1 LA INTEGRACIÓN DE AMÉRICA LATINA COMO

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LA INTEGRACIÓN DE AMÉRICA LATINA COMO RESPUESTA A UN MUNDO
CON HEGEMONÍA UNIPOLAR
Otto Boye1
El punto de partida de esta exposición se encuentra en una afirmación que
hice al inaugurar el último Consejo Latinoamericano del SELA, realizado en Caracas a
comienzos de abril de este año, después de dibujar el cuadro internacional emergente con la
guerra contra Irak:
“con altísima probabilidad", señalé, "vamos a vivir un período
prolongado en un escenario político y militar de hegemonía unipolar.”
Cada día que pasa, este cuadro gana en perfil, mientras la salud del mundo
pierde en vigor y perspectivas. No es buena para la humanidad en su conjunto una realidad
semejante, pero es la realidad, y cualquier reflexión sobre el porvenir tiene que tomarla
como base a partir de la cual hay que trabajar para salir hacia puertos mejores.
Para América Latina y el Caribe (ALC), a la luz de estos hechos, resulta
obligatorio repensar su situación e intentar, en medio de las graves
dificultades que
encontrará en el camino, definir una estrategia propia y de consenso, que le permita
enfrentar los nuevos retos. En el título de esta ponencia se enuncia la respuesta: la
integración regional es el imperativo de la hora. Se han dado muchas razones para sostener
esto. En la actualidad, hay una más: en el escenario de globalización unipolar en el que
estamos, la integración es el único instrumento para desarrollar y disponer del mínimo de
autonomía que requiere la región para ser "alguien" y no "algo", sujeto y no objeto, en este
complicado y hasta peligroso escenario. Será también su modo de contribuir a la necesaria
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Secretario Permanente del Sistema Económico Latinoamericano, SELA.
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construcción de un modelo multipolar de globalización, como camino hacia un mundo más
justo, solidario y gobernable.
El presente documento, se inicia con una resumida descripción de la dinámica de
integración económica en ALC en los últimos años. Inmediatamente después se señalan
algunas de las limitaciones más importantes que desde la perspectiva de la Secretaría
Permanente han presentado los esquemas y procesos de integración en el área y en
consecuencia se exponen algunas líneas posibles de acción para revigorizar la integración
en concordancia con los retos actuales del desarrollo latinoamericano y caribeño. Teniendo
en cuenta el creciente interés – y el impulso que parece otorgarle la política exterior
brasileña y de otros países a la integración sudamericana, la que se visualiza como paso
indispensable para la concreción de la integración mayor - al final se analizan varios
elementos claves para la configuración de un espacio económico sudamericano.
I.-
Los
procesos
de
integración
económica
de
Latinoamérica
y
el
Caribe en los años recientes.
Durante la primera mitad de los años noventa, los diferentes procesos de integración
sub-regional avanzaron a un rápido ritmo.
En 1991 con la adhesión de Paraguay y
Uruguay, el acuerdo bilateral entre Argentina y Brasil de 1986 se convirtió en el “Tratado
de Asunción”, en virtud del cual se creó el MERCOSUR.
Asimismo, casi al cierre de 1989 la reunión de los presidentes de los países andinos
en las Islas Galápagos le dio nueva vida al Pacto Andino, transformado años después en la
Comunidad Andina de Naciones (CAN). El Mercado Común Centroamericano (MCCA) y
la Comunidad del Caribe (CARICOM) experimentaron procesos similares.
A fines de 1994 el MERCOSUR se convirtió en una zona de libre comercio con
pocas excepciones y sus países se comprometieron a establecer un arancel externo común
(AEC). En el primer quinquenio de los noventa los países andinos lograron liberalizar los
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rubros esenciales de su comercio recíproco, y en el 2002 se dio un paso importante dentro
del grupo, al acordarse el AEC de la comunidad.
Por su parte, en el MCCA el libre comercio está en vigor desde mediados de los
noventa, aunque cada uno de los países integrantes mantiene un número de salvaguardias y
restricciones en el comercio recíproco. Igualmente los miembros de la CARICOM habían
logrado liberalizar la mayor parte del comercio intra-regional a esa fecha. En la segunda
mitad del decenio pasado estos dos esquemas sub-regionales acordaron sendos programas
para rebajar y racionalizar sus respectivos aranceles externos comunes, pero hasta ahora
dichos acuerdos no han sido plenamente instrumentados en lo que atañe a los productos
más sensibles.
