Parkinson - Salamandra

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Parkinson
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Autor: Dr. P. García Férriz
Publicado: Hoy
No existe la menor duda de que, por diversas disfunciones, el sistema nervioso puede provocar muchas enfermedades,
entre las que destacamos el Cáncer, el Alzheimer, la Esclerosis Múltiple y la enfermedad de la que aquí nos vamos a
ocupar: el Parkinson. En esta enfermedad influye poderosamente la desconexión entre el tálamo y diversos puntos
(áreas) de la corteza cerebral. Como se sabe, el tálamo está relacionado directamente con diversas capas de la corteza
cerebral. De ello nos ocuparemos ampliamente en este estudio. Hemos creído necesario exponer (aunque brevemente)
unos elementales conceptos de neuroanatomía y neurofisiología, y así poder situarnos y centrarnos con mayor facilidad
para intentar esclarecer, en la medida que nos es permisible, el dificilísimo y complejo estudio de la enfermedad de
Parkinson.
Parkinson .1
Parkinson.
García Férriz, P.
Resumen
No existe la menor duda de que, por diversas disfunciones, el sistema nervioso puede provocar muchas enfermedades,
entre las que destacamos el Cáncer, el Alzheimer, la Esclerosis Múltiple y la enfermedad de la que aquí nos vamos a
ocupar: el Parkinson.
En esta enfermedad influye poderosamente la desconexión entre el tálamo y diversos puntos (áreas) de la corteza
cerebral. Como se sabe, el tálamo está relacionado directamente con diversas capas de la corteza cerebral. De ello nos
ocuparemos ampliamente en este estudio.
Hemos creído necesario exponer (aunque brevemente) unos elementales conceptos de neuroanatomía y neurofisiología,
y así poder situarnos y centrarnos con mayor facilidad para intentar esclarecer, en la medida que nos es permisible, el
dificilísimo y complejo estudio de la enfermedad de Parkinson.
Y con la inestimable colaboración de los múltiples efectos que lleva consigo la enfermedad, tratamos de encontrar su
verdadera etiopatogenia.
Palabras clave
Tálamo, células piramidales y extrapiramidales, hipocampo, corteza cerebral, dopamina, serotonina y electricidad.
Parkinson
La enfermedad de Parkinson, como otras muchas enfermedades, es producida por una patología del sistema nervioso.
Es una enfermedad de etiología desconocida: su característica es de ser agitante. Es progresiva, caracterizada por
fases inexpresivas, temblor peculiar, lentitud de los movimientos voluntarios, marcha a pequeños saltos, postura peculiar
e hipotonía muscular. Se han reconocido lesiones degenerativas dentro de las masas nucleares extrapiramidales y una
característica pauperización de las células gliales, en la sustancia gris y menor contenido de dopamina.
Más adelante veremos, al hacer el estudio de las capas de la corteza cerebral, cómo la hipotonía muscular y la lentitud
de los movimientos voluntarios se deben a la existencia de potenciales eléctricos débiles, al disminuir el contenido de
electrones en los conductores. “Las lesiones degenerativas que se han reconocido dentro de las masas nucleares
extrapiramidales, son producidas, posiblemente, por no recibir las terminaciones nerviosas motoras procedentes del
tálamo el trofismo que les resulta imprescindible para la supervivencia neural. Comparamos esta secuencia con la que
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acontece en la etiopatogenia de la enfermedad de Alzheimer, que consiste también en la falta de nutrición de sus
terminales nerviosos en las células hísticas correspondientes a los parénquimas testiculares y ováricos. Por esta causa,
el parasimpático sacro no puede conducir electricidad al corredor celular espinal que tiene conexión con el tronco
cerebral (bulbo raquídeo, puente de Varolio y pedúnculos cerebrales); y el tallo cerebral no puede enviar electricidad al
hipotálamo. Al carecer de electricidad, desaparecen las acciones químicas en esta importantísima glándula, afectando
principalmente a la hipófisis y al hipocampo”.
En la masa encefálica de los enfermos de Parkinson se aprecia también una clara disminución de la actividad química,
especialmente de la dopamina. Esta se forma en el organismo por descarboxilación de la dopa. Es un producto
intermediario en la síntesis de la noradrenalina y actúa como neurotransmisor en el sistema nervioso central (SNC). La
dopa es un aminoácido precursor de la dopamina, y también es un producto intermediario en la biosíntesis de la
noradrenalina.
