Los libros mudos

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LOS LIBROS MUDOS:
FUNCIONES DE UNA BIBLIOTECA EN EL ESTADO
DESDE ALEJANDRÍA HASTA EL MONASTERIO DE MELK:
LECTURA PARA EL VERANO
Examinaremos el papel que ha jugado y puede jugar bibliotecas como instituciones en el estado que sirven.
Comenzamos con un bosquejo de las funciones de bibliotecas en la Antigüedad para ganar una perspectiva histórica
como parámetro para examinar las funciones que se propone que pueda cumplir una biblioteca ahora.
La definición de trabajo que se utilizará para la examinación de una biblioteca en este ensayo es lo
siguiente. Una biblioteca es un edificio especial para el almacenamiento y clasificación de material escrito con el
propósito de preservar cultura y tradición y mejorar la organización social del estado o nación que sirve. Para tal
efecto, cumple funciones religiosas, políticas, educacionales y comerciales.
Si se plantea la premisa que bibliotecas
cumplen funciones religiosas, políticas, educacionales
y comerciales para el estado en que existen, ¿cómo, y
en cuál manera, es que bibliotecas efectuaban estas
funciones en la Antigüedad? ¿Hay parámetros que se
pueden prestar de la Antigüedad que nos pueden servir
ahora en la definición de las funciones de una
biblioteca en el estado?
Después de la muerte de Alejandro Magno en
el siglo III BCE, las bibliotecas son fenómenos
urbanos, funcionando en ciudades como Alejandría en
Egipto donde Alejandro Magno, alumno de Aristóteles,
levantó una biblioteca en el modelo de un santuario
para las Musas, hijas de Zeus y Mnemosyne (la
personificación de Memoria). Por eso se llamaba el
Museión. El director de la Biblioteca–Museion tenía la
responsabilidad delegado por el Faraón de garantizar
que se rindiera culto a las Musas. Rendir culto a las
Musas es claramente una función religiosa en que
reconocidos eruditos llevaron acabo, además, un
diálogo intelectual con la ciudad de Alejandría, con el
estado y con el mundo conocido en este entonces.
Pero, por si acaso que pensamos que estos eran solamente funciones y ritos ceremoniales, hay que tomar nota que
uno de los salones del edificio de la Biblioteca –Museion, tenía una inscripción que rezaba “Para el Cuidado del
Alma”. Y la tarea para las nueve Musas era de cuidar las almas: Caliope por medio de la poesía heroica, Clio por
medio de la historia, Erato por la poesía lírica, Euterpe por la música, Melpomone por medio de la tragedia, Urania
por medio de la astronomía, etc.
El director de la Biblioteca de Alejandría, a órdenes de Ptolomeo, debía convocar matemáticos, astrónomos,
historiadores, filólogos, poetas y filósofos del mundo de la Cuenca del Mediterráneo (literalmente, el mar en medio
de la tierra) para que llegaran a Alejandría a trabajar en el santuario de la Biblioteca-Museion con estipendios del
estado, sin tener que pagar impuestos sobre la renta. Vivían y comían al expenso del estado mientras que se
ocuparon en la biblioteca de la producción intelectual para el estado. La biblioteca de Alejandría proveyó un
ambiente civilizante opuesto a los baños públicos, por ejemplo, y las tavernas; aunque Dio Chrysostom (40-120 CE),
filósofo moralista romano que escribió en el primer siglo del Imperio Romano, comenta que los alejandrinos, en su
opinión, eran un pueblo a quienes solamente tenía que dar bastante pan y un boleto al hipódromo, porque no tenían,
en general, interés en ningúna otra cosa.
