totum revolutum - Bibliotecas Públicas

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TOTUM REVOLUTUM:
Revista literaria,
nº3, octubre del 2001
Taller de Creatividad Literaria
BIBLIOTECA MUNICIPAL
Ayuntamiento de Chinchón
Totum Revolutum, nº3
Octubre de 2001
Maurits Cornelis Escher Metamorfosis II Fragmento
CONTENIDO
3 Editorial 4 Yaldá Peñas: Un sueño 5 Luis A. Martínez
Cano: Las Afueras del olvido, 8 Ana María García Montes:
11 Fermín Peñas: Grozni 99, 13
Fernando Benito: Poema otoñal,
14 Fermín Peñas:
Guanche, 17 Fernando Benito: El caballero, 18 Yaldá
Peñas: La Leyenda de Excalivur, 23 Luis A. M. Cano:
Minicuento, 24 Maite Gómez: Abrí mis ojos, 26 Raquel
Moya: Una cara nueva, 28 Mª Jesús Frutos: Una historia
de hoy, 30 Fernando Benito: Advenimiento de una
estrella, 31 Alicia Merinero: Nicolás, 33 Belén Hernandez:
Poema Breve, 34 Mª Jesús Frutos: Ejercicio literario, 36
Alicia Merinero: Poema.
La Curva de tus labios,
La revista también incluye algunas de las mascotas premiadas en
el concurso de mascotas de la biblioteca celebrado este año.
Dibujo de portada: “El despertar del día” Miró.
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Totum Revolutum, nº3
Octubre de 2001
Chris van Allsburg (de "Los misterios del Señor Burdick")
EDITORIAL
Érase una vez una biblioteca que vivía en un pueblo pequeño cercano a
la capital. Lo que más resaltaba en ella era su gran vientre. Como era tan
acogedora tenía cada vez más libros dentro de él. Incluso dejaba que los
niños entrasen a jugar, a leer, a hacer sus tareas, a dibujar o a dar un poco
la lata. Pero ella nunca negaba la entrada a nadie. Un día un grupo de
adultos entró dentro y descubrió lo agradable que resultaba escribir lo
que sentía o lo que imaginaba. Eran adultos muy diferentes, sus vidas
transcurrían de formas distintas, cada uno tenía una familia particular o
un trabajo que a veces les agobiaba. Pero cada vez que se reunían,
dejaban que sus ideas y sentimientos fluyesen sobre un papel, y leían,
hablaban, escribían y sobre todo disfrutaban.
A modo de cuento me gustaría transmitiros a todos los lectores lo que
para este grupo significa el Taller de Creación Literaria. Esperamos que
os animéis a compartirlo con nosotros. Y para abrir boca os ofrecemos
una pequeña muestra de lo bien que lo pasamos y de lo que escribimos.
Un recuerdo muy especial a Elvira, la profesora que nos inspira y ayuda, y a
Miguel, el hijo que ha tenido.
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Totum Revolutum, nº3
Octubre de 2001
UN SUEÑO
Soñé que los pájaros eran flores y que las flores eran pájaros.
Que los ricos eran pobres y que los pobres eran ricos, también que
la guerra era paz y que la paz existía siempre.
Soñé todo esto y más cosas, pero un pobre no puede ser rico, ni un
rico puede ser pobre.
Ojalá que los sueños fueran realidad, porque cada vez que mi
padre me lee el periódico hay guerras y dos o tres y siguen
matando.
Los sueños a veces son bonitos, llenos de colores y alegres, pero la
realidad no es sueño.
Pero ojalá que el mundo fuera un sueño.
YALDA PEÑAS KHOMAMY- FAYAZ
"Biblioajillo", mascota premiada, concurso de mascotas. Por Pablo Roldán
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Totum Revolutum, nº3
Octubre de 2001
LAS AFUERAS DEL OLVIDO
El viento silbaba entre las rendijas de los maderos cruzados que
servían de portón a la vieja nave de ganado. La noche cercana
resbalaba por las piedras bruñidas de inviernos gélidos, y el
gregario calor de las ovejas, la hacía habitable, segura. Seguridad
de humanidad, oliente y apiñada. Afuera, la furia soplaba helada,
nevasqueando el campo desnudo y seco con las ultimas luces de
noviembre.
Adrián, tapado con una tosca manta que le cubría el cuerpo y la
cabeza, dejando una pequeña abertura en los ojos, como un tuareg
septentrional, era un pastor humilde y cansado de mil caminatas,
que a duras penas conseguía hacerse paso entre la ventisca negra y
cegadora.
A lo lejos, el pueblo perdido en una luz brumosa y blanca, alzada
al cielo de casas graníticas, que permanecían invisibles tras la
densa niebla, mostraba el aspecto fantasmal del vacío absoluto y el
abandono. Sólo el espíritu ancestral del bosque, de robles
deshojados y brezos durmientes, le acompañaba pacientemente
con lealtad de padre, cada día. Llegando a las tapias del cementerio
medio derruido, una figura estática se interpuso en el camino,
paralizando en un escalofrío su paso decidido, acuciado por el
temporal.
Era un animal cenceño, astuto y patilargo, con ojos como
cuchillos amarillos que le clavaron en la nieve. Alguna vez se le
había aparecido en forma de sombra fugaz, pero su capacidad para
desaparecer y hacerse invisible en el monte, le conferían otra
dimensión, otra calidad: no era una alimaña vulgar. Mimetizado en
el color gris blancuzco de los solitarios abedules, era ya espíritu
errático y entonces los perros mastines, nerviosos, ladraban
erizando los pelos de su grupa, agigantados de espanto.
