Democratización de los recursos hídricos

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Democratización de los recursos hídricos
Consejo Económico y Social
Introducción
La escasez de agua es hoy uno de los grandes retos retas que afronta la humanidad para
el futuro. El agua es uno de los elementos más abundantes a la Tierra, el problema es que el
97% del total está formada por agua salada perteneciente a mares y océanos. El elemento
realmente escaso es el agua dulce, es decir, aquella que es imprescindible para el desarrollo de
la vida terrestre. El agua dulce constituye sólo un 3% del total del agua presente al planeta, y el
70% de esta no está disponible, puesto que se encuentra congelada a los bancos de hielo
polares y alas glaciares.
Hay en el mundo 257 cuencas internacionales compartidas por varios países, ello
significa que el 40% de la población mundial vive alrededor de ríos internacionales. Más de
2.500 millones de personas dependen de la cooperación entre Estados para asegurarse el
acceso a agua potable en cantidad suficiente. El cuidado y la gestión sostenible de la mayoría de
las fuentes de recursos hídricos del planeta es un interés compartido (o al menos debería serlo)
por todos los países.
Por lo tanto, la gestión y control de recursos hídricos es evidente que no siempre está
presidida por la cooperación. Las controversias por el acceso al agua son conflictos que
podemos denominar “en esencia”. Es decir, son conflictos por la supervivencia, se trata de la
viabilidad de Estados y pueblos enteros. Pero para llegar a ese punto los principales actores
involucrados en cada uno de los conflictos, no sólo deben entrar en una dinámica de diálogo
estable y duradero, sino que deberán entrar en una nueva fase en sus relaciones, la de la
cooperación y la confianza.
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Breve reseña histórica y tratamiento en ONU.
El control y la distribución del agua y su utilización como vía de transporte ha sido un
importante detonante de conflictos a lo largo de la historia. Si bien, la utilización de los ríos
internacionales como vías de navegación ha sido reglamentada por el Derecho Internacional, y
en la actualidad, ofrece una escasa conflictividad, no sucede lo mismo con el resto de usos y
fuentes (lagos, mares interiores y acuíferos) de recursos hídricos. Cuando nos encontramos
iniciando el siglo XXI, el 47% del territorio poblado del planeta se sitúa en cuencas de ríos
internacionales. Por lo que el problema del libre acceso al agua, es foco esencial del
establecimiento de relaciones de cooperación más estables y duraderas.
A nivel mundial, 1.700 millones de personas carecen de acceso a agua potable y 3.300
no disponen de servicios de saneamiento adecuados. Los problemas de acceso al agua potable
causan más de 3.350 millones de casos anuales de enfermedades. Según la Organización
Mundial de la Salud (OMS), el 80% de las enfermedades más comunes en las regiones en
desarrollo (diarreas, fiebres, dengue, malaria, etc.) están relacionadas con la calidad del agua. A
la hora de valorar el acceso al agua como una variable de salud, tan importante es tener en
cuenta la cantidad como la calidad. Con el proceso de desarrollo, el aumento y la creciente
concentración de la población, los vertidos contaminantes industriales, urbanos y agrícolas
están creando ya situaciones peligrosas (al menos localmente) para la higiene y la salud
humana.
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La presión por el aumento de la población y del consumo por habitante está haciendo
que se sobre exploten los ecosistemas de los cuales se extraen. En la región de Oriente Medio,
por ejemplo, la sobre explotación de los acuíferos, y del lago Tiberías, está poniendo en serio
peligro la capacidad de renovación de dichos ecosistemas. La deficiente calidad del agua
(contaminación) ha llegado incluso a provocar un problema de escasez y de aumento de
enfermedades en zonas del planeta en la que el agua dulce es abundante, por ejemplo en
Federación Rusa.
También las sequías se hacen más largas y afectan, cada vez más, a zonas no habituadas
a la falta de precipitaciones. Este el caso, por ejemplo, de la grave sequía que sufrió Centro
América, una sequía que asoló el istmo durante el año 2001 y que ha destruido en algunas
zonas entre el 40% y el 100% de los cultivos de maíz, frijol, arroz y sorgo. El hambre afectaba ya,
a finales de 2002, a 1,6 millones de personas en Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua,
