REFORMA DE LA LEY DE LA JURISDICCIóN CONTENCIOSO

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derecho
contenciosoadministrativo
Reforma de la Ley de la
Jurisdicción Contenciosoadministrativa por la Ley de
Agilización Procesal
Jordi Fontquerni Bas. Procurador de los Tribunales.
La Ley 37/2011 de Medidas de agilización procesal ha modificado algunos artículos de la Ley 29/1998,
de 13 de julio, de la Jurisdicción Contencioso-administrativa. Es una lástima que una Ley que fue
aprobada, sin prácticamente discusión jurídica en la Comisión de Justicia y apenas rectificada posteriormente en el trámite del Senado y el Congreso, se vea reformada casi cada año. La precipitación política, la falta de reflexión, la omisión de cualquier análisis contradictorio lleva a los políticos a aprobar
textos legales que luego el tiempo se encarga de modificar una y otra vez con la inseguridad jurídica
que ello produce a los profesionales del Derecho.
Nos encontramos, por lo tanto, con una nueva modificación que no será la última, y que se cobija en
el título de agilización procesal, con afectación a las normas procesales de las cuatro jurisdicciones.
El propio Preámbulo o Exposición de Motivos hace alusión a que
se han aumentado los litigios en
los órganos jurisdiccionales, lo que
es sinónimo, dice la Exposición de
Motivos, de que el ciudadano confía
cada vez más en la Administración
de Justicia. Nada más lejos de la
realidad. Por lo que se refiere a la
Jurisdicción Contencioso-administrativa si, efectivamente, ha aumentado la presentación de recursos
contenciosos-administrativos no es
precisamente porque el ciudadano
confíe en la Administración de Justicia, sino porque se ve obligado
a ello por una Administración
Pública que es lenta en resolver, que dicta actos administrativos
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en contra de constantes y reiterados
criterios jurisprudenciales, sin que
nadie se preocupe de ello.
Esto es lo importante, todo lo demás es accesorio. El ciudadano acude
al órgano jurisdiccional por necesidad, no por placer y porque la propia
actividad administrativa le obliga a
ello. No tiene más remedio, a diferencia de otros países más respetuosos
con el ciudadano.
Si se hubiese pretendido agilizar
verdaderamente la Administración
de Justicia, por lo que se refiere a la
Jurisdicción Contencioso-administrativa, convendría comenzar por la
supresión del vergonzante silen-
cio administrativo que es siempre
retardador en acudir al órgano jurisdiccional competente. Se deberían
reducir los plazos, especialmente
los que obligan a un determinado acto
procesal a la Administración Pública,
se debería obligar a entregar el
expediente administrativo en el
plazo de diez días y el expediente
entero, sin omisiones retardadoras
para evitar la apariencia de entregar
unas cuantas hojas, esperar a que el
justiciable pida complemento de expediente, lo acuerde el Juez o el Tribunal y así disponer más tiempo para
conformar el indicado expediente.
Se pretende reducir trámites
nada menos que en la fase de
prueba, cuando es bien sabido que
esta fase es la más importante del
proceso, pues las alegaciones sin
prueba no sirven para formar la convicción del Juez o Tribunal. La prueba es esencial para demostrar las
irregularidades legales del acto
administrativo. ¿Quién es tan osado de renunciar a la prueba? Nadie,
absolutamente nadie, porque ello supondría dejar en manos de la Administración Pública autora del acto administrativo impugnado, la suerte de
la pretensión ejercitada en la demanda. La única posibilidad de demostrar las mencionadas irregularidades
es en la fase de prueba, que aquí se
intenta aligerar con el fin de que el
Juez dicte sentencia cuanto antes,
cuando hay otros trámites que no
inciden directamente en las obligaciones formales y materiales del justiciable que bien podían ser modificados, especialmente todos aquellos
que puedan recortar las prebendas y
LEGISLACIÓN
www.bdifusion.es
•
Ley 37/2011, de 10 de octubre, de medidas de agilización procesal. (Legislación General. Marginal: 286315).
