En Bayona, el Jueves Gordo del año 1859, Juan Garmendia

Anuncio
(Jasal y Anchuelo, en el transcurso de un viaje de Madrid
a Rom a. Viudo y después de cursar la carrera sacerdotal,
Casal Anchuelo falleció en Tolosa el 19 de marzo de 1897.
Su nieto fue el recordado abogado tolosano D. Luis Cas­
tro Casal, G obernador Civil de Vizcaya en el año 1931, y
m ás adelante, en dos ocasiones, Presidente de la Diputa­
ción de Guipúzcoa. Transcribam os, pues, el texto in­
teresado.
«O b servam os desde m uy tem prano en este día, que en
todas partes es ya com o preludio del alborotador Carna­
val que le sigue, cierta concurrencia extraordinaria de
gente por las calles, lo que me hizo pensar si sería en
Francia día festivo, aunque sabía que allí no hay más fies­
tas que los dom ingos. A poco, los acentos de una música
de instrum entos de aire que se aproxim aban nos hizo
acudir a los balcones, desde donde vim os un espectáculo
nuevo para nosotros.
Una porción de hom bres con boinas (que usan todos
los vascos) cubiertas de vistosos lazos de cintas de colo­
res, o con som brerillos de paja cubiertos de flores, o v e s ­
tidos de blanco con adornos de cintas; finalm ente, de
extrañas m aneras, pero lim pios y aseados hasta no más,
venían precedidos de sus m úsicos, tam bién vestidos del
m ism o modo, y llevaban en m edio dos o tres parejas de
bueyes, los m ás herm osos y escogidos, los cuales iban
no m enos adornados con raros y vistosos caprichos.
U nos con los cuernos dorados y el cuerpo salpicado de
estrellas de plata y oro. Otros con m antillas de grana de
anchas cenefas doradas, de que pendían grandes borlas
de los m ism os, llevando en sus cabezas bonitas coronas
de flores de m ano; y todas las parejas unidas con ligeros
yugos cubiertos tam bién de flores y verdes hojas. Toda
esta com itiva se detenía por intervalos delante de al­
gunas casas, y allí tocaban un rato.
No poco nos divirtió esta nunca vista función, pues si
toda novedad agrada, m ucho m ás la que se disfruta en
país extranjero. Era, pues, la fiesta de los abastecedores
de carne, que en el día de Ju e v e s de Sexagésim a o J u e ­
ves Gordo, com o vulgarm ente se llama, tienen costum ­
bre de ir ostentando por toda la ciudad las m ejores reses
y las engalanan de este m odo y entretienen a la población
entera, pues circulan en todas direcciones y por toda la
ciudad diferentes cuadrillas y a com petencia se esm eran
para sobrepujar en adornos y m ás que nada en presentar
m ejores reses.
EN BAYONA,
EL JUEVES GORDO
DEL ANO
1851
Por Juan G arm endia Larrañaga
Esta referencia acerca de la celebración del Ju e v e s
G ordo de 1851 en Bayona, la conozco por deferencia de
mi querido am igo D. Pedro Elosegui Irazusta. S e trata de
unas nuevas interesantes recogidas por D. Jo s é Nicasio
Nosotros vim os desde casa y donde quiera que fuim os
aquel día, m uchas com parsas con sus m úsicas y sus bue­
yes ataviados con cintas, con lazos, con canastillas de
flores, con coronas, todas poco m ás o m enos com o llevo
dicho.
— He aquí una función bien inocente y que divierte
m ucho a esta gente.
Dije yo a mi sobrino.
— A mí tam bién m e divierte m ucho, me contestó; pero
creo que aquí debe haber m ucha farsa, porque estas pro­
cesiones tienen m ucho de eso.
— No tanto, no tanto, le repuse; es cierto que van todos
con un día tal de im portancia, que parece están ejecu­
tando la cosa m ás form al del m undo; pero son costum ­
bres de pueblos que debem os ver y conocer sin criticar­
las; pues si escudriñam os las de todos los países por
sensatos y juiciosos que sean, verem os cosas bien raras
que nos chocarán y que acaso nos parezcan ridiculas.
Esta fiesta al m enos es bien pacífica, bien sencilla y
¡ojalá! que todas las fiestas populares fueran com o ella.
Tal fue el espectáculo que B ayo na nos ofreció el Ju e v e s
Gordo.»
38
Descargar