Elegancia y traducción Los “mexicanismos” y “maneras de hablar” en cuatro gramáticas misioneras del náhuatl Karien van der Mei 5975263 Begeleider: Dr. O.J. Zwartjes Tweede lezer: Dr. J.A. Flores Farfán Universiteit van Amsterdam Faculteit Geesteswetenschappen Masterscriptie Linguistics of European Languages (Spaans) 05-08-2014 Agradecimientos Ante todo debo decir que agradezco mucho las oportunidades que me han dado Dr. Otto Zwartjes y Dra. Pilar Máynez. Les agradezco muchos sabios consejos, ayuda y supervisión en la consecución de este trabajo. Además quería dar mis sinceras gracias a Otto Zwartjes por haberme invitado al encuentro ROLD (Revitalizing Older Linguistic Documentation) del ACLC de la Universidad de Ámsterdam y a otros congresos de historiografía lingüística, y por haberme inspirado durante los últimos dos años. A Pilar Máynez debo mis sinceros agradecimientos por haberme recibido en el Seminario Permanente de Historiografía Lingüística, que ella coordina en la FES/Acatlán de la Universidad Nacional Autónoma de México y por haberme dado la posibilidad de realizar parte de este trabajo en México. Además le estoy muy agradecida por haberme invitado a exponer mi trabajo en las Segundas Jornadas de la Historiografía Lingüística. Debo además mis gracias a las siguientes instituciones que me prestaron apoyo financiero para realizar mi estancia en México: - Amsterdams Universiteitsfonds - Bekker-la-Bastide-Fonds - Horizonfonds Universiteit van Amsterdam - Jo Kolk Studiefonds - L.A. Bumastichting 1 Lista de abreviaturas ABS= absolutivo PRES APL= aplicativo PRET =pretérito ART = artículo PRON AUX= auxiliar REFL = CLAUS TEMP= cláusula temporal = definido DEF DEMO =demostrativo DET = determinado DIR = directo FUT= futuro HON= honorífico IMP = presente REL = = pronombre reflexivo relativo SG = SINGULAR SUBJ = SUBJUNTIVO SUF = sufijo = imperfecto INDEF=indefinido IND/INDIC INDIR OBJ =indicativo = indirecto = objeto PART = partícula PERF = perfecto PERS=persona PL = plural POS = PREF posesivo = prefijo 2 Contenido 1. Introducción 6 2. Los conceptos heredados 13 2.1. De barbarismos & solecismos: los clásicos 13 2.2. De barbarismos & solecismos: Donato 21 2.3. De barbarismos & solecismos: Nebrija 24 2.4. De idiotismos: los clásicos 25 2.5. De idiotismos: Donato 28 2.6. De idiotismos: Edad Media & Renacimiento 30 2.7. De otros “-ismos”: el lenguaje normativo y sus desviaciones 31 3. Los mexicanismos y maneras de hablar 34 4. Los modos y tiempos verbales 37 4.1. Presente de indicativo por pretérito de subjuntivo 37 4.2. Futuro de indicativo por pretérito de subjuntivo 42 4.3. Pretérito de indicativo por pretérito de subjuntivo 44 4.4. Presente de indicativo por infinitivo 46 4.5. Presente de indicativo por pretérito indefinido 48 4.6. Tiempos & modos en subordinadas condicionales 50 4.7. Tiempos & modos en subordinadas finales 53 4.8. Tiempos & modos en oraciones principales 54 5. La concordancia asimétrica en náhuatl 57 5.1. Supresión de la primera o segunda persona singular 57 5.2. La concordancia con cem 58 5.3. “Unos nosotros hombres” 60 6. De otros mexicanismos y maneras de hablar 64 6.1. Olmos 64 6.2. Carochi 65 3 6.3. Vetancurt 7. Conclusión Bibliografía 67 69 74 4 Resumen (abstract) En varios estudios se hace mención de que los misioneros en la Nueva España, hacen uso de los moldes greco-latinos para la composición de sus artes. Sin embargo, en estas gramáticas, encontramos secciones que se titulan De mexicanismos o De modos de hablar, algo que no se incluía en las obras clásicas. Sin embargo, desde que la retórica y la gramática confluían más y más, los clásicos sí dedicaron unos párrafos a los “vicios contra la latinidad” y al uso de lenguaje elegante. En este trabajo se ha estudiado cómo varios conceptos de esa tradición greco-romana se relacionan con los mexicanismos. Se enfoca sobre todo en los ‘barbarismos’, ‘solecismos’, ‘idiotismos’, ‘verba Graeca’, ‘atecismos, ‘asianismos’ y ‘latinismos’. Además se ha considerado oportuno estudiar hasta qué punto los temas que los frailes clasificaban como ‘mexicanismos’ son clasificaciones sistemáticas o más bien arbitrarias. Se ha encontrado una estrecha vinculación con el concepto ‘idiotismo’ tal como fue empleado en el Renacimiento. Además, se ha mostrado que los temas están hasta cierto punto relacionados con los solecismos que describían Quintiliano y sus contemporáneos, especialmente con los solecismos de transmutatio y detractio. Sin embargo, donde los solecismos comprendían errores de sintaxis, los mexicanismos no son errores, sino que son elegancias que hay que tomar en cuenta antes de traducirlas. A pesar de lo que algunos misioneros ponían en sus gramáticas, los temas que se incluían en la sección de los mexicanismos y modos de hablar han resultado relativamente arbitrarios. Los frailes no sólo describen desviaciones de la norma, sino también construcciones perfectamente regulares en náhuatl. Además, hay muchos temas que no toman en consideración, a pesar de su estrecha relación con la temática descrita. 5 1. Introducción Durante más de tres siglos, misioneros de varias órdenes religiosas compusieron artes de las lenguas indígenas con las que se tropezaron en territorios coloniales. Estas artes consistían en una descripción detallada de la gramática del idioma indígena, comúnmente completada por un vocabulario, el paternóster, sermonarios y el catecismo. La composición de estas artes permitían a los misioneros no fiarse en los intérpretes locales. Así pudieron prevenir que ellos enturbiasen o cambiasen involuntariamente la palabra de Dios (Suárez Roca 1992:15). Sin embargo, los misioneros sí recurrían intensamente a los hablantes nativos, para examinar y confirmar sus interpretaciones de la lengua indígena (Suárez Roca 1992:33). En el virreinato de la Nueva España, la composición de las gramáticas del náhuatl desempeñó un papel importante. Fue éste el idioma que había sido lingua franca justamente antes de la colonización española, en el imperio azteca. Consiguientemente, el náhuatl fue la primera lengua que los misioneros estudiaron amplia y metódicamente (Suárez Roca 1992:65). La orden que desde principios de la colonización en 1519 estuvo presente en la Nueva España, fue la franciscana. De ahí que las primeras dos gramáticas del náhuatl fueran redactadas por misioneros de esta orden católica. Andrés de Olmos (c. 1480-1568), que también se dedicaba a componer gramáticas del huasteco y el totonaco, compuso la primera gramática en el año 1547. Sin embargo, su Arte de la lengua mexicana no fue editada hasta 1875 (Suárez Roca 1992:66). También la segunda gramática del náhuatl fue compuesta por un franciscano: en 1571 Alonso de Molina compuso Arte de la lengua mexicana y castellana. A finales del mismo siglo, en el año 1595, se redactó la primera gramática del náhuatl compuesta por un fraile de otra orden: el jesuita Antonio del Rincón (1556-1601). Los jesuitas habían llegado a la Nueva España en el año 1572 y se habían encargado de la misma tarea que tenían los franciscanos. Cincuenta años después de la gramática de Rincón, en 1645, el italiano Horacio Carochi (c. 15791662), también jesuita, compone su Arte de la lengua mexicana con la declaración de los adverbios della. Mientras tanto, los franciscanos seguían componiendo artes por lo que se vio impreso el Arte de la lengua mexicana de fray Augustín de Vetancurt (1620-1700) en la segunda mitad del siglo XVII, en 1673. Además, los agustinos y presbíteros empezaron a hacerse cargo del mismo trabajo en el siglo XVIII. Para una lista completa de las gramáticas misioneras del náhuatl que se editaron, véanse Suárez Roca (1992:65-7). Se ha subrayado repetidas veces que, en la redacción de estas artes, los misioneros tomaron como punto de partida las gramáticas latinas más prestigiadas de su tiempo (Suárez Roca 1992:72, Esparza Torres 2007:33). Estas obras eran, principalmente, el Ars Maior, compuesto por el gramático romano 6 Elio Donato en el siglo IV, y las Introductiones Latinae de Elio Antonio de Nebrija, la cual fue compuesta en 1481 y estaba basada en el Ars Maior (Casas Rigall 1997:539). Las obras latinas les daban un molde y un metalenguaje gramatical a los misioneros, para así poder describir la lengua de manera didácticamente más eficaz. Las gramáticas misioneras del náhuatl están basadas también en estas obras importantes. En la primera gramática misionera del náhuatl se hace referencia directa a las Introductiones Latinae de Nebrija: “La mejor manera y orden que se ha tenido es la que Antonio de Lebrixa sigue en la suya” (Olmos 2002[1547]:15). Alonso de Molina, no sólo menciona la obra de Nebrija, sino también la de Donato: “Lo cual parece claro en Donato, o en Antonio de Lebrixa” (Molina 1945[1571]: f30r). En las últimas secciones del Ars Maior y de las Introductiones Latinae tanto Donato (Donato 1961[s.a.]:392-402) como Nebrija (1481:232-243) incorporaron fenómenos lingüísticos que se desviaban de la norma gramatical, bajo los títulos De barbarismos, De soloecismo, De ceteris vitii, De metaplasmo, De schematibus y De tropis. Estos fenómenos lingüísticos formaban parte de la retórica en la Antigua Grecia, pero confluían gradualmente con la disciplina de la gramática en tiempos romanos. Si en tiempos de Aristóteles la gramática se limitaba solamente al arte de leer y escribir, la retórica era la disciplina que prescribía las normas para el lenguaje con fines persuasivos o estéticos (Arellano 1977:76). Las primeras huellas de una confluencia la encontramos en Quintiliano (s. I d.C.). El retórico hispanorromano es el primero que describe el traslape sistemático entre la retórica y la gramática (Ueding 1992:1150). La coincidencia de ambas disciplinas se encuentra sobre todo en la parte de la retórica que establece las reglas para la manera de hablar en un discurso: el elocutio. El elocutio se cumple por medio de cuatro virtutes elocutionis (virtudes de elocución en un discurso): la latinidad (latinitas -la pureza de la lengua empleada en el discurso), la claridad (perspicuitas-la comprensibilidad del discurso), el ornato (ornatus- el uso de figuras estilísticas que embellecen el discurso) y el decoro (aptum-la medida en que las palabras son aptas para el discurso). Contra cada una de las virtudes, al no cumplir sus normas, se puede cometer vitii (vicios). No obstante, esta dicotomía de las virtudes y vicios no era tan simple, ya que, en ciertos contextos, se ‘excusaba’ la violación de las virtudes por lo que el vicio se consideraba ‘tolerable’. Los contextos en que se aceptaba el error eran, por ejemplo, en la literatura o en las obras de antecesores quienes se consideraban escritores elegantes (cf. Quintiliano 1797[s.a.]:61). En estos casos los vicios hasta podían contribuir al ornatus, o sea que al embellecimiento del discurso. Esto resultó en una subdivisión de vicios: los ‘vicios tolerables’ y los ‘vicios no tolerables’. 7 En el caso de la virtud latinidad por ejemplo, un error lexical puede violarla y entonces el error se denomina barbarismo. Si el mismo error ocurre en una obra literaria destacada, no se considera el error barbarismo ya que se puede ‘excusar’ el uso del error y entonces se llama metaplasmo. Lo mismo es el caso para el solecismo (un error sintáctico), frente al schema (un error sintáctico aceptado). En otras palabras, cada virtud está vinculada a un concepto que viola la virtud (el vicio) y cada uno de los vicios se subdivide en ‘aceptado’ o ‘no aceptado’ según su contexto. Estrictamente visto sin embargo, tanto los errores aceptados como los no aceptados formaban parte de los vicios contra el latinitas, el uso de la lengua pura, por lo que no es de sorprender que estén incluidos en la gramática. Los errores ‘no aceptados’ que incluyó Donato, se subdividen en ‘barbarismos’, ‘solecismos’ y ‘otros vicios’ (ceteris vitii). Después siguen sus homólogos aceptados ‘metaplasmos’, ‘schemata’ y ‘tropos’ (Donato 1961[s.a.]: 392-402). Como también confirma Antonio Roldán Pérez (1994:93), esta parte de la gramática la copió literalmente Nebrija de Donato, por lo menos en el editio princeps del año 1481. En ediciones más tardías se encuentran adaptaciones, entre otras por la influencia de la Gramática de la lengua castellana que Nebrija compuso en el año 1492 (Roldán Pérez 1994:94). En la mayoría de las ediciones1 sin embargo, Nebrija describe los mismos fenómenos ‘agramaticales’ que Donato, con las mismas palabras Según Donato, un barbarismo es “una pars orationis vitiosa in communi sermone” [una parte de la oración viciosa en el habla común] (Donato 1961[s.a.]:392). El gramático romano distinguía además entre barbarolexis (un término ajeno al latín, o sea un préstamo) y barbarismo (un término en latín pero pronunciado o escrito incorrectamente). Nebrija, en sus Introductiones Latinae copia los términos empleados por Donato y explica que un barbarismo “est vitium en una parte orationis” [un vicio en una parte de la oración] mientras que el término relacionado solecismo “[est vitium en] contexto orationis” [un vicio en el contexto de la oración] (Nebrija 1481:232). Por ende, un solecismo es un error al nivel sintáctico, mientras que un barbarismo se encuentra al nivel de la palabra. A pesar de que los misioneros generalmente seguían los marcos teóricos greco-latinos, no se encuentran secciones en las gramáticas misioneras del náhuatl que lleven los títulos De barbarismo, De soloecismo, etc., mencionados anteriormente. Por otra parte, en muchas gramáticas misioneras del náhuatl, las últimas secciones se titulan, como también menciona Suárez Roca (1992:192), De algunas maneras de hablar comunes (Olmos 2002[1547]:171), De […] maneras de hablar que esta 1 Para un estudio comparativo de esta parte de la gramática de diferentes ediciones, véanse Roldán Pérez (1994: 93-5). 8 lengua tiene (Molina 1945[1571]:23), De los mexicanismos, que son algunas maneras de hablar propias de esta lengua (Rincón [2005] 1595:59), De algunas maneras de hablar (Galdo Guzmán 1642:200), De los mexicanismos, o maneras de hablar propias de esta lengua (Carochi 1645:84), De algunos modos de hablar que usa el Mexicano (Vetancurt 1673:44), etcétera. Aquí los misioneros describen construcciones típicas del náhuatl, enfatizando que explican sólo algunas y no todas las construcciones que denominaban ‘maneras/modos de hablar’, ‘mexicanismos’ o ‘idiotismos’. Antonio de Rincón, por ejemplo, abre dicha sección con las siguientes palabras: No es mi intento en este capítulo ponerme a declarar todos los modos de hablar o frases de esta lengua, porque ni eso es de este lugar, donde sólo se trata del arte de la gramática, ni tampoco se puede hacer brevemente, por ser cosa muy larga e inmensa; sino solamente pondré aquí algunos modos de hablar que son propios idiotismos de esta lengua, aunque por otra parte parecen cosas contra las reglas de las concordancias de la gramática (Rincón 2005[1595]:f60r). El planteamiento de que parecen ser cosas contra las reglas de la gramática, como Rincón expone aquí, sugiere que los términos ‘mexicanismo’ y ‘maneras de hablar’ están hasta cierto punto vinculados a los términos ‘barbarismo’ y ‘solecismo’ que Donato y Nebrija incluían en la sección final de sus gramáticas. Rincón además enfatiza aquí la vinculación al concepto ‘idiotismo’. Covarrubias Horozco (1539-1613), el lexicógrafo español que compuso la más prestigiada obra lexicográfica del siglo XVII, incluye la siguiente definición de ‘idiotismo’: [Idiotismos] son ciertas frasis y modos de hablar particulares a la lengua de cada nación, que trasladados en otra, no tienen tanta gracia, como hebraísmos los que son de la lengua hebrea y déstos tenemos no pocos en la lengua castellana (Covarrubias Horozco 1996[1611]:1085). El ejemplo de hebraísmo que Covarrubias aporta aquí, se define en el mismo diccionario histórico: Un término particular propio del lenguage de los hebreos, que muchas vezes es necessario trasladarle en la lengua latina y griega, y las demás, sin mudarle a nuestro modo de hablar; de lo qual ay muchas exemplos en la Biblia Sacra Vulgata (Covarrubias 1996[1611]:1031). Los hebraísmos eran frecuentes en las traducciones de la Biblia, ya que para los textos religiosos era importante ser fiel al texto original y emplear un estilo de traducción refinado (Furlan 2002: 204). ‘Idiotismo’, y con ello el ejemplo ‘hebraísmo’, se refiere aquí a dichas idiosincrasias de un idioma 9 que son problemáticas al traducirlas a otro idioma que carece de este fenómeno lingüístico o que se caracteriza por el uso de otro que expresa lo mismo. Hasta ahora no se ha analizado profundamente la relación entre los conceptos antiguos y el concepto ‘mexicanismo’ en las gramáticas misioneras del náhuatl. La siguiente observación de Suárez Roca ha sido inspiración para analizar este tema más profundamente: Las reglas de la gramática no son suficientes para explicar todos los fenómenos que se producen en el habla. Muchos “modos de dezir” hay que se desvían de la norma ideal. Pero se utilizan frecuentemente, y el hablante extranjero debe conocerlos si desea en verdad entenderse con los indios. Se preocupan, pues, los misioneros de reunir y comentar la construcción y el sentido de ciertos “modos de hablar” o “locuciones especiales” que revelan parte del genio e idiosincrasia del idioma indígena. Son en este “propios y elegantes”, y si se traducen “materialmente” a otra lengua “saldrán disparates y barbarismos (Súarez Roca 1992:192). Consiguientemente, Suárez Roca explica brevemente algunos temas que los misioneros analizaron en la parte de los mexicanismos (1992:193-5). En esta tesina aspiramos a exponer más en detalle a qué se refiere exactamente con los términos ‘mexicanismos’, ‘maneras de hablar’, ‘modos de hablar’ e ‘idiotismos’ en cuatro gramáticas misioneras del náhuatl en que se dedica una sección a este tema. Se analizarán más profundamente los temas que fueron incluidos en dicha sección y se estudiará cómo los conceptos ‘mexicanismo’ y ‘maneras de hablar’ de arriba se relacionan con los conceptos ‘barbarismo’, ‘solecismo’ e ‘idiotismo’. También se considera oportuno estudiar cómo los conceptos ‘verba Graeca’ y ‘latinismo’ se relacionan con los mexicanismos. El diccionario histórico de la retórica de Ueding revela que los verba Graeca son préstamos de una característica lexical, sintáctica e idiomática de la lengua griega antigua y que desde el punto de vista de la retórica se consideran estos verba Graeca como violaciones del latinitas (Ueding 1992:1188). Lo mismo es el caso con la lengua latina y el concepto ‘latinismo’, el cual hizo su introducción cuando las lenguas vernáculas se usaban más y más (Ueding 1992: 38). Sin embargo, donde los verba Graeca podían desempeñar el papel de elegancia, los latinismos se consideraban más neutrales (Ueding 1992:38). Por lo tanto, es esencial estudiar si los mexicanismos se relacionan más con uno de ellos o si es un concepto totalmente diferente que los verba Graeca y latinismos. De las cuatro gramáticas que forman el corpus para este trabajo, dos fueron elaboradas por franciscanos y dos por jesuitas en los siglos XVI y XVII respectivamente. De los franciscanos estudiaremos la primera gramática, hecha por Andrés de Olmos en 1547, e intitulada Arte de la 10 lengua mexicana. Asimismo, se investigará el Arte de la lengua mexicana compuesto por Augustín de Vetancurt en el año 1673. En cuanto a la orden jesuita, se estudia el Arte mexicana de Antonio del Rincón, compuesto en el año 1595 y el Arte de la lengua mexicana con la declaracion de los adverbios della compuesto por Horacio Carochi en 1645. La elección de estas gramáticas es el resultado del hecho de que las dos órdenes mencionadas eran las que tenían mayor producción en cuanto a la composición de artes. Se pretende descubrir hasta qué punto los mexicanismos fueron considerados idiosincrasias neutrales o hasta positivas que podrían causar problemas de traducción, como hace constatar Súarez Roca (1992: 192) o si más bien fueron considerados vicios contra la norma lingüística. Además, se pretende determinar en qué medida estas clasificaciones de ‘mexicanismos’ y ‘maneras/modos de hablar’ son sistemáticas o si son más bien arbitrarias. Desde el punto de vista metodológico, se aplicará un conjunto de principios. Se establecerá una comparación entre, por un lado, las definiciones dadas por los misioneros para los conceptos ‘mexicanismo’ y ‘maneras/modos de hablar’ y, por otro lado, las definiciones que se encuentran en las obras de varios autores clásicos y renacentistas (entre los cuales las obras de Quintiliano, Donato y Nebrija son las que mayor atención reciben por su manifiesta influencia de la una a la otra) y diccionarios históricos para los conceptos ‘barbarismo’, ‘solecismo’, e ‘idiotismo’. Asimismo, se estudiarán