evaluacion clinica del sistema nervioso

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EL PACIENTE EN COMA
El presente artículo es una actualización al mes de enero del 2006 del Capítulo del Dr. Carlos
Lovesio, del Libro Medicina Intensiva, Dr. Carlos Lovesio, Editorial El Ateneo, Buenos Aires (2001)
ETIOPATOGENIA DE LAS ALTERACIONES DE CONCIENCIA
El “estar conciente” es un concepto multifacético que puede ser dividido en dos
componentes mayores: el nivel de conciencia (estado de vigilia o de despertar) y el contenido de
conciencia (reconocimiento de sí mismo y del contexto). El estado de vigilia es mantenido por un
sistema difuso de neuronas del tronco encefálico y del tálamo, conocido como formación reticular
activadora ascendente, y sus conexiones con los hemisferios cerebrales. Por lo tanto la depresión, ya
sea del tronco encefálico o de las funciones hemisféricas en forma global puede causar una
reducción del estado de vigilia. Los reflejos del tronco encefálico son claves en la evaluación de la
integridad funcional del sistema reticular activador. El contenido de conciencia o lucidez depende
de la integridad funcional de la corteza cerebral y de sus conexiones subcorticales recíprocas; cada
uno de sus múltiples aspectos reside en cierto modo en áreas anatómicamente definidas del cerebro.
El coma es la ausencia de toda respuesta fisiológicamente comprensible a los estímulos
externos o a las necesidades internas. Jennett define el coma como la incapacidad para obedecer
órdenes, hablar y mantener los ojos abiertos.
Los estudios clínicos y experimentales demuestran que el mantenimiento del estado de
conciencia con un complemento intacto de sus funciones requiere una continua y efectiva
interacción entre los hemisferios cerebrales relativamente intactos y ciertos mecanismos fisiológicos
activadores no específicos situados en la parte alta del tronco encefálico (sistema reticular activador
ascendente). La reacción de despertar está relacionada con la formación reticular activadora
ascendente (FRAA), una red de neuronas originada en el tegmento de la protuberancia y del
mesencéfalo, que se proyecta al diencéfalo y a las estructuras corticales. Los contenidos de
conciencia dependen de la integridad de la corteza cerebral y sus conexiones subcorticales. El
análisis bioquímico de la FRAA revela vías colinérgicas y glutamaérgicas (origen en la
protuberancia y el mesencéfalo), adrenérgicas (locus ceruleus), serotonérgicas y dopaminérgicas
(tronco encefálico), e histaminérgicas (hipotálamo). Muchas de estas neuronas convergen en el
tálamo, que envía proyecciones a la corteza cerebral. Neuronas adicionales de la FRAA se
proyectan directamente a la corteza cerebral o a otras estructuras diencefálicas tales como el
hipotálamo.
En relación con este concepto fisiológico, dos tipos generales de procesos patológicos
pueden alterar la conciencia. Uno consiste en condiciones que directamente deprimen la función de
los hemisferios cerebrales, y el otro incluye condiciones que deprimen o destruyen los mecanismos
activadores del tronco encefálico.
Se debe tener presente que lesiones focales de los hemisferios cerebrales producen afasia,
apraxia, agnosia o defectos motores o sensitivos unilaterales, pero no producen estupor o coma,
excepto que secundariamente alteren estructuras intracraneales remotas como para inducir cambios
bilaterales difusos en ambos hemisferios, o que por compresión lesionan el tronco encefálico.
La lesiones talámicas bilaterales y las lesiones hipotalámicas producen coma por
interrupción de la activación de la corteza mediada a través de estas estructuras. En las lesiones
hipotalámicas, los fenómenos asociados con el sueño, tales como el brusismo, son prominentes. La
velocidad de comienzo, el sitio y el tamaño de una lesión en el tronco encefálico determinan que la
misma resulte o no en coma. En este sentido, el infarto o hemorragia del tronco produce
generalmente coma, mientras que otras condiciones tales como la esclerosis múltiple o los tumores
rara vez lo hacen. Las lesiones por debajo del nivel de la protuberancia no resultan en coma. Las
drogas y las enfermedades metabólicas producen coma por depresión tanto de la corteza como de la
función del sistema reticular activador ascendente.
Como ya se adelantó, el estado de coma implica la falla ya sea de la corteza cerebral de
ambos hemisferios cerebrales o de la formación reticular activadora ascendente del tronco
encefálico. A partir de este concepto, se pueden considerar tres causas fisiopatológicas de coma:
1. Masas lesionales supratentoriales. Por incremento de volumen, y a través de
mecanismos de herniación, pueden distorsionar y comprimir la formación reticular ascendente del
tronco encefálico, generando coma. Tal es el caso de los accidentes cerebrovasculares isquémicos o
hemorrágicos voluminosos, abscesos cerebrales o tumores.
2. Masas infratentoriales o lesiones destructivas. Comprimen o destruyen directamente las
estructuras del tronco encefálico, tal es el caso del infarto del tronco por oclusión de la arteria
basilar o de la hemorragia cerebelosa.
3. Encefalopatías metabólicas. Producen coma por interferencia con el metabolismo, ya
sea de las estructuras corticales o del tronco encefálico. Se define la encefalopatía metabólica como
el conjunto de hallazgos neurológicos o neuropsiquiátricos que presentan una relación de causa a
efecto definida con trastornos metabólicos.
En un trabajo reciente de Becker y colaboradores, llevado a cabo en 42 unidades de
terapia intensiva de Estados Unidos, sobre un total de 17.440 ingresos, el 16% correspondieron a
padecimientos neurológicos o neuroquirúrgicos, discriminados tal como se describe en la Tabla 1.
Las causas que producen coma variarán de acuerdo al tipo particular de población que se atiende en
el servicio, pero las etiologías más frecuentes en general corresponden a los traumatismos de
cráneo, hipoxia de causa respiratoria o hemodinámica, enfermedades cerebrovasculares, trastornos
metabólicos e intoxicación por drogas.
Tabla 1.- Diagnósticos de admisión a terapia intensiva en pacientes neurológicos y neuroquirúrgicos
(Becker y col).
Neurológicos
Trauma cerrado
Accidente cerebrovascular
Convulsiones
Hemorragia cerebral
Trauma penetrante
Neoplasias cerebrales
Meningitis
Hematoma epi o subdural
Miastenia gravis
Enfermedades neuromusculares
Encefalitis
%
26,2
19,7
18,5
11,7
7,6
2,4
2,1
2,1
1,1
1,0
0,7
Neuroquirúrgicos
Craneotomía por neoplasias
Lesión medular espinal
Trauma cerrado
Otra neurocirugía
Hemorragia subaracnoidea
Hematomas epi o subdurales
Hemorragia intracraneal
Cirugía transesfenoideal
Trauma penetrante
Abscesos cerebrales
%
32,2
16,4
12,2
8,9
7,6
7,2
4,2
3,3
3,0
1,2
EL EXAMEN DEL PACIENTE CON DETERIORO DE CONCIENCIA
El SNC es claramente el sistema orgánico cuya evaluación es con más frecuencia mal
realizada en el paciente crítico. Esto es así a pesar de la alta prevalencia de disfunción neurológica
en los pacientes en terapia intensiva.
Existen varias razones para que el examen neurológico en la UTI frecuentemente se
efectúe mal. La primera es una limitación curricular de muchos médicos en el conocimiento de la
patología neurológica. La segunda es la dificultad para evaluar el sistema nervioso en los pacientes
ventilados, restringidos y generalmente sedados. La tercera es la creencia de que los métodos
complementarios pueden reemplazar al examen neurológico. No existe ningún procedimiento
complementario de estudio que sustituya al examen clínico neurológico, y ninguno que tenga más
valor pronóstico que la comparación evolutiva de los datos clínicos obtenidos.
Los elementos de monitoreo son imprescindibles para anticipar eventos graves si no se
corrigen las variables alteradas que ellos informan. El examen neurológico, en cambio, permite un
diagnóstico.
El examen neurológico en el paciente crítico debe estar destinado a responder a una serie
de preguntas claves. El diagnóstico neurológico se basa en la historia, el examen minucioso, y la
elección apropiada de los exámenes complementarios. El reconocimiento de las bases
fisiopatológicas del coma dirige el examen neurológico y determina la selección de los exámenes
complementarios. La aproximación diagnóstica a través de la evaluación clínica se utiliza para
categorizar el coma en:
•
Coma sin signos focales ni meningismo. Esta es la forma más común de coma y
resulta de lesiones isquémicas-anóxicas, metabólicas, tóxicas, o es inducido por
drogas, infecciones o estados postconvulsivos.
•
Coma sin signos focales con meningismo. Este resulta de hemorragia
subaracnoidea, meningitis y meningoencefalitis.
•
Coma con signos focales. Este resulta de hemorragia intracraneal, infarto,
tumores o abscesos.
El control del curso subsiguiente del coma con la evaluación clínica seriada es esencial,
especialmente en los casos de lesiones expansivas donde es necesario el manejo del aumento de la
presión intracraneana ya sea por métodos farmacológicos o por cirugía.
La patología que afecta a múltiples estructuras, tales como la trombosis de los senos
venosos, los hematomas subdurales bilaterales, la vasculitis o la meningitis, se pueden presentar con
coma sin signos focales o meningismo y pueden simular patologías tóxicas o metabólicas. A la
inversa, cualquier causa tóxica o metabólica de coma se puede asociar con hallazgos focales, tal el
caso de la encefalopatía hepática o hipoglucémica. Los signos focales también pueden ser la
consecuencia de enfermedades estructurales preexistentes; en el paciente hipoglucémico con un área
de circulación crítica, es casi constante la aparición de signos focales.