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Totum Revolutum, nº3
Octubre de 2001
Esta vez, tras un instante mirando a Adrián fijamente, desapareció,
perdiéndose en la oscuridad desolada del crepúsculo.
Yo llevaba unos cuantos días recorriendo cada rincón de la sierra,
sorprendiéndome el carácter sobrio y abnegado de sus pobladores,
las construcciones románicas, algunas de ellas conservando todo el
esplendor de otro tiempo, ya lejano, y el silencio; el silencio pétreo
de la despoblación y la vejez. Las calles apagadas echaban en falta
el griterío chavalero de los críos saliendo del colegio, o jugando en
cada esquina, inventando historias imposibles, como sólo la
imaginación infantil, limpia y atrevida, es capaz de forjar. Creo,
que había retrocedido en la historia, o simplemente, que por esa
geografía inversa y maravillosa, el tiempo permanecía detenido
como un reloj de arena dormido en las dunas del pasado.
Esa noche, iba a vivir una de esas experiencias, que siempre
esperas tener, para contarlas de viejo a los nietos. Había decidido
antes de salir de Madrid, no llevar tienda de campaña y dormir al
abrigo de las estrellas. El tiempo empeoraba por momentos y la
distancia considerable, que me separaba del pueblo, me obligó a
buscar refugio debajo de una enorme piedra, que me protegía de la
tormenta blanca y violenta que ya había cubierto el bosque
completamente de una gran capa de nieve.
Tenía mi teléfono móvil y sabía que arriba, en el espacio, toda la
civilización giraba en órbita con sus sofisticados satélites y
sistemas GPS funcionando. Pero en ese momento, completamente
solo, recordé lo frágil que puede resultar la existencia y las
dificultades que tuvieron que sufrir nuestros más directos
antepasados. Cené algo y me enfundé en el saco, no había pasado
una hora cuando un sonido espectral, hondo y lastimero me
sobrecogió. Era el espíritu del bosque. El animal cenceño,
convertido en señor del aire. A ese aullido cercano le siguieron
otros que le contestaban. Una extraña sensación de miedo y
excitación, se apoderó de mí: Posiblemente serán los últimos
cantos fantasmales del enemigo intemporal de Adrián, de sus
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Totum Revolutum, nº3
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ovejas y probablemente en muy pocos años, desaparecerá de
nuestras sierras y páramos.
El equilibrio primitivo de otro tiempo, mágico y salvaje, se ha
roto. El señor del aire, de ojos amarillos como cuchillos,
genealogía noble de una estirpe de prodigiosos depredadores, solo
cumple las leyes dictadas al principio de los tiempos. El precio a
su competencia con nosotros, los humanos, lo ha pagado proscrito
a la persecución, al veneno y a la muerte. Reducido su hábitat, a
los últimos paraísos, en las afueras del olvido, nos está avisando
con su voz, con su presencia, que la naturaleza aún vive, es nuestra
aliada y la estamos reduciendo sin conciencia, a la mínima
expresión de lo que fue.
Luis Antonio Martínez Cano
Picasso "Paisaje con árbol muerto y vivo"
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LA CURVA DE TUS LABIOS
No soy lo que fui o quise ser.
Nunca tuve respuesta
a mis no formuladas preguntas.
No ofrecí lo que daba
o di lo que ofrecí.
No sé si hoy siento lo que presentía
o presiento lo que sentí.
Nada de lo que viví recuerdo
hasta tu llegada
.
Mi vida se perdió tras la curva
de tus labios para encontrarse
en el prado de tus ojos.
Vuelve a irse, vuelve a venir
cada vez que el camino se hace estrecho
y te unes a mí.
Cada vez que las flores
pierden su perfume y hay
que inventarlas otro color.
Mi existir se trucó en paloma
que atraviesa el tiempo,
de mí a ti, de ti a mí,
y al final de la jornada
se queda a dormir contigo.
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Totum Revolutum, nº3
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La alondra no me despierta
ni el ruiseñor de las sombras me arrulla.
No me invade la noche
ni hiere el sol mi silencio.
Porque tú eres mi astro.
Fuego que devasta la raíz
eterna de mi eterna rebeldía.
Mi materia se transforma.
Todo yo sufro dulcemente
la continua metamorfosis
a que me invitan tus manos.
Ya no me queda casi nada
de lo que debí conservar
para tu cuerpo.
Sólo tengo un poco de vida
que puede ser la vida entera
si la moldeas con tus labios,
con tus ojos, con tus manos.
Un poco de mi vida.
Todos los segundos que aún
me quedan.
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Totum Revolutum, nº3
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Los sueños, las soledades,
los lamentos, los desvelos,
los triunfos, las libertad.
La plenitud de mi vida
para ti si la quieres.
Bien perdida y bien hallada
en la quietud de tu vientre.
Con mis temores.
Acostumbrándome a ti.
Toda una vida reencontrada
y paseada contigo.
Carlos Morago "Azulejos"
Así cuando llegue la noche infinita
donde terminan todas las vidas
volveré a perderme
en la curva de tus labios
para encontrarme en el prado de tus ojos;
testigos y cómplices como los míos,
de nuestra vida.
Ana María García Montes
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GROZNI -1999
Yo estuve allí y vi la tierra arder.
Escuche el zumbido metálico, que escupía fuego sobre nuestras
cabezas, la travestida música aniquiladora de los cañones, los
misiles, los aviones.