los temas descritos y se compararán las traducciones de los misioneros con las descripciones que se encuentran en las gramáticas contemporáneas más prestigiadas del náhuatl clásico, las de Andrews (2003) y Launey (2011). El objetivo de esta comparación es poder concluir a qué fenómenos lingüísticos los misioneros se refieren exactamente. Además, se compararán los temas de los frailes con ejemplos de temas que encontramos para los conceptos clásicos en sus antecesores clásicos y renacentistas. Después de este capítulo introductorio, se expondrán los conceptos relevantes heredados de la tradición greco-latina y se estudiará su desarrollo a través de los siglos. En el tercer capítulo, se estudia cómo los cuatro misioneros definen los términos ‘mexicanismos’ y ‘maneras/modos de hablar’ en sus gramáticas. Las definiciones de los conceptos de, por un lado, el segundo capítulo, y por otro lado, el tercer capítulo serán comparadas en la conclusión. Los capítulos cuatro y cinco serán dedicados a analizar los temas que los misioneros incluyeron en la sección de los mexicanismos/maneras de hablar. Los temas a que los frailes del corpus prestan más atención son en primer lugar la diferencia de modos y tiempos entre el náhuatl y el castellano. Proporcionan atención al hecho de que en náhuatl en ciertos casos se usa un presente de indicativo donde en castellano se usa un pretérito de subjuntivo. Esta diferencia de tiempos y modos, y otras 11 diferencias parecidas, se intentarán relacionar con los temas que fueron descritos por los clásicos y los renacentistas. En el quinto capítulo se analizará la concordancia asimétrica en náhuatl, otro tema que los misioneros del corpus describen ampliamente. En la lengua mexicana2, se encuentra el uso de construcciones como Pedro nican otihuallaque, que literalmente significa “Pedro venimos aquí”. La concordancia entre el sujeto expresado (tercera persona singular, Pedro) y el verbo (tercera persona plural) es asimétrica. En otras palabras, el sujeto de primera o segunda persona singular no se expresa lingüísticamente, pero sí está presente, ya que Pedro nican otihuallaque se traduce con “Pedro y yo venimos aquí”. Aparte de Olmos, todos los frailes describen esta concordancia asimétrica de modo más o menos explícito y la denominan ‘mexicanismo’ o ‘modo de hablar’. Los temas estudiados en el cuarto y quinto capítulo son los temas que más se repiten en la sección de los mexicanismos/maneras de hablar. Sin embargo, se considera relevante estudiar también los temas que se repiten menos. Por lo tanto, el sexto y último capítulo se dedica al estudio de otros temas relevantes que los misioneros incluyeron en la parte de los mexicanismos/maneras de hablar. Aquí encontraremos, por ejemplo, la observación de Vetancurt de que no corresponde el uso de las preposiciones en castellano y náhuatl3. En el sexto capítulo se estudia el uso del imperativo en el habla indirecta, un tema que incluyó Olmos. Además, se analiza un tema sociolingüístico que aborda Carochi. Se trata de maneras de decir en las que alguien forma parte de la misma nación que la persona que habla. En la conclusión se pretende comparar todos los temas analizados con los temas descritos en los textos clásicos bajo los términos expuestos arriba. Así se intenta descubrir si los temas descritos como ‘mexicanismos’ o ‘modos/maneras de hablar’, coinciden con los temas clásicos y, en caso de que sí, con cuáles muestran mayor traslape. También hay que tener en cuenta la posibilidad de que los temas no fueron tomados de las obras clásicas y no coinciden. Por lo tanto, es importante determinar también hasta qué punto son sistemáticas o arbitrarias las clasificaciones de los mexicanismos. En este trabajo, como sinónimo de náhuatl se usa la denominación ‘lengua mexicana’, un término que los religiosos españoles dieron al náhuatl “clásico” (Suárez Roca 1992:65) ) y que los hablantes contemporáneos usan hasta hoy en día. 3 Como se explicará después, en náhuatl no existen preposiciones, sino que se hace uso de una construcción que muchos llaman ‘posposición’. 12 2 2. Los conceptos heredados Como hemos visto en la introducción, los mexicanismos parecen estar estrechamente vinculados con varios conceptos de la tradición greco-latina. En este capítulo se estudia cada uno de estos conceptos más detalladamente, prestando atención a sus orígenes. 2.1. De barbarismos y solecismos: los clásicos En tiempos de Aristóteles (siglo IV a.C.), los conceptos ‘barbarismo’ y ‘solecismo’ formaban parte de la retórica y se referían ambos a vicios contra el uso del griego puro y elegante. Los barbarismos y solecismos son conceptos que encontramos ya en los textos de Aristóteles sobre la retórica. Sin embargo, ambos conceptos aún no estaban claramente delimitados (Ueding 1992:963). Aristóteles, en su reflexión estética Ars Poetica, definió implícitamente el concepto ‘barbarismo’, poniendo que “procede de la confusión de los dialectos” y advirtió que “se han de usar con discreción en el discurso” (Aristóteles 1798[s.a.]:69). La cita de Aristóteles, por lo tanto, revela una estrecha relación con la transferencia lingüística, ya que habla de varios dialectos y la confusión en la que resulta el contacto lingüístico (Ueding 1992:963). Ueding sin embargo, añade que Aristóteles, en su De sophisticis elenchis aún no distinguía entre los vicios sintácticos (solecismos) y los vicios lexicales (barbarismos), pero que sí menciona los errores de géneros y los de casos. Este tipo de errores son disparates que no son cometidos necesariamente por hablantes no nativos e implican una definición más amplia de los términos. Las definiciones de Aristóteles no son muy claras, pero obtienen un valor más específico con los estoicos. Los estoicos formaban parte de un movimiento helenístico que surge a principios del siglo III a.C. Son ellos los que distinguen por primera vez entre los solecismos como errores sintácticos por un lado, y los barbarismos como errores al nivel de la palabra por otro (Ueding 1992: 963). Según Barwick, también son ellos los que determinan por primera vez cuatro tipos de cometer tanto el barbarismo, como el solecismo (Barwick 1922:96 en Ueding 1992: 963). Estas cuatro formas, adjectio, detractio, immutatio y transmutatio, serán retomadas por el romano Quintiliano (siglo I d.C.), quien las demarca y ejemplifica claramente. Mientras tanto, al transcurrir los siglos, poco a poco se había ampliado el concepto ‘gramática’ por lo que confluye más con la retórica (Arellano 1977:76). Quintiliano expresa explícitamente la dualidad de la gramática, distinguiendo entre, por un lado, la función estética literaria (historice) y, por otro lado, la función lingüística y técnica (methodice) de la gramática (Lucas González 2003:43). La razón por la que la retórica y la gramática se unen, según Quintiliano, la encontramos en su opinión de que hay que saber leer antes de poder escribir o hablar correctamente, y que por lo tanto es 13 importante entender los recursos retóricos y la normatividad de los clásicos (Quintiliano 1797[.s.a.]:48). Esta confluencia gradual de la gramática y la retórica también está visible en los apartados sobre las virtutes elocutionis en la obra de Quintiliano. En su Institutio Oratoria subraya la importancia del lenguaje correcto y elegante: Iam cum omnis oratio tris habeat virtutes, ut emendata, ut dilucida, ut ornata sit (quia dicere apte , quod es praecipuum, plerique ornatui subiiciunt), totidem vitia, quae sunt supra dictis contraria, emendate loquendi regulam, quae grammatices prior pars est examinet (Quintiliano 1920 [s.a.]:78) Ahora bien, siendo tres las propiedades del lenguaje, corrección, claridad y elegancia (porque el hablar a propósito, que es la principal, los demás la ponen en el ornato), examinaremos con las reglas de hablar bien, que es lo más esencial de la gramática, otros tantos vicios opuestos a las virtudes dichas (Quintiliano 1797[s.a.]:35). Quintiliano distingue aquí tres de las cuatro virtudes del elocutio que mencionamos en el capítulo anterior: la latinidad (latinitas), claridad (perspicuitas) y el decoro (ornatus). La cita muestra que el lenguaje tiene que ser, en primer lugar, correcto, claro y elegante. Por esta razón, Quintiliano avisa que el gramático haya que advertir contra el uso de palabras y construcciones erróneas, o sea contra los barbarismos y solecismos: Prima barbarismi ac soloecismi foeditas absit. Sed quia interim excusantur haec vitia aut consuetudine aut auctoritate aut verstutate aut denique vicinitate virtutum (nam saepe a figuris ea separare difficile est), ne qua tam lubrica observatio fallat, acriter se in illud tenue discrimen grammaticus intendat […] (Quintiliano 1920[s.a.]:80). Evítese la primera la fealtad del barbarismo y del solecismo, pero como estos vicios se disculpan, o con la costumbre, o con la autoridad, o con la antigüedad, o finalmente con la proximidad a las virtudes (porque muchas veces es difícil separarlos de las figuras), para que ninguno ignore tan peligrosa observación, aplíquese atenta y vigurosamente el gramático a esta distinción sutil […] (Quintiliano 1797[s.a.]: 61). 14 Esta cita de Quintiliano muestra la importancia de evitar cualquier vicio, pero al mismo tiempo subraya la estrecha vinculación de los vicios con los ‘vicios excusables’ que, como hemos visto arriba, pueden contribuir al ornatus. El romano sigue después con una definición del concepto barbarismo: ”interim vitium, quod fit in singular verbis, sit barbarismus” [mientras que el vicio que está en un verbo singular es barbarismo](Quintiliano 1920[s.a.]: 80) ; y también incluye una subdivisión de los tipos de barbarismos que existen en la escritura, explicando que las posibilidades son: añadir, quitar, trocar y trastocar (Quintiliano 1797[s.a.]:62).Por consiguiente, un barbarismo se puede cometer añadiendo una(s) letra(s)/sílaba(s), quitar una(s), cambiarla(s) o por trastocar el orden de ellas. Más adelante distingue también entre cuatro tipos de barbarismos en el habla: [quod] barbarismum pluribus modos accipimus. Unum gente quale est, si quis Afrum vel Hispanum Latinea, orationi nomnen inserat[…]. [nam] mastrucam, quod Sardum est, irridens Cicero ex industria dixit (Quintiliano 1920[s.a.]:82). [que] hay barbarismos de muchos más modos: el primero, de nación cual es si alguno mezcla con la oración latina nombres africanos o españoles […]. Cicerón burlándose dijo de propósito mastruca, palabra sarda, que significa vestido de pieles (Quintiliano 1797[s.a.]:62). Alterum genus barbarismi accipimus, quod fit animi natura, ut is, a quo insolenter quid ayut minaciter aut erudileter dictum sit, barbare locutus existimatur (Quintiliano 1920[s.a.]:82). Tengo por segunda especie de barbarismo la que se comete por mala crianza, como cuando se dice que habló bárbaramente el que dijo alguna palabra arrogante, o con amenazas o sin humanidad (Quintiliano 1797[s.a.] :63). Tertium est illud vitium barbarismi, cuius exempla vulgo sunt plurima, sibi etiam quisque fingere potest, ut verbo, ciu libebit, adiiciat litteram syllabamve vel detrahat, aut aliam pori alia aut eansdem alio quam rectum, est loco ponat (Quintiliano 1920[s.a.]:82). Del tercer vicio de barbarismo hay muchísimos ejemplos comunes, que cualquiera puede formarse para sí, como añadiendo a cualquiera palabra alguna 15 letra o sílaba, o quitándolas, o una por otra, o poniendo una misma en distinto lugar del que corresponde. […](Quintiliano 1797[s.a.] :63). Quid quod quaedam, quae singula procul dubio vitiosa sunt, iuncta sine repehensione dicuntur? Nam et dua et tre (et pondo) diversorum generum sunt barbarismi, at duapono et trepondo usque at nostra, aetatem ab omnibus dictum est, et recte dici Messala confirmat (Quintiliano 1920[s.a.]:84). Y qué diremos de algunos vocablos que usados simples son ciertamente viciosos, y después de compuestos están admitidos? Pues, dua, tre y pondo de distinto género son barbarismos, y todos dijeron bien que hasta mi tiempo duapondo, trepondo, como lo confirma Mesala (Quintiliano 1797[s.a.]:64-65). El primer tipo de barbarismo también se indica con el término ‘barbarolexis’. Un barbarolexis es la denominación que en la época clásica se usaba para la pronunciación o el significado de palabras procedentes de otro idioma, a las que también se referían con el término verba peregrina (Ueding 1992:1281). Aunque en muchos documentos el barbarolexis se equivale al préstamo, Lewis & Short presentan una definición que revela un significado más específico: The perversion of the form of a word, esp. the change or inflection of a Greek word, according to Latin usage (Lewis & Short 1980[1879]:222). Esta definición implica que en primer lugar se refería al uso de formas griegas en el latín. Es importante tomar en cuenta que a unos dos siglos a.C., se empieza a escribir obras literarias en latín, una tradición que fue inspirada por las obras literarias griegas que eran consideradas elegantes, lo cual puede explicar la presencia de préstamos griegos. Ueding define el concepto más ampliamente: se trata del uso de formas o significados de palabras no latinas, y, que entre estos barbarolexis, se encuentran encontraban por ejemplo los ‘asianismos’ y ‘aticismos’ (1992:1281), conceptos que se explicarán más en detalle en el párrafo 2.7. El segundo barbarismo de Quintiliano se relaciona con el nivel sociolingüístico, ya que se trata de una palabra expresada con cierta actitud y no precisamente de un error gramatical. El tercer ejemplo es el que corresponde más con los barbarismos escritos y con las maneras de cometer un barbarismo que luego emplearía Donato. La cuarta manera de cometer un barbarismo ya se parece más al solecismo, como veremos después. Aparte de los barbarismos escritos y hablados, Quintiliano menciona los barbarismos de sonidos y de tenores. Los barbarismos de sonidos son los vicios que están relacionados con la métrica: 16 Plus exigunt subtilitatis quae accidunt in dicendo vitia, quia exempla eorum tradi scriptio non possunt, nisi cum in versus inciderunt, ut divisio Europai Asiaï, et ei contrarium vitium quod synaereis et synaloephe Graeci vocant, nos complexionem dicamos qualis est apud P. Varronem tum te flagrantideiectum filmine Phaeton. Nam si besset prosa oratio easdem litteras enuntiare veris syllabis licebat (Quintiliano 1920[s.a.]:86). Los vicios que se oyen en el habla son mas sutiles; porque no se pueden manifestar por escrito los exemplos, sino cuando están en los versos como la diéresis de Europai y el vicio contrario que los griegos llaman synéresis, y synalephe y nosotros complexio, cual es la de Varron en este verso Quum, te flagranti deiectum fulmine , Phaeton, palabra disílaba, porque si lo dixera en prosa debería pronunciar Pháeton con tres sílabas determinadas (Quintiliano 1797[s.a.]: 65-6). Quintiliano implica aquí que en la poesía valen otras reglas que en el habla común, algo que se ve confirmado un poco más abajo: Praeterea quae fiunt spatio, sive cum syllaba correpta producitur ut Italiam fato profugus, seu longa corriptur, ut unius ob noxam et furias, extra carmen non deprehendas, sed nec in carmine vitia dicenda sunt (Quintiliano 1920[s.a.]:86). Tampoco se deben reputar por vicios en los poemas los de la cantidad de las sílabas breves usadas largas, como en Italiam fato profugus, ni los de las largas usadas breves, como Unĭus ob noxam et furias (Quintiliano 1797[s.a.]:66). Por consiguiente, los vicios que en la mayoría de los contextos se consideran barbarismos, no se definen como tales cuando se encuentran en poesía porque en este caso están aceptados. En otras palabras: son ‘vicios tolerables’ que, como hemos visto anteriormente, desempeñan un papel al nivel del embellecimiento. Según la definición quintiliana, los barbarismos de tenores son todos los errores que se cometen en la prosodia: Adhuc difficilior observatio est per tenores (quos quidem ab antiquis dictor tonores comperi videlicet declinato a Graecis verbo qui tonus dicunt), vel accentus quas Graeci prosodias vocant, cum acuta et gravis alia pro alia pronuntur […](Quintiliano 1920[s.a.]:88). 17 Aún es más difícil la observación del barbarismo por los tenores (son los tonos) a que los antiguos llamaron ciertamente tonores como palabra derivada de la palabra griega tonus, o acentos que los griegos dicen prosodias, el cual se comete cuando las sílabas agudas y graves se dicen unas por otras […] (Quintiliano 1797[s.a.]:67). Estas palabras muestran que en Quintiliano los barbarismos de tenores existen al trastocar los acentos. En cuanto a los solecismos, Quintiliano asegura que hay quienes piensan que se pueden cometer solecismos a los mismos niveles que los barbarismos, o sea: añadir, quitar, trocar o trastocar (Quintiliano 1797[s.a.]:72). Sin embargo, en su Institutio Oratoria no concretiza estos cuatro tipos y destaca que no todos los gramáticos coincidían en sus opiniones sobre los tipos, pero sí sobre la definición de solecismo. Quintiliano expone que un solecismo es “poner una cosa por otra” y que los solecismos “se encuentran en todas las partes de la oración” aunque, según él, se cometen más en los verbos que en cualquier otra parte de la oración, por la gran cantidad de accidentes que tiene (Quintiliano [s.a.]1797:73). Sin embargo, Ueding sí especifica los diferentes tipos de solecismos distinguidos por los autores clásicos (1992: 961-2). En primer lugar destaca el solecismo de adjectio, que es un error sintáctico que consiste en añadir un elemento. En esta categoría encontramos, por ejemplo, el pleonasmo o la tautología. En segundo lugar existen los solecismos de detractio, que comprenden los erros de sintaxis por omitir un elemento. Un buen ejemplo es la elipsis, que consiste en eliminar un elemento en una parte de la oración, el cual ya se expresa en otra parte de la misma frase. Los solecismos de inmutatio se cometen cuando se desplaza el orden de las preposiciones o conjunciones en una frase. Los encontramos por ejemplo en la anástrofe, la cual se caracteriza por cambiar el orden normal de uno o más elementos en una oración. Por ultimo, el solecismo de transmutatio está en mayor grado relacionado al solecismo de inmutatio ya que también tiene que ver con el orden de partes de la oración. Sin embargo, donde el solecismo de inmutatio es un error que se comete en el orden de las preposiciones y conjunciones, el solecismo de transmutatio ocurre en diferentes niveles sintácticos. Ueding explica que ésta es la categoría del solecismo que más comprende: Solözismus der Vertauschung bilden die umfangreichste Klasse der S. […]. Sie betreffen den gesamten Satz und beruhen auf dem Auswechseln einzelner Wörter, auf der Abänderung der normierten syntaktischen Abfolge, auf dem Einschub oder der Verschmelzung syntaktischer Konstruktionen oder auf der Veränderung 18 einzelner grammatischer Formen oder Kategorien im ganzen Satzzusammenhang (Ueding 1992:962). El hecho de que los solecismos de transmutatio son el tipo que más errores sintácticos comprende, también queda claro por la subdivisión que se ha hecho para esta categoría. Ueding describe la siguiente categorización, hecha por Lausberg, del cuarto tipo de solecismos. La subdivisión está basada en diferentes teóricos clásicos y en especial en las obras de Quintiliano (Ueding 1992:962). En primer lugar existen dos tipos de solecismos, pero el segundo se puede especificar aún más, lo que resulta en la siguiente lista de posibles solecismos: 1) Los solecismos de las partes de la oración. Estos disparates se cometen por cambiar las partes de la oración, las clases de palabras o por el incorrecto uso idiomático de partículas sintácticamente relevantes. Ejemplos son el uso de un sustantivo en lugar de un adjetivo o del verbo infinitivo en vez de un sustantivo o participio de un verbo. 