la ejemplaridad pública como modelo de gobernanza frente a la crisis

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Diapositiva 1
XXI Curso sobre valores humanos
Facultad de Filosofía de la Universidad Complutense
José Antonio Fernández Ajenjo
LA EJEMPLARIDAD PÚBLICA COMO MODELO
DE GOBERNANZA FRENTE A LA CRISIS
Objeto
El objeto de mi exposición es proponer un modelo de buen gobierno frente a la crisis basado
en un principio que está de moda en la opinión pública, como es la ejemplaridad. El padre de
este principio es Javier Gomá Lanzón, pero enlaza con el pensamiento español más tradicional
y se traduce en una serie de instrumentos que, desde una base ética, tratan de transformar la
sociedad.
Por otra parte, todo padre primero tiene sus mentores, y entre los intelectuales que llevan
tiempo revindicando la importancia de los valores en la gestión pública, tengo que destacar a
D. José María, no sólo por el valor de sus obras, sino porque sus trabajos son la base que van a
guiar mi intervención.
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INTRODUCCIÓN
FERNÁNDEZ AJENJO, José Antonio (2014). La ejemplaridad pública como modelo de gobernanza frente a la crisis XX I. Curso de Valores Humanos:
Facultad de Filosofía de la Universidad Complutense. Madrid: 28de abril.
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TRIPLE CRISIS DE GOBERNANZA EN
ESPAÑA
Estado de la gobernanza
Hay que reconocer que este análisis de la triple crisis de gobernanza ética, institucional y
económica española, no es un látigo con el que nos fustigamos los españoles por simple
costumbre, sino que desde fuera también apuntan a estos problemas. Hay que recordar que
Transparencia Internacional reiteradamente nos excluye todos los años de los países
excelentes en el control de la corrupción, que los indicadores de buen gobierno del Banco
Mundial muestran periódicamente las dificultades de gobernabilidad de nuestras instituciones
o que la Unión Europea nos tiene abierto un procedimiento de déficit excesivo desde 2010 por
los fuertes desequilibrios de nuestras finanzas públicas.
Como último ejemplo de la opinión sobre nuestro país, el reciente informe de la Unión
europea sobre la corrupción muestra, tal y como se observa en el termómetro adjunto, como
España supera con un 95% la media de la percepción de la corrupción en el conjunto de Estado
miembros y por supuesto está muy lejos del nivel del 20% que representa Dinamarca
Triple crisis
La crisis ética se demuestra en la extensión de la corrupción, la crisis institucional en el
descrédito de las instituciones y la crisis económica en nuestros problemas financieros. Por
ejemplo, a nivel institucional, el BGC muestra una desconfianza total sobre las grandes
instituciones (partidos, parlamento y judicatura), y mucha más confianza sobre los sectores
administrativos (educativo, sanitario, militar, policial o funcionarios en general). A nivel
económico, además de la crisis inmobiliaria, bancaria y de deuda, la renta per capita española
estaba en 2012 cuatro puntos por debajo de la media de la UE, estando en 2012 a niveles de
2006, cuando llevábamos desde 1983 más de dos décadas de crecimiento ininterrumpido.
Antes de entrar en materia, brevemente conviene dar un repaso sobre la postura del
pensamiento español acerca del buen gobierno, que, en mi opinión, ha mantenido un hilo
argumental definido durante siglos.
Diapositiva 4
“EN NUESTRO PAÍS, NI LA CÁTEDRA NI EL LIBRO TENÍAN EFICIENCIA SOCIAL.
SOCIAL.
NUESTRO PUEBLO NO ADMITE LO DISTANCIADO Y SOLEMNE. REINA EN ÉL
PURAMENTE LO COTIDIANO Y VULGAR. LAS FORMAS DEL ARISTOCRATISMO
APARTE HAN SIDO SIEMPRE ESTÉRILES EN ESTA PENÍNSULA. QUIEN QUIERA
QUIERA
CREAR ALGO -Y TODAVÍA CREACIÓN ES ARISTOCRACIAARISTOCRACIA- TIENE QUE ACERTAR
ACERTAR A
SER ARISTÓCRATA EN LA PLAZUELA (ORTEGA, 1932).”
1932).
LA EJEMPLARIDAD PÚBLICA COMO PROPUESTA
FILOSÓFICA MUNDANA
Filosofía mundana
Como decía Ortega, nuestro pueblo no admite una filosofía distante, sino que requiere un
pensamiento de plazuela accesible a las clases populares. Por ello, cabe definir el pensamiento
español como una filosofía mundana cercana a lo cotidiano con dos características: el
idealismo mundano y el fatalismo quijotesco.
Idealismo mundano
La filosofía española es tradicionalmente idealista, es decir, buscar el deber ser por encima del
ser real. No obstante, no se trata de un idealismo platónico que mira hacia arriba buscando los
más altos cánones de belleza y justicia, sino que se trata de un idealismo mundano que desde
las alturas trata de decir que es el lo que hay que hacer en el día a día.
Fatalismo quijotesco
Este pensamiento idealista tiene un punto de pesimista o fatalista en el sentido de que es
consciente, como buen conocedor de los hechos pasados, de que sus planteamientos no van a
triunfar. Y, a pesar de que en determinados momentos sus doctrinas, recibidas a priori con
alborozo por el pueblo, parecen consagrarse históricamente, rápidamente, se ven obligados a
declarar como Ortega ante la II república aquello de ‘no esto, no es esto’.