Negociaciones que vienen realizándose desde mediados del decenio pasado para
que CAN y MERCOSUR converjan hacia un área de libre comercio, y quizás un mercado
común sudamericano, han avanzado a un ritmo lento. La celebración de las dos cumbres de
jefes de estado de Sudamérica han dado impulso político a este proceso de acercamiento y
los países participantes han reiterado su compromiso de llevarlo a su culminación.
Simultáneamente, ha habido un número importante de acuerdos parciales, casi todos
de corte bilateral, a los que se ha calificado de “nueva generación”. Esta denominación se
debe a que se caracterizan por tener metas exigentes en cuanto a liberalización del comercio
de bienes y a la incorporación de compromisos en áreas complementarias, como servicios y
promoción de inversiones. En parte estos acuerdos fueron promovidos por los nuevos
compromisos y temas contenidos en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte
(TLCAN) y se han materializado, en particular, en los tratados bilaterales y plurilaterales
que tienen a México como principal actor.
En el marco de estas tendencias, el comercio intra-regional se recuperó del agudo
deterioro experimentado en los años 80, expandiéndose a ritmos muy elevados entre 1990 y
1997. El crecimiento fue particularmente acelerado en el caso de los dos acuerdos de
integración sudamericanos. Los flujos comerciales dentro de los diversos esquemas de
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integración no sólo crecieron de manera muy dinámica, si no que se concentraron
proporcionalmente en bienes industriales, sobre todo en aquellos con mayor contenido
tecnológico.
Por su parte, la dinamización de los flujos comerciales y el desarrollo de nuevos
marcos regulatorios para la inversión extranjera ha dado lugar a un auge de las inversiones
directas intra-regionales. Estas corrientes aunque todavía modestas en términos de volumen
si se comparan con los flujos totales de IED hacia la región (alrededor de 5 % del total), son
notables por algunos atributos que le otorgan particular importancia para la integración
efectiva de los aparatos productivos y comerciales de ALC. Este proceso de inversiones
“intra-regional” forma parte, además, de un conjunto más amplio de respuestas de las
empresas frente al nuevo contexto, que incluye desde alianzas estratégicas entre firmas
localizadas en diferentes países hasta procesos de concentración industrial en los cuales han
desempeñado un papel significativo algunas empresas de la región.
Los esquemas de integración sub-regional vigentes, sin embargo, no han incluido
movimientos de la mano de obra. De hecho, la migración laboral obedece básicamente a
diferencias en los niveles de desarrollo relativo, más que a los procesos de integración.
Hacia fines del decenio pasado, los procesos de integración sub-regional sufrieron
los embates originados por la crisis asiática, y la posterior recurrencia de crisis sobre todo
en países de América del Sur.
En este período, se ha producido además una “yuxtaposición” de los compromisos
integracionistas de la mayoría de los países de la región. Además del TLCAN, se crearon
otros foros como la Asociación de Estados del Caribe, el G-3, etc. Un número creciente de
acuerdos de libre comercio y cooperación económica
(bilaterales, trilaterales o bi-
regionales) entre diferentes países o esquemas sub-regionales fueron firmados. De hecho,
se estima que en la actualidad coexisten más de 40 instrumentos comerciales preferenciales
en el hemisferio. Esta situación indudablemente se hace más compleja en el marco de las
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negociaciones con vistas a la conformación del Area de Libre Comercio de las Américas
(ALCA)
Aunque actualmente hay quienes consideran que las diferentes esferas de
relacionamiento externo, al menos en teoría, son compatibles y complementarias entre sí,
podrían no serlo efectivamente a menos que cada país o grupo sub-regional adopte un
conjunto de decisiones coherentes que involucren definiciones de estrategias deseables.
II.- Algunas de las limitaciones más importantes de los procesos y tendencias de la
integración económica en ALC.
La Secretaría Permanente del SELA ha advertido que, junto al dinamismo mostrado
por los procesos y esquemas de integración económica en la región en los últimos años,
hay evidentes limitaciones que lastran los resultados esperados y la propia eficiencia
económica y social de los mismos. Algunas de estas limitaciones o problemas de la
integración actual son:
•
Como parte del desarrollo – con limitaciones – de los esquemas sub-
regionales y la “yuxtaposición” de compromisos, los organismos e instancias de
mayor alcance han perdido crecientemente su capacidad de influencia. (Ejemplo de
ello es lo sucedido con el SELA).
