36. Jeff Wall (1984) - Análisis de Fotografía

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“MILK” (1984) de Jeff Wall.
Análisis realizado por Adam Brenes Dutch
En el nivel contextual, podemos comenzar destacando que nos encontramos ante
una imagen claramente definitoria de la filosofía pictórica de Jeff Wall. Para conocer
mejor su pensamiento y la forma de enfocar sus obras, citaré una opinión crítica
realizada por Chantal Poutbriand en la revista Parkett1: “Como lugar de caos, de
tránsito, de violencia real o imaginada, cada obra es una puerta abierta hacia el
subconsciente, hacia momentos de intensidad que retornan al espectador. Al dirigir
nuestra mirada hacia esos espacios desolados, esos umbrales que son los puertos o los
cementerios, o hacia relaciones humanas transitorias por medio de la fotografía, Jeff
Wall se inventa una antropología de la vida contemporánea. Una antropología que
muestra su preocupación del colapso de las ideologías tradicionales, por lo que hemos
hecho a la naturaleza y a nuestras ciudades, por aquello en lo que se han convertido los
seres humanos […] En esos espacios geográficos y psicológicos, tan emblemáticos de
la vida contemporánea, se pueden sentir momentos de soledad infinita, una soledad que
redefine el significado del término comunidad”.
Entrando a analizar la fotografía que hoy nos concierne, Milk, podemos resaltar
que es una imagen en color que destaca por sus grandes dimensiones 187x 229 cm. Unas
1
POUTBRIAND, CH: “The Non-Sites of Jeff Wall”. Parkett, n 49, 1997, p.102.
1
dimensiones que están completamente justificadas por el modo en que se expone la
instantánea: en trasparencia, en cibachrome y en cajas de luz de 204.5 x 245.1 x 22.2 cm. Es
por ello, que, aunque esté dato no lo hemos podido confrontar, la fotografía se haya podido
tomar con una cámara de gran formato. Las razones que nos han llevado a considerar esto
son que el negativo de dicho formato es más grande, lo que permite obtener una mayor
resolución y, por consiguiente, una mayor calidad en las ampliaciones de ésta.
En lo que hace referencia al nivel morfológico, y como descripción del motivo
fotográfico, podemos resaltar que en la fotografía es posible contemplar a un homeless
sosteniendo un brick de leche cuyo contenido es vertido en el aire a semejanza de un volcán
en plena erupción. Este instante fugaz queda detenido en el tiempo dotando a la escena de un
gran poder embriagador. El entorno en el que se produce la acción nos remite a un espacio
urbano que descontextualiza al personaje de la fotografía, ya que lo sitúa en un entorno limpio
e iluminado en contraposición al típico callejón oscuro y lúgubre en el que suelen ubicarse este
tipo de personas.
En ‘Milk’ podemos encontrar dos focos de atención que atraen la mirada del
espectador, erigiéndose en vectores de dirección de la misma: la erupción de leche y el vacío
negro que sirve para fragmentar la escena. Ambos elementos se caracterizan por no ocupar el
centro geométrico de la imagen, aunque sus extremos si que llegarían a invadir los límites
imaginarios de éste. La leche nos orienta a mirar hacia la izquierda de la imagen, topándonos
enseguida con ese enigmático agujero negro. Por su parte, la ausencia de grano dota a la
escena de una mayor realidad, aspecto que entronca directamente con el eje temáticofilosófico de las obras de al autor: la (re)presentación de la realidad.
Asimismo se puede comentar dentro de este apartado que el orden cuadricular en el
que están dispuestos los ladrillos de la pared, que conforma una parte del fondo de la imagen,
conjuntamente con las bandas/líneas verticales situadas a la izquierda de la fotografía y que
fragmentan la escena en tres, contrasta directamente con la marcada tensión (línea horizontal)
del brazo izquierdo del hombre y la acentuada línea curvada que genera la explosión de la
leche. Todas estas líneas que están presentes en la imagen la dotan de un alto ritmo y
dinamismo.
