(6.Consumo de Químicos Diarios)

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QUÉ CANTIDAD DE QUÍMICOS CONSUME USTED DIARIAMENTE
MANUEL MOZO *
Cuando se habla de contaminación o problemática ambiental, tendemos a referirnos únicamente
a lo que ocurre en la atmósfera, el agua o el suelo; sin embargo, no se tiene en cuenta algo tan vital para
la existencia del ser humano como son los alimentos.
Las mismas circunstancias que motivan al hombre a utilizar técnicas que contaminan el aire de
sustancias químicas, el suelo y las aguas etc., también alteran los alimentos (López, 2006).
Las necesidades de gran producción de alimentos para satisfacer la demanda, la competencia y los
intereses económicos a su vez alteran el proceso natural de los nutrientes que consumimos diariamente.
En efecto, casi todo alimento que consumimos es sometido a una serie de procesos químicos que van
desde su producción, almacenamiento, transporte, exhibición para su venta, etc. En cada una de estas
etapas ha sido precisa la utilización de sustancias químicas como son los aditivos.
La gran cantidad de sustancias químicas que consumimos diariamente es preocupante, lo mismo
que la manera cómo sus efectos negativos inciden en la salud humana. Somos parte de una generación
experimental y tardaremos muchas décadas en solucionar y contrarrestar estos efectos negativos. La
mayoría de estos aditivos antes de utilizarlos y aplicarlos en los alimentos se fabrican mediante ensayos
toxicológicos de las sustancias químicas y en algunas ocasiones son una mezcla de ciencia y conjeturas.
Los laboratorios tienen ciertas limitaciones inherentes, por ejemplo, no pueden simular
completamente el comportamiento de ciertas sustancias químicas en el variado y complejo mundo fuera
del laboratorio, donde existen centenares y hasta miles de sustancias químicas sintéticas, muchas de las
cuales pueden reaccionar entre sí y también con los organismos vivos. Algunas de estas sustancias por sí
solas, pueden ser inocuas, pero combinadas con otras, fuera y dentro de nuestro organismo pueden
formar compuestos tóxicos que alteran la salud humana.
Ciertas sustancias químicas se vuelven tóxicas, hasta cancerígenas, únicamente cuando el
metabolismo corporal las procesa. En vista de estos problemas los asesores de riesgos de los laboratorios
para determinar la inocuidad de una sustancia utilizan el método habitual de ensayo con animales de
laboratorio suministrándole determinada dosis concreta en cuestión y luego tratar de aplicar los
resultados en el ser humano.
La experimentación con sustancias químicas en los animales, aparte de plantear cuestiones éticas
sobre su crueldad, no es muy confiable, ya que esta práctica suele reaccionar de manera bastante diferente
en los distintos animales, ejemplo: una pequeña dosis de dioxina (sustancia sumamente tóxica), es capaz
de matar a una hembra de cobaya, pero se necesitarían 5.000 de esas dosis, para matar a un hámster o a
una rata y ratones siendo casi de la misma familia.
La lista de aditivos que los humanos consumimos diariamente sobre pasa los 3.000 y se presume
que cada persona puede consumir 5 gramos diariamente y 2,5 kilos aproximadamente en un año. Las
sustancias químicas (aditivos) que consumimos en los alimentos pueden dividirse en los siguientes tipos:
colorantes, espesantes, conservantes, diluyentes, estabilizadores, gelificantes, antioxidantes, saborificantes,
disolventes, principios vitamínicos, hormonales y farmacológicos, algunos de estos aditivos están
regulados en niveles de concentración específicos, lo preocupante es que algunos son aplicados al
ojímetro y no en las cantidades adecuadas.
* Licenciado en Ciencias de la Educación en la especialidad de Biología y Química (Universidad del Atlántico). Especialista en
Docencia Universitaria (Universidad del Bosque). Profesor catedrático del INFOTEP en los programas de Licenciatura y
Preescolar.
Como se dijo anteriormente los alimentos son sometidos a una serie de procesos, se sabe que
algunos son responsables de algunas reacciones de tipo alérgico al haberse absorbido anteriormente con
fines terapéuticos, tal ocurre con la penicilina absorbida en la leche por una persona sensible a este
antibiótico y que ignoraba que hubiese sido administrada a la vaca enferma productora de leche.
En algunos alimentos como jamón y salchichas se le agregan nitritos y nitratos para darle el color
rosado y apariencia jugosa y apetitosa. Los nitritos y nitratos mediante el metabolismo pueden convertirse
en nitrosaminas, que tienen efectos cancerígenos en el organismo. Son también bioacomulables, por lo
que su efecto en el organismo es mucho más grave, en lugar de esto se pueden utilizar enzimas biológicas
algunas de ellas obtenidas de harina de malta y leguminosas.
En el proceso de fabricación de pan se utiliza el bromato de potasio, para mejorar la apariencia de
las harinas y hacer creer que tiene alto contenido de gluten (proteínas). El bromato de potasio ocasiona
perjuicios al organismo cuando se utiliza en grandes dosis y por largos periodos. Es también una
sustancia de tipo carcinogénica.
También en las panaderías para evitar el enmohecimiento del pan es común el uso de
conservantes como el benzoato y los sulfitos. El enmohecimiento es precursor de la llamada aflatoxina,
igualmente riesgosa para la salud. En lugar de estos conservantes se podría utilizar el ácido propionico o
sórbico y evitar el enmohecimiento.
En los jugos y bebidas se utiliza el CMC (Carboximetilcelulosa) aplicado al agua para producir
viscosidad que genera la sensación de un producto de alta concentración de nutrientes o principio activo,
acompañadas de colorantes y saborizantes artificiales sin que a la postre se esté suministrando un
beneficio a la salud.
El anhídrido sulfuroso es un veneno empleado en la conservación del color de las verduras y
frutas deshidratadas, purés, jugo de frutas, mermeladas, cerveza, conserva de pescado y el vino. Se sabe
que esta sustancia retrasa el crecimiento, provoca calcificación renal y destruye la vitamina B de los
alimentos.
El difenilo utilizado en la conservación de los agrios produce lesiones en el sistema urinario.
El nivel de exposición de aditivos que experimenta nuestra generación no tiene precedentes,
trastorna el equilibrio de los procesos corporales provocando unos síntomas que como mejor se
describen es simplemente diciendo que uno no se siente bien.
Nuestro maravilloso cuerpo tiene una capacidad de recuperación limitada; se ha estudiado el
efecto de algunos aditivos en forma particular, pues apenas existen inquietudes por la acumulación de
esas sustancias tomadas día a día o la interacción entre esos productos. Quizás nos estamos dejando
envenenar en pequeñas dosis diarias. Lo anterior no quiere decir que todo aditivo debe ser nocivo, de
otra manera no comeríamos y siempre tendríamos que estar enfermos. La Organización Mundial de la
Salud ha estipulado que todo aditivo debe ser técnicamente indispensable e inofensivo y utilizado en
dosis pequeñas.
De todas maneras para bien o para mal, cuando nos sentamos a la mesa, delante de nosotros no
tenemos un simple plato de comida, las salsas, el jugo, la carne, el arroz en fin…, todo lo que allí se halla
llegó al lugar con una carga química de sustancias para su sabor, su olor, su color, su conservación, etc.
Tal que prácticamente nuestra comida es el compendio de un anaquel de un complejo laboratorio de
química.
REFERENCIAS
López, A. (2006, mayo 24). Alerta por alto contenido de químicos en los alimentos. El Heraldo, 5A.
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