Caminando por la Fe - Diocese of Des Moines

Anuncio
Caminando por la Fe:
Discurso de Apertura del Beato Papa Juan XXIII
Constitución sobre la Sagrada Liturgia
Constitución Dogmática sobre la Iglesia
Constitución Dogmática sobre la Divina Revelación
Constitución Pastoral Sobre la Iglesia en el
Mundo Actual
ORACIÓN AL ESPÍRITU SANTO
Aquí estamos, Oh Señor,
presentándonos ante ti en este Año de la Fe
reunidos en Tu nombre.
Ven a nosotros, Espíritu Santo,
quédate con nosotros y entra en nuestros corazones,
enséñanos lo que debemos hacer y cómo
podemos dar aliento de tu vida a este mundo.
Sana y renueva lo que en nosotros esté roto o dañado,
haz que nos unamos unos con otros en Tí
y despierta en nosotros el gozo de brillar en tu luz
en cada momento de nuestras vidas.
A M É N
Oración basada en el Adsumus (“Aquí estamos”)
oración que abrió cada sesión del Concilio
Vaticano II, 1962-1965
Sobre este Libro
Este libro ha sido preparado como parte de la celebración del Año de la Fe en la Diócesis de Des
Moines. Tiene múltiples propósitos. Primero, el recordarnos el cincuenta aniversario del
Concilio Ecuménico Vaticano Segundo que se llevó a cabo entre los años de 1962 y 1965.
Segundo, permitir que se reúnan las comunidades parroquiales en pequeños grupos de fe para
leer y reflexionar sobre las cuatro Constituciones del Concilio, compartir impresiones y seguir
orando con la Iglesia y por la Iglesia. Este recurso se puede usar de varias formas en el futuro,
ya sea en grupos o de forma individual.
El libro nos enfoca en el Discurso de Apertura del Beato Papa Juan XXIII así como las cuatro
Constituciones del Concilio. Estas se presentan en orden cronológico. No incluimos aquí el
texto completo de los documentos, pero pueden encontrar los documentos en la página de
internet del Vaticano. En la bibliografía al final del libro encontrarán la liga donde puede
encontrar cada documento. Los números que encuentran en el texto se refieren al número de
párrafo (así es como se identifican en el texto oficial.) El texto de los documentos del Concilio y
del discurso del Beato Papa Juan XXIII que presentamos en este libro está tomado directamente
de la página de internet del Vaticano en donde se encuentran archivados.
Se ofrecen preguntas para cada sección de cada documento para que puedan hacer una pausa,
considerar y reflexionar sobre el documento que acaban de leer. Se les recomienda que tomen
notas en el margen y que se sientan libres de subrayar el texto. Al final del documento hay
páginas en blanco para que pueda tomar más notas sobre sus propias reflexiones y lo que
entiende de cada documento.
La bibliografía que se ofrece al final del libro es una amplia selección de obras relacionadas con
el Concilio Ecuménico Vaticano Segundo.
Se recomienda hacer la oración incluida en la parte interior de la cubierta antes de iniciar la
lectura de los materiales como reflexión personal así como al inicio de los pequeños grupos de
fe. La oración está adaptada del Adsumus que se oraba al inicio de cada sesión de Concilio
Ecuménico Vaticano Segundo.
i
ii
Contenido
Concilios Ecuménicos de la Iglesia
Página iii
Fechas Importantes del Concilio Vaticano II
Página iv
Papa Juan XXIII—Discurso de Apertura del Concilio Vaticano Segundo Página 1
Constitución Sobre la Sagrada Liturgia
(Sacrosanctum Concilium)
Página 6
Constitución Dogmática Sobre la Iglesia (Lumen Gentium)
Página 21
Constitución Dogmática Sobre la Divina Revelación (Dei Verbum)
Página 41
Constitución Pastoral Sobre la Iglesia en el Mundo Actual
(Gaudium et Spes)
Página 51
Bibliografía Parcial sobre Obras Relacionadas al Concilio Vaticano II
Página 77
iii
iv
Los Concilios Ecuménicos
Concilio
Papa
Nicea I
Constantinopla I
Éfeso
Calcedonia
Constantinopla II
Constantinopla III
Silvestre I
San Dámaso I
Celestino I
San León Magno
Vigilio
San Agatón; León II
Nicea II
Constantinopla II
Letrán I
Letrán II
Letrán III
Letrán IV
Lyon I
Lyon II
Vienne
Constanza
Florence
Adriano I
Nicolás I; Adriano II
Calixto II
Inocencio II
Alexander III
Inocencio III
Inocencio IV
Gregorio X
Clemente V
Martín V
Eugenio IV
Letrán V
Trento
Julio II; León X
Pablo III; Pío IV
Vaticano I
Vaticano II
Pío IX
Juan XXIII; Pablo VI
v
Fechas
Mayo a Junio,325
Mayo a Julio,381
Junio a Julio,431
Octubre a Noviembre,451
Mayo a Junio,553
Noviembre,680 a
September,681
Septiembre a Octubre,787
Octubre, 869 a Febrero,870
Marzo a April,1123
April,1139
Marzo,1179
Noviembre,1215
Junio a Julio,1245
Mayo a Junio,1274
Octubre, 1311 a Mayo, 1312
Noviembre,1414 a April,1418
Diciembre,1431 a
August,1445 (?)
Mayo,1512 a Marzo,1517
Diciembre,1545 a
Diciembre,1563
Diciembre,1869 a Julio,1870
Octubre,1962 a
Diciembre,1965
Fechas Importantes del Concilio Vaticano II
Fecha
25 de enero, 1959
5 de junio, 1960
25 de diciembre, 1961
20 de julio, 1962
5 de septiembre, 1962
11 de octubre, 1962
12 de octubre, 1962
20 de octubre, 1962
8 de diciembre, 1962
3 de junio, 1963
21 de junio, 1963
29 de septiembre, 1963
30 de octubre, 1963
4 de diciembre, 1953
4-6de enero, 1964
17 de mayo, 1964
14 de septiembre, 1964
21 de noviembre, 1964
14 de septiembre, 1965
15 de septiembre, 1965
Acontecimiento
El Papa Juan XXIII, en San Pablo Extramuros, anuncia por primera
vez su intención de convocar un Concilio.
El Papa Juan XXIII, bajo el motu proprio, “Superno Dei Nutu,”
establece las comisiones y secretarías preparatorias.
El Papa Juan XXIII, en la constitución apostólica, “Humane Salutis,”
convoca el Concilio.
Se envían invitaciones a Iglesia y Comunidades Cristianas separadas
para que envíen delgados y observadores al Concilio.
Se establecen las normas del Concilio en el motu proprio,
“Appropinquante Concilio.”
El Concilio inicia solemnemente.
El Concilio concluye en su primera reunión, para prepararse a elegir
sus propios miembros de la comisión en vez de los que recomendaba
la lista original.
El Concilio envía “Un Mensaje a la Humanidad.”
Concluye la primera sesión del Concilio sin resultados concluyentes.
Muere el Papa Juan XXIII.
El Papa Pablo VI es electo y anuncia su intención de continuar el
Concilio.
Inicia la segunda sesión del Concilio.
Se hace un voto de orientación, favoreciendo la sacramentalidad y la
colegialidad de los obispos, el derecho divino del colegio episcopal, la
restauración del diaconado como una orden distintiva y permanente.
Concluye la segunda sesión del Consejo, con la promulgación de la
Constitución Sobre la Sagrada Liturgia y con el Decreto sobre los
Instrumentos de Comunicación Social.
El Papa Paul VI hace un viaje ecuménico a Tierra Santa y se reúne con
el Patriarca Atenágoras.
Se forma el Secretariado para Religiones No-Cristianas.
Inicia la tercera sesión del Concilio.
Concluye la tercera sesión con la promulgación de la Constitución
Dogmática Sobre la Iglesia, el Decreto sobre el Ecumenismo y el
Decreto sobre las Iglesias Católicas Orientales.
El Papa Pablo VI proclama el título de María como Madre de la
Iglesia.
Inicia la cuarta y última sesión de Concilio.
El Papa Pablo VI, en la constitución apostólica “Apostólica
Sollicitudo,” establece las normas para gobernar la Iglesia.
vi
4-5 de octubre, 1965
El Papa Pablo VI va a Nueva York a dirigirse a la Asamblea General
de las Naciones Unidas y reporta a Concilio sobre su visita.
28 de octubre 28, 1965
Se promulgan los siguientes documentos” El Decreto sobre el
Ministerio Pastoral de los Obispos, el Decreto sobre la Adecuada
Renovación de la Vida Religiosa, el Decreto sobre la Formación
Sacerdotal, la Declaración sobre la Educación Cristiana, la
Declaración sobre las Relaciones con las Religiones no Cristianas.
Se promulgan la Constitución Dogmática sobre la Divina Revelación y
el Decreto sobre el Apostolado de los laicos. El Papa Pablo VI
también anuncia el inicio de la reforma de la Curia Romana, el inicio
del proceso de la beatificación del Papa Pío XII y del Papa juan XXIII,
un período de jubileo y convoca el Sínodo Episcopal antes de 1967.
En San Pablo Extramuros, donde el Papa Juan XXIII anunció el
Concilio por primera vez, se lleva a cabo un evento llamado “Un
Servicio de Oración (Sacra Celebratio) para Promover la Unidad de
los Cristianos” al que asisten el Santo Padre, Papa Pablo VI, así como
los observadores y delegados invitados que asistieron al Concilio.
Se promulgan la Declaración sobre la Libertad Religiosa, el Decreto
sobre el Ministerio y Vida de los Presbíteros, el Decreto sobre la
Actividad Misionera de la Iglesia, y la Constitución Pastoral sobre la
Iglesia en el Mundo Actual.
Concluye solemnemente el Concilio.
18 de noviembre, 1965
4 de diciembre, 1965
7 de diciembre, 1965
8 de diciembre, 1965
Los Documentos del Vaticano II. Walter M. Abbott, S.J. New York: The America Press, 1966
vii
viii
Papa Juan XXIII—Discurso de Apertura del Concilio Vaticano Segundo
(El 11 de Octubre de 1962, el primer día del Concilio, el Papa Juan XXIII presentó el discurso en
la Basílica de San Pedro)
Gócese hoy la Santa Madre Iglesia porque, gracias a un regalo singular de la Providencia Divina,
ha alboreado ya el día tan deseado en que el Concilio Ecuménico Vaticano II se inaugura
solemnemente aquí, junto al sepulcro de San Pedro, bajo la protección de la Virgen Santísima
cuya Maternidad Divina se celebra litúrgicamente en este mismo día.
Los Concilios Ecuménicos en la Iglesia
La sucesión de los diversos Concilios hasta ahora celebrados —tanto los veinte Concilios
Ecuménicos como los innumerables concilios provinciales y regionales, también importantes—
proclaman claramente la vitalidad de la Iglesia católica y se destacan como hitos luminosos a lo
largo de su historia.
... Es muy natural que, al iniciarse el Concilio universal, Nos sea grato mirar a lo pasado, como
para recoger sus voces, cuyo eco alentador queremos escuchar de nuevo, unido al recuerdo y
méritos de nuestros predecesores más antiguos o más recientes, los Romanos Pontífices: voces
solemnes y venerables, a través del Oriente y del Occidente, desde el siglo IV al Medievo y de
aquí hasta la época moderna, las cuales han transmitido el testimonio de aquellos Concilios;
voces que proclaman con perenne fervor el triunfo de la institución, divina y humana: la Iglesia
de Cristo, que de Él toma nombre, gracia y poder.
... El gran problema planteado al mundo, desde hace casi dos mil años, subsiste inmutable.
Cristo, radiante siempre en el centro de la historia y de la vida; los hombres, o están con Él y con
su Iglesia, y en tal caso gozan de la luz, de la bondad, del orden y de la paz, o bien están sin Él o
contra Él, y deliberadamente contra su Iglesia: se tornan motivos de confusión, causando
asperezas en las relaciones humanas, y persistentes peligros de guerras fratricidas.
Los concilios Ecuménicos, siempre que se reúnen, son celebración solemne de la unión de Cristo
y de su Iglesia y por ende conducen a una universal irradiación de la verdad, a la recta dirección
de la vida individual, familiar y social, al robustecimiento de las energías espirituales, en
incesante elevación sobre los bienes verdaderos y eternos.
Preguntas para Reflexionar y Compartir:
¿Cuál es tu primera reacción sobre este discurso? ¿Qué llama tu atención?
-1-
En el discurso, Beato Papa Juan XXIII dice, “...nos sea grato mirar a lo pasado, como para
recoger sus voces, cuyo eco alentador queremos escuchar de nuevo...” ¿A las voces de quién
miras respecto a los asuntos de la fe?
¿Qué figuras de autoridad en la Iglesia te diriges más frecuentemente para guía y motivación
sobre tu vida de fe?
Origen y Causa del Concilio Ecuménico Vaticano II
... Iluminada la Iglesia por la luz de este Concilio —tal es Nuestra firme esperanza— crecerá en
espirituales riquezas y, al sacar de ellas fuerza para nuevas energías, mirará intrépida a lo futuro.
En efecto; con oportunas “actualizaciones” y con un prudente ordenamiento de mutua
colaboración, la Iglesia hará que los hombres, las familias, los pueblos vuelvan realmente su
espíritu hacia las cosas celestiales.
... Así es como el Concilio se convierte en motivo de singular obligación de gran gratitud al
Supremo Dador de todo bien, celebrando con jubiloso cántico la gloria de Cristo Señor, Rey
glorioso e inmortal de los siglos y de los pueblos.
... En el cotidiano ejercicio de Nuestro ministerio pastoral llegan, a veces, a nuestros oídos,
hiriéndolos, ciertas insinuaciones de algunas personas que, aun en su celo ardiente, carecen del
sentido de la discreción y de la medida. Ellas no ven en los tiempos modernos sino prevaricación
y ruina; van diciendo que nuestra época, comparada con las pasadas, ha ido empeorando; y se
comportan como si nada hubieran aprendido de la historia, que sigue siendo maestra de la vida, y
como si en tiempo de los precedentes Concilios Ecuménicos todo hubiese procedido con un
triunfo absoluto de la doctrina y de la vida cristiana, y de la justa libertad de la Iglesia.
... Nos parece justo disentir de tales profetas de calamidades, avezados a anunciar siempre
infaustos acontecimientos, como si el fin de los tiempos estuviese inminente.
Preguntas para Reflexionar y Compartir:
El Beato Papa Juan XXIII en esta sección de su discurso comenta que, “...la Iglesia... mirará
intrépida a lo futuro,” y que al actualizar a la Iglesia, la Iglesia hará que, “...pueblos vuelvan
realmente su espíritu hacia las cosas celestiales.” ¿Cómo ves que los pueblos de nuestros
tiempos ven las cosas celestiales? ¿Crees que la gente o la Iglesia miran intrépidamente el
futuro? Comparte.
-2-
Objetivo Principal del Concilio: Defensa y Revalorización de la Verdad
El supremo interés del Concilio Ecuménico es que el sagrado depósito de la doctrina cristiana
sea custodiado y enseñado en forma cada vez más eficaz. Doctrina, que comprende al hombre
entero, compuesto de alma y cuerpo; y que, a nosotros, peregrinos sobre esta tierra, nos manda
dirigirnos hacia la patria celestial.
... Mas para que tal doctrina alcance a las múltiples estructuras de la actividad humana, que
atañen a los individuos, a las familias y a la vida social, ante todo es necesario que la Iglesia no
se aparte del sacro patrimonio de la verdad, recibido de los padres; pero, al mismo tiempo, debe
mirar a lo presente, a las nuevas condiciones y formas de vida introducidas en el mundo actual,
que han abierto nuevos caminos para el apostolado católico.
... Por esta razón la Iglesia no ha asistido indiferente al admirable progreso de los
descubrimientos del ingenio humano, y nunca ha dejado de significar su justa estimación: mas,
aun siguiendo estos desarrollos, no deja de amonestar a los hombres para que, por encima de las
cosas sensibles, vuelvan sus ojos a Dios, fuente de toda sabiduría y de toda belleza. Y nunca
olviden que a ellos mismos les fue dado el gravísimo precepto: “Adorarás al Señor tu Dios y a Él
sólo servirás” (Mt. 4:10; Lc. 4:8), no sea que suceda que la fascinadora atracción de las cosas
visibles impida el verdadero progreso.
... Después de esto, ya está claro lo que se espera del Concilio, en todo cuanto a la doctrina se
refiere. Es decir, el Concilio Ecuménico XXI —que se beneficiará de la eficaz e importante suma
de experiencias jurídicas, litúrgicas, apostólicas y administrativas— quiere transmitir pura e
íntegra, sin atenuaciones ni deformaciones, la doctrina que durante veinte siglos, a pesar de
dificultades y de luchas, se ha convertido en patrimonio común de los hombres; patrimonio que,
si no ha sido recibido de buen grado por todos, constituye una riqueza abierta a todos los
hombres de buena voluntad.
... Deber nuestro no es sólo estudiar ese precioso tesoro, como si únicamente nos preocupara su
antigüedad, sino dedicarnos también, con diligencia y sin temor, a la labor que exige nuestro
tiempo, prosiguiendo el camino que desde hace veinte siglos recorre la Iglesia.
Preguntas para Reflexionar y Compartir:
La mayor preocupación del Concilio Ecuménico es, “...que el sagrado depósito de la doctrina
cristiana sea custodiado y enseñado en forma cada vez más eficaz.” ¿Qué oportunidades se te
han ofrecido para tu continuo crecimiento en la fe? ¿Cómo ha cambiado el enfoque en la
formación de fe y en compartir la fe durante tu vida?
-3-
Cómo Reprimir los Errores
... Al iniciarse el Concilio Ecuménico Vaticano II, es evidente como nunca que la verdad del
Señor permanece para siempre. Vemos, en efecto, al pasar de un tiempo a otro, cómo las
opiniones de los hombres se suceden excluyéndose mutuamente y cómo los errores, luego de
nacer, se desvanecen como la niebla ante el sol.
... Siempre la Iglesia se opuso a estos errores. Frecuentemente los condenó con la mayor
severidad. En nuestro tiempo, sin embargo, la Esposa de Cristo prefiere usar la medicina de la
misericordia más que la de la severidad.
... En tal estado de cosas, la Iglesia Católica, al elevar por medio de este Concilio Ecuménico la
antorcha de la verdad religiosa, quiere mostrarse madre amable de todos, benigna, paciente, llena
de misericordia y de bondad para con los hijos separados de ella.
... La Iglesia, pues, no ofrece riquezas caducas a los hombres de hoy, ni les promete una felicidad
sólo terrenal; los hace participantes de la gracia divina que, elevando a los hombres a la dignidad
de hijos de Dios, se convierte en poderosísima tutela y ayuda para una vida más humana.
Preguntas para Reflexionar y Compartir:
Esta sección habla sobre la represión de errores. ¿Qué implica esto para gente de otras
tradiciones religiosas? ¿Cuál es respuesta prevista hacia aquellos que no piensan o creen igual
que los Católicos?
Debe Promoverse la Unidad de la Familia Cristiana y Humana
... La Iglesia católica estima, por lo tanto, como un deber suyo el trabajar con toda actividad para
que se realice el gran misterio de aquella unidad que con ardiente plegaria invocó Jesús al Padre
celestial, estando inminente su sacrificio. Goza ella de suave paz, pues tiene conciencia de su
unión íntima con dicha plegaria; y se alegra luego grandemente cuando ve que tal invocación
aumenta su eficacia con saludables frutos, hasta entre quienes se hallan fuera de su seno.
... Y aún más; si se considera esta misma unidad, impetrada por Cristo para su Iglesia, parece
como refulgir con un triple rayo de luz benéfica y celestial: la unidad de los católicos entre sí,
que ha de conservarse ejemplarmente firmísima; la unidad de oraciones y ardientes deseos, con
que los cristianos separados de esta Sede Apostólica aspiran a estar unidos con nosotros; y,
finalmente, la unidad en la estima y respeto hacia la Iglesia católica por parte de quienes siguen
religiones todavía no cristianas.
... Cielo y tierra, puede decirse, se unen en la celebración del Concilio: los Santos del Cielo, para
proteger nuestro trabajo; los fieles de la tierra, continuando en su oración al Señor; y vosotros,
-4-
secundando las inspiraciones del Espíritu Santo, para lograr que el común trabajo corresponda a
las actuales aspiraciones y necesidades de los diversos pueblos.
... Todo esto pide de vosotros serenidad de ánimo, concordia fraternal, moderación en los
proyectos, dignidad en las discusiones y prudencia en las deliberaciones.
... Quiera el Cielo que todos vuestros esfuerzos y vuestros trabajos, en los que están centrados no
sólo los ojos de todos los pueblos, sino también las esperanzas del mundo entero, satisfagan
abundantemente las comunes esperanzas.
... ¡Oh Dios Omnipotente! En Ti ponemos toda vuestra confianza, desconfiando de nuestras
fuerzas. Mira benigno a estos Pastores de tu Iglesia. Que la luz de tu gracia celestial nos ayude,
así al tomar las decisiones como al formular las leyes; y escucha clemente las oraciones que te
elevamos con unanimidad de fe, de palabra y de espíritu.
... ¡Oh María, auxilio de los cristianos, auxilio de los obispos, de cuyo amor recientemente hemos
tenido peculiar prueba en tu templo de Loreto, donde quisimos venerar el misterio de la
Encarnación! Dispón todas las cosas hacia un éxito feliz y próspero y, junto con tu esposo San
José, con los santos Apóstoles Pedro y Pablo, con los santos Juan, el Bautista y el Evangelista,
intercede por todos nosotros ante Dios.
... A Jesucristo, nuestro adorable Redentor, Rey inmortal de los pueblos y de los siglos, sea el
amor, el poder y la gloria por los siglos de los siglos.
Preguntas para Reflexionar y Compartir:
¿Cómo ha cambiado tu actitud hacia otros Cristianos y otras tradiciones de fe como resultado del
Concilio Vaticano II?
¿Qué te dice el final del discurso sobre la fe y la confianza del Beato Papa Juan XXIII y sus
expectativas de la Iglesia?
-5-
-6-
Constitución sobre la Sagrada Liturgia (Sacrosanctum Concilium)
Proemio
1. Este sacrosanto Concilio se propone acrecentar de día en día entre los fieles la vida cristiana,
adaptar mejor a las necesidades de nuestro tiempo las instituciones que están sujetas a cambio,
promover todo aquello que pueda contribuir a la unión de cuantos creen en Jesucristo y fortalecer
lo que sirve para invitar a todos los hombres al seno de la Iglesia. Por eso cree que le
corresponde de un modo particular proveer a la reforma y al fomento de la Liturgia.
2. En efecto, la Liturgia, por cuyo medio “se ejerce la obra de nuestra Redención”, sobre todo en
el divino sacrificio de la Eucaristía, contribuye en sumo grado a que los fieles expresen en su
vida, y manifiesten a los demás, el misterio de Cristo y la naturaleza auténtica de la verdadera
Iglesia. Es característico de la Iglesia ser, a la vez, humana y divina, visible y dotada de
elementos invisibles, entregada a la acción y dada a la contemplación, presente en el mundo y,
sin embargo, peregrina; y todo esto de suerte que en ella lo humano esté ordenado y subordinado
a lo divino, lo visible a lo invisible, la acción a la contemplación y lo presente a la ciudad futura
que buscamos. Por eso, al edificar día a día a los que están dentro para ser templo santo en el
Señor y morada de Dios en el Espíritu, hasta llegar a la medida de la plenitud de la edad de
Cristo, la Liturgia robustece también admirablemente sus fuerzas para predicar a Cristo y
presenta así la Iglesia, a los que están fuera, como signo levantado en medio de las naciones, para
que, bajo de él, se congreguen en la unidad los hijos de Dios que están dispersos, hasta que haya
un solo rebaño y un solo pastor.