En esta enfermedad observamos como especial característica la presencia de una patología de las células gliales.
Estas, como se sabe, contienen una especial proteína denominada citoqueratina. Esta sustancia proteica es la que
produce la queratina en el sistema nervioso central (SNC) y en el sistema nervioso periférico. Las células gliales, por ser
las más abundantes de todo el sistema nervioso y por sus peculiares funciones electroquímicas, aparecen afectadas en
muchas patologías: el Cáncer y la Esclerosis Múltiple, entre ellas.
Mediante técnicas histoquímicas e inmunológicas, en estos últimos años se han logrado determinar las zonas del sistema
nervioso central (SNC) por donde discurren los neurotransmisores y los puntos donde se sintetizan. 1 Los transmisores
centrales son fundamentalmente las monoaminas, y dentro de ellas, las más importantes son la dopamina, la
noradrenalina y la serotonina. 1
El desarrollo en la parte encefálica de la conducción neural es más complejo que el de la médula. A nosotros nos interesa
particularmente el estudio de la capa gris superficial (denominada corteza cerebral, córtex, manto de los hemisferios o
sustancia gris cortical) y también los núcleos grises profundos, por considerar que en estas zonas radica el inicio de la
enfermedad de Parkinson.
Es importante conocer o recordar la constitución de la corteza cerebral, por las características que en ella concurren en
dicha enfermedad. Está formada por una capa de sustancia gris cuyo grosor es variable, siendo máximo de 4 mm a nivel
del giro precentral y mínimo de 1’5 mm en la cisura calcarina. 1
La corteza tiene una superficie total de 2.500 cm2 y un volumen de unos 300 cm3, estando constituida por seis capas
celulares. 1 Todas ellas quedan afectadas en la enfermedad de Parkinson. Pero antes haremos una breve descripción de
las capas.
Capas de la corteza cerebral
De la superficie a la profundidad se distinguen las siguientes capas celulares. Las describiremos lo más simplificado
posible, y así poder centrarnos mejor en el estudio de la electrofisiología patológica que produce la enfermedad de
Parkinson.
Capa I. Capa molecular, plexiforme.
Está constituida por una densa capa de fibras procedentes de las dendritas apicales de las células piramidales de las
capas III y V, axones ascendentes de las proyecciones talamocorticales no específicas y fibras de asociación. Tiene
escasas células y son células de Cajal.1
Capa II. Capa granular externa
Está formada por numerosas células de los granos y algunas células piramidales. Se encuentra muy desarrollada en el
hombre.
Capa III. Capa piramidal externa.
Es muy ancha y está constituida fundamentalmente por células piramidales. Los axones de las fibras piramidales se
integran en el cuerpo calloso y fascículos de asociación. “En su parte basal hay sinapsis con fibras de proyección
específicas del tálamo”. De esta parte hemos hecho una oportuna referencia, por su importancia, en el trabajo que
hemos publicado sobre la enfermedad de Alzheimer.
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Capa IV. Capa granular interna
En esta capa sinaptan también las fibras talámicas de proyección específica.
Capa V. Capa piramidal interna
Está formada fundamentalmente por células piramidales de diferentes tamaños. Esta capa y la III son muy interesantes
en el Parkinson.
Capa VI. Capa polimorfa
Los axones de sus células se introducen en la sustancia blanca formando las proyecciones corticotalámicas.
Significación funcional
Los impulsos aferentes a la corteza procedentes del tálamo se distribuyen principalmente en las capas receptoras, que
son la II, III y IV, mientras que las fibras de proyección eferentes de la corteza surgen principalmente de las capas V y
VI.
Fibras aferentes y fibras eferentes
Fibras aferentes
Las proyecciones talámicas específicas terminan en la lámina IV y en la parte inferior de la III. Los axones de las células
de estas capas se ramifican a su vez sobre las dendritas apicales de las células piramidales de la capa V.
