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ASTROLOGÍA LA CIENCIA SAGRADA
Astrologia Esotérica
Joan Hodgson
Editorial Kier
Capitulo 1
LOS SÍMBOLOS Y LOS CICLOS
La verdad espiritual fue transmitida siempre mediante símbolos a la mente
humana. A nosotros mismos nos es difícil comprender en qué medida usamos
símbolos para transmitir ideas a los demás. ¿Qué es la escritura sino una
serie de símbolos? A medida que la sociedad se internacionaliza más, se
emplean cada vez más símbolos pictóricos sencillos en los letreros de las
carreteras y en la publicidad a fin de vencer las barreras del idioma.
Científicos interesados en establecer comunicación con habitantes del
espacio exterior están enviando señales simbólicas, capaces de ser
interpretadas por seres cuya mente posea una instrucción y una cultura
similares a las nuestras.
La Astrología bien podría llamarse ciencia de los símbolos. los cuales
pueden transmitir las Verdades de los Cielos a la limitada mente de esta
Tierra. A medida que se avive en el hombre su conocimiento Interior,
descubrirá más significado en los símbolos astrológicos, pues éstos podrán
ayudarle a comprender la ley espiritual y descubrir los misterios Internos
que todas las grandes religiones del mundo contienen.
Entre estos símbolos, el prístino y más universal es tal vez el del punto
dentro del círculo, pues se lo usó siempre para significar al Sol.
El punto representa el origen de toda la vida, el centro de luz, calor y
energía, mientras que el círculo representa el recorrido diario y anual del
Sol alrededor del cielo (o de la Tierra alrededor del Sol) o, en sentido más
vasto, el Cosmos. Este es el significado más sencillo y práctico de ese
símbolo, el cual transmite mucho más a quienes poseen conocimiento y
percepción de carácter espiritual. Ese símbolo se refiere al principio de
vida, a la luz que brilla en el corazón de la materia, a la fuerza y a la
inteligencia creadoras que potencian e impregnan la oscuridad de la forma
Increada y hacen que se manifiesten diferentes e infinitas expresiones del
pensamiento de Dios e incontables variedades de vida mineral, vegetal y
animal, las cuales culminan en el hombre, hijo de DIOS y dotado de la misma
potencia creadora.
El Sol material, fuente de toda vida sobre la Tierra, fue generado por este
poder creador, omnipotente y omnisciente, el cual brilla más allá de todas
las estrellas y Universos, no tiene principio ni fin y es la Palabra - el
Verbo -, el pensamiento creador propio de Dios. El punto dentro del círculo
no sólo representa al Sol, sino también al invisible y central Sol de
Soles, del que emana toda la vida, y al que ella retorna en tiempos
inmedibles: ese Sol es el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin. También
representa la verdad de que la vida manifiesta, aparece y desaparece en
círculos o ciclos, y está vinculada con el sistema solar y el paso del Sol
por las doce grandes casas de los cielos.
La mecanizada artificialidad de la sociedad moderna, especialmente en las
ciudades, hace que a menudo perdamos de vista el hecho de que toda la vida
sobre la Tierra se basa en los ritmos cíclicos del sistema solar. La ley de
los ciclos rítmicos tiene suprema vigencia: rige desde el átomo hasta el
sistema solar, e incluye al Cosmos.
Necesitamos reflexionar tan sólo unos pocos Instantes para darnos cuenta de
cuán cabalmente nuestra vida sigue el curso del Sol. La contemplación de su
salida o su puesta es siempre un momento solemne: hace que percibamos los
Inevitables y constantes comienzos y finales que plasman la experiencia
humana.
Cada salida de Sol nos da la sensación de una esperanza, de un nuevo
comienzo, de una página en blanco, de una oportunidad para hacer las cosas
mejor; cada atardecer procura sentimientos de satisfacción y pesar cuando
repasamos calladamente los sucesos del día antes de recogernos en el mundo
del sueño. El mediodía y la medianoche señalan los puntos culminantes de la
actividad y del descanso. El ciclo anual es parecido. La primavera, igual
que el amanecer, es portadora de esperanza y de la promesa de una estación
nueva y mejor. mientras que el otoño reúne cosecha, zarandeo del grano y
evaluación de los resultados del año. El otoño produce la misma sensación de
inevitabilidad que la caída del Sol. Cosechamos lo que hemos sembrado, y
nadie puede modificar esto, pero. al mismo tiempo. empezamos a hacer
nuestros planes para hacer mejor las cosas en la siguiente estación. E]
Invierno, igual que la medianoche, es el período culminante de silencio,
recogimiento y renovación; y el verano, Igual que el mediodía, es el punto
culminante de la actividad en el mundo material.
El ciclo lunar señala épocas similares dentro del año solar: en realidad, es
un ciclo solar en miniatura. Las cuatro fases de la Luna, que son la base de
nuestra semana de siete días, aunque de efecto menos notable, señalan el
ciclo lunar, del mismo modo que los solsticios y equinoccios señalan el
ciclo de las estaciones, y la salida y la puesta del Sol, el mediodía y la
medianoche señalan el paso del día.
Damos por sentada la rotación de la Tierra sobre su propio eje, igual a
nuestro ritmo de luz y sombras, que dura veinticuatro horas, y cuya
extensión varía de acuerdo con el lugar y la estación del año. Sabemos que
el giro de la Tierra alrededor del Sol, combinado con la inclinación del eje
terrestre, produce el ciclo de las estaciones; pero en la actualidad, a no
ser que planeemos algún hecho que necesite luz lunar u oscuridad completa,
somos mucho menos conscientes del ciclo lunar, que dura veintiocho días y se
debe al giro de la Luna alrededor de la Tierra. Empero. muchos aspectos de
la vida natural son afectados por este ciclo lunar, como ocurre con los
ciclos de evolución e involución, de ascenso y descenso de la savia y de
expansión y contracción de las células biológicas, en igual medida que las
mareas del océano.
