Los orígenes de la ciencia moderna y la revolución Astronómica

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Luis Guillermo Coronado
LOS ORIGENES DE LA CIENCIA MODERNA
REVO LUCION ASTRONOMICA
Surnmary: The main topic of this paper is the
problem regarding to the origin of modem science,
andthe context of discussion that of the astronomiealrevolution during the XVI y XVII centuries.
Threeparameters are proposed as the conceptual
framework for the discussion: heliocentric astronomy, emphasis on facts, and arquimedean mathematies. Next, Copernicus; Brahes, Keplers, and Galileos achievements in astronomy are discussed in
arder to establish their adecuation to the three
parameters. As a result of this analysis, Kepler y
Calileo are regarded as those astronomers whose
work represents in better form the new science.
However, it is also shown that Kepler and Galileo
a/sobelong to the intelectual pasto
Resumen: El tema de este trabajo es la cuestión
de los orígenes de la ciencia moderna y su principalcontexto, aquel de la revolución astronómica de
lossiglos XVI y XVII. Se propone tres parámetros
básicospara la discusión, a saber, el heliocentrismo, nuevo énfasis en los hechos, y las matemáticas
arquimedeanas. A continuación se discute los aportes de Copémico, Tycho Brahe, Kepler y Galileo,
con la finalidad de mostrar si se adaptan a los parametros establecidos. Como resultado del análisis,
sedesprende que Kepler y Galileo son los autores
que mejor encajan en la triada propuesta. Sin embargo, resulta que también ellos fallan en ser los
proponentes paradigmáticos de la solución a la
cuestión de los orígenes.
Este artículo trata el tema de los orígenes de la
cienciamoderna. y como el tema es muy amplio y
extremadamente complejo, sería muy útil poder
Y LA
decir que en tres eventos acaecidos hacia la mitad
del siglo XVI, están las fuentes básicas que posibilitan lo que entendemos por ciencia moderna. Estos
tres eventos son la aparición de:
a)De Revolutionibus Orbium Coelestium, de Nicolás Copérnico (1473-1543).
b) De Humani Corpore Fabrica, de Andreas Vesalius (1514-1564).
c) La edición de algunos Tratados de Arquímedes por Niccoló Tartaglia (c. 1500-1557) (1).
En efecto, si asumimos 1) que gracias a la obra
de Copérnico se tiene la hipótesis heliocéntrica y la
consecuente movilidad de la tierra, 2) que el tratado anatómico de Vesalius representa el nuevo
sentido de la observación, de la vuelta a los hechos,
y si finalmente, 3) Tartaglia representa el renacer
del metodo físico-matemático del gran alejandrino
que intentaba dominar la naturaleza y no simplemente contemplarla platónicamente, podríamos
resumir toda esta cuestión de los orígenes de la
ciencia moderna y expresar que surge del nuevo
esquema heliocéntrico, del nuevo énfasis en los hechos, y del nuevo enfoque matemático. Y lo que es
más interesante, todos estos eventos ocurrieron en
el mismo año, el crucial1543.
Las tres obras fueron publicadas por el astrónomo polaco educado en el ambiente cultural italiano, el gran médico nacido en Bruselas pero que
brilló en la escuela de medicina de Padua, y por el
ingeniero autodidacta que posteriormente buscó
las fuentes teóricas del procedimiento práctico de
su quehacer. Copérnico ofrece el esquema heliocéntrico; uno de los rasgos fundamentales de la
nueva concepción del universo que conformarán
Kepler, Galileo, Descartes y Newton. Vesalius no
Rev, Fil. Univ. Costa Rica, XXV (62), 189-194, 1987
190
LUIS GUILLERMO
sólo abandona
el estéril comentario
del texto clásico, por ejemplo, el de Galeno, sino que propugna
que el médico mismo realice la disección en lugar
de que ella sea la labor del barbero-artesano
que
no podía entrar en comunicación
con maestro y
estudiantes,
como era común en la tradición medieval. Tartaglia encabeza la serie de nuevos científicos que combinan
lo teórico con lo práctico, y
que en el caso de Galileo culmina en su elogio al
arsenal de Ve necia como fuente de inspiración para los científicos.