•
El comercio y la inversión intra-regional, efecto y medida de la
integración, sigue indicando - pese a los indudables progresos registrados – que las
relaciones recíprocas no son todavía determinantes para la mayoría de los países de
la región.
•
El enfoque predominante de los esfuerzos de integración sigue siendo
demasiado “comercialista”, y por ello habría que proponerse objetivos y acciones en
otras materias donde se puedan detectar percepciones e intereses comunes:
coordinación y armonización de políticas, desarrollo de la infraestructura,
colaboración en otros campos de la integración como la cultural, social y científicotécnica.
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•
Se ha reforzado una de las tendencias de largo plazo observadas en la
región: el carácter eminentemente inter-gubernamental de los esquemas de
integración. Esto – junto a otros factores – reclama un replanteo de la
institucionalidad latinoamericana y caribeña, especialmente a nivel regional.
•
El avance de la integración ha quedado así, vinculado a la voluntad
de los diferentes gobiernos y coyunturas económicas nacionales, y las instituciones
de integración no han podido resolver situaciones surgidas de la falta de
cumplimiento de las decisiones a nivel nacional. Ese estado del desarrollo
institucional de la integración adquiere mayor relevancia cuando las crisis
económicas recurrentes afectan a la región.
•
Por último, se advierten incongruencias o superposición entre los
compromisos integracionistas asumidos por cada país en los diferentes esquemas.
Por todo lo anterior, el espacio económico y social unificado de América Latina y el
Caribe – que nunca se iba a lograr de manera espontánea pues él tenía que ser el fruto de la
voluntad política y de la cohesión solidaria de los Estados Miembros – parece ahora estar
más distante. Además de las tendencias anteriormente descritas, sin lugar a dudas la
propuesta de creación del ALCA apunta a modificar radicalmente el alcance de la “utopía
integracionista”: del espacio latinoamericano y caribeño se ha pasado paulatinamente a
privilegiar el espacio hemisférico o “panamericano”.
Pareciera entonces que la dinámica reciente de los procesos de integración
económica y los retos del desarrollo latinoamericano en el actual contexto mundial, exigen
un esfuerzo denodado – para lo que resulta necesaria una clara voluntad política de los
gobiernos de ALC – para impulsar sobre nuevas bases la integración regional. Esto debiera
llevar a elegir un camino pragmático basado en el aprovechamiento e inclusión de todos los
avances existentes en materia de integración, al tiempo que se reformulan y perfeccionan el
alcance y la institucionalidad de dicha integración. De acuerdo a la Secretaría Permanente
del SELA esto significaría, entre otros elementos, los siguientes:
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1.
Un redoblado esfuerzo por perfeccionar, hasta su más pronta
culminación posible, la convergencia suramericana entre la CAN y el
MERCOSUR. Como se sabe, este es un proceso ya en camino, que fue decidido en
la Cumbre Suramericana de Brasilia celebrada en agosto del año 2000 y reafirmada
en la Cumbre de Guayaquil el año 2002. Pero hoy, a la luz de lo expresado, debiera
acelerarse.
2.
Igual cosa debe hacerse entre Centro América y el Caribe a través de
los acercamientos, también en curso, entre el MCCA y el CARICOM. También
estos esfuerzos debieran ganar en velocidad.
3.
Simultáneamente,
debiera
acordarse
entre
todos
los
países
latinoamericanos y caribeños la preparación del escenario mayor, para el cual, la
región se dio ya, en Panamá, en 1975, el instrumento pertinente: el Sistema
Económico Latinoamericano, SELA. No necesita crearlo de nuevo. Sólo debe
utilizarlo plenamente; no precariamente, como lo ha hecho hasta ahora. Como su
nombre lo dice, la creación de un auténtico "sistema económico latinoamericano"
expresa en forma adecuada y clara lo que se quiere: alcanzar la integración de toda
la región. Esto significa ir avanzando desde ahora para pasar de cuatro esquemas
sub-regionales a dos y preparar, desde ahora mismo, la convergencia mayor.
Una visión semejante tiene la gran ventaja de utilizar (y no destruir) lo que ya
se tiene. Se aprovecharía, así, lo avanzado, facilitando, a muy bajo costo por lo demás,
la aceleración y perfeccionamiento del proceso.