Capítulo I: Principios Generales para la Reforma y Fomento de la Sagrada Liturgia
Sección 1. La Naturaleza de la Sagrada Liturgia y su Importancia en la Vida de la Iglesia
5. Esta obra de redención humana y de la perfecta glorificación de Dios, preparada por las
maravillas que Dios obró en el pueblo de la Antigua Alianza, Cristo la realizó principalmente por
el misterio pascual de su bienaventurada pasión. Resurrección de entre los muertos y gloriosa
Ascensión. Por este misterio, “con su Muerte destruyó nuestra muerte y con su Resurrección
restauró nuestra vida.” Pues el costado de Cristo dormido en la cruz nació el “sacramento
admirable de la Iglesia entera”.
6. Y así, por el bautismo, los hombres son injertados en el misterio pascual de Jesucristo:
mueren con Él, son sepultados con Él y resucitan con Él; reciben el espíritu de adopción de hijos
“por el que clamamos: Abba, Padre” y se convierten así en los verdaderos adoradores que busca
el Padre. Asimismo, cuantas veces comen la cena del Señor, proclaman su Muerte hasta que
vuelva.
-7-
7. Para realizar una obra tan grande, Cristo está siempre presente en su Iglesia, sobre todo en la
acción litúrgica. Está presente en el sacrificio de la Misa, sea en la persona del ministro,
“ofreciéndose ahora por ministerio de los sacerdotes el mismo que entonces se ofreció en la
cruz”, sea sobre todo bajo las especies eucarísticas. Está presente con su fuerza en los
Sacramentos, de modo que, cuando alguien bautiza, es Cristo quien bautiza. Está presente en su
palabra, pues cuando se lee en la Iglesia la Sagrada Escritura, es Él quien habla. Está presente,
por último, cuando la Iglesia suplica y canta salmos, el mismo que prometió: “Donde están dos o
tres congregados en mi nombre, allí estoy Yo en medio de ellos” (Mt., 18,20).
… Con razón, pues, se considera la Liturgia como el ejercicio del sacerdocio de Jesucristo. En
ella los signos sensibles significan y, cada uno a su manera, realizan la santificación del hombre,
y así el Cuerpo Místico de Jesucristo, es decir, la Cabeza y sus miembros, ejerce el culto público
íntegro.
9. La sagrada Liturgia no agota toda la actividad de la Iglesia, pues para que los hombres puedan
llegar a la Liturgia es necesario que antes sean llamados a la fe y a la conversión: “¿Cómo
invocarán a Aquel en quien no han creído? ¿O cómo creerán en Él sin haber oído de Él? ¿Y
cómo oirán si nadie les predica? ¿Y cómo predicarán si no son enviados?”
Por eso, a los no creyentes la Iglesia proclama el mensaje de salvación para que todos los
hombres conozcan al único Dios verdadero y a su enviado Jesucristo, y se conviertan de sus
caminos haciendo penitencia. Y a los creyentes les debe predicar continuamente la fe y la
penitencia, y debe prepararlos, además, para los Sacramentos, enseñarles a cumplir todo cuanto
mandó Cristo y estimularlos a toda clase de obras de caridad, piedad y apostolado, para que se
ponga de manifiesto que los fieles, sin ser de este mundo, son la luz del mundo y dan gloria al
Padre delante de los hombres.
10. No obstante, la Liturgia es la cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia y al mismo
tiempo la fuente de donde mana toda su fuerza. Pues los trabajos apostólicos se ordenan a que,
una vez hechos hijos de Dios por la fe y el bautismo, todos se reúnan para alabar a Dios en
medio de la Iglesia, participen en el sacrificio y coman la cena del Señor.
Por su parte, la Liturgia misma impulsa a los fieles a que, saciados “con los sacramentos
pascuales”, sean “concordes en la piedad”; ruega a Dios que “conserven en su vida lo que
recibieron en la fe”, y la renovación de la Alianza del Señor con los hombres en la Eucaristía
enciende y arrastra a los fieles a la apremiante caridad de Cristo. Por tanto, de la Liturgia, sobre
todo de la Eucaristía, mana hacia nosotros la gracia como de su fuente y se obtiene con la
máxima eficacia aquella santificación de los hombres en Cristo y aquella glorificación de Dios, a
la cual las demás obras de la Iglesia tienden como a su fin.
11…. Por esta razón, los pastores de almas deben vigilar para que en la acción litúrgica no sólo
se observen las leyes relativas a la celebración válida y lícita, sino también para que los fieles
participen en ella consciente, activa y fructuosamente.
-8-
12. Con todo, la participación en la sagrada Liturgia no abarca toda la vida espiritual. En efecto,
el cristiano, llamado a orar en común, debe, no obstante, entrar también en su cuarto para orar al
Padre en secreto; más aún, debe orar sin tregua, según enseña el Apóstol. Y el mismo Apóstol
nos exhorta a llevar siempre la mortificación de Jesús en nuestro cuerpo, para que también su
vida se manifieste en nuestra carne mortal. Por esta causa pedimos al Señor en el sacrificio de la
Misa que, “recibida la ofrenda de la víctima espiritual”, haga de nosotros mismos una “ofrenda
eterna” para Sí.
13… Gozan también de una dignidad especial las prácticas religiosas de las Iglesias particulares
que se celebran por mandato de los Obispos, a tenor de las costumbres o de los libros
legítimamente aprobados.
Ahora bien, es preciso que estos mismos ejercicios se organicen teniendo en cuenta los tiempos
litúrgicos, de modo que vayan de acuerdo con la sagrada Liturgia, en cierto modo deriven de ella
y a ella conduzcan al pueblo, ya que la liturgia, por su naturaleza, está muy por encima de ellos.
Sección 2. Necesidad de Promover la Educación Litúrgica y la Participación Activa.
14. La santa madre Iglesia desea ardientemente que se lleve a todos los fieles a aquella
participación plena, consciente y activa en las celebraciones litúrgicas que exige la naturaleza de
la Liturgia misma y a la cual tiene derecho y obligación, en virtud del bautismo, el pueblo
cristiano, “linaje escogido sacerdocio real, nación santa, pueblo adquirido” (1 Pe., 2,9; cf. 2,4-5).
Al reformar y fomentar la sagrada Liturgia hay que tener muy en cuenta esta plena y activa
participación de todo el pueblo, porque es la fuente primaria y necesaria de donde han de beber
los fieles el espíritu verdaderamente cristiano, y por lo mismo, los pastores de almas deben
aspirar a ella con diligencia en toda su actuación pastoral, por medio de una educación adecuada.
19. Los pastores de almas fomenten con diligencia y paciencia la educación litúrgica y la
participación activa de los fieles, interna y externa, conforme a su edad, condición, género de
vida y grado de cultura religiosa, cumpliendo así una de las funciones principales del fiel
dispensador de los misterios de Dios y, en este punto, guíen a su rebaño no sólo de palabra, sino
también con el ejemplo.
Sección 3. Reforma de la Sagrada Liturgia
21. Para que en la sagrada Liturgia el pueblo cristiano obtenga con mayor seguridad gracias
abundantes, la santa madre Iglesia desea proveer con solicitud a una reforma general de la misma
Liturgia. Porque la Liturgia consta de una parte que es inmutable por ser la institución divina, y
de otras partes sujetas a cambio, que en el decurso del tiempo pueden y aún deben variar, si es
-9-
que en ellas se han introducido elementos que no responden bien a la naturaleza íntima de la
misma Liturgia o han llegado a ser menos apropiados.
En esta reforma, los textos y los ritos se han de ordenar de manera que expresen con mayor
claridad las cosas santas que significan y, en lo posible, el pueblo cristiano pueda comprenderlas
fácilmente y participar en ellas por medio de una celebración plena, activa y comunitaria.
24. En la celebración litúrgica la importancia de la Sagrada Escritura es sumamente grande. Pues
de ella se toman las lecturas que luego se explican en la homilía, y los salmos que se cantan, las
preces, oraciones e himnos litúrgicos están penetrados de su espíritu y de ella reciben su
significado las acciones y los signos. Por tanto, para procurar la reforma, el progreso y la
adaptación de la sagrada Liturgia, hay que fomentar aquel amor suave y vivo hacia la Sagrada
Escritura que atestigua la venerable tradición de los ritos, tanto orientales como occidentales.
30. Para promover la participación activa se fomentarán las aclamaciones del pueblo, las
respuestas, la salmodia, las antífonas, los cantos y también las acciones o gestos y posturas
corporales. Guárdese, además, a su debido tiempo, un silencio sagrado.
33. Aunque la sagrada Liturgia sea principalmente culto de la divina Majestad, contiene también
una gran instrucción para el pueblo fiel. En efecto, en la liturgia, Dios habla a su pueblo; Cristo
sigue anunciando el Evangelio. Y el pueblo responde a Dios con el canto y la oración.
Más aún: las oraciones que dirige a Dios el sacerdote —que preside la asamblea representando a
Cristo— se dicen en nombre de todo el pueblo santo y de todos los circunstantes. Los mismos
signos visibles que usa la sagrada Liturgia han sido escogidos por Cristo o por la Iglesia para
significar realidades divinas invisibles. Por tanto, no sólo cuando se lee “lo que se ha escrito para
nuestra enseñanza” (Rom., 15,4), sino también cuando la Iglesia ora, canta o actúa, la fe de los
participantes se alimenta y sus almas se elevan a Dios a fin de tributarle un culto racional y
recibir su gracia con mayor abundancia.
34. Los ritos deben resplandecer con noble sencillez; deben ser breves, claros, evitando las
repeticiones inútiles, adaptados a la capacidad de los fieles y, en general, no deben tener
necesidad de muchas explicaciones.
Preguntas para Reflexionar y Compartir:
¿Por qué crees que el documento en la Sagrada Liturgia fue el primer documento publicado por
el Concilio Vaticano II?
Cuando piensas sobre la Liturgia, ¿qué imágenes te vienen a la mente?
¿Cómo vives a Cristo en la Liturgia?
El párrafo 10 se refiere a la Liturgia como, “...es la cumbre a la cual tiende la actividad de la
Iglesia,” y, “...la fuente de donde mana toda su fuerza.” ¿Qué te dice esta descripción? ¿Cómo
- 10 -
vives la Liturgia como la cumbre y fuente en tu vida? ¿Qué más puedes hacer para esta más
abierto a vivir la Liturgia como “cumbre y fuente?”
El párrafo 14 dice, “...La santa madre Iglesia desea ardientemente que se lleve a todos los fieles a
aquella participación plena, consciente y activa en las celebraciones litúrgicas...” ¿Participas
plena, consciente y activamente en la Liturgia? ¿Y tu comunidad parroquial? ¿Qué se puede
hacer para ayudar a la comunidad en su participación? ¿Qué más puedes hacer para mejorar tu
participación?
Reflexiona en tu experiencia personal con el nuevo misal mientras meditas la sección tres. ¿Qué
piensas al reflexionar sobre la naturaleza de continua renovación de la Liturgia al leer la sección
3 y reflexionar sobre tu propia experiencia de recibir la Tercera Edición del Misal Romano el
pasado Adviento?
Capitulo II: El Sacrosanto Misterio de la Eucaristía
47. Nuestro Salvador, en la Última Cena, la noche que le traicionaban, instituyó el Sacrificio
Eucarístico de su Cuerpo y Sangre, con lo cual iba a perpetuar por los siglos, hasta su vuelta, el
Sacrificio de la Cruz y a confiar a su Esposa, la Iglesia, el Memorial de su Muerte y
Resurrección: sacramento de piedad, signo de unidad, vínculo de caridad, banquete pascual, en el
cual se come a Cristo, el alma se llena de gracia y se nos da una prenda de la gloria venidera.
48. Por tanto, la Iglesia, con solícito cuidado, procura que los cristianos no asistan a este misterio
de fe como extraños y mudos espectadores, sino que comprendiéndolo bien a través de los ritos y
oraciones, participen conscientes, piadosa y activamente en la acción sagrada, sean instruidos
con la palabra de Dios, se fortalezcan en la mesa del Cuerpo del Señor, den gracias a Dios,
aprendan a ofrecerse a sí mismos al ofrecer la hostia inmaculada no sólo por manos del
sacerdote, sino juntamente con él, se perfeccionen día a día por Cristo mediador en la unión con
Dios y entre sí, para que, finalmente, Dios sea todo en todos.
50. Revísese el ordinario de la misa, de modo que se manifieste con mayor claridad el sentido
propio de cada una de las partes y su mutua conexión y se haga más fácil la piadosa y activa
participación de los fieles.
... En consecuencia, simplifíquense los ritos, conservando con cuidado la sustancia; suprímanse
aquellas cosas menos útiles que, con el correr del tiempo, se han duplicado o añadido;
restablézcanse, en cambio, de acuerdo con la primitiva norma de los Santos Padres, algunas
cosas que han desaparecido con el tiempo, según se estime conveniente o necesario.
51. A fin de que la mesa de la palabra de Dios se prepare con más abundancia para los fieles
ábranse con mayor amplitud los tesoros de la Biblia, de modo que, en un período determinado de
años, se lean al pueblo las partes más significativas de la Sagrada Escritura.
- 11 -
52. Se recomienda encarecidamente, como parte de la misma Liturgia, la homilía, en la cual se
exponen durante el ciclo del año litúrgico, a partir de los textos sagrados, los misterios de la fe y
las normas de la vida cristiana. Más aún, en las Misas que se celebran los domingos y fiestas de
precepto, con asistencia del pueblo, nunca se omita si no es por causa grave.
53. Restablézcase la “oración común” o de los fieles después del Evangelio y la homilía,
principalmente los domingos y fiestas de precepto, para que con la participación del pueblo se
hagan súplicas por la santa Iglesia, por los gobernantes, por los que sufren cualquier necesidad,
por todos los hombres y por la salvación del mundo entero.
54. En las Misas celebradas con asistencia del pueblo puede darse el lugar debido a la lengua
vernácula, principalmente en las lecturas y en la “oración común” y, según las circunstancias del
lugar, también en las partes que corresponden al pueblo...
... Procúrese, sin embargo, que los fieles sean capaces también de recitar o cantar juntos en latín
las partes del ordinario de la Misa que les corresponde.
... Si en algún sitio parece oportuno el uso más amplio de la lengua vernácula...
55. Se recomienda especialmente la participación más perfecta en la misa, la cual consiste en que
los fieles, después de la comunión del sacerdote, reciban del mismo sacrificio el Cuerpo del
Señor.
Manteniendo firmes los principios dogmáticos declarados por el Concilio de Trento, la comunión
bajo ambas especies puede concederse en los casos que la Sede Apostólica determine, tanto a los
clérigos y religiosos como a los laicos, a juicio de los Obispos, como, por ejemplo, a los
ordenados, en la Misa de su sagrada ordenación; a los profesos, en la Misa de su profesión
religiosa; a los neófitos, en la Misa que sigue al bautismo.
56. Las dos partes de que costa la Misa, a saber: la Liturgia de la palabra y la Eucaristía, están
tan íntimamente unidas que constituyen un solo acto de culto. Por esto el Sagrado Sínodo exhorta
vehemente a los pastores de almas para que en la catequesis instruyan cuidadosamente a los
fieles acerca de la participación en toda la misa, sobre todo los domingos y fiestas de precepto.
Preguntas para Reflexionar y Compartir:
Toma nota de las reformas que se mencionan en este capítulo. ¿Qué has ganado o perdido a
causa de estas reformas? ¿Qué reformas te han permitido apreciar más la Liturgia? Explica.
Capítulo III: Los Demás Sacramentos y los Sacramentales
59. Los sacramentos están ordenados a la santificación de los hombres, a la edificación del
Cuerpo de Cristo y, en definitiva, a dar culto a Dios; pero, en cuanto signos, también tienen un
- 12 -
fin pedagógico. No sólo suponen la fe, sino que, a la vez, la alimentan, la robustecen y la
expresan por medio de palabras y de cosas; por esto se llaman sacramentos de la “fe”. Confieren
ciertamente la gracia, pero también su celebración prepara perfectamente a los fieles para recibir
fructuosamente la misma gracia, rendir el culto a dios y practicar la caridad.
Por consiguiente, es de suma importancia que los fieles comprendan fácilmente los signos
sacramentales y reciban con la mayor frecuencia posible aquellos sacramentos que han sido
instituidos para alimentar la vida cristiana.
64. Restáurese el catecumenado de adultos dividido en distintas etapas, cuya práctica dependerá
del juicio del ordinario del lugar; de esa manera, el tiempo del catecumenado, establecido para la
conveniente instrucción, podrá ser santificado con los sagrados ritos, que se celebrarán en
tiempos sucesivos.
Preguntas para Reflexionar y Compartir:
En tu experiencia, ¿cómo te ayudan y te levantan los sacramentos y los sacramentales a tener
mayor apreciación por tu fe?
¿Cuál sacramental te impacta más? ¿Por qué?
El Catecumenado se reinstauró en este documento. ¿Cuáles son los dones del Rito de Iniciación
Cristiana para Adultos te da a ti y a tu comunidad parroquial? ¿Cómo te beneficias de su
presencia?
Capítulo IV: El Oficio Divino
83. El Sumo Sacerdote de la nueva y eterna Alianza, Cristo Jesús, al tomar la naturaleza humana,
introdujo en este exilio terrestre aquel himno que se canta perpetuamente en las moradas
celestiales. Él mismo une a Sí la comunidad entera de los hombres y la asocia al canto de este
divino himno de alabanza.
... Porque esta función sacerdotal se prolonga a través de su Iglesia, que, sin cesar, alaba al Señor
e intercede por la salvación de todo el mundo no sólo celebrando la Eucaristía, sino también de
otras maneras, principalmente recitando el Oficio divino.
84. Por una antigua tradición cristiana, el Oficio divino está estructurado de tal manera que la
alabanza de Dios consagra el curso entero del día y de la noche, y cuando los sacerdotes y todos
aquellos que han sido destinados a esta función por institución de la Iglesia cumplen
debidamente ese admirable cántico de alabanza, o cuando los fieles oran junto con el sacerdote
en la forma establecida, entonces es en verdad la voz de la misma Esposa que habla al Esposo;
más aún, es la oración de Cristo, con su Cuerpo, al Padre.
- 13 -
85. Por tanto, todos aquellos que ejercen esta función, por una parte, cumplen la obligación de la
Iglesia, y por otra, participan del altísimo honor de la Esposa de Cristo, ya que, mientras alaban a
Dios, están ante su trono en nombre de la madre Iglesia.
86. Los sacerdotes dedicados al sagrado ministerio pastoral rezarán con tanto mayor fervor las
alabanzas de las Horas cuando más vivamente estén convencidos de que deben observar la
amonestación de San Pablo: “Orad sin interrupción” (1 Tes., 5,17); pues sólo el Señor puede dar
eficacia y crecimiento a la obra en que trabajan, según dijo: “Sin Mí, no podéis hacer nada” (Jn.,
15,5); por esta razón los Apóstoles, al constituir diáconos, dijeron: “Así nosotros nos
dedicaremos de lleno a la oración y al ministerio de la palabra.” (Hch., 6,4).
88. Siendo el fin del Oficio la santificación del día, restablézcase el curso tradicional de las
Horas de modo que, dentro de lo posible, éstas correspondan de nuevo a su tiempo natural y a la
vez se tengan en cuenta las circunstancias de la vida moderna en que se hallan especialmente
aquellos que se dedican al trabajo apostólico.
90. El Oficio divino, en cuanto oración pública de la Iglesia, es, además, fuente de piedad y
alimento de la oración personal. Por eso se exhorta en el Señor a los sacerdotes y a cuantos
participan en dicho Oficio, que al rezarlo, la mente concuerde con la voz, y para conseguirlo
mejor adquieran una instrucción litúrgica y bíblica más rica, principalmente acerca de los
salmos.
Al realizar la reforma, adáptese el tesoro venerable del Oficio romano de manera que puedan
disfrutar de él con mayor amplitud y facilidad todos aquellos a quienes se les confía.
98. Los miembros de cualquier Instituto de estado de perfección que, en virtud de las
Constituciones, rezan alguna parte del Oficio divino, hacen oración pública de la Iglesia.
100. Procuren los pastores de almas que las Horas principales, especialmente las Vísperas, se
celebren comunitariamente en la Iglesia los domingos y fiestas más solemnes. Se recomienda,
asimismo, que los laicos recen el Oficio divino o con los sacerdotes o reunidos entre sí e
inclusive en particular.
Preguntas para Reflexionar y Compartir:
El Divino Oficio (Liturgia de las Horas) está diseñado de manera que el día complete se santifica
alabando a Dios. ¿Has tenido la oportunidad de compartir esta oración pública de la Iglesia?
¿Dónde y cuándo? Comparte esa experiencia.
¿Rezas el Divino Oficia como parte de tu rutina de oración? ¿Cómo es para ti esa experiencia?
¿Ofrece tu parroquia la oportunidad de rezar la Liturgia de las Horas? Probablemente sea algo
que a tu pequeño grupo de fe le gustaría explorar. Aquí hay unas páginas de web que te pueden
ser de utilidad:
- 14 -
http:// liturgiadelashoras.com.ar
http://oficiodivino.org/
http://oficiodivino.com
Capítulo V: El Año Litúrgico
102. La santa madre Iglesia considera deber suyo celebrar con un sagrado recuerdo en días
determinados a través del año la obra salvífica de su divino Esposo. Cada semana, en el día que
llamó “del Señor”, conmemora su Resurrección, que una vez al año celebra también, junto con
su santa Pasión, en la máxima solemnidad de la Pascua.
Además, en el círculo del año desarrolla todo el misterio de cristo, desde la Encarnación y la
Navidad hasta la Ascensión, Pentecostés y la expectativa de la dichosa esperanza y venida del
Señor.
Conmemorando así los misterios de la Redención, abre las riquezas del poder santificador y de
los méritos de su Señor, de tal manera que, en cierto modo, se hacen presentes en todo tiempo
para que puedan los fieles ponerse en contacto con ellos y llenarse de la gracia de la salvación.
103. En la celebración de este círculo anual de los misterios de Cristo, la santa Iglesia venera con
amor especial a la bienaventurada Madre de Dios, la Virgen María, unida con lazo indisoluble a
la obra salvífica del su Hijo; en Ella, la Iglesia admira y ensalza el fruto más espléndido de la
Redención y la contempla gozosamente, como una purísima imagen de lo que ella misma, toda
entera, ansía y espera ser.
104. Además, la Iglesia introdujo en el círculo anual el recuerdo de los mártires y de los demás
santos, que llegados a la perfección por la multiforme gracia de Dios y habiendo ya alcanzado la
salvación eterna, cantan la perfecta alabanza a Dios en el cielo e interceden por nosotros. Porque
al celebrar el tránsito de los santos de este mundo al cielo, la Iglesia proclama el misterio pascual
cumplido en ellos, que sufrieron y fueron glorificados con Cristo, propone a los fieles sus
ejemplos, los cuales atraen a todos por Cristo al Padre y por los méritos de los mismos implora
los beneficios divinos.
105. Por último, en diversos tiempos del año, de acuerdo a las instituciones tradicionales, la
Iglesia completa la formación de los fieles por medio de ejercicios de piedad espiritual y
corporal, de la instrucción, de la plegaria y las obras de penitencia y misericordia.
- 15 -
Preguntas para Reflexionar y Compartir:
El Calendario Litúrgico es diferente al calendario común que utilizamos. El Año Litúrgico
comienza cada año con el primer Domingo de Adviento y el último domingo del año de la
Iglesia es la Fiesta de Cristo Rey.
¿Cómo marca tu comunidad las temporadas del Año Litúrgico? ¿Cómo se hace sentir el sabor de
cada temporada? ¿Qué prácticas en particular te ayudan a marcar este tiempo?
¿Cómo mantienes vivo el Año Litúrgico en tu casa? Comparte.
Capítulo VI: La Música Sagrada
112. La tradición musical de la Iglesia universal constituye un tesoro de valor inestimable, que
sobresale entre las demás expresiones artísticas, principalmente porque el canto sagrado, unido a
las palabras, constituye una parte necesaria o integral de la Liturgia solemne.