La producción intelectual era de discutir, clarificar, escribir, editar, copiar, traducir al griego, promulgar y
almacenar los textos producidos que servían las funciones del estado no en un sentido rígido, si no en el sentido de
filtrar influencias por medio de las ideas en los textos para brindar gloria y prestigio a Alejandría, influenciar
poblaciones de intelectuales y administradores del estado con una oferta de ideas en textos para la lectura y
comentario. La mera existencia de especialistas en el conocimiento y en el uso de la lectura y de la escritura
conformaba un elemento fundamental para el desarrollo y el mantenimiento de una estructura política. Mediante esta
acumulación de ideas, textos e influencias, los griegos gobernaban los pueblos. En el caso específico de la Ciudad
de Alejandría, el objetivo era de garantizar el dominio de los griegos (los textos de la Biblioteca – Museion existían
exclusivamente en griego) en el estado de Egipto y todo el territorio era conocido del territorio geográfico de la
Cuenca del Mediterráneo. He aquí una función política de una biblioteca.
Sobre la función educacional, no tenemos que detenernos mucho, siendo esta muy obvia. Escuchamos las
palabras del rétor Aftonia del siglo IX, escribiendo en su obra Progymnasmata: la Biblioteca-Museion de Alejandría,
escribe, funcionaba para que toda la ciudad tuviese a su disposición la sabiduría.
Un equipo egipcio-polaco de arqueólogos trabajando en excavaciones en la región del Bruchion de
Alejandría en 2004, publicaron el descubrimiento arqueológico de trece salones de lectura en que cabían más de
5,000 personas. El equipo asevera que estos salones formaban, estructuralmente, una parte de la Biblioteca-Museión
de Alejandría. Descubrieron, también, una inscripción que data de 56 CE. que reza que el director de la biblioteca
funcionaba “supra Museum et ab Alexandria Bibliotheca”. De eso se puede entender que la dirección de la
biblioteca tenía responsabilidad para el conjunto de las bibliotecas de la ciudad así como para una academia, parte de
la Biblioteca –Museión, para promulgar ideas a los funcionarios del gobierno y las cortes. Que sirvió a la corte es
cierto, ya que en uno de los salones habían esculturas en las paredes de jueces, sin manos, con las cabezas volteadas
hacia el Faraón. Sin manos porque no debían aceptar mordidas.
Además, la Ciudad de Alejandría desde el siglo III BCE, y desde mucho antes, era un centro de comercio
para todo el mundo conocido después de la muerte de Alejandro Magno. Fue un tiempo de grandes riquezas y el mar
Mediterráneo era una zona de comercio libre—literalmente, zonas francas--donde había un flujo enorme y constante
de viajeros, intercambios comerciales y culturales en el mundo mediterráneo. (Con el comercio se intercambia la
cultura, como comenta S. Hugo de St.-Víctor nueve siglos después, en el siglo XII, escribiendo en Chartres en el
Norte de Francia, en su manual, el Didascalicon: el comercio, escribe, es el octavo arte liberal, porque con el
comercio se tiene que desarrollar las artes de la diplomacia). La Biblioteca-Museión de Alejandría se beneficiaba del
comercio con la llegada a sus muelles de todos estos barcos y viajeros con libros que pasaban por el gran puerto de
Alejandría. El estado (en las personas de los funcionarios de los muelles y aduana) confiscó de ellos sus libros, otras
autoridades ordenaron que la biblioteca debía hacer copias de ellos en su scriptoria. Posteriormente, devolvieron las
copias, manteniendo los originales en la Biblioteca–Museion de Alejandría.
Aunque siempre aprendemos que los cristianos fueron perseguido en este Imperio Romano de que
Alejandría y su biblioteca pertenecieron, debemos ver, a la misma vez, lo que trajo el siglo IV, cuando Teodosio I,
Emperador de Roma, elevó a una nueva intensidad la persecución de los paganos por las turbas cristianas cuando
declaró que el cristianismo era la religión oficial del Imperio Romano.