según los datos del Programa Mundial de Alimentos (PMA) de Naciones Unidas. A mediados de
2003, la sequía de tres años que sufrió Etiopía volvió a activar todas las alarmas.
Es evidente que los problemas con el agua no se reducen únicamente a la situación
geográfica (difícil o lejano acceso a las fuentes hídricas), climática (zonas áridas, semidesérticas
o desérticas, o el inminente cambio climático) o demográfica de los países (aumento de la
cantidad de habitantes), la falta de recursos económicos también genera desigualdades a la
hora de enfrentarse a este problema.
La calidad del recurso también representa un problema. Anteriormente, en muchos
lugares, el agua disponible estaba en condiciones de ser consumida, pero en la actualidad hay
muchos casos que los ríos o las cuencas hídricas, han sido contaminados y no es posible su
recuperación, a menos que se resuelva de raíz el foco que lo causa.
Por ejemplo, según la Comisión Mundial del Agua, los países industrializados (OCDE) han
desarrollado un 70% de su capacidad de almacenamiento de agua en embalses, mientras que la
mayoría de los Países en Vías de Desarrollo (PVD) han desarrollado apenas un 20%. Vistos todos
estos datos de situación no debe sorprender a nadie que el agua dulce reciba, en algunas zonas
del planeta, el calificativo de “oro azul”. El agua dulce es un recurso tan necesario como escaso.
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Un recurso vital y escaso (como lo es también el petróleo) es la combinación perfecta para la
aparición de tensiones, problemas y conflictos.
El 28 de julio de 2010, a través de la Resolución 64/292, la Asamblea General de las
Naciones Unidas reconoció explícitamente el derecho humano al agua y al saneamiento,
reafirmando que un agua potable limpia y el saneamiento son esenciales para la realización de
todos los derechos humanos. La Resolución exhorta a los Estados y organizaciones
internacionales a proporcionar recursos financieros, a propiciar la capacitación y la
transferencia de tecnología para ayudar a los países, en particular a los estados en vías de
desarrollo, a proporcionar un suministro de agua potable y saneamiento saludable, limpio,
accesible y asequible para todos.
En noviembre de 2002, el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales adoptó
la Observación General nº 15 sobre el derecho al agua. El artículo I.1 establece que "El derecho
humano al agua es indispensable para una vida humana digna". La Observación nº 15 también
define el derecho al agua como el derecho de cada uno a disponer de agua suficiente,
saludable, aceptable, físicamente accesible y asequible para su uso personal y doméstico.
Reconocer formalmente un derecho humano al agua y expresar la voluntad de dar
contenido y hacer efectivo dicho derecho, puede ser una manera de estimular a la comunidad
internacional y a los gobiernos para que redoblen sus esfuerzos para satisfacer las necesidades
humanas básicas y para la consecución de los Objetivos de Desarrollo del Milenio.
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Situación actual
El conflicto por el agua ha constituido la excepción, ya que en los últimos 50 años, se ha
informado acerca de unos 37 casos de violencia entre Estados por causa del agua, y la mayoría
de los episodios han sido enfrentamientos menores. Frente a ello, se han negociado más de 200
tratados relativos al agua, alguno de los cuales, como el Tratado de la Cuenca del río Indo entre
India y Pakistán, han permanecido operativos incluso durante períodos de conflicto armado. Un
mensaje claro que se desprende de los antecedentes es que, incluso los enemigos más hostiles,
tienen la capacidad de cooperar en materia de agua. La mayoría de los gobiernos reconocen
que la violencia por el agua, rara vez resulta una opción estratégicamente factible y
económicamente viable, sino en su lugar optan por el método más racional y beneficioso para
todas las partes.
Pero no todas, son buenas noticias. Se ha registrado en algunos lugares del mundo, que
actualmente están aumentando los conflictos por los recursos hídricos, porque mientras la
disponibilidad del agua disminuye, las demandas crecen. El problema de la reducción de la
oferta se acentúa por el impacto del cambio climático, que repercute directamente en la
reducción del volumen de los glaciares. Al mismo tiempo, la demanda se está incrementando
por la producción de bienes ligados al agro, el crecimiento de las ciudades en áreas desérticas,
el incremento de las actividades mineras que utiliza las cuencas hídricas el proceso de
