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JUZGADO DE CONTROL N° 5
CÓRDOBA
PROTOCOLO
DE:.......................................................................
TOMO:.................................................................
FOLIO:.................................................................
SECRETARÍA:
AUTO INTERLOCUTORIO NUMERO:
Córdoba,
de
de dos mil doce.-------------------------Y VISTOS: Los autos
caratulados: “Nazar, Luis Marcelo y otro p.ss.aa Exacciones Ilegales” (Expte. Nº “N”-01/2010), SAC
Nº 261525, a fin de resolver la situación procesal de: Nazar, Luis Marcelo, DNI Nº 10.682.326, de 58
años de edad, casado, nacido el día 11/09/1952 en la ciudad de Córdoba, Fiscal de Instrucción,
domiciliado en calle Juramento Nº 2613 de Bº Parque Chacabuco de la ciudad de Córdoba, hijo de
Antonio y Matilde Caram, y de Serafíni, Ernesto José, DNI Nº 10.050.254, de 59 años de edad, casado,
nacido el día 18/08/1951 en la localidad de Pilar, Pcia. de Córdoba, abogado, domiciliado en calle
Catamarca Nº 1382 de la ciudad de Río Segundo, Provincia de Córdoba, hijo de José Aquiles Serafini y
Hilda Santina Farré.-------DE LA QUE RESULTA EL SIGUIENTE HECHO: “En la Subcomisaría de la localidad de Santiago
Temple, se labran, con conocimiento e intervención del Fiscal de Instrucción de Río Segundo, Dr. Luis
NAZAR, las actuaciones sumariales nº 130/10, con motivo de un hecho que habría ocurrido en la
localidad de Los Chañaritos de la Provincia de Córdoba el lunes 29 de noviembre de 2010, en las que
Walter Hugo Gallo fue aprehendido. En dichas actuaciones, el Fiscal habría imputado a Gallo el delito de
Hurto Calificado. El abogado Carlos Tomás Ariel Aramayo asumió la defensa del preso, por pedido de los
familiares de éste. El día viernes 03 de diciembre de 2010, alrededor de las 10:30, Aramayo se entrevistó
con el Dr. Luis Nazar, en la sede del despacho de éste y, al final de la conversación le pidió que, atento
a la carencia de antecedentes penales de su defendido, que ya habían sido informados a la Fiscalía,
liberara a Gallo. Nazar, quien previamente había dado a entender a Aramayo que la libertad del
aprehendido era dudosa por motivos de política criminal de la Fiscalía General (se habría referido a una
“bajada de línea de la Fiscalía General” en materia de robo de combustible), y ante la insistencia del
letrado, dijo que iba a ver qué podía hacer por él, e inmediatamente consultó la lista de contactos de su
teléfono móvil, ubicó el número del Abogado Ernesto José Serafini, lo llamó desde el fijo de su
despacho, y le pidió que fuera urgente a Tribunales porque “tenemos algo para arreglar”. Nazar preguntó
a Aramayo si estaba interesado en que su cliente saliera ese mismo día. Ante la respuesta afirmativa del
defensor, Nazar le dijo que lo iba a ir a ver un abogado para que arreglaran “este temita de los
honorarios”. Cuando Aramayo pidió más explicaciones al Fiscal sobre los honorarios de quién había que
arreglar, el mismo le contestó: “vos me entendés”, dando a entender (por gestos) que se trataba de
liberar a Gallo a cambio de dinero, quedando claro que Aramayo debía esperar abajo, donde iba a ser
contactado por el abogado al que acababa de llamar, el que oficiaría de intermediario y al que identificó
como Serafini. Cuando Nazar le pidió su teléfono, Aramayo le dio una tarjeta personal, tras lo cual se
retiró del despacho oficial. Poco después llegó al edificio de los Tribunales de Río Segundo el abogado
Ernesto José Serafini, quien subió a hablar con Nazar. Cuando Serafini bajó, llevaba en la mano la
tarjeta que poco antes Aramayo le había entregado al Fiscal. En una corta entrevista Serafini le explicó a
Aramayo que la libertad de Gallo le iba a costar a la familia siete mil pesos, los cuales eran, obviamente
(dada la situación), para repartirse entre el Fiscal Nazar y el propio Serafini. Así las cosas, Aramayo
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AUTOS: "Nazar, Luis Marcelo y otro p.ss.aa. Exacciones Ilegales.”
(Expte. letra "N", Nro. 01/10, SAC. 261525),
pidió tiempo y garantías, mientras conseguía el dinero de la familia de Gallo y ponía los hechos en
conocimiento de la Fiscalía en lo Penal Económico y Anticorrupción Administrativa. Con eso, el defensor
consiguió que se postergara el pago hasta el día 06 de diciembre de 2010, mientras Nazar, confiando en
la palabra de aquel (en una tesitura seguramente aprobada por su cómplice), liberaba al detenido en
señal de “buena fe”, confiando en que Aramayo y su defendido cumplirían con la exigencia de dinero
hecha a través de Serafini. Así las cosas, la Fiscalía en lo Penal Económico requirió a la División
Defraudaciones y Estafas de la Policía de la Provincia que, de acuerdo con Aramayo, organizara un
operativo para que este último entregara a Serafini el dinero solicitado y luego se entrevistara con Nazar.
El 06 de diciembre de 2010, entonces, se realizó el procedimiento de entrega del dinero en la Estación de
Servicios de YPF que funciona en la esquina de la Ruta Nacional nº 9 y calle San Juan, de la ciudad de
Río Segundo, donde Serafini recibió el dinero y fue aprehendido”-----------------------------------------------------------------------------------Y CONSIDERANDO: I) Declaración del imputado: Que en oportunidad de ejercer su defensa material,
en presencia de su abogado defensor, el
imputado Luis Marcelo Nazar negó el hecho que se le
atribuía, efectuando luego consideraciones que estimó útiles a su postura defensiva (fs. 268/270). Por su
parte, el encartado Ernesto José Serafini, con la debida asistencia técnica, en su primera declaración
negó los hechos atribuidos y se abstuvo de seguir prestando declaración, mientras que posteriormente,
amplió su declaración dando las razones que justificaban su posición exculpatoria (fs. 165/166 y 331/334,
respectivamente). II) Obran en autos las siguientes probanzas, Durante la investigación penal
preparatoria se han colectado los siguientes elementos probatorios: Denuncia: de Carlos Tomás Ariel
Aramayo –abogado denunciante- (fs. 01-02). Testimoniales: De Carlos Tomás Aramayo (fs. 06 y 09-10
y 160), Marcelo Daniel Fada –policía adscripto a la División Defraudaciones y Estafas- (fs. 05), de Rubén
Darío Bonaldi –Oficial de Policía encargado del procedimiento en la Estación de Servicios de Río
Segundo- (fs. 15), Walter José Iglesias Romero (fs. 93/96), Iris Liliana Mazán (fs. 111/113), Betiana
Beatriz Bettini (114/116), Walter Juan Gallo (fs, 119/120), Marina Claudia Blanco (157/159), de César
Sebastián Gsponer (fs. 173/175), de Luis Roberto Pizarro (fs. 176), Verónica de los Angeles Gómez (fs
228/229), Paola Bassani (fs. 230/231), Alejandro Guillermo Weiss (fs. 254/256), Luis Alberto Durán (fs.
324/325), Joaquín Eduardo Soro (326/327), Federico Re Crespo (fs. 337), Dana Yercovich(fs. 376).
Documental – Instrumental: Certificado de la entrega por Aramayo del fajo de billetes que sería
utilizado para el procedimiento (fs. 08), acta de aprehensión de Ernesto José Serafini y de secuestro de
su credencial de abogado y del dinero que le fuera entregado por Aramayo (fs. 16-18), fotocopias de los
billetes entregados por Aramayo a Serafini (fs. 19-43), acta de secuestro del teléfono celular de Serafini y
de una tarjeta personal del abogado Aramayo (fs. 46), tarjeta personal del abogado Aramayo (fs. 47),
Informe médico policial del imputado Serafini (fs. 78 y 80), acta inventario del automóvil Ford Focus de
propiedad de Serafini (fs. 81), Informe de la División Delitos Económicos de la Policía de la Prov. De
Córdoba, acompañando 2CD con filmaciones interiores y exteriores de la estación de servicio YPF de Río
II (fs. 86), informe del Secretario de la Fiscalía de Instrucción y Familia de Río II, conteniendo listado de
causas en las que interviene el abogado José Ernesto Serafini (fs. 89/91), acta de desgrabación de la
lapicera-filmadora utilizada en la presente investigación (fs. 97/98), informe de la División Delitos
Económicos de la Policía de la Prov. De Córdoba, acompañando 1 cassette de intervención telefónica del
Nº 0351- 6860871 correspondiente a los días 6 a 9 de diciembre (fs. 127), informe de la División Delitos
Económicos de la Policía de la Prov. De Córdoba, relativo a la desgrabación de comunicaciones del
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teléfono Nº 0351- 6860871, desde las 22.05 del 3/12, hasta las 18.25 hs. del 6/12/10 (fs. 132/136),
informe remitido por la División de Precesamiento de Telecomunicaciones de la Dirección General de
Policía Judicial, acompañando sábanas de llamadas entrantes y salientes de los Nº 351-6860871 y 3572532798 (fs. 137/146), Acta de entrega del dinero secuestrado al Dr. Carlos Tomás Aramayo (fs. 156),
actuaciones sumariales Nº 130/10 labradas por la Sub comisaría de Sgo Temple, con intervención de la
Fiscalía de Instrucción de Río 2º, remitidas “ad effectum videndi” y relativas a la detención de Gallo
(reservadas en Secretaría), Resumen de cuenta de la empresa Claro perteneciente al plan corporativo de
Luis Roberto Pizarro (fs. 177/181), informe remitido por la División de Precesamiento de
Telecomunicaciones de la Dirección General de Policía Judicial, acompañando sábanas de llamadas
efectuadas desde el celular de la empresa Telecom Personal Nº 351—5287264 cuya titularidad
pertenece a Luis Nazar (fs. 193/197), oficio de la División Delitos Económicos de la Policía de la Prov. De
Córdoba, acompañando 1 cassette (Nº 3) de intervención telefónica del Nº 0351- 6860871
correspondiente a los días 09/12 al 10/12/2010 (fs. 198), acta de obtención de propiedades técnicas de
grabador y lapicera-filmadora efectuada por el Of. Insp. Marcelo Fada (fs. 202/204), certificado de
entrega por parte del Oficial Mayor Pedro Luna (Div. de Procesamiento de Telecomunicaciones de Policía
Judicial) de un pen drive conteniendo los archivos informáticos con los listados de sábanas
correspondientes a las líneas telefónicas 0351- 6860871, 03572-532798 y 0351-5287264 (fs. 216),
constancias de publicaciones periodísticas relacionadas a la presente causa extraídas de internet, acta
del procedimiento realizado por el Of. Insp. Marcelo D. Fada para la extracción de listado de llamadas
perdidas, recibidas, realizadas, mensajes y contactos del celular 0351- 6860871 (fs. 233/251), informe
remitido por la División de Procesamiento de las Telecomunicaciones, respecto a la titularidad y detalle
de las comunicaciones del teléfono celular 351-5377679, perteneciente a Carlos Tomás Aramayo (fs.
273/291), informe remitido por el Area de Recursos Humanos del Poder Judicial de la Provincia de
Córdoba conteniendo el certificado de servicios del Dr. Luis Marcelo Nazar (fs. 294/295), informe remitido
por la División de Procesamiento de las Telecomunicaciones, respecto a la titularidad de la cuenta donde
se encuentra activa la línea 351-6860871 (fs. 297/300), informe remitido por la Oficina de Sumarios
Administrativos del Tribunal Superior de Justicia relativo a los sumarios administrativos vinculados a
Fiscal Luis Marcelo Nazar (fs. 301/302), informe remitido por el Secretario de la Fiscalía de Instrucción de
Río Segundo, Dr. Walter Iglesias, relativo a la causa en donde fuera imputado Ernesto Serafini (fs. 305),
Estudio Otorrinolaringológico de Ernesto Serafini (fs. 340/343), acta del procedimiento realizado por el Of.
Insp. Marcelo D. Fada para efectuar el cruzamiento de llamadas telefónicas pertinentes a la causa (fs.
344/347), acta del procedimiento realizado por el Of. Insp. Marcelo D. Fada para efectuar desgrabación
de las intervención telefónica al celular de Serafini, del contenido de audio y videos obtenidos mediante el
dispositivo de grabador de voz y lapicera con cámara filmadora (fs. 348/369), y demás constancias de
autos.- III) Requisitoria de Investigación Jurisdiccional: Con fecha 06-12-10 el Sr. Fiscal de
Instrucción en lo Penal Económico de Primera Nominación requiere a la Sra. Jueza de Control en lo
Penal Económico la investigación jurisdiccional de los presentes autos (fs. 50/51), en contra de Nazar,
Luis Marcelo p.s.a de Exacciones Ilegales (art. 45 y 266 CP) y Serafíni, Ernesto José p.s.a de
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AUTOS: "Nazar, Luis Marcelo y otro p.ss.aa. Exacciones Ilegales.”
(Expte. letra "N", Nro. 01/10, SAC. 261525),
Exacciones Ilegales en calidad de participe necesario (art. 45 y 266 del CP).- IV) Auto Interlocutorio
–Vista al Fiscal de Instrucción-: La Sra. Jueza de Control en lo Penal Económico y Anticorrupción, con
fecha 18-02-11 mediante auto interlocutorio Nº 09/11, resuelve: “Luego de haberse recibido declaración
indagatoria a los imputados Luis Marcelo Nazar (fs. 268/270), y Ernesto José Serafini (fs. 165/166 y
331/334) en relación al hecho contenido en la requisitoria de investigación jurisdiccional formulado por el
Sr. Fiscal de Instrucción, este Tribunal opina que se ha completado la investigación penal preparatoria, y
que, habida cuenta de la prueba recabada, la causa se encuentra en estado de correr vista al Sr. Fiscal
de Instrucción de conformidad a las previsiones del art. 347 del C. de P. Penal. Debe aquí manifestarse
que no escapa al conocimiento de este Juzgado de Control que, de la sola lectura del artículo 347 del
C.P.P., se evidencia que al correr vista para la acusación, el Juez considera que se ha acreditado en
grado de probabilidad, tanto lo atinente a la existencia del hecho cuanto lo relativo a la participación
responsable de los imputados en el mismo. Por ello, y dado el significado que conlleva la adopción de
esta medida procesal, debe procederse a una ponderación probatoria que justifique la adquisición de
este particular status conviccional, pues de otro modo sería imposible controlar si incurre en una
arbitrariedad que la invalidara como acto de autoridad. En esa inteligencia, se efectuarán a continuación
las consideraciones que dan razón y sustento lógico a la medida procesal que aquí se dispone, las que
se presentan segmentadas en la forma que se considera como más conveniente para una mayor claridad
expositiva: a) La denuncia: Este análisis no puede sino comenzar por efectuar una especial mención a
aquella circunstancia que determinó el origen de las presentes actuaciones, y que en el caso particular, y
dadas las circunstancias, posee un importante valor: la denuncia realizada por el abogado Carlos Tomás
Aramayo. El anoticiamiento efectuado por el mencionado letrado, que puso en funcionamiento a las
pertinentes estructuras judiciales, resulta marcadamente verosímil. En primer lugar, porque se presenta
como una reacción inicial espontánea de quien se ve sorprendido por una actuación funcional claramente
delictiva. Da cuenta de ello, el brevísimo lapso transcurrido entre los sucesos determinantes (entrevistas
de Aramayo con el Fiscal Nazar y Serafini), las inmediatas comunicaciones y consultas efectuadas por
Aramayo a personas de su confianza sobre cómo proceder, y la posterior denuncia materializada ante la
Fiscalía en lo Penal Económico, todo esto, en cuestión de un par de horas. Pero además, dicha
espontaneidad se ve patentizada en el hecho de que el sustrato de lo denunciado (el inicial pedido del
Fiscal, canalizado luego a través de Serafini), encuentra plena coincidencia en la versión de los hechos
que primigeniamente proporcionara Aramayo a las personas con las que se contactó, es decir, aun
antes de efectuar la denuncia (ver testimoniales de Gsponer y Weiss, fs. 173/175 y 254/256). Por su
parte, la denuncia describe de manera pormenorizada los sucesos que la motivan, constituyendo un
relato muy preciso en lo que respecta a las conductas de los intervinientes y las circunstancias de
tiempo, modo y lugar en que éstas habrían tenido lugar. De manera complementaria, la actuación de
Aramayo posterior a la denuncia (participación en el delito experimental y ulteriores declaraciones
testimoniales en el proceso) es absolutamente consecuente con los hechos que desde el principio hizo
conocer al Fiscal, de cuanto resulta que además de ofrecer un relato verbal que mantuvo en todas la
manifestaciones que dirigió a propios y extraños (clientes, magistrados, Fiscal interviniente) a lo largo del
tiempo, y que no ofrece contradicciones ni cambios, también guarda coherencia con la conducta que fue
desarrollando. Pero además, la espontaneidad referida va acompañada de otros elementos que permiten
sostener la verosimilitud de lo denunciado. Debe señalarse como una cuestión de medular importancia
que, a partir de la investigación judicial, la prueba incorporada evidencia un pleno correlato corroborante
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de lo denunciado, ya sea que se trate de los contenidos surgentes de declaraciones testimoniales, de la
intervención telefónica, desgrabaciones realizadas desde otros dispositivos, del secuestro de efectos
realizado en oportunidad del delito experimental preparado por la Fiscalía de Instrucción, de las
constancias de las sábanas de comunicaciones telefónicas, etc. En primer lugar pueden ser
corroboradas las llamadas telefónicas efectuadas por Aramayo –y en la secuencia por éste manifestadamomentos después de haberse concretado la exigencia del pago de dinero por parte de Serafini. Así, la
llamada a la familia de Gallo queda acreditada con el testimonio del yerno del detenido, César Gsponer,
quién menciona entre otras cosas que Aramayo lo contacta a eso de las 11.00 hs. (la sábana del celular
de Aramayo registra la llamada a las 11.02 hs., fs. 281), le transmite la exigencia de dinero del Fiscal
para dejarlo en libertad a su suegro, el monto solicitado ($ 7.000), el estado de ofuscación de Aramayo,
su negativa a efectuar el pago, etc.. En sintonía con ello se encuentra la declaración del Dr. Alejandro
Weiss (fs. 254/256), quien manifiesta que el día viernes 3 de diciembre, mientras se encontraba
trabajando en su despacho, en un horario que no puede precisar, pero que ubica entre las 10.30 y 11.30
hs. de la mañana recibe una llamada de Aramayo (11.37 hs., según la sábana de Aramayo, fs. 281),
quien en un tono no habitual, que revelaba su estado de indignación, le relata la gestión profesional que
está llevando a cabo respecto a un detenido, la exigencia de dinero para proceder a su liberación de la
que había sido objeto por parte del Fiscal, el monto solicitado ($ 7.000), su oposición a pagar lo
requerido, etc. A ello debe agregarse que tras denunciar el hecho, el Dr. Aramayo prestó conformidad
para participar en el delito experimental dispuesto por la Fiscalía, que éste tuvo resultado positivo, pues
no sólo se secuestró en poder de Serafini el dinero que Aramayo le entregó, sino también otros efectos
que fueron objeto de mención en la denuncia (tarjeta profesional entregada por Aramayo a Nazar, fs. 46),
o que permitieron obtención de prueba relativa a la causa (celular de Serafini, 16/18). En idéntico sentido,
las sábanas que registran las llamadas efectuadas y recibidas por Aramayo, Nazar y Serafini evidencian
un entramado de comunicaciones y contactos que va de la mano de las tratativas y negociaciones
denunciadas por el primero, y al mismo tiempo resulta incompatible (o cuando menos inexplicable –el
aludido entramado-) con otra situación que no sea la del suceso denunciado. Para ser más clara: se
desprende del análisis de la sábana del celular del denunciante (fs. 281) que, luego de retirarse de la
Fiscalía de Río Segundo, y además de las llamadas a Gsponer y el Dr. Alejandro Weiss a las que se
hiciera referencia supra, el Dr. Aramayo efectúa una llamada a Serafini (11.47 hs), recibe una llamada de
Weiss (11.51 hs), quien le proporciona el teléfono celular del Fiscal Amayusco, llama a Amayusco (11.52
hs.), llama nuevamente a Gsponer (11.59 hs) para decirle “que buscaran la plata y la llevaran a Río
Segundo” (ver fs. 173), recibe una llamada de Gsponer (12.06 hs., quien le avisa que ya tiene el dinero),
llama a Serafini (12.11 hs., para preguntarle “hasta qué hora lo podía esperar”), llama y recibe llamado
de Gsponer (12.19 y 12.20 hs), recibe una nueva llamada de Weiss ( 12.22 hs.), recibe una del Fiscal
Amayusco (12.23 hs), recibe otra de Gsponer (12.29 hs), recibe una de Amayusco (12.59 hs.), llama a
Serafini (14.39 hs) para manifestarle que “ya había conseguido el dinero” (fs. 6), recibe el llamado de
Serafini (14.51 hs) que le manifiesta que no lo podía ubicar al Fiscal, pero que calculaba que le iban a dar
la libertad porque el Fiscal “confiaba en su palabra” (fs. 6), finalmente recibe una llamada de Serafini
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AUTOS: "Nazar, Luis Marcelo y otro p.ss.aa. Exacciones Ilegales.”
