Unidad Didáctica 2. Hª de la Filosofia 2º Bach

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Unidad Didáctica 2
¿Puede la ciencia arreglar todos nuestros problemas?
La filosofía de la modernidad.
A) OBJETIVOS:
1.- Conocer los rasgos principales del pensamiento de la modernidad occidental:
desde sus inicios en el Renacimiento hasta su realización más lograda en la
Ilustración del siglo XVIII.
2.- Identificar y valorar los rasgos más sobresalientes de la cultura occidental
europea: resaltando el papel de la ciencia y de la confianza en el saber y la razón
como medios para solucionar todos los problemas humanos.
3.- Reconocer el modo propio que la filosofía de la modernidad tiene para
plantear y afrontar los problemas de que se ocupa: la centralidad del problema
del conocimiento y del análisis del sujeto.
4.- Profundizar en la figura, obra y tiempo de Descartes; conociendo su
biografía, los problemas de su época, la temática de su filosofía y las influencias
que recibió y ejerció.
5.- Leer el texto correspondiente a Descartes entendiendo su vocabulario y
profundizando en sus argumentaciones y planteamientos; siendo capaz de
conectarlos con la filosofía de otros autores y planteándose su actualidad.
6.- Reflexionar sobre la temática de la filosofía moderna europea valorando su
actualidad y poniéndola en contraste con otros planteamientos permitan hacer
una valoración crítica de ella; valorando especialmente el alcance de la
Ilustración.
7.- Iniciarse en el trabajo diario y continuado: hacer las actividades, leer textos
propuestos, completar el esquema del tema, realizar el vocabulario del tema.
8.- Valorar el esfuerzo racional por comprender al hombre y al mundo realizado
por los pensadores de la modernidad europea; buscando su actualidad y
dialogando con ellos.
B) CONTENIDOS:
Conceptos
2.1. ¿Cuándo se inventó la ciencia moderna? La génesis del mundo Moderno:
Humanismo y Nueva Ciencia en el Renacimiento.
2.1.1. Los conceptos de Edad Media y Renacimiento.
2.1.2. El Humanismo.
2.1.3. Ciencia Nueva y Antropocentrismo. Copérnico, Kepler y Galileo.
2.2. ¿Por qué triunfa la ciencia moderna como modelo de conocimiento? Estudio de un
texto de Descartes. Discurso del método, libros II y IV
2.2.1. Biografía y contexto de Descartes.
2.2.1.1. Racionalismo y Empirismo. Contexto intelectual.
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2.2.1.2. Biografía de Descartes.
2.2.1.3. Europa y Francia en los siglos XVI y XVII:
- Las guerras de religión. El Barroco.
- El surgimiento de la monarquía absoluta.
2.2.2. Temática de la filosofía cartesiana:
2.2.2.1. Teoría del conocimiento:
- El criterio de verdad.
- El método
- Los tipos de ideas.
2.2.2.2. Ontología: La teoría de las tres sustancias.
2.3. Un problema añadido: si todo en el universo está determinado por leyes inexorables
¿queda sitio para la libertad? ¿y qué puesto ocupa Dios en todo esto?
VOCABULARIO
Razón
Ideas innatas
Dios
Certeza
Ideas
Sustancia
Método
Atributo
Ideas facticias
Materia
Claridad
Modo
Ideas adventicias
Facultades humanas
Distinción
Duda metódica
2.4. Contrapuntos filosóficos y consecuencias:
2.4.1 Hume: El conocimiento sensible y las críticas al racionalismo
2.4.2. La filosofía de la Ilustración. Características generales de la Ilustración
europea
VOCABULARIO
Ideas simples
Ideas complejas
Escepticismo
Percepción
Ilustración
Deísmo
Religión Natural
Impresiones
Ideas
Relaciones de ideas
Cuestiones de hecho
ENLACES EN INTERNET:
Introductorio:
http://www.youtube.com/watch?v=yUPbGBuiZRo&feature=player_embedded
Duda metódica:
http://www.youtube.com/watch?v=vpIbzFN8WH8&feature=related
La demostración de la existencia de Dios:
http://www.youtube.com/watch?v=jF1m92HDO1Y&feature=related
Presentación completa: http://www.youtube.com/watch?v=kIHO1ncxJs&feature=related
Racionalismo vs Empirismo:
http://www.youtube.com/watch?v=kkQeofvtfXQ&feature=related
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Procedimientos
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-
Lectura y análisis de textos de extensión breve y moderada.
Lectura y análisis de un fragmento de la obra de Descartes Discurso del método.
Lectura y resumen del libro de texto.
Confección del cuaderno de estudio de la Unidad Didáctica.
Recopilación de información de diversas fuentes: textos suministrados por el
profesor, audiovisuales, documentación buscada por el alumno; análisis de la
misma y posterior síntesis de los contenidos relevantes para la unidad didáctica.
Definiciones de conceptos fundamentales recogidos en el vocabulario de la Unidad
Didáctica.
Expresión oral y escrita madura y coherente, tanto de lo aprendido como de los
propios pensamientos.
Elaboración de argumentos para criticar y defender las diversas doctrinas y
temáticas estudiadas en cada Unidad Didáctica.
Realización de diversas composiciones filosóficas por parte de cada alumno.
Debates en clase sobre la temática de cada Unidad Didáctica.
Preparación para realizar, con éxito, la prueba de selectividad de Historia de la
Filosofía.
Actitudes
-
-
Regularidad y continuidad en el trabajo diario.
Confrontación con la llamada Edad Media y la transición a la Edad Moderna desde
una perspectiva nueva y crítica con los prejuicios heredados
Comprensión de los elementos fundamentales de la cultura MODERNA
EUROPEA, valorando su aportación al desarrollo de nuestra cultura en diversos
campos (ciencia, democracia, libertades...)
Confrontación de nuestras opiniones modernas con las concepciones y prácticas del
mundo antiguo greco-romano, medieval y temprano moderno.
Esfuerzo y superación ante los retos intelectuales que se presenten.
Presentación del diálogo con el pasado como medio de enriquecimiento cultural y
personal.
C) METODOLOGÍA:
A continuación aparece el conjunto de actividades que vamos a realizar para el
estudio de este tema, unas se harán en casa y otras en clase. En ocasiones el trabajo será
individual y en otras trabajaremos en grupo. Algunas de ellas están diseñadas para que
explicitemos las ideas que previamente poseemos sobre el tema (pues lo creamos o no
algo ya sabemos, eso es seguro), otras invitan a leer y pensar para ir entendiendo los
conceptos que deberemos asimilar. En este curso es fundamental la elaboración del
cuaderno de estudio. Las actividades son un medio para poder aprender. Como resultado
de tu trabajo y ayuda para estudiar los conceptos en casa debes ir rellenando el esquema
de contenidos conceptuales que se exponía más arriba. El profesor irá comprobando
periódicamente que vas realizando este trabajo.
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2.1. ¿Cuándo se inventó la ciencia moderna? La génesis del mundo Moderno:
Humanismo y Nueva Ciencia en el Renacimiento.
Actividad 0) ¿Ciencia moderna o ciencia antigua?
2.1.1. El concepto de Renacimiento.
Actividad 1) Significado histórico del renacimiento
2.1.2. El Humanismo.
Actividad 2) El Humanismo del Renacimiento
2.1.3. Ciencia Nueva y Antropocentrismo. Copérnico, Kepler y Galileo.
Actividad 3) Ciencia Nueva: el Universo en poder del hombre
2.2. ¿Por qué triunfa la ciencia moderna como modelo de conocimiento? Estudio
de un texto de Descartes. Discurso del método, libros II y IV
2.2.1. Biografía y contexto histórico de Descartes.
Actividad 4) Racionalismo y Empirismo: el sujeto “centro del Universo”.