2) Los solecismos de los accidentes de las partes de la oración. Este tipo de solecismos de transmutatio se subdivide en: a. solecismos de género [el uso de, por ejemplo, un sustantivo masculino en combinación con un artículo femenino] b. solecismos de número [el uso de, por ejemplo, un verbo en plural con un sujeto en singular] c. solecismos de casos [usar una forma que no corresponde con el caso gramatical de la parte de la oración] d. solecismos de tiempos [usar, por ejemplo, un futuro donde las normas gramaticales prescriben el uso de un presente] e. solecismos de modos [usar, por ejemplo, el modo indicativo donde las normas gramaticales prescriben el uso del subjuntivo] f. solecismo de la comparación [la transmutación o la omisión de las formas de comparación, por ejemplo del superlativo] g. solecismos de personas [usar, por ejemplo, un verbo de tercera persona cuando tiene que ser de primera o segunda persona] 19 h. solecismos de inconvenientiae [inserción, posición o fusión errónea de partes de la oración, que resultan en discordancia sintáctica]. Como aclara esta lista de solecismos, no todas las subcategorías están igualmente demarcadas. La última subcategoría, los solecismos de inconvenientiae, está menos específica y delimitada que por el ejemplo la de los solecismos de género, la cual, por naturaleza, contiene una cantidad limitada de posibles solecismos. Otro problema conceptual es el hecho de que los barbarismos y solecismos pueden traslaparse parcialmente. Quintiliano explica la delgada línea divisoria entre barbarismo y solecismo, aportando el ejemplo de ciertas palabras que sólo se usan en plural, pero que son erróneamente usadas en singular, lo que también está explicado en el cuarto tipo del barbarismo hablado que incluye el gramático romano: Absurdum forsitan videatur dicere, barbarismum, quod est unius verbi vitium, fieri per números aut genera sicut solecismus: scala tamen et scopa contraque hordea et mulsa, licet litterarum mutationem, detractionem, adiectionem habeant, non alio vitiosa sunt, quam quod pluralia singulariter et singularia pluraliter efferuntar, et gladia qui dixerunt genere exciderunt (Quintiliano 1920[s.a.]:84-6). Se tendrá por disparate decir que el barbarismo, que es vicio de una sola palabra, se hace también por números y géneros como el solecismo, sin embargo scala y scopa y al contrario hordea y musta, aunque no padecen trueque, falta, ni aditamento de letras, son palabras viciosas, porque se usan los singulares en plural, y los plurales en singular, y los que dijeron gladia erraron el género (Quintiliano 1797[s.a.]:65). La división entre barbarismo y solecismo resulta confusa, ya que los solecismos son cualquier tipo de errores que se relacionan con la concordancia en partes de la oración. Sin embargo, si la forma lingüística usada no corresponde, en cuanto a género o número, con la entidad extralingüística a la que se refiere, también puede ser barbarismo. El hecho de que, al igual que los solecismos, tenga que ver con la concordancia es lo que causa esta confusión. Quintiliano subraya la discusión que existía en su tiempo, sobre la dudosa demarcación de los dos conceptos. Según él, se “suele disputar” sobre el hecho de que al llamar a un solo individuo con la palabra uenite4 es solecismo o barbarismo (Quintiliano 1920[s.a.]:95). Evidentemente es una discordancia de número, lo cual cabe bajo la denominación de solecismo. Sin embargo, al mismo tiempo se expresa una sola palabra, lo cual coincide con la definición 4 Uenite es segunda persona plural del imperativo del verbo venio (venir). 20 de barbarismo. Por ello, hubo una polémica y no siempre estuvo claro a qué se refería exactamente con qué concepto. Se ha comprobado en este párrafo que Aristóteles menciona que los barbarismos y solecismos, términos que aún no tenían diferentes significados, están parcialmente relacionados con el contacto lingüístico entre diferentes pueblos. Sin embargo, otros ejemplos de estos conceptos que describe, revelan que no sólo se trata de transferencia lingüística. Su uso de la terminología es bastante confuso, algo que ya no vemos en el período helenístico. En el siglo III a.C. los estoicos demarcan los conceptos ‘barbarismo’ y ‘solecismo’, usando el primero para errores lexicales y el segundo concepto para errores sintácticos. Los clásicos romanos, y en particular Quintiliano, extienden los conceptos y dan diferentes tipos para cada uno. En los barbarismos Quintiliano incluye también los barbarolexis, o verba peregrina, que son los barbarismos que proceden de otra lengua y son por lo tanto préstamos. No obstante, la mayoría de los tipos de barbarismos, y todos los solecismos, que distinguen los clásicos no son errores que sólo cometen los que tengan otra lengua materna. Son errores que tanto hablantes nativos como hablantes no nativos podrían cometer. Además, Quintiliano incluye un tipo de barbarismo que está relacionado con ‘la mala crianza’, o sea con el aspecto sociolingüístico. Los conceptos barbarismo y solecismo definidos por Aristóteles, los estoicos, y los clásicos romanos como Quintiliano, serían heredados en los siglos posteriores. En el párrafo siguiente prestamos atención a Donato, que usó los conceptos de Quintiliano y que tanto influiría a Nebrija. 2.2 De barbarismos y solecismos: Donato El gramático romano que más influencia directa tuvo en la obra de Nebrija, fue Elio Donato (siglo IV). La herencia de Quintiliano está reflejada en su definición de barbarismo y en la distinción que hace entre barbarismo y barbarolexis: Barbarismus est una pars orationis vitiosa in communi sermone; in poemate metaplasmus, itemque in nostra loquella barbarismus, in peregrina barbarolexis dicitur, ut siquis dicat mastruga cateia magalia. Barbarismus fit duobus modis, pronuntiatione et scripto. His bipertitis quattuor species subponuntur: adiectio, detractio, inmutatio, transmutatio litterae, syllabae, temporis, toni, adspirationis (Donato, ed. Keil 1961[1855-1880]:392). [Barbarismo es una viciosa parte de la oración en el habla cotidiana, en el discurso poético se llama metaplasmo. En nuestra lengua se llama barbarismo, en 21 el habla de los peregrinos se llama barbarolexis, como diciendo mastruga [piel de la oveja, una palabra sarda]5, cateia [club, una palabra celto-germana]6, magalia [cabaña, una palabra púnica]7. Los barbarismos se realizan de dos maneras: en la pronunciación y en la escritura. Cada uno tiene cuatro tipos: adición, detracción, inmutación y transmutación de las letras, sílabas, tiempos, tonos y aspiración.] (traducción mía basada en Marchand online) Destaca que Donato no distingue el barbarolexis como uno de los cuatro tipos de barbarismo, como sí fue el caso con Quintiliano. Al contrario, en primer lugar distingue entre el barbarismo, que no tiene vinculación con la interferencia lingüística, y barbarolexis, que sí tiene esta relación. Después subcategoriza el barbarismo en dos clases y cuatro tipos. Estos cuatro tipos de barbarismo corresponden con los cuatro tipos de escritura que encontramos en Quintiliano. Destaca que Donato emplea una denominación más amplia que Quintiliano, definiendo todos los barbarismos que no sean de escritura como ‘barbarismos de pronunciación’. Además, une los barbarismos de escritura, de habla, de sonido y de tenores de Quintiliano, lo cual resulta en que distingue los mismos barbarismos para el habla como para la escritura. No incluye los barbarismos de ‘mala crianza’ que sí describía Quintiliano, y por lo tanto con Donato el barbarismo pierde esta vinculación con la sociolingüística. Además destaca el hecho de que incluye ‘tiempos’ en su descripción de los barbarismos, algo que no encontramos en Quintiliano . Sin embargo, no queda claro a lo que se refiere exactamente. Donato también define el solecismo y aquí asimismo encontramos formas que causan cierta confusión: Soloecismus est vitium in contextu partium orationis contra regulam artis grammaticae factum. Inter soloecismum et barbarismum hoc interest, quod soloecismus discrepantes aut inconsequentes in se dictiones habet, barbarismus autem in singulis verbis fit scriptis de solecismo vel pronuntiatis, quamquam multi errant, qui putant etiam in una parte orationis fieri soloecismum, si aut demonstrantes virum hanc dicamus, aut feminam hunc […] (Donato, ed. Keil 1961[1855-1880]:393) Esta explicación de la palabra ‘mastruga’ viene de la siguiente versión inglesa del Ars Maior de Donato: http://investigacioneshistoricaseuroasiaticas-ihea.com/files/Donatusarsmaior.pdf 5 Esta explicación de la palabra ‘cateia’ viene de la siguiente versión inglesa del Ars Maior de Donato: http://investigacioneshistoricaseuroasiaticas-ihea.com/files/Donatusarsmaior.pdf 6 Esta explicación de la palabra ‘magalia’ viene de la siguiente versión inglesa del Ars Maior de Donato: http://investigacioneshistoricaseuroasiaticas-ihea.com/files/Donatusarsmaior.pdf 7 22 [Solecismo es un vicio en una parte de la oración contra las reglas de la gramática. La diferencia entre solecismo y barbarismo es que solecismo contiene una discrepancia inconsecuente en las palabras, pero barbarismo ocurre en una sola palabra, aunque muchos cometen errores cuando piensan que solecismos se pueden cometer en una parte del habla, si bien señalamos a ‘esta’ hombre y decimos ‘este’ mujer […] ]. En esta cita de Donato se usa el pronombre demostrativo femenino (del acusativo) con un sustantivo masculino y el pronombre demostrativo masculino (del acusativo) con un sustantivo femenino (cf. Panhuis 2009:35). Por lo tanto, el solecismo se encuentra al nivel de la concordancia entre diferentes palabras. La palabra dictiones (plural de dictiō) que Donato usa aquí es desconcertante ya que significa ‘palabras’. Por lo que sigue se puede asumir sin embargo, que los solecismos no ocurren en una sola palabra, pero así no lo dice literalmente. Pone que el barbarismo se comete en una sola palabra (énfasis mío), implicando que para el solecismo no es así. El ejemplo de ‘esta hombre’ y ‘este mujer’ lo enfatiza aún más. También Donato explica que palabras como scala o scopa son barbarismos, ya que tratan de formas singulares que deben estar en plural (Donato, ed. Keil 1961[1855-1880]:393). Recuérdense que estos últimos ejemplos son exactamente los mismos que los que aportaba Quintiliano. La clasificación extensiva de Lausberg (en Ueding 1992: 962) de los diferentes solecismos que se distinguían en siglos anteriores, no se vuelve a encontrar en Donato. Donato sí hace constatar, tal como sus antecesores, que hay dos tipos de solecismo: uno cometido por accidentes, otro por medio de las partes del discurso. De ambos aporta un ejemplo: un solecismo en las partes del discurso es usar foris exeo en lugar de foras exeo (‘voy afuera’), o decir intro sum en lugar de intus sum (‘estoy dentro de’) (Donato, ed. Keil 1961[1855-1880]: 393). El solecismo en ambos ejemplos se encuentra en el hecho de que foris e intus son adverbios locativos que no indican movimiento. Es redundante decir que la combinación de un adverbio de movimiento con un verbo estático o un adverbio estático con un verbo de movimiento es errónea. Los ejemplos de solecismos de accidentes que incluye Donato se relacionan con el género y número. Marchand (online) explica por ejemplo que pars in frusta secant (algunos lo cortan en piezas) es un solecismo ya que pars requiere un verbo en singular y aquí se usa la tercera persona plural del presente de indicativo del verbo secare. Al igual que Quintiliano, también Donato explica que la diferencia entre barbarismo y solecismo a veces es difícil de determinar y aporta los mismos ejemplos que Quintiliano para subrayar la sutil separación de ambos conceptos (scala, scopa, etc.) (Donato, ed. Keil 1961[1855-1880]:393). 23 Se concluye que Donato copió mucho de Quintiliano, pero que también se perdió una parte de las definiciones empleadas en los siglos anteriores. Como veremos en el siguiente párrafo, Nebrija sí seguiría fielmente la herencia de Donato. 2.3 De barbarismos y solecismos: Nebrija Nebrija, en el editio prínceps de Introductiones Latinae, copia la sección de barbarismos y solecismos de Donato, a quien menciona explícitamente (Roldán Pérez 1994:93). La sección lleva el título Donati Barbarismus y las definiciones de barbarismos y solecismos en las Introducciones Latinae son exactamente iguales a las del Ars Maior de Donato. Como Monzón (2000:117) muestra en su estudio, la Gramática de la lengua castellana de Nebrija nunca tuvo influencia en la nomenclatura y el metalenguaje empleados por los frailes en la Nueva España, por lo que es muy probable que la obra nunca llegara a los territorios mexicanos. Por lo tanto, no se incluyen las definiciones de esta obra de Nebrija del año 1492 en este trabajo. Sin embargo, sí encontramos una explicación importante de los términos en la Gramática de la lengua castellana que revela algo sobre su etimología y, posiblemente, sobre cómo se definen los conceptos a finales del siglo XV. Nebrija pone que los barbarismos y los solecismos se producen en el habla de los “peregrinos que cometen algún vicio en la lengua castellana” (1989 [1492]:223). Explica además que: Barbarismo es vicio no tolerable en una parte de la oración, y llámase barbarismo porque los griegos llamaron bárbaros a todos los otros sacando a sí mismos, a cuya semejanza los latinos llamaron bárbaras a todas las otras naciones sacando a sí mismos y a los griegos (Nebrija 1989[1492]:223). [Solecismo viene] de Solos, ciudad de Cilicia, la cual pobló Solón, uno de los siete sabios, que dio las leyes a los de Atenas, con los cuales, mezclándose otras naciones peregrinas, comenzaron a corromper la lengua griega, y de allí se llamó solecismo aquella corrupción de la lengua que se comete en la juntura de las partes de la oración (Nebrija 1989[1492]: 224). Estas explicaciones etimológicas muestran que, en la definición de Nebrija a finales del siglo XV, los barbarismos y solecismos están estrechamente vinculados con la transferencia lingüística. Esta relación con la transferencia lingüística ya la encontramos, como expuesta en los dos primeros párrafos de este capítulo, en Aristóteles y después en Quintiliano y Donato. Sin embargo, como también se ha mostrado, los conceptos asimismo se aplican a errores cometidos por hablantes nativos, lo cual sugiere que el significado de los conceptos se ha extendido por el tiempo. Esta extensión debe de haber estado presente 24 en tiempos de Aristóteles ya, porque, como se ha mostrado, él tampoco usa la transferencia lingüística como sinónimo absoluto de barbarismo o solecismo. Las definiciones del destacado lexicógrafo Covarrubias Horozco no revelan nada sobre la relación con la transferencia lingüística: [Un barbarismo es] el uso de alguna dicción o escrita o pronunciada contra las reglas y leyes del bueno y casto lenguage, comunmente recebido; y en esta acepción llamamos bárbaros a los que escriven o hablan la lengua latina grosseramente, careciendo de las buenas letras (1996[1611]:291). [Un solecismo es] una composición de oración desvaratada, cuyas partes no convienen entre sí (1996[1611]:1447). Aunque las definiciones de barbarismos y solecismo, y las diferentes maneras de cometer estos errores, difieren en las obras de cada uno de los autores, todos sí mencionan la posibilidad de transferencia lingüística, algo que Covarrubias no toma en consideración. Lo que sí concuerda con las palabras de Covarrubias, es el hecho de que los barbarismos y solecismos violan las reglas de hēllenismós (la norma lingüística griega) o latinitas (la norma lingüística latina). Esto también fue el caso para el término idiotismo en la Antigüedad. Sin embargo, como se explicará después, el concepto ‘idiotismo’ y la percepción del buen uso de lenguaje fueron sometidos a un cambio importante en la Edad Media. 2.4 De idiotismos: los clásicos Al igual que los barbarismos y solecismos, el concepto ‘idiotismo’ se remonta a tiempos clásicos. En la Antigüedad fue sumamente importante evitar el uso de lenguaje ordinario, cotidiano - y por lo tanto de poco prestigio - en la poesía. El término ‘idiotismo’ tiene su etimología en esta percepción. En la Antigua Grecia, tó idiōtikón, se refería al lenguaje cotidiano que se consideraba como lenguaje bajo el nivel de la norma estilística (Ueding 1992: 169). Ueding hace destacar que también los clásicos romanos consideraban los idiotismos como vicios intolerables contra el latinitas o el sermo purus (‘habla puro’) (1992: 169). La diferencia con los barbarismos y solecismos en la época greco-latina se encuentra por lo tanto en que los idiotismos tenían una relación con los diferentes registros, mientras que los barbarismos y solecismos o estaban vinculados a los diferentes dialectos o lenguas, o eran cometidos por toda clase de gente, 25 independientes de los registros. Además, la vinculación de la cita de Ueding aquí arriba con las definiciones de barbarismos y solecismos expuestos en los párrafos anteriores, deja claro que los barbarismos y solecismos se consideraban errores absolutos contra el latinitas, donde los idiotismos eran aceptados en ciertos registros (bajos) pero simplemente no en el uso literario. No obstante, la prueba de que los idiotismos no siempre fueron rechazados en el lenguaje literario, la encontramos en diferentes obras. Según Ferri & Probert (2010:31), el término ‘idiotismo’ se encuentra sobre todo en comentarios a textos cómicos, para referirse a una expresión coloquial familiar, como en un texto de Séneca el Viejo (s. I a.C.): Hispo Romanius bello idiotismo usus est: dixerunt, inquit, amici: eamus ad raptae patrem, hoc curemus; illud domi est. (Séneca 2.3.21 en Ferri & Probert 2010:32) [Hispo Romanius usó un buen idiotismo. Mi amigo dijo ‘vamos al padre de la víctima, nos encargamos de esto, está en casa’] La expresión illud domi est pertenece a un registro social popular, y se supone que Séneca la aprobó porque cabe en el contexto del discurso: el lenguaje corresponde con el tipo del personaje que lo emplea (Fairweather 1981:194). En otras palabras, el lenguaje es adecuado o apto para el personaje, lo cual también se indica con el término ‘decoro’ en la retórica. Esto muestra que, aunque en general los clásicos rechazaban el uso de lenguaje cotidiano por no cumplir con la norma del culto lenguaje (literario), aparentemente sí fue aprobado a veces y hasta fue considerado oportuno. Es importante recordar que, aunque en este ejemplo el idiotismo corresponde a un registro social popular, los idiotismos no pertenecían necesariamente a la clase baja, sino que solamente no cumplían la norma literaria por ser cotidianos. Lo mismo es el caso en la obra de Quintiliano, que aparece dos siglos más tarde. En su Institutio Oratoria, el romano, hablando de elocutio, enfatiza que los autores elegantes sí podían usar los idiotismos y que a veces los idiotismos daban cierta elegancia a los textos: An cum dicit in Pisonem Cicero "cum tibi tota cognatio serraco advehatur", incidisse videtur in sordidum nomen, non eo contemptum hominis quem destructum volebat auxisse? XXII. Et alibi: "caput opponis cum eo coruscans". Vnde interim grati idiotismi [de quo], qualis est ille apud M. Tullium: "pusio qui cum maiore sorore cubitabat" […] (Quintiliano 1920[s.a.]:222). 26 [Cuando dijo Cicerón contra Pisón: “Siendo conducida toda tu parentela en una carreta”, ninguno le tachará de expresión baja aquella palabra, pues cede en mayor desprecio de Pisón contra quien se dijo. Ya que una frase coloquial a veces da elegancia deseada, como es el caso en “pusio qui cum maiore sorore cubitabat” de M. Tulio […]] (Traducción parafrástica mía). Estas citas, y sobre todo la de Quintiliano que muestra claramente la valoración de una expresión del registro popular, refutan el planteamiento de que los idiotismos no podían aparecer en textos literarios. Desde este punto de visto, vale la misma relatividad para el concepto ‘idiotismo’ que para ‘barbarismo’ y ‘solecismo’: cuando aparecen en cierto contexto, pueden contribuir al decoro. Sin embargo, donde el barbarismo y el solecismo tienen sus homólogos aceptados (respectivamente el metaplasmo y el schèma), los idiotismos no los tienen. En los siglos después de Quintiliano, el empleo de una mezcla de lenguaje de prestigio con lenguaje del registro bajo, o de lenguaje viejo con nuevo y de lenguaje poético con el cotidiano, se consideraría vicioso también (Ueding 1992: 169). En el siglo IV, se ven reflejadas estas normas rígidas en Diomedes, quien menciona el término, pero no califica el idiotismo como lenguaje que puede dar elegancia. Al contrario, enfatiza que se usa la construcción que denomina ‘idiotismo’ por falta de conocimiento y confronta una manera más culta para decir lo mismo: [hanc] speciem [i.e. relativa, for ‘modal attraction’, or simply ‘subordination’] in consuetudine parum multi observant inperitia lapsi, cum dicunt nescio quid facis, nescio quid fecisti. eruditius enim dicetur nescio quid facias, nescio quid feceris. quo more et Cicero loquitur pro Sexto Roscio […], ‘credo ego vos, iudices, mirari quid sit quod, cum tot summi oratores hominesque nobilissimi sedeant, ego potissimum surrexerim’; non dixit credo vos mirari quid sit quod surrexi, quod est idiotismos (Diomedes s.a.: 1.395.15 en Ferri & Probert 2010:31; énfasis mío). [Many people adopt this construction [i.e. the use of the subjunctive in the relativa species] little or not at all in current usage, for lack of knowledge, so that they say nescio quid facis, nescio quid fecisti. A more educated way to say this will be nescio quid facias, nescio quid feceris. So Cicero speaks in Pro Sexto Roscio: credo ego vos, iudices, mirari quid sit quod, cum tot summi oratores hominesque nobilissimi sedeant,ego potissimum surrexerim; he did not say credo vos mirari quid sit quod surrexi, which is an idiotism] (Traducción de Ferri & Probert 2010:31; énfasis mío). 