En el siglo IV CE, entonces, los cristianos, con lujo de barbarie, destruyeron templos y estatuas en todo el
Imperio Romano, incluyendo a Alejandría, que formaba parte del Imperio Romano en este entonces. Las bibliotecas
fueron cerradas por los cristianos ortodoxos en un afán de erradicar el culto de los paganos. La filosofa y
matemática, Hypatia, y su padre, fueron atacados y desmembrados en la misma Biblioteca-Museion de Alejandría
por un grupo de monjes cristianos en Alejandría. Después, sobrevinieron disturbios callejeras y guerra civil. La
literatura pagana fue prohibido por la iglesia cristiana y por el Islam. La Escuela Catequética de Alejandría (la
Didascalia) con San Clemente y Orígenes, y la Biblioteca de Cesarea se dedicaron a refutar el paganismo durante
cinco siglos hasta el reino de Justiniano. Y los libros quedaron mudos.
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En resumen, comenta Mustafa El-Abbadi en su libro, La Antigua biblioteca de Alejandría: vida y destino
(UNESCO, 1994), sobre la persecución de los paganos, efecto de la promulgación del decreto del Emperador
Teodosio:
The Mouseion, being at the same time a ´shrine of the Muses´, enjoyed a degree of sanctity as
long as other pagan temples remained unmolested. Synesius of Cyrene, who studied under
Hypatia at the end of the fourth century, saw the Mouseion and described the images of the
philosophers in it. We have no later reference to its existence in the fifth century, as Theon, the
distinguished mathematician and father of Hypatia, herself a renowned scholar, was the last
recorded scholar-member (ca. 380). It is likely that the Mouseion did not long survive the
promulgation of Theodosius´ decree in 391 to destroy all pagan temples in the city.
Cayeron paulatinamente los muros y las ciudades dejaron de existir; también cayeron las infraestructuras
administrativas del Imperio Romano y, llegando al siglo VI, en los esfuerzos para unificar criterios en la liturgia, la
dogma y la música del Christiandad (más tarde conocida como Europa), la Regla de San Benito promovió scriptoria
para la copia de manuscritos y su preservación. Pero la lectura recomendada a los monjes era exclusivamente las
Sagradas Escrituras, obras acéticas y patrísticas. Algunos libros hablaban y otros quedaron mudos por la falta de
tolerancia hacia la literatura y filosofía pagana.
Hasta aquí, las bibliotecas, según este pequeño bosquejo histórico, son una fuerza cultural unificador ya que
los conocimientos y la sabiduría funcionan como poder unificador para un estado. Bibliotecas almacenaban y
transmitían conocimientos pero sí entraban en conflictos religiosos con políticas del imperio/estado que interfirieron
con los estudios en pro de la tolerancia. La existencia misma de bibliotecas se pone en riesgo. La diplomacia se
calla. La postura de este entonces era de actuar ciegamente sin ideas para guiarlos. El analfabetismo como bandera
ondeaba en alto entre la aristocracia alzada en armas y rodeado por sus matónes durante el surgimiento de
feudalismo (siglos IX – XII).
¿Qué se puede prestar de la historia de esta antigua biblioteca para la función de bibliotecas en el estado de
hoy en nuestro alrededor? Prestigio e inteligencia cultural, sí. Aunque no podemos ni soñar de un filósofo-rey, ¿es
posible imaginar convocatorias por parte del estado a eruditos y pensadores que trabajarían con subsidios y no
pagarían impuestos sobre la renta. En este sentido, es imprescindible el aprendizaje en las prácticas administrativas y
gubernamentales en el funcionamiento del estado para que no seamos testigos, metafóricamente hablando, a la
quema del Aedificium (el edificio en la novela, El Nombre de la Rosa, de Umberto Eco, donde estaba ubicada la
misteriosa biblioteca del Monasterio de Melk). El fomento de la diplomacia, política, las habilidades del estadista en
el arte de gobernar por medio de la argumentación y la elocuencia en el manejo de los conocimientos antiguos y
modernos es una tarea de bibliotecas hoy para que no quedamos con lectores y gobernadores que memorizan los
textos pero que quedan agráficas—o sea, sin el poder de escribir ni argumentar ni traducir en acción lo que han leído
ni ponerlo en práctica, así como en el imaginario social del Monasterio de Melk.