(Expte. letra "N", Nro. 01/10, SAC. 261525),
(15.25 hs.), quien le comunica que “ya había hablado con el Fiscal y que éste había dispuesto la libertad
de su cliente”. Coetáneamente con dichas llamadas, y conforme a las constancias obrantes en la sábana
del celular del encartado Serafini ( fs. 137/146), se observa una sucesión de contactos telefónicos entre
los imputados, los que registran la secuencia que se describirá a continuación, no sin antes aclarar que
resulta perfectamente compatible que las distintas empresas de telefonía registren una misma llamada
con una pequeña diferencia horaria, dados que los sistemas de registración responden a programas
distintos (por ejemplo, una saliente del celular de Aramayo y entrante al celular de Serafini será
informada según la hora en que estén programados los sistemas de una y otra empresa, y que ellos
pueden no estar sincronizados). Así entonces, ante el llamado efectuado por Aramayo a Serafini a las
12.13 hs. (registrado en la sábana de Aramayo a las 12.11 hs, y según éste, efectuado para preguntar
hasta que hora lo podía esperar), Serafini llama al Fiscal Nazar ( 12.19 hs.), ante otro llamado de
Aramayo donde éste manifiesta que le avisa que ya había conseguido el dinero (14.41 hs.), de manera
inmediata intenta comunicarse con Nazar, y como no lo encuentra (ver fs. 333), le deja un mensaje
(también a las 14.41 hs.), luego llama a Aramayo (14.53 hs.) para avisarle (según éste) que no lo podía
encontrar al Fiscal, recibe luego una llamada de Nazar (15.25 hs.) y en el acto llama a Aramayo (15.27
hs.) para, según se denuncia, avisarle que había hablado con el Fiscal y que éste había dispuesto la
libertad. Sólo las aquí mencionadas, importan un total de 20 llamadas, entre entrantes y salientes (que
no son todas, porque Aramayo refiere haber intentado comunicarse infructuosamente con otras
personas), efectuadas en el lapso de cuatro horas y media, y el hecho de que las mismas involucren al
denunciante, denunciados, obligados al pago, y funcionarios judiciales, evidentemente emparenta más la
cuestión con la mecánica de una negociación de las características del hecho denunciado, que con un
simple trato de honorarios profesionales. También resulta corroborante de la denuncia, el contenido de la
intervención telefónica efectuada en el teléfono celular de Serafini, lo que será objeto de análisis en un
punto posterior. En consonancia con lo manifestado, debe señalarse finalmente que el denunciante ha
sido caracterizado por el testimonio de un magistrado del Poder Judicial de dilatada e incuestionable
trayectoria, como un joven absolutamente honesto, trabajador, esforzado, de valores morales
destacables y que le merece plena confianza. Pero esa conceptualización no estaría completa si no se
hiciera referencia además a otro aspecto de importancia: la inexistencia de relaciones previas, y,
menos aún, de conflictos anteriores del denunciante con los implicados, que pudieran dar otro
sentido a la motivación de la denuncia. Si Aramayo no tenía trato con el Fiscal, y no conocía a
Serafini, y por lo tanto, no se advierte que puedan existir razones de razones de enemistad o venganza a
las que atribuir el interés de la denuncia, podría formularse la siguiente pregunta: ¿Qué llevaría a este
abogado, no sólo a denunciar a un Fiscal de Instrucción, sino a participar en un procedimiento como el
del que fue parte?. Ello habida cuenta de que los riesgos de fracaso de tal procedimiento eran ciertos, lo
que implicaría a posteriori razonables complicaciones para el futuro ejercicio profesional de Aramayo. La
única respuesta con sentido a este interrogante sólo puede fincar en la existencia de un acto venal, lo
que refuerza la credibilidad que -en razón de todo lo expuesto- debería concederse a su versión. Este
razonamiento encuentra apoyatura en la propia defensa material de los imputados: repárese que –
llamativamente- las extensas y detalladas posiciones exculpatorias de Nazar y Serafini, en ningún
momento incluyen argumento alguno que justifique el móvil por el que el denunciante pudiera haber
iniciado esta persecución en su contra basado en una versión mentirosa de los hechos. b) La postura
defensiva de los imputados y la prueba recabada: Como concepto común a la situación de ambos
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imputados puede expresarse que se advierte que las posturas defensivas asumidas por los mismos, si
bien cuidadosas en su intento de explicitar el flujo de comunicaciones mantenido entre sí en los días en
que se desarrollaron los hechos, no sólo han sido absolutamente desarticuladas por las constancias y
contenidos de las pruebas obtenidas por la investigación, sino que además, esencialmente, vulneran la
lógica y el sentido común sobre los que deberían sustentarse. La posición exculpatoria del Fiscal
Nazar: El hecho, tal y como ha sido intimado, puede ser divido en lo fáctico y temporal en dos momentos
diferenciados: El del día viernes 3 de diciembre, donde tienen lugar la entrevistas Aramayo–Nazar, y
Aramayo–Serafini, la formalización de la exigencia dineraria, y diversas conversaciones telefónicas entre
los mencionados, y las del día 6 de diciembre, donde se materializa la entrega del dinero a Serafini, su
detención, y el intento de nueva entrevista con el Fiscal Nazar. Se trancribirán a continuación, las partes
pertinentes de la explicación brindada por Nazar en relación a lo acaecido en la primera de las fechas
mencionadas: “Que la causa referida se inició el día 29 de Noviembre con la detención en flagrancia de
los imputados Gallo y Capdevila. Que los mismos permanecieron detenidos en el curso de la semana, y
entre los días 1 y 2 de diciembre aparecen dos abogados interesándose por la situación procesal del
detenido Gallo, presentando ambos abogados dos escritos cada uno. El Dr. Héctor Flores, de Arroyito,
por una parte, y el Dr. Aramayo por la otra, mientras que por el otro imputado, se había presentado la
Dra. Dana Yercovich. Ninguno de los dos se entrevista con él. Y así llega al día 3. Cuando está llegando
a su despacho, a la hora 10 aproximadamente, lo encuentra al Dr. Serafini en la entrada del edificio, y el
mismo le pregunta por la situación procesal del estacionero Gallo, interesándose para saber si estaba en
condiciones para salir en libertad ese mismo día. Que le respondió que no había visto el sumario en lo
referido a la llegada de la planilla de antecedentes, tras lo cual subió a la Fiscalía y pide el sumario. En
ese momento se anuncia el Dr. Aramayo, siendo aproximadamente las 10.30 hs., a quién hace pasar de
inmediato. El mismo se interesa por la situación procesal de Gallo, y allí advierte el declarante, con el
sumario en la mano, que estaba la planilla de antecedentes permitiendo la posibilidad de libertad de los
imputados, ya que carecían de antecedentes. Le manifiesta esto al Dr. Aramayo, esto es, que estimaba
que era probable disponer la libertad en el curso del día 3. Que el Dr. Aramayo se retira de su despacho,
y que luego de ello, llamó desde el teléfono de la Fiscalía al Dr. Serafini, y él vino personalmente, donde
le manifiesta a éste que había dos abogados interesándose por la situación del imputado Gallo, y que él
era el tercero pero que carecía de designación, por lo cual le solicita que procurara ser designado si
quería participar en el proceso, tras lo cual, Serafini se retira. Que luego de ello, y aproximadamente
hasta la hora 12.00 o 12.30, en la que su celular queda sin batería, recibe un par de llamadas del Dr.
Serafini. En una de ellas, le manifiesta que está aguardando encontrarse con familiares de Gallo para
que lo designen, y en otra, le pregunta sobre si iba a ser posible la libertad de Gallo ese día. Ante lo cual,
le manifestó lo mismo que le había dicho al Dr. Aramayo, que dado la carencia de antecedentes de los
imputados, se dispondría la libertad ese día. En ese momento, entre las 12.00 y 12.30 del día, le anuncia
a la Dra. Bettini que iba a hacer lugar a la libertad de los imputados, ante lo cual la Prosecretaria se pone
a hacer un oficio y anticiparlo vía fax a Bower” ... “Que tras ello, aproximadamente a las 14.00 se retira a
su domicilio de Córdoba, y cuando enchufa el celular para cargarle la batería, advierte un mensaje de
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AUTOS: "Nazar, Luis Marcelo y otro p.ss.aa. Exacciones Ilegales.”
(Expte. letra "N", Nro. 01/10, SAC. 261525),
texto del Dr. Serafini, pidiendo que lo llamara urgente. Lo llama, aproximadamente 15.30 hs., y él le
pregunta qué había pasado con la libertad de Gallo, ante lo cual le respondió que estimaba se había
materializado, que de ello se había ocupado la Dra. Bettini”. Como primera reflexión puede afirmarse que
el número, secuencia y horarios de las llamadas efectuadas por el Fiscal queda acreditado no sólo por
las constancias documentales existentes en autos, sino por el expreso reconocimiento efectuado por
Nazar (y también por Serafini) al efectuar su defensa material. De tal manera, la contraposición con lo
denunciado respecto a este día quedaría básicamente circunscripta a que la denuncia refiere que en la
entrevista de Aramayo con el Fiscal habría tenido lugar la exigencia ilegal del funcionario, y que éste
habría llamado en su presencia a Serafini para que obrara de intermediario, mientras que el imputado
niega tal solicitud, alude a conversaciones relativas a la causa, sosteniendo además que la llamada a
Serafini fue efectuada de manera posterior a la salida de Aramayo de la oficina. Al no existir prueba
directa sobre lo allí acontecido, dado que hechos como el denunciado se materializan por lo general en
ámbitos íntimos o privados, alejados de la posibilidad de percepción externa, nos encontramos sólo con
dichos contrapuestos, razón por la cual debe recurrirse a los indicios que puedan extraerse de la prueba
existente. Ya se ha hecho referencia a la consistencia y refrendación probatoria que en general presenta
la versión del denunciante, la que se contrapone con los importantes interrogantes que genera la defensa
intentada por Nazar. Así, y según lo que se desprende de la declaración del Fiscal (fs. 268/270), éste
sostiene que la inicial llamada a Serafini fue efectuada luego de la reunión con Aramayo , cuando éste se
retirara de su despacho. En cuanto al horario en que esta reunión habría tenido lugar, la versión de Nazar
coincide con lo expresado por Aramayo (aproximadamente las 10.30 hs.), mientras que la llamada hecha
por Nazar desde el teléfono fijo de la Fiscalía figura como entrante al celular de Serafini a las 10.41 hs.
(fs. 143), es decir, aproximadamente a unos 11 minutos del comienzo de la reunión. Teniendo en cuenta
esta apreciación temporal (corroborada también con la sábana de llamada de fs 281, de la que se
desprende que la primera llamada que hace Aramayo luego de la entrevista a Gsponer fue a las 11:02
hs.), resulta más probable entonces que la llamada se haya efectuado con Aramayo aún dentro de la
oficina del Fiscal, y no como éste refiere en su declaración. Pero lo que acredita del modo más
contundente que esa llamada fue efectuada en presencia de Aramayo es el hecho de que éste no tenía
forma de conocer la existencia de la llamada al teléfono de Serafini realizada desde el directo de la
fiscalía, si no hubiera estado allí cuando Nazar la efectuó. En efecto, ya en la denuncia del día
viernes, Aramayo brinda esa precisión, mucho antes de que se obtuviera la prueba informativa que
acredita tal extremo. En tal sentido, el argumento defensivo hecho valer por Nazar sobre el particular
importa un claro indicio de mala justificación. Siguiendo con lo expresado por Nazar en su posición
exculpatoria, y en lo relativo a que con Serafini “tiene un conocimiento personal, pero no una amistad
íntima”, cabe preguntarse: ¿Cuál es motivo que impulsaría al Fiscal a llamar a Serafini, convocarlo a su
despacho y solicitarle que procurara ser designado defensor de Gallo, cuando conocía efectivamente de
la intervención en la causa de los letrados Flores y Aramayo (el último, ya designado como defensor)?
¿Qué motivo justificaría la sucesión de llamadas posteriores de Serafini para comunicarle cuestiones
absolutamente nimias (que estaba aguardando encontrarse con familiares para ser designado), o
requiriéndole (y obteniendo, a pesar de no haber sido ni propuesto defensor) información relativa a una
causa en estado de secreto de sumario? Finalmente, y dado el cuadro de situación, esto es, una causa
menor, sin complicaciones mayores, donde la situación del detenido ya estaba resuelta, que contaba con
un abogado designado, y otro actuando: ¿Qué llevaría a Nazar a llamar justamente a Serafini, que no
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reunía ninguna de aquellas calidades, para informarle sobre la libertad de Gallo? Corresponde reiterar
en este tramo, que las explicaciones brindadas al respecto por el Fiscal contrarían la lógica y el sentido
común, además de denotar un ejercicio funcional, cuando menos, irregular. El fiscal ha alegado en su
defensa (ofreciendo el testimonio de 32 letrados) que era habitual que recibiera llamados a su celular de
defensores que no se podían comunicar a las líneas de la sede para consultar situaciones de su
defendido, definitivamente no parece que estas comunicaciones con Serafini –tal como las ha
reconocido- encuadren en esa generalidad. No estamos hablando de brindar a un letrado interviniente.
información del estado de una causa, sino -como veremos infra- de información brindada a un letrado no
vinculado con la causa, relativa cuestiones tales como qué hacer con el imputado: si se lo lleva a la
fiscalía o no,” cómo se hace con el tema”, etc. Por otra parte, y en lo relativo a lo acontecido el día
lunes 6 de diciembre, se reproduce a continuación el descargo del Dr. Nazar: “De ahí no tiene más
noticias de esta cuestión hasta el lunes a la mañana, en que lo llama el Dr. Serafini a su celular
aproximadamente a media mañana. Ve que es él porque tiene agendado su número, pero había un fuerte
ruido en la línea, como una fritura, y no escuchó nada de lo que le decía, a lo que le dijo telefónicamente:
“No te escucho nada, vení personalmente”. Que en lugar de ir Serafini, al rato se anunció el Dr. Aramayo,
a quién hizo pasar de inmediato y atendió de parado en el ingreso a su despacho. El letrado le dijo que si
era necesario presentarlo al imputado, que estaba con él, ante lo cual le respondió que no era necesario,
que cuando la instructora fijara el hecho, lo llamarían para indagatoria”. En primer lugar debe señalarse
que de la simple lectura de la declaración, se desprende que el Dr. Nazar menciona haber recibido sólo
una llamada telefónica por parte de Serafini “a media mañana”. Dicha versión se contrapone con las
pruebas que surgen tanto de las sábanas de los celulares de Serafini y Nazar (fs. 137/146 y 193/197),
como del contenido de las escuchas telefónicas que se habían dispuesto en relación a línea del primero,
las que acreditan acabadamente que Serafini efectuó dos llamadas a Nazar relacionadas a esta
situación (10.23 y 10.38 hs), y no una como se interpreta de la declaración de ambos imputados, lo que
también debe ser señalado como indicio contrario a los encartados. De lo que atañe a los contenidos de
dichas comunicaciones dan cuenta las desgrabaciones de la intervención telefónica practicada sobre el
teléfono de Serafini (fs. 136). Se reproduce a continuación la primera de las llamadas:
Luis: Hola Dr.