114. Consérvese y cultívese con sumo cuidado el tesoro de la música sacra. Foméntense
diligentemente las “Scholae cantorum”, sobre todo en las iglesias catedrales. Los Obispos y
demás pastores de almas procuren cuidadosamente que en cualquier acción sagrada con canto,
toda la comunidad de los fieles pueda aportar la participación activa que le corresponde…
118. Foméntese con empeño el canto religioso popular, de modo que en los ejercicios piadosos y
sagrados y en las mismas acciones litúrgicas, de acuerdo con las normas y prescripciones de las
rúbricas, resuenen las voces de los fieles.
119. Como en ciertas regiones, principalmente en las misiones, hay pueblos con tradición
musical propia que tiene mucha importancia en su vida religiosa y social, dese a este música la
debida estima y el lugar correspondiente no sólo al formar su sentido religioso, sino también al
acomodar el culto a su idiosincrasia, …
120. Téngase en gran estima en la Iglesia latina el órgano de tubos, como instrumento musical
tradicional, cuyo sonido puede aportar un esplendor notable a las ceremonias eclesiásticas y
levantar poderosamente las almas hacia Dios y hacia las realidades celestiales.
En el culto divino se pueden admitir otros instrumentos, a juicio y con el consentimiento de la
autoridad eclesiástica territorial competente... a tenor de que siempre que sean aptos o puedan
adaptarse al uso sagrado, convengan a la dignidad del templo y contribuyan realmente a la
edificación de los fieles.
- 16 -
Preguntas para Reflexionar y Compartir:
La música sagrada complementa nuestras alabanzas como comunidad. ¿Cómo mejora la música
de tu parroquia la oración de la Liturgia?
¿Cómo une el cielo y la tierra la música que se toca?
¿Es la música apropiada para la comunidad en términos de estilo, los instrumentos que se tocan y
los cantos? Comparte tus reflexiones.
Capítulo VII: El Arte y los Objetos Sagrados
122. Entre las actividades más nobles del ingenio humano se cuentan, con razón, las bellas artes,
principalmente el arte religioso y su cumbre, que es el arte sacro.
Estas, por su naturaleza, están relacionadas con la infinita belleza de Dios, que intentan expresar
de alguna manera por medio de obras humanas. Y tanto más pueden dedicarse a Dios y
contribuir a su alabanza y a su gloria cuanto más lejos están de todo propósito que no sea
colaborar lo más posible con sus obras para orientar santamente los hombres hacia Dios.
Por esta razón, la santa madre Iglesia fue siempre amiga de las bellas artes, buscó
constantemente su noble servicio, principalmente para que las cosas destinadas al culto sagrado
fueran en verdad dignas, decorosas y bellas, signos y símbolos de las realidades celestiales. Más
aún: la Iglesia se consideró siempre, con razón, como árbitro de las mismas, discerniendo entre
las obras de los artistas aquellas que estaban de acuerdo con la fe, la piedad y las leyes religiosas
tradicionales y que eran consideradas aptas para el uso sagrado.
La Iglesia procuró con especial interés que los objetos sagrados sirvieran al esplendor del culto
con dignidad y belleza, aceptando los cambios de materia, forma y ornato que el progreso de la
técnica introdujo con el correr del tiempo.
123. La Iglesia nunca consideró como propio ningún estilo artístico, sino que acomodándose al
carácter y condiciones de los pueblos y a las necesidades de los diversos ritos, aceptó las formas
de cada tiempo, creando en el curso de los siglos un tesoro artístico digno de ser conservado
cuidadosamente. También el arte de nuestro tiempo, y el de todos los pueblos y regiones, ha de
ejercerse libremente en la Iglesia, con tal que sirva a los edificios y ritos sagrados con el debido
honor y reverencia; para que pueda juntar su voz a aquel admirable concierto que los grandes
hombres entonaron a la fe católica en los siglos pasados.
125. Manténgase firmemente la práctica de exponer imágenes sagradas a la veneración de los
fieles; con todo, que sean pocas en número y guarden entre ellas el debido orden, a fin de que no
causen extrañeza al pueblo cristiano ni favorezcan una devoción menos ortodoxa.
- 17 -
127… Los artistas que llevados por su ingenio desean glorificar a Dios en la santa Iglesia,
recuerden siempre que su trabajo es una cierta imitación sagrada de Dios creador y que sus obras
están destinadas al culto católico, a la edificación de los fieles y a su instrucción religiosa.
Preguntas para Reflexionar y Compartir:
¿Qué objetos artísticos de tu parroquia eleven tu mente y tu corazón hacia Dios?
¿Qué obra de arte que tienes en casa vuelven tu mente y tu corazón a Dios?
¿Cómo te hablan de Dios los objetos sagrados en tu parroquia? ¿Qué te dicen esos objetos
sagrados qué es importante?
- 18 -
- 19 -
- 20 -
- 21 -
Constitución Dogmática de la Iglesia (Lumen Gentium)
Capítulo I: El Misterio de la Iglesia
1. Cristo es la luz de los pueblos. Por ello este sacrosanto Sínodo, reunido en el Espíritu Santo,
desea ardientemente iluminar a todos los hombres, anunciando el Evangelio a toda criatura con
la claridad de Cristo, que resplandece sobre la faz de la Iglesia. Y porque la Iglesia es en Cristo
como un sacramento, o sea signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de
todo el género humano…
4… Y así toda la Iglesia aparece como “un pueblo reunido en virtud de la unidad del Padre y del
Hijo y del Espíritu Santo.”
5. El misterio de la santa Iglesia se manifiesta en su fundación. Pues nuestro Señor Jesús dio
comienzo a la Iglesia predicando la buena nueva, es decir, la llegada del reino de Dios prometido
desde siglos en la Escritura: “Porque el tiempo está cumplido, y se acercó el reino de Dios.”
Ahora bien, este reino brilla ante los hombres en la palabra, en las obras y en la presencia de
Cristo. La palabra de Dios se compara a una semilla sembrada en el campo: quienes la oyen con
fidelidad y se agregan a la pequeña grey de Cristo, ésos recibieron el reino; la semilla va después
germinando poco a poco y crece hasta el tiempo de la siega. Los milagros de Jesús, a su vez,
confirman que el reino ya llegó a la tierra: “Si expulso los demonios por el dedo de Dios, sin
duda que el reino de Dios ha llegado a vosotros.” Pero, sobre todo, el reino se manifiesta en la
persona misma de Cristo, Hijo de Dios e Hijo del hombre, quien vino “a servir y a dar su vida
para la redención de muchos”
6. Del mismo modo que en el Antiguo Testamento la revelación del reino se propone
frecuentemente en figuras, así ahora la naturaleza íntima de la Iglesia se nos manifiesta también
mediante diversas imágenes tomadas de la vida pastoril, de la agricultura, de la edificación,
como también de la familia y de los esponsales, las cuales están ya insinuadas en los libros de los
profetas.
Así la Iglesia es un redil, cuya única y obligada puerta es Cristo. Es también una grey, de la que
el mismo Dios se profetizó Pastor, y cuyas ovejas, aunque conducidas ciertamente por pastores
humanos, son, no obstante, guiadas y alimentadas continuamente por el mismo Cristo, buen
Pastor y Príncipe de los pastores, que dio su vida por las ovejas.
La Iglesia es labranza, o arada de Dios. En ese campo crece el vetusto olivo, cuya raíz santa
fueron los patriarcas, y en el cual se realizó y concluirá la reconciliación de los judíos y gentiles.
El celestial Agricultor la plantó como viña escogida. La verdadera vid es Cristo, que comunica
vida y fecundidad a los sarmientos, que somos nosotros, que permanecemos en Él por medio de
la Iglesia, y sin Él nada podemos hacer.
- 22 -
A veces también la Iglesia es designada como edificación de Dios. El mismo Señor se comparó a
la piedra que rechazaron los constructores, pero que fue puesta como piedra angular. Sobre este
fundamento los Apóstoles levantan la Iglesia y de él recibe esta firmeza y cohesión. Esta
edificación recibe diversos nombres: casa de Dios, en que habita su familia; habitación de Dios
en el Espíritu, tienda de Dios entre los hombres y sobre todo templo santo, que los Santos Padres
celebran como representado en los templos de piedra, y la liturgia, no sin razón, la compara a la
ciudad santa, la nueva Jerusalén. Efectivamente, en este mundo servimos, cual piedras vivas,
para edificarla. San Juan contempla esta ciudad santa y bajando, en la renovación del mundo, de
junto a Dios, ataviada como esposa engalanada para su esposo.
7… Por el bautismo, en efecto, nos configuramos en Cristo: “porque también todos nosotros
hemos sido bautizados en un solo Espíritu,” ya que en este sagrado rito se representa y realiza el
consorcio con la muerte y resurrección de Cristo: “Con Él fuimos sepultados por el bautismo
para participar de su muerte; mas, si hemos sido injertados en Él por la semejanza de su muerte,
también lo seremos por la de su resurrección.” Participando realmente del Cuerpo del Señor en la
fracción del pan eucarístico, somos elevados a una comunión con Él y entre nosotros. “Porque el
pan es uno, somos muchos un solo cuerpo, pues todos participamos de ese único pan.” Así todos
nosotros nos convertimos en miembros de ese Cuerpo “y cada uno es miembro del otro.”
Y del mismo modo que todos los miembros del cuerpo humano, aun siendo muchos, forman, no
obstante, un solo cuerpo, así también los fieles en Cristo. También en la constitución del cuerpo
de Cristo está vigente la diversidad de miembros y oficios. Uno solo es el Espíritu, que distribuye
sus variados dones para el bien de la Iglesia según su riqueza y la diversidad de ministerios.
La Cabeza de este cuerpo es Cristo. Él es la imagen de Dios invisible, y en Él fueron creadas
todas las cosas. Él es antes que todos, y todo subsiste en Él. Él es la cabeza del cuerpo, que es la
Iglesia. Él es el principio, el primogénito de los muertos, de modo que tiene la primacía en todas
las cosas. Con la grandeza de su poder domina los cielos y la tierra y con su eminente perfección
y acción llena con las riquezas de su gloria todo el cuerpo.
Es necesario que todos los miembros se hagan conformes a Él hasta el extremo de que Cristo
quede formado en ellos. Por eso somos incorporados a los misterios de su vida, configurados con
Él, muertos y resucitados con Él, hasta que con Él reinemos. Peregrinando todavía sobre la tierra,
siguiendo de cerca sus pasos en la tribulación y en la persecución, nos asociamos a sus dolores
como el cuerpo a la cabeza, padeciendo con Él a fin de ser glorificados con Él.
Cristo, en verdad, ama a la Iglesia como a su esposa, convirtiéndose en ejemplo del marido, que
ama a su esposa como a su propio cuerpo. A su vez, la Iglesia le está sometida como a su
Cabeza. “Porque en Él habita corporalmente toda la plenitud de la divinidad”, colma de bienes
divinos a la Iglesia, que es su cuerpo y su plenitud, para que tienda y consiga toda la plenitud de
Dios.
- 23 -
8…, así también la Iglesia, aunque necesite de medios humanos para cumplir su misión, no fue
instituida para buscar la gloria terrena, sino para proclamar la humildad y la abnegación, también
con su propio ejemplo. Cristo fue enviado por el Padre a “evangelizar a los pobres y levantar a
los oprimidos”, “para buscar y salvar lo que estaba perdido”; así también la Iglesia abraza con su
amor a todos los afligidos por la debilidad humana; más aún, reconoce en los pobres y en los que
sufren la imagen de su Fundador pobre y paciente, se esfuerza en remediar sus necesidades y
procura servir en ellos a Cristo.
Preguntas para Reflexionar y Compartir:
¿Cómo vives tú la Iglesia como Luz, como esa que trae mayor claridad a tu vida?
¿Cómo esparce la Iglesia la luz de vida al mundo? ¿Cómo has visto que suceda esto en el
pasado? ¿Cómo parece seguir sucediendo?
En los párrafos 5 y 6 se utilizan varias imágenes para describir a la Iglesia. ¿Cuál imagen de las
que se mencionan significa más para ti? ¿Por qué? ¿Qué otras imágenes sugerirías para
describir a la Iglesia?
El párrafo 7 dice, “...por el bautismo, en efecto, nos configuramos en Cristo...” ¿Qué significa
para ti el Sacramento del Bautismo? ¿Cómo te formas de manera continua en imagen de Cristo?
Capítulo II: El Pueblo de Dios
9. En todo tiempo y en todo pueblo es grato a Dios quien le teme y practica la justicia. Sin
embargo, fue voluntad de Dios el santificar y salvar a los hombres, no aisladamente, sin
conexión alguna de unos con otros, sino constituyendo un pueblo, que le confesara en verdad y le
sirviera santamente. Por ello eligió al pueblo de Israel como pueblo suyo, pactó con él una
alianza y le instruyó gradualmente, revelándose a Sí mismo y los designios de su voluntad a
través de la historia de este pueblo, y santificándolo para Sí. Pero todo esto sucedió como
preparación y figura de la alianza nueva y perfecta que había de pactarse en Cristo y de la
revelación completa que había de hacerse por el mismo Verbo de Dios hecho carne.
...”He aquí que llegará el tiempo, dice el Señor, y haré un nuevo pacto con la casa de Israel y con
la casa de Judá... Pondré mi ley en sus entrañas y la escribiré en sus corazones, y seré Dios para
ellos y ellos serán mi pueblo... Todos, desde el pequeño al mayor, me conocerán, dice el Señor”.
Ese pacto nuevo, a saber, el Nuevo Testamento en su sangre, lo estableció Cristo convocando un
pueblo de judíos y gentiles, que se unificara no según la carne, sino en el Espíritu.
... y constituyera el nuevo Pueblo de Dios. Pues quienes creen en Cristo, renacidos no de un
germen corruptible, sino de uno incorruptible, mediante la palabra de Dios vivo, no de la carne,
sino del agua y del Espíritu Santo, pasan, finalmente, a constituir “un linaje escogido, sacerdocio
- 24 -
regio, nación santa, pueblo de adquisición..., que en un tiempo no era pueblo y ahora es pueblo
de Dios”.
10. Cristo Señor, Pontífice tomado de entre los hombres, de su nuevo pueblo “hizo... un reino y
sacerdotes para Dios, su Padre”. Los bautizados, en efecto, son consagrados por la regeneración
y la unción del Espíritu Santo como casa espiritual y sacerdocio santo, para que, por medio de
toda obra del hombre cristiano, ofrezcan sacrificios espirituales y anuncien el poder de Aquel
que los llamó de las tinieblas a su admirable luz. Por ello todos los discípulos de Cristo,
perseverando en la oración y alabando juntos a Dios, ofrézcanse a sí mismos como hostia viva,
santa y grata a Dios y den testimonio por doquiera de Cristo, y a quienes lo pidan, den también
razón de la esperanza de la vida eterna que hay en ellos.
El sacerdocio común de los fieles y el sacerdocio ministerial o jerárquico, aunque diferentes
esencialmente y no sólo en grado, se ordenan, sin embargo, el uno al otro, pues ambos participan
a su manera del único sacerdocio de Cristo. El sacerdocio ministerial, por la potestad sagrada de
que goza, forma y dirige el pueblo sacerdotal, confecciona el sacrificio eucarístico en la persona
de Cristo y lo ofrece en nombre de todo el pueblo a Dios. Los fieles, en cambio, en virtud de su
sacerdocio regio, concurren a la ofrenda de la Eucaristía y lo ejercen en la recepción de los
sacramentos, en la oración y acción de gracias, mediante el testimonio de una vida santa, en la
abnegación y caridad operante.
11. El carácter sagrado y orgánicamente estructurado de la comunidad sacerdotal se actualiza por
los sacramentos y por las virtudes. Los fieles, incorporados a la Iglesia por el bautismo, quedan
destinados por el carácter al culto de la religión cristiana, y, regenerados como hijos de Dios,
están obligados a confesar delante de los hombres la fe que recibieron de Dios mediante la
Iglesia. Por el sacramento de la confirmación se vinculan más estrechamente a la Iglesia, se
enriquecen con una fuerza especial del Espíritu Santo, y con ello quedan obligados más
estrictamente a difundir y defender la fe, como verdaderos testigos de Cristo, por la palabra
juntamente con las obras. Participando del sacrificio eucarístico, fuente y cumbre de toda la vida
cristiana, ofrecen a Dios la Víctima divina y se ofrecen a sí mismos juntamente con ella. Y así,
sea por la oblación o sea por la sagrada comunión, todos tienen en la celebración litúrgica una
parte propia, no confusamente, sino cada uno de modo distinto. Más aún, confortados con el
cuerpo de Cristo en la sagrada liturgia eucarística, muestran de un modo concreto la unidad del
Pueblo de Dios, significada con propiedad y maravillosamente realizada por este augustísimo
sacramento.
Quienes se acercan al sacramento de la penitencia obtienen de la misericordia de Dios el perdón
de la ofensa hecha a Él y al mismo tiempo se reconcilian con la Iglesia, a la que hirieron
pecando, y que colabora a su conversión con la caridad, con el ejemplo y las oraciones. Con la
unción de los enfermos y la oración de los presbíteros, toda la Iglesia encomienda los enfermos
al Señor paciente y glorificado, para que los alivie y los salve, e incluso les exhorta a que,
asociándose voluntariamente a la pasión y muerte de Cristo, contribuyan así al bien del Pueblo
- 25 -
de Dios. A su vez, aquellos de entre los fieles que están sellados con el orden sagrado son
destinados a apacentar la Iglesia por la palabra y gracia de Dios, en nombre de Cristo.
Finalmente, los cónyuges cristianos, en virtud del sacramento del matrimonio, por el que
significan y participan el misterio de unidad y amor fecundo entre Cristo y la Iglesia, se ayudan
mutuamente a santificarse en la vida conyugal y en la procreación y educación de la prole, y por
eso poseen su propio don, dentro del Pueblo de Dios, en su estado y forma de vida. De este
consorcio procede la familia, en la que nacen nuevos ciudadanos de la sociedad humana,
quienes, por la gracia del Espíritu Santo, quedan constituidos en el bautismo hijos de Dios, que
perpetuarán a través del tiempo el Pueblo de Dios. En esta especie de Iglesia doméstica los
padres deben ser para sus hijos los primeros predicadores de la fe, mediante la palabra y el
ejemplo, y deben fomentar la vocación propia de cada uno, pero con un cuidado especial la
vocación sagrada.
12. El Pueblo santo de Dios participa también de la función profética de Cristo, difundiendo su
testimonio vivo sobre todo con la vida de fe y caridad y ofreciendo a Dios el sacrificio de
alabanza, que es fruto de los labios que confiesan su nombre.
… Además, el mismo Espíritu Santo no sólo santifica y dirige el Pueblo de Dios mediante los
sacramentos y los misterios y le adorna con virtudes, sino que también “distribuye gracias
especiales entre los fieles de cualquier condición, distribuyendo a cada uno según quiere.”
13… Todos los fieles dispersos por el orbe comunican con los demás en el Espíritu Santo, y así,
“quien habita en Roma sabe que los de la India son miembros suyos.” Y como el reino de Cristo
no es de este mundo, la Iglesia o el Pueblo de Dios, introduciendo este reino, no disminuye el
bien temporal de ningún pueblo; antes, al contrario, fomenta y asume, y al asumirlas, las purifica,
fortalece y eleva todas las capacidades y riquezas y costumbres de los pueblos en lo que tienen
de bueno.
14…. En su cuerpo visible están unidos con la Iglesia por los vínculos de la profesión de fe, de
los sacramentos, del gobierno y comunión eclesiástica.
17. Como el Hijo fue enviado por el Padre, así también Él envió a los Apóstoles diciendo: “Id,
pues, y enseñad a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre, y del Hijo, y del
Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Yo estaré con vosotros
siempre hasta la consumación del mundo”. Este solemne mandato de Cristo de anunciar la
verdad salvadora, la Iglesia lo recibió de los Apóstoles con orden de realizarlo hasta los confines
de la tierra.
Preguntas para Reflexionar y Compartir:
¿Qué te dice la frase, “El Pueblo de Dios”? ¿Qué demanda de nosotros el ser “El Pueblo de
Dios”?
- 26 -
El párrafo 11 habla de los sacramentos. ¿Cómo complementan tu vida los sacramentos? ¿Cómo
conforman al “Pueblo de Dios”?
Capitulo III: Constitución Jerárquica de la Iglesia, y Particularmente el Episcopado
18. Para apacentar el Pueblo de Dios y acrecentarlo siempre, Cristo Señor instituyó en su Iglesia
diversos ministerios, ordenados al bien de todo el Cuerpo. Pues los ministros que poseen la sacra
potestad están al servicio de sus hermanos, a fin de que todos cuantos pertenecen al Pueblo de
Dios y gozan, por tanto, de la verdadera dignidad cristiana, tendiendo libre y ordenadamente a un
mismo fin, alcancen la salvación.
20… los Obispos, pues, recibieron el ministerio de la comunidad con sus colaboradores, los
presbíteros y diáconos, presidiendo en nombre de Dios la grey, de la que son pastores, como
maestros de doctrina, sacerdotes del culto sagrado y ministros de gobierno.
… este sagrado Sínodo enseña que los Obispos han sucedido, por institución divina, a los
Apóstoles como pastores de la Iglesia, de modo que quien los escucha, escucha a Cristo, y quien
los desprecia, desprecia a Cristo y a quien le envió.
21… La consagración episcopal, junto con el oficio de santificar, confiere también los oficios de
enseñar y de regir, los cuales, sin embargo, por su misma naturaleza, no pueden ejercerse sino en
comunión jerárquica con la Cabeza y los miembros del Colegio. Pues según la Tradición, que se
manifiesta especialmente en los ritos litúrgicos y en el uso de la Iglesia tanto de Oriente como de
Occidente, es cosa clara que por la imposición de las manos y las palabras de la consagración se
confiere la gracia del Espíritu Santo y se imprime el sagrado carácter, de tal manera que los
Obispos, de modo visible y eminente, hacen las veces del mismo Cristo, Maestro, Pastor y
Pontífice, y actúan en lugar suyo.
23… El Romano Pontífice, como sucesor de Pedro, es el principio y fundamento perpetuo y
visible de unidad así de los Obispos como de la multitud de los fieles. Por su parte, los Obispos
son, individualmente, el principio y fundamento visible de unidad en sus Iglesias particulares,
formadas a imagen de la Iglesia universal, en las cuales y a base de las cuales se constituye la
Iglesia católica, una y única. Por eso, cada Obispo representa a su Iglesia, y todos juntos con el
Papa representan a toda la Iglesia en el vínculo de la paz, del amor y de la unidad.
… todos los Obispos promover y defender la unidad de la fe y la disciplina común de toda la
Iglesia, instruir a los fieles en el amor de todo el Cuerpo místico de Cristo, especialmente de los
miembros pobres, de los que sufren y de los que son perseguidos por la justicia; promover, en
fin, toda actividad que sea común a toda la Iglesia, particularmente en orden a la dilatación de la
fe y a la difusión de la luz de la verdad plena entre todos los hombres.
- 27 -
24. Los Obispos, en cuanto sucesores de los Apóstoles, reciben del Señor, a quien ha sido dado
todo poder en el cielo y en la tierra, la misión de enseñar a todas las gentes y de predicar el
Evangelio a toda creatura, a fin de que todos los hombres consigan la salvación por medio de la
fe, del bautismo y del cumplimiento de los mandamientos.
25. Entre los principales oficios de los Obispos se destaca la predicación del Evangelio. Porque
los Obispos son los pregoneros de la fe que ganan nuevos discípulos para Cristo y son los
maestros auténticos, o sea los que están dotados de la autoridad de Cristo, que predican al pueblo
que les ha sido encomendado la fe que ha de ser creída y ha de ser aplicada a la vida, y la ilustran
bajo la luz del Espíritu Santo, extrayendo del tesoro de la Revelación cosas nuevas y viejas, la
hacen fructificar y con vigilancia apartan de su grey los errores que la amenazan.
26… Así, los Obispos, orando y trabajando por el pueblo, difunden de muchas maneras y con
abundancia la plenitud de la santidad de Cristo. Por medio del ministerio de la palabra
comunican la virtud de Dios a los creyentes para la salvación, y por medio de los sacramentos,
cuya administración legítima y fructuosa regulan ellos con su autoridad, santifican a los fieles.
