San Agustín y Santo Tomás

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Desde Aristóteles a la escolástica: Filosofía y
religión: San Agustín y Santo Tomás
Templo de Saturno en el Foro romano y Panteón, Roma. Imágenes en Wikipedia Commons
Mira estas dos fotografías: en ambas se muestran construcciones de la Antigua Roma, un
mundo marcado por la influencia griega. Seguramente habrás paseado por alguno de los
numerosos emplazamientos donde permanecen restos arqueológicos romanos. Al imaginar
cualquiera de ellos en su esplendor probablemente te habrás sorprendido por el alto nivel de
desarrollo que alcanzaron entonces. También te habrás preguntado ¿qué llevó al abandono de
sus edificios y en muchos casos de sus trazados urbanos? ¿Qué cambió para que ese mundo
quedara definitivamente atrás? A la derecha tienes el Panteón de Roma, el único edificio que
mantiene su uso ininterrumpido desde la Antigüedad en esta ciudad. Fue construido
originalmente por Agripa el 27 A.C. y dedicado al culto de las divinidades celestes de la
mitología romana. Su sala central se constituye con una cúpula semiesférica en representación
del cosmos tal como lo concebía Aristóteles. El Papa Bonifacio IV lo transformó en el siglo VII
en una iglesia cristiana, su adaptación al nuevo contexto nos da una razón de su conservación
hasta nuestros días…
¿Recuerdas las imágenes de Atenas que vimos en el capítulo dedicado a los sofistas y a
Sócrates? Allí te proponíamos que imaginases a Sócrates situado en el ágora, donde solía
dialogar con sus conciudadanos, ironizando sobre la solidez de nuestros conocimientos. Tras el
declive del mundo clásico griego y el ascenso del poder romano, el debate filosófico no va a
cesar, pero en esta etapa que viene a continuación veremos que algunas cosas van a cambiar.
Si miras a la imagen de abajo, que representa una escena medieval, observarás que los
protagonistas del dibujo debaten sobre alguna cuestión y parecen apoyar sus argumentos en la
autoridad de unos textos sagrados. En la Edad Media culminará un proceso iniciado en el Bajo
Imperio romano que vincula la filosofía a la religión, subordina la verdad racional a la de la fe y
convierte las cuestiones teológicas en el centro del pensamiento filosófico.
Disputa entre eruditos cristianos y judíos
Imagen de Wikimedia Commons
Hemos asistido al recorrido llevado a cabo por la filosofía en Grecia desde su nacimiento en
Jonia hasta los planteamientos del periodo helenístico. Las corrientes filosóficas nacidas en
Grecia tienen su continuidad en Roma, su imperio extiende estas ideas por el Mediterráneo. Sin
embargo, un fenómeno histórico marca el rumbo de la Filosofía: la aparición del
cristianismo. Del encuentro entre la filosofía y el cristianismo surgen planteamientos como el
de San Agustín de Hipona, en el siglo IV, que lleva a cabo una adaptación del platonismo a
las creencias cristianas. Su obra será determinante para el mundo cristiano.
La Edad Media se caracteriza por un quehacer filosófico en el que la religión y los temas
vinculados a la misma ocuparán el lugar central, bien sea en un contexto cristiano, islámico o
judío. En el Occidente cristiano sobresale una figura: la de Santo Tomás de Aquino, en el
siglo XIII. La filosofía aristotélica es recuperada de mano de los árabes, Tomás de Aquino se
basa en ella para constituir un sistema aristotélico cristiano de referencia.
1. La irrupción del cristianismo
Catacumba cristiana: Alceste ante Hércules
y Cerbero, de Wikimedia Commons
Las corrientes filosóficas que tuvieron su origen en
el mundo griego se extendieron al romano, en éste
mantuvieron su continuidad modelos como el
platónico, el aristotélico, el epicúreo o el
estoico. La filosofía coexistía con un planteamiento
religioso politeísta común a las culturas griega y
romana. Sin embargo, un fenómeno que vino a
modificar el contexto en el que hasta ahora se había
desenvuelto la actividad filosófica fue la irrupción
del cristianismo, una religión monoteísta que
comparte con el judaísmo su visión sagrada del
Antiguo Testamento, pero centrada en la figura de
Jesús de Nazaret, al que se considera el hijo de Dios
y el Mesías prometido en los libros sagrados.
Con el paso del tiempo Roma pasó de la persecución
del cristianismo a convertirse en su principal referente, llegando a ser la religión oficial del
Imperio en el siglo IV. Esta religión se extendió de un modo especialmente intenso por
Occidente, donde mantuvo su primacía tras la caída del Imperio Romano, llegando a
constituirse en el principal referente del pensamiento medieval.
Su apogeo inicial obligó a los filósofos a abrirse a nuevos debates planteados desde la religión,
pero que implicaban a la filosofía.
Por arte paleocristiano se entiende a aquél que se lleva a cabo en el ámbito cristiano
en los cinco primeros siglos de nuestra era, desde que surge el cristianismo hasta que el
Imperio romano es tomado por los bárbaros. Éste tiene su primera expresión en las
catacumbas o recintos subterráneos, donde los muros eran pintados y los sarcófagos
decorados con elementos simbólicos.
En esta secuencia de diapositivas puedes contemplar algunas de las obras más
representativas del arte cristiano en el periodo que vamos a estudiar a continuación
desde la filosofía.
Presentación de neni en Slideshare
Vamos a empezar con un sencillo repaso de los datos con los que contamos hasta ahora.
Di si son verdaderas o falsas las siguientes afirmaciones:
San Agustín, que vivió en el siglo IV, llevó a cabo una síntesis entre el platonismo y el
cristianismo.
Verdadero
Falso
Las principales corrientes filosóficas griegas (estoicismo, epicureismo, platonismo y
cristianismo) tuvieron su continuidad en el mundo romano
Verdadero
Falso
Aunque los cristianos fueron inicialmente perseguidos en Roma, en el siglo IV su religión
llegó a ser establecida como la oficial del Imperio
Verdadero
Falso
2. Cristianismo: un mundo creado por Dios
Abajo tienes la imagen de un fresco pintado por Miguel Ángel en el techo de la Capilla Sixtina.
En él se ilustra el episodio bíblico en el que Dios da vida al primer hombre, Adán, creado a su
imagen y semejanza. Para el judeocristianismo éste es el momento culminante de la creación,
una creación que es obra de un Dios eterno que construye el mundo desde la nada.