S: Hola Luis.
L: Si Señor.
S: Me escuchas?
L: Si Señor
S: Che acá está esta gente, me acaba de hablar Aramayo, esperándome en la estación de servicio, como
hacemos con este tema?.
L: Bueno arreglalo vos a eso.
S: Ahá. Pero después que vayan a hablar con vos? Los hago hablar con vos? Como es el tema? Tenés
que hablar vos con el tipo? Que qué tiene que hacer el tipo ahora?.
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AUTOS: "Nazar, Luis Marcelo y otro p.ss.aa. Exacciones Ilegales.”
(Expte. letra "N", Nro. 01/10, SAC. 261525),
L: El tipo ha venido?
S: Si, Si
L: Bueno entonces después acompañalo vos.
S: Adonde?
L: Acá. traelo acá.
S: A hablar con vos?
L: Como? Si vamos a ver si lo hago fijar; vamos a establecer una fecha a ver si.
S: Digo cuando vaya a Tribunales le pido hablar con vos con el tipo?
S: Hola?
L: No, mejor mirá vamos a ser claros, mejor va a ser que hable con la chica a ver que día se le puede
fijar el hecho para traerlo a declarar.
S: Aha. Yo voy con él a Tribunales y esperamos eso nomás?.
L: Exactamente.
S: Bueno, hará falta que me nombre co-defensor O?
L: Si, seria mejor, claro.
S: Bueno, bueno. Chau.
L: Chau. Hasta Luego.
S: Hasta Luego.Puede observarse entonces que Serafini le anuncia al Fiscal que Aramayo, Gallo y su yerno ya lo están
esperando en la estación de servicio, y le consulta sobre cómo proceder, utilizando un lenguaje que
denota una evidente actuación subordinada: “...acá está esta gente me acaba de hablar
Aramayo
esperándome en la estación de servicio, cómo hacemos con este tema”. Inopinadamente Nazar le
indica a Serafini que él mismo “arregle” eso. Repárese en el tenor de las consultas de Serafini: “Pero
después que vayan a hablar con vos? Cómo es el tema? Tenés que hablar vos con el tipo? Que tiene
que hacer el tipo ahora?”. En teoría, y según lo manifestado por Serafín en su declaración, estamos ante
un abogado que tiene simplemente que hacer comparecer a su “cliente” ante la Fiscalía. Pero es
evidente que no se trata de un ejercicio de la defensa que esté bajo el gobierno de Serafini; los
interrogantes por él formulados evidencian que el poder de decisión recaía sobre el Fiscal y no en su
persona, y no sobre actos procesales normales.
Cabe preguntarse, de admitir la posición
exculpatoria, qué tipo de patrocinio está ejerciendo el abogado Serafini? Nótense los términos utilizados
por éste en la conversación, donde no usa giros como “comparecer” o “ir a declarar”, sino que le
pregunta en tres ocasiones si Gallo tiene que “hablar” con el Fiscal, evidenciando luego un desconcierto
poco explicable ante un mero comparendo: “Que tiene que hacer el tipo ahora?”. Que si bien alguna
respuesta de Nazar a una de estas preguntas pareciera llevar el tema hacia la realización de un acto
procesal, la experiencia común y los usos forenses indican que ningún abogado con un mínino de praxis
profesional (menos aún si no está designado ni propuesto) llamaría telefónicamente al Fiscal para
consultar semejante cosa. No sólo eso, sino que cuando Nazar le dice “acompañalo vos”(al imputado),
Serafini pregunta: “adónde?”. Si realmente la cuestión trataba de acompañar al defendido a arreglar la
fecha de la indagatoria o cualquier otro acto procesal de ese tenor, ¿cabe duda respecto adónde debe
realizarse sino en la sede de la fiscalía?? En consonancia con las dudas presentadas en su conversación
con Aramayo –que se analizará infra- relativa a quién recibiría el dinero, parecería que Serafini es un
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defensor que no tiene por cierto quién tiene que recibir los honorarios ni donde debe entrevistarse su
defendido con el fiscal.
Demasiado desconcierto para una sola causa. La segunda de las
comunicaciones telefónicas, es la acaecida ya en el bar, cuando Serafini, en compañía de Aramayo,
Gallo y Gsponer, llama a Nazar a requerimiento del primero (10.38 hs.). Se reproduce a continuación la
misma:
Luis: Hola Dr.
S: Hola Luis (no se entiende), me escuchas?
L: Si te escucho.
S: El tipo me ha dado a mí acá el dinero (lo dice murmurando) entendés?
L: No, no te escucho nada, vení en todo caso personalmente.
S: Pero, no, no, el doctor quiere hablar con vos. Puede hablar con vos?
L: Si, lo voy a recibir pero dentro de media hora por lo menos.
S: Bueno, bueno.
L: Chau.
S: Chau.En esta llamada Serafini directamente le cuenta al Fiscal que está por recibir el dinero: “El tipo me ha
dado a mi acá el dinero, entendés?”. Nuevamente sorprende y llama la atención el tenor de las
expresiones que el abogado Serafini dirige al Sr. Fiscal de Instrucción, Dr. Nazar. Conforme la posición
exculpatoria en que ambos han coincidido, no se explica por qué razón al Fiscal habría de interesarle si
Serafini lograba cobrar honorarios profesionales por su intervención en una causa instruida por aquél, ni
por qué motivo Serafini habría de comunicar tal cosa al Fiscal, si éste no tenía interés alguno. Al
contrario, en sus palabras, Serafini no manifiesta que su cliente le pagó sus honorarios, sino que le
cuenta al Fiscal que “el tipo” le da acá el dinero, en una jerga que debe convenirse como más
acomodada al trato espurio, que a la retribución de servicios profesionales. Debe analizarse aquí lo
señalado en la defensa material de Nazar: éste refiere que recibe el llamado de Serafini, a quién
reconoce por tenerlo agendado, pero que había un fuerte ruido en la línea (como una fritura), y no
escuchó nada de lo que le decía, a lo que le dijo: “No te escucho nada, vení personalmente”. Pues bien,
dicha explicación difiere de la prueba recabada. La desgrabación de esa llamada demuestra que el Fiscal
atiende el teléfono, que a la pregunta de si escucha, hecha por Serafini, responde que sí, que escucha,
para después contestar correctamente a la pregunta de Serafini de si Aramayo podía hablar con él. En
conclusión, no resulta cierto que no escuchó “nada” de lo que su interlocutor le decía. Es cierto que
existe en la respuesta de ese diálogo la frase a la que hace referencia el imputado, pero lo que resulta
sospechoso y llamativo, es que ésta es proferida sólo y justamente en respuesta a la noticia dada por
Serafini de que le daban el dinero en la mano, y preguntándole si “entendía”. Antes y después de esa
pregunta, la conversación resulta coherente, y Nazar y Serafini se comunican sin problemas. Pero aún
cuando se considerara parcialmente cierta la versión dada por Nazar, y en el caso de que una
interferencia hubiera impedido que éste no escuchara que Serafini le decía que había recibido el dinero
en la mano, resulta altamente sugestivo que aquél le contara tal circunstancia. Si según lo manifestado
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AUTOS: "Nazar, Luis Marcelo y otro p.ss.aa. Exacciones Ilegales.”
(Expte. letra "N", Nro. 01/10, SAC. 261525),
por Serafini, el dinero eran sus honorarios: ¿Por qué Serafini iniciaría la conversación con el Fiscal
comunicándole -del modo mencionado- que había recibido dinero? ¿Cuál podía ser el interés del Fiscal
en los honorarios de Serafini, si ni siquiera eran amigos íntimos?. Nuevamente el sentido común de la
argumentación defensiva queda en crisis. Los denominados “indicios de actitud sospechosa” están dados
porque generalmente existen comportamientos del sujeto, anteriores o posteriores al hecho, que por su
especial singularidad o extravagancia permiten inferir que tienen relación con el delito cometido. En el
caso, y amén de los puntualmente señalados en los párrafos anteriores, también resulta significativo
que la explicación de Nazar omita mencionar la llamada por él efectuada al teléfono de Serafini a
las 13.56 hs. (fs. 143). Debe recordarse el cuadro de situación a ese momento: Serafini había recibido el
dinero, y se había comprometido en ir con Aramayo y Gallo a la Fiscalía para hablar con el Fiscal. En
lugar de eso, sólo aparece Aramayo en la Fiscalía con su lapicera-filmadora, situación ésta que según
refiere el denunciante, es advertida por Nazar. Con Serafini ya detenido, su celular secuestrado, y ante la
ausencia de noticias, la llamada se presenta como un intento de averiguar que había ocurrido con
Serafini ante la sospecha de un desenlace negativo. Que aún si se arguyera que esta llamada respondió
al solo hecho de que Serafini se había comprometido a ir, y no lo había hecho, y que Nazar sólo quería
saber que había ocurrido con él, dicho argumento sólo evidenciaría un interés del Fiscal por la situación
que no podría sino presentarse como excesivo o anormal para una situación corriente y regular. Por su
parte, y como indicios de personalidad del imputado Nazar derivados de conductas anteriores, pueden
mencionarse tanto los contenidos que surgen de las declaraciones testimoniales de autos (funcionarios y
empleados de la Fiscalía de Instrucción), como de las constancias obrantes en el informe remitido por la
Secretaría de Sumarios del TSJ. En tal sentido, respecto de Nazar, varios testigos hacen mención a
manifestaciones públicas cuestionando la actuación de Nazar, y vinculándolo a hechos de corrupción, o
bien a conductas advertidas como irregulares en su desempeño funcional. En tal sentido pueden
mencionarse la testimonial del Secretario de la Fiscalía de Instrucción, Dr. Iglesias (fs. 93/96), quien
manifestó su sorpresa respecto a la actuación del Fiscal en una causa por cuatro hechos de facilitación
de la prostitución de menores en la que estaba implicado un tal “Choricero Nuñez”, que pese a ser
sorprendido en flagrancia, pudo escapar de manera sospechosa, que luego fue presentado por el Dr.
Cravero a la Fiscalía solicitando el mantenimiento de la libertad, y que pese a la entidad de los hechos y
la flagrancia, el Fiscal otorgó el mantenimiento de libertad. Refiere además el testigo otra causa “Gauna”,
que trataba de una sustracción de combustible a un oleoducto, donde un coimputado de Gauna que
previamente habría sido amenazado por un hermano de éste, debió participar como reconociente de
Gauna en rueda de personas, acto que dio negativo, creyendo que en base de esto se dispuso la libertad
de Gauna. Que le comentó la Prosecretaria Verónica Gómez, que en la zona había rumores de que
Gauna tenía que vender su auto para pagar los $ 20.000 que le había exigido Nazar. Este último
comentario es también de conocimiento de Verónica Gómez (fs. 227/229), quien manifiesta llegó a su
conocimiento de manera indirecta, por lo escuchado por su marido en una reunión de bar. Por su parte,
la Secretaria Mazán (fs. 111/113) menciona que “Que siempre ha habido rumores de cosas raras. Que
una vez la sorprendió un escrito de un abogado en una causa que lo trataba al Fiscal de corrupto y
coimero”. En igual sentido la Prosecretaria Bettini (fs. 114/116) dice que conoce por parientes que tiene
en Río Segundo y Pilar que el concepto es pésimo, “Que lo apodan “diezmo” porque se dice que siempre
pide diez mil pesos para dictar cualquier medida en relación a una causa.” “Que a ese nivel causó
estrépito una causa que venía de Villa del Rosario, en la que la gente manifestó en contra del Fiscal.”
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“Que manifestaciones han ocurrido en por lo menos tres oportunidades...”. A su vez, la Secretaría de
Sumarios Administrativos del Tribunal Superior de Justicia, informa a fs. 302 sobre la existencia de cinco
actuaciones administrativas vinculadas al Dr. Luis Nazar como funcionario, a saber 1) “Delegada de
Superintendencia de los Tribunales de Río Segundo, Dra. E. Martinez Gavier informa la sustracción de
documentos públicos en Srio Nº 492/08 de la Unidad Judicial de la ciudad de Rio Segundo” (Expte. D35/08 de fecha 29/07/08); 2) “Señora Secretaria de la Oficina de Automotores del TSJ, Dra. Mercedes
Mayorga de Funes, remite copia de lo informado por la Doctora Martínez Gavier, Juez en lo Civil,
Comercial, Laboral y Familia de la ciudad de Río Segundo” (Expte. S-01/09 de fecha 9/2/09); 3)
Investigación administración con motivo de la publicación periodística del diario La Voz del Interior de
fecha 20/2/09 en relación al Fiscal de Instrucción de Rio Segundo, Dr. Luis Marcelo Nazar” (Expte. I03/09 de fecha 24/02/09); 4) “Fiscal adjunto de la Provincia de Córdoba, Dra. María Marta Cáceres de
Bolatti remite actuaciones vinculadas a posibles irregularidades en la actuación del Fiscal de Instrucción
en la Sede de Rio Segundo, Dr. Luis Marcelo Nazar” (Expte. F-11/09 de fecha 20/5/09); 5) “Tribunal de
Etica Judicial remite antecedentes en relación al Sr. Fiscal de Instrucción y Familia de Río Segundo, Dr.
Luis Nazar” (Expte. T-03/09 de fecha 21/09/09 conformado por tres cuerpos de expedientes); todas ellas,
(además de la originada con motivo de la instrucción de esta causa), se encuentran en estado de
investigación, y sobre las cuales no existe apertura de sumario. Surge además de lo informado, que
dichas actuaciones han sido remitidas a la Secretaría de Sumarios en el término de los últimos dos años
y medio. Cierto es que los indicios aquí examinados no tienden a probar por sí solos la participación de
Nazar en los hechos que nos ocupan, pero sirven para contribuir a determinar que haya sido autor de un
delito como el que se investiga, en otras palabras, su potencialidad para el acto, dado que “este elemento
indiciario es más importante, no tanto para acreditar la participación del imputado sino, negativamente,
para comprobar que su personalidad es inconciliable con la posibilidad de que el mismo haya sido capaz
1
de cometer tal delito” . Como ha quedado demostrado con la prueba analizada, la personalidad del
nombrado no es inconciliable con el delito que se le achaca, presentando en principio varios puntos de
contacto. La posición exculpatoria de Serafini: Ernesto Serafini se limitó en su primera declaración a
negar el hecho y sostener que todo se limitaba a una cuestión de honorarios que explicaría luego. En la
ampliación de su declaración (fs. 331/334), procedió a articular su defensa material, la que en su parte
pertinente contiene las expresiones que a continuación se reproducen: “Que este tema empieza el día
tres de diciembre del año pasado, donde yo estaba en una cafetería que está frente a tribunales de Río
Segundo, a la que entró un colega, el Dr. Federico Recrespo, y dado que es conocido, se sienta
conmigo, y me dice “Justo te encuentro, tengo un caso que te puede interesar”. Me comenta este hecho
de hurto calificado que está descripto en el hecho que se me intima, acontecido en la localidad de Los
Chañaritos, y me dice que hay una persona detenida, de apellido Gallo, que es el dueño de la estación
de servicio. Me explica brevemente como era el hecho, y que esta persona, que estaba alojada en el
hospital de Villa del Rosario, había sido trasladada a Bower, y que la familia lo había buscado a él por
intermedio de otra persona. Recrespo manifiesta que como él no hace penal, me dice, “fijate vos, quizás
1
JAUCHEN, Eduardo, “Tratado de la prueba en materia penal”, Ed. Rubinzal – Culzoni, pág. 601
AUTOS: "Nazar, Luis Marcelo y otro p.ss.aa. Exacciones Ilegales.”