Ellos disponen la administración del bautismo, por medio del cual se concede la participación en
el sacerdocio regio de Cristo. Ellos son los ministros originarios de la confirmación, los
dispensadores de las sagradas órdenes y los moderadores de la disciplina penitencial; y ellos
solícitamente exhortan e instruyen a sus pueblos para que participen con fe y reverencia en la
liturgia y, sobre todo, en el santo sacrificio de la Misa. Ellos, finalmente, deben edificar a sus
súbditos con el ejemplo de su vida, guardando su conducta de todo mal y, en la medida que
puedan y con la ayuda de Dios transformándola en bien, para llegar, juntamente con la grey que
les ha sido confiada, a la vida eterna.
27. Los Obispos rigen, como vicarios y legados de Cristo, las Iglesias particulares que les han
sido encomendadas, con sus consejos, con sus exhortaciones, con sus ejemplos, pero también
con su autoridad y sacra potestad, de la que usan únicamente para edificar a su grey en la verdad
y en la santidad, teniendo en cuenta que el que es mayor ha de hacerse como el menor, y el que
ocupa el primer puesto, como el servidor.
28… Los presbíteros, próvidos cooperadores del Orden episcopal y ayuda e instrumento suyo,
llamados para servir al Pueblo de Dios, forman, junto con su Obispo, un solo presbiterio,
dedicado a diversas ocupaciones. En cada una de las congregaciones locales de fieles representan
al Obispo, con el que están confiada y animosamente unidos, y toman sobre sí una parte de la
carga y solicitud pastoral y la ejercen en el diario trabajo. Ellos, bajo la autoridad del Obispo,
santifican y rigen la porción de la grey del Señor a ellos encomendada, hacen visible en cada
lugar a la Iglesia universal y prestan eficaz ayuda en la edificación de todo el Cuerpo de Cristo...
preocupados siempre por el bien de los hijos de Dios, procuren cooperar en el trabajo pastoral de
toda la diócesis e incluso de toda la Iglesia.
- 28 -
… Respecto de los fieles, a quienes han engendrado espiritualmente por el bautismo y la
doctrina, tengan la solicitud de padres en Cristo. Haciéndose de buena gana modelos de la grey,
gobiernen y sirvan a su comunidad local de tal manera, que ésta merezca ser llamada con el
nombre que es gala del único y total Pueblo de Dios, es decir, Iglesia de Dios.
29… los diáconos, que reciben la imposición de las manos “no en orden al sacerdocio, sino en
orden al ministerio”. Así, confortados con la gracia sacramental, en comunión con el Obispo y su
presbiterio, sirven al Pueblo de Dios en el ministerio de la liturgia, de la palabra y de la caridad.
Es oficio propio del diácono, según le fuere asignado por la autoridad competente, administrar
solemnemente el bautismo, reservar y distribuir la Eucaristía, asistir al matrimonio y bendecirlo
en nombre de la Iglesia, llevar el viático a los moribundos, leer la Sagrada Escritura a los fieles,
instruir y exhortar al pueblo, presidir el culto y oración de los fieles, administrar los
sacramentales, presidir el rito de los funerales y sepultura.
Preguntas para Reflexionar y Compartir:
Habiendo leído los párrafos 18-27 que se presentan aquí, ¿qué entiendes que es el papel del
Obispo? ¿Cómo mejoran los obispos la vida del Pueblo de Dios?
¿Cómo apoyamos a nuestro Obispo en el ministerio que hace por nosotros?
Los sacerdotes y los diáconos asisten al Obispo en su servicio al Pueblo de Dios. ¿Cómo
entiendes su papel y propósito? ¿Cómo son similares sus funciones y en que se diferencian?
Capítulo IV: Los Laicos
31. Con el nombre de laicos se designan aquí todos los fieles cristianos, a excepción de los
miembros del orden sagrado y los del estado religioso aprobado por la Iglesia. Es decir, los fieles
que, en cuanto incorporados a Cristo por el bautismo, integrados al Pueblo de Dios y hechos
partícipes, a su modo, de la función sacerdotal, profética y real de Cristo, ejercen en la Iglesia y
en el mundo la misión de todo el pueblo cristiano en la parte que a ellos corresponde.
A los laicos corresponde, por propia vocación, tratar de obtener el reino de Dios gestionando los
asuntos temporales y ordenándolos según Dios. Viven en el siglo, es decir, en todos y cada uno
de los deberes y ocupaciones del mundo, y en las condiciones ordinarias de la vida familiar y
social, con las que su existencia está como entretejida. Allí están llamados por Dios, para que,
desempeñando su propia profesión guiados por el espíritu evangélico, contribuyan a la
santificación del mundo como desde dentro, a modo de fermento. Y así hagan manifiesto a
Cristo ante los demás, primordialmente mediante el testimonio de su vida, por la irradiación de la
- 29 -
fe, la esperanza y la caridad. Por tanto, de manera singular, a ellos corresponde iluminar y
ordenar las realidades temporales a las que están estrechamente vinculados, de tal modo que sin
cesar se realicen y progresen conforme a Cristo y sean para la gloria del Creador y del Redentor.
32. Los laicos, del mismo modo que por la benevolencia divina tienen como hermano a Cristo,
quien, siendo Señor de todo, no vino a ser servido, sino a servir, también tienen por hermanos a
los que, constituidos en el sagrado ministerio, enseñando, santificando y gobernando con la
autoridad de Cristo, apacientan a la familia de Dios, de tal suerte que sea cumplido por todos el
nuevo mandamiento de la caridad. A cuyo propósito dice bellamente San Agustín: “Si me asusta
lo que soy para vosotros, también me consuela lo que soy con vosotros. Para vosotros soy
obispo, con vosotros soy cristiano. Aquel nombre expresa un deber, éste una gracia; aquél indica
un peligro, éste la salvación”
33. El apostolado de los laicos es participación en la misma misión salvífica de la Iglesia,
apostolado al que todos están destinados por el Señor mismo en virtud del bautismo y de la
confirmación. Y los sacramentos, especialmente la sagrada Eucaristía, comunican y alimentan
aquel amor hacia Dios y hacia los hombres que es el alma de todo apostolado. Los laicos están
especialmente llamados a hacer presente y operante a la Iglesia en aquellos lugares y
circunstancias en que sólo puede llegar a ser sal de la tierra a través de ellos. Así, todo laico, en
virtud de los dones que le han sido otorgados, se convierte en testigo y simultáneamente en vivo
instrumento de la misión de la misma Iglesia en la medida del don de Cristo.
… Así, pues, incumbe a todos los laicos la preclara empresa de colaborar para que el divino
designio de salvación alcance más y más a todos los hombres de todos los tiempos y en todas las
partes de la tierra. De consiguiente, ábraseles por doquier el camino para que, conforme a sus
posibilidades y según las necesidades de los tiempos, también ellos participen celosamente en la
obra salvífica de la Iglesia.
34… De este modo, también los laicos, como adoradores que en todo lugar actúan santamente,
consagran el mundo mismo a Dios.
35. Cristo, el gran Profeta, que proclamó el reino del Padre con el testimonio de la vida y con el
poder de la palabra, cumple su misión profética hasta la plena manifestación de la gloria, no sólo
a través de la Jerarquía, que enseña en su nombre y con su poder, sino también por medio de los
laicos, a quienes, consiguientemente, constituye en testigos y les dota del sentido de la fe y de la
gracia de la palabra para que la virtud del Evangelio brille en la vida diaria, familiar y social. Se
manifiestan como hijos de la promesa en la medida en que, fuertes en la fe y en la esperanza,
aprovechan el tiempo presente y esperan con paciencia la gloria futura.
… Por consiguiente, los laicos, incluso cuando están ocupados en los cuidados temporales,
pueden y deben desplegar una actividad muy valiosa en orden a la evangelización del mundo.
- 30 -
37. Los laicos, al igual que todos los fieles cristianos, tienen el derecho de recibir con abundancia
de los sagrados Pastores los auxilios de los bienes espirituales de la Iglesia, en particular la
palabra de Dios y les sacramentos. Y manifiéstenles sus necesidades y sus deseos con aquella
libertad y confianza que conviene a los hijos de Dios y a los hermanos en Cristo. Conforme a la
ciencia, la competencia y el prestigio que poseen, tienen la facultad, más aún, a veces el deber,
de exponer su parecer acerca de los asuntos concernientes al bien de la Iglesia. Esto hágase, si las
circunstancias lo requieren, a través de instituciones establecidas para ello por la Iglesia, y
siempre en veracidad, fortaleza y prudencia, con reverencia y caridad hacia aquellos que, por
razón de su sagrado ministerio, personifican a Cristo.
... Los laicos, como los demás fieles, siguiendo el ejemplo de Cristo, que con su obediencia hasta
la muerte abrió a todos los hombres el dichoso camino de la libertad de los hijos de Dios, acepten
con prontitud de obediencia cristiana aquello que los Pastores sagrados, en cuanto representantes
de Cristo, establecen en la Iglesia en su calidad de maestros y gobernantes. Ni dejen de
encomendar a Dios en la oración a sus Prelados, que vigilan cuidadosamente como quienes
deben rendir cuenta por nuestras almas, a fin de que hagan esto con gozo y no con gemido.
... Por su parte, los sagrados Pastores reconozcan y promuevan la dignidad y responsabilidad de
los laicos en la Iglesia. Recurran gustosamente a su prudente consejo, encomiéndenles con
confianza cargos en servicio de la Iglesia y denles libertad y oportunidad para actuar; más aún,
anímenles incluso a emprender obras por propia iniciativa. Consideren atentamente ante Cristo,
con paterno amor, las iniciativas, los ruegos y los deseos provenientes de los laicos. En cuanto a
la justa libertad que a todos corresponde en la sociedad civil, los Pastores la acatarán
respetuosamente
... Son de esperar muchísimos bienes para la Iglesia de este trato familiar entre los laicos y los
Pastores; así se robustece en los seglares el sentido de la propia responsabilidad, se fomenta su
entusiasmo y se asocian más fácilmente las fuerzas de los laicos al trabajo de los Pastores. Estos,
a su vez, ayudados por la experiencia de los seglares, están en condiciones de juzgar con más
precisión y objetividad tanto los asuntos espirituales como los temporales, de forma que la
Iglesia entera, robustecida por todos sus miembros, cumpla con mayor eficacia su misión en
favor de la vida del mundo.
38. Cada laico debe ser ante el mundo un testigo de la resurrección y de la vida del Señor Jesús y
una señal del Dios vivo. Todos juntos y cada uno de por sí deben alimentar al mundo con frutos
espirituales y difundir en él el espíritu de que están animados aquellos pobres, mansos y
pacíficos, a quienes el Señor en el Evangelio proclamó bienaventurados. En una palabra, “lo que
el alma es en el cuerpo, esto han de ser los cristianos en el mundo.”
Preguntas para Reflexionar y Compartir:
¿Cómo entiendes el papel de los laicos en la Iglesia?
- 31 -
El Párrafo 34 dice que, “...los laicos consagran el mundo mismo a Dios.” ¿Qué te llama a hacer
esta declaración? ¿Qué significa esta declaración do? ¿Cómo consagras, es decir, haces al
mundo santo?
¿Cómo cooperan los laicos con el trabajo de los obispos, sacerdotes y diáconos?
En el párrafo 37 el documento motiva a los líderes espirituales a que “...reconozcan y promuevan
la dignidad y responsabilidad de los laicos en la Iglesia.” ¿Cómo ves que se motiva a los laicos a
asumir responsabilidad y liderazgo? Comparte tus ideas.
Capítulo V: Universal Vocación a la Santidad en la Iglesia
39. La Iglesia, cuyo misterio está exponiendo el sagrado Concilio, creemos que es
indefectiblemente santa. Pues Cristo, el Hijo de Dios, quien con el Padre y el Espíritu Santo es
proclamado “el único Santo”, amó a la Iglesia como a su esposa, entregándose a Sí mismo por
ella para santificarla, la unió a Sí como su propio cuerpo y la enriqueció con el don del Espíritu
Santo para gloria de Dios. Por ello, en la Iglesia, todos, lo mismo quienes pertenecen a la
Jerarquía que los apacentados por ella, están llamados a la santidad, según aquello del Apóstol:
“Porque ésta es la voluntad de Dios, vuestra santificación”.
40. El divino Maestro y Modelo de toda perfección, el Señor Jesús, predicó a todos y cada uno
de sus discípulos, cualquiera que fuese su condición, la santidad de vida, de la que Él es iniciador
y consumador: “Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto”. Envió
a todos el Espíritu Santo para que los mueva interiormente a amar a Dios con todo el corazón,
con toda el alma, con toda la mente y con todas las fuerzas y a amarse mutuamente como Cristo
les amó. Los seguidores de Cristo, llamados por Dios no en razón de sus obras, sino en virtud del
designio y gracia divinos y justificados en el Señor Jesús, han sido hechos por el bautismo,
sacramento de la fe, verdaderos hijos de Dios y partícipes de la divina naturaleza, y, por lo
mismo, realmente santos.
… Es, pues, completamente claro que todos los fieles, de cualquier estado o condición, están
llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad, y esta santidad suscita
un nivel de vida más humano incluso en la sociedad terrena. En el logro de esta perfección
empeñen los fieles las fuerzas recibidas según la medida de la donación de Cristo, a fin de que,
siguiendo sus huellas y hechos conformes a su imagen, obedeciendo en todo a la voluntad del
Padre, se entreguen con toda su alma a la gloria de Dios y al servicio del prójimo. Así, la
santidad del Pueblo de Dios producirá abundantes frutos, como brillantemente lo demuestra la
historia de la Iglesia con la vida de tantos santos.
41…, los Pastores de la grey de Cristo, a imagen del sumo y eterno Sacerdote, Pastor y Obispo
de nuestras almas, desempeñen su ministerio santamente y con entusiasmo, humildemente y con
- 32 -
fortaleza. Así cumplido, ese ministerio será también para ellos un magnífico medio de
santificación. Los elegidos para la plenitud del sacerdocio son dotados de la gracia sacramental,
con la que, orando, ofreciendo el sacrificio y predicando, por medio de todo tipo de preocupación
episcopal y de servicio, puedan cumplir perfectamente el cargo de la caridad pastoral. No teman
entregar su vida por las ovejas, y, hechos modelo para la grey, estimulen a la Iglesia, con su
ejemplo, a una santidad cada día mayor.
Los presbíteros, a semejanza del orden de los Obispos, cuya corona espiritual forman al
participar de su gracia ministerial por Cristo, eterno y único Mediador, crezcan en el amor de
Dios y del prójimo por el diario desempeño de su oficio. Conserven el vínculo de la comunión
sacerdotal, abunden en todo bien espiritual y sean para todos un vivo testimonio de Dios, émulos
de aquellos sacerdotes que en el decurso de los siglos, con frecuencia en un servicio humilde y
oculto, dejaron un preclaro ejemplo de santidad, cuya alabanza se difunde en la Iglesia de Dios.
… los diáconos, quienes, sirviendo a los misterios de Cristo y de la Iglesia deben conservarse
inmunes de todo vicio, agradar a Dios y hacer acopio de todo bien ante los hombres.
… Los esposos y padres cristianos, siguiendo su propio camino, mediante la fidelidad en el
amor, deben sostenerse mutuamente en la gracia a lo largo de toda la vida e inculcar la doctrina
cristiana y las virtudes evangélicas a los hijos amorosamente recibidos de Dios. De esta manera
ofrecen a todos el ejemplo de un incansable y generoso amor, contribuyen al establecimiento de
la fraternidad en la caridad y se constituyen en testigos y colaboradores de la fecundidad de la
madre Iglesia, como símbolo y participación de aquel amor con que Cristo amó a su Esposa y se
entregó a Sí mismo por ella. Ejemplo parecido lo proporcionan, de otro modo, quienes viven en
estado de viudez o de celibato, los cuales también pueden contribuir no poco a la santidad y a la
actividad de la Iglesia. Aquellos que están dedicados a trabajos muchas veces fatigosos deben
encontrar en esas ocupaciones humanas su propio perfeccionamiento, el medio de ayudar a sus
conciudadanos y de contribuir a elevar el nivel de la sociedad entera y de la creación. Pero
también es necesario que imiten en su activa caridad a Cristo, cuyas manos se ejercitaron en los
trabajos manuales y que continúan trabajando en unión con el Padre para la salvación de todos.
Gozosos en la esperanza, ayudándose unos a otros a llevar sus cargas, asciendan mediante su
mismo trabajo diario, a una más alta santidad, incluso con proyección apostólica.
42…, La santidad de la Iglesia también se fomenta de una manera especial con los múltiples
consejos que el Señor propone en el Evangelio para que los observen sus discípulos. Entre ellos
destaca el precioso don de la divina gracia, concedido a algunos por el Padre para que se
consagren a solo Dios con un corazón que en la virginidad o en el celibato se mantiene más
fácilmente indiviso. Esta perfecta continencia por el reino de los cielos siempre ha sido tenida en
la más alta estima por la Iglesia, como señal y estímulo de la caridad y como un manantial
extraordinario de espiritual fecundidad en el mundo.
- 33 -
… Quedan, pues, invitados y aun obligados todos los fieles cristianos a buscar insistentemente la
santidad y la perfección dentro del propio estado.
Preguntas para Reflexionar y Compartir:
¿Qué te dice la frase “llamado universal a la santidad”?
¿Qué significa el ser santo?
¿Cómo crecemos en santidad?
Capítulo VI: Los Religiosos
43. Los consejos evangélicos de castidad consagrada a Dios, de pobreza y de obediencia, como
fundados en las palabras y ejemplos del Señor, y recomendados por los Apóstoles y Padres, así
como por los doctores y pastores de la Iglesia, son un don divino que la Iglesia recibió de su
Señor y que con su gracia conserva siempre La autoridad de la Iglesia, bajo la guía del Espíritu
Santo, se preocupó de interpretar estos consejos, de regular su práctica e incluso de fijar formas
estables de vivirlos. Esta es la causa de que, como en árbol que se ramifica espléndido y pujante
en el campo del Señor partiendo de una semilla puesta por Dios, se hayan desarrollado formas
diversas de vida solitaria o comunitaria y variedad de familias que acrecientan los recursos ya
para provecho de los propios miembros, ya para bien de todo el Cuerpo de Cristo. Y es que esas
familias ofrecen a sus miembros las ventajas de una mayor estabilidad en el género de vida, una
doctrina experimentada para conseguir la perfección, una comunión fraterna en el servicio de
Cristo y una libertad robustecida por la obediencia, de tal manera que puedan cumplir con
seguridad y guardar fielmente su profesión y avancen con espíritu alegre por la senda de la
caridad.
44… Así, pues, la profesión de los consejos evangélicos aparece como un símbolo que puede y
debe atraer eficazmente a todos los miembros de la Iglesia a cumplir sin desfallecimiento los
deberes de la vida cristiana. Y como el Pueblo de Dios no tiene aquí ciudad permanente, sino que
busca la futura, el estado religioso, por librar mejor a sus seguidores de las preocupaciones
terrenas, cumple también mejor, sea la función de manifestar ante todos los fieles que los bienes
celestiales se hallan ya presentes en este mundo.
46. Los religiosos cuiden con atenta solicitud de que, por su medio, la Iglesia muestre de hecho
mejor cada día ante fieles e infieles a Cristo, ya entregado a la contemplación en el monte, ya
anunciando el reino de Dios a las multitudes, o curando a los enfermos y pacientes y
convirtiendo a los pecadores al buen camino, o bendiciendo a los niños y haciendo bien a todos,
siempre, sin embargo, obediente a la voluntad del Padre que lo envió.
- 34 -
Preguntas para Reflexionar y Compartir:
Piensa sobre los hombres y mujeres que conoces que hayan escogido la vida religiosa. ¿Cómo
vesque ellos crecen en santidad y entereza por medio de vivir los consejos evangélicos de
pobreza, celibato y obediencia?
Hay una gran variedad de comunidades o familias religiosas en la Iglesia. ¿Qué crees que atrae a
la gente a ciertas comunidades?
¿Cuál es la “señal” que ofrecen los hombres y mujeres religiosas a la Iglesia?
Capítulo VII: Índole Escatológica de la Iglesia Peregrinante y su Unión con la Iglesia
Celestial
48…Unidos, pues, a Cristo en la Iglesia y sellados con el Espíritu Santo, que es prenda de
nuestra herencia, con verdad recibimos el nombre de hijos de Dios y lo somos, pero todavía no
se ha realizado nuestra manifestación con Cristo en la gloria, en la cual seremos semejantes a
Dios, porque lo veremos tal como es. Por tanto, “mientras moramos en este cuerpo, vivimos en el
destierro, lejos del Señor”, y aunque poseemos las primicias del Espíritu, gemimos en nuestro
interior y ansiamos estar con Cristo. Ese mismo amor nos apremia a vivir más y más para Aquel
que murió y resucitó por nosotros. Por eso procuramos agradar en todo al Señor y nos revestimos
de la armadura de Dios para permanecer firmes contra las asechanzas del demonio y resistir en el
día malo. Y como no sabemos el día ni la hora, es necesario, según la amonestación del Señor,
que velemos constantemente, para que, terminado el único plazo de nuestra vida terrena,
merezcamos entrar con Él a las bodas y ser contados entre los elegidos, y no se nos mande, como
a siervos malos y perezosos, ir al fuego eterno, a las tinieblas exteriores, donde “habrá llanto y
rechinar de dientes”. Pues antes de reinar con Cristo glorioso, todos debemos comparecer “ante
el tribunal de Cristo para dar cuenta cada uno de las obras buenas o malas que haya hecho en su
vida mortal”; y al fin del mundo “saldrán los que obraron el bien para la resurrección de vida; los
que obraron el mal, para la resurrección de condenación”. Teniendo, pues, por cierto que “los
padecimientos de esta vida son nada en comparación con la gloria futura que se ha de revelar en
nosotros”, con fe firme aguardamos “la esperanza bienaventurada y la llegada de la gloria del
gran Dios y Salvador nuestro Jesucristo”, “quien transfigurará nuestro abyecto cuerpo en cuerpo
glorioso semejante al suyo” y vendrá “para ser glorificado en sus santos y mostrarse admirable
en todos los que creyeron.”
50… Mirando la vida de quienes siguieron fielmente a Cristo, nuevos motivos nos impulsan a
buscar la ciudad futura y al mismo tiempo aprendemos el camino más seguro por el que, entre las
vicisitudes mundanas, podremos llegar a la perfecta unión con Cristo o santidad, según el estado
- 35 -
y condición de cada uno. En la vida de aquellos que, siendo hombres como nosotros, se
transforman con mayor perfección en imagen de Cristo, Dios manifiesta al vivo ante los hombres
su presencia y su rostro. En ellos Él mismo nos habla y nos ofrece un signo de su reino, hacia el
cual somos atraídos poderosamente con tan gran nube de testigos que nos envuelve y con tan
gran testimonio de la verdad del Evangelio.
…La más excelente manera de unirnos a la Iglesia celestial tiene lugar cuando —especialmente
en la sagrada liturgia, en la cual “la virtud del Espíritu Santo actúa sobre nosotros por medio de
los signos sacramentales”— celebramos juntos con gozo común las alabanzas de la Divina
Majestad, y todos, de cualquier tribu, y lengua, y pueblo, y nación, redimidos por la sangre de
Cristo y congregados en una sola Iglesia, ensalzamos con un mismo cántico de alabanza a Dios
Uno y Trino. Así, pues, al celebrar el sacrificio eucarístico es cuando mejor nos unirnos al culto
de la Iglesia celestial, entrando en comunión y venerando la memoria, primeramente, de la
gloriosa siempre Virgen María, mas también del bienaventurado José, de los bienaventurados
Apóstoles, de los mártires y de todos los santos.
Preguntas para Reflexionar y Compartir:
Somos un “Pueblo Peregrino” que quiere decir que estamos en este mundo por un tiempo y que
“aguardamos con bienaventurada esperanza” la venida del Reino de Dios. ¿Cómo nos anima la
comunión de los Santos y cómo nos da alivio?
La liturgia es la celebración aquí entre nosotros y también una celebración de lo que ha de venir.