Creación de Adán. Licencia de Wikimedia Commons
El judeocristianismo traía consigo implicaciones filosóficas novedosas respecto a los modelos
tradicionales, defendiendo:
Una visión lineal del tiempo, con un principio y un final y unos acontecimientos clave
que determinan el sentido y la orientación del mismo: la creación, la llegada del Hijo de
Dios a la Tierra y el juicio final, frente a la concepción cíclica del tiempo característica del
pensamiento griego.
La creación por Dios del mundo desde la nada, que iba más allá de la idea expresada
por algunos filósofos de un dios ordenador de una materia eterna.
Un Dios único e ilimitado: omnisciente, omnipotente y omnipresente, fundamento de lo
real, frente al politeísmo y la sujeción de los dioses al orden superior de la necesidad.
Un Dios paternal y providente, que interviene en los asuntos humanos, algo ajeno a la
filosofía griega.
Una visión del mundo en la que el ser humano, creado a la imagen y semejanza de
Dios, ocupa el lugar central y resucitará al final de los tiempos, lo que contrasta con
visiones de la inmortalidad como la de Platón, que queda limitada a la supervivencia del
alma y excluye al cuerpo.
Una concepción moral basada en la obediencia al mandato divino en el que el mal no se
contempla como ignorancia, sino como pecado. Éste se produce como consecuencia de la
inclinación al mal por el pecado original y por la libertad humana, que hace posible ceder
ante la tentación.
Catacumba romana.
Licencia de Wikimedia Commons
La filosofía cristiana que va desde los primeros siglos
después de Cristo hasta el comienzo de la filosofía
medieval en el siglo VIII se denomina Patrística,
término referido a los Padres de la Iglesia. La dedicación
principal
de
estos
filósofos
consistió
en
el
esclarecimiento del dogma cristiano y la defensa de esta
religión frente a otros modelos paganos o las
variaciones heréticas. Partiendo de la idea de que la
verdad al alcance del ser humano ha sido revelada
por Cristo y de que el medio para acceder a ella es
la fe, su posición frente a la tradición filosófica fue
diversa: por un lado encontraron afinidad con algunos
planteamientos, especialmente los de platónicos y
estoicos, donde consideraban que se habían producido
acercamientos parciales a la verdad, por ejemplo, al
concebir Platón la idea del Demiurgo o al afirmar la
supervivencia tras la muerte. Sin embargo, en otros
casos rechazaban el afán filosófico por alcanzar la
Tertuliano.
verdad a través de la razón y destacaban cómo algunos
Imagen de Wikimedia Commons
filósofos habían llegado a conclusiones contrarias a la
verdad de la revelación, como aquéllos que postulaban
la eternidad del mundo o la mortalidad del alma. Figuras como Justino (s. II) o
Tertuliano (s. II – III) representan respectivamente las corrientes conciliadoras y las
contrarias a la filosofía griega.
Estos primeros siete siglos de filosofía cristiana suele dividirse en tres periodos:
Hasta el concilio de Nicea en el siglo IV, destacándose figuras como los
mencionados Justino y Tertuliano y el neoplatónico Orígenes.
Hasta la caída del Imperio Romano de Occidente en el siglo V, donde se sitúan
figuras como la de San Ambrosio o San Agustín, filósofo al que dedicaremos el
siguiente capítulo.
Hasta mediados del siglo VIII, periodo en el que se encuentran Pseudo-Dionisio
Areopagita, Boecio y San Isidoro de Sevilla.
Contesta verdadero si entiendes que las siguientes afirmaciones se corresponden con el
pensamiento cristiano y falso en el caso contario:
Dios es eterno, existe al margen del tiempo
Verdadero
Falso
A diferencia de Dios, el mundo tuvo un comienzo en el tiempo y tendrá un final
Verdadero
Falso
Dios no conoce nada fuera de él, pues de ser así esto significaría su imperfección y
dependencia respecto al mundo
Verdadero
Falso
Aunque el cuerpo desaparece definitivamente tras la muerte, el alma humana es
inmortal
Verdadero
Falso
3. San Agustín de Hipona
Seguro que puedes recordar diferentes momentos en los que has estado firmemente
convencido de algo, aunque no supieras explicar muy bien por qué: que saldrías de una mala
racha, que cierta persona se pondría en contacto contigo, etc. Tener fe significa estar en la
firme convicción de que algo es verdad. Quien tiene fe religiosa posee un conjunto de creencias
sobre la existencia y sobre un orden sobrenatural. En este sentido puede afirmarse que San
Agustín era un hombre de fe. En un momento de su vida se adhirió al cristianismo y defendió la
verdad de su doctrina. Al igual que en muchas ocasiones buscamos el fundamento racional de
nuestras convicciones, Agustín de Hipona se esforzó por explicar qué sentido tenían sus
creencias religiosas, y creyó sentir la experiencia de estar ante un círculo perfecto en el que
sus creencias y razonamientos se reforzaban cada vez más recíprocamente.
Pero San Agustín no mantuvo tales convicciones desde el principio, y aunque al llegar el
momento tomó una determinación firme y se entregó por completo a profundizar en la doctrina
cristiana y defenderla, es cierto que su vida fue la de un filósofo que nunca dejó de hacerse
preguntas: ¿Cuál es el origen del mal?, ¿de dónde proceden nuestros conocimientos?, ¿qué nos
conduce a hacer el bien?, ¿qué realidad tiene el tiempo?...
Imagen de Wikimedia Commons
A pesar de las diferencias entre los planteamientos de la filosofía griega y las nuevas
creencias defendidas en el cristianismo, muchos pensadores cristianos se sirvieron del
discurso filosófico para adaptarlo a la religión. Es el caso de San Agustín, quien encontró en
el estoicismo y el platonismo elementos que formarían parte de su visión filosófica. Así
respecto a Platón, su división de la realidad en dos mundos, el papel del Demiurgo en la
constitución del Cosmos, la visión dualista del ser humano como cuerpo y alma, junto con la
creencia en la inmortalidad de esta última y la decisión de su destino tras un juicio final,
sirvieron a San Agustín como punto de encuentro para
elaborar, a partir de ahí, un planteamiento filosófico
cristiano fuertemente platonizado.
San Agustín desarrolló una inmensa obra filosófica y
religiosa a favor del cristianismo y en contra de las diversas
herejías a las que éste se enfrentaba en su momento. Su
obra, que tuvo una gran repercusión en el mundo cristiano,
cuenta con obras maestras como Confesiones o La ciudad
de Dios.
