Instituto de Formación Docente Continua El Bolsón Área de Ética

Anuncio
Instituto de Formación Docente Continua
El Bolsón
Área de Ética, 2007
Profesora: Arianne Hecker
CUADERNILLO PARA PRIMER AÑO
Contenidos:
1. Presentación: Tema general, núcleo problemático y propósito. Contenidos conceptuales,
procedimentales y actitudinales. Criterios de evaluación y acreditación. Condiciones de
cursada.
2. Primer eje: La acción humana: la libertad y la responsabilidad del sujeto autónomo y
responsable.
 La discusión ética contemporánea.
 Condiciones y características del acto moral.
 Proceso de constitución subjetiva.
 Textos: Gustavo Schujman, Cecilia Caputo, Pablo Gentili, Jorge Larrosa, fichas de la
cátedra, glosario del Diccionario Filosófico de Herder.
3.





Segundo eje: La formación ética y ciudadana en la escuela.
Construcción de la personalidad moral autónoma y desarrollo del juicio moral.
El filosofar en la escuela: propósitos, estrategias y procedimientos.
El diseño curricular y los dispositivos docentes para la formación ética y ciudadana.
La alfabetización mediática y sus recursos para la formación ética y ciudadana.
Textos: Carlos Cullen, Ángela Bermúdez, José Rubio Carracedo, Walter Kohan, Adela
Cortina, Victoria Camps, textos de talleres de filosofía con niños de la Universidad de
Montpellier.
4.



Tercer eje: Democracia, justicia y derechos humanos.
La ciudadanía activa.
Lo público y lo privado. El acto corrupto.
La tensión entre la igualdad y la justicia. Justicia distributiva y de reconocimiento. La
diversidad cultural.
El contexto de los Derechos Humanos y los Derechos del Niño y del Adolescente.
Textos: Silvia Finocchio, Norberto Bobbio, Nancy Fraser, Slajov Zizek, R. Forster (sobre G.
Agamben). Fichas de la cátedra y CD Nº 3, Nº 8, Nº 9 y Nº 10 de edu c.ar.


1. Presentación:
TEMA GENERAL
“No somos libres de elegir lo que nos pasa (...) sino libres para responder a lo que nos pasa de
tal o cual modo” (F. Savater, “Ética para Amador”, p.29). Para ello, es necesario estar dispuesto
a hacerlo y rechazar la desidia y la indiferencia, porque “...el juzgar sin comprensión constituye
una ofensa contra la moralidad”. (C. Geertz, “Conocimiento local”, 1994). Consigna:
CUESTIONAR LO OBVIO.
NÚCLEO PROBLEMÁTICO
Considerar a la ética como filosofía práctica; es decir, como la reflexión sistemática en torno a
por qué sentimos, pensamos y actuamos como lo hacemos y en relación a nuestras
posibilidades, logros y limitaciones como ciudadanos participativos en la construcción de una
comunidad democrática y plural.
PROPÓSITO
Propiciar la construcción de una identidad profesional autónoma, responsable y comprometida
en los estudiantes, a través del análisis y comprensión de sí mismos y de la realidad social,
cultural y educativa, en “el aquí y el ahora”, desde una perspectiva ética.
-1–
Arianne Hecker, IFDC, Ética, 2006
OBJETIVOS:

Desarrollar en los estudiantes la capacidad de implicarse y comprometerse con los
problemas socio-políticos del aquí y del ahora.

Desarrollar las competencias necesarias para la observación, el análisis y la evaluación de
las prácticas institucionales y de la propia práctica desde una perspectiva ética.

Reflexionar sobre la propia visión de los alumnos vinculando los conocimientos, hábitos,
creencias, capacidades y valores adquiridos en su socialización, con los elementos
teóricos.

Brindar elementos teóricos para la comprensión y participación en el debate ético y
democrático contemporáneo.

Construir un saber que les permita la producción de propuestas de trabajo y material
didáctico para el aula.
CONTENIDOS CONCEPTUALES
Eje 1: La acción humana: la libertad y la responsabilidad del sujeto autónomo y responsable.
Ø
Ø
Ø
Los problemas éticos. Ética y moral. Libertad y responsabilidad. Ética y felicidad.
¿Qué es lo bueno? La ética y la acción moral.
Concepciones de la ética.
Ética y subjetividad. Procesos de identificación y autoconocimiento. Estructura del
acto moral. Análisis de casos.
Eje 2: La formación ética y ciudadana en la escuela.
Ø La construcción de la personalidad moral autónoma. La psicología moral y los
estadios del desarrollo moral de Kohlberg.
Ø Dispositivos del docente. El filosofar en la escuela: propósitos, estrategias y
procedimientos.
Ø El diseño curricular, el contrato ético docente y las actitudes de neutralidad y
beligerancia.
Ø La alfabetización mediática y sus recursos para la enseñanza de la ética en la
escuela.
Eje 3: Democracia, justicia y derechos humanos.
Ø La formación de la ciudadanía activa. El rol del maestro. Procedimientos y
herramientas.
Ø Justicia distributiva y de reconocimiento.
Ø Lo público y lo privado. La esencia del acto corrupto. Análisis de casos.
Ø Los derechos humanos: historia, vigencia, violaciones, defensa. Derechos del niño
y del adolescente. La memoria activa como herramienta para la defensa de los
derechos humanos.
CONTENIDOS PROCEDIMENTALES:

Lectura comprensiva y analítica de diferentes aportes teóricos.

Desarrollo de diálogo argumentativo pertinente y coherente.

Abordaje situacional. Análisis de las relaciones entre lo particular y lo universal: la regla y el
caso y los medios y los fines.

Análisis de diversos tipos de prejuicios y concepciones limitantes de la persona.

Construcción y reconocimiento de los sentidos posibles de los discursos sociales y sus
posturas éticas.
-2–
Arianne Hecker, IFDC, Ética, 2006

Análisis de aspectos metacognitivos del proceso de aprendizaje.

Cuestionamiento de respuestas automáticas; análisis de conflictos de valores, de conflictos
de deber, de intereses de diferentes sectores y actores sociales.

Relevamiento de prácticas y discursos morales en la vida cotidiana y en la escuela.
CONTENIDOS ACTITUDINALES:
Los contenidos actitudinales en el caso del área de Ética, forman parte en realidad de los
contenidos conceptuales y se refieren a las posturas y pautas de conducta a ser aprendidas
que permitan construir como objeto de estudio los contenidos de la enseñanza. Podemos
destacar:

Espíritu crítico, reflexivo, analítico, valorativo y autónomo.

Desarrollo de la capacidad de “colocar el pensamiento” para el intercambio simbólico y del
diálogo participativo, sustantivo y democrático (competencia argumentativa y dialógica).

Dimensionamiento de la responsabilidad individual y de su aporte en el trabajo grupal.

Apertura al conocimiento de la diferencia legítima, al sentido de tolerancia y solidaridad con
los otros.

Abandono de la actitud de indiferencia ante los problemas sociopolíticos de la realidad
histórica que nos toca vivir.

Desarrollo de la capacidad para la búsqueda de la justicia.
CRITERIOS DE EVALUACIÓN:

Asistencia 80%.

Participación en las actividades dentro y fuera del aula.

Coherencia en la argumentación y debate.

Resolución en tiempo y forma de las actividades de lectura bibliográfica y de trabajos
prácticos.
INSTRUMENTOS DE ACREDITACIÓN:

Trabajos prácticos.

Exámenes parciales.