extracción, y que no solo utiliza el recurso excesivamente sino que, además lo contaminan; y el
aumento de las demandas energéticas. Todo esto eleva la demanda del agua superficial y
subterránea. Esta situación es conocida por los especialistas bajo el nombre de estrés hídrico.
Por lo tanto, no es de extrañarse entonces que los conflictos tiendan al aumento.
Hoy se habla de la crisis mundial del agua porque 35 % de la población vive en precarias
condiciones de abastecimiento de agua y medidas de saneamiento, y se prevé que para 2025
esta
cifra
se
duplicará.
A lo imparcial de la naturaleza, que dispone el agua con marcadas diferencias espaciotemporal (40 % del agua disponible se concentra en seis países, mientras otros que ocupan 40
5
% de la superficie terrestre sólo disponen de 2 % del total del agua), hay que añadirle las
marcadas diferencias existentes en los recursos financieros, humanos, tecnológicos y culturales
dedicados a la administración, manejo y uso del agua en los diferentes países del mundo, lo que
trae consigo sobre utilización del agua o subutilización de ella, incrementos en su demanda,
reducción
de
la
oferta
y
aumento
de
la
contaminación.
El abastecimiento no adecuado del agua es un obstáculo para el crecimiento, el
desarrollo y la eficiencia de cualquier proceso vivo, y cualquier animal o planta muere si este
insuficiente abastecimiento no es corregido. Por todos estor motivos, la situación mundial del
agua es aún más deplorable y con matices mucho más catastróficos que, por ejemplo la
cuestión energética. Actualmente, el volumen de agua disponible es menos de 50 % del que
existía al principio del siglo XX. Según numerosos estudios realizados exhaustivamente, la crisis
del agua se duplicará en 2025 debido a varios factores, resaltados anteriormente:
–Creciente demanda de agua por la agricultura, la industria y el consumo humano.
–Uso
dispendioso
del
agua
y
con
baja
eficiencia.
–Incremento sostenido de la contaminación.
En cuestiones de Salud, solo en los países del Sur la situación antes descrita es hoy
responsable de 80 % de las dolencias, 70 % de las consultas médicas, 65 % de los
internamientos en los hospitales, la muerte de un niño cada diez segundos y de diez millones de
personas cada año (la mitad con menos de 18 años de edad). Casi todas estas dolencias serían
evitadas
si
el
agua
fuera
tratada.
Fenómenos como la desertización, la salinización, las pérdidas de suelo y de la
biodiversidad animal y vegetal, la sequía, el aumento de la temperatura, la inseguridad
alimentaria, la pobreza, las enfermedades y la muerte, entre otros, son asociados a la falta
tanto cuantitativa como cualitativamente de agua.
De un total de 254 millones de personas que fueron afectadas por desastres naturales
en 2003 (180 % más que en 1990), más de 65 % (166 millones) se afectaron debido a
inundaciones, y más de 70 millones (28 %) fueron afectadas por la sequía. Es por ello que un
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abasto adecuado de agua resulta un proceso vital para que la naturaleza y la raza humana
transiten y avancen hacia el desarrollo sostenible, paradigma supremo de los nuevos tiempos.
El paso inicial y efectivo tuvo lugar en 2010, cuando el 28 de julio, a través de la
Resolución 64/292, la Asamblea General de las Naciones Unidas reconoció explícitamente el
derecho humano al agua y al saneamiento. La Resolución exhorta a los Estados y
Organizaciones Internacionales a proporcionar recursos financieros, a propiciar la capacitación
y la transferencia de tecnología para ayudar a los países, en particular a los países en vías de
desarrollo, a proporcionar un suministro de agua potable y saneamiento saludable, limpio,
accesible y asequible para todos.
Por lo que cabe afirmar que, si bien la democratización de los recursos hídricos reviste
una necesidad imperiosa, también está claro que es un proceso paulatino y persistente en el
tiempo, que ya ha dado resultados visibles y palpables pero aún queda mucho por realizar.
Conjuntamente, los Estados deberán tener que involucrar en este proceso, no solo
todos los recursos materiales y humanos que poseen, sino que también tendrán que incluir la
conciencia necesaria para reconocer que el problema de los recursos hídricos es un problema
actual, pero que si no se toman medidas, acordes a lo que la gravedad de las circunstancias lo
ameritan, el destino futuro del planeta, así como hoy lo conocemos, está lejos de mantenerse
en las generaciones venideras.
Disparadores