Ahora bien, si la cuestión de los orígenes de la
ciencia moderna se redujese a los tres fundamentos
anteriores
entonces
podríamos
fácilmente
entender y justificar
el por qué Kepler, a pesar de sus
reconocidos
logros en matemática,
astronomía
y
física sea, sin embargo,
en su forma de pensar y
expresarse,
totalmente
extraño y ajeno a la mentalidad moderna. y esto es así, puesto que sus modelos de inspiración
matemático-astronómico
son los
poliedros regulares platónicos,
y su vocación, la de
un apriorista
que demuestra
matemáticamente
lo
que el mismo Dios se vio obligado a crear dada su
naturaleza
de creador geómetra.
En consecuencia,
esta misma dificultad en comprender
la mentalidad
Kepleriana,
reflejaría la adecuación
de la interpretación propuesta
y sustentada
en la triada Copérnico- Vesalius-Tartaglia.
Lamentablemente,
la situación no es tan fácil y
la triada propuesta
no es unívocamente
esclarecedora de la cuestión
que nos ocupa. Y no lo es,
puesto que en realidad, Copérnico no buscaba simplemente cortar el nexo con la astronomía
geocéntrica de los griegos y medievales para establecer el
carácter
revolucionario
del heliocentrismo,
sino,
que por el contrario quería volver a los más fundamentales principios
teóricos de tal astronomía
tradicional, esto es, a la postulación
del carácter primario de la circularidad
y la uniformidad
en la
explicación
del movimiento
planetario.
Pero una
tal vuelta a lo más auténticamente
clásico requería
un alto precio para evitar las dificultades
conceptuales que llevaron a Ptolomeo
a separar las explicaciones de la circularidad
y de la uniformidad
en
las construcciones
matemáticas
que servían para
salvar las apariencias.
Y dicho precio fue la eliminación de la posición
central de la Tierra en el
cosmos, y también la negación de su inmovilidad.
En resumen,
para Copérnico el heliocentrismo
es
más una consecuencia
de su proyecto
de vuelta a
lo clásico que una tesis primaria y primera; y solamente resulta de su conservadurismo
intelectual
y
la consecuente
defensa de la circularidad
y unifor-
CORONADO
midad como los principios fundamentales
de la astronomía
(2). Y la triada explicativa no es todo 10
firme que se quisiera,
puesto que en el caso de
Vesalius, al distinguir
entre el maravilloso
y fecundo uso de la lámina científica, por una parte, y
la interpretación
de los hechos registrados por estas, por la otra, se descubre que el gran médico
paduano no es tan apegado a los hechos registrados
como él mismo declara programáticamente
(3). Finalmente,
aunque Tartaglia sí representa el nuevo
método matemático
que busca afianzarse y dar razón de los hechos, resulta que será el "sonámbulo"
Kepler, el pitagórico
de los a prioris, quien en
nombre de las nuevas observaciones
realizadas acaba y abandona
el presupuesto
por excelencia de la
astronomía
clásica, el principio de la circularidad y
la uniformidad
en la explicación y realidad del movimiento
planetario.
Es decir, que un astrónomo
de las matemáticas
platonizantes
es el científico
más fiel a los hechos.
Para profundizar
un poco más esta difícil situación de la triada: heliocentrismo,
hechos y nuevas
matemáticas,
considérese
con mayor detenimiento
la revolución
astronómica
de los siglos XVI y
XVII.