Vi como la tierra se desgajaba, se deshacía delante mismo de
nosotros y todo se convertía en cráteres profundos.
Pestilentes agujeros por doquier donde se amalgamaban el barro,
la metralla, corazones palpitantes aún que flotaban como náufragos
entre el agua ocre y espesa, trozos de carne talada, ojos, piernas y
un antebrazo con un tatuaje azul como el agua de mar.
Cerré los ojos para no ver, pero entonces escuché y yo oí voces,
gemidos, estruendos, llantos y no encontré silencio, no sentí
descanso, tan sólo hondos ronquidos de muerte apagados por el
hueco silbido de las balas que te acompañan cada segundo, cada
instante, tan sólo eso y el leve susurro de un beso de amor unido a
una lágrima, depositadas en una ya fría frente acerada y amarilla
que tampoco quise ver.
Estamos solos, tan sólo nosotros; tú quizás no estés o te hayas ido.
Antes éramos personas, hijos, madres, esposos, amigos, hermanos;
hoy, no somos nada, tan sólo objetos que se mueven sobre el punto
de mira del fusil, del mortero, del misil, abyectos monigotes a
abatir, terroristas nos llaman, criminales, asesinos, enemigos. ¡Que
paradoja! Vosotros decís Dios es amor y sois santos, buenos
creyentes, nosotros “Ahlla Akbar” y somos terroristas, integristas,
asesinos.
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Totum Revolutum, nº3
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No hay silencio, no hay descanso y tapé mis oídos aturdidos pero
entonces olí y tan sólo había un olor, olía a humo, hedía a muerto.
Pero a ellos no los vi, ni los oí, ni los olí, no estaban.
Ni Clinton, ni Yeltsin, ni Wojtila, ni Solana, ni Anán. Ellos no
estaban por eso estabamos, tú, yo, él, ella, nosotros. Todos
estabamos, todos menos los que ya no están, que ya son más que
los que estamos.
Y vosotros ¿dónde estáis?, ¿Qué veis?, ¿Qué oís?, ¿ Qué oléis?
¿Tan sólo televisión? Que nos presenta como actores de un drama
inacabado y que representamos para vosotros, lejanos espectadores
sin fila de clack, ¡infames, me dais asco!
No huelo, no oigo, tan sólo un crepitar lejano.
Abro los ojos que no quieren abrirse y veo Grozni ardiendo y el
agua de los cráteres hirviendo y los labios abrasados.
Que imagen tan sublime para un zoom.
Fermín Peñas, Invierno de 1999.
Foto R.Capa
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POEMA OTOÑAL
En una tarde otoñal
de ambiente húmedo y frío
pronunciaste unas palabras
que anularon mis sentidos.
Por aquel largo paseo
con ausencia de gentío
me dijiste un te quiero
seguido de un amor mío.
Yo no sé lo que sentí
cuando escuché este sonido
pensé yo en tu corazón
y el ritmo de sus latidos.
Espero que este sonido
no se apague todavía
y que nuestro amor perdure
hasta el final de los días.
Fernando Benito
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Totum Revolutum, nº3
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GUANCHE
No es cosa baladí el saber que quizás esta noche, será la ultima
que mis ojos vean la luna y las estrellas, que al respirar pueda
sentir el dulce olor de la tierra recién mojada por las gotas de lluvia
y que hasta mí llegue el suave crepitar de las hojas mecidas por el
viento.
Esta noche será la ultima, que sienta latir mi corazón. Pero nada
de eso me importa ahora, no siento nada, ni tan siquiera
preocupación; lo único que me importa en esta noche es el saber
que mi sangre no será la ultima que se derrame, es el sentir que mi
pueblo dejará de existir al igual que el leño que tras el fuego sólo
es ceniza, recuerdos de aquel árbol que un día existió.
Con que engaños y artes malas han conseguido apresarnos. Aquel
día pareciera como si el cielo quisiera acompañar también la
felicidad de aquella mañana, luciendo un esplendoroso sol que me
acariciaba la cara y que se reflejaba en el tamarco1 de mi hermano
que justo en ese momento y rodeado de todos los Menceyes2,
Achiquitzas3, Sigoñes4, Fayacanes5 y el gran Faycan6 y
contemplado por todo el pueblo que abarrotaba el Tagoror7, se alzo
entre todos ellos y dijo con voz suave pero potente, mientras
llevaba su mano derecha al pecho, agoñe yacorón yñatsahaña
chacoñamet8
1
Tamarco: Vestido hecho con pieles de cabra y oveja que vestían los guanche.
Menceyes: Nombre dado a los reyes.
3
Achiquitzas: Nobles.
4
Sigoñes: Capitanes, consejeros.
5
Fayacanes: Jueces.
6
Faycan: Gran sacerdote.
7
Tagoror: Plaza en forma de círculo construida en piedra para tratar asuntos
públicos y administrar justicia.
8
Agoñe yacorón yñatsahaña chacoñamet: Juramento que hacía el Mencey al ser
nombrado ( juro por el hueso de aquel que me hizo grande). Esta ceremonia se
celebraba en el Tagoror.
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Pero de repente y mientras el pueblo vitoreaba al nuevo mencey y
mi hermano Benchomo parecía más alto y fuerte aún de lo que era,
un ruido estruendoso se iba apoderando de todo el valle y subía
poco a poco hacia el alto risco en que se encontraba nuestro
Tagoror.