Por ello, se parte del ideal de justicia como un hecho predeterminado y, de forma quijotesca,
adopta una aptitud justiciera que indica que decide sumariamente sobre el bien y el mal, y
actúa directamente en consecuencia. Nuestro prototipo, Don Quijote, sin grandes argumentos,
decide enseguida la injusticia de los galeotes o la maldad de los gigantes, y arremete en contra
de ellos.
FERNÁNDEZ AJENJO, José Antonio (2014). La ejemplaridad pública como modelo de gobernanza frente a la crisis XX I. Curso de Valores Humanos:
Facultad de Filosofía de la Universidad Complutense. Madrid: 28de abril.
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FILOSOFÍA ESPAÑOLA FATALISTA
Averroes
Escuela Andalusí
Francisco Vitoria
Escuela de
Salamanca
Francisco Suárez
Escuela de
Salamanca
Bartolomé… Casas
Sanz del Río
Krausismo
Costa
Regeneracionismo
Unamuno
Generación 98
Ortega
Generación 14
Escuela de
Salamanca
Regeneracionismo idealista religioso
En el siglo XII, Averroes ya inició la tradicional preocupación de los pensadores españoles sobre
el buen gobierno al describir en la Exposición de la República de Platón las cualidades estéticas
y éticas que debe reunir un buen gobernante, exigiendo que “se incline naturalmente al
estudio de las ciencias teóricas... que tenga buena memoria y no sea descuidado... que ame la
búsqueda del saber... de la verdad... que esté libre de apetitos sensuales... que no apetezca el
dinero... que tenga amplitud de ideas... que sea valeroso... que esté dispuesto a desarrollar la
inclinación tanto hacia el bien y la belleza como a la justicia y las restantes virtudes... que sea
elocuente... (de) buen estado y perfeccionamiento físico... (y que) además su ley religiosa
particular no puede estar distanciada de las leyes humanas naturales" . En todo caso, inaugura
el pesimismo vital del pensamiento político español al afirmar que la relación del sabio con los
ciudadanos se parece a “la de un piloto ducho en la ciencia de la navegación que no encuentra
a nadie para que se sirva del arte de navegar”, e igualmente los problemas con el poder
político y religioso al ser desterrado a Lucena (Córdoba) por considerarse sus ideas
incompatibles con el Islam.
En los siglos XVI y XVII, este idealismo mundano es recogido por la Escuela de Salamanca, que
atrae los estudios tomistas hacía los problemas prácticos del hombre y la sociedad con
planteamientos como la negación del origen divino del poder y la aceptación de derechos de
los indígenas americanos en contra de los planteamientos iusfilosóficos de su época. Este
idealismo filosófico se trasladará a la acción política mediante la reiterada promulgación de
mandatos basados en los más altos ideales, como las Leyes de Indias (1512 y 1542). Estas
nuevas doctrinas contrarias a los intereses de los oligarcas les causaron graves problemas
personales (Suárez fue censurado y De las Casas detenido en varias ocasiones), y precisarán de
ser reiteradas por ser constantemente vulneradas por la codicia de los gobernantes sin
escrúpulos
Regeneracionismo fatalista republicano
Frente a estos planteamiento políticos radicales, el krausismo español decimonónico
propiciado por Sanz del Río remite de nuevo a aunar el ideal en la belleza y la armonía del ser
humano con el espíritu ascético propio de nuestra tradición moral que rechaza las penurias
éticas de su tiempo. Todo ello motivara que fuera acusado de sectario y dañino para la
juventud intelectual y que en 1867 fuera apartado de la cátedra. No obstante, este
regeneracionismo llamado a renovar el liberalismo con una base ética para acabar con el
caciquismo y la oligarquía, terminará, como dijo Costa (que también tuvo que salir de la
Universidad), con “el mote de pesimistas a los que las hemos hecho trabajar en lícitas y
racionales especulaciones y nos hemos afanado por acrecentarlas con tenaz y no interesada
diligencia, a prueba de repulsas, malevolencias y reveses; que ni siquiera nos tomen en cuenta
el ser de la docena escasa de españoles no-profesionales que al menos adquieren y estudian
las obras del maestro”.
El rotundo fracaso nacional para abordar la modernización del sistema político quedó de
manifiesto en la pérdida final de los territorios coloniales de ultramar en 1898 que sirvió de
punto de encuentro para agitar el renacimiento de un pensamiento político español que
aunaba la triste denuncia de los males de la patria y la defensa de una república presidida por
las virtudes de la ética, la dignidad y la justicia. Paradigmática de la trayectoria del
pensamiento político español de entre siglos resulta el fracaso vital de Unamuno (que también
fue represaliado en su labores universitarias) que, tras una vida preconizando entre los
políticos y los burócratas la entronización de ‘la justicia que es la libertad de la verdad’ frente a
las falacias sociales del caciquismo, la enseñanza, la universidad o los intelectuales, y las
corruptelas de la realeza, los políticos estatales y municipales y los burócratas, ha de terminar
sus días denostado por los bandos que contienden en nuestra guerra civilista y proclamando,
casi como testamento político, la conocida aserción de ‘venceréis pero no convenceréis’. Este
regeneracionismo se mantuvo en la defensa de la ‘obra bien hecha’ de los novecentistas
catalanes y la Generación del 14, pero culminó de nuevo en el famoso ‘no es esto, no es esto’
de Ortega frente a la nueva deriva frentista de la política española republicana en su célebre
discurso conocido como Rectificación de la República de 1931. Posteriormente sufriría el exilio
y tras su vuelta no pudo recuperar su cátedra de filosofía.
