1 LA UNIVERSIDAD Conferencia a la primera generación de

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PAZ Y BIEN
PARROQUIA INMACULADA CONCEPCIÓN
LA UNIVERSIDAD
Conferencia a la primera generación de alumnos
de la Universidad Provincial de Ezeiza
Origen – Naturaleza – Organización
Es un gusto compartir con ustedes, “alumnos fundadores” de este “espacio” de
estudios superiores al que llamamos, desde hace muchos siglos: Universidad, que
entendida como generadora del saber, se le atribuyó el carácter de “Alma Mater” en el
sentido de engendrar y transformar al hombre por obra de la ciencia, la técnica y el
saber.
Queridos jóvenes, es
generación de alumnos que
“personalidad”, el estilo, el
ustedes. Pertenecen a ella
gestores de la misma.
un orgullo y una gran responsabilidad pertenecer a la
deben colaborar en la fundación de una Universidad. La
alma de esta casa de estudios, también depende de
no sólo como hijos sino también, desde su rol, como
Como ustedes saben, no se puede amar lo que no se conoce, en este compartir
algunos conceptos sobre el origen y naturaleza de la Universidad, trataremos con
sencillez acercarnos a la raíces de esta institución, es una larga cadena que viene
desde la Alta Edad Media, y de la cual ustedes van a formar parte.
El origen del término.
La palabra “Universidad” procede del latín UNIVERSITAS, nombre abstracto
formado sobre el adjetivo UNIVERSUS – A – UM (“todo”, “entero”, “universal”), derivado
a la vez de UNUS – A - UM (“uno”).
En el latín medieval UNIVERSITAS se empleó originalmente para designar
cualquier comunidad o corporación considerada en su aspecto colectivo. Cuando se
usaba en su sentido moderno denotando un cuerpo dedicado a la enseñanza y a la
educación requería la adicción de un complemento para redondear su significado
“UNIVERSITAS MAGISTRORUM ET SCHOLARIUM”, por ejemplo:
“Ayuntamiento de maestros et de escolares que es fecho en algún logar con
voluntat et con entendimiento de aprender los saberes” (Partid. II, título XXXI, ley 1).
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Hacia fines del siglo XIV la palabra empezó a usarse, con el significado que tiene
en la actualidad. Sin embargo, el término más antiguo y que continuó usándose durante
mucho tiempo fue el de STUDIUM O STUDIUM GENERALE.
El triunfo de la palabra UNIVERSITAS con su significado actual no llegó hasta el
Renacimiento. Es claro que la palabra universitas, formada por lo elementos unus,
una, unum, y verto, vertere, versum, expresó una visión globalizadora de toda la
realidad.
Origen de la Universidad.
El siglo XIII es el siglo de las universidades, porque es el siglo de las
corporaciones urbanas. En las ciudades los que practican un mismo oficio se organizan
para defender sus intereses. Los comerciantes, y los artesanos se agrupan en gremios.
Conquistada la libertad económica por los gremios, se institucionalizan las libertades
políticas en forma de comunas. Gremios económicos y comunas políticas constituyen el
gran movimiento corporativo de la época. Los artesanos del espíritu, los intelectuales
también se organizan en una corporación universitaria.
De esta manera bajo el influjo evolutivo de la vida social, que generó ya desde el
siglo XI la formación de corporaciones, en el comercio y también en el campo de los
estudios, en estas escuelas superiores abiertas a todos, surge la corporación, bajo el
nombre precisamente Universitas, porque acogía en sí la colectividad de los escolares
(universita scholarium) o de los maestros (universitas magistrorum) o de los unos y de
los otros: la universitas studii no es la actual universidad sino sus raíces, ya que estas
cofradías de estudiantes si bien fueron conocidas como universitates, no eran sino
corporaciones en el sentido legal aceptado, no órganos de enseñanza; si bien la
corporación estaba relacionada con el studium y así el studium universitatis es la
institución perteneciente a una corporación. Análogamente a toda otra corporación de
artesanos, en las que se establecen normas para el ingreso y la permanencia en la
misma corporación y dar facultad de ejercicio del arte según reglas determinadas, la
universitas magistrorum, después de necesario examen, concedía los grados:
baccalaureum (bachillerato que se conserva en la Facultad de Teología y en
Universidades como la Gregoriana y otras en Roma); la licentia docenti o facultad
docenti (permiso de enseñanza).