Por otra parte, podemos diferenciar cinco términos que van desde el primer nivel en el
que se sitúa el personaje retratado hasta el plano más lejano compuesto por la vidriera de la
fachada de un edificio. Entre estos dos niveles, nos encontramos un segundo plano delimitado
por el matojo de hierba situado en el extremo izquierdo de la escena que es seguido por un
nivel intermedio marcado por la columna de ladrillos no uniformes. Finalmente, nos
encontramos con un cuarto plano representado por la banda negra y la pared de ladrillos que
abarca casi dos tercios de la imagen. Los dos focos de atención, anteriormente citados, se
ubican en el primer y cuarto nivel respectivamente.
La composición ilustrada, cuya escalaridad refuerza ese realismo que impregna la
imagen, es enormemente rica en cuanto a la visualización de formas se refiere. Con el primer
golpe de vista, nos resalta rápidamente el triángulo equilátero que se puede establecer al unir
los tres vértices imaginarios del personaje representado: la cabeza, la rodilla y la punta del
zapato. Figura que contrasta enseguida con el enorme rectángulo que conforma la pared de
ladrillos situada justo detrás de él. Una pared que, a su vez, puede ser fragmentada en
múltiples rectángulos de menor tamaño que conforman, como ya se ha comentado
anteriormente, una especie de rejilla. Otras figuras geométricas que encontramos son los dos
rectángulos dispuestos verticalmente (vacío negro y pared de ladrillos rugosos), cuyas
dimensiones son inferiores en cuanto a la anchura se refiere. Finalmente podemos discernir un
triángulo escaleno marcado por los vértices de la acera del espacio urbano. Esta riqueza formal
denota una gran y cuidada planificación de la escena y del motivo representado.
La fotografía posee una gran nitidez, convirtiéndola es una especie de escaparate de la
realidad. Únicamente podemos encontrar un ligero desenfoque en los elementos situados en el
extremo izquierdo de la fotografía: el matojo de hierba y el cristal de la fachada situado en el
plano más lejano.
Por su parte, la sombra que proyecta el homeless nos hace pensar que la fotografía ha
podido ser tomada a plena luz del mediodía. Esta iluminación natural, que sirve de nuevo como
instrumento expresivo para reforzar el carácter real de la representación, está reforzada con
una iluminación artificial procedente de un flash rebotado, cuyo objetivo es el de realzar ciertas
facciones del personaje. La presencia de este flash se hace patente en el brillo de la parte
frontal del cabello, la manga derecha de la camisa, así como el empeine del zapato izquierdo.
El abismo negro, carente de toda iluminación, se erige como elemento contrastador de la
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escena. Esta cuidada iluminación de la imagen nos permite disfrutar de un juego de texturas
que nos presenta la fotografía. Uno de los aspectos que más llaman la atención es el hecho de
que un componente líquido como es la leche sufra un proceso de solidificación derivado de ese
instante fugaz que es capturado y paralizado en el tiempo. Una solidez que se ve incrementada
en el espacio contextual de la escena gracias a la combinación de dos tipos de ladrillos: uno
menos uniforme, más rugoso y rústico y uno más convencional y liso. Cabe destacar también la
textura del cabello y vestimenta del personaje, que es grasienta y húmeda a la vez.
Para finalizar con el análisis morfológico, cabría resaltar el hecho de que los dos focos
de atención, comentados ya en el primer apartado de esta sección, sufren un potente contraste
cromático: el blanco y el negro, el yin y el yang. Algo similar ocurre con los dos bloques de
ladrillos, cuya tonalidad difiere entre sí considerablemente. También podemos encontrar un
contraste de color entre el personaje retratado (con una tonalidad más oscura) y su fondo más
próximo, la pared de ladrillos (con una tonalidad más viva). La información que nos proporciona
sus niveles de color nos indica que en la escena no tenemos reflejados el blanco puro ni el
negro puro, configurándose en una representación equilibrada entorno a la zona V (gris medio)
del sistema de sombras.
