a la
actuación del concurso y, por ende, no existe fundamento para circunscribir su operatividad
a las oportunidades previstas en el art. 265 de la ley 24.522 ni tiene andadura, por la misma
consideración, catalogar a dichas regulaciones como parciales o fragmentos de una única
tarifación o sujetarla a los parámetros establecidos en el art. 267 del mismo cuerpo. El art.
271 de la L.C.Q., en este último aspecto, es claro cuando estipula que “para el cálculo de
las regulaciones previstas en esta Sección no se aplican las disposiciones de las leyes
locales”. Va de suyo que las reglas arancelarias locales son desplazadas cuando existe
norma expresa sobre el punto en la ley concursal. Si, contrariamente, guarda silencio sobre
algún caso, se debe acudir al plexo provincial, en virtud de la remisión genérica, pero
inequívoca, del art. 278 de la Ley de Concursos, sin que ello implique dejar de lado el
carácter de texto normativo integral y armónico de dicho dispositivo, ya que si bien ha
buscado reglamentar en la forma más amplia posible el procedimiento, hay remisiones
expresas a los dispositivos provinciales, que los jueces no podemos soslayar. No se altera
entonces criterio anterior alguno cuando se acepta tal realidad.
En el supuesto en análisis, que retomo, entendí aplicable el Decr. Ley 324/63, pues
no existe prescripción alguna que contemple el supuesto de la acción por dolo, juicio de
conocimiento de tramitación independiente al proceso colectivo y califiqué como
extemporáneo el planteo de la apelante en cuanto a que no corresponde la regulación de los
honorarios del síndico y, a todo evento, que estén a su cargo. Dicho funcionario es parte en
el proceso principal, en todos sus incidentes y en los demás juicios de carácter patrimonial
en los que sea parte el concursado, salvo los derivados de las relaciones de familia en la
medida dispuesta por la ley 24.522 (art. 275 inc. 8 último párrafo), y en ocasión de la
realización de esos trabajos profesionales se constituye el derecho a percibir honorarios.
Nace entonces una situación jurídica concreta e individual en cabeza del sujeto que, como
tal, se hace inalterable y no puede ser suprimida o modificada (jurisprudencia citada por
Marco O. Rufino en “Concursos y Quiebras ley 24.522”, t. II, pág. 439, n° 2424). En
particular, corresponde regular honorarios al Síndico cuando el concurso resulta vencedor,
de acuerdo al plenario en “Cirugía Norte S.R.L. (CNCom en pleno 29/12/88; ED 131, pág.
417; JA 1989-I-119; LL 1989-A-537), poniendo de resalto que la Sala IV de esta Cámara se
había pronunciado en tal sentido (CApel CC Salta, Sala IV, año 1990, folios 34/36).
II) Ahora bien, la convocatoria al presente plenario, y la opinión de los colegas que
comparten la postura negatoria, me hacen reflexionar nuevamente sobre el tema y
profundizando el análisis, advierto que lo referido a la regulación de honorarios del Síndico
en procesos en que las costas son impuestas a la contraparte, constituye cuestión
controvertida en doctrina (conf. García Martínez, R. y Fernández Madrid, J.C., “Concursos
y Quiebras”, pág. 1479 y citas allí efectuadas) y en la jurisprudencia (prueba de ello es la
existencia de fallos contradictorios de la Cámara Comercial, por ej., el pleno “Rodríguez
Barro” del 24/6/81; y el pleno de dicha Cámara en Cirugía Norte S.R.L., del 29/12/88).
Otro tanto acontece con los tribunales provinciales. No obstante, el Superior
Tribunal de Justicia de Corrientes, en sentencia del 29 de noviembre de 1995 in re “AcostaPérez Chávez-Pisarello incidente de concurso especial en Federación Obrera Ceramista”
sentenció que es procedente la regulación de honorarios al Síndico en los incidentes
concursales –como el de autos –si el condenado al pago es un tercero, criterio ratificado y
ampliado el 6 de febrero de 1996 en la causa “Alicia F. de Duhalde – incidente de
impugnación en San Cayetano S.R.L. s/ quiebra, en que dijo que todo trabajo profesional
debe ser remunerado salvo que, por su índole, sea gratuito o que la norma lo establezca
expresamente. Y en el articulado de la ley de Concursos no existe prohibición expresa para
que los profesionales perciban retribuciones por trabajos que, si bien vinculados al proceso
concursal, son a cargo de un tercero in bonis. La tesis que sostiene que no obstante no haber
regulación de honorarios al Síndico en supuesto de condena a terceros, su trabajo no queda
impago porque en la oportunidad de fijarlos en su totalidad el juez debe tener presente esa
mejor actividad del funcionario, consagra la inequidad de hacer cargar tales estipendios
sobre la masa, en beneficio incausado e injusto del incidentista perdidoso, posibilitando a la
par, que éste litigue indiscriminadamente sin consecuencias para su parte, lo cual implica
una inconsecuencia con todos los postulados moralizadores del proceso. Es claro que la
hipótesis de la tarifación a los funcionarios del concurso cuando una persona distinta de la
masa resulta condenada en costas, no ha sido prevista por la ley concursal. El sistema
arancelario de ésta se inspira en la necesidad de conjurar el peligro de que en tales procesos
universales los gastos absorban la mayor parte del activo. Y es obvio que ese peligro no
media cuando el condenado en costas es un tercero. En consecuencia, no cabe aplicar
disposiciones normativas cuando la “ratio legis” no aparece en el caso concreto.