Resumiendo, podemos decir que el saber, refugiado en los monasterios durante
muchos siglos de la Edad Media, había comenzado a cambiar de lugar, de las escuelas
monacales pasó a las escuelas de las catedrales, y de ahí daría un salto definitivo, la
fundación de una institución que recibiría el nombre de universidad.
La creación de las universidades de la Edad Media tiene sus raíces en las
escuelas que proliferaron en Europa Occidental, la Europa latina, durante el
renacimiento cultural del siglo XII. En Aquel tiempo los estudiantes se trasladaban de
una ciudad a otra para estudiar con los maestros de quienes se quería aprender.
Cuando ya habían aprendido todo lo que el maestro les podía enseñar se iban a otro
lugar a aprender de otro maestro. El cambio que representó la universidad fue que los
alumnos no tenían que desplazarse, pues los estudios que podían realizar se ofrecían
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todos reunidos en la universidad. Esta institución, a su vez reunía características
propias:
Eran corporaciones autónomas con una libertad que les permitía:
La contratación de maestros.
La redacción de unos estatutos propios.
La imposición a sus miembros de la observancia de una disciplina colectiva.
La obligación a sus miembros de cumplir unas normas de ayuda mutua.
La organización de la enseñanza, programas, duración de los estudios,
modalidades de exámenes, concesión de títulos.
Las primeras Universidades
Universitas magistrorum et scholarium, es la significación del término en
documentos oficiales relativos a las universidades de París y Bolonia, las dos primeras
universidades; así el papa Alejandro IV (10 de diciembre de 1255) afirma expresamente
que bajo el nombre universidad entiende: “todos los maestros y escolares residentes en
París, cualquiera que sea la sociedad o congregación a la que pertenezcan”.
La historia de las Universidades comienza en Paris. Desde principios del siglo
XII, era París una ciudad de profesores y estudiantes. En el claustro de la catedral de
Notre-Dame funcionaba una escuela catedralicia, heredada del prestigio de la escuela
de Chartres, y en la orilla izquierda del río Sena, dos escuelas abaciales, la de Santa
Genoveva y la de San Víctor. El pequeño puente que unía entonces la ciudad con la
orilla izquierda del Sena, estaba repleto de casitas que se llenaron de estudiantes y
profesores. Un día los profesores y alumnos comprendieron que formaban una
corporación, o sea, un conjunto de personas dedicadas a la misma profesión. Y
entonces, como dijimos, hicieron lo que habían hecho los zapateros, los sastres, los
carpinteros y otros oficios de la ciudad: agruparse para constituir un gremio. El gremio
de profesores y estudiantes que se llamó Universidad. Enterado del hecho, el Papa la
colocó bajo su amparo, y los Papas posteriores resolvieron que sus estudios fueran
válidos para todo el orbe cristiano.
A mediados del siglo XIII, vivía en París un maestro llamado Robert de Sorbon,
canónigo de la catedral y consejero del rey San Luis. Preocupado por la situación de los
estudiantes pobres, le pidió al rey que les cediera algunas granjas y casas de la ciudad,
y agregando dinero de su propio peculio, fundó un colegio para alojar a los estudiantes
de Teología necesitados. Al colegio se lo llamó de la Sorbona, en homenaje a su
creador, y sería el germen de la Universidad de París, considerada como la más
importante de la cristiandad.