Las fibras aferentes proceden del tálamo. Contribuyen a la formación radiada. 1
Fibras eferentes
La corteza conecta con todos los centros subcorticales. Las fibras corticofugales se pueden clasificar en:
1. Fibras corticotalámicas. Proceden de la lámina VI.
2. Fibras corticoespinales
3. Fibras corticoestriadas
4. Fibras corticopontinas
5. Fibras corticobulbares
Localización cerebral
Las funciones del lenguaje hablado se hallan localizadas en el hemisferio izquierdo. Esto es aplicable no sólo a los
individuos diestros, sino también al 80% de los zurdos, lo que ha venido a demostrar una asimetría funcional entre ambos
hemisferios. Los trabajos de Wernicke demostraron también que lesiones en la parte posterior del giro temporal superior
alteraban la comprensión de la palabra hablada.
Goldstein mantiene la teoría holística que preconiza el papel de toda la corteza cerebral en el desarrollo de las funciones
del mismo. 1
En el área 4 o área de Brodman, se origina el 30% de las fibras corticoespinales. Su acumulación provoca movimientos.
El área 6 (área premotora) aporta el 28% de las fibras del sistema corticoespinal. Su estímulo provoca rotación de la
cabeza y el tronco hacia el lado contralateral. 1
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El área 44 o área de Broca actúa como centro coordinador motor del lenguaje hablado. Su lesión da lugar a alteración en
la coordinación de la palabra hablada. Esta área está situada en la tercera circunvolución frontal.
Área prefrontal (áreas 9, 10 y 11). Su extirpación da lugar a alteraciones de la conducta, con reducción de la capacidad
intelectual, tendencia a la indiferencia, etcétera.
El área somatosensorial primaria (áreas 1, 2 y 3) tiene una característica similar a un córtex frontal. Esta área
corresponde al lóbulo parietal. Las fibras aferentes proceden del tálamo. La lesión de esta área provoca disminución de
la determinación de los estímulos táctiles y de la posición articular.
El área parietal superior (áreas 5 y 7) está situada en la circunvolución parietal superior. Sus aferencias proceden del
tálamo, así como de las áreas 1, 2 y 3.
El área temporal superior (área auditiva o área 41) está situada en la circunvolución temporal superior (Fig. 1),
inmediatamente debajo de la cisura de Silvio. Sus aferencias proceden del tálamo. El tálamo envía también aferencias a
las áreas del lóbulo occipital.
A esta área llegan sólo las fibras relacionadas con las mitades homolaterales del campo visual.1
Además de las áreas descritas envueltas en el procesamiento de la información, existen otras que representan el
sustrato anatómico de las funciones psicológicas más elevadas, entre las que se citan las áreas 9, 10, 11 y 45 (áreas
prefrontales) conectadas con el tálamo (Fig. 1). Su lesión bilateral provoca alteraciones de la personalidad y defectos
intelectuales. La lobotomía frontal, que interrumpe la conexión de estas áreas con el tálamo, ha permitido aportar datos
sobre las funciones de esta área, y uno de los más interesantes es el cambio de actitud frente al dolor intenso: el
paciente sometido a este tratamiento no presenta sensación de dolor, pero el impulso y el estímulo doloroso persisten.
Como vemos, el tálamo mantiene múltiples conexiones con el fórnix, incluido el hipocampo, con el que se relaciona a
través del cíngulun, que tiene fibras procedentes del núcleo anterior del tálamo. Estas fibras discurren por la vía
poscomisural del fórnix.
Por ello, cuando el tálamo no recibe electricidad del parasimpático a través del hipotálamo, sus consecuencias afectan a
la actividad electroquímica del hipocampo. Si el tálamo no aporta electricidad al córtex cerebral, se pueden producir
enfermedades como el Alzheimer y el Parkinson.
El hipocampo ejerce funciones importantes en la modulación de los estímulos agresivos de origen hipotalámico. Por
tanto, si el hipocampo no recibe electricidad, esta no puede ser transmitida al tálamo y de aquí al fórnix.
Investigaciones recientes han establecido que las células piramidales del hipocampo pueden ser estimuladas por la
acción de las hormonas, como el estradiol, la testosterona, corticosterona, etcétera, en concentraciones relativamente
altas. Esto sugiere que el hipocampo es capaz de medir las concentraciones séricas de las hormonas, informando
después al sistema hipotálamo-hipofisario a través de las conexiones entre el hipocampo y el hipotálamo. Este
mecanismo podría contribuir a la regulación de las hormonas hipotalámicas. Pero al faltar la electricidad quedan
suprimidas automáticamente las acciones químicas.