Examen final.
BIBLIOGRAFÍA PARA LOS ALUMNOS:
Obligatoria:
La que está contenida en este cuadernillo y además, aquella disponible en la Biblioteca del
Instituto, así como algunas fotocopias adicionales para la lectura y análisis de casos, artículos
de prensa y revistas que puedan aportar a los temas tratados.
-3–
Arianne Hecker, IFDC, Ética, 2006
Opcional:
1) Clavet, Susana y González, Nora. “Ética. Algunos apuntes”. Ed. Homo Sapiens, Rosario,
1999.
2) “Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos”. IIDH, CELS, Amnistía
Internacional y Comisión Europea, edición argentina, 1999.
3) Nosiglia, María Catalina (Coordinación). “Formación Ética y Ciudadana”, Estrada
Polimodal, 1999.
4) Casullo, Alicia y otros. “Formación Ética y Ciudadana”, Santillana Polimodal 1999.
5) Schujman, G, Herszkowich, E y Finocchio, S. “Filosofía, Formación Ética y Ciudadana”,
AIQUE, 1999.
6) Olguín, Leticia (Coordinación). “Educación y Derechos Humanos”, IIDH, CEAL, 1989.
7) Savater, Fernando. “Ëtica para Amador” y “El valor de educar”, Ariel, 1999.
8) Pineau, Pablo. “La escuela en el paisaje moderno, Consideraciones sobre el proceso de
escolarización”. Documento.
9) Siede, Isabelino. “La educación política. Ensayos sobre ética y ciudadanía en la escuela”,
Paidós, Buenos Aires, 2007.
10) Entrevistas con diferentes educadores de distintos países.
11) Diferentes artículos de prensa regional, nacional e internacional.
BIBLIOGRAFÍA DEL DOCENTE:
Toda la indicada para los alumnos y, además:
1) Abraham, Tomás. 1) “Batallas Éticas. Abraham, T., Badiou, A. y Rorty R.” Ed. Nueva Visión, Buenos
Aires, 1997. 2) “Vidas Filosóficas”. Eudeba, Buenos Aires, 1999.
2) Agamben, Giorgio. 1) “Lo que queda de Auschwitz. El archivo y el testigo. Homo Sacer III”. PreTextos, Valencia, 2000. 2) “Infancia e Historia”, Adriana Hidalgo editora, Argentina, 2003
3) Albujas, Miguel y Duarte, Francisco (compiladores). “Ética y democracia”. Monte Ávila, Caracas,
2000.
4) Antelo, Ladislao. “Instrucciones para ser profesor. Pedagogía para aspirantes”. Santillana, Buenos
Aires, 1999.
5) Aisenson Kogan, Aída. “El desafío moral. Vías para el cambio: filosofía, psicología, educación”. Biblos,
Buenos Aires, 2001.
6) Arendt, Hannah. “La condición humana”. Paidós, 1ª reimpresión, Buenos Aires, 2004.
7) Aristóteles. “Ética Nicomaquea – Política”. Ed. Porrúa, 18ª edición, México, 1999.
8) Augé, Marc. “Los no lugares. Espacios del anonimato”. Gedisa, 2000.
9) Badiou, Alain. “Manifiesto por la Filosofía”. Nueva Visión, Buenos Aires, 1990.
10) Baili Eve y otros. “Filosofía apta para todo público”. Homo Sapiens, Rosario, 2003.
11) Batallán, Graciela. “Docentes de infancia. Antropología del trabajo en la escuela primaria”. Paidós,
Buenos Aires, 2007.
12) Baudrillard, Jean. “Crítica de la Economía Política del Signo”, S. XXI, 1997. “El espejo de la
producción”, Gedisa, 1996. “El otro por sí mismo”, “Las estrategias fatales”, “La transparencia del
mal”, “La ilusión del fin”, Anagrama.
13) Bauman, Zygmunt. 1) “Modernidad Líquida”, FCE, Buenos Aires, 2000. 2) “La Sociedad Sitiada”,
FCE, 2002. 3) “Ética posmoderna”, Siglo XXI, Buenos Aires, 2005. 4) “Comunidad. En busca de
seguridad en un mundo hostil”, s.XXI, Buenos Aires 2005.
14) Beccaria, Luis y López, Néstor. (compiladores) “Sin trabajo. Las características del desempleo y sus
efectos en la sociedad argentina”. UNICEF-Losada, Buenos Aires, 1996.
15) Beillerot, Jacky. “La Formación de Formadores, Ed. Nov. Educativas, Buenos Aires, 1998.
16) Benjamin, Walter. “Ensayos escogidos”, Ed. Coyoacan, México, 1999.
17) Bernstein, Basil. “La estructura del discurso pedagógico”. Morata, Madrid, 1994.
18) Bibliografía y cuadernillos de los seminarios del proyecto Fortalecimiento de Capacitadores, Ministerio
de Educación, Buenos Aires, 2000-2001.
19) Birgin, Alejandra y otros (compiladores). “Contra lo inexorable”. Libros del Zorzal, Buenos Aires, 2004.
-4–
Arianne Hecker, IFDC, Ética, 2006
20) Bleichmar Silvia. “La subjetividad en riesgo”. Topía, Buenos Aires, 2005.
21) Bobbio, Norberto. 1) “Estado, gobierno y sociedad”, FCE. 1998. 2) “Origen y fundamentos del poder
político”. Grijalbo, México, 1998. 3) “Derecha e izquierda”, Punto de Lectura, Madrid, 2001.
22) Boggino, Norberto y Rosenkrans, Kristin. “Investigación-acción: reflexión crítica sobre la práctica
educativa. Orientaciones prácticas y experiencias”. Homo Sapiens, Rosario, 2004.
23) Bolton, Patricio y equipo. “Educación y Vulnerabilidad”. Stella/Crujía/Celadec, Buenos Aires, 2006.
24) Borón, Atilio A. (compilador). “Teoría y Filosofía Política”. CLACSO, Buenos Aires, 2001.
25) Bourdieu, Pierre. 1) “La Miseria del Mundo”, FCE, 1999. 2) “Los usos sociales de la ciencia”, Nueva
Visión, 2000. 3) “Sobre la televisión”, Anagrama 1997. 4) “Capital cultural, escuela y espacio social”.
S.XXI, Buenos Aires, 2003.
26) Bouxarrais, María Rosa; Martínez, Miquel; Puig R., Josep Mª y Trilla, Jaume. “La educación moral en
Primaria y en Secundaria”, MEC. Edelvives, Madrid, 1990.
27) Bouxarrais, Mª Rosa. “La formación del profesorado en educación en valores. Propuesta y
materiales”. Desclée de Brouwer, Bilbabo, 1997.
28) Brenifier, Oscar (director de la colección). “Aprendiendo a filosofar. La conciencia, el inconsciente y el
sujeto”. Ediciones del Laberitno, Valencia, España, 2006.
29) Brenifier, Oscar. “¿Qué es el bien y el mal?”, EDEBÉ, Barcelona, 2006.
30) Bustelo, Eduardo S. “El recreo de la infancia. Argumentos para otro comienzo”. S. XXI, Buenos Aires,
2007
31) Butler, Judit. “Vida precaria. El poder del duelo y la violencia”. Paidós, Buenos Aires, 2006.
32) Calvo, Silvia; Serulnicoff, Adriana; Siede, Isabelino (compiladores). “Retratos de familia... en la
escuela”. Paidós, Argentina, 1998.
33) Camps, Victoria (Editoria) “Historia de la Ética”, Ed. Crítica, Tres volúmenes, segunda edición,
Barcelona, 2002.
34) Carli, Sandra. “De la familia a la escuela. Infancia, socialización y subjetividad”. Santillana, Buenos
Aires, 1999.
35) Casullo, Nicolás (compilador) “El debate modernidad-posmodernidad”, El cielo por asalto.
36) “Causas y Azares Nº 7. Cuaderno Pierre Bourdieu”, invierno 1998. Buenos Aires.
34) Cioran, E.N. “Adios a la Filosofía”. Alianza, Buenos Aires, 1994.
35) Cohen Agrest, Diana. “Inteligencia Ética para la vida cotidiana”. Sudamericana, Buenos Aiures, 2006.
36) Conill, Jesús y Gozálvez, Vicent. (Coordinadores) “Ética de los medios”, Gedisa, Barcelona, 2004.
37) Corea, Cristina y Lewkowicz. “Pedagogía del aburrido. Escuelas destituidas, familias perplejas”.
Paidós, Buenos Aires, 2004.
38) Cortina, Adela. 1) “El quehacer ético. Guía para la educación moral”, Santillana Aula XXI, España,
1999. 2) “Ética mínima”, Tecnos, Madrid, 1986.
39) Cuaderno de Pedagogía Rosario, Nº 8 , Nº 11, Nº 12, Buenos Aires, 2001 y 2003.
40) Cullen, Carlos.1) “Autonomía moral, participación democrática y cuidado del otro”. Nov. Educativas,
2ª edición ampliada, Buenos Aires, 1999. 2) “Crítica de las razones de educar”, Paidós, Buenos Aires,
2000. 3) “Perfiles ético-políticos de la educación”, Paidós, 2004.
41) Chartier, Roger. “Escribir las prácticas. Foucault, de Certau, Marin”, Manantial, Argentina, 2001.
42) Chomsky, Noam. “Política y cultura a finales del siglo XX” y “El miedo a la democracia”, Ariel, 1995.
43) Debray, Regis. “Transmitir”, Manantial, Argentina, 1997.
44) De Certau, Michel. “La cultura en plural”, Nueva Visión, 1991.
45) Deleuze, Gilles. “Lógica del sentido”, Paidós, 1994.
46) Delfino, Silvia (compiladora) “La Mirada Oblicua. Estudios Culturales y Democracia”, La Marca,
Argentina, 1993.
47) Díaz, Raul. 1) “Trabajo docente y diferencia cultural”, Miño y Dávila, Buenos Aires, 2001. 2) y
Graciela Alonso. “Hacia una pedagogía de las experiencias de las mujeres”, Miño y Dávila, Buenos Aires,
2002. 3) y Graciela Alonso. “Construcción de espacios interculturales”, Miño y Dávila, Buenos Aires, 2004.
48) Dussel, Inés y Caruso, Marcelo. 1) “La invención del aula”. Santillana, Buenos Aires, 1999. 2) y
Gutiérrez, Daniela (comp.). “Educar la mirada. Políticas y pedagogías de la imagen”.
Manantial/FLACSO/OSDE, Buenos Aires, 2006.
49) Di Segni Obiols, Silvia. “Adultos en crisis, jóvenes a la deriva”. Nov. Educativas, Buenos Aires, 2004.
50) Espósito, Roberto. “Communitas. Origen y destino de la comunidad”. Amorrortu, Buenos Aires, 2003.
51) Feijóo, María del Carmen. “Nuevo país, nueva pobreza”, FCE, Buenos Aires, 2001.
52) Fernández Buey, Francisco. “Poliética”, Ed. Losada, Madrid, 2003.
53) Ferrer, Christian. “Mal de Ojo. El drama de la mirada”. Colihue, Buenos Aires, 2005.
54) Filloux, Jean Claude. “Intersubjetividad y formación”. Ed. Nov. Educativas, Buenos Aires, 1996.
55) Fraser, Nancy. “¿De la redistribución al reconocimiento?”, en New Left Review Nº0 en castellano, Ed.
Akal, 2000.
55) Freire, Paulo. 1) “Pedagogía de la autonomía”, 2) “Cartas a quien pretende enseñar”, 3) “El grito
manso”, Siglo XXI, 1997.
56) Freire, Paulo y Quiroga, Ana. “El proceso educativo según Freire y Pichon-Rivière”, Cinco, 1986.
57) Frigerio, Poggi, Tiramonti. 1) “Las instituciones educativas. Cara y Seca”, Troquel, 1992. 2) Frigerio,
Graciela y Diker, Gabriela (compiladoras). 3) “Una ética en el trabajo con los niños y jóvenes. La
habilitación de la oportunidad”. Nov. Educativas y Ensayos y Experiencias. Buenos Aires, 2004. 4) “La
transmisión en las sociedades, las instituciones y los sujetos. Nov. Educativas y CEM, Argentina, 2004. 5)
“Educar: ese acto político”. Ed. Del Estante, Buenos Aires, 2005. 6) Frigerio, Graciela y Diker, Gabriela
-5–
Arianne Hecker, IFDC, Ética, 2006
(comp.). “La transmisión en las sociedades, las instituciones y los sujetos”. CEM/Novedades Educativas,
Buenos Aires, 2004. 7) Frigerio, Graciela; Poggi, Margarita y Korinfeld, Daniel (comp.). “Construyendo un
saber sobre el interior de la escuela”. CEM/Nov. Educativas, Buenos Aires, 1999.
58) Fuentes para la transformación curricular. Formación Ética y Ciudadana, Ministerio de Cultura y
Educación de la Nación, Argentina, 1996.
59) Gallart, María Antonia. “La construcción social de la escuela media. Una aproximación institucional”,
Stella/La Crujía, Buenos Aires, 2006.
60) García Molina. “Dar (la) palabra. Deseo, don y ética en educación social”. Gedisa, Barcelona, 2003.
61) Geertz, Clifford. “Los usos de la diversidad”. Paidós-ICE, Barcelona, 1999.
60) Gentili, Pablo (coordinador). “Códigos para la ciudadanía. La formación ética como práctica de la
libertad”. Santillana, Buenos Aires, 2000.
62) Gimeno Sacristán, José. “Teoría de la enseñanza y desarrollo del currículo”. REI, 1986.
63) González Cuberes, Ma. Teresa. “Al borde de un ataque de prácticas. Aportes a la educación inicial”.
AIQUE, Buenos Aires, 1996.
64) Grau Duhart, Olga. “Filosofía para la infancia. Relatos y desarrollo de actividades”. Nov. Educativas,
Buenos Aires, 2006.
65) Gorz, André. “Miserias del presente, riqueza de lo posible”, Paidós, Buenos Aires, 2000.
66) Grüner, Eduardo. “Las formas de la espada”. Ed. Colihue, 1997.
67) Guariglia, Osvaldo. “Moralidad. Ética universalista y sujeto moral”, FCE., Buenos Aires, 1996.
68) Guber, Rosana. “La etnografía. Método, campo y reflexividad”. Ed. Norma, Colombia, 2001.
69) Hassoun, Jacques. “Los contrabandistas de la memoria”. Ediciones de la Flor, Buenos Aires, 1996
70) Heller, Agnes. 1) “Sociología de la vida cotidiana”, Ed. Península, Barcelona, 5ª edición 1998. 2) “Una
teoría de la modernidad”. FACES-UCV, Caracas, 1997.
71) Hobsbauwm, Eric. “Entrevista sobre el siglo XXI”, Crítica, Barcelona, 2000.
72) Illich, Ivan. 1) “Le genre vernaculaire”, 2) “Le Travail Fantôme”, Seuil, 1981 y 1982.
73) “Inicios de partida. Coloquios sobre la obra de Michel Foucault”. Centro de Investigaciones y
Desarrollo de la Cultura Cubana Juan Marinello, Cátedra de Estudios Antonio Gramsci, La Habana, 2000.
74) Jacquard, Albert. “Pequeña filosofía para no filósofos”. De bolsillo, Buenos Aires, 2007.
75) Kant, I. “Fundamentación de la Metafísica de las Costumbres”, Espasa-Calpe, Madrid, 1983.
76) Kemmis, Stephen. “La formación del profesor y la creación y extensión de comunidades críticas de
profesores”. Investigación en la Escuela, Nº 19, 1993.
77) Kohan, Walter Omar. 1) “Infancia entre Educación y Filosofía”, Laertes, Buenos Aires, 2004. 2) y
Waskman, Vera (compiladores). “Filosofía para niños”, Ed. Nov. Educ., Buenos Aires, 2000. 3) Kohan,
Walter Omar (comp.). “Teoría y práctica en Filosofía con niños y jóvenes. Experimentar el pensar, pensar la
experiencia”. NEFI/Nov. Educativas, Buenos Aires, 2006. 4) “Infancia, política y pensamiento. Ensayos de
filosofía y educación”, Ed. Del Estante, Buenos Aires, 2007.
78) Lacan, Jacques. “Seminario 7: La ética del psicoanálisis”. Paidós, Argentina, 1997.
79)Laclau, Ernesto. 1) “Emancipación y diferencia”, Ariel, Argentina, 1996. 2) “Nuevas reflexiones sobre la
revolución de nuestro tiempo”. Nueva Visión, 2ª ed., Buenos Aires, 2003.
80)Larrosa, Jorge. 1) “Pedagogía profana: estudios sobre lenguaje, subjetividad, formación”. Novedades
Educativas, Argentina, 2000. 2) Y otros. “Déjame que te cuente. Ensayos sobre narrativa y educación”.
Laertes, Barcelona, 1995. 3) “La experiencia de la lectura”, FCE, Ed. Revisada, México, 2003. 4) con
Carlos Skliar (coordinadores). “Entre pedagogía y literatura”, Miño y Dávila, Buenos Aires, 2006.
81) Levinas, Emmanuel. “Difícil libertad”. Lilmod, Buenos Aires, 2004.
82)Lewkowicz, Ignacio. “Pensar sin Estado”. Paidós, Buenos Aires, 2004.
83) Lipman, Matthew. 1) “Harry Prime”. Manantial, Buenos Aires, 2006. 2) “Natasha: aprender a pensar con
Vygotsky. Una teoría narrada en clave de ficción”, Gedisa, Barcelona, 2004.
84)Lozano, Claudio (compilador). “Democracia, Estado y Desigualdad”, EUDEBA, Buenos Aires, 2000.
85)McLaren, Peter. “Pedagogía crítica, resistencia cultural y la producción del deseo”. REI Argentina,
S.A., Buenos Aires, 1994.
86) Maimone, María del Carmen y Edelstein, Paula. “Didáctica e identidades culturales. Acerca de la
dignidad en el proceso educativo”, Stella/La Crujía, Buenos Aires, 2004.
87)Meirieu, Philippe. “Frankenstein educador”, Laertes, Barcelona, 2003.
88)Milstein, Diana. “Higiene, autoridad y escuela”. Miño y Dávila, Argentina, 2003.
89)Nagel, Thomas. “Igualdad y Parcialidad”, Paidós, Buenos Aires, 1996.
90) Nussbaum, Martha C. 1) “El cultivo de la humanidad”. Paidós, Barcelona, 2005. 2) Nussbaum, Martha C.
“El ocultamiento de lo humano. Repugnancia, vergüenza y ley”. Katz, Buenos Aires, 2006.
91)Nietzsche, Federico. 1) “Más allá del bien y del mal”. 2) “Genealogía de la moral”. Aguilar, Buenos
Aires, 1951.
92)Nun, José. “Marginalidad y exclusión social”, FCE, Buenos Aires, 2001.
93)Obiols, G. y Rabossi, E. (Comp.). “La enseñanza de la Filosofía en debate. Coloquio internacional”. No.
Educativas, Brasil, 2000.
94)Olson, Mary. “La investigación-acción entra al aula”. AIQUE, 1991.
95)Paiva, Vanilda. “Educación, bienestar social y trabajo”. Libros del Quirquincho, Buenos Aires, 1992.
96)Pogré, Paula y Lombardi, Graciela. “Escuelas que enseñan a pensar” , Papers Editores, Buenos Aires,
2003.
97)Puig, José. 1) “Aprender a dialogar”. Aique, Buenos Aires, 1995. 2) “La construcción de la personalidad
moral”. Paidós, Barcelona, 1996.
-6–
Arianne Hecker, IFDC, Ética, 2006
98)Raffin, Marcelo (Coordinador). 1) “Derechos Humanos y Ciudadanía”. 2) “Filosofía”. Editorial Tinta
Fresca, Polimodal, Buenos Aires, 2006.
99)Rancière, Jacques. 1) “El Maestro Ignorante”, Laertes, Barcelona, 2003. 2) “El desacuerdo. Política y
filosofía”. Nueva Visión, Buenos Aires, 1996.
100) Rattero, Carina y Korinfeld, Daniel. “Entre generaciones. Discontinuidad e historización. Pasaje,
transmisión, memoria”. Ensayos y Experiencias Nº 40. Nov. Educativas, Buenos Aires, 2001.
101) Redondo, Patricia. “Escuelas y pobreza. Entre el desasosiego y la obstinación”. Paidós, Buenos
Aires, 2004.
102) Ricoeur, Paul. “Sí mismo como otro”, S. XXI, Madrid, 1996.
103) Robinson, Dave yy Garratt, Chris. “Ética para todos”, Paidós, Barcelona, 2005.
104) Rosanvallon, Pierre. “La nueva cuestión social”. Manantial, Argentina, 1995.
105) Sagastizábal, María de los Ángeles (coord.) “Aprender y enseñar en contextos complejos.
Multiculturalidad, diversidad y fragmentación”. Noveduc, Buenos Aires, 2006.
106) Santiago, Gustavo. 1) “El desafío de los valores. Una propuesta desde la filosofía con niños”. Ed.
Nov. Educativas, Buenos Aires 2004. 2) “En la tierra de los dinosaurios”. Nov. Educativas, Buenos Aires,
2003. 3) “Filosofía con los más pequeños. Fundamentos y experiencia”. Nov. Educativas, 1ª reimpresión,
Buenos Aires, 2003. 4) “Filosofías, niños, escuela. Trabajar por un encuentro intenso”. Paidóis, Buenos
Aires, 2006.
107) Santos Guerra, Miguel Ángel. “Arqueología de los sentimientos en la escuela”. Bonum, Buenos Aires,
2006.
108) Sardi, Sergio A. “Ula jugando a pensar”. Nov. Educativas, Buenos Aires, 2005.
109) Savater, Fernando. 1) “Ética para Amador” . 2) “El valor de educar”, Ariel, 1999. 3) “Ética y
ciudadanía”, Monte Ávila, Caracas, 1998. 4) “El valor de elegir”, Ariel, Buenos Aires, 2003.
110) Schlemenson de Ons, Silvia (compiladora) “Cuando el aprendizaje es un problema”,
Miño y Dávila, 3ª edición, Buenos Aires, 2003.
111) Sennett, Richard. 1) “La corrosión del carácter”. Anagrama, Barcelona, 2000. 2) “La cultura del nuevo
capitalismo”, Anagrama, Barcelona, 2006.
112) Serra, Juan Carlos. “El campo de capacitación docente”. Miño y Dávila. Buenos Aires, 2004.
113) Siede, Isabelino. “La educación política. Ensayos sobre ética y ciudadanía en la escuela”, Paidós,
Buenos Aires, 2007.
114) Sirvent, María Teresa. “Investigación participativa. mitos y modelos”. Instituto de Ciencias de la
Educación, UBA, 1994.
115) Skliar, Carlos. 1) “La intimidad y la alteridad (Experiencias con palabras)”, Miño y Dávila, Buenos
Aires, 2005. 2) “Y si el otro no estuviera ahí? Notas para una pedagogía (improbable) de la diferencia”.
Miño y Dávila/CTERA/EMV, Buenos Aires, 4ª reimpresión, 2005. 3) “La educación (que es) del otro.
Argumentos y desierto de argumentos pedagógicos”. Noveduc, Buenos Aires, 2007.
116) Spiegel, Alejandro. 1) “Héroes invisibles. Historias de la vida cotidiana para educar en valores”.
Homo Sapiens, Rosario, 2003. 2) “La vida cotidiana como recurso didáctico. Hacia una escuela más
auténtica”. Homo Sapiens, Tercera edición, Rosario, 2003.
117) Suárez, Orlando. “Si dejamos crecer”. Editorial Styrka, Buenos Aires, 2004.
118) Téllez, Magaldy (compiladora). “Repensando la educación en nuestros tiempos”. Novedades
Educativas, Argentina, 2000.
119) Tillman, Diane y Hsu, Diana. “Valores para Vivir. Actividades para niños de 3 a 7 años”. Lonseller,
Argentina, 2004.
120) Touraine, Alain. “¿Qué es la democracia?”, FCE, 1996. “¿Cómo salir del liberalismo?”, Paidós, 1999.
121) Vanegas, Mónica. “Enseñar en la pobreza. La visión de los maestros de las escuelas populares”,
Fondo Editorial Tropykos y FACES/UCV, Caracas, 2000.
122) Vázquez Montalbán, Manuel. “Panfleto desde el planeta de los simios”, Crítica, Barcelona, 1995.
123) Waksman, Vera y Kohan, Walter. “Filosofía con niños. Aportes para el trabajo en clase”. Nov.
Educativas, reimpresión, Buenos Aires, 2005.
124) Walzer, Michael. “Interpretación y crítica social, Ed. Nueva Visión, Buenos Aires, 1993.
125) Weber, Max. “Ética protestante”, Alba Libros, Madrid, 1999.
126) Zizek, Slavoj. 1) “El espinoso sujeto”, Paidós, Buenos Aires. 2001. 2) “El sublime objeto de la
ideología”. S. XXI, Buenos Aires, 2003. 3) “Violencia en acto. Conferencias en Buenos Aires”. Paidós,
Buenos Aires, 2004.
127) Diversos artículos de la revista “L’Agora”, editada en Montpellier, Francia, y de “Childhood &
Philosophy”, de USA.
-7–
Arianne Hecker, IFDC, Ética, 2006
EJE Nº 1: LA ACCIÓN HUMANA: LA LIBERTAD Y LA RESPONSABILIDAD DEL SUJETO
AUTÓNOMO Y RESPONSABLE.
Primera clase (19/04/07):
Formen pequeños grupos para analizar las siguientes situaciones:
a) El señor González vive en la ciudad, su padre vive en el campo y está gravemente enfermo.
El señor González promete a su padre que irá a visitarlo el próximo fin de semana. Llega el día
del viaje pero, debido a una fuerte tormenta, se suspende la salida del avión. Por esta razón, el
señor González no cumple la promesa hecha a su padre.
b) El señor González promete ir a visitar a su padre enfermo (que vive fuera de la ciudad) el
próximo fin de semana. El día jueves, el señor González advierte que si cumple su promesa, no
podrá ir a ver el recital de los Rolling Stones, su conjunto preferido. Por este motivo, decide
suspender el viaje y no cumplir la promesa hecha a su padre.
c) El señor González es un comerciante que ha hecho buenos negocios en los últimos tres
años. Su padre vive en las afueras de la ciudad y se encuentra gravemente enfermo. El señor
González promete ir a visitarlo el próximo fin de semana. El día viernes recibe una llamada de
uno de sus clientes que quiere hablar con él para cerrar un negocio que tenían pendiente. El
señor González decide suspender su viaje para dedicarse ese fin de semana a cerrar las
tratativas. Tiene esperanzas de ganar una buena suma de dinero.
En las tres situaciones, el señor González no cumple la promesa hecha a su padre.
1. Opinen sobre la conducta del señor González en cada caso. Analicen los motivos por los
cuales suspende su viaje y opinen sobre el grado de responsabilidad que el señor González
tiene al tomar su decisión. ¿Qué harían ustedes en su lugar?
2. a) Describan dos situaciones en las que hayan sentido remordimientos o culpa por algo que
hicieron (o no hicieron).
b) Describan dos situaciones en las que se hayan sentido orgullosos por algo que hicieron (o
no hicieron).
3. Puesta en común.
(Tomado de “Filosofía, Formación Ética y Ciudadana”, de G. Schujman y otros).
¿En cuáles situaciones nos enfrentamos con problemas éticos? Cuando en la situación
considerada se encuentran involucradas otras personas y mi decisión puede afectarlas, ya que
sufrirán las consecuencias de mis decisiones y acciones. Cotidianamente nos planteamos este
tipo de problemas. Por ejemplo: “En la escuela, la mayoría de mis compañeros se burlan de un
alumno nuevo porque es extranjero y habla mal el español. No me gusta que lo traten así, pero
son mis amigos y no quiero pelearme con ellos. ¿Debo hacer lo que hace la mayoría? ¿Debo
burlarme yo también de este chico?” Cuando tomamos este tipo de decisiones y actuamos en
consecuencia, estamos realizando una conducta moral. Una conducta de este tipo puede ser
calificada de “buena” o de “mala” por nosotros mismos o por los demás. Atribuimos valor moral
a un acto que tiene consecuencias que afectan a otros individuos. Los actos que no tienen
consecuencias para los demás no son objeto de una calificación moral. Si decido entre ir a
jugar al fútbol o quedarme en casa a ver una película, esta decisión no puede merecer el juicio
moral de otros. Algunos pensadores sostienen que también existen problemas éticos en la
forma en que nos relacionamos con nosotros mismos. Según este enfoque, hacerse daño a
uno mismo, abandonarse, resignarse o no desarrollar los propios talentos o las propias
potencialidades, también es una conducta mala.
Cuando nos planteamos un problema ético, no encontramos respuestas a ese problema en
particular en las órdenes que nos dan nuestros mayores o nuestros jefes, tampoco las
encontramos en las costumbres o en lo que opina la mayoría ni en las reglas de conducta que
nos han enseñado. Todas estas pautas pueden orientarnos en nuestras decisiones pero no
pueden darnos la solución. Sé que debo ayudar a los demás cuando se encuentran en apuros,
¿pero debo ayudar a alguien que no quiero y que considero mi enemigo? Sé que debo cumplir
las promesas, ¿pero debo cumplirlas cuando me doy cuenta de que hacerlo me perjudica? Sé
que debo cumplir las órdenes de mis superiores, ¿pero debo cumplirlas cuando esas órdenes
son inmorales? Sé que debo decir la verdad, ¿pero debo decirla cuando corre riesgo mi vida?
-8–
Arianne Hecker, IFDC, Ética, 2006
Sé que debo cuidar mis amistades, ¿pero debo hacer lo que mis amigos hacen, aunque esté
mal, para conseguir su aprobación?
Ética y moral:
Utilizamos con mucha frecuencia los términos “ética” y “moral”. Decimos, por ejemplo: “No es
ético hablar mal de alguien en su ausencia”. “Los jueces deben ser intachables desde el punto
de vista moral y ético”. “Es inmoral que un asesino sea entrevistado por un periodista y que sus
palabras sean difundidas por televisión”. “La corrupción ataca nuestros valores éticos y
morales”.
Es indudable que cuando usamos el término “ética” lo usamos para calificar una conducta
buena, honesta, correcta. Y con el mismo sentido usamos a menudo el término “moral”. Por
eso, cuando usamos las dos palabras juntas, caemos en una redundancia (“valores éticos y
morales”).
Desde el punto de vista etimológico, ética y moral tienen el mismo significado. “Ética” proviene
de la palabra griega ethos y significa costumbre, hábito. “Moral”, proviene de la palabra latina
mos y también significa costumbre, hábito. Sin embargo, se suele hacer una distinción entre
ambos términos. La moral es el conjunto de normas que consideramos justas y obligatorias.
Estas normas regulan nuestra conducta y pueden ser diferentes según la cultura o la época a
la que pertenezcamos. Por ejemplo, los diez mandamientos son un conjunto de normas que
conforman parte de la moral judeo-cristiana. Cuando juzgamos la conducta de los demás o
cuando decidimos qué hacer en una situación determinada, tenemos en cuenta esas normas.
La moral que rige en nuestra sociedad no ha sido inventada por nosotros, pero somos nosotros
quienes la aplicamos.
Conviene aquí hacer una diferenciación entre las normas morales y las normas jurídicas. Las
normas jurídicas son establecidas por el Estado con carácter obligatorio y es el Estado quien
establece las sanciones para quienes no las cumplen. Los individuos están obligados a cumplir
las normas jurídicas aunque no estén de acuerdo con ellas. Las normas morales, en cambio,
no están escritas en un código ni contienen sanciones concretas. Regulan conductas que las
normas jurídicas no regulan. Por ejemplo: “no se debe mentir” es una norma moral. Si bien
existen normas jurídicas que sancionan ciertos tipos de mentira (un testimonio falso, por
ejemplo), no toda mentira es contemplada por ellas. Las sanciones a las que nos sometemos
cuando incumplimos normas morales están relacionadas con el rechazo o la reprobación por
parte de nuestros semejantes: repudio, menosprecio, desconfianza. Otra diferencia entre
normas jurídicas y normas morales es que estas últimas obligan a quienes las consideran
justas. La persona que actúa bien lo hace porque está convencida de que esa es la forma
correcta de actuar.
La ética es la reflexión sobre por qué esas normas nos parecen justas y obligatorias: la ética es
una reflexión sobre la moral. Nuestra moral dice que no se debe mentir. La ética se pregunta:
¿por qué no se debe mentir? La ética trata de explicar la conducta moral. Estudia las diferentes
morales y sus cambios a través del tiempo y trata de discriminar a qué llamamos bondad y a
qué maldad. Trata de definir qué es lo bueno, se interesa por buscar criterios para decidir si
una conducta es buena o mala. La ética no sólo abarca la descripción de las conductas de las
personas sino que intenta dar razones de cómo deberían ser. Por ejemplo, indaga acerca de
las razones por las cuales se deben cumplir las promesas. Tal vez, la mayoría de la gente no
cumple sus promesas. Pero, ¿eso quiere decir que no se deben cumplir?
La ética, pues, no es un conjunto de normas; es una reflexión sobre esas normas. Si un
docente enseña a sus alumnos un conjunto de normas de conducta que deben respetar, estará
enseñando una determinada moral. Pero si un docente propone una discusión sobre por qué
ciertas normas morales deben ser respetadas, estará proponiendo una reflexión ética.
Sabemos que existen diferentes morales. Los caníbales, por ejemplo, no consideraban mal
comer carne humana. La ética estudia las diferentes morales y se pregunta: ¿Existe una mejor
que otra? ¿Es posible plantear criterios universales para determinar si una conducta es
correcta? ¿Se puede afirmar que existe progreso moral?
-9–
Arianne Hecker, IFDC, Ética, 2006
En la mayoría de las situaciones en que se nos plantea un problema moral, lo resolvemos
acudiendo a las normas que consideramos obligatorias sin preguntarnos por qué. Pero a veces
nos surge la pregunta: ¿Qué debo hacer en esta ocasión? Y sentimos que la respuesta no es
clara, que no consiste en acatar automáticamente una regla. Es en esas ocasiones que nos
hacemos preguntas de tipo ético.
Las normas morales, si bien regulan nuestra conducta y nos permiten saber cómo actuar y
cómo juzgar la conducta de los demás, no son de aplicación automática. Si lo fueran, no
surgiría en nosotros la necesidad de reflexionar sobre ellas. Si lo fueran, existiría la moral pero
no existiría la ética.
1 ) Leer, analizar, compara y opinar. Traer para la próxima clase:
En la antigua Roma, los prisioneros de guerra eran convertidos en esclavos. El hecho de que
se respetara la vida del prisionero de guerra respondía más bien a una necesidad económica,
ya que ser propietario de tierras y de esclavos liberaba de la necesidad de trabajar. Incluso, el
trabajo físico llegó a ser considerado una ocupación indigna para los hombres libres. Por cierto,
los esclavos vivían en condiciones espantosas y sobre ellos recaía el trabajo físico más duro,
trabajo que era en Roma la base de la producción. Para los romanos, los esclavos no eran
personas sino cosas y, como tales, sus dueños podían comprarlos, venderlos, jugárselos a las
cartas o incluso matarlos. Según las ideas dominantes de la época, la división entre hombres
libres y esclavos era una división natural, justa y útil. Por eso, los esclavos podían ser tratados
en forma despiadada sin que ese trato fuese considerado inmoral.
Este fragmento presenta un aspecto de la moral de los antiguos romanos.
Ø ¿Qué piensan acerca de esta moral? ¿ La consideran justa? ¿Por qué?
Ø Las ideas dominantes de nuestra sociedad, ¿aceptan la división entre hombres
libres y esclavos? ¿Se puede afirmar que las ideas actuales significan un avance
con respecto a las ideas antiguas? ¿Por qué?
Segunda clase: La responsabilidad y la libertad (03/05/07).
Cotidianamente juzgamos los actos de los demás; por ejemplo, decimos que un amigo no
debió mentir, que no actuó correctamente. También somos juzgados por quienes nos rodean:
nos critican o nos felicitan por nuestras acciones. En esos juicios estamos considerando que
somos responsables de nuestros actos. ¿Por qué felicitaríamos a alguien que devolvió un
dinero extraviado si no es porque pensamos que lo ha hecho conscientemente y que podría no
haberlo devuelto? Felicitamos o reprobamos a los demás cuando los consideramos
responsables de lo que han hecho. Si pensáramos que no hubo intencionalidad en sus
conductas, no merecerían nuestro elogio o nuestra condena.
Si una roca se desprende de una montaña y, al caer, mata a una persona, no se nos ocurre
culpar a moralmente a la roca. Consideramos que su caída es un hecho natural y en la
naturaleza las cosas son como son. En cambio, en el mundo humano las cosas siempre
pueden ser de otra manera. Cuando responsabilizamos a una persona por lo que hizo estamos
considerando que pudo haber actuado de otra manera.
Sólo cabe juzgar la conducta de los otros o la propia si ese comportamiento es el resultado de
una decisión. Para que alguien sea responsable de su comportamiento debe haber actuado
libremente: es decir, debe haber podido elegir lo que quería hacer entre distintas alternativas y
debe haber tenido conciencia de lo que hacía.
Si un niño pequeño le pega a otro para sacarle un juguete que no es suyo, no lo juzgamos
moralmente por su acción. El niño no tiene conciencia de que lo que hace está mal pues aún
no ha internalizado las normas morales. Tampoco es capaz de prever las consecuencias de su
comportamiento o de evaluar el daño que puede ocasionarle al otro niño.
¿Qué sucede en el caso de las personas adultas? ¿Siempre son responsables de lo que
hacen? ¿Siempre actúan libremente?
Analicemos los siguientes ejemplos.
- 10 –
Arianne Hecker, IFDC, Ética, 2006
Un automovilista conduce su vehículo a velocidad permitida. Un peatón cruza imprudentemente
la calle. El automovilista se sorprende y hace una brusca maniobra para esquivarlo. Por su
acción, atropella a otra persona que está esperando un colectivo.
Un automovilista maneja mientras habla a través de un teléfono celular. Un peatón cruza. El
conductor, distraído por su conversación, reacciona tarde y atropella al peatón.
En el primer caso, el automovilista no puede ser responsabilizado moralmente por su acción,
pues no pudo prever el cruce del peatón ni pudo calcular las consecuencias de su maniobra. El
conductor actuó movido por las circunstancias y su acción tuvo consecuencias inesperadas.
Igual irá a juicio, pero será favorecido por las circunstancias atenuantes.
Es distinto el caso de quien maneja su vehículo mientras habla por teléfono. El conductor pudo
haber previsto el paso del peatón y pudo haber reaccionado a tiempo si hubiera estado atento.
Por lo tanto es responsable de su acción y no puede alegar que actuó obligado por las
circunstancias.
La posibilidad de elegir es la que decide si una conducta es elogiable o condenable. No
siempre somos responsables de nuestros actos, cuando actuamos obligados por las
circunstancias; otras veces, aún cuando trabajamos para lograrlo, no llegamos a cumplir con
nuestro objetivo. También es probable que, en ocasiones, busquemos excusas para no admitir
nuestra responsabilidad, aunque en el fondo sabemos que podríamos haber actuado de otro
modo.
Muchas personas se quejan de que no son libres: dicen que no pueden pensar libremente, que
las campañas políticas les llenan la cabeza y no pueden elegir a conciencia al mejor candidato,
que no pueden elegir la carrera que más les gusta porque no tendrían trabajo al recibirse, que
no tienen dinero para comprar lo que necesitan para llevar a cabo sus objetivos, que son de un
signo de agua y por eso no tienen el empuje necesario para llevar a buen fin sus proyectos,
que el tiempo no alcanza, que están cansados, que no les da la cabeza, que no tienen suerte,
que no recibieron una buena educación cuando eran chicos, etcétera.
Estos problemas pueden ser reales y constituir obstáculos, pero, ¿no serán que prefieren decir
que no son libres para no tener que comprometerse, para no tener que responsabilizarse por lo
que viven? Tales problemas, ¿realmente no les permiten tomar decisiones para hacerles
frente? Cuando están satisfechos, no dicen que no son libres, sino que se adjudican el mérito
de haber actuado como lo hicieron. Pero, si se sienten en falta, si sienten que no hicieron lo
que debían, entonces se excusan diciendo que no tuvieron alternativas.
Jean-Paul Sartre, filósofo francés fallecido en 1980, sostenía que el ser humano está
condenado a ser libre, porque siempre elige entre diversas alternativas. Aún en las situaciones
más dramáticas, los hombres eligen qué hacer. Incluso, decir que no se es libre es una
elección. No elegir o delegar en otros las responsabilidades es también una elección.
Todos estamos inmersos en alguna situación. Todos nacemos en una familia determinada, en
una región con su clima, en una época. Todo eso forma parte de una situación. Y, recordando
nuestro tema general y los dichos de Savater, “no somos libres de elegir lo que nos pasa
(haber nacido tal día, de tales padres y en tal país) sino libres para responder a lo que nos
pasa de tal o cual modo (obedecer o rebelarnos, ser prudentes o temerarios, vengativos o
resignados)”.
Que nuestros actos sean libres no significa que podamos hacer cualquier cosa en cualquier
momento. Siempre actuamos dentro de ciertas circunstancias. Elegimos entre opciones que se
nos presentan y que no podemos inventar. En un país democrático podemos querer ser
presidente o legislador pero no rey, pues no está dentro de las posibilidades. Las posibilidades
no son infinitas, pero suelen ser más que las que reconocemos.
Actuamos dentro de un contexto y, generalmente, actuamos de manera coherente con el modo
en que ya actuamos en casos similares. Somos más o menos previsibles. Los que nos
conocen pueden prever cómo reaccionaremos frente a una determinada situación. Todos
esperamos que el chico que nunca estudia para los exámenes tampoco estudie para el de
mañana. Sin embargo, ese chico puede darnos una sorpresa y haber estudiado esta vez.
- 11 –
Arianne Hecker, IFDC, Ética, 2006
Nuestras conductas no son automáticas, somos libres y podemos elegir cambiar. Con el uso de
nuestra libertad, creamos los obstáculos y las oportunidades. Nuestro cuerpo puede ser un
obstáculo si queremos competir en una olimpíada, pero no lo es si lo que decidimos es
dedicarnos a la música o al estudio.
Una prueba de que somos libres es la angustia que sentimos cuando tomamos algunas
decisiones. ¿Por qué nos angustiamos? Porque sentimos que en cualquier momento podemos
cambiar nuestro proyecto, podemos cambiar nuestra elección, incluso invertirla. Nunca
estamos totalmente seguros y eso produce angustia. Porque somos libres tenemos la
capacidad de cambiar, para bien o para mal. Tenemos la capacidad de evaluar nuestras vidas,
de pensar en lo que venimos haciendo y de decidir cambiar de rumbo. Esta capacidad de
cambio nos hace personas dignas de respeto. Los seres humanos no somos lo que somos por
naturaleza o por instinto. Eso es lo que nos diferencia de los animales. Basándose en estas
ideas, el filósofo israelí, Avishai Margalit opina en su obra “La sociedad decente” que hasta los
peores delincuentes merecen un respeto humano básico, “puesto que existe la posibilidad de
que reevalúen radicalmente sus vidas pasadas y de que vivan el resto de sus vidas de manera
digna si se les da la oportunidad”. Esto no significa que esas personas no deban ser
condenadas –tal vez el daño que han hecho no puede ser reparado-: significa que, por ser
personas, no es imposible que se arrepientan.
Respetar a los seres humanos significa no dar a nadie por perdido, pues todos somos capaces
de vivir una nueva vida, una vida que signifique una ruptura con nuestro pasado. Nuestras
acciones pasadas y nuestras circunstancias limitan nuestras acciones futuras, pero no son
determinantes. Nuestro pasado no nos obliga a actuar de una única manera en el futuro.
Respetar a las personas es reconocer que tienen un futuro abierto, que pueden cambiar sus
vidas.
2) Para analizar, pensar y responder, en grupos de no más de cuatro personas.
1. Juan se encuentra en una situación difícil. Un tío suyo muy querido está enfermo y necesita
un remedio que es muy caro. Nadie en su familia tiene el dinero suficiente para comprarlo.
Juan entra en una farmacia y ve en un estante el remedio que precisa su tío para curarse. Está
al alcance de su mano y está seguro de que nadie lo está observando.
Ø Pónganse en el lugar de Juan y respondan por escrito las siguientes preguntas:
¿Qué puede estar sintiendo Juan en ese momento? ¿En qué consiste su problema
ético? ¿Qué harían ustedes en el lugar de Juan? ¿Qué justificaciones pueden dar
para defender lo que han decidido hacer? ¿Qué consecuencias puede tener la
conducta que ustedes han elegido? ¿Qué otras alternativas para solucionar el
problema se les ocurren?
2. La experiencia de una madre:
“Cuando tomé conocimiento de la situación de mi hija (era sorda), lo primero que sentí fue un
dolor muy profundo y algo de ese sentimiento no me abandonó nunca. Pero tardé bastante en
aceptar que a mi bebé le ocurría algo que la diferenciaba de los otros. Recién a los catorce
meses hice una consulta para ver si escuchaba o no. De allí en más, descubrí que debía
ayudarla y sostenerla, además de amarla para que la vida le fuera menos difícil. Así que
guardé mi dolor y le di fuerte la mano para acompañarla. Al principio, sentí miedo, no sabía
cómo iba a ayudarla a superar esa dificultad. También recuerdo haber estado mucho tiempo
enojada con el mundo, hasta que me di cuenta de que esa energía la tenía que poner en sacar
adelante a mi hija. Lo que desde mi experiencia personal aprendí es el profundo respeto que
siento ante un ser humano, que desde su propia dificultad, desde esa diferencia no elegida,
lucha para poder estar mejor con él y con los otros. Creo que ese fue mi aprendizaje. Nosotros,
desde distintos lugares, acompañamos: los que tienen la dificultad son ellos. Supongo que
habré cometido errores, como con mi otro hijo. Pero creo que hice lo mejor posible. Cuando la
escucho hablar y comunicarse con los otros y la veo preocupada por ayudar a otros chicos con
dificultades de audición y también cuando la veo alegre, o a veces enojada, como cualquier
muchachita de su edad, siento que hice lo mejor. El haberla integrado en un medio oyente
llevándola a una escuela común y, en forma paralela, teniendo una profesora especializada,
fue lo que le dio la posibilidad de comunicarse con la mayoría de las personas. Sé que esto fue
una decisión muy trabajosa. Es un doble trabajo, un doble esfuerzo, para el niño y para la
familia. Pero los chicos discapacitados, no sólo traen sufrimiento o esfuerzo. Yo, gracias a mi
hija, descubrí de nuevo el mundo. Cuando tenía cuatro años y medio escuchó por primera vez
- 12 –
Arianne Hecker, IFDC, Ética, 2006
la lluvia que golpeaba en la arena y yo la escuché con ella. Tampoco olvido aquella vez,
cuando descubrió cómo era el canto de un pajarito. Allí recordé al poeta que decía que cada
uno tiene ante sí el camino más arduo y más difícil”.
Intercambien opiniones y respondan: ¿ cuáles eran las expectativas de esta madre con
respecto a su hija bebé? ¿Cuál fue la situación no elegida que tuvo que vivir? ¿Cómo
respondió esta madre a esta situación? ¿Puede considerarse que la conducta de esta madre
fue una conducta libre? ¿ Por qué? Elaboren una conclusión personal sobre este tema.
3) Para el 07/06/07, leer el libro “Ética para todos” (disponible en las fotocopiadoras) de
Dave Robinson y Chris Garratt. Luego, contestar las preguntas de las páginas 6 y 7. El
trabajo puede ser realizado en parejas.
Tercera clase: La ética y la acción moral (17/05/07).
Las acciones o actos humanos pueden agruparse de varias maneras según el criterio de
clasificación que se adopte. En este caso, se clasificarán desde el punto de vista ético en tres
tipos de actos.
a) Los actos compelidos: son aquellos actos que el ser humano no puede evitar, sobre los que
no puede ejercer control. Los actos compelidos se relacionan muchas veces con el instinto,
pues son impuestos por la naturaleza. Pero también hay actos que los hombres no pueden
controlar y que son imposiciones de la sociedad o, incluso, imposiciones de otro individuo. Son
actos inconscientes desde el punto de vista moral, aquellos vinculados con la realización de la
vida del individuo como organismo: los relacionados con la vida y la muerte, sujetos a una
legalidad que el individuo no puede reconocer, ni puede dar o no dar su consentimiento. Se
relacionan con lo instintivo como tener hambre, desear o temer algo, etcétera. Son actos
conscientes desde el punto de vista moral, cuando el individuo los ejecuta de acuerdo o en
contra de su voluntad. No se relacionan con lo instintivo, porque la legalidad que se ejerce no
tiene que ver con lo natural ni es desconocida. El individuo los realiza aún sin otorgar su
consentimiento. Estos actos se relacionan, por ejemplo, con la represión de los deseos o de la
libertad de expresión en determinadas circunstancias.
b) Los actos libres: Todos los actos que realizan los seres humanos, desde su nacimiento
hasta su muerte, pueden ser explicados por leyes y, desde este punto de vista, todo acto es
legal. La legalidad de la libertad hace que para algunos actos humanos sea imprescindible la
intervención del conocimiento. Para que un acto sea libre, debe existir conocimiento previo de
la legalidad que hace que dicho acto sea aceptado o rechazado. A diferencia del acto
compelido, un acto en conocimiento de la legalidad que lo rige puede llamarse libre, y el sujeto
lo realiza con su consentimiento. Cuanto más conocimiento tiene el sujeto respecto de la
legalidad sobre la que ejerce su acto, mayor será su acierto en la elección que efectúe. A la
virtud como hábito se llega a través del conocimiento y este es un camino de aprendizaje que
el hombre debe transitar. Sin embargo, un sujeto puede actuar libremente sin hacerlo en un
sentido moral, pues también el delito es un acto libre, porque el individuo conoce la legalidad
que lo rige y la aceptación y el rechazo que provoca. Por lo tanto, la libertad es condición
necesaria para la moralidad, pero no suficiente. Todo acto moral es libre pero no todo acto
realizado con libertad es un acto moral.
c) Los actos morales: Un acto humano es moral cuando coincide con la intención de realizarlo.
Son actos libres que hacen del individuo una “persona”, sobre cuyas decisiones cae el peso de
la sanción moral que se traducirá en sentimientos de satisfacción o de culpa. Por lo tanto, sin
normas éticas no hay moralidad ni inmoralidad, y el individuo se vuelve amoral, aún cuando
ejerza sus actos con libertad.
Puede decirse que el objeto de la ética es la determinación del acto moral. Esto implica
aspectos relacionados con el acto como objeto de la ética, con el sujeto de la moralidad y con
la naturaleza de la ley. Así la ética se diversifica:
Ø La ética teórica constituye la teoría científico-filosófica, es el fundamento de las
normas éticas de ella derivadas. Las leyes de una teoría ética deben ser
enunciadas como formulaciones universalmente verdaderas. Estas formulaciones
- 13 –
Arianne Hecker, IFDC, Ética, 2006
Ø
Ø
deben tener coherencia lógica y adecuación a los hechos morales, a los sujetos
morales y a las normas morales.
La ética normativa se ocupa del conjunto de normas derivadas de la teoría que las
fundamenta. Las normas éticas reciben el nombre de “leyes morales” propiamente
dichas, pero no son verdaderas o falsas, sino que serán adecuadas o inadecuadas.
Mientras la ética teórica explica qué es o cómo es el sujeto ético, la ética normativa
da pautas de conducta humana para que el sujeto moral alcance la finalidad que
persigue.
La meta-ética se ocupa del análisis epistemológico de las teorías éticas, es decir,
de cómo se alcanza el conocimiento de ellas. Estudia la corrección y el uso de los
términos éticos y la validez de todo lo que se derive de ellos.
El sujeto moral
La ética teórica y la normativa estudian el acto moral y las leyes que lo hacen posible. Para
eso, deben tener en cuenta las relaciones del sujeto ético consigo mismo y con sus
semejantes. Para toda ética es complicado establecer estas relaciones porque el sujeto moral
es una persona y no puede haber moralidad cuando el acto se realiza compulsivamente, ya
sea por motivos personales o por agentes que influyen en el sujeto. Por lo tanto, los actos
morales son actos libres y el sujeto moral debe adherir voluntariamente a la norma ética. A su
vez, el hombre pertenece a una sociedad y es un ser social. Esto quiere decir que no puede
vivir solo, y también que necesita de sus semejantes en aspectos vitales, relacionados con su
configuración como individuo y como sujeto de moralidad. Necesita de los demás y los otros
necesitan de él. Por eso, una sociedad éticamente constituida está integrada por hombres
libres que son sujetos morales, ninguno de los cuales es instrumento de otro. Además el sujeto
moral tiene obligaciones con toda la humanidad a la que pertenece.
La ética según el origen de la ley moral
a) La ética autónoma: hay que tener en cuenta dos cosas: por un lado, la autonomía del acto
moral y, por el otro, la autonomía de la ley moral. La autonomía del acto moral consiste en la
aceptación voluntaria de la ley moral. Todo acto moral es autónomo en este sentido, porque si
no hubiera aceptación voluntaria de la ley moral, no habría acto moral. En la autonomía de la
ley moral, el sujeto es el que dicta la ley que habrá de cumplir y que será una guía para su
conducta ética. Esta autonomía es a priori cuando no surge de la experiencia; y a posteriori
cuando depende de ella. La autonomía del acto moral se observa cuando una persona deja de
robar, no por el temor a ser descubierto o por lo peligroso de la acción, sino porque sabe que
está mal. Acepta voluntariamente que no debe robar (porque perjudica a otros individuos y
lastima su propia persona), lo que se convierte en su propia ley moral que es la que habrá de
cumplir.
b) La ética heterónoma considera que la ley moral es propuesta al sujeto por una instancia
ajena a él. Es decir, la ley moral no surge del sujeto sino que éste debe someterse
voluntariamente a una ley que le propone la sociedad u otro legislador. La inscripción
“Prohibido asomarse y sacar los brazos por la ventanilla”, es un enunciado prescriptivo. No son