•
Ley 29/1998, de 13 de julio, reguladora de la Jurisdicción Contencioso-administrativa. (Normas Básicas. Marginal: 139). Arts.: 14,
78.3, 81.1, 86.2, 96.3, 99.2, 130, 131, 135, 139.1.
privilegios procesales de la Administración Pública. Solamente en cuestiones estrictamente jurídicas, donde
no existan hechos o alegaciones que
merezcan prueba, se podrá aplicar la
presente modificación.
Aparecen determinadas normas en
materia competencial, debiendo destacar la modificación del artículo
14 de la LJCA, en el sentido de que
cuando el recurso tenga por objeto actos de las Administraciones públicas
en materia de responsabilidad patrimonial, personal, propiedades especiales y
sanciones será competente, a elección del demandante, el juzgado
o el tribunal en cuya circunscripción tenga aquél su domicilio o se
halle la sede del órgano autor del
acto originario impugnado. Asimismo, cuando el recurso tenga por ob-
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derecho
contenciosoadministrativo
Es esta una reforma que sólo favorece al Tribunal Supremo. Ello es
así, por cuanto en primer lugar, esta
medida sólo tiene por destinatario al
Tribunal Supremo, que agobiado por
un mal reparto competencial adolece
de un retraso monumental en la resolución de los recursos pendientes todavía de sentencia. De este modo se
verá aliviado el Tribunal Supremo, pero la contraparte es que las
Salas de lo Contencioso-administrativo de los Tribunales Superiores de Justicia se convertirán en
verdaderos Tribunales Supremos
en el territorio de su respectiva
Comunidad Autónoma, pues pocos
recursos de casación llegarán al Tribunal Supremo. También se eleva
la cuantía para la unificación de
doctrina de sentencias dictadas por
el Tribunal Supremo, Audiencia Nacional y Tribunales Superiores de Justicia (artículo 96.3 LJCA).
“Se pretende reducir trámites nada menos
que en la fase de prueba”
jeto actos de las Administraciones de
las Comunidades Autónomas o de las
entidades de la Administración Local,
la elección a que se refiere esta regla
segunda se entenderá limitada a la circunscripción del Tribunal Superior de
Justicia en que tenga su sede el órgano
que hubiere dictado el acto originario
impugnado.
Como gran novedad se cita el
caso del procedimiento abreviado,
cuando el recurrente no pide el
recibimiento a prueba, ni la Administración Pública solicita la celebración de vista. ¿Cuántos recursos
pueden adaptarse a este requisito?
Pocos. No obstante, esta modificación
se fundamenta en la intención de reducir trámites y dotar de mayor agili-
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dad a la fase probatoria. Pero, indico
que el proceso ordinario no queda
afectado por esta reforma, que se
reduce sólo al procedimiento abreviado del que conocen los Juzgados de lo
Contencioso-administrativo.
Modificación sustancial es la elevación de la cuantificación económica del recurso de apelación a
30.000 euros (artículo 78.3 y artículo
81.1ª LJCA), límite que también afecta
ahora al procedimiento abreviado, mucho menos de lo que había sido objeto de
discusión en las sesiones parlamentarias,
donde se llegó a barajar la cifra de 50.000
euros. Siguiendo en esta línea económica, carece de justificación la elevación a 600.000 euros del recurso de
casación (artículo 86.2 LJCA).
Sin embargo, para el recurso de
casación para la unificación de doctrina de las sentencias de las Salas
de lo Contencioso-administrativo, se
establece una limitación mínima
de 30.000 euros en lugar de los
anteriores 18.000 euros (artículo
99.2 LJCA).
Se utiliza el límite cuantitativo para
la procedencia del recurso, tanto de
apelación, casación, como de unificación de criterio. Esta es una mala
práctica, verdaderamente endémica
del legislador español, quien cree que
la cuantía determina la importancia,
relevancia o trascendencia del proceso y no es así exactamente. Puede haber recursos que den lugar a procesos
donde la discusión jurídica, tanto en
el aspecto material como formal, no
necesariamente dependa de su cuantificación económica, por plantearse
cuestiones que pueden ser relevantes
y, sin embargo, por el hecho de no
alcanzar una cuantía determinada,
quedan fuera de la segunda instancia
o del recurso de casación para unificación de doctrina.
drán solicitar nuevamente medida alguna al amparo del presente artículo.