FERNÁNDEZ AJENJO, José Antonio (2014). La ejemplaridad pública como modelo de gobernanza frente a la crisis XX I. Curso de Valores Humanos:
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FILOSOFÍA ESPAÑOLA INGENUA
Julián Marías
Concordia
Cortina
Gomá
Ética cordial
Ejemplaridad pública
Filosofía ingenua
Filosofía de la concordia Julián Marías
En la etapa de barbecho político e intelectual que supuso el régimen franquista, Julián Marías
ha jugado el papel de continuador de la filosofía de la razón vital de sus maestros, permitiendo
que llegara viva al momento de la Transición. Para ello construyó una filosofía de la
convivencia a partir de la defensa de la concordia como valor prioritario por encima del
acuerdo o el desacuerdo, y que, precisamente, permite discrepar desde una base amplia de
coincidencias en la que ninguno de los contendientes tiene toda la razón. A su vez, denuncia la
discordia promovida desde la insolencia de quien cree que sus razones son las únicas políticas
relevantes que esconden actitudes totalitarias, y advierte de la los planteamientos insolentes,
sobre todo en política, que a pesar de su habitual falsedad, prenden con rapidez propagados
por los medios de comunicación
Tecnocracia y ética pública
Junto al pensamiento filosófico, justo es de destacar en esta etapa el trabajo de los llamados
tecnócratas ante la problemática del buen gobierno, fundamentalmente a través de figuras
provenientes del Derecho Administrativo que configuraron dos escuelas contrapuestas (López
Rodó y García de Enterría).
Más recientemente, iniciada la nueva andadura democrática estos tecnócratas defendieron la
ética pública, como el catedrático NIETO GARCÍA detectó la deriva antidemocrática de los
partidos políticos y desde una posición de crítica ha denunciado desde 1984 a 2010 la
corrupción de la España democrática.
A finales de siglo, los juristas del Derecho público retoman el problema, pero no ya desde la
denuncia, sino desde el planteamiento de propuestas éticas de regeneración de la vida
pública, entre los que cabe destacar las aportaciones de GONZÁLEZ PEREZ (1996)
Filosofía jurídica
A su lado, surgen las primeras aportaciones filosóficas que caracterizan la corrupción en todo
caso como una infracción de un deber ético pues en los Estados sociales y democráticos de
Derecho estas violaciones son consideradas tanto antidemocráticas como inmorales, como es
el caso de GARZÓN VALDÉS (1997-Argentino y colaborador Pompeu Fabra) y MALEM SEÑA
(1997 y 2000). Como destaca GARZÓN VALDÉS (1997), la diatriba de los decisores de si
respetar o vulnerar el sistema normativo se suele resolver mediante una adhesión retórica al
sistema normativo relevante y un subsistema de corrupción basado en una red de complicidad
que procure el silencio y el disimulo.
Ética cívica
Desde el plano filosófico, CORTINA (1997) señala que el antídoto frente a las acciones que
desvirtúan el bien interno de la sociedad no puede residenciar en el maximalismo del mito
platónico del filósofo-rey o del fundamentalismo moralizante del incorruptible jacobino
revolucionario, ni descansar exclusivamente en la ley penal como última frontera contra el
fraude; sino que debe abordar un camino intermedio que permita la regeneración moral de la
sociedad y el sistema democrático desde el compromiso personal de tratar de ser un buen
profesional y un buen ciudadano, sin olvidar que “las élites políticas, económicas y mediáticas
tienen mayor poder y, por tanto, mayor responsabilidad”.
Ejemplaridad pública
Como propuesta de este camino intermedio, la figura de GOMÁ LANZÓN (2009 y 2013) supone
una síntesis de todos estos valores que deben conformar el buen gobierno de lo público bajo
una idea central como es la ejemplaridad pública. Esta ejemplaridad no debe entenderse como
la búsqueda de modelos excepcionales de comportamiento, sino como un intento de ejercer
las funciones públicas en su sentido más amplio bajo la consciencia que nuestro
comportamiento será juzgado e imitado en tanto que se acerque a los valores ideales de las
sociedades democráticas avanzadas. Como arquetipo de superjemplaridad, propone el modelo
de vida del Galileo, como el denomina a Jesús de Nazaret, en tanto que «ser» personalejemplar como forma de acceso a la verdad que refleja “la mala conciencia que nace ante la
fuerza de una ejemplaridad en presencia”. La traslación de este concepto no jurídico de la
ejemplaridad a la vida pública constituye a los políticos en ejemplos de costumbre pues de
ellos se demanda confianza para responder a la pregunta de si es o no es Vd. fiable.
Filosofía ingenua
Estas características convierten a la ejemplaridad pública en una propuesta ingenua, como nos
dice Gomá, porque aunque se alienta el deber ser, los antecedentes permiten augurar su
fracaso ante la falta de voluntad política, y a pesar de ello, se trabaja en su defensa como un
paso más para sucumbir al fatalismo.