27 Diomedes se refiere aquí a una regla importante en latín en cuanto a las cláusulas subordinadas: The relative clause also stands in the subjunctive if it occurs in an indirect speech […]. The subjunctive is also used by modal attraction in relative clauses that depend on infinitives and subjunctives and form an integral part of the thought (Panhuis 2009:176). En otras palabras, el uso del indicativo en el habla indirecta en estas cláusulas relativas no sólo es ‘poco culto’ sino que, según las reglas gramaticales del latín, es incorrecto. Por lo tanto, Diomedes usa el término para una forma de expresarse que es errónea. No hay indicaciones de que sea un error relativo que, desde el punto de vista de la norma gramatical, sí fuera aceptado en ciertos contextos. Este párrafo ha aclarado la procedencia del término ‘idiotismo’ y ha demostrado la normatividad de los clásicos en cuanto al uso de ellos. No obstante, también ha evidenciado que los autores clásicos no siempre tenían la misma opinión en cuanto a su posible elegancia. Séneca el Viejo y Quintiliano muestran una actitud positiva ante el empleo de ciertos idiotismos en la literatura. Diomedes al contrario, rechaza el idiotismo y además aporta un ejemplo del concepto de un error absoluto en latín. Como veremos después, Donato emplea el término idiotismo con el significado de ‘fenómeno coloquial’, pero incluye otros elementos que Quintiliano. 2.5 De idiotismos: Donato Ferri & Probert (2010: 33) subrayan que el idiotismo tal como lo usa Donato comprende más que el ‘idiotismo quintiliano’. Si Quintiliano emplea el término ‘idiotismo’ para referirse a formas lexicales de un registro bajo8 y a neologismos coloquiales, Donato además incluye elementos pragmáticos y enfáticos como el uso de nombres propios para suavizar un anuncio (Ferri & Probert 2010:33). Los ejemplos de idiotismos que Donato encontró al comentar la obra de Terencio (s.II a.C.), son el uso de se duxit foras para decir abiit (‘se fue’), una forma que se encuentra sobre todo en registros más informales (Ferri & Probert 2010:33-4). Es interesante que los autores enfatizan que se duxit es un idiotismo que también encontramos en otras obras y que es una traducción literal del griego coloquial ϋπαγε (Ferri & Probert 2010:33-4). Donato también incluye el empleo de expresiones 8 Es importante recordar que ‘bajo’ se refiere a ‘bajo la norma estilística’ y no necesariamente a ‘perteneciente a la clasa baja’. Aunque los dos significados pueden traslaparse, no es preciso que sea así. 28 metafóricas que están relacionadas con el lenguaje cotidiano y elementos enfáticos como el uso de nombres propios para suavizar ruegos (Ferri & Probert 2010: 33). A pesar de que Donato incluye más fenómenos que considera idiotismos que Quintiliano, los elementos pragmáticos y enfáticos no necesariamente exceden los límites del registro coloquial. También el ejemplo de la traducción del griego cabe dentro de las líneas demarcadoras del registro coloquial. Por lo tanto, con Donato el término sigue significando, en principio, lo mismo que antes, aunque ahora también comprende una traducción literal de otro idioma. Sin embargo, Donato no se expresa explícitamente sobre un uso subestándar de la lengua que no cumpla las normas de la literatura. Además, como muestra el siguiente ejemplo, a veces es difícil determinar si los idiotismos son idiosincrasias gramaticalmente correctas o incorrectas, como ilustra el ejemplo que describen Ferri & Probert sobre el uso del adverbio facio: Some instances of this adverb seem employed to mark more decidedly substandard usage, though Donatus is not explicit on this point, as he is predictably reluctant to identify incorrect Latin in a school author such as Terence […]. Donatus clearly has a notion that slaves and free men use or ought to use different vocabulary and phraseology, and that badly educated people make mistakes, but comments about idiotisms apply indifferently to all classes of characters involved: all notion of sociolect is lost (2010:35). Así que Ferri & Probert ponen aquí que los comentarios de Donato en cuanto a los idiotismos, no se limitan a ciertos sociolectos, pero que más bien se trata de variación lingüística al nivel individual, o sea de idiolectos. Además enfatizan que no está cierto si se refiere a una forma correcta o incorrecta. Como veremos en el siguiente párrafo, en la Edad Media las ideas sobre los vicios contra el latinitas cambian drásticamente y con ello, el significado de la palabra ‘idiotismo’. 29 2.6 De idiotismos: Edad Media y Renacimiento Se observa que, en el Renacimiento, el término idiotismo ha perdido completamente esta noción de idiolecto que vimos con Donato, y que el idiotismo define más bien ‘el habla de un grupo o una nación’: Idiotismo es nombre griego […] idiotismus loquendi è vulgo sumptum. Son ciertas frasis y modos de hablar particulares a la lengua de cada nación, que trasladados en otra, no tienen tanta gracia, como hebraísmos los que son de la lengua hebrea y déstos tenemos no pocos en la lengua castellana. Helenismos, los pertenecientes a la lengua griega, y aún ella dividida en atecismos, aeolismos, dorismos, etc. Como también nuestra lengua castellana, los tiene, entre los castellanos, andaluzes y otros, que hablando una mesma lengua se diferencian y se conocen en los modos de dezir y en la pronunciacion y en vocablos particulares. Como también se devieron de diferenciar entre los judios, aunque hablaban una mesma lengua, y por esta particularidad que fue conocido san Pedro de los ministros del Pontifice y así le dixeron […], notando que era Galileo (Covarrubias Horozco 1996[1611]:1085). En otras palabras, los idiotismos se han convertido en primer lugar en elegancias que forman problemas de traducción y ya no es importante si cumplen las normas gramaticales de cierta lengua. Idiotismos no son necesariamente idiosincrasias de ciertas lenguas, sino también pueden ser de variedades de idiomas. En esta definición de Covarrubias no se vuelve a encontrar el ‘aspecto vicioso’, pero el lexicógrafo sí menciona la relación con un lenguaje coloquial que los idiotismos tienen: idiotismus loquendi è vulgo sumptum [idiotismos tomados de la lengua vulgar] (Covarrubias Horozco 1996[1611]:1085). Esto revela que originalmente eran formas pertenecientes al lenguaje coloquial, pero que ahora se las consideran elegancias. La explicación de este cambio importante de la valoración de los idiotismos se puede encontrar en la Edad Media y en la relación que la lengua iba a tener con los fines religiosos. Cuando a principios de la Edad Media, las misiones cristianas se hacían importantes, la lengua se volvía en un instrumento importante para la conversión. Desde el siglo IV, la norma de una lengua pura y culta ya no fue tan estricta como en los siglos anteriores, sino que cambió en algo que dependía del grupo de personas a quien se dirigiera para difundir ‘la palabra de Dios’ Así cambió poco a poco la norma de la retórica clásica y nació una norma más amplia y más dependiente de las circunstancias en que se empleara el lenguaje. Lo que en tiempos clásicos se consideraba ‘vicios’, ahora se aceptó, hasta en la poesía (Ueding 1992:170). En la Edad Media tardía, se originó otra norma poética (con la aparición de la 30 poetria nova9) y con el cuarto Concilio de Letrán10 (1215), se admitió oficialmente el uso de las lenguas vernáculas en la iglesia, lo cual también facilitó el aprecio de la variación lingüística (Ueding 1992:170). Evidentemente, en los siglos XV y XVI, con la composición de las gramáticas de lenguas vernáculas y el afán de mostrar la elegancia de ellas, esta tendencia se fortalecería aún más. El estudio renacentista de los documentos e idiomas clásicos resultó en la conciencia de que todos los idiomas tenían la posibilidad de ser bonitos y apropiados para fines elegantes como la literatura. Esto cambió el significado del concepto ‘idiotismo’, que ahora también podía ser interpretado como una característica de una lengua y ya no tanto como un fallo que viola el lenguaje puro y elegante (Ueding 1992:170). La cita de Covarrubias revela que no sólo ‘se neutraliza’ el significado del término ‘idiotismo’, sino que se convierte en algo positivo: una idiosincrasia de cierto idioma o dialecto que tiene gracia. Aunque Nebrija no menciona el concepto ‘idiotismo’, las definiciones de Covarrubias - y los fundamentos que causaron el cambio drástico del concepto - son indicativos para el Zeitgeist del Renacimiento. En el siguiente párrafo estudiaremos unos términos más que son relevantes y que están vinculados al idiotismo. 2.7 De otros “-ismos”: el lenguaje normativo y sus desviaciones Como hemos visto en su definición del concepto idiotismo en el párrafo anterior, Covarrubias menciona entre otros que el helenismo y el atecismo se clasifican como tipos de idiotismos. Aunque no hay ningún lexema para ambos términos en su Tesoro de la lengua castellana o española, encontramos los orígenes de estas palabras en las obras clásicas. En la Antigua Grecia el hēllenismós era sinónimo para el lenguaje puro y normativo. El empleo de un lenguaje correcto fue una de las cuatro virtudes que los clásicos distinguían en la retórica, como se ha expuesto en capítulos anteriores de este trabajo. Sin embargo, ya en tiempos clásicos se luchaba sobre qué estilo de lenguaje era el más puro y correcto. En medio de tal debate sobre el elocutio apropiado, nacieron los términos ‘asianismo’ y ‘atecismo’. En tiempos clásicos, y con el momento culminante en el primer siglo a.C., estalló una polémica entre los asianistas y los atecistas. 9 Un poema extenso sobre el arte poético, compuesto a principios del siglo XIII El IV Concilio de Letrán, convocado por el Papa Inocencio III, fue uno de los más importantes de los concilios medievales. Los concilios fueron un tipo de reuniones de obispos en que se determinó la política religiosa a seguir. 10 31 Si los asianistas - llamados así por las coincidencias con el estilo retórico asiático - preferían el ornato y la abundancia en el discurso, los atecistas abogaban por un estilo menos adornado, más humilde y más ‘puro’ (Wortington 2010:154). Wortington lanza la hipótesis de que la lucha estilística fuese el resultado del afán de indicar lo que era ‘el griego real y puro’ incitado por la expansión del territorio griego (2010:155). Sin embargo, poco se sabe sobre los verdaderos orígenes de los términos por lo que nos limitamos a constatar que según Ueding (1992:1281), los asianismos y aticismos también se consideraban barbarolexis, en el sentido estricto de la palabra. O sea que, a pesar de ser reconocidos por ciertos autores como el estilo apropiado, puro o elegante, al mismo tiempo indicaban palabras que desviaban de la norma helenística, pero que eran aceptadas en otras regiones. Esto revela que tampoco los barbarolexis siempre se rechazaron, lo cual matiza la desaprobación de los barbarolexis que hemos visto en los primeros párrafos de este capítulo. En los primeros siglos después de Cristo, con los romanos, el concepto latinitas tuvo la importancia que antes tenía su homólogo hēllenismós con los griegos. Como se ha mostrado, cualquier palabra procedente de otra lengua u otro dialecto, fue considerada un vicio intolerable contra el latinitas. Sin embargo, los romanos hicieron una excepción generalmente aceptada para palabras procedentes del griego: Die Rhetorik der römischen Antike räumt der griechischen Sprache eine Sonderenstellung ein. Im Gegensatz zu sonstigem nichtlateinischem Wortgut, stellen die “verba Graeca” eine erlaubte Abweichung von der Latinitas dar, da sie als Lehnwörter Träger der geistigen Kultur sind (Ueding 1992:1189). Esta definición de Ueding sugiere que los verba Graeca se limitaban a préstamos griegos al nivel léxico. Algunos gramáticos clásicos importantes sin embargo, trataron construcciones griegas en la lengua latina en sus libros lingüísticos. Prisciano, por ejemplo, aunque no usó la denominación ‘helenismos’ o ‘verba Graeca’ para estas formas, explicó la relación entre figuras griegas y latinas en su obra Institutiones Grammaticae (Prisciano 1961[s.a.]:349). El romano incorpora estas construcciones en la sección de las figuras retóricas, lo cual muestra que no solo las palabras griegas sino también las construcciones sintácticas griegas gozaban del ‘estatus especial’ de ‘vicio permitido’ o hasta de ‘elegancia’. Los gramáticos del siglo XV y XVI, que como se sabe seguían las huellas de los clásicos, tomaron construcciones griegas y las trataron bajo el nombre ‘helenismos’ en sus obras. Aunque Nebrija no incorporó estos helenismos, sí los incluyeron importantes renacentistas, como el clasicista francés 32 Guillermo Budé (1467-1540) o el humanista inglés Tomás Linacro (c 1460-1524) , y, más tarde, los gramáticos Francisco Sánchez de las Brozas (“El Brocense”, 1523-1600) y Manuel Álvares (15261582). Tal como Prisciano, trataron los helenismos como las figuras retóricas y no como solecismos (Gómez 2000:199). Mientras tanto, a finales de la Edad Media y a principios del Renacimiento, las lenguas vernáculas se hacían más importantes y, por el contacto con el latín (que seguía desempeñando un papel importante), se introduce el término ‘latinismo’. Este término se refiere a una manera se expresarse que está influida por la lengua latina (Ueding 1992:38). La definición de Ueding no revela un significado parecido a él de verba Graeca, sino que designa un término neutral de transferencia lingüística. Ueding enfatiza que, desde el punto de vista estricto de la retórica, el latinismo incluso es un vicio ya que se emplea el latinismo en el sistema verbal de otro idioma, por lo que algunos autores lo tratan como ‘barbarismo’ o como elemento de un idioma extranjero (Ueding 1992:38). En otras palabras, el latinismo es un término neutral o despectivo y está concebido como barbarismo o barbarolexis. No equivale al verbum Graecum o helenismo, dos conceptos que se refieren a palabras o construcciones de la lengua griega y que llevaban un significado más positivo. En este capítulo se ha estudiado el desarrollo de los conceptos barbarismo, solecismo, idiotismo, verba Graeca, atecismo, asianismo y latinismo. En la conclusión se vuelve a estos conceptos y se compararán las definiciones y temas tratados en diferentes épocas con los temas y definiciones que los misioneros dan en sus párrafos para los mexicanismos y modos de hablar. 33 3. Los mexicanismos y maneras de hablar Cada de los cuatro misioneros que se estudian en esta tesina da una breve descripción del término ‘mexicanismo’ o ‘maneras/modos de hablar’. El primer misionero que estudiamos, desde el punto de vista cronológico, es Andrés de Olmos, quien describe sus maneras de hablar comunes de la siguiente manera: Cosa prolixa seria poner todas las oraciones en las quales discrepa nuestro romance de la manera de dezir de esta lengua: quiero dezir que lo indio no corresponde al castellano. Pondremos algunas que son comunes, y poner se han por la orden de los adverbios principales que en tales oraciones se ponen. Para mejor se halla la oracion que queremos convertir en la lengua. Despues pondremos algunos otros romances extravagantes y destos que aquí se pusieren, ansi de los unos como de los otros, podremos tomar tino por ellos hazer oraciones semejantes (1547: f 171). Olmos subraya que da una selección de construcciones en las que el náhuatl difiere de la lengua castellana. Además enfatiza que las oraciones sirven de ejemplos para hacer oraciones semejantes, ‘tomando tino’ o sea teniendo en cuenta las reglas específicas de la lengua y teniendo cuidado antes de traducir. Como veremos después, la diferencia del uso de modos y tiempos en oraciones subordinadas desempeña un papel esencial en esta parte de la gramática de Olmos. En Los mexicanismos que son algunas maneras de hablar propias de esta lengua, Antonio del Rincón también hace resaltar que es imposible explicar todos los modos de hablar: No es mi intento en este capítulo ponerme a declarar todos los modos de hablar, o frases de esta lengua, porque ni es de este lugar donde solo se trata del arte de la gramatica; ni tampoco se puede hacer brevemente por ser cosa muy larga e inmensa, sino solamente pondre aquí algunos modos de hablar que son propios idiotismos de esta lengua aunque por otra parte parecen cosas contra las reglas de las concordancias de la gramatica (2005[1595]:f60). Es interesante que ponga aquí que esta parte se trata sólo del arte de la gramática. Implica que esta sección de la gramática está bien delimitada, y que Rincón no la deja para describir cualquier tema que no quepa en otras partes de la gramática. Pone además que considera las construcciones ‘idiotismos’, pero que parecen ser construcciones agramaticales. Implica por lo tanto que idiotismos no son agramaticales, lo cual coincide con la definición renacentista que hemos visto en la introducción. Según esta definición de Covarrubias, idiotismos se refieren a idiosincrasias de una 34 lengua. El hecho de que Rincón se los designe como construcciones que parecen (mi énfasis) estar contra las reglas de concordancias de la gramática, revela su consciencia de una perspectiva europea pero al mismo tiempo muestra que tampoco lanza ningún juicio sobre si son correctas o no, ya que no dice que son agramaticales. El misionero italiano Horacio Carochi plantea más o menos lo mismo, poniendo en sus Mexicanismos o maneras de hablar propias de esta lengua que las maneras de hablar parecen duras y agramaticales: La lengua mexicana diffiere de las demás, no solo en las palabras, sino tambien en la colocacion dellas y en las maneras de hablar, que son muy diversas y tan frequentes, que no se pueden reducir a reglas sino que es menester oir hablar a los indios, o leer cosas que escribieron ellos, o personas que se criaron entre ellos. En este capitulo pondre solamente algunos modos de hablar propios desta lengua y de construccion al parecer dura y no conforme a las reglas de la gramatica (1645: f85v). También Ignacio Guzmán Vetancurt subraya la aparente agramaticalidad: Diversos mexicanismos ay, que no se pueden reducir a regla, como tambien suele acontecer en la latina. Parecen ser contra las reglas, y son para significar, según el tiempo que notan, o numero que tienen la significacion que encierran (1673:f44r). El caso de Vetancurt es excepcional, ya que en todos los ejemplos los de modos de hablar que aporta, no solo se limita a dar una explicación en castellano, sino también da una traducción en latín y a veces hasta una traducción latina literal de cómo se diría la misma cosa en hebreo. Pone así mucho énfasis en las similitudes entre la lengua hebrea y el náhuatl, lo cual también se refleja en las palabras que eligió para concluir la sección: Otras muchas locuciones ay, que por ser frazes, que no pueden reducirse a numero succinto, las dexo y basten aquestas por ejemplo, y prueva de la coneccion de la Mexicana con la Hebrea, y como de muchos autores con el Padre Fray Juan Bautista Ciceron de la lengua Mexicana usaron de estas, y de otras semejantes frazes por elegancia (Vetancurt 1673:f44v). Vetancurt revela aquí que los mexicanismos no tan sólo son fenómenos lingüísticos difíciles o aberrantes como ponen los otros tres misioneros, sino que son valorados hasta el punto de denominarlos elegantes, algo que ya hizo Carochi unas dos décadas antes: 35 Por estos exemplos, se entenderan otros modos de hablar semejantes, que en castellano parecen, y son disparates, y en la lengua Mexicanan son muy propios y elegantes (Carochi 1645: f 85v). Las citas de los misioneros expuestas en este capítulo muestran que en la sección de los mexicanismos o maneras de hablar, los frailes generalmente describían temas que: 1) para ellos (mi énfasis) no concordaban con las reglas de la gramática. Vista su perspectiva latina y/o castellana, son construcciones que no son iguales a la gramática de las lenguas que conocían, y que: 2) parecen cosas contra las reglas de la gramática. Rincón y Vetancurt enfatizan que no lo son, pero Carochi hace constatar que, vistas desde la perspectiva castellana, sí son disparates. 3) eran difíciles de encajar en reglas fijas. Sin embargo, la cita de Rincón indica que tampoco fue la sección donde describieron cualquier tema que no cupiese en otra parte de la gramática. Antes que nada, los misioneros enfatizan que los modos de hablar son construcciones lingüísticas que no sólo no concuerdan con ‘la gramática’, sino que forman expresiones, combinaciones o construcciones comunes y elegantes en náhuatl. Esta descripción coincide en primer lugar con la definición renacentista de ‘idiotismo’ que se expuso en el segundo capítulo de esta tesina. El hecho de que sean comunes concuerda con el origen coloquial de los idiotismos, mientras que la elegancia concuerda más con el valor que obtienen los idiotismos en el renacimiento. En el próximo capítulo se hará un análisis más profundo de los fenómenos lingüísticos descritos por los misioneros en las secciones dedicadas a los mexicanismos y modos de hablar. 