ni verdaderos ni falsos, ni dan información sobre circunstancias particulares: sólo dicen cómo
algo debe ser. El sujeto acepta la ley voluntariamente pero es una ley no impuesta por sí
mismo, sino que es un mandato propuesto por la sociedad.
La autonomía de las personas es un ideal básico en las sociedades modernas. Exige la
participación libre y responsable de los individuos en las sociedades en que viven. La
concepción moderna supone que los hombres se autogobiernan con normas que se imponen a
sí mismos y el reconocimiento de esta autonomía va unido a la defensa de los procedimientos
democráticos. En las sociedades modernas, la libertad y la igualdad para todos los individuos
sigue siendo muchas veces una asignatura pendiente. La autonomía, la capacidad de
autodeterminarse, debe ser conquistada. Las cuestiones éticas surgen, justamente, en la
interacción entre los individuos que ejercen su autonomía personal.
La mirada del otro es muy importante en la constitución de nosotros mismos. Si estamos
condenados a ser libres, a elegir nuestro modo de vida y a elegir aquello que queremos llegar a
ser, la mirada del otro nos obliga a pensar, además en cómo somos vistos y cómo son
consideradas las decisiones que tomamos. La dignidad es el resultado de una construcción
- 14 –
Arianne Hecker, IFDC, Ética, 2006
que se realiza en conjunto con los otros y a partir de la visión que ellos tienen de nosotros. En
función de ésta, sentiremos satisfacción o disgusto, orgullo o vergüenza. Del mismo modo,
nuestra mirada también participa de la constitución de la dignidad de los que nos rodean.
Analicemos en pequeños grupos los siguientes casos y determinemos si los consideramos
como actos morales, libres, autónomos, voluntarios y concientes. ¿Qué valor le otorgamos en
cada caso, entre “correcto” o “incorrecto”?
Caso N° 1: Juan envía una carta a su padre enfermo en la que promete ir a visitarlo durante el
siguiente fin de semana. Su padre vive a 300 Km. de distancia. El día en que debe viajar Juan
recibe un llamado en el que lo convocan a una reunión urgente de trabajo. Sabe que en esa
reunión pueden tomarse decisiones importantes para su futuro en la empresa. No puede
comunicarse con su padre porque no tiene teléfono. Si no viaja ese día, recién podrá hacerlo la
semana siguiente. Juan decide no viajar.
Caso N° 2: María se ausentó de la escuela sin que lo supieran sus padres. Tenía prueba de
matemática y no había estudiado. Visita a su amiga Laura y le pide quedarse esa tarde en su
casa hasta la hora de salida de clase. Suena el teléfono. Atiende Laura. Es la mamá de María,
que se enteró que su hija no había ido a la escuela. Le pregunta si sabe en dónde está María.
Laura no está de acuerdo con lo que hizo María, pero es su amiga “en las buenas y las malas”.
Laura le dice la verdad a la mamá de María.
Caso N° 3: a) Un automovilista viaja por la ruta de noche, a velocidad permitida. Las luces de
su coche están en posición correcta. En forma repentina, ve que hay un caballo a muy poca
distancia. Intenta esquivarlo. Su maniobra lo saca de la ruta. Vuelve a hacer una maniobra
brusca pues su coche se dirige a un barranco. Como consecuencia de esta última maniobra
atropella a un motociclista, quien muere al instante.
b) Un automovilista viaja por la ruta de noche, a gran velocidad, muy superior a lo permitido.
Uno de los faros delanteros está averiado, no proyecta luz (el izquierdo). En forma repentina ve
venir de frente a un motociclista. El motociclista cree que lo que se acerca a gran velocidad es
una moto, pues sólo ve un faro encendido. El automovilista no logra esquivarlo. Como
consecuencia del impacto, el motociclista muere al instante.
Caso N° 4: Claudio es testigo en un juicio. Su testimonio es sumamente importante para el
esclarecimiento de un caso en el que están involucradas importantes figuras. Llega el día en
que le toca testimoniar. Antes de salir de su casa en dirección al juzgado, recibe un llamado en
el que una voz desconocida lo amenaza: “Si querés mucho a tu hijo Guillermo, no digas lo que
sabés”. Claudio decide ir a testificar, luego de enviar a su hijo Guillermo a la provincia donde
viven sus abuelos por un tiempo.
Caso N° 5: En la clase de Ética los alumnos discuten sobre la conveniencia de aplicar la pena
de muerte en argentina. Romina está en total desacuerdo con lo que opinan sus mejores
amigos, pero no se anima a dar su opinión. Sus amigos siempre se burlan de ella cuando
interviene en este tipo de debates. Y cuando se burlan, se pone colorada. Le da mucha
vergüenza vivir esa situación frente a todos, en especial frente a Federico, el chico del que está
enamorada. Romina decide callarse y no opinar.
Caso N° 6: Enrique es un político muy ambicioso. Ha sido intendente de su ciudad en dos
oportunidades y ahora quiere postularse como candidato a gobernador de su provincia. Nunca
se ha interesado demasiado por la situación de los sectores más pobres de la población. Pero
ahora sabe que tiene que lograr la aceptación de esos sectores si quiere que lo voten en la
próxima elección. Por eso, decide usar sus contactos con empresas para conseguir donaciones
(en alimentos, ropas y dinero) y puestos de trabajo para los desempleados. Su accionar tiene
éxito. Alivia la situación de muchas familias y consigue la promoción y el apoyo que buscaba.
Gana las elecciones (considerar también el acto de los votantes).
Caso N° 7: Gustavo le hizo una promesa a Daniela sabiendo que no la iba a poder cumplir: le
pidió dinero prestado y prometió devolvérselo en una semana. Tulio y Gabriel saben que
Gustavo mintió y que no va a cumplir su promesa. Quieren mucho a Daniela y no soportan la
actitud de Gustavo. Deciden entonces amenazarlo. Lo llaman a su casa y le dejan mensajes
grabados: “Si no devolvés la plata a Daniela la vas a pasar mal”. En la escuela, encuentra
- 15 –
Arianne Hecker, IFDC, Ética, 2006
cartas amenazantes, escritas con recortes de diario. El día anterior a la fecha acordada para
devolver el dinero, encuentra roto el vidrio de una de las ventanas de su casa y en el piso, una
piedra con un papel atado con la misma amenaza. Al día siguiente, Gustavo devuelve el dinero
a Daniela, dinero que ni siquiera había tocado, pues del susto no se animó a gastarlo. Evaluar
la conducta de Gustavo, de Tulio y de Gabriel.
¿Pueden hacer lo mismo con un caso parecido a cualquiera de los anteriores, que les haya
pasado a ustedes?
Cuarta clase: La constitución subjetiva (31/05/07)
El ser humano nace siendo una realidad biológica, un individuo de su especie, pero para
convertirse en sujeto es necesario que actúen muchos factores. El sujeto es, además, una
realidad cultural, resultado de un aprendizaje. Así lo expresa Savater: “No hay humanidad sin
aprendizaje cultural y para empezar sin la base de toda cultura (y fundamento por tanto de
nuestra humanidad): el lenguaje. El mundo en que vivimos los humanos es un mundo
lingüístico, una realidad de símbolos y leyes sin la cual no sólo seríamos incapaces de
comunicarnos entre nosotros sino también de captar la significación de lo que nos rodea. Pero
nadie puede aprender a hablar por sí solo (como podría aprender a comer por sí solo o a mear
–con perdón- por sí solo), porque el lenguaje no es una función natural y biológica del hombre
(aunque tenga su base en nuestra condición biológica, claro está) sino una creación cultural
que heredamos y aprendemos de otros hombres” (p. 78). Pero existen otras conductas
diferentes al lenguaje que también son el resultado de una humanización recíproca: ser
tratados como personas, con respeto, con consideración, por ejemplo. "No hagas al otro lo que
no quieras que te hagan a vos”, solemos decir. Para ser tratado como una persona, necesito
tratar a los demás como personas.
¿Qué es un sujeto? Hay diferentes posturas y teorías al respecto. El Psicoanálisis ofrece
respuestas más satisfactorias, ya que desde la Filosofía, se habla del sujeto, cuando se habla
de él, usando como referente al adulto ya “formado” o ”deformado”, como prefieran. No se
considera cómo se llegó a ser tal sujeto y no otro. Es a partir, de esa “tercera herida
narcisística” del ser humano de la modernidad, infligida por Freud (con su descubrimiento del
inconsciente) al no considerarlo como enteramente “racional” y consciente, cuando
comenzamos a comprender las muchas supuestas sin-razones y sin-sentidos de nuestra
conducta.
Freud señaló los procesos de identificación que se ponen en marcha a partir de nuestro
nacimiento y que nos acompañarán durante toda la vida, a través de los cuales la cultura, el
lenguaje y los ideales de nuestro contexto y tiempo, en el “aquí y el ahora” de nuestro
acontecer forjarán nuestra subjetividad, nos harán sujetos (sujetados a las leyes y normas que
regulan, entre otras cosas, las ganas de matarnos y que permiten nuestra convivencia). El
estado prolongado de prematurez del cachorro humano que nace, hace necesario el sostén y
apoyo de los adultos a cargo. Se trata de cumplir con funciones fundamentales de
alimentación, pero sobre todo de cuidado y de amor para con el bebé: funciones de madre y
funciones de padre. Funciones de seres hablantes que van permitiendo la comprensión del
mundo que lo rodea. En este largo proceso, el bebé tendrá que aprender a sobrevivir a las
zozobras provocada por las ausencias y anhelar las presencias. Y es así como se ponen en
marcha los mecanismos de identificación por proyección e introyección:
PROYECCIÓN
ALIENACIÓN
IDEAL DEL YO
INTROYECCIÓN
SEPARACIÓN
YO IDEAL
- 16 –
Arianne Hecker, IFDC, Ética, 2006
De esta manera se construye la tensión particular de cada uno de nosotros, entre nuestros
ideales: entre cómo quisiera ser y cómo quiero ser visto por los otros. El proceso se agudiza
durante el transcurso de los complejos de Edipo y castración, entre los 3 y los 5 años, y luego
no cesa de inscribirse, como lo señala Lacán en su relectura de Freud, en nuestra subjetividad.
Mecanismos de identificación que nutren gran parte de nuestra identidad. Durante nuestras
vidas creemos que nos parecemos más a mamá o papá y luego, cuando crecemos nos damos
cuenta que tenemos rasgos más parecidos con aquel con el que menos nos identificamos...
Si, como dijo Sartre, estamos condenados a ser libres, también estamos condenados a
encontrarle sentido a las cosas y este proceso de significación, no es nada simple ni tampoco
muy universal. Es cierto que compartimos códigos y competencias comunicativas, pero la
verdadera significación, el sentido que para nosotros tiene nuestra vida y relación con los otros
y el mundo, es el resultado individual y personal de esa construcción cultural y social que
adquirimos con el lenguaje. Como debemos aprenderlo en nuestra primera infancia, muchas de
las lagunas que resultan incomprensibles, sin sentido, son colmadas por el campo de lo
imaginario (más que la fantasía, con los iconos de lo observable).
Después, viene la escuela. El niño continúa siendo una subjetividad en vías de constitución y
en la escuela debe encontrar los espacios y la mediación adulta que le permitan ahondar y
profundizar en ella. Los procesos de subjetividad no se ajustan a un programa cronológico y
evolutivo: duran toda la vida. Por lo tanto, nuestra postura como adultos y futuros maestros nos
conduce a pensar y, actuar en consecuencia, en el momento de la construcción subjetiva en la
que se encuentran nuestros alumnos. Como lo señala Sandra Carli: “Es en la ligazón entre la
experiencia de los niños y la institución de los adultos que adviene el niño como sujeto. Esta
ligazón es constitutiva. La referencia histórica al proceso de construcción social de la infancia
no debe hacernos perder de vista el hecho de que dicho proceso pretende capturar la
construcción simbólica singular de los niños, y que esa construcción opera con un vínculo
profundamente asimétrico” (“La infancia como construcción social”). Asimetría sostenida en el
reconocimiento de la vulnerabilidad del niño y la necesaria mediación del adulto para su
acercamiento a la realidad.
En la escuela se juega, en este escenario que creemos propicio, el otro aprendizaje importante
del sujeto en vías de constitución (¿emergente?): el de su relación con los pares, con otros
adultos que no son parte de su grupo familiar y con una vida colectiva regida por las famosas
normas de convivencia, esas que empapelan nuestras aulas en las primeras semanas de clase
y son olvidadas a medida que se desgarran y los pedacitos de papel son usados con otros
fines. Ya tendremos oportunidad de analizar con más detalle las propuestas de diversos
autores en torno al desarrollo del juicio moral, y nos detendremos especialmente en aquellas
de Piaget y Kohlberg. Esto no significa que nos vamos a alejar de nuestro sujeto freudiano. Al
contrario, a pesar de las históricas disputas entre las diferentes posturas, pienso que en
realidad, son complementarias. Ambos analizan el desarrollo del niño desde distintos focos de
interés, pero se ocupan del proceso de la constitución del sujeto infantil.
La escuela constituye, o debe constituir, el lugar privilegiado para la transmisión cultural,
simbólica, donde la palabra habilita la construcción de los significados en este sujeto infantil,
para dar cuenta de la realidad. En este sentido, me parece muy oportuna la propuesta del
curso de postgrado de FLACSO, Curriculum y prácticas escolares en contexto, en torno a cómo
pensar esa transmisión en la temporalidad y el espacio de la escuela. Los procesos de
transmisión deberían:
a) “Pensar al niño en la trama de generaciones”, lo que implica una intervención en el
presente y una apuesta hacia el futuro.
b) Pero también y al mismo tiempo, “pensar al niño como un acontecimiento”, de manera de
apostar a producir una diferencia en él en ese presente que lo constituye. Intervenir de
modo tal que se genere una fisura (una hiancia, diría Lacán) en el presente de los niños,
para que esa transmisión dé también lugar a su palabra.
c) “Pensar la transmisión como una tensión entre la continuidad y la discontinuidad, que
permite conservar el pasado pero hacer diferencia con él”. Y sigo citando a la cita: dice
Jacques Hassoun. “Una transmisión bien lograda ofrece a quien la recibe un espacio de
libertad y una base que le permite abandonar (el pasado) para (mejor) reencontrarlo”.
- 17 –
Arianne Hecker, IFDC, Ética, 2006
Todos estos pensares, lo que reafirman es la necesidad de no olvidar la asimetría que existe
en cada nueva constitución subjetiva, la asimetría entre el adulto y el niño de la cual debemos
ser consciente para que ese “enigma” se resuelva de la mejor manera. Creo que una consigna
que debería adornar las aulas debería ser la de Montaigne: “Enseñar a un niño no es llenar un
vacío, sino encender un fuego”.
Lectura compartida de los siguientes textos, hasta donde lleguemos:
JORGE LARROSA: EL ENIGMA DE LA INFANCIA. O LO QUE VA DE LO IMPOSIBLE A LO
VERDADERO.
FRAGMENTOS: pp. 165-171, 174-178
En “Pedagogía profana. Estudios sobre lenguaje, subjetividad, formación”. Ediciones
Novedades Educativas y Comisión de Estudios de Posgrado, Facultad de Humanidades y
Educación, Universidad Central de Venezuela. Buenos Aires, 2000.
Toutes les vies étaient pareilles disait la mère, sauf les enfants.
Les enfants, on ne savait rien.
C’est vrai, disait le père, les enfants on sait rien.
MARGARITE DURAS
Je n’entends pas votre langage
dit l’enfant
l’enfantsauvage.
JACQUES PRÉVERT
Los niños, esos seres extraños de los que nada se sabe, esos seres salvajes que no entienden
nuestra lengua.
Sin embargo, podemos abrir un libro de psicología infantil y sabremos de sus satisfacciones, de sus
miedos, de sus necesidades, de sus peculiares modos de sentir y de pensar. Podemos leer un
estudio sociológico y sabremos de su desamparo, de la violencia que se ejerce sobre ellos, de su
abandono, de su miseria. Tenemos bibliotecas enteras que contienen todo lo que sabemos de los
niños y legiones de especialistas que nos dicen lo que son, lo que quieren y lo que necesitan en
lugares como la televisión, las revistas, los libros, las salas de conferencias o las aulas universitarias.
Podemos ir a unos grandes almacenes y encontraremos ropa de niños, juguetes de niños, libros de
niños, objetos para los cuartos de los niños. Podemos repasar la cartelera de espectáculos y veremos
películas de niños, teatro de niños, música de niños, exposiciones de niños, parques de atracciones,
circos, fiestas de niños, programas de televisión para niños. Si visitamos la ciudad veremos escuelas
de música para niños, escuelas de artes plásticas, de danza, centros de ocio y tiempo libre,
ludotecas, polideportivos. Si nos colamos en ciertos despachos veremos que hay una política social y
educativa para la infancia y, por lo tanto, montones de planes y de proyectos para los niños hechos
como se hacen los planes y los proyectos, con un diagnóstico de la situación, unos objetivos, unas
estrategias y una serie de mecanismos de evaluación. Y si nos dedicamos a conocer gente
encontraremos enseguida multitudes de maestros, psicólogos, animadores, pediatras, trabajadores
sociales, pedagogos, monitores, educadores diversos y todo tipo de personas que trabajan con niños
y que, como buenos especialistas y buenos técnicos, tienen también determinados objetivos, aplican
determinadas estrategias de actuación y son capaces de evaluar según ciertos criterios la mayor o
menor eficacia de su trabajo.
La infancia es algo que nuestros saberes, nuestras prácticas y nuestras instituciones ya han
capturado: algo que podemos explicar y nombrar, algo sobre lo que podemos intervenir, algo que
podemos acoger. La infancia, desde este punto de vista, no es otra cosa que el objeto de estudio de
un conjunto de saberes más o menos científicos, la presa de un conjunto de acciones más o menos
técnicamente controladas y eficaces, o el usuario de un conjunto de instituciones más o menos
adaptadas a sus necesidades, a sus características o a sus demandas. Nosotros sabemos lo que son
los niños, o intentamos saberlo, y procuramos hablar una lengua que los niños puedan entender
cuando tratamos con ellos en los lugares que hemos organizado para albergarlos.
No obstante, y al mismo tiempo, la infancia es lo otro: lo que siempre más allá de cualquier intento de
captura, inquieta la seguridad de nuestros saberes, cuestiona el poder de nuestras prácticas y abre
un vacío en el que se abisma el edificio bien construido de nuestras instituciones de acogida. Pensar
la infancia como algo otro es, justamente, pensar esa inquietud, ese cuestionamiento y ese vacío. Es
insistir una vez más: los niños, esos seres extraños de los que nada se sabe, esos seres salvajes que
no entienden nuestra lengua.
- 18 –
Arianne Hecker, IFDC, Ética, 2006
La infancia entendida como algo otro no es lo que ya sabemos, pero tampoco es lo que aún no
sabemos. Lo que todavía es desconocido justifica el poder del conocimiento y en absoluto inquieta su
seguridad. Lo que aún no sabemos no es otra cosa que lo que se deja medir y anunciar por lo que
sabemos, aquello que lo que sabemos se da como meta, como tarea y como recorrido. La arrogancia
del saber no sólo está en la exhibición de lo que ya ha conquistado, sino también en el tamaño de sus
proyectos y de sus ambiciones, en todo lo que todavía está por conquistar pero que ya ha sido
señalado y determinado como territorio de conquista posible. Por otra parte, la infancia como algo
otro no se reduce a lo que ya hemos sido capaces de someter a al lógica cada vez más afinada de
nuestras prácticas y de nuestras instituciones, pero tampoco puede confundirse con lo que aún no
hemos podido someter. Lo que todavía se nos resiste justifica nuestro poder y en absoluto lo
cuestiona. Los que saben siguen investigando, los políticos siguen haciendo planes y proyectos, los
grandes almacenes siguen innovando sus catálogos, los productores de espectáculos siguen
fabricando nuevos productos, los profesionales siguen mejorando sus prácticas y los lugares en los
que acogemos a los niños siguen aumentando y adaptándose cada vez más a sus usuarios. Todos
trabajan para reducir lo que aún hay de desconocido en los niños y para someter lo que en ellos aún
hay de salvaje. Entonces ¿dónde está la inquietud, dónde el cuestionamiento y dónde el vacío, si la
infancia ha sido ya explicada por nuestros saberes, sometida por nuestras prácticas y capturada por
nuestras instituciones, y si lo que todavía no ha sido explicado o sometido está ya medido y señalado
según los criterios metódicos de nuestra voluntad de saber y de nuestra voluntad de poder?
La infancia como algo otro no es el objeto (o el objetivo) del saber sino lo que escapa a cualquier
objetualización y lo que desvía de todo objetivo; no es el punto de anclaje del poder, sino lo que
marca su línea de derrumbe, su límite exterior, su absoluta impotencia; no es lo que está presente en
nuestras instituciones, sino lo que permanece ausente e inabarcable, brillando siempre fuera de sus
límites. Por lo tanto, la otredad de la infancia no significa que los niños todavía se resistan a ser
plenamente apropiados por nuestros saberes, nuestras prácticas y nuestras instituciones; ni siquiera
significa que esa apropiación acaso nunca podrá realizarse completamente. La otredad de la infancia
es algo mucho más radical: nada más y nada menos que su absoluta heterogeneidad respecto a
nosotros y a nuestro mundo, su absoluta diferencia. Y si la presencia enigmática de la infancia es la
presencia de algo radical e irreductiblemente otro, habrá que pensarla en tanto que siempre nos
escapa: en tanto que inquieta lo que sabemos (y la soberbia de nuestra voluntad de saber), en tanto
que suspende lo que podemos (y la arrogancia de nuestra voluntad de poder) y en tanto que pone en
cuestión los lugares que hemos construido para ella (y lo presuntuoso de nuestra voluntad de
abarcarla). Ahí está el vértigo: en cómo la otredad de la infancia nos lleva a una región en la que no
rigen las medidas de nuestro saber y de nuestro poder.
En tanto que encarna la aparición de la alteridad, la infancia no es nunca lo que sabemos (es lo otro
de nuestros saberes), pero sin embargo es portadora de una verdad que debemos ponernos en
disposición de escuchar; no es nunca la presa de nuestro poder (es lo otro que no puede ser
sometido), pero al mismo tiempo requiere nuestra iniciativa; no está nunca en el lugar que le damos
(es lo otro que no puede ser abarcado), pero debemos abrir un lugar que la reciba. Eso es la
experiencia del niño como otro: el encuentro con una verdad que no acepta la medida de nuestro
saber, con una demanda de iniciativa que no acepta la medida de nuestro poder, y con una exigencia
de hospitalidad que no acepta la medida de nuestra casa. La experiencia del niño como otro es la
atención a la presencia enigmática de la infancia, a esos seres extraños de los que nada se sabe y a
esos seres salvajes que no entienden nuestra lengua.
De lo que se trata aquí, entonces, es de devolver a la infancia su presencia enigmática y de encontrar
la medida de nuestra responsabilidad en la respuesta ante la exigencia que ese enigma lleva consigo.
Infancia y novedad
Las palabras sencillas son las más difíciles de escuchar. Enseguida creemos que las hemos
entendido e inmediatamente, si prestar oído, las abandonamos y pasamos a otra cosa. Hanna
Arendt escribió algo tan sencillo que es difícil no leerlo (y no abandonarlo) como algo que todo el
mundo sabe. Hanna Arendt escribió: la educación tiene que ver con la natalidad, con el hecho de que
constantemente nacen seres humanos en el mundo.
El nacimiento de un niño es un acontecimiento que parece completamente trivial y despojado de todo
misterio: algo habitual que se pliega sin ninguna dificultad a la lógica de lo que es normal, de lo que
puede preverse y anticiparse. La extrema vulnerabilidad del recién nacido convierte en absoluto
nuestro poder, que no encuentra en él ninguna oposición. Su extrema sencillez convierte en absoluto
nuestro saber, que no encuentra en él ningún obstáculo. Podemos, sin ninguna resistencia, proyectar
en él nuestros deseos, nuestros proyectos, nuestras expectativas, nuestras dudas o nuestros
fantasmas. Incluso su fragilidad y sus necesidades se abren con absoluta transparencia a lo que
nosotros le podemos ofrecer, a la medida de nuestra generosidad. Podemos vestirlo de nuestros
- 19 –
Arianne Hecker, IFDC, Ética, 2006
colores, rodearlo con nuestras palabras, llevarlo al sitio que le hemos hecho en nuestra casa y
mostrarlo como algo totalmente próximo y familiar, como algo que nos pertenece. El niño se expone
completamente a nuestra mirada, se ofrece absolutamente a nuestras manos y se pliega sin
resistencia a que lo cubramos con nuestras ideas, nuestros sueños o nuestros delirios. Se diría que el
recién nacido no es otra cosa que lo que nosotros hemos puesto en él.
El nacimiento no es sino el principio de un proceso en el que el niño, que comienza a estar en el
mundo y que comienza a ser uno de nosotros, va a ser introducido en el mundo y se va a convertir en
uno de nosotros. Ese proceso es, sin duda, difícil e incierto. Pero a pesar de ese resto irreductible de
incertidumbre, el nacimiento pone al niño en continuidad con nosotros y con nuestro mundo. Desde
este punto de vista el nacimiento se sitúa en una doble temporalidad: por un lado el nacimiento
constituye el comienzo de una cronología que el niño va a tener que recorrer en el camino de su
desarrollo, de su maduración y de su progresiva individualización y socialización: por otro lado, el
nacimiento constituye un episodio en la continuidad de la historia del mundo.
Pero, al mismo tiempo, cuando un niño nace algo otro aparece entre nosotros. Y es otro porque es
siempre otra cosa que la materialización de un proyecto, la satisfacción de una necesidad, el
cumplimiento de un deseo, el colmo de una carencia o la reparación de una pérdida. Es otro en tanto
que otro, no a partir de lo que nosotros ponemos en él. Es otro porque siempre es otra cosa que lo
que podemos anticipar, porque siempre está más allá de lo que sabemos o de lo que queremos o de
lo que esperamos. Desde este punto de vista, un niño es algo absolutamente nuevo que disuelve la
solidez de nuestro mundo y que suspende la certeza que nosotros tenemos de nosotros mismos. No
es el comienzo de un proceso más o menos anticipable, sino un origen absoluto, un verdadero inicio.
No es el momento en que ponemos al niño en una relación de continuidad con nosotros y con nuestro
mundo (para que se convierta en uno de nosotros y se introduzca en nuestro mundo), sino el instante
de la absoluta discontinuidad, de la posibilidad enigmática de que algo que no sabemos y que no nos
pertenece inaugure un nuevo inicio. Por eso el nacimiento no es un momento que se pueda situar en
una cronología, sino lo que interrumpe toda cronología.
¿Qué significa para la educación el hecho de que nazcan seres humanos en el mundo?, ¿qué
significa que la educación sea justamente una relación con la infancia entendida sencillamente como
lo que nace? La educación es el modo como las personas, las instituciones y las sociedades
responden a la llegada de los que nacen. La educación es la forma en que el mundo recibe a los que
nacen. Responder es abrirse a la interpelación de una llamada y aceptar una responsabilidad. Recibir
es hacer sitio: abrir un espacio en el que lo que viene pueda habitar, ponerse a disposición de lo que
viene sin pretender reducirlo a la lógica que rige en nuestra casa.
No se trata entonces de que, como pedagogos, como personas que sabemos de niños y de
educación, reduzcamos la infancia a algo que de antemano ya sabemos lo que es, lo que quiere o lo
que necesita. Por ejemplo, un estado psicosomático que no sería sino el momento específico y
cronológicamente primero de un desarrollo que la psicología infantil podría describir y la pedagogía
dirigir. Tampoco se trata de que como adultos, como personas que tenemos un mundo, veamos la
infancia como aquello que tenemos que integrar en nuestro mundo. Como si conociéramos de
antemano el resultado de ese proceso de individualización y de socialización a través del cual los
niños se convertirán en personas como nosotros. Por último, no se trata de que, como adultos, como
personas que ya estamos en el mundo, que ya sabemos cómo es el mundo y hacia dónde va o hacia
dónde debería ir, que ya tenemos ciertos proyectos para el mundo, convirtamos la infancia en la
materia prima para la realización de nuestros proyectos sobre el mundo, de nuestras previsiones,
nuestros deseos o nuestras expectativas sobre el futuro. Por ejemplo, una determinada idea de la
vida humana, de la convivencia humana o de l progreso humano que la educación, a partir de la
infancia, debería tratar de realizar.
El encuentro con la infancia
Una imagen del otro es una contradicción. Pero quizá nos quede una imagen del encuentro con lo
otro. En ese sentido no sería una imagen de la infancia, sino una imagen a partir del encuentro con la
infancia. Y eso en tanto que ese encuentro no es ni apropiación ni un mero re-conocimiento en el que
se encuentra lo que ya se sabe o lo que ya se tiente, sino un auténtico cara a cara con el enigma, una
verdadera experiencia, un encuentro con lo extraño y lo desconocido que no puede ser reconocido ni
apropiado. El sujeto del reconocimiento es el que no es capaz de ver otra cosa que a sí mismo, el que
percibe lo que le sale al encuentro a partir de lo que quiere, de lo que sabe, de lo que imagina, de lo
que necesita, de lo que desea o de lo que espera. El sujeto de la apropiación es el que devora todo lo
que encuentra convirtiéndolo en algo a su medida. Pero el sujeto de la experiencia es el que sabe
enfrentar lo otro en tanto que otro y está dispuesto a perder pie y a dejarse tumbar y arrastrar por lo
que le sale al encuentro: el sujeto de la experiencia está dispuesto a transformarse en una dirección
desconocida. Si el re-conocimiento y la apropiación pueden producir imágenes de la infancia según el
- 20 –
Arianne Hecker, IFDC, Ética, 2006
modelo de la verdad positiva, la experiencia del encuentro no puede ser más que transmutada en una
imagen poética, es decir, en una imagen que contenga la verdad inquieta y temblorosa de una
aproximación singular al enigma. En ese sentido, quizá sea cierto lo que dice Peter Handke: ...nada
de aquello que está citando constantemente a la infancia es verdad; sólo lo es aquello que,
reencontrándola, la cuenta. (Peter Handke, La historia del lápiz, Península, Barcelona, 1991).
Profundización: Hanna Arendt
Hannah Arendt es una de las más grandes pensadoras del siglo XX, de origen judío nació en
Hannover en 1906. Fue discípula de Heidegger, Husserl y Jaspers. Fue una mujer que ha pensado la
política desde la condición humana y la vida del espíritu. Vivió en Alemania hasta 1933 y, en 1941,
tras la ocupación alemana de Francia se estableció en Nueva York. Fue profesora de las
Universidades de Berkeley, Princeton, Columbia y Chicago. También se desempeñó como directora
de investigaciones de la Conference on Jewish Relations (1944-1946) y como colaboradora de
diversas publicaciones periódicas como Review of politics, Jewish Social Studies, Partisan Review y
Nation.
Dividió conscientemente sus actividades entre la filosofía y la teoría política, llegando a adquirir un
sólido prestigio tanto en Europa como en América. Pensadora audaz, difícilmente encasillable en
ninguna escuela filosófica, pero al mismo tiempo capaz de percibir eso de más valor (la vida, la
muerte, el absoluto) que se halla en juego en el corazón de las cuestiones históricas y políticas
concretas. Dedicó su vida a la reflexión más honda sobre un tiempo lleno de contrastes como fue el
siglo XX y siempre se mostró activamente en la esfera pública interesada en la dignidad del quehacer
republicano. A la hora de reflexionar sobre el poder Arendt asegura que el fenómeno fundamental del
poder no es la instrumentalización de una voluntad ajena para los propios fines, sino la formación de
una voluntad común en una comunicación orientada al entendimiento. El poder se deriva
básicamente de la capacidad de actuar en común.
Habermas la definió como una convencida demócrata radical, su biógrafa Elisabeth Youn-Bruehl la
presentó bajo una fuerte imagen de conservadurismo revolucionario. Lo cierto, es que Arendt era
original en materia de pensamiento y nunca quiso abandonar esa condición.
En 1951 publicó Los orígenes del totalitarismo, quizás su libro más famoso, al que siguieron textos
tan fundamentales para el pensamiento contemporáneo como Sobre la revolución (1963), Hombres
en tiempos de oscuridad (1968), La condición humana (1969), La vida del espíritu (1971) o la crisis de
la República (1972).
Pasó sus últimos años ejerciendo la enseñanza en la New School for Social Research, murió en
1975.
HERMANN HESSE: DEMIÁN
Órbita, España, 1995
FRAGMENTOS (Introducción y primer capítulo, pp. 15 a 23)
Para contar mi historia he de empezar muy atrás. Si me fuera posible, debería retroceder aún mucho
más, hasta los primeros años de mi infancia, e incluso más allá, en la lejanía de mi ascendencia.
Los poetas, cuando escriben novelas, suelen hacer como si fuesen Dios mismo y pudieran abarcar
con su mirada toda una historia humana, comprenderla y exponerla como si Dios mismo la relatase,
sin velo ninguno, revelando en todo momento su más íntima esencia. Yo no puedo hacerlo así, como
tampoco los poetas. Pero mi historia me es más importante que a cualquier poeta la suya, pues es la
mía propia y es la historia de un hombre –no la de un hombre inventado, posible o inexistente en
cualquier otra forma, sino la de un hombre real, único y vivo-. Hoy se sabe menos que nunca lo que
es eso, lo que es un hombre realmente vivo, y se lleva a morir bajo el fuego a millares de hombres,
cada uno de los cuales es un ensayo único y precioso de la Naturaleza. Si no fuéramos algo más que
individuos aislados, si cada uno de nosotros pudiese realmente ser borrado por completo del Mundo
por una bala de fusil, no tendría ya sentido alguno relatar historias. Pero cada uno de los hombres no
es tan sólo él mismo; es también el punto único, particularísimo, importante siempre y singular, en el
que se cruzan los fenómenos del Mundo; sólo una vez de aquel modo y nunca más. Así la historia de
cada hombre es esencial, eterna y divina, y cada hombre, mientras vive en alguna parte y cumple la
voluntad de la Naturaleza, es algo maravilloso y digno de toda atención. En cada uno de los hombres
se ha hecho forma el espíritu, en cada uno padece la criatura, en cada uno de ellos es crucificado un
redentor.
Muy pocos saben hoy lo que es el hombre. Muchos lo sienten, y, por sentirlo, mueren más aliviados,
como yo moriré más aliviado cuando termine de escribir esta historia.
- 21 –
Arianne Hecker, IFDC, Ética, 2006
No soy un hombre que sabe. He sido un hombre que busca y lo soy aún, pero no busco ya en las
estrellas ni en los libros: comienzo a escuchar las enseñanzas que mi sangre murmura en mí. Mi
historia no es agradable, no es suave y armoniosa como las historias inventadas; sabe a insensatez y
a confusión, a locura y a sueño, como la vida de todos los hombres que no quieren mentirse más a sí
mismos.
La vida de todo hombre es un camino hacia sí mismo, la tentativa de un camino, la huella de un
sendero. Ningún hombre ha sido nunca por completo él mismo; pero todos aspiran a llegar a serlo,
oscuramente unos, más claramente otros, cada uno como puede. Todos llevan consigo, hasta el fin,
viscosidades y cáscaras de huevo de un mundo primordial. Alguno no llega jamás a ser hombre, y
sigue siendo rana, ardilla u hormiga. Otro es hombre de medio cuerpo arriba, y el resto, pez. Pero
cada uno es un impulso de la Naturaleza hacia el hombre. Todos tenemos orígenes comunes: las
madres; todos nosotros venimos de la misma sima, pero cada uno –tentativa e impulso desde lo
hondo- tiende a su propio fin. Podemos comprendernos unos a otros, pero sólo a sí mismo puede
interpretarse cada uno.
CAPÍTULO PRIMERO: Dos mundos.
Comienzo mi historia con un suceso de la época en que yo tenía diez años y asistía al colegio latino
de nuestra pequeña ciudad.
Muchas cosas de aquel tiempo exhalan aún para mí su aroma e irradian en mí una suave melancolía
y gratos escalofríos medrosos: calles oscuras y claras, casas y torres, campanadas de reloj y rostros
humanos, habitaciones llenas de comodidad y de cálido bienestar, habitaciones colmadas de misterio
y de hondo miedo a los fantasmas. Huele a cálida intimidad, a conejos y a criadas, a remedios
caseros y a fruta seca. Dos mundos fluían allí confundidos; el día y la noche venían de dos polos
diferentes.
Uno de tales mundos se reducía a la casa paterna, y ni siquiera la abarcaba toda, sino que, en
realidad, sólo comprendía a mis padres. Este mundo me era bien conocido en su mayor parte: se
llamaba madre y padre, se llamaba amor y severidad, ejemplo y escuela. Sus atributos eran un suave
resplandor, claridad y limpieza. Las palabras cariñosas, las manos lavadas, los vestidos limpios y las
buenas costumbres tenían en él su centro. En él se cantaba el coral matutino y se festejaba la
Nochebuena. En este mundo había líneas rectas y caminos rectos que conducían al porvenir; había
el deber y la culpa, el remordimiento y la confesión, el perdón y los buenos propósitos, el amor y la
veneración, la palabra de la Biblia y la sabiduría. En este mundo debía uno mantenerse para que la
vida fuese clara y limpia, bella y ordenada.
El otro mundo comenzaba, sin embargo, en medio de nuestra propia casa y era completamente
distinto, olía de otro modo, hablaba de otro modo, prometía y exigía otras cosas. En este segundo
universo había criadas y aprendices, historias de aparecidos y rumores de escándalo; había una
abigarrada marea de cosas monstruosas, atrayentes, terribles y enigmáticas, cosas como el matadero
y la cárcel, hombres borrachos y mujeres escandalosas, vacas que parían y caballos que resbalaban;
relatos de robos, asesinatos y suicidios. En derredor nuestro existían todas estas cosas bellas y
espantables, salvajes y crueles; en la calle de al lado, en la casa de al lado, corrían policías y
ladrones,; hombres borrachos pegaban a sus mujeres, grupos de muchachas salían al anochecer de
las fábricas, había viejas que podían embrujarle a uno y hacerle mal de ojo; en el bosque vivía oculta
una partida de bandoleros, los guardas jurados perseguían a los incendiarios –en todas partes
brotaba y fluía este otro mundo impetuoso, en todas partes menos en nuestras habitaciones, en
donde estaban mi madre y mi padre. Y esto era excelente. Era maravilloso que allí en nuestra casa,
hubiera paz, orden y reposo, deber y buena conciencia, perdón y amor –y era maravilloso que
también existiera todo lo demás, lo estruendoso y agudo, sombrío y violento, de lo cual podía uno huir
en un instante, refugiándose de un salto al lado de la madre.
Lo más singular era que los dos mundos confinaban uno con otro, estrechamente yuxtapuestos. Así,
Lina, nuestra criada, cuando acudía al cuarto de estar a la hora de los rezos vespertinos y se sentaba
al lado de la puerta, ambas manos bien lavadas sobre el bien planchado delantal, entonando con su
voz clara los himnos religiosos, pertenecía por completo al mundo de mis padres, al nuestro, al
mundo luminoso y recto. Pero minutos después en la cocina o en la leñera, cuando me contaba el
cuento del hombrecillo sin cabeza o cuando se peleaba con las vecinas en el tenducho del carnicero,
era ya otra, pertenecía al otro mundo, aparecía rodeada de misterio. Así sucedía con todo, y más que
nada conmigo mismo. Yo pertenecía, desde luego al mundo luminoso y recto, era el hijo de mis
padres; pero dondequiera que tendiese mi vista o mi oído, encontraba siempre lo otro, y yo mismo
vivía también en aquel otro mundo, aunque muchas veces me pareciese extraño e inquietante y
acabase siempre por infundirme miedo y enturbiar mi conciencia. Llegó a haber temporadas enteras
en las que prefería vivir en el mundo prohibido, y el retorno a la claridad –por necesario y conveniente
que fuese- me parecía casi un retorno a algo menos bello, más aburrido y vacío. A veces me daba
- 22 –
Arianne Hecker, IFDC, Ética, 2006
cuenta de que mi fin en la vida era llegar a ser como mi padre y mi madre, tan claro y puro, tan
reflexivo y ordenado. Pero el camino que conducía a aquel fin era muy largo: hasta llegar a él había
que pasar por muchas aulas, había que estudiar y sufrir muchas pruebas y muchos exámenes, y el
camino bordeaba siempre aquel otro mundo más oscuro y se adentraba a veces en él, no siendo
nada imposible permanecer y hundirse en su ámbito sombrío. Había historias así, de hijos
extraviados, que yo leía con apasionamiento. Lo que más se ensalzaba en ellas, lo que redimía toda
culpa, era el retorno al hogar paterno y al bien, y yo sentía que aquello era lo único derecho, bueno y
deseable; pero, no obstante, me atraía mucho más aquella parte de la historia que se desarrollaba
entre las gentes perversas, entre los perdidos, y si hubiera sido posible me hubiese confesado que a
veces era una lástima que el hijo pródigo se arrepintiese y fuera hallado de nuevo. Pero aquello no
podía decirse, ni siquiera pensarse. No era en mí más que un vago sentimiento, oculto en lo más
íntimo de mi ser, algo como una sospecha o una oscura posibilidad. Cuando me representaba al
demonio, podía imaginármelo en las calles, disfrazado o a cara descubierta, en el mercado o en una
taberna; pero nunca en nuestra casa. [...]
FRANK McCOURT: LAS CENIZAS DE ÁNGELA
Maeva ediciones, 20ª edición, España, 2000.
FRAGMENTOS
Capítulo 1
Mi padre y mi madre debieron haberse quedado en Nueva York, donde se conocieron, donde se
casaron y donde nací yo. En vez de ello, volvieron a Irlanda cuando yo tenía cuatro años, mi hermano
Malachy tres, los gemelos, Oliver y Eugene, apenas uno, y mi hermana Margaret ya estaba muerta y
enterrada.
Cuando recuerdo mi infancia me pregunto cómo pude sobrevivir siquiera. Fue, naturalmente, una
infancia desgraciada, se entiende: las infancias felices no merecen que les prestemos atención. La
infancia desgraciada irlandesa es peor que la infancia desgraciada corriente, y la infancia desgraciada
irlandesa católica es peor todavía.
En todas partes hay gente que presume y que se lamenta de las penalidades de sus primeros años,
pero nada puede compararse con la versión irlandesa: la pobreza; el padre, vago, locuaz y alcohólico,
la madre, piadosa y derrotada, que gime junto al fuego; los sacerdotes, pomposos; los maestros de
escuela, despóticos; los ingleses y las cosas tan terribles que nos hicieron durante ochocientos largos
años.
Sobre todo... estábamos mojados.
A lo lejos, en el Océano Atlántico, se juntaban grandes cortinas de lluvia que subían poco a poco por
el río Shannon y se asentaban para siempre en Limerick. La lluvia humedecía la ciudad desde la
festividad de la Circuncisión hasta la Nochevieja. Producía una cacofonía de toses secas, de
ronquidos bronquíticos, de estertores asmáticos, de ahogos tísicos. Convertía las narices en fuentes,
los pulmones en esponjas llenas de bacterias. Inspiraba remedios a discreción: para ablandar el
catarro se cocían cebollas en leche ennegrecida con pimienta; para la congestión se preparaba una
pasta con harina hervida y ortigas, se envolvía en un trapo y se aplicaba humeante al pecho.
De octubre a abril, las paredes de Limerick estaban relucientes de humedad. La ropa no se secaba
nunca: los abrigos de tweed y de lana albergaban a seres vivos; a veces brotaban en ellos
vegetaciones misteriosas. En las tabernas salía vapor de los cuerpos y de las ropas húmedas, que
era aspirado con el humo de los cigarrillos y de las pipas, sazonado con las emanaciones rancias de
la cerveza negra y del whiskey derramados e impregnados del olor de la orina que entraba a
bocanadas de los urinarios exteriores, donde muchos hombres vomitaban su sueldo semanal.
La lluvia nos empujaba a la iglesia, nuestro refugio, nuestra fuerza, nuestro único lugar seco. En la
misa, en la bendición, en las novenas, nos apiñábamos en grandes masas húmedas, dormitando
mientras el sacerdote hablaba con voz monótona, mientras el vapor subía de nuestras ropas para
mezclarse con el olor dulzón del incienso, de las flores y de las velas.
Limerick se labró una reputación de ciudad piadosa, pero nosotros sabíamos que sólo era a causa de
la lluvia.
[...] Cuando papá trae a casa el sueldo de la primera semana, mamá está encantada porque puede
pagar al italiano simpático de la tienda de comestibles y puede volver a llevar la cabeza bien alta,
pues en el mundo no hay nada peor que tener deudas y tener que deber favores a nadie. Limpia la
cocina, lava los tazones y los platos, quita de la mesa las migas y los restos de comida, limpia la
nevera y encarga a otro italiano un nuevo trozo de hielo (...) Hierve agua en el fogón y pasa un día
entero lavando en un gran barreño de estaño nuestras camisas y calcetines, los pañales de los
gemelos, nuestras dos sábanas, nuestras tres toallas. Lo tiende todo en el tendedero de la parte
trasera del edificio de apartamentos y vemos bailar la ropa al viento y al sol. Dice que a nadie le gusta
- 23 –
Arianne Hecker, IFDC, Ética, 2006
que los vecinos se enteren por la colada de la ropa que tiene uno pero que no hay nada como la
suavidad de las ropas secadas al sol.
Cuando papá trae a casa el sueldo de la primera semana, la noche del viernes, sabemos que el fin de
semana será maravilloso. La noche del sábado mamá pondrá agua a hervir en el fogón y nos bañará
en el gran barreño de estaño y papá nos secará. Malachy se dará la vuelta para enseñarnos el
trasero y papá fingirá que se escandaliza y todos nos reiremos. Mamá preparará chocolate de taza y
podremos quedarnos levantados mientras papá nos cuenta un cuento que se inventa (...) Las noches
como esas podemos dejarnos caer dormidos sabiendo que habrá un desayuno con huevos, tomates
fritos y pan frito, té con abundante leche y azúcar, y, más tarde, una gran comida a base de puré de
patatas, guisantes y jamón, y u bizcocho borracho que hace mi madre con capas de fruta y natillas
calientes y deliciosas sobre un bizcocho empapado de jerez..
[...] Cuando papá llega a la tercera semana de trabajo, no trae a casa el sueldo. La noche del viernes
lo esperamos y mamá nos da pan y té. Cae la noche y en la avenida Classon se encienden las luces.
Otros hombres que tienen trabajo están ya en sus casas y están tomando huevos para cenar, porque
los viernes no se puede comer carne. Se oye a las familias hablar arriba, abajo y por el pasillo y Bing
Crosby canta en la radio: “Hermano, ¿me das diez centavos?”.
Malachy y yo jugamos con los gemelos. Sabemos que mamá no cantará... Se queda sentada
hablando sola, “¿qué voy a hacer?”, hasta que es tarde y papá sube tambaleándose por las escaleras
cantando. Abre la puerta y nos llama:
-¿Dónde está mi tropa? ¿Dónde están mis cuatro guerreros?
-Deja a esos niños en paz –dice mamá-. Se han acostado casi con hambre porque tú tenías que
llenarte la tripa con whiskey.
Se planta en la puerta del dormitorio.
-Arriba, muchachos, arriba. Cinco centavos para todo el que prometa morir por Irlanda...
Capítulo 2
[...] En la Escuela Nacional Leamy hay siete maestros y todos tienen correas de cuero, varas,
bastones de endrino. Te pegan con los bastones en los hombros, en la espalda, en las piernas y,
sobre todo, en las manos. Cuando te pegan en las manos se llama “palmetazo”. Te pegan si llegas
tarde, si tu plumilla echa borrones, si te ríes, si hablas y si no sabes las cosas.
Te pegan si no sabes por qué hizo Dios el mundo, si no sabes quién es el santo patrono de Limerick,
si no te sabes el Credo, si no sabes cuántas son diecinueve y cuarenta y siete, si no sabes cuántas
son cuarenta y siete menos diecinueve, si no te sabes las ciudades y los productos principales de los
treinta y dos condados de Irlanda, si no encuentras a Bulgaria en el mapamundi de la pared, que está
manchado de escupitajos, mocos y borrones de tinta arrojados por alumnos iracundos que fueron
expulsados para siempre.
Te pegan si no sabes decir tu nombre en irlandés, si no sabes rezar el Avemaría en irlandés, si no
sabes pedir permiso para ir al retrete en irlandés.
Es útil escuchar lo que dicen los chicos mayores, de los cursos superiores. Ellos te pueden informar
acerca del maestro que tienes ahora, de sus gustos y de sus odios.
[...] Aunque te den seis palmetazos en cada mano con la palmeta de fresno o con el bastón de
endrino con nudos, no debes llorar. Serías un mariquita. Algunos niños se pueden meter contigo y
burlarse de ti en la calle, pero también ellos deben andarse con cuidado, porque llegará el día en que
el maestro les pegue y les dé palmetazos, y entonces serán ellos los que tendrán que aguantarse las