¿Cómo entiendes el Reino de Dios en la tierra y el Reino de Dios en el cielo? ¿Cómo son
similares? ¿Cómo se diferencian?
Capítulo VIII: La Santísima Virgen María, Madre de Dios, en el Misterio de Cristo y de la
Iglesia
Introducción:
52… unidos a Cristo Cabeza y en comunión con todos sus santos, deben venerar también la
memoria “en primer lugar de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de nuestro Dios y Señor
Jesucristo”.
53. Efectivamente, la Virgen María, que al anuncio del ángel recibió al Verbo de Dios en su alma
y en su cuerpo y dio la Vida al mundo, es reconocida y venerada como verdadera Madre de Dios
y del Redentor. Redimida de modo eminente, en previsión de los méritos de su Hijo, y unida a Él
con un vínculo estrecho e indisoluble, está enriquecida con la suma prerrogativa y dignidad de
ser la Madre de Dios Hijo, y por eso hija predilecta del Padre y sagrario del Espíritu Santo.
- 36 -
Sección 2. Función de la Santísima Virgen en la Economía de la Salvación
56…Así María, hija de Adán, al aceptar el mensaje divino, se convirtió en Madre de Jesús, y al
abrazar de todo corazón y sin entorpecimiento de pecado alguno la voluntad salvífica de Dios, se
consagró totalmente como esclava del Señor a la persona y a la obra de su Hijo, sirviendo con
diligencia al misterio de la redención con Él y bajo Él, con la gracia de Dios omnipotente. Con
razón, pues, piensan los Santos Padres que María no fue un instrumento puramente pasivo en las
manos de Dios, sino que cooperó a la salvación de los hombres con fe y obediencia libres. Como
dice San Ireneo, “obedeciendo, se convirtió en causa de salvación para sí misma y para todo el
género humano”. Por eso no pocos Padres antiguos afirman gustosamente con él en su
predicación que “el nudo de la desobediencia de Eva fue desatado por la obediencia de María;
que lo atado por la virgen Eva con su incredulidad, fue desatado por la virgen María mediante su
fe”; y comparándola con Eva, llaman a María «Madre de los vivientes”, afirmando aún con
mayor frecuencia que “la muerte vino por Eva, la vida por María.”
Sección 3: La Santísima Virgen y la Iglesia
62. Esta maternidad de María en la economía de gracia perdura sin cesar desde el momento del
asentimiento que prestó fielmente en la Anunciación, y que mantuvo sin vacilar al pie de la cruz
hasta la consumación perpetua de todos los elegidos. Pues, asunta a los cielos, no ha dejado esta
misión salvadora, sino que con su múltiple intercesión continúa obteniéndonos los dones de la
salvación eterna. Con su amor materno se cuida de los hermanos de su Hijo, que todavía
peregrinan y hallan en peligros y ansiedad hasta que sean conducidos a la patria bienaventurada.
Por este motivo, la Santísima Virgen es invocada en la Iglesia con los títulos de Abogada,
Auxiliadora, Socorro, Mediadora. Lo cual, embargo, ha de entenderse de tal manera que no reste
ni añada a la dignidad y eficacia de Cristo, único Mediador
64. La Iglesia, contemplando su profunda santidad e imitando su caridad y cumpliendo fielmente
la voluntad del Padre, se hace también madre mediante la palabra de Dios aceptada con
fidelidad, pues por la predicación y el bautismo engendra a una vida nueva e inmortal a los hijos
concebidos por obra del Espíritu Santo y nacidos de Dios. Y es igualmente virgen, que guarda
pura e íntegramente la fe prometida al Esposo, y a imitación de la Madre de su Señor, por la
virtud del Espíritu Santo, conserva virginalmente una fe íntegra, una esperanza sólida y una
caridad sincera.
Sección IV: Devoción a la Santísima Virgen en la Iglesia
66... las diversas formas de piedad hacia la Madre de Dios que la Iglesia ha venido aprobando
dentro de los límites de la doctrina sana y ortodoxa, de acuerdo con las condiciones de tiempos y
- 37 -
lugares y teniendo en cuenta el temperamento y manera de ser de los fieles, hacen que, al ser
honrada la Madre, el Hijo, por razón del cual son todas las cosas y en el que plugo al Padre
eterno “que habitase toda la plenitud”, sea mejor conocido, amado, glorificado, y que, a la vez,
sean mejor cumplidos sus mandamientos.
67…. Recuerden, finalmente, los fieles que la verdadera devoción no consiste ni en un
sentimentalismo estéril y transitorio ni en una vana credulidad, sino que procede de la fe
auténtica, que nos induce a reconocer la excelencia de la Madre de Dios, que nos impulsa a un
amor filial hacia nuestra Madre y a la imitación de sus virtudes.
Sección 5: María, Signo de Esperanza Cierta y de Consuelo para el Pueblo Peregrinante de
Dios
69… Ofrezcan todos los fieles súplicas apremiantes a la Madre de Dios y Madre de los hombres
para que ella, que ayudó con sus oraciones a la Iglesia naciente, también ahora, ensalzada en el
cielo por encima de todos los ángeles y bienaventurados, interceda en la comunión de todos los
santos ante su Hijo hasta que todas las familias de los pueblos, tanto los que se honran con el
título de cristianos como los que todavía desconocen a su Salvador, lleguen a reunirse
felizmente, en paz y concordia, en un solo Pueblo de Dios, para gloria de la Santísima e
indivisible Trinidad.
Preguntas para Reflexionar y Compartir:
¿Cómo creces en tu fe por medio de tu relación con María la Madre de Jesús?
¿Qué nombre o imagen de María tiene mayor significado para ti? (Nuestra Señora de Guadalupe,
Nuestra Señora de Lourdes, María, Reina de la Paz, etc.) ¿Por qué?
María, al responder el saludo del ángel dijo, “He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu
palabra.” ¿Cómo y cuándo has sido llamado a responder como lo hizo María?
¿Cuándo buscas a María para pedir su intercesión? ¿Cómo rezas por medio de ella?
¿Cómo ha crecido tu entendimiento de María, Madre de Jesús y Madre de la Iglesia a través de
los años? ¿Qué se ha vuelto más claro? ¿Qué preguntas tienes aún?
- 38 -
- 39 -
- 40 -
Constitución Dogmática de la Revelación Divina (Dei Verbum)
Prefacio
1. El Santo Concilio, escuchando religiosamente la palabra de Dios y proclamándola
confiadamente, hace cuya la frase de San Juan, cuando dice: “Os anunciamos la vida eterna, que
estaba en el Padre y se nos manifestó: lo que hemos visto y oído os lo anunciamos a vosotros, a
fin de que viváis también en comunión con nosotros, y esta comunión nuestra sea con el Padre y
con su Hijo Jesucristo” (1 Jn., 1,2-3). Por tanto siguiendo las huellas de los Concilios Tridentino
y Vaticano I, se propone exponer la doctrina genuina sobre la divina revelación y sobre su
transmisión para que todo el mundo, oyendo, crea el anuncio de la salvación; creyendo, espere, y
esperando, ame.
Capítulo I: La Revelación En Sí Misma
2. Dispuso Dios en su sabiduría revelarse a Sí mismo y dar a conocer el misterio de su voluntad,
mediante el cual los hombres, por medio de Cristo, Verbo encarnado, tienen acceso al Padre en
el Espíritu Santo y se hacen consortes de la naturaleza divina. En consecuencia, por esta
revelación, Dios invisible habla a los hombres como amigos, movido por su gran amor y mora
con ellos, para invitarlos a la comunicación consigo y recibirlos en su compañía. Este plan de la
revelación se realiza con hechos y palabras intrínsecamente conexos entre sí, de forma que las
obras realizadas por Dios en la historia de la salvación manifiestan y confirman la doctrina y los
hechos significados por las palabras, y las palabras, por su parte, proclaman las obras y
esclarecen el misterio contenido en ellas. Pero la verdad íntima acerca de Dios y acerca de la
salvación humana se nos manifiesta por la revelación en Cristo, que es a un tiempo mediador y
plenitud de toda la revelación.
6. Mediante la revelación divina quiso Dios manifestarse a Sí mismo y los eternos decretos de su
voluntad acerca de la salvación de los hombres, “para comunicarles los bienes divinos, que
superan totalmente la comprensión de la inteligencia humana”.
Confiesa el Santo Concilio “que Dios, principio y fin de todas las cosas, puede ser conocido con
seguridad por la luz natural de la razón humana, partiendo de las criaturas”; pero enseña que hay
que atribuir a Su revelación “el que todo lo divino que por su naturaleza no sea inaccesible a la
razón humana lo pueden conocer todos fácilmente, con certeza y sin error alguno, incluso en la
condición presente del género humano.
Preguntas para Reflexionar y Compartir:
¿Cómo describes “revelación divina?” ¿Qué significa para ti?
- 41 -
¿Has vivido la revelación de Dios en tu vida?
Capítulo II: La Transmisión de la Revelación Divina
7. Dispuso Dios benignamente que todo lo que había revelado para la salvación de los hombres
permaneciera íntegro para siempre y se fuera transmitiendo a todas las generaciones. Por ello
Cristo Señor, en quien se consuma la revelación total del Dios sumo, mandó a los Apóstoles que
predicaran a todos los hombres el Evangelio, comunicándoles los dones divinos. Este Evangelio,
prometido antes por los Profetas, lo completó El y lo promulgó con su propia boca, como fuente
de toda la verdad salvadora y de la ordenación de las costumbres. Lo cual fue realizado
fielmente, tanto por los Apóstoles, que en la predicación oral comunicaron con ejemplos e
instituciones lo que habían recibido por la palabra, por la convivencia y por las obras de Cristo, o
habían aprendido por la inspiración del Espíritu Santo, como por aquellos Apóstoles y varones
apostólicos que, bajo la inspiración del mismo Espíritu, escribieron el mensaje de la salvación.
Más para que el Evangelio se conservara constantemente íntegro y vivo en la Iglesia, los
Apóstoles dejaron como sucesores suyos a los Obispos, “entregándoles su propio cargo del
magisterio”. Por consiguiente, esta sagrada tradición y la Sagrada Escritura de ambos
Testamentos son como un espejo en que la Iglesia peregrina en la tierra contempla a Dios, de
quien todo lo recibe, hasta que le sea concedido el verbo cara a cara, tal como es (cf. 1 Jn., 3,2).
8... Esta tradición, que deriva de los Apóstoles, progresa en la Iglesia con la asistencia del
Espíritu Santo: puesto que va creciendo en la comprensión de las cosas y de las palabras
transmitidas, ya por la contemplación y el estudio de los creyentes, que las meditan en su
corazón y, ya por la percepción íntima que experimentan de las cosas espirituales, ya por el
anuncio de aquellos que con la sucesión del episcopado recibieron el carisma cierto de la verdad.
... Las enseñanzas de los Santos Padres testifican la presencia viva de esta tradición, cuyos
tesoros se comunican a la práctica y a la vida de la Iglesia creyente y orante. Por esta Tradición
conoce la Iglesia el Canon íntegro de los libros sagrados, y la misma Sagrada Escritura se va
conociendo en ella más a fondo y se hace incesantemente operativa, y de esta forma, Dios, que
habló en otro tiempo, habla sin intermisión con la Esposa de su amado Hijo; y el Espíritu Santo,
por quien la voz del Evangelio resuena viva en la Iglesia, y por ella en el mundo, va induciendo a
los creyentes en la verdad entera, y hace que la palabra de Cristo habite en ellos abundantemente
(cf. Col., 3,16).
9... Así, pues, la Sagrada Tradición y la Sagrada Escritura están íntimamente unidas y
compenetradas. Porque surgiendo ambas de la misma divina fuente, se funden en cierto modo y
tienden a un mismo fin. Ya que la Sagrada Escritura es la palabra de Dios en cuanto se consigna
por escrito bajo la inspiración del Espíritu Santo, y la Sagrada Tradición transmite íntegramente
a los sucesores de los Apóstoles la palabra de Dios, a ellos confiada por Cristo Señor y por el
- 42 -
Espíritu Santo para que, con la luz del Espíritu de la verdad la guarden fielmente, la expongan y
la difundan con su predicación; de donde se sigue que la Iglesia no deriva solamente de la
Sagrada Escritura su certeza acerca de todas las verdades reveladas.
10. La Sagrada Tradición, pues, y la Sagrada Escritura constituyen un solo depósito sagrado de la
palabra de Dios, confiado a la Iglesia; fiel a este depósito todo el pueblo santo, unido con sus
pastores en la doctrina de los Apóstoles y en la comunión, persevera constantemente en la
fracción del pan y en la oración (cf. Hch., 8,42), de suerte que prelados y fieles colaboran
estrechamente en la conservación, en el ejercicio y en la profesión de la fe recibida.
Pero el oficio de interpretar auténticamente la palabra de Dios escrita o transmitida ha sido
confiado únicamente al Magisterio vivo de la Iglesia, cuya autoridad se ejerce en el nombre de
Jesucristo. Este Magisterio, evidentemente, no está sobre la palabra de Dios, sino que la sirve,
enseñando solamente lo que le ha sido confiado, por mandato divino y con la asistencia del
Espíritu Santo la oye con piedad, la guarda con exactitud y la expone con fidelidad, y de este
único depósito de la fe saca todo lo que propone como verdad revelada por Dios que se ha de
creer.
Es evidente, por tanto, que la Sagrada Tradición, la Sagrada Escritura y el Magisterio de la
Iglesia, según el designio sapientísimo de Dios, están entrelazados y unidos de tal forma que no
tiene consistencia el uno sin el otro, y que, juntos, cada uno a su modo, bajo la acción del
Espíritu Santo, contribuyen eficazmente a la salvación de las almas.
Preguntas para Reflexionar y Compartir:
¿Cómo se nos presenta la revelación divina?
¿Qué quiere decir “tradición, que deriva de los Apóstoles, progresa en la Iglesia con la asistencia
del Espíritu Santo?”
El documento nos dice que tanto la Sagrada Escritura como la tradición sagrada nos llevan a la
plenitud de la verdad. ¿Cómo entiendes esta conexión? ¿Cómo sabemos qué demandan de
nosotros los evangelios hoy en día?
Capítulo III: La Inspiración Divina y la Interpretación de la Sagrada Escritura
11... la santa Madre Iglesia, según la fe apostólica, tiene por santos y canónicos los libros enteros
del Antiguo y Nuevo Testamento con todas sus partes, porque, escritos bajo la inspiración del
Espíritu Santo, tienen a Dios como autor y como tales se le han entregado a la misma Iglesia.
Pero en la redacción de los libros sagrados, Dios eligió a hombres, que utilizó usando de sus
propias facultades y medios, de forma que obrando Él en ellos y por ellos, escribieron, como
verdaderos autores, todo y sólo lo que Él quería.
- 43 -
12... Para descubrir la intención de los hagiógrafos, entre otras cosas hay que atender a “los
géneros literarios”. Puesto que la verdad se propone y se expresa de maneras diversas en los
textos de diverso género: histórico, profético, poético o en otros géneros literarios. Conviene,
además, que el intérprete investigue el sentido que intentó expresar y expresó el hagiógrafo en
cada circunstancia según la condición de su tiempo y de su cultura, según los géneros literarios
usados en su época. Pues para entender rectamente lo que el autor sagrado quiso afirmar en sus
escritos, hay que atender cuidadosamente tanto a las formas nativas usadas de pensar, de hablar o
de narrar vigentes en los tiempos del hagiógrafo, como a las que en aquella época solían usarse
en el trato mutuo de los hombres.
... atender no menos diligentemente al contenido y a la unidad de toda la Sagrada Escritura,
teniendo en cuanta la Tradición viva de toda la Iglesia y la analogía de la fe.
13. En la Sagrada Escritura, pues, se manifiesta, salva siempre la verdad y la santidad de Dios, la
admirable “condescendencia” de la sabiduría eterna, “para que conozcamos la inefable
benignidad de Dios, y de cuánta adaptación de palabra ha usado teniendo providencia y cuidado
de nuestra naturaleza”. Porque las palabras de Dios expresadas con lenguas humanas se han
hecho semejantes al habla humana, como en otro tiempo el Verbo del Padre Eterno, tomada la
carne de la debilidad humana, se hizo semejante a los hombres.
Preguntas para Reflexionar y Compartir:
Hay diferentes tipos de tipos escritos en las Sagradas Escrituras (históricos, poéticos, proféticos).
¿Cuál es tu favorita? Comparte uno de tus pasajes o historias favoritas.
¿Por qué crees que se refieren a la Sagrada Escritura como “tradición viva”?
Capítulo IV: El Antiguo Testamento
14... La economía, pues, de la salvación preanunciada, narrada y explicada por los autores
sagrados, se conserva como verdadera palabra de Dios en los libros del Antiguo Testamento; por
lo cual estos libros inspirados por Dios conservan un valor perenne: “Pues todo cuanto está
escrito, para nuestra enseñanza, fue escrito, a fin de que por la paciencia y por la consolación de
las Escrituras estemos firmes en la esperanza” (Rom. 15,4).
15. La economía del Antiguo Testamento estaba ordenada, sobre todo, para preparar, anunciar
proféticamente y significar con diversas figuras la venida de Cristo redentor universal y la del
Reino Mesiánico.
... . Estos libros, aunque contengan también algunas cosas imperfectas y adaptadas a sus tiempos,
demuestran, sin embargo, la verdadera pedagogía divina. Por tanto, los cristianos han de recibir
devotamente estos libros, que expresan el sentimiento vivo de Dios, y en los que se encierran
- 44 -
sublimes doctrinas acerca de Dios y una sabiduría salvadora sobre la vida del hombre, y tesoros
admirables de oración, y en los que, por fin, está latente el misterio de nuestra salvación.
16. Dios, pues, inspirador y autor de ambos Testamentos, dispuso las cosas tan sabiamente que el
Nuevo Testamento está latente en el Antiguo y el Antiguo está patente en el Nuevo. Porque,
aunque Cristo fundó el Nuevo Testamento en su sangre (ver Lucas 22:20; 1 Cor. 11:25), no
obstante los libros del Antiguo Testamento recibidos íntegramente en la proclamación
evangélica, adquieren y manifiestan su plena significación en el Nuevo Testamento (ver Mateo
5:17; Lucas 24:27; Rom. 16:25-26; 2 Cor. 14:16) ilustrándolo y explicándolo al mismo tiempo.
Preguntas para Reflexionar y Compartir:
El Párrafo 15 dice “estaba ordenada, sobre todo, para preparar, anunciar proféticamente y
significar con diversas figuras la venida de Cristo...” ¿Qué historias del Antiguo Testamento
recuerdas que nos preparan para la venida de Cristo? Menciona todas las que puedas.
¿Qué entiendes sobre lo siguiente: “...el Nuevo Testamento está latente en el Antiguo y el
Antiguo está patente en el Nuevo?”
Capítulo V: El Nuevo Testamento
17. La palabra divina que es poder de Dios para la salvación de todo el que cree (ver Rom. 1:16),
se presenta y manifiesta su vigor de manera especial en los escritos del Nuevo Testamento. Pues
al llegar la plenitud de los tiempos (ver Gal. 4:4), el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros
lleno de gracia y de verdad. (ver Jn. 1:14). Cristo instauró el Reino de Dios en la tierra, manifestó
a su Padre y a Sí mismo con obras y palabras y completó su obra con la muerte, resurrección y
gloriosa ascensión, y con la misión del Espíritu Santo. Levantado de la tierra, atrae a todos a Sí
mismo (ver Juan12:32, texto Griego), Él, el único que tiene palabras de vida eterna. Pero este
misterio no fue descubierto a otras generaciones, como es revelado ahora a sus santos Apóstoles
y Profetas en el Espíritu Santo (ver Ef. 3:4-6, texto Griego), para que predicaran el Evangelio,
suscitaran la fe en Jesús, Cristo y Señor, y congregaran la Iglesia. De todo lo cual los escritos del
Nuevo Testamento son un testimonio perenne y divino.
18. Nadie ignora que entre todas las Escrituras, incluso del Nuevo Testamento, los Evangelios
ocupan, con razón, el lugar preeminente, puesto que son el testimonio principal de la vida y
doctrina del Verbo Encarnado, nuestro Salvador.
... La Iglesia siempre ha defendido y defiende que los cuatro Evangelios tienen origen apostólico.
19... Los autores sagrados escribieron los cuatro Evangelios escogiendo algunas cosas de las
muchas que ya se trasmitían de palabra o por escrito, sintetizando otras, o explicándolas
atendiendo a la condición de las Iglesias, reteniendo por fin la forma de proclamación de manera
- 45 -
que siempre nos comunicaban la verdad sincera acerca de Jesús. Escribieron, pues, sacándolo ya
de su memoria o recuerdos, ya del testimonio de quienes “desde el principio fueron testigos
oculares y ministros de la palabra” para que conozcamos “la verdad” de las palabras que nos
enseñan (cf. Lc., 1,2-4)
20. El Canon del Nuevo Testamento, además de los cuatro Evangelios, contiene también las
cartas de San Pablo y otros libros apostólicos escritos bajo la inspiración del Espíritu Santo, con
los cuales, según la sabia disposición de Dios, se confirma todo lo que se refiere a Cristo Señor,
se declara más y más su genuina doctrina, se manifiesta el poder salvador de la obra divina de
Cristo, y se cuentan los principios de la Iglesia y su admirable difusión, y se anuncia su gloriosa
consumación.
Preguntas para Reflexionar y Compartir:
¿Cuál de los cuatro evangelios (Mateo, Marcos, Lucas y Juan) es tu favorito? ¿Por qué?
Comparte uno o dos de tus pasajes favoritos de las cartas del Nuevo Testamento. ¿Por qué es ese
pasaje tu favorito?
Capítulo VI: La Sagrada Escritura en la Vida de la Iglesia
21. la Iglesia ha venerado siempre las Sagradas Escrituras al igual que el mismo Cuerpo del
Señor, no dejando de tomar de la mesa y de distribuir a los fieles el pan de vida, tanto de la
palabra de Dios como del Cuerpo de Cristo.
... inspiradas por Dios y escritas de una vez para siempre, comunican inmutablemente la palabra
del mismo Dios, y hacen resonar la voz del Espíritu Santo en las palabras de los Profetas y de los
Apóstoles.
22. Es conveniente que los cristianos tengan amplio acceso a la Sagrada Escritura.
24. La Sagrada Teología se apoya, como en cimientos perpetuos en la palabra escrita de Dios, al
mismo tiempo que en la Sagrada Tradición, y con ella se robustece firmemente y se rejuvenece
de continuo, investigando a la luz de la fe toda la verdad contenida en el misterio de Cristo. Las
Sagradas Escrituras contienen la palabra de Dios y, por ser inspiradas, son en verdad la palabra
de Dios; por consiguiente, el estudio de la Sagrada Escritura ha de ser como el alma de la
Sagrada Teología. También el ministerio de la palabra, esto es, la predicación pastoral, la
catequesis y toda instrucción cristiana, en que es preciso que ocupe un lugar importante la
homilía litúrgica, se nutre saludablemente y se vigoriza santamente con la misma palabra de la
Escritura.
25. Es necesario, pues, que todos los clérigos, sobre todo los sacerdotes de Cristo y los demás
que como los diáconos y catequistas se dedican legítimamente al ministerio de la palabra, se
- 46 -
sumerjan en las Escrituras con asidua lectura y con estudio diligente, para que ninguno de ellos
resulte “predicador vacío y superfluo de la palabra de Dios que no la escucha en su interior”,
puesto que debe comunicar a los fieles que se le han confiado, sobre todo en la Sagrada Liturgia,
las inmensas riquezas de la palabra divina.
... Pero no olviden que debe acompañar la oración a la lectura de la Sagrada Escritura para que se
entable diálogo entre Dios y el hombre; porque “a Él hablamos cuando oramos, y a Él oímos
cuando leemos las palabras divinas.”