¿Pueden quedar algunos países de la región fuera del sistema? Si. Pueden. Son
soberanos. En Europa todo se ha realizado paulatinamente y por etapas y hay países
que decidieron primero estar fuera y más adelante resolvieron ingresar. La fuerza
magnética o atracción de la Comunidad Europea ha sido la clave para su expansión
actual, que se lleva a cabo casi medio siglo después de los primeros pasos que
culminaron con el Tratado de Roma de 1957. La Europa de los 15 está a punto de
convertirse en la de los 25.
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III.- Los esfuerzos por constituir un espacio económico sudamericano.
Las debilidades estructurales y la vulnerabilidad externa que manifiestan las
economías de América del Sur tendrían que ser enfrentadas tanto con modificaciones en las
políticas que se aplican, como a través de la implementación de una estrategia coherente,
decidida y viable de integración económica real entre los 12 países del sub-continente. Ello
tendría un impacto muy positivo – si se entiende como etapa y proceso complementario –
sobre la necesaria construcción de una América Latina y el Caribe unida. A continuación
se delinean algunos de los elementos que de acuerdo a la Secretaría Permanente del SELA
deben considerarse como los desafíos inmediatos, para la definición y aplicación de la
estrategia integracionista en Sudamérica.
1.
Las evidentes asimetrías económicas en América del Sur.
Una de las características que tipifican a América del Sur en la actualidad, se refiere
a la existencia de marcadas asimetrías entre los 12 países de la región, tanto en términos de
tamaño o dimensión económica, como en cuanto a niveles de desarrollo.
En términos generales, dado su “tamaño” y en comparación con Brasil,
economías de Chile, Bolivia, Ecuador, Paraguay, Uruguay, Guyana y Suriname
las
son
“pequeñas”, con una dimensión económica inferior a la décima parte del correspondiente a
Brasil: la economía dominante en el sub-continente. Por tal motivo, dichas economías
enfrentarían limitaciones estructurales que harían difícil
teóricas derivadas de su
la obtención de las ventajas
inserción en un futuro espacio económico integrado en
Sudamérica, en ausencia de mecanismos que garanticen efectivamente un “trato especial y
diferenciado” a favor de ellas.
Por otra parte, al comparar las 12 naciones suramericanas en cuanto a niveles de
desarrollo relativo - si bien todas son economías en desarrollo –y teniendo en cuenta el
Índice de Desarrollo Humano (IDH) se observa que hay tres países que clasifican dentro del
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grupo de los 53 que se consideran poseen un desarrollo humano alto. Los otros 9 están
dentro de los de desarrollo humano medio, pero la diferencia entre el de menor desarrollo
(Bolivia) y el que se encuentra en el primer lugar de dicho grupo (Colombia) es de más de
84 puntos porcentuales.
América del Sur: Niveles de desarrollo socio-económico relativo.
Tomando en consideración el Informe sobre Desarrollo Humano del 2002 elaborado por las
Naciones Unidas, los doce países de América del Sur quedan clasificados en función del IDH
de la siguiente forma:
•
Países de Desarrollo Humano Alto:
Clasificación
34.
38.
40.
•
País
Argentina
Chile
Uruguay
Valor del IDH (2000)
0.844
0.831
0.831
Países de Desarrollo Humano Medio:
Clasificación
68.
69.
73.
74.
82.
90.
91.
103.
114.
País
Colombia
Venezuela
Brasil
Suriname
Perú
Paraguay
Ecuador
Guyana
Bolivia
Valor del IDH (2000)
0.772
0.770
0.757
0.756
0.747
0.740
0.732
0.708
0.653
Todo lo anterior reafirma el criterio de la Secretaría Permanente de que al igual
que en el marco multilateral o en el hemisférico, la construcción de espacios reales de
integración económica en Sudamérica, debe tomar en cuenta las importantes asimetrías
existentes en la región. Ello implica el diseño coherente de modalidades concretas para
otorgar un “trato especial y diferenciado” a favor de las economías más pequeñas y
vulnerables dentro del contexto suramericano.
2.
Infraestructura.
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El desarrollo de la infraestructura regional se constituye en elemento clave para
superar los impedimentos
con vistas a explotar el potencial pleno que supondría la
integración de Sudamérica y también para mejorar la “proyección externa” de la región.
Los jefes de Estado y Gobierno del sub-continente identificaron este aspecto como
uno de los pilares para la construcción del espacio económico ampliado de Suramérica,
desde que se reunieron en Brasilia en el 2000.