La evaluación del estado mental
Tanto el estado de vigilia como los contenidos de la conciencia no son fenómenos del
todo o nada, sino parte de un largo continuum. A la cabecera del paciente, el estado de vigilia se
evalúa por la presencia de apertura ocular espontánea o inducida por estímulos. El mismo varía
entre el estado de alerta (apertura ocular espontánea), sueño (apertura ocular luego de un estímulo
externo moderado), estupor (apertura ocular luego de un estímulo externo vigoroso) o coma
(ausencia de apertura ocular). El contenido de conciencia se refiere a la comprensión por parte del
individuo de si mismo y del medio. Clínicamente, el médico está limitado a apreciar el potencial del
paciente para percibir el mundo exterior y para interactuar voluntariamente con él (conciencia
perceptiva). En la práctica, el contenido de conciencia es evaluado por un examen cuidadoso y
repetido de la capacidad de formular respuestas conductuales reproducibles, voluntarias, con
propósito y sostenidas ante estímulos auditivos, táctiles, visuales o nocivos. Preguntando al paciente
si sabe o puede escribir su nombre se puede evaluar el conocimiento de sí mismo (autoconciencia).
El paciente debe ser capaz de despertarse para realizar los procesos cognitivos requeridos para
ejecutar sus contenidos de conciencia. En este sentido, el paciente en coma no tiene contenidos de
conciencia evaluables debido a que no puede ser despertado. Sin embargo, como lo ilustran los
pacientes en estado vegetativo, el estado de vigilia es necesario pero no suficiente para mostrar
contenidos de conciencia. En efecto, los pacientes en estado vegetativo están despiertos, como lo
muestra la preservación de la apertura espontánea de los ojos y los ciclos de sueño y vigilia, pero no
muestran signos de actividad conciente.
La conciencia esta íntimamente relacionada con funciones superiores tales como la
percepción, atención, memoria de trabajo, memoria declarativa, conocimiento, imaginario mental,
motivación, emoción y lenguaje. Los defectos visuales, auditivos o somatosensoriales pueden
reducir considerablemente la conciencia perceptiva. La atención constituye un componente de la
percepción en el sentido que es utilizada para seleccionar y dirigir la concentración en el
procesamiento de cierta información con la exclusión de otros estímulos o datos relacionados. Del
mismo modo participan en los contenidos de conciencia los otros elementos descriptos.
El acto de pensar depende de todos los componentes de la conciencia previamente
mencionados, pero también incluye un conocimiento de la propia actividad cognoscitiva. La
confusión es un desorden del contenido de conciencia. Cualquier deterioro en la función
cognoscitiva puede causar confusión, o sea deterioro de la percepción, atención, conocimiento,
acción o coherencia del pensamiento. También puede ser el signo de presentación de una disfunción
focal aislada como la afasia o la agnosia visuoespacial.
Examen de los pares craneanos
El examen de los pares craneanos puede brindar información valiosa sobre el nivel de
lesión en el tronco encefálico responsable del coma, dada la localización de los centros de dichos
nervios en el sistema nervioso. En la Tabla 2 se indican distintos aspectos de los nervios craneanos
útiles en el reconocimiento del estado de coma.
Tabla 2.- Reflejos del tronco encefálico en el paciente en coma.
Técnica de
examen
Respuesta a la
luz
Pupilas
Oculocefálico
Mover la cabeza
de lado a lado
Vestíbulooculocefálico
Irrigar el conducto auditivo
externo con agua
fría
Reflejo corneano Estimulación de
la córnea
Reflejo de tos
Estimulación de
la carina
Reflejo de
Estimulación del
arcada
paladar blando
Respuesta normal
Constricción pupilar
directa y consensual
Los ojos se mueven
en forma conjugada
en dirección opuesta
a la cabeza
Nistagmus con componente rápido batiendo hacia el otro
lado del estímulo
Cierre palpebral
Tos
Elevación simétrica
del paladar blando
Vía aferente
Retina, nervio
óptico, quiasma,
tracto óptico
Canales
semicirculares,
nervio vestibular
Canales
semicirculares,
nervio vestibular
Nervio trigémino
Nervios vago y
glosofaríngeo
Nervios vago y
glosofaríngeo
Tronco encefálico
Vía eferente
Núcleo Edinger-Westphal
(mesencéfalo)
Nervio oculomotor,
fibras simpáticas
Núcleo vestibular. Fascículo longitudinal medio.
Formación reticular parapontina (protuberancia)
Núcleo vestibular. Fascículo longitudinal medio.
Formación reticular parapontina (protuberancia)
Núcleo trigémino y facial
(protube-rancia)
Centro de la tos (bulbo)
Nervio óculo-motor y
VI par
Bulbo
Nervio óculo-motor y
VI par
Nervio facial
Nervios vago y
glosofaríngeo
Nervios vago y
glosofaríngeo
Respuesta pupilar
La respuesta pupilar al estímulo lumínico debe ser evaluada en todos los pacientes, ya que
la misma provee una información importante con respecto al estado del cerebro así como de los
sistemas simpático y parasimpático.
Las modificaciones del tamaño pupilar son producidas por el estímulo lumínico. Cuando
un haz de luz impresiona la retina de un ojo, ambas pupilas se contraen, denominándose a la
reacción del ojo estimulado respuesta directa, y a la del ojo opuesto respuesta consensual. La vía
aferente comienza en la retina, transcurre por el nervio óptico y continúa con la vía visual hasta el
ganglio geniculado, en donde se conecta en forma bilateral con el núcleo de Edinger-Wesphal,
porción parasimpática del núcleo del III par, saliendo con sus fibras y llegando hasta el ojo, donde
inerva al músculo iridoconstrictor (Fig. 1). Con este simple examen se puede diagnosticar una
lesión del nervio óptico o del tercer par. Si una pupila no responde a la luz pero se obtiene la
respuesta consensual al iluminar el otro ojo, se admite que la vía efectora en el tercer par está
intacta, existiendo una lesión en el nervio óptico homolateral, por el cual transcurre la vía aferente.
Fig. 1. La vía parasimpática pupiloconstrictora.
El tamaño de la pupila está determinado por el balance de los impulsos simpático y
parasimpático. La estimulación parasimpática resulta en la constricción pupilar y es mediada por el
núcleo de Edinger Westphal del tercer par craneal. Este núcleo está situado en la porción rostral del
mesencéfalo, cercano al sistema reticular activador. Las fibras constrictoras de la pupila transcurren
en forma circunferencial en la parte externa del III par y por ende se afectan antes que las fibras
motoras por condiciones que comprimen el nervio. Esto tiene implicancias significativas en la
hernia cerebral transtentorial, donde la dilatación pupilar generalmente precede a la parálisis
oculomotora. En forma característica, la parálisis del tercer par tiene como resultado una pupila
ipsilateral dilatada que no responde a la luz, en adición a una parálisis oculomotora.
El sistema simpático, que determina la dilatación pupilar ante el dolor o la carencia de
luz, es un sistema de tres neuronas (Fig. 2). Las neuronas de primer orden se originan en el
hipotálamo y descienden a través del tronco encefálico adyacentes al sistema reticular activador.
Estas neuronas terminan en la médula espinal cervical alta, en las células de la columna
intermediolateral, al nivel aproximado de C8 y D1. Las neuronas de segundo nivel luego ascienden
en la vía simpática hacia el ganglio cervical superior, donde hacen sinapsis. Las neuronas de tercer
orden continúan alrededor de la arteria carótida hasta alcanzar la división oftálmica del V par
craneal, desde donde acceden a la pupila. Una alteración unilateral del sistema nervioso simpático
resulta en una pupila pequeña que no se dilata en la oscuridad. Generalmente, esto se asocia con una
ptosis moderada y una anhidrosis alrededor del ojo (síndrome de Horner).
Puesto que el tamaño de la pupila resulta de un balance entre los tonos simpático y
parasimpático, es importante tener en cuenta que una serie de drogas pueden tener efecto
significativo en este sentido. Las drogas tales como los narcóticos y sedantes producen miosis,
mientras que las drogas anticolinérgicas tales como los derivados tricíclicos y de la belladona
producen dilatación pupilar o midriasis. Las drogas adrenérgicas (adrenalina, noradrenalina,
dopamina) pueden producir midriasis paralítica persistente (Fig. 3). Adicionalmente, varias
anormalidades talámicas y del tronco encefálico pueden producir pupilas de varios tamaños y con
respuestas variables a la luz, debido a la afectación preferencial de los tractos simpático o
parasimpático (Fig. 4).
Fig. 2.- La vía simpática pupilodilatadora.
Fig. 3.- Dilatación pupilar máxima en paciente con intoxicación por βbloqueantes que
requirió como terapéutica dosis elevadas de atropina, adrenalina y noradrenalina.
En los momentos iniciales de la compresión talámica, por ejemplo, en el inicio de una
hernia transtentorial, se presenta una pupila ligeramente disminuida de tamaño y reactiva,
probablemente debido a la interrupción de las vías simpáticas descendentes. Pupilas dilatadas (5 a 7
mm), fijas, sin reacción a la luz, y en posición media son el resultado del daño a nivel mesencefálico
o por debajo. Pupilas puntiformes (1 a 1,5 mm) indican daño focal de la protuberancia o una
compresión protuberancial a partir de una lesión cerebelosa, pero no son producidas por el deterioro
rostrocaudal inducido por una hernia.
Fig. 4. Distintas respuestas pupilares ante estímulos orgánicos y metabólicos.