San Agustín y Santa Mónica
Archivo de Wikimedia Commons
San Agustín nació en el 354 en Tagaste, una pequeña ciudad bajo administración
romana situada actualmente en Argelia; perteneció a una familia rural con una situación
económica lo suficientemente desahogada como para permitirse su educación. Al nacer
su padre era pagano, pero Mónica, su madre, poseía una firme convicción cristiana e
intentó transmitirle ésta sin éxito a su hijo durante su juventud. Este periodo de su vida
y su conversión al Cristianismo es narrada por el mismo Agustín de Hipona en su obra
Confesiones: estudió filosofía y retórica en Cartago y durante este periodo vivió con
apego a los placeres terrenales, convivió con una mujer al margen del matrimonio y
como resultado de esa unión nació su hijo Adeodato en 372. La lectura de Cicerón le
llevó a adherirse inicialmente al maniqueísmo y más tarde al escepticismo. En Milán
los sermones de San Ambrosio le acercan al cristianismo en un periodo de su vida en el
que descubre la obra del neoplatonismo y se decide por la vida ascética; se convierte
al cristianismo y se bautiza, transformándose y encomendándose desde ese momento
a la proclamación y defensa de su religión, lo que le ocupará hasta el final de su vida en
Hipona, ciudad en la que encuentra la muerte en el 430, tras la descomposición del
Imperio romano y cuando ésta ciudad se encontraba sitiada por los vándalos.
En el mapa de abajo aparecen marcadas algunas de las ciudades más relevantes en su
vida. Pica sobre ellas para ampliar la información.
En el siguiente vídeo tienes una recreación de la juventud de Agustín de Hipona: su
infancia en Tagaste, su marcha a la ciudad de Cartago y la experiencia de sus primeras
inquietudes vitales e intelectuales hasta vincularse al maniqueísmo:
Vídeo en Youtube de
RBNPC
Si te interesó el vídeo y quieres continuar con la historia, te ofrecemos un enlace al
resto de los fragmentos de esta película basada en el relato que el mismo San Agustín
hace de su vida en la obra Confesiones:
3.1. Comprender para creer, creer para
comprender
¿Piensas que las creencias religiosas están reñidas con la razón o, por el contrario, entiendes
que razonando podemos llegar a convencernos de las afirmaciones de una religión? En el
segundo caso, ¿de todas sus creencias o sólo de algunas? Estas cuestiones preocupaban en la
sociedad romana, donde los defensores del cristianismo se dedicaban a organizar racionalmente
sus convicciones y las disputas con sus contarios eran frecuentes.
La doctrina cristiana daba respuestas a cuestiones de diverso
orden. Algunas tenían que ver con aspectos específicos del
dogma religioso, como por ejemplo el asunto de la Trinidad
divina; otras cuestiones habían sido ya abordadas con
anterioridad por la filosofía, por ejemplo: la existencia de Dios,
el origen del mundo o la inmortalidad del alma. En las polémicas
suscitadas entre cristianos y anticristianos, los argumentos a
favor o en contra de las diferentes tesis no tomaban en
consideración las diferencias entre las ideas propias de su
sistema particular de creencias y las que eran aptas para un
tratamiento puramente racional. Agustín de Hipona no fue una
excepción y no llevó a cabo una separación entre un ámbito
propio de la fe y otro de la razón.
Tras su ruptura con el maniqueísmo y su paso por el
escepticismo, Agustín de Hipona abrazó con fervor la fe
cristiana. Se encontraba convencido de que la verdad es única
y que a ella conducen tanto la fe como lo razón. Entiende
San Agustín
que: la razón conduce a la fe, ya que aunque sus verdades no
Imagen de gediknight en Flickr
sean demostrables, sí demuestran que tienen sentido y es
legítimo creer en ellas. Por otro lado es la fe la que orienta
correctamente a la razón al conducirla hacia la verdad. A su vez, es la razón la que
permite esclarecer los contenidos de la fe.
Fe y razón se funden en Agustín de Hipona en la búsqueda de la verdad: se propone alcanzar
por la fe en las Escrituras la inteligencia de lo que éstas enseñan. Un célebre texto de su
Sermón 43 expresa: “comprende para creer, cree para comprender”. Este tendrá
repercusión en autores como San Anselmo: la fe en busca de la inteligencia.
Lee los párrafos de abajo y rellena los huecos en blanco con F o R (siglas de fe y razón).
En un primer momento es la
verdades tienen sentido.
La
orienta correctamente a la
la que conduce a la
, ya que demuestra que sus
, la guía por el camino de la verdad.
Finalmente la
permite esclarecer los contenidos de la
Comprobar
Tanto san Agustín como Santo Tomás defendieron con firmeza la racionalidad de sus
convicciones religiosas. La ciencia de nuestro tiempo es el
ámbito principal en el que el ser humano busca las Bertrand Russell
respuestas a sus interrogantes. Con su amplio desarrollo,
Bertrand Russell, 1950
ésta permite hoy una explicación mucho más amplia y fiable Imagen de Wikemedia Commons
que cuando la religión dominaba en el mundo del saber. Sin
embargo las convicciones religiosas siguen estando
presentes en un importante sector de la población, incluido el intelectual.
En 1948 la cadena británica BBC ofreció a sus oyentes un interesante encuentro entre
dos grandes pensadores: Bertrand Russell, filósofo neopositivista y agnóstico, y el
jesuita e historiador de la filosofía F. C. Copleston. Ambos debatieron en torno a un
asunto que sigue ocupando nuestra atención: La existencia de Dios. Aquí tienes el
debate al completo en este enlace de filosofía.com.mx
3.2. La verdad interior
En la imagen de abajo podemos ver un retrato a carboncillo que representa a San Agustín.
Sosteniendo una pluma en una mano y un corazón en llamas en la otra, contempla una imagen
de naturaleza divina que lo ilumina con sus destellos. En el centro de esa imagen aparece la
palabra veritas, verdad. El artista ha reflejado con acierto la explicación que Agustín de Hipona
encuentra para el conocimiento: al igual que en Platón la idea de bien, representado por el sol,
hacía visibles las ideas, en San Agustín es Dios quien ilumina nuestra alma; esa iluminación da
el conocimiento, la pluma, y transforma la voluntad, el corazón. Es en el interior del alma
donde debemos buscar la verdad.
Fotografía de florenceforrest bajo licencia flickr
San Agustín llegó a simpatizar con el escepticismo en un momento de su vida, pero lo rechazó
cuando se convenció de la existencia de la verdad. Frente a un planteamiento que niega la
posibilidad de la certeza, anticipa un argumento que será empleado más tarde por Descartes en
un contexto diferente: aunque pueda equivocarme en todo, no puedo dudar de mi propia
existencia, si me equivoco existo. Esta certeza indudable niega la máxima del escepticismo.