Actividad 5) Descartes y su época
2.2.2. Temática de la filosofía cartesiana:
Actividad 6) Lectura del texto de Descartes
Actividad 7) La filosofía cartesiana: teoría del conocimiento y ontología.
2.3. Un problema añadido: si todo en el universo está determinado por leyes
inexorables ¿queda sitio para la libertad? ¿y qué puesto ocupa Dios en todo esto?
Actividad 8) Visionado de Matrix reloaded
Actividad 9) Libertad, Dios, mal.
2.4. Contrapuntos filosóficos y consecuencias:
2.4.1. Hume: El conocimiento sensible y las críticas al racionalismo
2.4.3. La filosofía de la Ilustración. Características generales de la Ilustración europea
Actividad 10) Juicio a Descartes. Juicio a la modernidad.
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2.1. ¿Cuándo se inventó la ciencia moderna? La génesis del mundo Moderno:
Humanismo y Nueva Ciencia en el Renacimiento.
Actividad 0)
¿Ciencia moderna o ciencia antigua?
El contenido de esta Unidad Didáctica se centra en el estudio del desarrollo del
pensamiento científico y filosófico de los siglos XVI-XVII-XVIII. Es la época en la que
se forja el mundo actual en el que vivimos. Una época caracterizada por el triunfo de la
idea platónica de la mano de la experimentación científica: la razón y el método se
vuelven las llaves maestras para abrir el cofre donde se esconde los secretos de la
Naturaleza y el hombre.
En esta actividad vamos a partir de lo que sabemos para plantearnos qué lagunas
y defectos hay en ello y poder luego completar nuestro conocimiento con lo que
vayamos estudiando en la Unidad Didáctica. Lo que se produce a comienzos del siglo
XVI –el invento de la ciencia moderna- sirvió a Thomas S Khun –autor que estudiamos
en la Unidad 1 de 1º de Bachillerato- para estudiar lo que él llamó “la estructura de las
revoluciones científicas”. Por ello debemos plantearnos el estudio de esta Unidad
Didáctica desde esa perspectiva: vamos a estudiar la revolución científica de comienzos
del siglo XVI. Para ello sería bueno que repasaras lo que estudiamos el año pasado de
Thomas S Khun y te plantearas qué sabes sobre el origen de la ciencia moderna. Haz las
tareas que se te indican a continuación, a no ser que se te indique no debes buscar nada
en ningún sitio. Simplemente escribe lo que sepas:
1) Selecciona aquellos científicos que consideres de esta época: Kepler, Einstein, Bohr,
Laplace, Heisenberg, Galileo, Newton, Leonardo Da Vinci, Dalton, Maxwell,
Schrodinger, Abogadro. Di lo que sepas de ellos.
2) ¿Qué sabes de Astronomía? ¿Por qué se mueven los planetas? ¿Por qué siguen
órbitas regulares y no se salen de ellas? Busca en un libro o en internet cómo era el
modelo astronómico de Ptolomeo.
3) ¿Cómo se explicaba la caída de los cuerpos antes de que Newton inventara la teoría
de la gravitación universal? ¿Cómo se explicaba eso en el siglo XIV? –si no lo sabes
puedes buscarlo en algún libro o internet.
4) ¿Sabes qué es lo que diferenciaba a la ciencia antes del renacimiento –estaba basada
en la filosofía y la física de Aristóteles- de la Ciencia Nueva que se inventa en esa
época?
5) ¿Crees que la ciencia puede servir para arreglar todos nuestros problemas?
6) Thomas S Khun sostiene que los paradigmas científicos se sustituyen unos a otros
por razones extracientíficas. En otras palabras por motivos sociales, políticos,
ideológicos. ¿Qué crees tú que hizo triunfar a la ciencia moderna como modelo de
conocimiento?
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Actividad 1) Significado histórico del Renacimiento
Lee el texto que se te presenta y responde a las preguntas que lo siguen.
La mención del Renacimiento suscita todavía en algunos la idea del súbito y brillante
“amanecer” que sigue a la larga y densa «noche» medieval. Se olvida como puso de relieve J. Huizinga,
que los mismos términos “Renacimiento» y «Edad Media» son ya tendenciosos. Sus autores son los
primeros humanistas italianos. Se vivía entonces en las prósperas y bulliciosas ciudades de la vieja Italia
con la conciencia de asistir a una renovación de la cultura antigua, grecorromana. Lorenzo Valla, en el
prólogo a sus Elegantiae linguae latinae, y Machiavelli, en Dell'arte de la guerra, usan para expresar este
fenómeno el término risuscitare. Giorgio Vasari, el biógrafo de los grandes artistas contemporáneos, en
su clásica obra Le vite di piu excellenti pittori, scultori e architettori, acuna la palabra decisiva rinascita.
Resurrección y renacimiento de tantas cosas bellas que parecían muertas para siempre; renovación, es
decir, recreación y no pura imitación de los grandes y permanentes modelos artísticos y literarios de la
Antigüedad clásica, tal es la tarea desde la cual los italianos cultivados de entonces, artistas y hombres de
letras, se entienden a sí mismos y a su tiempo. Para estos hombres no hay más que dos épocas históricas
que cuenten de verdad: el mundo clásico grecorromano y el suyo propio, la Antigüedad y su flamante
Renacimiento. Al largo y oscuro período de tiempo que los separa, lo denominan desdeñosamente, con
una expresión que Giovanni Andrea dei Bussi usó por vez primera en 1469, en la oración fúnebre de su
amigo, el Cardenal Nicolás de Cusa, media tempestas, Edad Media.
Los contemporáneos que eligieron el término “Renacimiento» como expresión de su propia
autoconciencia histórica no se detuvieron a pensar y a determinar (...) su posible significado técnico. Esta
tarea la llevaría a cabo con brillantez, pero de modo tendencioso y unilateral, la historiografía del siglo
XIX. En 1855 aparece el séptimo volumen de la Historia de Francia de Jules Michelet con el subtítulo:
Renaissance. El Renacimiento, que coincide para Michelet con el siglo XVI europeo, es visto como el
triunfo de la luz sobre las bárbaras tinieblas del Medievo. «El siglo XVI -escribe Michelet- va en su
grande y legítima extensión de Colón a Copérnico, de Copérnico a Galileo, del descubrimiento de la tierra
al del cielo. El hombre se ha encontrado a sí mismo. Mientras que Vésale y Servet le han revelado la vida,
ha penetrado gracias a Lutero, Calvino, Rabelais, Montaigne, Shakespeare y Cervantes en su misterio
moral. El hombre ha sondeado las bases profundas de su naturaleza y ha comenzado a sentarse en la
justicia y la razón». Como observa Huizinga, Michelet comprende a la vez el Renacimiento y la Reforma
como alegre aurora de la moderna Ilustración. Su primer despertar acontece para él en el siglo XVI y
entre los actores del gran acontecimiento sólo menciona a dos italianos, Colón y Galileo.
Muy otro es el caso del gran historiador suizo Jakob Burckhardt. Si tomó de Michelet la visión
del Renacimiento como grandioso vuelco cultural, fue para aplicarlo al caso concreto de Italia. En 1860
aparece su conocido estudio Die Kultur der Renaissance in Italien, un autentico capolavoro de historia
cultural, que consagró definitivamente el término “Renacimiento” como categoría historiográfica y sirvió
de punto de referencia obligado a la investigación posterior. La estructura de este modelo de síntesis
histórico-cultural tiene la claridad y armonía de líneas de una obra de arte renacentista. En la primera
parte, dedicada al Estado como obra de arte, Burckhardt presenta las condiciones sociales y políticas de
los múltiples Estados italianos, como el marco privilegiado en el que el hombre se eleva a una nueva
conciencia de sí mismo. De este nuevo tipo de hombre trata la segunda parte: la evolución del individuo.