Tozuda y col. han comprobado que la presencia o ausencia del reflejo lumínico es el signo
clínico aislado más importante para distinguir el coma estructural del coma metabólico; las vías
pupilares son relativamente resistentes a los insultos metabólicos. La presencia de una respuesta a la
luz normal en cuanto a tamaño, forma y velocidad indica un tronco encefálico intacto y
habitualmente excluye el daño estructural del cerebro medio como causa del coma. Una pupila
unilateral dilatada, no reactiva, rara vez es causada por una lesión intrínseca ipsilateral del cerebro
medio, resultando habitualmente de la compresión del tercer par craneal como ocurre en la hernia
transtentorial.
Motilidad ocular extrínseca
Las anormalidades de los movimientos oculares extrínsecos tienen significativa
importancia pronóstica en los pacientes críticos. Los ojos pueden moverse por varios mecanismos
diferentes, cada uno de ellos involucrando vías neuroanatómicas particulares. Tres de estos
movimientos (conjugados, sacádicos y de convergencia) requieren de un estímulo cortical, mientras
que los movimientos reflejos son mediados totalmente por el tronco encefálico. Estos cuatro
sistemas emplean los pares craneanos III (motor ocular común), IV (patético) y VI (motor ocular
externo), en forma conjunta con el fascículo longitudinal medial para generar los movimientos
oculares. La presencia de movimientos oculares sacádicos, es decir, la habilidad para mover los
ojos en forma rápida y voluntaria hacia un punto en el espacio, establece la integridad de un gran
área del cerebro y tronco encefálico. El control voluntario de los movimientos oculares sacádicos
requiere la activación de los centros del lóbulo frontal, transmisión de este impulso hacia la
formación reticular paramediana de la protuberancia y conexiones intactas en el tronco encefálico.
Los movimientos conjugados son mediados a través de los lóbulos
temporoparietooccipitales ipsilaterales, a través de conexiones a la formación reticular paramediana
de la protuberancia y a las vías visuales del tronco encefálico. A nivel del área 8 cortical frontal, se
encuentra el inicio de la vía que controla los movimientos voluntarios de los ojos; y a nivel
parietooccipital, la vía optomotora que moviliza a los ojos posicionando a la mácula en el punto de
atención. La vía de los movimientos horizontales desciende por el pie del tronco, se entrecruza a
nivel pontino y llega al centro de la mirada lateral, acúmulo celular de la sustancia reticular pontina
cercano al VI par, donde hace sinapsis. De allí una segunda neurona se conecta por una parte con el
núcleo del VI par de ese lado y por otra, a través de la cintilla longitudinal posterior, con el
subnúcleo del recto interno del III par del lado opuesto. Por lo tanto, un impulso originado en el
hemisferio derecho estimulará al recto externo izquierdo y al recto interno derecho, lo que
ocasionará el desplazamiento de los ojos hacia la izquierda. La lesión cortical, por ende, producirá
una desviación de la mirada hacia el lado de la lesión.
La presencia de un foco irritativo o epiléptico produce la desviación conjugada
contralateral de los ojos. Esto puede ocurrir con o sin otras manifestaciones obvias de convulsiones,
existiendo en ocasiones movimientos mínimos de los párpados, lengua, cara o mandíbula. La
presencia de este desorden ocular debe alertar sobre la posibilidad de alguna forma de estado
convulsivo parcial complejo que debe ser confirmado con un electroencefalograma.
En ausencia de movimientos voluntarios y de vagabundeo ocular, el tronco puede ser
evaluado a través de los reflejos oculovestibular y calórico. Las vías de estos reflejos se encuentran
en el mesencéfalo y protuberancia, y están próximas al sistema reticular activador (Fig. 5). Es fácil
comprobar que la evaluación de estos reflejos provee importante información pronóstica, debido a
la estrecha proximidad de los mismos con los centros necesarios para la reacción de despertar. La
evaluación del reflejo oculovestibular se logra por el movimiento rápido de la cabeza hacia un lado.
La respuesta normal en un sujeto comatoso con un tronco encefálico intacto es una desviación
conjugada de los ojos hacia la dirección contraria al movimiento. Los ojos luego retornan
lentamente a la línea media en varios minutos. El test se repite moviendo la cabeza hacia el lado
opuesto. Luego se puede evaluar el reflejo en el plano vertical de una manera similar. Estas
maniobras no deben realizarse si se sospecha una lesión de la columna cervical.
Los movimientos oculares que se observan durante el movimiento de la cabeza se derivan
de dos orígenes: reflejos cervicoocular y oculovestibular. El reflejo cervicoocular se origina en
impulsos propioceptivos a partir de los músculos y ligamentos del cuello que pasan a través de la
vía aferente ascendente para conectar con los núcleos vestibulares, fascículo longitudinal medio,
formación reticular y cerebelo. El reflejo oculovestibular se origina en el aumento del flujo de la
endolinfa en los canales semicirculares, resultando en la estimulación de neuronas vestibulares que
directamente activan la formación reticular paramediana en la protuberancia y causan la desviación
ocular.
En presencia de lesiones medulares cervicales, o si no se observan movimientos durante los tests
reflejos oculovestibulares, el reflejo oculovestibular puede ser desencadenado con un estímulo
calórico. Este evalúa solamente el reflejo oculovestibular y no el reflejo cervicoocular. Para realizar
este test, la cabeza del paciente se eleva entre 30 y 50° y se instilan 50 a 100 ml de agua helada en
el meato auditivo externo. Es importante excluir una lesión local a través de una otoscopía
previamente a la realización del test. La respuesta normal es una lenta desviación conjugada de los
ojos hacia el sitio donde se está instilando el agua. El test calórico es un potente estímulo para el
movimiento ocular, y la presencia de un movimiento ocular conjugado implica que el
troncoencefálico está intacto desde la parte alta del mesencéfalo hasta la parte baja de la
otuberancia.
Núcleo III
Músculo oblicuo superior
Nervio oculomotor (III)
Núcleo IV
N. patético
Superior
Medio
Músculo recto
Inferior
M. recto
lateral
Cintilla longitudinal media
Músculo oblicuo inferior
Núcleo VI
Nervio motor
ocular externo
Canal superior
Canal posterior
Núcleo vestibular
Superior
Medio
Lateral
Espinal
Canal horizontal
Utrículo
Nervio vestibular
(VIII)
Tracto retículo espinal
Núcleo XI
Sáculo
Ganglio
vestibular
Tracto vestíbulo
espinal lateral
Nervio espinal accesorio (XI)
A músculos trapecio y esternocleidomastoideo
Tracto longitudinal medio
Medula cervical
Columna gris intermediolateral
Tracto longitudinal medio
Médula dorsal
Asta gris
anterior
Raíz anterior
A los músculos
el cuerpo y de
los miembros
Fig. 5. Los reflejos oculovestibulares y oculocervicales (Modificado de House E.)
La ausencia completa de respuesta a los estímulos oculovestibulares implica una lesión
difusa del tronco encefálico, ya sea de origen metabólico o estructural. La presencia de movimientos
reflejos oculares conservados virtualmente elimina a la lesión de la fosa posterior como causa del
coma.
Respuestas corneanas
El reflejo corneal es un reflejo oligosináptico consensual que evalúa la rama aferente del
V par (trigémino) y la rama eferente del VII par (facial). Este test se realiza tocando la córnea
suavemente con un algodón. La respuesta normal es que el paciente cierre ambos ojos. La presencia
de este reflejo implica un V nervio ipsilateral intacto, una protuberancia central normal y un VII par
bilateral intacto. El test se debe realizar en forma bilateral para evaluar los componentes aferentes
de los dos trigéminos.
Sumario de signos oculomotores en los pacientes con trastornos de conciencia
En pacientes despiertos y alertas, los ojos están dirigidos directamente hacia delante en
reposo y no presentan movimientos involuntarios. La respuesta oculocefálica no puede ser
normalmente obtenida, y la estimulación calórica produce nistagmo más que una desviación
definida.
Los pacientes inconscientes que sufren disfunción cerebral hemisférica bilateral o difusa
sin destrucción o compresión directa de las vías que influyen los movimientos oculares tienen los
ojos dirigidos hacia delante o ligeramente divergentes, sin movimientos involuntarios, excepto un
lento vagabundeo ocular. La respuesta oculocefálica es rápida, y la estimulación calórica determina
una desviación ocular sostenida hacia el lado estimulado.
Los pacientes inconscientes con daño agudo del campo ocular frontal tienen los ojos
desviados hacia el sitio de la lesión, ocasionalmente con cierto nistagmo hacia ese lado. Las
respuestas oculocefálicas y calóricas están usualmente presentes aunque puede ser difícil obtenerlas
en las primeras horas que siguen a la injuria.
En el coma metabólico, las respuestas a la estimulación oculocefálica y calórica son al
principio rápidas, pero se hacen más difíciles de obtener a medida que el coma se profundiza. En el
coma metabólico muy profundo, los ojos están fijos.
Los ojos de los pacientes comatosos con lesiones del mesencéfalo están inmóviles y
dirigidos directamente hacia adelante. Los ojos de pacientes con lesiones pequeñas que involucran
el fascículo longitudinal medio miran directamente hacia delante, pero el globo del sitio de la lesión
no aduce ante los estímulos oculocefálico y calórico (oftalmoplejía internuclear).
Las lesiones protuberanciales unilaterales determinan que los ojos se desvíen en forma
conjugada hacia el sitio contrario a la lesión con ausencia de respuestas oculocefálica y calórica del
lado lesionado. La desviación oblicua resulta de lesiones protuberanciales dorsolaterales o del
fascículo longitudinal medio.
