IX JORNADAS DE FORMACIÓN PARA EL PERSONAL DE

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IX JORNADAS DE FORMACIÓN PARA EL PERSONAL DE RESIDENCIAS GERIÁTRICAS
Durante los días 22 y 23
de abril de 2013 se ha
desarrollado en la Casa
Provincial de la nueva Provincia
España-Sur la IX Jornada de
Formación para el personal que
trabaja en Residencias de
Personas Mayores gestionadas
por las Hijas de la Caridad de
San Vicente de Paúl. La ponencia titulada “Las relaciones personales en el ámbito del
trabajo: claves para gestionar los conflictos” ha sido impartida con gran maestría por el
Psicólogo Psicoterapeuta Juan Manuel Alarcón Fernández. Esperamos que esta reseña
sirva de resumen de estas jornadas y reflejen su contenido lo más fielmente posible,
especialmente para quienes no tuvieron la oportunidad de recibir de primera mano la
riqueza de las aportaciones realizadas por el ponente y por los participantes en esta
formación.
Juanma inicia la ponencia dejando clara la importancia de trabajar y mejorar las
relaciones personales en nuestro ámbito laboral y resolver los conflictos que se
puedan presentar, pues la calidad de las mismas va a repercutir en el trabajo que
desarrollamos en nuestros centros. Ejemplo de ello es la diferente actitud o respuesta
que puedo dar ante la petición de atender a un residente por parte de dos
compañeros del trabajo, uno con el que mantengo buena relación “no te preocupes,
en cuanto pueda hablo con él” y otro con el que la relación no es tan buena “uff, no sé
si tendré tiempo, hoy estoy muy liado”. Esta situación afecta al residente, al fin y al
cabo es él quien tiene un problema y debe ser atendido por el profesional. Pero
también el compañero tiene derecho a ser bien tratado aunque no me caiga bien y no
me entienda bien con él. Por nuestra parte debe estar siempre la BONDAD de hacer el
bien con el otro.
Dado que la mayor parte de los conflictos en las relaciones se originan por
dificultades en la comunicación, Juanma propone abordar en estas Jornadas las
actitudes y los valores que debemos poner en práctica para que la comunicación sea la
mejor posible, además de aprender herramientas para analizar la carga de sufrimiento
que tienen las relaciones personales y potenciar la carga emocional positiva de las
mismas.
Somos seres sociales y, como tales, en las relaciones personales encontramos el
contexto privilegiado donde podemos crecer y desarrollarnos. Las relaciones
personales implican compartir vida, pensar juntos y comunicarse de manera afectiva;
es decir, compartimos lo que vivimos, pensamos y sentimos.
“Cuando nos abrimos tú a mí y yo a ti, cuando nos sumergimos tú en mí y yo en ti,
cuando nos olvidamos tú en mí y yo en ti. Sólo entonces yo soy yo y tú eres tú”.
No podemos olvidar
que “yo soy yo” gracias al
legado que han dejado en
mí personas con las que me
he relacionado en mi vida.
Nos forjamos en las
relaciones,
nos
necesitamos unos a otros,
nos potenciamos y, a la
vez, nos limitamos, según
cómo lo enfoquemos.
Debemos entender que cualquier relación que mantenga con compañeros,
superiores…. contribuye a que sea mejor persona. Se aprende de los buenos maestros
(“lo que debo hacer”) y de los malos (“lo que no”).
Cuando en mis relaciones personales no soy capaz de llevarme bien con
alguien, si mi capacidad de acogida del otro no es buena, esa relación me está
enseñando que hay algún área en mí que no está bien trabajada. Freud dice que lo que
rechazamos de los demás son cosas que no aceptamos de nosotros mismos o que
entra en rivalidad con nosotros mismos (maravillosa fuente de crecimiento a la que
debemos estar agradecidos).
Pero ¡Cuidado con los mitos relacionales!. No existe la relación perfecta (como
en La Casa de la Pradera), ni el permanente romanticismo o vivir en estado
permanente de pasión (“no hay cuerpo que lo resista”). Tendemos a realizar un
continuo proceso de búsqueda de similitudes y semejanzas en nuestras relaciones y, al
principio, todo es “mágico”, pero a medida que pasa el tiempo, ante las inevitables
diferencias, surgen las dificultades. Una buena relación es aquella que no se basa en
las semejanzas sino que es capaz de gestionar las diferencias.