Vimos muchos hombres alzados a lomos de grandes bestias que
luego supe que llamaban caballos y que nunca antes aquí ni
villanos ni reyes jamas habían visto y que levantaban gran
polvareda al andar y portaban lanzas parecidas a nuestros banots9,
pero más largas y fuertes y vestían unos vestidos que relucían al
sol y tan duros que ni nuestras tabonas10 y banots podían hacerlos
daño; pronto llegaron hasta nosotros voceando y atacando a todos
los que allí estabamos, matando a muchos de los nuestros.
Todo se volvió sanguinolento y la tierra se convirtió en rojizo y
espeso barro que se te pegaba en los pies y pensamos que fueran
demonios que Guayota11 hubiera mandado contra nosotros y las
mujeres y los niños que rodaban barranco abajo, intentaban llegar
al Tamogante12 para pedir a Aborac13 su protección y ayuda.
Después ya nada fue igual, cuando los ojos blancos vinieron y
quemaron nuestras casas nos fuimos a las montañas, cuando
arrasaron nuestras cosechas comimos hierbas, cuando mataron a
nuestros hijos tuvimos más, nos hicisteis esclavos y abusasteis
nuestras hijas. Llegaron hombres que decían ser de Dios con largas
ropas y metales colgados al cuello que llamaban cruces y que no
habitaban con mujeres e impusiéronnos a sangre y fuego a un Dios
que no conocíamos.
9
Banot: Especie de jabalina o lanza afilada con la punta de madera.
Tabonas: Piedras cortantes que eran lo primero que utilizaban en la lucha.
11
Guayota: Jefe de los demonios que habitaba en el volcán del Teide.
12
Tamogante: Parecido a un convento donde habitaban una especie de monjas
llamadas Hamariguadas cuyo único oficio era la oración y la enseñanza.
13
Aborac: Ser supremo o Dios de los antiguos guanches.
15
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¿Qué Dios habría de ser el de aquellos bellacos, que sólo requería
sangre, nuestra sangre?, ¿qué llamaba a nuestro Aborac demonio y
a nosotros animales?, y para el placer del suyo vi yo meter dos
cuartas de acero entre pecho y espalda a nuestros padres y madres
que caminaban en pos de su propia razón, pues no somos pueblo
que fácil agache la cabeza. Vive Dios que aquí tan cerca ya del fin
y con esta daga en mi mano, que antes fue de mi hermano y antes
de mi padre y aún antes del suyo, voto a Cristo si es que existe y a
Aborac si es que existió, que aquel grito de vacaguare14 que mi
hermano Benchomo lanzó, a la vez que otros le gritaban a él, date
preso, mientras ataban sus manos y sus pies y le arrancaban de esta
su tierra de la que fue Mencey, no sea el fin de todos nosotros, los
guanches, pueblo que un día existió en paz antes de que meninas,
sacerdotes, cristos, dueñas, princesas y otras gentes llegaran hasta
nos.
Fermín Peñas
"La Suplicante" Picasso
14
Vacaguare: 'Quiero morir.'
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que iba con paso airoso.
Una joven muy lozana
que en su interior había
entabló con él una charla
amena y entretenida.
Buenos días caballero
¿a dónde vais de aquesta guisa?
Pues rato ha que pasaron
los carnavales por esta villa.
Me dirijo al mentidero
para echar una partida
y ver si ya de paso
encuentro una mancebilla.
Un joven alto y apuesto
acompañaba a la menina
cuyo atributo más notable
era el mostacho que lucía.
EL CABALLERO
No hace mucho tiempo atrás
allá por el siglo quince
vivía por aquel entonces
un hidalgo de avanzada edad.
Montaba en su terca mula
ataviada con su gran apero,
llevaba él un sombrero
que era digno de admirar.
Ceñida a la cintura
llevaba una gran espada,
no sé si vizcaína o toledana,
pues no acierto a recordar,
por si en esa tesitura
veía un bellaco pasar.
Montado iba en su mula
con paso parsimonioso,
se cruzó con un carruaje
Fernando Benito
"Libritillis" Mascota premiada en el
concurso de mascotas de la biblioteca.
Por Rubén Santander
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LA LEYENDA DE EXCALIVUR
(Cuento premiado en la categoría infantil del Concurso de
Cuentos de Terror)
Había una vez en un pueblecillo no muy lejano de aquí donde
había unos cuantos habitantes, entre ellos estaba Úrsula, una mujer
de unos 20 años aproximadamente. Era alta, no demasiado delgada
y pelirroja con pecas en la cara. Ella se casó con un traficante de
droga que iba de un lado para otro y que la dejó embarazada, y
cuando se enteró de eso se fue muy lejos, nadie sabe a donde se
habrá ido. Y desde ese día Úrsula creía que su vida no iba a ser
buena, si no que creía que iba a ser mala y decidió no ir nunca a
misa, no rezar ni bendecir la mesa. Desde ese tiempo el demonio
la observaba desde el sucio apestoso y caliente infierno. Y el
demonio decía:
–Un día me meteré en ella, hoy mismo por la tarde.
Esa tarde hacía bastante calor. Úrsula estaba tumbada en la
hamaca roja con rayas blancas que estaba junto a la piscina del
jardín, ella se estaba tomando un zumo de naranja muy ácido
cuando de pronto se cayó al césped del jardín y notó como si algo
la tuviese o algo estuviese en ella, Úrsula oyó una voz que la
decía:
–Hola soy el demonio he venido a acomodarme en ti.