Los ojos que están dirigidos directamente hacia adelante no tienen valor localizador en
pacientes en coma.
Los ojos que presentan una desviación conjugada en el plano horizontal indican o una
lesión hemisférica ipsilateral o una lesión protuberancial contralateral. Si los ojos están totalmente
desviados pero pueden pasar la línea media en sentido contrario a la desviación con los
movimientos pasivos de la cabeza o con la estimulacion calórica, la lesión es hemisférica. Si los
ojos están parcialmente desviados pero no se logra de ningún modo que pasen la línea media hacia
el otro lado, la lesión es protuberancial. Si los ojos están desviados en forma conjugada hacia abajo,
la lesión es compresiva o por depresión metabólica del mesencéfalo. Si los ojos pueden superar el
meridiano horizontal por estimulación oculocefálica o calórica, la lesión probablemente sea
metabólica; caso contrario será estructural, probablemente compresiva.
Excepto para una divergencia ocular mínima, la desviación ocular disconjugada en el
coma establece una lesión estructural del tronco encefálico, siempre que se descarte un estrabismo
divergente preexistente.
El síndrome de enclaustramiento (locked-in syndrome) habitualmente involucra la base de
la protuberancia; por lo tanto, la abducción ocular está comprometida, pero la función del tronco
referida a los movimientos oculares verticales, reactividad pupilar y apertura ocular está preservada.
El sueño y sus correlaciones en cuanto a la apertura ocular, mediadas por la función pontina,
también son anormales, con una marcada reducción en los movimientos oculares rápidos durante el
sueño REM. El electroencefalograma es normal.
El “ocular bobbing” describe una sacudida rápida hacia abajo de ambos ojos con lento
retorno a la posición media. Este desorden de los movimientos oculares es específico de las lesiones
agudas protuberanciales.
Se debe tener presente que en los enfermos en terapia intensiva, múltiples patologías y
agentes farmacológicos o tóxicos pueden interferir con los movimientos oculares, dificultando su
correcta interpretación (Tabla 3).
Tabla 3. Patologías y drogas que pueden dificultar el estudio de los movimientos oculares
en el paciente en coma
Lesiones vestibulares periféricas, incluyendo agentes ototóxicos: antibióticos
aminoglucósidos, diuréticos de asa, altas dosis de salicilatos, agentes antineoplásicos
Drogas que suprimen el sistema vestibular: sedantes, antiepilépticos, antidepresivos
tricíclicos, alcohol, sedantes vestibulares
Desórdenes oculomotores supranucleares o infranucleares con oftalmoplejía
externa: miopatías endocrinas, síndrome de Fisher, botulismo
Agentes tóxicos que producen trastornos oculomotores actuando en el tronco
encefálico o en el cerebelo: amitriptilina, haloperidol, litio, talio, opioideos, bromuro,
barbitúricos
Bloqueantes neuromusculares
Comas metabólicos: coma hepático, hipercapnia
Reflejo de arcada
El reflejo de arcada debe ser evaluado en todos los pacientes. El mismo se obtiene
bajando la lengua y estimulando un lado de la faringe posterior. Cada lado debe ser evaluado por
separado. Una respuesta normal demuestra movimientos bilaterales de los músculos faríngeos
posteriores e implica la presencia de pares craneales IX (glosofaríngeo) y X (neumogástrico)
normales. La capacidad de desarrollar una respuesta de tos y succión puede ser evaluada en
pacientes intubados y permite establecer la integridad del X par.
Patente respiratoria
El tronco encefálico es el sitio primario del control central de la respiración. Este control
se produce a un nivel subconsciente y resulta en la contracción y relajación rítmica de los músculos
respiratorios. El control automático de la respiración puede ser temporariamente superado por
mecanismos voluntarios o por acciones reflejas tales como la tos y el estornudo; los mecanismos
voluntarios son esenciales para la interrupción de la respiración durante el acto de hablar. Del
mismo modo que otros sistemas de control central neurológico, los centros respiratorios reciben
información aferente, relacionada con la respiración, integran la misma con datos de otras fuentes,
emiten señales eferentes hacia los músculos respiratorios, y son modificados por estímulos
provenientes de otras áreas del cerebro, tronco encefálico y médula espinal.
La información aferente se origina en varias fuentes. Las mismas incluyen los
quimiorreceptores centrales, situados en la superficie anterolateral del bulbo, los cuerpos carotídeos
y aórtico, y los receptores de estiramiento y otros en el pulmón. Los centros respiratorios en el
bulbo están compuestos por varios grupos nucleares que integran la información aferente y poseen
las primeras neuronas emergentes que controlan la respiración. Estas neuronas emergentes envían
sus axones hacia la médula espinal ventrolateral, donde hacen sinapsis con las células del asta
anterior que inervan los músculos respiratorios.
En los enfermos con trastornos neurológicos en UTI es frecuente que existan
anormalidades respiratorias. Plum y Posner han descripto una serie de patentes clásicas de
respiración alterada (Fig. 6). Algunas de ellas tienen valor de localización de áreas específicas del
sistema nervioso, aunque se debe notar que pueden producirse influencias metabólicas y
neurogénicas sobre la respiración que hacen perder especificidad a estas patentes. Esto es
particularmente cierto cuando la congestión pulmonar y la hipoxia acompañan a la patente alterada.
Fig. 6. Patentes respiratorias anormales asociadas con lesiones patológicas a varios niveles
del SNC. A. Respiración de Cheyne-Stokes. B. Hiperventilación neurogénica central. C. Apneusis.
D. Respiración agrupada (cluster). E. Respiración atáxica.
El tipo más frecuente de alteración respiratoria observada en pacientes neurológicos es la
respiración de Cheyne-Stokes, que consiste en fases de hiperpnea que regularmente alternan con
apneas. Las ondas respiratorias ascienden lentamente, y luego de alcanzar un pico descienden del
mismo modo. La respiración de Cheyne Stokes habitualmente es el resultado de patologías
intracraneales, aunque la hipoxemia y la insuficiencia cardiaca también contribuyen a su aparición.
La respiración de Cheyne Stokes se ha atribuido a la combinación de un aumento anormal de la
respuesta ventilatoria al CO2, produciendo la hipernea, y un estímulo ventilatorio central
anormalmente disminuido, que permite la apnea poshiperventilación. La presencia de esta patente
implica una disfunción bilateral de estructuras neurológicas, habitualmente localizadas en posición
profunda en los hemisferios cerebrales o diencéfalo, y en ocasiones en la protuberancia. La
respiración de Cheyne Stokes también se observa frecuentemente en pacientes con lesiones
cerebrales hipóxicas o isquémicas difusas, y en desordenes metabólicos tales como la uremia o la
encefalopatía hepática.
La hiperpnea profunda y sostenida genera una patente llamada hiperventilación
neurogénica, localizándose la lesión productora habitualmente en el tegmentum rostral. Para
certificar el diagnóstico de hiperpnea central se debe encontrar una patente de gases en sangre con
PaO2 elevada y PaCO2 disminuida, con pH elevado. En ocasiones se observa una hiperpnea
asociada a PaO2 baja, lo cual corresponde a una patología pulmonar asociada.
La respiración apnéusica es una patente respiratoria consistente en una pausa prolongada
en el punto de inspiración profunda. Su presencia es indicativa de lesión en la parte media o caudal
de la protuberancia, cerca del núcleo parabrachialis. En general se asocia con infarto del tronco
encefálico por obstrucción de la arteria basilar.
La respiración atáxica, resultante de lesiones alrededor del bulbo en su parte media dorsal,
consiste en una respiración totalmente irregular, con inspiraciones profundas y superficiales
ocurriendo al azar. Resulta de la disrupción de las neuronas del bulbo que normalmente generan la
respiración rítmica. Se observa en lesiones de la fosa posterior: hemorragia cerebelosa, hernia
tonsilar cerebelosa o lesiones pontinas.
Evaluación motora
En todos los pacientes se debe realizar una evaluación motora completa. Ello permite una
adecuada localización anatómica del sitio de lesión. La simetría y la patente de respuesta motora a
los estímulos nocivos así como los síntomas neurológicos asociados, deben ser adecuadamente
reconocidos en todos los pacientes.
La función motora en los pacientes inconscientes debe ser estudiada mediante la
aplicación de un estímulo nocivo a varias partes del cuerpo y detectada su respuesta. La respuesta
motora puede ser de tres tipos: apropiada, inapropiada o ausente.
La respuesta apropiada en un paciente con disfunción neurológica aguda implica que las
vías sensoriales están funcionando y que las vías corticoespinales, desde la corteza cerebral hasta el
efector están al menos parcialmente respetadas. El estímulo de provocación debe ser aplicado a
ambos lados del cuerpo; la ausencia unilateral de respuesta es consistente con la interrupción del
tracto corticoespinal en algún lugar de su trayecto. La ausencia bilateral de respuesta es índice de
una de las siguientes posibilidades:
a. Ambos tractos corticoespinales están interrumpidos a nivel del tronco encefálico.
b. Existe depresión o destrucción de la formación reticular pontobulbar y vías
extrapiramidales asociadas.
c. Falta de respuesta psicogénica.
Cuando existe falta de respuesta unilateral, es importante evaluar los movimientos
oculares espontáneos. Si los ojos y la cabeza están desviados hacia el sitio opuesto a la hemiparesia,
ello implica una lesión hemisférica, mientras que si la desviación es hacia el mismo lado de la
hemiparesia es indicativa de una lesión pontina.