lágrimas o quedarán deshonrados para siempre. Algunos niños dicen que es mejor llorar, porque eso
agrada a los maestros. Si no lloras, los maestros te odian porque los has hecho parecer débiles ante
la clase, y se prometen a sí mismos que la próxima vez que te peguen te harán derramar lágrimas, o
sangre, o las dos cosas. (...) Es mejor no llorar, porque tienes que hacer causa común con los chicos
de la escuela y nunca debes dar gusto a los maestros. Si el maestro te pega, no sirve de nada que te
quejes a tu padre o a tu madre. Siempre te dicen: -Te lo mereces. No seas crío.
Capítulo 8
(A los once años, Frank tuvo fiebre tifoidea y lo internan, le hacen transfusiones)
[...] Tengo punzadas de dolor en los tobillos y en el dorso de la mano por los tubos que me meten la
sangre y me da igual que los niños recen por mí. cuando la hermana Rita sale de la habitación yo
oigo el rumor de su hábito y el chasquido de su rosario. Me quedo dormido, y cuando me despierto es
de noche y papá está sentado junto a la cama con su mano sobre la mía.
-¿Estás despierto, hijo?
Intento hablar pero estoy seco, no me sale nada, y me señalo la boca. Él me acerca a los labios un
vaso de agua, que está dulce y fresca. Me aprieta la mano y dice que soy un buen soldado y que
cómo no voy a serlo. ¿Acaso no llevo la sangre de los soldados?
Ya no llevo los tubos y los frascos de cristal han desaparecido.
- 24 –
Arianne Hecker, IFDC, Ética, 2006
La hermana Rita entra y dice a papá que tiene que marcharse. Yo no quiero que se marche porque
tiene aspecto triste. Cuando tiene aspecto triste es lo peor del mundo, y yo me echo a llorar,
-¿Qué es eso?- dice la hermana Rita-. ¿Llorando, con toda la sangre de soldado que llevas dentro?
Mañana te espera una buena sorpresa, Francis. No lo adivinarás nunca. Pues te lo diré yo: te vamos
a traer una galleta muy rica con el té de la mañana. ¿No es maravilloso? Y tu padre volverá mañana o
pasado, ¿verdad, señor McCourt?
Papá asiente con la cabeza y vuelve a poner su mano sobre la mía. Me mira, retrocede, vuelve, me
besa en la frente por primera vez en mi vida, y yo me siento tan feliz que me gustaría salir florando de
la cama.
LETRAS DE CANCIONES
1) El necio (Silvio Rodríguez)
Para no hacer de mi icono pedazos,
para salvarme entre únicos e impares,
para cederme lugar en su Parnaso,
para darme un rinconcito en sus altares,
me vienen a convidar a arrepentirme,
me vienen a convidar a que no pierda,
me vienen a convidar a indefinirme,
me vienen a convidar a tanta mierda.
2) Hipocresía (Rubén Blades)
La sociedad se desintegra
Cada familia en pie de guerra
La corrupción y el desgobierno
Hacen de la ciudad un infierno
Gritos y acusaciones
mentiras y traiciones
Hacen que la razón desaparezca
Nace la indiferencia
Se anula la conciencia
Y no hay ideal que no se desvanezca
Y todo el mundo jura que no entiende
Por qué sus sueños hoy se vuelven
mierda
Y me hablan del pasado en el presente
Culpando a los demás por el problema
De nuestra común hipocresía.
(Estribillo)
Yo no se lo que es el destino,
caminando fui lo que fui
Allá Dios, que será divino
Yo me muero como viví.
Yo quiero seguir jugando a lo perdido,
yo quiero ser a la zurda más que diestro,
yo quiero hacer un congreso de lo unido,
yo quiero rezar a fondo un hijo nuestro.
Dirán que pasó de moda la locura,
dirán que la gente es mala y no merece,
mas yo partiré soñando travesuras
(acaso multiplicar panes y peces).
El corazón se hace trinchera
Su lema es sálvese quien pueda
Y así la cara del amigo
se funde en la del enemigo
Los medios de información
aumentan la confusión
Y la verdad es mentira y viceversa
Nuestra desilusión
crea desesperación
Y el ciclo se repite con más fuerza
Y perdida entre la cacofonía
se ahoga la voluntad de un pueblo
entero
Y entre el insulto y el Ave María
No distingo entre preso y carcelero
Adentro de la hipocresía
Ya no hay izquierdas ni derechas
sólo hay excusas y pretextos
Una retórica maltrecha
para un planeta de ambidestros
No hay unión familiar
ni justicia social
ni solidaridad con el vecino.
De ahí es que surge el mal
y el abuso oficial
termina por cerrarnos el camino
Y todo el mundo insiste en que no
entiende
Por qué los sueños de hoy se vuelven
mierda
(Estribillo)
Dicen que me arrastrarán por sobre rocas
cuando la Revolución se venga abajo,
que machacarán mis manos y mi boca,
que me arrancarán los ojos y el badajo.
Será que la necedad parió conmigo,
la necedad de lo que hoy resulta necio:
la necedad de asumir al enemigo,
la necedad de vivir sin tener precio.
(Estribillo)
- 25 –
Arianne Hecker, IFDC, Ética, 2006
Y hablamos del pasado en el presente
Dejando que el futuro se nos pierda
Viviendo entre la hipocresía
Solo voy con mi pena
Sola va mi condena.
Correr es mi destino
para burlar la ley.
Perdido en el corazón
de la grande Babylón,
me dicen el clandestino
por no llevar papel.
Clandestino (Manu Chao)
Pa una ciudad del Norte
yo me fui a trabajar.
Mi vida la dejé
entre Ceuta y Gibraltar.
Soy una raya en el mar,
fantasma en la ciudad.
Mi vida va prohibida
Dice la autoridad
Solo voy con mi pena,
sola va mi condena.
Correr es mi destino
por no llevar papel.
Perdido en el corazón
de la grande Babylón
me dicen el clandestino
Yo soy el quiebra ley.
Al lado del camino (Fito Páez)
Me gusta estar al lado del camino/ fumando el humo mientras todo pasa.
Me gusta abrir los ojos y estar vivo/ tener que vérmelas con la resaca.
Entonces navegar se hace preciso/ en barcos que se estrellen en la nada.
Vivir atormentado de sentido/ Creo que esta, sí, es la parte más pesada.
En tiempos donde nadie escucha a nadie/ En tiempos donde todos contra todos.
En tiempos egoístas y mezquinos/ En tiempos donde siempre estamos solos.
Habrá que declararse un incompetente/ en todas las materias de mercado.
Habrá que declararse un inocente/ o habrá que ser abyecto y desalmado.
Yo ya no pertenezco a ningún ismo/ Me considero vivo y enterrado.
Yo puse las canciones en tu walkman/ el tiempo a mí me puso en otro lado.
Tendré que hacer lo que es y no debido/ Tendré que hacer el bien y hacer el daño.
No olvides que el perdón es lo divino/ y errar a veces suele ser humano.
No es bueno nunca hacerse de enemigos/ que no estén a la altura del conflicto.
Que piensan que hacen una guerra/ y se hacen pis encima como chicos.
Que rondan por siniestros ministerios/ haciendo la parodia del artista.
Que todo lo que brilla en este mundo/ tan sólo les da caspa y les da envidia.
Yo era un pibe triste y encantado/ de Beatles, caña Legui y maravillas.
Los libros, las canciones y los pianos/ el cine, las traiciones, los enigmas.
Mi padre, la cerveza, las pastillas, los misterios, el whisky malo/ los óleos, el amor, los
escenarios
El hambre, el frío, el crimen, el dinero y mis 10 tías/ me hicieron este hombre enreverado.
Si alguna vez me cruzas por la calle/ regálame tu beso y no te aflijas
Si ves que estoy pensando en otra cosa/ no es nada malo, es que pasó una brisa.
La brisa de la muerte enamorada/ que ronda como ángel asesino
Mas no te asustes, siempre se me pasa/ es sólo la intuición de mi destino.
Me gusta estar al lado del camino/ fumando el humo mientras todo pasa.
Me gusta regresarme del olvido/ para acordarme en sueños de mi casa.
Del chico que jugaba a la pelota/ del 49585.
Nadie nos prometió un jardín de rosas/ hablamos del peligro de estar vivo.
No vine a divertir a tu familia/ mientras el mundo se cae a pedazos
Me gusta estar al lado del camino/ me gusta sentirte a mi lado.
Me gusta estar al lado del camino/ dormirte cada noche entre mis brazos.
Al lado del camino x 3/ Es más entretenido y más barato/ al lado del camino X 2.
4) Para elaborar, analizar, sentir y producir (y entregar el 14/06/07): Trabajo individual
a) Extraer las ideas principales del texto de Jorge Larrosa y formular por escrito tus opiniones al
respecto, en la forma de un texto argumentativo, puede ser a favor o en contra.
b) Con los fragmentos de las dos novelas, luego de leerlos, elaborar una narración en primera
persona, que contenga anécdotas o hechos significativos que vos pensás que te marcaron y
que forman parte de tu “subjetividad”, incluyendo los dos o más mundos.
- 26 –
Arianne Hecker, IFDC, Ética, 2006
c) Con las letras de las canciones: señalar con cuál te sentís más identificado/a y por qué; cuál
te parece muy lejana a vos, a tu sentir y pensar; con cuál otra canción y/o cantautor/a te sentís
indentificado/a y por qué.
Segundo eje: La formación ética y ciudadana en la escuela
Clase cinco: Construcción de la personalidad moral autónoma y desarrollo del juicio moral
(14/06/07).
ÁNGELA BERMÚDEZ: IDEAS Y ESTRATEGIAS PARA UNA EDUCACIÓN MORAL
CONSTRUCTIVISTA. Clase Nº 34 del Curso Constructivismo y Educación, FLACSO, 20032207. FRAGMENTOS
[...] El Desarrollo del juicio moral según Kohlberg
Lawrence Kohlberg es, sin duda, el más importante exponente de esta corriente. Su obra fue
fundamental para rescatar a la pedagogía moral de su reclusión en los modelos
transmisionistas y confesionales, y abrirla a una ética pública basada en el desarrollo del
pensamiento y la autonomía de sujetos activos. Kohlberg desarrolló una teoría psicológica del
desarrollo moral fundamentada en las propuestas filosóficas racionalistas y liberales de Kant y
Rawls, así como en los modelos cognitivo-evolutivos de Piaget y Mead. Su teoría ofrece una
comprensión sistemática y profunda de la forma en que los niños razonan moralmente.
A partir de los años 80, la obra de Kohlberg ha sido cuestionada por los sesgos de su
concepción ética y de su modelo de desarrollo, tendientes hacia la individuación y la
abstracción de los contextos particulares; por el poco lugar que concede a la sensibilidad y las
emociones, y por su insuficiencia para explicar la brecha entre la capacidad de juicio y la
acción. Esas críticas dieron lugar a debates, de los cuales, tal vez, el más prominente y
comprensivo sea el iniciado por Carol Gilligan desde una perspectiva defensora de una “ética
del cuidado”. Este importante debate ayuda a comprender los alcances y los límites del modelo
de Kohlberg, y sugiere nuevas necesidades y oportunidades de transformación en la práctica y
la investigación. A pesar de los fuertes cuestionamientos que ha recibido, la teoría y el modelo
pedagógico de Kohlberg siguen siendo un referente fundamental a la hora de pensar en la
educación moral y la formación ciudadana de corte democrático, así como de seleccionar
herramientas pedagógicas. Por esta razón, hemos de considerarlos.
La moralidad como justicia
Aunque la teoría Kohlberg ha sido caracterizada, empezando por él mismo, como una teoría
del desarrollo del juicio moral, se la comprende mejor como una teoría sobre el desarrollo del
juicio sobre la justicia de las acciones y decisiones. Ésta es una distinción importante que el
mismo Kholberg hizo en respuesta a uno de los argumentos más prominentes de sus críticos:
su pretensión de explicar la totalidad del desarrollo moral desde una perspectiva ética
restringida al principio de justicia. Gilligan, por ejemplo, argumentó que esa reducción contenía
un fuerte sesgo cultural y de género, y, en general, los críticos señalan que su modelo excluye
otras orientaciones morales (por ejemplo, hacia la compasión o el honor) y que, en
consecuencia, quienes guían sus decisiones de acuerdo con ellas aparecen a la luz de su
teoría como menos competentes moralmente.
En respuesta a estos cuestionamientos, Kohlberg admitió que la moralidad incluía también
virtudes como la que los griegos llamaban “ágape” y nosotros, “amor”, “hermandad”,
“comunidad” o “caridad”, y que la insistencia de Gilligan en diferenciar y estudiar el desarrollo
de una moralidad orientada hacia el cuidado y la responsabilidad representaba una ganancia
que ampliaba la comprensión del fenómeno moral. Aun así, sostuvo su argumento de que la
justicia era la primera y más importante de las virtudes morales, y que por esta razón debía ser
el compromiso básico de cualquier individuo y cualquier sociedad: “Al definir lo que es
distintivamente moral, algunos autores enfatizan el concepto de norma y el respeto a las
normas (Kant, Durkheim, Piaget). Otros identifican la moralidad con consideraciones de
bienestar y las consecuencias para otros (Mill, Dewey). Aun otros, identifican la moralidad con
el ser idealizado (Bradley, Royce, Baldwin). Finalmente, otros (Rawls y yo) identifican la
moralidad con la justicia. (…) Aunque un individuo puede utilizar todas estas orientaciones
- 27 –
Arianne Hecker, IFDC, Ética, 2006
morales, mis colegas y yo argumentamos que la estructura esencial de la moralidad es una
estructura de justicia. Las situaciones morales son situaciones de conflicto de perspectivas e
intereses y los principios de justicia son conceptos para resolver estos conflictos, para darle a
cada quién lo que le corresponde. El sentido de justicia de una persona es lo que es más
específica y fundamentalmente moral. Uno puede actuar moralmente y cuestionar todas las
normas, uno puede actuar moralmente y cuestionar el bienestar de la mayoría, pero uno no
puede actuar moralmente y cuestionar la necesidad de justicia (…)”.
Kohlberg asumía la moralidad como un campo en el que las personas enfrentaban
continuamente situaciones de dilema y conflicto entre deberes y obligaciones que competían
entre sí, y en el que los conflictos surgían de la disparidad de perspectivas e intereses existente
entre las personas. Este supuesto era especialmente significativo para Kohlberg, quien, como
muchos de sus contemporáneos, veía con temor los muchos ejemplos históricos en los que las
formas dominantes de resolver los conflictos comprometían los derechos básicos de las
personas a la libertad y la dignidad. El Holocausto fue sin duda el caso más extremo y Kohlberg
era especialmente sensible a él.
Siguiendo la ética kantiana y las propuestas contemporáneas de la ética discursiva, Kohlberg
entendía la virtud de la justicia como la resolución de los conflictos de forma tal que se
equilibraran los derechos que las personas demandan para sí a través de la búsqueda moral
de:
la igualdad (“Trata las demandas de cada persona imparcialmente, con independencia de
su posición social”);
la reciprocidad (“Trata a las otras personas de la misma manera como quisieras ser
tratado en esa situación”) ;
el respecto a la dignidad (“T rata a cada persona como un fin en sí mismo y no como un
medio para otros fines”).
Este planteamiento filosófico se complementa con otro de tipo psicológico. Kohlberg demuestra
que la justicia es, a la vez, una estructura social de equilibrio en las relaciones entre las
personas y una estructura cognitiva, es decir, una estructura de equilibrio en la representación
mental que nos hacemos de los conflictos sociales y morales. Cada una de las etapas de
desarrollo del juicio moral descritas por él contiene una concepción subyacente de la justicia y
una forma específica de equilibrio entre los esquemas de pensamiento de niño y los esquemas
de los otros. A raíz de este engranaje de la justicia como estructura social y como estructura
cognitiva, Kohlberg plantea que el desarrollo de la moralidad emerge no de la transmisión e
inculcación de valores, sino de la experiencia directa en el mundo social, en el que enfrentamos
conflictos de justicia y debemos pensar sobre ellos para comprenderlos y resolverlos.
Cuatro conceptos fundamentales: autonomía, universalidad, coordinación de
perspectivas e imparcialidad
Kohlberg adopta el principio filosófico de la autonomía del sujeto moral y lo desarrolla desde la
teoría psicológica. En una primera instancia, esta autonomía significa capacidad de
autodeterminación basada en la propia conciencia. La esencia de la autonomía es que las
personas lleguen a gobernarse a sí mismas siguiendo sus convicciones e independientemente
de cualquier presión externa. Sin embargo, no puede haber moralidad cuando se considera
únicamente el propio punto de vista.
Para que tal autonomía sea moral, debe basarse en la consideración de las perspectivas de los
otros actores involucrados en los conflictos y debe operar bajo cierto grado de imparcialidad.
Sólo de esa manera se logra que los juicios autónomos no sean egocéntricos. En contra de lo
que suele dictar la opinión común, autonomía no significa actuar en función del parecer propio.
Por esta razón, Kohlberg caracteriza los niveles de juicio moral más desarrollados como
aquellos en los que el bien y la justicia se deciden integrando en la propia conciencia las
múltiples perspectivas relevantes, de forma tal que pueden llegar a sostenerse unos principios
éticos que se considera propios y que apelan, a la vez, a la universalidad de la dignidad
humana.
El énfasis que Kohlberg pone en la capacidad racional de tomar y coordinar diversas
perspectivas define el significado de su concepto de universalidad del juicio moral. Su
argumento es que, mientras hay una gran diversidad en el contenido de los juicios morales de
- 28 –
Arianne Hecker, IFDC, Ética, 2006
las personas (los valores particulares o estándares de una cultura), se observa un alto grado de
generalidad y universalidad en la forma de estos juicios. La universalidad de un principio moral
reside en la reversibilidad del juicio que lo fundamenta. Las soluciones morales equilibradas
(justas) son completamente reversibles, de tal forma que los actores de un conflicto podrían
intercambiar posiciones y estar de acuerdo con esa solución.
Veamos a modo de ejemplo uno de los dilemas planteados por Kohlberg, en el que describe la
situación de Heinz, un hombre cuya mujer padece una enfermedad que requiere una droga
muy costosa para su tratamiento y que él no puede comprar. El farmaceuta que produce esta
droga no está dispuesto a venderla a un precio más bajo y, en consecuencia, Heinz considera
la alternativa de robar la droga para salvar a su mujer. En este ejemplo, el argumento del
esposo –privilegiar el derecho a la vida por sobre el derecho a la propiedad– es reversible,
porque podría ser aceptado por el farmaceuta; en cambio, el argumento del farmaceuta –
privilegiar el derecho a la propiedad sobre el derecho a la vida– no es reversible, porque no
podría ser reconocido como válido por los esposos. De esta manera, para Kohlberg, la solución
propuesta por el esposo es más justa que la propuesta por el farmaceuta.
A partir de esta distinción, Kohlberg plantea que ciertos principios o criterios de validez de los
juicios morales son relevantes independientemente de la particularidad cultural del contenido y
que existen métodos de argumentación que permiten reconciliar las diferencias en la
construcción de acuerdos mínimos.
Ahora bien, la categoría de principios morales universales se restringe a unos pocos principios
procedimentales tales como “Trata a cada persona como un fin en sí mismo y no como medio
para alcanzar otros fines” o “Trata las demandas de cada persona con equidad,
independientemente de su posición social”. Es decir, no todos los valores morales pueden ser
considerados principios universales. Los principios morales universales son aquellos que se
refieren a la humanidad propia de cada persona, a la preservación de su vida y su dignidad, y
no a sus preferencias valorativas, que son variables en función de la cultura (por ejemplo:
respeto a los mayores, coraje, valentía, humildad). La justicia no es una regla concreta de
acción (“No mentir”), sino un modo general de tomar decisiones que privilegia siempre la
igualdad en materia de derechos humanos.
Consideremos con más detalle lo que significa la capacidad de toma y coordinación de
perspectivas, tan central en la teoría de Kohlberg. Esta operación del pensamiento permite
ganar conciencia de los otros y tomar cierta distancia de los propios intereses, relaciones y
lealtades. A través de un desplazamiento hipotético para pararnos en el lugar del otro,
podemos diferenciar y coordinar todas las perspectivas implicadas en un conflicto, y hacer
abstracción de las especificidades menos relevantes para poder llegar a acuerdos
fundamentales sobre lo que resulta más justo. En dicha abstracción, las demandas en conflicto
pueden examinarse de forma menos apasionada y sopesarse más equilibradamente. El logro
más importante del ejercicio de tomar diferentes perspectivas es moderar el juicio propio en
virtud de la conciencia que ganamos del otro o, como vimos, “reaccionar ante el otro como ante
alguien igual a uno mismo y reaccionar ante la conducta de uno mismo como si estuviera en el
rol del otro”.
Con esto, volvemos al ideal de imparcialidad que caracteriza a este modelo de desarrollo del
juicio moral. El supuesto es que el proceso de toma y coordinación de perspectivas permite
construir una perspectiva equivalente a la de un espectador imparcial y ajeno a los contextos
particulares de cada uno de los actores. Imparcialidad y desprendimiento del contexto son las
condiciones fundamentales para ser equilibrado y justo en juicios y decisiones; sobre todo, en
una sociedad pluralista.
Las etapas del desarrollo del juicio moral
En el marco de la concepción ética esbozada anteriormente, Kohlberg investigó la forma en
que las personas razonan y toman decisiones en situaciones de tensión o conflicto moral, o de
dilema. Como resultado, propuso un modelo de desarrollo que describe cómo el razonamiento
de las personas sobre la justicia (lo que está bien o mal hacer en determinadas circunstancias)
se transforma desde sus formas más simples a sus formas más complejas: no meterse en
problemas > defender el interés propio > obtener aprobación social > ser responsable ante la
sociedad > honrar los contratos y acuerdos establecidos con otros > actuar en concordancia
con principios de justicia social.
- 29 –
Arianne Hecker, IFDC, Ética, 2006
En este modelo, se diferencian tres grandes niveles, cada uno de los cuales representa una
estructura lógica, una forma particular de razonar sobre la justicia: el nivel pre-convencional, el
nivel convencional y el nivel post-convencional. Cada nivel se subdivide en dos etapas o
estadios, una de iniciación de la lógica propia de ese nivel y otra de consolidación. Así,
Kohlberg propone un proceso de desarrollo cognitivo que atraviesa un total de seis etapas de
juicio moral cualitativamente distintas. Cada una de ellas es más compleja que la anterior y, en
consecuencia, permite solucionar problemas morales de forma más sofisticada. Si comparamos
las etapas, encontraremos que cada una de ellas comporta una calificación frente a la anterior
respecto de tres grandes elementos:
La lógica moral utilizada para tomar decisiones gana autonomía . Cada vez más, los
criterios propios se diferencian de los criterios de otras personas y las decisiones se toman a
partir de convicciones propias y no a partir de la obediencia a criterios externos.
El criterio de justicia es más abarcador y equilibrado. La justicia de las acciones y
decisiones se centra cada vez menos en el interés personal y, progresivamente, se van
reconociendo e integrando la perspectiva, las necesidades y los derechos de los otros actores.
Las decisiones son cada vez más reversibles, de forma tal que se puede llegar a acuerdos que
son sensatos y justos para todas las partes en conflicto.
La perspectiva social deviene más amplia y compleja. Los conflictos morales se va n
contextualizando paulatinamente, lo que los hace cada vez menos concretos, fragmentados y
circunstanciales. La persona se va reconociendo como parte de un sistema de relaciones
interpersonales y sociales más complejas, y comprende que su acción debe guiarse por
principios generales y no por preferencias circunstanciales.
El nivel pre-convencional: la primera y la segunda etapas
La primera etapa caracteriza a una persona centrada en sí misma, que obedece criterios
externos porque busca satisfacer y obtener una recompensa o porque teme un castigo. Los
niños de esta etapa confunden el pensamiento moral de la autoridad con el de ellos mismos.
Poco a poco, empiezan a incorporar la perspectiva de otra persona que se diferencia de ellos y
que, a la vez, integran en el juicio porque deben realizar negociaciones con ella. Esta segunda
etapa se caracteriza porque aparece la conciencia de que el “otro”, cercano y concreto, tiene
deseos y necesidades que busca satisfacer al igual que uno, y por eso se requiere una
negociación de la satisfacción personal frente a la satisfacción del otro; se trata de un
intercambio instrumental (el del “ojo por ojo, diente por diente”). Es la etapa que corresponde a
la mayoría de los niños de la escuela primaria. Estas dos etapas constituyen el nivel preconvencional, dado que la noción de ser parte de un sistema social con convenciones a seguir
es todavía muy precaria.
El nivel convencional: la tercera y la cuarta etapas
El nivel convencional tiene un rasgo cualitativamente distinto del anterior. La persona que
razona en este nivel se reconoce a sí misma como parte de un sistema social que tiene una
dinámica propia de regulación, con expectativas que satisfacer y normas que cumplir para
garantizar su buen funcionamiento y en consecuencia el bienestar personal. En la tercera
etapa, la persona se reconoce como miembro de grupos inmediatos y específicos con los que
se identifica: el grupo de amigos, la familia, etc. Se actúa correctamente porque se quiere ser
reconocido como “una buena persona” al ayudar al grupo y ser solidario con éste; la persona
espera que los demás actúen de la misma manera, porque asume que ellos también serán
leales, “buena gente” con los demás. De esta etapa de confianza y expectativas
interpersonales mutuas —característica de la adolescencia—, se pasa a una cuarta etapa. En
ella se desarrolla la conciencia de ser miembro de una sociedad o de un sistema social más
abstracto y complejo que los círculos personales inmediatos, el cual se regula mediante
normas y leyes que ayudan a mantener el orden y la cohesión del conjunto de la sociedad y, en
consecuencia, el bienestar de cada uno de sus miembros. Frecuentemente, la preponderancia
de las convenciones sociales preexistentes, o bien en el grupo inmediato o bien en la sociedad;
la importancia de cumplir con estas expectativas y el carácter casi sagrado de la regulación y el
orden hacen que el individuo se desdibuje en el nivel convencional.
El nivel transicional:
- 30 –
Arianne Hecker, IFDC, Ética, 2006
Este nivel es posconvencional, pero todavía no de principios. La elección es personal, subjetiva
y cambiante. Se basa en las emociones, la conciencia se considera como arbitraria y relativa,
al igual que las ideas como “deber” o “moralmente correcto”. En este estadio la perspectiva es
la de un individuo que se sitúa fuera de su propia sociedad y se considera como un sujeto que
toma sus decisiones sin un compromiso general o contrato con la sociedad. Uno puede tomar y
elegir obligaciones que están definidas por sociedades particulares, pero no tiene principios
para tal elección.
El nivel post-convencional: la quinta y la sexta etapas
En el nivel post-convencional se resolverá el mencionado desequilibrio mediante una
recuperación de la importancia de la perspectiva individual, de la autodeterminación y el obrar
siguiendo principios morales que trascienden las convenciones sociales. De esta manera, se
pasa a la quinta etapa, la del contrato social entre individuo y sociedad, en la que se busca el
bienestar social e individual ajustándose a la ley por la conciencia de que todas las personas
de la sociedad se benefician con el comportamiento moral del resto de sus miembros. El
individuo reaparece cediendo parte de sus derechos ante los derechos de los demás, con lo
que quedan protegidos los derechos de todos. Pero ahora se pregunta por la génesis o el
origen de las convenciones y por su justicia, lo que permite un replanteamiento de la tensión
entre el individuo y la sociedad, y entre la sociedad y la humanidad.
Mientras que en el nivel convencional el individuo identifica las normas morales correctas con
las propias de su comunidad, en el post-convencional puede diferenciar convenciones de su
cultura de principios universalistas y, si es necesario, adoptar una posición crítica frente a ellas.
Se trata de una posición más libre frente a las convenciones, que sabe puede cuestionar y
transformar si resultan injustas, aunque se sienta obligado con ellas mientras no se
transformen. En la quinta etapa, se reconocen la universalidad de los derechos humanos y el
acuerdo o contrato democrático, fundamento de las democracias liberales.
La sexta y última etapa, de carácter más bien hipotético, surge de la comprensión del valor del
ser humano, de su dignidad como ser humano, comprensión que lleva a asumir con
compromiso los principios éticos que ofrecen los criterios para evaluar las demandas, tanto
sociales como individuales, para guiar la acción y justificar la decisión tomada.
- 31 –
Arianne Hecker, IFDC, Ética, 2006
Las etapas del juicio moral según Kohlberg
Lo que está bien
Razones para hacer el bien
Perspectiva social de la etapa
Evitar romper las reglas apoyadas en Evitar el castigo y el poder Punto de vista egocéntrico. El sujeto no considera los intereses de
el castigo. Obedecer porque sí y superior de las autoridades.
los demás, ni se da cuenta de que son distintos de los propios. Es
para evitar el daño físico a las
incapaz de relacionar dos puntos de vista diferentes. Juzga las
personas y a la propiedad.
acciones más por sus consecuencias físicas que por los intereses
psicológicos de los otros. Confunde la perspectiva de la autoridad
con la propia.
Etapa
2: Seguir las reglas sólo cuando Servir a los propios intereses o Perspectiva individualista concreta. El sujeto está consciente de que
Individualismo conviene a los intereses inmediatos necesidades en un mundo todo el mundo tiene intereses que perseguir y de que éstos pueden
de alguien; actuar según los propios donde se debe reconocer que entrar en conflicto. De ahí que lo correcto sea relativo (en el sentido
propósito
instrumental e intereses y necesidades y permitir los demás también los tienen.
concreto individualista). Integra los intereses propios que estén en
intercambio.
que los demás hagan lo mismo. Lo
conflicto con los de otros por medio del cambio instrumental de
correcto es lo que sea justo, un
servicios mutuos. Lo justo es darle a cada cual la misma cantidad.
intercambio igualitario, un pacto, un
acuerdo mutuo.
Nivel
II: Vivir de acuerdo con lo que las Ser
considerado
"buena Perspectiva del individuo en relación con otros individuos. El sujeto
Convencional personas cercanas esperan de un persona" tanto por sí mismo tiene conciencia de sentimientos, acuerdos, expectativas
Etapa
3: buen hijo, hermano, amigo, etc. "Ser como por los demás. A atención compartidos, que toman primacía sobre los intereses individuales.
Expectativas
bueno" es importante y quiere decir a los demás por creer en la Relaciona puntos de vista por medio de la Regla de oro “ponerse en
interpersonales tener buenos motivos y mostrar Regla de oro: ponerse en el el lugar del otro”. Aún no considera la perspectiva del sistema social
mutuas,
de interés por los demás. También lugar del otro permite esperar de más amplio.
relaciones y de significa cultivar relaciones mutuas, él un buen comportamiento.
conformidad
como la confianza, la lealtad, el Mantener las reglas y la
interpersonal
respeto y la gratitud.
autoridad apoyan el estereotipo
de la buena conducta.
Etapa
4: Cumplir los deberes con los cuales Mantener la institución en Diferenciación del punto de vista de la sociedad respecto del acuerdo
Sistema social uno se ha comprometido. Mantener marcha para evitar el colapso del o los motivos interpersonales, El sujeto toma el punto de vista del
y conciencia
las leyes, excepto en situaciones sistema "si todos hicieran lo sistema, que define los roles y las reglas. Considera las relaciones
extremas, en las que pueden entrar mismo" o el imperativo de la individuales en función de su lugar dentro del sistema.
en conflicto con otras obligaciones conciencia de estar al frente de
sociales fijas. Contribuir a la las obligaciones definidas por
sociedad, al grupo o a la institución uno mismo. (Se confunde
fácilmente con la creencia en las
reglas y la autoridad de la etapa
3).
Nivel y etapa
Nivel I: Preconvencional
Etapa
1:
Moralidad
Heterónoma
- 32 –
Arianne Hecker, IFDC, Ética, 2006
Nivel
III:
Postconvencional o de
Principios
Etapa
5:
Contrato
Social
o
Utilidad
y
Derechos
individuales.
Estar conscientes de que la gente
tiene distintas opiniones y puntos de
vista y de que las normas dependen
del grupo al que se pertenece.
Respetar estas normas "relativas",
porque se asigna importancia a la
imparcialidad y porque son el
contrato social. Algunos valores y
reglas no relativas (la vida y la
libertad) se deben mantener en
cualquier
sociedad,
independientemente de la opinión de
la mayoría.
Etapa
6: Guiarse por principios éticos que uno
Principios
mismo ha escogido y que son
éticos
principios universales de justicia: la
universales
igualdad de los derechos humanos y
respeto por la dignidad de las
personas como individuos. Las leyes
específicas o los acuerdos sociales
son normalmente válidos porque
descansan en tales principios. Si una
ley viola dichos principios, actuar de
acuerdo con ellos.
- 33 –
Sentirse obligado a obedecer la
ley a causa del contrato social:
ajustarse a la ley por el bien de
todos y para la protección de los
derechos de toda la sociedad.
Sentir
un
compromiso
contractual, al que se ha entrado
libremente, con la familia, la
amistad, la confianza y las
obligaciones laborales. Basar las
leyes en un cálculo racional de
utilidad común, "el mayor bien
para el mayor número de
personas".
Como persona racional, la
creencia en la validez de los
principios morales universales, y
sentido de compromiso personal
con ellos.
Perspectiva anterior a la sociedad. Perspectiva de un individuo
racional, consciente de los valores y los derechos anteriores a las
ataduras sociales y a los contratos. Integra las perspectivas por
medio del acuerdo, el contrato, la imparcialidad objetiva y el debido
proceso. Considera puntos de vista legales y morales; reconoce que
a veces están en conflicto y encuentra difícil integrarlos.
Perspectiva de un punto vista moral del que se de derivan los
acuerdos sociales. La perspectiva es la de cualquier individuo
racional que reconoce la naturaleza de la moralidad o el hecho de
que las personas son fines en sí mismas y como tal deben ser
tratadas.
Arianne Hecker, IFDC, Ética, 2006
La utilidad pedagógica de las etapas
Un modelo como el de Kohlberg es de gran utilidad para el maestro, porque lo ayuda a
comprender la forma de pensar de sus estudiantes. Esta comprensión es de especial
importancia para un proyecto de educación democrática, en el que es fundamental que las
interacciones sociales estén montadas sobre el respeto a las posiciones y creencias de cada
persona y en la disposición a presuponer que las posiciones ajenas tienen valor aunque no se
las comparta.
Aunque los maestros solemos predicar este ideal, nuestras relaciones con los estudiantes
pocas veces se guían realmente por él. Nuestra posición de autoridad se traduce con
frecuencia en desconocimiento y desprecio por el pensamiento de los estudiantes, por sus
inquietudes auténticas y por sus formas de entender las cosas. Sólo en la medida en que sus
preguntas y sus respuestas se parezcan a las nuestras estamos satisfechos y les concedemos
el reconocimiento de ser personas sensatas.
En el terreno moral, esto es aun más crítico, porque las concepciones valorativas y las formas
de razonamiento moral de los jóvenes no sólo suelen ser diferentes de las nuestras en
aspectos sustanciales, sino que, además, nos resultan amenazantes porque ponen en cuestión
nuestras creencias más profundas y algunos aspectos de nuestra identidad. Por eso, hablamos
con preocupación de la perdida de valores de los jóvenes o de su apego por ciertos antivalores
en boga.
La gran virtud pedagógica del modelo de desarrollo del juicio moral de Kohlberg es que
muestra que los jóvenes no han perdido sus valores: muy al contrario guían sus acciones a
partir de convicciones muy fuertes, que sustentan con razonamientos muy consistentes. Lo que
ocurre es que razonan utilizando una lógica diferente de la nuestra. Por eso, nos cuesta
entendernos con ellos.
Profundización: La caracterización de la tercera etapa, por ejemplo, es fundamental para
comprender por qué un adolescente suele encubrir las faltas de sus compañeros y amigos,
aunque tenga conciencia de que lo que hicieron (por ejemplo, robarse un examen) es
incorrecto o injusto. No es que carezcan de valores como la honestidad. Ocurre que, en esta
etapa, la lógica de razonamiento hace que lo justo sea proteger el bienestar del grupo del que
uno es miembro, ser solidario con sus miembros y cuidar la pertenencia propia y el
reconocimiento. Una vez que comprendemos el sentido que tiene el juicio moral que los
adolescentes construyen, encontramos que su acción ha sido guiada por un conjunto de
valores que nosotros mismos apreciamos profundamente: la solidaridad, la lealtad, la
capacidad de compromiso y entrega. Más aún, se hace evidente que esos adolescentes que a
primera vista nos parecían inmorales han logrado grandes avances en su capacidad moral: se
sienten responsables de una comunidad mayor que ellos mismos y pueden elaborar juicios con
más autonomía; incluso, actuar en contra de lo establecido –el problema es que ello significa
con mayor independencia de nuestro criterio como autoridad–.
Ahora bien, el respeto por el juicio moral de los estudiantes que un modelo como éste nos
ayuda a desarrollar no se traduce en un relativismo para el que “todo vale” ni en una noción de
respeto desde la que el cuestionamiento y la discusión no son pertinentes o deseables. El
modelo de desarrollo facilita la comprensión de la lógica que está utilizando el estudiante en
una argumentación moral, de la ganancia que ha logrado frente a formas de argumentación
más simples y de las limitaciones que enfrenta.
Profundización: Retomando el ejemplo considerado en la profundización anterior, la limitación
de la lógica adolescente radica en que no puede coordinar en un solo juicio la perspectiva de
grupos diferentes del suyo o la de una comunidad mayor y más compleja. Por esta razón, al
estudiante le cuesta trabajo pensar el problema desde el punto de vista de lo que le significa al
colegio como comunidad. Esta comprensión es propia de la etapa 4, que integra en una noción
de sistema social el grupo al que se pertenece con los otros grupos con los se que interactúa,
de los que se depende y que, a su vez, dependen de uno.
De esta manera, identificamos cuál es el tipo de consideraciones y de conflictos que debemos
plantearles a los estudiantes para desestabilizar su forma de resolver los problemas y
promover una nueva transformación en sus formas de razonar, que les permita efectuar
- 34 –
Arianne Hecker, IFDC, Ética, 2006
resoluciones más sofisticadas y con un criterio de justicia más abarcador y equilibrado.
Kohlberg y otros, demostraron que, en la medida en que los profesores les presentaban
insistentemente a sus estudiantes argumentos morales una etapa por encima de aquella en
que se encontraban, lograban desestabilizarlos y empujarlos a la transición hacia la etapa
siguiente. Desde esta concepción, el respeto consiste en una comprensión auténtica que
reconoce que la perspectiva del otro tiene sentido y que precisamente por ello podemos entrar
en una conversación o en una discusión en la que diferentes perspectivas se encuentren, se
confronten y se desarrollen.
Tal modelo de etapas no es, entonces, un modelo de clasificación para encasillar a los
estudiantes, como se piensa a veces, sino una hoja de ruta que nos muestra dónde está una
persona en un proceso de crecimiento, de dónde viene, qué ha ganado, qué le falta y hacia
dónde debe dirigirse para llegar a una meta. Recordemos que esta hoja de ruta se refiere
estrictamente al desarrollo de las estructuras de razonamiento moral (nivel de complejidad de
los argumentos) y no a los contenidos valorativos mismos (los valores profesados).
Dicho esto, conviene hacer algunas precisiones. Si bien el modelo de etapas no describe el
contenido de los juicios valorativos de los estudiantes, el modelo pedagógico de análisis de
dilemas morales es pertinente para estos dos procesos pedagógicos:
para el que apunta al des arrollo de la capacidad de juicio moral;
para el que apunta a cultivar valores socialmente apreciados; entre ellos, la pluralidad y
la tolerancia.
Nótese que el enfoque no supone la inculcación vertical de valores absolutos, que deben ser
tomados mediante actos de fe, sino el cultivo de valores a partir de la reflexión, la discusión, el
intercambio de perspectivas y la promoción de la capacidad de cada persona de construir sus
propios criterios de guía moral a partir de su interacción con el medio social. Por eso, esta
propuesta pedagógica apuesta a la reflexión abierta y crítica sobre los conflictos que surgen en
la convivencia, haciendo énfasis en la discusión de las razones existentes para tomar una
decisión que, además de afectarme a mí, afecta a los otros. En este ejercicio, se terminan
poniendo sobre la mesa las diversas opciones valorativas, lo que abre la posibilidad de que se
reconozcan y entren en diálogo, en vez de permanecer ocultas o silenciadas bajo el poder de
los proyectos dominantes. La experiencia misma del análisis de dilemas, por la metodología
que usa, cultiva unos valores específicos; por ejemplo, el aprecio por la racionalidad y por la
comunicación, el respeto por el otro, el aprecio por la complejidad en las ideas, la duda y el
escepticismo sano.
El dilema moral como herramienta pedagógica
Kohlberg tradujo su teoría del desarrollo moral en dos grandes modelos pedagógicos. Uno de
ellos, el análisis de dilemas morales, es un modelo de naturaleza psicológica y didáctica, es
decir, concebido como un modelo de enseñanza y aprendizaje orientado hacia el desarrollo del
pensamiento de los estudiantes. El otro, la transformación de la institución escolar en una
“comunidad justa”, es un modelo de naturaleza más sociológica, orientado hacia la
estructuración de una comunidad escolar que cultive a través de la experiencia los valores de
la democracia y que, a su vez, proporcione espacios para promover el desarrollo del
pensamiento. Desafortunadamente, por razones de espacio, no podremos describir la segunda
de estas alternativas.
Kohlberg propone utilizar el análisis de dilemas morales como un ejercicio pedagógico
continuo. La estrategia consiste en presentar una breve historia en la que un personaje
enfrenta una situación difícil en su vida cotidiana y tiene que decidir cuál es la mejor acción a
seguir. La decisión que tome involucra aspectos importantes de su vida, pero también puede
afectar de una u otra forma a otras personas, y el personaje duda, se encuentra ante un
verdadero problema: la decisión debe ser justa para sí mismo y también para quienes se verán
afectados por ella. Se trata de una decisión moral. Las diversas alternativas tienen aspectos
positivos y negativos, tanto para él como para los demás, y el personaje tiene razones y
valores que considera importantes para justificar una u otra solución. Por esta razón, el dilema
no tiene una respuesta única, ni podemos decir que alguna sea, de antemano, correcta o
incorrecta.
Esta experiencia continua de reflexión y discusión sobre conflictos morales enfrenta al
estudiante a la necesidad de entender diversas perspectivas, probar sus propios criterios,
- 35 –
Arianne Hecker, IFDC, Ética, 2006
resolver contradicciones y, en su conjunto, desarrollar su capacidad de elaborar juicios y tomar
decisiones que puedan ser argumentadas y defendidas como justas ante los ojos de otras
personas. En la práctica del razonamiento moral, plantea Kohlberg, las razones que se dan
para explicar por qué algo es justo se van haciendo más complejas.
Los dilemas pueden construirse sobre casos ficticios, así como sobre situaciones reales de la
vida cotidiana escolar o extraescolar. Por eso, debemos estar atentos a las múltiples ocasiones
en que nosotros y nuestros estudiantes nos encontramos ante conflictos morales, y
aprovecharlas como material para reflexión sistemática. Para que una situación pueda
plantearse como un auténtico dilema que invite a una reflexión y a una discusión ética con
sentido, debe cumplir con ciertas condiciones básicas:
Características del dilema
Debe girar en torno a la toma de una decisión ante un conflicto moral auténtico, con el que las personas
puedan sentirse identificadas. El conflicto moral constituye el eje o foco.
Debe plantear la posibilidad de escoger entre dos alternativas de solución que puedan respaldarse con
razones, de forma que los participantes puedan involucrarse en una discusión sobre lo bueno y lo justo, las
consecuencias que podrían derivarse, los valores implicados, etcétera.
La historia debe incluir tanto explícita como implícitamente a unos personajes laterales que se verían
afectados por la decisión tomada por el personaje central.
El análisis del dilema debe conducir a experimentar un conflicto moral entre dos o más valores propios o
entre los valores propios y los de otras personas o comunidades. Esa confrontación permite al estudiante
permita transformar su razonamiento.
La atención no debe enfocarse exclusivamente en la alternativa escogida por cada estudiante y
los valores en los que se sustenta la elección, sino también en el nivel de complejidad y
sofisticación utilizado para justificarla; es decir, debe analizarse que tan autónoma es la
posición del estudiante, qué tan equilibrada es su concepción de justicia y qué tan compleja es
su perspectiva social. Por esta razón, en la formulación del dilema es de suma importancia no
sugerir, ni directa ni indirectamente, una “respuesta correcta”. Por el contrario, el dilema debe
presentar un conflicto auténtico, en el que las distintas alternativas tienen ventajas y
desventajas, valor y costo.
JOSÉ RUBIO CARRACEDO: “LA PSICOLOGÍA MORAL (DE PIAGET A KOHLBERG)”
Tomado del Vol. III de la “Historia de la Ética”, editada por Victoria Camps.
El debate Gilligan –Kohlberg. Apartado 6.4 del capítulo.
No universalidad del modelo referido a ambos sexos
Injustificadamente, Kohlberg sólo incluyó varones en su estudio longitudinal con 87 sujetos, lo
que prejuzgaba ya la universalidad del modelo referido a ambos sexos. Siempre había
resultado llamativo que en numerosos estudios las mujeres quedaban agrupadas en los
estadios 3 y 4, esto es, los de la “moralidad convencional”, lo que parecía indicar un
subdesarrollo moral de la mujer si se tenía en cuenta el carácter jerárquico de los estadios.
Esta deficiencia había sido denunciada por varios críticos. Pero fue su colaboradora Carol
Gilligan la que emprendió una investigación empírica del problema. Sus primeras conclusiones
aparecieron en un trabajo de 1977 significativamente titulado “En un lenguaje diferente”: las
mujeres siguen un modelo moral diferente al masculino reflejado por Kohlberg; sus categorías
morales hacen referencia a variables de tipo afectivo y afiliativo, de modo que su pensamiento
moral tienen un “sesgo relacional”. En definitiva, las mujeres enfocarían la moralidad mucho
más en términos de responsabilidad que en términos de deberes legales, posiblemente porque
la percepción que tienen de su yo está fuertemente encadenada a las relaciones con otros; de
ahí también que su lenguaje esté empapado de “intimidad y de cuidado”, a diferencia del
masculino, mucho más objetivo y racionalista (moral de principios). En conclusión, el universo
ético de la mujer “refleja una diferente concepción social y moral”. Parece dibujarse, pues, la
escisión weberiana de la “moral de convicciones” y la “moral de responsabilidades”, pero
entendidas como características propias de cada sexo.
Dos años más tarde, Gilligan radicalizó su interpretación: no se trataba solamente de matices
significativos, sino de una diferente evaluación moral: las mujeres evalúan moralmente en un
“insistente relativismo contextual”. No es una diferencia de énfasis, sino de enfoque: mientras
- 36 –
Arianne Hecker, IFDC, Ética, 2006
que los varones se atienen a soluciones morales objetivas y universalizables, las mujeres se
guían primordialmente por sus vínculos de responsabilidad y de cuidado.
La interpretación que hace C. Gilligan de sus resultados parece exagerar injustificadamente las
diferencias, sobre todo en su versión radicalizada. Lo que de sus resultados se desprende es
más bien la presencia de factores de aprendizaje social, que vienen a configurar el desarrollo
moral según las respectivas experiencias sociales de ambos sexos. Ello vendría a confirmar lo
que, por diferentes vías, parece desprenderse de la polémica conductismo-cognitivismo: ambos
se empecinan sobre posturas unilaterales y excluyentes en lugar de converger en una síntesis