Poca novedad efectiva aparece
en la modificación del artículo 135
LJCA, cuando los interesados alegaran la concurrencia de circunstancias
de especial urgencia en el caso, el
juez o tribunal sin oír a la parte
contraria, en el plazo de dos días
podrá mediante auto:
Pero en los supuestos que tengan
relación con actuaciones de la Administración en materia de extranjería,
asilo político y condición de refugiado
que impliquen retorno y el afectado
sea un menor de edad, el órgano jurisdiccional oirá al Ministerio Fiscal con
carácter previo a dictar el auto al que
hace referencia el apartado primero de
este artículo.
1.Apreciar las circunstancias de
especial urgencia y adoptar o
denegar la medida, conforme al
artículo 130. Contra este auto no
se dará recurso alguno. En la misma
resolución el órgano judicial dará audiencia a la parte contraria para que
en el plazo de tres días alegue lo que
estime procedente o bien convocará a las partes a una comparecencia
que habrá de celebrarse dentro de
los tres días siguientes a la adopción
de la medida. Recibidas las alegaciones o transcurrido el plazo en su caso
o bien celebrada la comparecencia,
el juez o tribunal dictará auto sobre
el levantamiento, mantenimiento o
modificación de la medida adoptada,
el cual será recurrible conforme a las
reglas generales.
2.No apreciar las circunstancias
de especial urgencia y ordenar
la tramitación del incidente cautelar conforme al artículo 131,
durante la cual los interesados no po-
Se da una nueva redacción al
artículo 139 apartado 1, que introduce poca novedad, que queda
redactado en los siguientes términos:
“1. En primera o única instancia,
el órgano jurisdiccional, al dictar sentencia o al resolver por auto los recursos o incidentes que ante el mismo se
promovieren, impondrá las costas a la
parte que haya visto rechazadas todas
sus pretensiones, salvo que aprecie y
así lo razone, que el caso presentaba
serias dudas de hecho o de derecho.
En los supuestos de estimación o
desestimación parcial de las pretensiones, cada parte abonará las costas
causadas a su instancia y las comunes
por mitad, salvo que el órgano jurisdiccional, razonándolo debidamente,
las imponga a una de ellas por haber
sostenido su acción o interpuesto el
recurso con mala fe o temeridad.”
Ello significa, entre otras cosas, que
la imposición de costas es preceptiva, al dictar sentencia o auto, a
la parte a quien se rechacen sus
pretensiones, salvo que aparezcan
dudas de hecho o de derecho. Se impone el criterio del vencimiento en
primera instancia. Esta imposición de
costas ya aparecía en la anterior redacción, incluso con mejor técnica legislativa cuando en el segundo párrafo del
apartado primero del mismo artículo
139, la imposición de costas dependía
de que en caso contrario se pudiera
afectar a la finalidad del recurso.
Para terminar, añadir que las modificaciones indicadas no son verdaderas
medidas que permitan la agilización
procesal, ni esa ha sido tampoco la intención del legislador, que de haberse
propuesto agilizar verdaderamente el
proceso contencioso-administrativo,
hubiese empezado por poner en el
mismo plano de igualdad a la Administración Pública, autora del acto administrativo impugnado y al particular,
esto es, al justiciable. Hubiese, asimismo, reducido los plazos, limitando las
potestades administrativas. ¿Por qué
no se obliga de una vez a la Administración Pública a cumplir exacta y fielmente las sentencias firmes? La fase
de ejecución de sentencias se eterniza
a través de escritos y más escritos pidiendo la ejecución que, en ocasiones,
no llega por dilaciones de la Administración Pública. n
Bibliografía
www.bdifusion.es
•
ROJÍ, JOSÉ Mª. Contratación pública y modificaciones de la Ley de la Jurisdicción Contencioso-Administrativa.
Ayuntamiento XXI. Nº 48. Noviembre-diciembre 2011.
•
GARCÍA GÓMEZ DE MERCADO, FRANCISCO. Efectividad de las sentencias en la Jurisdicción ContenciosoAdministrativa. Economist & Jurist. Nº 153. Septiembre 2011.
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