Burckhardt desvela con claridad el fondo de su pensamiento. «En la contextura de estos Estados, tanto
repúblicas como tiranías, reside, si no la única, al menos la más poderosa razón de ese temprano
desarrollo, que hace del italiano un hombre moderno. De eso depende que él tuviera que llegar a ser
necesariamente el primogénito entre los hijos de la Europa contemporánea. En la Edad Media las dos
caras de la conciencia -la que mira hacia el mundo y la que mira hacia el interior del hombre mismoyacían, como cubiertas por un velo, en un profundo sueño o a lo más estaban semidespiertas. Este velo
estaba entretejido de fe, ingenuidad infantil e ilusión; el mundo y la historia aparecían a través de él
maravillosamente coloreados, pero el hombre sólo se reconocía a sí mismo como raza, pueblo, partido,
corporación, familia u otra forma cualquiera de lo general. Es en Italia donde por vez primera se
desvanece en el aire este velo. Surge una consideración objetiva del Estado y de todas las cosas de este
mundo en general. Y al lado de éste se yergue, con pleno poder, lo subjetivo: el hombre se convierte en
individuo espiritual y se reconoce como tal».
Sólo ahora entra en escena la resurrección del mundo antiguo. En la óptica de Burckhardt, la
restauración de la cultura clásica grecolatina, como medio de expresión de la nueva concepción del
hombre y de la vida, es un momento necesario del Renacimiento, pero no su esencia, ni siquiera su única
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causa. «El Renacimiento no hubiera sido el alto acontecimiento histórico-cultural que fue, si pudiéramos
disociar fácilmente sus elementos. Pero hemos de insistir -como una de las tesis cardinales de este libroen el hecho de que no ella (la Antigüedad resurgida) por sí sola, sino su íntima compenetración con el
nuevo espíritu del pueblo italiano, fue lo que subyugó al mundo de Occidente.»
Burckhardt se refiere todavía al descubrimiento del mundo y del hombre, a la vida social y a la
ética y la religión. EI individualismo ilimitado del hombre del Renacimiento se enriquece con nuevos y
significativos rasgos, como, por ejemplo, la capacidad de observación científica, la atención hacia la
naturaleza, la penetración psicológica, la creatividad estética, el espíritu lúdico, una cierta dosis de
amoralidad y, al menos en los espíritus más cultivados, la indiferencia o el escepticismo respecto a la
religión. Como comenta Huizinga, Burckhardt había llamado a la escena al hombre del Renacimiento
“como uno de aquellos magníficos pecadores del Infierno dantesco, demoníaco en su orgullo tenaz,
satisfecho de sí mismo e insolentemente audaz. Entre todas las figuras de su libro sería precisamente ésta
la que se impondría en el espíritu de los diletantes. La idea del "hombre del Renacimiento" se fundió aquí
con los ideales de una impetuosa afirmación y dominio de la vida».
Es bien sabido que este rudo y brillante contraste entre el Medievo y el Renacimiento se ha
vuelto en muchos aspectos problemático, y más que en ningún otro en el filosófico. Hoy sabemos que el
mundo medieval estuvo repleto de movimientos de recuperación de autores y obras de la Antigüedad, y
tuvo también, como el renacentista, sus grandes individuos creadores. Más aún, hoy tendemos más bien a
situar en la Edad Media, concretamente en la afirmación gozosa del mundo de la espiritualidad
franciscana, en el giro hacia la interioridad de la mística tardo medieval y en el interés nominalista por la
realidad concreta e individual, los primeros gérmenes del descubrimiento renacentista del hombre y del
mundo.
No se quiere decir con ello que el Renacimiento sea una simple continuación de la Edad Media,
ni menos todavía, una invención de la historiografía decimonónica. La historia es siempre una compleja
síntesis de continuidad y cambio, tradición y evolución. Los historiadores del siglo XIX no se
equivocaron al interpretar los indicios de cambio histórico, que se advierten en Italia desde inicios del
siglo XIV, con la categoría de “renacimiento”, que inspiró efectivamente a los italianos de aquella época,
sino al continuar juzgando, como aquéllos, a la Edad Media como una época de oscuridad y barbarie.
Como han puesto de relieve Giovanni Reale y Dano Antiseri, en la nueva etapa histórica que designamos
con el nombre de Renacimiento, no se trata del “renacer de la civilización en oposición a la incivilización,
de la cultura en oposición a la incultura y la barbarie o del saber en oposición a la ignorancia. Se trata, en
cambio, del nacimiento de otra civilización, otra cultura, otro saber».
Para ilustrar su punto de vista, Reale-Antiseri profundizan, siguiendo a Konrad Burdach,
Reforma, Renacimiento, Humanismo, en los orígenes religiosos de la idea de “renacer”, entendida como
renacimiento a una nueva vida espiritual, más elevada. La vieja cultura clásica que los renacentistas
querían devolver a la vida era el instrumento más adecuado para esta renovatio. Según Burdach, los
fautores del así llamado Renacimiento no se Proponen una fatigosa acumulación de viejas ruinas, sino
una nueva construcción, de acuerdo con un proyecto nuevo. No buscaban devolver a la vida una
civilización nueva, lo que querían era nueva vida. Burdach muestra además que el Renacimiento enlaza
con la idea de un resurgimiento de Roma, que continuó viva de diversas maneras durante la Edad Media y
con el anhelo de reforma religiosa de Italia y de la entera cristiandad. Renacimiento y reforma, renovatio
y refomatio, son para Burdach dos imágenes que expresan dos conceptos ensamblados en indisoluble
unidad. Si esto es así, la tesis de Burckhardt sobre el talante irreligioso del Renacimiento italiano resulta
gravemente erosionada en sus mismas bases y es licito preguntarse, con F. Walser, si el notorio
“paganismo” del Renacimiento, presente bajo miles de formas en la literatura, el arte, las fiestas
cortesanas y populares, respondía a una actitud profunda de espíritu o era más bien “un elemento externo
y formal, proveniente de la moda”.
La interrelación apuntada hasta aquí entre las ideas de “renacimiento” y “reforma” no pretendía
otra cosa que poner en claro el sentido auténticamente renovador del Renacimiento. Con ello no se ha
dicho todavía nada sobre el complejo y discutido problema de la relación existente entre el Renacimiento
y el conjunto de movimientos religiosos que dieron lugar en el siglo XVI a lo que en sentido estricto se
denomina la Reforma. La historiografía liberal decimonónica tendió a aproximar ambos fenómenos y a
concebirlos conjuntamente como un prenuncio de la modernidad. En uno y otro caso, por caminos
distintos, se trataría en el fondo de lo mismo: la liberación del espíritu. Libertad y verdad serían las dos
conquistas del Renacimiento y de la Reforma frente a la ilusión y la coacción imperantes en la Iglesia y la
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sociedad medievales. Ernst Troelsch puso las cosas en su punto, al subrayar, acaso en exceso, lo que hubo
todavía de medieval, en su núcleo religioso y en sus tendencias culturales, en el primer protestantismo.