... Incumbe a los prelados, “en quienes está la doctrina apostólica, instruir oportunamente a los
fieles a ellos confiados, para que usen rectamente los libros sagrados, sobre todo el Nuevo
Testamento, y especialmente los Evangelios por medio de traducciones de los sagrados textos,
que estén provistas de las explicaciones necesarias y suficientes para que los hijos de la Iglesia se
familiaricen sin peligro y provechosamente con las Sagradas Escrituras y se penetren de su
espíritu.
Háganse, además, ediciones de la Sagrada Escritura, provistas de notas convenientes, para uso
también de los no cristianos, y acomodadas a sus condiciones, y procuren los pastores de las
almas y los cristianos de cualquier estado divulgarlas como puedan con toda habilidad.
26. Así, pues, con la lectura y el estudio de los Libros Sagrados "la palabra de Dios se difunda y
resplandezca” (2 Tes. 3:1) y el tesoro de la revelación, confiado a la Iglesia, llene más y más los
corazones de los hombres. Como la vida de la Iglesia recibe su incremento de la renovación
constante del misterio Eucarístico, así es de esperar un nuevo impulso de la vida espiritual de la
acrecida veneración de la palabra de Dios que "permanece para siempre” (Is. 40:8; ver 1 Pedro
1:23-25).
Preguntas para Reflexionar y Compartir:
¿Ha sido siempre parte de tu vida el leer las Sagradas Escrituras? ¿Qué sugiere el párrafo 26
respecto al lugar que debe tener la lectura de las Escrituras en nuestras vidas? ¿Qué lugar tiene
la Escritura en tu camino en la fe?
- 47 -
- 48 -
- 49 -
Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el Mundo Actual (Gaudium et Spes)
Proemio: Unión Íntima de la Iglesia con la Familia Humana Universal
1. Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo,
sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y
angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en
su corazón. La comunidad cristiana está integrada por hombres que, reunidos en Cristo, son
guiados por el Espíritu Santo en su peregrinar hacia el reino del Padre y han recibido la buena
nueva de la salvación para comunicarla a todos. La Iglesia por ello se siente íntima y realmente
solidaria del género humano y de su historia.
3. Al proclamar el Concilio la altísima vocación del hombre y la divina semilla que en éste se
oculta, ofrece al género humano la sincera colaboración de la Iglesia para lograr la fraternidad
universal que responda a esa vocación. No impulsa a la Iglesia ambición terrena alguna. Sólo
desea una cosa: continuar, bajo la guía del Espíritu, la obra misma de Cristo, quien vino al
mundo para dar testimonio de la verdad, para salvar y no para juzgar, para servir y no para ser
servido.
Exposición Preliminar: La Situación del Hombre en el Mundo de Hoy
4. Para cumplir esta misión es deber permanente de la Iglesia escrutar a fondo los signos de la
época e interpretarlos a la luz del Evangelio, de forma que, acomodándose a cada generación,
pueda la Iglesia responder a los perennes interrogantes de la humanidad sobre el sentido de la
vida presente y de la vida futura y sobre la mutua relación de ambas. Es necesario por ello
conocer y comprender el mundo en que vivimos, sus esperanzas, sus aspiraciones y el sesgo
dramático que con frecuencia le caracteriza. He aquí algunos rasgos fundamentales del mundo
moderno.
... El género humano se halla en un período nuevo de su historia, caracterizado por cambios
profundos y acelerados, que progresivamente se extienden al universo entero. Los provoca el
hombre con su inteligencia y su dinamismo creador; pero recaen luego sobre el hombre, sobre
sus juicios y deseos individuales y colectivos, sobre sus modos de pensar y sobre su
comportamiento para con las realidades y los hombres con quienes convive. Tan es así esto, que
se puede ya hablar de una verdadera metamorfosis social y cultural, que redunda también en la
vida religiosa.
… Jamás el género humano tuvo a su disposición tantas riquezas, tantas posibilidades, tanto
poder económico. Y, sin embargo, una gran parte de la humanidad sufre hambre y miseria y son
muchedumbre los que no saben leer ni escribir. Nunca ha tenido el hombre un sentido tan agudo
- 50 -
de su libertad, y entretanto surgen nuevas formas de esclavitud social y psicológica. Mientras el
mundo siente con tanta viveza su propia unidad y la mutua interdependencia en ineludible
solidaridad, se ve, sin embargo, gravísimamente dividido por la presencia de fuerzas
contrapuestas. Persisten, en efecto, todavía agudas tensiones políticas, sociales, económicas,
raciales e ideológicas, y ni siquiera falta el peligro de una guerra que amenaza con destruirlo
todo. Se aumenta la comunicación de las ideas; sin embargo, aun las palabras definidoras de los
conceptos más fundamentales revisten sentidos harto diversos en las distintas ideologías. Por
último, se busca con insistencia un orden temporal más perfecto, sin que avance paralelamente el
mejoramiento de los espíritus.
6. Por todo ello, son cada día más profundos los cambios que experimentan las comunidades
locales tradicionales, como la familia patriarcal, el clan, la tribu, la aldea, otros diferentes grupos,
y las mismas relaciones de la convivencia social.
El tipo de sociedad industrial se extiende paulatinamente, llevando a algunos países a una
economía de opulencia y transformando profundamente concepciones y condiciones milenarias
de la vida social.
La civilización urbana tiende a un predominio análogo por el aumento de las ciudades y de su
población y por la tendencia a la urbanización, que se extiende a las zonas rurales.
Nuevos y mejores medios de comunicación social contribuyen al conocimiento de los hechos y a
difundir con rapidez y expansión máximas los modos de pensar y de sentir, provocando con ello
muchas repercusiones simultáneas.
De esta manera, las relaciones humanas se multiplican sin cesar y el mismo tiempo la propia
socialización crea nuevas relaciones, sin que ello promueva siempre, sin embargo, el adecuado
proceso de maduración de la persona y las relaciones auténticamente personales.
9. Los pueblos hambrientos interpelan a los pueblos opulentos. La mujer, allí donde todavía no
lo ha logrado, reclama la igualdad de derecho y de hecho con el hombre. Los trabajadores y los
agricultores no sólo quieren ganarse lo necesario para la vida, sino que quieren también
desarrollar por medio del trabajo sus dotes personales y participar activamente en la ordenación
de la vida económica, social, política y cultural. Por primera vez en la historia, todos los pueblos
están convencidos de que los beneficios de la cultura pueden y deben extenderse realmente a
todas las naciones.
Pero bajo todas estas reivindicaciones se oculta una aspiración más profunda y más universal: las
personas y los grupos sociales están sedientos de una vida plena y de una vida libre, digna del
hombre, poniendo a su servicio las inmensas posibilidades que les ofrece el mundo actual. Las
naciones, por otra parte, se esfuerzan cada vez más por formar una comunidad universal.
- 51 -
De esta forma, el mundo moderno aparece a la vez poderoso y débil, capaz de lo mejor y de lo
peor, pues tiene abierto el camino para optar entre la libertad o la esclavitud, entre el progreso o
el retroceso, entre la fraternidad o el odio. El hombre sabe muy bien que está en su mano el
dirigir correctamente las fuerzas que él ha desencadenado, y que pueden aplastarle o servirle. Por
ello se interroga a sí mismo.
10. Sin embargo, ante la actual evolución del mundo, son cada día más numerosos los que se
plantean o los que acometen con nueva penetración las cuestiones más fundamentales: ¿Qué es el
hombre? ¿Cuál es el sentido del dolor, del mal, de la muerte, que, a pesar de tantos progresos
hechos, subsisten todavía? ¿Qué valor tienen las victorias logradas a tan caro precio? ¿Qué puede
dar el hombre a la sociedad? ¿Qué puede esperar de ella? ¿Qué hay después de esta vida
temporal?
Cree la Iglesia que Cristo, muerto y resucitado por todos, da al hombre su luz y su fuerza por el
Espíritu Santo a fin de que pueda responder a su máxima vocación y que no ha sido dado bajo el
cielo a la humanidad otro nombre en el que sea necesario salvarse. Igualmente cree que la clave,
el centro y el fin de toda la historia humana se halla en su Señor y Maestro. Afirma además la
Iglesia que bajo la superficie de lo cambiante hay muchas cosas permanentes, que tienen su
último fundamento en Cristo, quien existe ayer, hoy y para siempre. Bajo la luz de Cristo,
imagen de Dios invisible, primogénito de toda la creación, el Concilio habla a todos para
esclarecer el misterio del hombre y para cooperar en el hallazgo de soluciones que respondan a
los principales problemas de nuestra época.
Preguntas para Reflexionar y Compartir:
¿Qué ves tú como los, “...gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de
nuestro tiempo?” ¿Cómo nos pertenecen como seres humanos y como Iglesia? Comparte.
¿Cuál es el impacto que está teniendo la tecnología y el rápido cambio en nuestra cultura en
nuestra vida de fe?
¿Cómo ves que las disputas políticas, sociales, económicas, raciales e ideológicas de nuestro
tiempo están desgastando las comunidades locales y familias tradicionales?
Parte I: La Iglesia y la Vocación del Hombre
11. El Pueblo de Dios, movido por la fe, que le impulsa a creer que quien lo conduce es el
Espíritu del Señor, que llena el universo, procura discernir en los acontecimientos, exigencias y
deseos, de los cuales participa juntamente con sus contemporáneos, los signos verdaderos de la
presencia o de los planes de Dios. La fe todo lo ilumina con nueva luz y manifiesta el plan divino
sobre la entera vocación del hombre. Por ello orienta la menta hacia soluciones plenamente
humanas.
- 52 -
Capítulo I: La Dignidad de la Persona Humana
12… La Biblia nos enseña que el hombre ha sido creado "a imagen de Dios", con capacidad
para conocer y amar a su Creador, y que por Dios ha sido constituido señor de la entera creación
visible para gobernarla y usarla glorificando a Dios. ¿Qué es el hombre para que tú te acuerdes
de él? ¿O el hijo del hombre para que te cuides de él? Apenas lo has hecho inferior a los ángeles
al coronarlo de gloria y esplendor. Tú lo pusiste sobre la obra de tus manos. Todo fue puesto por
ti debajo de sus pies” (Sal. 8:5-7).
Pero Dios no creó al hombre en solitario. Desde el principio los hizo hombre y mujer (Gen l, 27).
Esta sociedad de hombre y mujer es la expresión primera de la comunión de personas humanas.
El hombre es, en efecto, por su íntima naturaleza, un ser social, y no puede vivir ni desplegar sus
cualidades sin relacionarse con los demás.
Dios, pues, nos dice también la Biblia, miró cuanto había hecho, y lo juzgó muy bueno (Gen
1,31).
16… En lo más profundo de su conciencia descubre el hombre la existencia de una ley que él no
se dicta a sí mismo, pero a la cual debe obedecer, y cuya voz resuena, cuando es necesario, en los
oídos de su corazón, advirtiéndole que debe amar y practicar el bien y que debe evitar el mal: haz
esto, evita aquello. Porque el hombre tiene una ley escrita por Dios en su corazón, en cuya
obediencia consiste la dignidad humana y por la cual será juzgado personalmente. La conciencia
es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que éste se siente a solas con Dios, cuya
voz resuena en el recinto más íntimo de aquélla. Es la conciencia la que de modo admirable da a
conocer esa ley cuyo cumplimiento consiste en el amor de Dios y del prójimo.
17. La orientación del hombre hacia el bien sólo se logra con el uso de la libertad, la cual posee
un valor que nuestros contemporáneos ensalzan con entusiasmo. Y con toda razón. Con
frecuencia, sin embargo, la fomentan de forma depravada, como si fuera pura licencia para hacer
cualquier cosa, con tal que deleite, aunque sea mala. La verdadera libertad es signo eminente de
la imagen divina en el hombre. Dios ha querido dejar al hombre en manos de su propia decisión
para que así busque espontáneamente a su Creador y, adhiriéndose libremente a éste, alcance la
plena y bienaventurada perfección. La dignidad humana requiere, por tanto, que el hombre actúe
según su conciencia y libre elección, es decir, movido e inducido por convicción interna personal
y no bajo la presión de un ciego impulso interior o de la mera coacción externa.
18…. Dios ha llamado y llama al hombre a adherirse a Él con la total plenitud de su ser en la
perpetua comunión de la incorruptible vida divina. Ha sido Cristo resucitado el que ha ganado
esta victoria para el hombre, liberándolo de la muerte con su propia muerte. Para todo hombre
que reflexione, la fe, apoyada en sólidos argumentos, responde satisfactoriamente al interrogante
angustioso sobre el destino futuro del hombre y al mismo tiempo ofrece la posibilidad de una
comunión con nuestros mismos queridos hermanos arrebatados por la muerte, dándonos la
esperanza de que poseen ya en Dios la vida verdadera.
- 53 -
Preguntas para Reflexionar y Compartir:
El Pueblo de Dios es la Iglesia que“...procura discernir en los acontecimientos, exigencias y
deseos,…contemporáneos, los signos verdaderos de la presencia o de los planes de Dios.”
¿Dónde ves la presencia activa de Dios en nuestros días? Sé específico y menciona todos los que
puedas.
Capítulo II: La Comunidad Human
23. Entre los principales aspectos del mundo actual hay que señalar la multiplicación de las
relaciones mutuas entre los hombres. Contribuye sobremanera a este desarrollo el moderno
progreso técnico. Sin embargo, la perfección del coloquio fraterno no está en ese progreso, sino
más hondamente en la comunidad que entre las personas se establece, la cual exige el mutuo
respeto de su plena dignidad espiritual. La Revelación cristiana presta gran ayuda para fomentar
esta comunión interpersonal y al mismo tiempo nos lleva a una más profunda comprensión de las
leyes que regulan la vida social, y que el Creador grabó en la naturaleza espiritual y moral del
hombre.
24. Dios, que cuida de todos con paterna solicitud, ha querido que los hombres constituyan una
sola familia y se traten entre sí con espíritu de hermanos. Todos han sido creados a imagen y
semejanza de Dios, quien hizo de uno todo el linaje humano y para poblar toda la haz de la tierra
(Hch. 17,26), y todos son llamados a un solo e idéntico fin, esto es, Dios mismo.
Por lo cual, el amor de Dios y del prójimo es el primero y el mayor mandamiento. La Sagrada
Escritura nos enseña que el amor de Dios no puede separarse del amor del prójimo: ... cualquier
otro precepto en esta sentencia se resume: Amarás al prójimo como a ti mismo... El amor es el
cumplimiento de la ley (Rom. 13,9-10; cf. 1 Jn. 4,20). Esta doctrina posee hoy extraordinaria
importancia a causa de dos hechos: la creciente interdependencia mutua de los hombres y la
unificación asimismo creciente del mundo.
25… De los vínculos sociales que son necesarios para el cultivo del hombre, unos, como la
familia y la comunidad política, responden más inmediatamente a su naturaleza profunda; otros,
proceden más bien de su libre voluntad. En nuestra época, por varias causas, se multiplican sin
cesar las conexiones mutuas y las interdependencias; de aquí nacen diversas asociaciones e
instituciones tanto de derecho público como de derecho privado. Este fenómeno, que recibe el
nombre de socialización, aunque encierra algunos peligros, ofrece, sin embargo, muchas ventajas
para consolidar y desarrollar las cualidades de la persona humana y para garantizar sus derechos.
- 54 -
27. Descendiendo a consecuencias prácticas de máxima urgencia, el Concilio inculca el respeto
al hombre, de forma de cada uno, sin excepción de nadie, debe considerar al prójimo como otro
yo, cuidando en primer lugar de su vida y de los medios necesarios para vivirla dignamente, no
sea que imitemos a aquel rico que se despreocupó por completo del pobre Lázaro.
En nuestra época principalmente urge la obligación de acercarnos a todos y de servirlos con
eficacia cuando llegue el caso, ya se trate de ese anciano abandonado de todos, o de ese
trabajador extranjero despreciado injustamente, o de ese desterrado, o de ese hijo ilegítimo que
debe aguantar sin razón el pecado que él no cometió, o de ese hambriento que recrimina nuestra
conciencia recordando la palabra del Señor: Cuantas veces hicisteis eso a uno de estos mis
hermanos menores, a mí me lo hicisteis. (Mt 25,40).
No sólo esto. Cuanto atenta contra la vida -homicidios de cualquier clase, genocidios, aborto,
eutanasia y el mismo suicidio deliberado-; cuanto viola la integridad de la persona humana,
como, por ejemplo, las mutilaciones, las torturas morales o físicas, los conatos sistemáticos para
dominar la mente ajena; cuanto ofende a la dignidad humana, como son las condiciones
infrahumanas de vida, las detenciones arbitrarias, las deportaciones, la esclavitud, la prostitución,
la trata de blancas y de jóvenes; o las condiciones laborales degradantes, que reducen al operario
al rango de mero instrumento de lucro, sin respeto a la libertad y a la responsabilidad de la
persona humana: todas estas prácticas y otras parecidas son en sí mismas infamantes, degradan la
civilización humana, deshonran más a sus autores que a sus víctimas y son totalmente contrarias
al honor debido al Creador.
Preguntas para Reflexionar y Compartir:
Menciona cómo has vivido en comunidad con toda la humanidad.
¿Cómo recibes a aquellos que son diferentes a ti (racialmente, étnicamente, económicamente,
etc.)?
El Evangelio de Mateo en el Capítulo 25 nos recuerda que cuidemos de los demás, “Así como lo
hiciste con el más pequeño de mis hermanos, así lo hiciste conmigo.” (Mateo 25:40) ¿Qué
acciones en tu propia vida necesitas observar? ¿Cómo estás llamado a cuidar a los más pequeños
entre nosotros?
Capítulo III: La Actividad Humana en el Mundo
33. Siempre se ha esforzado el hombre con su trabajo y con su ingenio en perfeccionar su vida;
pero en nuestros días, gracias a la ciencia y la técnica, ha logrado dilatar y sigue dilatando el
campo de su dominio sobre casi toda la naturaleza, y, con ayuda sobre todo el aumento
experimentado por los diversos medios de intercambio entre las naciones, la familia humana se
va sintiendo y haciendo una única comunidad en el mundo. De lo que resulta que gran número de
- 55 -
bienes que antes el hombre esperaba alcanzar sobre todo de las fuerzas superiores, hoy los
obtiene por sí mismo.
35. La actividad humana, así como procede del hombre, así también se ordena al hombre. Pues
éste con su acción no sólo transforma las cosas y la sociedad, sino que se perfecciona a sí mismo.
Aprende mucho, cultiva sus facultades, se supera y se trasciende. Tal superación, rectamente
entendida, es más importante que las riquezas exteriores que puedan acumularse. El hombre vale
más por lo que es que por lo que tiene. Asimismo, cuanto llevan a cabo los hombres para lograr
más justicia, mayor fraternidad y un más humano planteamiento en los problemas sociales, vale
más que los progresos técnicos. Pues dichos progresos pueden ofrecer, como si dijéramos, el
material para la promoción humana, pero por sí solos no pueden llevarla a cabo.
Por tanto, está es la norma de la actividad humana: que, de acuerdo con los designios y voluntad
divinos, sea conforme al auténtico bien del género humano y permita al hombre, como individuo
y como miembro de la sociedad, cultivar y realizar íntegramente su plena vocación.
37. La Sagrada Escritura, con la que está de acuerdo la experiencia de los siglos, enseña a la
familia humana que el progreso altamente beneficioso para el hombre también encierra, sin
embargo, gran tentación, pues los individuos y las colectividades, subvertida la jerarquía de los
valores y mezclado el bien con el mal, no miran más que a lo suyo, olvidando lo ajeno. Lo que
hace que el mundo no sea ya ámbito de una auténtica fraternidad, mientras el poder acrecido de
la humanidad está amenazando con destruir al propio género humano.
38. El Verbo de Dios, por quien fueron hechas todas las cosas, hecho Él mismo carne y
habitando en la tierra, entró como hombre perfecto en la historia del mundo, asumiéndola y
recapitulándola en sí mismo. Él es quien nos revela que Dios es amor (1 Jn. 4,8), a la vez que nos
enseña que la ley fundamental de la perfección humana, es el mandamiento nuevo del amor.
Preguntas para Reflexionar y Compartir:
¿Cómo contribuyen tus actos e interacciones sociales a construir el Cuerpo de Cristo en donde
vives? ¿Qué más podrías hacer?
Capítulo IV: Misión de la Iglesia en el Mundo Contemporáneo
40. Todo lo que llevamos dicho sobre la dignidad de la persona, sobre la comunidad humana,
sobre el sentido profundo de la actividad del hombre, constituye el fundamento de la relación
entre la Iglesia y el mundo, y también la base para el mutuo diálogo. Por tanto, en este capítulo,
presupuesto todo lo que ya ha dicho el Concilio sobre el misterio de la Iglesia, va a ser objeto de
consideración la misma Iglesia en cuanto que existe en este mundo y vive y actúa con él.
- 56 -
Nacida del amor del Padre Eterno, fundada en el tiempo por Cristo Redentor, reunida en el
Espíritu Santo, la Iglesia tiene una finalidad escatológica y de salvación, que sólo en el mundo
futuro podrá alcanzar plenamente. Está presente ya aquí en la tierra, formada por hombres, es
decir, por miembros de la ciudad terrena que tienen la vocación de formar en la propia historia
del género humano la familia de los hijos de Dios, que ha de ir aumentando sin cesar hasta la
venida del Señor. Unida ciertamente por razones de los bienes eternos y enriquecida por ellos,
esta familia ha sido "constituida y organizada por Cristo como sociedad en este mundo" y está
dotada de "los medios adecuados propios de una unión visible y social". De esta forma, la
Iglesia, "entidad social visible y comunidad espiritual", avanza juntamente con toda la
humanidad, experimenta la suerte terrena del mundo, y su razón de ser es actuar como fermento
y como alma de la sociedad, que debe renovarse en Cristo y transformarse en familia de Dios.
Esta compenetración de la ciudad terrena y de la ciudad eterna sólo puede percibirse por la fe;
más aún, es un misterio permanente de la historia humana que se ve perturbado por el pecado
hasta la plena revelación de la claridad de los hijos de Dios. Al buscar su propio fin de salvación,
la Iglesia no sólo comunica la vida divina al hombre, sino que además difunde sobre el universo
mundo, en cierto modo, el reflejo de su luz, sobre todo curando y elevando la dignidad de la
persona, consolidando la firmeza de la sociedad y dotando a la actividad diaria de la humanidad
de un sentido y de una significación mucho más profundos. Cree la Iglesia que de esta manera,
por medio de sus hijos y por medio de su entera comunidad, puede ofrecer gran ayuda para dar
un sentido más humano al hombre a su historia.
41. El hombre contemporáneo camina hoy hacia el desarrollo pleno de su personalidad y hacia el
descubrimiento y afirmación crecientes de sus derechos. Como a la Iglesia se ha confiado la
manifestación del misterio de Dios, que es el fin último del hombre, la Iglesia descubre con ello
al hombre el sentido de la propia existencia, es decir, la verdad más profunda acerca del ser
humano. Bien sabe la Iglesia que sólo Dios, al que ella sirve, responde a las aspiraciones más
profundas del corazón humano, el cual nunca se sacia plenamente con solos los alimentos
terrenos.
… Apoyada en esta fe, la Iglesia puede rescatar la dignidad humana del incesante cambio de
opiniones que, por ejemplo, deprimen excesivamente o exaltan sin moderación alguna el cuerpo
humano. No hay ley humana que pueda garantizar la dignidad personal y la libertad del hombre
con la seguridad que comunica el Evangelio de Cristo, confiado a la Iglesia. El Evangelio
enuncia y proclama la libertad de los hijos de Dios, rechaza todas las esclavitudes, que derivan,
en última instancia, del pecado. (cf. Rom. 8:14-17); respeta santamente la dignidad de la
conciencia y su libre decisión; advierte sin cesar que todo talento humano debe redundar en
servicio de Dios y bien de la humanidad; encomienda, finalmente, a todos a la caridad de todos
(cf. Mt. 22:39).