Tal opinión fue también sostenida por la Cámara de Apelaciones Civil, Comercial,
Minas, Paz y Tributario de Mendoza, en interlocutorio del 12/9/95 en la causa “Depósito
Cuyo S.A.” sosteniendo que corresponde regular honorarios al Síndico cuando se condene
en costas al tercero. En el caso, al contestar un incidente de verificación tardía tiene
legitimación propia como representante de la masa de acreedores. Y tal calidad no puede
quedar asimilada y subsumida en la actuación y participación que le cabe a la fallida
a la
cual también se le corrió traslado del incidente, lo que motivó su contestación, actividad
que genera honorarios que debe soportar el condenado en costas.
III) La opinión doctrinaria y jurisprudencial que entiende que es improcedente la
regulación a favor del Síndico cuando es un tercero quien debe cargar con las costas, por
sostener que cuando interviene en dicho incidentes no es representación de alguien en una
contradicción procesal, sino como funcionario asimilable a los funcionarios judiciales en
otra clase de procesos (como por ej., la Sala II del Superior Tribunal de Justicia de Paraná,
Entre Ríos, sentencia del 13 de diciembre de 1996 “Frigorífico Gualeguaychú S.A.”),
entiendo que ha quedado diluida ante lo resuelto por la Corte Suprema de Justicia de la
Nación en los autos “Amiano, Marcelo E. y otro c/ Estado Nacional del 4 de noviembre de
2003, en donde dijo que para caracterizar la naturaleza de las funciones del síndico
corresponde, en primer término, examinar las atribuciones que le confiere la ley que rige su
actividad. Cabe señalar que ésta no le atribuye el carácter de funcionario del Estado, sino de
funcionario “del concurso”, cuya actuación (personal y excluyente de las del deudor y los
acreedores) comprende, entre otras, la de ser parte necesaria en el proceso principal y todos
sus incidentes (conf. Arts. 275, 276 y 298 de la ley 19.551). Tales circunstancias, unidas al
hecho de que, en nuestro ordenamiento, el concurso y la quiebra constituyen procesos
colectivos cuya iniciación dependen exclusivamente de la iniciativa de los particulares,
relativizan el “carácter público” generalmente asignado por la doctrina a las funciones del
Síndico. Es que, como se ha expresado e interesa al caso, la actuación del síndico no se
desarrolla en protección de un interés público, sino de intereses privados. El síndico del
concurso no constituye un órgano mediante el cual el Estado exterioriza sus potestades y
voluntad, sino un sujeto auxiliar de la justicia, cuya actividad en el proceso colectivo se
desarrolla con autonomía, sin subordinación jerárquica, y en base a la idoneidad técnica que
deriva de su título profesional. Que, como regla, entonces su actividad no puede ser
propiamente caracterizada como pública, en el sentido en que lo son las de los funcionarios
y empleados del Estado pues, por las razones expuestas en Fallos: 306.2030, considerandos
10,11, 13 y 14, respecto de los escribanos de registro, la naturaleza del vínculo del síndico
con el Estado Nacional resulta insuficiente para adjudicarle el rango de funcionario público
a los efectos previstos en el art. 1112 del Cód. Civil. En consecuencia, al juez del concurso,
en cuanto órgano estatal, no puede serle imputada responsabilidad por la omisión del
síndico en inscribir la inhibición general de bienes oportunamente ordenada en la
resolución de apertura del concurso, ni el Estado Nacional puede ser responsabilizado por
ese hecho, a título de funcionamiento irregular del servicio de justicia.
Ratifico así, el criterio que sostuve en la materia con anterioridad a la convocatoria
del presente plenario, VOTANDO por la afirmativa.
De acuerdo a la votación practicada, por mayoría el votos del Tribunal y conforme
lo dispuesto por el at. 292 del Código Procesal Civil y Comercial,
LA CÁMARA DE APELACIONES EN LO CIVIL Y COMERCIAL DE LA
PROVINCIA DE SALTA
I) RESUELVE que corresponde regular honorarios específicos al Síndico por la
labor desplegada en ejercicio de sus funciones, en un incidente suscitado en un concurso o
quiebra, en que se han impuesto las costas a cargo de un tercero.
II) CÓPIESE, regístrese, notifíquese y vuelva a la Sala de origen.
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