En referencia al nivel compositivo, comenzaremos diciendo que encontramos una línea
de fuga que actúa como guía para nuestra mirada. Ésta se ubica paralelamente a la línea que
marca la acera de la calle y que, partiendo del codo del personaje, atraviesa el brick de leche
en plena erupción, pasando, posteriormente, por el hueco no iluminado, el bloque de ladrillos
rústicos y finalmente el matojo de hierbas. De esta forma, el recorrido visual que nos marca la
instantánea viene establecido por la rigurosa y meditada planificación de los elementos que en
ella aparecen. Se produce una dirección de escena que partiendo del brazo izquierdo del
hombre nos conduce a leer la imagen de derecha a izquierda, potenciado por la gran marca
direccional que configura la curvatura que forma la explosión de leche. En contraposición a
esto, la mirada perdida del personaje nos remite a un misterioso fuera de campo situado en la
parte inferior derecha de la escena. Cabría preguntarnos, ¿es en este espacio no visible donde
se ubica el elemento que ha provocado tal reacción en el homeless?
Por otra parte, la escena sufre de una clara fragmentación rítmica que nos permite
dividir, desde este punto de vista, la fotografía en dos. Por una parte, nos encontramos con un
potentísimo ritmo marcado por la periodicidad y estructuración de los ladrillos que conforman la
pared más amplia de la representación. Ritmo que se ve complementado fuertemente por el
dinamismo de la línea establecida por la ebullición del líquido blanco. Pero todo esto se pierde
de forma abrupta con la aparición en escena del enigmático espacio negro que produce una
fractura rítmica, dotando a los elementos situados en la parte izquierda de la imagen de una
estaticidad pronunciada.
Asimismo, la tensión pictórica viene determinada por la ebullición láctea que queda
suspendida en el aire. La incógnita de no saber la causa que justifica dicha explosión y, por
consiguiente, el estado emocional (ejemplificado con su rictus corporal) que ha llevado al
personaje ha provocarlo, se erige como claros exponentes tensionales. El no conocer que ha
ocurrido momentos antes (narratividad/fuera de campo) agudiza la preocupación del
espectador. Esta marcada tensión se ve reforzada con el carácter enigmático del agujero negro
que fragmenta, como ya se ha citado anteriormente, la escena en dos.
Si tenemos en cuenta los puntos fuertes compositivos de la ley de tercios, podemos
decir que el centro geométrico está copado en esta escena por tres de los cuatro elementos
más significativos de la imagen: los dos focos de atención principales (la leche y el vacío negro)
y el ladrillo de la primera pared. Los dos primeros se encuentran situados en los márgenes
imaginarios de este centro geométrico, separados entre sí por la estructura sólida de los
ladrillos. Por su parte, el sujeto fotografiado, con una potente carga expresiva, queda aislado de
ese espacio potencialmente atractivo. Por el contrario, el peso en esta imagen recae en la parte
inferior derecha de la fotografía, espacio en el que aparecen representados el sujeto
fotografiado y el principal foco de atención: la leche. Dichos elementos ganarían mayor peso
visual si estuvieran colocados en un nivel superior de la escena.
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Pero el motivo de dejar aire, tanto en la parte superior como en lado izquierdo del
espacio visual, se erigen en potenciales exponentes emocionales del estado mental del
personaje: la opresión del entorno urbano y su desprotección ante ello.
Finalmente, la iconicidad de la imagen nos remite a lo que el propio Wall denominada
“microgestos”, y que no son más que determinadas anomalías en unas situaciones
supuestamente placenteras. De esta manera, mediante una adecuada y planificada puesta en
escena aparece la soterrada agresividad que nos amenaza a diario. En este sentido, el rictus
corporal del sujeto fotografiado complementado con la posición defensiva que nos muestra,
denota que se trata de un individuo lleno de emociones reprimidas que hacen explosión con la
presión ejercida sobre el brick, dejando entrever las contradicciones internas que lo agitan. El
homeless representado en Milk se ubicaría dentro de la coralidad pictórica del propio autor en
la que nos muestra a personajes que están sujetos a una fuerte presión social y a una
importante alineación en la que ninguno parece hacer aquello que le gustaría.