Hemos llegado al siglo XV, y en la tierra de la imaginación y memoria. Acompañamos a los humanistas
florentinos Poggio Bracciolini o Francesco Petrarca en sus viajes por los monasterios de Europa. Poggio nos cuenta
que encuentra libros y manuscritos de la Antigüedad--Cicerón, por ejemplo, el gran abogado romano--debajo de las
piedras y polvo que los cubrieron en el sótano de un monasterio como lo de Melk. Entre suspiros, Poggio nos dice,
en sus escritos, que los libros, al verlo, gritaban y lloraban por su libertad, así como que fueron presos en un penal o
pacientes en un hospital que Poggio visitaba.
Ahora, los libros no tienen que ser mudos si platicamos con ellos. Los políticos no tienen que quedar
agráficos al satisfacerse solamente con el nomina nuda--solamente el nombre de la cosa y no la cosa en sí, ya que las
bibliotecas (si solamente entran en ellas) pueden servir una función de humanizar, por medio de la lectura, las
polarizaciones para un gobierno de turno ahora o para el de un futuro.
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Al solo entrar en una biblioteca, los libros nos llamen por todos lados y, por medio de la traducción cultural,
puedan transformar a la organización social de la nación y a las funciones del estado. El apoyo o crítica a
actividades del estado también son la provincia de bibliotecas.
La producción intelectual de una biblioteca en el modelo de la gran biblioteca de Alejandría pueda ser
educacional, religioso, política y comercial si así desea una nación, una administración gubernamental u otra. Estas
funciones podrían multiplicarse en la influencia a favor del pensamiento y la negociación, o en el apoyo a las artes
necesarios para gobernar, enfrentando el concepto de la práctica de la política como solamente de actuar y practicar
sin pensar o de actuar en violencia, quedando mudo los libros y el cerebro también.
Para que una biblioteca pueda servir de instrumento político para un estado (instrumento no en el sentido de
“instrumentalizar”, si no como herramienta a utilizar en el arte de gobernar), hay que verlo como una institución con
prestigio e influencia en el estado. Es así que hicieron los pensadores alejandrinos, utilizando lo que brindaban las
Musas.
La biblioteca como academia—con o sin los trece salones de lectura para 5,000 participantes como la de
Alejandría--pueda alimentar el alma en una función que apoya políticas que apremian pensamiento antes de actuar.
Una biblioteca pueda almacenar artefactos y fenómenos que influencian el estado, para el comercio más que dogmas,
ayudando a llamar las cosas por sus verdaderos nombres--cosa más difícil que antes se pensaba. He aquí algunas
funciones religiosas, políticas, educacionales y comerciales que una biblioteca pueda cumplir ahora, como antes.
En fin, si vemos una biblioteca como instrumento, emblema o símbolo funcionando para influenciar el
estado, sus funciones pueden realizarse solamente con una población de actores políticas que leen y ocupan los
signos e ideas en los libros. Los libros en sí son mudos y sin utilidad.
Katherine Miller
San Salvador, julio 2007
Lectura recomendada para lectura de verano:
Cicerón, Marco Tulio. Political speeches (Oxford University Press, 2006)
Dio Chrysostom: Oraciones VII, XII and XXXVI (Cambridge, 1992)
Eco, Humberto. El nombre de la rosa (Barcelona,1995)
El-Abbadi, Mustafa. La Antigua biblioteca de Alejandría: vida y destino (UNESCO, 1994)
Haas, Christopher. Alexandria in late antiquity: Topography and Social Conflict.(Baltimore, 1997)
Hugh of Saint-Victor. The Didascalicon of Hugh of Saint Victor: a medieval guide to the arts. (New York, 1991)
John of Salisbury. Policraticus. Of the Frivolities of Courtiers and the Footprints of Philosophers.
(Cambridge University Press, 2001)
MacLeod, Roy M. The Library of Alexandria :Centre of learning in the ancient world(New York, 2005)
Riaño Alonso, Juan José. Poetas, filósofos, gramáticos y bibliotecarios; origen y naturaleza de la antigua
Biblioteca de Alejandría (Asturias, 2005)
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