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El Programa "Todos a aprender" me confirma que
la educación transforma, como la danza y la poesía...
Mónica Lucía Suárez Beltrán
Todavía recuerdo con algo de nostalgia cuando tomé por primera vez una decisión de
vida, como docente. No me había graduado aún de mi pregrado en estudios literarios de la
Universidad Nacional de Colombia y ya quería sentir lo que era la educación de mi país, entre
la selva. Además de una pasión por escribir dentro de un contexto inspirador, como la Sierra
de la Macarena. Creo que fue allí, montada en la canoa por tres horas y luego caminando otras
tres para llegar a la vereda donde iba a ser docente, que me convencí de mi vocación. Siete
meses bastaron para darme cuenta que la lectura y la escritura permiten que el río tenga un
nombre, que la selva se palpe con las palabras.
Mis 44 niños fueron mis maestros, porque me hicieron ver que la educación también es
poesía, y que si alguna vez decidí estudiar literatura por amor a las palabras, tenía su razón de
ser terminar en plena selva, sin luz, sin ninguna llamada "comodidad", con miedo al inicio al
caminar una hora a la escuela y cantar a todo volumen sola para evitarlo, a escuchar, meses
después, el silencio y el canto de ese lugar. Además de los consejos sabios de mi maestro
Fabio Jurado, que recibía mis informes en forma de cartas, llenas de mis asombros y mis
realidades, y me confirmaba, que la docencia es como queremos verla y hacerla.
Mi vida no ha sido igual al regresar de la Sierra. Primero porque confirmé que nuestros
niños y niñas tienen el derecho a conocer la lectura, la escritura, la literatura...segundo porque
no olvido sus rostros, de niños cuya vida es de adultos y su único lugar para ser niños es la
escuela...tercero porque tuve que buscar la manera de hallar elementos de apoyo para poder
mostrarles lo que sabía, porque los recursos eran mínimos y eso me ha hecho amar lo sencillo.
Bogotá me acogió de nuevo con sus brazos de asfalto. Me costó acostumbrarme a estar
acá, a pesar de ser citadina, con bombillos, televisores, ruido. Pero aprendí aún más. Llegué a
ser profe en un colegio privado, cuyas comodidades iban al otro extremo. Todas las
herramientas a mi alcance. Y descubrí algo que parece obvio, pero para mí no lo era: los niños
son niños en todas partes. Son la casa de la imaginación, por eso no importa donde habiten.
Fueron siete años y llegué a ser líder de área.
Ya estaba más que claro para mí que me apasiona la educación, sobre todo la
investigación en la misma. Esos procesos de la imaginación en la infancia han sido el centro
de mis investigaciones. Así, hice mi Maestría en Educación en Lenguaje y Literatura, en la
Universidad Nacional y mi tesis se desarrolló como: "Una mirada a la creación poética en la
infancia".
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Encontré en mi camino un artista maravilloso, con el que pinté una casa. En ella
habitamos Samuel, Emilia, él (Jorge) y yo.
He tenido el gusto de publicar varios libros, que se debaten entre la poesía y la
investigación en educación, así como libros de texto de la Editorial Norma. Tenues y tonos,
Pensar la literatura infantil, Estrategias de lectura, Cinco movimientos y medio en el espacio,
La imaginación creadora en la infancia.
Mi presente es este programa, que se llena de todas mis experiencias anteriores. Llegar
al Ministerio de Educación Nacional ha sido una travesía, y contribuir a la construcción de
"Todos a aprender", una transformación. He conocido gente maravillosa, 100 personas que
quieren hacer algo por alguien, y eso en nuestros días, no es tan fácil. He reencontrado aquí
mis raíces, aquellas que pretenden sembrar semillas y ver crecer un mejor país.
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