–¿Por qué a mí? –exclamó ella.
–En algún sitio he de quedarme –dijo el demonio–. Y tú eres la
mejor de todas no vas a misa, no rezas ni siquiera bendices la
mesa en la que comes, ¿qué más quieres?
Úrsula bajó la cabeza triste con pena y sin saber que hacer. Al
cabo de unos meses Úrsula dio a luz, era un niño muy guapo y
pequeño. El demonio dijo a Úrsula:
–El niño se tendrá que llamar Excalivur.
Y Úrsula aceptó enfadada y enfurecida. Al fin el niño se llamó
Excalivur por narices y fue creciendo poco a poco, y claro, él
tenía que ir al colegio, era una de las cosas que no le gustaba pero
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que debía hacer; un día que venía de la escuela, vio algo
transparente que decía a su madre:
–Hoy tienes que asesinar a Eusebio, ese hombrecillo que vive
en el piso de abajo.
El demonio se giró y vio por detrás de la puerta la pequeña
carita de Excalivur. Le dijo furioso y enfurecido:
–¿Qué pasa Excalivur, tienes miedo?
–Un poco– dijo él–. ¿Pero quién eres tú no te conozco?
–¿A ti que te importa mocoso? Si lo quieres saber te lo diré
pero no te asustes. ¡Ahí va: yo soy el demonio, ja ja!
Excalivur salió corriendo escaleras abajo porque no entendía
nada y tenía un miedo espantoso que no sabía de donde le venía,
sólo sabía que quería salir de allí para pensar en qué estaba
pasando y quién era el demonio o aquella cosa transparente que
gritaba y mandaba a su madre. Entonces cerró la puerta que
chirriaba de un portazo y se fue corriendo hacia la calle, a su sitio
secreto.
Úrsula salió y dijo:
–¿Qué pasa, he oído voces ha llegado ya Excalivur?
–Sí, pero se ha ido a la calle corriendo como un bebe sólo al
decirle quién era yo. Y ahora me voy al infierno a ver que tal van
las cosas.
–Y yo iré al banco a sacar dinero–dijo ella–. Uf, se lo ha creído,
iré a casa del brujo.
Ella salió deprisa, casi corriendo, y llamó a la puerta del brujo,
y él dijo:
–Hola Ursula, vamos pasa. ¿Que querías?.
–Te voy a contar Yalab, el demonio esta en mí, ahora se ha ido
al infierno.
–¡Qué Satanás esta en ti!
–Sí, pero quiero saber la forma de librarme de él.
–A ver que había que hacer…, ¡ah, ya me acuerdo! Hay que ir a
un...
El demonio desde el infierno los observaba y dijo enfadado:
–¡Con que… iba al banco, eh…! Ahora sabrá quien soy yo.
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Mientras que ellos hablaban, una inmensa bola de fuego salio
de debajo de la tierra y de repente la vieja y oscura casa de Yalab
iba desapareciendo entre las llamas y convirtiéndose en ceniza
mientras Ursula desaparecía. Ella aún entre las llamas, notaba
como un inmenso frío se apoderaba de ella y luego vio a Satanás
que la decía:
–¿Que pretendías reírte de mí? Pues no lo has logrado, ¿no
sabías que yo sé todo lo que tú haces?
–¡No, perdón! ¿Pero dónde estoy? –dijo Úrsula llorando.
–Estás en mi guarida que también es la tuya.
–Huele que apesta y está más sucio… –murmuraba ella–. Es
como una alcantarilla y me estoy achicharrando. Bueno, ¿pero
estaré en mi casa con mi hijo?, ¿no?
Si te parece vives en la luna –dijo él.
A ella le dieron ganas de darle una bofetada, pero pensó para sí:
–Siempre estará en mí –. Y entonces vio un agujero donde
estaba Dios, y un hombre le dijo:
–¿Qué haces mirando por aquí?
–Nada. Vendré aquí y os veré a vosotros –contestó Ursula–. Por
favor ayúdame.
–No te apures. Sé lo que te pasa y te diré lo que debes hacer,
pero no todo, tienes que ir a casa de Yalab y coger un libro y ahí
te lo pondrá.
Ella le dijo a Satanás:
–Quiero ir a casa.
–Bien, te llevaré allí –dijo él.
Ella estaba en casa y vio a Excalivur y le dijo:
–¿Te quieres venir conmigo?
–Sí –contestó él, ¿ pero adónde vamos? Ursula le miró a los
ojos mientras decía:
–A casa de Yalab.
Llegaron a la antigua casa del brujo, ahora toda convertida en
cenizas y libros y objetos medio rotos y negros del humo. Ursula le
dijo:
–Excalivur, ahora tenemos que buscar un libro muy importante,
por favor ayúdame.
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De inmediato los dos se pusieron a buscar muy deprisa entre los
escombros y restos de paginas quemadas que manchaban sus
manos de negro, después de unas horas se llevaron dos libros y se
fueron corriendo hacia su casa. Empezaron a leer los libros
intentando encontrar lo que les dijo Yalab; de repente entró el
demonio y ellos escondieron los libros debajo de la mesa y se
fueron a dormir. A media noche Excalivur se levantó para seguir
buscando y en unas páginas medio quemadas creyó encontrar lo
que su madre buscaba y corriendo fue a buscarla para decírselo y
los dos se fueron a la cocina para verlo, lo leyeron y su madre se
puso muy contenta y le dio muchos besos y abrazos mientras le
decía:
– mañana lo haremos, ¡ojalá tengamos suerte!