de ambos factores, mucho más acorde con los hechos.
Por otra parte, hay que notar una distorsión importante entre ambas investigaciones: la de
Kohlberg está planteada sobre el razonamiento moral (soluciones éticamente correctas a
dilemas morales hipotéticos) mientras que la de Gilligan lo está sobre la práctica moral
(soluciones éticas correctas dadas a dilemas morales reales, por ejemplo, interrupción del
embarazo). En consecuencia, el modelo de Kohlberg refleja la estructura (juicios de deber)
mientras que el de Gilligan refleja el contenido (juicios del querer). Esta diferencia matiza
convenientemente los resultados obtenidos por Gilligan.
No obstante, de hecho Kohlberg ha acusado el influjo de su antigua colaboradora en la
investigación que ha emprendido sobre las relaciones entre el juicio moral y la acción moral, en
la que introduce el “dilema cuidado” como un activador para pasar del juicio a la acción. Por lo
demás, contamos con numerosos estudios verificados del modelo kohlbergiano sobre muestras
mixtas de ambos sexos, pero los resultados son muy dispares: unos registran diferencias
notables, mientras que otros no las registran significativamente. Aquí incide seguramente el
hecho de que la escala de Kohlberg mide la competencia en el razonamiento moral según un
patrón definido sobre la tradición kantiano-rawlsiana, que se presta a un aprendizaje más o
menos claramente inducido.
La teoría y el modelo de Kohlberg son sin duda una obra monumental por su solidez teórica
multidisciplinaria (ética, psicológica y pedagógica) así como por la solvencia con la que elabora
explicaciones teóricas y modelos y estrategias pedagógicas para el trabajo concreto en el aula.
Esta versatilidad teórico-práctica representa una cualidad de inmenso valor para los maestros
que necesitan tener un pie en cada uno de estos mundos que alimentan su práctica
profesional. Por demás, nos hemos propuesto enfatizar la orientación democrática que
atraviesa todo el modelo de Kohlberg, porque consideramos que esta es una de las cualidades
esenciales que conservan su vigencia e importancia en los tiempos actuales.
Sin embargo, el modelo teórico, ético y psicológico propuesto por Kohlberg ha sido fuertemente
cuestionado. Algunas de estas críticas han cuestionado el hecho de que su teoría se centre
exclusivamente en un concepto de justicia liberal como criterio moral, desconociendo otras
orientaciones morales. Estos autores plantean que esta delimitación de su concepción ética
impone fuertes sesgos culturales y de género a su concepción de competencia moral y a su
modelo de desarrollo psicológico. Otros autores han señalado que su énfasis exclusivo en el
componente racional de la competencia moral deja abierta la brecha entre juicio moral y acción
moral, de forma que no puede explicar por qué en tantos casos no hay correspondencia entre
uno y otro. Algunos de estos autores insisten en la importancia de considerar el componente
emocional y sensible, así como la relación entre conciencia moral e identidad personal.
Todas estas críticas ponen en perspectiva el trabajo de Kohlberg, señalan supuestos que a la
luz de otras perspectivas resultan problemáticos y llaman la atención sobre algunas de sus
limitaciones y vacíos. Naturalmente, algunas de estas críticas han hecho necesario replantear
aspectos sustanciales de esta teoría, pero fundamentalmente han ampliado la perspectiva
actual de lo que debe constituir una pedagogía moral.
- 37 –
Arianne Hecker, IFDC, Ética, 2006
EL DESARROLLO COGNITIVO, AFECTIVO Y VALORATIVO EN LA ADOLESCENCIA
Tomado del Curso de Capacitación a Distancia del Ministerio de Educación Ciencia y
Tecnología, 2000 –FRAGMENTOS.
El desarrollo del juicio moral según Kohlberg
Desde una perspectiva cognitiva, L. Kohlberg, discípulo de Piaget realizó una importante
investigación empírica, que incluía individuos de Estados Unidos, México, Taiwán, Turquía,
Yucatán, basada en entrevistas que incluían casos o dilemas morales planteados como
problemas a resolver, y propuso una teoría del desarrollo del juicio moral, que rescata la
posición piagetiana en cuanto no admite que la moralidad provenga de procesos inconscientes
poco sujetos al análisis racional (Freud), o de un condicionamiento social precoz (Bandura),
sino que asume la posición de que la adhesión a ciertos principios morales y el rechazo de
otros se basa en juicios y argumentos racionales. El desarrollo del juicio moral se organiza
entonces en tres niveles (preconvencional, convencional y postconvencional o de
principios), divididos a su vez en dos estadios (moralidad heterónoma, individualismo, de
expectativas interpersonales mutuas, de sistema social y conciencia, de contrato social y
derechos individuales, de principios éticos universales). Esta evolución culmina en el
establecimiento de la idea de justicia como principio regulativo general.
Kohlberg afirma que esta secuencia es universal e invariable, con independencia del contexto
cultural, la religión y las tradiciones locales. Las diferencias aparentes se explican como
contenidos distintos dentro de formas equivalentes de juicio moral, mientras que las
disparidades estructurales remiten a distintos estadios de desarrollo.
Además, el desarrollo cognitivo es condición necesaria (aunque no suficiente) del desarrollo
moral, por lo que no pueden alcanzarse los estadios superiores (5 ó 6), antes del acceso al
pensamiento hipotético-deductivo. Es interesante indicar que en la investigación de Kohlberg
sólo un número relativamente pequeño de individuos alcanzan el último estadio de desarrollo.
El paso de una etapa a otra es siempre un aprendizaje, y un aprendizaje entendido como una
reconstrucción y enriquecimiento de la etapa anterior, en función de un conflicto cognitivo
presentado por problemas que aparecen como irresolubles o de conclusión insatisfactoria. Este
aprendizaje se muestra en la capacidad progresiva de resolver los conflictos éticos de modo
consensuado y de acuerdo a los principios correspondientes a cada etapa. Al mismo tiempo,
debe ser posible, para cada persona, explicar por qué un juicio considerado correcto en una
etapa anterior, puede ahora ser revisado y reemplazado por otro más acorde con la nueva
etapa en la que se encuentra.
La mayoría de los adolescentes en edad escolar se encuentran en los estadios 3 ó 4 de
desarrollo. Ambos estadios corresponden a la etapa convencional. El estadio 3 se centra en
las relaciones interpersonales, en el sentido de privilegiar las expectativas mutuas. Una acción
es justa en la medida en que se adapta a lo que los otros miembros de los grupos de
pertenencia esperan de uno (familiares, amigos, compañeros); y privilegia el respeto, la
confianza, la gratitud. La Regla de Oro (compórtate con los demás como desees que se
comporten contigo) es aceptada como un buen criterio de conducta. Desde un punto de vista
cognitivo, es condición necesaria la adquisición de las operaciones formales, que permiten la
comprensión de la perspectiva de un tercero, y por lo tanto del grupo. Por ejemplo, es
importante ser “un buen chico”, ser una persona amable. El cuarto estadio, por su parte, se
caracteriza por la comprensión y mantenimiento del sistema social (institución, sociedad,
religión, etc.) y el interés por el bienestar general. Una acción es justa en la medida en que
cumple con las leyes y los compromisos asumidos, con la excepción de los casos de conflicto
entre deberes y derechos sociales. Se asume la propia responsabilidad en el funcionamiento
del sistema (para sostenerlo o modificarlo), y se distingue lo interpersonal de lo social. Los
criterios de la acción son el autorrespeto, y la consideración de las consecuencias de las
acciones (generalización). En ocasiones, los individuos que se encuentran en este estadio
muestran actitudes intolerantes ante otras concepciones del mundo que puedan evaluarse
como contradictorias con el sistema de leyes que se privilegia. En la situación escolar, puede
dar lugar a cierta limitación en la creatividad, ante el temor o la aprensión frente a la mirada de
los pares o de los adultos significativos. Sin embargo, Kohlberg menciona un estudio de Krebs,
según el cual el 75% de los niños en la etapa convencional (3 y 4) engañaba en al menos una
- 38 –
Arianne Hecker, IFDC, Ética, 2006
de cuatro pruebas experimentales, mientras que sólo un 20% de los niños que habían
alcanzado la etapa 5 lo hacía.
El tercer nivel que señala Kohlberg es el nivel posconvencional, dividido en dos etapas (5 y 6),
que atañen a los derechos individuales y el contrato social (5), y la etapa de principios éticos
universales (6). La etapa 5 considera justa una acción cuando es acorde con los valores y
derechos propios del grupo, en tanto responden al pacto social (como en 4), pero al mismo
tiempo reconoce la existencia de ciertos derechos y valores universales (como el derecho a la
vida, o la libertad) que valen para cualquier sociedad, independientemente de los pactos
específicos o de la opinión mayoritaria. Esta actitud se fundamenta sobre la base de la
obligación y la responsabilidad que se siente de respetar los pactos en los que libremente se
ha acordado, así como los derechos ajenos. Un principio central de la acción es la máxima
utilitarista de “la mayor felicidad posible para el número más grande de personas”. Otro ejemplo
que ofrece Kohlberg (1981):
“En el caso del engaño, la justicia y las expectativas de las autoridades convencionales dictan
la misma conducta: la honestidad. Pero, ¿qué sucede cuando las consideraciones morales
sobre la justicia se ven obstaculizadas por presiones de la autoridad? Una investigación
experimental de Milgram (1963) tuvo en cuenta dicha obstaculización. Fingiendo que se trataba
de un experimento de aprendizaje, un experimentador ordenó a estudiantes universitarios que
castigaran a un estudiante (participante en el experimento) proporcionándole descargas
eléctricas de intensidad creciente. La mayoría de los estudiantes obedecieron hasta llegar a
administrar descargas supuestamente peligrosas. La resistencia a la autoridad en esta
situación requirió de algo más que la orientación del contrato social propia de la etapa 5.En
este caso, los principios de la etapa 5 no determinaron claramente una decisión moral (como lo
hicieron con el engaño) ya que: 1) la “víctima” había aceptado voluntariamente participar en el
experimento, y 2) el sujeto mismo se había comprometido contractualmente a sí mismo a
realizar el experimento. Sólo los estudiantes en la etapa 6 de pensamiento de principios
definieron claramente la situación como aquélla en que el experimentador no tiene el derecho
moral de pedirle a los participantes que causen dolor a otra persona. Según esto, el setenta y
cinco por ciento de los sujetos de la etapa 6 renunciaron o se negaron a castigar a la víctima,
mientras que sólo el trece por ciento de todos los sujetos de las etapas inferiores hicieron lo
mismo.”
La etapa 6 se fundamenta en el reconocimiento de una ética universal común a toda la
humanidad. Una acción (y también una ley o acuerdo social) será justa en la medida en que
responda a tales principios, y es legítima la desobediencia a las leyes que los violen. El
principio universal de la justicia está dado por el respeto por los derechos humanos, por la
dignidad de cada individuo en cuanto ser humano y por la igualdad universal de distribución de
tales derechos y tal dignidad por el mero hecho de ser humano. El fundamento de la acción
justa es simplemente la condición de persona racional, capaz de reconocer la validez de tales
principios y de actuar de acuerdo con ellos. En trabajos posteriores, Kohlberg se replanteó el
sentido de esta última etapa como una “construcción filosófica”, más que como una etapa
propiamente dicha, ya que se había postulado sobre la base de una pequeña muestra de
figuras muy especiales (Kohlberg menciona a Gandhi y a Martin Luther King), y en este sentido
no bastan para establecer una etapa natural de desarrollo.
El método que Kohlberg emplea en su investigación se centra especialmente en el análisis de
dilemas:
“Kohlberg ha seguido el ejemplo de Piaget y adaptado un método clínico modificado para hacer
intervenir a los sujetos. La forma de entrevista que usa, la Entrevista sobre Juicio Moral, está
compuesta de tres dilemas hipotéticos. Cada dilema implica a un personaje que se encuentra
en una situación difícil y tiene que elegir entre dos valores conflictivos.[...] Se le pregunta [al
sujeto] cómo debería resolver el dilema el personaje y por qué ésa sería la mejor manera de
actuar en esta situación.
[...]Para determinar el estadio de desarrollo moral del sujeto, el investigador debe ver qué
consistencia existe en el razonamiento del sujeto en una gama de asuntos morales. [...] La
primera pregunta en cada dilema está ideada para provocar los primeros pensamientos sobre
el conflicto del sujeto. Las siguientes preguntas son las razones del sujeto para escoger un
- 39 –
Arianne Hecker, IFDC, Ética, 2006
valor sobre el otro, entrar en el proceso de razonamiento de éste es una parte particularmente
importante de la entrevista. [...] Después de terminar la entrevista, el investigador comienza a
analizarla para encontrar las estructuras del juicio moral. No está interesado en [.... la
respuesta específica del sujeto] Su mayor interés se centra en el razonamiento empleado. La
respuesta o conclusión representaría el contenido del pensamiento del sujeto, mientras que el
razonamiento respresentará la forma o estructura del pensamiento. [...]
Hersh, R.H.; Paolitto, D.P. y Reimer, J.(1984); pp.51-3
Esta distinción entre “contenido” y “forma” puede verse reflejada más claramente en un
ejemplo. En la década del ’60, un grupo de psicólogos de la Universidad de Berkeley, Haan,
Smith y Block, analizaron la relación entre el estadio de desarrollo moral de un grupo de
estudiantes y su participación en una sentada de protesta contra el rectorado de la Universidad.
El rectorado había permitido a los grupos defensores de los derechos civiles que recaudaran
fondos dentro del campus; más tarde canceló esa autorización. Los defensores de los
derechos continuaron su campaña, y el rector llamó a la policía para que los detuviera. En
consecuencia, se formó un Movimiento por la Libre Expresión, que organizó una sentada (la
primera en esa Universidad), para protestar contra esas decisiones. Un año más tarde, Haan,
Smith y Block enviaron una serie de cuestionarios sobre juicio moral a los alumnos de
Berkeley, con el curioso resultado de que la mayoría de los que habían participado en la
sentada se encontraban en las ubicaciones más polares (el 60% de los hombres del estadio 2 y
el 75% de los estadio 6, contra sólo el 6% del estadio 4; el 33% de las mujeres del estadio 2 y
el 86% de las del estadio 6, contra sólo el 12 % del estadio 4). Dicen Hersh et al.
“[...] la protesta de Berkeley originó dos preguntas interesantes: 1) ¿Cuál es el juicio de la gente
en esta situación? 2) ¿Actúa la gente de acuerdo con su juicio? Afortunadamente, Haan y sus
colaboradores reunieron información sobre las percepciones de los estudiantes sobre la
situación, así que se puede responder a ambas preguntas. Sólo un pequeño porcentaje de
alumnos que se encontraban en el nivel convencional se unieron a la protesta; ¿está la acción
de esta mayoría de acuerdo con su juicio de la situación? Probablemente porque la lógica del
razonamiento convencional llevaría en general a la conclusión de que en esa situación se
debería uno adherir a la ley.[...] Para los estudiantes con principios, sin embargo, el protestar
contra la regla del rectorado sí que justificaba romper las leyes. ¿Por qué? Percibían al
rectorado infringiendo la libertad de expresión de los estudiantes. Como derecho humano
básico, comparable al derecho a la vida, el derecho a la libre expresión tiene preferencia sobre
la obligación de obedecer las leyes. Cuando la ley incide sobre un derecho básico, se tiene el
derecho, e incluso la obligación – con tal de que se esté dispuesto a aceptar las consecuencias
de las propias acciones – de protestar contra la injusticia con un acto de desobediencia civil.
[...]
Los estudiantes del estadio 2 que se unieron a la protesta percibían el asunto de modo distinto.
Criticaban a la sociedad americana en general y estaban enfadados concretamente con la
administración por lo que veían como un juego de poder contra ellos. La cuestión, pues, no era
la lucha por los derechos humanos, sino la lucha contra una figura de autoridad opresiva. [...]
Pero, ¿cómo explicar que mientras ambos actuaban según su juicio, tanto los estudiantes del
estadio 2 como los del 6 decidieron unirse a la protesta?[...] Esta aparente paradoja ayuda a
clarificar la distinción entre una “acción moral” y una “elección de conducta”. La elección de
conducta de la sentada no era ni moral ni inmoral. Lo que confiere a la elección un elemento
moral es la motivación racional para haber participado. [...] Aunque ambos grupos de alumnos
participaron, los del estadio 2 lo hicieron para expresar su enfado y vengarse del rector. Los del
estadio 6 actuaron para protestar contra una infracción de derechos básicos. Aunque distintas
motivaciones llevaron a la misma elección de conducta, los dos grupos de estudiantes estaban
implicados en dos acciones morales distintas.”
Hersh, R.H.; Paolitto, D.P. y Reimer, J.(1984); pp. 81-2
Otras voces
Además de las consideraciones relativas a la sexta etapa, otros elementos de la concepción de
Kohlberg han recibido críticas. Por una parte, el lugar otorgado a perspectivas como la de
“contrato social” o el principio utilitarista, puede ser atribuido a un contexto de análisis vinculado
con la tradición anglosajona, y se vinculan más bien con el contenido concreto de la moral, que
con los principios que orientan el juicio en un sentido formal. Al mismo tiempo, el individuo que
- 40 –
Arianne Hecker, IFDC, Ética, 2006
se encuentra en un nivel posconvencional es capaz de reflexionar sobre los principios que
orientan su acción y no sólo actuar en función de una comprensión meramente intuitiva. En
este sentido, comienza a moverse en el nivel de la reflexión ética teórica y por tanto, las
contradicciones con respecto al mundo convencional de normas se resuelven en términos
filosóficos (y no de desarrollo psicológico empírico).
Un segundo grupo de críticas a la propuesta de Kohlberg provienen de una serie de
investigaciones iniciadas a fines de la década del ’70 a partir de algunos casos conflictivos en
las evaluaciones de Kohlberg: en especial, el lugar reservado mayoritariamente a las mujeres
(que rara vez superaban la etapa 3, aún cuando cupiera suponer una madurez moral superior),
y también de aquellas personas cuyos juicios parecían revelar el acceso a la moral
posconvencional, aunque se clasificaban como etapa 4, por su característica de ser escépticos
axiológicos. Carol Gilligan propone completar la clasificación de Kohlberg, a partir de la
descripción de una nueva “voz” en la evolución moral (una “voz” femenina diferente de la
“voz” masculina que se había escuchado hasta entonces). Varones y mujeres construyen su
identidad de maneras diferentes: por apego o por diferenciación de la figura materna. Como
consecuencia, sugiere Gilligan, el desarrollo moral responde también a una construcción
distinta: las mujeres tienden a edificar una moral alrededor del cuidado del otro, del privilegio de
las relaciones interpersonales y de la comunicación mutua; mientras que los varones apuntan
más bien a una moral fundada en la separación, la definición de reglas y leyes de validez
convencional e impersonal.
Según Gilligan, la misma constitución de la muestra originalmente estudiada por Kohlberg
(100% de varones) habría sesgado la construcción de su propuesta teórica, y las diferencias en
el desarrollo femenino se atribuyeron a un problema de las mujeres, en lugar de adjudicarlo a
un problema de la teoría. Veamos si es posible analizar los actos humanos desde esta nueva
perspectiva, y también consideraremos con algo más de detenimiento la posición de Gilligan.
“Las seis etapas de Kohlberg (1958, 1981[...], se basan empíricamente en un estudio de 84
niños varones cuyo desarrollo siguió Kohlberg durante un período de más de veinte años.
Aunque Kohlberg atribuye universalidad a su secuencia de etapas, los grupos no incluidos en
su estudio original rara vez llegan a sus etapas superiores [...] Entre quienes así parecen
deficientes en desarrollo moral, si se le mide por la escala de Kohlberg, están las mujeres
cuyos juicios parecen ejemplificar la tercera etapa de su secuencia de seis. En esta etapa la
moral se concibe en términos interpersonales y la bondad es equiparada a ayudar y complacer
a otros. Este concepto de la bondad es considerado por Kohlberg y Kramer (1969) como
funcional en las vidas de mujeres maduras, mientras sus vidas se desarrollen en el hogar.
Kohlberg y Kramer implican que sólo si las mujeres entran en la arena tradicional de la
actividad masculina reconocerán lo inadecuado de esta perspectiva moral y progresarán como
los hombres hacia etapas superiores en que las relaciones se subordinan a las reglas (etapa
cuatro) y las reglas a principios universales de justicia (etapas cinco y seis).
[...] Si empezamos el estudio de las mujeres y derivamos de sus vidas las elaboraciones del
desarrollo, empiezan a surgir los lineamientos de una concepción moral distinta [...] En esta
concepción, el problema moral surge de responsabilidades en conflicto, y no de derechos
competitivos, y para su resolución pide un modo de pensar que sea contextual y narrativo, en
lugar de formal y abstracto. Esta concepción de la moral como preocupada por la actividad de
dar cuidado, centra el desarrollo moral en torno del entendimiento de la responsabilidad y las
relaciones, así como la concepción de moralidad como imparcialidad une el desarrollo moral al
entendimiento de derechos y reglas. Esta diferente elaboración del problema moral por las
mujeres puede verse como la razón crítica de que ellas no se desarrollen dentro de los límites
del sistema de Kohlberg.[...]
Kohlberg define las etapas superiores del desarrollo moral como derivadas de un
entendimiento reflexivo de los derechos humanos. Que la moral de los derechos difiere de la
moral de la responsabilidad en su hincapié en la separación, no en la conexión, en su
consideración del individuo y no en la relación como fundamental, es algo que queda ilustrado
por dos respuestas a preguntas de entrevistas, acerca de la naturaleza de la moral. [...Gilligan
transcribe la respuesta de un hombre de 25 años y el análisis de Kohlberg; y luego la respuesta
de la mujer, también de 25 años]. Dentro de esta construcción, el dilema moral cambia: de
cómo ejercer nuestros propios derechos sin afectar los derechos de los demás, a cómo “llevar
- 41 –
Arianne Hecker, IFDC, Ética, 2006
una vida moral que incluya las obligaciones hacia mí misma y mi familia y la gente en general”.
El problema se vuelve, pues, de limitar responsabilidades sin abandonar la preocupación
moral. [...] Así, mientras que los sujetos de Kohlberg se preocupan por las personas que
invaden los derechos de los demás, esta mujer se preocupa por “la posibilidad de omisión, de
no ayudar a otros cuando podríamos ayudarlos”.
[...] Mientras que la concepción de los derechos de moralidad que conforma el nivel de
principios de Kohlberg (etapas cinco y seis) tiende a llegar a una resolución objetivamente justa
o imparcial de los dilemas morales en que puedan convenir todas las personas racionales, la
concepción de responsabilidad enfoca, en cambio, las limitaciones de cualquier resolución
particular y describe los conflictos restantes. Así, queda en claro por qué una moralidad de
derechos y no intervención puede atemorizar a las mujeres por su justificación potencial de la
indiferencia y el descuido. Al mismo tiempo, queda en claro por qué, desde una perspectiva
masculina, una moral de responsabilidad parece inconclusa e indefinida, dado su insistente
relativismo contextual. Los juicios morales de las mujeres elucidan así la pauta observada en
las diferencias de desarrollo entre los sexos, pero también ofrecen otra concepción de madurez
por la cual se pueden evaluar estas diferencias, y seguir sus implicaciones. La psicología de las
mujeres, que siempre ha sido descrita como distintiva por su mayor orientación hacia las
relaciones y la interdependencia, implica un modo más contextual de juicio y un entendimiento
moral distinto. Dadas las diferencias de las concepciones femeninas del ego y la moral, las
mujeres dan al ciclo vital un diferente punto de vista y ordenan la experiencia humana en
función de diferentes prioridades”
Gilligan, C. (1994) La moral y la teoría, México, F.C.E., pp. 40-47
5) Para leer, analizar, resumir, y responder: entregar el 28/06/07.Trabajo individual
A continuación, se encuentra un dilema moral planteado por Kohlberg. Luego, se presenta una
lista de argumentos a favor y en contra de la decisión que el personaje ha tomado, uno para
cada una de las etapas. Frente a cada uno de ellos, anotá el estadio al que creas que
corresponde, fijándote en las características resumidas en el cuadro anterior.
El dilema del médico
Una mujer tenía cáncer y no había esperanza de salvarla. Tenía un dolor terrible y estaba tan
debilitada que una fuerte dosis de un tranquilizante como la morfina le causaría la muerte. En
una leve mejoría, ella rogó al doctor que le administrase la morfina suficiente para matarla. Dijo
que no podía soportar más el dolor y que de todas maneras moriría en unas cuantas semanas.
El doctor accedió a su deseo.
Argumentos a favor de la decisión del médico Tomados de la Prueba de consistencia del juicio moral
de Georg Lind.
1. El doctor actuó de acuerdo con su conciencia. La condición de la mujer justificaba una excepción de la
obligación moral de preservar la vida.
2. El doctor era el único que podía hacer realidad el deseo de la mujer; el respeto de su deseo le hizo
actuar de esa manera.
3. El doctor sólo hizo lo que la mujer le pidió que hiciera. No tenía necesidad de preocuparse por las
consecuencias desagradables.
4. La mujer hubiera muerto de cualquier manera y no le implicaba al doctor mucho esfuerzo darle una
sobredosis de tranquilizantes.
5. El doctor no violó realmente la ley, ya que la mujer no podía curarse y él sólo quería acortar el
sufrimiento de ella.
6. La mayoría de sus colegas doctores habrían hecho presumiblemente lo mismo en una situación similar.
- 42 –
Arianne Hecker, IFDC, Ética, 2006
Argumentos en contra de la decisión del médico
1. El doctor actuó contrariamente a las convicciones de sus colegas. Si ellos están en contra de la muerte
por piedad, el doctor no debería hacerlo.
2. El paciente debería confiar plenamente en la obligación del doctor de preservar la vida, aunque bajo los
efectos de un gran sufrimiento prefiera morir.
3. La protección de la vida de cada persona es la obligación moral prioritaria y no hay criterios morales
claros para distinguir entre muerte por piedad y asesinato. Nadie puede disponer de la vida de otro.
4. El doctor podría meterse en muchos problemas. Otros han sido ya gravemente castigados por hacer la
misma acción.
5. Hubiera sido más fácil para el doctor haber esperado y no intervenir en la muerte de la mujer.
6. El doctor violó la ley. Si uno no está de acuerdo con que la muerte por piedad sea legal, no debería
acceder a tales peticiones
Clase seis: Primer parcial (28/06/07). Traer evaluaciones para la próxima clase.
Clase siete: El filosofar en la escuela: propósitos, estrategias y procedimientos. Corte
evaluativo primer cuatrimestre. (12/07/07)
Lectura compartida y discusión en clase de los textos que siguen.
¿FILOSOFAR CON LOS NIÑOS? COMBINAR LA BÚSQUEDA DE SENTIDO Y LA
EXIGENCIA CRÍTICA
Por Jacques-Pascal Bryf, profesor de Filosofía de IUFM de Lyon
La Filosofía como búsqueda de sentido.
Pregunta que se plantea a los maestros que conducen actividades de filosofía:
Ø
¿Por qué desea hacer “filosofía” con sus alumnos?
Algunas respuestas:
Ø
Los niños nos plantean preguntas esenciales (la muerte, la injusticia, el origen
del mundo, el racismo…), que son filosóficas, pero que no figuran en los
programas de las disciplinas escolares.
Ø
Se puede hacer reflexionar a los alumnos sobre cuestiones tales como “¿Qué
es un adulto?” “¿Por qué hay adultos que no respetan las reglas?” “¿Por qué
mentimos?”.
Ø
En la escuela no se plantea ese género de cuestiones sobre las cuales los
alumnos tienen cosas para decir.
Ø
Darle la palabra a los niños para que digan lo que piensa, ya que en la
escuela se le da la palabra solamente al maestro.
Ø
Los alumnos descubren que tienen pensamientos sobre asuntos importantes
de sus vidas.
Ø
Pueden decirle al grupo lo que piensan, ya que el taller de filosofía es un
lugar de discusión donde cada uno tiene derecho a la palabra.
- 43 –
Arianne Hecker, IFDC, Ética, 2006
Ø
No existen aquellos que saben y aquellos que no saben, porque no hay
respuestas únicas a las preguntas filosóficas.
Ø
Se puede llevar a los alumnos a reflexionar sobre lo que hacen en la escuela
(“¿Por qué vamos a la escuela?”), sobre las disciplinas escolares (“¿Por qué
estudiamos Historia?”).
1. Podemos leer en estas respuestas, una necesidad de hablar de preguntas o temas
“filosóficos, que no tienen lugar en las disciplinas escolares. Hay, en efecto, en la escuela
una necesidad de preocuparse por el sentido, en una sociedad y en una escuela que
durante mucho tiempo creyeron que los conocimientos científicos y técnicos eran suficientes
para pensar sobre el mundo y orientar nuestra existencia.
Esta necesidad de significar la experiencia humana acompaña la necesidad de expresión
pública, de discusión, de diálogo, de pensar-juntos. En la mayoría de las prácticas
“reflexivas” o « filosóficas » que tienen lugar en nuestras escuelas, el dispositivo de la clase
es el que funciona como “comunidad de investigación”. Confrontando sus pensamientos
sobre asuntos ligados a la condición humana, los niños descubren que participan en una
comunidad de sentido.
2. En las respuestas de los docentes, también se puede leer la afirmación o la promoción de
un nuevo estatuto del niño. Desear hacer filosofía en la escuela, es querer modificar la
relación que la escuela mantiene con el niño: considerándolo como teniendo derecho a la
palabra, se quiere romper con una práctica escolar habitual, donde el alumno habla
especialmente para responder a las preguntas del maestro quien es el dueño de la palabra y
del saber.
Por otra parte, al afirmar que el niño puede ser el sujeto de una palabra sensata sobre lo
humano y la realidad, se considera con Jacques Lévine que “el niño filósofo puede acercarse
al sentido de la condición humana como interlocutor válido… nuestros niños son
perfectamente capaces de hablar de los grandes problemas de la vida”.
Se trata solamente de tomar en serio a los niños. Esto va contra la imagen de un niño con
intereses solamente pueriles, llevado por la despreocupación de la vida y que una práctica
filosófica prematura quisiera expulsar de este tiempo feliz antes de la preocupación. Esta
imagen surge del mito de la infancia. Es necesario reconocer en efecto que el niño está,
como todo humano, embarcado en el Ser, afectado por él, perseguido también por las
cuestiones que conciernen a la condición humana. Desde que puede articular su “¿por qué?”
reiterativo (“¿Por qué nos morimos?” “¿Por qué nos enfermamos?” “¿Por qué los grandes
hacen mal? »), testimonia de esa preocupación frente a lo que es difícil de entender,
fundadora de la Filosofía. Dar a los jóvenes alumnos el derecho de decir sus pensamientos
sobre estos temas, es reconocerlos como sujetos humanos, en debate con el sentido.
No es, pues, la Filosofía, como pueden deplorarlo algunos, la que introduce prematuramente
al niño en la preocupación de pensar. No hay ni siquiera que introducirlo, ya que es
interpelado por las “grandes cuestiones de la existencia” que necesariamente le vienen a su
pensamiento.
La Filosofía como exigencia para pensar mejor
No es suficiente, sin embargo, darle la palabra a los niños para que hagan filosofía, aún si
las cuestiones se refieren a temas comúnmente llamados “filosóficos”, porque lo filosófico,
dirán los profesionales, no es solamente interesarse por las grandes cuestiones, sino
también una exigencia de pensar más rigurosamente. Hacer filosofía, no es expresar los
pensamientos sobre aquello que nos preocupa, es repensar nuestras ideas espontáneas,
nuestras opiniones, es cuestionar nuestras creencias, nuestras evidencias, nuestras
certezas, todo lo que se dice en el discurso corriente. La exigencia crítica de un
pensamiento que se retoma en su irreflexión es esencial a lo filosófico, tanto como la
- 44 –
Arianne Hecker, IFDC, Ética, 2006
interpelación por las “grandes cuestiones”. Hay una voluntad en la filosofía de pensar mejor,
de saber mejor “lo que quiere decir hablar”, de siempre preguntarnos a propósito de nuestros
pensamientos: “¿Qué debemos pensar de ellos?”.
Para no quedarse en la opinión, se necesita que en la clase alguien juegue el papel de
Sócrates, provocador y partero del pensamiento, que empuje al niño a pensar más allá para
ver más claro, para comprender y juzgar mejor.
Contrariamente a lo que a veces se observa en los momentos de Filosofía, el maestro no
puede ser solamente garante de la palabra de los niños teniendo como única meta la de
darles la ocasión de decir sus pensamientos. Es necesario que ayude a pensar mejor,
planteando las preguntas pertinentes que no son hechas espontáneamente, por lo que
tienen de obvias.
El programa de “Filosofía para Niños” de Matthew Lipman, propone desarrollar en los niños
el pensamiento crítico mediante un material didáctico adaptado. La Filosofía para Lipman, es
una escuela para pensar mejor. En este sentido, el maestro interviene en la discusión para
enseñar y recordar las exigencias de un pensamiento crítico y permitir el progreso hacia la
construcción de un pensamiento significativo. Acostumbra a los niños a interrogarse sobre lo
que dicen o lo que escuchan, a interrogar las evidencias y las certezas, a realizar
distinciones conceptuales a desarrollar la exigencia argumentativa y a juzgar la validez de lo
que se dice y se hace. Es así como se responde a la exigencia filosófica.
En cuanto a la crítica que se escucha a veces de que no podrá llegarse a una verdadera
conceptualización filosófica sin recurrir a los textos de la tradición, lo que condena toda
aventura filosófica con los niños, ya que estos no son capaces de acceder a ellos, se puede
responder, con J. Bruner, que la conceptualización, aún filosófica, es un proceso que no
tiene un inicio detectable. Desde que el niño es capaz de utilizar expresiones como “no hay
derecho”, “no es justo”, “no hay que mentir”, está en el elemento del “concepto”, todavía
balbuceante cierto, poco denso, pero que se enriquecerá por el trabajo educativo.
Se plantea –y esto a mi parecer es lo esencial- el problema de la formación de docentes que
se comprometan en tales actividades “filosóficas”. Hegel, en su época, estigmatizaba a
aquellos que creían poder hacer filosofía sin ninguna formación, con el pretexto de que cada
ser humano posee la facultad de pensar y que eso es suficiente. Él les respondía
irónicamente que a pesar de que todos los hombres tienen pies no son capaces de hacerse
zapatos. Tenía razón: hay que aprender a filosofar, hay que aprender el sentido del
cuestionamiento y la exigencia crítica, esenciales a la filosofía.
La comparación de Hegel, sin embargo, era “coja”, ya que si es cierto que todos tenemos
pies, no todos queremos hacer zapatos, mientras que por el hecho de que pensamos,
estamos todos en algún lado interesados y preocupados por la filosofía. Hay que escuchar
esta necesidad de la Filosofía y afirmar muy fuertemente la necesidad de una formación en
la práctica filosófica con los niños.
¿CÓMO FORMULAR UN TEMA FILOSÓFICO?
Por Michel Tozzi, Profesor de Filosofía, Universidad de Montpellier III, Francia.
¿Cuáles son las diferentes maneras de formular un tema de reflexión? A continuación las
proposiciones de los participantes en un taller de escritura filosófica, donde cada uno debía
formular a su manera el tema que se trabajaría durante cinco sesiones sobre las “emociones”.
De manera espontánea, es decir sin reflexionar, utilizamos las palabras si conocer con
precisión las nociones que implican (no sabemos ni siquiera de qué hablamos), y respondemos
a preguntas (en la toma de posiciones, en afirmaciones, en tesis) antes de habérnoslas
formulado con claridad…
¿Y si el filosofar consiste en definir aquello de lo que hablamos y a interrogarlo? Trabajar la
lengua para trabajar el pensamiento, trabajar el pensamiento por y sobre la lengua…
- 45 –
Arianne Hecker, IFDC, Ética, 2006
Proponemos dos hipótesis:
-La forma en que se aborda un tema depende de la manera en que se lo formula.
-El compromiso personal (actuar como sujeto, habitar su pensamiento) depende en principio de
la adhesión a tal formulación, según nos interpele en mayor o menor grado (ser atraído por un
problema).
De allí surge la idea de que es necesario que cada uno construya con la ayuda del grupo su
propia formulación, para lograr, al mismo tiempo, la implicación individual en el tema y el inicio
de su desagregación en forma colectiva.
Diferentes propuestas han sido realizadas en un intercambio de participantes en una discusión:
1. Se propone una palabra que aparece como todo un programa (“las emociones”). La
indeterminación es máxima en relación a todas las nociones con las cuales se puede vincular y
todas las preguntas que se le pueden hacer. Por ejemplo, en la discusión, emoción ha sido
relacionada con: cuerpo, inconsciente, pensamiento, razón, inteligencia, otro, multitud, fe,
creatividad, etc. Será entonces necesario definir la noción, distinguirla de otras, ponerla en
relación…
También hay una opción: la palabra, ¿está en singular o plural?
El singular nos lleva a la unidad abstracta del concepto (“la emoción”), más allá de la pluralidad
de sus manifestaciones concretas. Interrogarla será definirla: por lo que no es o por lo que le es
cercano (de allí pasamos a distinciones conceptuales. Por ejemplo: emoción / sensación /
sentimiento / pasión / afecto /afectividad /emotividad / sensibilidad, etc.); por aquello que la
caracteriza, sus atributos. Se pueden presentar preguntas en torno a y sobre estas nociones,
sin definirlas primero, pero la exigencia de definición surgirá más pronto que tarde. Se pone
aquí el acento sobre la comprensión del concepto.
El plural (“las emociones”) conduce a la diversidad de la noción, sus manifestaciones concretas
diferentes, o especies. Se trabaja acá más bien el concepto en extensión: enumeración de las
diferentes emociones, comparaciones entre ellas (Ejemplo: las emociones placenteras y las
emociones dolorosas). Permanece la necesidad de definir cada emoción y especialmente, lo
que es común a todas, lo cual nos conduce de vuelta al singular.
2. Se proponen varias palabras coordinadas por “y” o una coma:
-Si hay dos palabras (“emoción y pensamiento”) se es conducido por esa formulación a
estudiar la relación entre las dos nociones, lo que es más restrictivo y delimita el campo de la
reflexión, en relación a la apertura anterior, más indeterminada, que abarca mucho, pero corre
el riesgo de dispersar. También se es llevado, para analizar esta relación, a proponer
cuestiones: “La emoción, ¿es un obstáculo para el pensamiento?”, o “La emoción, ¿nutre al
pensamiento?”. Se nos pide, más temprano que tarde, precisar el sentido de cada noción, ya
que el sentido de una pregunta depende del de las nociones que articula.
-Si hay tres palabras, el problema se complica. (Ejemplo: “emoción, vida y pensamiento”). Hay
a la vez ampliación y complejización. Se puede añadir vida a pensamiento porque es menos
restrictivo, siendo el pensamiento una de las formas de vida; o pensamiento a vida, porque esta
última parece muy amplia y se desea en un momento dado, especificar. Lo que cuenta, es
poner en relación: emoción y vida, emoción y pensamiento.
3. Se propone una expresión, con un punto o una pregunta (“Vivir con sus emociones (¿?)”). Ya
no se trata de una noción porque existen varios elementos en relación. Pero también es más
determinada que “vida y emoción”, porque hay un tipo de relación propuesta: “con”. Por lo
tanto, hay que examinar tanto la definición de cada noción como el tipo de relaciones inducidas
por la expresión. La expresión provoca también cuestiones que van a modalizarla en un sentido
u otro. (“¿Hay que…? ¿Se puede…? ¿En qué medida se puede…? ¿En qué sentido puede
decirse que se vive con…? ¿Cómo? »).
4. Se propone una pregunta: « ¿Cómo vivir con sus emociones? » “¿Se puede trabajar con sus
emociones?” “La emoción, ¿se educa?” « ¿La emoción confunde al pensamiento? » « ¿Hay
una inteligencia de las emociones? » “La emoción, ¿permite conocer (por oposición a saber)?”
“¿El aumento del individualismo cambia la relación con nuestras emociones?”. Yo añado: “La
emoción, ¿tiene edad?, ¿Sexo?” La tarea es de poner en relación el sentido o los diferentes
sentidos de las nociones entre ellas, o aún el sentido que ellas asumen en la pregunta, a partir
- 46 –
Arianne Hecker, IFDC, Ética, 2006
del tipo de relación propuesta por la pregunta (ejemplo: ¿podemos?). Además, sobre cada
pregunta, cuáles son los campos a ser trabajados. Ejemplo: ética, estética, política…
5. También se avanza con una cita. Por ejemplo de Hegel. “Nada de grandioso se hace sin
pasión”. Se trata de una afirmación a la cual se interroga en sus presupuestos y
consecuencias. ¿Hay que referirla a la doctrina de la que se origina?
Durante la discusión hubo aproximaciones fisiológicas (emoción y cuerpo), psicoanalíticas
(emoción e inconsciente, somatización), históricas (la historia de las lágrimas), sociológicas
(emoción individual, emoción colectiva), antropológicas (“el entusiasmo” religioso, el trance…).
Se indagó sobre la historia de la filosofía (por ejemplo: el daimon socrático, la desvalorización
de la emoción en la tradición racionalista como obstáculo al conocimiento y la sabiduría, a
través de la oposición del cuerpo con el alma o el espíritu).
¿Qué acercamiento filosófico (y no biológico ni de ciencias humanas) podemos hacer a la
emoción? Este es el desafío para las próximas sesiones.
Una sugerencia didáctica que nos llega de los cinco tipos de formulación de un tema que
surgieron de manera espontánea: a partir de un tema propuesto por el docente o seleccionado
por los alumnos, hacerlos trabajar la manera en la cual ellos formulan por sí mismo el tema
para poderlo abordar filosóficamente.
FILOSOFAR EN LA ESCUELA PRIMARIA
Por Alain Delsol, Maestro, Doctor en Ciencias de la Educación, Universidad de
Montpellier III
Este artículo describe la puesta en marcha de un taller de filosofía en una clase de niños entre
9 y 10 años (tercer grado). Llamo “taller de filosofía” a una secuencia durante la cual suscito la
reflexión de los alumnos en torno a ideas que podríamos calificar de filosóficas. En este tipo de
dispositivo didáctico, se trata de llevar a los alumnos a realizar “experiencias de pensamiento”.
En otras palabras, a efectuar operaciones intelectuales donde el objetivo buscado es que un
alumno pueda pensar por sí mismo, intentando conceptualizar, problematizar y argumentar su
punto de vista (“Competencias del acto de “filosofar”, definidas por M. Tozzi (1998), Elementos
por una didáctica del aprendizaje del filosofar”), a propósito de temas tales como: ¿Somos
todos semejantes? ¿Necesitam os la justicia? ¿La violencia es el único modo por el cual nos
podemos hacer entender?
No apunto a transmitir un contenido cualquiera de filosofía; invito a mis alumnos a adoptar un
gesto mental favorable a un pensamiento reflexivo. Mi intención es doble. En primer lugar,
intento centrar la actividad del alumno en una postura que sea favorable a la reflexión; en
segundo lugar, instalo un dispositivo que favorece un intercambio democrático. Aliento al
locutor a realizar un trabajo de autorreflexión, y al grupo de interlocutores a realizar un trabajo
de escucha y de respeto por la palabra del otro, a fin de construir un pensamiento colectivo, es
decir, un trabajo de héterorreflexión. Así, este taller de filosofía busca de poner en juego dos
abordajes complementarios. El primero basado en un trabajo de autorreflexión en el cual los
alumnos reflexionan sobre el sentido de las palabras e intentan definir las nociones, los
conceptos. Es el momento del entretenimiento filosófico. El segundo abordaje surge de un
trabajo de heterorreflexión y concierne a las interacciones entre los alumnos que intentan
cuestionar las nociones conceptualizadas. Es el momento de la discusión filosófica.
Durante todo el año, rectifico diferentes aspectos relativos al funcionamiento del dispositivo del
taller de filosofía. Lo que presento en este trabajo es la historia de estas pequeñas
modificaciones y de los problemas a los que me vi. enfrentado.
Primera etapa: puesta en marcha de un taller de filosofía
Los primeros talleres comenzaron hacia fines del mes de octubre. El grupo, un total de
veintisiete niños, se reúne cada semana, los viernes a la última hora.
Encuadre del dispositivo
La sesión se desarrolla en la biblioteca. Es una gran sala espaciosa y clara, no vecina a otra
sala de clase y abierta sobre el patio de recreo. Los alumnos aprecian este lugar y la forma no
escolar del taller. Los alumnos se sientan en sus bancos dispuestos en “U” y los tres
- 47 –
Arianne Hecker, IFDC, Ética, 2006
animadores enfrente a ellos, sentados detrás de una mesa. El maestro se ocupa de registrar la
sesión, sentado al lado del alumno animador que tiene el rol de sintetizador.
Al comienzo de cada sesión, el maestro recuerda las reglas de la discusión: “Para hablar hay
que pedir la palabra; no se tiene derecho a interrumpir a un alumno que habla y todo alumno
que no se haya expresado tiene prioridad para tener la palabra. Los alumnos se dividen en dos
grupos: los animadores y los que discuten.
Los animadores (el presidente de la sesión, el reformulador y el sintetizador) son seleccionados
entre los “mejores” alumnos por el maestro. Ocupan esos roles durante cuatro sesiones. El
presidente de la sesión da la palabra a los “discutidores”, interviene si algunos alumnos charlan
o cortan la palabra del que se está expresando. Da la palabra regularmente al reformulador que
escucha y escribe en un cuaderno lo que dicen los alumnos. El reformulador repite, intentando
resumir, lo que viene de escuchar. El sintetizador interviene con menos frecuencia, dando su
opinión: “la discusión avanza… vuelve sobre sí misma… han definido mal o bien las
nociones…”. En fin, intenta proponer cuestiones lanzadas a la discusión. El maestro sentado a
su lado, lo ayuda a renovar o recentrar la discusión. Se graba la sesión. Cada alumno que toma
la palabra se levanta, va hacia el maestro que le da el micrófono, luego se sienta una vez que
termina su intervención. El micrófono amplifica la voz y permite que todo enunciado sea
perfectamente audible.
Se hace una primera ronda al principio de cada sesión, de manera tal que cada alumno se
pueda expresar. Las opiniones emitidas sirven para iniciar la discusión. Al finalizar la sesión, el
maestro ayuda al sintetizador a recapitular lo que se dijo.
Comentarios
De entrada, se observa el entusiasmo de los niños por este tipo de ejercicio. En comparación
con un ejercicio escolar, muchos más alumnos hacen uso de la palabra. Salvo unos cuatro o
cinco alumnos que, por razones diferentes, no intervienen, el conjunto del grupo está
vivamente interesado. El fin de la sesión resulta frustrante para algunos porque les parece que
no hablaron lo suficiente.
Hay dos problemas que me parecieron urgentes de resolver. En primer lugar, se pierde mucho
tiempo en acomodar el taller y en el turno de palabra de todos los “discutidores”. En segundo
lugar, el grupo de “discutidores” es muy importante y algunos alumnos se desconectan. En
resumen, no llegamos a superar la etapa de conceptualización, es decir, a definir el vocabulario
y las nociones subyacentes al tema del ejercicio filosófico.
Correcciones del dispositivo
El dispositivo se desarrollará en la clase, disponiendo las mesas en círculo con los
observadores alrededor. Un alumno adicional se incorpora al grupo de animadores y estará
encargado del micrófono. Es él el que se desplazará hacia los “discutidores”. Además, cuatro
alumnos observarán a los animadores antes de convertirse ellos mismos en tales en su turno.
Al terminar la sesión, ellos realizarán un comentario relativo al alumno animador que deberán
reemplazar. Finalmente, otro grupo de cuatro alumnos (entre los cuales se cuenta el que se
ocupa del micrófono) tendrá la responsabilidad de acomodar la clase al inicio y al final de la