Distingue entre el conocimiento sensible, que tiene su origen en los sentidos y se refiere a los
objetos de este mundo, y el racional, que se ocupa de lo ideal. Como Platón, también Agustín
de Hipona entiende que el verdadero conocimiento no puede referirse a los objetos
sensibles de este mundo, siempre cambiantes y respecto a los cuales no cabe un conocimiento
universal y necesario, sino a las ideas, que siendo eternas, necesarias e inmutables, son la
expresión de lo verdadero.
Recordarás que Platón se planteó el siguiente problema: ¿cómo conocemos las ideas si
pertenecen a un mundo (el inteligible) en el que el hombre no está porque vive en el sensible?
Su respuesta fue la siguiente: conocemos porque recordamos unas nociones que al unirnos al
cuerpo olvidamos. Como cristiano, Agustín de Hipona no comparte el concepto de preexistencia
del alma, entonces, ¿cómo explica nuestro conocimiento de las ideas?
Es Dios quien ilumina nuestra alma. La verdad
está en nuestro interior. El autotrascendimiento
nos conducirá desde nuestra propia naturaleza
cambiante hasta la luz de la razón y sus
verdades inmutables.
El autotrascendimiento tiene una dimensión moral,
ya que este camino interior que conduce a Dios por
la razón es el mismo camino que conduce a su amor
y con ello a la plenitud y la felicidad de quien lo
experimenta.
San Agustín. Imagen de Lawrence OP en Flickr
Al igual que en Platón, las ideas son esencias inmutables y existen eternamente,
pero para Agustín de Hipona, éstas no son independientes, sino que están contenidas
en la misma inteligencia divina.
En la obra de San Agustín hay argumentaciones que buscan probar la existencia de Dios
partiendo tanto de la realidad exterior, como del interior del alma. En el primer caso razona
que el orden del universo prueba la grandeza de su creador, también apunta a favor de su
existencia el consenso alcanzado por una mayoría que la acepta. Pero en todo caso, la
argumentación más desarrollada y característica de su pensamiento es aquélla que parte de la
vía interior y que entiende que la presencia en nuestra alma de ideas y principios
inmutables y necesarios presupone la existencia de un fundamento inmutable y
necesario, esto es, Dios, única razón posible de la iluminación de nuestra mente.
Todo parte de Dios, que es considerado como la “Suma esencia”. El dualismo platónico entre el
mundo inteligible y sensible es adaptado por él a un dualismo entre Dios y lo creado. Dios,
inmutable y eterno, es la razón de la existencia de los seres creados, sujetos al devenir y a
la temporalidad. Los seres creados lo son por participación y necesitan de él para existir.
San Agustín entiende de este modo el concepto de creación: Dios creó el mundo desde la nada
por un acto libre y voluntario, en éste se originó el tiempo. Todas las cosas de este mundo se
encontraban ya presentes en la mente de Dios como ejemplares o modelos, tanto las presentes
en el momento inicial, como aquellas que se desarrollarían con posterioridad.
San Anselmo de Canterbury, un pensador del siglo XI perteneciente a la tradición
agustiniana, desarrolló un argumento demostrativo de la existencia de Dios que tuvo
una gran trascendencia filosófica en siglos posteriores, fue el llamado argumento
ontológico. Este argumento puede resumirse del siguiente modo:
Todos entienden el concepto de Dios como la máximo pensable. Un ser así ha de
existir no solo en el pensamiento, sino
también en la realidad, ya que si no existiera
en la realidad cabría pensar en otro mayor
que él, uno que existiera realmente, lo cual
es una contradicción. Por lo tanto Dios existe
no solo en el pensamiento, sino también en
la realidad.
En este enlace de mercaba.org tienes acceso a
este argumento y al estudio de su repercusión
en autores como Santo Tomás de Aquino,
Descartes y Kant.
San Anselmo de Canterbury
Imagen en Wikimedia Commons
San Agustín llevó a cabo una síntesis entre cristianismo y:
Aristotelismo
Epicureismo
Platonismo
Ver solución
Para San Agustín:
El verdadero objeto de conocimiento es lo individual sensible, al que accedemos a
través de los sentidos.
Conocemos las ideas porque las recordamos.
Dios ilumina nuestro entendimiento con las ideas
Ver solución
El autotrascendimiento:
Lleva desde el interior a la verdad y al bien.
Conduce desde la sensibilidad al conocimiento racional.
Tiene como objetivo el pleno conocimiento divino.
Ver solución
Dios:
Creó el mundo desde la nada a partir de modelos que ya estaban presentes en su
mente.
Es la Suma Esencia. Todos los seres participan de él.
Creó el mundo desde la nada a partir de ideas eternas e independientes.
Ver solución
3.3. La ciudad de Dios
De acuerdo con el pensamiento griego, Agustín de Hipona piensa
que la felicidad es el fin último al que aspira la voluntad humana,
pero esta felicidad en sentido pleno sólo puede encontrarse en
Dios. Sócrates identificó el mal moral con la ignorancia. Si el bien
conduce a la felicidad, solo quien no lo conoce puede rechazarla.
Este intelectualismo fue matizado con posterioridad por los diversos
filósofos griegos, aún así, la llegada del cristianismo supuso una
interpretación moral que resaltaba la importancia de la libertad
humana. El ser humano, compuesto de cuerpo y de alma, tiene una
doble inclinación: hacia el bien, Dios, y hacia el mal, el pecado.
San Agustín reflexionó profundamente sobre las condiciones que
determinan la elección moral:
De acuerdo con la idea cristiana del pecado original, el ser
humano perdió la libertad plena concedida a Adán y a Eva para
elegir el bien y resistirse al mal, haciéndose naturalmente pecador,
sólo por la fuerza de la gracia divina puede el ser humano
dirigirse hacia el bien. Así se refiere él mismo a este doble
condicionante en el Enquiridión: “No basta la voluntad del hombre,
si no la acompaña la misericordia de Dios, luego tampoco sería
suficiente la misericordia de Dios si no la acompañara la voluntad
del hombre”.
Adán y Eva expulsados del
paraíso.
El tema del origen y la naturaleza del mal también preocupó a San
Agustín: Si Dios es el creador absoluto, ¿es también el responsable
de la existencia del mal? San Agustín, que en su momento aceptó
la tesis maniquea de la existencia de un principio del bien y otro
del mal, acabó defendiendo la explicación neoplatónica según la
cual el mal no sería algo positivo, sino la carencia del bien. El
mal consistiría en el alejamiento de la perfección divina.