Su primer estadio está en la obra de Copé mico,
en el heliocentrismo
como se ha apuntado antes,
pero no con el carácter revolucionario
que normalmente se le' otorga, sino con aquel de vuelta a los
orígenes, de reorganización
de los cielos, de eliminación del ecuante empleado
por los astrónomos
de la escuela de Ptolomeo (4). Copérnico es sumamente claro en su breve bosquejo astronómico que
se conoce con el título de Commentariolus, cuando presenta la lista de axiomas o supuestos fundamentales necesarios para que la astronomía
sea fiel
al principio de la circularidad y uniformidad.
Ahora bien, un lector actual, 10 que espera encontrar
en el primero
de estos axiomas es la afirmación
tajante del heliocentrismo;
esto es, la posición central del Sol en el universo. No obstante, ese primer
axioma simplemente
establece que no hay centro
único de todos los círculos o esferas celestes, con
la intención de rechazar los programas astronómicos del tipo eudoxiano
y, por lo tanto, permitir la
pluralidad
de centros que requieren de la ulterior
reorganización
de los cielos. Pero al lector moderno le queda aún la esperanza de que el segundo
axioma sí proporcione
ese dato fundamental
del
heliocentrismo.
Sin embargo,
el segundo axioma
establece el rechazo del geocentrismo,
en su contenido negativo, y la afirmación
de que la tierra es,
no obstante, centro de la esfera de la luna y de la
REVOLUCION
gravitas. No es sino en el tercero de los supuestos,
en que finalmente Copérnico establece el heliocentrismo, como la tesis de la posición central del Sol
respecto de la esfera límite del universo, aunque
solamente punto medio de los círculos o esferas. Si
el lector asume un cierto orden en la importancia
de los axiomas enumerados por Copérnico, es realmente sorprendente la posición del axioma relativo
al heliocentrismo en dicha lista de supuestos, y en
consecuencia, un cierto carácter secundario. Por
tanto, la importancia del heliocentrismo en Copérnico para la solución de nuestra cuestión, los orígenes de la ciencia moderna, queda un poco difusa
(5).
Igualmente,
es interesante el insistir en que Cotiene como motivación para formular el heliocentrismo
un claro énfasis en las observaciones; por el contrario, él reconoce que la
astronomía ptolemaica concuerda con los hechos,
esto es, no sólo con las observaciones sino también, se puede agregar, sirve para navegar y para las
predicciones de efemérides. y Copérnico tampoco
realiza gran número de observaciones. En resumen,
la motivación intelectual de Copérnico no es realmente representativa
de dos de los vértices de la
triada que se ha venido discutiendo.
El factor de la observación exacta, el vértice de
los hechos, realmente se encuentra en Tycho Brahe
(1546-1601), el gran astrónomo danés. Fue el recopilador del catálogo de estrellas más exacto y
riguroso de la astronomía pretelescópica, Prácticamente su trabajo alcanzó el límite de la capacidad
sensorial natural, gracias a mejores instrumentos,
nuevos métodos y constancia diaria. Este catálogo
fue realizado en el Uraniburgo o Castillo de los
Cielos, el primer observatorio astronómico que aún
arquitectónicamente
estaba diseñado para obtener
tan alto grado de exactitud observacional; grado de
exactitud que convirtió en totalmente inaceptable
los márgenes de error en la relación entre predicción y observación utilizados en la astronomía tanto en Ptolomeo y Copérnico, que son los mismos,
puesto que ambos son deudores de los mapas de
los cielos de Hiparco de Nicea (II AC) (6).
Tycho Brahe, que gracias a su dedicación a la
observación de los cielos, también establece como
hechos más allá de toda duda razonable, el carácter
celeste de la nueva estrella del año de 1572 y del
cometa de 1577. Hechos que cuestionan la concepción cosmológica de Aristóteles, fundamento
físico-filosófico de la astronomía
geocéntrica de los
griegos y medievales. Tycho, que también concluye que no puede suponerse la existencia física de
pérnico tampoco
ASTRONOMICA
191
las esferas celestes, como en la concepción artistotélico-escolástica;
esfera que arrastraban a los planetas en su movimiento en torno a la tierra. Ya
que una tal existencia física es incompatible con el
carácter celeste de los cometas, los que las quebrarían al moverse a través de las regiones celestes. No
existencia que se desprende del hecho observacional de que la trayectoria
de Marte y el Sol se
entrecruzan
(7). De todo lo cual, Tycho Brahe
inaugura un problema totalmente moderno y fecundo, esto es, el de la razón de la constancia de la
trayectoria u órbita de un planeta. Problema finalmente resuelto por Newton en su mecánica de los
cielos.