El tema es enormemente complejo y no se presta a fáciles simplificaciones. Es innegable que
hubo una cierta relación entre el Renacimiento y la Reforma. Hay que tener bien presente que en el
Humanismo nórdico, más hondamente religioso que el italiano, la idea de reforma de la vida cristiana
prevalece claramente sobre la de la renovación de la cultura antigua. En este sentido, el Renacimiento
preparó el terreno a la Reforma, proporcionándole algunas de sus condiciones de existencia: el retorno a
los orígenes neotestamentarios, la interiorización de la fe, la lucha contra la escolástica, la crítica de la
autoridad y de los abusos eclesiásticos. Pero una vez consolidada la escisión religiosa, Renacimiento y
Reforma constituyeron dos corrientes paralelas, cuando no excluyentes -pensemos respectivamente en
Erasmo y Melanchton-, que sólo en contadas ocasiones, por ejemplo en Francia, en la corte de Margarita
de Navarra, siguieron el mismo cauce.
Ahora bien, si como pensó Troelsch, la cosmovisión medieval siguió viva en ciertos aspectos, a
través de la Reforma, durante el Renacimiento, quiérese decir que la frontera entre Edad Media y
Renacimiento no ha de trazarse sólo en sentido vertical, sino también en sentido horizontal. Para decirlo
con Huizinga: “El Renacimiento no abraza en absoluto la totalidad de la cultura del siglo XVI, sino sólo
uno de sus más importantes aspectos. Quien menciona a Savonarola, Lutero, Thomas Münzer, Calvino o
Ignacio de Loyola, está negando que el Renacimiento signifique exactamente lo mismo que la entera
cultura del siglo XVI. En todas estas almas robustas se percibe claramente la voz del siglo XVI, y muy
poco o apenas la del Renacimiento»
En conclusión, hay que ver el Renacimiento como un fenómeno grandioso de renovación y reformación espiritual, que se sirvió, como estímulo eficaz, del retorno a la Antigüedad clásica. Pero la
vuelta a los antiguos, como retorno a los orígenes, es el medio, no el fin del movimiento renacentista. Lo
que se pretende a través de la renovación de la cultura clásica es la renovación y reformación del hombre
mismo. Según una admirable fórmula de Marsilio Ficino: per litteras provocati, pariunt in seipsis. En este
sentido, como sostuvo Burdach, Renacimiento y Humanismo coinciden.
Extraído de COLOMER, E.
Movimientos de renovación. Humanismo y Renacimiento,
Madrid, Akal, 1997, pp. 5-9
1.- Explica cuando se usó quién lo usó y para qué lo usó el término Renacimiento por
primera vez.
2.- ¿Por qué crees que Giovanni Andrea dei Bussi llamó a la época anterior Edad
Media?
3.- Resume las ideas de Jules Michelet y Jacob Burckhardt sobre el Renacimiento. ¿En
qué se equivocaron los historiadores del siglo XIX, según el texto?
4.- Explica con tus palabras la perspectiva que el autor del texto –Eusebi Colomer- nos
propone sobre la relación existente entre Edad Media y Renacimiento, en la que se
aparta de los tópicos al uso.
5.- Explica las ideas que se exponen en el texto sobre las relaciones entre Renacimiento
y Reforma.
6.- Haz una definición, con tus palabras, del RENACIMENTO del siglo XV-XVI.
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Actividad 2) El humanismo del renacimiento
El movimiento humanista constituye uno de los fenómenos más señalados y conocidos
del Renacimiento europeo del siglo XVI. Vas ahora a leer la opinión de Eusebi Colomer
sobre el tema. El fragmento ha sido extraído de su obra Movimientos de renovación.
Humanismo y Renacimiento, en sus páginas 9 y 10. Lee con atención el texto y luego,
con ayuda de tu libro de consulta rellena lo que queda del apartado 2.1.2.
“El Humanismo constituye, en efecto, en frase de P.O. Kristeller, “el primero y más amplio de
los movimientos intelectuales que caracterizan la historia del pensamiento filosófico” en la etapa
renacentista. Hoy, con el término “humanismo”, entendemos por lo general una postura filosófica que
pone el acento sobre el valor, la dignidad y la específica peculiaridad del hombre. Sin embargo, como lo
ha puesto de relieve el propio Kristeller, la significación actual de este término, forjada definitivamente a
finales del siglo XIX, no coincide exactamente con la que tuvo en sus orígenes renacentistas.
Para comprender el sentido originario del movimiento humanista hay que remontarse del
término “humanismo” a los de “humanidades” y “humanistas”, de quienes en definitiva deriva. En
efecto, ya en el siglo XIV, citando a Cicerón y Gelio, se habla de studia humanitatis o studia humana,
para señalar un conjunto orgánico de disciplinas, que comprendía la gramática, la retórica, la poesía, la
historia y la filosofía moral. Tales disciplinas, porque estudian al hombre en lo que tiene de más
específico, elevado y creador, se consideran las más adecuadas para su formación espiritual.
Por su parte, el término”humanista” aparece a mediados del siglo XV, de manera análoga a los
términos “jurista”, “canonista”, “legista”, etc., para mencionara quienes cultivaban y enseñaban las
mencionadas disciplinas humanas. Por la misma época se tiende a ver en la Antigüedad clásica el
paradigma o punto de referencia obligado de la actividad espiritual del hombre. Los autores griegos y
latinos se convierten en modelos insuperables de las “litterae humanae”, o sea, de las disciplinas que se
cultivaban en los studia humanitatis y, por consiguiente, en auténticos maestros de humanidad.
El humanismo nació, pues, en los studia humanitatis, lo que significa que fue primordialmente
un movimiento de carácter más bien erudito y literario que filosófico. Ello no quiere decir que el
Humanismo no ejerciera después una profunda y decisiva influencia en el desarrollo de la filosofía. La
ejerció, sin duda alguna. Más aún, insensiblemente, pero de una forma cada vez más decidida, el
Humanismo desembocó en la filosofía y verificó de hecho el significado que hoy solemos atribuirle.
La razón de este hecho se encuentra en dos caracteres peculiares del movimiento humanista: el
cultivo de la historicidad y de la humanidad. También la Edad Media había cultivado a su modo la
sabiduría clásica. Si lo propio del Renacimiento hubiera sido únicamente la vuelta a la Antigüedad,
entonces la entera Edad Media se convertiría en una serie de sucesivos renacimientos. El Humanismo
renacentista no se define sólo por el amor y el estudio de la sabiduría clásica, sino por su voluntad de
restaurarla en su forma auténtica, de entenderla en su realidad histórica.
La Edad Media no tenía la preocupación de la historia. Transformaba cuanto tocaba y lo
convertía en contemporáneo. El Renacimiento, en cambio, siente por vez primera el aguijón de la
historicidad y se impone la tarea de recuperar el pasado clásico en su efectiva realidad. Hay que darse
cuenta de lo que significó para esta época el descubrimiento de los tesoros de la antigüedad grecolatina.
El propio Nicolás de Cusa, lo mismo que antes Petrarca, se interesó por la búsqueda de antiguos
manuscritos. Por su parte, Marsilio Ficino, llevado de un entusiasmo febril, tradujo la obra entera de
Platón y Plotino, e incluso numerosos textos de la tradición hermética. Este interés histórico y filológico
constituye un rasgo original del Humanismo respecto a la Escolástica. Como escribe N. Abbagnano, “sin
la investigación filológica no hay Humanismo; ya que no hay más que una actitud general de defensa de
la cultura clásica que pueda encontrarse en todas las épocas y por ello no caracteriza ninguna”. Ahora
bien, esta tentativa de restablecer la cultura clásica en su forma originaria, lleva consigo, como es obvio,
una actitud nueva frente a las grandes figuras del pensamiento griego. No sólo se traduce del original
griego a Platón y Aristóteles, sino que se intenta también extender el significado genuino de su
pensamiento. Sin duda, esto último se consigue sólo muy de lejos, pero constituye la actitud fundamental
sobre la que se basa la vida filosófica de la época.