Las respuestas motoras inapropiadas incluyen patentes de respuestas estereotipadas que
dependen del nivel de lesión. Se describen tres tipos de respuestas principales, la rigidez de
decorticación, la rigidez de descerebración y cambios de descerebración en los miembros superiores
con respuestas flexoras en los miembros inferiores. La rigidez de decorticación consiste en flexión
de brazos, muñecas y dedos con aducción de las extremidades superiores, y extensión, rotación
interna y flexión plantar en las extremidades inferiores. En el hombre esta respuesta motora
caracteriza a la hemiplejía espástica crónica y se produce típicamente en las lesiones de la cápsula
interna o hemisferios cerebrales, que interrumpen las vías corticoespinales. La respuesta decorticada
es característica de pacientes con moderada o gran lesión destructiva de la cápsula interna o del
pedúnculo cerebral anterior (Fig. 7). A veces los ganglios basales adyacentes y el tálamo están
involucrados. Para obtener la respuesta decorticada durante las horas inmediatas a una injuria
cerebral aguda es necesario aplicar un estímulo nocivo mediante compresión supraorbital, succión
traqueal o estimulación cutánea intensa.
Fig. 7.- Rigidez decorticada en paciente con hematoma de mesencéfalo.
La rigidez de descerebración consiste en opistótonos con los dientes apretados, los
miembros superiores rígidamente extendidos, aducidos e hiperpronados, y los miembros inferiores
extendidos con la superficie plantar flexionada (Fig. 8). La respuesta total solo emerge con la
aplicación de un estímulo nocivo. En las lesiones agudas del cerebro, al espasmo de descerebración
acompañan crisis de escalofríos, hipertensión arterial, sudoración e hiperpnea, particularmente
cuando la causa es una hemorragia subaracnoidea o intracerebral.
Las respuestas decorticada y descerebrada pueden aparecer conjuntamente. En estos
casos, la respuesta descerebrada generalmente es contralateral a la lesión hemisférica.
La rigidez descerebrada aparece en las siguientes circunstancias: 1) durante el deterioro
rostrocaudal en el cual la disfunción diencefálica progresa produciendo daño en el mesencéfalo; 2)
con lesiones destructivas o expansivas de la fosa posterior que dañan el cerebro medio y la
protuberancia superior, y 3) con desórdenes metabólicos severos, tales como el coma hepático, la
hipoglucemia, la anoxia o las intoxicaciones por drogas que deprimen la función del tronco alto.
La postura descerebrada en las extremidades superiores combinada con flacidez o una débil
respuesta flexora en las inferiores es una respuesta motora primitiva al estímulo nocivo hallada en
pacientes con daño extenso del tronco encefálico, extendido a través o por debajo del nivel
trigeminal de la protuberancia.
Evaluación sensitiva
La evaluación sensitiva debe ser realizada con todo el detalle que sea posible. En los
pacientes con alteración significativa del estado de conciencia, es dificultoso realizar un examen
sensorial detallado. Sin embargo, las respuestas a un estímulo nocivo, tal como la presión intensa y
el pellizco, proveen importante información sobre el estado de las vías anatómicas que median la
sensación.
Fig. 8 - Rigidez de descerebración en paciente con gran hematoma cerebral con
hemorragia intraventricular masiva.
Evaluación cerebelosa
Anatómicamente, el cerebelo puede ser considerado como constituido por tres áreas
funcionalmente diferentes. El primer área, el lóbulo floculonodular, controla la coordinación de los
movimientos oculares; las anormalidades en esta área resultan en trastornos de los movimientos
conjugados y nistagmo. La segunda área, o vermis cerebeloso o zona medial, controla la
bipedastación. Los desordenes en este área generan una gran base de sustentación con la
incapacidad de realizar ciertos movimientos de desplazamiento. La tercer área, los hemisferios
cerebelosos, mantienen el control ipsilateral de los movimientos finos y se encuentra estrechamente
relacionada con el tracto corticoespinal. Los desórdenes de los hemisferios cerebelosos resultan en
problemas ipsilaterales en la prueba dedo nariz, y presencia de movimientos alternantes rápidos.
La evaluación de la función cerebelosa requiere un sujeto semicooperativo. Los
movimientos oculares deben ser evaluados haciendo mirar al paciente en todas direcciones y
observando el rango total de movimiento en la mirada conjugada y la ausencia de nistagmo. Los
movimientos de desplazamiento exigen un paciente capaz de estar de pie y deambular. Los
movimientos dedo nariz y dedo objeto en el espacio sirven para evaluar la función hemisférica.
Tono y reflejos
El tono y los reflejos deben ser evaluados en todos los pacientes. En general, la
espasticidad y otros signos de aumento del tono se asocian con hiperreflexia y con respuestas
extensoras tales como la respuesta de Babinski. La presencia y sitio del tono aumentado deben
referirse en forma específica. Las lesiones hemisféricas cerebrales aumentan en forma característica
el tono en un lado del organismo. Los trastornos de la médula cervical aumentan el tono en todas las
extremidades, mientras que lesiones más bajas aumentan el tono y los reflejos en las extremidades
inferiores. Los desórdenes neuromusculares que afectan la neurona motora inferior se presentan con
pérdida del tono, hiporreflexia y eventualmente atrofia. En las lesiones medulares agudas, existe un
período de hipotonia y arreflexia antes del desarrollo del aumento del tono y la espasticidad.
Los trastornos de los ganglios basales generalmente se presentan con un aumento del tono
denominado rigidez. La rigidez difiere de la espasticidad en que muestra un aumento del tono que
es independiente de la velocidad o dirección en la cual se mueve la extremidad.
La pérdida de fuerza muscular en los pacientes en UTI es un problema clínico común, y
puede ser causado por desórdenes que precipitan la admisión o por enfermedades que causan
debilidad muscular luego de la admisión a UTI. Hay que tener presente que, como muchos
enfermos en UTI se encuentran intubados y sedados, los déficits neuromusculares pueden ser
pasados por alto y hacerse evidentes recién cuando se intenta retirar al paciente de la ventilación
mecánica.
ESTADOS DE COMPROMISO CRONICO DE LA CONCIENCIA
El despertar del estado de coma puede ser dramático e instantáneo, como cuando se
realiza el tratamiento de un coma hipoglucémico, o muy lento, como en la injuria cerebral
estructural. En algunos casos, por otra parte, la mejoría no se produce al cabo de meses, o incluso
nunca. La evaluación de los estados prolongados de compromiso de la conciencia debe ser realizada
por neurólogos experimentados que deben practicar un examen clínico neurológico detallado y
luego deben interpretar estudios electrofisiológicos y de neuroimagen para establecer un diagnóstico
definitivo. La clasificación de los estados de deterioro prolongado de la conciencia es difícil de
realizar.
Muerte cerebral. Los desordenes de conciencia deben distinguirse de la muerte cerebral,
que es la pérdida irreversible de todas las funciones del cerebro y del tronco encefálico,
diagnosticable clínicamente por la ausencia de conciencia, falta de respuesta motora a los estímulos
nocivos, y desaparición de los reflejos del tronco y del estímulo respiratorio. Antes de su
determinación se deben excluir como causas de coma fenómenos farmacológicos, fisiológicos y
metabólicos.
Estado vegetativo persistente. En el año 1972, Jennett y Plum acuñaron el término estado
vegetativo persistente para enfatizar el componente vegetativo o no cognoscitivo del sistema
nervioso central. Plum menciona que “el término estado autonómico persistente puede ser empleado
de forma similar”, pero este término es menos flexible y puede ser menos comprensible para los
familiares de los pacientes. Otros dos términos que se utilizan para hacer referencia a estados de
deterioro crónico de la conciencia son el de mutismo aquinético y el de estado de conciencia
mínima; cada uno de ellos presenta aparentemente distintas posibilidades evolutivas.
En la Tabla 4 se indican los criterios para el diagnóstico del estado vegetativo persistente
(EVP), tal como fueron formulados por un grupo de trabajo que incluyó a miembros de la American
Academy of Neurology y de la American Neurological Association. El examen neurológico con el
propósito de establecer el diagnóstico de un EVP debe ser pospuesto al menos un mes desde el
momento en que se produce el episodio responsable del deterioro de conciencia.
Tabla 4.- Criterios para el diagnóstico de un estado vegetativo persistente.
1. Ninguna evidencia de reconocimiento de si mismo o del entorno; el paciente es
incapaz de interactuar con otros
2. Falta de evidencia de respuestas sostenidas, reproducibles, con propósito o
voluntarias a estímulos visuales, auditivos, táctiles o nocivos
3. Falta de compresión o expresión del lenguaje
4. Despertar intermitente manifestado por la presencia de ciclos de sueño-vigilia
5. Preservación suficiente de las funciones hipotalámicas y autonómicas de tronco
encefálico como para sobrevivir bajo un cuidado médico y de enfermería
adecuado
6. Incontinencia de orina y de materia fecal
7. Preservación variable de las funciones de tronco (reflejos pupilar, oculocefálico,
corneal, vestíbulo-ocular y de arcada) y de reflejos espinales
El grupo de trabajo recomienda que se utilice el término estado vegetativo permanente, de
preferencia a persistente, cuando la irreversibilidad es virtualmente cierta. El término permanente,
una calificación pronóstica más que diagnóstica, debe ser aplicado luego de 12 meses cuando el
episodio inicial haya sido traumático y luego de seis meses después de un daño cerebral de otra
causa.
Los pacientes con EVP habitualmente tienen mínimo soporte hemodinámico. Muchos
pacientes requieren una traqueostomía en las etapa iniciales del coma para proteger la vía aérea o
para realizar asistencia respiratoria mecánica, pero luego de algunas semanas la respiración se hace
regular a través de la traqueostomía con algún requerimiento adicional de oxígeno. Más tarde el
paciente puede ser decanulado.