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CIRCULO VIRTUOSO DE LA EJEMPLARIDAD
PÚBLICA
Estado de
Derecho
Círculo
Virtuoso
GoberGobernanza
ÉTICA
•Imperio
Imperio de la Ley
•Liderazgo
Liderazgo virtuoso
•Profesionalidad
Profesionalidad
diligente
•Responsabilidad
Responsabilidad
cooperativa
•Integridad
Integridad cívica
Doctrina española y ejemplaridad pública
Los planteamientos de la doctrina española sobre el buen gobierno y la corrupción siguen la
tradición de dirigirse más a un ser humano débil y falible que al arquetipo perfecto de la
filosofía política clásica, al igual que el fatalismo de Averroes relativiza el idealismo platónico y
el racionalismo aristotélico, el humanismo de la escolástica salmantina deriva derechos
personales desde la doctrina tomista o que el sentimiento trágico de la vida de Unamuno
traslada al lado espiritual el deber ser kantiano. De la misma forma, CORTINA y GOMÁ van a
dulcificar la doctrina del gobierno justo, hasta colocar la vara de medir a la altura de un ser
humano siempre perfectible.
Imperio de la ley
Desde el imperio de la ley, la doctrina publicista española se decanta por una defensa de la
voluntad general rousseauniana que resulta un tanto retrógrada en un mundo que prioriza la
individualidad de lo que el pensador ginebrino denominaba voluntad común. Como dice
GOMÁ, en la sociedad contemporánea caracterizada por sobreponer la individualidad por
encima de la voluntad general y los deseos personales por encima de las reglas de juego
comunes, los líderes mundiales mesiánicos y los gobernantes locales caciquiles son aceptados
entusiasta o resignadamente por unas masas que sienten que el nuevo líder representa a cada
uno de los ciudadanos-masa. A la contra, los defensores de una actitud ciudadana y política
ejemplar, defienden una ya antigua legitimidad de la ley, aún en contra de los intereses
personales que, como único rasgo de modernidad, debe de tener en cuenta al nuevo
ciudadano-rey del mundo a la hora de legislar y gobernar en nombre de todos.
Circulo virtuoso
Este pensamiento filosófico camina en consonancia con un programa político y científico como
la gobernanza, que si bien tiene su origen en el ámbito corporativo anglosajón y trae sus
recetas del impulso recibido desde las organizaciones internacionales, en las propuestas
españolas se adapta a reconocer el buen gobierno como un auténtico derecho ciudadano. Para
ello me atrevería a proponer, sumándome al planteamiento positivo de la actual doctrina
española, un círculo virtuoso de la ejemplaridad pública que, manteniendo como principios las
conquistas del Estado social y democrático de Derecho, se ejercite a través de un programa de
gobernanza basado en los instrumentos del liderazgo virtuoso que pide a los gobernantes
virtudes personales éticas y estéticas, la profesionalidad diligente que conjugue la clásica
diligencia del buen padre de familia con la calidad de los servicios públicos, y la
responsabilidad cooperativa que, sin dejar de condenar duramente las conductas más
perversas, señale las desviaciones de los fines públicos más a través de recomendaciones para
volver al buen camino que mediante castigos inhabilitantes. La meta final será la integridad
sustantiva y formal del servidor público mediante un activismo ético que apoye las acciones de
los administradores honestos y sirva de altavoz para poner en luz el conjunto de corruptelas e
intereses perversos que dañan a las Administraciones Públicas.
Integridad personal
Por lo tanto, la integridad ética personal es un punto de llegada y no de partida, aunque
siempre es importante salir con buena salud, pero lo que interesa a la sociedad es como se
llega al final. La finalidad última será la integridad ética sustantiva y formal que proscribe el
principio maquiavélico de que el fin justifica los medios (MÉNDEZ, 2013).
Diapositiva 8
“Codicia de los especuladores, imprudencia de los banqueros y cinismo de
los políticos es una mezcla letal” (MÉNDEZ, 2012)
DE LA CRISIS DE VALORES A LA CRISIS
ECONÓMICA
D. José María Méndez
El éxito económico y social del siglo XX, ha ido acompañado en el lado intelectual por un
desengaño existencial producto del fracaso de los ideales que conllevaron a dos grandes
conflictos mundiales. Como dice D. José María MÉNDEZ (2012) en su obra ¿Crisis económica o
crisis de valores?, hay un hilo narrativo entre la crisis de valores que comienza a manifestarse
con la revolución del 68, una crisis institucional de los años 80 y la actual crisis económica
sistémica de este siglo XXI.
Esta crisis de valores se detecta con la revolución de 1968 que con su famoso lema prohibido
prohibir dejó fuera la posibilidad de toda ética o moral de obligado cumplimiento y transformó
todos los valores en valores estéticos sujetos al gusto personal. Con ello, se negó el primero de
los valores que es la existencia de la verdad que permite discernir entre lo bueno y lo malo, o
entro lo justo y lo injusto.
En todo caso, cuando hablamos de la crisis actual hay que tener claro que los responsables
directos de la crisis han sido los codiciosos, pero hay cuotas mediatas de responsabilidad en
otros sectores y entre ellos hay que destacar la filosofía.
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DE LA CRISIS DE VALORES AL LIDERAZGO
VIRTUOSO
Buen
Gobernador
vs Tirano
Posmodernismo
(pensamiento
débil)
Habermas
(corrupción
amoral)
España
(corrupción
política)
Nolan (virtudes
públicas)
Buen Gobierno
(liderazgo
virtuoso)
Pietro y Ambrogio Lorenzetti. La Alegoría del Buen y el Mal Gobierno del Palacio Público de Siena
Posmodernismo (pensamiento débil)
Como bien nos indica el magisterio de D. José María Méndez (2012), la actual crisis mundial no
es sólo un problema de ciclos económicos, sino también trae causa de una pérdida de
conciencia moral provocada por el llamado pensamiento débil del último cuarto de siglo XX
que ha atacado al valor de la Verdad. Y como el mismo dice, cuando la verdad pierde valor
como referencia, el único norte al que seguir es la ley del más fuerte. Como ha demostrado el
último informe de la Unión Europea sobre la corrupción, el número de personajes públicos
corruptos y especuladores que medran a su alrededor son legión. Y, añade D. José María en la
Introducción de su libro, “sobre todo son legión los intelectuales miopes. Si no hay un mínimo
de honestidad en las costumbres, no hay economía que aguante”.