Imagen de tlloret en flickr
En lo concerniente a su pensamiento político, sus
principales argumentos los encontramos en “La
ciudad de Dios”, donde dice: “Dos amores fundaron
dos ciudades, esto es, el amor propio hasta el
desprecio de Dios, la terrena, y el amor de Dios
hasta el desprecio de sí propio, la celestial”. San
Agustín escribió esta obra tras la caída de Roma en
manos de Alarico; a pesar de que el cristianismo
había llegado a constituirse en religión oficial del
imperio, achaca a su paganismo la razón del
desastre.
Imagen de renzodionigi en Flickr
La lucha entre los amantes de Dios y sus
enemigos continuará hasta el final de los tiempos,
en los que finalmente triunfará el bien y se instaurará una paz perpetua. Su planteamiento es
generalmente interpretado como una defensa de la supremacía moral de la Iglesia frente a
un estado encargado de la organización social bajo la supervisión religiosa.
Mas los hombres que no viven de la fe buscan la paz terrena en los bienes y
comodidades de esta vida. En cambio, los hombres que viven de la fe esperan en los
bienes futuros y eternos, según la promesa. Y usan de los bienes terrenos y temporales
como viajeros. Éstos no los prenden ni los desvían del camino que lleva a Dios, sino que
los sustentan para tolerar con más facilidad y no aumentar las cargas del cuerpo
corruptible, que incordia al alma. Por tanto, el uso de los bienes necesarios a esta vida
mortal es común a las dos clases de hombres y a las dos casas; pero, en el uso, cada
uno tiene un fin propio y un pensar muy diverso del otro.
Así, la ciudad terrena, que no vive de la fe, apetece la paz terrena y fija la concordia
entre los ciudadanos que mandan y los que obedecen en que sus quereres estén acordes
de algún modo en lo concerniente a la vida mortal. Empero, la ciudad celestial, o mejor,
la parte de ella que peregrina en este valle y vive de la fe, usa de esta paz por
necesidad, hasta que pase la mortalidad, que precisa de tal paz. Y por eso, mientras que
ella está como viajero cautivo en la ciudad terrena, habiendo recibido ya la promesa de
su redención y el don espiritual como prenda de ella, no duda en obedecer las leyes de
la ciudad terrenal que reglamentan las cosas necesarias y el mandamiento de la vida
mortal. Y como ésta es común, entre las dos ciudades hay concordia con relación a esas
cosas. Pero resulta que la ciudad terrena tuvo ciertos sabios condenados por la doctrina
de Dios, que, o por sospechas o por engaño de los demonios, dijeron que debían amistar
muchos dioses con las cosas humanas. Y encomendaron a su tutela diversos seres, a uno
el cuerpo, a otro el alma; y en el mismo cuerpo, a uno la cabeza y a otro la cerviz; y de
las demás partes, a cada uno la suya. Y de igual modo en el alma: a uno encomendaron
el ingenio, a otro la doctrina, a otro la ira, a otro la concupiscencia; y en las cosas
necesarias de la vida, a uno el ganado, a otro el trigo, a otro el vino, a otro el aceite, a
otro las selvas, a otro el dinero, a otro la navegación, a otro las guerras y las victorias, a
otros los matrimonios, a otro los partos y la fecundidad, y a otros los otros seres.
La ciudad celestial, en cambio, conoce a un solo Dios, único, al que debe el culto y esa
servidumbre, que en griego se dice latreia, y que piensa con piedad fiel que no se debe
más que a Dios. Estas diferencias han motivado el que esta ciudad no pueda tener
comunes con la ciudad terrena las leyes religiosas. Y por éstas se ve en la precisión de
disentir de ella y ser una carga para los que sentían en contra y soportar sus iras, sus
odios y sus violentas persecuciones, a menos de refrenar alguna vez los ánimos de sus
enemigos con el terror de su multitud y siempre con la ayuda de Dios.
San Agustín, La ciudad de Dios, B.A.C., Madrid. Extraido de Cantemar
Se trata de un capítulo de la obra La Ciudad de Dios de San Agustín. Te sugerimos que
tras la lectura redactes una reflexión referida a los siguientes aspectos:
¿Es posible encontrar una verdadera felicidad en este mundo?
¿En qué caso la ciudad terrena es contraria a la ciudad de Dios?
Has leído cómo San Agustín acepta las
decisiones tomadas en el ámbito político,
pero entiende que debe estar en manos de
la Iglesia la tutela en lo referente a los
aspectos religiosos. Hoy en día, en un
contexto bien distinto al que vivió San
Agustín, las relaciones entre los poderes
políticos y religiosos siguen dando lugar a
momentos de tensión. Te sugerimos que
busques en Internet la noticia de alguna
situación polémica surgida entre gobiernos y
grupos religiosos como consecuencia del
rechazo de estos últimos a alguna medida
Imagen de Philippe Leroyer en Flickr
política considerada como ataque a sus
convicciones.
Tras esto, mira en Wikipedia las definiciones correspondientes a estos tres modos de
concebir en la actualidad las relaciones entre el estado y las confesiones religiosas:
Estado confesional
Estado aconfesional
Estado laico
Razona sobre cuál de los tres modelos te parece el más adecuado para las sociedades de
nuestro tiempo.
Para completar este recorrido por la filosofía de San Agustín, te recomendamos que
prestes atención a esta secuencia de diapositivas realizado por Concepción Pérez García
donde resumen las ideas principales del autor: (Pica sobre la imagen)
Captura de pantalla. Diapositivas de Minervagigia en Slideshare
Si quieres conocer más directamente el pensamiento de Agustín de Hipona, aquí tienes
una interesante selección de textos para consultar elaborada por CNICE:
Confesiones, VIII, 12. Sobre su conversión al cristianismo
De libre albedrío. Relación fe - razón
De libre albedrío. Teoría de la Ilumniación
La ciudad de Dios, XI, 26. Imagen de la Trinidad en la naturaleza humana y la
duda agustiniana
La ciudad de Dios, XI, 26. La certeza de la propia existencia
La ciudad de Dios, XI, 18. El mal y la belleza del Universo
De las costumbres de la Iglesia católica, II, 5. El bien sujeto del mal
De la naturaleza del bien contra los maniqueos, XVIII. Sobre la materia
De diversis quaestionibus octoginta tribus, q.46: De Ideis. Sobre las ideas eternas
Pulsa sobre la imagen:
Captura de imagen de CNICE
4. Santo Tomás de Aquino
Seguro que en más de una ocasión te has preguntado por la procedencia de las cosas que
existen en la actualidad. Todo ha de tener un origen; en nuestro caso, los seres vivos, éste está
en nuestros padres, el de nuestros padres en los suyos... y así sucesivamente. Podemos seguir
hacia atrás más y más, pero ¿indefinidamente? Si todo proviene de algo, ¿de dónde procede lo
primero?, ¿puede concebirse que no haya nada inicial? Si pinchas en la flecha verás una
secuencia indefinida: por más que busquemos hacia atrás nunca llegaremos a un punto de
partida. Cuando Santo Tomás intenta comprender la realidad del mundo, piensa que las
cadenas causales no pueden ser infinitas... lo veremos en su razonamiento sobre la existencia
de Dios
Fíjate en el cuadro de abajo: la obra maestra de Zurbarán representa a Santo Tomás dispuesto
a escribir la Suma Teológica iluminado por el Espíritu Santo. Su obra llegó a ser percibida en la
Iglesia como la culminación de un desarrollo doctrinal iniciado por otros filósofos que le
acompañan en el cuadro, como San Agustín y San Ambrosio. El pensamiento de Santo Tomás
fue considerado como una obra monumental que daba cuenta de un orden perfecto en el que
Dios se constituía como el principio absoluto. Su esfuerzo consistió en dar expresión racional de
ello, la razón iba poco a poco encajando todas las piezas…
Zurbarán: El triunfo de Santo Tomás
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Tras el giro operado en el seno de la filosofía con la irrupción del cristianismo, la divinidad
pasará a ser durante el periodo medieval el asunto central de la especulación filosófica, no solo
en el mundo cristiano, sino también en el judío y el musulmán. Desde la reflexión sobre Dios se
extraen consecuencias para los diversos órdenes: la realidad, el ser humano, la sociedad, etc.