Los logros alcanzados al respecto han sido discretos, y por tanto la expresa voluntad
política debería traducirse en que se le atribuya la máxima prioridad a los proyectos que se
ejecuten en el marco del Plan de Acción para la Integración de la Infraestructura Regional
en América del Sur (IIRSA). El tema del financiamiento disponible para la ejecución es, sin
lugar a dudas, uno de los elementos cruciales que determinará los grados de avance en el
futuro inmediato. Por ello, la búsqueda de mecanismos novedosos que ajusten las políticas
de endeudamiento de los distintos países
para apoyar o concretar proyectos
multinacionales es vital, tal y como se recogió en el “Consenso de Guayaquil”.
Los actores relevantes en la definición y ejecución de los
proyectos para el
desarrollo de la infraestructura en América del Sur deben tener presente que la
globalización, la consecuente “apertura externa” y la propia integración regional han
modificado el comportamiento espacial de las empresas y los diferentes agentes
económicos. Uno de tales cambios es la tendencia a la formación de “clusters” –
concentraciones geográficas de empresas interconectadas, proveedores especializados y
otras instituciones y compañías relacionadas que compiten y cooperan – los que generan los
beneficios de las economías de aglomeración y mejoran la competitividad.
Esto se
traduce en presiones crecientes sobre la infraestructura y la institucionalidad regulatoria de
la misma.
3.
Las negociaciones CAN – MERCOSUR.
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En el esfuerzo por la construcción de una América del Sur integrada, es lugar
común señalar que la constitución de un Area de Libre Comercio entre el MERCOSUR y la
Comunidad Andina de Naciones (CAN) representa casi la “espina dorsal” del futuro
espacio económico integrado. Sin embargo, en este análisis no debe soslayarse que tres
países del sub-continente no son miembros de ninguno de estos dos esquemas subregionales.
Chile, una economía importante en términos de dinamismo y estabilidad económica,
aunque tiene un entendimiento de asociación con MERCOSUR no es miembro pleno de
este acuerdo sub-regional. Además, esta nación ha desarrollado una estrategia de inserción
internacional dinámica peculiar, que descansa sobre una estructura muy diversificada – y
por tanto menos vulnerable – de relacionamiento económico externo.
Por otra parte,
Guyana y Suriname son naciones pequeñas, pero muy importantes en el proyecto de
integración de América del Sur, no tanto desde el punto de vista económico, como desde la
perspectiva política y cultural. La membresía de estas a dicho espacio suramericano daría
cuenta del verdadero alcance del proyecto integracionista en el sub-continente, el cual
recibiría los beneficios adicionales de la aumentada diversidad cultural que le otorgaría la
presencia de estas naciones “caribeñas” dentro del bloque. Adicionalmente hay que
reconocer que estos dos países están plenamente integrados a la Comunidad del Caribe
(CARICOM) uno de los esquemas sub-regionales de integración que, pese a coyunturas
difíciles y limitaciones, tiene un historial positivo de avance y coherencia en la historia
integracionista latinoamericana y caribeña. Indudablemente, Guyana y Suriname pudieran
aportar invaluables experiencias al proceso de integración suramericano, no sólo en
aspectos económico-comerciales, sino más allá de ellos.
De todas formas, la Secretaría Permanente del SELA reconoce que las
negociaciones entre el MERCOSUR y la CAN constituyen un paso imprescindible para la
construcción del espacio suramericano. Pero tal y como se verificó en vísperas de la
reunión en Guayaquil, hay trabas o dificultades significativas que han determinado ciertas
“incompatibilidades”en las negociaciones y el retraso en el logro del objetivo de concretar
un Acuerdo de Libre Comercio entre estos dos esquemas en el más breve plazo.
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Algunos de los elementos que explican las complejidades manifiestas en las
negociaciones de la CAN y el MERCOSUR para el establecimiento de un ALC entre ellos
son:
•
Diferencias notables en cuanto al grado de profundización y a la
institucionalidad de ambos esquemas sub-regionales.
•
Diferencias en las estructuras económicas y sociales de los países que
integran la CAN y el MERCOSUR.
•
Diferencias en los perfiles de relaciones económicas externas de
ambas agrupaciones.
•
Por otro lado, no debe perderse de vista que las relaciones
comerciales recíprocas entre la CAN y el MERCOSUR son marginales en el
contexto de las relaciones económicas externas de ambos grupos integracionistas.
La actual coyuntura socio-económica de América del Sur ha tenido implicaciones
adversas sobre los dos esquemas sub-regionales. Tanto en el MERCOSUR como en la
CAN - aunque se considera necesario intensificar los esfuerzos para profundizar la
integración - se observan
retrasos e inercias perceptibles en la concreción de estos
empeños.