En España es especialmente dolorosa esta miopía intelectual que sustituye la Verdad por la
Universalidad temporal, cuando en nuestra tradición, como hemos visto, los pensadores se
han caracterizado por defender la ética de la virtud en el gobierno de los asuntos públicos de
forma quijotesca, con Unamuno como estandarte de los filósofos que hasta la segunda
república española lucharon por la regeneración de nuestra forma de gobierno, que tuvo
siempre como lema la Verdad por encima de la paz.
Habermas (corrupción amoral)
En este plano, desde la filosofía política es paradigmática la ética discursiva de Habermas, la
cual no aspira a los valores de la justicia en la búsqueda del bien común, sino sencillamente a
resolver los conflictos interpersonales generados por la confrontación de intereses con
soluciones que, si bien buscan la validez universal, no se arrogan el carácter de verdad, pues
son soluciones hipotéticas sujetas siempre a su sustitución por nuevas teorías demostradas
como empíricamente válidas.. Cabe aducir que si el bien común no tiene como referente el
valor de la justicia todas las teorías son igualmente válidas, hasta la más descabellada y puede
considerarse como valor universal si obtiene el beneplácito de la mayoría con la suficiente
propaganda.
Estos planteamientos justifican la existencia de seres amorales en la vida pública, en tanto que
su acción política será considerada legítima si ofrece una solución temporal al problema social
en conflicto. Por lo tanto, tan válida será la postura del político honrado que gestiona los
servicios públicos sin lucrarse, como el que deriva beneficios en la gestión pública hacia
intereses personales, siempre que con su acción satisfaga las necesidades ciudadanas.
España (corrupción política)
En el caso español, la deserción de los valores que rigen la ética pública se produjo con el
comienzo de la etapa democrática, habiéndose madurado hasta explotar, por segunda vez,
pues ya tuvimos una fuerte crisis de ética en los años 90, con la crisis económica iniciada en
2008. La llegada de la democracia significó la esperanza de que, por fin, España pudiese contar
con un sistema de gobierno caracterizado por un cuerpo de gobernantes dedicados a la
defensa del bien común. No obstante, el caso Roldán demostró una década después como en
el sistema se habían incluidos una serie de individuos amorales, que bajo el paraguas de su
gestión eficaz aunque elusivas de los controles legales, prosperaban en la esfera política hasta
alcanzar las mayores cotas del poder. Mientras estos individuos menos recomendables
prosperaron en la esfera política y fueron apartando a aquellos que realmente tenían una
vocación de servicio público. Consecuencia de ello, en estos momentos el Gobierno se ha visto
obligado a plantear un proceso de regeneración democrática.
Nolan (virtudes públicas)
En los 90, las democracias occidentales reaccionaron ante este clima de corrupción política
que empezó a desprestigiar a las instituciones públicas, y corresponde el mérito del Informe
Nolan (1995) encargado por el Parlamento británico el exponer en el abandono de valores
básicos de la acción pública como la austeridad, la objetividad y la honestidad, y propone los
denominados siete principios de la Vida Pública (el desinterés, la integridad, la objetividad, la
responsabilidad, la transparencia, la honestidad y el liderazgo).
Buen Gobierno (liderazgo ejemplar)
En el aspecto ético, el pensamiento español ha recurrido siempre al maximalismo del rey-sabio
que garantiza la gobernabilidad a través de un liderazgo virtuoso pleno de virtudes éticas y
estéticas.
La propuesta del liderazgo virtuoso parte de la especial responsabilidad de los políticos como
modelos ciudadanos y, sin renunciar a los valores clásicos, dulcifican la doctrina del gobierno
justo hasta colocar la vara de medir a la altura de un ser humano siempre perfectible. Así,
CORTINA (2013) propone que la ética pública consiste en incorporar en el êthos o carácter de
las personas y los pueblos hábitos y costumbres justos porque “son las propias de gentes
cabales”. A esto añadirá GOMÁ que el buen gobernante busca imponerse mediante la
costumbre que se legitima por la aprobación colectiva y no con la coacción, sino con el
“reproche social y, en su caso, con la mala conciencia” (2009,158-159). En definitiva, desde la
ejemplaridad pública no se buscan santos o héroes, sino gobernantes con honestidad de
conciencia que, aunque puedan flaquear en algún momento, sean conscientes que su
decantación por la defensa de lo público o de sus intereses personales es modelo para los
demás pues “en materias morales, el momento de la verdad reside en el ejemplo, no en el
concepto” (GOMÁ, 2013, 51-52).
FERNÁNDEZ AJENJO, José Antonio (2014). La ejemplaridad pública como modelo de gobernanza frente a la crisis XX I. Curso de Valores Humanos:
Facultad de Filosofía de la Universidad Complutense. Madrid: 28de abril.