Lo mejor en nuestras relaciones es optar por un modelo de humanización.
Aceptar que somos humanos, no perfectos, no iguales y entenderlo desde los
parámetros de la fragilidad humana, pues también tenemos angustias, miedos,
cabreos, alegrías,… Desde ahí intentemos ser lo más positivo posible. “Si te muestras
tal y como eres el otro también tiene permiso para mostrarse tal y como es”.
Avanzamos la mañana revisando los diferentes componentes de las relaciones
personales, como son:
-
Honestidad y Sinceridad. Es aquella relación que no contiene mentira ni
hipocresía. Estamos en una sociedad hipócrita, en una cultura neurótica, y
tendemos a mostramos permanentemente bien o permanente mal. Tenemos
que ser honestos, transparentes y asumir que poseemos verdades parciales,
por lo que todo es subjetivo (hasta una tarjeta de crédito tiene dos caras). Lo
ideal sería sumar las distintas verdades.
-
Respeto y Afirmación. Aquella que fomenta la libertad mutua para mantener
las relaciones que se deseen. El otro tiene libertad de relacionarse conmigo o
de salir de mi vida si así lo desea. No podemos crecer sin respeto mutuo ni
afirmación del otro. Tendemos a atrapar a los demás debido a nuestra
inseguridad y nuestros miedos. También a los usuarios de nuestros centros a
veces los atrapamos y los hacemos inválidos. Debemos dejar que la gente
crezca. Podemos preguntarnos ¿Cómo me relaciono con los demás?, ¿qué
puntos de insatisfacción tengo que impide que la relación con el otro sea libre?.
-
Amor y Compasión. Aquellas en las que existe una acción positiva en pos de
una mutua felicidad capaz de compartirse. Componente existencial que
entraña la capacidad humana de sentir con… compartir la vivencia y la
experiencia del otro, de ponerse psicológica y espiritualmente en su lugar.
-
Comprensión y Sabiduría. Aquellas en las que la conciencia mutua se ha
desarrollado completamente, apareciendo los medios para promover nuestra
realización integral. Debemos tener confianza en la bondad ajena y en la
propia. Hay que instaurar la verdad, aunque haya gente que no esté interesada.
Es un indicador de Sabiduría.
Todas las relaciones tienden evolutivamente hacia la luz, la transparencia y la unidad,
la bondad humana. Estamos programados filogenéticamente para las relaciones
optimas y éstas deben ser de calidad. Relaciones de honestidad, libertad, amor y
sabiduría.
Tras deleitarnos con una de las maravillosas canciones de Jesús Adrian Romero,
reflexionar sobre los componentes de las relaciones en los que nos gustaría crecer más
a nivel personal y grupal y visionar un extraordinario video que está dando la vuelta al
mundo referente a la “cadena de favores”, concluimos la jornada matutina
recreándonos en la BONDAD de hacer el bien con el otro.
Por la tarde, analizamos con Juanma el sufrimiento que se da en las relaciones
personales. Para ello, nos presentó un video en el que cuatro parejas de mimos
representaban a su vez cuatro tipos de conflictos comunes de comunicación que se
dan en las relaciones de pareja y las diferentes opciones para su resolución;
situaciones que bien podían ser extrapolados a los conflictos que se dan en el ámbito
laboral. Estas situaciones son: la comunicación paradójica, que provoca callejones sin
salida en los que no es viable ninguna solución; la desconfianza en la otra persona, que
nos lleva a utilizar medios que, si bien pretenden sanar, lo que consiguen es enfermar
la relación todavía más; el intentar solucionar los problemas ignorando su existencia; y,
por último, plantear soluciones utópicas en la resolución de determinados conflictos.
Los conflictos son inevitables a las relaciones, además son necesarios para
crecer, son oportunidades de mejora que debemos aprovechar para nuestro
crecimiento personal. Lo importante no es que no haya conflictos, sino crear
mecanismos para gestionarlos.