y sin embargo, Tycho Brahe mantiene un geocentrismo
cosmológico,
y también un heliocentrismo planetario. Una serie de razones de tipo físico, astronómico,
metodológico
y también religioso, lo inclinaron a rechazar el heliocentrismo copernicano en sentido estricto. Pero su consagración a
la determinación
de observaciones exactas es muy
moderna. Ciertamente,
Tycho se equivocó en sus
inferencias y la tierra realmente se mueve alrededor del Sol. Pero también lo es, que algunas de las
propuestas de Copérnico para defender el heliocentrismo, en especial el axioma cuarto, el de la inconmensurabilidad
entre el diámetro de la órbita terrestre y el radio del cosmos, no solamente era
falso sino también arbitrario.
Galileo Galilei (1564-1642) mediante el empleo
del telescopio (1609) introduce en el proceso de
transformación
de la astronomía no sólo una nueva base empírica, esto es, una serie de nuevos hechos, sino también una nueva dimensión epistemológica. No sólo nuevos hechos sino también una
nueva manera de conocer. Entre los nuevos hechos
destacan la irregularidad de la superficie lunar, las
estrellas causantes de la luminosidad de la Vía Láctea, las fases de la luna. las manchas solares, y
los cuatro satélites de J úpiter para citar sólo los
más significativos. En la nueva dimensión epistemológica, Galileo asume que el sujeto
cognoscente tiene la posibilidad y el derecho de potencializar, mediante instrumentos,
los sentidos que le
fueron dados por la naturaleza o el creador. Aun
más, el conocimiento
adquirido por estos sentidos
así potencializados
por los artefactos construidos
por el hombre, por ejemplo, telescopio o microscopio, no sólo es verdadero sino que más verdadero
que el obtenido por los sentidos naturales. Por
ello, las estrellas no vistas por nadie an tes, existen y
son realmente la causa de la luminosidad de la Vía
Láctea. En consecuencia,
este nuevo giro emp íri-
192
LUIS GUILLERMO
co-episternológico
haría de Galileo el punto de
arranque y verdadero disparador de la ciencia moderna.
y si a la potencialización
de los sentidos se une
la cuantificación
de las observaciones o datos mediante una matemática, no del tipo platónico especulativa, sino del tipo arquimedeano,
Galileo aparecería igualmente paradigmático
en relación con
la cuestión de los orígenes de la ciencia moderna.
Se puede recordar en este contexto,
que Galileo
fue discípulo de uno de los seguidores de Tartaglia,
y que, por ejemplo, ya en sus primeras investigaciones, en tomo a la balanza hidrostática y al centro de gravedad, la presencia de la influencia de
Arquímedes es incuestionable.
Todo lo cual converge cuando ve las montañas de la luna pero también las mide. Y como todas estas observaciones
telescópicas las emplea en la defensa y exposición
del sistema heliocéntrico copernicano a partir de la
publicación de su Mensajero de los astros, (1610),se
puede señalar que en el período entre 1610 y 1613
-publicacíón de sus Cartas sobre las manchas solares, está ese momento crucial de la amalgama de la
triada de factores generadores de la ciencia moderna.
A p«;sar de todo lo anterior, Galileo también
falla en encarnar plenamente este sentido de total
aceptación y uso de la triada moderna cuando, por
ejemplo, no acepta ni emplea las importantes leyes
del movimiento planetario formuladas por Kepler.