sesión. Así, perderemos menos tiempo en el desplazamiento a la biblioteca, los “discutidores”
serán menos numerosos y los observadores reforzarán la toma de conciencia sobre el
funcionamiento del taller de filosofía.
Segunda etapa: primeros ajustes
Experimentamos con este nuevo dispositivo durante los meses de enero y febrero. El hecho de
que el taller se desarrolle en clase no cambia el grado de motivación de los alumnos. Las
sesiones comienzan con mayor ímpetu para la mayoría de los alumnos, dejando siempre a una
parte de ellos con insatisfacción al final de la sesión. De manera general, estoy sorprendido de
observar la actitud calma y serena del conjunto de los alumnos, aún cuando esta sesión cierra,
al mismo tiempo, el día y la semana escolar (viernes de 16 a 17 horas).
Encuadre del dispositivo
En el aula las mesas de los alumnos se disponen en “U” con algunas de ellas al interior, siendo
suficiente empujarlas para reencontrar el formato de conferencia. Los alumnos responsables de
este arreglo, así como el encargado del micrófono, verifican que el cable del mismo tenga
suficiente longitud para que cada alumno pueda ser alcanzado por el micrófono y pueda ver a
todos.
- 48 –
Arianne Hecker, IFDC, Ética, 2006
El desarrollo sigue las mismas pautas que el anterior. Al finalizar la sesión, los observadores de
los animadores hacen sus observaciones que pueden ser respondidas por los animadores.
Todo se graba.
Comentarios
Los arreglos se hacen más rápidamente. Los observadores de los animadores subrayan con
pertinencia la organización del taller así como el rol de los animadores. Ilustremos con ejemplo
los efectos de la mirada del otro. El alumno que observa al sintetizador señala que este último
debería más bien escuchar al reformulador que a los “discutidores”. Así, el podría sacar ventaja
de informaciones si se concentra en su tarea, evitando repetir lo que ha dicho el reformulador.
Por el contrario, el grupo de “discutidores” sigue siendo muy grande, es difícil hacer otra cosa
que una definición de las palabras ligadas al tema de la discusión.
Correcciones del dispositivo
Considerando como estimulantes para el grupo a los efectos de los observadores, decido
dividir al grupo de “discutidores”. Un grupo de nueve o diez de ellos, se ubicará en el centro del
dispositivo, sentados en sus bancos. Un segundo grupo de nueve o diez, en un segundo
círculo, observará a los “discutidores” del centro. Cada observador seguirá a un “discutidor” y
tomará notas (¿qué hace el discutidor durante la sesión, pide la palabra, a quién mira…?) ,
podrá redactar una pregunta y hacerla a todos en el medio de la discusión. Al final de la sesión,
hará sus señalamientos al alumno que observó.
Tercera etapa: el taller dividido en tres grupos
Esta etapa se inició a partir del mes de marzo. Los veintisiete niños de la clase se dividen en
tres grupos para establecer una rotación entre los diferentes roles. Durante el año, cada
alumno habrá sido animador dos veces seguidas, después alternativamente “discutidor” y
observador de “discutidor”.
Encuadre del dispositivo
A la izquierda del dispositivo, en el eje central, se encuentra la mesa de los tres animadores
(presidente, reformulador y sintetizador) y en el centro el alumno “micrófono”. El docente
permanece al lado del sintetizador. Frente a los animadores toman su lugar los cuatro alumnos
que los reemplazarán. A la derecha y a la izquierda de los animadores, se ubican nueve o diez
observadores de “discutidores”. En el centro, se forma una “U” con los bancos donde se
sientan los nueve o diez “discutidores”.
Comentarios
Durante la discusión se dieron verdaderos intercambios bajo la forma: “Estoy de acuerdo con lo
que ha dicho… porque…”, por fin superamos la definición de palabras. Los alumnos emiten
opiniones sobre las cuales hay debate. Los observadores de “discutidores” intervienen
igualmente para plantear sus preguntas. Los alumnos intentan argumentar por qué están de
acuerdo con aquella postura y en oposición a esta otra. Al término de la discusión, los
señalamientos hechos por los observadores dan a veces lugar a sabrosos análisis de estilo:
Máximo observó a Arielle: “Parecías ausente, no pides la palabra y no escuchas”. A lo que
Arielle respondió: “Hablé una vez y escucho, pero prefiero escuchar a los otros”. En realidad,
Máximo no se había dado cuenta que Arielle era tímida y confundió el lado reservado de su
camarada, con su desinterés, lo cual no era el caso. Benito que observaba al presidente de la
sesión, le señaló que a veces le falta autoridad y que les da la palabra preferentemente a sus
amigos. Esta mirada hace tomar conciencia a este alumno y a su grupo de la necesidad de
imparcialidad propia del rol del presidente de la sesión. Decirle al otro “es así como te percibo”
y que a su vez, el alumno observado pueda hacer una objeción, conduce a los niños a habitar
realmente en su palabra. Esta palabra implica una meta-mirada sobre el funcionamiento del
taller y un verdadero descentramiento por parte de estos niños de nueve años.
En conclusión, procedí por pequeños arreglos durante varios meses antes de lograr un
funcionamiento conveniente. Si mantenemos la hipótesis que enseñar es, primero, organizar
situaciones y condiciones de aprendizaje, entonces podemos considerar que esta búsqueda
didáctica es coherente y justifica un trabajo centrado principalmente en la organización del
taller de filosofía.
- 49 –
Arianne Hecker, IFDC, Ética, 2006
Desde un punto de vista didáctico, nuestro proceso se integra en el cuadro dispuesto por las
directivas ministeriales que preconizan colocar al niño en el centro del sistema. Por otra parte,
el programa de Educación Cívica insta a los docentes partir de la vida en el aula para que “el
niño descubra las reglas de vida en sociedad, los valores que la fundan y haga el aprendizaje
de su propia responsabilidad (…).El niño reflexiona sobre los valores relativos a la persona y
sobre las normas de la vida en común; adquiere poco a poco aquellas propias de una práctica
razonada”.
Desde el punto de vista filosófico, los alumnos se sumergen en una tarea no lineal que implica
procesos mediadores. A través de las interacciones entre pares, el alumno es llevado a
considerar el saber desde otro ángulo. No es un saber transmitido en el cual uno será el que lo
detenta (el maestro) y el otro (el alumno) un simple receptor. La construcción del saber no
resultará tampoco de un desarrollo cuya fuente sea interna, sino que se alimenta a través de
una mediación externa en la cual los conocimientos están lejos de saberse por adelantado.
Para lograrlo, los alumnos desarrollan su poder de acción gracias a los otros, y la reflexión
sobre una palabra en acto se convierte en la herramienta principal sobre la cual los alumnos
son invitados a discutir.
Evidentemente, no pretendo transformar en filósofos a los alumnos o lograr cambios
espectaculares gracias al taller de filosofía. Se trata de hacer posible la reflexión filosófica de
los niños en el encuadre escolar, a los fines de desarrollar en ellos una socialización
auténticamente democrática. Y podemos suponer quizás, que si la filosofía vendría a ser la
culminación de sus estudios, ella igualmente podría constituirse en la fuente de los mismos.
BASES DE ORIENTACIÓN PARA LAS PRÁCTICAS FILOSÓFICAS EN LA ESCUELA
-El empleo de la palabra « filosófica” indica una intencionalidad de los que la practican: se
busca manifiestamente despertar al alumno al pensamiento reflexivo, a hacerle hacer “la
experiencia del cogito” (J. Lévine), de un ser hablante-pensante, un “parletre” (Lacan) que es al
mismo tiempo un “pensetre”. Aprender a pensar por sí mismo, a construir sentido, a filosofar,
desarrollar la autonomía y la responsabilidad de su propio pensamiento, el juicio, el
discernimiento, el espíritu crítico, tal es la tarea.
-Esta finalidad filosófica en la escuela, realizada con niños y adolescentes, implica una
concepción de la infancia y del alumno como capaces de aprender a filosofar. Conforme a
Clliclès, Epicuro, Monteigne, Jaspers, hoy en día Lipman, Onfray, Conche, L. Ferry… pero en
ruptura con Descartes, Kant, Hegel y una gran parte del cuerpo de filósofos actuales, y no sin
problemas con Piaget. El maestro defiende -a título heurístico- su práctica haciendo depender
de la continuidad de la “educabilidad cognitiva” del alumno, la posibilidad de la “educabilidad
filosófica” del niño, aún cuando no tenga la suficiente madurez psíquica y a pesar de su débil
cultura. El niño es reconocido como un ser pensante, en potencia pero también en acto, en el
momento en que el maestro crea la situación favorable para que sea el autor de su propio
pensar y se dispone a ello. Y la reflexión va a partir de su propia vivencia, de su experiencia,
de sus ejemplos, porque el niño no es ninguna tabula rasa.
-Darle cabida en la clase al pensamiento del niño, es, primero, darle un lugar a su palabra.
Darle la palabra al alumno, es darle poder: poder en la clase, lo cual reconfigura el poder del
maestro, y poder sobre su pensamiento, porque hay un lazo muy estrecho entre el lenguaje y
el pensamiento, se piensa en y por la lengua, y trabajar su pensamiento es también trabajar su
lengua. En este sentido el trabajo sobre la lengua no es previo al trabajo sobre el pensamiento,
trabajo que será siempre pospuesto, especialmente para los alumnos con dificultad, aún
cuando la precisión de la lengua puede ayudar al rigor del pensamiento.
-Y la palabra es la oralidad, y no solamente la escritura, lenguaje predilecto de la escuela. Es
significativo que la discusión, es decir el intercambio oral en la clase, sea la actividad
dominante en estos casos (por eso se denomina la “discusión”), aún si en esos momentos de
reflexión puede intervenir un texto como disparador o después pueda continuar con un proceso
de escritura. No existen prácticas que se dicen filosóficas sin que exista una buena parte de
- 50 –
Arianne Hecker, IFDC, Ética, 2006
momentos de discusión con el docente y/o entre pares. El maestro favorece entonces el
aprendizaje de la filosofía por el aprendizaje y el uso del intercambio oral en la clase.
- Aprender a reflexionar es buscar a comprender al mundo, al otro, a sí mismo. De hecho, es
encontrarle sentido a los aprendizajes: el saber tiene sentido cuando responde a las preguntas
que nos hacemos. Todo comienza entonces con el cuestionamiento, el asombro. El docente va
a partir, entonces, no del programa, sino de las propias preguntas de los niños, o de preguntas
que sabemos por experiencia-y no por meros supuestos- que les pueden interesar. El docente
le da un estatuto positivo a las preguntas de los niños, más aún y especialmente a aquellas
más embarazosas, que conducen a despertar problemas psicológicos (problemas íntimos,
afectivos), éticos (el tacto) o deontológicos (sexualidad, religión, política), filosóficos por las
reacciones y respuestas posibles. El maestro las recibe, no las rechaza a priori, porque
ninguna pregunta es un tabú para la filosofía. Existe entonces una apertura a las preguntas de
los niños, incluso si implica reaccionar en forma diferente al tomarlas en cuenta.
- Y el docente se mantiene en el cuestionamiento (« La respuesta es la desgracia de la
pregunta », decía Blanchot). El no da respuesta, la respuesta, la buena respuesta, que
clausuraría la búsqueda de los alumnos. Está allí para acompañar la meditación de cada uno y
el trabajo colectivo de la clase, sobre una pregunta considerada como un enigma de la
condición humana sobre la cual cada quien debe aprender a reflexionar. Y cuando pregunta no
lo hace para tener la buena respuesta, sino para animar el debate, llevarlo más lejos, incitar a
la problematización, encaminarla y no concluirla. Desarrolla, no una pedagogía de la respuesta
sino una cultura dialógica del cuestionamiento, del gusto por la búsqueda. Da el ejemplo de la
investigación, cuando desarrolla por su actitud interrogativa y reflexiva – y no evaluativa- una
relación no dogmática con el saber, como resultado de una investigación comprometida y
activa. Es menos “un sujeto-supuesto-saber” que un “sujeto-sabiendo-dudar”. Cualquiera sea
el nivel de la guía que establece en la clase, permanece en el fondo para que los alumnos se
autoricen a pensar sin perseguir la buena respuesta.
-El saber como respuesta a mis preguntas se construye por la investigación. Esta puede ser
asumida colectivamente por el grupo, si el maestro desea convertirlo en una comunidad de
investigación. Estamos frente a una opción cognitivista y socioconstructivista en la que las
representaciones de los alumnos (en filosofía se prefiere decir “opinión”) van a confrontarse
con otras, donde se da un trabajo interno, se desarrolla un lenguaje interior en un “diálogo del
alma consigo misma” (Platón), provocando conflictos cognitivos intra individuales, mediados
por conflictos sociocognitivos inter individuales (Vygotski). Los alumnos son actores del
intercambio y co-construyen sus respuestas con la ayuda del maestro que se apoya en un
dispositivo (de no intervención o de delegación), o sobre sus intervenciones.
-Aún no siendo intervencionista, el maestro está presente en la experiencia, él es el garante de
las leyes, las reglas, de la ética comunicativa por la cual los alumnos trabajan, no solamente
en superar la opinión, sino también en la interiorización de valores (escucha, respeto por el
otro, curiosidad por la alteridad), cuyo sentido es comprendido en el seno de una comunidad
de investigación. Él instala y garantiza un clima de seguridad y de confianza con los alumnos
(actitud empática y estimulación a la expresión, pero sin forzarla, porque existe el derecho a
callarse, a no juzgar, no sancionar, una evaluación sumativa ya que existen varias respuestas
posibles…), y entre los mismos alumnos (no burlarse, se coopera…): la atmósfera que se
busca es acogedora, a la vez estudiosa y convivial, favoreciendo la expresión pública y la
investigación colectiva, la autenticidad y el rigor.
-Para establecer y favorecer estos habitus, la actividad con miras filosóficas es practicada
regularmente, con un uso del espacio favorable a los intercambios (generalmente no frontal,
sino en círculo o en U).
-El aspecto no obligatorio de estas prácticas procede de una decisión desplazada de las
rutinas de la institución y es testimonio de una identidad profesional en cuestionamiento que se
interroga sobre sus prácticas. Esta experiencia se enraíza también, en las preguntas sobre la
propia vida, más allá del oficio docente, su posición sobre los grandes problemas de la
existencia, ante los cuales nos confrontan los alumnos y sus preguntas masivas y radicales. Es
- 51 –
Arianne Hecker, IFDC, Ética, 2006
una ocasión para renovar el contacto con la filosofía, de estar y de mostrarse uno mismo en
investigación.
YACOUBA
Yacouba es un adolescente de una tribu africana de guerreros. Su rito de iniciación para
convertirse en adulto, es matar un león. Pero él encontrará un león herido que no matará y se
convertirá en un simple pastor de ganado… que no será nunca más atacado por los leones.
Estuvo confrontando el siguiente dilema con el león: “O bien me matas sin gloria y te
conviertes en guerrero, o bien me dejas vivir y serás expulsado de tu tribu”.
Se trabajará primero sobre la comprensión del texto y luego comenzará el debate de
interpretación: ¿Yacouba es un cobarde por no haber matado al león como lo exigía su tribu?
¿O es un valiente por haber resistido a la norma del grupo, aún a riesgo de ser excluido, un
verdadero pacifista que rechaza la violencia como medio de reconocerse viril? ¿O valiente
porque, como un verdadero guerrero dispuesto a arriesgar su vida, no mata a un león herido?
Varias interpretaciones son igualmente legítimas para abrir la discusión. Que se profundizará
si se intenta definir lo que es el coraje.
La historia constituye el soporte de una discusión “con rasgos filosóficos”, porque se intenta
definir una idea general y abstracta; no solamente una palabra de la lengua, cuya respuesta
encontraríamos en el diccionario, sino una noción, la tentativa de conceptualización filosófica
inaugurada por Platón en “Cobardes”, de la que no se conocerá el contenido del concepto
sino al final de un proceso reflexivo. Por ejemplo, el coraje, ¿es una realidad esencialmente
psicológica: el hecho de asumir el miedo ante un riesgo objetivo, o percibido como peligroso
(enfrentar un león, atacar un banco), en una situación excepcional? ¿O es –el coraje
“ordinario”- enfrentar la cotidianidad de una vida afectiva, física y profesionalmente dolorosa?
Es decir, ¿afrontar un problema difícil? O, ¿el verdadero coraje es más bien del orden de lo
ético, una virtud, una conciencia, una voluntad que sabe resistir a las tentaciones malignas, a
las pulsiones salvajes, a las leyes ilegítimas (matar para ser admitido en su clan, Antígona
desobedeciendo a Creonte para enterrar a su hermano, enemigo de la ciudad), porque la
conducta está sujeta a valores, a pesar de sus consecuencias?
El recorrido filosófico apunta, a partir de una narración antropológicamente problemática,
cuya interpretación se resiste, a problematizarla explícitamente para introducir la reflexión y
desarrollar el proceso del pensamiento:
a) Conceptualización: cuáles son las nociones que se juegan en el problema (coraje), cómo
definirlas para saber de lo que se está hablando.
b) Problematización: qué pregunta de fondo situacional, pero con aptitudes de ser
universalizada, propone el texto. Por ejemplo: “¿Siempre hay que obedecer las reglas del
grupo de pertenencia?”
c) Argumentación: cuáles son las distinciones conceptuales que permiten avanzar en la
reflexión (legal/legítimo), qué puede fundamentar una respuesta a la pregunta planteada, para
determinar si lo que se dice es verdadero.
Es la vigilancia del docente sobre la ejecución de estos tres procesos del pensamiento lo que
puede asegurarle una característica filosófica a la discusión más general que sigue luego del
debate de interpretación y que permite articular la didáctica de cualquier disciplina con aquella
propia de la Filosofía.
6) Para leer, comprender, analizar y proponer: (Para entregar en la primera clase del segundo
cuatrimestre).Trabajo en parejas
- 52 –
Arianne Hecker, IFDC, Ética, 2006
Elaboren una propuesta de discusión filosófica con niños: a) Seleccionen un tema, un nivel y
un grado; b) propongan el encuadre; c) hagan preguntas que orienten la discusión hacia la
conceptualización, la problematización y la argumentación.
Clase ocho: El diseño curricular y los dispositivos docentes para la formación ética y ciudadana
(16/08/07).
WALTER OMAR KOHAN: “LA ÉTICA COMO PRÁCTICA DE LA LIBERTAD: CUESTIONES
PARA PENSAR LA FORMACIÓN ÉTICA EN LA ESCUELA”, en CÓDIGOS PARA LA
CIUDADANÍA, Coordinador: Pablo Gentili, Santillana, Bs.As. 2000.
FRAGMENTOS pp. 124-135.
“No podemos proponer ningún cómo si antes no pensamos en el significado de esta práctica
pedagógica, en por qué y para qué enseñamos ética.
“Enseñar” significa, de alguna manera, “gobernar” las experiencias que se viven en la escuela;
o sea, estructurar el campo de las experiencias que se desarrollan dentro y fuera del aula,
delimitar aquellos que los alumnos pueden percibir, decir, pensar, juzgar y hacer consigo
mismos y con los otros. Así la experiencia de la ética que tienen alumnos y docentes en la
escuela va mucho más allá de lo que la maestra o el maestro enseñan explícitamente. En el
marco de una serie de procedimientos, técnicas y dispositivos de enseñanza-aprendizaje, los
alumnos tienen una experiencia ética de sí mismos y de su relación con los otros. Aprenden
ética por todas partes. Dispositivos morales penetran capilarmente sus cuerpos. En la escuela
se respira ética.
El reconocimiento del carácter limitado de toda interpretación que reduce la enseñanza de la
ética a la transmisión de su contenido nos obliga a pensar una alternativa.
Desde un punto de vista diferente, podemos entender la enseñanza de la ética como una
contribución a la elaboración reflexiva, por parte de los alumnos, de una postura crítica frente a
cuestiones morales significativas de su realidad. En este caso, se busca que se posicionen
éticamente frente a los diversos acontecimientos del mundo, sin que ello implique la aceptación
de una ética determinada. No se afirma un contenido que debe aprenderse, sino que se
contribuye a consolidar algunos principios para que los alumnos puedan decidir reflexivamente
qué hacer con la ética.
Proponemos trabajar las siete disposiciones siguientes en el aula:
a) Problematizar la ética imperante: Enseñar ética es...también enseñar a preguntar...esta es
una de las actividades predilectas de los niños y las niñas. Preguntas que revelan algo de
insatisfacción, asombro o molestia con los qué de su mundo. Esa es justamente la
pregunta clave de la ética: por qué. ¿Por qué tenemos que valorar aquello que valoramos?
¿Por qué considerar esto como bueno y aquello como malo? ¿Por qué son estos los
valores que fundamentan la vida social?
No hay valores evidentes, naturales u obvios en ningún orden social. Aquello que una
sociedad valora en un determinado momento depende de complejas luchas y
circunstancias históricas... Los valores son siempre diversos, contrastados, inestables.
Hoy domina, entre otros, el valor del mercado. Todo tiene que pasar por su clivaje. La
educación, la salud, la vivienda, la felicidad, la vida y la muerte. ¿Por qué esta valorización
obsecuente del mercado? La puesta en cuestión de los valores comúnmente aceptados es
la piedra angular de la reflexión ética. La formación ética tiene mucho más que ver con
plantear problemas que con solucionarlos, no en el sentido vulgar de complicar las cosas,
sino en el de complejizarlas. La ética no resuelve las cuestiones... Las abre. Muestra el
carácter excepcional, anómalo y peculiar de lo que se presenta como natural, obvio,
evidente.
b) Pensar críticamente las cuestiones de la ética: Así como reconocíamos anteriormente que
formar en ética es en cierto modo enseñar a cuestionar los valores imperantes, con esta
segunda dimensión enfatizamos que también es ayudar a hacer visible, revolver, revisar,
re-configurar y re-categorizar de cierta manera el orden de valores dominantes. Ayudar a
pensar los valores es casi un imperativo de la enseñanza de la ética: comprender esos
valores reinantes en su situación histórica, en su complejidad, en su devenir otros valores.
c) Debatir en forma colectiva las preguntas de la ética: Sugerimos abrir la reflexión ética a un
espacio colectivo que no atropelle a los individuos que lo componen, pero que al mismo
tiempo les ofrezca un marco de significación y sentido que les permita participar
activamente de proyectos colectivos. Este diálogo no está tan preocupado por llegar a un
punto único común sino por propiciar una puesta en común respetuosa de las diferencias,
- 53 –
Arianne Hecker, IFDC, Ética, 2006
a través de un espacio abierto e igualitario, confiado en la investigación participativa y
deliberativa sobre las cuestiones éticamente relevantes para ese colectivo. Somos, ante
todo, seres sociales. Nuestros sentidos y significaciones precisan de otros. Se trata
simplemente de reconocer esa marca.
d) Situarse en perspectiva: con una historia de éticas y contra ella: ¿Para qué apelar a una
historia de la ética? Para ampliar los sentidos. Para percibir más y mejor. Para considerar
otras preguntas, otros órdenes, otras posiciones. Para alimentar el pensamiento sobre
cuestiones éticas. Para complejizarlas, en el sentido de darles más matices, más
elementos, más posibilidades. La reflexión ética que no mira a su historia se empobrece,
se estrecha, se limita. Miramos a la historia para pensar el presente.
e) Resistir las imposiciones de valores: Así situados, enseñar ética conlleva disponer el aula
como un espacio de resistencia frente a los valores dominantes y a la lógica totalizadora y
excluyente del pensamiento que los sostiene. Se trata de oponerse a la clausura del
pensamiento, a cualquier forma de fatalismo o necesidad en el ámbito del pensar los
valores; de resistir la lógica avasalladora vigente como forma de enseñar ética; de resistir
la negación y los embates contra la diferencia en términos de valores. Resistir los valores
dominantes aparece así como un requisito para pensar cuestiones éticas en este mundo
contemporáneo. En este sentido, en contra de lo que afirman los profesores de moral
neoliberal, el trabajo de pensar la ética no se parece al de la costurera. Allí donde todo
está pensado, donde sólo se trata de coser los problemas puntuales de un sistema que en
sí mismo es indiscutible, no hay ética posible. De modo que resistir cualquier imposición
de valores es una condición para pensar una ética autónoma.
f)
Generar condiciones para afirmar otros valores diferentes a los dominantes: Es preciso
crear condiciones para pensar otras democracias, otros mercados, otras ciencias, otras
técnicas, otras razones, otros ciudadanos y, de un modo más significativo, otros estados
de cosas, otros órdenes sociales. No corresponde a quien enseña ética definir y transmitir
esos órdenes. Le corresponde contribuir a establecer las condiciones de posibilidad de
nuevos órdenes, los espacios que abran el pensamiento de sus alumnos a la diferencia
ética, dentro y fuera del aula.
g) Superar las dicotomías como teoría y acción, pensamiento y acción: Para ello,
proponemos considerar nuestro trabajo en la escuela como una práctica teórica, es decir,
no como una vana lucubración sobre cuestiones abstractas y lejanas ni como un espacio
de activismo irreflexivo a caballo de los movimientos de nuestro tiempo. No enseñamos
ética con el fin de estar preparados para aplicar en un futuro esos aprendizajes. Lo
hacemos en indisoluble conexión con una práctica que comienza dentro de la propia
escuela y que tiene como motor la reflexión... La reflexión ética en el aula conduce a una
permanente transformación de lo que somos y pensamos. La investigación sobre
cuestiones éticas nunca se detiene. La práctica alimentada por la teoría alimenta a la
práctica y a la teoría. La teoría alimentada por la práctica alimenta a la teoría y a la
práctica. El aula es un espacio de teoría y práctica. Como el afuera.
El mundo de los valores es un espacio que debe pensarse en forma abierta y colectiva. No hay
de antemano, ni en el firmamento, valores universalmente verdaderos. Enseñar ética es poner
en juego una serie de disposiciones para investigar éticamente la realidad que nos circunda.
Hemos propuesto una forma de entender esas disposiciones en el mundo contemporáneo:
pensar a través de la pregunta, de la crítica, con una historia de pensamiento y contra ella, en
forma colectiva e inclusiva, resistiendo, abriendo camino a alternativas, superando la dicotomía
entre teoría y práctica”.
CARLOS CULLEN, “AUTONOMÍA MORAL, PARTICIPACIÓN DEMOCRÁTICA Y CUIDADO
DEL OTRO. BASES PARA UN CURRÍCULO DE FORMACIÓN ÉTICA Y CIUDADANA”.
Ed. Novedades Educativas, Bs.As. 1999 (2ª edición). FRAGMENTOS: pp. 119-129: Hacia
una didáctica para la enseñanza de la ética y la ciudadanía.
“1. Qué se debe enseñar de ética y ciudadanía
El punto de partida es aceptar la enseñabilidad de principios éticos. Nuestra opción, en este
sentido, es clara: la ética es cognitiva, puede argumentar racionalmente, puede construir
principios universales, puede defender la razón frente al escepticismo y el relativismo
axiológico. En este sentido comenzamos defendiendo una postura donde la ética, en tanto
saber racional enseñable, tiene que aceptar su limitación a un planteo de fundamentos y de
principios, de cierta abstracción formal, en relación con los bienes, valores, virtudes, ideales
que constituyen lo que se suele llamar la parte sustantiva de la ética.
- 54 –
Arianne Hecker, IFDC, Ética, 2006
Sin embargo, no aceptamos que la enseñanza de la ética tenga que reducirse únicamente a los
aspectos formales de la fundamentación racional. Es necesario también enseñar lo que hace a
la formación de la personalidad moral, particularmente el tema de la coherencia y de la
autoestima.
¿Tiene la escuela que discutir los aspectos sustantivos de al ética, es decir, los bienes, las
virtudes, las concepciones de la felicidad? La cuestión es particularmente relevante si
queremos mantener la opción básica de que enseñar ética y ciudadanía no puede confundirse
ni con una concepción moralista ni con un adoctrinamiento ideológico.
La cuestión radica en ver si la enseñanza de la ética y la ciudadanía, con bases claramente
racionales, cognitivas, puede fundamentar el avanzar sobre cuestiones sustantivas, o, como se
dice en la jerga de los eticistas, cuestiones “evaluativas”. Nuestra respuesta es clara: sí, y
justamente por las exigencias mismas de ciertos valores que están implícitos en la racioanlidad
misma de la ética.
Esto lleva a que propongamos como insustituible, en cualquier currículum de formación ética y
ciudadana que quiera mantenerse dentro de los principios públicos de legitimación, los
siguientes contenidos:
a) Diferencia entre ética y moral: Por de pronto, se debe enseñar a distinguir ética de moral o
morales, insistiendo en la posibilidad de fundamentar racionalmente, es decir, críticamente,
las opciones axiológicas, y las formas evaluativas de las acciones, que conforman las
diferentes morales, sobre todo, en tanto y en cuanto puedan ser universalizadas como
normativas para todos. A partir de esta distinción, que implica optar por el valor sustantivo
de la crítica racional y de la universalidad fundada, es necesario plantear otras cuestiones
que se siguen.
b) Las argumentaciones morales: En principio, la cuestión de la argumentación moral. Es
importante que los alumnos aprendan a argumentar moralmente. Esto quiere decir,
justamente, que tomen opciones éticas y no solamente morales. Se trata de enseñar
cuáles son los tipos básicos de argumentación moral que nuestra tradición de pensamiento
ha ido formulando. En qué se basan nuestras preferencias, por qué podemos diferenciar
meras prescripciones de obligaciones morales, por qué no es lo mismo actuar por uno
mismo que actuar por presión de los otros, por qué es legítimo ponerse fines para las
acciones y por qué debemos discutir esos fines y sus relaciones con las acciones
concretas y sus evaluaciones.
c) La acción humana: Es necesario también trabajar elementos que ayuden a definir la acción
humana, sobre todo en sus elementos estrictamente ético-políticos. La especificidad del
lenguaje moral, la necesidad de avanzar en la consideración de las formas de entender las
motivaciones, las intencionalidades, los procesos de deliberación y elección, las maneras
de entender la necesidad de un razonamiento práctico.
d) La autonomía moral y sus contextos: Elementos que permitan comprender la acción
humana y el juego de responsabilidades que desencadena, nos parece un tema central. El
no reducir la acción a un mero hecho natural, el poder trabajar en qué sentido la
normatividad de la acción humana puede ser autónoma. Y ver cómo es posible trabajar
simultáneamente los elementos contextuales y psicológicos en juego. Para este tema es
necesaria una reflexión sobre el sentido de la libertad y de las acciones voluntarias.
e) El diálogo argumentativo: Hay que enseñar también por qué es importante el diálogo
argumentativo, para defender las propias posiciones y para poder comprender, sin
descalificaciones prejuiciosas, las opciones diferentes. Esto juega un rol central en la
necesidad de saber resolver conflictos de valores por razones y no por meros caprichos o
prejuicios o imposiciones más o menos autoritarias.
f) La coherencia entre lo que se piensa y dice y lo que se hace: Esto implica enseñar la
autorreflexión y la autoevaluación, pero justamente en función de poder medir los grados
de coherencia consigo mismo, que se van logrando. Algunos autores relacionan este tema
con la autorregulación de la conducta, que es algo que se puede enseñar. De todas
maneras, el contenido educativo importante es la coherencia. Y esto tiene una especial
referencia al contexto, donde normalmente los alumnos y los maestros perciben, con
facilidad, un inmenso campo de incoherencias.
g) La autoestima: También aquí se puede discutir qué contenidos implica enseñar autoestima.
En todo caso, lo que importa es discutir su valor, mostrar sus implicancias, sus relaciones
con la posibilidad de criticar, crear, buscar la felicidad. Importancia de los efectos de ciertos
estándares del discurso pedagógico y de las formas de evaluar y corregir en la formación
de la autoestima. Este tema se relaciona con muchos otros, como la aceptación del propio
cuerpo, de las propias capacidades para hablar y comunicarse, para trabajar, para
- 55 –
Arianne Hecker, IFDC, Ética, 2006
entender. Es decir, la autoestima, contenido educativo básico de una formación de la
personalidad moral, está íntimamente relacionado con otros contenidos educativos
centrales: comunicación, movimiento, creatividad, crítica.
h) La vida democrática: Este es un tema particularmente complejo, pero tiene que ver también
con la opción por poder enseñar una ciudadanía crítica. Discutir formas de organización
social, relaciones del poder con el derecho y la economía, formas de entender la
representación y la participación. Este es un contenido que debe relacionarse fuertemente
con contenidos de las ciencias sociales, particularmente con todo lo relacionado a la
comprensión de la historia constitucional.
i) Participación y representación: Este tema merece una especial atención en un currículum
de formación ética y ciudadana, sobre todo, porque es una buena ocasión para discutir las
formas de la democracia, su crisis y la necesidad de ver cómo construir participación
ciudadana. El tema de los nuevos actores sociales y de los movimientos sociales puede ser
planteado en este contexto.
j) Los derechos humanos: Es el lugar donde aparecen formulados los valores universalmente
aceptados, desde una comprensión de la dignidad y de la autonomía, que definen la
personalidad moral. Es aquí donde es posible plantear elementos sustantivos de la justicia
y avanzar, sobre la mera idea de equidad, hacia una discusión de bienes que supone la
vigencia de la justicia en una sociedad. Recorrer la historia de la formulación de los
derechos humanos, de su defensa y de sus sucesivas y espeluznantes violaciones, es un
tema que forma parte del curriculum de formación ética y ciudadana”.
LAS DIMENSIONES DE LA PERSONALIDAD MORAL AUTÓNOMA Y SUS RELACIONES
CON EL DISEÑO CURRICULAR
Ficha del Área de Ética
Las dimensiones de la personalidad moral autónoma son las siguientes: a) autoconocimiento,
b) autonomía y autorregulación, c) comprensión crítica, d) capacidad de diálogo, e)
razonamiento moral, f) capacidad para transformar el entorno, g) empatía y perspectiva social,
h) habilidades sociales y para la convivencia.
Estas dimensiones se desarrollan a lo largo de la vida, y por lo tanto, la escuela debe facilitar
estos procesos a través de acciones educativas sistemáticas en tres ámbitos: 1) construcción
del Yo, 2) reflexión sociomoral, 3) convivencialidad. La reforma educativa interpreta estos
ámbitos y los convierte en los tres ejes en los cuales se divide el diseño curricular provincial: 1)
los contenidos de la construcción del Yo, aparecen en el primer eje: Desarrollo de la Persona,
Identidad y grupos de pertenencia. 2) Aquellos propios a la reflexión sociomoral, los agrupa en
el segundo eje: La construcción de valores. 3) Y el tercer ámbito, de convivencialidad, lo titula:
Las normas de convivencia y los Derechos Humanos.
Cruzando estos ejes o ámbitos con las dimensiones de la personalidad moral autónoma,
obtenemos la siguiente organización del diseño curricular:
v Construcción del Yo o Desarrollo de la Persona:
1) Contempla la dimensión del autoconocimiento (conocimiento de sí: cómo soy, qué
quiero ser y qué puedo hacer).
2) Desarrollo de la autonomía: clarificación de la propia postura: qué pienso y por qué.
3) Autorregulación: construcción de la matriz de valores.
v Reflexión sociomoral o Los valores:
1) Comprensión crítica
2) Razonamiento moral
3) Capacidad de diálogo
4) Capacidad para transformar el entorno
v Convivencialidad o Normas de convivencia y Derechos Humanos:
1) Empatía y perspectiva social
2) Habilidades sociales y para la convivencia
Los objetivos de toda formación ética y/o moral son:
v Adquirir un autoconcepto ajustado
v Mostrar coherencia entre juicio y acción
v Adquirir competencias para dialogar
- 56 –
Arianne Hecker, IFDC, Ética, 2006
v
v
v
v
v
v
v
Desarrollar habilidades sociales
Aceptar y construir normas para la convivencia
Conocer información de relevancia moral
Comprender críticamente la realidad
Desarrollar destrezas para tomar decisiones
Apreciar valores universalmente reconocidos
Rechazar contravalores.
PROCEDIMIENTOS DE LA PMA:
Existen tres procedimientos (contenidos procedimentales) que nos ayudan a desarrollar estos
procesos en los alumnos:
1) El juicio moral: facultad que permite formarse opiniones razonadas sobre lo que debe ser.
Voluntad. Es prescriptivo, proporciona opinión de lo correcto a ser hecho. JUICIOS
DEÓNTICOS: lo correcto y lo que debe hacerse cuando enfrentamos situaciones o hechos
de índole personal, interpersonal o social que plantean conflicto o controversia, un dilema
de valor. Su validez depende del uso correcto de principios o criterios de justicia. Por
ejemplo, el imperativo categórico kantiano: “Actúa sólo conforme a aquella máxima de la
que al tiempo puedas querer que se convierta en una ley universal”. El doble nivel
formativo del procedimiento: a) el juicio moral como instrumento de la PMA requiere de un
período de formación y desarrollo (Kohlberg); b) el dominio y uso cotidiano del juicio moral
deben convertirse en hábitos para la solución de conflictos morales (Camps).
2) La comprensión: la PM necesita contextualizarse para poder aplicar el juicio moral. “Las
circunstancias aportan siempre notas de excepcionalidad al juicio moral”. Reconocer lo que
es posible de acuerdo a lo que exige la situación. Concepto ontológico, trabajar con lo
singular del "aquí y ahora”. “Problemas éticos como los de la universalidad y aplicabilidad
del juicio moral, de las relaciones entre fines y medios, o de la comprensión de los estados
y necesidades de los demás suponen un uso de los instrumentos de reflexión moral
relacionados con la comprensión”. ¿Cuál es la estructura del proceso?: a) comienza con
una pregunta que coloca en entredicho la posición moral anterior, un nuevo dato que
rompe con las seguridades anteriores. b) Sigue un proceso circular que va del todo a las
partes y de las partes al todo; análisis de diferentes aspectos del problema, círculos
concéntricos. c) Momento de síntesis, rever las ideas previas, las anticipaciones de los
prejuicios, tomar en cuenta las opiniones de los otros. DIÁLOGO. UN ESFUERZO POR
ENTENDER LO DADO CRÍTICAMENTE. Criterios de crítica posconvencional que deberá
cruzar con los esfuerzos por comprender la realidad concreta.
3) La autorregulación: Atiende a las dimensiones conductuales, después de las cognitivas y
reflexivas. Nivel de coherencia entre el juicio y la acción, construye un modo de ser
personal querido. Interviene en tres órdenes de fenómenos: a) en la acción moral
propiamente dicha; b) adquisición de hábitos queridos; c) formación de un modo de ser
considerado valioso. Requiere: 1) conciencia clara de ser un sujeto volitivo y
autodeterminado, con representación de sí mismo (autoimagen) y que ha alcanzado la
posibilidad de diálogo interno. 2) Comprensión crítica de sí mismo y de la realidad:
autoobservación y autoevaluación. 3) Establecer proyectos conductuales de dos tipos; de
carácter preciso y puntual y de índole más amplia y general. 4) Constancia en la
culminación de los proyectos y su evaluación.
Estos tres procedimientos tienen finalidades: a) para el juicio moral, la búsqueda del
ACUERDO entre los implicados; b) para la comprensión, la búsqueda del ENTENDIMIENTO
mutuo; c) para la autorregulación, la búsqueda de la AUTODETERMINACIÓN. Y estas
finalidades permiten definir valores de acuerdo a tres parámetros: a) una propuesta de mínimos
y cada individuo deberá ampliarla con valores propios no necesariamente universalizables; b)
se referirá a dos espacios de valor: macroético o público y microético o privado; c) para cada
espacio se definen valores relacionados con los tres procedimientos morales:
1) JUICIO MORAL:
a) públicos: justicia, libertad, igualdad.
b) privados: renuncia, reconocimiento, verdad.
2) COMPRENSIÓN:
a) públicos: solidaridad, benevolencia, tolerancia, respeto.
b) privados: apertura a otros, empatía, consideración, amor.
3) AUTORREGULACIÓN:
a) públicos: participación, compromiso, cooperación
b) privados: coherencia, responsabilidad; voluntad de valor.
La autonomía y crítica son comunes a todos.
- 57 –
Arianne Hecker, IFDC, Ética, 2006
La neutralidad y la beligerancia:
Criterios que definen formas de actuar (no de ser ni de pensar) del docente ante temas de
valores controvertidos. Es necesario tomar en cuenta:
a) Los objetos: cuestiones de valor, no de hechos (no todo es materia de opinión). Cuestiones
de valor que tienen que ver con cuestiones políticas, religiosas, ideológicas, estéticas.
b) Se refiere a la forma de actuar del docente, no a su persona.
c) Actuación en el ámbito educativo, no en el familiar u otro.
d) La neutralidad no es inhibición, ni la beligerancia implica la defensa de valores absolutos.
Tipos de neutralidad:
a) Neutralidad interna y externa.
b) Neutralidad activa y pasiva
Tipos de beligerancia:
a) positiva y negativa
b) explícita y encubierta (o subliminal, siempre incorrecta e ilegítima)
c) coactiva y persuasiva: la primera se usa para intimidar, no es legítima y difícil de evitar;
puede ser intrínseca (intimidación, imposición) y extrínseca (premios y castigos. La
persuasiva puede ser emocional (peligrosa) o racional.
d) excluyente y no excluyente, incluyendo otras posibilidades a ser consideradas.
¿Cuándo se debe actuar de una u otra manera? Cuando están en juego valores controvertidos.
Recordemos que los valores se pueden clasificar en:
A) Compartidos por la mayoría, considerados como deseables, no necesariamente presentes.
Omnicomprensivos, más que universales.
B) No compartidos por la mayoría y contradictorios con los valores A, no deseables.
Contravalores.
C) No compartidos, pero no contradictorios con valores A.
Ejemplos:
A) Hay tres tipos de valores: a) los clásicos (justicia, igualdad, libertad, solidaridad, respeto,
dignidad, responsabilidad. b) La carta de Derechos Humanos, las constituciones, etc. c)
Las reglas del juego democrático (diálogo, autonomía, reconocimiento de la diferencia y de
la igualdad). Todos ellos tienen pretensión de universalidad, pero muchas veces son
discutibles. EN ESTOS CASOS, LA ACTITUD DEBE SER DE BELIGERANCIA POSITIVA
EXPLÍCITA, PERSUASIVA RACIONAL Y NO EXCLUYENTE.
B) Los contravalores: violencia, racismo, etc. BELIGERANCIA NEGATIVA.
C) Todos los valores C son cuestiones controvertidas, las interpretaciones o las formas de
lograr los valores A. No tienen que ser todos “Macro”. Definir estos valores en la escuela es
crear cultura en valores. Acá se presenta el problema. ¿cómo se actúa? Son temas que
presentan conflictos de valor y son percibidos públicamente como relevantes. La actitud a
asumir depende de las siguientes variables:
a) La actualidad social del tema controvertido.
b) La conflictividad que genera
c) La capacidad cognitiva de los alumnos
d) La dependencia moral del alumno en relación con el educador.
e) La demanda explícita del educador al educando.
Criterios:
1) Si el tema es muy actual, mientras más actual sea, se puede pasar de la neutralidad pasiva
a la activa y de allí a la beligerancia
2) A mayor conflictividad, mayor derecho a la beligerancia
3) A mayor capacidad cognitiva del alumno, mayor capacidad para manifestarse beligerante
4) A menor dependencia moral del alumno, mayor beligerancia
5) A mayor demanda, mayor beligerancia.
Además, debe tenerse en cuenta:
a) La implicación del educando en la cuestión controvertida, lo que constituye el primer
corrector de la actuación.
b) Planteamiento consensuado de la escuela, corrige la postura individual del docente.
- 58 –
Arianne Hecker, IFDC, Ética, 2006
c) Grado de control del profesor sobre las consecuencias de lo que hizo o la postura asumida.
7) Para aprender a hacer: (Para entregar la próxima clase ) Trabajo individual
Ø Revisar el DC de Formación ética y ciudadana. Elegir un nivel (EGB1 o EGB2 o
7º), un grado (1º, 2º, 3º, 4º, 5º, 6º, 7º). Seleccionar tres contenidos, uno por
cada
eje y reconocer en ellos: a) los contenidos señalados por Carlos Cullen; b) las
dimensiones de la personalidad moral autónoma que puedan ser abordadas.
Ø Imaginar que deben dar una clase sobre uno de esos contenidos.
a) ¿Cómo la abordarían, qué activid ad/es se les ocurriría planificar?
b) ¿Cuáles de los dispositivos mencionados por Kohan tratarían de mantener y por qué?
Clase nueve: La alfabetización mediática y sus recursos para la FeyC (30/08/07).
Tal como están las cosas hoy en día, nos parece fundamental que se realice la alfabetización para la
lectura y el análisis crítico de los discursos mediáticos que tanto contribuyen hoy a la educación y
formación de las nuevas generaciones. Es en la escuela y desde muy temprano, donde podemos iniciar a
los chicos en una recepción crítica de los mensajes que reciben a través de los medios, para contribuir a
cambiar las actitudes meramente consumistas y acríticas que se cultivan en la audiencia de los medios
masivos de comunicación. Para ello, la prensa, la radio y la tele, nos suministran ejemplos cotidianos para
ser trabajados en las clases, aplicando sus mensajes también para el abordaje de temas dilemáticos o
controvertidos con los niños.
La imagen produce efectos muy poderosos en todos nosotros y más en los niño que no dominan aún la
herramienta de la lectoescritura. Por lo tanto, es importante ayudarlos a procesar esos efectos,
justamente, usando la lectoescritura como instrumento para la autorreflexión. La escritura nos obliga a
una relación de profundidad con el pensamiento, en el esfuerzo por transformar eso que pensamos en
una expresión clara y precisa para todos.
Por otra parte, es importante recordar que podemos acudir a otros tipos de lenguaje que nos facilitan
abordar las tareas de reflexión ética. Hay numerosas películas que nos pueden ayudar a diseñar una
clase par abordar diferentes temas, especialmente, cuando son temas que tocan de muy cerca de los
alumnos. Sugerimos algunas de ellas:
v “Los niños del cielo”, para abordar la relación fraternal y con los padres, así como la importancia de la
educación, por más difíciles que sean las condiciones de vida. Es una película iraní, lo cual también
permite el abordaje de las culturas diferentes y sus valores y creencias.
v “El color del paraíso”, también iraní y del mismo director que la anterior. Es la historia de un niño
ciego y cómo se las arregla para “leer el mundo”. Es muy triste y se recomienda para niños más
grandes (6º y 7º ).
v “Ni uno menos”, película china sobre una escuela rural y las diferentes problemáticas que se
presentan en la relación entre docentes y alumnos.
v “Jinete de ballenas”, es neozelandesa y trata sobre una leyenda maorí. Excelente para abordar el
tema de discriminación de género, relaciones intergeneracionales, los valores de otra cultura, etc.
v “La mariposa”, película francesa de mucha actualidad y poesía, trata la relación de un anciano y una
nena, sus vínculos y diferencias.
v “Kamchatka”, película argentina, para 6º y 7º grados, sobre una familia en 1976, que decide proteger
a sus hijos antes de “desaparecer”.
v “Historias mínimas”, argentina, película sobre personajes de la vida cotidiana en la Patagonia de hoy,
divertida, humana. Apta para todos.
v “El cadáver de la novia”, donde puede analizarse la relación con los mayores y el tema del amor.
v “La fábrica de chocolate”, donde se puede observar diferentes conductas individualistas y una más
solidaria, etc.
v “Machuca”, película chilena que aborda la historia de dos adolescentes en un colegio privado durante
la época de Allende y lo que significan las diferencias socio-económicas en la escuela.
Y todas las que ustedes puedan ver y aportar. Hay dibujos animados que también son apropiadas, pero
es preferible las películas con personajes que puedan ser referentes de identificación para los chicos.
Obviamente, primero deben ver ustedes las películas y preparar una suerte de guía para realizar
actividades previas, durante y posteriores a la exhibición.
Con la tele: normalmente, los chicos no reflexionan sobre lo que ven, sino que consumen televisión. Sería
bueno que de vez en cuando pudieran escribir, libremente o contestando algún tipo de cuestionario, sobre