El prurito de historicidad se asocia en el Humanismo al sentido de lo humano. Ya en tiempos de
Cicerón y de Varrón la palabra humanitas indicaba la educación del hombre como tal, lo que los griegos
denominaron paideia. Si el movimiento humanista cultiva con tanto esmero las “humanidades”, es
porque cree en su capacidad para formar al hombre, para llevarlo de nuevo a su auténtica forma
humana. También por este camino el humanismo enlaza con la problemática filosófica. La nueva cultura
humanista sale del círculo cerrado de los studia humanitatis y marca su huella en las disciplinas que
tradicionalmente se enseñaban en la universidad. Por imposible que sea, dadas las enormes distancias
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que los separan en puntos fundamentales, trazar las bases de un credo filosófico común a todos los
humanistas, hay algo en lo que todos concuerdan: el interés por los problemas morales y humanos y la
afirmación del valor y la dignidad del hombre y de su lugar primacial en el seno del universo.”
Extraído de COLOMER, E.
Movimientos de renovación. Humanismo y Renacimiento,
Madrid, Akal, 1997, pp. 9-10
Actividad 3) Ciencia Nueva: el Universo en poder del Hombre.
Lee el texto que se te presenta y haz una síntesis de sus ideas fundamentales.
“El hombre antiguo se sentía parte del mundo: estaba rodeado por una naturaleza regida por unas leyes
que le parecían inmodificables y a las cuales él debía adaptarse.
El concepto de finalidad que hemos visto en Aristóteles y Santo Tomás, por ejemplo, ilustran esta manera
de “estar en el mundo” de la antigüedad: el universo entero tiene una finalidad recibida de la naturaleza o
de la intención creadora de Dios, y el ser humano ocupa un lugar dentro de este orden, un lugar
privilegiado pero cuyo destino se integra con la finalidad de lo que le rodea, que él no ha decidido. La
filosofía adecuada a este modo de vivir y de pensar es el realismo: nuestro conocimiento se limita a
reflejar más o menos fielmente las cosas tal como son. Podríamos decir que el conocimiento sigue “la
metáfora del espejo”. El espejo refleja lo que está delante de él, no inventa nada. El papel del hombre
es por lo tanto relativamente (sólo relativamente) pasivo: así como acepta el mundo que le rodea, su
conocimiento se adapta a él. La revolución científica que se produce a partir del siglo XVI rompe este
esquema. Ya la naturaleza no constituye un escenario sino un campo de operaciones. El mundo ya no es
un dato con el que hay que contar sino un entorno que hay que construir. El hombre moderno lleva a su
madurez lo que en el Renacimiento empezó a prepararse: el antropocentrismo, la convicción de que el ser
humano no es una parte más del mundo sino su centro, y casi su creador.
¿Qué fue antes, la convicción del hombre de ser el centro o la revolución científica? ¿El hombre hace
ciencia porque se considera señor del mundo o se considera señor del mundo porque la ciencia se lo
permite? ¿O tanto la ciencia como la convicción del hombre son el resultado de cambios históricos,
económicos y sociales que transforman profundamente el modo de vida de Europa? Probablemente estas
preguntas carecen de sentido, ya que cada una implica a las otras. En cualquier caso, y volviendo a
nuestro tema, se impone un nuevo tipo de Filosofía. El pensamiento no se limitará en adelante a reflejar la
realidad sino que formará parte de la realidad misma. Comprenderá que el conocimiento humano
construye aquello que conoce, ve el mundo desde su propia forma de conocer y no tal como es en sí
mismo.
Esta actitud, propia de toda la filosofía moderna, se denomina idealismo: el conocimiento es ante todo
una idea y no el reflejo pasivo de una cosa que existe independientemente del sujeto que conoce. Desde
este punto de vista el idealismo no es un invento de los filósofos: es la expresión filosófica de la actitud
que toma el hombre moderno ante el mundo que le rodea. Si todo esto parece excesivamente teórico,
echemos una mirada a la historia de los últimos tiempos, aunque tengamos que simplificar demasiado una
realidad bastante más compleja. Desde el punto de vista científico-técnico el mundo en que vivían los
griegos no es muy diferente del mundo del siglo XVIII: los campos se trabajaban con arados arrastrados
por bueyes, los transportes se hacían a pie o a lomos de animales, los textos se escribían sobre pergamino
o papel. Comparemos ahora esos veintitrés siglos con los dos que transcurren entre el siglo XIX y el XX:
pasan aviones sobre nuestras cabezas, algunos hombres han pisado la luna, la televisión e Internet
permiten la comunicación instantánea entre las antípodas. ¿Hay que suponer acaso que en los últimos
doscientos años (en realidad en los últimos cien) han vivido hombres más inteligentes que en los dos mil
trescientos anteriores?
Evidentemente, la razón no es esa: lo que ha cambiado, al menos en Occidente, es la relación entre el
hombre y el planeta en que vive. Si en la antigüedad la realidad del mundo era aceptada como un dato
casi inmodificable, después de la revolución científica el hombre con sus necesidades y deseos se
convierte en el paradigma de la realidad: es el mundo el que deberá asemejarse al hombre, y no al revés.
Y la filosofía idealista constituye el reflejo teórico de este cambio de perspectiva: también en el
conocimiento es el hombre quien manda.
Todo esto exige muchos matices en los que no podemos detenernos aquí. Por ejemplo: la revolución
científica tarda en producir consecuencias prácticas, ya que para ello deberá unirse al desarrollo de un
nuevo sistema productivo, que es el capitalismo, con los consiguientes cambios políticos. Por otra parte,
conviene recordar que ese giro copernicano de que hemos hablado tiene consecuencias de muy diverso
signo: desde los antibióticos hasta la contaminación del planeta, desde los viajes interplanetarios hasta las
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armas de destrucción masiva, desde los derechos humanos hasta las cámaras de gas. Pero, con sus luces y
sus sombras, de lo que no cabe duda es que el Renacimiento implica el comienzo de una ruptura con el
mundo antiguo y el nacimiento de una nueva forma de vida, cuya expresión filosófica vamos a seguir
explorando.
Esta gran reforma comienza en el siglo XVI: un clérigo polaco, Nicolás Copérnico (1473-1543), propone
un nuevo modelo del universo radicalmente distinto del de Aristóteles, hasta el punto de que se ha
extendido el uso del término “revolución copernicana” para calificar cualquier proceso radical de
cambio. Decidido a simplificar el complejo sistema de Ptolomeo, introduce un modelo heliocéntrico de
raíz platónica, suponiendo que es el sol el que ocupa el centro del universo y la tierra gira a su alrededor a
la vez que rota sobre sí misma.
Mantiene, sin embargo, las esferas celestes con su movimiento circular uniforme, que no será revisado
hasta un siglo más tarde. A pesar de que su sistema resulta en ocasiones menos operativo que el de
Ptolomeo, que había tenido tiempo de ser ajustado a la observación, Copérnico abre la puerta a una nueva
manera de ver el mundo, que rompe los límites cerrados del modelo vigente, perfeccionado y
matematizado ya en el siglo XVII por Johannes Kepler (1571-1630).
Por eso, su importancia va a extenderse mucho más allá de la astronomía: lo que pone en cuestión
Copérnico es el puesto del hombre en el universo. A partir de aquí, la astronomía representará la
vanguardia de una profunda transformación que se extenderá no sólo a la ciencia sino al conjunto del
pensamiento moderno.
Y el profeta de esa nueva visión del mundo será Galileo Galilei (1564-1642), un italiano genial que puso
las bases del futuro método científico, aunque haya que esperar un siglo más para que sus intuiciones
lleguen a la madurez, ya que están marcadas por un enfoque racionalista que reduce el papel de la
experimentación empírica.