Santo Tomás desarrolló una inmensa obra en la que destacan escritos como la Suma
Teológica, y la Suma contra gentiles, obras de carácter teológico y apologético de la fe
cristiana. Con su robusta construcción filosófica, en la que se sintetizan elementos platónicos
y aristotélicos con los principios cristianos, llegó a ser el máximo representante de la
Escolástica, esto es, el mayor referente de las escuelas medievales.
Tomás de Aquino nació en el seno de una familia noble en Roccasecca, Italia, en el año
1225 y murió en Nápoles en 1274. Vivió en el siglo XII., una época en la que los
reyes habían logrado imponerse sobre los señores feudales, la Iglesia mantenía su
predominio y crecían las ciudades y la actividad comercial. El mundo de la cultura
protagonizó un gran apogeo con el nacimiento de las universidades, el encuentro con el
pensamiento filosófico y científico árabe y judío y la recuperación de la obra de
Aristóteles.
Tomás de Aquino dedicó su vida a la religión y a la filosofía, ejerciendo su actividad en
diferentes lugares entre los que destacan Nápoles, Colonia y París. Perteneció a la orden
de los dominicos y en París conoció a San Alberto Magno, con quien entabló una gran
amistad. Fue testigo de la llegada del saber griego a las universidades europeas de
mano de los pensadores árabes. Santo Tomás mostró especial interés por la obra de
Aristóteles al que comentó en varios de sus escritos.
En el mapa de abajo, pica sobre las ciudades más relevantes de la vida de este filósofo si
quieres tener más información sobre su biografía:
Mezquita de Córdoba
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repercusión nos
Abentofail.
encontramos
con
La expansión musulmana comenzada en el
siglo VII llegó a la Península Ibérica en el 711
y condujo a la formación de Al Andalus.
Durante el periodo medieval la filosofía y la
ciencia árabe tuvieron un momento de gran
esplendor y su influencia fue significativa en
el occidente cristiano. El mundo árabe
contaba ya en el siglo IX con la traducción de
obras de filósofos como Aristóteles, Platón,
Proclo y Plotino y científicos como Galeno,
Ptolomeo y Euclides. Sus comentarios de la
filosofía aristotélica son fundamentales para
comprender el giro dado en la filosofía
cristiana a partir de la obra de Santo Tomás.
Entre
los filósofos árabes de
mayor
Alkindi, Avicena, Averroes, Avempace y
Con la proclamación del Califato de Córdoba por Abderramán III en el siglo X, esta
ciudad llegó a adquirir una gran prosperidad, convirtiéndose en la ciudad de referencia
de Europa Occidental y a rivalizar con otras como Constantinopla o Bagdad. Una escuela
de traductores hizo que numerosas obras fueran traducidas del hebreo y del griego al
árabe. Aquí vivieron filósofos de gran prestigio en la Historia de la Filosofía como
Averroes, Abentofail, Ibn Masarra o el filósofo judío Maimónides.
La ciudad de Toledo fue conquistada por los
cristianos en el siglo XI. Con el gobierno de
los reyes castellanos se permitió un clima de
convivencia entre cristianos, musulmanes y
judíos que
dio
lugar
a
un
apogeo
determinante para el futuro de la cultura del
occidente cristiano. En La Escuela de
traductores de Toledo se llevaron a cabo
numerosas traducciones al latín desde el
árabe y el hebreo de textos filosóficos y
científicos que renovaron el panorama
cultural de occidente.
Alfonso X el sabio
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4.1. Fe y razón. Dos caminos, una verdad
Fíjate en las siguientes sentencias extraídas de la Biblia:
"Nuestro Dios es el único Señor" (Deuteronomio 6,4;Mc 12,29)
"En el comienzo de todo, Dios creó el cielo y la tierra" (Génesis 1,1)
"Cristo murió por nuestros pecados, como dicen las Escrituras, que lo sepultaron y
que resucitó al tercer día" (Corintios 15, 3-4)
"Cristo dará nueva vida a sus cuerpos mortales" (Romanos 8,11).
Todas forman parte del credo cristiano, ahora bien, ¿ves alguna diferencia entre ellas?
Imagínate a un filósofo de una época anterior, o ignorante de esta religión, al que le
comunicaran estas ideas. ¿Crees que estaría en condiciones de reflexionar del mismo
modo sobre la posible verdad de cada una de ellas, o distinguiría entre las que puede
abordar como filósofo y las que se le escapan a su entendimiento? Te sugerimos que
distingas entre las afirmaciones que podrían ser discutidas filosóficamente, y las que
solo pueden ser tratadas en un contexto de fe.
Hasta ahora fe y razón eran empleadas conjuntamente a favor de una verdad única, Tomás de
Aquino se propone esclarecer cuáles son los contenidos específicos de cada uno de estos
ámbitos y qué relación guarda la una con la otra. Contenidos de la fe son aquellos
transmitidos por medio de la revelación divina, los de la razón son los que el ser humano
puede llegar a alcanzar mediante el uso del entendimiento. La teología se basa en la
revelación, la filosofía en la argumentación racional.