43… Competen a los laicos propiamente, aunque no exclusivamente, las tareas y el dinamismo
seculares. Cuando actúan, individual o colectivamente, como ciudadanos del mundo, no
- 57 -
solamente deben cumplir las leyes propias de cada disciplina, sino que deben esforzarse por
adquirir verdadera competencia en todos los campos. Gustosos colaboren con quienes buscan
idénticos fines. Conscientes de las exigencias de la fe y vigorizados con sus energías, acometan
sin vacilar, cuando sea necesario, nuevas iniciativas y llévenlas a buen término. A la conciencia
bien formada del seglar toca lograr que la ley divina quede grabada en la ciudad terrena. De los
sacerdotes, los laicos pueden esperar orientación e impulso espiritual. Pero no piensen que sus
pastores están siempre en condiciones de poderles dar inmediatamente solución concreta en
todas las cuestiones, aun graves, que surjan. No es ésta su misión. Cumplen más bien los laicos
su propia función con la luz de la sabiduría cristiana y con la observancia atenta de la doctrina
del Magisterio.
… Los laicos, que desempeñan parte activa en toda la vida de la Iglesia, no solamente están
obligados a cristianizar el mundo, sino que además su vocación se extiende a ser testigos de
Cristo en todo momento en medio de la sociedad humana.
… Los Obispos, que han recibido la misión de gobernar a la Iglesia de Dios, prediquen,
juntamente con sus sacerdotes, el mensaje de Cristo, de tal manera que toda la actividad temporal
de los fieles quede como inundada por la luz del Evangelio. Recuerden todos los pastores,
además, que son ellos los que con su trato y su trabajo pastoral diario exponen al mundo el rostro
de la Iglesia, que es el que sirve a los hombres para juzgar la verdadera eficacia del mensaje
cristiano. Con su vida y con sus palabras, ayudados por los religiosos y por sus fieles,
demuestren que la Iglesia, aun por su sola presencia, portadora de todos sus dones, es fuente
inagotable de las virtudes de que tan necesitado anda el mundo de hoy.
Preguntas para Reflexionar y Compartir:
¿Cómo ves a la Iglesia viva en el mundo? ¿Dónde ves que la Iglesia vive el mandato que
encontramos en Mateo 25?
¿Cómo ves que la Iglesia apoya el trabajo para mejorar la dignidad de toda la humanidad?
¿Cómo participas tú en esos trabajos?
Parte II: Algunos Problemas más Urgentes
46… Entre las numerosas cuestiones que preocupan a todos, haya que mencionar principalmente
las que siguen: el matrimonio y la familia, la cultura humana, la vida económico-social y
política, la solidaridad de la familia de los pueblos y la paz. Sobre cada una de ellas debe
resplandecer la luz de los principios que brota de Cristo, para guiar a los cristianos e iluminar a
todos los hombres en la búsqueda de solución a tantos y tan complejos problemas.
- 58 -
Capítulo I: Dignidad del Matrimonio y la Familia
47. El bienestar de la persona y de la sociedad humana y cristiana está estrechamente ligado a la
prosperidad de la comunidad conyugal y familiar. Por eso los cristianos, junto con todos lo que
tienen en gran estima a esta comunidad, se alegran sinceramente de los varios medios que
permiten hoy a los hombres avanzar en el fomento de esta comunidad de amor y en el respeto a
la vida y que ayudan a los esposos y padres en el cumplimiento de su excelsa misión; de ellos
esperan, además, los mejores resultados y se afanan por promoverlos.
48. Fundada por el Creador y en posesión de sus propias leyes, la íntima comunidad conyugal de
vida y amor se establece sobre la alianza de los cónyuges, es decir, sobre su consentimiento
personal e irrevocable. Así, del acto humano por el cual los esposos se dan y se reciben
mutuamente, nace, aun ante la sociedad, una institución confirmada por la ley divina. Este
vínculo sagrado, en atención al bien tanto de los esposos y de la prole como de la sociedad, no
depende de la decisión humana. Pues es el mismo Dios el autor del matrimonio, al cual ha
dotado con bienes y fines varios, todo lo cual es de suma importancia para la continuación del
género humano, para el provecho personal de cada miembro de la familia y su suerte eterna, para
la dignidad, estabilidad, paz y prosperidad de la misma familia y de toda la sociedad humana.
Por su índole natural, la institución del matrimonio y el amor conyugal están ordenados por sí
mismos a la procreación y a la educación de la prole, con las que se ciñen como con su corona
propia. De esta manera, el marido y la mujer, que por el pacto conyugal ya no son dos, sino una
sola carne (Mt 19,6), con la unión íntima de sus personas y actividades se ayudan y se sostienen
mutuamente, adquieren conciencia de su unidad y la logran cada vez más plenamente. Esta
íntima unión, como mutua entrega de dos personas, lo mismo que el bien de los hijos, exigen
plena fidelidad conyugal y urge su indisoluble unidad.
… El genuino amor conyugal es asumido en el amor divino y se rige y enriquece por la virtud
redentora de Cristo y la acción salvífica de la Iglesia para conducir eficazmente a los cónyuges a
Dios y ayudarlos y fortalecerlos en la sublime misión de la paternidad y la maternidad. Por ello
los esposos cristianos, para cumplir dignamente sus deberes de estado, están fortificados y como
consagrados por un sacramento especial, con cuya virtud, al cumplir su misión conyugal y
familiar, imbuidos del espíritu de Cristo, que satura toda su vida de fe, esperanza y caridad,
llegan cada vez más a su propia perfección y a su mutua santificación, y, por tanto,
conjuntamente, a la glorificación de Dios.
Gracias precisamente a los padres, que precederán con el ejemplo y la oración en familia, los
hijos y aun los demás que viven en el círculo familiar encontrarán más fácilmente el camino del
sentido humano, de la salvación y de la santidad. En cuanto a los esposos, ennoblecidos por la
dignidad y la función de padre y de madre, realizarán concienzudamente el deber de la
educación, principalmente religiosa, que a ellos, sobre todo, compete.
- 59 -
Los hijos, como miembros vivos de la familia, contribuyen, a su manera, a la santificación de los
padres. Pues con el agradecimiento, la piedad filial y la confianza corresponderán a los
beneficios recibidos de sus padres y, como hijos, los asistirán en las dificultades de la existencia
y en la soledad, aceptada con fortaleza de ánimo, será honrada por todos. La familia hará
partícipes a otras familias, generosamente, de sus riquezas espirituales. Así es como la familia
cristiana, cuyo origen está en el matrimonio, que es imagen y participación de la alianza de amor
entre Cristo y la Iglesia, manifestará a todos la presencia viva del Salvador en el mundo y la
auténtica naturaleza de la Iglesia, ya por el amor, la generosa fecundidad, la unidad y fidelidad
de los esposos, ya por la cooperación amorosa de todos sus miembros.
50… Pero el matrimonio no ha sido instituido solamente para la procreación, sino que la propia
naturaleza del vínculo indisoluble entre las personas y el bien de la prole requieren que también
el amor mutuo de los esposos mismos se manifieste, progrese y vaya madurando ordenadamente.
Por eso, aunque la descendencia, tan deseada muchas veces, falte, sigue en pie el matrimonio
como intimidad y comunión total de la vida y conserva su valor e indisolubilidad.
52. La familia es escuela del más rico humanismo. Para que pueda lograr la plenitud de su vida y
misión se requieren un clima de benévola comunicación y unión de propósitos entre los
cónyuges y una cuidadosa cooperación de los padres en la educación de los hijos. La activa
presencia del padre contribuye sobremanera a la formación de los hijos; pero también debe
asegurarse el cuidado de la madre en el hogar, que necesitan principalmente los niños menores,
sin dejar por eso a un lado la legítima promoción social de la mujer.
… Los propios cónyuges, finalmente, hechos a imagen de Dios vivo y constituidos en el
verdadero orden de personas, vivan unidos, con el mismo cariño, modo de pensar idéntico y
mutua santidad, para que, habiendo seguido a Cristo, principio de vida, en los gozos y sacrificios
de su vocación por medio de su fiel amor, sean testigos de aquel misterio de amor que el Señor
con su muerte y resurrección reveló al mundo.
Preguntas para Reflexionar y Compartir:
¿Cómo define tú el matrimonio como sacramento? ¿Cómo es un matrimonio sacramental?
¿Cómo es el amor matrimonial comparado y relacionado con el amor de Dios?
El párrafo 52 dice que, “...la familia es escuela del más profundo humanismo.” ¿Qué valores
fueron los que aprendiste primero en el hogar? ¿Cómo es la familia la “iglesia doméstica?”
Capítulo II: El Sano Fomento del Progreso Cultural
Introducción
- 60 -
53. Es propio de la persona humana el no llegar a un nivel verdadero y plenamente humano si no
es mediante la cultura, es decir, cultivando los bienes y los valores naturales. Siempre, pues, que
se trata de la vida humana, naturaleza y cultura se hallen unidas estrechísimamente.
Con la palabra cultura se indica, en sentido general, todo aquello con lo que el hombre afina y
desarrolla sus innumerables cualidades espirituales y corporales; procura someter el mismo orbe
terrestre con su conocimiento y trabajo; hace más humana la vida social, tanto en la familia como
en toda la sociedad civil, mediante el progreso de las costumbres e instituciones; finalmente, a
través del tiempo expresa, comunica y conserva en sus obras grandes experiencias espirituales y
aspiraciones para que sirvan de provecho a muchos, e incluso a todo el género humano.
Sección 1. Las Situación en la Cultura en el Mundo Actual
54. Las circunstancias de vida del hombre moderno en el aspecto social y cultural han cambiado
profundamente, tanto que se puede hablar con razón de una nueva época de la historia humana.
Por ello, nuevos caminos se han abierto para perfeccionar la cultura y darle una mayor
expansión. Caminos que han sido preparados por el ingente progreso de las ciencias naturales y
de las humanas, incluidas las sociales; por el desarrollo de la técnica, y también por los avances
en el uso y recta organización de los medios que ponen al hombre en comunicación con los
demás. De aquí provienen ciertas notas características de la cultura actual: Las ciencias exactas
cultivan al máximo el juicio crítico; los más recientes estudios de la psicología explican con
mayor profundidad la actividad humana; las ciencias históricas contribuyen mucho a que las
cosas se vean bajo el aspecto de su mutabilidad y evolución; los hábitos de vida y las costumbres
tienden a uniformarse más y más; la industrialización, la urbanización y los demás agentes que
promueven la vida comunitaria crean nuevas formas de cultura (cultura de masas), de las que
nacen nuevos modos de sentir, actuar y descansar; al mismo tiempo, el creciente intercambio
entre las diversas naciones y grupos sociales descubre a todos y a cada uno con creciente
amplitud los tesoros de las diferentes formas de cultura, y así poco a poco se va gestando una
forma más universal de cultura, que tanto más promueve y expresa la unidad del género humano
cuanto mejor sabe respetar las particularidades de las diversas culturas.
55. Cada día es mayor el número de los hombres y mujeres, de todo grupo o nación, que tienen
conciencia de que son ellos los autores y promotores de la cultura de su comunidad. En todo el
mundo crece más y más el sentido de la autonomía y al mismo tiempo de la responsabilidad, lo
cual tiene enorme importancia para la madurez espiritual y moral del género humano. Esto se ve
más claro si fijamos la mirada en la unificación del mundo y en la tarea que se nos impone de
edificar un mundo mejor en la verdad y en la justicia. De esta manera somos testigos de que está
naciendo un nuevo humanismo, en el que el hombre queda definido principalmente por la
responsabilidad hacia sus hermanos y ante la historia.
- 61 -
Sección 2. Algunos Principios para la Sana Promoción de la Cultura
57. Los cristianos, en marcha hacia la ciudad celeste, deben buscar y gustar las cosas de arriba, lo
cual en nada disminuye, antes por el contrario, aumenta, la importancia de la misión que les
incumbe de trabajar con todos los hombres en la edificación de un mundo más humano. En
realidad, el misterio de la fe cristiana ofrece a los cristianos valiosos estímulos y ayudas para
cumplir con más intensidad su misión y, sobre todo, para descubrir el sentido pleno de esa
actividad que sitúa a la cultura en el puesto eminente que le corresponde en la entera vocación
del hombre.
El hombre, en efecto, cuando con el trabajo de sus manos o con ayuda de los recursos técnicos
cultiva la tierra para que produzca frutos y llegue a ser morada digna de toda la familia humana y
cuando conscientemente asume su parte en la vida de los grupos sociales, cumple personalmente
el plan mismo de Dios, manifestado a la humanidad al comienzo de los tiempos, de someter la
tierra y perfeccionar la creación, y al mismo tiempo se perfecciona a sí mismo; más aún, obedece
al gran mandamiento de Cristo de entregarse al servicio de los hermanos.
Además, el hombre, cuando se entrega a las diferentes disciplinas de la filosofía, la historia, las
matemáticas y las ciencias naturales y se dedica a las artes, puede contribuir sobremanera a que
la familia humana se eleve a los conceptos más altos de la verdad, el bien y la belleza y al juicio
del valor universal, y así sea iluminada mejor por la maravillosa Sabiduría, que desde siempre
estaba con Dios disponiendo todas las cosas con Él, jugando en el orbe de la tierra y encontrando
sus delicias en estar entre los hijos de los hombres.
Con todo lo cual es espíritu humano, más libre de la esclavitud de las cosas, puede ser elevado
con mayor facilidad al culto mismo y a la contemplación del Creador. Más todavía, con el
impulso de la gracia se dispone a reconocer al Verbo de Dios, que antes de hacerse carne para
salvarlo todo y recapitular todo en Él, estaba en el mundo como luz verdadera que ilumina a todo
hombre” (Juan 1:9-10).
58. Múltiples son los vínculos que existen entre el mensaje de salvación y la cultura humana.
Dios, en efecto, al revelarse a su pueblo hasta la plena manifestación de sí mismo en el Hijo
encarnado, habló según los tipos de cultura propios de cada época.
De igual manera, la Iglesia, al vivir durante el transcurso de la historia en variedad de
circunstancias, ha empleado los hallazgos de las diversas culturas para difundir y explicar el
mensaje de Cristo en su predicación a todas las gentes, para investigarlo y comprenderlo con
mayor profundidad, para expresarlo mejor en la celebración litúrgica y en la vida de la
multiforme comunidad de los fieles.
Pero al mismo tiempo, la Iglesia, enviada a todos los pueblos sin distinción de épocas y regiones,
no está ligada de manera exclusiva e indisoluble a raza o nación alguna, a algún sistema
particular de vida, a costumbre alguna antigua o reciente. Fiel a su propia tradición y consciente
- 62 -
a la vez de la universalidad de su misión, puede entrar en comunión con las diversas formas de
cultura; comunión que enriquece al mismo tiempo a la propia Iglesia y las diferentes culturas.
La buena nueva de Cristo renueva constantemente la vida y la cultura del hombre, caído,
combate y elimina los errores y males que provienen de la seducción permanente del pecado.
Purifica y eleva incesantemente la moral de los pueblos. Con las riquezas de lo alto fecunda
como desde sus entrañas las cualidades espirituales y las tradiciones de cada pueblo y de cada
edad, las consolida, perfecciona y restaura en Cristo. Así, la Iglesia, cumpliendo su misión
propia, contribuye, por lo mismo, a la cultura humana y la impulsa, y con su actividad, incluida
la litúrgica, educa al hombre en la libertad interior.
59… la cultura, por dimanar inmediatamente de la naturaleza racional y social del hombre, tiene
siempre necesidad de una justa libertad para desarrollarse y de una legítima autonomía en el
obrar según sus propios principios. Tiene, por tanto, derecho al respeto y goza de una cierta
inviolabilidad, quedando evidentemente a salvo los derechos de la persona y de la sociedad,
particular o mundial, dentro de los límites del bien común.
Sección 3. Algunas Obligaciones más Urgentes de los Cristianos Respecto a la Cultura
60. Hoy día es posible liberar a muchísimos hombres de la miseria de la ignorancia. Por ello, uno
de los deberes más propios de nuestra época, sobre todo de los cristianos, es el de trabajar con
ahínco para que tanto en la economía como en la política, así en el campo nacional como en el
internacional, se den las normas fundamentales para que se reconozca en todas partes y se haga
efectivo el derecho a todos a la cultura, exigido por la dignidad de la persona, sin distinción de
raza, sexo, nacionalidad, religión o condición social. Es preciso, por lo mismo, procurar a todos
una cantidad suficiente de bienes culturales, principalmente de los que constituyen la llamada
cultura "básica", a fin de evitar que un gran número de hombres se vea impedido, por su
ignorancia y por su falta de iniciativa, de prestar su cooperación auténticamente humana al bien
común.
Se debe tender a que quienes están bien dotados intelectualmente tengan la posibilidad de llegar
a los estudios superiores; y ello de tal forma que, en la medida de lo posible, puedan desempeñar
en la sociedad las funciones, tareas y servicios que correspondan a su aptitud natural y a la
competencia adquirida. Así podrán todos los hombres y todos los grupos sociales de cada pueblo
alcanzar el pleno desarrollo de su vida cultural de acuerdo con sus cualidades y sus propias
tradiciones.
61… La madre nutricia de esta educación es ante todo la familia: en ella los hijos, en un clima de
amor, aprenden juntos con mayor facilidad la recta jerarquía de las cosas, al mismo tiempo que
se imprimen de modo como natural en el alma de los adolescentes formas probadas de cultura a
medida que van creciendo.
- 63 -
Para esta misma educación las sociedades contemporáneas disponen de recursos que pueden
favorecer la cultura universal, sobre todo dada la creciente difusión del libro y los nuevos medios
de comunicación cultural y social. Pues con la disminución ya generalizada del tiempo de trabajo
aumentan para muchos hombres las posibilidades. Empléense los descansos oportunamente para
distracción del ánimo y para consolidar la salud del espíritu y del cuerpo, ya sea entregándose a
actividades o a estudios libres, ya a viajes por otras regiones (turismo), con los que se afina el
espíritu y los hombres se enriquecen con el mutuo conocimiento; ya con ejercicios y
manifestaciones deportivas, que ayudan a conservar el equilibrio espiritual, incluso en la
comunidad, y a establecer relaciones fraternas entre los hombres de todas las clases, naciones y
razas. Cooperen los cristianos también para que las manifestaciones y actividades culturales
colectivas, propias de nuestro tiempo, se humanicen y se impregnen de espíritu cristiano.
62. Aunque la Iglesia ha contribuido mucho al progreso de la cultura, consta, sin embargo, por
experiencia que por causas contingentes no siempre se ve libre de dificultades al compaginar la
cultura con la educación cristiana.
Estas dificultades no dañan necesariamente a la vida de fe; por el contrario, pueden estimular la
mente a una más cuidadosa y profunda inteligencia de aquélla. Puesto que los más recientes
estudios y los nuevos hallazgos de las ciencias, de la historia y de la filosofía suscitan problemas
nuevos que traen consigo consecuencias prácticas e incluso reclaman nuevas investigaciones
teológicas. Por otra parte, los teólogos, guardando los métodos y las exigencias propias de la
ciencia sagrada, están invitados a buscar siempre un modo más apropiado de comunicar la
doctrina a los hombres de su época; porque una cosa es el depósito mismo de la fe, o sea, sus
verdades, y otra cosa es el modo de formularlas conservando el mismo sentido y el mismo
significado. Hay que reconocer y emplear suficientemente en el trabajo pastoral no sólo los
principios teológicos, sino también los descubrimientos de las ciencias profanas, sobre todo en
psicología y en sociología, llevando así a los fieles y una más pura y madura vida de fe.
También la literatura y el arte son, a su modo, de gran importancia para la vida de la Iglesia. En
efecto, se proponen expresar la naturaleza propia del hombre, sus problemas y sus experiencias
en el intento de conocerse mejor a sí mismo y al mundo y de superarse; se esfuerzan por
descubrir la situación del hombre en la historia y en el universo, por presentar claramente las
miserias y las alegrías de los hombres, sus necesidades y sus recurso, y por bosquejar un mejor
porvenir a la humanidad. Así tienen el poder de elevar la vida humana en las múltiples formas
que ésta reviste según los tiempos y las regiones.
Por tanto, hay que esforzarse para los artistas se sientan comprendidos por la Iglesia en sus
actividades y, gozando de una ordenada libertad, establezcan contactos más fáciles con la
comunidad cristiana. También las nuevas formas artísticas, que convienen a nuestros
contemporáneos según la índole de cada nación o región, sean reconocidas por la Iglesia.
- 64 -
Recíbanse en el santuario, cuando elevan la mente a Dios, con expresiones acomodadas y
conforme a las exigencias de la liturgia.
De esta forma, el conocimiento de Dios se manifiesta mejor y la predicación del Evangelio
resulta más transparente a la inteligencia humana y aparece como embebida en las condiciones
de su vida.
Vivan los fieles en muy estrecha unión con los demás hombres de su tiempo y esfuércense por
comprender su manera de pensar y de sentir, cuya expresión es la cultura. Compaginen los
conocimientos de las nuevas ciencias y doctrinas y de los más recientes descubrimientos con la
moral cristiana y con la enseñanza de la doctrina cristiana, para que la cultura religiosa y la
rectitud de espíritu de las ciencias y de los diarios progresos de la técnica; así se capacitarán para
examinar e interpretar todas las cosas con íntegro sentido cristiano.
Los que se dedican a las ciencias teológicas en los seminarios y universidades, empéñense en
colaborar con los hombres versados en las otras materias, poniendo en común sus energías y
puntos de vista. La investigación teológica siga profundizando en la verdad revelada sin perder
contacto con su tiempo, a fin de facilitar a los hombres cultos en los diversos ramos del saber un
más pleno conocimiento de la fe. Esta colaboración será muy provechosa para la formación de
los ministros sagrados, quienes podrán presentar a nuestros contemporáneos la doctrina de la
Iglesia acerca de Dios, del hombre y del mundo, de forma más adaptada al hombre
contemporáneo y a la vez más gustosamente aceptable por parte de ellos. Más aún, es de desear
que numerosos laicos reciban una buena formación en las ciencias sagradas, y que no pocos de
ellos se dediquen ex profeso a estos estudios y profundicen en ellos. Pero para que puedan llevar
a buen término su tarea debe reconocerse a los fieles, clérigos o laicos, la justa libertad de
investigación, de pensamiento y de hacer conocer humilde y valerosamente su manera de ver en
los ampos que son de su competencia.
Preguntas para Reflexionar y Compartir:
¿Qué entiendes tú como cultura? ¿Qué función tiene la fe en nuestra cultura? ¿Cuál es el mayor
don de la cultura contemporánea? ¿Qué crees que falta en esta cultura?
¿Qué podemos hacer como Iglesia para fortalecer nuestra cultura? ¿Cómo podemos mejorar la
vida aquí y ahora, de manera individual?
Capítulo III: La Vida Económico-Social
63. También en la vida económico-social deben respetarse y promoverse la dignidad de la
persona humana, su entera vocación y el bien de toda la sociedad. Porque el hombre es el autor,
el centro y el fin de toda la vida económico- social.
- 65 -
La economía moderna, como los restantes sectores de la vida social, se caracteriza por una
creciente dominación del hombre sobre la naturaleza, por la multiplicación e intensificación de
las relaciones sociales y por la interdependencia entre ciudadanos, asociaciones y pueblos, así
como también por la cada vez más frecuente intervención del poder público. Por otra parte, el
progreso en las técnicas de la producción y en la organización del comercio y de los servicios ha
convertido a la economía en instrumento capaz de satisfacer mejor las nuevas necesidades
acrecentadas de la familia humana.
… Mientras muchedumbres inmensas carecen de lo estrictamente necesario, algunos, aun en los
países menos desarrollados, viven en la opulencia y malgastan sin consideración. El lujo pulula
junto a la miseria. Y mientras unos pocos disponen de un poder amplísimo de decisión, muchos
carecen de toda iniciativa y de toda responsabilidad, viviendo con frecuencia en condiciones de
vida y de trabajo indignas de la persona humana.
Tales desequilibrios económicos y sociales se producen tanto entre los sectores de la agricultura,
la industria y los servicios, por un parte, como entre las diversas regiones dentro de un mismo
país. Cada día se agudiza más la oposición entre las naciones económicamente desarrolladas y
las restantes, lo cual puede poner en peligro la misma paz mundial.