36 4 Los Modos y Tiempos Verbales 4.1 Presente de indicativo por pretérito de subjuntivo castellano En la parte en la que describen los mexicanismos o maneras de hablar, todos los misioneros dedican uno o más párrafos a la explicación y/o traducción de los modos y tiempos verbales. Destaca la semejanza con Diomedes, quien aportó como ejemplo de idiotismo el hecho de que el uso del indicativo en el estilo indirecto en cláusulas subordinadas es erróneo en latín. En casi todas las oraciones que incluyen los misioneros, se trata también de oraciones subordinadas. En primer lugar, los misioneros avisan que la lengua mexicana difiere del castellano en el uso del subjuntivo. Esto se explica parcialmente por el hecho de que en náhuatl el subjuntivo (optativo) no tiene completamente la misma función que en castellano. El náhuatl se caracteriza básicamente por tres modos: el indicativo (para reportar hechos), el optativo/imperativo (para expresar deseos/órdenes) y el admonitivo (para amonestar) (Andrews 2003:54; Launey 2011:78). El modo optativo puede desempeñar el papel de imperativo, pero también se traslapa en gran parte con el modo subjuntivo. Antes de analizar las desviaciones, es importante recordar que los tiempos gramaticales que existen en náhuatl, son presente, pasado y futuro. Para el indicativo existen cuatro tiempos en el aspecto imperfectivo: presente, “presente habitual”11, imperfecto y futuro. El presente, el imperfecto y el futuro desempeñan básicamente los mismos papeles que en castellano y el “presente habitual” indica repetición o costumbre en el presente. En el aspecto perfectivo el náhuatl hace uso de, por un lado, un pasado remoto (“distant-paste”) y, por otro lado, un pretérito (Andrews 2003:55). El pretérito es equivalente al pretérito castellano. El pasado remoto sin embargo, no se encuentra en castellano y expresa una acción en el pasado de la cual los resultados ya se han deshecho (Launey 2011:222). Con el modo optativo sólo se usan dos tiempos en el aspecto imperfectivo: el pasado y el “no pasado” (“non-past”) (Andrews 2003:55). Con el modo admonitivo el uso está limitado al “no pasado” (“non-past”) en el aspecto perfectivo (Andrews 2003:55). Tres de los cuatro frailes mencionan el hecho de que en ciertas construcciones donde en castellano se espera un pretérito del subjuntivo, en náhuatl se usa un presente de indicativo. Este es el caso para construcciones que, visto desde un punto del pasado, se refieren al futuro, como en oraciones subordinadas con ‘antes que’: 11 Estrictamente visto, el presente habitual, aunque indicado por Andrews como “customary present” (Andrews 2003:55), no es un tiempo, sino una modalidad. Se trata de una forma compuesta de una base más –ni, que significa que el agente realiza la acción del verbo (en general), sin dar ninguna información sobre si la acción se ha realizado en un momento específico. Una de las posibles traducciones es la de repetición o costumbre (Launey 2011:161). 37 Nota lo primero que a veces suelen poner unos tiempos por otros, v.g. presente de indicativo en lugar del pretérito de subjuntivo, v.g. para dezir antes que el mundo començase ya era nuestro señor Dios, dizen in ayamo tzinti cemanauac yeppa moyetzticatca in totecuio, lo cual si se volviese a la letra se había de dezir desta manera antes que el mundo comienza, ya es Dios nuestro señor (Rincón 2005[1595]: f61v). Un análisis de la oración sin embargo, muestra que solo la primera parte de la traducción de Rincón está adecuada: In ayàmo Ø-tzin-ti - Ø- Ø in Cuando todavía no 3SG-empezar base-verbalizada-PRES-SG DET cemanahuac yeppa moyetzti- Ø-ca-tca- Ø mundo hace mucho tiempo HON 3ª PERS-estar-IMP-SG . in to-tecuio Dios DET nuestro-Señor Dios En la primera parte de la oración (In ayàmo tzinti in cemanahuac), el misionero jesuita describe una construcción fija en náhuatl para expresar anterioridad. In ayamo (literalmente ‘cuando todavía no’) se combina generalmente con presente de indicativo (Launey 2011: 366). Cuando después de in ayamo sigue un pretérito, esto quiere decir que el proceso que se ha iniciado aún no se ha terminado: The Nahuatl preterite differs in some details of usage from the past tenses of English. One of these differences concerns the translation of ‘not yet’(ayamo). In situations where English says ’I havent’t eaten yet’, Nahuatl uses the present tense: ayamo nitlacua. Nahuatl indicates in this way that the action of ‘eating’ has not yet been put into operation. The use of the preterit with ayamo (ayamo ōnitlacuȃ) indicates that the operation has not yet been brought to completion, which is translated as ‘I have not finished eating yet’. In effect, one might think of this idiom as saying ‘it cannot yet be said that I have eaten’(because I am still eating). 38 Naturally, ayamo is used with the present in the great majority of instances (Launey 2011:74). La primera parte de la oración de Rincón es, por lo tanto, correcta y lógica, tomando en cuenta lo que explica Launey. Sin embargo, en la segunda parte, Rincón traduce ‘es’ con moyetzticatca, una forma compuesta del honorífico moyetzti y catca12. Catca puede indicar tanto la tercera persona del pretérito como del imperfecto de indicativo, pero de ninguna manera puede ser traducida con el presente de indicativo ‘es’ (cf. Launey 2011: 75; 84). En la parte de la gramática donde Rincón describe el paradigma del verbo irregular cȃ, no comete este error. En este paradigma sólo incluye la primera (nica) y la segunda persona singular (tica)13 del presente de indicativo del verbo cȃ, pero estas dos formas son correctas y no muestran ninguna huella del error de traducción que se ha visto en el ejemplo aquí arriba (cf. Rincón 2005[1595]: f25r). También la forma del pretérito de indicativo es correcta en el paradigma de Rincón “nicatca, ticatca”; aunque de nuevo solo traduce la primera y segunda persona (Rincón 2005[1595]: f25r). A pesar de que la traducción de Rincón en sí no sea correcta, intenta abordar la importancia de una construcción fija en náhuatl. En combinación con el presente de indicativo, yeppa indica cuanto tiempo un proceso ya está tardando, o sea un durativo. Si el objetivo es expresar desde hace cuando tuvo lugar, es necesario usar un pasado: The present indicates how long the process has been going on, and the preterite (or the imperfect, counterfactual or transitory preterite) how long ago it happened (Launey 2011:368). En otras palabras, hay una diferencia importante entre el uso del presente y del pasado en combinación con yēppa. Este uso es justamente al revés que el uso de tiempos con in ayamo, que vimos en la primera parte de la frase. Rincón comete un error de traducción, pero el hecho de que ponga que hay que usar un presente es lógico, ya que en su ejemplo intenta decir que todavía está tardando el proceso (la existencia de Dios) y que ya estaba en curso desde hace tiempo cuando se formó el mundo. Carochi aporta exactamente el mismo ejemplo que Rincón, pero sí traduce ‘es’ correctamente con la tercera persona del presente ca en moyetztica: 12 En general los honoríficos se combinan con la forma aplicativa o causativa de un verbo. Sin embargo, el verbo câ carece de aplicativo y causativo. En el caso de câ se usa por lo tanto una forma compuesta de moyetzti+câ. El último elemento câ se conjuga igual a cuando câ aparece solo (Launey 2011:215). 13 Para expresar ‘estar’ se usa el verbo câ como verbo locativo en náhuatl y enconces es obligatorio incluir los prefijos de sujeto ni, ti, etc. 39 Nota lo primero, que suelen usar unos tiempos por otros, v.g. In ayamo pehua, in ayamo tzinti izcemanàhuatl in tlaticpactli, yeppa moyetzyica in Totecuiyo Dios. Antes que el mundo empeçasse, ya era Dios Nuestro Señor; lo qual buelto a la letra dize antes que el mundo comiença ya es Dios (Carochi 1645: f85v.). Si analizamos su ejemplo, llegamos además a la conclusión de que no sólo da dos diferentes opciones para traducir ‘empieza’, sino que también añade ‘en la tierra’ a su traducción al náhuatl: In ayamo Ø-pehua-Ø-Ø , Cuando todavía no 3ª PERS-empezar-PRES-SG, in ayamo cuando todavía no Ø-tzin-ti-Ø-Ø 3ª PERSempezar-verbalizada-PRES-SG Iz-cemanàhuatl in Aquí-mundo DET Ø-tlaticpac-tli, mundo-ABS yeppa hace mucho tiempo moyetzi Ø-câ14- Ø-Ø in to-tecuiyo Dios. HON 3SG-estar/ser-PRES-SG DET nuestro-Señor Dios. Este análisis muestra que Carochi opta por la forma câ para traducir ‘es’, lo cual corresponde con el paradigma que incluye en otra sección de su gramática: El primer verbo irregular sea el que significa ser y estar, y corresponde al latín sum, es, fui.[…] (Carochi 1645:f36v). 14 En general los honoríficos se combinan con la forma aplicativa o causativa de un verbo. Sin embargo, el verbo câ carece de aplicativo y causativo. En el caso de câ se usa por lo tanto una forma compuesta de moyetzti+câ. El último elemento câ se conjuga igual a cuando câ aparece solo (Launey 2011:215). 40 Presente de indicativo, yo estoy (Carochi 1645: f36v). nicâ, ticâ, câ. Plural: ticate, ancate, cate (Carochi 1645:f37r). Pretérito: nicatca, ticatca, catca, ticata, ancata, catca (Carochi 1645:f37r). El misionero explica además, en la sección de los mexicanismos, la razón por la que se opta por un presente de indicativo: Ponese aquí el presente moyetztica en lugar del imperfecto, porque este tiempo da a entender en esta lengua que abía la cosa de la que se habla y que ya no la ay […] (Carochi 1645:f85v). Carochi da una explicación poco matizada, ya que en general en náhuatl clásico el imperfecto cumplía la misma función que en las lenguas romances, como también confirma Launey (2011:83). Sin embargo, como hemos visto aquí arriba, en la construcción con yēppa el imperfectivo indica desde hace cuando tuvo lugar la acción, por lo que Carochi acierta cuando dice que es “cosa que ya no la ay” (Carochi 1645:f85v). Para poder aclarar la construcción con yēppa aún más, Carochi usa un segundo ejemplo: ¿Canin timoyetztica in axcan? ¿Dónde está V.m. ahora? Responde el otro: ca can ieoncan in yeppa nica, a la letra dirá en el mesmo lugar donde antes estoi: no dize nicatca, estaba, porque persevera en el mesmo lugar (Carochi 1645: f.84v). Como se ha expuesto arriba, nicâ es la primera persona singular del presente de indicativo del verbo câ con el prefijo sujeto obligatorio ni para traducir correctamente ‘estoy’: Canin ti- moyetzti- Donde usted HON- Ø-ca -Ø-Ø in axcan 3ª PERS-estar/ser-PRES-SG DET ahora ca enfático (focalización) can - ye oncan in yeppa ni-ca-Ø-Ø 41 lugar ya allí DET hace mucho tiempo 1ª PERS SG-estar-PRES-SG La traducción de Vetancurt consiste en las mismas palabras que la de Rincón, pero Vetancurt sí traduce ‘está’ correctamente con moyetztica, al igual que Carochi. Además, Vetancurt hace uso de palabra cemanauatl donde Rincón usa el sinónimo cemanauac. Ambas palabras se traducen por ‘mundo’: Usa también la Mexicana unos tiempos por otros, v.g. el presente por el pretérito, como para dezir antes que el mundo empeçasse, ya era Dios Nuestro Señor, dize In ayàmo tzinti in Cemanahuatl yeppa moyetztica intotecuyo Dios, a la letra: antes que el mundo comienza ya es Dios (Vetancurt 1673: f44r). También Vetancurt afirma que el morfema –câ de moyetztica corresponde con presente de indicativo: Indicativo yo estoy. Nicà, vel nicatqui, ticà, vel ticatqui, ca, vel catqui, plur. ticàte, ancàte, cáte. Preterito: nicatca, ticatca, catca. Plur: ticatca, ancatca, catca […] (Vetancurt 1673: f8r). Por lo tanto, se concluye que el error de la traducción que comete Rincón, no será repetido por Carochi, ni por Vetancurt y que tampoco se encuentra este disparate en los paradigmas que incluyeron los misioneros en sus demás secciones. Ninguno de los tres explica el uso aberrante del presente de indicativo o del pretérito de subjuntivo en otra parte de la gramática que en la de los mexicanismos. Este ejemplo ha mostrado que cada uno de los tres misioneros hace una traducción ligeramente diferente del otro. Carochi es el que explica la construcción más concretamente y además incluye un segundo ejemplo para aclarar su explicación aún más. Sin embargo, en líneas generales se nota claramente que siguen el uno al otro, visto que aportan la misma frase para ilustrar la construcción analizada en este párrafo. 4.2 Futuro de indicativo por pretérito de subjuntivo castellano Un tema muy relacionado al uso del presente de indicativo en las construcciones temporales es el uso del futuro de indicativo cuando en castellano se usa un pretérito de subjuntivo. Carochi explica que la construcción temporal ‘antes que llegase’ se convierte en ‘después de llegará’ al traducirla al náhuatl: 42 En los siguientes se pone el futuro de indicativo por el pretérito de subjuntivo. Ocyuh huecauh huallazque in caxtilleca, in yecual quimomachiltiaya in Necahualpiltzimli ininhuallaliz. Mucho antes que viniessen los Españoles, sabia el Rey neçahualpiltzintli su venida, a la letra; todavia despues de largo tiempo vendran los españoles y ya sabia neçahualpiltzintli su venida. (1645:f85r) Un análisis de la traducción, afirma lo que postula Carochi: Oc yuh huecauh Antes que/hasta mucho tiempo Ø-hualla- z- que 3ª PERS-llegar raíz - FUT (IRREALIS) PL in caxtilteca, in yecuel qui mo- los españoles ya/hace tiempo PREF. OBJ. PART REFL (HON) Ø-machiltia-ya in Necahualpiltzimli inin huallaliz 3SG-saber muy bien-APL que Necahualpiltzimli DEMO llegada En su capítulo Conjugación del verbo, Carochi explica que “formase el futuro del presente añadiendo una z” (1645: f25r). Lo que no pone explícitamente, pero sí incluye en el paradigma que encontramos en el mismo capítulo, es que para las formas plurales se añade además de -z, el morfema –que. Nitlapōhuaz, yo leerè, o contaré, &c. Plural: titlapōhuazque (Carochi 1645:f25r). Las palabras de Carochi sobre el uso del futuro se refieren a una regla fija temporal. Para expresar ‘tiempo hace’ o ‘tiempo hasta’, se usa la combinación oc iuh o za iuh + duración de tiempo+ un verbo en el futuro (Launey 2011:369). El punto de referencia por lo tanto, se sitúa en el pasado, por lo que el futuro obtiene un valor de irrealis. En castellano el punto de referencia es el momento de la expresión .Vetancurt incluye la misma regla con un ejemplo muy parecido a él de Carochi: 43 Otras veces se usa el futuro por el pretérito de subjuntivo, v.g.caniuh onxihuitl hualaciz in caxtillan acalli, dos años antes que llegase la flota de Castilla. A la letra no mas dos años después de llegara la flota (Vetancurt 1673:f44r). Hualaciz es la forma adecuada para el futuro: Çaniuh onxihuitl Antes que/ (Hace) dos años Ø-hual-aci venir raíz-llegar raíz - z FUT (IRREALIS) Hasta que in caxtillan acalli ART.DEF. castellana flota Además, esta forma corresponde con las conjugaciones que Vetancurt incluye en una sección anterior en su gramática. Ese paradigma muestra, al igual que el de Carochi, que el futuro de imperfecto se forma al añadir una –z, o, el en caso del plural, por –zque (cf. Vetancurt 1673:f6r). Aunque Carochi incluye un ejemplo de plural del verbo hualla y Vetancurt uno de singular del “sinónimo” hualaci, ambos gramáticos aportan ejemplos tanto sintáctica como semánticamente parecidos. Sería lógico asumir que en esto Vetancurt copió la regla y el ejemplo de Carochi. 4.3. Pretérito de indicativo por presente de subjuntivo Olmos incluye un ejemplo del uso del pretérito de indicativo en náhuatl, donde en castellano se esperaría un presente de subjuntivo. No pone explícitamente que se trate de un uso temporal diferente de la norma castellana, ya que aparece en una explicación de sus “romances” en combinación con los adverbios ‘como’ y ‘cuando’: Este romance: como yo aya predicado te lo diré […], se reduze a este quando yo aya predicado te lo diré y hazense así yn iquac onitemachti, nimitzilhuiz (2002[1547]:173). 44 Un análisis muestra que se usa el pretérito perfecto en náhuatl, lo cual Olmos incorpora también en su traducción al castellano: Yn iquac o- ni- Cuando PERF te- 1ª PERS SG ni- mitz 1ª PERS SG OBJ.DIR 2ª PERS SG machti , animado INDEF predicar/enseñar ilhui- z decir raíz FUT En esta traducción se muestra que, en la formación del pretérito, el verbo machtia15 (predicar/enseñar), no sólo recibe el antecedente perfectivo (o-) como prefijo, sino también pierde la terminación –a. Esto corresponde con la explicación de Olmos mismo: El pretérito perfecto se forma del presente, y por la mayor parte los acabados en a, i, pierden la a y la i […] (Olmos 2002[1547]:71). Y es de notar que antes de los pronombres ni, ti, an, tomaran una o (Olmos 2002[1547]:72). El uso del pretérito en la oración de Olmos es un pasado relativo. Esto quiere decir que el pretérito no indica que sea un hecho en el pasado, sino que es la forma que se usa para decir que ‘predicar’ es un hecho anterior a la acción de ‘decir’ (cf. Launey 2011:134). Esta aplicación del pretérito la encontramos sobre todo en cláusulas temporales en las que la oración subordinada empieza con in, mientras que la oración principal (si está expresada explícitamente) se inicia con niman (Launey 2011:134). En otros párrafos veremos más ejemplos del uso relativo del pretérito de indicativo. 15 Es forma causativa del verbo mati que significa saber/conocer (Launey 2011: 194) 45 4.4 Presente de indicativo por el infinitivo castellano Según los misioneros, también encontramos ejemplos del uso del presente de indicativo en náhuatl, en casos en que el castellano usa un infinitivo. Realmente, en los ejemplos que incluyen, no se trata de un infinitivo en castellano, sino de un gerundio, aunque en el caso de Carochi queda algo dudoso a qué se refiera exactamente. Además, no se trata del presente de indicativo, sino de un pretérito de indicativo en la frase subordinada. Sí que es cierto que se usa un presente de indicativo en la frase principal, pero éste no sustituye el gerundio. Carochi es el primero de los cuatro que incluye el tema en sus mexicanismos y pone que: Otras vezes se usa del presente de indicativo en lugar del infinitivo, v.g. inopachiuque atli niman in oyaque. En estando hartos de beber, luego se dieron, a la letra quando se hartaron beben, luego se fueron (1645: f85v). No queda claro a qué se refiera exactamente con los términos ‘presente de indicativo’ e ‘infinitivo’ aquí. Si entendiéramos que usa ‘beben’ en lugar de ‘beber’, sus palabras serían acertadas para su traducción castellana, pero no es lo que encontramos en la frase en náhuatl: In- o- CLAUS TEMP PERF Ø-pachiu- que 3ª PERS-llenarse -PL In o- Ø-Ya- que CLAUS TEMP PERF 3ª PERS-irse-PL atli beber (agua) niman entonces En la oración en náhuatl encontramos opachiuque atli, el pretérito perfecto de indicativo de ‘llenarse de agua’, lo cual refutaría la interpretación de que Carochi indique ‘beben’ con “presente de indicativo” porque no usa ningún presente de indicativo. Otra posibilidad es que Carochi se refiera con “infinitivo” al gerundio ‘estando hartos de beber’. Aunque esto complicara su ponencia de que se sustituya el infinitivo por un ‘presente de indicativo’ (opachiuque es, como se pone arriba, un pretérito de indicativo), esta interpretación sí correspondería con la suposición de Vetancurt: Usase del presente de indicativo en lugar de infinitivo, v.g. Inotlaquaque mohuica en comiendo se fueron; a la letra, quando comieron se van (1673:f44r). 