El movimiento universitario se extendió muy rápido: en 1222 surge la universidad
de Padua, por una extensión de Bolonia; de Padua derivó pronto la de Vercelli; en
1224 fue fundada la universidad de Nápoles; a partir del ejemplo de París surge, en el
1229, la universidad de Tolosa. De París, además, partieron los estudiantes que dieron
origen en Inglaterra, en la primera mitad del siglo XIII, a la universidad de Oxford y,
después a la de Cambridge. En el mismo siglo surgieron en España la universidad de
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Salamanca y Sevilla, y en Portugal la de Coimbra. En 1303 por deseo de Bonifacio
VIII, Roma tiene el Studium Urbis. En el siglo XIV surgen las universidades de Praga
(1348), Viena (1364), Cracovia (1364), Colonia (1388). Después del descubrimiento de
América, se fundan las universidades de Méjico (1553) y de Lima (1555). Por iniciativa
del obispo fray Fernando de Trejo y Sanabria, se funda la universidad de Córdoba, la
primera en nuestro territorio en 1621.
Para América fue muy importante la universidad de Salamanca; pues allí se
discutió el “Derecho de gentes”, antecedente del Derecho Internacional (la discusión la
llevó adelante fray Victorio y Sepúlveda). A esta universidad se le refiere el famoso
dicho: “Quad natura non dat, Salamantica non prestat”.
Organización
La universidad medieval se compone de cuatro facultades:
- ARTE (Filosofía).
- DERECHO.
- MEDICINA.
- TEOLOGÍA.
Este conglomerado tan heterogéneo de profesores y estudiantes se entendían
gracias a la lengua común, el latín, que era el idioma que se hablaba corrientemente en
la Universidad. El uso del latín facilitaba el trato entre los estudiantes, permitía que los
profesores se comunicasen entre sí, y con sus alumnos, disipaba la imprecisión en los
conceptos y salvaguardaba la unidad del pensamiento. En París, el barrio que
albergaba a los estudiantes fue llamado por los vecinos “Barrio Latino” justamente por
ese empleo de la lengua de Cicerón.
Los profesores de aquel tiempo, si bien enseñaban a razonar a sus alumnos y
exigían de ellos un gran esfuerzo intelectual, concedían gran valor al argumento de
autoridad. “Somos como enanos sentados sobre las espaldas de gigantes – decía
Bernardo de Chartres. Representante de las llamadas escuelas catedralicias .Siglo XIII .Así pues, vemos más cosas que los antiguos y más lejanos, pero ello no se debe ni a
la agudeza de nuestra vista ni a la altura de nuestra talla, sino tan solo a que ellos nos
llevan y nos proyectan a lo alto desde su altura gigantesca”. Era una cultura
fundamentalmente humilde, y esta frase expresa la conciencia de algunos hombres de
su tiempo. Se consideraban muy poca cosa en comparación con los gigantes a los que
se referían: los grandes filósofos griegos, muy en concreto Aristóteles.
La enseñanza consistía esencialmente en “lectura” y “cuestionamiento” de textos
clásicos de acuerdo a lo específico de cada facultad. No se realizaban exámenes sino
en el momento de obtener algún título. El candidato era presentado por un profesor,
juraba que había asistido a los cursos y que no sobornaría a los profesores. El día del
examen se le señalaba el tema para que lo preparase por la mañana y lo comentara por
la tarde en un lugar público ante un jurado de maestros y doctores, éstos deliberaban y
votaban en privado sobre el resultado. Aprobado el examen el estudiante pasaba a ser
LICENCIADO, es decir, con licencia para enseñar, pero no ejercía la plenitud del
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profesorado sino hasta ser MAESTRO O DOCTOR previa defensa de un tema en
público. Al maestro o doctor se le entregaban las insignias de su función:
- Una cátedra.
- Un libro abierto.
- Un anillo de oro.
- Un birrete.
- Una toga.
Los estatutos prescribían fiestas y diversiones colectivas. Después de los
exámenes se acompañaban obsequios, festejos y banquetes en honor del recién
graduado. Los estudiantes de cada región realizaban danzas y juegos tradicionales
como por ejemplo las corridas de toros por parte de los españoles.