Su concepción del universo, pese a algunos descubrimientos importantes, repite el sistema de Copérnico
(que había sido tolerado un siglo antes) y desde el punto de vista físico-matemático su astronomía es más
primitiva que la de su contemporáneo Kepler. Y sin embargo, uno puede preguntarse por qué llegó a
poner en su contra con tanta virulencia a los poderes de su época, aun cuando se cuidó de mantenerse fiel
a la doctrina teológica de la Iglesia.
Además de cierta imprudencia temperamental de Galileo, que era un provocador nato, quizás haya que
buscar la razón en que sus propuestas anunciaban una transformación radical de la relación entre el
hombre y el mundo que le rodea. Probablemente el poder de su tiempo intuyó que detrás de esos cambios
astronómicos y físicos se avecinaban cambios más profundos, que afectarían a la estructura social,
política y económica de Europa, cambios que las instituciones conservadoras de la Iglesia y del Estado de
su tiempo no estaban dispuestos a tolerar. Como en efecto sucedió.
Para entender la historia de la Filosofía de la modernidad es necesario detenerse un momento en su
manera de concebir el estudio de la naturaleza. Galileo pone las bases de lo que sería el método científico,
es decir, de los pasos que un científico sigue para realizar una demostración. Esos pasos, en el caso de la
física, pueden reducirse a tres:
• el científico observa un hecho cualquiera de la naturaleza;
• en segundo lugar elabora una hipótesis, es decir, una explicación provisional de ese hecho,
utilizando para ello el lenguaje matemático;
• finalmente, realiza un experimento, mediante el cual pone a prueba su hipótesis para ver si
realmente sirve para explicar ese hecho.
Si sirve, tenemos una ley física comprobada; si no sirve, habrá que elaborar una nueva hipótesis.
Pongamos un ejemplo. Se cuenta que Galileo observó durante una misa la oscilación de una araña de
luces que pendía del techo de la iglesia (observación); Galileo supone que el tiempo que tarda la araña en
oscilar es siempre el mismo, independientemente de que la oscilación sea más corta o más larga
(hipótesis). Galileo mide, utilizando su propio pulso, el tiempo de oscilación y comprueba que no varía
según su amplitud (comprobación de la hipótesis). Y ya tenemos verificada la ley de isocronía del
péndulo.
El mismo método lo aplica a otros fenómenos, como la trayectoria de la bala de un cañón o la caída de un
objeto desde una torre. Más adelante estas comprobaciones de Galileo alcanzarán una formulación
matemática más precisa. La ley del péndulo quedará de la siguiente manera: el tiempo de oscilación es
igual a 2π multiplicado por la raíz cuadrada de la longitud de la cuerda partida por la constante de la
gravedad. (Pido disculpas por introducir una fórmula matemática en este texto, que según la dicotomía
renacentista pertenece a las “Letras”. Prometo que será la última).
Es difícil exagerar la importancia de estos descubrimientos: esta unión de un fenómeno físico con una
fórmula matemática es la herramienta científica que provocará un cambio sin precedentes en los siglos
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futuros, aplicando la conocida frase de Galileo: “el mundo es un libro escrito en caracteres matemáticos,
y es necesario saber matemáticas para poderlo leer”.
Una vez descubierta la ley matemática del péndulo (o de cualquier otro fenómeno) el péndulo queda
“domesticado”, a disposición del hombre. Con sólo variar la longitud de la cuerda (única variable de la
fórmula) el péndulo oscilará según el ritmo que el científico decida, de tal modo que en un reloj el
péndulo ha quedado cautivo y obediente al relojero que desea utilizarlo para medir el tiempo. Y la bala
del cañón deberá seguir la trayectoria prefijada por el artillero. Y si extendemos este ejemplo a toda la
naturaleza, cualquier fenómeno natural podrá ser dirigido para adaptarse a las necesidades del hombre.
Entre la domesticación del péndulo para construir un reloj y la domesticación del silicio para fabricar un
ordenador sólo hay una diferencia de tiempo.”
2.2. ¿Por qué triunfa la ciencia moderna como modelo de conocimiento? Estudio
de un texto de Descartes. Discurso del método, libros II y IV
Actividad 4) Racionalismo y Empirismo: el sujeto “centro del Universo”.
Observa el siguiente cuadro del pintor Magrite y responde a las cuestiones que se te
plantean.
(El título del cuadro dice: “Esto no es una pipa”)
1.- ¿Dice la verdad Magrite con lo que afirma sobre su cuadro?
2.- ¿Cómo puedes estar seguro de que lo que dice es cierto?
Lee el texto que se te presenta y haz una síntesis de sus ideas principales.
“El debate acerca de cómo es posible el conocimiento va íntimamente ligado con la revolución científica
que ya hemos estudiado anteriormente. Durante los siglos XVII y XVIII se produjo un fuerte debate entre
los partidarios de dar prioridad a la Razón o los partidarios de dar prioridad a los Sentidos. El
Racionalismo será la corriente filosófica –que incluye a autores como Descartes, Leibniz, Spinoza o
Pascal- que siga los preceptos de Galileo e inicie el debate al darle todo la importancia a la Razón. Luego
será el Empirismo –liderado por autores como John Locke y David Hume- el que se oponga a dicha
filosofía. En lo que sí estarán ambas corrientes de acuerdo es en darle prioridad al sujeto que conoce y sus
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“facultades” cognoscitivas, sobre el objeto que conoce. El objeto sólo será un resultado de la actividad
mental del sujeto, el auténtico protagonista.
Veamos los rasgos principales de cada una de esas corrientes.
Las expresiones «racionalismo» y «racionalista» datan —al menos— del siglo XVII y reciben diversos
significados, siendo quizá el más extendido el siguiente: «Racionalismo: Doctrina de los que no
reconocen como fuente de conocimiento más que la razón, rechazando, por tanto, la revelación y la fe».
Sin embargo, para los historiadores de la filosofía posee un sentido más restringido: Racionalismo es la
corriente filosófica iniciada por Descartes y cuyos rasgos principales son los siguientes:
1.° Confianza plena en la razón humana
La «razón» es la única facultad que puede conducir al hombre al conocimiento de la verdad. «Razón» se
opone, pues, no a fe-revelación, sino a los sentidos, la imaginación y la pasión, que son considerados
como engañosos. El poder de la razón radica en la capacidad de sacar de sí misma las verdades primeras y
fundamentales —llamadas ideas innatas—, a partir de las cuales, y por deducción, es posible obtener
todas las demás, y construir el «sistema» del mundo: la razón es una facultad sistemática y coincide con la
realidad. Reaparece así el postulado de Parménides: lo mismo es el pensar y el ser. La confianza en la
razón es tal que se acepta su valor sin previa crítica; es, como dirá más tarde Kant, una razón dogmática.
Es conocida la frase de Pascal: «No hay por qué oponer la razón y la fe: la razón es también dogma de
fe».
2.° Búsqueda de un nuevo método
Descartes comienza su Discurso del método diciendo:
«La facultad de juzgar bien y de distinguir lo verdadero de lo falso, que es propiamente lo que llamamos
"buen sentido" o "razón", es por naturaleza igual en todos los hombres; por lo tanto, la diversidad de
nuestras opiniones no procede de que unos sean más racionales que otros, sino tan sólo de que dirigimos
nuestros pensamientos por caminos distintos, y no consideramos las mismas cosas. No basta, ciertamente,
tener un buen entendimiento: lo principal es aplicarlo bien».