(Expte. letra "N", Nro. 01/10, SAC. 261525),
13
te pueda interesar el caso”. A eso de las 10.00 hs. de la mañana, estando en la puerta de Tribunales
esperando a una persona, me encuentro con el Dr. Nazar que llegaba, y le pregunto por la situación del
estacionero Gallo, y que posibilidades había de otorgarle la libertad, a lo que él me responde que no ha
visto el sumario todavía, pero que me va informar luego. Aproximadamente a la media hora, me llama por
teléfono, y me dice que concurra a su despacho. Allí me dice: “Mirá, vos me has preguntado por la
situación de esta persona, pero acá hay dos abogados más que alegan representar a Gallo”, que en todo
caso, me hiciera designar para poder participar. Me dice que uno de los abogados es un Dr. Aramayo,
que en todo caso hable con él, que acababa de irse, y me dio las características físicas como para que
yo lo ubicara. Yo voy a planta baja, era un día viernes y había muy poca gente en tribunales, y en el
pasillo de entrada había una única persona que respondía a las características físicas que le había dado
el Dr. Nazar. Le pregunto si él es el Dr. Aramayo, el me contesta que sí, que porque le preguntaba, a lo
que le digo que tenía entendido que él estaba por la causa Gallo, y que a mí me habían hablado por el
mismo tema. El me dice a mí que no se dedica mucho al derecho penal, y que incluso él tiene estudio en
Córdoba y Villa Carlos Paz, por lo que sería bueno tener un abogado local, ya que a él le resultaba
incómodo el tema del traslado a la sede de Río Segundo. Que él no quería que esta familia fracasara con
otro abogado, ya que venía de lo mismo, y que no se demorara la libertad del detenido. Yo le planteo
entonces la cuestión de los honorarios, y le digo que para tramitar la causa en Río Segundo, los
honorarios míos eran siete mil pesos. El me dice que lo va a consultar con la familia de Gallo, y que me
va a avisar, por lo cual me pide mi número de teléfono y me entrega una tarjeta personal. Yo luego hablo
por teléfono con el Sr. Fiscal, diciéndole que yo estaba buscando la designación por parte de la faimilia
de Gallo, y preguntándole si era posible la libertad, respondiéndome que por la carencia de
antecedentes, creía que era posible. Al mediodía, más o menos, como yo tenía que viajar a Córdoba,
hablo con el Dr. Aramayo para preguntarle si habían decidido algo, pidiéndome que le diera un tiempo,
pero que él calculaba que la familia iba a aceptar. Después yo intenté hablar con el Dr. Nazar, y como no
lo logré, le dejé un mensaje. Alrededor de las 15.00 o 15.30 hs, recibo una llamada del Dr. Nazar, y le
pregunto por el tema, y si era viable la libertad, y me contesta que ya había dejado instrucciones en la
Fiscalía para que se le diera la libertad, por lo que calculaba que ésta ya se había materializado, y que si
me designaban, lo hiciera comparecer el lunes. Esto se lo comunico yo al Dr. Aramayo, y quedamos de
juntarnos el lunes a la mañana. El lunes a la mañana, yo estaba en una estación de Río Segundo
desayunando, y me habla el Dr. Aramayo, diciéndome que están en Río Segundo con el imputado, y que
si yo puedo ir a la estación de servicios donde están ellos, ubicada en Ruta 9 y calle San Juan, a lo cual
yo accedo y en cinco minutos me reuní con él. El estaba con otras dos personas, a las que me presenta
como el señor Gallo y su yerno. El me dice ahí que la familia ha accedido a mi designación, yo le pido al
señor Gallo que me cuente como fueron los hechos, y el Dr. Aramayo saca un fajo de dinero, diciéndome
que ahí estaban los honorarios que yo había pedido. Yo los tomé, y los introduje en un bolsillo de mi
saco, preguntándome él si no los iba a contar, a lo que le respondí que yo confiaba en él como colega,
que no me parecía adecuado contarlos ahí, en ese lugar. Le manifiesto que concurriésemos a la Fiscalía,
porque me interesaba que firmaran mi designación, ya que yo iba a seguir con el trámite de la causa. En
ese momento él me dice que el imputado Gallo y su familia querían cierta seguridad de que luego de
esto, es decir, de mi intervención profesional, el imputado iba a seguir en libertad, a lo cual respondo que
yo estimaba que sí. Ahí les vuelvo a insistir para que vayamos a Tribunales, y ellos dicen que quieren
más seguridad, que si puedo hablar con el Fiscal por teléfono para ver si los va a recibir. A lo cual, y para
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darles más tranquilidad, yo accedo, y me retiro de la mesa, porque por mi problema auditivo y el ruido del
bar, se me dificultaba hablar. Cuando hablo por teléfono con el Fiscal, le comento que vamos a ir para
allá, que me van a designar, y en ese momento, se produce como una interferencia en el teléfono, y el
Fiscal me dice que no me entiende nada, que vaya para allá. Vuelvo a la mesa, y les digo que nos
vayamos para la Fiscalía. Quise pagar el café, y el Sr. Gallo insistió que no, que él invitaba, y entonces el
Dr. Aramayo me dice que vaya yendo yo, que ellos tienen que hacer un trámite, y que en cuestión de
minutos estarán allí. Cuando salimos, soy interceptado por personal que se identifica como policía, y me
dice que los tengo que acompañar, a lo que le digo que no entiendo porqué, y me dicen que después me
van a explicar. Luego viene todo lo de la detención”. Una simple lectura de lo precedentemente expuesto
permite advertir que el discurso defensivo consta de dos partes diferenciadas: la primera, relativa a como
Serafini tomó conocimiento de la existencia de la causa, y la segunda, referida ya a justificar su actuación
en los sucesos que le fueran intimados. Por razones vinculadas a una mejor exposición, se tratará en
primer término el último de los aspectos mencionados. En lo fáctico, la versión de Serafini reproduce la
secuencia temporal y de hechos de idéntica manera a la efectuada por Nazar: el viernes 3, se encuentra
de manera casual con Nazar en la puerta de Tribunales, le pregunta por la situación de Gallo, éste le
responde que no ha visto el sumario todavía, que luego le va a informar, más tarde es convocado al
despacho del Fiscal, se le informa de la causa, de los letrados intervinientes y de la presencia de
Aramayo, se retira, en planta baja reconoce a Aramayo, lo contacta y dialogan sobre la situación del
detenido. En esa conversación Serafini le hace conocer el monto de sus honorarios ($ 7000), Aramayo le
dice que lo consultará con la familia de Gallo, Serafini le da su teléfono y Aramayo le entrega su tarjeta. A
continuación, la declaración de Serafini procura explicar las llamadas telefónicas que sucesivamente
entabla con Aramayo y el Fiscal Nazar ese día viernes. Deben reiterarse en esta oportunidad las
consideraciones efectuadas supra (a las que se remite brevitatis causae) sobre la diferencia que se
advierte entre la coherencia y sustento probatorio que posee la denuncia, en contraposición a las
evidentes inconsistencias y fisuras que presenta la defensa intentada por Serafini, que, al igual que en el
caso del otro imputado, contrarían, además de la prueba recabada, elementales lineamientos de sentido
común. La cantidad y secuencia de los llamados telefónicos de los que dan cuenta estas actuaciones, las
personas involucradas y los testimonios rendidos, permiten descartar la hipótesis de una simple
negociación de honorarios. Pero por otra parte, resulta altamente ilustrativo el tenor de parte de la
conversación telefónica sostenida entre Aramayo y Serafini el día viernes 3, correspondiente a la llamada
efectuada por Serafini a las 14.53 hs., registrada mediante grabador de voz por personal policial, cuya
desgrabación consta en el acta obrante a fs. 358 de autos. Luego de que Serafini le explica a Aramayo
que no se ha podido comunicar con el Fiscal, se registra el siguiente diálogo en relación al tema del
dinero:
a. Aramayo: Está bien, bueno pero que hago entonces, le doy la plata?
b. Serafini: A quien?
a. Aramayo: A Usted digo o a quien, no sé a quien, o dígame usted a quien se la doy?
b. Serafini: Yo diría que sí, pero pero pero bueno, pero no le puedo yo...eh usted entiéndame a mí, no
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puedo comunicarme con él, él me lo prometió pero no no le puedo decir si o no lo hizo vio?
Porque como después ...no...no, pasó la hora y noo..no...no he recibido noticias yo y bueno, ahora no me
puedo comunicar con él, ése es el tema.
El calificativo de “ilustrativo” que se ha asignado al párrafo reproducido, viene a cuenta de las respuestas
de Serafini a los interrogantes de Aramayo: a la pregunta de si le da la plata, Serafini le responde
preguntando “A quién?”, y ante la manifestación de Aramayo de que se refiere a él (a Serafini), o que si
no le indique a quien se la da, Serafini sólo atina a manifestar dubitativamente: “Yo díría que sí ...”. ¿Por
qué duda Serafini? ¿No se trataba acaso de sus honorarios? ¿A quién sino a él se los iban a pagar?
¿Porqué Serafini vincula ideológicamente la entrega de ese dinero con lo que “él” prometió?. Esta
conversación con Aramayo tiene lugar luego de que Serafini intentara infructuosamente comunicarse con
Nazar, de lo que debe colegirse que quién “prometió” no era otro que Nazar, y que ante la imposibilidad
de dicha comunicación, Serafini no le podía “asegurar” a Aramayo si el Fiscal había “cumplido” o no
(obviamente, con la libertad de Gallo), como para que aquél entregara tranquilo su dinero. Otra parte de
la misma conversación contiene el siguiente diálogo entre las partes:
a. Aramayo: Pero fíjese avíseme así me confirma porque supongamos que él le dá la libertad y la familia
no sabe nada, también yo voy a quedar como el culo, o sea ese es el tema.
b. Serafini: Claro, ese es el tema también.
a. Aramayo: Como van a decir, “ah..salió por Flores no salió por Aramayo”
b. Serafini: No, no, no, no, no. salió por por..por usted y por mí, por los dos.
a. Aramayo: Exactamente, así cobramos la nuestra
b. Serafini: Yo le, yo le, yo le.. he estado ahí insistiendo a..(no se entiende)..yo eh, eh, como usted me
dijo si la gente la va a conseguir bueno, yo le dije, mirá...tratá...tratá de apurarlo al tema que lo
tengamos listo aunque sea a última hora que lo tuviéramos listo ya.
Se advierte que ambos se están refiriendo a la utilidad de conocer el momento de la liberación de Gallo,
para comunicárselo a la familia. Ante la manifestación de Serafini: “...salió por usted y por mí, por los
dos”, surge naturalmente la pregunta: ¿Cuál sería la partipación o mérito de Serafini en la obtención de
la libertad de Gallo, si el único designado era Aramayo, y él ni siquiera había sido propuesto? ¿Qué tipo
de gestión llevaría a cargo Serafini con el Fiscal como para decirle a éste que apurara el tema para que
“lo tengamos” listo a última hora? ¿A quién hacía referencia el plural de la afirmación? La respuesta
que se presenta espontánea es que el rol de Serafini era el de ser el intermediario entre el Fiscal,
Aramayo y los familiares de Gallo para canalizar el requerimiento dinerario, y que el plural de su
afirmación reposaba en su actuación en connivencia con Nazar. Respecto a lo acontecido el día lunes 6
de diciembre, la versión de Serafini adolece del mismo defecto que la del imputado Nazar: Refiere recibir
la llamada de Aramayo avisándole que estaban en Río Segundo con Gallo, esperándolo en la estación
de la ruta(10. 22 hs.), pero omite la llamada efectuada inmediatamente por él a Nazar para imponerlo de
dicha situación (10.23 hs.). Reconoce haber efectuado la segunda llamada al Fiscal Nazar estando en el
bar, alegando motivos que ya han sido analizados –y descartados- en este decisorio al contraponerlos
con los contenidos de las desgrabaciones de las escuchas telefónicas a las que se hiciera mención al
tratar la situación de Nazar. Obviamente que las consideraciones e interrogantes allí vertidos respecto al
tenor de dichas comunicaciones deben aplicarse para rebatir la postura sostenida por Serafini. También
contraría el argumento de dinero destinado a “honorarios”, la declaración del yerno del señor Gallo,
César Gsponer, participante también en el episodio de la estación de servicios. A fs. 173/175 es
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contundente en afirmar que desde el día viernes 3 conocía por Aramayo que la plata era para liberar a
Gallo y que el que la quería era el Fiscal. Refiere además que el lunes 6 se encontraron en la estación
con Aramayo, que allí les avisó que iba a venir un abogado al que le tenían que dar la plata, y estando
sentados en la mesa “…llegó una persona que se presentó como Serafini, ni el declarante ni su suegro lo
habían visto, ni hablado con él nunca antes, ni Aramayo nunca se lo mencionó hasta ese momento como
vinculado al trámite, ni de ningún otro modo”, continúa luego expresando: “Aramayo le dijo a Serafini que
para quedarse tranquilos de que la plata llegara al Fiscal, lo hablara al Fiscal por teléfono para decirle
que ya le había dado la plata…”, para agregar finalmente que entiende que “Serafini era el cobrador del
Fiscal, que hablaba en nombre de él”. Finalmente, y al ser interrogado el testigo sobre por qué motivo
decidieron la entrega del dinero, si ya se había resuelto la libertad, Gsponer manifestó: “…porque uno no
ha estado en esto nunca, no sabe lo que puede llegar a pasar, y la causa sigue abierta y su suegro
siempre tuvo miedo de que lo detuvieran nuevamente”. En cuanto al valor conviccional que debe
asignársele a la declaración de Gsponer, debe recordarse que no sólo se trata de un testigo
independiente, sino de alguien que en un principio se mostró remiso a involucrarse en un proceso como
el presente, tal como se desprende de su respuesta a Aramayo en el sentido que, de haber sabido del
procedimiento (se refiere al delito experimental), no lo hubieran hecho (fs. 174 vta.) Y si los argumentos
de descargo de Serafini respecto a su actuación en el suceso investigado resultan endebles, debe
decirse que no lo son menos aquéllos con los que el imputado pretende explicar el origen de su
“actuación” en la causa que tenía como detenido a Gallo. Manifiesta Serafini en su declaración que toma
conocimiento de la existencia de la causa por un comentario que el día viernes 3, le habría efectuado
otro abogado conocido de él, Federico Re Crespo, en una charla mientras tomaban un café en un bar
cercano a los Tribunales de Río Segundo. Que dicho letrado le explicó brevemente el hecho, y le
manifestó que como no hacía penal, quizás el caso pudiera interesarle a él. Con ese dato, Serafini se
dirige a Tribunales, y en la puerta se encuentra con el Dr. Nazar a quien requiere por la situación de
Gallo, dando comienzo así a su actuación en la forma que se ha mencionado. Debe decirse en primer
lugar, que parte de esta versión ha sido respaldada mediante la testimonial del abogado Re Crespo,
ofrecida por la misma defensa, en la que el letrado reconoce haberse reunido con Serafini en el bar,
haberle comentado el caso, y dicho “que si le interesaba, lo fuera a ver”, desconociendo luego que hizo
Serafini. Al respecto debe manifestarse que aún en el caso de que se le otorgara plena credibilidad a
dicha postura, ello implicaría sólo que Serafini tuvo el conocimiento de la existencia del caso en la forma
en que lo ha relatado, pero tal circunstancia no resulta en absoluto excluyente de la hipótesis de la
denuncia. Para decirlo de manera más simple, en el terreno de las hipótesis, bien podría Serafini haberse
enterado del caso por el comentario de Re Crespo, y haber recibido luego el llamado de Nazar
convocándolo a su oficina, porque la existencia de la primera de las circunstancias, no implica la
inexistencia de la segunda. Pero además, y esencialmente, se presentan serios y manifiestos
interrogantes que restan credibilidad a tal argumento defensivo. En primer lugar, el testimonio
corroborante no es prestado por un testigo independiente, sino de parte, conocido de Serafini, que había
tomado conocimiento del hecho no por pedido o consulta de los familiares o amigos de Gallo, sino por
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AUTOS: "Nazar, Luis Marcelo y otro p.ss.aa. Exacciones Ilegales.”
(Expte. letra "N", Nro. 01/10, SAC. 261525),
vía indirecta, por el comentario que le había hecho una persona que se desempeñaba como cocinera en
la estación de servicio que Gallo alquilaba y que además, ya no trabajaba más allí. Que el comentario le
fue efectuado por esa señora como una simple manifestación, para ver si a él le interesaba, presumiendo
el declarante que se trataba de una especie de “acto de agradecimiento” porque le estaba llevando el
divorcio. Queda claro que no se trata entonces de alguien que había sido encomendado para asumir la
defensa del detenido, y delegó tal tarea en Serafini, sino, en el mejor de los casos, de un comentario
casual o de ocasión. Pero a ello debe agregarse lo extraño del inmediato proceder de Serafini: ante el
mero comentario de su colega, se cruza al edificio de Tribunales e interpela al Fiscal sobre el asunto, sin
siquiera haber tenido el mínimo y elemental contacto previo con quienes podían interesarse en sus
servicios. Básicos principios de ética profesional y la experiencia forense nos indican que normalmente
son los familiares o allegados quienes van en búsqueda de una prestación profesional de este tipo. Pero
aun considerando que pudiera darse al revés, y que el abogado se presentara ofreciendo sus servicios,
parece de rigor
que debería hacerlo ante el propio interesado, o al menos ante sus familiares o
allegados. Pues bien, nada de esto ocurrió. Según su propia declaración, podría decirse que la
intervención de Serafini fue prácticamente “de oficio”, dado que sólo unos momentos después de haber
recibido la noticia en un café, Serafini estaba gestionando ante el Fiscal la libertad de una persona que
no sólo no conocía, sino que respecto de la cual, no había tenido (ni procurado) contacto alguno, ya sea
de manera directa, o indirecta, a través de su familia. Es que la sola actuación profesional de Serafini
resulta llamativa. En su primera declaración (fs. 165), el imputado se limita a referir su condición de
jubilado provincial, y recién en la ampliación, y ante la puntual pregunta de su defensor, Serafini contesta
que si bien no es un abogado litigante, ejerce la profesión, está matriculado “y tengo algunas causas por
mi cuenta”. Preguntado por el Tribunal para que mencione la última causa en la que tuvo intervención, el
encartado recuerda a los autos “Inaudi, José” por tenencia de arma de uso civil, tramitada en la Fiscalía
de Río Segundo, y que cree que fue en el año 2008. Que el testimonio de funcionarios y empleadas de la
Fiscalía habla de un casi nulo ejercicio profesional de Serafini: El Secretario Iglesias refiere haber hecho
un relevamiento en la Fiscalía y encontrado sólo dos causas en las que intervenía Serafini (fs.94), la
Prosecretaria Bettini expresa que no recuerda haberlo visto en una indagatoria, y que no recuerda
causas en las que él interviniera (fs. 115). Marina Blanco (fs. 159) dice que no tiene conocimiento de
ninguna causa en que haya intervenido Serafini, a punto de manifestar “Que no recuerda que Serafini
tuviera causas en la Fiscalía. Que incluso la declarante instruía un culposo en el que estaba imputado el
sobrino de Serafini, y lo defendía otro abogado. Que la declarante pensaba que tenía la matrícula
suspendida porque no tenía noticia de que litigara.”, Paola Bassani (fs. 230/231) manifiesta que Serafini
no litigaba habitualmente, que no lo atendió en ninguna causa suya y tampoco lo ha visto que venga por
causas de sus compañeros de Secretaría. Finalmente, el informe de la Secretaría de la Fiscalía de
Instrucción a cargo del Dr. Iglesias (fs. 91) da cuenta de sólo dos causas: “Tarquino” e “Inaudi” con
entrada en los años 2006 y 2008, respectivamente. Por ello resulta extraño que un abogado de ese muy
escaso –casi nulo- nivel de actuación profesional, que reconoce que no es un abogado litigante, irrumpa
en la causa de ese modo sorpresivo, sin siquiera ser convocado. Pero si ello es extraño, más lo sería
que los familiares de Gallo aceptaran pagar a ese abogado $ 7000 en efectivo, por adelantado, con la
libertad de Gallo ya dispuesta, en una causa con una imputación de importancia relativa. Ni la situación
de Gallo era grave o urgente a ese momento, ni se trataba –según lo reseñado- de un abogado cuyo
renombre o dilatada carrera profesional exigiera un pago de ese tipo sólo para que asuma la defensa.