46 Una traducción confirma que otlaquaque es pretérito perfecto de indicativo de la tercera persona plural, indicado por el antecedente perfectivo o-. De nuevo esto contradice que se trate de presente de indicativo en lugar del infinitivo. O sea, Vetancurt comete un error semejante: In o Ø-tlaqua- que CLAUS TEMP PERF 3ª PERS-comer PL moPART REFL (HON) Ø-huica 3ª PERS-ir HON16 Sin embargo, no hay otra construcción a que referirse con el término ‘infinitivo’ que el gerundio ‘comiendo’. Vetancurt no usa ningún presente de indicativo ‘en lugar de infinitivo’, sino sólo pone un presente de indicativo en la oración principal. El ejemplo de Vetancurt hace más plausible que Carochi se refiera al ‘en estando hartos de beber’ cuando habla de un ‘indicativo en lugar del infinitivo’, aunque su explicación no esté acertada si la comparamos con su traducción al náhuatl. Una comparación entre lo que suponen los frailes aquí y lo que describen en otras partes de la gramática, nos afirma que Vetancurt no se confundió en el paradigma verbal. En las formas del pretérito perfecto que incluye Vetancurt, encontramos que tlacotla significa ‘aquel ama’, mientras que otlacotlaque17es la conjugación de la tercera persona plural (Vetancurt 1673:f5v-6r). En esta forma se encuentra, por lo tanto, el mismo prefijo –o (antecedente perfectivo) y el mismo sufijo –que que en otlaquaque. Carochi expone las mismas formas, aclarándolas con los ejemplos tlapōhuâ (cuentan, leen) para ilustrar el presente de indicativo, y ōtlapouhquê (contaron, leyeron) para mostrar cómo está la conjugación del pretérito perfecto (1645:f24r). A pesar de que los misioneros no explican el tema muy acertadamente, sí lo abordan por razones importantes. La combinación pretérito en la oración subordinada con presente en la oración principal, no corresponde con las normas del castellano. Esto quiere decir que, al igual que en el ejemplo de 3.3., el pretérito en estas subordinadas no indica que sean hechos en el pasado. Expresan hechos anteriores a los eventos expresados en las oraciones principales (en ambos casos es ‘irse’). Como queda explicado anteriormente, éste es un fenómeno que aparece sobre todo en cláusulas 16 El verbo ir (yauh) no tiene forma verbal que se use para el honorífico y, por lo tanto, hace uso del verbo huica para expresar el honorífico de yauh (Launey 2011:215). 17 Escrito en su arte como otlacotlac (Vetancurt 1673: f5v-6r) 47 temporales de las que la oración subordinada empieza con in, mientras que la oración principal (si está expresada explícitamente) inicia con niman (Launey 2011:134), lo cual es el caso para las frases ejemplares de arriba. 4.5. Presente de indicativo por pretérito indefinido Carochi postula que a veces se usa el presente de indicativo en lugar del pretérito de indefinido del indicativo. Los demás misioneros de nuestro corpus no mencionan esta convención gramatical, pero, de la oración que Carochi explica como caso ilustrativo, se concluye que se trata de una regla temporal que, como veremos después, está limitado al verbo itz(i) (llegar): En el exemplo siguiente se pone el presente por el preterito. […]. Iniquac nacico nican ipan altepetl nipactihuitz auh inimoztlayoc ye cuel ninococoa. Cuando llegue a este pueblo venía bueno, y el dia siguiente caí malo, a la letra: Quando llegue a este pueblo vengo bueno y el dia siguiente estoy malo (Carochi 1645:85). Al analizar esta frase, queda claro que efectivamente usa el presente de indicativo en náhuatl donde en castellano esperamos un pasado: In iquac n- aci- Ø-Ø - co Cuando 1ª PERS SG -llegar - INDEF18-SG direccional ni-pacti-huitz-Ø-Ø auh inimoztlayoc 1ª PERS SG-alegría- venir-PRES-SG pero el día siguiente nican ipan altepetl aquí ye cuel ya en pueblo ni-no 1ª PERS SG-PREF REFLEX cocoa- Ø-Ø enfermar-PRES-SG 18 El hecho de que se trata de un pasado en el aspecto perfectivo – y no de un presente que también toma el morfema cero en este caso-, se puede deducir de la forma del direccional. La forma –co solo se usa en el aspecto perfectivo (Launey 2011:395). 48 Aunque Carochi no incluye en su arte una explicación de cómo se forman los tiempos, si incluye un paradigma de los tiempos. Como presente de indicativo aporta el ejemplo de primera persona nitlapohua, conjugación del verbo pohua en combinación con el semipronombre tla (Carochi 1645: f24r). Si comparamos este ejemplo con el verbo itz(i) (llegar), encontramos la misma regularidad en cuanto al prefijo ni- para la primera persona singular: nihuitz. En la forma que usa el misionero, nipactihuitz, está incorporado además el morfema pacti del verbo pactia (gustar, literalmente: hacer feliz). En los diccionarios consultados19, se traduce nacico como pretérito indefinido, a pesar de que falta el antecedente perfectivo. En este caso el antecedente no es necesario, ya que el direccional –co ya indica que se trata de un pasado en el aspecto perfectivo. El hecho de que la segunda parte de la oración esté en presente, se debe a que itz(i) (llegar) es un verbo excepcional: Itzi>itz=to como/go. This is a defective class B verb20. It does not use the imperfective stem, and it’s perfective stem is used in only two tenses, the preterite as present tense- and the distant-past -as past tense (Andrews 2003:92). Las palabras de Andrews explican bien por qué es lógico que se ponga la traducción de ‘venir’ en presente de indicativo en náhuatl. Sin embargo, hay otra regla en náhuatl que puede explicar este presente de indicativo. Cuando una subordinada está introducida por el adverbio in iquac (cuando) e indica un proceso (llegar) que sucede simultáneamente a la acción expresada en la oración principal (venir bueno), el verbo de la oración principal que sigue, va en presente aunque sí puede tener el valor de un pasado (Launey 2011:135). Estas dos reglas sin embargo, no explican por qué ninococoa (‘me enfermo’) también está en presente. La explicación de la forma ninococoa aquí, se puede encontrar en otra regla temporal, muy parecida a la regla del uso de yeppa (véanse 3.1): It’s for so long that X has been going on... The phrase for this is ye (sometimes ye iuh)+ length of time.The present indicates how long the process has been going on., and the preterite (or the imperfect, counterfactual or transitory preterite, as appropiate), how long ago it happened (Launey 2011:368). Hay por lo tanto dos convenciones gramaticales que resultan en el uso de dos presentes donde en castellano se espera un pretérito. 19 Los diccionarios que consulté son: 1) Woods. Nahuatl Dictionary. http://whp.uoregon.edu/dictionaries/nahuatl/ y 2) Rodríguez Villegas. Nahuatl Dictionary On-line in Aulex http://aulex.org/nah-es/?idioma=en 20 Para la clasificación de Andrews de los verbos de clase B, véanse Andrews (2003:63) 49 Hasta ahora, se han estudiado las subordinadas temporales. En el siguiente párrafo, se verá cómo los frailes incluyeron las subordinadas condicionales en la sección de los mexicanismos. 4.6. Tiempos y modos en las subordinadas condicionales Olmos es el misionero que presta más atención a las oraciones condicionales, aportando una gran serie de ejemplos. Rincón ya se limita más y escoge dos ejemplos de condicionales. Las condicionales se introducen generalmente por intla (si) y el empleo de modos y tiempos en subordinadas introducidas por esta conjunción se caracteriza por cierta libertad. Olmos describe unas dieciséis oraciones condicionales para ilustrar este uso relativamente libre. Aquí no es el lugar donde se puede analizar en detalle todos los ejemplos, sino que nos limitamos a la información más importante. Olmos advierte que: [todos] los romances que fueren por este tiempo acabados en ni que sirve de preterito imperfecto, perfecto y pluscuamperfecto del subjuntivo y optativo que en las oraciones del subjuntivo por la mayor parte les responde esta particula quia, y aunque otras vezes se dize tambien respondiendole el mismo tiempo acabado en ni en la segunda oracion (Olmos 2002[1547]:172). Con esta advertencia se refiere a cómo se forman las cláusulas condicionales en las que la condición (ya) no se puede cumplir y en las cuales se emplea el pasado general del optativo. Launey (2011:222) explica que -zqui(a) es el sufijo que se añade a la raíz del verbo al expresar un contrafactual (“counterfactual”) o sea cuando se expresa algo que está refutado por los hechos. Según Andrews, en las oraciones en las que la condición sí se puede cumplir (“open condition sentences”, o: formas hipotéticas) se puede usar un presente, un futuro o un pasado, dependiendo del tiempo usado en la oración principal (2003:533). En castellano el uso está más restringido, ya que después del adverbio ‘si’ no puede seguir un futuro de indicativo. Olmos da un ejemplo para mostrar que en náhuatl clásico el futuro del indicativo sí se coloca en la subordinada: Si yo dixese el pecado de alguno mucho en ello ofendaria se traduce con un yntla nicteilhuiz tetlatlacolh, cenca ic nitlatlacoz (Olmos 2002[1547]:172). En su paradigma de verbos muestra que el futuro para las personas singulares se forma añadiendo una –z a la forma del presente (Olmos 2002[1547]: 60), lo cual se halla en su traducción: 50 Yntla ni- c tē- ilhui- Si PREF OBJ 3ª PERS SG animado INDEF reclamar/ 1ª PERS SG acusar (raíz) z tē- tlatlacol FUT animado INDEF pecado/falla (base) Launey confirma que está correcto este uso del futuro: [if] the condition does prove true, then some consequence will in fact follow. This sort of condition is generally used to express circumstances whose realization is considered either likely or at least perfectly reasonable to expect. In Nahuatl, the ifclause takes in tlā + future , and the then-clause also takes the future (Launey 2011:354). El hecho de que la oración principal tiene que tener el futuro simple, también es el caso en el ejemplo de arriba de Olmos: cenca ic mucho cuando ni- tlatlaco -z 1ª PERS SG pecar futuro Rincón también presta atención a las frases con intla, pero se enfoca en la combinación de un presente de indicativo en la subordinada y un pasado contrafactual en la oración principal: Otro exemplo uel onca onechmauizpolozquia, intla oncanica, que quiere decir si allí estoy mucho me deshonrara, habiendo de dezir si alli estuviera (Rincón [2005]1595:f61v). El siguiente análisis deja constancia de que la traducción de Rincón del náhuatl al castellano es correcta: Uel onca o Ser capaz haber PERF nech OBJ (me) mahuizpolo-zquia deshonrar-contrafactual 51 intla oncan ni-ca-Ø-Ø si haber 1ª PERS SG-estar-PRES-SG En su paradigma general, Rincón incluye las formas terminadas en –zquia, pero las denomina ‘pretérito de la segunda conjugación del indicativo’ y las traduce con el auxiliar querer: “nitlapoazquia yo quería leer” (Rincón 1595: f16r-16v). No menciona que sea la forma que desempeña el papel de contrafactual. Sin embargo, pone énfasis en el uso del presente en la subordinada, lo cual está acertado y coincide con las observaciones de Andrews: It is posible for the VNC in the adverbial adjunct to manifest the present indicative tense, in which case the condition is put forward as purely neutral21 (Andrews 2003:532). Este uso del presente de indicativo es excepcional comparado con las reglas básicas de las subordinadas condicionales. Las reglas generales prescriben que en la oración subordinada hace falta usar un optativo, tanto si se refiere al pasado, como al presente, como también al futuro (Launey 2011:353). En el ejemplo de Rincón se puede interpretar ‘estar’ como condición neutral, por lo cual es probable que el misionero se refiera indirectamente a la regla condicional que describe Andrews. Muy relacionado a este tema es el uso del pretérito de indicativo cuando en español se pone un imperfecto de subjuntivo. Rincón explica que: También usan el pretérito perfecto de indicativo, en lugar del imperfecto de subjuntivo, v.g. inmacamo oquichtec, canhiman amo nicmacazquia que quiere decir si él no lo hurto, yo no se lo diera, habiendo de decir por el estilo ordinario si él no lo hurtara, yo no se lo diera y entonces dixera in macamo oquichtequini niman amo nic macazquia (Rincón [2002]1595:f 63v). Un análisis de la oración revela que en este ejemplo efectivamente se trata de un pretérito de indicativo: In macamo o- Ø- qu- ichtec, Cuando siendo que no PERF-3ª PER SG OBJ. DIR. 3ª PERS SG hurtar base, Ca maca-zquia nhiman amo ni- c- 21 Hay que entender ‘una condición neutral’ aquí como opuesta a ‘una condición incierta’ a la que Andrews presta atención en la misma página (Andrews 2003: 532). 52 enfático entonces no 1ª PERS SG - OBJ. DIR. 3ª PERS SG dar base-contrafactual El verbo hurtar se traduce en náhuatl con ichtequi. Rincón explica la regla general para formar el pretérito de la siguiente manera: El pretérito se forma del presente perdiendo la ultima vocal, v.g. nitemachtia, onitemachti, nitenotza, onitenotz (Rincón: 2005[1595]: f18r). Este comentario, aunque Rincón no menciona el antecedente perfectivo, coincide con la forma del pretérito que usa. Quitó el sonido–i, representado gráficamente por –ui, y añadió el antecedente perfectivo. Su explicación del uso del optativo se ha analizado en el ejemplo anterior y coincide con la traducción para la forma contrafactual de darle (nicmacazquia). Por lo tanto, este contrafactual en la frase principal expresa la condición, mientras que la subordinada no revela que se trate de un condicional. Ni Andrews ni Launey mencionan el uso del pretérito de indicativo en la frase subordinada en combinación con un contrafactual en la principal. En general, cuando se trata de un hecho contrafactual, es obligatorio usar una forma terminada en –ni en la subordinada (Launey 2011:3523). Cuando no se trata de un contrafactual, no sería lógico usar el morfema correspondiente a este modo (la terminación en –zquia). Las palabras de Rincón de hecho parecen un disparate que tampoco encontramos en ninguna otra gramática del corpus. 4.7. Tiempos y modos en subordinadas finales22 Olmos es el único misionero del corpus que ofrece un resumen de subordinadas finales. En los romances del para o para que el franciscano explica que hay que tomar en cuenta los argumentos verbales que siguen la construcción ‘para’ + infinitivo. Si quedan suprimidos el sujeto y el complemento directo, se utiliza el futuro de la voz impersonal. Si se menciona “a quien ha de amar”, pero no “el sujeto que ama”, se pone “la primera oración por el futuro de la boz passiva, y la segunda por el futuro de la voz impersonal” (2002[1547]:174). Si se expresan ambos argumentos, en las dos partes de la oración se usa un futuro de indicativo. Aquí Olmos se refiere evidentemente al hecho de que el uso de la voz impersonal y de la voz pasiva están estrictamente separados y comprometidos a reglas más específicas que en castellano. Las dos voces se usan con cláusulas transitivas e intransitivas, pero la diferencia está en la presencia de un pronombre objeto proyectivo específico: 22 Este párrafo es, en gran parte, similar a un párrafo de van der Mei (2013:9) 53 [if] the VNC is transitive, the transformation can take place only if the active VNC that serves as source does not contain a specific projective object pronoun. The restriction is based on the fact that in Nahuatl an event can be expressed impersonally only when it is not related to specifically identified personal entities (either as agents or as patients) (Andrews 2003:171). Olmos continúa con siete ejemplos que conciernen subordinadas adverbiales de finalidad. No será posible analizarlos todos, por lo que nos limitamos a constatar una diferencia general entre el náhuatl y el castellano. Donde en castellano estas construcciones siempre llevan el modo subjuntivo o se expresan mediante una construcción con para + infinitivo, el náhuatl hace uso de construcciones con el presente, futuro o pretérito de indicativo. Hasta ahora me he fijado en los modos y tiempos en oraciones subordinadas. En el 4.8. se prestará atención a cómo Olmos también incluye explicaciones de los tiempos y modos en frases principales. 4.8. De tiempos y modos en oraciones principales23 Aunque Olmos presta sobre todo atención a las oraciones subordinadas, saca dos importantes conclusiones en cuanto al uso de tiempos y modos en oraciones principales. En primer lugar nos explica que omicca y omic ambos significan ‘muertos’, pero que “por este omicca entienden que torno en si, o que torno a vivir, mas si no torno a vivir no diran omicca sino omic” (2002[1547]:174). El morfema ca en Náhuatl, cumple varias funciones. Andrews no describe casos en los cuales ca tenga algún significado de ‘resultado o proceso reversible’ como Olmos consta aquí, pero sí indica que ca es el morfema adecuado para el pasado remoto (“distant-past”) (2003:55). Esta distancia se puede relacionar con procesos reversibles o con resultados que se han cambiado, como afirma también Launey: When the regular preterit is used, the aim is to say simply that a process has been brought to its conclusion and that at the moment of speaking (or writing) it is complete (i.e. that it was completed previously). On the other hand, when the pluperfect is used, the aim is to say that a process has been brought to its conclusion but that this was true only at a certain moment in the past. In effect, this tense marks a provisional result. That is, it designates an event in the past whose consequences have already been undone by a later event (2011:222). 23 Este párrafo es, en gran parte, similar a un párrafo de van der Mei (2013:7-8) 54 Este uso del pasado remoto difiere por ende del uso del pluscuamperfecto castellano ‘quasiequivalente’, ya que éste sólo se usa para indicar evento o hecho en el pasado anterior a otro evento o hecho en el pasado. Alonso de Molina también traduce omicca como ‘fingirse muerto’ (1945[1571]:59). Además, en el paradigma de Olmos mismo se encuentra que la forma con ca corresponde al pretérito pluscuamperfecto (Olmos 2002[1547]:60). Por consiguiente, Olmos intenta explicar que el uso del pluscuamperfecto en náhuatl cumple otras funciones que en castellano y que existe una forma verbal para indicar reversibilidad. La segunda conclusión que saca Olmos en cuanto a las oraciones principales es el hecho de que en preguntas con 'como', el condicional simple (“¿Cómo serviría yo a Dios?”), se convierte en futuro simple al traducirlo al náhuatl (“¿Cómo serviré yo a Dios?”)(Olmos 2002[1547]:173). Este hecho se explica por la falta de diferencia entre el futuro y el futuro pasado en náhuatl. Para ambas formas se recurre al futuro (Andrews 2003:55). En este capítulo se ha estudiado la diferencia de tiempos y modos entre el castellano y el náhuatl clásico. Los misioneros dedican sus palabras sobre todo a describir esta diferencia en las oraciones subordinadas, algo que coincide con el tema que Diomedes (s IV a. C.) describe como ‘idiotismos’. Sin embargo, donde Diomedes implicó que había que evitar el idiotismo, en las gramáticas misioneras de nuestro corpus no encontramos indicaciones de que se traten de construcciones erróneas o incultas. Con los barbarismos y barbarolexis no hay traslape, dado que no son fenómenos lexicales, sino que sólo se trata de construcciones (morfo)sintácticas en las gramáticas misioneras. Es importante recordar que los solecismos de accidentes que vimos con los clásicos y con Nebrija, coinciden hasta cierto punto con la temática de este cuarto capítulo. Sobre todo en los solecismos de transmutatio, y más especifico los de modos y de tiempos, se trata de construcciones sintácticas con un error de concordancia en, respectivamente, los modos y tiempos. No obstante, la gran diferencia está en el hecho de que los solecismos eran considerados erróneos, donde estás construcciones modales y temporales no se consideran incorrectas, sino más bien elegantes. Los criterios que los misioneros usaron para definir temas como mexicanismos, no son muy claros. En cuanto al uso de los tiempos y modos, hay más diferencias ‘excepcionales’ entre el náhuatl y el castellano que sólo las mencionadas. Los misioneros advierten que incluyen sólo una selección, como se ha mostrado en el capítulo anterior. Sin embargo, no parece sistemática la elección de los temas. Destaca por ejemplo que no incluyen el hecho de que el náhuatl hace uso de un presente donde en castellano se usa ‘estaba +gerundio’ en la oración principal (cf. Launey 2011:135). Es una desviación verbal que hubiera cabido perfectamente en esta sección ya que corresponde con la temática que tratan los misioneros. 55 Otro ejemplo de un tema relacionado que no incluyeron los misioneros, es el uso de quin iuh+ presente, una forma fija para expresar que una acción tuvo lugar justamente después de otra. Destaca además que Olmos menciona el uso de omic vs. omicca, pero que no incluye el uso de ōhuītza vs. ōhuāllâ. Donde el uso del pluscuamperfecto en náhuatl es mucho más fácil para ‘reducir a una regla’ (como hemos visto el pluscuamperfecto siempre indica algo de lo que los resultados se han deshecho), ōhuītza y ōhuāllâ son en mayor grado excepciones. Son dos pretéritos de, respectivamente, huītz y huāllauh. Ambos verbos significan ‘venir’. Sin embargo, donde ōhuītza indica que la persona que vino ya no está presente, ōhuāllâ indica que ha venido y aún está (Launey 2011:75). Estas reglas temporales caben perfectamente en el marco de los tiempos y modos verbales que los misioneros crearon para sus mexicanismos, pero no están presentes. En este capítulo, la inclusión selectiva de los temas es por lo tanto bastante arbitraria. En el siguiente capítulo se estudiará si también es el caso para los temas relacionados a la concordancia asimétrica. 