Incumplimiento de esta declaración por parte de los gobernantes de los Estados. “El
derecho al agua se encuadra claramente en la categoría de las garantías indispensables
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para asegurar un nivel de vida adecuado, en particular porque es una de las
condiciones fundamentales para la supervivencia.” (Observación general Nº 15).

Obligación de los Estados que, actualmente, no están garantizados en todos los casos y
que, además, no se respetan los derechos de los pobladores originarios. “...que no
podrá privarse a un pueblo de sus propios medios de subsistencia, los Estados Partes
deberían garantizar un acceso suficiente al agua para la agricultura de subsistencia y
para asegurar la de subsistencia de los pueblos indígenas” (Pacto Internacional de
Derechos Económicos, Sociales y Culturales Art. 1)

Los Estados no prestan atención en este enunciado. “La higiene ambiental, como
aspecto del derecho a la salud” ” (Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales
y Culturales Art. 12)

Incumplimiento de las obligaciones enumeradas en la Sección Tercera de la Observación
General Nº 15 de Naciones Unidas, dedicada a las Obligaciones de los Estados Parte.

Falta de políticas, ya sea de corto, mediano y/o largo plazo, de cuidados ambientales
desde las esferas públicas y/o privados.

No se garantiza el acceso a Salud a todos los habitantes, tanto pública como
privadamente.
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Anexo
Cuadro explicativo sobre la distribución de Agua Dulce en el Mundo.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera que la cantidad adecuada de agua para
consumo humano (beber, cocinar, higiene personal y limpieza del hogar) es de 50 l/hab-día. A
estas cantidades debe sumarse el aporte necesario para la agricultura, la industria y, por
supuesto, la conservación de los ecosistemas acuáticos, fluviales y, en general, dependientes
del agua dulce. Teniendo en cuenta estos parámetros, se considera una cantidad mínima de
100 l/hab-día.
ÁREA GEOGRÁFICA
CONSUMO
9
m3/hab.-año l/hab.-día
AMÉRICA DEL NORTE Y CENTRAL
1.874
5.134
EUROPA
1.290
3.534
OCEANÍA
887
2.430
ASIA
529
1.449
AMÉRICA DEL SUR
485
1.329
ÁFRICA
250
685
MEDIA MUNDIAL
657
1.800
ESPAÑA
1.201
3.290
Links

Sitio de Naciones Unidas: http://www.un.org/es/

Greenpeace: www.greenpeace.org

Observación
General
N°
http://www1.umn.edu/humanrts/gencomm/epcomm15s.html

Organización Mundial de la Salud: http://www.who.int/es/

Objetivos de Desarrollo del Milenio: http://www.un.org/es/millenniumgoals/
15:
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
Pacto Internacional de Derechos Económicos,
http://www2.ohchr.org/spanish/law/cescr.htm

Resolución
General
de
la
Asamblea
General
N°
http://www.un.org/ga/search/view_doc.asp?symbol=A/RES/64/292&Lang=S
Sociales
y
Culturales:
64/292:
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