Parece claro que tal hipótesis no resiste la menor lógica. Debe nuevamente recordarse que los familiares
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niegan dicho carácter a Serafini. En síntesis, el cotejo de la articulación de la defensa material de Serafini
con la prueba recabada en esta investigación jurisdiccional permite distintas conclusiones. La primera
está dada porque, en contrapartida con lo denunciado, la hipótesis central sobre la que hace eje la
pretendida justificación de la actuación de Serafini, esto es, básicamente, que las tratativas previas y el
dinero recibido lo fueron en concepto de cobro de honorarios por servicios profesionales a prestar en
relación a una eventual defensa del Sr. Gallo, se presenta claramente inverosímil, sin conexión lógica con
la serie de eventos, negociaciones e intervención de órganos judiciales que, tal como se ha acreditado,
tuvieron lugar de manera anterior a la propia entrega del dinero. Pero además, objetivamente la misma
luce incompleta, sin dar explicación de circunstancias que tuvieron efectivo acaecimiento, y que fueron
simplemente obviadas por el imputado (comunicación con Nazar), y discordante con el contenido del
resto de la prueba obtenida y analizada (intervenciones telefónicas, declaraciones testimoniales, etc). Tal
cuadro de situación no se ve en absoluto alterado por la parcial corroboración que tuviera la versión de
Serafini relativa a cómo tuvo conocimiento de la causa que motivó su intervención. Ello es así dado que,
como se ha dicho, la verosimilitud y, esencialmente, la refrendación probatoria de lo denunciado posee
una entidad tal que, aún en el caso de que fuera cierto que inicialmente Serafini se enteró de la
existencia de la causa en la manera que ha expresado, ello no implicaría que no haya actuado del modo
en que las pruebas aquí recabadas señalan. Por ello, la suscripta entiende que no resulta necesario
seguir profundizando en respecto a este tema, y que, por el contrario, considera haber adquirido el
convencimiento de que la presente investigación se encuentra concluida y en condición de evolucionar
hacia una formal acusación por parte del Fiscal de Instrucción. Respecto a la prueba acompañada y
ofrecida por la defensa de Serafini, debe decirse que la misma no muta en absoluto el cuadro probatorio
que ya fuera reseñado y analizado. En ese sentido, la documental relativa al estudio otorrinolaringológico
de Serafini (fs. 340/343) acreditaría, en el mejor de los casos, que éste padece de la incapacidad auditiva
que dicho estudio expresa. Pero aún así, evidentemente ello no impidió que se comunicara
perfectamente con Nazar, tal como dan cuenta las intervenciones telefónicas y grabaciones efectuadas
en autos. Tampoco presenta relevancia la documental acompañada para “completar” la semblanza de
Aramayo (fs. 372/373). Se trata de un sobreseimiento por inexistencia del hecho, dictado por un Juez de
Control en estricto cumplimiento de sus funciones, y realizando consideraciones que resultan
absolutamente comunes y reiteradas en ese tipo de situación (denuncia fundada en los solitarios dichos
del denunciante) y que no pueden ser consideradas como disvaliosas. En consecuencia, la documental
agregada en nada empece el bosquejo de la personalidad del denunciante que fuera efectuado en autos.
Finalmente, los testimonios de los letrados que tuvieron intervención en el sumario que trató la situación
de Gallo y Capdevila no efectuaron aportes que puedan hacer variar, ni siquiera mínimamente, el cuadro
valorativo aquí expuesto. En tal sentido, el testimonio de la Dra. Dana Yercovich (fs. 376) versó sobre las
circunstancias en que se encontró con el Fiscal Nazar el día viernes 3 de diciembre, con motivo de su
actuación en la causa como defensora del co imputado Capdevila, su desconocimiento sobre quienes
eran los defensores de Gallo, y su inadvertencia sobre algún procedimiento irregular en la tramitación de
la causa por parte del Fiscal. Por su parte, el relato del letrado Héctor Flores (377/378) fue
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(Expte. letra "N", Nro. 01/10, SAC. 261525),
absolutamente pormenorizado en describir su actuación profesional, como se originó la misma, su
relación con los familiares de Gallo, sus presentaciones y averiguaciones en Fiscalía sobre la situación
de su cliente, y la pérdida de contacto con sus mandantes. Contestó además preguntas relativas a su
ejercicio profesional, describiendo las contadas ocasiones que, en razón del mismo, tuvo contacto con
Nazar. Refirió también su falta de trato personal, y su opinión funcional positiva respecto al mismo
(“resolvió bien y en tiempo mis causas”). Manifestó además haberse enterado por los medios de la
intervención de otro abogado, no estar sorprendido por ello (“...es común en el ámbito penal que se
revoque el poder al abogado cuado no se obtienen los resultados que ellos quieren...”), así como otras
cuestiones relativas a la falta de comunicación de tal circunstancia (cambio de letrado) ya sea por parte
de los familiares o de la Fiscalía. Surge claramente que ninguna de estas declaraciones posee ni la
mínima aptitud, ni entidad para conmover el estado conviccional que espontáneamente deviene de la
valoración del conjunto de la prueba incorporada al proceso. En cuanto al encuadramiento legal, la
conducta atribuida a los encartados Nazar y Serafini se ubica dentro de las previsiones del art. 266 del C.
Penal, en calidad de autor y partícipe necesario, respectivamente, del delito en cuestión. En tal sentido,
el Dr. Luis Nazar reviste la condición de funcionario público, necesaria para ser sujeto activo de dicho
delito, mientras que la conducta desplegada en el evento, esto es, el requerimiento de dinero para
proceder a la libertad del detenido Gallo materializado a través de interpósita persona, el abogado
Ernesto Serafini, constituye la indebida exigencia de dádiva a la que hace referencia el tipo de
exacciones ilegales por el que fueron imputados los mencionados, bastando para la consumación del
supuesto la sola formulación de la exigencia, tal y como ha acontecido en el caso que aquí se ventila. A
modo de conclusión final, debe expresarse que resulta ocioso señalar la conmoción pública que ocasiona
la sospecha de venalidad en un funcionario, máxime cuando se trata de un Fiscal de Instrucción, o sea,
el funcionario por excelencia encargado de la promoción de la acción pública en representación de la
sociedad. En esa inteligencia y precisamente debido a la importancia social que este hecho conlleva,
rayano en la gravedad institucional, este Tribunal ha realizado todos los esfuerzos conducentes a agotar
la instrucción sin demora evitable alguna. Al cabo de esta labor de investigación, resulta evidente la
existencia de numerosas pruebas que avalan con elevada probabilidad los dichos del denunciante por lo
que estimo imperioso que la causa sea oportunamente elevada a juicio para que en el plenario y con las
plenas posibilidades defensivas la cuestión sea debidamente dilucidada disipando las sospechas que
estos hechos desafortunadamente generan, afectando una de las funciones esenciales del estado, como
es la de administrar justicia. Si bien no compete a este juzgado formular la acusación, la ley ha puesto a
su cargo la instrucción judicial de esta clase de hechos y también le ha impuesto el deber de correr vista
para que se formule acusación cuando exista el grado de convicción necesario. Con ese recaudo,
manifiesta la suscripta su fundada persuasión de que la investigación que fuera practicada se encuentra
concluida, y que los elementos probatorios que en el transcurso de la misma fueran obtenidos, poseen la
aptitud y valor convictivo suficientes para acreditar el hecho y rebatir en forma contundente las posiciones
exculpatorias esgrimidas, debiendo afirmarse en definitiva que se ha alcanzado el grado de probabilidad
requerido para correr vista con fines de acusación, siendo éste el último acto previsto por el especial
trámite procesal de la investigación jurisdiccional como a cargo del Juzgado Instructor. Por todo ello, lo
normado por los arts. 339, 340 y 347 del CPP, arts. 45 y 266 del C.P., y demás normativa legal citada.” V)
Requisitoria de Elevación a Juicio: El Sr. Fiscal de Instrucción en lo Penal Económico y Anticorrupción
de primera nominación, dispuso la Citación a Juicio de los presentes autos (C.P.P., arts. 354 y 355);
efectuando la siguiente valoración: “Considero que existen elementos de convicción suficientes para
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sostener como probable la participación punible de los imputados en el hecho relatado. Antes de revisar
el cuadro probatorio debemos hacer una aclaración casi obvia: en esta clase de hechos la única prueba
directa que puede obtenerse, normalmente, son los dichos del destinatario de la acción. El funcionario
cuestionado no actúa frente a otros testigos, ni deja papeles firmados que documenten su exigencia
ilegal, ni tampoco la repite como para dejar abierta la posibilidad de que lo graben (en voz o en imagen),
salvo que esté muy desesperado o sea muy estúpido. De modo que, en la mayoría de los casos,
quedarán dos versiones contradictorias acerca de lo ocurrido: la del denunciante y la del denunciado.
Habrá que examinarlas a ambas en profundidad, procurando establecer que tan coherentes resulta cada
una de ellas en sí misma y qué respaldo encuentran en aquellos hechos secundarios (indicios) que
conforman el contexto del principal. La primera versión con la que contamos es la del Dr. Aramayo, que
en su denuncia dijo: “soy abogado defensor de Walter Hugo Gallo, quien se encuentra privado de su
libertad con motivo de actuaciones penales que labran en su contra en la Fiscalía de Instrucción de la
ciudad de Río Segundo. El hecho, calificado como Hurto Calificado por el Fiscal Luis Nazar, se habría
cometido en la localidad de Los Chañaritos el lunes pasado, habiendo intervenido la Subcomisaría de
Santiago Temple. El sumario lleva el número 130/10. A mí me llamó por teléfono el miércoles a las dos
de la tarde César (el teléfono desde el que me llamó es el 03576440087), el yerno de Gallo y solicitó mis
servicios profesionales porque Gallo estaba detenido. Me contó que él ya había contratado un abogado
que se llamaba Flores y que este abogado les había dicho que la libertad dependía de una planilla de
reincidencia nacional. Yo le dije que eso era incorrecto, que eso no se pide nunca, que a lo mejor se
había equivocado el abogado, que lo que se pedía eran los informes provinciales, que lo que
seguramente sucedía era que se estaban demorando las planillas y que tuvieran paciencia, que no les
hacía falta buscar a otro abogado. A la noche, antes del partido de Independiente, a las nueve de la
noche, me llamó Liliana, que creo que es una tía de Gallo (desde el teléfono 154562824), y me pidió por
favor que me hiciera cargo de la defensa porque Flores los tenía con vueltas. Les pregunté si se había
presentado un escrito solicitando formalmente el recupero de libertad y me dijeron que no, que ellos no
habían firmado nada y que Flores ni siquiera se había molestado en ir a ver a Gallo a su lugar de
detención. Ahí quedamos en entrevistarnos en la Terminal de Ómnibus de Córdoba, a las 21:45 de ese
día. Ahí me entrevisté con Liliana, César y Laura (la hija de Gallo). Después llegó el marido de Liliana
que es un policía retirado que no recuerdo cómo se llama. Les expliqué cómo sería mi actuación
profesional, el costo del servicio (tres mill pesos) y quedamos en encontrarnos al día siguiente, ayer
jueves 02, a las 09:00 de la mañana, en la Fiscalía de Río Segundo, con Laura, para que ella me
propusiera como defensor. Así lo hicimos, hicimos la presentación, dejamos todo listo y me dijo una
empleada, cuyo nombre no recuerdo (es flaquita, de pelito largo, lacio, castaño, tez blanca, ojos
marrones, de unos 28 ó 29 años), que, si bien estaban las planillas prontuariales agregadas, yo sabía
cómo era el Fiscal y que ese día no resolvería nada respecto de la situación de mi defendido, que pasara
nuevamente hoy. Fui hoy a las 10:00 horas, aproximadamente, ahí me atendió otra persona (una señora
mayor, de unos 45 a 49 años, de ojos claros, cabello largo, lacio, castaño oscuro, de alrededor de 1,60
m. de estatura, delgada). Ella me dijo que al sumario de Gallo lo llevaba exclusivamente el Fiscal y que
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(Expte. letra "N", Nro. 01/10, SAC. 261525),
tenía que hablar con él personalmente, que Nazar no había llegado y que lo esperara. Bajé y me lo crucé
en el pasillo de ingreso de Tribunales a Nazar. Lo saludé pero no le dije nada en ese momento. Esperé
unos diez minutos como para que él llegara y se acomodara y volví a subir. Serían aproximadamente las
10:30. Me anuncié, me hicieron pasar. Nazar me hizo pasar a su despacho, donde estaba solo. Me dijo:
¿vos no sos de acá, no? Le contesté que no, que yo era de Córdoba y él me dijo que me conocía porque
de todos modos yo había tenido una causa ahí, lo que era cierto (se trataba de la causa de los
Altamirano). Me preguntó de qué hecho era y le contesté que de una causa en Villa del Rosario donde
habían tratado de abrir una caja fuerte de un centro comercial. Intercambiamos unas palabras acerca de
los Altamirano. Después le dije que venía por Gallo, que en qué condiciones estaba mi defendido, si ya
estaban los antecedentes y si podía recuperar la libertad, para lo cual yo ya había presentado un escrito.
El me dijo que estaba muy celoso con el tema del robo de combustible, que había tenido una bajada de
línea de la Fiscalía General y que ya había ido otro abogado a preguntar por esa causa (que era Flores).
Yo le dije que si bien sé de Flores porque me habían hablado de él los familiares, también sabía que la
familia no había firmado nada proponiéndolo a él, ni él había ido a visitar al detenido, como para hacerse
firmar la propuesta por el mismo Gallo. En ese momento salió de la oficina, me dijo que lo esperara, fue a
buscar la causa, que se ve que la tenía en otro lado. Cuando regresó cerró la puerta. Ahí agarró el
sumario, dijo que Flores había presentado tres escritos, que me mostró y que él no quería entrar en
discusiones entre abogados. Le dije que yo estaba propuesto y que incluso, aún cuando el código no lo
exige, había tomado la precaución de acompañar copia de la libreta de familia. El me dijo: bueno, pero yo
no voy a quedar mal con Flores. Te propongo lo siguiente, veníte el día lunes, con la designación y yo le
doy la libertad el lunes, dejáme un teléfono, que yo te llamo, y yo le di mi tarjeta personal. Yo le dije:
bueno, pero Fiscal, si Gallo no tiene antecedentes y el delito es excarcelable, más allá de la disputa que
yo pueda o no tener con el colega, me interesa que él recupere su libertad porque la familia está
desesperada. Me dijo: bueno pará, vamos a ver qué puedo hacer por vos. Sacó su celular, un Nokia, creo
que es el 6061 o algo así, miró un número de la agenda de su celular y marcó ese número desde el
teléfono de la Fiscalía. Habló con alguien a quien le dijo: “Ernesto, ¿dónde estás?” Al rato le dijo: “venite
ya para tribunales, urgente porque tenemos algo para arreglar”. No me acuerdo qué más le dijo, pero le
recalcó que fuera a verlo inmediatamente. Me dijo entonces a mí: “¿vos querés que tu cliente se vaya
hoy”. Sí, le contesté. Y me dijo: “va a venir un abogado, te vas a entrevistar con él, así arreglan este
temita de los honorarios”. “Honorarios de quien”, le pregunté. Me respondió: “vos me entendés” e hizo un
ademán. Me dijo que lo esperara abajo, que él me iba a ubicar. Ahí le pregunté: “¿cómo se llama el
abogado?” Me dijo que el apellido era Serafini. Me fui abajo y esperé, mientras hacía un par de llamadas
a mis amigos, porque estaba muy enojado, pidiendo consejo sobre qué hacer. A los diez o quince
minutos apareció un hombre, de unos 55 años, semicalvo, canoso, tez trigueña, sin bigotes, con una
camisa a cuadritos color bordó, pantalón de vestir, de alrededor de 1,70 m., que llevaba en las manos
unos papeles. El subió y se ve que habló con Nazar, porque al bajar tenía en la mano mi tarjeta personal,
la que yo le había dejado al Fiscal. Se me acercó y me preguntó si yo era Aramayo. Le respondí que sí.