Estas mareas de la vida fueron estudiadas y aceptadas como un hecho concreto
por los místicos medievales; sin embargo, los conocimientos obtenidos por
algunos de aquellos sabios estudiosos de la antigüedad son actualmente muy
pasados por alto y desechados como supersticiones y disparates, aunque
algunos investigadores modernos están empezando a experimentar y descubrir
cuán estrechamente vinculada se halla la vida de la Naturaleza con las fases
de la Luna. 1 Indudablemente, habrá más descubrimientos y es probable que
aún descubramos que los viejos maestros medievales harán valer sus méritos.
Hay un misterio aún mayor para la mayoría: es el del ciclo de las
precesiones, que dura 25.920 años y se conoce como el Gran Año. Igual que
nuestro año común y corriente, este Gran Año tiene sus meses y estaciones,
pero no parece Interesarse tanto en el crecimiento y desarrollo de la forma
material, sino más bien en la evolución de la vida del alma de la humanidad:
de la vida y la consciencia que están evolucionando lentamente mediante
repetidas encarnaciones en un cuerpo de carne. El ciclo de este Gran Año
parece relacionarse principalmente en el simbolismo y los misterios de todas
las religiones del mundo.
Así como cada hora del día y cada mes del año corriente, el Sol da muestras
de brillar desde una diferente parte de los cielos y vitalizaría (en
términos astrológicos, en una casa y un signo diferentes), de igual modo el
Gran Año se divide en doce eras de alrededor de 2160 años, cada una de ellas
bajo la Influencia de una constelación diferente, la cual le da un carácter
especial.
El símbolo universal de la cruz dentro del circulo representa las cuatro
estaciones, las cuatro grandes mareas de la vida en el Cosmos, las fases del
soplo divino que hace que la vida se manifieste en todos los planos del ser.
Las cuatro puntas de esta gran cruz dentro del círculo, que señalan el
comienzo de cada estación, se conocen como los puntos cardinales: Este y
Oeste, Norte y Sur. En estos puntos, el Sol entra en los signos cardinales
de Aries y Libra (los equinoccios), y Cáncer y Capricornio (los solsticios).
Los signos cardinales son signos de acción, cuando se está desarrollando
rápidamente una nueva estación.
A esos signos los siguen los cuatro signos fijos (Tauro, Leo, Escorpio y
Acuario), durante los cuales el carácter de la estación particular se halla
en plena manifestación y tenemos la impresión de que las cosas jamás
cambiarán. Estos signos fijos representan el orden establecido. También
forman una cruz dentro del círculo, y sus símbolos: el toro, el león, el
águila (Escorpio) y el hombre. son familiares para los cristianos. pues
representan a los cuatro Evangelistas.
A continuación se halla la cruz mutable, con los signos de Géminis, Virgo,
Sagitario y Piscis. que genera nuevamente cambio. Durante estos períodos.
el orden establecido empieza a fragmentarse, preparando el camino para la
nueva estación, que ya se está insinuando. Los signos mutables comparten
algo de la cualidad de los cardinales y los fijos y, en lo que atañe a sus
efectos. parecen oscilar entre ambos.
Las cuatro puntas de la cruz se relacionan con los cuatro elementos (Fuego,
Tierra, Aire y Agua); por lo tanto, cada elemento se manifiesta en tres
fases, las cuales se conocen como cualidades o modos: cardinal, fijo y
mutable. Los signos del mismo elemento forman un triángulo equilátero en el
círculo de los cielos, y sus puntas son de cualidad cardinal, fija y
mutable.
Por supuesto, el triángulo es un símbolo universal de la trinidad del amor,
de la sabiduría y del poder, la cual es Dios. Es un símbolo de armonía y
equilibrio perfecto. Entre los elementos, el Fuego y el Aire son positivos;
y la Tierra y el Agua son negativos; ellos representan las corrientes de la
vida, positivas y negativas, que se manifiestan en toda la Creación. La
Interconexión de los triángulos de Fuego y Aire (positivos) y de los signos
de Agua y Tierra (negativos) forma la Estrella de Seis Puntas, la cual es un
antiquísimo símbolo del espíritu del hombre.
A quienes no estén todavía familiarizados con el orden de los signos, los
siguientes versos les brindan un fácil recordatorio:
El Carnero, el Toro, los Gemelos Celestes
Y después del Cangrejo, brilla el León,
La Virgen y la Balanza,
El Escorpión, el Arquero y la Cabra,
El Hombre que lleva el Cántaro
Y los Peces de Colas centelleantes.
Es facilísimo asignar a cada signo su cualidad y su elemento correctos,
porque están ordenados con exactitud, a saber: por cualidades (cardinal,
fijo y mutable), y por elementos (Fuego, Tierra, Aire y Agua).
A veces. hay un poco de confusión en lo que concierne a las diferencias
entre las constelaciones, los signos del Zodíaco y las casas de los cielos,
lo cual no es sorprendente porque, en ocasiones, estos términos se han
usado con cierta imprecisión.
Próximos temas
12- El cuerpo humano y los elementos
3- El cuerpo humano y los cielos.
4- La polaridad Sol - Luna/Saturno
5- La polaridad Mercurio/Júpiter
6- La polaridad Marte/Venus
7- El sendero del desarrollo espiritual y la exaltación planetaria
8- Los tres mundos del hombre
9- La lección que la alma debe aprender sobre los elementos.
10- El elemento Fuego
11- El elemento Agua
12- El elemento Aire
13- El elemento Tierra
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