Entiende que hay cuestiones cuyo tratamiento corresponde al ámbito de la fe, otras son
exclusivas de la razón, pero a la vez existen determinados asuntos de relevancia tanto para
una, como para la otra. Por ejemplo, la idea de la Trinidad divina sería un concepto exclusivo de
la fe, la distinción aristotélica entre sustancia y accidentes, una argumentación puramente
racional, pero la cuestión del alma y su inmortalidad sería algo que competería tanto a la fe
como a la razón y por lo tanto es tratado tanto como dogma religioso como problema filosófico.
Los averroístas latinos, filósofos que como Sigerio
de Bravante adaptaron el pensamiento del filósofo
Averroes, sostenían el criterio de la doble verdad:
existen verdades que son propias de la teología y
otras que lo son de la filosofía. Cada una en su
propio ámbito, no puede interferir en el terreno de
la otra aún en caso de contradicción. Por ejemplo,
sostenían que la razón conducía a la eternidad del
mundo y a la negación de la inmortalidad del alma
humana, pero la fe llevaba a la creencia de que alma
humana es inmortal y el mundo comenzó con la
creación. Santo Tomás rechaza este planteamiento
desde la convicción de que la verdad, siendo única,
debe ser coincidente.
Tomás de Aquino frenta a Averroes
Fotografía de Wikimedia Commons
Siendo la verdad única, la falta de acuerdos es un
indicio de error. En este sentido la posición de Tomás
de Aquino es clara: ya que el error no puede
estar en la revelación, tiene que estar en la
filosofía. De este modo, aun partiendo de la
autonomía del filósofo en el ejercicio de su actividad,
de llegar éste a alguna conclusión contraria a la fe,
deberá admitir el error en su argumentación.
La verdad de la razón no es contraria a la verdad de la fe cristiana
Aunque la citada verdad de la fe exceda la capacidad de la razón humana, no por eso las
verdades racionales son contrarias a las verdades de la fe.
1) Lo naturalmente innato en la razón es tan verdadero que no hay posibilidad de
pensar en su falsedad. Y menos aún es lícito creer que es falso lo que poseemos por la
fe, ya que ha sido confirmado de modo tan evidente por Dios. Luego, puesto que
solamente lo falso es contrario a lo verdadero, como claramente prueban sus mismas
definiciones, no es posible que los principios racionales sean contrarios a la verdad de la
fe.
2) Además, lo que es infundido por el maestro en el alma del discípulo pertenece a la
ciencia del doctor, a no ser que enseñe con engaño, lo cual no es lícito afirmar de Dios.
Ahora bien, el conocimiento natural de los primeros principios ha sido infundido por Dios
en nosotros, ya que El es autor de nuestra naturaleza. Luego estos primeros principios
están contenidos en la Sabiduría divina. Por consiguiente, todo lo que sea contrario a
ellos será también contrario a la sabiduría divina. Esto no es posible en el caso de Dios.
En consecuencia, las verdades que poseemos por revelación divina no pueden ser
contrarias al conocimiento natural.
3) Además, nuestro entendimiento no puede alcanzar el conocimiento de la verdad
cuando está atenazado por razones contrarias. Si Dios nos infundiera conocimientos
contrarios entre sí, nuestro entendimiento se encontraría impedido para la captación de
la verdad. Lo cual no puede ser tratándose de Dios.
4) No es posible que algo natural cambie y que permanezca su naturaleza. Ahora bien,
en un mismo sujeto no pueden coexistir opiniones contrarias acerca de una misma cosa,
luego Dios no infunde en el hombre una certeza o fe contraria al conocimiento natural.
En el texto de arriba Santo Tomás reflexiona sobre la coincidencia que se da entre las
verdades de la revelación y las racionales. Te sugerimos una breve redacción en la que,
haciendo uso de alguna expresión recogida del texto, compares la posición tomista con
la sostenida por el averroísmo latino y digas si en este aspecto serían coincidentes o no
las posiciones de Tomás de Aquino y Agustín de Hipona. El texto está recogido de la obra
Suma contra gentiles en la página de cantemar:
Antes de continuar, te proponemos que compruebes que las cosas están claras en este punto:
4.2. Del conocimiento del mundo a Dios
Antes que nada, veamos la explicación que da
Aquino del modo en que llegamos a conocer:
siguiendo a Platón, San Agustín concibió el
conocimiento como un proceso de interiorización
que conducía a la verdad; de acuerdo con el
aristotelismo, Santo Tomás lo comprende como
un proceso que necesariamente ha de partir de la
experiencia, ya que al nacer nuestra mente es
como una papel en blanco sin contenidos impresos.
Como Aristóteles, piensa que el mundo se encuentra
constituido por una multitud de sustancias y que
Recurso propio desde imágenes en Flickr
éstas a su vez son un compuesto de materia y de
forma. Lo que hace único a un individuo es su
materia, ya que la forma es un elemento común a todos los miembros de una especie. Los
sentidos nos proporcionan imágenes de estas sustancias o sujetos individuales, compuestos de
materia y forma. Nuestro entendimiento opera sobre las imágenes sensibles de estos objetos
para, a través de un proceso de abstracción, captar la forma o el universal del objeto
prescindiendo de su materia individual.
A la capacidad de universalizar la denomina entendimiento agente. Son estos universales, las
formas, y no los particulares, el verdadero objetivo del conocimiento.
Si el conocimiento no se alcanza a través de un proceso de
reflexión interna, sino que ha de tener su punto de partida en
la información que nos suministran los sentidos, Santo Tomás
no puede admitir que conocimiento de la existencia de Dios
resulte evidente, por el contrario, entiende que demostrar
racionalmente la existencia de Dios requiere de un proceso de
razonamiento que, partiendo de la realidad de este
mundo, conduzca finalmente a Dios como su única
explicación posible.
Imagen de RadomisRad en Flickr
Este razonamiento lo concreta en las llamadas cinco vías o
argumentos que, según Aquino, conducen a afirmar su
existencia. El esquema empleado es el siguiente: partiendo de
los hechos de la experiencia, entendemos que estos se
deben a una causa, ésta a otra anterior y así
sucesivamente. Pero la cadena de causas no puede ser
infinita, ha de haber un principio absoluto a partir del cual
se sigue lo todo demás, y éste no puede ser sino lo que
entendemos por Dios.