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DE LA CRISIS INSTITUCIONAL A LA
PROFESIONALIDAD DILIGENTE
Paz vs
Guerra
Personalismo
(institucionalismo
débil))
Juan Pablo II
(corrupción
acomodada)
España
(partitocracia vs
instituciones)
Rawls
(instituciones
justas)
Buen carácter
institucional
(profesionalidad
diligente)
Pietro y Ambrogio Lorenzetti. La Alegoría del Buen y el Mal Gobierno del Palacio Público de Siena
Personalismo (institucionalismo débil))
Como nos dice MÉNDEZ (2012), frente al posmodernismo surgió el personalismo o humanismo
integral que defendía la tradición Occidental de la búsqueda apasionada de la verdad
(Maritain, Hildebrand, etc.) pero pecaron de un defecto que les hizo perder la batalla
ideológica que es que los “bienintencionados autores eran también lógicamente débiles” (p
61). El pensamiento débil, agrega el autor, sólo se combate con un pensamiento fuerte con
una axiología apoyada en la lógica formal que analice la coherencia lógica entre lo que se dice
y lo que se hace.
A nivel político, la debilidad fundamental del humanismo integral preconizado por MARITAIN
es pensar que el ideal de la comunidad fraterna se obtiene únicamente con la educación de
unos ciudadanos basado en un ethos altruista pleno de virtudes que da lugar a unas
instituciones públicas al servicio de las personas. No obstante, esta creencia del hombre ético
les lleva a minusvalorar la importancia de las instituciones como instrumento para desarrollar
los valores sociales, pues como decía MOUNIER, el Estado no deja de ser un ente artificial que
actúa como último recurso. Partiendo de esta premisa válida, MOUNIER proclama su
Manifiesto personalista en el que defiende una educación personalista en la que el Estado no
tiene autoridad para intervenir. Con ello, se debilita el carácter institucional del Estado en la
Sociedad que le dota de una personalidad con alma y principios propios que le legitima para
ejercer la autoridad en los asuntos públicos.
Juan Pablo II (corrupción acomodada)
Como es sabido, Juan Pablo II ratificó su defensa del humanismo integral en su encíclica
Sollcitude Rei Socialis (1987), reiterando la confianza en una fraternidad cívica que se
obtendría de unos ciudadanos bien educados en el altruismo y la entrega a los demás. El
resultado de este institucionalismo débil es la realidad del Estado Vaticano que hoy en día es
una entidad lastrada por una corrupción sistémica que se mostró incapaz de corregir el actual
Papa emérito.
En este, como en otros casos, se ha demostrado que, junto a los defraudadores profesionales,
las instituciones se llenan de corruptos acomodados, es decir, de servidores públicos (desde
jueces a subalternos), que si bien no participan de las actuaciones nefandas, si que incumplen
su misión de servicio público al facilitar por acción o omisión acomodaticiamente su comisión.
España (partitocracia vs instituciones)
Esta crisis institucional que ha creado entidades públicas amorales sin responsabilidad social
también se ha desencadenado en España a través de la partitocracia que ha conllevado a que
el ejercicio del poder, falto de referentes morales colectivos, se basaba en las decisiones de
políticos que decidían las necesidades públicas priorizando intereses partidistas de lo que no
debían dar cuentas a nadie. La consecuencia ha sido que las principales instituciones del
Estado, ante la dejadez de responsabilidad institucional, han sido coaptadas por dirigentes
cuya única base de autoridad era la satisfacción corrupta de sus intereses.
Rawls (instituciones justas)
Frente a esta debilidad institucional, hay que señalar, siguiendo RAWLS (1980) en su
Liberalismo político, que los acuerdos sociales justos dirigidos al bien común únicamente
obtendrán el cumplimiento voluntario de estos acuerdos dependiendo de la confianza
adquirida por los ciudadanos en que los acuerdos de las instituciones públicas son
efectivamente justos e imparciales. Esta práctica ha de permitir llegar a sociedades razonables,
compuesta de personas cabales que, sin impedir la existencia de objetivos individuales,
establecen instituciones dirigidas a alcanzar un bien social consensuado en base a los
principios de justicia. Únicamente cuando nos acercamos a estos estados ideales, los
ciudadanos podrán actuar con confianza en las instituciones públicas bajo la razonable
seguridad que el conjunto del entramado cívico actuará regidos por decisiones tendentes a
encontrar lo justo. Esta confianza se debe construir a través dos principios de justicia: el
principio de la diferencia que otorga mayores beneficios a los más desfavorecidos y el principio
de igualdad de oportunidades que abre los cargos y puestos a todas en condiciones de
igualdad.
Buen carácter institucional (profesionalidad ejemplar)
La crisis actual ha demostrado que las instituciones con malas costumbres se convierten en
meramente reactivas y cortoplacista llevando a las sociedades hacia la catástrofe (CORTINA,
2014). Frente a ello, es necesario que las personas e instituciones, siguiendo el modelo de los
éticos griegos, se forjen un buen carácter que les lleve a adquirir buenas costumbres. La base
de este buen carácter es un buen hacer que, aunque apunta a la excelencia tomista se
conforma, como aboga CORTINA, con el punto medio de la diligencia propia de un buen padre
de familia exigida por los jurisconsultos romanos; si bien esta ausencia de maximalismo no
implica, como señala PONCE (2001 y 2012), que no se aspire a la calidad de los servicios
públicos. Esta propuesta enlaza con la defensa de la obra ‘bien hecha’ del novecentismo de
D’Ors o el regeneracionismo de Ortega, si bien, como novedad, obvia el maximalismo que
prioriza el ejemplo de las élites por encima del buen hacer al que puede aspirar todo
ciudadano.