Sección 1. El Desarrollo Económico
65. El desarrollo debe permanecer bajo el control del hombre. No debe quedar en manos de unos
pocos o de grupos económicamente poderosos en exceso, ni tampoco en manos de una sola
comunidad política o de ciertas naciones más poderosas. Es preciso, por el contrario, que en todo
nivel, el mayor número posible de hombres, y en el plano internacional el conjunto de las
naciones, puedan tomar parte activa en la dirección del desarrollo. Asimismo es necesario que las
iniciativas espontáneas de los individuos y de sus asociaciones libres colaboren con los esfuerzos
de las autoridades públicas y se coordinen con éstos de forma eficaz y coherente.
66. La justicia y la equidad exigen también que la movilidad, la cual es necesaria en una
economía progresiva, se ordene de manera que se eviten la inseguridad y la estrechez de vida del
individuo y de su familia. Con respecto a los trabajadores que, procedentes de otros países o de
otras regiones, cooperan en el crecimiento económico de una nación o de una provincia, se ha de
evitar con sumo cuidado toda discriminación en materia de remuneración o de condiciones de
trabajo. Además, la sociedad entera, en particular los poderes públicos, deben considerarlos
como personas, no simplemente como meros instrumentos de producción; deben ayudarlos para
que traigan junto a sí a sus familiares, se procuren un alojamiento decente, y a favorecer su
- 66 -
incorporación a la vida social del país o de la región que los acoge. Sin embargo, en cuanto sea
posible, deben crearse fuentes de trabajo en las propias regiones.
Sección 2. Algunos Principios Reguladores del Conjunto de la Vida Económico-Social
67… Es para el trabajador y para su familia el medio ordinario de subsistencia; por él el hombre
se une a sus hermanos y les hace un servicio, puede practicar la verdadera caridad y cooperar al
perfeccionamiento de la creación divina. No sólo esto. Sabemos que, con la oblación de su
trabajo a Dios, los hombres se asocian a la propia obra redentora de Jesucristo, quien dio al
trabajo una dignidad sobre eminente laborando con sus propias manos en Nazaret. De aquí se
deriva para todo hombre el deber de trabajar fielmente, así como también el derecho al trabajo. Y
es deber de la sociedad, por su parte, ayudar, según sus propias circunstancias, a los ciudadanos
para que puedan encontrar la oportunidad de un trabajo suficiente. Por último, la remuneración
del trabajo debe ser tal que permita al hombre y a su familia una vida digna en el plano material,
social, cultural y espiritual, teniendo presentes el puesto de trabajo y la productividad de cada
uno, así como las condiciones de la empresa y el bien común.
72. Los cristianos que toman parte activa en el movimiento económico-social de nuestro tiempo
y luchan por la justicia y caridad, convénzanse de que pueden contribuir mucho al bienestar de la
humanidad y a la paz del mundo. Individual y colectivamente den ejemplo en este campo.
Adquirida la competencia profesional y la experiencia que son absolutamente necesarias,
respeten en la acción temporal la justa jerarquía de valores, con fidelidad a Cristo y a su
Evangelio, a fin de que toda su vida, así la individual como la social, quede saturada con el
espíritu de las bienaventuranzas, y particularmente con el espíritu de la pobreza.
Quien con obediencia a Cristo busca ante todo el reino de Dios, encuentra en éste un amor más
fuerte y más puro para ayudar a todos sus hermanos y para realizar la obra de la justicia bajo la
inspiración de la caridad.
Preguntas para Reflexionar y Compartir:
La economía es hoy en día una gran fuente de preocupación para muchos. Hemos visto esta
división en el Congreso. ¿Qué estamos llamados a hacer con respecto a la justicia y la igualdad
en nuestras estructuras económicas? ¿Cómo respondemos a las necesidades de aquellos a
nuestro alrededor? ¿Cómo ves que responde la Iglesia?
Capítulo IV: La Vida en la Comunidad Política
73… Con el desarrollo cultural, económico y social se consolida en la mayoría el deseo de
participar más plenamente en la ordenación de la comunidad política. En la conciencia de
muchos se intensifica el afán por respetar los derechos de las minorías, sin descuidar los deberes
de éstas para con la comunidad política; además crece por días el respeto hacia los hombres que
- 67 -
profesan opinión o religión distintas; al mismo tiempos e establece una mayor colaboración a fin
de que todos los ciudadanos, y no solamente algunos privilegiados, puedan hacer uso efectivo de
los derechos personales.
… La mejor manera de llegar a una política auténticamente humana es fomentar el sentido
interior de la justicia, de la benevolencia y del servicio al bien común y robustecer las
convicciones fundamentales en lo que toca a la naturaleza verdadera de la comunidad política y
al fin, recto ejercicio y límites de los poderes públicos.
75. Es perfectamente conforme con la naturaleza humana que se constituyan estructuras políticojurídicas que ofrezcan a todos los ciudadanos, sin discriminación alguna y con perfección
creciente, posibilidades efectivas de tomar parte libre y activamente en la fijación de los
fundamentos jurídicos de la comunidad política, en el gobierno de la cosa pública, en la
determinación de los campos de acción y de los límites de las diferentes instituciones y en la
elección de los gobernantes. Recuerden, por tanto, todos los ciudadanos el derecho y al mismo
tiempo el deber que tienen de votar con libertad para promover el bien común. La Iglesia alaba y
estima la labor de quienes, al servicio del hombre, se consagran al bien de la cosa pública y
aceptan las cargas de este oficio.
... Los cristianos todos deben tener conciencia de la vocación particular y propia que tienen en la
comunidad política; en virtud de esta vocación están obligados a dar ejemplo de sentido de
responsabilidad y de servicio al bien común, así demostrarán también con los hechos cómo
pueden armonizarse la autoridad y la libertad, la iniciativa personal y la necesaria solidaridad del
cuerpo social, las ventajas de la unidad combinada con la provechosa diversidad. El cristiano
debe reconocer la legítima pluralidad de opiniones temporales discrepantes y debe respetar a los
ciudadanos que, aun agrupados, defienden lealmente su manera de ver. Los partidos políticos
deben promover todo lo que a su juicio exige el bien común; nunca, sin embargo, está permitido
anteponer intereses propios al bien común.
Hay que prestar gran atención a la educación cívica y política, que hoy día es particularmente
necesaria para el pueblo, y, sobre todo para la juventud, a fin de que todos los ciudadanos puedan
cumplir su misión en la vida de la comunidad política. Quienes son o pueden llegar a ser capaces
de ejercer este arte tan difícil y tan noble que es la política, prepárense para ella y procuren
ejercitarla con olvido del propio interés y de toda ganancia venal. Luchen con integridad moral y
con prudencia contra la injusticia y la opresión, contra la intolerancia y el absolutismo de un solo
hombre o de un solo partido político; conságrense con sinceridad y rectitud, más aún, con
caridad y fortaleza política, al servicio de todos.
76... La Iglesia, que por razón de su misión y de su competencia no se confunde en modo alguno
con la comunidad política ni está ligada a sistema político alguno, es a la vez signo y
salvaguardia del carácter trascendente de la persona humana.
- 68 -
La comunidad política y la Iglesia son independientes y autónomas, cada una en su propio
terreno. Ambas, sin embargo, aunque por diverso título, están al servicio de la vocación personal
y social del hombre. Este servicio lo realizarán con tanta mayor eficacia, para bien de todos,
cuanto más sana y mejor sea la cooperación entre ellas, habida cuenta de las circunstancias de
lugar y tiempo. El hombre, en efecto, no se limita al solo horizonte temporal, sino que, sujeto de
la historia humana, mantiene íntegramente su vocación eterna. La Iglesia, por su parte, fundada
en el amor del Redentor, contribuye a difundir cada vez más el reino de la justicia y de la caridad
en el seno de cada nación y entre las naciones. Predicando la verdad evangélica e iluminando
todos los sectores de la acción humana con su doctrina y con el testimonio de los cristianos,
respeta y promueve también la libertad y la responsabilidad políticas del ciudadano.
Preguntas para Reflexionar y Compartir:
¿Cómo describes tu responsabilidad en la vida política de nuestros días? ¿Qué estás llamado a
hacer? ¿Cómo vives tu vocación dentro de la comunidad política?
Capítulo V: El Fomento de la Paz y la Promoción de la Comunidad de los Pueblos
77. En estos últimos años, en los que aún perduran entre los hombres la aflicción y las angustias
nacidas de la realidad o de la amenaza de una guerra, la universal familia humana ha llegado en
su proceso de madurez a un momento de suprema crisis. Unificada paulatinamente y ya más
consciente en todo lugar de su unidad, no puede llevar a cabo la tarea que tiene ante sí, es decir,
construir un mundo más humano para todos los hombres en toda la extensión de la tierra, sin que
todos se conviertan con espíritu renovado a la verdad de la paz. De aquí proviene que el mensaje
evangélico, coincidente con los más profundos anhelos y deseos del género humano, luzca en
nuestros días con nuevo resplandor al proclamar bienaventurados a los constructores de la paz,
porque serán llamados hijos de Dios” (Mt. 5:9).
78. La paz no es la mera ausencia de la guerra, ni se reduce al solo equilibrio de las fuerzas
adversarias, ni surge de una hegemonía despótica, sino que con toda exactitud y propiedad se
llama obra de la justicia (Is. 32, 7). Es el fruto del orden plantado en la sociedad humana por su
divino Fundador, y que los hombres, sedientos siempre de una más perfecta justicia, han de
llevar a cabo. El bien común del género humano se rige primariamente por la ley eterna, pero en
sus exigencias concretas, durante el transcurso del tiempo, está cometido a continuos cambios;
por eso la paz jamás es una cosa del todo hecha, sino un perpetuo quehacer. Dada la fragilidad de
la voluntad humana, herida por el pecado, el cuidado por la paz reclama de cada uno constante
dominio de sí mismo y vigilancia por parte de la autoridad legítima.
Esto, sin embargo, no basta. Esta paz en la tierra no se puede lograr si no se asegura el bien de
las personas y la comunicación espontánea entre los hombres de sus riquezas de orden intelectual
y espiritual. Es absolutamente necesario el firme propósito de respetar a los demás hombres y
- 69 -
pueblos, así como su dignidad, y el apasionado ejercicio de la fraternidad en orden a construir la
paz. Así, la paz es también fruto del amor, el cual sobrepasa todo lo que la justicia puede realizar.
La paz sobre la tierra, nacida del amor al prójimo, es imagen y efecto de la paz de Cristo, que
procede de Dios Padre. En efecto, el propio Hijo encarnado, Príncipe de la paz, ha reconciliado
con Dios a todos los hombres por medio de su cruz, y, reconstituyendo en un solo pueblo y en un
solo cuerpo la unidad del género humano, ha dado muerte al odio en su propia carne y, después
del triunfo de su resurrección, ha infundido el Espíritu de amor en el corazón de los hombres.
Sección 1. Obligación de Evitar la Guerra
79. A pesar de que las guerras recientes han traído a nuestro mundo daños gravísimos materiales
y morales, todavía a diario en algunas zonas del mundo la guerra continúa sus devastaciones. Es
más, al emplear en la guerra armas científicas de todo género, su crueldad intrínseca amenaza
llevar a los que luchan a tal barbarie, que supere, enormemente la de los tiempos pasados. La
complejidad de la situación actual y el laberinto de las relaciones internaciones permiten
prolongar guerras disfrazadas con nuevos métodos insidiosos y subversivos. En muchos casos se
admite como nuevo sistema de guerra el uso de los métodos del terrorismo.
80... Toda acción bélica que tienda indiscriminadamente a la destrucción de ciudades enteras o
de extensas regiones junto con sus habitantes, es un crimen contra Dios y la humanidad que hay
que condenar con firmeza y sin vacilaciones.
El riesgo característico de la guerra contemporánea está en que da ocasión a los que poseen las
recientes armas científicas para cometer tales delitos y con cierta inexorable conexión puede
empujar las voluntades humanas a determinaciones verdaderamente horribles. Para que esto
jamás suceda en el futuro, los obispos de toda la tierra reunidos aquí piden con insistencia a
todos, principalmente a los jefes de Estado y a los altos jefes del ejército, que consideren
incesantemente tan gran responsabilidad ante Dios y ante toda la humanidad.
81. Las armas científicas no se acumulan exclusivamente para el tiempo de guerra. Puesto que la
seguridad de la defensa se juzga que depende de la capacidad fulminante de rechazar al
adversario, esta acumulación de armas, que se agrava por años, sirve de manera insólita para
aterrar a posibles adversarios. Muchos la consideran como el más eficaz de todos los medios para
asentar firmemente la paz entre las naciones.
Sea lo que fuere de este sistema de disuasión, convénzanse los hombres de que la carrera de
armamentos, a la que acuden tantas naciones, no es camino seguro para conservar firmemente la
paz, y que el llamado equilibrio de que ella proviene no es la paz segura y auténtica. De ahí que
no sólo no se eliminan las causas de conflicto, sino que más bien se corre el riesgo de agravarlas
poco a poco. Al gastar inmensas cantidades en tener siempre a punto nuevas armas, no se pueden
- 70 -
remediar suficientemente tantas miserias del mundo entero. En vez de restañar verdadera y
radicalmente las disensiones entre las naciones, otras zonas del mundo quedan afectadas por
ellas. Hay que elegir nuevas rutas que partan de una renovación de la mentalidad para eliminar
este escándalo y poder restablecer la verdadera paz, quedando el mundo liberado de la ansiedad
que le oprime.
Por lo tanto, hay que declarar de nuevo: la carrera de armamentos es la plaga más grave de la
humanidad y perjudica a los pobres de manera intolerable. Hay que temer seriamente que, si
perdura, engendre todos los estragos funestos cuyos medios ya prepara.
Advertidos de las calamidades que el género humano ha hecho posibles, empleemos la pausa de
que gozamos, concedida de lo Alto, para, con mayor conciencia de la propia responsabilidad,
encontrar caminos que solucionen nuestras diferencias de un modo más digno del hombre. La
Providencia divina nos pide insistentemente que nos liberemos de la antigua esclavitud de la
guerra. Si renunciáramos a este intento, no sabemos a dónde nos llevará este mal camino por el
que hemos entrado.
Bien claro queda, por tanto, que debemos procurar con todas nuestras fuerzas preparar una época
en que, por acuerdo de las naciones, pueda ser absolutamente prohibida cualquier guerra. Esto
requiere el establecimiento de una autoridad pública universal reconocida por todos, con poder
eficaz para garantizar la seguridad, el cumplimiento de la justicia y el respeto de los derechos.
Pero antes de que se pueda establecer tan deseada autoridad es necesario que las actuales
asociaciones internacionales supremas se dediquen de lleno a estudiar los medios más aptos para
la seguridad común. La paz ha de nacer de la mutua confianza de los pueblos y no debe ser
impuesta a las naciones por el terror de las armas; por ello, todos han de trabajar para que la
carrera de armamentos cese finalmente, para que comience ya en realidad la reducción de
armamentos, no unilateral, sino simultánea, de mutuo acuerdo, con auténticas y eficaces
garantías.
Sección 2. Edificar la Comunidad Internacional
83. Para edificar la paz se requiere ante todo que se desarraiguen las causas de discordia entre los
hombres, que son las que alimentan las guerras. Entre esas causas deben desaparecer
principalmente las injusticias. No pocas de éstas provienen de las excesivas desigualdades
económicas y de la lentitud en la aplicación de las soluciones necesarias. Otras nacen del deseo
de dominio y del desprecio por las personas, y, si ahondamos en los motivos más profundos,
brotan de la envidia, de la desconfianza, de la soberbia y demás pasiones egoístas. Como el
hombre no puede soportar tantas deficiencias en el orden, éstas hacen que, aun sin haber guerras,
el mundo esté plagado sin cesar de luchas y violencias entre los hombres. Como, además, existen
los mismos males en las relaciones internacionales, es totalmente necesario que, para vencer y
prevenir semejantes males y para reprimir las violencias desenfrenadas, las instituciones
- 71 -
internacionales cooperen y se coordinen mejor y más firmemente y se estimule sin descanso la
creación de organismos que promuevan la paz.
84. Dados los lazos tan estrechos y recientes de mutua dependencia que hoy se dan entre todos
los ciudadanos y entre todos los pueblos de la tierra, la búsqueda certera y la realización eficaz
del bien común universal exigen que la comunidad de las naciones se dé a sí misma un
ordenamiento que responda a sus obligaciones actuales, teniendo particularmente en cuanta las
numerosas regiones que se encuentran aún hoy en estado de miseria intolerable.
85. La actual unión del género humano exige que se establezca también una mayor cooperación
internacional en el orden económico. Pues la realidad es que, aunque casi todos los pueblos han
alcanzado la independencia, distan mucho de verse libres de excesivas desigualdades y de toda
suerte de inadmisibles dependencias, así como de alejar de sí el peligro de las dificultades
internas.
... Para establecer un auténtico orden económico universal hay que acabar con las pretensiones
de lucro excesivo, las ambiciones nacionalistas, el afán de dominación política, los cálculos de
carácter militarista y las maquinaciones para difundir e imponer las ideologías.
87. Es sobremanera necesaria la cooperación internacional en favor de aquellos pueblos que
actualmente con harta frecuencia, aparte de otras muchas dificultades, se ven agobiados por la
que proviene del rápido aumento de su población. Urge la necesidad de que, por medio de una
plena e intensa cooperación de todos los países, pero especialmente de los más ricos, se halle el
modo de disponer y de facilitar a toda la comunidad humana aquellos bienes que son necesarios
para el sustento y para la conveniente educación del hombre. Son varios los países que podrían
mejorar mucho sus condiciones de vida si pasaran, dotados de la conveniente enseñanza, de
métodos agrícolas arcaicos al empleo de las nuevas técnicas, aplicándolas con la debida
prudencia a sus condiciones particulares una vez que se haya establecido un mejor orden social y
se haya distribuido más equitativamente la propiedad de las tierras.
Los gobiernos respectivos tienen derechos y obligaciones, en lo que toca a los problemas de su
propia población, dentro de los límites de su específica competencia. Tales son, por ejemplo, la
legislación social y la familiar, la emigración del campo a la ciudad, la información sobre la
situación y necesidades del país. Como hoy la agitación que en torno a este problema sucede a
los espíritus es tan intensa, es de desear que los católicos expertos en todas estas materias,
particularmente en las universidades, continúen con intensidad los estudios comenzados y los
desarrollen cada vez más.
Preguntas para Reflexionar y Compartir:
¿Qué es paz? ¿Cómo conoces la paz? ¿Cómo haces que la paz sea realidad en tu hogar,
comunidad, parroquia?
- 72 -
La Guerra ha cambiado drásticamente. La maquinaria moderna de guerra va contra la corriente
de la cultura de paz y tranquilidad. ¿Cómo ves la mejor manera posible de evitar la guerra?
¿Cómo puedes tú contribuir a un mundo más seguro, más libre y más pacífico? ¿Qué debe hacer
la Iglesia para asegurar la paz?
¿Cómo puede la Iglesia ayudar a crear solidaridad entre todos los pueblos?
Enumera cosas que tu parroquia podría hacer o que hace actualmente para ayudar a edificar la
comunidad internacional.
¿Qué pueden hacer tú y tu familia para edificar la comunidad internacional?
- 73 -
- 74 -
- 75 -
Bibliografía Parcial de Obras Relacionadas con el Concilio Vaticano II
Alberigo, Guiseppe and Joseph Komonchak, eds. Maryknoll: Orbis Books
Volumen 1: Anunciando y Preparando Vaticano II, 1996.
Volumen 2: La Formación de la Identidad del Concilio, Primer Período e Intercesiones,
October 1962- Septiembre, 1963, 1997.
Volumen 3: El Concilio en Maduro, Segundo Período e Intercesiones, Septiembre 1963Septiembre, 1964, 2000.
Volumen 4: La Iglesia como Comunión, Período e Intercesiones, Septiembre, 1964Septiembre, 1965, 2002.
Volumen 5: El Concilio y la Transición, Cuarto Período y el Fin del Concilio,
Septiembre, 1965-Diciembre, 1965, 2006
Dieciséis Documentos Básicos del Concilio Vaticano II. Austin Flannery, O.P., ed. Costello
Publishing Company, 1996.
Congar, Yves. Mi Diario del Concilio. Collegeville, MN: The Liturgical Press, 2012.
Daly, Bernard, Mae Daly, Bishop Remi J. De Roo. Cosas Aún Mayores—Esperanza y Retos
Despueés de Vaticano II. Toronto: Novalis, 1999.
Doyle, Dennis M. La Iglesia Emergiendo del Vaticano II—Un Acercamiento Popular al
Catoicismo Contemporáneo. Mystic, CN: Twenty-Third Publications, 1992.
Gaillardetz, Rick and Catherine Clifford. Llaves del Concilio. Collegeville, MN: The Liturgical
Press, 2012
Hahnenberg, Edward P. La Guía Concisa de los Documentos de Vaticano II. Cincinnati, OH:
St. Anthony Messenger Press , 2011
Huebsch, Bill. Vaticano II en Inglés Sencillo. Notre Dame, IN: Thomas More, Ave Maria
Press, 1997.
Volumen 1: El Concilio
Volumen 2: Las Constituciones
Volumen 3: Los Decretos y Declaraciones
- 76 -
Lucien, Richard, Daniel Harrington, Juan W. O’Malley (eds). Vaticano II La Agenda sin
Terminar: Una Mirada al Futuro. Mahweh, CT: Paulist Press, 1987.
O’Collins, Gerald, SJ. Living Vatican II—El 21ro Concilio para el 21er siglo. New
York/Mahweh: Paulist Press, 2006.
O’Malley, Juan W. Que sucedió en Vaticano II. Boston, MA: Belknap Press of Harvard
University Press, 2010.
Orsy, Ladislas. Recepción del Concilio—Aproximaciones y Debates Teológicos y Canónicos.
Collegeville, MN: The Liturgical Press, 2010.
Pennington, M. Basil, OCSO. Vaticano II-Sólo es el Comienzo. New York: Crossroad, 1994.
Ratzinger, Joseph (ahora Papa Benedicto XVI) Marcas Teológicas del Vaticano II. Mahwah,
CT: Paulist Press, 2009
Redescubriendo el Vaticano II Serie publicada por Paulist Press, New York/Mahweh, CT:
Cassidy, Edward Idris Cardinal. Ecumenismo y Diálogo Interregligiose, 2005
Confoy, Maryanne, RSC. Vida Religiosa y Sacerdocio, 2008
Ferone, Rita. Liturgia, 2007
Gaillerdetz, Richard. La Iglesia en Formación, 2006
Gros, Jeffrey and Stephen Bevens. Evangelización y Libertad Religiosa, 2009
Leckey, Dolores R. Los Laicos y la Educación Cristiana, 2006
Tanner, Norman, SJ. La Iglesia y el Mundo, 2005
Witherup, Ronald D. Escritura, 2006
Rynne, Xavier. Concilio VaticanoII. New York: Orbis Books, 1999.
Sullivan, Maureen, OP. 101 Preguntas yRespuestas sobre el Concilio Vaticano II. Mahweh, CT:
Paulist Press, 2002.
................................ El Camino a Vaticano II: Cambios en Teología. Mahwah, CT: Paulist
Press, 2007.
- 77 -
Recursos Digitales Relacionados con el Concilio Vaticano II
Los Documentos del Concilio Ecuménico Vaticano Segundo
Constitución sobre la Sagrada Liturgia (Sacrosanctum Concilium)
Constitución sobre la Sagrada Liturgia
Constitución Dogmática de la Iglesia (Lumen Gentium)
Constitución Dogmática de la Iglesia
Constitución Dogmática sobre la Divina Revelación (Dei Verbum)
Constitución Dogmática sobre la Divina Revelación
Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el Mundo Actual (Gaudium et Spes)
Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el Mundo Actual
Libros diarios del Concilio ….. del Servicio de Noticias Católicas
http://vaticaniiat50.wordpress.com/
Conciliaría….. http://conciliaria.com/about/
Blog de la USCCB http://usccbmedia.blogspot.com/search/label/Vatican%20II
- 78 -
- 79 -
Diocese of Des Moines
Descargar