A la mañana siguiente empezó a preparar todo lo que ponía en
el libro para cuanto antes librarse de aquella maldición que la tenía
atrapada y le dijo al demonio:
–¿Cuándo he de matar a Eusebio?
Y él le dijo con voz de carcajada:
–Ahora mismo, me meteré en ti y bajaremos.
Pero ella dijo deprisa y nerviosa:
–Espera, primero tengo que comprar unas cosas.
Y él la acompañó. Por el camino la mente de Ursula iba
recordándolo todo, la iglesia, una sola cruz y todo lo demás,
esperando que el demonio no recordara aquella vieja iglesia a la
que ella iba cuando era niña y que hoy estaba abandonada y medio
rota pero que ella sabía que aún quedaba una cruz.
Entró corriendo a la vieja iglesia que olía a humedad y tenía
mucho polvo, al acercarse a la cruz el demonio dio un gran chillido
y dijo:
–¡Malditos! Me habéis traicionado.
Y del cuerpo de Úrsula empezó a salir un líquido espeso,
caliente y verde que olía igual que el infierno, y que al paso de
unos minutos fue desapareciendo. Unos rayos aparecieron cuando
se escuchaba una potente voz que parecía salir de debajo de la
tierra y que decía:
–¡¡¡ Traidores me vengaré de vosotros!!!
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Totum Revolutum, nº3
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En ese momento el cielo se oscureció de repente, entonces
Excalivur salió de debajo del altar y dijo a su madre:
–Ya ha pasado todo, ¿verdad?
Y su madre tendida en el suelo le contesto con una cansada voz:
–Sí, por fin todo ha acabado, ahora vayamos a casa, mañana
tenemos que ir a misa.
–Juan, ya se ha acabado el cuento mañana empezaremos a leer
otro.
Yalda Peñas K. Fayaz ( 9 años), abril de 2001
Sr, Leo" (imagen retocada)
Mascota premiada en el Concurso de Mascotas de la Biblioteca.
Por Alba Ruiz
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MINICUENTO
(Pañuelo, ventana, hombre, añoranza)
Aquel hombre vencido por el cansancio se sentó a contemplar la
soledad adoquinada de la plaza vacía de gente. Nadie le recordaba
ya. Tenía dieciocho años cuando decidió emigrar en busca de
fortuna. Su osamenta torpe y encorvada, deformada por la vejez, lo
sostenía con dificultad. Sentía la añoranza que algunos muertos
provocan en sus familiares. No pertenecía a ese lugar casi extraño
para él. Secó con el pañuelo las gotas de sudor que corrían por su
cara, y continuó caminando hasta el hotel. Desde la ventana de la
habitación contempló la inmensidad de luces y edificios altos en
que se había convertido esa ciudad antigua y provinciana de su
niñez. Recogió su equipaje entre recuerdos confusos y se dirigió al
aeropuerto para no volver nunca más.
Luis Antonio Martínez Cano
"Escenario para Sombrero de Tres Picos" Dalí
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ABRÍ MIS OJOS
Ayer me acosté temprano
sumida en una gran tristeza
la lluvia azotaba mi ventana
y no era capaz de verla.
En la oscuridad de mi cuarto
negra con matices grises
lloraba, lloraba sin consuelo
quise morir y morí en vida.
Sumida en el abismo más oscuro
con mis ojos apagados por el dolor
no era capaz de ver la luz
pero sí oí, oí y escuché
a mi corazón decir:
¡no te rindas, ahora!
De que forma me hablaría
que enseguida me acordé
de cuando feliz yo dormía
de cuando yo era un bebé
de cuando antaño me hablaba
y no podía ignorar
era el sonido más bello
es la luz de la verdad.
A medida que crecía
esa voz ya oía de lejos
hasta que por fin calló
no escuchaba sus consejos.
De pronto se encendió la luz
la luz que volvió a mis ojos
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de pronto volví a nacer
sin haber muerto del todo.
y por fin comprendí
cuando me quité aquel velo,
todo estaba frente a mí
y no fui capaz de verlo.
Ya no ha vuelto a apretar
los puños, si he llorado
la rabia que me cegaba
en amor se ha transformado
Hoy para mí es otro día
rayos amarillos azotan mi ventana
la luz envuelve mi cuarto
violeta con matices blancos
llena de gozo y de dicha
decido que quiero vivir
quiero vivir, y vivo mi nueva vida
abrí los ojos por fin,
por fin vivo la vida.
Maite Gómez
M. Sanz Rueda "El Pantano Plateado"
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UNA CARA NUEVA
Se decía en el paseo marítimo, que había aparecido una cara
nueva, pero no en el sentido de que le faltara un ojo o tuviera tres
orejas, fuera horrorosamente hermosa ó extremadamente bella;
realmente era una cara como cualquier otra.
...Somos ya muchos los que, a media tarde, cuando la mar
platea, extendemos nuestros pequeños negocios a lo largo del
paseo. El que no hace trenzas en el pelo, moldea figuras en la
arena, toca el yembé o simplemente vende cualquier cosa; en fin
que cada uno traemos bajo el brazo nuestras ilusiones que vender
para, al menos, ver pasar los días con el sustento necesario. Pero
aquella cara no llevaba aparentemente nada que intercambiar por
dinero, aun así extendió una pequeña jarapa azulada y se sentó con
las piernas cruzadas.