La herramienta principal será la profesionalidad de los actores públicos elegidos política o
administrativamente por razones de meritocracia, pues en caso contrario, como ya explicaba
Santo Tomás en la Suma Teológica, se está incurriendo en un pecado de acepción de personas
al transgredir la justicia distributiva pues no se reparten con equidad entre los ciudadanos los
bienes y las cargas públicas. Por ello, la política de nombramientos debe evitar la
recomendación como fórmula de nepotismo (CORTINA, 1997) y establecer mecanismos que
faciliten el acceso y ascenso de los mejores en los escalafones de la función pública. En
contrapartida, los servidores públicos han de decantarse por un profesionalismo ejemplar que
no debe entenderse como modelos excepcionales de comportamiento (GOMÁ, 2009), sino por
la consciencia de que su actuación servirá de ejemplo público y que será juzgada como valioso
o pernicioso conforme se acerque o no a los valores sociales de justicia. Como ha agregado
GOMÁ (2013, ejemplaridad transversal), deben dejar atrás la seguridad de las vidas vulgares y
asumir la incertidumbre de las vidas ejemplares, postergando la tradicional aristofobia hacia el
ciudadano modélico que denunciaba Ortega en la España invertebrada.
FERNÁNDEZ AJENJO, José Antonio (2014). La ejemplaridad pública como modelo de gobernanza frente a la crisis XX I. Curso de Valores Humanos:
Facultad de Filosofía de la Universidad Complutense. Madrid: 28de abril.
Diapositiva 11
DE LA CRISIS ECONÓMICA A LA
RESPONSABILIDAD COOPERATIVA
Concordia vs
Discordia
Pensamiento
ingenuo (bondad
natural)
Crisis económica
(arresponsabilidad)
España (caso
preferentes)
Francisco
(corrupción
venial)
Responsabilidad
cooperativa
(nudgets)
Pietro y Ambrogio Lorenzetti. La Alegoría del Buen y el Mal Gobierno del Palacio Público de Siena
Pensamiento ingenuo (bondad natural)
Todo pensamiento actual tiene sus filiaciones, en este caso nos vamos a remontar a un
ancestro no demasiado lejano como es el de Rousseau. Las reflexiones del ilustre ginebrino
lograron grabar en las sociedades modernas el sello inalterable del imperio de la ley por
encima de la voluntad de los gobernantes y los ciudadanos, pero este postulado partía de una
premisa débil basada en el antagonismo entre un ser humano sano y una sociedad corruptora.
Este punto de partida ingenuo de la bondad del hombre natural frente a la degeneración del
hombre histórico obviaba que el hombre es per se éticamente dual y su decantación por la
virtud o la corrupción es propia de la libertad que le proporciona su naturaleza racional. Por lo
tanto, el hombre nace éticamente neutro y será su naturaleza racional la que le dote del libre
albedrío para decantarse moralmente. Si bien hay que decir que el planteamiento
rousseauniano corregía esta deficiencia con el fortalecimiento de las instituciones por encima
de la voluntad particular, en un mundo éticamente débil como el actual este planteamiento ha
llevado a relajar los mecanismos de control, tanto sociales como institucionales, bajo la
premisa de la confianza ciega en los representantes públicos.
Crisis económica (arresponsabilidad)
En la actual crisis económica se ha puesto de manifiesto dramáticamente la cultura de la
arresponsabilidad del hombre contemporáneo, y traslativamente de sus instituciones, que no
han ejercido sus deberes de exigir el cumplimiento de las leyes y denunciar los abusos de los
hombres de negocios corruptos. El confiado ser humano actual ha dado por supuesto que los
seres humanos individuales (el banquero, el inmobiliario o el estadista) son por si mismo
buenos y que únicamente podrán ejercer acciones nefandas por influencia de sus
instituciones. Como consecuencia, cada ciudadano ha confiado el control de las desviaciones
éticas a sus instituciones estatales que son las únicas responsables de corregir las malas
acciones sociales. Esta desconexión este individuo y sociedad ha conllevado la lógica
consecuencia de que nadie, ni individuos ni instituciones, se hayan preocupado de denunciar
los males que han dado lugar a la fuerte crisis financiera. No hay que olvidar que si la
educación permite al hombre decantarse por el bien frente al mal, para combatir los excesos
de la libertad es necesario como antídoto el correlato de la responsabilidad. Una ciudadanía
educada pero no responsable facilita el triunfo de la corrupción frente a la virtud.
España (caso preferentes)
Como en muchos otros países, en España nos hemos dejado llevar por la irresponsabilidad de
pensar que las malas acciones de los demás no han de recaer sobre nuestras conciencias, sino
que, en todo caso, esto debe preocupar a los poderes públicos, y, al igual que lo ocurrido a
nivel mundial, la reacción ha sido tardía. Un buen ejemplo de esta irresponsabilidad colectiva,
y cabría citar cualquier otro, es el llamado caso de las preferentes en el que las instituciones
financieras comercializaron entre inversores minoristas productos de alto riesgo haciéndoles
creer que se trataban de depósitos a plazo tradicionales. En esta mala praxis, la culpabilidad
del engaño es evidentemente de las entidades financieras y los directivos y empleados que
accedieron a tramitar estos productos abusando de la confianza de los inversores. No
obstante, si todos los actores sociales hubiesen actuado responsable y cooperativamente, los
departamentos técnicos del Ministerio y Consejería de Hacienda, y los organismos
supervisores del Banco de España y la Comisión Nacional del Mercado de Valores deberían
haber dado la voz de alerta de esta práctica generalizada para que se adoptaran las medidas
correctivas necesarias. Además desde la sociedad civil, los ciudadanos menos legos en esta
materia deberían haber advertido a sus allegados del riesgo del producto que habían
adquirido, los clientes engañados deberían de haber puesto la pertinente reclamación ante la
entidad financiera y los medios de comunicación alertar a la opinión pública. De esta forma, las
entidades financieras hubiesen tenido que desistir pronto de estas malas prácticas bancarias.