Por ello, el paso siguiente al reconocimiento del valor de la razón es el encontrar un método adecuado de
razonamiento. Ya Bacon (Novum organum, 1620) había acusado al método silogístico de Aristóteles de
valer únicamente para exponer las verdades ya conocidas, pero no para descubrir nuevas verdades y
ampliar el conocimiento. Se trata, pues, de encontrar un método de descubrimiento. Y el modelo de este
método se encuentra en el método matemático. Los racionalistas, pues, quieren proceder del mismo modo
que los matemáticos, de tal manera que el sistema filosófico construido posea la misma evidencia y
necesidad que un sistema matemático. El modelo perfecto es, para ellos, los principios de geometría de
Euclides: se tratará, en filosofía, de establecer —al modo de los geómetras— unas definiciones
(construidas a priori por la razón) y unos axiomas de los que pueda deducirse con evidencia y necesidad
un sistema filosófico cerrado y completo.
3.° Subjetividad y realidad
Aceptan la visión científica del mundo vigente en el siglo XVII: el mecanicismo. El mundo es una
máquina para cuya explicación no son precisas ni las formas substanciales, ni las «cualidades ocultas», ni
la ordenación finalística de los aristotélicos. Basta recurrir a partículas de materia extensa y a causas
eficientes (que no son sino movimientos que dan lugar a otros movimientos), todo ello según las leyes de
la mecánica. Descartes se dejó seducir por esta explicación, y la extendió incluso a los cuerpos animados
(animales, cuerpo humano). Pero dejó aparte el alma humana —substancia pensante—, haciendo de ella
un mundo independiente. El Universo queda fraccionado en dos mundos: la máquina y el pensamiento. Y
el pensamiento queda encerrado en sí mismo.
El pensamiento medieval era profundamente objetivista y realista: el hombre es un ser volcado hacia un
mundo de cuya realidad es imposible dudar. Ahora, en el siglo XVII, triunfa un subjetivismo que ya
apuntaba en el Renacimiento: el hombre es un ser vuelto sobre sí mismo, que no conoce directamente
sino su propio pensamiento. Las cosas son sólo conocidas en las ideas, no directamente en sí mismas. Por
ello, es posible dudar de su existencia. La realidad del mundo ya no es evidente: ha de ser deducida. Por
supuesto, la no-evidencia de la existencia del mundo se refiere únicamente a una no-evidencia filosófica.
Por esta razón, el problema del conocimiento se convierte en el problema fundamental de la filosofía
moderna. O, por lo menos, en el problema previo a cualquier otro problema.
Sin embargo, la tesis racionalista de la identidad entre razón y realidad permite a Descartes y a los
cartesianos construir una doctrina racional sobre la realidad, basada en el concepto de substancia.
«Substancia» es, pues, la primera idea «innata», de la que todo derivará por un estricto proceso deductivo.
En Inglaterra no tan sólo el panorama sociopolítico era distinto respecto a lo que sucedía en las demás
monarquías, también la filosofía presentaba un signo diferente al del continente. Frente a unos problemas
e intereses semejantes (sobre todo justificar y fundamentar el conocimiento humano), los filósofos
ingleses ofrecían una respuesta diferente a la racionalista, una respuesta que se conoce con el nombre de
empirismo.
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Por empirismo entendemos la corriente filosófica que se desarrolló en los siglos XVII y XVIII en las islas
Británicas. Aunque haya muchas diferencias entre unos representantes y otros, podemos considerar que el
movimiento se caracterizó básicamente por defender que, en el proceso de conocimiento, la razón no es
omnipotente. A diferencia de lo que defendían los racionalistas, para los empiristas estaba supeditada y
limitada por los datos sensoriales, es decir, por la experiencia.
Un hecho determinante en la aparición del empirismo en Inglaterra fue la influencia de una larga tradición
que reivindicaba la observación y el estudio de la naturaleza. En este sentido, hay que señal como
precedentes remarcables: Guillermo de Occam un franciscano nominalista que en el siglo XIV establecía
el recurso a la experiencia como procedimiento indispensable en cualquier investigador y Francis Bacon,
que definía, en el Novum Organon (1620), el método inductivo basado en la experiencia y la razón.
A pesar de las diferencias que pueda haber entre los pensadores empiristas es posible destacar como
características comunes:
1. Supremacía de la experiencia. La experiencia es la fuente fundamental de conocimiento, todo
lo que podemos conocer proviene de ella. Pasa a ser, por lo tanto, el criterio para establecer la
verdad y el límite hasta el que puede acceder la razón humana. Más allá de los datos y la
información que los sentidos nos proporcionan, la razón no tiene nada que hacer. Por este
motivo, aunque se valoran la función y la importancia de la razón en el proceso de conocimiento,
se supedita su capacidad a la experiencia. Esta consideración habría resultado impensable en el
racionalismo, que vea en la razón una facultad para la que no hay límites ni obstáculos.
2. Negación de la existencia de ideas innatas. La mente humana está inicialmente vacía, es como
una hoja en blanco donde no hay nada escrito. Para llenarla, dependemos completamente de la
información proporcionada por los sentidos. El innatismo, por lo tanto, es falso: todo
conocimiento es adquirido.
3. Interés por el estudio del conocimiento humano. Como consecuencia del impacto de la nueva
ciencia y de la fragilidad de muchos razonamientos filosóficos, estos pensadores se ocupan de
cómo es posible nuestro conocimiento, cuál es su origen, sus límites...
4. Dificultad o imposibilidad de una teoría general sobre la realidad. A diferencia de los
racionalistas, los empiristas constatan las dificultades para obtener un conocimiento válido sobre
la realidad. Algunos pensadores, incluso, niegan la posibilidad de conseguirlo, llegando a tesis
semejantes a las de los escépticos.
5. Ciencias experimentales como modelo. Mientras que los racionalistas tomaban como modelo
las deducciones matemáticas, los empiristas se fijan sobre todo en el recurso a la observación y
la experimentación de ciencias como la física.”
Actividad 5) Descartes y su época
El punto 2.2.1. requiere que uses el libro de texto –y otros libros de historia del siglo
XVII- para encontrar los elementos que se te piden en él. Leeremos las páginas 198200.
Actividad 6) Lectura del texto de Descartes
El texto de Descartes se estudiará con el apoyo de la guía de lectura. El profesor
explicará brevemente el origen del libro del que se han sacado estos fragmentos.
Posteriormente se dedicarán un par de clases a la lectura personal del texto. Deberás ir
haciendo un esquema del contenido el texto y deberás apuntar los fragmentos que te son
de más difíciles de comprender para preguntar al profesor. Detrás del texto de Descartes
se incluye una hoja que explica la estructura y los motivos que impulsaron a Descartes a
escribir el libro Discurso del método.
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Actividad 7) La filosofía cartesiana: teoría del conocimiento y ontología.
Tras leer el texto vamos a afianzar los conceptos de la filosofía cartesiana leyendo
algunas páginas del libro de texto. Procura completar los diferentes apartados del punto
2.2.2. del esquema de conceptos con las páginas 201 a 208.
2.3. Un problema añadido: si todo en el universo está determinado por leyes
inexorables ¿queda sitio para la libertad? ¿y qué puesto ocupa Dios en todo esto?
Actividad 8) Visionado de Matrix reloaded
La 2ª entrega de la trilogía de Matrix nos va a servir para analizar una de las cuestiones
que se demostró fundamental en el desarrollo de la filosofía del siglo XVII y XVIII: el
problema de la libertad y del mal.
Tras los avances científicos y la implantación del método como modelo de
conocimiento la filosofía natural –el nombre que en aquella época tenía la ciencia- fue
concibiendo cada vez más el mundo como un enorme mecanismo en el que cada pieza
estaba encajada con las demás y formaba un todo que no podía sustraerse a la acción de
una serie de fuerzas y leyes inexorables y externas; a imagen y semejanza de un reloj.