Éste sería el esquema empleado en las cinco vías:
Hecho de experiencia
Principio de causalidad
Movimiento
Lo que se mueve es movido por otro
Orden de causas
Nada es causa de sí mismo
Seres contingentes
Lo que tiene posibilidad de no existir
alguna vez no existe
Cosas más o menos perfectas
Lo más y el menos lo es por
aproximación a un máximo
Seres sin conocimiento obran
Deben ser dirigidas por un ser inteligente
con un fin
Imposibilidad de una
cadena infinita
Puedes repasar el argumento de Santo Tomás con este sencillo ejercicio consistente
en arrastrar los elementos de la derecha al bloque correspondiente de la izquierda.
En la izquierda tienes el punto de partida del argumento, en la derecha la conclusión.
Pulsa sobre la imagen para entrar en el ejercicio:
Captura de imagen de recurso propio
La tercera vía tomista trata sobre la diferencia entre los seres creados y Dios,
mientras los primeros somos contingentes, existimos pero podemos no existir, Dios
es necesario: su existencia se da necesariamente. La diferencia se basa en la
distinción desarrollada por Avicena entre esencia y existencia; puedes aclarar el
significado de estos conceptos siguiendo detenidamente esta presentación de
diapositivas:
Recurso propio en Slideshare
Volvamos a la pregunta inicial de este
apartado: Si todo proviene de algo, ¿de dónde
procede lo primero?
Podemos pensar con razón que en Santo
Tomás lo habría tenido difícil, ya que en su
época, muy anterior a la publicación de la
teoría
evolutiva,
las
especies
eran
consideradas como invariables a lo largo del
tiempo. Los conocimientos actuales sobre el
desarrollo y la formación de la vida, así como
de la Historia del mismo Universo, nos
permiten trazar una línea de acontecimientos
lo suficientemente definida como para que el
dilema no nos resulte irresoluble.
Imaginemos que Tomás de Aquino vuelve a la
vida y actualiza sus conocimientos científicos.
¿Crees que estos resolverían sus incógnitas y
renunciaría a la idea de Dios como la única
explicación de lo existente?
Big Bang. Imagen de Wikipedia Commons
Más aún, vayamos a un futuro hipotético donde se ha consolidado un modelo
cosmológico que interpreta el universo de un modo oscilante a través de sucesiones de
explosiones e implosiones (Big Bang, Big Crunch). ¿Se vería en este caso obligado a
rectificar?
4.3. El mandato divino
Vemos en la imagen como Santo Tomás sostiene
unas escrituras con una mano y un edificio religioso
con la otra. El simbolismo del cuadro nos sirve para
este último capítulo dedicado al autor. El mandato
divino, representado en un texto sagrado, dirige el
mundo natural; el mundo humano, representado en
la construcción, debe regirse también por dicho
mandato, aunque en este caso lo hará de forma
voluntaria, dejándose guiar por los dictados de la
razón...
Aquino sigue el modelo aristotélico según el cual la
felicidad es el fin último del ser humano, pero
como cristiano, pone en Dios ese bien supremo
que puede colmar su dicha. Al igual que San
Agustín, piensa que solo el concurso de la gracia
divina da la capacidad para alcanzar la
contemplación de Dios, algo que, en todo caso,
queda reservado en su sentido pleno a una vida
posterior a la terrenal.
La consecución de este fin requiere el concurso de
la virtud, adquirida mediante el hábito y con la
dirección de la razón.
Existe una ley natural que dirige a todos los seres
hacia el fin que le es propio, pero, a diferencia del
Imagen de Carlo Crivelli bajo licencia
resto, los seres humanos tomamos decisiones que
de Wikimedia Commons
determinan nuestra conducta. En nuestro caso, las
normas morales constituyen la ley natural. Santo
Tomás reflexiona sobre cuáles son las reglas que deben dirigir la vida humana y cuál es el
grado de conocimiento que tenemos de ellas.
La ley moral toma sus principios de la misma naturaleza humana, por lo tanto sus
contenidos son evidentes y al alcance de cualquier ser racional, asimismo son preceptos
universales e inmutables. La razón nos dicta hacer el bien y evitar el mal. Las conductas
acordes con nuestras inclinaciones naturales son buenas y las contrarias, malas. De acuerdo
con nuestra naturaleza encontramos exigencias como conservar la vida, cuidar a los hijos,
buscar el conocimiento, convivir en justicia, etc.
La ley natural es una prolongación de la ley eterna divina, que en sentido general
determina el orden del universo. La ley natural ha de ser asimismo el fundamento de la ley
positiva, ámbito en el que se concretan las normas que rigen la convivencia humana. Al
legitimar el derecho en las exigencias de la naturaleza humana en cuanto ser social, Aquino
lo interpreta como un ámbito dependiente del moral y, en última instancia, del religioso.
Rellena los espacios en blanco con utilizando en cada caso una de estas cuatro
opciones:
natural
positiva
eterna
La ley
dirige a cada ser al fin que le es propio.
La ley
bien y evitar el mal
se identifica con la ley moral, en ella la razón ordena hacer el
La ley
orden del universo.
tiene su fundamento en la ley
La ley
la ley
, que determina el
, que determina el modo de convivencia, debe estar basada en
Comprobar
Santo Tomás interpreta que la ley positiva debe fundamentarse en la ley natural, la cual
a su vez deriva de la ley eterna o mandato divino. Esta visión del derecho tuvo una gran
influencia en el mundo cristiano medieval. ¿Crees que tiene hoy sentido plantear en
estos términos el fundamento del derecho?
Para acabar el recorrido por la filosofía de Santo Tomás, mira con detenimiento la
secuencia de diapositivas realizadas por Concepción Pérez García. En ellas encontrarás
un resumen del pensamiento del autor, al igual que una introducción final a nuestro
próximo tema: Guillermo de Ockham.
Diapositivas de Minervagigia en slideshare
Si quieres Para profundizar el el pensamiento de Santo Tomás te sugerimos un repaso
a la siguiente selección de textos del autor elaborada por CNICE:
Suma Teológica, Iª, q. 2, a. 3. Las cinco vías demostrativas de la existencia de
Dios
Suma Teológica, I, q. 13, a. 11. El constitutivo formal de Dios.
Suma Teológica, I, q. 76, a. 1. Sobre el principio intelectivo
Suma Teológica, q. 75, a. 2. Sobre la incorruptibilidad del alma.
Suma Teológica, I-II, q. 91, a. 3.Sobre la ley humana positiva.
Comentario a la Ética a Nicómaco, prólogo. Acerca del orden y las partes de la
filosofía
In librum De causis, Prop. VI, lect.6, n.175. Sobre el conocimiento de la Causa
Primera
Quodlibeto IX, a.3, c. Sobre los sentidos del ser.
Quodlibeto II, q. 2, a.3. Sobre los sentidos del ser.
Pulsa sobre la imagen:
Captura de Imagen de CNICE
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