lo que les parece esos programas que ellos ven: qué mensaje tienen, cuáles son los personajes que les
gusta y por qué, cuáles no les gusta y por qué, qué es lo bueno y lo malo del programa; qué cosas
cambiarían ellos en el programa y por qué, etc.
- 59 –
Arianne Hecker, IFDC, Ética, 2006
En cuanto a la publicidad, consiste en un buen entrenamiento para aprender a “leer” las imágenes,
desarrollando a la vez la capacidad descriptiva de lo niños, formulando hipótesis sobre cuál es el
verdadero mensaje que se quiere transmitir, cuáles son los premios y castigos involucrados en hacerle
caso o no a la publicidad, cuáles son las imágenes de lo masculino y lo femenino, de la vida feliz, etc., y
sus posibles identificaciones con los personajes.
Pueden estudiarse también los carteles que existen en nuestras calles: la información que aportan, lo que
venden, los que previenen al ciudadano, etc.
Una actividad que es buena para desarrollar en este dominio es el imaginar un producto de consumo no
inventado aún y producir la publicidad que aparecerá en una revista (imagen y palabras), armar un afiche
de un grupo de rock o música que les guste, etc.
También es muy interesante plantearse planes de discusión sobre los modelos actuales de referencia.
Por ejemplo, los que siguen:
Algunas preguntas para abrir una conversación sobre:
Modelos
¿Qué significa aprender por imitación?
¿Cuáles son las actividades que se aprenden por imitación?
¿Imitar a alguien significa desistir de ser uno mismo?
¿Por qué se han hecho tantas comparaciones entre el proceso de crecimiento de los niños y la actividad
de los alfareros que modelan el barro?
¿Cómo interpretamos la metáfora según la cual Dios nos creó a imagen y semejanza suya?
Ser modelo es una profesión ¿en qué consiste?
Ser modelo ¿es sólo una profesión?
¿Qué significa que alguien tenga una conducta modélica?
¿Existen personajes modélicos que pasan de una generación a otra?
¿Quien decide cuáles son los modelos de una época determinada?
¿En qué medida los personajes públicos pueden pasar a ser modelos de conducta?
¿Por qué calificamos de estrellas a algunos de los personajes famosos del mundo del teatro, del cine o de
la música?
En torno a algunos personajes famosos se crean clubs de fans que pueden llegar a tener una importancia
social significativa ¿en qué consisten?
¿Qué relación existe entre la fama y la capacidad de aparecer como modelo a imitar?
¿Es necesario ser famoso para funcionar como modelo?
¿Tenemos todos los mismos modelos de referencia?
¿Puede un grupo social funcionar como modelo de referencia para algunas personas?
¿Pueden los grupos marginales funcionar como referencia para grupos perfectamente integrados en la
vida social convencional?
Pensar los grupos desfavorecidos como sujetos preferentes de la historia ¿en qué variaría nuestra
conducta cotidiana?
¿Cómo recogen las distintas religiones el concepto de modelo?
Personajes del presente
¿Modelo y moda son conceptos de la misma familia?
¿Qué papel juega la propaganda comercial en la creación de modelos?
La ropa nueva desgastada que venden hoy las tiendas sofisticadas ¿qué tipo de moda es?
¿Cómo se cruzan los conceptos de moda y de ciudadanía?
¿Existen ciudadanos de moda?
¿Existen formas de conducta ciudadana de moda?
¿Los personajes del pasado se ven también sometidos a períodos de moda, es decir a períodos de gloria
y de olvido?
¿Qué personajes del pasado estarían hoy vigentes para tí?
¿Qué papel juegan los niños en las campañas publicitarias?
¿Qué papel juegan las mujeres en las campañas publicitarias?
¿Qué papel juegan los iconos culturales más significativos en las campañas publicitarias?
¿Cómo se publicita la ciudadanía?
La salud de los jóvenes
La salud es un estado inestable porque siempre debe estar integrando novedades. ¿Puedes hacer una
lista de aquellos hábitos a los que tu cuerpo ha tenido que acostumbrarse?
¿Cuáles crees que te son favorables? ¿Por qué?
¿Cuáles te parecen inevitables? ¿Por qué?
¿Cuáles pueden ser fácilmente mejorados? ¿Por qué?
¿Cuáles son indiferentes con relación a tu salud? ¿Por qué?
¿Cuáles crees que sería bueno incorporar? ¿Por qué?
- 60 –
Arianne Hecker, IFDC, Ética, 2006
La salud de los niños depende en buena medida de los adultos que les cuidan ¿y la de los adolescentes?
¿y la de los jóvenes?
¿Cuál es la diferencia entre un adolescente y un joven?
¿Cuándo empieza una persona a ser responsable de su salud?
¿Afecta a los demás el hecho de que algunas personas no se preocupen de conservar su salud?
La salud ¿es un tema privado? ¿es un tema público? ¿es las dos cosas a la vez?
¿Por qué las campañas a favor de la salud hacen especial hincapié en los jóvenes?
¿Las condiciones físicas de las personas afectan a su conducta? ¿La pueden llegar a modificar? ¿La
pueden llegar a determinar?
¿Es el bienestar físico un fin en sí mismo? ¿es sólo un requisito para el buen funcionamiento de la
conciencia?
El tabaco, las drogas y el alcohol ¿son siempre enemigos? ¿pueden llegar a ser aliados alguna vez?
¿pueden ser ambas cosas al mismo tiempo?
¿Quién debe regular el uso de estos componentes que pueden dañar seriamente la salud?
Alimentarse es un requisito vital ¿puede ponerse en juego para modelar el cuerpo a la moda?
¿Existen modelos de salud?
¿Existen modas saludables? ¿y modas prejudiciales?
Estas preguntas pueden y deben adaptarse a las edades de los grupos con los cuales vamos a trabajar.
Se refieren básicamente a la posibilidad de reflexionar sobre aquellas cosas que consideramos como
obvias.
8) Para leer, mirar, analizar y responder: (Para entregar el 27/09/07) ) Trabajo en parejas
Ø Los videos que veremos en clase y responder a las guías correspondientes.
Ø La guía de lectura y de trabajos con la serie de artículos sobre la ética de los
medios: Adela Cortina: “Ciudadanía activa en una sociedad mediática”; Victoria
Camps. “Opinión pública, libertad de expresión y derecho a la información”; y José
Saramago: “¿Para qué sirve la comunicación?”. Responder a la guía de lectura de
cada uno de ellos.
Ø Analizar la posibilidad de incorporar estos recursos a la clase pensada antes y de
qué forma se haría.
GUÍA DE LECTURA Y TRABAJO CON LOS TEXTOS DE
ÉTICA DE LOS MEDIOS
1) Adela Cortina: “Ciudadanía activa en una sociedad mediática”.
a) Describir la relación entre los MMC y la sociedad democrática, así como las características
de la “sociedad de ciudadanos”, incluyendo los aportes de las diferentes concepciones de
ciudadanía.
b) ¿Cuáles serían los rasgos propios de una ética del ciberespacio?
c) Describir en forma general y con tus propias palabras el “bien interno” general y los cuatro
“sub-bienes” que persiguen los MMC según la autora.
d) ¿Puede concluirse que en el contexto actual triunfan los “bienes externos” de los MMC?
¿Por qué?
e) ¿Cuáles son los roles de los ciudadanos en la era de los multimedia?
2) Victoria Camps: “Opinión pública, libertad de expresión y derecho a la información”.
a) ¿Cómo se articulan los derechos a la libertad de expresión y la libertad de informar? ¿Con
qué criterios se fijan sus límites?
b) Buscar ejemplos en nuestros medios de vulneraciones a los valores de la intimidad, la
protección de la infancia y el pluralismo informativo. Señalar por qué constituyen vulneraciones.
c) ¿Por qué se dice que la opinión pública es construida?
d) ¿Cómo podríamos poner los medios al servicio de la democracia?
- 61 –
Arianne Hecker, IFDC, Ética, 2006
3) José Saramago: “¿Para qué sirve la comunicación?”
¿Por qué dice el autor que todo el problema planteado se reduce a una cuestión de ética?
¿Cuál es la reflexión que surge de este artículo?
Tercer eje: Democracia, justicia y derechos humanos
Clase diez: La ciudadanía activa. La memoria como herramienta (13/09/07).
EL CONCEPTO DE CIUDADANÍA Y LA ESCUELA
FLACSO, Clase Nº Diploma Superior en Curriculum y Prácticas Escolares en Contexto,
2002-2003. FRAGMENTOS
El concepto de ciudadanía
El concepto de ciudadano como tema de la educación no es nuevo. Sin embargo, pretendemos
superar su sentido tradicional, el cual entiende a la dimensión ciudadana como parte de una
tríada que complementa la dimensión personal y la laboral. Una visión superadora incorpora el
concepto de ciudadanía activa como elemento aglutinante, dado que contempla al
ciudadano como individuo, trabajador y miembro de una comunidad política colectiva.
Esta modificación en los alcances de la educación para la ciudadanía activa nos remite,
entonces, al debate contemporáneo sobre las nuevas ciudadanías.
El concepto clásico de ciudadanía
Tradicionalmente se ha concebido a la ciudadanía como una relación jurídica y política entre
miembros de un colectivo, el Estado nacional, mediante la cual el ciudadano adquiere derechos
como individuo y asume deberes. Se trata fundamentalmente de un vínculo político y
contractualista. La teoría política y el derecho reconocen diferentes dimensiones en la
conformación de la ciudadanía. Dichas dimensiones se corresponden con etapas históricas en
las cuales se fueron ampliando los ámbitos de incumbencia y los derechos incluidos en la
ciudadanía.
Así, a fines del siglo XVIII, y en el marco de la lucha de la burguesía contra el Estado
absolutista, se configura la ciudadanía civil. La ciudadanía emergente hace hincapié en los
derechos del individuo, en otorgarle garantías frente a la invasión del Estado en su vida
privada. Son derechos que vienen a definir los límites entre lo público y lo privado. O, usando
términos actuales, entre el Estado y la sociedad civil. El concepto que mejor resume esta
dimensión de la ciudadanía es el de "libertad". Libertad de movimiento, libertad de expresión,
libertad en el uso de propiedad.
Durante el siglo XIX y la primera mitad del XX, se amplía el concepto de ciudadanía para incluir
el derecho de los ciudadanos a gobernarse por sí mismos a través de representantes elegidos
mediante el sufragio. Se trata de la ciudadanía política. Además del derecho de elegir y ser
elegido, supone el derecho de asociación política y el derecho de contralor sobre las accionar
del Estado. La ciudadanía política supone una concepción sobre la legitimidad del ejercicio del
poder anclada en la soberanía popular. Y aunque la ciudadanía política ya está planteada en
los procesos anteriormente descriptos, su efectivo ejercicio estuvo limitado durante gran parte
del siglo XIX y XX para diferentes grupos sociales. En realidad, aún hoy su vigencia no es
universal.
En la segunda mitad del siglo XX, aparece una nueva generación de derechos que da lugar a
una nueva dimensión ciudadana, la ciudadanía social. Surgida en el contexto de la lucha entre
el capital y el trabajo, se generalizó en el mundo occidental bajo la forma del Estado de
Bienestar. Esta dimensión de la ciudadanía concierne a la prerrogativa de todo individuo para
disfrutar una amplia gama de derechos sociales que van desde un nivel mínimo de bienestar y
seguridad económica hasta vivir una vida "civilizada", de acuerdo con los estándares
prevalecientes en la sociedad. Para algunos, los derechos sociales constituyen el ingrediente
- 62 –
Arianne Hecker, IFDC, Ética, 2006
fundamental en la construcción y desarrollo de la ciudadanía, en la medida que le asignan
contenido. Se presentan como relaciones sociales cambiantes, construidas como resultado de
la interacción entre participación social e intervención del Estado. Su ejercicio reclama, por lo
tanto, no solamente el goce de determinados bienes sociales (educación, salud, seguridad
social, vivienda, etcétera), sino también el goce efectivo de los derechos civiles, (igualdad ante
la ley) y políticos, (participación en la definición de los derechos).
Las tres dimensiones de ciudadanía enumeradas comparten algunas características que es
necesario destacar. El ciudadano es entendido como un ser racional que integra una sociedad
entendida, también, como colectivo racional. El colectivo racional propio de la modernidad es el
Estado nacional. El ciudadano es aquel que acepta las leyes de un Estado que le garantiza
derechos, pero también le reclama deberes. Esta reducción del individuo a la condición de
ciudadano del Estado- Nación supone un principio de exclusión. En efecto, la condición de la
ciudadanía está siempre restringida a las personas que tienen esa condición. De allí, la
fundamental distinción entre habitante y ciudadano. El Estado- Nación define los criterios de
inclusión y exclusión.
Por lo general, el concepto de ciudadanía tendió a asociarse con la condición de pertenencia a
una nacionalidad. Sin embargo, esta asociación fue siempre problemática. Esto es notorio en
aquellos Estados en los cuales los ciudadanos pertenecen a diferentes nacionalidades. Este
concepto de ciudadanía tiene también su correlato en un concepto de identidad propio de la
modernidad, referido a un territorio y que es, en casi todos los casos, monolingüística. Los
Estados-Nación tomaron como expresa tarea la construcción de una identidad nacional, que
tomó forma por encima de las diferencias étnicas o culturales que afectaban a su población.
Para ello, demandaron a los ciudadanos el monopolio de lealtad y afinidad incompatible con
otras identidades no incluidas en la definición de la propia nación.
De lo anterior, se desprende la existencia de tensiones entre la concepción de ciudadanía y la
realidad. Ninguna sociedad es ni fue tan homogénea como lo pretende el principio de
nacionalidad esencialista y excluyente que se consolidó en el siglo XX.
Nuevas visiones sobre la ciudadanía
Los cambios sociales, políticos y culturales actuales acentúan las tensiones entre la
concepción de ciudadanía y la realidad. Son tiempos de reformulación del concepto de
ciudadanía. Esta es una clara invitación a participar del proceso de construcción de una nueva
ciudadanía que se proponga conciliar no solamente el concepto con la realidad, sino también la
recontextualización de los principios heredados con el modelo de sociedad que deseamos
construir. Como todo proceso histórico, está marcado por conflictos y sus resultados son
inestables.
El Estado-Nación sigue siendo el elemento clave del mapa político mundial. Sin embargo,
como ya lo hemos señalado, existen importantes desafíos que cuestionan su primacía y el
concepto de ciudadanía a él asociado. La crisis del Estado de bienestar, la globalización
económica y la conformación de bloques regionales reducen los márgenes de acción del
Estado nacional. El reconocimiento creciente del carácter multicultural de todas las sociedades
mina la teórica homogeneidad de los Estados-Nación. La diversidad regional o nacional y la
multiculturalidad y multietnicidad derivada de la creciente inmigración son aspectos claves de
esta creciente diferenciación de las sociedades.
Estos procesos acarrean consecuencias directas sobre las ideas de identidad y ciudadanía. El
afianzamiento de identidades multilingüísticas y transterritoriales invitan a formular un concepto
de identidad más flexible. Consecuentemente, en la noción de ciudadanía, la idea de igualdad
debería disociarse del principio de homogeneidad y permitir la reivindicación del derecho a la
diferencia.
La nueva concepción de ciudadanía incorpora nuevos derechos vinculados con demandas de
calidad de vida, valoración de las diferencias, no discriminación, valoración de identidades,
preservación de la naturaleza y medio ambiente. Estos derechos tienen como titular no sólo al
individuo en su singularidad sino básicamente a grupos humanos: familia, pueblo, nación,
- 63 –
Arianne Hecker, IFDC, Ética, 2006
colectividades.
El nuevo perfil ciudadano reconoce cambios en diversos planos. En la ciudadanía de tipo
universalista o asociada al Estado de bienestar, la cultura política estaba centrada en la
valoración del Estado, lo colectivo, lo homogéneo. La tendencia actual pone mayor énfasis en
la sociedad civil, en el individuo, en lo privado, en lo diferenciado. Cabe advertir sobre el riesgo
de un nuevo individualismo que dificulte la construcción de sentidos y proyectos colectivos. El
desafío, entonces, es encontrar nuevas formas de vinculación entre la sociedad civil y el
Estado y recrear las identidades colectivas para permitir la inclusión de las diferencias en su
seno.
En este contexto, resulta necesario estimular la formación de una ciudadanía activa, renovar
los mecanismos de participación y fortalecer los mecanismos de control sobre el Estado. La
crisis de representación política estimula la formulación de nuevas formas de organización y
participación, muchas de las cuales se desarrollan al margen de las instancias políticas
formales. Estas son expresiones saludables de nuevas formas de participación ciudadana que,
si bien surgen en el seno de diferentes grupos de la sociedad civil, necesitan articularse en
proyectos de sociedad para no quedar limitadas solamente a la atención a demandas parciales
relacionadas, por ejemplo, con estilos de vida particulares y de consumo.
En resumen, el concepto de ciudadanía activa que queremos explorar contempla al mismo
tiempo:
• la integración social y el derecho a la diferencia,
• la conformación de prácticas políticas compartidas y la valoración de múltiples iniciativas de
participación y organización política,
• la orientación y control de la acción del Estado y un Estado capaz de equilibrar las
desigualdad de acceso a los bienes sociales,
• una sociedad pluralista que no requiera, para reafirmar su propia identidad, negar el valor de
otras ni rechazar la articulación y convivencia con identidades supranacionales o comunitarias
específicas.
Se trata, en definitiva, de formar ciudadanos que puedan, al mismo tiempo, desarrollarse como
individuos, como seres productivos y como integrantes activos de diversos colectivos sociales.
No estamos seguros de si el adjetivo "activa" es el que mejor connota la idea de ciudadanía
que intentamos transmitir. Por lo pronto, debemos confesar que acudimos a él como forma de
expresar cierto malestar con los modos en que se plasma la noción de ciudadanía "a secas" en
nuestras sociedades.
El papel de la escuela en la formación de una ciudadanía activa
Ahora bien, la construcción de una ciudadanía activa, la recreación de la vida política para
superar la crisis de representatividad, la incorporación de los jóvenes al mundo del trabajo, la
elaboración de nuevos proyectos de integración social son tareas que exceden a la escuela.
Para poder conformar una ciudadanía activa, que protagoniza y no sufre los resultados de la
acción, se requiere mucho más que conocimientos. Pero sabemos que sin conocimiento no hay
participación posible. El reto de la escuela es reorientar su acción para permitir a los jóvenes
ser sujetos activos en la construcción de su existencia.
Retomando nuevamente a Joaquim Azevedo, las instituciones educativas pueden ser
estimuladas para apoyar, por todos los medios a su alcance, el desarrollo de las
potencialidades de cada una y de cada uno de los ciudadanos. El gran desafío es cultural. En
este proceso es necesario cuidar que las instituciones educativas no sólo favorezcan la
cualificación de cada una de las personas sino que permitan reconstruir los lazos sociales y los
tiempos disponibles para la participación activa, la distribución de los saberes, la creación
personal de significados y de sentidos.
Todos necesitamos aprender a vivir activamente, en medio del torbellino de cambios que nos
rodean. Pero nada está cerrado, nada es inevitable, no hay sentidos únicos en la organización
de nuestras sociedades cambiantes ni en nuestras vidas. Por eso, es necesario superar las
visiones que proponen la adaptabilidad a los cambios y suscitar que los alumnos sean
dignos autores de sus biografías personales, y los constructores de espacios sociales
de convivencia.
- 64 –
Arianne Hecker, IFDC, Ética, 2006
Los instrumentos para la formación de la ciudadanía activa
La lectura y la ciudadanía activa
Abordar la reflexión sobre la enseñanza y el aprendizaje de la lectura en la escuela, como un
componente básico de la formación para la ciudadanía activa, no es casual. Hacíamos
referencia a la inclusión de amplios sectores de la población en la cultura escrita, como
consecuencia de la escolarización masiva. La función homogeneizadora de la escuela y su
aporte a la construcción de una identidad nacional y única encontraron, entonces, una de sus
expresiones centrales en el establecimiento de una lengua estándar, negadora de las
diferencias, para la alfabetización de niños y jóvenes. En efecto, el dominio de la cultura escrita
era un requisito básico para participar de la escuela.
Ahora bien, si la enseñanza de la lectura y de la escritura en la escuela moderna estuvo regida
por los ideales de una ciudadanía homogénea, cabe hoy la reflexión sobre la vigencia y la
validez de esa relación entre cultura escrita y ciudadanía.
La realidad actual nos muestra el afianzamiento de identidades multilingüísticas y
transterritoriales que invitan a formular un concepto de identidad más flexible.
Consecuentemente, en la noción de ciudadanía, la idea de igualdad debería disociarse del
principio de homogeneidad y permitir la reivindicación del derecho a las diferencias.
La necesaria renovación de los conceptos antes enunciados y del lugar de la escuela en su
construcción encuentra límites paradojales en un problema histórico que sigue sin resolverse:
la alfabetización sigue siendo una deuda pendiente en muchos países, entre ellos los
nuestros. Pero este problema adquiere distintos matices según los contextos. Por ejemplo,
desde hace algunas décadas, la preocupación en Europa está centrada en el iletrismo. Los
países desarrollados comprueban que, a pesar de la extensa trayectoria de escolarización, los
alumnos siguen sin leer comprensivamente y sin escribir eficazmente. En nuestros países, el
problema es más grave aún: grandes franjas de niños y jóvenes fracasan en la alfabetización
inicial en los comienzos de la escolarización. En esos casos, tal como señala Emilia Ferreiro,
pobreza y analfabetismo van juntos.
Sería un error pensar hoy el problema como algunas veces se lo interpretó: centrado en las
patologías individuales de los alumnos como causas del fracaso en la alfabetización o
circunscripto al debate en torno de los métodos de alfabetización. En estos nuevos escenarios,
y considerando que las connotaciones de leer y escribir son diferentes según los contextos
históricos y sociales en que se piensen, irrumpe la pregunta referida a qué entendemos hoy por
alfabetización, qué cuestiones son necesarias revisar desde la escuela considerada como
responsable del fracaso en la alfabetización, y qué concepciones de la lectura y de la escritura
son necesarias para orientar nuestras acciones, en pos de una alfabetización para todos los
alumnos, futuros ciudadanos activos.
Quizás, el desafío de las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación nos
genere una saludable reflexión sobre las formas de enseñar a leer en la escuela, válidas para
todos los alumnos. No está en cuestión que las nuevas tecnologías existen y que se superan
día a día. Ignorar su existencia sería desconocer la realidad y aislar a la escuela como
institución social. Pero, si para usar estas herramientas hay que leer, revisemos cuál es el
contacto con la lectura que promovemos desde la escuela.
Sin desconocer las características propias del lenguaje informático, ¿no es deseable leer
siempre modificando un texto, preguntándole, haciéndole y haciéndose uno mismo
comentarios, ubicando sus palabras en su contexto de producción?, ¿no es ésta la forma de
posicionar a nuestros alumnos frente a un texto escrito (una noticia, una carta de lectores, una
novela, un artículo de divulgación)?, ¿no es ésta la forma de enseñar a leer?
Esta forma de leer está directamente relacionada con la posibilidad de ejercer una ciudadanía
activa, una “ciudadanía de la palabra”. Una forma de leer que cambie las concepciones
tradicionales de desciframiento de códigos, de leer para retener o para repetir. Una forma de
leer que enseñe a los alumnos a seleccionar información, discernir, cuestionar, criticar. Una
- 65 –
Arianne Hecker, IFDC, Ética, 2006
forma de leer que haga sospechar del texto e interrogarlo. Se trata de una forma de leer
deseable para todo lector y para todo ciudadano.
Enseñar a leer desde esta perspectiva desarrollará en nuestros alumnos una forma de leer que
les permita sortear el control de la información que hoy ejercen las empresas transnacionales, y
enfrentar la diversidad de textos que nos rodean cotidianamente. Según Emilia Ferreiro, esta
forma de relacionarse con lo escrito es la que posibilita a los grupos desplazados la expresión
de sus demandas, de sus formas de percibir la realidad, de sus reclamos en una sociedad
democrática.
Así, la lectura se convierte en un camino central para acceder a un uso desenvuelto, adecuado
y eficaz de la lengua, para apropiarse de ella y manejarla, para tomar la palabra y para
cuestionar la palabra de otros. La lectura se convierte, también, en una vía para acceder a
otros saberes, a los conocimientos formalizados y a los necesarios para la vida cotidiana y
ofrece la posibilidad de construir un capital cultural que permitirá a los jóvenes acceder a
mayores oportunidades de abrirse paso en el mercado laboral. La lectura es, en definitiva, un
camino para formar ciudadanos activos.
Estas reflexiones y las que siguen, pensadas en relación con los alumnos, son igualmente
válidas y potentes para pensar la relación de nosotros los docentes con las lecturas, tanto en la
formación de grado como en la formación continua. Se trata de interrogar las dificultades que
se evidencian con las lecturas destinadas a nuestra propia formación personal y profesional.
Trabajar sobre las propias prácticas de lectura, puede ser una vía de acceso privilegiada, para
que se produzca algún efecto en el trabajo con los alumnos.
También desde la escuela, podemos retomar otras potencialidades que la lectura posee en
relación con la ciudadanía activa. Nos referimos a la construcción de identidades, tal como lo
plantea la antropóloga francesa, Michèle Petit. Según esta autora, la lectura permite construirse
a uno mismo. En efecto, el lenguaje no es reductible a un instrumento, tiene que ver con la
construcción de nosotros como sujetos parlantes. Petit señala que, particularmente, entre los
sectores populares, además del tejido social afectado, también está menoscabada la
capacidad para simbolizar, la capacidad para imaginar y, por lo mismo, la de pensar un poco
por sí mismos, es decir, de pensarse, y de tener un papel en la sociedad. Así, la lectura puede
ser en todas las edades un camino privilegiado para construirse uno mismo, para pensarse,
para darle un sentido a la propia existencia, un sentido a la propia vida, para darle voz a su
sufrimiento, forma a los deseos y a los sueños propios. La lectura desde la infancia constituye
el espacio de apertura hacia lo imaginario, a la comprensión de que existe algo diferente de lo
que nos rodea, que nada es fatal. La lectura ofrece la expansión de repertorios de identidades
posibles.
[...] Lo que está en juego en la lectura no tiene que ver solamente con el recorrido personal de
cada uno. Leer puede ser también un atajo que lleve de una intimidad un tanto rebelde a la
ciudadanía. No es que leer lo haga a uno virtuoso. Es sabido que la historia es prolífica en
tiranos o perversos letrados. Pero leer puede volverlo a uno algo rebelde, e infundirle la idea de
que es posible apartarse del camino que le habían trazado otros, escoger la propia ruta, su
propia manera de decir, tener derechos a tomar las decisiones y participar en un devenir
compartido. Estar familiarizado con los juegos del lenguaje permite estar menos desprotegido
ante cualquier charlatán que pase por ahí y proponga curarle a uno las heridas con una retórica
simplista. Lo que está en juego en la enseñanza y en el aprendizaje de la lectura atañe a la
ciudadanía, a la democratización de la sociedad.
El trabajo y la ciudadanía activa
Si bien acordamos que existen diferencias entre las lógicas del mundo escolar y del mundo
productivo, es posible el cruce de miradas entre ambas esferas. Desde esta óptica, es
interesante e importante pensar el lugar de la tarea escolar. ¿Por qué decimos que puede ser
productiva la tarea en la escuela? Porque pensamos la organización escolar alrededor de
sentidos que se plasmen en los procesos de aprendizaje y que le restituyan el valor perdido a
una serie de aspectos de la tarea escolar. En los siguientes párrafos, mencionamos algunos
ejemplos.
- 66 –
Arianne Hecker, IFDC, Ética, 2006
Valorizar el compromiso asumido para la realización de una tarea frente al docente y frente a
los pares. Aunque parezca obvio, es importante diferenciar el cumplimiento del no
cumplimiento del compromiso. Sea grupal o individual, frente a un docente o frente a un par, el
compromiso de arribar a un producto de acuerdo con el tiempo y las características
comprometidas, valoriza a la tarea y a la persona. Es importante también el aprendizaje y la
posibilidad del replanteo de los compromisos asumidos en función de las posibilidades en cada
situación.
De la misma manera, si la tarea es grupal, es central la claridad en la definición de los aportes
y de los compromisos de cada uno de los integrantes. En este punto, la claridad en la
distribución de tareas es fundamental. Muchas veces el sentido productivo de una actividad
escolar, se pierde por la falta de claridad en la distribución de las responsabilidades de cada
uno de los involucrados. Esto es importante además para aprender la lógica del trabajo
compartido más allá de las afinidades personales.
El tiempo en la escuela tiene un carácter muy particular. Impregna la vida escolar, organiza y
condiciona la enseñanza de la asignaturas más allá del carácter de la misma: hora de
matemática, de lengua, de educación física. Se ha señalado más de una vez la
incompatibilidad de la regulación del tiempo escolar con los procesos de aprendizaje. Define
tiempo libre y tiempo ocupado (hora de clase, recreo, hora ”libre”, turno, contra - turno, receso).
Pero también tiene un carácter ritual: la organización temporal escolar se cumple más allá de
su sentido para una actividad dada. Otra veces, es un transcurrir vacío de tarea o de sentido.
Sin embargo, hay un sentido productivo del trabajo escolar que rompe con el uso escolar y
ritual del tiempo y que intenta desplegarlo al servicio del aprendizaje.
Muchas veces, la tarea queda en la intimidad entre el alumno y el maestro o muchas veces
finaliza en el alumno mismo. No obstante, comunicar el resultado de la tarea como parte de la
misma, la valoriza, a la vez que le confiere valor al lugar de cada uno en el proceso de
enseñanza y aprendizaje. Esto posibilita e implica, también, elaborar la tarea teniendo en
cuenta al destinatario que juzga la producción, pero en función de criterios propios que pueden
ser diferentes de los de aquél que la propuso. Es, en definitiva, someter la tarea a juicios de
terceros.
La política y la ciudadanía activa
Como ya hemos señalado, nuestro concepto de formación del ciudadano, no se reduce a su
dimensión política. Pero de ninguna manera deseamos prescindir de ella. Por el contrario, en
un contexto de discursos que deslegitiman la práctica política, consideramos necesario
reivindicar la importancia de la participación, del ejercicio activo de la ciudadanía política y de la
defensa, al mismo tiempo reflexiva y sostenida, de la democracia.
A contrapelo de propuestas que insisten en la exclusión de la política de las aulas, asignamos a
la escuela un rol fundamental en la formación política de los jóvenes. No se trata de ninguna
lógica de adoctrinamiento ni de la imposición de una ideología o filiación partidaria
determinada. Tampoco de imponerles como dogma la defensa de la democracia. Pero sí, de
que puedan desnudar, desmenuzar, descifrar y decidir sobre lo político.
Cabe, tal vez, aquí hacer una digresión que permita aclarar qué concebimos por política, a
sabiendas de la existencia de diferentes conceptualizaciones. Para hacerlo creemos
conveniente diferenciar “lo político” de “la política”. Lo político, entendemos, refiere a la
dimensión del poder y a los antagonismos en la sociedad. La política, en cambio, es el intento
de amansar “lo político” y afrontar los conflictos y los antagonismos.
Si miramos la escuela desde estas ideas sobre lo político y la política podríamos:
• observar que el poder está en todas partes: en los niños, en los maestros, en los padres,
en las autoridades.
• ver que con ese poder se hacen cosas de muy diversa naturaleza: hablar, callar,
amonestar, pedir, dialogar, retar, negar, interrogar, estimular, ocultar, debatir, imponer,
distorsionar, discutir, criticar, intervenir, promover, controlar, evaluar, expresar, interpretar,
enseñar, aprender.
- 67 –
Arianne Hecker, IFDC, Ética, 2006
• advertir que el poder se expresa, la mayor parte de las veces, a través de conflictos y
antagonismos.
• sostener que un propósito central de la escuela es establecer valores y prácticas
democráticas.
• afirmar que la escuela necesita hacer lugar al pluralismo de culturas así como al
pluralismo de sujetos, de elecciones individuales y de concepciones del bien.
Acordemos o no con estas observaciones sobre la escuela, seguramente, vamos a suscribir
que el espacio sobre el cual se dirigen estas miradas está marcado por contradicciones. La
escuela es una institución que:
• cree ser neutral y oculta una honda disputa ideológica;
• está llena de imposiciones, pero aspira a formar para la libertad;
• es jerárquica, pero procura formar para la igualdad;
• tiene una mirada hegemónica, pero pretende formar para el espíritu crítico;
• admite la diversidad, pero forma para un patrón cultural común;
• permite aceptar o rechazar, pero no tener iniciativas.
Así como al referirnos a la lectura y al trabajo hicimos una alusión a la formación de las
identidades, del mismo modo vamos a hacerlo en este caso, porque también lo político y la
política supone la construcción de identidades individuales y colectivas.
Ya sostuvimos que la concepción de ciudadanía en la que pensamos se aleja de identidades
colectivas homogéneas, excluyentes y esencialistas. Por el contrario, suscribimos a la idea de
una ciudadanía que permite conciliar la construcción de proyectos compartidos y la valoración
del pluralismo y la diversidad cultural. Vimos también cómo los sistemas educativos
latinoamericanos cumplieron un papel central en la formación de las identidades nacionales.
Dichas identidades se configuraban a partir de un mandato imperativo que los alumnos debían
absorber mediante una serie de rituales, prácticas y repeticiones. La identidad nacional
emergente requería el monopolio de la lealtad y tuvo fuertes componentes de exclusión.
Para poder promover identidades colectivas compatibles con la valoración de la diversidad, es
necesario poner el acento en la identidad como opción y construcción y no como herencia por
recibir y aceptar. Para ello, la escuela tendrá que asumir el desafío de desnaturalizar y
transparentar, tanto en sus prácticas institucionales como en el currículum, el proceso de
construcción de las identidades, y en particular, la construcción de la identidad nacional. Esto
supone permitir una reflexión fundamentada en conocimientos sobre las características de este
proceso, sus protagonistas, sus logros, sus pérdidas, sus víctimas.
Este es un paso imprescindible para poder proponer a los jóvenes que asuman su lugar en la
construcción de sus identidades. Para que tengan la opción de ser partícipes activos de la
definición de identidades colectivas y no receptores de identidades impuestas totalmente desde
la externalidad.
Para ser coherente entre sus discursos y sus prácticas la escuela no puede reclamar
adhesiones identitarias excluyentes o totales. Para decirlo de otra manera, el currículum y las
prácticas deben ser compatibles con una pluralidad de adhesiones y lealtades. La posibilidad
de acceder a múltiples conocimientos, de conocer diferentes culturas, de interactuar con
diferentes pares, de identificar diferentes escalas de constitución de referencias identitarias, la
creación de espacios de elección y respeto a la elección de otros son claves para la formación
de ciudadanos en sociedades complejas, plurales y democráticas.
9) Para pensar y anotar: (Para entregar en la clase que viene) Trabajo individual
Ø ¿Cuáles son los tres conceptos fundamentales que puedo extraer y recordar de la
lectura del texto anterior? Escribirlos.
Ø Revisar en la Biblioteca, el afiche de los 30 Años del Golpe Militar, correspondiente
a EGB1 y EGB2, y seleccionar una actividad que ustedes crean que contribuye a la
formación de la ciudadanía activa. Describirla y justificar sus opciones.
Clase once: Lo público y lo privado. La corrupción (27/09/07).
Leer primero el siguiente texto:
- 68 –
Arianne Hecker, IFDC, Ética, 2006
NORBERTO BOBBIO: LA GRAN DICOTOMÍA: PÚBLICO /PRIVADO
En: Estado, gobierno y sociedad, FCE, México 1998.
FRAGMENTOS: pp. 11-13
Una pareja dicotómica. Mediante dos fragmentos ampliamente comentados del cuerpo
jurídico, que definen con palabras idénticas respectivamente el derecho público y el derecho
privado –el primero, lo que se refiere a la condición del Estado, el segundo lo que atañe a la
utilidad del individuo-, la pareja de términos público/privado ingresó a la historia del
pensamiento político y social de Occidente, a través de un uso constante y continuo, sin
cambios sustanciales, y terminó por volverse una de las “grandes dicotomías” de las que una o
más disciplinas –en este caso no solamente las disciplinas jurídicas sino también las sociales y
en general las históricas-, se sirven tanto para delimitar, representar y ordenar su campo de
investigación, como para permanecer en el ámbito de las ciencias sociales, paz/guerra,
democracia/autocracia, sociedad/comunidad, estado de naturaleza/estado civil.
Se puede hablar propiamente de una gran dicotomía cuando nos encontramos frente a una
distinción de la que es posible demostrar la idoneidad para: a) dividir un universo en dos
esferas, conjuntamente exhaustivas, en el sentido de que todos los entes de ese universo
quedan incluidos en ellas sin excluir a ninguno, y recíprocamente exclusivas, en el sentido de
que un ente comprendido en la primera no puede ser al mismo tiempo comprendido en la
segunda; b) establecer una división que al mismo tiempo es total, en cuanto todos los entes a
los que actual o potencialmente se refiere la disciplina deben entrar en ella, y principal, en
cuanto tiende a hacer coincidir en ella otras dicotomías que se vuelven secundarias con
respecto a ella.
[...] Los dos términos de una dicotomía pueden ser definidos independientemente uno de otro,
o bien uno solo de ellos es definido mientras el otro es definido negativamente (la “paz” como
“no guerra”). En este segundo caso se dice que el primero es el término fuerte, el segundo el
término débil. La definición de derecho público y de derecho privado anteriormente expuesta es
un ejemplo del primer caso, pero de los dos términos el más fuerte es el primero, en cuanto
frecuentemente sucede que “privado” sea definido como “no público”, raramente sucede lo
contrario. Además, se puede decir que los dos términos de una dicotomía se condicionan
mutuamente, en cuanto se reclaman continuamente uno a otro: en el lenguaje jurídico el léxico
público remite inmediatamente por contraste al léxico privado y viceversa; en el lenguaje
común, el interés público se determina inmediatamente en relación y en contraste con el interés
privado y viceversa. En fin, dentro del espacio que los dos términos delimitan, desde el
momento en que este espacio es ocupado totalmente (no existe una tercera posibilidad), a su
vez ellos se delimitan mutuamente, en el sentido de que la esfera pública llega hasta donde
comienza la esfera privada y viceversa. Para cada una de las situaciones a las que conviene el
uso de la dicotomía, las dos respectivas esferas pueden ser diferentes –una más grande, una
más pequeña-, o para uno o para otro de los dos términos. Uno de los lugares comunes del
debate secular sobre la relación entre la esfera pública y la privada es que, aumentando la
esfera pública, disminuye la privada; aumentando la esfera privada, disminuye la pública: una
constatación que generalmente es acompañada y complicada por juicios de valor
contrapuestos.
La definición más común de la corrupción es aquella que establece que hay corrupción
cuando se hace del “bien público” un “bien privado”. En los términos de Bobbio, significa
que el dominio de lo privado ha crecido a expensas del achicamiento de lo público: el
achicamiento del Estado, las privatizaciones de las empresas de servicios, etc. Pero, por lo
general, lo que más está en cuestión en el acto corrupto es el borramiento de las fronteras
entre ambos campos. Recordemos que corrupción no es lo mismo que transgresión. El que
transgrede, rompe una norma, quiebra un precepto. El que corrompe, directamente comete un
acto inmoral, porque deforma, desnaturaliza el sentido de dicho acto. Recordemos también que
en todo acto corrupto existen por lo menos dos personas: el que incita y el que acepta, el que
paga y el que cobra. En el acto corrupto lo público se confunde con lo privado y viceversa.
Veamos qué ocurre en los siguientes casos:
Trabajo en parejas: Analizar los siguientes casos, responder SÍ o NO Y POR QUÉ.
- 69 –
Arianne Hecker, IFDC, Ética, 2006
1)
2)
3)
4)
5)
Llegaste a ser Intendente Municipal. Recibís en tu casa un paquete con un importante
regalo del presidente de una empresa de construcción que se presentó a una licitación
de una obra de remodelación de edificios públicos. ¿Aceptás el regalo?
Sos Jefe de Departamento. Graciela Ramírez es una empleada muy eficaz pero te
confiesa que este último tiempo estuvo “tomando dinero prestado de la caja chica para
cubrir sus gastos”, pero que lo devolvió todo. La normativa municipal indica iniciar
sumario investigativo para determinar el monto prestado y el monto devuelto. ¿Lo
hacés?
Sos docente de una escuela. En marzo, época de definición de la promoción o no de
los alumnos, recibís un chivito con una nota obsequiosa del padre del alumno que
debe rendir examen final de la asignatura que dictás ¿Lo aceptás o lo devolvés?
Sos agente de policía. Al terminar tu labor vos y tus compañeros pasan por el
supermercado para hacer compras personales. Al llegar a la caja el dueño del negocio
les dice: “sin cargo muchachos, es un placer tenerlos por aquí”. ¿Pagás lo que te
llevaste?
Sos amigo de Roberto y este fue nombrado Concejal. Tenés un puesto ambulante no
autorizado de venta de ropa. Un día, la policía municipal te invita a levantarlo en
cumplimiento de disposiciones municipales vigentes y mediante la orden escrita del
responsable del operativo. ¿Qué hacés, lo llamás a tu amigo?
¿Qué podemos hacer desde la educación contra la corrupción?
Clase doce: La tensión entre igualdad y justicia. Justicia distributiva y de reconocimiento. La
diversidad cultural (11/10/07).
Proliferan hoy los reclamos y movilizaciones exigiendo justicia por el reconocimiento de las
diferencias, donde, en general, el grupo que reclama lo hace bajo el principio de respeto a su
identidad, a aquellos rasgos (étnicos, religiosos, de género y de ejercicio de la sexualidad, por
ejemplo) que lo identifican como tal grupo y no siguiendo los intereses de clase social. Estas
luchas, sin embargo, tienen lugar en un mundo de desigualdades materiales exacerbadas,
donde la injusticia redistributiva es la norma.
Nancy Fraser, politóloga norteamericana, sostiene la necesidad de desarrollar “una teoría
crítica del reconocimiento que identifique y propugne únicamente aquellas versiones de la
políticia cultural de la diferencia que puedan combinarse de manera coherente con una política
social de la igualdad”. Esto quiere decir:
a) que reconozcamos la existencia de las diferencias legítimas (nacionalidad, color de
piel, sexualidad, religiosidad, etnia, etc.);
b) pero que este reconocimiento no sirva para ocultar la existencia de las diferencias
ilegítimas (marginación, exclusión, discriminación) que son del todo inaceptables;
c) en realidad, la desigualdad económica y la falta de respeto cultural se encuentran hoy
entrelazadas y se manifiestan ambos reclamos en las luchas y movilizaciones
populares. Las injusticias son, en muchos casos, simultáneamente culturales y
socioeconómicas.
Ejemplos de injusticia socioeconómica: la explotación, la desigualdad económica y la privación
(o exclusión). Estas injusticias pretenden ser reparadas en la exigencia de la IGUALDAD.
El segundo tipo de injusticias es de orden cultural o simbólico. Está arraigado en los modelos
sociales de representación, interpretación y comunicación. Ejemplos: la dominación cultural, la
falta de reconocimiento y la falta de respeto.
La separación de las dos dimensiones se hace solamente a título analítico. En realidad, ambas,
la injusticia económica y la injusticia cultural, se hallan imbricadas y se refuerzan
dialécticamente la una a la otra: las normas culturales de una minoría étnica no son
reconocidas por un Estado, lo cual provoca su discriminación, creando o reforzando las
desventajas económicas que impiden su mayor participación para lograr su reconocimiento.
¿Qué relación y qué tipo de interferencias existen entre las exigencias de reconocimiento y de
redistribución? Ambas tienen objetivos contradictorios: la primera tiende a promover la
diferenciación del grupo y a exigir derechos diferenciados, mientras que la segunda aspira a la
- 70 –
Arianne Hecker, IFDC, Ética, 2006
igualdad, a abolir las diferencias. Esto es lo que provoca la aparición del dilema redistribuciónreconocimiento: la gente que padece ambos tipos de injusticia reivindican y niegan al mismo
tiempo su especificidad. Este dilema atraviesa ejemplarmente las reivindicaciones de género
(feministas) y las de “raza” o etnia, y por eso son llamadas comunidades bivalentes. (También
las comunidades homosexuales).
¿Cuáles son las vías para la solución de estos dilemas? Hay, en general, dos maneras de
abordar la solución a la injusticia, sea ella redistributiva o de reconocimiento:
a) Afirmación: son aquellas soluciones que tratan de corregir los efectos injustos del orden
social, sin alterar el sistema subyacente que los genera. Operan sobre los resultados
de la injusticia.
b) Transformación: son las soluciones que aspiran a corregir los efectos injustos,
reestructurando el sistema subyacente que los genera. Operan sobre los procesos
injustos.
Ejemplos de soluciones afirmativas: las acciones positivas, de acuerdo al “principio de la
diferencia”. De soluciones transformadoras: desestabilizar la concepción dicotómica del
problema, creando o construyendo diferencias múltiples, fluidas y cambiantes. Esto en cuanto a
lo cultural.
En lo económico: ejemplos de afirmativas pueden ser los Estados de Bienestar, los programas
asistenciales. Transformadoras: la reestructuración de las relaciones de producción en un
régimen socialista.
JOSÉ GIMENO SACRISTÁN, EN “DIVERSOS Y TAMBIÉN DESIGUALES. ¡QUÉ HACER EN
EDUCACION!” (fragmentos)
Una actitud de respeto hacia la diversidad se entiende como un supuesto irrenunciable de la
sociedad democrática que acepta el pluralismo existente, así como la singularidad de los
procesos de aculturación y de aprendizaje escolar en aras del valor de la libertad. La búsqueda
de la igualdad es la lucha porque algunas de las diferencias entre los seres humanos, previas y
de acción paralela a la escolaridad, cuyo origen no está dado en la naturaleza, no se conviertan
en murallas para el imposible ejercicio de la libertad de los menos dotados en esa sociedad
democrática. Los problemas concretos que tienen los profesores para vérselas con un
panorama de alumnos muy distintos en capacidades, en cuanto a culturas de referencia y
capitales culturales recibidos fuera de la institución escolar, en sus intereses y en aspiraciones,
no tienen que ser vistos como negativos, puesto que son consecuencia de la universalización
de la educación, que es un bien social. Desde luego, los profesores tendrían más
homogeneidad en sus centros y en sus aulas si solamente un segmento de la población
acudiese a ellas.
El primer problema para la educación, como para toda acción social y política, es dilucidar en el
terreno de los principios, en primer lugar, si, como dice BOBBIO, nos hemos de situar en una
perspectiva en la que demos prioridad más a lo que nos diferencia o a lo que nos une, porque
esta actitud es básica a la hora de configurar un proyecto global de educación, seleccionar el
currículum coherente con dicho propósito y estimular las prácticas más acordes con ambos. Es
decir, que, aparte de contar con ese panorama fáctico de las diferencias, urge discutir y aceptar