Me preguntó cómo venía la mano. Le contesté que yo era el abogado de Gallo y le pedí que me dijera él
cómo venía la mano. Me dijo: “Vamos de frente, no vamos a dar más vueltas, siete lucas y se va” (por mi
cliente). Yo le dije: bueno, mirá, dejáme que lo vea, es un tema que tengo que hablar con la familia. Le
pedí un teléfono para comunicarme con él. Me dio el teléfono 156860871, con característica de Córdoba.
Me fui, llamé a la familia y les expliqué que me estaban pidiendo siete mil pesos de coima, pero le dije
que yo no iba a entrar en esa y que no era mi manera de trabajar. Esta conversación fue con el yerno de
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Gallo, César. El me dijo que eso iba a ser una decisión de la familia. Ahí llamé a varias personas para
contarles: mis socios, Horacio Lescano y José Nazir; Andrés Salvatori, una persona que trabaja conmigo,
y, después intenté llamar a varios funcionarios judiciales a quienes conozco: primero a Anibal Zapata,
ayudante Fiscal de Delitos Económicos, pero como me dijeron que no estaba, no conté nada, luego
intenté con Marcelo Jaime, pero me contestó el contestador. Finalmente, pude hablar con Alejandro
Weiss, de quien yo había sido pasante en la Fiscalía de él. Le conté lo sucedido y él me dijo que iba a
hablar con el Fiscal anticorrupción. Así me puse en contacto con la Fiscalía. También le mandé un SMS a
mi novia, al teléfono 156002271. Después de hablar con el Fiscal, hablé con Serafini (11:49 hs.) para
pedirle que me aguantara, que me diera tiempo para juntar la plata. Me dijo que no había problema, que
me esperara. El último llamado fue a eso de las 12:13 lo llamé por última vez para preguntarle hasta que
hora me podía esperar. El me dijo que yo sabía que ahí todo cerraba a la una de la tarde. Yo le contesté
que estaba tratando de juntar mi parte (es decir, que los familiares, además de los siete mil pesos,
juntaran el dinero para pagarme a mí). El me dijo entonces que lo hiciera cuanto antes. Los familiares no
saben de esta denuncia, pero ya tienen el dinero para pagar la coima. César me está esperando, con el
dinero, en unos silos de la Avenida Sarmiento, en Río Segundo (en un negocio que creo que se llama
Calzados Giuliano). Yo tengo que llamar a Serafini cuando tenga el dinero, para hacer la operación, que
no sé si se va a hacer acá en Córdoba, en Río Segundo o en un tercer lugar ajeno a ambas
jurisdicciones.” Lo primero que hay que decir es que la versión es consistente, esto es, no hay en ella
contradicciones. No solamente eso, sino que, además, la versión se mantuvo idéntica a si misma si
contamos como primera manifestación de ella no a la denuncia misma sino al relato que hizo el
denunciante a su antiguo jefe, es decir, el Dr. Alejandro Weiss. Lo que cuenta Aramayo es una secuencia
compleja de eventos, ocurrida en un lapso breve y de manera vertiginosa, que se mantuvo fiel a sí misma
en el curso de las horas, mientras dicha secuencia se incrementaba al prolongarse. Si se tiene en cuenta
que la versión se integra con datos de lo que pasó a solas entre Aramayo y Nazar y con otros datos de
eventos que involucran a terceras personas que podían declarar, se desdibuja la posibilidad de que el
relato del primero sea mentiroso. Dicho en otros términos, resulta francamente increíble que el Dr.
Aramayo haya inventado una mentira referente a algo que ocurrió a solas entre él y el Dr. Nazar, que en
el curso de pocas horas la haya envuelto en sucesivas capas de información veraz referida a eventos
que incluyen la conversación a solas con Nazar, la conducta pública de ambos (es decir, aquellos actos y
dichos expuestos a la percepción de otras personas) y la de terceros, tales como el preso, sus familiares,
el personal de los tribunales de Río Segundo y aún gente ajena a ese medio, como el Dr. Weiss, y que
haya mantenido la versión sin contradecirse ni olvidarse de nada. Mentirosos de semejante calidad sólo
hay en las películas. La idea de que Aramayo inventó la exigencia ilícita de Nazar se hace aún más difícil
de aceptar cuando se advierte que no parece haber motivo alguno para que lo haga. En efecto, no se
entiende qué interés podría tener un abogado joven en inventar una patraña de semejantes proporciones
que, en caso de salirle mal, podría acabar con su carrera casi antes de empezarla. La fisonomía del
personaje que resulta sintetizando ambos perfiles sería, por un lado, la de un mentiroso genial y, por el
otro, la de un rematado imbécil. Eso también se ve solo en las películas... de dibujos animados. Cada
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(Expte. letra "N", Nro. 01/10, SAC. 261525),
uno de los numerosos dichos del denunciante, en cuanto refieren eventos en los que él interactuaba con
terceros o aún, con los propios imputados por teléfono, han sido corroborados, tanto por prueba
testimonial, como las declaraciones de los familiares de Gallo o la del Dr. Weiss, cuanto por los listados
de llamadas telefónicas, la intervención de las comunicaciones o las grabaciones directas. Y, como se
señalara en el párrafo anterior, no se trata sólo de datos aislados, sino de una compleja secuencia de
actos humanos que involucra a varias personas y que el relato ha podido seguir minuciosamente.
Incluso, las llamadas entre los imputados mismos parecen corroborar la versión del denunciante, como
se explicará en detalle más abajo. En síntesis: a todos los efectos prácticos, el resto de la prueba
corrobora acabadamente el relato del Dr. Aramayo y, en esa medida, tanto la realidad de la exigencia
ilícita del Dr. Nazar cuanto la de la participación del Dr. Serafini a los efectos de hacerle pagar a la familia
de Gallo la suma exigida. Ahora bien, si queda alguna duda de que lo que pasó es lo que ha relatado el
denunciante, la posición defensiva que articularon los denunciados y que, a nuestro juicio, ha fallado
seriamente como explicación plausible de los hechos, no hace más que resaltar la veracidad de aquel
relato. No vamos a reproducir esa posición defensiva, que ya se ha expuesto, sintéticamente, en
oportunidad de reseñar las declaraciones de los imputados. Es obvio que los relatos de los Dres. Nazar y
Serafini han sido construidos a posteriori de la lectura atenta del expediente, lo cual es perfectamente
válido y para nada criticable, sólo que carecen, por lejos, del “rendimiento” explicativo de la versión de
Aramayo. En primer lugar hay que señalar un yerro fundamental en esa construcción: el Dr. Nazar dice
haber llamado a Serafini después de que Aramayo dejara su despacho. Pero resulta que Aramayo da
cuenta de esa llamada en su misma denuncia, que no podría haber conocido de ser veraces los dichos
del imputado. Incluso, Aramayo sabía que el llamado se había efectuado desde el teléfono de la Fiscalía
y no desde el celular de Nazar. Sin llegar, como en el caso de esta llamada telefónica, a una posición
absurda (que se haría plausible sólo en el caso de que Aramayo, además de un gran mentiroso y un
estúpido cabal fuera telépata), otros tramos del discurso resultan, por su aptitud explicativa, muy pobres.
Es el caso de la afirmación según la cual en el interior es muy común el uso del teléfono para
comunicarse con los letrados. El problema es que los letrados conversan con los funcionarios judiciales
respecto de los expedientes en los que los primeros son parte, no de aquellos en los que no intervienen,
como era el caso de Serafini, que se trataba de un caso en el que otro letrado había sido propuesto. Por
lo demás, la lectura atenta de las desgrabaciones no parece encajar con la explicación del imputado.
Tenemos la impresión de que si un funcionario judicial se comunica con un letrado por teléfono, el
intercambio de información habrá de hacerse en un lenguaje claro, sin medias palabras ni expresiones
ambiguas, que es todo lo contrario de lo que ocurre en las comunicaciones de esos días entre ambos
imputados, plagadas de ambigüedades y sobrentendidos. En los momentos en que los diálogos se
tornan erráticos, los problemas de comunicación que originan preguntas de Serafini a Nazar no tienen
que ver con la sordera o un mal funcionamiento de los teléfonos sino con el empleo mismo de la
ambigüedad deliberada por el Fiscal. Dicho más claramente: el Fiscal emplea expresiones ambiguas,
Serafini se desconcierta y hace preguntas que no haría jamás un abogado si la conversación fuera
inocente. El momento estelar de estas conversaciones se produjo cuando, el día en que terminó
detenido, Serafini fue convocado a la Estación de Servicios por Aramayo. Antes de ir llamó a Nazar y,
entre otras cosas, le dijo: “...acá está esta gente me acaba de hablar Aramayo esperándome en la
estación de servicio, cómo hacemos con este tema”. La respuesta de Nazar es: “Arreglálo vos a eso”. Y
la réplica de Serafini: “Ahá. ¿Pero después que vayan a hablar con vos? ¿Los hago hablar con vos?
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¿Cómo es el tema? ¿Tenés que hablar vos con el tipo? ¿Que qué tiene que hacer el tipo ahora?.” Si el
tema era la declaración de Gallo como imputado, la pregunta sobra. No sobra si, de lo que en realidad
estaban hablando era de otra cosa. Como ya resulta obvio a esta altura, de lo que hablaban era del
cumplimiento de hacerle pagar dinero a Gallo por su libertad. Ni hablar del momento de la conversación
en que el Fiscal dice a Serafini: “Bueno, entonces, después acompañalo vos” (al que tiene que
acompañar es “al tipo”, o sea, a Gallo). Y Serafini, casi cándidamente, pregunta: “¿A dónde?”. Nazar
responde: “Acá. Traelo acá.” Si no fuera que conocemos los roles institucionales que desempeñan
ambos personajes, estaríamos tentados de pensar que el diálogo ha tenido lugar entre un abogado
grande, que toma las decisiones (Nazar), y su aprendiz (Serafini). Pero como sí sabemos qué roles
ocupan ambos imputados, lamentablemente el significado del diálogo resulta demasiado claro como para
seguir abundando sobre el tema. Por fin, cuando ya estaba en la Estación de Servicios, Serafini se
comunicó nuevamente con Nazar para decirle que Aramayo quería hablar con él (Nazar). En esa
conversación Serafini dice al Fiscal: “El tipo me ha dado a mí acá el dinero (lo dice murmurando)
entendés?” Según la posición que sostienen los imputados, los siete mil pesos que se entregaron a
Serafini eran sus honorarios, libremente pactados. Si esto es así, el murmullo mencionado no tiene
sentido, aparece como absolutamente fuera de lugar. Los abogados no comentan sus cuestiones de
honorarios con los Fiscales, ni estos condicionan el curso de una investigación o las decisiones sobre
sus actos procesales al pago de honorarios de los imputados a sus defensores. Como se ve, la defensa
de los imputados sigue sin poder explicar estos detalles de la prueba, que sí son explicados
perfectamente por la versión del denunciante”. Con respecto a la calificación legal adoptada el Sr. Fiscal
de Instrucción sostuvo: “Luis Marcelo Nazar y Ernesto José Serafini, deberán responder como
Coautores de Exacciones Ilegales (C.P. arts. 45 y 266). Esto es así toda vez que Luis Marcelo Nazar,
funcionario público (Fiscal de Instrucción), abusando de su cargo, hizo pagar indebidamente (a cambio
de liberarlo) a Gallo y sus familiares, por interpuesta persona, esto es, por intermedio de Ernesto José
Serafini, una dádiva (siete mil pesos).”. VI) Oposición impetrada por el Dr. Euclides Nicolás Rivera:
Con fecha 10-03-11, el Dr. Euclides Nicolás Rivera, en su carácter de defensor del imputado Serafíni,
Ernesto José presenta oposición (fs. 412/417) a la Requisitoria Fiscal de elevación de la causa a juicio
(fs. 404/409), sosteniendo entre otras cuestiones (brevitatis causae): Que el Sr. Fiscal no ha valorado con
objetividad el plexo probatorio obrante en autos y en efecto no ha otorgado credibilidad a la versión
expuesta por su defendido, sosteniendo como argumento inquebrantable la denuncia de Aramayo. Por
otro lado, cuestiona la calificación legal adoptada por el Sr. Fiscal, sosteniendo que no corresponde
acusar como coautor de exacciones ilegales, por tratarse de un delito pluriofensivo donde el sujeto
pasivo (Walter Gallo) desconocía que el dinero que solicitaba Aramayo (y era de su pertenencia), estaba
destinado al pago de una exigencia ilegal. Tampoco corresponde la atribución en calidad de coautor, ya
que se trata de un delito de sujeto activo calificado –funcionario-. Finalmente solicita se sobresea a su
defendido por el delito que se le atribuye. VII) Oposición deducida por el Dr. Alejandro Pérez Moreno:
Con fecha 10-03-11, el Dr. Alejandro Pérez Moreno, en su carácter de defensor del imputado Nazar, Luis
Marcelo, presenta oposición (fs. 419/429) a la Requisitoria Fiscal de elevación de la causa a Juicio (fs.
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(Expte. letra "N", Nro. 01/10, SAC. 261525),
404/409), sosteniendo entre otras cuestiones (brevitatis causae): Comienza cuestionando el
procedimiento experimental dispuesto por el Fiscal de la causa, puesto que se utilizo dinero de un
justiciable sin que ellas supieran o prestaran conformidad. También alega que el acusador no ha
valorado la prueba obrante en autos bajo pautas objetivas, especialmente en lo que respecta al
testimonio del abogado Flores, quien aparece como un testigo de los llamados calificados por su
condición de abogado litigante y defensor del detenido Walter Gallo. Que resulta llamativo que la
supuesta “coima” termine pagándose tres días después de la libertad de Gallo y que con respecto al
coimputado Capdevila defendido por la Dra. Yercovich todo se desarrollo con normalidad y recupero su
libertad el mismo día que Gallo. Además de ello, el letrado impugnante cita una causa en la que Aramayo
fue imputado por un delito cometido en el ejercicio de su profesión como abogado y luego sobreseído por
el Juzgado de Control Nº 3 de la ciudad de Córdoba, a fin de ilustrar sobre la personalidad del
denunciante. Sostiene que el Fiscal se equivoca al sostener que tanto Nazar como Serafíni, declararon
con posterioridad a conocer detalles de la causa y en consecuencia armando su estrategia defensiva.
Sostiene, además, que no hay pasaje alguno de las conversaciones grabadas y transcriptas en las que
se mencione que el dinero entregado era para el Fiscal Nazar. Termina cuestionando el valor convictivo
de algunas presunciones que el Sr. Fiscal valora como indicios sin reunir tal condición y cita opiniones
doctrinarias y precedentes jurisprudenciales que avalan su postura. VIII) Posición del suscripto: Antes
de abordar la cuestión planteada, estimo oportuno referir a las consideraciones finales efectuadas por la
Sra. Juez de Control encargada de la investigación jurisdiccional de la presente causa, en cuanto a la
conmoción pública que genera el estado de sospecha de venalidad en un alto funcionario del Poder
Judicial, como lo es el caso de un Fiscal de Instrucción con competencia múltiple del interior de la
Provincia de Córdoba, que por cierto es el encargado de la promoción de la acción pública en
representación de los intereses de la sociedad, y la consecuente gravedad institucional que provoca la
sola sospecha, fundada, de actos de corrupción instalados en altas esferas del Poder Judicial. Es
precisamente por ello, que los órganos predispuestos por el estado para la investigación, persecusión y
acusación de este tipo de delitos cometidos por personas amparadas por privilegios constitucionales
(arts. 14 y sgtes. del CPP), deben doblegar sus esfuerzos conducentes a esclarecer este tipo de delitos,
con el firme propósito de afianzar la seguridad jurídica, reestablecer la confianza en las instituciones del
estado y hacer efectivo, mediante pronunciamientos judiciales, el principio de “igualdad ante la ley”. Caso
contrario la administración de justicia deberá impotentemente conformarse con la persecución,
investigación, acusación, juicio y castigo de delitos de “bagatela” o menor cuantía, sin generar respuestas
satisfactorias ante el crimen organizado, de compleja investigación o cometidos por personas que gozan
de privilegios constitucionales. Corresponde analizar ahora, si la instructora mediante la Investigación
Penal Preparatoria ha alcanzado el grado de probabilidad exigido para este estadio procesal con
respecto a la existencia material de los hechos y la participación punible de los imputados Luis Marcelo
Nazar y Ernesto José Serafini en los hechos atribuidos. Toda vez, que “La estimación del desarrollo
suficiente de la investigación tiene como presupuesto que el merito probatorio resulte suficiente para
acusar al imputado. Para que esto pueda ocurrir el código exige que se encuentre acreditada, al menos
en grado de probabilidad, la participación punible del imputado en el hecho investigado. No se requiere
nada más, pero tampoco nada menos. La probabilidad supone que la prueba de cargo prevalece sobre la
de descargo, por su aptitud y valor convictivo…”(Cod. Procesal Penal Tarditti-Cafferata tomo II, pag.