Con una lectura diferente de dos pasajes del Rey León nos reafirmamos en la
importancia de no huir de los conflictos, de no tratar de olvidarlos, pues así no
resolvemos nada. Por el contrario, los conflictos deben ser enfrentados, ESCUCHADOS
y aprovechar la oportunidad de aprendizaje que nos brinda. Al fin y al cabo es nuestra
responsabilidad no olvidar quienes somos, no olvidar para qué o para quiénes estamos
aquí y no perder la perspectiva de que hay gente, nuestros mayores, que están
esperando que les demos un buen servicio.
Lo que tenemos merece la pena…, por ello trabajemos para mejorarlo. Una buena
forma es reflexionar sobre los retos que tenemos en nuestras relaciones personales
como equipo de trabajo; poniendo en práctica y reforzando los gestos y actitudes que
construyen comunidad:
-
Sirve, pues en la Comunidad todos estamos para servir. Si alguien tiene
especiales motivos para el servicio en la Comunidad, y no para rodearse de
servidores, es el que se sabe o siente responsable en la misma: “El más grande
entre vosotros será vuestro servidor”.
-
Respeta las personas, sin intentar manipularlas para tus fines personales o
institucionales.
-
Acepta a los demás tal y como son sin intentar que sean como a ti te gustaría
que fuesen. Todos tienen derecho como tú a ser diferentes.
-
Alaba con naturalidad las cualidades de los demás y celebra sus aciertos, tanto
en su presencia como en su ausencia. Haz de esta alabanza y celebración
objeto de oración gozosa ante Dios.
-
Cultiva la educación en las relaciones humanas, con sencillez y sin aspavientos.
-
Estimula, ayuda, sonríe, defiende, aplaude, alienta, gratifica,... Esto influye
siempre positivamente en la convivencia, en el trabajo común y fortalece los
vínculos internos.
-
Sé tú mismo: diáfano, veraz, auténtico, consecuente, congruente,... No te
permitas la doblez, la falsedad, la mentira, las máscaras, la doble cara,... La
convivencia verdaderamente humana se edifica solo sobre la verdad.
-
Vive las alegrías y tristezas de los demás como tuyas. Haz tuyas sus
preocupaciones y problemas. Gózate de los éxitos. Todos solemos ser muy
sensibles a esta constructiva actitud de solidaridad.
-
Procura amar y servir a fondo perdido, sin buscar comisiones, sin exigir
respuesta. Si algo no puede ser objeto de negocio dentro de la Comunidad es la
amistad, el servicio, el amor,...
-
Acepta y quiere a las demás personas por ellas mismas. Interesarte
continuamente y con sinceridad por las personas hace provechosa la
convivencia y vivificante la vida comunitaria.
-
Haz un esfuerzo por perdonar y olvidar los roces y conflictos. No los guardes
dentro, no los “rumies” aumentando su importancia al darles tantas vueltas,
esto es funesto para la relación personal.
-
Acoge al otro “metiéndote en su pellejo”, aunque esto sea difícil, y acepta,
escucha, comprende, anima y sirve en la medida en que el otro quiera y lo
espere de ti. Vive unido a los otros desde dentro –por el corazón- y no por la
mera epidermis de un mismo lugar, una misma tarea, unas normas comunes,
una simple convivencia,...
-
Cultiva con gran interés el buen humor, la alegría, el optimismo, y coopera así
al bienestar del grupo. La comunidad precisa del gozo en común, del relax
comunitario y del sentido festivo de la vida.
-
Empéñate en descubrir día a día, momento a momento, con profundidad, lo
positivo de los demás.
-
Trabaja para que la comunidad no sea coto cerrado, grupito narcisista sin
conexión con otras personas. Cultiva la apertura, la universalidad, un estilo
verdaderamente eclesial y de comunión.
Tenemos entre manos la construcción de una gran CATEDRAL, una SOCIEDAD
MEJOR. “Que el trabajo que realizamos día a día contribuya a la construcción de una
sociedad mejor, de un equipo de trabajo mejor”.
Esta excepcional jornada de formación, valorada muy positivamente por parte de
todos los participantes, organizada magníficamente por Sor Emilia Jerez e impartida
con gran maestría y excelencia por parte de Juan Manuel Alarcón Fernández, fue
concluida con una cariñosa y sincera gratitud por parte de la nueva Consejera de
Ancianos, Sor Clotilde, a la que desde aquí aprovechamos para dar nuestra más
calurosa y sincera BIENVENIDA.
MUCHAS GRACIAS
Una Participante
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