Cuando un paciente se encuentra en EVP, sus ojos pueden abrirse al contacto, pero no
realizan un seguimiento con la mirada o éste es transitorio y no reproducible. Cuando se coloca un
objeto grande delante del paciente o una persona aparece súbitamente, este puede dirigir brevemente
la mirada y sugerir un movimiento voluntario, pero la respuesta se extingue rápidamente. En
ocasiones presenta un movimiento disconjugado de la mirada, y se observan movimientos
nistagmoides, pero en forma característica los ojos rotan sin propósito y sin mantener la fijación.
En general existe una respuesta a los sonidos, y algunos pacientes pueden mostrar cierta
respuesta de orientación. Sin embargo, la fijación hacia el origen del sonido no es compatible con el
diagnóstico de EVP. La respuesta puede incluir mioclonos, en la primera etapa del curso clínico, o
cierre de los ojos, flexión de la cabeza, o una respuesta decorticada, en particular en la fase crónica.
Estas respuestas no requieren circuitos corticales y no implican una percepción auditiva intacta.
Los estímulos dolorosos desencadenan una respuesta de retirada o ausencia de respuesta.
Con más frecuencia producen un aumento de la frecuencia cardiaca, taquipnea, y flexión o
extensión patológica de los miembros. La expresión facial puede cambiar cuando el paciente es
movido o tocado. Cuando se remueve la traqueostomía, el paciente no habla pero puede emitir
alguno sonido sin ningún significado. En casos muy excepcionales puede emitir alguna palabra
aislada. Es habitual que pueda deglutir la saliva, pero los movimientos coordinados de la ingestión
están alterados y ello lleva a la aspiración si se intenta la alimentación por vía oral.
El tono muscular está aumentado. Muchos pacientes se encuentran en posición
decorticada con los brazos flexionados y los miembros inferiores extendidos. La respuesta motora
está ausente o corresponde a la rigidez descerebrada. Estas respuestas motoras se convierten
progresivamente en espasticidad y contracturas. Los reflejos tendinosos son difíciles de obtener
debido a las contracturas. Los pacientes varones pueden parecer que tocan sus genitales, y pueden
producirse erecciones durante la fase lenta del sueño. En algunos pacientes se observan
movimientos espontáneos de tipo coreifornes en cabeza, tronco y extremidades, posturas catatónicas
súbitas, u opistótonos extremo. Estas manifestaciones son acompañadas por fenómenos
disautonómicos tales como aumento de las secreciones bronquiales, crisis hipertensiva, taquicardia
y taquipnea.
En los pacientes en EVP, el ritmo circadiano de sueño-vigilia está preservado, pero en
algunos está marcadamente disminuido con los ojos del paciente cerrados con breves episodios de
apertura. En estos casos, las lesiones del tronco encefálico son más severas.
El EVP sólo se presenta cuando se producen lesiones destructivas en áreas críticas que
controlan el reconocimiento. Los cambios patológicos pueden ser clasificados en traumáticos o no
traumáticos, aunque existe una superposición. El cambio patológico más frecuente en los casos
traumáticos es una injuria axonal difusa, con una contribución variable de lesiones isquémicas
superimpuestas. El daño talámico bilateral es constante y sugiere que el núcleo reticular talámico es
operativo en la reacción de despertar. Cuando los casos de autopsia de pacientes con EVP son
comparados con aquellos con estados menos severos de compromiso de la conciencia, se
comprueba que las lesiones son más graves. Estos hallazgos incluyen lesiones talámicas más
frecuentes y múltiples localizaciones de injuria axonal, incluyendo el cuerpo calloso y el tronco
rostral. Las lesiones de anoxia-isquemia que producen un EVP habitualmente afectan toda la
corteza, reemplazando las neuronas y las fibras nerviosas con gliosis, fagocitosis lipídica y
colágeno. En la tomografía computada se comprueba una atrofia difusa y lesiones talámicas
bilaterales. Independientemente de la causa, los pacientes que sobreviven algunos meses en EVP
muestran una reducción marcada en el volumen de la sustancia blanca en tomografías sucesivas,
con agrandamiento del sistema ventricular.
Estado de conciencia mínima. Cuando los pacientes no reúnen los criterios del estado
vegetativo, el Aspen Neurobehavioral Conference Workgroup sugiere reconocer una condición que
denomina estado de conciencia mínima (ECM). Se estima que este trastorno patológico es 10 veces
más común que el EVP. Los autores proponen que la distinción de un ECM de un EVP es la
presencia parcial de contacto con el medio en el primer caso, siendo “importante para el pronóstico,
las decisiones terapéuticas, la adjudicación de recursos y posee implicancias médico-legales”. En la
Tabla 5 se indican los criterios propuestos para definir un ECM. Este conjunto de criterios describe
a pacientes con alguna comunicación interactiva, uso potencial de objetos, y conductas específicas
que demuestren reconocimiento, aunque sean lentas y espaciadas. Los pacientes rápidamente
localizan un estímulo doloroso y pueden realizar una vocalización ocasional que establece cierta
capacidad de reconocimiento. Sin embargo, están confinados en cama, tienen incontinencia fecal y
urinaria, y generalmente requieren alimentación por sonda. Estos pacientes están abúlicos y con una
disposición morosa. La diferencia clínica entre el ECM y el EVP, este último mucho más grave, es
obvia.
Tabla 5.- Criterios para definir el estado de conciencia mínimo (ECM).
Para diagnosticar un estado de conciencia mínima, se debe demostrar una evidencia
limitada pero claramente discernible de reconocimiento de si mismo o del medio en forma
reproducible en base a una o más de las siguientes conductas:
1. Seguir comandos mínimos
2. Respuestas gestuales o verbales de si/no
3. Verbalización inteligible
4. Conducta con propósito, incluyendo movimientos o conductas afectivas que se
produzcan en relación contingente con estímulos ambientales relevantes y que
no sean debidas a una actividad refleja. Algunos ejemplos son:
a. Llanto o gestos que se produzcan en respuesta directa a contenidos
lingüísticos o visuales de índole emocional pero no a tópicos neutrales
b. Intento de alcanzar un objeto que demuestre una relación clara entre la
localización del objeto y la dirección de la búsqueda
c. Relación con un objeto que se acomode a la forma y tamaño del mismo
d. Movimientos de búsqueda de los ojos o fijación sostenida que se
produzca en respuesta directa al movimiento o al retiro de un estímulo
Mutismo aquinético. El mutismo aquinético es un estado de vigilia con limitada evidencia
objetiva de contenidos de conciencia. Los pacientes con esta condición generalmente parecen
incapaces de moverse o hablar y presentan periodos cíclicos de aumento de la reacción de despertar
indicados por la apertura ocular. Algunos autores describen elementos de reconocimiento visual y
una “promesa de hablar”. Al contrario del estado de conciencia mínimo, no existe respuesta motora
a los estímulos verbales, táctiles o nocivos. Un hallazgo que lo distingue del estado vegetativo es
que el paciente no tiene espasticidad ni reflejos anormales, sugiriendo una conservación relativa del
tracto corticoespinal. El mutismo akinético se ha asociado con lesión bilateral del lóbulo frontal
medial (gyrus cingulate), que produce una profunda deficiencia en la motivación y una incapacidad
de planear e iniciar una actividad (disfunción ejecutiva).
El término mutismo aquinético es problemático por dos razones. Primero, muchos
pacientes no están aquinéticos, moviéndose en respuesta a los estímulos dolorosos. Segundo,
algunos pacientes no están mudos, pudiendo emitir sólo palabras aisladas. Las características
clínicas principales del mutismo aquinético son un estado de abulia emocional, falta de respuesta,
siguiendo el movimiento de los objetos. Los estímulos dolorosos no provocan respuesta o una
postura decorticada.
Delirio. El delirio es sinónimo de estado confusional agudo y encefalopatía aguda. Se
caracteriza por un deterioro de inicio agudo de la atención, asociado con cambios en el nivel de
conciencia, pensamiento desorganizado y curso fluctuante. Hallazgos adicionales incluyen
disturbios de la percepción, alteración de los ciclos sueño-vigilia, aumento o disminución de la
actividad psicomotora, y deterioro de conciencia. El delirio es muy común en los pacientes
hospitalizados en terapia intensiva. Puede preceder o continuar a otros trastornos de conciencia, en
particular el coma. El delirio debe ser distinguido de la demencia. Ambos desordenes se
caracterizan por deterioro de la conciencia, pero los pacientes con demencia están más comúnmente
alertas y no presentan un comienzo agudo y un nivel fluctuante de la conciencia, que son
característicos del delirio. El delirio se observa frecuentemente en alteraciones agudas tóxicas,
metabólicas o endocrinas, pero también puede resultar de lesiones más focales de los lóbulos
parietal derecho o frontales.