Leyes que resultaban
de un gran respeto por los
hechos astronómicos. Por el contrario, Galileo prefiere mantenerse en la tradición del apriorismo de
la circularidad y la uniformidad como principio de
la astronomía. O bien, cuando, a pesar de que los
mismos hechos obtenidos mediante la observación
telescópica, la existencia de estrellas más lejanas
que las visibles, le podían inducir a establecer la
apertura del cosmos, negando su finitud esférica,
mantiene a toda costa el tradicional cosmos esférico y finito; pero cerrado por una esfera con "profundidad".
Johannes Kepler (1571-1630),
como se apuntó
al inicio, se presenta, prima facie, como muy ajeno
al sentido de la ciencia moderna, en tanto exponente máximo del apriorismo matemático-cosmológico, apriorismo que en 1596, en su Misterio del
cosmos, le permite establecer que el número de los
planetas es y debe ser seis. Ello es y debe ser así,
pues la actividad creadora del Dios-geómetra, tendiente a producir el mejor de los mundos, implica
el uso de lo curvo y de lo rectilíneo en sus formas
más perfectas, a saber, la esfera y los poliedros
CORONADO
regulares. La primera forma perfecta, la esfera debe y es la forma total del cosmos, manifestación de
su forma física y del simbolismo teológico-físico
de la Trinidad. Y las segundas, los poliedros regulares, en la articulación del intervalo entre el límite o
periferia y el centro, esto es, la región de los planetas. En efecto, dada la propiedad de los poliedros
de inscribir y de ser inscritos en esferas, la estructura matemática del cosmos implica la única posibilidad de seis espacios o intervalos a ser ocupados
por las esferas de los planetas. Cinco poliedros encajados en la esfera cósmica, que llenan el espacio
entre el centro y la periferia, definen, a partir de la
situación de la esfera de la tierra, seis y solamente
esferas; y este rasgo matemático conlleva la posibilidad de únicamente seis espacios o trayectorias a
ser ocupados por seis planetas (8).
En consecuencia,
el sistema copernicano y su
reducción del número de los planetas, de los siete
tradicionales a sólo seis primarios, que provocaba
grandes recelos en aquel tiempo, no tiene que tomarse como un obstáculo para su aceptación, sino
que más bien, como un resultado de su misma estructura matemática.
Así, para aquellos que objetaban como defecto del heliocentrismo la afirmación que la luna era un planeta secundario que se
movía alrededor de la tierra, y no directamente
alrededor del centro del universo, Kepler contraponía no una simple postulación (Copérnico y su segundo axioma), sino el carácter apriorfstico del número seis como máximo número de los planetas
primarios. Y este apriorismo se fundamentaba en
la creación misma de Dios. Kepler probaba matemáticamente
lo que Copérnico descubrió a posteriori. Y como tal, en terminología de Kuhn, Kepler
simplemente resuelve un problema dentro del nuevo paradigma
heliocéntrico.
Además, históricamente, esto puede ser así, dado que Kepler no
tuvo que sufrir los grandes efectos intelectuales de
la conversión al copernicanismo,
que sí sufrieron
Tycho y Galileo, ya que su maestro Maestlin lo
inició en la nueva astronomía desde sus tiempos de
estudiante.
En síntesis, para Kepler, en el Misterio del coscrea un mundo matemáticamente
bello, esférico, y con seis planetas,
que se mueven en forma circular y uniforme gr~cias a la perfección y primacía de la esfera y los
cinco poliedros regulares; es decir, las formas matemáticas curva y rectilíneas por excelencia. Pitágoras, Platón y cristianismo:
todos ellos íntimamente
unidos.