Mientras el cielo y la mar se confundían en la oscuridad de su
abrazo, los retratos de varios transeúntes me distrajeron lo
suficiente como para no darme cuenta de que alrededor de la
jarapa se había congregado medio paseo marítimo.
Fue disminuyendo el flujo de gente y, poco a poco fuimos
recogiendo todos nuestros trastos; pero allí seguía ella, rodeada de
gente, así que me acerqué con mi cuaderno, me senté a su lado y
empecé a dibujar aquella cara. Las líneas iban dando vida al rostro
de mi papel, mientras la gente se marchaba con una pequeña
sonrisa de satisfacción, hasta que nos quedamos solos los dos.
–Te toca a ti –me dijo, y yo sentí la necesidad incontrolable de
sentarme a su lado, sentir sus manos en las mías y, cerrar los ojos...
Por un instante indeterminado fui el aire que llena mis pulmones y
alimenta cada punto de vida de todo mi ser, y al salir por mis ojos,
ya abiertos, me encontré conmigo mismo, pero con un yo mucho
más joven, en un lugar del pasado, donde tantos atardeceres pasé
con Lucía, y allí estaba ella, a mi lado.
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–¿que te pasa –me dijo–. ¿Sigues pensando en ir a otro lugar a
buscarte a ti mismo?
–Sí –le dije, dejándome llevar por un deja vui del pasado.
–Vete y persigue tu sueño–respondió–. Pero prométeme que
cuando lo encuentres, volverás a buscarme.
En un abrir y cerrar de ojos todo desapareció y me encontré
sentado de nuevo en una preciosa jarapa azul.
–¿Cuánto valen los sueños? –le dije a aquella cara que ya no era
nueva para mí.
–El valor que tú le quieras dar –contestó, y yo no supe qué darle
por aquel recuerdo de mi vida que ella había sido capaz de
recuperar para mí.
Eso es todo por ahora, ya nos veremos, o ya me leerás en otro
momento.
Un beso, chao
Raquel Moya
Maurits Cornelis Escher "Ocho cabezas" Xilografia
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UNA HISTORIA DE HOY
Cuando tienes cincuenta años como yo tiendes a no esperar ya
nada que te haga despertar de un salto, aún no entiendo por qué no
tengo a alguien a mi lado que esté dispuesto a dejarse querer. Creo
que la última oportunidad la tuve una mañana cuando esperaba el
mismo metro desde los últimos veinte años. Con la misma inercia
e indiferencia de todos los días, como tardaba un poco me senté en
el banco del andén y me puse a leer, entonces oí que alguien me
preguntaba algo, levanté la vista y me encontré delante de un
hombre que a primera vista me agradó, como yo no sabía bien lo
que pedía saqué del bolso un plano del metro. En ese momento se
me cayó el libro y un folleto que hacía de marcapáginas, él lo
recogió todo rápidamente y al entregármelo se fijó en que era de
París, me preguntó lo típico que si había estado, que
cuando…poco más, porque enseguida me di cuenta que yo debía
coger pronto el metro y él hacer el transbordo que necesitaba, no
sé porqué pero le tendí mi mano al despedirnos y el la agarró con
fuerza, dijo, ¡por favor! venga aquí mañana a esta hora, la
esperaré, yo asentí débilmente y cuando iba a decirle que estaría
allí, él desapareció por el pasillo. Mi cuerpo temblaba como si un
terremoto hubiese quebrado mi interior. Ya lo creo que estaría.
Al día siguiente me senté en mismo el banco del andén, llegué
media hora antes, saqué el libro con el folleto de parís y me puse a
leer, no conseguí pasar de las dos primeras líneas, me miraba el
reloj, el tiempo corría lento, y el…no llegaba, decidí levantarme y
recorrer el andén para que me viese mejor, pero enseguida me
volví a sentar con el libro abierto, así me encontraría igual que el
día anterior.
Pasó una hora y dos y tres. No llegó. Lo intenté al día siguiente
y también al otro, y ya he perdido la noción del tiempo, quizá han
pasado meses, pero yo sigo estando en el mismo sitio a la misma
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hora y con el mismo libro, por si acude, que me encuentre igual
que el día que nos conocimos.
Mª Jesús Frutos
"Símbolos del universo" por Gibon Sengay (1750 - 1837)
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ADVENIMIENTO DE UNA ESTRELLA
Al caer la tarde
justo al anochecer
entonces ocurrió algo
que nos hizo enmudecer.
Que iba a nacer una dama
entre el ocaso y la aurora
que iban a llamarla a ella
con el nombre de Aroa.
Tres estrellas en el cielo
nosotros pudimos ver
estrellas que presagiaban
lo que iba a suceder.
Desde entonces todo el mundo
estuvo lleno de alegría,
alegría que perdura
hasta el final de sus días.
Homenaje de Fernando Benito a su
nueva sobrina.
"Torrellín", mascota premiada en el
concurso de mascotas de la Biblioteca,
por Pedro Caraballo
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NICOLÁS
Por haber, lo que se dice haber, hay gente muy rara. Claro está,
que todo depende de lo que se entienda por raro, porque esto que
voy a contar, a lo mejor lo haría más de uno, aunque desde luego, a
mí, no se me ocurriría. Estando yo una tarde en casa, pasó a
visitarme mi prima Lucía con su novio Nicolás, a quien yo aún no
había tenido el gusto de conocer y, al parecer, distinguido músico
de un grupo de rock and roll. Pasamos al salón, tomamos unas
cervezas, unos cacahuetes y charlamos un poco. Al tipo, Nicolás,
aunque tímido y callado, se le veía buen chico, a pesar de tener
ciertos aires de excentricidad, y no tanto porque llevara la nariz,
labios, lengua y cejas agujereadas, como por su extraño y
reprimido comportamiento que minutos más tarde mostró.