Síndrome de enclaustramiento (Locked-In Syndrome). El síndrome de enclaustramiento
consiste en una cuadriplejia con anartria en el contexto de un estado de vigilia con contenidos de
conciencia preservados. La anartria es debida a una parálisis bilateral facio-gloso-faringo-laringea,
que también produce disfagia y limita el empleo de la expresión facial en la comunicación. No se
trata de un desorden de la conciencia per se pero puede ser confundido clínicamente debido a la
limitada capacidad de expresión de estos pacientes. Se asocia con una injuria aguda de la parte
ventral de la protuberancia, justo por debajo del nivel del núcleo del tercer par, que permite
conservar los movimientos verticales de los ojos y que no interfiere con la FRAA, localizada más
dorsalmente. Las lesiones más rostrales pueden inducir un síndrome de enclaustramiento total, en el
cual se pierden también los movimientos oculares y de los párpados, impidiendo toda
comunicación. Las etiologías más comunes del síndrome son el infarto, hemorragia o trauma de la
protuberancia. Un estado análogo de conservación de la conciencia pero incapacidad de movimiento
puede producirse en pacientes con síndrome de Guillain-Barré grave, botulismo, polineuropatia del
paciente crítico, y en aquellos que reciben bloqueantes neuromusculares sin adecuada sedación.
En la Tabla 6 se indican las diferencias entre los principales estados de alteración de la
conciencia que pueden reconocerse en terapia intensiva.
Tabla 6.- Comparación de los hallazgos clínicos asociados con el coma, estado vegetativo, estado de
conciencia mínima y síndrome de enclaustramiento.
Condición Conciencia
Coma
Ninguna
Sueño/
vigilia
Ausente
Estado
Ninguna
vegetativo
Presente
Estado de Parcial
conciencia
mínima
Presente
Síndrome
de
enclaustra
-miento
Presente
Total
Función motora
Sólo
respuestas
reflejas y posturales
Retirada a los estímulos nocivos
Ocasionales movimientos sin propósitos
Localiza estímulos
nocivos
Se dirige a objetos
Intenta
reconocer
forma y tamaño de
objetos
Cuadriplejia
Función auditiva
Ninguna
Función visual Comunicación
Ninguna
Ninguna
Emoción
Ninguna
Reactiva
Reactiva
Ninguna
Breve orientación Breve fijación
ante los sonidos
visual
Sonrisa
o
llanto reflejos
Localiza estímulos
auditivos
Sigue
a
los
comandos en forma
inconsistente
Sostiene
la
mirada
Búsqueda visual sostenida
Sonrisa
o
llanto contingentes
Preservada
Preservada
Vocalización
contingente
Verbalización
o gestos inconsistentes pero
comprensibles
Afonía/anartria
Preservación
de la mirada
vertical
Preservada
EVALUACIÓN DE LA MAGNITUD LESIONAL
El examen neurológico, por su naturaleza, es una evaluación subjetiva no paramétrica. La
coincidencia de los datos obtenidos entre diferentes observadores es variable. A partir de ello, se ha
comprobado que el disponer de una historia clínica aumenta considerablemente la consistencia del
examen neurológico. Por otra parte, muchos clínicos e investigadores utilizan métodos cuantitativos
o semicuantitativos para documentar el estado neurológico y establecer el seguimiento. Los
métodos cuantitativos se han utilizado para la evaluación sensorial neurológica general, la
evaluación de la respuesta pupilar y otros exámenes cliniconeurológicos. Otros han descripto
técnicas para documentar en forma cuantitativa la función neurológica luego del trauma espinal. En
adición, se han publicado una variedad de escalas para cuantificar la función neurológica con fines
clínicos y de investigación. Estas escalas se han orientado al trauma encefálico, al accidente
cerebrovascular, a la evaluación de la sedación y a la evaluación general. La mejor conocida y más
utilizada de estas escalas es la Escala de coma de Glasgow (ECG).
Teasdale y Jennett publicaron la ECG en el Lancet en 1974 como un instrumento para la
evaluación clínica de los trastornos de conciencia postraumáticos (Tabla 6). La misma fue diseñada
como un esquema formal para superar la ambigüedad que surgía de la información relacionada con
pacientes comatosos. La ECG no tiene valor diagnóstico, pero es una forma adecuada de
monitorizar en forma objetiva el curso clínico de un paciente con un insulto neurológico agudo sin
delimitar la causa. La ECG tiene tres componentes: la respuesta ocular (E), verbal (V) y motora (M)
a los estímulos externos. La mejor o más alta de las respuestas es la que se toma en consideración.
La escala tiene un valor máximo de 15 puntos, tal como se muestra en la Tabla 7.
Tabla 7. Escala de coma de Glasgow
Observación
1.- Apertura ocular
Espontánea
A la voz
Al dolor
Ninguna
2.- Respuesta verbal
Orientada
Confusa
Palabras inapropiadas
Sonidos incomprensibles
Ninguna
3.- Respuesta motora
Obedece órdenes
Localiza dolor
Retirada al dolor
Flexión al dolor (Rigidez decorticada)
Extensión al dolor (Rigidez descerebrada)
Ninguna
Total (1 + 2 + 3)
Puntaje
4
3
2
1
5
4
3
2
1
6
5
4
3
2
1
La Escala del grado de coma de Glasgow fue el primer intento para la valoración clínica de
los pacientes con traumatismo de cráneo y para comparar los resultados de las distintas modalidades
de tratamiento y el pronóstico evolutivo, sobre la base del puntaje establecido en ella. La Escala de
coma de Glasgow es el método universalmente aceptado de gradación de la severidad del coma en
los pacientes traumatizados, y se ha validado como una herramienta de pronóstico en el estudio del
trauma encefálico. La escala de coma de Glasgow se ha correlacionado con la sobrevida y con
escalas de secuelas, y es altamente exacta y reproducible.
Champion incorporó la Escala de Glasgow en el Escore de Trauma original así como en
el Escore de Trauma Revisado, ambos con alto poder predictivo de la evolución en todos los tipos
de pacientes traumatizados, incluso aquéllos sin trauma encefálico. La Escala de coma de Glasgow
fue incluida en el desarrollo del Acute Physiology and Chronic Health Evaluation (APACHE II)
escore por Knaus y colaboradores. Estudios subsecuentes han demostrado que la Escala de Glasgow
es el componente con mayor poder predictivo en el Escore APACHE II.
La presencia de apertura ocular espontánea “indica que el mecanismo del despertar del
tronco encefálico está activo”. Como ya se señaló, la preservación del estado de vigilia no implica
la presencia de contenidos de conciencia. La apertura ocular en respuesta al estímulo verbal evalúa
la reacción “a cualquier intento verbal, no necesariamente una orden de abrir los ojos”. La apertura
ocular al dolor debe ser evaluada generando un estímulo doloroso en los miembros, ya que la
presión en la zona supraorbitaria o en la mandíbula puede generar una respuesta de retirada con
cierre forzado de los ojos.
Luego de despertar al paciente, la presencia de respuestas verbales indica la restauración
de un alto grado de interacción con el medio, o sea de contenido de conciencia. Una conversación
orientada implica un conocimiento de si mismo (el paciente puede responder su propio nombre) y
del medio (el paciente está ubicado en tiempo y espacio). Se considera un estado de confusión
cuando el paciente es capaz de producir lenguaje, por momentos frases y sentencias, pero es incapaz
de responder a las preguntas en forma adecuada. Cuando el paciente emite sólo palabras aisladas al
azar, se considera “lenguaje inapropiado”. A ello le siguen vocalizaciones rudimentarias que no
implican ningún contenido de conciencia y que dependen de funciones subcorticales; y por último
una ausencia completa de emisión de sonidos.
La respuesta motora se considera satisfactoria cuando el paciente responde comandos
simples, emitidos en forma verbal, gestual o escrita. Si no se obtiene respuesta a estas órdenes, se
deberá evaluar la respuesta al dolor. La secuencia de respuesta en función del grado lesional incluye
localización del dolor, retirada con flexión normal, y respuestas estereotipadas de rigidez
decorticada o descerebrada, que ya han sido descriptas.
En general se expresan los tres componentes de la ECG en una suma total que varía entre
3 y 15. Sin embargo, teniendo en cuenta el empleo creciente de la intubación, ventilación y sedación
de los pacientes con deterioro de conciencia antes del arribo a las unidades de cuidado crítico, puede
ser difícil que se puedan evaluar todas las funciones. En tal sentido, es recomendable referir la ECG
en términos tales como “paciente E2, V3, M4”, que es evidentemente más explicativa.
A pesar de su documentada utilidad, la Escala de coma de Glasgow tiene algunas
limitaciones significativas. Se debe advertir que la misma no evalúa la función del tronco cerebral.
Para evitar esta limitación, se desarrolló en 1982 en Liege la conocida como Escala Glasgow Liege,
que combina la escala de Glasgow con un análisis cuantificado de cinco reflejos de tronco
encefálico: frontoorbicular, oculocefálico vertical, pupilar, oculocefálico horizontal y oculocardiaco.
Se considera que el reflejo frontoorbicular está presente cuando la percusión de la glabella produce
contracción del músculo orbicular. El reflejo oculocefálico (ojos de muñeca) se considera como
presente cuando puede ser inducida la desviación de al menos un ojo por la flexión y extensión
(vertical) o el movimiento del cuello horizontal (horizontal) realizados en forma repetitiva. Si no se
pueden realizar estas movilizaciones, como en el caso de las fracturas cervicales, se recurrirá a la
respuesta ocular a la irrigación del canal auditivo externo (reflejo oculovestibular). El reflejo pupilar
se caracteriza por la miosis secundaria a la iluminación adecuada de la pupila. El reflejo
oculocardiaco se evalúa como presente cuando la presión sobre el globo ocular produce la
disminución de la frecuencia cardiaca. Los reflejos citados desaparecen en orden descendente
durante el deterioro rostro-caudal. La desaparición del último reflejo, el oculocardiaco, coincide con
la muerte cerebral.