Eso planteó a varios pensadores el siguiente problema: si todo es una máquina ¿es el
hombre también una? Y entonces ¿hay libertad o estamos determinados?; ¿qué pinta
Dios en todo esto?
En la película que vamos a ver verás que Neo se enfrenta a esa misma disyuntiva:
Morfeo y él mismo creen que él es EL ELEGIDO, alguien especial que estaba
anunciado que llegaría y pondría fin a la guerra entre los hombres y las máquinas. Pero
Neo se enfrenta al problema de no saber si él puede actuar libremente y acabar la guerra
o si todo está predestinado y, como dice MEROVINGIO sólo existe la causalidad y sólo
la ignorancia de las causas hace creer en la ilusión de la libertad –argumento que está
sacado de la doctrina de uno de los filósofos que estudiaremos en la próxima actividad:
Baruch Spinoza. La conversación con Merovingio es capital para entender de qué nos
puede servir ver la película en esta Unidad Didáctica. Presta especial atención al
argumento que antes te he mencionado: para Merovingio el conocimiento es poder,
poder de crear efectos, de forjar causas que aten a los demás. Sólo el ignorante cree que
actuamos sin ser empujados por causas poderosas. En la misma línea y completando el
hilo argumental Neo tendrá que elegir entre salvar la vida de Trinity o salvar a Sion. La
conversación con el ARQUITECTO –la CPU de las máquinas- es muy densa pero viene
a expresar la idea siguiente: todo lo que Neo creía saber sobre sí mismo no es sino una
ilusión necesaria para mantener con vida a los humanos necesarios para la vida de la
máquinas. En realidad ya hubo otros Elegidos y otras Sion. Como los seres humanos
tienen mentes imperfectas necesitan creer, tener esperanzas e ilusiones, metas que
perseguir –sin importar los costes. Las máquinas descubrieron que la única forma de
poder aprovechar la energía eléctrica de los cuerpos humanos consistía en hacer creer a
los humanos que vivían vidas normales –se inventó Matrix- y luego hizo falta inventar
la ilusión de que máquinas y hombres aún seguían en guerra para que el sistema pudiera
reconducir a los díscolos sin provocar un fallo general en el mismo. Además era
necesario que se produjera una “anomalía” –el nombre que dan en ocasiones al propio
Neo- que sirviera para destruir la Sion anterior y volver a crear otra nueva y que todo
volviera a empezar para continuar el ciclo inventado por las máquinas: Neo descubre
que él mismo no es sino un mecanismo de control del sistema ideado por las máquinas
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para esclavizar y explotar a la humanidad. Por eso cuanto él cree decidir ya está
estipulado de antemano. NO HAY LIBERTAD, es la tesis de las máquinas y de la
película.
Presta mucha atención sobre todo a los dos diálogos que te he mencionado –el de
Merovingio y el del Arquitecto- y luego discutiremos sobre ello.
Actividad 9) Libertad, Dios, Mal
Ahora vamos a analizar una de las cuestiones que se demostró fundamental en el
desarrollo de la filosofía de los siglos XVII y XVIII: el problema de la libertad y del
mal.
Tras los avances científicos y la implantación del método como modelo de
conocimiento la filosofía natural –el nombre que en aquella época tenía la ciencia- fue
concibiendo cada vez más el mundo como un enorme mecanismo en el que cada pieza
estaba encajada con las demás y formaba un todo que no podía sustraerse a la acción de
una serie de fuerzas y leyes inexorables y externas; a imagen y semejanza de un reloj.
Eso planteó a varios pensadores el siguiente problema: si todo es una máquina ¿es el
hombre también una? Y entonces ¿hay libertad o estamos determinados?; ¿qué pinta
Dios en todo esto?
Para estudiar esta cuestión lee algunas páginas de tu libro y haz un resumen exhaustivo
de sus ideas:
- Spinoza y el monismo de la sustancia. pp.211-212
- Leibniz y el problema del mal en el mundo. Juicio a Dios. p.215
2.4. Contrapuntos filosóficos y consecuencias:
Actividad 10) Juicio a Descartes. Juicio a la modernidad.
Para completar el estudio de esta Unidad Didáctica vamos a estudiar algunos filósofos
que dependen de la obra cartesiana y que sirve de contrapunto a las doctrinas del
racionalismo. El Empirismo británico surgió como reacción a los planteamientos
racionalistas. De la fusión de ambas corrientes llegaron el auge de la ciencia y el triunfo
de la Razón moderna en la cultura europea del siglo XVIII: la Ilustración. Conozcamos
algo de estos pensadores, luego usaremos lo que hemos aprendido para hacer balance
del debate sobre la ciencia moderna y sus conclusiones para el mundo de hoy.
a. Empirismo: pp. 234-240.
b. La filosofía de la Ilustración: Características generales de la Ilustración
europea: pp. 248-249. Newton: 251-252.
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Discurso del método
Publicado en 1637 a modo de introducción de los tratados Dióptrica, Meteoros y
Geometría constituye la primera obra filosófica y científica de René Descartes. Es,
además, el texto más célebre de Descartes ya que se convirtió en punto de partida de la
nueva filosofía inaugurada por la nueva mentalidad científica del siglo XVII. Su
carácter fundacional se hace patente en la primera parte de la obra, donde en forma
autobiográfica se desarrolla una crítica del saber tradicional, en particular de la tradición
aristotélico-tomista, por su fijación a prejuicios, falta de experimentación y adhesión al
principio de autoridad.
La obra se divide en 6 “partes” –capítulos. De ellas hemos leído las 2ª y la 4ª en su
totalidad.
Las distintas partes tienen los siguientes contenidos:
1ª Parte: Consideraciones sobre la razón humana y su uso. Necesidad de revisar lo
aprendido
2ª Parte: El racionalismo. El método.
3ª Parte: La moral provisional.
4ª Parte: La duda metódica. Demostración de la existencia de Dios. Dios como garante
de la ciencia y la realidad.
5ª Parte: Consideraciones físicas, cosmológicas y biológicas. Los animales máquinas
vivas.
6ª Parte: Consideraciones variadas sobre la actividad científica y su utilidad.
La 2ª parte constituye la piedra angular de la filosofía cartesiana pues en ella se expone
la idea principal de toda su doctrina: la razón humana necesita ser usada con propiedad
y método para llegar a la verdad; es necesario revisar los conocimientos existentes para
reedificarlos partiendo de un principio indubitable. Las cuatro reglas del método
cartesiano se convertirán en la clave de método axiomático-deductivo que las
matemáticas desarrollaran en la modernidad.
La 4ª parte completa a la 2ª en cuanto describe el proceso de la duda que le sirve para
encontrar esa verdad indubitable de la partir para estar seguro. Así mismo sitúa el papel
que Dios y la realidad física juegan respecto a la Razón humana. Dios, Razón y Mundo
son las tres sustancias que la metafísica cartesiana clasificará como los componentes de
la realidad.
Es por ello que en estas dos partes del libro se condensa la casi totalidad de las doctrinas
cartesianas más importantes: doctrina del racionalismo, teoría del conocimiento, el
método y metafísica.
La filosofía de Descartes ha pasado a la historia por su importancia como primera
síntesis sistemática de todos los cambios que la ciencia del renacimiento había ido
desarrollando –con sus cualidades de cuantificación matemática y experimentación- y
de nuevos conceptos filosóficos –alejados del aristotelismo tradicional- que permitían
dar una visión nueva del mundo y su funcionamiento.
Esta obra es la fundadora de la corriente científico-filosófica del racionalismo e influyó
poderosamente en el desarrollo de las matemáticas y ayudó, en general, a la ciencia al
permitir ordenar y clarificar sus distintas ramas y especialidades con el desarrollo de su
clasificación de la ciencia y el método.
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