o no, en coherencia con esa otra cara de la realidad, si conviene y merece la pena pensar y
hacer la educación en función de todo lo que nos une y nos puede unir, estimulando,
precisamente esto, en función de un proyecto de vida en común y de acuerdo con la aspiración
a la igualdad democrática. Hoy, frente a corrientes adversas, es preciso plantear también la
necesidad y las bondades de un currículum común, de una escuela común, base de una
experiencia cultural compartida. Proyecto que tampoco podrá olvidar la primera cara de la
realidad: que las diferencias son un hecho y que la singularidad es también un valor.
Como medida preventiva para acercarse al problema de las diferencias, es preciso establecer
una especie de doble “vigilancia”, epistemológica y ética. Es preciso interrogar e interrogarse
sobre el origen de las particularidades, sobre si son de naturaleza o de cultura; si son, por
tanto, diferencias modificables o no, aunque sólo sea en parte, a través de la educación, con
- 71 –
Arianne Hecker, IFDC, Ética, 2006
las políticas culturales, sociales y económicas adecuadas para ello. Porque los problemas de la
igualdad y de la diversidad no se pueden enfocar sólo desde la perspectiva escolar.
Antes de proseguir es preciso que caigamos en la cuenta de que en este tema el lenguaje
permite caminar en el filo de una extraordinaria ambigüedad, porque diversidad alude a la
circunstancia de ser distinto y diferente, pero también a la de ser desigual, lo que no sólo se
manifiesta en una forma de ser variada, sino de poder ser, de tener posibilidades de ser y de
participar de los bienes sociales, económicos y culturales; precisión que es válida para aplicar a
cada individuo respecto de sus grupos de referencia y a cada grupo dentro del contexto
inclusivo más general. Lo diverso lo contraponemos a lo homogéneo, que ahora parece no
gustarnos mucho, en un mundo que consume diseño de caducidad acelerada, aunque, por otra
parte, se instalan potentes mecanismos homogeneizadores, cuando surge por doquier el
reclamo de la diferencia cultural. Lo desigual lo confrontamos con la nivelación y ésta es
una aspiración básica de la educación que es, no lo olvidemos, capacitación para poder
ser.
Debajo de cualquier debate sobre diferencias y desigualdades hay en términos generales una
doble actitud básica previa. a) La de considerar que lo natural es la disimilitud y que si
queremos ir contra esa realidad se acaba cercenando la libertad. b) La posición de que las
desigualdades, excepto algunas estrictamente ligadas a la información genética, no son
naturales en el sentido de que no son inevitables y que la posición ética coherente es
combatirlas para proporcionar libertad a quienes vienen siendo menos favorecidos por «el
reparto». El despliegue de las condiciones genéticas tampoco es indiferente a las posibilidades
que da ese reparto.
Muchas diferencias tienen un origen social históricamente consolidado y como protagonistas
nos debemos preguntar si tratamos de mantenerlas o no. Esta es la primera interrogación que
el binomio educación - diversidad nos hace a todos los que tengamos que ver con la
enseñanza.
De manera preventiva proponemos la recomendación de no aceptar un lenguaje o un discurso
abstracto unitario para abordar la diversidad en educación, independientemente de cual sea la
diversidad a la que nos referimos, porque, como hemos dicho, lo importante en nuestro caso es
saber qué hacemos con las diferencias, con cada tipo de diferencia. Ahora se está divulgando
de forma simplificada un discurso legitimador de currículum “a la carta”, cuando debajo de este
paraguas semántico anidan peligros muy importantes.
Tanto el reconocimiento de ciertas diferencias como la anulación de otras han contribuido a la
aceptación de principios éticos favorables a la libertad y a la igualdad, así como a la
consolidación de prácticas sociales de progreso.
La práctica pedagógica añade una complicación de origen, traducida en hábitos potentes y
resistentes al cambio. La experiencia de escolarización en sí misma, por flexible que ésta sea y
débil su proyecto “normalizador”, sin autoritarismos, incluso en marcos secularizados, tiene un
objetivo socializador inevitablemente unificador que ha sido básico para lazos sociales. La
pedagogía no puede o no ha podido quitarse de encima del todo la coacción, por suavizada
que ésta quede, como afirma SOTELO (1995, pág. 39).
No se trata tanto de diferencias previas para las que prever un camino educativo diversificado
como de estimular logros diferentes conquistados en el recorrido.
Para caminar hacia un proyecto educativo igualador y respetuoso con ciertas diferencias se
requiere actuar al menos en tres niveles: a) disponer de una estructura en el sistema educativo
facilitadora, b) unos contenidos o un proyecto cultural adecuado y c) unos métodos coherentes
tanto con la búsqueda de la razón como de la libertad.
La escuela única - que no quiere decir uniforme, sino común - para todas las diversidades es
el proyecto más adecuado, más coherente con la vertebración comunitaria, en lugar de la
propuesta de que cada cual se eduque con “los suyos”. Ese proyecto de escuela única que
coincide con el proyecto de escuela pública, y hasta con la privada, si a esta no le anima el
afán de lucro o cualquier tipo de proselitismo y captación sesgada de clientelas, tendrá que
- 72 –
Arianne Hecker, IFDC, Ética, 2006
vérselas con diversidades, que no sólo serán de creencias, de referencias culturales y de
aspiraciones, sino de capacidades para el dominio de la racionalidad universalizadora.
Desde la óptica ilustrada democrática - desde los valores de la razón y desde la libertad y de la
autonomía - la cultura común de la escolarización es un espacio de diálogo y de juego
para compartir y recrear significados compartidos que libere a los individuos de las
trabas y limitaciones de su origen familiar y social, del estrecho marco de referencia de
su ambiente inmediato, de los prejuicios de grupo, del poder de los oscurantismos
cercanos, en aras de una perspectiva universalizadora que comprenda y respete las
particularidades no discriminatorias. Sólo quienes alcanzan una visión más universal
comprenden mejor y respetan las singularidades que no generan desigualdad. Sólo desde la
universalidad se puede articular la conciencia de las particularidades discriminatorias y las
prácticas para su supresión; se pueden aceptar los hechos diferenciales sin renunciar a
transitar por un mundo de perspectivas abiertas. Los que no tienen esa condición pueden
quedar cerrados en la defensa de sus únicos referentes, tanto más empobrecedores cuanto
más restringida sea la comunidad y sus relaciones con el exterior, con el peligro de derivación
hacia actitudes defensivas, despectivas y hasta agresivas hacia lo que se percibe como ajeno y
amenazador de la identidad.
SLAVOJ ZIZEK EN “EL ESPINOSO SUJETO”, PAIDÓS, BUENOS AIRES, 2001,
FRAGMENTOS
“En claro contraste con esta línea de pensamiento, lo que yo digo es mucho más fuerte: la
violencia étnica del skinhead neonazi no es “el retorno de lo reprimido” en la tolerancia
multiculturalista liberal, sino que esta tolerancia genera directamente esa violencia, que es su
propio y verdadero rostro oculto.
[...] la forma ideológica ideal de este capitalismo global es el multiculturalismo, la actitud que,
desde una especie de posición global vacía, trata a cada cultura local como el colonizador trata
a los pueblos colonizados, como a un “nativo” cuyas mores deben ser cuidadosamente
estudiadas y “respetadas”. (...)... el multiculturalismo involucra una distancia eurocentrista de
patronato, y/o el respeto a las culturas locales sin raíces en la cultura particular europea. En
otras palabras, el multiculturalismo es una forma autorreferencial de racismo, renegada,
invertida, un “racismo con distancia”: “respeta” la identidad del Otro... el respeto multiculturalista
a la especificidad del Otro es la forma de afirmar la propia superioridad. La conclusión es que la
problemática del multiculturalismo (la coexistencia híbrida de diversos mundos vitales
culturales), que hoy en día se impone, es la forma de aparición de su opuesto, de la presencia
masiva del capitalismo como sistema mundial global: atestigua la homogeneización sin
precedentes del mundo actual. (...) No sorprende que la tolerancia multiculturalista liberal esté
a su vez atrapada en el círculo vicioso de conceder demasiado y no lo suficiente a la
particularidad de la cultura del Otro: por un lado, tolera al Otro en la medida en que no es el
Otro real, sino el Otro aséptico de la sabiduría ecológica premoderna, de los ritos fascinantes, y
así sucesivamente; en cuanto aparece el Otro real... la tolerancia se detiene. (...) Por otro lado,
el liberal multiculturalista tolerante acepta a veces las violaciones más brutales a los derechos
humanos, o por lo menos es renuente a condenarlas, por temor a ser acusado de imponerle
sus propios valores al Otro. (...) En otras palabras, no hay ningún punto medio feliz entre el
“demasiado” y el “no bastante” (...) y la única comunicación auténtica es la comunicación de “la
solidaridad en una lucha común”, cuando descubro que el atolladero en el que estoy atascado
es el mismo atolladero que impide el avance del Otro”.
10) Para pensar, analizar, desmenuzar, escribir: Para entregar la semana que viene. Trabajo
grupal
1. Leer en pequeños grupos la ficha que les toca. Responder:
a) ¿Cómo caracterizarían el reclamo que se realiza: es de justicia redistributiva o de
reconocimiento (de manera predominante)?
b) ¿Qué soluciones de sde la visión afirmativa podrían aportar? ¿Y desde la
transformadora?
2. Desmenucen lo fundamental de lo que dicen, tanto Gimeno Sacristán como Zizek. ¿Cuál es
tu postura en relación a sus propuestas? ¿Por qué?
- 73 –
Arianne Hecker, IFDC, Ética, 2006
Clase trece: Derechos y reveses de los Derechos Humanos, Derechos del Niño y del
Adolescente. La memoria como herramienta para la defensa de los derechos humanos (25
/10/07y 08/11/07)).
1. Siempre causa estupor escuchar esa famosa expresión de “los derechos naturales de la
persona humana”. Cuánta ambigüedad y contradicción encerrada en una frase que, como
muchas otras, oímos y repetimos sin cuestionar su sentido. Qué contradicción implica calificar a
algún derecho como natural, cuando sabemos que no hay nada más antinatural que un
derecho o una norma que rige la conducta de los humanos; que se trata siempre de una
construcción cultural y social que intenta regular, casi siempre, las ganas de matarnos
mutuamente. La expresión, “la persona humana”, también nos lleva a cuestionar si es que
existe alguna persona que no lo sea. La jurídica, afirmarán los especialistas. Y ahí nos damos
cuenta de lo complejo que resulta aceptar la naturalidad de los derechos, simplemente por ser
humanos. En otras palabras, el “iusnaturalismo” -a pesar de formar parte del conocido arsenal
jurídico liberal y neo-, siempre ha sido difícil de explicar y más aún, de practicar con justicia a
través de la historia de los derechos humanos y la secuela de declaraciones a favor de los
derechos del niño, adolescente, anciano, trabajador, desempleado, etcétera.
2. Si hay algo típicamente humano, algo que nos caracteriza como especie dentro del reino
animal, es, justamente, la intolerancia hacia el otro semejante. Es esta cualidad la que hace
necesario y fundamental la generación de un cuerpo normativo y jurídico que enmarque y
regule nuestra convivencia. La larga historia de las guerras parciales, mundiales, contingentes,
de alta y baja intensidad, han contribuido a desarrollar, por una parte, la tecnología
armamentista generadora de la otra tecnología, la productiva; y por la otra, el cuerpo de
normas universalizables –o por lo menos, con esa pretensión- para evitar en el futuro los
desmanes y locuras que resultan de la confrontación entre los pueblos. En los últimos tiempos,
sin embargo, se ha logrado el milagro de unificar ambos desarrollos: las guerras humanitarias,
preventivas, las “guerras buenas” tendientes a garantizar los recursos primarios para las
economías hegemónicas, se asocian con las bombas “solo mata gente” o los ataques a
objetivos militares precisos, sin poder evitar algunos daños colaterales tales como bombardeos
a hospitales, bodas campesinas o mercados populares en pleno funcionamiento.
3. La lucha por los derechos humanos se ha convertido a partir de los años 90’ en una batalla
por la “ética mínima”, preponderantemente discursiva, occidentalmente omnipotente,
correctamente biopolítica, tranquilizadora de conciencias y culpas, mientras los mecanismos de
exclusión y las prácticas sociales reales demuestran fehacientemente las multiplicaciones de
sus violaciones e incumplimientos. Sustituye a los viejos ideales inherentes a la lucha de
clases, a las utopías socialistas en busca de la igualdad. De esta manera, al divulgarlos,
enseñarlos, repetirlos, sentimos que avanzamos en la construcción de una sociedad más justa.
Pero, atención: esta “mínima ética” nos conduce a una visión específica de los resultados que
esperamos: una ciudadanía pasiva o asistida, en contraposición a una ciudadanía activa o
emancipada que pretenda luchar por todos los derechos –civiles, políticos, pero especialmente
económicos y culturales- y hacerlo en forma permanente. No nos damos cuenta, por ejemplo,
que la Convención de los Derechos del Niño y del Adolescente fue aprobada en 1989,
incorporada en la Reforma Constitucional de 1994 en el caso argentino, pero que aún cuando
varias provincias ya han emitido las leyes regionales instando a la construcción de la normativa
jurídica que permita su aplicación, estamos muy lejos de poder sustituir la vieja y caduca ley de
Protección al Menor. Sin embargo, cuando abordamos el tema en el aula, recitamos y
enseñamos el decálogo correspondiente, sin detenernos a buscar ejemplos en la vida cotidiana
de su realidad. O sea, una vez más, creemos que la palabra dicha y/o escrita ya constituye el
hecho, y el trecho sigue agrandándose a medida que los problemas se hacen insolubles.
Los Derechos de los Niños:
Es necesario determinar las claves en las cuales se puede problematizar el tema de los
Derechos del Niño:
1) La perspectiva de la ciudadanía democrática: antes de la Convención, la infancia estaba
fuera del derecho, era la época del patronato de menores. Argentina es el país más
atrasado en Latinoamérica en este sentido. El derecho de menores está vigente desde
hace 100 años en nuestro país, a través de los dispositivos filantrópicos y asistencialistas,
pero no jurídicos. Se violaban los derechos de los niños supuestamente protegidos
(pérdida de libertad). Los derechos de los menores no tienen nada que ver con los
- 74 –
Arianne Hecker, IFDC, Ética, 2006
derechos del niño. La Convención del 20/11/89 fue una verdadera revolución: hizo que la
infancia se siente a la mesa de la ciudadanía como sujeto de derecho. Se empieza a dejar
de “minorizar a la infancia”. A partir de ella, se puede juridificar y hablar de derechos de la
infancia y no más de asistencialismo. Tienen iguales o más derechos que los adultos y esto
no tiene que ver con la buena voluntad, hay que respetarlo aún cuando no se ame a los
niños, lo mismo que con los adultos.
2) Segunda clave: ¿dilema de la diferencia? El surgimiento de los Estado-nación, la
Revolución Francesa, constituyeron el punto de partida. La independencia latinoamericana
construye estados idealmente legales e igualitarios. En 100 años, el tratar a todos como
iguales lo que generó fue una enorme desigualdad. En cambio, si se trata específicamente
la diferencia, se puede perpetuar la igualdad. No hay reparación histórica posible porque
los niños siempre van a ser diferentes de los adultos, y la acción a su favor siempre será de
afirmación positiva.
3) Durante 100 años la “minorización” de la infancia transcurrió en medio de la violencia y la
discriminación. ¿Qué significa esto hoy? ¿Cuál es la diferencia entre el niño y el menor? En el
cuadro que sigue se hace la comparación. Sin embargo, podemos resumir el proceso así: en
una primera etapa que llamamos de inexistencia de la infancia. Luego, la modernidad descubre
la infancia, le niega derechos y la clasifica en niños (socializados por medios “informales”:
familia y escuela) y menores (socializados por medios formales: aprensión, judicialización,
institucionalización, los modos duros del control social). Los jardines no son de menores, son
de infancia... La tercera etapa establecida a partir de la Convención establece que se salda la
deuda, la infancia vuelve a ser sujeto de derecho y ciudadano. Sujeto pleno de derechos: a) no
son iguales a los adultos; b) se plantea un piso: menores de 18 años tienen iguales derechos
que los mayores de 18; c) tienen derechos extras, sistemas de protección específicos. LO QUE
DEBE HACERSE ES PROTEGER LOS DERECHOS EN GENERAL, Y NO A TAL U OTRO
NIÑO. Antes los jueces no tenían límites, concentraban para sí todas las funciones
No hay dicotomía entre derechos y deberes. El reconocer un derecho implica la asunción de
responsabilidades. La inimputabilidad justamente se basa en la “incapacidad”, y tiene que ver
con la impunidad, lo cual nos lleva directo a la injusticia. Los niños son sujetos de
responsabilidad, en la medida de sus edades.
¿CÓMO ES UNA LEY DE LA
SITUACION IRREGULAR?
(TUTELAR)
¿CÓMO ES UNA LEY DE PROTECCIÓN
INTEGRAL?
“menores”
objetos de protección
protección de menores
Protección que viola o restringe
Derechos
infancia dividida
Incapaces
no importa la opinión del niño
situación de riesgo o peligro moral, o material o
situación
irregular
menor en situación irregular
niños y jóvenes
sujetos de derecho
protección del derecho
protección que reconoce y promueve derechos
Centralización
Juez ejecutando
política social
Asistencialismo
Juez como “buen padre de familia”
Juez con facultades omnímodas
lo asistencial confundido con lo penal
Menor abandonado igual a delincuente
Se desconocen todas las garantías
Imputados de delitos como inimputables
derecho penal del autor
privación de libertad como regla
infancia integrada
personas en desarrollo
es central la opinión del niño
derechos amenazados o violados
adultos, instituciones, servicios en situación
irregular
descentralización o municipalización
juez en actividad jurisdiccional
juez técnico
juez limitado por garantía
lo asistencial separado de lo penal
desaparece ese determinante
se reconocen todas las garantías
responsabilidad penal juvenil
derecho penal del acto
privación de libertad como excepción y sólo para
infractores otras sanciones
- 75 –
Arianne Hecker, IFDC, Ética, 2006
medidas por tiempo indeterminado
medidas por tiempo determinado
La memoria como herramienta para la defensa de los Derechos Humanos
Recordemos pasajes de nuestra historia más reciente. Ello siempre nos va a ayudar a
comprender el presente, reconocer lo que está ocurriendo en el “aquí y el ahora” y nos ayuda a
vislumbrar un futuro con mayores niveles de justicia, de libertad y de respeto por los derechos
humanos. Estos textos están tomados del Volumen 3, CD “De Memoria”, que fueran realizados
por equipos de la organización Memoria Abierta, por la Secretaría de Educación del Gobierno
de la Ciudad de Buenos Aires y difundidos a través del diario “Página 12”.
Epílogo para un final abierto: Verdad, Justicia y Memoria (Ver La grieta de Lanata)
Del Juicio a las Juntas a las leyes de impunidad
El fallo en el Juicio de 1985 había sancionado una verdad irrefutable: el Estado argentino había
perseguido, secuestrado, torturado y asesinado a miles de sus ciudadanos, acusados de
actividades “subversivas”.
El desafío del nuevo régimen democrático -y que signó la política de derechos humanos y en
relación con las Fuerzas Armadas del gobierno de Raúl Alfonsín- giraba en torno de cómo
mantener la institucionalidad y al mismo tiempo castigar a los criminales. Lamentablemente la
cuestión fue resuelta en aquellos años mediante el freno a la acción judicial.
Entre 1986 y 1990 hubo acciones concretas para limitar las posibilidades de la Justicia en la
investigación y esclarecimiento del pasado dictatorial y, por tanto, en el castigo de los
responsables de las violaciones a los derechos humanos. En primer lugar, el gobierno buscó
aplacar las quejas y el malestar de los militares impulsando la idea de “la obediencia debida”, lo
que limitaría el enjuiciamiento de oficiales de menor graduación que los ex comandantes. En
esta línea, en abril de 1986 el Ministerio de Defensa, a cargo de Horacio Jaunarena, envió sus
órdenes al Fiscal general de las Fuerzas Armadas. Con el argumento de apurar las acciones
judiciales, las instrucciones de Defensa eximían de juicio a quienes pudieran demostrar que
habían actuado “cumpliendo órdenes”. El amplio repudio que suscitó, en distintos sectores
políticos en general y en el movimiento de derechos humanos en particular, impidió que este
principio se materializara en una ley (aunque sería finalmente sancionada un año más tarde).
Fue entonces que el gobierno presentó al Congreso el proyecto de ley de Punto Final, que
ponía un límite temporal para la presentación de denuncias y la acción de la Justicia. El
proyecto generó oposición desde el justicialismo y otros partidos, y aún en el interior del
radicalismo. Sin embargo, prevaleció la postura de Raúl Alfonsín que, agitando el fantasma de
la época, esto es, un nuevo golpe de Estado, lo impulsó sin tregua.
La ley 23.492 de Punto Final, fue finalmente dictada en diciembre de 1986 y fijaba un plazo de
60 días para llamar a declarar en forma indagatoria a eventuales imputados por violaciones a
los derechos humanos. Establecía al mismo tiempo el beneficio de la prescripción de los delitos
cometidos por civiles bajo órdenes militares y aquellos cometidos por los guerrilleros.
Finalmente quedaba establecido que el “punto final” no incluía el delito de sustracción
sistemática de menores.
Con toda intención, la sanción de la ley coincidía con la inminente feria judicial del verano. Esto
significaba que habría muy poco tiempo para presentar denuncias. Sin embargo, los
organismos de derechos humanos organizaron la presentación de denuncias a los tribunales, y
el poder judicial no apoyó la iniciativa presidencial: las cámaras federales de Bahía Blanca,
Rosario, Córdoba, Mendoza, Tucumán, Comodoro Rivadavia y La Plata, suspendieron la feria
judicial. De este modo a fines de febrero de 1987, cuando expiraba el plazo, 300 oficiales de
alta graduación quedaron procesados.
Esta situación generó un gran malestar en las Fuerzas Armadas, y una ola de amenazas de
bomba y aún atentados contra el presidente recorrió las noticias de prensa de esos días.
Asimismo, se volvieron a alzar voces reivindicando el accionar de las Fuerzas Armadas en la
“lucha contra la subversión”.
- 76 –
Arianne Hecker, IFDC, Ética, 2006
En abril de 1987, a comienzos de Semana Santa, el mayor Ernesto Barreiro se negó a
presentarse ante la Cámara Federal de Córdoba. Este acto fue acompañado por el
levantamiento del teniente coronel Aldo Rico, un oficial de comandos que se atrincheró con un
grupo de rebeldes en la Escuela de Infantería del Ejército, en Campo de Mayo. Los
“carapintadas”, como se los bautizó debido al camuflaje de combate que adoptaron, exigían
una solución política a la cuestión “de las citaciones”, reclamaban la amnistía generalizada, y
una reivindicación del Ejército, “injustamente condenado”. No se trataba de un levantamiento
similar a los anteriores pues los oficiales amotinados no cuestionaban el orden constitucional.
Tampoco tuvieron, a diferencia de todos aquellos levantamientos anteriores el respaldo de
sectores de la sociedad civil. Cuestionaban, en cambio, y con vehemencia, la propia
conducción del Ejército: los generales que descargaban sus responsabilidades en los
subordinados.
La sublevación militar generó un rechazo social de magnitudes multitudinarias. Frente a la
crisis institucional más grave desde el retorno de la democracia, el gobierno apostó en un
primer momento a la movilización popular y la respuesta fue magnífica: las plazas de todo el
país se llenaron en repudio a los rebeldes y en apoyo al régimen democrático. Todos los
partidos políticos y todas las organizaciones de la sociedad civil se movilizaron en defensa de
la institucionalidad y firmaron un Acta de Compromiso Democrático.
Durante aquellos días de Semana Santa los “carapintadas” mantuvieron en vilo al país,
revelando de este modo un dato contundente: el gobierno, en ese lapso, no había conseguido
disciplinar a los rebeldes. El domingo 19 de abril, Raúl Alfonsín fue a Campo de Mayo. La
sociedad toda creía –o esperaba- que, respaldado por la amplísima movilización social, exigiría
la rendición incondicional de los sublevados. Pero de regreso a la Casa Rosada, ante una
multitud que a pesar de los cuatro infatigables días de movilización lo aguardaba expectante,
Alfonsín, anunció con eufemismos de gran orador, lo que la inmensa mayoría consideró una
gran claudicación de su parte. “Compatriotas –anunció- ¡Felices Pascuas! ¡La casa está en
orden!” y, enseguida, llamó a la comprensión de la actitud de los sublevados, al señalar que
muchos de ellos eran “héroes de la guerra de Malvinas”. Había habido rendición, sí, pero
resultaba evidente que ésta no había sido en absoluto incondicional. La movilización y el
entusiasmo popular se transformaron muy pronto –y por largo tiempo- en desilusión, repliegue
y escepticismo.
Las concesiones concretas a las Fuerzas Armadas no se hicieron esperar: el 8 de junio de
1987, el Congreso Nacional sancionó la ley 23.521 de Obediencia Debida, que establecía- sin
asumir prueba en contrario- que quienes a la fecha de comisión de un hecho denunciado
revistaran como oficiales jefes, oficiales subalternos, suboficiales y tropa de las fuerzas
armadas y de seguridad no eran punibles por haber obrado cumpliendo órdenes, en virtud de la
obediencia debida (ver Ley de Obediencia Debida).
Pese a estas concesiones, los militares insatisfechos no se apaciguaron. Los “carapintadas”, ya
dentro de una fuerte interna al Ejército, volvieron a levantarse en Villa Martelli y Monte Caseros,
conducidos por Mohamed Alí Seineldín y Aldo Rico respectivamente. Era evidente que las
Fuerzas Armadas detentaban aún un poder nada desdeñable y que no dudaba en utilizarlo con
el fin de garantizar la impunidad de los crímenes cometidos en el pasado reciente.
En busca de la Verdad y Justicia. Las estrategias del movimiento de derechos humanos
y las políticas estatales (1990-2004)
El Juicio a las Juntas no había cubierto la pluralidad de situaciones de daño y privación de
derecho y justicia que el Estado terrorista había dejado como saldo. En primer lugar, porque no
había sido resuelta la situación de irregularidad jurídica de miles de afectados por el terrorismo
estatal: familiares de desaparecidos, presos políticos y exiliados afrontaban problemas de
documentación, de sucesión, de causas penales pendientes, etc. (Ver apartado “Las acciones
reparatorias del Estado”).
En segundo lugar, porque la Justicia tenía una enorme tarea por delante en relación con el
procesamiento de todos los responsables de violaciones a los derechos humanos. Es
necesario insistir que en el Juicio a las Juntas habían sido juzgados sólo 700 casos. Más aún,
algunos delitos graves –como, por ejemplo, la sustracción de menores- no fueron considerados
- 77 –
Arianne Hecker, IFDC, Ética, 2006
por la Cámara a la hora de dictar sentencia. Los ex comandantes fueron absueltos de ese
delito porque la Cámara entendió que se había “demostrado sólo en forma ocasional”.
Finalmente, sólo habían sido juzgados los comandantes de las tres armas por su
responsabilidad mediata. Quedaba pendiente la acción de la justicia para todos los
responsables inmediatos de los crímenes perpetrados.
El panorama se agravó aún más cuando en 1986 y 1987 el gobierno decretó y sancionó
respectivamente las leyes de Punto Final (Ley Nº 23492) y de Obediencia Debida (Ley Nº
23521), ofreciendo así un marco institucional garante de la impunidad. En 1990 y 1991 los
Indultos decretados por el entonces Presidente Menem consolidaron esa impunidad al dejar en
libertad a los pocos militares que aún cumplían condena y a otros que se encontraban
procesados.
En respuesta a todos estos condicionantes, los organismos de derechos humanos y
profesionales independientes, se abocaron a la tarea de elaborar nuevas líneas de acción y
nuevas estrategias y figuras jurídicas orientadas hacia la búsqueda de la Verdad, la Justicia, la
garantía de derechos y la Memoria.
Las acciones reparatorias del Estado
Al finalizar la dictadura militar el movimiento de derechos humanos se abocó a la tarea de exigir
Justicia para la pluralidad de situaciones de daño y privación de derecho que el Estado
terrorista había dejado como saldo. La lucha por el juzgamiento de los responsables a las
violaciones de derechos humanos fue una de sus líneas de acción más importantes. Pero hubo
muchas otras que, si bien tuvieron menor repercusión pública, fueron de suma importancia.
Estas líneas de acción se orientaron a regularizar la situación jurídica de miles de personas y a
impulsar la reparación por parte del Estado de todos aquellos afectados directos por el
terrorismo estatal.
Una de las tareas más urgentes para el movimiento de derechos humanos fue solucionar la
amplia gama de problemas que afrontaban familiares de desaparecidos, presos políticos y
exiliados. Algunos de estos problemas se vinculaban con causas penales pendientes. Era el
caso de presos políticos, exilados y antiguos militantes sobre quienes pesaban pedidos de
captura del período del terrorismo estatal y que aún no habían sido anulados.
Otro conjunto de problemas era aquél referido a la situación jurídico-civil de los familiares de
las personas desaparecidas. Estas personas tenían diversos problemas para tramitar, por
ejemplo, la sucesión de bienes y pensiones. Otro obstáculo corriente fue la tramitación de la
Patria Potestad –que en nuestro país es compartida- cuando uno de los padres se encontraba
desaparecido. La situación se tornaba particularmente compleja cuando los hijos habían nacido
estando sus padres en la clandestinidad. Finalmente, la inserción laboral de ex presos políticos
y exilados fue otro de los desafíos que el movimiento de derechos humanos afrontó durante
este período.
Durante los años 1984 y 1985 se dictaron una serie de leyes de carácter reparatorio. Los
beneficios establecidos en estas normas no fueron exclusivamente económicos ni se trató de
una política en términos estrictos, aunque son disposiciones que tuvieron mucha importancia
para reparar situaciones particulares que afectaban a los beneficiarios.
En el año 1984, se dictó la ley 23.053 que dispuso el reingreso al cuadro permanente activo del
servicio exterior de la nación, de los funcionarios declarados prescindibles durante la dictadura.
En el mismo año se sancionó la ley 23.117, que estableció la reincorporación de los
trabajadores de las empresas del Estado que hubieran sido cesanteados por causas políticas y
gremiales durante dicho período. En el transcurso de 1985, la ley 23.238 dispuso la
reincorporación y el reconocimiento del tiempo de inactividad a los efectos laborales y
previsionales de los docentes que habían sido declarados prescindibles o cesantes por causas
políticas, gremiales o conexas hasta el 9 de diciembre de 1983. Por su parte, la ley 23.523,
dictaminó la reincorporación de los trabajadores bancarios despedidos por razones políticas. El
28 de septiembre de 1985 se dictó la ley 23.278 que se dirigió a aquellas personas que por
motivos políticos o gremiales fueron dejadas cesantes, declaradas prescindibles o forzadas a
renunciar a sus cargos públicos o privados, o se vieron obligadas a exiliarse. Estableció que el
período de inactividad se computaría a los efectos jubilatorios.
- 78 –
Arianne Hecker, IFDC, Ética, 2006
Por su parte, algunas personas que habían estado detenidas a disposición del poder ejecutivo
en virtud del estado de sitio iniciaron juicios civiles en los que reclamaron al Estado la
indemnización por daños y perjuicios.
A la luz del derecho internacional existen obligaciones que los Estados deben cumplir frente a
la comisión de graves violaciones a los derechos humanos como el esclarecimiento de lo
ocurrido a las víctimas, el juzgamiento a los responsables, la construcción de instituciones
democráticas y el otorgamiento de una reparación simbólica y económica. En este sentido, el
movimiento de derechos humanos impulsó, demandó y logró una política de reparaciones por
parte del Estado.
Por otro lado, en 1986 se sancionó la ley Nº 23.466 de 1986, que concedió una pensión a los
cónyuges, hijos y progenitores o hermanos (incapacitados para el trabajo) de personas
desaparecidas. En el caso de los hijos, la pensión se extendía hasta que éstos cumplieran los
21 años; en el caso de las esposas y madres cuya manutención había estado a cargo de la
persona desaparecida, la ley estableció una pensión vitalicia.
En diciembre de 1990, un grupo de esposas de desaparecidos nucleadas en Familiares de
Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas con el apoyo del movimiento de derechos
humanos, logró la sanción de la ley de excepción del Servicio Militar Obligatorio para los hijos
de detenidos-desaparecidos.
Desde comienzos de la década de 1990 la política de reparaciones del Estado cobró un fuerte
impulso.
A comienzos de 1991 el decreto 70/91 reglamentó lo que en ese primer momento se llamó
“indemnización” a un conjunto de 200 ex presos políticos que habían presentado su reclamo
ante la Organización de Estados Americanos (OEA). En enero de 1992, a través de la ley Nº
24043 esta indemnización se extendió a la totalidad de ex presos políticos a disposición del
PEN, o juzgados por tribunales militares.
A partir de entonces, las indemnizaciones comenzaron a denominarse “reparaciones” y
posteriormente se extendieron a los sobrevivientes de centros clandestinos de detención.
La concreción de una reparación para las víctimas de la desaparición forzada debió esperar a
que el Estado hiciera lugar a una reivindicación que todos los familiares y organismos de
derechos humanos demandaban desde hacía muchos años: la sanción de una ley que creara
la figura legal de “desaparición forzada”. En efecto, el ordenamiento jurídico argentino
contemplaba la categoría de personas vivas o muertas y, adicionalmente, la ausencia con
presunción de fallecimiento –asimilable a la muerte-. Desde mediados de la década del '80 una
demanda fundamental para los familiares, fue que no se los considerara muertos a pesar de
que de ese modo se destrababan situaciones complejas tales como la posibilidad de abrir el
procedimiento sucesorio, lo que permitía a los herederos reclamar sus derechos.
Frente a esta situación, en 1994 se logró la sanción de la ley 24.321 que creó la figura legal de
“ausencia por desaparición forzada”. Contemplaba el caso de todas las personas que hasta el
10 de diciembre de 1983 hubieran desaparecido involuntariamente del lugar de su domicilio o
residencia, asumiendo oficialmente su ausencia porque fue secuestrada ilegítimamente por
agentes del Estado y nunca apareció con vida. La desaparición forzada puede acreditarse a
través de la denuncia presentada a la autoridad judicial competente, a la CONADEP o la
Secretaría de Derechos Humanos y Sociales.
En diciembre de 1994 a través de la ley 24.411 las indemnizaciones se extendieron a los
detenidos-desaparecidos y, en su ausencia, percibidas por sus familiares directos.
Finalmente, la ley 25.914 del 2004 amplió la reparación económica a aquellos jóvenes nacidos
durante la privación de la libertad de sus madres, o que siendo menores hubiesen permanecido
detenidos en relación a sus padres, siempre que cualquiera de éstos hubiese estado detenido
y/o desaparecido por razones políticas, ya sea a disposición del Poder Ejecutivo nacional y/o
tribunales militares.
Para los familiares y para la institucionalidad democrática la reparación económica de las
gravísimas violaciones a los derechos humanos, como parte de una reparación más amplia,
resulta fundamental. Sin embargo, no es suficiente ni puede reemplazar a la verdad y la
justicia, las dos exigencias que aguardan ser satisfechas en la sociedad argentina.
- 79 –
Arianne Hecker, IFDC, Ética, 2006
El esclarecimiento de lo ocurrido: la labor del Equipo Argentino de Antropología Forense:
En el camino de la búsqueda de la verdad se destaca la labor del Equipo Argentino de
Antropología Forense (EAAF). El EAAF se formó en 1984 con el fin de investigar los casos de
personas desaparecidas en Argentina durante la última dictadura militar (1976-1983).
Su trabajo se ha revelado fundamental en el esclarecimiento del destino final de muchos
detenidos-desaparecidos. Mediante la aplicación de técnicas científicas sus integrantes
trabajan en la identificación de restos humanos. Cada identificación vuelve a probar el carácter
sistemático de la represión; aporta evidencia fundamental en las causas legales y para los
familiares, representa una reparación subjetiva y encarna la posibilidad de concretar un
derecho: el de la recuperación de los restos de sus seres queridos. Actualmente, el equipo
trabaja en Latinoamérica, África, Asia y Europa en cinco áreas programáticas.
“Las técnicas de la antropología física posibilitaron la identificación del sexo, la edad, la
estatura, el hábito de lateralidad (zurdos o diestros), las enfermedades y accidentes con
secuelas óseas, y la ficha odontológica, de los restos hallados. En todos los casos, esta
información se complementó con los datos aportados por los familiares, los compañeros de
detención, los archivos periodísticos (...) Actualmente, el EAAF cuenta con una base de datos
que es consultada por organismos de derechos humanos y por particulares. Las tareas del
equipo se fundamentan en la posibilidad de “asistir a los familiares de las víctimas en su
derecho de reclamar los restos de sus seres queridos desaparecidos, de manera que puedan
realizar los funerales y llorar a sus muertos”. Sus acciones también permiten la recuperación de
los niños buscados por las Abuelas, a través de la identificación de los cuerpos de las mujeres
embarazadas”
Asamblea Permanente por los Derechos Humanos y Dirección General de Derechos HumanosGobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Memoria y Dictadura. Un espacio para la reflexión
desde los Derechos Humanos, Buenos Aires, 2003, p. 34.
La lucha contra la impunidad: la justicia internacional, las estrategias jurídicas en el
ámbito nacional y la anulación de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida
Limitada la posibilidad de perseguir penalmente a los responsables del terrorismo de Estado
por las leyes de impunidad y los indultos, el movimiento de derechos humanos trabajó para
abrir otras vías alternativas de justicia. Para comprender este proceso es necesario tener en
cuenta el vasto trabajo realizado que logró -con la reforma de la Constitución Nacional de 1994la incorporación del principio de íntima vinculación entre la vigencia de los derechos humanos y
el sistema democrático y el otorgamiento de rango constitucional a los instrumentos
internacionales de derechos humanos.
Esto permitió profundizar el uso de los argumentos del derecho internacional de los derechos
humanos en el ámbito interno. Dichos preceptos fueron fundamentales, por ejemplo, para el
planteo de la inconstitucionalidad de las leyes de obediencia debida y punto final, y para
reclamar el cumplimiento del derecho a la verdad y al duelo.
En 1995 el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) presentó la primera demanda por el
reconocimiento del derecho a la verdad tanto de los familiares de las víctimas como de la
sociedad. En Argentina se buscó hacer efectivo este derecho a través del desarrollo de causas
judiciales. Frente a la limitación de perseguir penalmente a los responsables, los juicios por
derecho a la verdad buscan encontrar una respuesta al destino final de cada uno de los
desaparecidos.
Para los organismos de derechos humanos no se trataba sólo del cumplimiento de un derecho
que estaba reconocido en el ámbito nacional e internacional. Implicaba también la posibilidad
de continuar trabajando en el ámbito del Poder Judicial y así propiciar que un poder del Estado
tratara el tema. Luego de un proceso legal que llegó hasta la Comisión Interamericana de
Derechos Humanos (CIDH), en el año 1999 el Estado argentino firmó un acuerdo de solución
amistosa en el que reconoció este derechos y se comprometió a llevar adelante estos juicios.
Actualmente se sustancian juicios por derecho a la verdad en varias jurisdicciones de
Argentina. Adquieren particular importancia los Juicios por la Verdad, llevados adelante en las
- 80 –
Arianne Hecker, IFDC, Ética, 2006
Cámaras Federales de Apelación de La Plata, Buenos Aires, Bahía Blanca, Mar del Plata,
Córdoba, Rosario y Mar del Plata.
La lucha contra la impunidad y por el juzgamiento a los represores se ha desarrollado hasta el
día de hoy (2004) en dos escenarios: el internacional y el nacional. Podría decirse que, en el
espacio del derecho internacional, el protagonismo estuvo en manos de dos actores. En
principio se erigieron aquellos Estados que exigen justicia por la desaparición en territorio
argentino de personas por cuya ciudadanía y/o nacionalidad responden. Este es el caso, por
ejemplo, de Suecia, Francia, Italia y Alemania. Los sistemas jurídicos de algunos de estos
Estados contemplan la posibilidad de “juzgar en ausencia” (es decir, permiten desarrollar un
proceso judicial aunque los acusados no estén presentes). De ahí, que aunque Argentina no
extraditó a los represores, algunos de ellos pudieron ser juzgados y condenados en países
como Italia (que condenó a Suárez Mason, entre otros, a la pena de reclusión perpetua) y
Francia (que condenó a Alfredo Astiz a la misma pena).
Ahora bien, esta condena no pudo hacerse efectiva en tanto los sucesivos gobiernos
argentinos rechazaron los pedidos de extradición de represores presentados por otros Estados.
La justicia española –que no contempla la posibilidad de juzgar a personas si los crímenes por
los cuales se los acusa fueron cometidos en otro país- apeló a la figura jurídica de genocidio,
tortura y terrorismo para perseguir a represores argentinos y chilenos. El genocidio constituye
un crimen que, por su naturaleza, es de jurisdicción universal. Esto significa que cualquier
Estado que haya firmado los tratados y pactos internacionales contra estos crímenes (entre los
cuales se encuentra el argentino) debe concurrir a su juzgamiento. Ahora bien, los marcos
jurídicos españoles no contemplan la posibilidad del juicio “en ausencia”; por eso, el juez
Baltasar Garzón solicitó en reiteradas oportunidades que se detenga a un gran grupo de
represores a los efectos de proceder a la extradición. Uno de sus argumentos es la aplicación
del principio de derecho internacional “juzgar o extraditar” que establece que si un Estado (en
cuyo territorio se cometieron los crímenes o en cuyo territorio se encuentran los criminales) no
juzga, tiene la obligación de extraditar a los acusados de los crímenes si otro Estado así los
solicita.
En el caso de los represores argentinos, los pedidos de extradición del juez Garzón estuvieron
dirigidos al Estado mexicano (en cuyo territorio se había descubierto al represor Ricardo
Cavallo quien fue extraditado a España) y al Estado argentino. En este caso el pedido de
extradición alcanzó a numerosos miembros de las fuerzas de seguridad acusados de crímenes
de lesa humanidad.
Estos acontecimientos reavivaron un intenso debate en torno a la normativa que debía regir el
derecho y la justicia internacional. Las discusiones giraron fundamentalmente en torno a los
principios de extraterritorialidad e imprescriptibilidad de los crímenes de lesa humanidad. El
principio de extraterritorialidad se refiere al derecho de otros Estados de juzgar crímenes
cometidos fuera de su territorio. ¿Qué significa el principio de imprescriptibilidad?
Existen delitos comunes que, tras diez o veinte años de haber sido cometidos “prescriben”,
esto es, no pueden ser perseguidos penalmente. Para el caso de crímenes de lesa humanidad
puede aplicarse, en cambio, el principio de imprescriptibilidad. Éste determina que no importa
cuánto tiempo haya transcurrido desde la comisión del crimen: los responsables pueden ser
siempre procesados y condenados. El Estado argentino reconoció y aplicó este principio
(sentando así jurisprudencia) en varias oportunidades.
La primera fue cuando el Estado italiano, en 1994, pidió la extradición de criminal nazi Erich
Priebke, ciudadano alemán, que se encontraba en nuestro país. El estado argentino lo extraditó
y Priebke fue juzgado y condenado por la justicia italiana.
La segunda oportunidad fue cuando, en 1998, el Juez Marquevich aplicó el principio de
imprescriptibilidad para condenar a Videla por “robo de bebés”.
Finalmente, la Corte Suprema de Justicia de la Nación, resolvió el 24 de agosto de 2004, en el
caso “Arancibia Clavel”, que los delitos de lesa humanidad son imprescriptibles. La Corte
expresamente estableció que los delitos como el genocidio, la tortura, la desaparición forzada
de personas, el homicidio y cualquier otro tipo de actos dirigidos a perseguir y exterminar
- 81 –
Arianne Hecker, IFDC, Ética, 2006
opositores políticos son crímenes contra la humanidad; crímenes que no prescriben, y que el
principio de imprescriptibilidad se aplica a hechos cometidos durante el terrorismo de Estado en
la década del 70.
El desarrollo del juicio al general chileno Augusto Pinochet en Londres y el caso argentino en la
justicia española con los consiguientes pedidos de extradición mostraron una creciente
conciencia internacional sobre la necesidad de juzgar estos crímenes.
Este contexto internacional tuvo una influencia trascendental sobre nuestro país, donde el
movimiento de derechos humanos no había cejado su presión sobre las instituciones estatales
con el fin de derribar las barreras que obstaculizaban la acción de la Justicia y garantizaban la
impunidad.
En el año 2000 el Centro de Estudios Legales y Sociales presentó una querella penal en la que
solicitó la declaración de inconstitucionalidad de las leyes de obediencia debida y punto final.
En marzo de 2001 el juez Federal Gabriel Cavallo dictaminó la primera declaración jurídica de
inconstitucionalidad de aquellas leyes por considerarlas contrarias a la Constitución Nacional y
a los tratados internacionales de derechos humanos que el Estado Argentino firmó.
Esta resolución fue avalada por el Procurador General de la Nación y por varias Cámaras
Federales. En los años siguientes, otros jueces de tribunales de todo el país resolvieron en el
mismo sentido y reabrieron investigaciones.
La lucha de los organismos tuvo, en el 2003, un nuevo e importantísimo logro: en agosto de
ese año, el Congreso de la Nación aprobó la ley 25.779 que declaró la nulidad legislativa de las
leyes de impunidad. También otorgó rango constitucional a la Convención sobre
imprescriptibilidad de los crímenes de lesa humanidad.
Actualmente (2004) existen en Argentina diferentes tipos de juicios cuyo fin es la sanción penal
de los responsables del terrorismo de Estado. En algunos de ellos se investigan delitos que
quedaron expresamente excluidos de las leyes de impunidad (entre otros: apropiación de
menores y sustitución de identidad; robo de bienes; y delitos cometidos por el terrorismo de
Estado con anterioridad a 1976). En otros procesos judiciales, se intenta avanzar en el castigo
de delitos que sí fueron amparados por esas normas a través de su declaración de
inconstitucionalidad. Finalmente, están aquellos otros casos en que se discute la validez de los
decretos de indulto que beneficiaron a quienes fueron condenados en los primeros años de la
democracia y a quienes estaban sujetos a procesos penales.
A comienzos de 2005, el movimiento de derechos humanos y amplios sectores de la
comunidad política y la ciudadanía se encuentran a la espera de que la Corte Suprema de
Justicia declare definitivamente la invalidez las leyes de Punto Final y Obediencia Debida. De
esta forma se permitiría la reapertura de las causas judiciales que habían quedado truncas en
la década de 1980 y el inicio de otras nuevas. La condena a los culpables de los más atroces
crímenes cometidos en nuestro país se vuelve indispensable para evitar la impunidad en el
futuro. En palabras del fiscal Julio Strassera: “nos cabe la responsabilidad de fundar una paz
basada no en el olvido sino en la memoria; no en la violencia sino en la justicia. Esta es nuestra
oportunidad: quizá sea la última”.
Clase catorce: Segundo parcial (22/11/07).
Clase quince: corte evaluativo (06/12/07).
- 82 –
Arianne Hecker, IFDC, Ética, 2006
Descargar