56 5. La concordancia asimétrica en náhuatl 5.1 Supresión de la primera o segunda persona singular Entre los mexicanismos y maneras de hablar, se encuentran diferentes tipos de concordancia asimétrica; un tema que Rincón, Vetancurt y Carochi abordan en sus gramáticas. En primer lugar destaca la supresión del sujeto en casos específicos: [cuando] en la oración hay dos singulares que hacen un plural, si el uno de los nominativos es primera o segunda persona, no se declara más del supuesto de la tercera persona, porque la primera o segunda que habíase connota en el verbo, aunque sea de plural; v.g. Pedro nican otihuallaque (Rincón 2005[1595]:f61r). Rincón se refiere al hecho de que, cuando el sujeto va en plural y en primera o segunda persona, sólo el nombre suele expresarse explícitamente, mientras que el pronombre está implicado por el uso de un verbo en plural (Launey 2011: 264). Esto significa que el sujeto expresado va en segunda o tercera persona singular pero se combina con un verbo en plural, como muestra un análisis de la oración: Pedro nican o- ti - hualla - que Pedro aquí PERF 1ª PERS PL venir PL La forma otihuallaque es la primera persona plural del verbo hualla y concuerda con las conjugaciones que Rincón incluye en el paradigma verbal en otra sección de su gramática. En esa parte, Rincón conjuga el verbo tlapoah (leer). En su forma otitlapouhque (nosotros leemos), primera persona plural del pretérito de indicativo, encontramos los mismos morfemas añadidos: o- para antecedente perfectivo (pretérito), ti- para indicar primera persona plural y, después de la raíz, -que para indicar plural (Rincón 2002[1547]:14). El misionero asimismo aporta un ejemplo de segunda persona plural: Cuixyeo antlaquaque Pedro, para dezir aueis comido vos y Pedro (Rincón 2002[1547]: f61v). De nuevo hay concordancia asimétrica entre el sujeto y el verbo expresados: Cuix ye Acaso ya oPERF an- tlaqua- que Pedro 2ª PERS PL- comer- PL Pedro 57 Efectivamente su ejemplo contiene un verbo que está en segunda persona plural que se puede reconocer por el uso de un prefijo pronominal an. El sujeto que se expresa explícitamente es ‘Pedro’, mientras que el sujeto de segunda persona singular se implica por la forma del verbo. De nuevo la forma corresponde con cómo se hace, según Rincón, la segunda persona plural del pretérito, que en su paradigma es oantlapouhque (Rincón 2002[1547]:14). Carochi describe el tema con palabras parecidas y traduce un ejemplo casi similar al de Rincón: Quando dos nominativos singulares rigen un verbo plural, si el uno dellos es de primera, o de segunda persona, se suele suplir con el verbo, y no exprimirle mas del supuesto de la tercera persona […]. Cuix ye oantlaquaque inmonanic habéis comido vos y vuestra mujer? (Carochi 1645: f 86v). Tampoco aquí la forma verbal oantlaquaque concuerda, en cuanto al número, con el sujeto inmonanic Cuix ye o- an- tlaqua- que Acaso ya PERF 2ª PERS PL comer PL in mo- namic. DET POS 2ª PERS SG esposa/esposo. Como veremos en el siguiente párrafo, la concordancia asimétrica en náhuatl no está limitada a la supresión de la primera o segunda persona singular. Hay otra forma de este fenómeno lingüístico que los misioneros incluyen en sus mexicanismos. 5.2. La concordancia con cem Rincón menciona que, para decir ‘uno de nosotros’, hay una construcción ‘trastornada’. Realmente se trata de otro tipo de concordancia asimétrica: También para dezir uno de nosotros, lo dizen al reves, v.g. cemetehuátin yaz quiere dezir unos de nosotros irá, habiendo de dezir uno de nosotros, cemeameuantin nechnamacaz, unos de vosotros me entregara, habiendo de dezir uno de vosotros (Rincón 2005[1595]: f61v). 58 Aparte de un error de traducción menor (namaca significa vender, mientras que entregar se traduce por (nic)temaca)24, la ilustración de Rincón es correcta: Cēmê ameuantin Ø- nech- namaca-z Unos vosotros 3ª PERS SG OBJ INDIR (a mí) vender- FUT Destaca que Rincón habla de un orden invertido de las palabras, lo cual no es el caso. Ambas lenguas usan el mismo orden, pero sí recurren a construcciones diferentes. En náhuatl el plural cēmê (unos) no concuerda con el verbo que va en tercera persona singular. En castellano ‘uno de nosotros’ si concuerda con el verbo que va en tercera persona persona singular. Andrews confirma la existencia de esta construcción en náhuatl: There are several idiomatic structures of modification that violate the general restriction concerning shared referents. One of these involves the noun stem (cem), “one”, when it is used to single an individual out of the group (e.g., “one of the men”, “one of us”, etc. (Andrews 2003: 427). También Carochi aborda el tema y dedica más de una página entera a la explicación del uso de cēmê y temas relacionados: [la raçón] deste plural cēmê, aunque se hable de uno solo debe de ser porque se habla indefinitivamente, sin señalar a ninguno en particular y el verbo que se le añade aunque se puede poner en singular, es mejor ponerle en plural (Carochi 1645: f85v). Carochi informa que no es obligatorio el uso del verbo en plural, pero también pone que sí “es mejor” (Carochi 1645:f85v), con lo que probablemente se refiere a una variedad sociolectal. Si comparamos esta información con lo que escribe Launey, resulta que: Taken to its logical conclusion the principle of agreement means that cē (one) can certainly appear in the plural (cēmê) if, for example, there is a group of people represented by a noun in the plural and the sentence concerns one of these people […]. In effect Nahuatl says ‘one women’ instead of ‘one of the women’, and so the number agreement with the verb prefix is in the plural (Launey 2011:61). 24 Cf. http://aulex.org/es-nah/?busca=vender&idioma=en y http://aulex.org/esnah/?busca=entregar&idioma=en 59 También Andrews (2003:408) explica que hay dos posibilidades para expresar ‘uno de’: la forma singular y la plural: The group may be designated by a pronominal. The plural form of cem is preferable […]. The third-person singular form of cem is also possible […]. The group may be designated by a noun. The plural form of cem is preferable […]. Again the third-person singular of cem is also possible (Andrews 2003:408-9). En otras palabras, cēmê es la forma preferente en ambos casos y concuerda con el sustantivo en plural, mientras que el verbo concuerda con el hecho de que se habla de solo uno del grupo indicado por el sustantivo, aunque Carochi pone que es mejor poner el verbo en plural también. Carochi consta además que “también se puede anteponer al cēmê ti, semipronombre plural de primera persona, y an, segunda persona […].” (1645: f85v.) Ti y an son los pronombres agentes de, relativamente, la primera y segunda persona plural. Vetancurt hace uso de un ejemplo muy similar a el de Rincón, para explicar el tema: Usan el numero plural por singular, v.g. cēmê amehuantinyaz, uno de nosotros irá: aquel ceme es plural, y es porque quando el plural se junta con el verbo en singular, es porque se hazen los nombres distributivos [...] (Vetancurt 1673: f43v). La única diferencia entre este ejemplo y el de Rincón, es que Vetancurt puso una forma en segunda persona plural (amehuantin), mientras que Rincón optó por la primera persona plural (tehuantin): Ceme amehuantin Ø- ya-z Unos 2ª PERS PL 3ª PERS SG IR FUT Como veremos en el siguiente párrafo, hay otro tema que muestra cierta correspondencia con lo que los misioneros tratan aquí. 5.3 “Unos nosotros hombres” Estrechamente vinculado con esta temática está lo siguiente: Nota lo segundo que algunas vezes hablando alguno de tercera persona si en algo le es semejante aquella persona habla poniendo la primera del plural o la segunda como viene a proposito, v.g. cetoquichtin mitzmonochilia quiere dezir uno nosotros 60 hombres te llama, habiendo de dezir, no mas, un hombre te llama, ceamaceualtin xinechnochilica, llamadme uno de vosotros maceuales, habiendo de dezir llamadme un maceaul vosotros [...] (Rincón 2005[1595]:f61r). Es evidente que Rincón tradujo la construcción correctamente en ambos ejemplos : Ce- to- quichtin mitz Uno nuestros varones Cen- a - maceualtin xi- nech- nochili- can Uno vuestros maceuales IMP a mí IMP PL OBJ DIR 2ª PERS (a ti) mo- nochilia PART REFLEX (HON) llamar a alguien APL llamar a alguien APL Carochi a su vez explica que hay importantes restricciones en cuanto al uso, por lo que no se puede fijar la forma en una regla: Nota lo segundo que hablando una mujer de un hombre, dize, ceoquichtli, un hombre, pero un hombre de otro no dize ceoquichtli, sino cetoquichtin, que a la letra es: uno nosotros varones, pero por este nombre no se debe hazer regla que se entienda a otros, porque una muger de otra no dize ceticihua sino cecihuatl, ni un Sacerdote de otro: ceiteopixque, sino ceteopixque (Carochi 1645:85r-v). Estas palabras fortalecen la interpretación de que los mexicanismos son difíciles de encajar. Carochi parece suponer aquí que sólo se usa esta forma cuando los agentes comparten cierta categoría (como ‘ser varón’), y que sólo se usa la construcción en caso de que se trate de una primera persona. Como se ha mostrado anteriormente, Rincón expone que también se aplica esta forma a la segunda persona si “en algo le es semejante” (Rincón 1595: f61r). Launey sólo menciona, como Carochi, el caso de ‘un hombre’: Men did not say ‘a man’ but ‘one of us men’, and if they were adressing a woman, they would not say ‘a woman’, but ‘one of you women’. Women on the other hand would simple say ce oquichtli, ce cihuatl (2010: 267). Lo que Launey pone aquí es interesante, ya significa que fue una construcción relacionada más con la sociolingüística, que con reglas gramaticales. Andrews destaca lo mismo: 61 Another idiomatic structure of modification involves the stem (oquich)-tli. As stated in 18.7, a male speaker having some social or familial tie with a group of men mentioned uses the first person plural form of this stem: toquichtin= t-ø(oquich)-tin= we are men (2003:429). Es importante subrayar que, aunque está estrechamente vinculado con la concordancia asimétrica de cēmê, no se trata de concordancia asimétrica aquí. En los ejemplos analizados, el sujeto ce (‘uno’) concuerda en número con el verbo. La construcción “uno de nosotros hombres”, es un caso interesante ya que como única forma de los mexicanismos que se ha explicado hasta ahora en este trabajo, está sujeta a reglas sociolingüísticas. El factor sociolingüístico también se manifiesta en las palabras con las que Andrews describe esta forma: The “Male-Bonding” Modifier (2003:429). En este capítulo se han estudiado las idiosincrasias relacionadas con la concordancia. De nuevo sólo se trata de fenómenos sintácticos, y, al igual que en el capítulo anterior, tiene cierta relación con los solecismos. Como también es el caso con los solecismos de transmutatio de los accidentes (más concretamente los de personas y los de números que mencionan los clásicos), y los de detractio hay una concordancia asimétrica entre diferentes sintagmas. Por un lado los temas se traslapan más con los solecismos de transmutatio ya que se trata de personas y números que no concuerdan. Por otro lado, también comparten ciertos rasgos con los solecismos de detractio ya que ese tipo de solecismos se producen por omisiones. No obstante, contrario a los solecismos, los misioneros no muestran ninguna condenación de estas construcciones. Otra vez más, parecen idiosincrasias que hay que tomar en cuenta antes de traducirlas. Como también es el caso con el capítulo sobre los modos y tiempos verbales, es difícil defender por qué los misioneros optaron por incluir los temas tratados en este capítulo. Hay reglas relacionadas que no tomaron en consideración en la sección de los mexicanismos. Un buen ejemplo es la concordancia asimétrica en construcciones como ‘Somos X, somos Y’. En náhuatl es obligatorio usar dos sustantivos en plural para expresar tal construcción, a pesar de que uno de los sustantivos solo indica una persona y otro sustantivo otra persona. Launey (2011:265) aclara la construcción con el ejemplo Ca timonānhuān, ca timotàhuān, que significa literalmente “Somos tus madres, somos tus padres”. Por lo tanto, el sustantivo concuerda con el prefijo plural, pero no con la persona singular a la que se refiere (Launey (2011:265). Un tema que se relaciona a “uno nosotros hombres”, el tema expuesto en el párrafo 5.3, es el uso del sufijo –pô. Este sufijo, que se adhiere a las raíces de sustantivos en forma posesional, significa que la persona a quien se refiere comparte cierto rasgo con el posesor, como por ejemplo ser pobre o ser campesino etc. (Launey 2011:266). Otro tema relacionado con el tema de 5.3, es la 62 diferencia de sustantivos vocativos que usan los hombres y los que usan las mujeres. Vocativos son los sustantivos con los que llamas a una persona, como por ejemplo ¡Juan! Se forman los vocativos dependiendo del género gramatical del emisor (Launey 2011:81). Estos temas no fueron incluidos en la sección de los mexicanismos por los misioneros de nuestro corpus. De nuevo muestra la arbitrariedad de los temas que tratan en esta sección. La diferencia de modos y tiempos por un lado, y la concordancia asimétrica por otro, son los temas más frecuentemente descritos en la sección de mexicanismos y modos de hablar. Sin embargo, tres de los cuatro misioneros abordan por lo menos un tema que no describen los demás. En el siguiente capítulo se analizarán algunos de éstos, para poder crear una imagen que comprende todos los mexicanismos. 63 6. De otros mexicanismos y maneras de hablar 6.1 Olmos En Olmos es donde encontramos mayor variedad en cuanto a la temática. Aparte de los temas analizados, se dedica a un análisis de “otros romances extravagantes”. Gran parte de estos “romances” consiste en perífrasis verbales castellanas, pero también incluye ejemplos del uso del imperativo, construcciones en las que el sujeto semántico es objeto directo sintáctico y otros fenómenos gramaticales. Olmos elabora por ejemplo una traducción de la cláusula “ansí suelo predicar”. En náhuatl, se expresa sirviéndose del tiempo “acabado en ni del optativo y subjuntivo” (2002[1547]:175). El morfema ni, no obstante, además de representar el pasado del optativo, indica el “presente habitual” (Andrews 2003:55). Launey (2011:161) añade que de hecho esta forma que acaba en –ni expresa más bien un tipo de ‘modalidad’: cuando se añade –ni a la raíz, significa que el agente realiza la acción del verbo (en general), sin dar ninguna información sobre si la acción se ha realizado en un momento específico. Por lo tanto, se puede traducir la forma con “tener la tendencia de + verbo”, “gustar + verbo” o “tener el hábito de + verbo”. Esto explica la presencia de dicho morfema en construcciones con el verbo español ‘soler’, el cual representa repetición o costumbre. En la parte donde trata los verbos, Olmos tampoco incluye un paradigma aparte para el “presente habitual”. En general se puede constatar que los recursos de la formación de cláusulas verbales compuestas son muy ricos en náhuatl y que el proceso de formación hace convertir los niveles sintácticos a niveles morfológicos (Andrews 2003:235). Aunque ambos idiomas disponen de muchas posibilidades lingüísticas para formar perífrasis, las reglas son específicas para cada lengua y falta la coincidencia entre ambas (van der Mei 2013:9-10). A continuación, Olmos aporta un ejemplo de una construcción con modo imperativo en el habla indirecta (“dile que haga su casa”), que en náhuatl se forma con un optativo que inicia con el prefijo de sujeto xi- : xiquilhui yn quichiuaz ycalh (2002[1547]:176). Se ve aquí que, en vez del uso del optativo en ambas cláusulas verbales, en la subordinada se opta por un futuro: Xi- qui- IMP 2A PERS SG ilhui OBJ DIR 3A PERS SG raíz-decir yn qui- chiua- z i- calh DET OBJ DIR 3A PERS SG raíz-hacer FUT POS 3ª PERS SG casa 64 Donde en castellano se usa el imperativo en ambas partes de la oración, en náhuatl se suele poner un futuro de indicativo en la segunda cláusula. Launey (2011:83) confirma que, por lo menos en el caso de la segunda persona, el futuro puede tener el valor de un imperativo matizado. Sin embargo, en este caso se trata de una forma indirecta, y el uso del futuro es equivalente a la forma condicional en español (cf. Andrews 2003:155). Ambos temas de Olmos que tratamos en este párrafo son hasta cierto punto arbitrarios, ya que hay importante temática relacionada que Olmos no incluye en su sección. Es difícil de saber, por ejemplo, por qué no trata otras traducciones de formas con –ni. Como se ha descrito arriba, la forma agentiva que termina en -ni tiene diferentes traducciones y no sólo expresa una acción que se repite. También en el caso del habla indirecta, hay reglas que el misionero no incluye en la parte de los mexicanismos. Un ejemplo es el hecho de que las formas de construcciones indirectas en náhuatl dependen hasta cierto punto de si se trata de un rumor o de información confirmada (Andrews 2003: 158). Esto indica la falta de consistencia en la inclusión de temas en la sección de los mexicanismos, algo que también encontramos con Carochi. 6.2 Carochi Carochi incluye un tema que se traslapa con la sociolingüística y que se parece a la construcción ‘uno nosotros’ que se ha analizado en el tercer capítulo. En ambos casos se trata de la pertenencia a cierto grupo: Notese lo tercero este modo de dezir: çan titèhuan, vel, çan titèhuantin, o çannōtitèhuan, vel çannōtitèhuantin significa es, o son, eres, o sois de nuestra nación […]. El Rey de Azcapuçalco, acabados de llegar a esta tierra los Mexicanos, dijo a sus consejeros: caçan notitèhuan in Mexìtin, ca tiquintlaolcaqui. Los mexicanos son de nuestra casta y nacion, pues entendemos su lengua […] (Carochi 1645:f86r). Carochi explica que: Aquel titèhuan y titèhuantin, se componen del semipronombre de primera persona de plural ti y de los pronombres tambien de primera persona de plural (Carochi 1645: f86v). Efectivamente, titèhuan se usaba para expresar “como nosotros, uno de nosotros, uno de nuestros” y generalmente se precede por zan nō, expresando así construcciones en primera o segunda persona 65 singular o plural, como “eres uno de nosotros” (Launey 2011: 265). Launey presta atención especial a este párrafo de Carochi, exponiendo que puede revelar el origen de esta forma típica (2011:266): Carochi overtly confirms that this form is what it looks to be, namely the independent first pronoun tehuan(tin) plus the corresponding subject prefix, so it literally means “we are us”. Carochi cites an example that may suggest the origin of the seemingly strange use of this form in connection with the second and third person […]: Ca zan nō titèhuān in Mēxìtin, ca tiquintlàtōlcaquî. The Mexica are like us. – We understand them (lit., hear them in speech). [we] can take the first clause to mean “The Mexica and we are us”; that is, the two groups “we”(left unexpressed except in the subject prefix) and the Mexica together consitute the group “us” […]. That is, when the phrase is used in a context that would be translated as “you are like us”, the “we” in ti- signifies “we plus you” (Launey 2011: 266). Esta cita de Launey no deja claro si se puede aplicar la construcción a cualquier situación en que los dos grupos compartan cierto rasgo, o si la regla sólo se usa en casos en que los grupos tengan la misma procedencia nacional o étnica. Carochi es el único de los cuatro misioneros que describe este tema, lo cual complica un análisis más profundo en esta tesina. El misionero sólo aporta ejemplos en que el rasgo compartido de ambos grupos es ‘ser de la misma nación’, lo cual nos hace pensar que tan sólo, o sobre todo, fue la situación en que se usaba esta forma típica en náhuatl. Como se ha explicado en el quinto capítulo, hay otras formas para indicar pertenencia a un grupo, como las construcciones con el sufijo –pô, que tiene el valor del prefijo co- en inglés y español (Launey 2011:266). También el uso del gentilicio –catl25 está relacionado con lo que Carochi explica aquí. Por lo tanto, Carochi describe solo un subtema de una temática sumamente interrelacionada, lo cual enfatiza que la clasificación de mexicanismos es bastante inconsistente. 25 Launey (2011:313-4) menciona que la forma exacta que toma el sufijo gentilicio depende del nombre y de la persona gramatical. 