mos, Dios, como geómetra,
REVOLUCION ASTRONQMICA
El anterior es el Kepler completamente ajeno a
las corrientes predominantes en la ciencia moderna. Empero, ese mismo Kepler, que nunca abandonará la inspiración heurística de los poliedros regulares, a partir de 1596 comienza a dudar de la
adecuación a los hechos de sus construcciones teóricas. Cada vez le parece más interesante el conocer
el "tesoro de observaciones" de Tycho (9). Y
cuando a partir de 1600 trabaja con él en el problema de la órbita de Marte, y a partir de 1601 le
sustituye como matemático imperial en la corte de
Rodolfo Il de Bohemia, termina destruyendo el
carácter primario de la circularidad y uniformidad,
no sólo como instrumentos conceptuales de la astronomía, sino también como rasgos de la realidad
misma del movimiento planetario. y lo hace, luego
de un arduo trabajo de interpretación matemática
de los datos de Tycho, en nombre de un error de
ocho minutos que le resulta, como heredero de las
tablas tychonicas, completamente inaceptable. Por
un margen de error totalmente normal en la astronomía clásica, e incluso 'para Copérnico. No obstante, Kepler abandona el a priori de la circularidad y la uniformidad: la más grande condición matemática que el creador había empleado en la conformación del mundo. Los hechos y su imperio se
imponen al presupuesto teórico por excelencia de
la astronomía. Claro está, Kepler no abandona su
vocación por las formas matemáticas, pero es capaz de contentarse con elipses y áreas iguales en
tiempos iguales. Justifica estas nuevas armonías en
el universo, no sólo por las ecuaciones matemáticas
al estilo moderno de su tiempo, sino porque se
adecúan perfectamente a los datos, a los hechos
acumulados por Tycho. En fin, que es Kepler, el
apriorista, quien en el mejor espíritu de respeto a
los hechos formula las leyes del movimiento planetario que dan la clave de la estructura y funcionamiento del sistema planetario. Abre de esa forma los senderos por los que transitarán los sistematizadores de la ciencia moderna.
Ahora bien, es ese mismo Kepler que con sus
tres leyes revoluciona verdaderamente la astronomía, quien también propone una hipótesis magnético-mecánica para comprender la constancia de las
trayectorias u órbitas planetarias: el Sol es un
enorme imán que rotando sobre sí mismo, con su
fuerza, mantiene a los planetas en movimiento a su
alrededor. Hipótesis que intenta resolver el problema inagurado por Tycho, que muestra la influencia
de Gilbert y sus investigaciones sobre los imanes,
que denota la presencia de un enfoque mecanicista
de la naturaleza. Hipótesis que resulta falsa, sí, pe-
193
ro que en conjunción con la constante derivada de
la tercera ley del movimiento planetario, permitirá
a Newton ir más allá y llegar al principio de la
Gravitación Universal, como la fuerza que mantiene integrado el sistema planetario.
Así mismo, es Kepler, quien en su Astronomía
Nova de 1609 comunica las dos leyes del planeta
Marte, y es el que presenta también un programa
de astronomía como una Física celeste. Esta declaración programática va totalmente en contra de la
distinción entre lo celeste-planetario y lo físico-terrestre propia de la tradición aristotélica de la heterogeneidad del cosmos, y del mismo Copérnico
que también la presuponía en su cosmología.
Este Kepler, el defensor de la importancia y
papel decisorio de los hechos, el destructor de la
circularidad y la uniformidad, el formulador de las
verdaderas leyes del movimiento planetario, el formulador de la hipótesis magnético-mecánica del
movimiento planetario, el proponente de una física de los cielos, podría ser considerado como el
fundamento u origen de la ciencia moderna. y ello
es plausible en tanto que encarna dos de los vértices de nuestra triada (10).
En resumen, si asumimos los tres vértices de la
triada para comprender los orígenes de la ciencia
moderna, desde la perspectiva de la astronomía, se
ve claramente cómo están presentes los factores
del heliocentrismo, la observación estricta y las
nuevas matemáticas, pero en ningún caso, de forma simple y articulada. Por el contrario, estos factores se entremezclan de manera realmente alambicada. Ningún actor principal del proceso de transformación astronómica cumple a cabalidad y constantemente con todos y cada uno de ellos. O bien,
como dijo el matemático griego, "no hay senderos
reales en la formación de la ciencia moderna".