101). Para lograr mayor orden didáctico se analizarán de manera separada ambos extremos de la
imputación delictiva con respecto a cada uno de los prevenidos. Es así que con respecto a Nazar, Luis
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Marcelo, surge a poco de avanzar en la minuciosa lectura y estudio de la causa, que existe plena
correspondencia entre los hechos denunciados por el abogado Carlos Tomás Ariel Aramayo y la prueba
que de manera independiente se ha incorporado en autos (declaraciones testimoniales, intervenciones
telefónicas, informes telefónicos, grabaciones de audio y video, etc.). Ello es así, por cuanto la denuncia
efectuada por el letrado Aramayo luce sin lugar a dudas verosímil, como un acto espontáneo por medio
del cual da cuenta de conductas irregulares en las que habría incurrido el Sr. Fiscal de Instrucción de la
ciudad de Río Segundo en el marco de la tramitación de una causa en contra de su defendido, situación
ésta que inicialmente lo sorprende, excede y hace que inmediatamente se contacte en forma telefónica
con el Dr. Alejandro Weiss, (magistrado de la justicia provincial y ex jefe de Aramayo) para pedirle un
consejo acerca de cómo proceder en el caso concreto, para solo minutos más tarde, y por consejo de
aquél culmina formulando la correspondiente denuncia, cuyo contenido fáctico se encuentra en plena
sintonía con la versión de los hechos que inicialmente proporcionara Aramayo a los testigos Gsponer y
Weiss (fs. 173/175 y 254/256 respectivamente). Además de ello, es oportuno señalar que no se advierte
motivo alguno para descreer de la versión ofrecida por el denunciante, por cuanto no existe relación
previa o conflictos entre denunciante y denunciados que pudieran desvirtuar el verdadero motivo de la
denuncia. Ahora bien, y entrando en el análisis del plexo probatorio colectado y valorado por la
instructora, surge claramente de las sábanas o listados de llamadas efectuadas y recibidas por Aramayo,
Nazar y Serafíni, un importante tráfico de fluídas comunicaciones que resultan mas compatibles con el
evento denunciado, que con las circunstancias expuestas por los imputados al momento de ejercer su
derecho material de defensa (declaración de los imputados). Este tramado de comunicaciones
acreditadas en autos, se asocia más a los mecanismos propios de una negociación de las características
del hecho denunciado, que a un simple trato por cobro de honorarios profesionales. De otro costado, la
secuencia y horarios de las llamadas efectuadas por Nazar no solo se encuentran acreditadas por las
constancias de las sábanas o informes proporcionados por las empresas prestatarias del servicio
telefónico, sino también por el liso y expreso reconocimiento efectuado por los propios imputados al
momento de ejercer su derecho material de defensa al referirse a esas comunicaciones. Por otra parte,
no resultará inadvertido que Nazar sostiene que la llamada a Serafíni es efectuada de manera posterior a
la salida de Aramayo de su despacho, pese a no haber prueba directa, debido a que esta situación se
produjo a solas, cara a cara entre denunciante y denunciado, hay elementos que permiten suponer
fundadamente que esa comunicación fue efectuada por Nazar a Serafíni desde su despacho y en
presencia del abogado Aramayo, ya que la reunión entre ambos habría comenzado a las 10:30 Hs. y la
llamada en cuestión se registra a las 10:41 Hs. (ver informes de fs. 143), es decir a solo once minutos de
comenzada la reunión. Por otro lado, si Aramayo no hubiese estado presente al momento de la
conversación telefónica sostenida entre Nazar y Serafini, no podría haber conocido el tenor de la misma,
que minutos mas tarde expondría pormenorizadamente en la correspondiente denuncia, antes de
conocerse los informes o registros de llamadas de las empresas prestatarias del servicio (fs. 143) que
corroboran su versión. También resulta llamativo que Nazar sostenga que era habitual que los letrados
del fuero local se comunicaran a su celular para consultar situaciones de sus defendidos, ello por cuanto
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las comunicaciones hasta aquí mantenidas con Serafíni dan cuenta de información estrictamente
confidencial de la causa que el mismo Fiscal interviniente brindaba deliberadamente al abogado Serafíni,
quien no era parte ni intervenía en la causa y su actuación -aquí demostrada- se asemeja más a una
relación de subordinación con el Fiscal, que a un letrado procurando acordar y cobrar sus honorarios
(nótese que al respecto el propio Nazar admite haber trabajado con Serafíni en la Municipalidad de Río
Segundo como Asesor letrado, mientras aquél era funcionario). Ello se evidencia en frases de Serafíni
como; “Como se hace con el tema?”, tal como surge de constancias de autos. Asimismo, no resulta
menor la circunstancia de que Nazar mencione haber recibido solo una llamada telefónica de Serafíni,
mientras que de las sábanas e intervenciones telefónicas surgen dos llamadas, una a las 10:23 Hs. y otra
a las 10:38 Hs. La primera conversación se enmarca básicamente (extracto de los pasajes mas
significativos de la conversación), en el siguiente diálogo; Serafíni: Como hacemos con este tema?,
Nazar: Bueno arreglálo vos a eso. Serafíni: Ahá, pero después que vayan a hablar con vos? Los
hago hablar con vos?, Como es el tema? Tenés que hablar vos con el tipo? Que, que tiene que
hacer el tipo ahora?, Nazar: Bueno, entonces después acompañalo vos. Serafíni: Adonde?. Nazar:
Acá, traélo Acá. Serafíni: Bueno, hará falta que me nombre co-defensor o..?. Sin mayores esfuerzos
interpretativos, del tenor de esta comunicación se evidencia que Serafíni le anuncia al Fiscal Nazar que
Aramayo, Gallo y familia se encontraban reunidos esperando en la estación de servicios de la ciudad de
Río Segundo, (actuación que se encuentra grabada en video por personal de la División Defraudaciones
y Estafas de la Policía de la Provincia de Córdoba), tal como fuera previamente acordado, y le consulta
sin titubeos como proceder ante tal situación, utilizando un leguaje que pone de manifiesto una relación
de subordinación ante aquel, diciendo por ejemplo: “acá esta ésta gente, me acaba de hablar
Aramayo esperándome en la estación de servicio, como hacemos con el tema” y como
contrapartida de ello Nazar le indica que “arregle eso”. La segunda de las comunicaciones trasunta en
el siguiente diálogo (extracto de los pasajes más significativos de la conversación): Serafíni: “El tipo me
ha dado a mi, acá el dinero (lo dice murmurando), entendes?. Nazar; “No, no te escucho nada, veni
en todo caso personalmente”. Serafíni: “Pero no, no, el doctor quiere hablar con vos. Puede hablar
con vos?” Nazar: “Si, lo voy a recibir pero dentro de media hora por lo menos? Es aquí donde surge
el interrogante sobre cual sería el motivo por el que un abogado con muchos años en la profesión que
ejerce la defensa de un imputado (detenido) a disposición del Fiscal Nazar, le estaría informando en voz
baja (en un cómplice murmuro), al mismo Fiscal de la causa “que le habían dado el dinero”. Ello solo
encuentra una explicación racional o coherente en el acuerdo que habría existido entre Nazar y Serafíni,
para exigirle ilegalmente a Aramayo el pago de una determinada suma de dinero (en este caso abonada
por los familiares del imputado) para liberar al detenido Gallo en una causa que se tramitaba ante el
mismo Fiscal Nazar, acuerdo éste que más allá de las probadas comunicaciones existentes entre ambos,
se refleja en el evidenciado interés del Fiscal Nazar para que Serafíni fuera designado como
defensor en esa causa, a tal punto que el Fiscal se muestra mas preocupado por la designación de
Serafíni en la causa, que por resolver la situación procesal del imputado detenido y como contrapartida
de ello, en la información acabada que Nazar recibía de parte de Serafíni al momento de recibir el dinero
exigido en supuesto concepto de “honorarios”. Resulta extremadamente llamativo que esta última
conversación se desarrolla con total normalidad auditiva y justo en el momento cuando Serafíni le dice
que “le han dado la plata ahí”, Nazar responde “No te escucho nada, veni..” como esquivando una
respuesta o comentario que pudiera comprometerlo, pero de ningún modo podría interpretarse esta
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manifestación como desinterés por parte de Nazar –ante la confirmación de la entrega del dinero- con
respecto al cobro efectuado por Serafíni, ya que las conductas y comunicaciones anteriores demuestran
totalmente lo contrario en función de lo antes expuesto. Por otro lado, corresponde hacer alusión a la
conversación mantenida por Aramayo con Nazar, producida inmediatamente después de efectivizada la
detención de Serafíni, (ver soporte magnético de audio y video), en la que Aramayo se presenta ante la
Fiscalía de Instrucción de Río Segundo, con una video cámara tipo “lapicera”, activada e incorporada en
su vestimenta y pide entrevistarse con el Fiscal Nazar. De la transcripción de la conversación que obra a
fs. 368/368 vta. de autos, surge el siguiente diálogo; Fiscal: (no se entiende), Aramayo: “Si, ya viene, esta
en camino”. Fiscal: “Ah, si cuando lleguen avisáme y te hago pasar”. Aramayo: “Dale”. Fiscal: “O quiere
pasar Ud. solo?”. Aramayo: “Si, le quería, le quería hacer un comentario”. Aramayo: “Este.. le llamó él
por teléfono?”. Fiscal: Quien?. Aramayo: “Eh.. Serafíni”. Fiscal: “Si, me dijo que estaba comiendo allá,
que se iban a comer”. Aramayo: “Ah.. No porque esta en camino, este..”. Fiscal: “Bueno, cuando se
reúnan formalicen todo”. Aramayo: “No porque yo le quería dar las gracias”. Fiscal: “Si, no te hagas
problema querido”. Aramayo: “Bueno, hasta luego”. Fiscal: “Hágalo designar a Serafini, después yo le
fijo la fecha de la indagatoria”. Aramayo: “Como no, listo. Gracias”. Fiscal: “Chau”. De la reproducción
del soporte magnético secuestrado en autos y que contiene el mencionado diálogo se observa la
siguiente situación; el comienzo del documento muestra la imagen de la “barandilla” de la Fiscalía de la
ciudad de Río Segundo, la atención a Aramayo por parte de la empleada quien a solicitud del letrado –
que pide hablar con el Fiscal-, le indica que espere, que esta ocupado y que en un momento lo atenderá.
Luego, transcurren varios minutos filmando la actividad de la mesa de ingreso y a la distancia se observa
por un pasillo (a la izquierda), a dos personas, una de sexo masculino y otra de sexo femenino
(aparentemente abogados, -como lo indica el mismo denunciante-) que hablan con el Fiscal Nazar.
Luego, la imagen se vuelve borrosa e imprecisa y se escucha tenuemente la voz de Nazar que
acercándose y dirigiéndose a Aramayo le dice: “Dr. Vino solo usted?” (lo cual no ha sido consignado
por personal encargado de la correspondiente transcripción, seguramente debido a su escaso volumen
auditivo). Tambien se advierte la errónea transcripción de pasajes como “Fiscal: Si, me dijo que estaba
comiendo allá, que se iba a comer”, cuando de la escucha del soporte magnético se advierte claramente
que el Fiscal dice: “Si, me dijo que estaba reunído allá, que se iban a reunír”. Además de ello, se
advierte en dos claros pasajes del diálogo, que Nazar prefiere hablar a solas y en ambito propicio sobre
detalles de la causa, en una oportunidad y al entrevistarse le dice: “Dr. Vino usted solo?”, como
cersiorándose de que el mismo no se encuentre acompañado y luego dice: “O quiere pasar Ud. solo?”,
dándole la opción de hablar a solas con él, detalles sobre la causa. Por otro lado, y para finalizar, excede
la generosa interpretación sugestiva, el hecho de que terminada la conversación, Nazar le diga a
Aramayo “Hágalo designar a Serafini, después yo le fijo la fecha de la indagatoria”, poniendo de
manifiesto una “obstinación” en la designación de Serafini en la causa, mas allá de lo común, pese a
saber fehacientemente que a más del Dr. Flores que ya estaba actuando en la causa y había presentado
dos escritos en favor de Gallo, el Dr. Aramayo ya había sido propuesto, designado y admitido como
defensor del imputado, no advirtiéndose una situación de complejidad o urgencia en la actuación, debido
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a que el imputado ya había recuperado su libertad y no había actos procesales urgentes que llevar a
cabo. Ahora bien, con respecto al cuestionamiento efectuado por la defensa del imputado Nazar, más
concretamente por el Dr. Pérez Moreno en cuanto a que en el procedimiento experimental dispuesto por
el Sr. Fiscal de la causa, se utilizo dinero de un justiciable sin que este supiera o prestara conformidad,
corresponde aquí aclarar que este tipo de ensayos o procedimientos experimentales suelen ser
ordenados en un primer momento de la investigación, donde el caudal probatorio es incipientemente
débil y su finalidad es documentar mediante la actuación de personal policial especializado, con
apoyatura técnica científica (grabaciones de audio/video, actas de constatación, secuestro, etc.) la
flagrante comisión de un delito que previsiblemente se espera que ocurra en un determinado tiempo y
lugar, bajo una determinada modalidad comisiva. Por otro lado, cabe destacar que se trata de un delito
formal que se consuma con la simple exigencia ilegal, con prescindencia de la entrega efectiva de los
efectos exigidos, lo cual torna estéril la dilucidación sobre si los familiares de Gallo conocían (o nó) que
ese dinero que entregaban era en concepto de dádiva o exigencia ilegal. También alega este mismo
defensor, que el acusador no ha valorado la prueba obrante en autos bajo pautas objetivas,
especialmente en lo que respecta al testimonio del abogado Flores, quien aparece como un testigo de los
llamados calificados por su condición de abogado litigante y defensor del detenido Walter Gallo. De la
atenta lectura de los testimonios de los Dres. Re Crespo, Yercovich y Flores, no surge elemento alguno
que pudiera hacer mutar el valor convictivo asignado integralmente al resto del plexo probatorio
analizado. Ello por cuanto, si bien se trata de testimonios de letrados que han intervenido de alguna
manera en la causa donde surge la irregular actuación del Fiscal Nazar, no revelan elemento probatorio
de carácter dirimente para una ponderación distinta a la efectuada por el acusador. Por otro lado, el
impugnante objeta que resulta llamativo que la supuesta coima termine pagándose tres días después de
la libertad de Gallo y que con respecto al coimputado Capdevila defendido por la Dra. Yercovich todo se
desarrollo con normalidad y recupero su libertad el mismo día que Gallo. Al respecto, debemos aclarar,
que no resulta una condición necesaria para la consumación de este tipo delictivo que el dinero o efectos
exigidos se entreguen en tiempo distinto o diferido del de la exigencia, el delito se consuma con la sola
exigencia ilegítima y tampoco resulta menester que esta exigencia sea efectuada a todos los que se
encuentran en una misma situación, como podría ser al otro imputado (Capdevila) en la misma causa.
Muy por el contrario, la experiencia común indica que el sujeto activo en su modus operandi elige
determinadas situaciones y circunstancias de lugar, tiempo, modo y persona para cimentar sobre
ella la ilegal exigencia, (en este caso su afinidad con quien sería el intermediario Serafíni) Además de
ello, el letrado impugnante cita una causa en la que Aramayo fue imputado por un delito cometido en el
ejercicio de su profesión como abogado y luego sobreseído por el Juzgado de Control Nº 3 de la ciudad
de Córdoba, con el fin de demostrar la personalidad del denunciante. En este punto, es oportuno
recordar que la sentencia de sobreseimiento cierra irrevocable y definitivamente el proceso de manera
desincriminatoria, la causa en favor de quien se dicta, por tal motivo no parece atinado ni viable hacer
consideración alguna sobre un hecho en el que el denunciante fue imputado y luego sobreseído
totalmente. Asimismo sostiene la defensa que el Fiscal se equivoca al sostener que tanto Nazar como
Serafíni, declararon con posterioridad a conocer detalles de la causa y en consecuencia armando su
estrategia defensiva. En este punto, comparto la consideración efectuada por la defensa, por cuanto la
declaración del imputado es la expresión mas acabada del derecho de defensa material y por lo tanto no
debe ser tomada como un medio para lograr espontaneidad en la versión propiciada por el imputado, sin
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perjuicio de que en el caso que nos ocupa el imputado declaró y dió su versión de los hechos
inmediatamente después de haberle sido oralizada la prueba contenida en autos, sin haber tenido
acceso, antes, a los detalles de la causa por encontrarse ésta bajo el secreto de sumario. Por otro lado,
el Dr. Pérez Moreno afirma que no hay pasaje alguno de las conversaciones grabadas y transcriptas en
las que se mencione que el dinero entregado era para el Fiscal Nazar. Si bien es cierto lo afirmado por el
defensor, resultaría un exceso de formalismo probatorio requerir, en este estadio procesal y ante una
causa de estas características, una prueba directa que incrimine categórica y terminantemente a Nazar
en el hecho investigado, pero tampoco resulta menos cierto que la valoración integral de los
elementos probatorios colectados en la investigación
permiten sostener como probable tanto la
existencia del hecho, como la participación punible de los imputados. Finalmente, el defensor termina
cuestionando el valor convictivo de algunas presunciones que el Sr. Fiscal valora como indicios sin reunir
tal condición y cita opiniones doctrinarias y precedentes jurisprudenciales que avalan su postura. Al
respecto concluyo diciendo que la exigencia legal de fundar las resoluciones judiciales, en nada obsta a
aceptar que la convicción del juzgador, conforme al sistema de valoración respetuoso del principio de
razón suficiente, pueda, en base a elementos de convicción indirectos, como son los indicios llegar
a la probabilidad exigída, con la condición de que éstos sean unívocos y no anfibológicos. Vale decir,
que la relación entre los hechos conocidos (indiciarios), debidamente acreditados, no pueda relacionarse
con otro hecho que no sea el hecho desconocido, cuya existencia se pretende demostrar (indicado), tal
como ocurre en el caso que nos ocupa. Ello, por cuanto los extremos fácticos pueden obtenerse a partir
de prueba indiciaria, toda vez que si actualmente se encuentra fuera de discusión la posibilidad de
arribar a un estado de certeza valiéndose de prueba indirecta, con más razón autorizará a concluir
en términos de probabilidad en la etapa preparatoria (T.S.J., Sala Penal, “Conrrero”, S. nº 23,
12/04/2006). Cabe también tener presente aquí que la fuerza convictiva de los indicios reside en su
apreciación conjunta, tal como lo ha dicho el más Alto Tribunal de la Nación: “cuando se trata de una
prueba de presunciones... es presupuesto de ella que cada uno de los indicios, considerados
aisladamente, no constituya por sí la plena prueba del hecho al que se vinculan -en cuyo caso no cabría
hablar con propiedad de este medio de prueba- y en consecuencia es probable que individualmente
considerados sean ambivalentes” (C.S.J.N., “Martínez, Saturnino”, 7/6/88, Fallos 311:948; cfme. T.S.J.,
Sala Penal, Sent. nº 45, 28/7/98, “Simoncelli”; A. 32, 24/2/99, “Vissani”, A. n° 520, 26/12/01, "Luna"; A. n°
176, 7/6/02, "López"). Por un imperativo de congruencia, si integrada ha de ser su consideración por
parte del Tribunal, también debe requerirse similar tratamiento por parte de quien pretende impugnar la
conclusión que de aquellos se ha derivado. Por ello es que, cuando se trata de decisiones fundadas
en prueba indiciaria, el cuestionamiento de su motivación requiere el análisis en conjunto de
todos los indicios valorados y no en forma separada o fragmentaria (T.S.J., S. n° 45, 29/7/98,
“Simoncelli”; A.I. n° 205, 11/8/98, “Capdevila”; A. nº 49, 4/3/99, “Galeano”; A. n° 109, 5/5/00, "Pompas"; A.
n° 517, 19/12/01, "Carnero"; A. n° 95,18/4/02, "Caballero"; A. n° 1, 2/02/04, "Torres"; entre muchos otros).