Las dificultades en el proceso de acercamiento y paulatina homologación, que
supondría la conformación de un Area de Libre Comercio entre la CAN y MERCOSUR no
debieran constituirse en justificación para posponer el serio esfuerzo que supondría la
creación de dicha área, la que a su vez - como reconocieron los presidentes en Guayaquil fortalecería la capacidad negociadora regional en otros foros, particularmente el ALCA.
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4.
Las negociaciones en la OMC y en el contexto del ALCA.
Por último habría de señalarse que la multiplicidad de foros de negociación
económica-comercial en que se encuentran inmersos los 12 países del sub-continente,
pudiera constituirse en un elemento que cuando menos, hace más complejo el avance del
proyecto de espacio económico ampliado en Suramérica. De especial trascendencia son las
normas derivadas de la OMC – y las que se negocian en la actualidad en ese marco – así
como las que tienen lugar como parte de la construcción de una Zona de Libre Comercio
Hemisférica.
De acuerdo a la Secretaría Permanente del SELA tres aspectos centrales deberían
tener presentes
los gobiernos de América del Sur para coadyuvar al logro de los
compromisos reiterados en el “Consenso de Guayaquil” y, al mismo tiempo, evitar que
estos entren en colisión con las actuales y futuras disciplinas multilaterales y hemisféricas:
•
Los países del sub-continente deberían llegar a la mayor brevedad
posible a un acuerdo consensuado que defina cuál sería el orden de prioridad y los
ejes de polarización dentro de los diferentes foros de negociación en que participan.
•
De ser posible, los doce países de América del Sur deberían cuanto
antes definir posiciones comunes en la OMC a partir de identificar primeramente los
mecanismos y el cronograma temporal previsible
en que procederían a la
unificación comercial en el sub-continente. Ante las presiones que supondría el
posible dinamismo en las negociaciones hemisféricas para la conformación del
ALCA en el futuro próximo, los países de América del Sur aunque no como
miembros de un grupo todavía por conformar, deberían ya negociar como “unidad”.
Esto
fortalecería la
capacidad
de negociación
conjunta de los países
latinoamericanos y caribeños y simplificaría el proceso de negociación hemisférica
en su fase culminante. En caso de no lograrse para ese horizonte temporal una
mayor unidad de toda América Latina y el Caribe, al menos se evitaría la
negociación entre países aislados. Así esta sería reemplazada quizás por una
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negociación entre dos grandes bloques sub-regionales (América del Sur y
Centroamérica-Caribe) frente a Estados Unidos y Canadá. De todas formas, no
deben escatimarse esfuerzos para avanzar en la necesaria coordinación de toda
Latinoamérica y el Caribe. Este es el área natural por excelencia de reconocimiento
internacional para todos los estados y pueblos que forman parte de ella.
Para el logro de la mínima capacidad de concertación que supondría el escenario
anteriormente descrito, tampoco habría que generar nuevas instancias o medios de
acción. El SELA – en coordinación con otras instituciones de la región – podría
desempeñar el papel de foro donde se intercambien experiencias y se identifiquen
modalidades e instrumentos de articulación y convergencia, no sólo en lo que atañe a
las relaciones entre las sub-regiones suramericanas con las otras sub-regiones que
forman el vasto espacio común de Latinoamérica y el Caribe, si no también con
interlocutores extrarregionales.
A MANERA DE RESUMEN.
La región ha avanzado en temas de integración desde hace ya medio siglo, con
resultados magros todavía. Pero no está en punto cero. Hoy podría dar un salto adelante
si sus autoridades máximas tomaran las decisiones respectivas, aprovechando el
patrimonio de experiencia e, incluso, de instituciones que ya tiene.
He sostenido que ante una globalización como la que se ha construido hasta
ahora, que no nos ha favorecido, el dilema se hace extremadamente urgente: o se dan
ahora los pasos claves y se echa a caminar este nuevo proceso, o se perderá, tal vez
para siempre, la oportunidad de hacerlo. Es ahora, o será nunca. En este último caso,
América Latina y el Caribe dejará de existir como un todo y una lenta, pero irreversible
fragmentación la irá haciendo pedazos. En ese escenario, los poderosos se irán
repartiendo los despojos que, entre todos, cual más, cual menos; dejaremos en el
camino.
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