Uno de los problemas más importantes con el empleo de la Escala de coma de Glasgow
es la incapacidad de evaluar alguno de los componentes en los pacientes intubados, sedados o bajo
efectos de drogas bloqueantes neuromusculares. En una revisión de informes sobre el empleo de
esta escala en la literatura neuroquirúrgica, Starmark y colaboradores hallaron que 44 de 56 estudios
sobre lesiones cerebrales no informaban como utilizaban esta escala en los casos en que no se podía
obtener la respuesta verbal. Por su parte, en un estudio reciente sobre 1.005 pacientes con
traumatismo de cráneo en centros de Europa, la evaluación de los tres componentes de la ECG fue
posible sólo en el 61% de los mismos antes del ingreso al hospital, en el 77% al arribo al primer
hospital, en 56% al arribo a la unidad neuroquirúrgica, y en 49% luego de la resucitación. Se han
utilizado varios métodos para superar este problema, incluyendo la asignación del escore posible
más bajo a los componentes no mensurables, empleo de un pseudoescore, asignación de valores
arbitrarios en los pacientes intubados tales como: 5, si el paciente parece ser capaz de hablar; 3, si es
difícil establecer si puede hablar; 1, si demostradamente no puede hablar. El método que en el
momento actual está siendo más evaluado es el empleo de un modelo de regresión que permite
calcular el valor del escore verbal a partir de los valores obtenidos de respuesta ocular y motora,
según la fórmula:
Escore verbal derivado = -0.3756 + Escore motor * (0.5713) + Escore de respuesta ocular *
(0.4233)
El método derivado precedente es un excelente predictor del escore verbal actual. Ello
hace que se pueda obtener una Escala de coma de Glasgow satisfactoria aun en ausencia del
componente verbal.
En un intento de superar los inconvenientes antes descriptos cuando se aplica la ECG,
Wijdicks y col. han descrito una nueva escala de coma, denomina FOUR score. El FOUR score
presenta cuatro componentes evaluables, en contraste con la ECG. El número de componentes y el
grado máximo en cada una de estas categorías es cuatro (E4, M4, B4, R4). El FOUR score detecta un
locked-in syndrome, así como la presencia de un estado vegetativo donde los ojos pueden estar
espontáneamente abiertos pero no siguen el trayecto del dedo del examinador. La respuesta motora
se obtiene preferentemente en las extremidades superiores. En la Tabla 8 se indican los
componentes del FOUR Score.
Tabla 8.- El FOUR score (Wijdicks y col.)
Respuesta ocular:
4: los ojos están abiertos o pueden abrirse y siguen un trayecto al comando
3: los ojos se abren pero no siguen un trayecto
2: los ojos están cerrados pero se abren ante el estímulo vocal
1: los ojos están cerrados pero se abren ante el estímulo doloroso
0: los ojos permanecen cerrados ante el estímulo doloroso
Respuesta motora:
4: motilidad espontánea ante las órdenes
3: localización del dolor
2: respuesta flexora ante el estímulo doloroso
1: respuesta extensora ante el estímulo doloroso
0: ausencia de respuesta ante el estímulo doloroso o status myoclonus generalizado
Reflejos de tronco encefálico:
4: reflejo pupilar y corneano presente
3: una pupila dilatada y fija
2: reflejos pupilares o corneanos ausentes
1: reflejos pupilares y corneanos ausentes
0: reflejos pupilares, corneanos y de tos ausentes
Respiración:
4: paciente no intubado, patente respiratoria regular
3: patente no intubado, patente de Cheyne-Stokes
2: paciente no intubado, respiración irregular
1: paciente intubado que respira por encima del ritmo del respirador
0: paciente intubado que respira al ritmo del respirador o esta en apnea
Según los autores, el FOUR score presenta ventajas significativas sobre la ECG. El FOUR
score continúa siendo utilizable en pacientes críticos que están intubados. El FOUR score evalúa los
reflejos esenciales de tronco encefálico y provee información sobre los estados de lesión de tronco
que no son evaluables con la ECG. El FOUR score reconoce el locked-in syndrome y un estado
vegetativo posible. El FOUR score incluye signos sugestivos de hernia uncal. La atención a la
patente respiratoria en el FOUR score no sólo puede indicar una necesidad de soporte respiratorio
en pacientes estuporosos o comatosos, sino que también provee información sobre la actividad del
centro respiratorio. Finalmente, la probabilidad de muerte intrahospitalaria es mayor con los escores
FOUR bajos en comparación con la ECG.
PRONOSTICO
El paciente en coma puede evolucionar a la muerte, al estado vegetativo persistente, a
varios grados de deterioro funcional, o a la recuperación completa neurológica. Estas categorías se
han formalizado en sistemas de escore, tales como la Escala evolutiva de Glasgow (GOS) (Tabla 9)
y la Escala evolutiva de Glasgow extendida. Existen otras complicaciones del coma incluyendo
desordenes de los contenidos de conciencia y gradaciones de disfunción cognoscitiva que no son
evaluados en los sistemas tales como el GOS.
Tabla 9.- Escala evolutiva de Glasgow.
1
2
3
Muerte
Estado vegetativo persistente
Incapacidad severa
4
Incapacidad moderada
5
Buena recuperación
El paciente no exhibe ninguna función cortical obvia
Conciente pero incapacitado. El paciente depende de otros
para el soporte diario debido a incapacidad física o mental o
ambas
Incapacitado pero independiente. El paciente es
independiente para los actos de la vida diaria. Las
incapacidades incluyen varios grados de disfasia, hemiparesia
o ataxia, así como deterioro intelectual o deficits de memoria,
o cambios de personalidad
Reasunción de las actividades normales aun cuando pueden
existir deficits neurológicos o psicológicos menores
La predicción de la evolución neurológica es imprescindible en el manejo de los pacientes
en coma. La información pronóstica, cuando está disponible, provee una base racional para la toma
de decisiones respecto a la intensidad de tratamiento, el retiro del soporte vital, y la rehabilitación.
El pronóstico de los pacientes en coma se basa en consideraciones de la etiología, signos clínicos,
electrofisiológicos, neuroimagenológicos y datos bioquímicos.
Etiología. El pronostico del coma está determinado en gran parte por la etiología de base.
Es bien sabido que los comas de etiología tóxica o metabólica se acompañan de mejor pronóstico
que los comas de origen estructural. Por otra parte, una serie de estudios demuestran que el coma
traumático tiene mejor pronóstico que el coma anóxico. En adultos con estado vegetativo
persistente secundario a un trauma encefalocraneano que fueron reevaluados a un año, la proporción
con buena recuperación fue del 7%, moderada incapacidad 17%, severa incapacidad 28%, estado
vegetativo persistente 15% y muerte 33%. En pacientes con estado vegetativo persistente no
traumático, en especial isquémico-hipóxico, el pronóstico es significativamente peor.
Signos clínicos. Los signos clínicos que se correlacionan con mal pronóstico luego del
coma incluyen el componente motor de la escala de Glasgow, el tiempo de permanencia del
paciente en coma, y signos de daño de tronco encefálico. En dos revisiones de coma postanóxico, la
ausencia de respuestas motoras en el día tres fue altamente predictiva de mala evolución. La
ausencia de respuesta corneal en el día uno también se correlacionó con mala evolución. Los signos
clínicos son menos predictivos en el coma estructural por trauma de cráneo.
Exámenes electrofisiológicos. Los exámenes electrofisiológicos que se han utilizado para
predecir la evolución del coma incluyen el EEG, los potenciales evocados somatosensitivos, los
potenciales evocados motores trascraneales, los potenciales evocados auditivos de tronco y los
potenciales relacionados con eventos. En pacientes con coma postanóxico, un metaanálisis reveló
que el EEG con una línea isoeléctrica o una patente de supresión de descarga se asocia con mal
pronóstico. Los datos de los potenciales evocados son altamente predictivos de la evolución. En un
estudio se comprobó que en pacientes comatosos con potenciales evocados somatosensitivos
ausentes bilaterales, la incidencia de muerte o estado vegetativo fue del 100% luego del coma
hipóxico-isquémico, del 99% luego de la hemorragia intracraneal, y del 95% luego del trauma
craneoencefálico.
Estudios de neuroimagen. Los estudios de neuroimagen son esenciales en el diagnóstico
del coma y pueden tener valor pronóstico. En pacientes con coma traumático, las patentes que se
han asociado con mal pronóstico incluyen lesiones en el tronco encefálico, desaparición de las
cisternas basales e injuria axonal difusa. También se ha encontrado una relación entre las
anormalidades en la RMI y la evolución en pacientes comatosos luego de un ACV isquémico o una
injuria hipóxico-isquémica.
Marcadores bioquímicos. La presencia de moléculas cerebrales específicas en la sangre o
en el líquido cefalorraquídeo se ha relacionado con la severidad del daño cerebral. Las moléculas
que se han estudiado en la evaluación pronóstica del coma incluyen la enolasa específica, la S100
beta, la proteína acídica glial fibrilar, y la isoforma BB de la CPK. Aunque sensibles a la injuria
cerebral, la especificad y el valor predictivo de estos exámenes es insuficiente cuando se comparan
con variables clínicas y estudios tales como los potenciales evocados.
En estudios recientes se ha comprobado que la Escala evolutiva de Glasgow es muy poco
sensible para detectar las pequeñas diferencias que existen en los estados de conciencia entre los
pacientes con estado vegetativo persistente y aquellos con estado de conciencia mínima, por lo que
se han sugerido otros instrumentos tales como la Coma Recovery Scale, Wessex Head Injury
Matrix, Western NeuroSensory Stimulation Profile, Coma Recovery Scale Revised, Sensory
Modality Assessment and Rehabilitacion Technique, Disorders of Consciousness Scale (Revision
en Laureys y col.).
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