Privilegios de los estudiantes
Mucho antes del surgimiento de las universidades, los clérigos disfrutaban de
ciertos privilegios e inmunidades, y estos se extendieron cuando se establecieron las
universidades, a todos los estudiantes, laicos y clérigos por igual. El laico había de
llevar naturalmente el ropaje clerical no meramente como vestido académico sino como
evidencia de que tenía derecho a los privilegios clericales.
Los estudiantes, tanto clérigos como laicos, disfrutaban, como dijimos, de ciertas
exenciones, por ejemplo de impuestos, del servicio militar, de la jurisdicción de los
tribunales ordinarios, y la citación a tribunales que estuvieran a cierta distancia, por
ejemplo, de París (privilegium fori). Proteger estos privilegios era tarea especial del
conservador apostólico, habitualmente un obispo o arzobispo nombrado por el Papa
con este fin. En diversas ocasiones los Papas intervinieron para proteger a los
estudiantes contra la usurpación de las autoridades civiles locales: Honorio III (1220)
tomó partido por los estudiantes de Bolonia cuando el podestá redactó estatutos que
interferían sus libertades; Nicolás IV (1288) amenazó con suspender el Studium.
El año académico
En el primer período se daban clases a lo largo de todo el año, con ciertos
descansos en Navidad, Pascua, Pentecostés y unas vacaciones más largas en verano.
El año empezaba realmente el 1º de Octubre, y estaba dividido en dos períodos; el
ordinario largo, del 1 de octubre a Pascua y el ordinario corto de Pascua a finales de
junio. En Bolonia las vacaciones comenzaban el 7 de setiembre, y el año escolar se
abría de nuevo el 19 de octubre; éste, sin embargo, se interrumpía durante diez días en
Navidad, dos semanas en Pascua, y tres semanas en carnaval. Las vacaciones, sin
embargo, no constituían una suspensión completa de la labor académica; continuaban
las clases extraordinarias, dada en su mayor parte por licenciados, y se daba crédito a
los estudiantes que asistían a ellas. Para mediados del siglo XV, la división del año en
dos semestres, verano e invierno, se introdujo en Leipzig, y eventualmente fue
adaptada por las demás universidades alemanas.
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Conclusión
En la apreciación más calmada de los historiadores modernos la universidad
medieval fue un potente factor de ilustración y orden social. Despertó el entusiasmo por
aprender, e impuso disciplina. Su formación aguzó la inteligencia aunque subordinó la
razón a la fe. Fue el centro en el que la filosofía y la jurisprudencia de la antigüedad
fueron restauradas y adaptadas a los nuevos requerimientos. De ella ha heredado
la universidad moderna los elementos esenciales de enseñanza colectiva,
organización en facultades, carreras y grados académicos.
La historia de la universidad es también la historia de la humanidad.
Hoy la mayoría de las universidades son laicas, como ésta, con la autonomía
que, sobre la base de su mismo concepto fundacional, siempre ha formado parte de su
naturaleza de universidad, la cual debe estar vinculada exclusivamente a la autoridad
de la verdad. En su libertad frente a las autoridades políticas o eclesiásticas la
universidad encuentra su función particular, precisamente también para la sociedad
moderna, que necesita una institución de este tipo.
El hombre quiere conocer la verdad, pero la verdad significa algo más que el
saber: el conocimiento de la verdad tiene como finalidad el conocimiento del bien. La
verdad nos hace buenos, y la bondad es verdadera.
Deseo concluir con tres mensajes:
Primero, que la Edad Media no pudo haber sido tan oscura – como suele
afirmarse – si en ella se inventaron las universidades.
Segundo, que la universidad es el producto de un fuerte idealismo histórico que
se afinca en la creencia de la liberación del hombre por vía del conocimiento.
Tercero, que la universidad se encuentra en la simiente de todos los aciertos del
hombre occidental contemporáneo, al que no sólo lo ha educado sino también
trasmitido la herencia de quienes los precedieron en la obra civilizadora. Se la llama así
Alma Mater porque ella se nutre esencialmente del optimismo que llamamos futuro.