Habría sido realmente fácil y cómodo poder recurrir solamente a los tres eventos de 1543 enumerados al inicio de la discusión. Pero se ha mostrado
que no es posible; que no se puede reducir el origen de la ciencia moderna a la simple suma de
estos eventos y sus implicaciones doctrinales. Si
por otra parte, se estudia el desarrollo de sólo la
astronomía, como principalmente se ha hecho en
esta ocasión, parece mas bien que los inicios deben
hallarse en Galileo y Kepler. Lamentablemente,
tanto el uno como el otro, se presentan como modernos y también, como profundamente enraizados en el pasado. De nuevo la complejidad histórica se vuelve en contra de la solución simple de la
cuestión de los orígenes.
194
LUIS GUlLLERMO CORONADO
y no obstante, en el heliocentrismo,
en la observación exacta de la realidad, y en la nueva matemática arquimedeana están los gérmenes de la nueva ciencia. La triada es válida, temáticamente claro
está, aunque no con respecto a autores particulares. Mostrarlo requiere que indaguemos en otras
manifestaciones de la ciencia en los siglos XVI y
XVII, pero ello será tarea del futuro.
NOTAS
( 1) Opera Archimedis
syracusani philosophi et m athematici
ingeniosissime
per nic. Tartaleam Brixiamun,
Venecia. Texto latino tomado de varios traductores,
entre
ellos Guillermo de Moerbecke, para el tratado sobre los
cuerpos flotantes.
La edición no es muy crítica y a menudo se reproducen evidentes errores de los textos latinos
empleados.Posteriormente,
Tartaglia traducirá al italiano
el libro 1 de los cuerpos flotantes
(1551) y posteriormente, el segundo libro (1554).
La edición príncipe, de Venaturus,
fue del año siguiente, 1544, en Basilea.
( 2) Para una argumentación de esta interpretación
del
pensamiento de Copémico, véase Butterfield, Los Orígenes de la ciencia moderna,
Y Coronado, En tomo a la revolución astronómica:
un comentario al Commentariolus
(1), por aparecer.
( 3) Véase Singer, Ch., A Short History of Anatomy
&
Physiology from the Greeks to Harvey, Dover, 1957,.pp.
122-135. O bien, como se expresa en The Illustrations
from the Works of Andreas
Vesalius of Brussels. Dover.
1950, pp 9-10, "At this juncture the reader should perhaps be wamed of the danger of judging Vesalius Knowledge or lack of knowledge by the illustrations alone. This
has been responsible for innumerable
erroneos conclussions in the Vesalian literature. While the drawings were
being prepared, Vesalius himself was undergoing a rapid
evolution and making new discoveries from day to day
which required him to correct in the text earlier but
erroneous opinions portrayed in the illustrations".
( 4) Nuevamente, véase Coronado, En torno a la Revolución Astronómica.
( 5) Idem
( 6) Coronado, G. Tycho Brahe: Observador
de Los
Cielos. Revista Comunicación.
V. 2 No. 3 Año 6 Diciembre 1986. pp 9.
( 7) Idem, pp 13
( 8) Kepler, Misterio del Cosmos,
Esbozo de mi demostración capital. Capítulo II.
( 9) Resulta muy significativa, en este contexto, la primera carta que Kepler le dirige a Galileo, en octubre de
1597. En ella no sólo intenta continuar la relación epistolar con Galileo, sino que le solicita realizar por él algunas
observaciones que considera relevantes, dado que ... "Como no poseo ningún instrumento, me veo obligado a dirigirme a otros. ¿Tiene Ud. un cuadrante que señale los minutos y los cuartos de minuto? ".
(10) Kepler, al igual que Galileo, también quedó atrapado por concepciones tradicionales. Un ejemplo de esta
dependencia está en su rechazo de la infinitud del cosmos.
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