Por el contrario, todas las personas e instituciones que tuvieron conocimiento de los hechos
trataron de resolver el problema ‘sin complicarse la vida’ y la cuestión permaneció oculta hasta
su estallido final.
Papa Francisco (corrupción venial)
Esta ausencia de responsabilidad de los ciudadanos virtuosos ha sido denominada por el Papa
Francisco (2013, 57-64) como un caso de corrupción venial que, en referencia a los
representantes eclesiales, constituye una omisión del deber de denuncia de los actos
reprobables. En este estado venial los ciudadanos se convierten en conciencias dormidas que,
bajo el principio de que “el corazón no quiere líos”, se habitúan al ‘mal olor’ que desprenden la
corrupción y facilita su expansión.
La contrapartida de esta libertad de acción es la responsabilidad social, es decir, la conciencia
ante sus conciudadanos de que sus acciones son beneficiosas o perjudiciales para la sociedad.
Responsabilidad cooperativa (nudgets)
Por lo tanto, la respuesta ética ante la crisis económica debe ser la asunción de una
responsabilidad cooperativa que, sobre la base de la participación de todos los actores
políticos, obtenga una sociedad que valore a los buenos gobernantes y alerte ante los intentos
de fraude. Desde luego, que para este fin es necesario que las instituciones públicas premien
las buenas acciones como ascensos y recompensas, y castigan a los defraudadores con castigos
y sanciones, pero es más prudente comenzar con la cooperación (CORTINA, 2014) de todos los
actores que permitan acercarse a los servidores públicos que son dignos de respeto y
recomendar un cambio de actitud de aquellos que priorizan su beneficio personal. Desde esta
perspectiva de la ejemplaridad pública (GOMÁ, 2013) se castiga el error y las desviaciones más
con una recomendación o nudget que permite volver al buen camino que mediante un castigo
inhabilitante, y se comparte el fracaso frente a los perjuicios de las malas políticas. Un buen
ejemplo de este espíritu solidario frente a la adversidad es la reacción de la sociedad española
ante la grave crisis económica que ha soportado estoicamente los sacrificios necesarios para
superarla bajo la consciencia común de que las dificultades se debían a una actitud colectiva
de ‘haber vivido por encima de sus posibilidades’.
Diapositiva 12
CONCLUSIÓN
Diapositiva 13
HACIA LA REPÚBLICA DE LA AMISTAD
•«Con
«Con frecuencia se confunde la concordia con el conformismo y con la uniformidad y
creo que nada tiene que ver con ellos. Su raíz estriba precisamente en el pluralismo, la
libertad y la solidaridad. Sin ellas no es posible la concordia. La concordia jamás se
impone, se busca en común y se realiza con el esfuerzo de todos»
(ADOLFO SUÁREZ)
Cordialidad
Ejemplaridad
Buen
Gobernante
Buen
Gobernante
Conclusión
En definitiva, el planteamiento de la ejemplaridad no maximaliza las exigencias del buen
gobierno como nuestros clásicos, sino que proclama la búsqueda de una república de la
amistad, como la denomina Gomá, que prioriza la concordia por encima de la justicia y que
tiene como base dos grandes valores, la cordialidad entendida como prudencia con corazón
(CORTINA) y la ejemplaridad basada en la conciencia de ser modelo para los demás (GOMÁ).
Epílogo
Y para terminar, en este estado de desafección ciudadana ante la continuidad de malos
ejemplos de nuestros gobernantes, cabe preguntarse si podemos citar a personas que hayan
cumplido contemporáneamente con los requisitos de buen gobernante, y hay que decir que sí,
que cabe encontrarlos. A modo de simple modelo, cabe citar en el pasado reciente, a Adolfo
Suárez, presidente del Gobierno de la Transición, que a lo largo de su vida política ha
demostrado que el acierto o el error en la decisiones públicas es compatible con la conciencia
de intentar actuar siempre en favor del interés de todos, culminando su vida con un balance
positivo a nivel de honestidad personal y honradez político. De la misma forma, el también
recientemente fallecido alcalde de Bilbao Iñaki Azcuna, es representativo de una forma de
ejercer la política desde la apuesta por la convivencia y la vocación de servir a los demás, lo
que le ha llevado a ser reconocido como mejor alcalde del mundo en 2012, y, lo que es más
importante, ganarse el respecto de todos sus convecinos.
Como corolario del planteamiento intelectual y vital de esta clase de gobernante, son
significativas las palabras de Adolfo Suárez en su discurso al recibir el premio Príncipe de
Asturias de la Concordia en 1996: “Con frecuencia se confunde la concordia con el
conformismo y con la uniformidad y creo que nada tiene que ver con ellos. Su raíz estriba
precisamente en el pluralismo, la libertad y la solidaridad. Sin ellas no es posible la concordia.
La concordia jamás se impone, se busca en común y se realiza con el esfuerzo de todos”.
FERNÁNDEZ AJENJO, José Antonio (2014). La ejemplaridad pública como modelo de gobernanza frente a la crisis XX I. Curso de Valores Humanos:
Facultad de Filosofía de la Universidad Complutense. Madrid: 28de abril.
Diapositiva 14
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