Entretanto, me percaté de que su rostro comenzó a teñirse de un
color rojo inglés tirando a violeta, al mismo tiempo que apretaba
sus puños con un intento, según me pareció a mí, de contener la
respiración. Durante un par de minutos más, continuó agarrotado,
con el cuello ligeramente alzado y sacando pecho como si
estuviera a la espera de que le cayera algo del cielo. Yo no hice la
más mínima señal de asombro, esperando que Nicolás parara de
una vez por todas de hacer gestos extraños, y proseguí la
conversación con mi prima. Súbitamente, el amigo Nicolás alargó
su brazo izquierdo, lo puso a la altura del fuego de una vela que
había sobre la mesa de la habitación y posó la manga de su camisa
sobre la llama. Así, tal y como suena, sostuvo, seguro de sí y de
una manera totalmente intencionada, su brazo hasta que la tela
comenzó a arder, no sin mostrar una gradual cara de espanto
según, imagino yo, comenzaba a notar el calor en su piel y se
percataba de que la "bromita" se le había ido de las manos. Y si su
cara era de espanto, la mía no la era menos. Comenzamos a gritar
y a agitar su camisa ya que el fuego empezó a extenderse por toda
ella, consiguiendo finalmente arrancársela de un tirón y pisotearla
contra el suelo hasta que el fuego se extinguió. Ya fuera de
peligro, los tres, perplejos, nos miramos con los rostros pálidos,
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atónitos, en silencio, tratando, al menos mi prima y yo, de
explicarnos que es lo que había ocurrido. Necesitábamos un
argumento coherente que diera sentido al comportamiento de
Nicolás. Y cual fue mi sorpresa al ver como el genuino y
agujereado músico de rock and roll comenzó seguidamente a
sonreír con cara de satisfacción, y añadió plácidamente: "un buen
susto siempre funciona para quitar el hipo".
Alicia Merinero
"Sin título, 1995" de Susy Gómez
(imagen retocada)
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POEMA BREVE
Un pobre castillo derruido
pero con historia.
Una plaza vista y conocida
por la gente.
Sus calles cada una
diferente,
y llamativos sus nombres.
Así es Chinchón,
mi pueblo durante cuatro años.
Belén Hernández
"Otirbil". Mascota premiada. Por Jesús López Gaitán
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EJERCICIO A PARTIR DE LA NOVELA
"TIEMPO DE CEREZAS" DE MONTSERRAT ROIG
En verdad, el trabajo anterior había teñido de gris oscuro mi
vida hasta el punto de que mi ánimo estaba tan extraño que casi
había dejado de hacer todo lo que antes llenaba mi vida cotidiana.
Quizá el hecho de ir alimentando una historia de dos mujeres cuyo
mundo en cierta manera yo compartía me traería cierta frescura y
equilibrio y me permitiese salir del pozo en el que creo que me
hallaba. A medida que leía cosas de Judit iba haciéndome una idea
de cómo podría ir construyendo su vida. Una tarde comenzaba a
llover y abrí el balcón para disfrutar del olor a tierra mojada y
decidí empezar:
"Reconozco que soy un poco consumista y que disfruto
enormemente cuando me veo en plena vorágine de tiendas. Esa
tarde tocaba la ropa interior, la importancia que yo le daba era
inversamente proporcional a la que le daba Jaime, mi marido, o sea
que le excitaba mucho, más bien era un extraño fetichista, en todos
sus espacios tenía guardado algo mío, incluso en un cajón de su
oficina, en un fondo falso, tenía unas medias y un liguero. Elegí
unas cuantas prendas, pensando si a él le gustarían o no y me metí
en un probador. Mientras yo me ponía y me quitaba cosas me
pareció oír un sollozo en el probador de al lado, como cada vez se
hacía más intenso, pensé que alguien se encontraba mal y me
decidí a llamar a la puerta.
–¿Está usted bien señora?
El sollozo se convirtió en un llanto desesperado y llamé con
insistencia.
–¡Por favor, abra la puerta, déjeme ayudarla!
Seguí sin recibir contestación sólo que esa mujer no paraba de
llorar.
–Oiga si no me abre tendré que llamar a alguien y esto se va
convertir en un desagradable espectáculo, sobre todo para usted.
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De pronto el llanto disminuyó de intensidad y la puerta se abrió. Al
entrar encontré a una mujer con el gesto desencajado de dolor,
rodeada de ropa por el suelo y con el pecho desnudo pero cubierto
con sus brazos. Me dijo que no llamase a nadie, que estaba algo
mejor. Le propuse ayudarla a vestirse e irnos de allí y entonces vi
la razón de su llanto. Le habían extirpado el pecho izquierdo. Me
quedé paralizada pero reaccioné de inmediato, me permití
abrazarla ligeramente y vestirla y salimos las dos sin comprarnos
nada.
Mª Jesús Frutos
"Pintura" de Cándido Costa Pinto
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POEMA
Qué rubias y extrañas
las noches pasadas,
qué son si no el eco
de tantos momentos.
No temo sino que
te echaré de menos,
que cuanto más lo pienso
menos tiempo tengo.
Alicia Merinero P.
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"Lúcido", mascota premiada en el Concurso de Mascotas de la Biblioteca
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