En cuanto al espacio de la representación, es oportuno reseñar que estamos ante un
espacio abierto, urbano, donde todos y cada uno de los elementos que lo componen están
dispuestos con una intencionalidad marcada. Como ya hemos comentado anteriormente, la
fotografía se transforma en una ventana abierta que nos deja visualizar la realidad de nuestro
mundo, donde los verdaderos sentimientos y emociones afloran suspendiéndose eternamente
en el aire. Además, la representación es estándar ya que concuerda con la visión del
espectador. A pesar de ello, tal como hemos indicado en el apartado plano(s)-espacio,
podemos diferenciar ciertos niveles de profundidad que van desde el objeto más cercano (el
homeless) al más lejano (la ventana-fachada).
Respecto al tiempo de la representación, señalar que la imagen capta el momento
exacto en el que el brick de leche explota a modo de un volcán en plena erupción. El contenido
lácteo queda suspendido en el aire sufriendo, como ya hemos comentado antes, un proceso de
solidificación, que sólo puede ser conseguido gracias a la precisión en la toma y a la estudiada
puesta en escena. Esta suspensión temporal que nos presenta la imagen, hace que el punctum
de la instantánea cobre una gran carga poética y narrativa, pidiéndonos a gritos que nos
introduzcamos en la reflexión de la miseria objetiva de la sociedad y el desastroso
funcionamiento de sus valores.
Por su parte, nos encontramos con una carencia de marcas temporales en el marco
visual de la escena. La atemporalidad de la representación le otorga todavía más poder
embriagador. En este sentido, la denuncia social que la instantánea intenta transmitirnos
permanece igual de viva en el 1984, año en el que se tomó la fotografía, como en la actualidad.
Únicamente hay un elemento que nos sitúa la fotografía en un momento dado y que es el pie
de foto en el que se indica, como hemos dicho, que la imagen es de 1984.
En referencia al nivel enunciativo, nos interesa resaltar que la fotografía no toma como
punto de referencia los ojos del sujeto fotografiado, sino, más bien, éste se dispone en la
escena como un elemento más de significación. El espacio representado simula el punto de
vista de un viandante que está observando la acción que se está desarrollando. Por lo tanto, se
podría señalar que los ojos que han servido de referente no son los del homeless sino los del
fotógrafo. En este sentido, son numerosos los elementos dispuestos en la escena que nos
permiten reconocer en la propia imagen la figura del enunciador. Aspecto que resalta, de
nuevo, la meditada y estudiada puesta en escena. Entre estos componentes podemos destacar
la tensión que se genera a través del juego de líneas descrito en apartados anteriores, la
contraposición de formas geométricas (diversidad de triángulos vs rectángulos de diferentes
dimensiones), la variedad cromática y de texturas, así como la perfecta fragmentación del
campo visual a través del enigmático abismo carente de cualquier tipo de luz.
Finalmente, y a modo de intertextualidad, sería oportuno indicar que el empleo del
vertido de leche (así como de otros líquidos relacionados con la alimentación) paralizado en el
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tiempo, convirtiéndose en metáfora visual del estado mental de un sujeto, así como vía de
denuncia de las injusticias sociales que se producen, ha sido empleado como eje comunicativo
de la campaña contra la pobreza llevada a cabo por Oxfam. En ellas aparecen diversas
personalidades del mundo de la música, el arte, el cine… retratados de la siguiente forma:
Como conclusión e interpretación global, sería adecuado resaltar que ‘Milk’ es una
dramática escenificación de la vida urbana y de la moderna alineación que se concentra, cual
plano cinematográfico, en un instante fugitivo, en un torrente emocional que cautiva la mirada
del receptor y le apela directamente, hablándole del flujo de la vida. El sujeto retratado podría
fácilmente representarnos, su enigmático estado mental y emocional, sus experiencias… no
son algo exterior a nosotros, sino que más bien son un fiel reflejo de una lenta degradación: la
nuestra.
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