Ahora bien, corresponde ingresar en el análisis de los extremos de la imputación delictiva con respecto al
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(Expte. letra "N", Nro. 01/10, SAC. 261525),
prevenido Ernesto José Serafíni, no sin antes hacer la salvedad de que si bien en no pocas ocasiones
ha resultado ser una perversa práctica de algunos inescrupulosos abogados defensores, que so pretexto
de gestionar la libertad de su defendido, obtienen dinero de manos de los familiares del detenido, bajo el
argumento de tener que “pagar una coima” al Fiscal o Juez de la causa, para que este haga efectiva la
liberación, éste no parece ser el caso analizado, por varios motivos que infra expresaré. Partiendo de las
particulares circunstancias mediante las cuales Serafíni toma conocimiento de la causa, el mismo refiere
que el día viernes 3-12-10, mas precisamente en una charla mantenida con el Dr. Federico Re Crespo
(un abogado del foro local) en un bar cercano a los tribunales de la ciudad de Río Segundo, éste le
comentó sobre la detención de Gallo y atento a que no hacia defensas penales, Re Crespo le cedía el
caso si le interesaba. Es aquí cuando llamativamente Serafíni, con la escasa información recibida, sin
hablar al menos con el detenido o acordar mínimamente su participación profesional con sus familiares,
entrevista al Fiscal Nazar y comienza a interesarse y gestionar la libertad de Gallo. A todo esto Serafíni
aparece como un abogado de escasa praxis judicial en la órbita de las defensas penales, pese a su
experimentado ejercicio profesional (refiere litigar en esta ciudad y en Villa Carlos Paz) y así lo demuestra
el acabado relevamiento efectuado por el secretario Iglesias (fs. 91) de la Fiscalía de Instrucción, que
revela que Serafíni solo intervino en dos causas (una en 2006 y otra en 2008), mientras que las
empleadas Mariana Blanco (fs. 159) y Paola Bassani (fs. 230/231) en sendos testimonios coinciden en
que nunca veían a Serafíni litigar ante la Fiscalía de esa ciudad. Así las cosas y pese a no tener
participación en la causa, por no haber sido designado como defensor, curiosamente se interesa en la
causa y comienza a actuar ante el Fiscal, quien por otro lado, y tal como lo indica la prueba colectada en
autos, infidentemente, y antes de efectivizar su resolución, le manifiesta a Serafíni que el imputado
recuperaría su libertad. Por otro lado Nazar se muestra sumamente interesado en que éste sea
designado como defensor en la causa, cuando en la misma ya estaba actuando el Dr. Aramayo
representando los intereses del imputado, previo a ser designado por los familiares del mismo, a tal
punto que el letrado Aramayo ya se había entrevistado con el Fiscal Nazar con motivo de esta causa, en
la que por otro lado, el Dr. Flores ya había presentado escritos defensivos. Tal es así, que el mismo
Nazar le dice a Aramayo que arregle con Serafíni la designación en la causa, es decir; el mismo Fiscal de
la causa le indica al defensor del imputado que procure designar a Serafíni, quien por otro lado mantenía
un fluído contacto telefónico con el Fiscal de la causa, acordando la libertad del incoado. Ahora bien, esta
actuación de Serafíni, no resulta ser autónoma o independiente, sino orquestada por el mismo Nazar,
quien tenía el poder efectivo de decisión sobre la libertad del imputado que se encontraba a su
disposición, utilizando a Serafíni de enlace para negociar con el abogado Aramayo la libertad de Gallo.
En este sentido debe considerarse la llamada efectuada por Serafíni a Aramayo el día viernes 3-12-10 a
las 14:43 Hs. y grabada por personal policial (ver fs. 358), en la que ambos hablan del dinero que
Aramayo debía entregar a Serafíni y que este último aún no había podido comunicarse con el Fiscal,
refiriéndose en los siguientes términos; Aramayo: “esta bien, bueno pero que hago entonces, le doy la
plata?, Serafíni: A quien?, Aramayo: A Ud. digo o a quien, no sé a quién, o digame Ud. a quien se la
doy?. Serafíni: “yo diría que sí, pero pero pero bueno, pero no le puedo yo ..eh usted entiéndame a
mí, no puedo comunicarme con él, el me lo prometió pero no no le puedo decir si o no lo hizo
vio?”. Adviértase que ante el ofrecimiento concreto de la entrega del dinero por parte de Aramayo a
Serafíni, éste espontáneamente plantea el interrogante; “A quien?”, a lo que Serafíni se pronuncia
afirmativamente y le dice que de no ser así, le indique a quién se lo dá, ante ello Serafíni dubitativamente
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expresa: “yo diría que sí…” (refiriéndose a él). Esta secuencia o pasaje del diálogo resulta categórico
para afirmar que el dinero pactado no respondía a “honorarios profesionales”, caso contrario no habría
mostrado tantas dudas en aceptar el dinero devengado de su “supuesta” actuación profesional. También
surge del diálogo, que alguien le había prometido la libertad del detenido. Quien sería, sino el propio
Fiscal de la causa, quien tiene el pleno poder de decisión sobre su libertad?. Solo repárese en que el
Fiscal, por un lado insiste en la designación de Serafíni en la causa, mantiene múltiples comunicaciones
con él en torno a una causa en la que no tenía participación, y por otro lado, al cobrar la suma de $ 7000
en supuesto concepto de honorarios, Serafíni le da cuenta de ello telefónicamente al Fiscal Nazar. Otra
secuencia de la misma conversación muestra que Aramayo le pide a Serafíni que le avise cuando le
confirmen la libertad para no quedar mal con los familiares del imputado y no crean que recupero la
libertad por la gestión de otro abogado, Serafíni dijo: “No, no, no, no, salió por.., por usted y por mí, por
los dos”. Aramayo le dice: “Exactamente así cobramos la nuestra”. Serafíni agrega: “Yo le, yo le, yo
le.. he estado ahí insistiendo a …., yo le dije mira trata de apurarlo al tema que lo tengamos listo
aunque sea a última hora, que lo tuvieramos listo ya”. Se evidencia, en el contexto integral de la
conversación que la única prestación que efectuaría Serafíni sería gestionar la libertad nada menos que
ante el Fiscal de la causa, con quien mantenía una relación de amistad de hace bastante tiempo (como
se analizára supra). Es por ello que el carácter de honorarios profesionales que Serafíni pretende dar al
dinero obtenido queda totalmente desnaturalizado al perder consistencia, máxime si se repara en el
testimonio de César Gsponer (fs. 173/175) quien es cuñado del detenido y el día lunes 06-12-10
concurrió a la estación de servicios donde habían acordado juntarse Aramayo con Serafini y presenció la
conversación de ambos. El testigo manifiesta que sabía que concurriría un abogado a recibir el dinero
que les había solicitado el Fiscal para liberar a Gallo, que esta persona llego al lugar y se presento como
Serafíni, que nunca antes lo habían visto, ni hablado con él. Que Aramayo le decía que llamara al Fiscal
para quedarse tranquilo de que supiera que ya habían entregado el dinero, el testigo es terminante y
conclusivo al resumir la actuación de Serafíni diciendo: “… se mostraba como un colaborador del Fiscal,
hablaba en nombre de él, les decía que con ese dinero estaba todo arreglado.., habló por teléfono
con el Fiscal y les dijo que estaba esperándolos en tribunales”. Que al levantarse interviene personal
policial de Delitos Económicos de la Dirección General de Investigaciones Criminales de la Policía de la
Provincia de Córdoba y proceden al secuestro del dinero entregado por Aramayo, desde el interior de un
bolsillo del saco que vestía Serafíni, de su credencial profesional y la tarjeta personal de Aramayo, que
éste le había entregado al Fiscal Nazar, presuponiendo que éste se la había entregado a Serafíni para
que se contactara con Aramayo. Analizado entonces, pormenorizadamente el plexo probatorio
prolijamente incorporado por la instructora, y valorado por el Sr. Fiscal, no resulta válido el
cuestionamiento efectuado por el letrado Euclídes Rivera, abogado defensor de Serafíni, acerca de que
el Sr. Fiscal no ha valorado con objetividad la prueba obrante en autos, ni ha otorgado credibilidad a la
versión expuesta por su defendido, sosteniéndose como argumento inquebrantable
la denuncia de
Aramayo. Tampoco comparto el reproche del letrado Rivera, en orden a la calificación legal adoptada por
el Sr. Fiscal, sosteniendo que no corresponde acusar a su defendido como coautor de exacciones
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ilegales, por tratarse de un delito pluriofensivo donde el sujeto pasivo (Walter Gallo) desconocía que el
dinero que solicitaba Aramayo (y era de su pertenencia), estaba destinado al pago de una exigencia
ilegal. Ello por cuanto si bien se trata de un delito pluriofensivo, el sujeto pasivo resulta ser la
administración pública, siendo irrelevante el conocimiento de la ilegalidad de la exigencia por parte de los
familiares de Gallo, que resultan ser damnificados del ilícito, por cuanto el dinero entregado es de su
pecunio personal, siendo condición necesaria de su consumación la sola exigencia ilegítima –en este
caso al abogado Aramayo, quien representa a los intereses de Gallo- sin perjuicio de la entrega efectiva
del dinero, efectos, etc. Así lo ha sostenido el TSJ en Sent. Nº 22, 26/3/01. "Chavez, Jorge Abas p.s.a.
exacciones ilegales agravadas –Recurso de Casación-". “La discusión relativa al estado psicológico
del sujeto pasivo se centra en establecer si el temor a la autoridad pública aprovechado por el
funcionario que compele, debe existir concretamente en el caso o si, por el contrario, ello sólo constituye
una derivación abstracta del abuso funcional, cuya ausencia particular no determine la atipicidad de la
conducta. Un estudio sistemático de este tipo penal me inclina hacia la segunda conclusión. En la
hipótesis de la exigencia, desde que ésta se consuma con su mera formulación (cfr., NUÑEZ,
Ricardo, "Derecho Penal Argentino", T. VII, Lerner, 1974, pág. 137; SOLER, Sebastián, "Derecho Penal
Argentino", T. V, T.E.A., 1970, pag. 199; CREUS, Carlos, "Derecho Penal - Parte Especial", T. II, Astrea,
1983, pág. 343; LAJE ANAYA, Justo - GAVIER, Enrique, "Notas al Código Penal Argentino", T. III - Parte
Especial, Lerner, 1996, pág. 171), no cabe requerir el correlato efectivo del temor del sujeto pasivo;
basta entonces con que el requerimiento se haya expresado en abuso del cargo, esto es, aprovechando
la desigualdad proveniente de las mayores prerrogativas acordadas por el cargo público de que se trata.
Asimismo, en forma expresa se expide Carlos Creus, en nota a fallo, al adherir al voto que se pronuncia
por exigir en las exacciones, en su aspecto objetivo, que la voluntad del sujeto pasivo sea determinada
por el temor genérico que la autoridad suscita; pero aclara que "se trata de un factor objetivo que no
exige una correspondencia subjetiva en el sujeto pasivo de la acción de exacción. Especialmente
cuando el delito se configura como exigencia -con cuya formulación se consuma el delito- es
indiferente la influencia que el despliegue de actividad del autor pudo tener sobre el sujeto pasivo
que la soportó..." (aut.cit., "Requisitos típicos de las exacciones ilegales del artículo 266 del Código
Penal", LL 1992-E, pág. 179; lo resaltado me pertenece). Finalmente y con respecto a lo sostenido por la
defensa de Serafíni, que entiende que no corresponde la atribución en calidad de coautor, ya que se trata
de un delito de sujeto activo calificado –funcionario público-, el suscripto, en este ítem, comparte
totalmente esta posición por entender que la figura contenida en el art. 266 del C.P prevée, en su
comisión, como sujeto activo, la calidad de funcionario público, condición que solo reunía el Fiscal
Nazar, advirtiéndose además que la conducta desplegada por Serafíni, se limita a realizar un aporte
trascendental para que el hecho se consumara de la manera en que se hizo –lo cual se desarrollara
infra-. A este respecto, el suscripto coincide plenamente con la Sra. Juez de Control con respecto a la
calificación legal adoptada para las conductas desplegadas por ambos imputados y ello es así, por
cuanto el art. 266 del CP. contempla la conducta del funcionario público que abusando de su cargo,
solicita, exige o hace pagar o entregar indebidamente, por sí o por interpuestas personas, una
contribución, un derecho, una dádiva o cobrase mayores derechos que los que corresponden. En el caso
concreto, el imputado Luis Marcelo Nazar reviste la calidad de Fiscal de Instrucción y por lo tanto
comprendido dentro del concepto de “funcionario público” acuñado por el art. 77, 4to. párrafo del C.P de
conformidad a su interpretación auténtica, en la que resulta ser todo aquél que “participa accidental o
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permanentemente del ejercicio de funciones públicas, sea por elección popular o por
nombramiento de autoridad competente”. Además, el imputado Nazar ostentando el cargo de Fiscal
de Instrucción, en ejercicio de sus funciones y como director de la investigación de una causa penal en la
que ha dispuesto una medida de coerción sobre el imputado, como lo es la detención del ciudadano
Walter Hugo Gallo y abusando del efectivo y concreto poder de disposición sobre su libertad, exige a
través de interpósita persona, como lo es el coimputado Serafíni, quien actúa en connivencia con el Dr.
Nazar, y mediante el mismo, hace pagar o entregar indebidamente a los familiares del detenido Gallo, por
medio de su abogado defensor, el Dr. Aramayo, quien establece el contacto, acuerda y paga a Serafíni,
la suma de siete mil pesos ($ 7.000) en efectivo, como contraprestación a la libertad de Gallo ya
dispuesta por Nazar. Cabe acotar que se trata de un delito formal e instantáneo que se consuma con la
simple exigencia arbitraria o injusta, con prescindencia de la efectiva entrega del dinero o efectos. Con
respecto a Ernesto José Serafíni, su conducta resulta reprochable bajo la misma figura legal aplicada a
Nazar (art. 226 del CP), pero ello a título de partícipe necesario en los términos del art. 45 del CP, por
cuanto Serafíni ha obrado a sabiendas de la ilegitimidad de la exigencia dineraria, en función de conocer
acabadamente el ejercicio profesional y su aporte al hecho se circunscribe al contacto y negociación con
el Dr. Aramayo sobre el pago del dinero supuestamente pedido por Nazar, lo cual ha resultado altamente
aprovechado en el proceso consumativo del delito, a tal punto que ante la ausencia o supresión
hipotética de su aporte, el hecho no se habría cometido de la manera en que ocurrió. Por lo expuesto, y
normas legales citadas; RESUELVO: I.-No hacer lugar a la oposición planteada por el Dr. Alejandro
Pérez Moreno, defensor del imputado Nazar, Luis Marcelo. II.- Hacer lugar parcialmente a la oposición
deducida por el Dr. Euclídes Rivera, abogado defensor del imputado Serafíni, Ernesto José, con respecto
al cambio de calificación legal de la acusación solo en lo que hace a la participación de su defendido, y
consecuentemente confirmar la requisitoria fiscal de elevación a juicio en contra de los prevenidos
Nazar, Luis Marcelo, ya filiado, como supuesto autor del delito de Exacciones Ilegales, (arts. 45 y 266
del C. Penal) y Serafíni, Ernesto José, ya filiado, como partícipe necesario del delito de Exacciones
Ilegales (art. 45 y 266 del C. Penal), a tenor de lo preceptuado por los arts. 357, 358 y cc. del C.P.P. III.Firme el presente, remítase por ante la Secretaría Penal del Tribunal Superior de Justicia para su
distribución por ante la Excma. Cámara del Crimen que por sorteo corresponda (art. 358 del C.P.P.).PROTOCOLÍCESE Y NOTIFÍQUESE.-
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