La Universidad se define como una institución al servicio del hombre, en su
singularidad y en su expresión social, esto no debe ser sacrificado a interese políticos,
económicos.
La Universidad lucha contra la raíz de la pobreza y la desigualdad, para que la
injusticia sea menos lacerante, para que la pobreza se acabe sin afectar la dignidad y
todos sean más ricos espiritualmente.
Recuerden que se combate la pobreza y la exclusión con la educación. Tienen
que hacerlo para encarar un mundo difícil y competitivo.
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Deben luchar por la Universidad, pidan lo mejor a sus profesores y a sus
autoridades pero exíjanse a sí mismos, respeten sus cuerpos y sus espíritus.
Las autoridades y el cuerpo docente harán de su vida universitaria algo
intensamente participativo.
Es una gran responsabilidad ser estudiante, estudiar, trabajar con entusiasmo.
Esto es posible sólo si ponemos en juego nuestra vida al cien por cien en la búsqueda
de la verdad.
En sus manos estarán tareas delicadas por lo que deben formarse con
conciencia, respetando la dignidad de los que componen esta comunidad.
Exijan lo mejor, después de haberse exigido. Aquí se encontrarán con buenos
maestros, con buenos compañeros, con autoridades que quieren oírlos, con biblioteca.
Todo depende de ustedes, deben estudiar más de lo que se les pide y sigan
preparándose toda la vida.
Queridos jóvenes, la vida está llena de retos, de alegría, de contradicciones y
una de las seguridades es que tienen la fortuna de ser universitarios, estén orgullosos
de esto. La Universidad es sagrada, ámenla y defiéndanla.
Ustedes llegan libremente a la Universidad, pero también responsables, llegan
alegres pero también caminan a la adultez plena que significa responsabilidad y
magnanimidad.
Ustedes son la sal de la tierra de nuestra Patria, pobre de aquel que aprenda sin
maestro, que no tenga interlocutor intelectual ni autoridad académica que oriente su
trabajo.
Ser universitario es un honor en si mismo, que deben reconocer todos los días.
Todos sabemos que el gran honor se recibe cotidianamente en las aulas cuando
aprendemos, cuando reconocemos nuestra ignorancia y nuestro afán de superarla,
cuando el profesor nos mueve con una frase, con un silencio y nos llena de vigor
intelectual, nos hace sentir enamorados de la ciencia, de la técnica y de la vida.
Por último recuerden que no existe otra grandeza que el servicio. En verdad, el
servicio es una dimensión esencial en el ejercicio de la responsabilidad. Servir con toda
su inteligencia y con toda su generosidad, servir apasionadamente y humildemente.
Servir sin miedo y sin cálculo…Servir en la confianza y en la esperanza. Para lograr
este objetivo en sus vidas, está la Universidad. Deben comprender que “servir es amar”.
La Universidad, dentro de sus objetivos debe lograr en ustedes que “el ideal del poder y
del dominio cedan el paso al ideal de la colaboración y el servicio” (R. Guardini); es decir
preparar hombres y mujeres que hagan más fraterna la sociedad.
Al inicio de la experiencia universitaria les deseo y los aliento a emprenderla con
generosidad.
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Bibliografía
Jedin Huber:
Manual de Historia de la Iglesia. T. IV, Ed. Herder, Barcelona
1973
Chiocchetto Pietro: Dizionario Storico Religioso. Ed. Studium.
Sáenz Alfredo:
La Cristiandad y su cosmovisión. Ed. Glaudius, 2007.
Guardini Romano: El fin de la modernidad. Ed. PPC, Madrid 1995.
Mons. Lic. Roberto J. González Raeta
Sofía T. de Santamarina 551 – Monte Grande (B1842CCC) – Buenos Aires – Argentina
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www.inmaculadamg.org.ar – e-mail: [email protected]
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