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Así pues, podemos deducir por lógica, que la enfermedad de Parkinson guarda también una íntima relación con el
sistema hipotálamo-hipófisis, afectando por tanto a todo el sistema cognitivo, tanto en sus zonas corticales como
subcorticales. El sistema cognitivo, debido a su gran implicación en las funciones vegetativas y psíquicas, ha sido
denominado por algunos autores como cerebro interno, y también cerebro visceral.
El Parkinson y el Alzheimer, tienen en común el hecho de que sus respectivas etiopatogenias derivan del sistema
nervioso central vegetativo, especialmente del hipotálamo y tálamo. A través de estas dos pequeñas glándulas de la
central vegetativa llega la electricidad al córtex, como ya lo hemos manifestado.
Corteza cerebral (Córtex)
Los movimientos voluntarios son controlados por la corteza motora a través de las vías descendentes. 2 La motivación y
las ideas necesarias para generar actividad motora voluntaria se organizan, primero, en múltiples áreas asociativas de la
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corteza cerebral (que hemos descrito anteriormente) y, luego, se transmiten a las cortezas suplementarias motora y
premotora para desarrollar un plan motor. 2 El plan se transmite a motoneuronas altas en la corteza motora primaria,
que lo envía a través de vías descendentes a motoneuronas bajas en la médula espinal. 2
La corteza premotora y la corteza motora suplementaria (área 6) son regiones de la corteza motora encargadas de
generar un plan de movimiento, que a continuación se transfiere a la corteza motora primaria para ejecutarlo. 2 La
corteza motora suplementaria programa secuencias motoras complejas y se muestra activa durante la “repetición mental”
de un movimiento, incluso en ausencia de movimiento. 2
Esta breve descripción neurofisiológica que hemos hecho del área 6 aparece muy afectada en la enfermedad de
Parkinson (Fig. 2), así como el área 4 de la que a continuación nos ocupamos. El área 4 (corteza motora primaria),
también denominada área de Brodman, es la región de la corteza motora encargada de ejecutar los movimientos.
Conforme se excitan las motoneuronas altas de la corteza motora primaria, dicha actividad se transmite al tallo encefálico
(bulbo raquídeo, puente de Varolio y pedúnculos cerebrales) y médula espinal, donde activan motoneuronas bajas y
producen contracción coordinada de los músculos apropiados (músculos voluntarios).
Esta coordinación de la contracción de los músculos voluntarios queda seriamente afectada en el Parkinson, dando lugar
a que se produzca lentitud en los movimientos voluntarios, la marcha a pequeños saltos, postura peculiar e hipotonía
muscular, de la que ya hemos hecho mención.
Estos característicos efectos de dicha enfermedad, nos pueden conducir a su propia etiopatogenia. Una vez hecha una
sucinta descripción neuroanatómica y neurofisiológica, observamos: los efectos objetivos que se aprecian en la
enfermedad pueden ser producidos por las vías motoras descendentes, y la causa radica, posiblemente, en las vías
motoras ascendentes, en las células piramidales y células extrapiramidales. Pero, ¿en qué consiste el origen de la
enfermedad? Después de mucha reflexión, y basándonos siempre en la lógica, nos inclinamos a creer que las
proyecciones nerviosas que parten de los núcleos intralaminares del tálamo (Fig.4) al llegar a la corteza cerebral, las
terminaciones nerviosas correspondientes padecen las consecuencias propias de la falta de trofismo. Si estuviesen bien
nutridas todas las conexiones, suponemos que el Parkinson no se produciría.
Cuando las terminaciones nerviosas motoras no se nutren adecuada y suficientemente, los nervios tienden a inhibirse en
sus habituales funciones, incluso pueden acabar muriendo. Así pues, deducimos por sentido común y aferrándonos a la
neuroanatomía y a la neurofisiología, que la etiopatogenia de dicha enfermedad radica esencialmente en las conexiones
motoras entre el tálamo y las áreas 3 y 4 de Brodman (Fig.3), y cuyos efectos se extienden inevitablemente a otras
áreas extrapiramidales, dando lugar con ello a que queden afectadas las funciones cognitivas.
Si tenemos en cuenta que en el encéfalo hay 100.000 millones de células nerviosas, se podrá comprender la enorme
complejidad con la que nos topamos para intentar el esclarecimiento de una determinada patología. Y muy
especialmente de la patología de las neuronas y la cognición. Pero esto merece un capítulo aparte.
Figuras
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