66 6.3 Vetancurt Vetancurt es el único de los cuatro que en sus mexicanismos dedica unas reglas a la diferencia de preposiciones castellanas y las construcciones que se usan en la lengua mexicana: Usase la preposición cum en lugar de in, v.g. Domingotica, en Domingo, porque cà significa cum como tetica con piedra, quezquitica en quanto? (Vetancurt 1645:f44v). Aunque pone que se usa la preposición cum, sensu stricto no se trata de una preposición, ya que el náhuatl hace uso de una “adverbializada” cláusula nominal o verbal en forma de posposiciones (Andrews 2003:445). Andrews implica correctamente que la falta de preposiciones en náhuatl resulta en el hecho de que una noción “adverbializada” en náhuatl no requiere las mismas formas de expresión en otros idiomas (2003:447). En palabras más concretas, la traducción literal de una preposición española al náhuatl o de una construcción “adverbializada” mexicana al español, podría resultar en construcciones erróneas. El misionero, por lo tanto, aborda un tema válido que está estrechamente vinculado con los errores gramaticales. Sin embargo, en el caso del ejemplo domingotica, omite mencionar que se trata de otra construcción. No se ha añadido la “posposición” –cà a la palabra domingo, sino –tica, que expresa repetición: Repetition is generally marked with an instrumental phrase with tica. […] Viernestica: every Friday (Launey 2011: 370). Es interesante que solo incluya el caso de cà y que no hace caso a otras construcciones adverbializadas. Por ejemplo, el sufijo –pan tiene una cantidad de significados adverbiales que no corresponde con una sola preposición castellana (Launey 2011:119). De nuevo parece arbitrario el haber elegido esta “preposición” cà. Como se ha mostrado en este capítulo, los mexicanismos pueden comprender temas muy diversos. Vetancurt se enfoca en las construcciones con las que se traducen preposiciones castellanas, Carochi describe una construcción fija en náhuatl para indicar que un individuo forma parte de la misma nación, y Olmos presta atención a más modos y tiempos. Rincón es el único de los misioneros que sólo se limita a los temas tratados en los capítulos anteriores y que no incluye otros mexicanismos. Lo que todos tienen en común sin embargo, es el hecho de que otra vez más, no son temas lexicales, sino solamente construcciones sintácticas. Pueden estar relacionados con la pragmática, la sociolingüística o, como en el caso de las “preposiciones” de Vetancurt, tener un valor puramente 67 gramatical. El ejemplo de Olmos del futuro como condicional, es un tema que cabe bajo la sección de los tiempos y modos y comparte por lo tanto rasgos con la temática que Diomedes trata como ‘idiotismo’, como hemos visto en el cuarto capítulo. En Diomes también se trataba de una forma en el habla indirecta. Ninguno de los demás temas está muy relacionado con los temas que se ha encontrado en los conceptos clásicos y a veces los misioneros sólo describen un tema de un conjunto de temas interrelacionados. 68 7. Conclusión Cuando las disciplinas clásicas de la retórica y la gramática confluían parcialmente, en las gramáticas se iban a incluir secciones sobre posibles errores contra el buen y culto uso de la lengua. Antes, las gramáticas servían solo para el arte de leer y escribir, pero a partir de entonces los gramáticos clásicos dedicaron unos párrafos a los barbarismos (errores lexicales), solecismos (errores sintácticos) y otros vicios contra la latinidad. Cuando estos errores se encontraban en ciertos contextos - como en la literatura - podían contribuir a la elegancia de un texto y por eso eran tolerados. Por lo tanto, cada error tenía su ‘homólogo aceptado’ para fines literarios. Los misioneros religiosos en la Nueva España seguían fielmente los moldes de estos gramáticos clásicos. Sin embargo, no incluyeron secciones que se titularan De barbarismo, De solecismo, etc. en sus gramáticas. En lugar de esto, dedicaron una parte de sus gramáticas a ‘maneras de hablar’, o ‘modos de hablar’, a los que - en las gramáticas de la lengua náhuatl - se refería también con el término ‘mexicanismos’. En esta tesina se ha aspirado a responder varias preguntas en cuanto a estos mexicanismos en cuatro gramáticas misioneras del náhuatl, compuestas en los siglos XVI y XVII. En primer lugar nos ha interesado cómo los mexicanismos y modos/maneras de hablar se relacionan con los conceptos clásicos ‘barbarismo’ y ‘solecismo’ . También se ha estudiado la relación con el concepto ‘idiotismo’, término que el misionero jesuita Rincón emplea para definir los mexicanismos (Rincón 2005[1595]:f60r). Además se ha considerado relevante investigar si los temas gramaticales que los misioneros clasificaban como ‘mexicanismos’ o ‘modos/maneras de hablar’ eran consistentes o más bien arbitrarios. El primer capítulo ha mostrado que cada uno de los conceptos ‘barbarismo’, ‘solecismo’ e ‘idiotismo’ tiene sus raíces en la Antigua Grecia. Sin embargo, los significados de los conceptos no han quedado iguales al transcurrir el tiempo. El barbarismo y el solecismo originalmente se referían a errores contra la virtud del hēllenismós (griego puro), y luego contra la del latinitas (latín puro). Como han mostrado las palabras de, entre otros, Aristóteles, los conceptos tenían su etimología en el contacto lingüístico. Sin embargo, ya en textos de Aristóteles, no sólo se refieren a errores de transferencia lingüística, sino a cualquier violación del hēllenismós. En tiempos helenísticos, el barbarismo y el solecismo dejan de ser sinónimos: el término ‘barbarismo’ se iría a usar para los errores lexicales, mientras que con el término ‘solecismo’ se indicaría un error sintáctico. Los gramáticos de los primeros siglos después de Cristo, heredan esta diferencia y hacen una subdivisión de varios barbarismos y solecismos. Quintiliano menciona que los barbarismos son errores lexicales que se podían cometer hablando, pero también en la escritura, 69 en la métrica o en la prosodia. Para los barbarismos de escritura distingue cuatro posibilidades: añadir, quitar, trocar o trastocar. Para los barbarismos hablados también distingue cuatro tipos, entre los cuales encontramos uno que hace referencia a los barbarolexis, palabra con la que se designaba un préstamo lexical de otra lengua. Otro barbarismo hablado que destaca es pronunciar la palabra con cierta actitud. Esto revela un tipo de barbarismo estrechamente vinculado a la sociolingüística. Para los solecismos, Quintiliano y sus contemporáneos distinguían entre las mismas posibilidades que también encontramos en los barbarismos de escritura: adiectio, detractio, inmutatio y transmutatio (añadir, quitar, trocar, o trastocar algo). Los solecismos de transmutatio forman la categoría más grande y se subdivide en los solecismos en las partes de la oración y los solecismos en los accidentes de las partes de la oración. Bajo la primera categoría se encuentra, por ejemplo, el uso de una clase de palabras donde hay que usar una palabra de otra clase (el uso de un sustantivo donde se tiene que usar un verbo, por ejemplo). Los solecismos de accidentes de las partes de la oración consisten en errores al nivel de los géneros, las personas, el número, los modos, etc. Donato, para quien la obra de Quintiliano era fuente de inspiración, ya no hace una subdivisión tan extensa como Quintiliano. Distingue entre barbarolexis y barbarismo y menciona los cuatro tipos (añadir, quitar, trocar y trastocar) para barbarismos de habla y de escritura. Los demás barbarismos denomina ‘barbarismos de pronunciación’. Además, se pierde la categoría de los barbarismos de “mala crianza”, o sea que los que se cometen por pronunciar con cierta actitud, que vimos con Quintiliano. También para los solecismos emplea una definición menos específica. Sólo subdivide entre los solecismos de las partes de la oración y los de los accidentes en las partes de la oración. Nebrija copia esta sección de Donato, por lo que en el editio princeps de su Introductiones Latinae, se encuentra exactamente la misma sección sobre los barbarismos y solecismos. En su Gramática de la lengua castellana enfatiza la etimología de las palabras ‘barbarismo’ y ‘solecismo’. Como ya vimos con Aristóteles, ambas provienen de contacto lingüístico. Sin embargo, en las definiciones del lexicógrafo Covarrubias, quien compuso un diccionario sumamente importante a principios del siglo XVII, no se hace mención de esta procedencia del contacto lingüístico. Los idiotismos se desarrollan de otra manera. En tiempos clásicos, los idiotismos eran formas coloquiales que no estaban permitidas en el lenguaje literario, culto y elegante. Los clásicos como Séneca el Viejo y Quintiliano mencionan los idiotismos en textos literarios. Se trata en estos casos de expresiones coloquiales que muchas veces son aptas para el personaje que habla, y que así contribuye al decoro literario. Los autores ponen que en ciertos casos generó la elegancia deseada en un texto. En el siglo IV sin embargo, encontramos en un texto de Diomedes otro ejemplo de idiotismo y aquí se refiere a un error absoluto en latín y no tanto a una expresión popular que esté admitida en ciertos registros o que pueda ser elegante. Donato también emplea el término idiotismo, 70 y de nuevo se refiere con el concepto a expresiones y formas coloquiales, pero más específicamente a idiolectos, aunque a veces no está claro si no se refiere al uso erróneo de la lengua también. Por lo tanto, se concluye que no había una delimitación estricta para el término ‘idiotismo’ y su aplicación correspondiente en la tradición greco-romana. Parece que los idiotismos - tal como los barbarismos y solecismos - eran vicios pero podían convertirse en virtudes en ciertos contextos literarios. En la Edad Media tardía y el Renacimiento el concepto idiotismo poco a poco obtiene un significado diferente. El florecimiento de las lenguas vernáculas resulta en que las expresiones y formas populares enfatizan el carácter propio, y con ello elegante, de cada idioma. Las misiones religiosas causan que la norma gramatical se haga menos estricta y que sea más importante adaptar la norma al contexto en que tenga lugar el discurso. En otras palabras, el objetivo de cristianizar a la gente se hace tan importante que, a partir del siglo XII, se enfoca más en ajustar la norma lingüística al grupo a quien se dirija, que mantener una norma estable que valga en cualquier situación comunicativa. Este desarrollo se evidencia también en la descripción de ‘idiotismo’ de Covarrubias Horozco, que vimos en la introducción. Su definición del término revela que los idiotismo s- en el Renacimiento se referían a formas elegantes típicas de una lengua que tenían sus orígenes en el lenguaje coloquial y podían formar un problema de traducción (cf. Covarrubias Horozco 1996[1611]:1085). También se ha estudiado brevemente los conceptos ‘verba Graeca’, atecismo, ‘asianismo’ y ‘latinismo. Los términos ‘atecismo’ y ‘asianismo’ proceden de la tradición antigua griega. Eran términos que se usaban para indicar vicios contra el hēllenismós. Sin embargo, también formaban parte de un debate estilístico y esto muestra que ya en tiempos clásicos hubo una polémica sobre el griego más puro y verdadero. El verbum Graecum era término que luego indicaría el uso de formas o construcciones griegas en la lengua latina. Aunque en general los préstamos se consideraban viciosos, en el caso de los verba Graeca se hacía una excepción por la elegancia que los romanos atribuían a la lengua griega y su tradición literaria. Muchos siglos después, también hizo su introducción la palabra ‘latinismo’. Indica entonces una forma lingüística latina en otro idioma, pero lleva un significado neutral. Por lo tanto, estos cuatro términos nacieron de contacto lingüístico y fueron considerados o erróneos, o elegantes, o neutrales. El término ‘mexicanismo’ también nació en pleno contacto lingüístico y hay unas concordancias, pero también unas diferencias importantes con los conceptos expuestos arriba. Los cuatro frailes hacen constar que los mexicanismos y modos/maneras de hablar son fenómenos difíciles de encajar en otra parte de la gramática y que parecen desviar de la norma gramátical. Carochi enfatiza además que desde el punto de vista castellano, no solo parecen disparates pero los son. Este aspecto erróneo, lo tienen en común con los barbarismos y solecismos. Los temas que describen sin embargo, no son errores en náhuatl, sino son advertencias para tomar en cuenta antes de traducirlos literalmente. 71 Además los frailes describen los temas como ‘elegancias’. Todos los mexicanismos y maneras/modos de hablar en las cuatro gramáticas del corpus, son construcciones morfosintácticas26. Por lo tanto, hay que matizar el planteamiento de Suárez Roca (1992:192), de que al traducir los mexicanismos literalmente, “saldrán disparates y barbarismos”. En el caso de estos cuatro gramáticas, no saldrían barbarismos, sino solecismos. El hecho de que los mexicanismos se consideraban elegancias, es un rasgo que comparten con los idiotismos (en la definición renacentista) y también con los verba Graeca. Sin embargo, los verba Graeca eran formas griegas en la lengua latina, mientras que los mexicanismos no son traducciones o construcciones prestadas, sino que son idiosincracias que hay que tomar en cuenta para poder cumplir la norma lingüística del náhuatl. Como se ha expuesto antes, la adapción a la norma del lenguaje del grupo a quien se dirije, fue algo muy sintomático para la tarde Edad Media y el Renacimiento. Los idiotismos, según la definición renacentista de Covarrubias, también caben en esta tendencia de la época y comparten un rasgo importante con los mexicanismos. En la definición de Covarrubias, un idiotismo es el habla particular de una nación y es una elegancias, pero podría convertirse en un error al traducirla literalmente (Covarrubias Horozco 1996[1611]:1085).Sin embargo, si los idiotismos están relacionados al habla coloquial, los mexicanismos se refieren a temas muy diversos que no están limitados a registros coloquiales. Aparte del término ‘manera de hablar’ (mi énfasis), no hay nada que revele una vinculación más estrecha con registros populares que con otros registros. Los temas que los frailes clasifican como mexicanismos son diferencias de modos y tiempos, de concordancia, y a veces hasta temas sociolingüísticos o pragmáticos. El tema de los modos/tiempos se trata sobre todo en el contexto de las oraciones subordinadas y, por lo tanto, está relacionado al idiotismo de Diomedes: el uso del indicativo en subordinadas. Sin embargo, si con Diomedes fue erróneo el uso, en este caso no se trata de errores. Además, es un solo ejemplo y no se ha podido encontrar una influencia directa o indirecta de Diomedes en los misioneros. Otros temas que abordan los frailes están más relacionados con la sociolingüística, algo que también hemos visto con los barbarismos. Sin embargo, como se ha expuesto arriba, en las gramáticas misioneras de nuestro corpus no se trata de errores, ni de posibles barbarismos, sino solo de construcciones morfosintácticas correctas. Vistos los temas que incluyen en sus mexicanismos, en caso de traducirlos literalmente podrían resultar en solecismos que los romanos (como Quintiliano) clasificaban como solecismos de transmutatio y de detractio. Los mexicanismos que están vinculados al uso de modos y tiempos, Se emplea la palabra ‘morfosintáctico’ aquí, por la difícil linea divisoria que el náhuatl tiene entre la morfología y la sintaxis. 72 26 podrían - en una traducción- causar solecismos de transmutatio. Más específicamente, podrían salir solecismos en los accidentes al nivel de los modos y/o tiempos.. En cuanto a la concordancia asimétrica, podrían salir solecismos de transmutatio, al nivel de las personas o números. Pero también sería posible que el solecismo saliera al nivel del detractio, ya que en casos como la supresión de la primera o segunda persona singular se trata de casos de omisión. Las preposiciones que se han visto en Vetancurt y las maneras de decir que alguien forma parte de cierto grupo que se han visto en Carochi, podrían resultar en solecismos de transmutatio en las partes de la oración. En cuanto a la temática que se trata en la sección de los mexicanismos y maneras/modos de hablar, destaca que muchas veces la inclusión es arbitraria. Los misioneros tratan una selección de temas relacionados con la temporalidad y la modalidad. Unos ejemplos son la posibilidad de usar un presente o un pretérito en oraciones con in ayamo o ye iuh y sus distintos significados o matices. Otro ejemplo es el uso de pretérito como un pasado relativo. Aunque éstos son ejemplos de construcciones fijas que se desvían de lo que Suárez Roca llama “la norma ideal” (1992:192), también incluyen ejemplos que no se desvían de esta norma. Olmos por ejemplo decribe el pluscuamperfecto en náhuatl, que no tiene el mismo valor que en castellano pero que sí es un fenómeno regular en náhuatl y no se desvía de la “norma ideal”. Por lo tanto, los mexicanismos no sólo son construcciones que son irregulares en náhuatl. Además, hay temas que están estrechamente vinculados a los temas descritos pero que no se incluyen. Un ejemplo en cuanto a los modos y tiempos es el hecho de que en náhuatl se usa un presente para indicar ‘estaba + gerundio’ en la oración principal (Launey 2011:135). Otro ejemplo es la diferencia entre los pretéritos de los verbos que expresan ‘venir’: huītz y huāllauh. Donde ōhuītza indica que la persona que vino ya no está presente, ōhuāllâ indica que ha venido y aún está (Launey 2011:75). Éste es un tema que hubiera sido muy adecuado para el párrafo de los modos y tiempos. En el caso de la concordancia asimétrica se nota una tendencia de arbitrariedad semejante. Los misioneros explican la supresión de la primera o segunda persona singular en ciertas construcciones. Además incluyen la concordancia asimétrica con cem, pero excluyen otros temas relacionados. Por ejemplo, en expresiones como “Somos X, somos Y” también se encuentra un tipo de concordancia asimétrica (Launey 2011:265), pero este tema no fue incluido por los misioneros. En el mismo capítulo se ha tratado varias formas que se usan para indicar que el hablante forma parte de cierto grupo. A otras construcciones, como por ejemplo al uso del sufijo –pô, el cual indica un rasgo compartido del hablante y la persona de quien habla, como el prefijo inglés co- (Launey 2011:266), no se presta atención. 73 Se concluye por lo tanto, que a pesar de las palabras de Rincón, las que vimos en la introducción27, sugieren que la sección de los mexicanismos está bien delimitada, la selección de los temas no lo es. Algo que aún más nutre la idea de que los mexicanismos y maneras/modos de hablar son arbitrarios, es el hecho de que los temas que se han encontrado no son los temas que más caracterizan el náhuatl en comparación con el castellano. Hay formas que se consideraban figuras retóricas, construcciones de cortesía y fenómenos lingüísticos que mucho se desvían de la gramática castellana, pero que no se ven incluidos en la sección de los mexicanismos. Esta tesina ha dejado claro que la confluencia de la retórica y la gramática, que empezó ya en tiempos clásicos, se muestra de nuevo en estas obras renacentistas. La importancia de las tres propiedades del lenguaje que mencionó Quintiliano (corrección, claridad y elegancia) se ve reflejada claramente en estas gramáticas misioneras del Renacimiento. Sin embargo, aunque los misioneros seguían los marcos teóricos de la tradición greco-romana, el pensamiento de la época penetró claramente en sus artes. El afán de mostrar la elegancia de los mexicanismos - y con ello de la lengua mexicana - muestra bien que la norma lingüística ya no es estática, sino que depende de cada lengua en sí. Ni el hecho de que intentaban seguir fielmente los marcos clásicos proporcionados por Nebrija, podía prevenir que el Zeitgeist renacentista resonara en las obras misioneras. En esta tesina sólo se han estudiado cuatro gramáticas misioneras del náhuatl. Para un futuro trabajo, sería interesante ampliar el corpus. Además, vale la pena investigar más detalladamente cómo los idiotismos se han convertido al pasar el tiempo. La pregunta de cómo los mexicanismos llegaron a formar parte de las gramáticas, es un tema que merece más investigación. Una comparación con más fuentes, podría además dar mas certidumbre en cuanto a la pregunta si los mexicanismos de verdad son tan arbritrarios como parecen. No se excluye la posibilidad de que haya otras obras en que se encuentren las posibles fuentes de los mexicanismos. Además, hay que tomar en cuenta que incluir las idiosincracias de una lengua fue una tendencia que trasciende los límites de las gramáticas misioneras del náhuatl. En las gramáticas misioneras del tagalog por ejemplo, se encuentra una sección sobre los ‘tagalismos’. Sería interesante hacer una investigación comparativa en la que se analizaran los temas que esos misioneros describían como tagalismos y los temas que los frailes de la Nueva España incluían en la sección de los mexicanismos. 27 “No es mi intento en este capítulo ponerme a declarar todos los modos de hablar, o frases de esta lengua, porque ni es de este lugar donde solo se trata del arte de la gramatica” (Rincón 2005[1595]:f60). 74 Bibliografía Fuentes primarias Aldama y Guevara, Ioseph Augustín. 1754. Arte de la lengua mexicana dispuesto por —— Presbytero de el Arzobispado de Mexico. 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