Crisis Monetaria Europea y Política Fiscal

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Crisis Monetaria Europea y Política Fiscal
Por Federico Trebucq1
La crisis que atraviesa en estos momentos el sistema monetario europeo, es en
parte producto de una segunda fase de la crisis financiera global que azotó los
mercados mundiales desde finales de 2007 y que en la actualidad no se sabe con
exactitud cuales serán sus efectos. La socialización de las pérdidas privadas llevadas a
cabo por los llamados “salvatajes” provocó significativos desajustes fiscales en las
economías europeas más débiles, que ahora necesitan ser rescatadas por el mismo
mecanismo.
Sin embargo, la crisis del euro tiene raíces más profundas y que a pesar de
haber gozado de 10 años de estabilidad, son inherentes al sistema monetario europeo.
El principal problema radica en que este sistema está basado en una política monetaria
común y en políticas fiscales independientes, es decir, que los países afectados
perdieron la posibilidad de controlar el tipo de cambio y las tasas de interés para
reaccionar a condiciones adversas de la economía nacional, o dicho de otro modo,
perdieron la posibilidad de utilizar los mecanismos de ajuste más efectivos contra los
diferenciales de producción en relación a socios comerciales y los desbalances
presupuestarios provocados por un excesivo endeudamiento.
Veamos el caso de Grecia; las bajas tasas de interés fijadas por el Banco
Central Europeo (BCE) a principios de la década pasada, permitieron que este país se
endeude fácilmente generando un gasto mayor al de sus ahorros. La teoría sostiene
que el déficit debe ser cubierto con un aumento de los impuestos o bien una baja en el
gasto público, medidas impopulares que los dirigentes griegos no estaban dispuestos a
imponer, por lo tanto el coeficiente deuda pública – PIB continuó en aumento y
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El autor es Licenciado en Relaciones Internacionales (UES21), maestrando en Relaciones Económicas
Internacionales (UBA) y miembro de la Comisión de Licenciados en Relaciones Internacionales del
MERCOSUR (COLRIM).
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favoreció al nacimiento de burbujas inmobiliarias, que posteriormente estallaron
provocando un fuerte descenso de la actividad económica y el consecuente desempleo
que trae aparejado. La teoría también indica que una unión monetaria óptima se basa
en la libre movilidad de los factores de producción entre los componentes del sistema
monetario, pero en este caso las barreras culturales, el lenguaje y la presencia de
fuertes sindicatos impiden la relocalización de los trabajadores griegos en las
economías más prósperas de Europa.
Una devaluación otorgaría a Grecia una mayor competitividad comercial y así
incrementaría su nivel de reservas para poder enfrentar las obligaciones fiscales a las
que se encuentra sujeta, cuestión que resulta improbable dada la necesidad alemana
de mantener un tipo de cambio bajo para sostener la fortaleza del euro.
La indisciplina fiscal y el desconocimiento por parte de la Unión Europea de que
el déficit griego (4.7%) superaba el 3% del PIB, de acuerdo a los criterios de
convergencia establecidos en Maastricht, fueron las causas principales por las que el
país helénico entraría en cesación de pagos de su deuda soberana a partir de mayo.
No obstante, los socios de la UE y el Fondo Monetario Internacional elaboraron un plan
de ayuda de 140.000 millones de dólares para evitar el default griego. Es importante
tener en claro que esta medida no constituye la verdadera solución al problema, como
dice Dani Rodrik (2010), sólo da el respiro necesario para emprender la difícil tarea de
poner en orden sus finanzas.
Asimismo, la crisis griega parece ser la primer pieza de un dominó a punto de
derrumbarse, España, Portugal, Irlanda e Italia, sufren problemas análogos con
elevados coeficientes de deuda soberana, ligados principalmente a la escasa disciplina
fiscal llevada a cabo desde la creación del euro, lo que sin dudas marca un precedente
en la historia de la moneda única y pone en riesgo la credibilidad de una divisa que
hasta hace pocos meses gozaba de gran reputación y confianza. Una corrida en contra
del euro significaría un gran revés en el proceso de integración, si lo que se quiere es
lograr la unión económica.
Para comenzar a perfilar una salida de la crisis, en primer lugar, estos países
deberían normalizar su situación fiscal, es decir comenzar a ajustar sus economías
mediante una disminución del gasto público y el cobro de impuestos, es un camino
doloroso, pero inevitablemente es la consecuencia de haber gozado de elevados
niveles de consumo por encima de sus ingresos y de la irresponsabilidad de dirigentes
incapaces de imponer medidas de ajuste dado el costo político que implican.
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Por otra parte, es necesario solucionar los problemas de fondo, como se dijo, el
euro nace con una debilidad intrínseca al no contar con una política fiscal unificada,
además de demostrar inconvenientes para la relocalización laboral. La solución se
encuentra en una sola dirección y esta es: hacia una mayor integración.
La crisis colocó a Europa en una encrucijada donde no hay términos medios; la
salida de la Eurozona, por parte de alguno de sus miembros, ya sea de las economías
más débiles ante la necesidad de una devaluación o bien de los fuertes para no
sostener déficits de otros, provocaría el posible hundimiento de la unión monetaria
mostrando una Europa fragmentada, con consecuencias que podrían ir mas allá de lo
estrictamente económico. Por otro lado, una salida exitosa implicaría una Europa
unificada y fortalecida.
Los primeros pasos en orden de lograr este objetivo, deben orientarse hacia
una reforma institucional para la optimización de la unión monetaria, esto implica que
además de la existencia del Banco Central Europeo y una política monetaria común, se
incrementen la movilidad laboral y se unifiquen las políticas fiscales para garantizar que
el riesgo de la deuda pública sea relativamente homogéneo. Probablemente el camino
no sea fácil, es una solución a largo plazo que dependerá en gran medida de la
coordinación política de los integrantes de la unión monetaria.
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